miércoles, 21 de enero de 2026

Las Rabosas o raposas



Dicen que después de los años mil, vuelven a las aguas por donde solían ir; viene esto a cuento porque después de casi cien años que los lobos desaparecieran de nuestra provincia aragonesa y ahora los quieren volver a soltar.

Hay a quien le resultan simpáticos los lobos y sus razones tendrán, como las tendrán, como las tenía Rodriguez de la Fuente, que, en  sus películas aparecía jugando con ellos, supongo que después de haberlos puesto bien “fartos”, como los domadores de leones los hartan de carne antes de hacer sus exhibiciones en el circo.

No sé que razones alegarán los que los quieren soltar para que se alimenten con los ganados de otro  o con su carne, pues nuestros mayores nos cuentan como se comieron a un joven que volvía del Servicio Militar, allá en Colungo, o a una patrulla de carabineros ,en Somanés, durante una noche de nieve, en que, sus fusiles de chispa, cargados por la boca, no disparaban a causa de la humedad que impedía arder a la polvora.

El lobo es merecedor de amor y simpatía por ser criatura de Dios como San Francisco de Asís nos enseñó, llamándolo hermano.

En la ciudad de Aguvio,en Italia, apareció un lobo feroz que tenía asustada a la población y el santo hizo un pacto con él, llegando a “darse la mano” y desde entonces ya no hizo daño a nadie, pero la clave concreta de tal prodigio consistió en que la población se comprometió a tenerlo bien mantenido. Así lo hicieron y el lobo murió de viejo con gran sentimiento de todos. Quedó demostrado que con la tripa vacía no hay  alegría  y  patente que el que quiera poner lobos  en su vida, les de carne y otros alimentos

Ustedes se acordarán de qué la Sociedad de Cazadores daba premios en metálico por cazar alimañas, pero pocos se acuerdan de que, cuando no existía esa Sociedad, los vecinos de los pueblos daban dinero, huevos, harina o carne al que cazaba un lobo.

En un pueblo de la Montaña, un labrador dijo a su criado, un tanto infeliz: “Vamos a cazar un lobo, le sacaremos la piel e iremos por los pueblos a sacar “a costra”. Se dirigieron a una lobera, que había e Monte Uruel y al llegar a ella, le dijo el amo al “misache”: “mete la cabeza por ese agujero?¿ y mira si hay  lobicos”. El buen zagal la metió con apuros pero no la pudo sacar, porque las orejas se abrieron, haciendo de tope. Empezó a chillar preguntando ¿qué hacemos ahora?, “no te preocupes- le respondió el amo, le respondió el amo”,ya voy a Jaca a comprar un pico”. Al preguntarle que debía hacer si llegaba el lobo, le dijo que se bajara los pantalones, que no le haría nada y añadió : “ los lobos tienen el morro frío, ya lo notarás cuando te olfatee el culo”.El hombre simuló que se iba, pero en llegar a hacerlo,cogió un palo, le puso en la punta nieve apretada y le tocó en sus desnudeces. El mozo, al notar ese frío, se creyó que ya había llegado el lobo y presa de pánico, pegó un “esbrunce” y sacó la cabeza llena de arañazos. El amo, exclamó todo satisfecho, ¡ ya no tengo que ir a buscar el pico!.

Lo mismo cuentan de una pareja de Loporzano, pero el hecho tuvo lugar en Montearagón,donde la falta de nieve no fue inconveniente para usar el procedimiento del palo, al que se puso cieno del fondo de una balsa, que aunque no tan frío, tuvo los mismos efectos.

Así que ya lo sabe, si quiere poner un lobo en su vida,cómprele “pizca”, aunque está cara. Antes la gente la comía para las fiestas y ahora los lobos la comerán todos los días.

Señal segura de que la vida marcha.

martes, 20 de enero de 2026

San Vicente, segundo patrón de Huesca



San Vicente es un santo “victorioso” y consiguió su victoria por medio del martirio, logrando, ya en aquellos primeros tiempos del cristianismo una victoria espiritual, que le  convirtió de ser un santo oscense,  en un santo  universal .Debió nacer aproximadamente cerca de   los años doscientos ochenta , pues su sacrificio tuvo lugar siendo todavía muy joven, siendo martirizado en Valencia el año trescientos cuatro. Fue muy importante su repercusión en la liturgia y en la hagiografía hispana y universal,  pues los historiadores eclesiásticos no cesan de repetir  que “España no pudo dar a la Iglesia un mártir más célebre ni más universalmente  reverenciado”. Y dentro de España fue la ciudad de Huesca la que lo vio  nacer, siendo hijo de Eutiquio,  que pertenecía a la familia consular de Agreso y de la oscense Enola. Muchos  han querido decir que nació fuera de Huesca, por ejemplo en Valencia o en Zaragoza, pero no pueden demostrarlo. En cambio nuestra ciudad  lo prueba por medio de  Diego de Aisa, cuando dice que la primera iglesia que se dedicó a nuestro santo  estaba   ”fundada en la casa de su nacimiento cabe la Puerta Nueva”, pero además el pueblo sencillo de Huesca siempre ha contado  tradiciones que les han trasmitido sus padres, heredadas de sus abuelos, de sus bisabuelos y así sucesivamente hasta llegar a la época  romano-ilergete, en que San Vicente vivía. Cada vez que sales por los pueblos,  escuchas una historia que te relaciona a San Vicente con tu propia Huesca. Por ejemplo, cuando fui a visitar la ermita de San Valero, situada en Velilla de Cinca, descubrí que en su altar mayor estaban presidiendo con el titular San Valero,   San Lorenzo y   San Vicente. San Valero era  obispo de Zaragoza y San Vicente que se estaba formando con él, le acompañaba  y pronunciaba, como diácono, los sermones que le indicaba su maestro, que era bastante torpe de palabra, debido a su vejez. Iban visitando su Diócesis,  más bien la iban formando y en el citado pueblo de Velilla de Cinca, se encontraron con San Lorenzo
Que venía de Roma, tal vez a consolidar la Iglesia Oscense y de paso a visitar a sus padres, San Orencio y Santa Paciencia, ¡cómo se juntan los paisanos!.
Esa unión entre oscenses quedó consagrada desde entonces a lo largo de la Historia, porque es normal ver a los dos santos juntos en las iglesias, por ejemplo en la de San Lorenzo y el Obispo San Orencio, hermano suyo. Su distribución geográfica por el Mundo, no ha impedido que San Lorenzo desde Roma, San Vicente desde Valencia y San Orencio desde el Sur de Francia, hayan mantenido un lazo de comunión entre todos los oscenses, que hicieron a San Lorenzo el Patrono Mayor de sus Fiestas de Verano y a San Vicente  su segundo patrón, para que les protegiera en las Fiestas Invernales. En la Ermita de Santa María del Monte del pueblo de Liesa, había una hermosa colección de retablos, que fueron destrozados para la Guerra Civil, pero el amor de sus habitantes a San Vicente,  hizo que se conservara uno de ellos, que representa  con pinturas medievales su vida y martirio. Se encuentra a la vista de todos los oscenses en el Vestíbulo de la Diputación Provincial y se ve desde los Porches, a través de los cristales. Allí lo depositaron los hijos de Liesa, para que  estuviera en un lugar seguro, ya que pocos días antes les habían robado la imagen de Santa María. Desde que bajo el Imperio de Diocleciano, el gobernador  Daciano  lleva a San Valero y a San Vicente a Valencia. Los aragoneses  nunca hemos abandonado a nuestro santo, pues ya el Obispo aragonés San Valero, cuando en el año trescientos cinco, cesó la persecución, le levantó un templo y en Huesca se levantó otro,  donde antes se asentó la casa donde naciera. En Huesca los moros lo derribaron, pero en Valencia se vio el templo rodeado de numerosos monjes, que atendían al culto de San Vicente y a los peregrinos que acudían a su sepulcro a venerarlo. Los cristianos dominados por el Islam no podían construir iglesias,  por lo que se deduce que el monasterio y la iglesia que acogía el sepulcro del Santo, habían sido edificados antes de la llegada de los musulmanes a España.
Los oscenses nunca abandonaron a San Vicente, pues A. Mundó  afirma que el siglo VI, fueron obispos-monjes los hermanos Justiniano de Valencia y Elpidio de Huesca, en el monasterio de San Vicente de Valencia. Según escribe don Francisco Castillón Cortada: “El año 975 se procedió a la consagración de la Catedral de San Vicente  Mártir  de Roda de Isábena, actuando en la ceremonia el metropolitano de Narbona, Aymerico”
Los Reyes de Aragón siempre trataron de salvaguardar el lugar santo de San Vicente y Alfonso I el Batallador, enterrado en la iglesia oscense de San Pedro el Viejo, hizo en el año de 1125, una expedición a Valencia, donde se le unieron multitud de mozárabes. Alfonso II cercó a Valencia el año de 1172, quedándose con la iglesia de San Vicente con sus diezmos y primicias, todos los cuales cedió al Abad y monjes de San Juan de la Peña en el año de 1177. Jaime I con el mismo amor que Alfonso el Batallador  en 1237, dio para cuando los poseyese, la iglesia y el terreno de San Vicente al Monasterio aragonés de San Victorián de Asán y con su generosidad hizo continuar el conjunto de la Roqueta de San Vicente como centro de atracción a la devoción del Santo, conservada durante  los cinco siglos en que los moros dominaran. Hemos visto cómo siempre los oscenses siempre han peleado para que la influencia de sus santos se conservara y han luchado por la conservación de sus templos.
Ahora podemos ver como se quiere restaurar la Catedral de San Vicente mártir de Roda de Isábena y con qué entusiasmo se está trabajando en renovar la Basílica de nuestro primer Patrono San Lorenzo. Hemos visto como son inseparables San Lorenzo y nuestro segundo Patrono San Vicente, que provocan una comunión (común unión) entre todos los oscenses, por lo que yo creo que deben pensar en restaurar la iglesia de San Vicente, que no pertenece a los Jesuitas, sino a la Diócesis de Huesca, ya que su fachada y su tejado producen la sensación de dejadez y abandono.
La Historia de Aragón está unida a la de Valencia y ahora que se está construyendo la autovía que nos unirá todavía mucho más, debemos no sólo unirnos en el comercio y en el turismo, sino en lo espiritual, como es el ejemplo de un Santo como Vicente, que nació aquí y fue allá martirizado.

Si renovamos  la  iglesia  de San Vicente, oscenses  y valencianos, viviremos unidos, iremos a recordar a la ciudad francesa de Narbona y aspiraremos a una vida mejor.  

lunes, 19 de enero de 2026

A Don José Bispe mi primer maestro (1935)


Todo lo aplasta la prosa de la vida que va rodando como un alud creciente y aplastando implacable a su paso el olor de una rosa, el roce de los besos impalpable, la alegría del niño, el ideal del joven, la madurez fecunda de la mujer y el hombre,  la serena actitud ante la vida del anciano, que ya lo ha visto todo y está de vuelta de cuanto le rodea.
Hoy el niño está envuelto por la prosa, que contempla las cosas por su vulgar vertiente y por su aspecto más corriente. Se le muestra el amor anatómico cuando no su lado pornográfico, que le lleva a considerar a los humanos como objetos de placer inanimados, que se pueden cambiar por muñecos y muñecas de goma y de plástico.
Tal vez “Juanita o el niño bien educado”, fuera un tanto hipócrita y “repipí”; hoy conviene que el niño sea más sincero y espontáneo pero no que se convierta en un grosero, y agresivo, que se transforme, finalmente, en un vulgar gamberro.
Hay niños en las grandes capitales, que no conocen al gorrión humilde, al asno ya negro ya platero, ni a la vaca lechera, ni al pato ni a la oca, ni escuchado, jamás, el canto del gallo corralero.
El gorrión tan sencillo, con su pardo plumaje, igualmente se escapa del pueblo abandonado, que huye, como amigo del hombre al que ama, de multitudes grises formadas por individuos solos integrados en  masa.
Las fuentes de las aguas generosas esperan, vanamente, que las cabras, las aves y los niños sacien su sed en ellas; mientras, el barman de blanca chaquetilla deformado por la prosa del papel rectangular y el sonido del metal redondeado, niega el agua al pobre niño que con temor de la pide. A la prosa le gusta el volar de los papeles morados, verdes y marrones y el rodar de duros, pesos y doblones, pero como el niño no entra en este juego, se le niega el agua, asta que tenga una edad que le permita pagar un whisky, que el camarero le servirá sonriente, añadiendo si es preciso: “¡saca Cheli whisky para el personal!”.
Yo tuve en mi niñez un maestro poeta, vestido con prosaico guardapolvo, que guardaba su modesta ropa de polvos y lodo pueblerinos y vivía un poético vivir, que expandía poesía  a los niños campesinos.

domingo, 18 de enero de 2026

Santos Santolaria.


 
 
Santos Santolaria, era compañero de estudios de mi difunto hermano Jesús y de esa circunstancia se deduce la gran amistad que siempre les unió. Amistad que me llevó al jardín de su casa, que se encuentra al lado de la del Doctor Bragado, a “caparle” unos pollos, que convertidos en “capones”, los saboreó, unido a alguno de sus hijos e hijas, en las Fiestas de Navidad. ¡Cuántos años hace de este pequeño acontecimiento , habían nacido todos sus hijos!. Sus ancianos padres, a los que porque todavía no conocí, debieron marcharse por aquel entonces, de este mundo, pero su señora y él, cuando ya se habían muerto su padre y su madre, criaban a sus hijos, que han salido con profesiones nobles. Yo creo que al vivir en un lugar tan pintoresco de Huesca y con la educación que les dieron Santos con su esposa, salieron todos con conocimientos científicos y técnicos. En tanto la esposa de Santos, trabajaba en aquella casa, próxima a la entrada del Parque, Santos dirigía una tienda con un nombre tradicional en Huesca, porque la llamaban “La Tijera de Oro”. En ella suministraba de ropa a muchos de los campesinos de la Comarca de Huesca. He oído contar a una señora de un pueblo del Somontano, como su marido todos los años compraba las fundas para segar o para coger olivas. ¡Cuántos entraban en su tienda con la cabeza desnuda y se marchaban de ella con sus boinas nuevas ,cubriendo su cabezas!. Pero no sólo se iban contentos por estrenar sus prendas, sino que salían sonrientes por el trato amable y las palabras cariñosas de Santos Santolaria, al que algunos, quizá ya de otros tiempos pasados, llamaban “Santicos”. Si, porque fue un joven, que era Danzante de San Lorenzo y que pertenecía a distintas cofradías, como la de San Vicente de Paul, que repartían ayudas entre los necesitados. Han pasado muchos años, desde que jugaba al fútbol con mi hermano Jesús, pero todavía seguía en su tienda “La Tijera de Oro”, situada en el Coso Bajo, sirviendo a los clientes. Y ¡qué emoción la de ver el lunes, día uno de este mes de Marzo, a las ocho de la tarde, cuando ya iba Santos a cerrar su tienda, a dos jóvenes de gran cultura, uno Arturo González, escritor y Oscar Ballarín, Fisioterapéuta! . Antes iban los labradores y en esos momentos fueron dos jóvenes, que querían reconstruir la romería que desde los pueblo montañeses de La Val de Viu, se realizaba hasta Nocito , para venerar a San Urbez. Necesitaban boinas, como las que cubrían las testas de los montañeses y otras ropas diversas, para caminar cantado romances antiguos, a punto de desaparecer. Cuando Santos vio la boina sobre la cabeza de Arturo Gonzáles, exclamó en fabla medio aragonesa: ¡Aún tienes buen “redoler”,¡zagal!. Cuando yo pasaba por delante de su comercio, entraba a conversar con él, pero si había clientes, me marchaba, hasta que un día que nos encontramos en la Catedral, me dijo: oye Ignacio, tú cuando vengas, no te vayas por la presencia de otros, que ya se marcharán y podremos conversar. Hoy, muchos piden a Santa Ana, buena muerte y poca cama. Tú no tenías necesidad de dirigir esa oración a nadie, pero el Señor te ha hecho caso, porque Santos se fue a su casa el lunes, día uno de este mes de Marzo y pasando al martes, día dos el Señor se lo llevó, a acompañar a san Urbez, en la Corte Celestial. Yo tengo el deber de manifestarle mi dolor a su esposa, a sus dos hijos, uno de ellos Doctor en Medicina y a sus tres hijas, al tiempo que me llena de emoción la Romería con las boinas de Santos a San Urbez.

sábado, 17 de enero de 2026

A Pedro Lafuente

 



El Instituto de Estudios Altoaragoneses me envió el libro de Pedro Lafuente Pardina “Al calor de la cadiera” y a continuación me puse a leerlo hasta suúltima frase, que dice así:” Y si, de paso, al leer mis trabajos, ustedes pasan un rato agradable, me daré por bien pagado”. ¡Pues, nada, Señor Lafuente! por este lector puede usted considerarse satisfecho, porque no sólo me ha gustado su literatura, sino que coincido con lo profundo de sus pensamientos, como son la armonía y unión, que debe tener Huesca con su Comarca, desde Ayerbe, Siétamo, Loporzano, Casbas y Angüés y no cito todos los pueblos, porque el pasado de la capital y de sus cercanos pueblos los ha convertido en Huesqueta y su “comarqueta” y en cambio a Zaragoza la ha convertido ese mismo tiempo en Zaragón y su Comarca. Y así lo das a entender, también en la última página, en la que pones:”Sigo creyendo en el futuro de nuestro Altoaragón. Es una tierra extensa, surcada por ríos limpios y caudalosos que son la mejor garantía de vida”.Y quieres corregir la conversión de Huesca en Huesqueta, cuando dices: ”En nuestro suelo hay mucho por hacer, mucho por descubrir…La Tierra Baja se está regando y poniendo en riego mucha de la que falta, pero Huesca por la que van a pasar las autopistas de Madrid a Monrepós y la de Lérida a Pamplona, carece de agua” y hace que escasee en la cuenca del Guatizalema, que tiene su Pantano y su proyecto de riegos. Esperemos que si se hace el Pantano de Montearagón y el Canal de Biscarrués, se le devuelva el agua al Guatizalema, que en caso de necesidad podrá abastecer a Huesca y más si el Pantano de Calcón, es enriquecido con una acequia que desde Pedruel, procedente del río Alcanadre, conduzca el agua a dicho Pantano y desde allí a Vadiello, como tenía proyectado Albasini.

Dices también, en el epílogo que “el tremendo espíritu de lucha que les caracterizó (¡claro a los de Huesca!), hizo que superaran hasta las peores épocas de sequías y penurias, ciñéndose a sus posibilidades, sabiendo que todo dependía de la Naturaleza y de su esfuerzo”.Y en la mañana de San Lorenzo, dentro de la belleza literaria, sacas los deseos del pueblo de Huesca y sino lo creen algunos, que lean: ”La fiesta, que ya se encendió la víspera con llamas moradas de vino, de ronda y de charanga, va dejando la umbría de la noche para vestir de rosa, con blondas de danzante, la aurora de esa mañana única y esperada”. Esto es literatura pura, pero sigue la reivindicación esencial de Huesca y su comarca: ”La Hoya, penitente de agua, cuya sequedad enfada a los oscenses, contorna la ciudad con esa manifestación muda de protesta, por saberse habitada por hombres y mujeres, no muertos, sino abandonados a su suerte por quienes desde fuera tasan votos. Ellos quieren para este suelo, céspedes de cardos. Nosotros praderas de futuro”.Como antes he dicho al hablar de la Hoya, está haciendo alusión al Somontano oscense, que forma parte del problema de la pobreza de aguas de casi toda la Hoya de Huesca.

“La Plaza de San Lorenzo, pulmón y pupila, aviva los recuerdos, sobre todo para aquellos hijos de esta tierra que, para ser notables, debieron hacerse ahijados de otros suelos. En ellos, por fortuna, sigue clavada la espina de la nostalgia. Por eso están allí, junto a sus amigos de infancia que siguieron aquí, como raíces pegadas a la breña”.

Pero quiero resaltar que Pedro Lafuente, me parece que escribe sus obras un poco como Cervantes escribía su Quijote, en que salían las ciudades de España y lo que en ellas ocurría; salían también los pueblos, los castillos y los molinos de viento. Así parece que escribe Pedro sobre Huesca, sobre sus pueblos, sobre sus campos, sobre sus monumentos y castillos y así como Cervantes escribía sobre el viento que movía las aspas de los molinos, Pedro escribe sin descanso sobre el agua, que además de regar los campos y los jardines, mueve los molinos en los ríos, que son como un precedente de la época industrial, que ya triunfa desde Barbastro y se pierde en Cataluña y en Zaragoza, siguiendo por Villanueva de Gallego, por Zuera, por Gurrea y se inicia en Almudévar.

Entre los monumentos nos recuerda el Santuario de Loreto, que aproxima Huesca a los Siete Lugares. En dicho Santuario se ve el problema de la sequía cuando ponen”San Orentius, Pater Pluviarum”, es decir San Orencio, padre de las lluvias y uno recuerda las rogativas que se le han hecho a este santo, incluyendo a la Venerable Madre Berride, que allí acudía a rezar para que lloviera y está enterrada en el Colegio de Santa Rosa.

Se ve este pensamiento quijotesco en Vicén D’o Río, cuando en el prólogo de la obra, dice: ”En muchos ha despertado con ellos, (artículos y comentarios telefónicos), recuerdos de otros tiempos, cuando los campos resecos eran arañados con aladros romanos tirados por mulas, trabajos y juegos en las eras, transportes y trajineros, artesanía y artesanos, costumbres ligadas a los momentos culminantes de la familia altoaragonesa, que se cumplían con ritos de siglos, innumerables formas de vida que, sin presumir de viejos, muchos de nosotros hemos conocido y que son ya inexistentes.

¡Cómo relata en su poesía el traslado de esa pareja de viejos al asilo, en su obra “¡Adiós, viejo labrador,adiós!.Es una de sus mejores obras poéticas y me recuerda, de algún modo, a Gabriel y Galán. Acaba su poesía diciendo: ”Pero somos ¡los últimos!-así, que cierra la cleta,-que aún nos queda nuestro amor.¡y este si que tiene fuerza!”.

En “La última mula”, animal al que los niños ya no conocen, aunque van conociendo cada vez más a los caballos, se ve como:”Los jóvenes marcharon a la ciudad y sólo los “viellos”, para no estorbarles, seguían viviendo entre los toscos muros encalados, cargados de miseria y doméstica historia”.Venían sus hijos y nietos para Navidad y al no llegar, salió el “agüelo” con la mula y sacó el coche, que se había quedado en la cuneta. La mula lo sacó, pero te deja pensando :”Dios mío ,qué solos se quedan los pueblos”.

Como en el Quijote, en la obra de Pedro se ve al pueblo sufrir y soñar, pero siempre le asedian desgracias y aventuras, pero ni la obra de Cervantes está basada en el humor negro ni la de Pedro, que lo que busca es el progreso y el amor de Huesca a San Lorenzo. Cervantes describe en el último capítulo del Quijote, la belleza de una tierra como la que Pedro sueña para la suya y dice: ”las florecillas de los campos se descollaban y erguían, y los líquidos cristales de los arroyuelos, murmurando por entre blandas y pardas guijas, iban a dar tributo a los ríos que los esperaban, la tierra alegre, el cielo claro, el aire limpio, la luz serena, cada uno por sí y todos juntos daban manifiestas señales que el día que al aurora venía pisando las faldas había de ser sereno y claro”.

Así Pedro ten en cuenta “que el día que al aurora viene pisando, ha de ser sereno y claro”.

Y tu mismo lo manifiestas en “Mañana de San Lorenzo”,cuando dices:”No te domeñes, Huesca, no te rindas. No renuncies nunca a ser ese bravo verde en que hoy te agitas”.

jueves, 15 de enero de 2026

Angélica sobre el tejado



A los hermanos Saura.
He estado en el Palacio de los Condes de Guara, más tarde convertido en Colegio de San Viator, al que acudíamos muchos niños oscenses, entre los que se encontraba el más tarde, gran creador de Cine, Carlos Saura. Me acuerdo de él porque por aquellos tejados, parecía que pasaban las musas para inspirar a los espíritus creadores. Me parece verlas volar y posarse en aquellos tejados, para descender sobre los cerebros y los corazones de los poetas, de los pintores, como Antonio y de los directores de películas, como Carlos. Eran aquellas musas como ángeles femeninos, que no podían descender de los tejados por las chimeneas a los salones de los cerebros, como dicen que por ellas baja Papá Noel. Descendían por las claraboyas e inspiraban a Antonio Saura, sus cuadros, con ideas que aterrizaban en una cabeza maravillosamente preparada, por falta de obstáculos, para los aterrizajes ideales.
Yo tengo dos tejas encontradas al reparar viejos tejados, con magníficos dibujos; uno representa un pájaro entre flores, y otro un bello ramo de ellas. Dicen que las levantaban, cuando alguien moría, para que el espíritu ascendiera por el espacio que dejaban al descubierto. Ese mismo hueco, es posible que lo aprovecharan las musas en alguna ocasión, para sugerir al pintor concavidades y convexidades, senos y cosenos en esas pinturas que hay que interpretar como si del planteamiento de un problema se tratara. En aquellos tejados, además de las pinturas mudéjares en madera, escondidas, pues no se veían, aparecían cumbreras horizontales, representando encubrimientos pictóricos. Caballones y canaletas inclinadas, formadas por tejas montando unas sobre otras y que vertían adulación y envidia. Y en las canaleras de zinc, sobre el tejado, se posaban cuervos y gorriones, a los que acechaban gatas enceladas, que a su vez, todos juntos, inspiraban a las musas. Si éstas no inspiraba no importaba, porque era Carlos el que hacía subir al tejado a la prima Angélica, capaz de inspirar a su atónito “partenaire” y de conmover con el son del viento, el vuelo de la picaraza, la visión de la torre de la Catedral, el tremolar del álamo temblón, la melodía de aquel lejano sonido del piano de su madre, acompañada por Marieta Pérez, el recuerdo del pasado y el arrullo de las palomas. Ese arrullo que hace acudir a la cumbre del tejado a los gatos, a las picarazas y al tiempo, que corre, como también corren las películas de Carlos, dejando en nosotros, que escuchamos y que vemos tal tejado y tales películas, un sabor agridulce de nostalgia y de inspiración, como lo dejaron las musas. Carlos dejó en mí, una emoción en mis recuerdos y en mi corazón, cuando en la Diputación Provincial de Huesca, me pidió, también por la emoción de sus recuerdos infantiles, en los que ambos juntos jugábamos, un texto de mi pluma, para representarlo en alguna de sus películas.

De la materia al espíritu o de la Guerra Civil al Monasterio de Sigena



¡Con qué facilidad se hunden los hombres y mujeres en la materia y con qué facilidad se elevan sus almas y sus corazones al espíritu!.  Y fuiste tú, amigo Eliseo, el que hoy, día uno de Febrero del 2010, el que, por un tiempo indefinido, transformó mi cuerpo material en un ser espiritual, todo gozoso de la armonía musical de aquellas voces, que cantaban en canto gregoriano :  ¡Ave, María, gratia plena!, al mismo tiempo que mis ojos contemplaban la belleza arquitectónica de diversos aspectos del Monasterio de Sigena y de sus pinturas, de un colorido que me hacía ver el cielo. Hace unos días, “contemplando la Sierra, que nos guarda del frío del Norte, me di cuenta de todas las cimas, que en ella se suceden y que nos indican a los hombres que tenemos, no sólo la materia, sino también el espíritu, que muchas veces desconocemos  y despreciamos”. Aquellas cumbres de la Sierra me aleccionaron para distinguir la materia del espíritu y me hicieron pensar en una cena que se celebró en el Restaurante “El Faro de Sepes”, situado en la Zona Industrial de Huesca. En aquel Restaurante, en una cena, se reunieron la materia y el espíritu, haciendo reflexionar  a los comensales, sobre el placer que sentíamos los hombres y mujeres con la materia de un cerdo guisado, a través de aquellos platos que servían en las mesas, los camareros .Aquella cena se convocó para auxiliar a las personas recogidas por los Hermanos de la Cruz Blanca. Tenía la cena, por tanto, un sentido espiritual, como la que reunió Jesús a sus discípulos en la sagrada Mesa, el día de la última cena. Estaba representado el espíritu por los Hermanos de la Cruz Blanca, allí presentes, y que buscaban recoger la “materia necesaria” para mantener a aquellos hombres y mujeres, que acogen en sus residencias, después de ser despreciados por la sociedad. En aquella caritativa cena .el cocinero del “Faro de Sepes”, nos hizo experimentar el paso de la materia al espíritu, por medio de las tostadas de paté casero, las del tocinico salado, el lomo de cerdo con salsa de manzanas, de tal manera que al consumir las migas, me acordé de rezar:”El pan nuestro de cada día , dánosle hoy”. ¿Quién me iba a decir a mí, que las cumbres de la Sierra, apuntando al cielo, me iban a enseñar el espíritu, que los simples camareros, nos mostraron en aquella cena de un cerdo , pero ,desde luego, cena sagrada.
Hemos pasado de la materia al espíritu, pero en tu pueblo, Sigena, fueron los que destruyeron el Monasterio,  los que quisieron tornar toda la Historia de Aragón del espíritu a la más execrable materia. Fueron tu padre y tu madre, las dos personas aragonesas y concretamente de Sigena, las que me abrieron los ojos para ver y aborrecer la revolución del mal. Tu padre fue un hombre de una enorme personalidad y tuvo en cuenta en su vida, así en Barcelona como en Huesca, de la materia y del espíritu, temas ambos de difícil concordancia, pues al ver tratar a un hombre sobre los trabajos manuales, piensa que ese hombre no cree en la otra vida. Pero yo vi en él a una persona que, aunque a veces pronunciara palabras fuertes, dentro de su corazón reinaba una gran sensibilidad. Estando en su casa, en la que guarda en piedra las armas de los Abarca de Bolea, encontradas por él,  me aclaró lo que significaba un cuadro pintado por él mismo y que representa la corriente del Río Alcanadre que pasa por Sigena, arrastrando los “testículos “, del caballo de Roldán. ¡Cómo une la historia de la Osca capital con la de Sigena, donde se alza el Monasterio de la Virgen del Coro!. ¡Cómo da explicación al espíritu de los aragoneses por medio de los testículos materiales, arrastrados por las aguas del río, igual que los revolucionarios,  por llamarlos de alguna forma, arrastraron el espíritu del pueblo y del Monasterio de Sigena, intentando convertirlos en asquerosas heces materiales!.
No es tan sólo mi testimonio el que tiene ideas del espíritu de Eliseo, sino que el año 1960, la última Priora  del Monasterio,  a saber Doña Presentación Ibars, escribía lo siguiente, refiriéndose a Eliseo y a Carmela, que la llevaron con la hermana Angelita,  a Barcelona:”Fuisteis buenos, simpáticos y caritativos con estas dos religiosas que jamás podremos olvidar tanta atención y desvelo. Infinitas gracias por todo,el Señor os lo recompensará todo, ya que nosotras no podemos. Angelita hace suyo cuanto digo yo y os saluda con afecto. ¡Qué buenos sois!”.
Tu madre, Carmela, como escribo en mi artículo “Villanueva y el Monasterio de Sigena”, está identificada con dicho Monasterio de Sigena, no sólo con su obra, sino todavía más con su espíritu. Está todavía identificada, a sus ochenta y siete años, pues sufrió un gran dolor por las profanaciones que sufrió, tantas, que casi lo destrozaron por entero, durante la Guerra Civil.
Cuando las monjas se dieron cuenta de lo que podía pasar y por desgracia ocurrió, escondieron varias piezas litúrgicas, en un montón de trigo que estaba encerrado en un granero particular, en presencia de la niña Carmela. Pero cuando sacaban trigo,  Carmela sufría, al considerar muy posible el encuentro de las joyas. ¡Cómo se acuerda del Monasterio!, porque entonces sólo tenía catorce años, pero todavía le parece que lo está viendo, tanto que se acuerda de que en cierta ocasión, llegó un mercader y le propuso a la Priora, doña Pilar Samitier que le vendiera la sillería de nogal, por la que le daría una gran cantidad de dinero y le pondría otra sillería nueva. Entonces  la Priora, exclamó: yo no quiero tener remordimientos de conciencia por haber hecho desaparecer una sillería que deba tener tantos años como el propio Monaterio. En el día de la Virgen del Coro, en el mes de Abril, acompañadas por el sonido del armonio, acudían a cantar las niñas del Coro de Villanueva, entre las que se encontraba Carmela. La tiple, doña Aurora Riazuelo,  esposa de don Julián Arribas, les enseñó la a cantar la misa de Perosi, para el día de San Juan. Al recordar dicha misa, exclamó doña Carmela: ¡era preciosa!, con varias voces, pues la primera voz era la de doña Aurora, la segunda la mía(es decir la de Carmela), la tercera formada por tres voces del Coro, de las cuales no me acuerdo en estos momentos de sus nombres y apellidos, aunque todavía las tengo en el corazón.
Al empezar a escribir este artículo, afirmo que fuiste tú, Eliseo, el que transformó mi cuerpo material en un ser espiritual, con aquel trabajo maravilloso que me mandaste por el Ordenador. Allí se escuchaban los sonidos tranquilos y místicos del canto gregoriano, interpretando el ¡Ave María, Gratia plena!, al tiempo que se veían surgir las imágenes del Monasterio y aquellas pinturas deliciosas,  recogidas en el mismo Monasterio.
En el Restaurante El Faro de Sepes, el cocinero, convertía la carne material del cerdo en “bocatti de cardinali”, que nos llenaban de ilusión y con su placer, convertían nuestra materia en espíritus. Esa cena recuerda la Ultima Cena de Jesús, que convirtió a los judíos más o menso cultos, en apóstoles.
En Sigena, fue diferente, porque aquellos a los que algunos llamaron revolucionarios, no eran cultos, sino discípulos de unas teorías, partidarias de los diablos, que querían convertir el espíritu en materia. Por eso se ven aquellas fotografías de los cadáveres de las monjas milenarias, sacadas de sus sepulcros, con lo que profanaban la Historia, la vida y el espíritu del Monasterio. 
Esa magnífica proyección de las distintas partes del Monasterio, resucitaron mi fe, igual que las cimas de la Sierra de Guara, que señalaban y todavía lo señalan, que el mundo es un compuesto de materia y de espíritu, como he podido comprobar en el comportamiento de tu padre Eladio, de tu madre Carmela, a la que he visto guisar un enorme pollo y la he imaginado cantando en el Coro de Villanueva de Sigena, a San Juan. Y en ti, Eladio, he comprobado tu amor a tus padres, a Villanueva de Sigena y a las monjas que conservaron la espiritualidad del Monasterio, desde 1188 hasta que los materialistas quisieron destrozar el espíritu de los hombres,  en este caso aragoneses. 

Entre tanto los acogedores de aquellos monstruos, siguen reteniendo multitud de obras de arte, procedentes del espiritual Monasterio de Villanueva de Sigena. 

Las Rabosas o raposas

Dicen que después de los años mil, vuelven a las aguas por donde solían ir; viene esto a cuento porque después de casi cien años que los lob...