lunes, 14 de marzo de 2011

A San Urbez, padre de las lluvias









Desde hace cerca de mil doscientos años, se ha venerado a San Urbez y se han escrito numerosos temas sobre su vida y milagros. Son conocidos los libros de don Mariano Orús Villacampa y del Obispo don Damián Iguacen. Pero yo conozco temas de la vida, la muerte y la quema de su cuerpo el 17 de Octubre de 1936. Los conozco salidos de las siguientes fuentes de hijos de Nocito y de todo el Somontano.

Hace unos días me encontré en el Hospital de San Jorge a Segundo Nasarre, natural de Nocito y seguidor ferviente de San Urbez. En cierta ocasión en Hostal de Ipiés atropelló con su camión a un niño, al que en el Hospital daban por muerto y Segundo con su esposa se despojó de los zapatos y andando subió al Santuario de San Urbez, para rogar por la salud del niño. Cuando bajó ya había pasado el peligro y sanó como si hubiera nacido otra vez. Siempre han creído los montañeses en los milagros de su patrono montañés y le han pedido la lluvia cuando la sequía amenazaba las cosechas.

A los pocos días me encontré a Urbez Nasarre, hijo de Simón Nasarre Lardiés, “santero” toda su vida de la iglesia dedicada a San Urbez, en Nocito. Este escribió el día quince de Julio de 1962, una carta a Don Mariano Orús, que residía en Barbastro, explicando lo que allí hicieron unos “autores que no eran conocidos”, pero su madre estuvo viendo toda la quema que encendieron sus autores, “pues la hicieron estar allí hasta que se marcharon”. Al acabar la carta dice de “San Urbez que es el patrono de la Montaña y Abogado de la lluvia, que muchas veces le vinieron a pedir agua y siempre fuimos socorridos, cosa que me lo vi yo”. Me preguntó el amigo Urbez si yo iba a asistir a fin de Julio a los actos que se van a celebrar en honor del Santo. Le dije que mi hijo asistiría seguramente, pues además de ser gran devoto del santo, éste estuvo en Olivito, pequeño pueblo entre Siétamo y Ola. En casa Otal de Ola guardan una piedra en la se acostaba San Urbez y dicen en el pueblo que en cierta ocasión ante la necesidad de agua para beber el ganado, lanzó en el Saso su vara, que se clavó en la tierra y surgió una fuente en la zona denominada El Señorío, que todavía suministra agua a los de Ola. En el entierro de Antonio Otal de Ola, me recordó su hijo José Mari estos hechos.

Me dijo Urbez que su padre y su abuelo eran santeros en el Santuario de San Urbez y que su hija tenía un libro escrito por su abuelo sobre el Santo. Este acto de quemar al Santo tuvo lugar el 17 de Octubre de 1936.

Hablando con un joven, nacido en Siétamo hijo del matrimonio de Vicente Benedet con la señora Nieves Izquierdo Nasarre, me dijo que en su casa tenían una placa con la que podía oírse a la señora de Nocito, Germana Albás( Ortás) de casa Lardiés y a su hija Joaquina, que era la madre de Nieves Izquierdo y abuela suya. Me dijo que esa placa estaba grabada en 1980, cuando Germana tenía noventa y ocho años y que murió a los cien. Esta señora era la madre de siete hermanos y hermanas, entre los que se encuentran el que antes he citado, a saber Segundo Nasarre y Joaquina madre de Nieves Izquierdo Nasarre, que es la poseedora de la placa sonora.

Interrogaba a la abuela Germana Albás y a su hija Joaquina, un bisnieto de la primera y nieto de la segunda y contestaban a cada pregunta haciendo ver la influencia de San Urbez en la caída de las lluvias, sus períodos de devoción popular alrededor de la Sierra de Guara y del desprecio que recibió el santo y sus fieles devotos cuando lo abrasaron. Describe como en cada rogativa de lluvia, acudían desde Bierge y de Rodellar, pueblos que poseían cada uno su bandera y para agitarla hacía falta la fuerza de dos hombres. Dice Germana que “ni Angüés, ni Serrablo ni Nocito” tenían bandera. En cierta ocasión, mirando desde Nocito a la “punteta de Guara”, se veían las procesiones que venían a rogar al Santo” y cuando entraba la última procesión, ya llovió”, “ en Angüés llovió dos veces y a los dos días volvió a llover”. Con tales lluvias “los de Rodellar, Angüés y Bierge, se quedaron a dormir dentro de la iglesia y les mataron tres corderos para darles de comer. Marcharon al otro día, después del mediodía. Los repartieron también por las casas”.

En la carta de Simón Nasarre a Don Mariano Orús Villacampa, de Barbastro, explica que su madre estuvo todo el tiempo que duró la sacrílega cremación de San Urbez, pero uno no se aclara si asistió alguien más. Pero de la placa sonora de la señora Germana Albás, se deduce que estuvieron cuatro mujeres, una, ella misma, otra su hija Joaquina y dos mujeres más, una de “casa Alta y otra de casa Baja”. También asistieron algunos niños, como por ejemplo Segundo Nasare, hijo de Germana y hermano de Joaquina.

Pero hay que tener en cuenta que fueron tres los intentos de abrasar al Santo. Y del primero dice Joaquina, madre de Nieves izquierdo y casada con Vicente Benedet de Siétamo, que posee la placa sonora, que “los rojos lo sacaron del arca y salieron volando dos palomas”.”No tuvieron valor de tocarlo y lo dejaron como estaba”. Joaquina dice que lo quemaron en el prado de Ariel, frente al templo de San Urbez, el día 17 de Octubre de 1936.

Una segunda vez intentaron quemarlo, pero al preguntarle a la señora Germana, quienes fueron, ésta contestó: ”No se sabe, cuatro espellejaus”. Pero ¿Quién lo quemó?, “eso no se sabe”.

El pueblo sabía y sabe muchas cosas sobre tal suceso y unos dicen que los “espellejaus”, que lo abrasaron lo hicieron porque su jefe los emborrachó y más tarde dicen que murieron también abrasados algunos de ellos.

Pero se acabó la Guerra Civil y Joaquina, madre de Nieves Izquierdo, casada en Siétamo, sigue narrando en la placa sonora, como se pusieron varias mujeres a recoger los restos de la quema, como por ejemplo la “rodeta” metálica con un ruedo de oro, que el cuerpo de San Urbez tenía en una rodilla, para que la besaron los fieles, ya que todo su cuerpo estaba amortajado con siete capas de tela.

”Cuando estaba el cuerpo convertido en cenizas, en el prado, recogió las reliquias, a saber huesos y polvo”. Añade “Recogí las macetas de la Purísima Concepción y otras cosetas de la Virgen”y “las guardó dentro d’o pajar”. Cuando llegó a Nocito mosen Vicente, al que salvó la vida, al avisarle de que llegaban “espellejaus”, el cura en agradecimiento por las reliquias y tal vez por su propia vida, le compró un rosario de nácar y se lo regaló.

Estamos en plena celebración de la fiesta del agua en Zaragoza, pero falta recordar con más entusiasmo a San Urbez. Cuando uno ha visitado Santa Cruz de la Serós o San Juan de la Peña y visita Nocito, a uno le entra una gran pena, porque Nocito tiene su encanto y dentro de él, se encuentra uno con el placer de vivir en plena Naturaleza, sin aglomeración. Zaragoza dentro de sus museos, puentes y corrientes de agua, debía haberse acordado de San Urbez, Sol de la Montaña y Padre de la Lluvia.

Así como el pueblo sencillo recuerda la historia de San Urbez, Aragón debía hacer una carretera por Vadiello, para que se conocieran más su vida y milagros.

En Siétamo, estuvo herido Orwell










Anais Nin







Eric Arthur Blair, era el verdadero nombre de este gran escritor. Nació en la India; estudió en el Ethon College en Ingalterra, ejerció de policía en Birmania y más tarde fue granjero, maestro y librero; se hizo voluntario del POUM en la Guerra Civil, hiriéndolo en el pueblo de Monflorite y fue acogido en el Hospital de Campaña de Siétamo. De aquí marchó a Cataluña y al verse perseguido por los estalinistas, marchó a Francia. Es uno de los mejores escritores de todo el mundo, pero acabó su vida como un pobre. Desde que nació en 1903 hasta su muerte en 1950, ocuparon su cabeza todos los problemas humanos, sobre los que escribió y definió, en sus obras “Rebelión en la granja” y “1984”, el totalitarismo que se apoderó de Rusia y quiso apoderarse de todo el mundo, dirigido por Stalin. Orwell cuando estaba en Barcelona se apoderaba de él, un temor a que lo “vaporizaran”, como ocurría con los anarquistas y los miembros del POUM, que fueron perseguidos por Stalin. El tenía una forma de expresión de categoría literaria,opuesta a la inexpresión de El Gran Hermano, que exponía mensajes por el mundo en su “neo lengua”, creada para que la plebe no pensara. Mi pariente Jesús Vallés Almudévar, escribió que en la iglesia de Fañanás, cerca de Huesca, la turba cantaba insultos, unos en castellano y otros en “latínajos”, mientras se revestían con las casullas y con las capas pluviales, destruyendo y quemando las imágenes de Cristo y de los santos. Orwell en su Homenaje a Cataluña explica esas juergas, que allí completaban con el asesinato de monjas y de frailes. Se casaban por meses o por otros periodos de tiempo, sin pensar en el porvenir. No sólo ocurrió esto en Fañanás, sino también en el cercano pueblo de Siétamo, mientras fuera de las iglesias mataban a todo el que no entendía su “neo lengua” y convencidos de que la guerra es la paz, destruían edificios e iglesias. Anais Nin, franco-americana e hija de un cubano, pasando por España, observó los males de la Guerra Civil y en su “Diario III” (1939-1944), escribe, cuando huyendo de la Guerra Mundial, iba de París a Portugal, lo siguiente: “En Irún hubo un rato de espera, un cambio de trenes. Di un paseo. Había una pared detrás de una iglesia, en la cumbre de una colina. Me volví para mirar a la iglesia. Sentí dolores en mi espalda. Me di la vuelta. De repente noté que la pared estaba llena de agujeros de bala. Alguien que pasaba dijo: aquí ejecutaron a miles de españoles. A mí alrededor todo está lleno de vestigios de destrucción. Unos niños juegan en las ruinas de los edificios”. El catalán Andrés Nin López, que era anarquista, fue apresado en Jaca por Orlov, el coronel Ortega y varios otros españoles, que lo secuestraron , lo atormentaron, lo desollaron, arrancándole la piel y lo asesinaron en el mes de Junio de 1937. Este crimen cometido con este hombre que desobedeciendo al Gran Hermano, mostraba sentimientos inofensivos, desprestigió para siempre a la República. Moscú no mandaba armas a España, pagadas con sobrados precios y de antemano, con el oro del Banco de España. No es extraño que Churchil, en Inglaterra no contribuyera a derrotar a los rebeldes contra la República, porque ésta, estaba infiltrada por todas partes por comunistas y hombres totalitarios. Escribió su novela satírica “1948”, sobre el totalitarismo de Moscú. Este estaba gobernado por el Gran Hermano, que era como un policía que controlaba hasta el pensamiento y la lengua del pueblo, que convirtió en una neo lengua. Los hechos que narra en su libro, ocurrieron el año de 1948. Divide a los humanos en dos clases, una formada por los miembros del Partido Unico y la Masa de gente pobre, que malvivía horrorizada y apartada de la política, en la que no podía ni pensar. Orwell relata la terrible historia de los protagonistas Winston Smith y su amor, Julia, que intentan escapar de una fórmula política en que la intimidad y el libre pensamiento estaban prohibidos. Tuvo que desaparecer el amor entre ellos, para ser substituido por el amor al Gran Hermano. Describe Orwell esta política que se trataba de implantar en España, en su obra “Homenaje a Cataluña”, en que narra muchas experiencias políticas. Pero al vivir la cruel Guerra Civil y comprobar las luchas entre comunistas, troskistas, múltiples sindicatos, partidos democráticos y totalitarios, y la miseria de los pueblos, como Siétamo, donde “la artillería lo había reducido en parte, a escombros y la mayoría de las casas estaban marcadas por las balas”, se preguntaba a qué partido político habría que obedecer por defender al pueblo. El mismo Orwell escribe:”Comenzaron a despertarse en mi mente vagas dudas acerca de esta guerra en la que, hasta ahora, la cuestión del bien y del mal me había parecido bellamente simple”.Se puso voluntario en el POUM y en un camión lo llevaron a Siétamo y de ahí a Alcubierre y escribe “Al evocar mis primeros dos meses de guerra, nunca puedo evitar el recuerdo de las costras de excrementos que cubrían los bordes de los rastrojos”. Más excrementos se extendían por las mentes del Gran Hermano, que asesinó a Andrés Nin y en Siétamo, los milicianos fusilaron al “Padre Jesús”. Debajo de Siétamo, entre Bespén y Blecua fusilaron a la madre y a un hermano de unos dieciséis años, de Jesús Vallés Almudévar, como se lee en las páginas de su Diario. A finales del mes de Agosto de 1936, se lee en ese Diario:”No había amanecido todavía, cuando fueron a por ellos”. Subieron a un coche y en “un barranco, entre Bespén y Blecua se detuvieron”. Dicen que el piquete estaba formado por guardias civiles y por dos mozos del pueblo. ¡Dispararon!. Cayeron. Luis no se movió. Mamá intentó incorporarse, una nueva descarga se lo impidió. Después llegaron los del comité. Rociaron los cadáveres con gasolina y les prendieron fuego”. De Blecua fueron unos hombres a enterrar sus restos”. Y Jesús con trece años cumplidos “estuvo en Siétamo y cuenta en su Diario:”Cuando llegamos a los alrededores de Siétamo, oímos graznidos de cuervos, que levantaban el vuelo al oír nuestros pasos y volvían de nuevo al festín, después que habíamos pasado……”. A Orwell, estando en Monflorite, le llamaba la atención la anulación de la colocación de cruces en los cementerios y la falta de ritos religiosos en los enterramientos de los difuntos, pero él pensaba que esas costumbres volverían como “volverían los jesuitas”. Del lenguaje o neo lengua del Gran Hermano se deduce esta ignorancia, ya que no dejaba ver que esas cruces eran unos de los objetos religiosos más amados por los españoles, en general. En cambio decía a la Masa que lo único válido eran la hoz y el martillo. En el cerco de Huesca tomó parte en el ataque al Manicomio, luchó en la Granja de la carretera de Sariñena y por fin, según escribe Orwell:”sentí…es muy difícil describir lo que sentí, aunque lo recuerdo en forma muy vivida. Con este balazo de fusil, el médico lo mandó a Siétamo.”Los hospitales de Siétamo eran barracas de madera, apresuradamente construidas, donde los heridos sólo permanecían unas pocas horas”. En Tarragona se comprobó como una de las cuerdas vocales estaba paralizada, pero al fin logró comunicarse con los demás. Vivió en Barcelona y “el quince de Junio la policía arrestó a Andrés Nin. Entonces no le quedó otra solución que huir de aquel ambiente contra los anarquistas y el POUM. Companys, presidente de Cataluña, que también visitó Siétamo, ”declaró riendo unos pocos días antes de la toma de la Central Teléfónica, que los anarquistas se avendrían a cualquier cosa”. Estuvo también en Siétamo Durruti, que tuvo un despacho en mi casa y que era violento con respecto al Poum. Como se deduce de estos recuerdos en esa democracia, abundaban los “intelectuales”, que imponían sus pensamientos a la Masa y de allí vinieron las derrotas bélicas, que le hicieron perder la guerra y a Orwell, le dejaron experimentar la historia triste, que se dio en España y que después se ha repetido por todo el Mundo.

viernes, 11 de marzo de 2011

Campanas en Madrid











A mí me suenan todavía las campanas, unas veces alegres, cuando empiezan las fiestas y otras tristes, cuando llevan el cuerpo de una persona al cementerio. Ese din-don-din-din, que sale de las distintas campanas, llena de alegría los corazones de los habitantes de los pueblos y les induce a bailar moviendo sus piernas, acompañadas con los movimientos de sus brazos y de sus manos. Ese lento dommm-dommm que acompaña al cortejo fúnebre, mueve las glándulas lagrimales de las mujeres, de los niños y de los hombres, que sienten el alejamiento del difunto, pero cuando el dommm-dommm parece que se acaba, se llenan de esperanza sus corazones, al lanzar la campana un nuevo dommm-dommm, que renueva la esperanza.

Yo me lamentaba de ver como en los pueblos ya no quedan campaneros y como en las ciudades, suenan las sirenas, pero las campanas ya casi no se hacen sonar. Parece que la vida moderna se va olvidando de las campanas, como si tratara de hacer a los humanos inmortales; lo somos y no tenemos que olvidar el uso de las campanas, que nos lo recuerdan. Hoy he escuchado sonar el bronce, golpeado por sus badajos, de unas campanas en la moderna catedral de la Capital de España y he comprendido como el hombre agrupado en las grandes ciudades, todavía siente el lenguaje de la campanas. Antes cantaban aquellas coplas que decían: “Campanitas de la aldea, din -don, que llamáis al amor mío, din.don-din-don, ¿por qué llamáis tan temprano, que hace frío, mucho frío?”.

El amor del que cantaba la copla le hacía respetar el bienestar de su amada y le dolía el temprano sonar de las campanas, porque le haría pasar frío.

Pero las campanas que hoy, día Once de Marzo se han escuchado en Madrid no producirían frío en los que las oían, sino que provocaban calor en sus corazones y esperanza en sus inteligencias, porque estaban silenciosos y no decían nada, pero comprendían mucho la lengua, que pronunciaban esos sonidos porque los madrileños se acordaban de sus padres, de sus hijos, de sus amigos y de sus órganos lesionados o perdidos.

Algunos parece que entendían al poeta Federico García Lorca, en el decir de las campanas: Dim-dom ¡un hijo!,dim-dom, “¡un hijo,” dim-dom “¡un hijo, que no era más que suyo”, dim-dom, “porque era su hijo!”.

Dim, dom ¡su hijo!, dim-dom ¡su hijo!dim-dom ¡su hijo!.

Parecía, sin embargo que aquellos muertos eran hijos y hermanos de todos, porque todos lloraban y a mí, también, me caían las lágrimas de los ojos.

El Skylab


Igual que al mejicano, según explica el corrido, se le acabó la fuerza de su mano derecha, a todos nosotros se nos acaba la energía que mueve nuestros coches. El caballo del mejicano debía tener la boca fuerte, y sólo con su mano izquierda, el caballero tenía dificultades para dominarlo, con lo que corría el peligro de que lo descabalgara violentamente.

Si se acaba la gasolina, ya no se desbocará ningún automóvil, aunque nuestras manos, derecha e izquierda tengan capacidad sobrada, para girar el volante a la izquierda y a la derecha. ¡Qué bien se lo pasarán los niños!. Se subirán a bordo de los coches, abandonados a lo largo de las avenidas y a lo ancho de las plazas y girarán sus volantes, al mismo tiempo que harán pedorretas con sus labios, para imitar el sonido perdido de los tubos de escape. Los muchachos formarán equipos integrados por el piloto y por los empujadores-boys, que subirán los trasto móviles o empuja móviles a la plaza de la Catedral, desde donde bajarán en punto muerto, en una velocidad que no será la primera, ni la segunda, ni la directa, sino la endiablada, para detenerse, no con el freno de mano ni con el de pie, sino con el de pared.

Algún campesino, que por error haya conservado su burro, le pondrá la vieja collera, que tenía colgada en la falsa llena de telarañas y con unos tirantes de soga o de cadena, lo enganchará al coche y con este nuevo vehículo, al que llamarán burromóvil, llevará las verduras o la leche al mercado.

Los gitanos que casi habían perdido su identidad como chalanes, encontrarán una nueva edad de oro, pues sacarán burros de debajo de las piedras, y si no, los traerán de morería. Sugiero a los que tienen familia en los Pirineos españoles y sobre todo en los franceses, que se procuren dos mastines, que para arrastrar a un coche ligero sustituirían perfectamente a un burro. Estos solípedos quedarán ennoblecidos, porque los coches se medirán por burros reales en lugar de calibrarse por caballos fiscales. Si se consigue el aislamiento térmico de los automóviles, tal vez se alivie el problema de la vivienda. Se podrían poner cara al sol de mediodía con los cristales cerrados y al llegar el ocaso, convendría echar unas persianas, que evitarían la pérdida de calor solar.

Durante la noche, el aliento de los asnos o los perros provistos de caretas y dirigido por un tubo al interior del coche, mantendría una temperatura agradable. Si se quiere aumentar el calor, me dijo una vieja que con “un pedo y una bufa, la cama como una estufa”.

De todas formas no creo que suceda nada de lo que he imaginado, pues el Skylab, el satélite que dicen que va a caer por aquí, ha detectado yacimientos de petróleo sin cuento.

Habrá que tener cuidado, porque si nos cae el satélite ese en las costillas, igual nos puede dar que haya automóviles, como que haya burromóviles.

El hambre que pasaron en la Guerra Civil, los de Belchite

Belchite (Zaragoza) En la cueva tal vez ibérica, que se encuentra cerca de la Autovía, que viene de Barbastro, cerca ya de la Torre de Caver...