Me he encontrado, paseando por la carretera de Jaca, con mi amigo Pedro Capablo, hombre de cierta edad, pero inferior a la mía y es un hombre comunicativo y amable. Lo he encontrado paseando con su perra, a la que llama Lola, en medio de una copiosa lluvia, que si así continúa cayendo, sobrarán en Huesca, hasta los bomberos. Estaba parado en la puerta de una hermosa “Torre” abandonada ya hace muchos años, por su entonces joven y simpático dueño ,que creo se llamaba Jesús. Yo me hablaba con él porque como veterinario iba a visitarle alguno de los animales a los que criaba y como era simpático, me contaba su vida, diciéndome, entre otras cosas, que era montañés y que estaba soltero, al decirle que muchas mozas querrían vivir en una Torre tan elegante. Porque, efectivamente al ver ese edificio tan atractivo, se admiraba del buen gusto de Jesús. Aun, ahora en que ascienden por alguna de sus paredes los verdes ramos de hiedra y las acarician algunas ramas de algún arbusto que nació casualmente, una emoción estética, acompañada de tristeza, me invade el espíritu. Delante está eternamente cerrada la puerta, al menos así me lo parece a mí, pero en los lados y por detrás, están la tierra y las cuadras y corrales, cercados por una red metálica, a través de la cual se ve la tierra yerma y todo lo demás abandonado. Me ha aumentado la tristeza al comunicarme mi amable compañero, que le habían dicho que el buen Jesús había muerto al arrojarse dentro de un pozo. Yo me resisto a creer tanta desgracia, porque, ¿quién iba a pensar en tan desgraciado fin como el de un suicidio, en un mozo que al hablar sólo sabía sonreír ?. Si así lo hizo, yo no creo que fuese por falta de dinero, sino por alguna causa psicológica, que afectase a su espíritu, que tal vez se sintiera sólo por no tener esposa ni novia, que le alegrase su vida. Me voy haciendo viejo o como ahora dicen, por respeto, mayor y me acuerdo de aquellos de mi edad, que ya murieron ya hace muchos años. Y pensando en la agricultura y en la ganadería , Jesús fue un adelantado, porque cesó de ejercer ambas actividades, porque tal vez, previó lo que iba a pasar con ellas. Hoy día ya no quedan “Torres” alrededor de Huesca, que estén ocupadas por hombres y mujeres que cultiven la tierra y sea felices criando animales..Entonces uno piensa: si Jesús se fue por causas psicológicas, estará allá arriba, gozando de la vida eterna, pero ¿no se marcharía porque veía venir esta época, en la que ya no quedan casi pastores, porque si alguno queda, está cobrando por cada cordero que vende unas siete mil pesetas, cuando hace treinta años se los pagaban a ocho mil. Supongo que con el trigo cobraría más dinero que ahora cobran los labradores, por unas cosechas, que cuestan carísimas con los precios del abono, de los nitratos y de la urea. Jesús, tú has triunfado y nos has dejado con tu “Torre” un hermoso recuerdo.
Escritos de Ignacio Almudévar Zamora
martes, 13 de enero de 2026
lunes, 12 de enero de 2026
El paso del tiempo por la Fuente del Angel
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| Foto del Diario del Altoaragón. |
Hoy día ocho de Enero del 2010, me he encontrado a mi amigo Manuel Bescós Royán, en el parque, debajo de donde antes manaba la Fuente del Angel. Hemos conversado de aquellas veces en que también nos encontrábamos caminando por el camino que comunicaba aquella fuente con Huesca y a ésta con otros que conducían, uno a Obras Públicas, otro a la Torre de Casaus y a la Torre de Bescós, donde vivía Manolo con sus padres y con sus numerosos hermanos, pues eran diez. Todos eran rubios o “royencos”, palabra aragonesa equivalente a la castellana. Su madre tenía el apellido occitano de Royán, que se deriba del color rubiáceo de su familia. El padre de los hermanos Bescós, tenía la misma procedencia que María Cruz Bescós, escritora de una gran cultura e hija de Silvio Kosty, realmente llamado Manuel Bescós Almudévar, pues su padre ingeniero nacido en Santa Cilia de Panzano, se casó con una Almudévar , hermana de mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, de Siétamo. Manuel Bescós estaba poco informado del origen de su apellido, ya que su padre era huérfano desde los seis o siete años de su edad y fue la misma María Cruz Bescós la que le informó de que ella era su tía y le prometió que le daría el hermoso hogar de mármol, con cuyas brasas calentaba el piso. Murió, pero no le dio nada. Lo llevó en alguna ocasión a tomar un café a su casa, frente a esos enormes árboles plataneros, que todavía se elevan hacia arriba, por la protesta que levantó María Cruz Bescós, cuando el Ayuntamiento los iba a talar. A mí tampoco me dio nada, pero José Enrique Palacio de Pertusa, acordándose de mi parentesco con la autora me entregó un libro de María Cruz, que le habían dado, cuando su autora se murió. Cuando salías de Barrio Nuevo, por el Instituto de Higiene, ya se había acabado la ciudad, pues todo eran campos y por encima del Parque, siguiendo un camino llegabas a una depresión del terreno, donde se encontraba la Fuente del Angel. Allí, durante la Guerra Civil, acudí yo alguna vez, acompañado por una familia que vivía frente a las Capuchinas, a buscar agua para beber, porque el suministro, estaba cortado. Cuando iba yo a ver a mis tíos a la Torre de Casaus, una vez pasada la vía del ferrocarril, a veces me encontraba con Manolo que iba a la ciudad, desde la Torre de Bescós, donde vivía. En esas caminatas, nos dábamos cuenta de que se iban construyendo nuevos edificios, como por ejemplo el de la Seguridad Social, donde en cierta ocasión, dijeron que habían encontrado una mina de mercurio. Parece ser que se trataba de algún aparato, quizá algún aparato romano, que se rompió y allí quedó el mercurio. Pero no sólo quedaron restos romanos, sino que un peón, al que yo conocí, encontró muchas monedas medievales, que me parece recordar que eran de los moros. Estuvo el pobre hombre en la cárcel, pero al fin le pagaron alguna cantidad, que le correspondía por haber encontrado tal tesoro. Manolo después de más de cincuenta años, me recordó lo del mercurio y yo le recordé lo de las monedas. Manolo es pariente de Casa Claraco, cuyo dueño labrador oscense en un gran devoto de la Virgen de Jara, a la que dejó un campo para acoger a los oscenses cuando van en romería. ¡Cuántos años sin hablar de Huesca y qué alegría nos ha producido, la conversación de hoy!. ¡Qué gran oscense de casta, es Manolo Bescós!.
domingo, 11 de enero de 2026
Amor y muerte.-
sábado, 10 de enero de 2026
Huesca cantaba: sal , sal caracol.-
En estos últimos días del invierno, cuando yo voy paseando por los parques y las calles de esta ciudad de Huesca, ¡ de repente! entre el mal tiempo revuelto y frío, que hace correr a la gente, a la poca gente que circula, se me iluminan los ojos con una luz solar deslumbrante, que se filtra entre las ramas deshojadas de los árboles o atraviesa las calles, para besar una fachada, unas veces vieja, pero otras nueva. Esa luz, que uno no sabe si es natural o está infiltrada por los contaminantes que llenan nuestra vida, al iluminar esas dos fachadas, a saber la vieja y la nueva señala dos aspectos de la misma, uno el pasado en la fachada vieja y otro el presente en la fachada nueva: el tiempo actual con un sol deslumbrante pero contaminado y el pasado con aquel sol tan apetecido y tan buscado por personas y animales "juntamente”; tiempos en los que se cantaba: "sal, sal caracol, saca tus cuernos al sol, que tu madre está en el sol y tu padre en la caseta empinando la boteta". Y como los caracoles, se unían después de la lluvia para bañarse en el sol, las mujeres, unas jóvenes y otras viejas, también buscaban un carasol y cosían y cosían unas, mientras otras se peinaban a sí mismas o a sus vecinas, sentadas en sus pequeñas silletas que el domingo llevaban a la iglesia, para asistir a misa y algunas limpiaban el pelo de los niños para evitar que en él organizasen su vida los pequeños liendres de piojos.
Huesca tiene su pasado, su presente y su futuro, pero siempre es y siempre será Huesca, y queremos que sea una Huesca mejor y por esa razón los oscenses tenemos que recordar los ricos tesoros de historia, de cultura y de civilización de nuestra ciudad, recordando a San Lorenzo, a San Orencio, a Santa Paciencia y al Santo Cristo de los Milagros, al que ahora veneramos como lo veneraron nuestros antepasados y antecesores hace ya, quinientos años. Tenemos que recordar también a los primitivos vasco-íberos, a los celtas, a Sertorio y a los romanos, a nuestros reyes navarros y aragoneses, a nuestra Universidad, al Temple, a los hermanos Argensola, a San José de Calasanz, a Artiga, autor de la construcción del pantano de Arguis y a tantos otros como a Joaquín Costa.
Si, es precisa una actitud, enclavada en el pasado y en el presente para que el futuro de nuestros hijos sea feliz, como escribe Valle Inclán en su poesía que dice así: "Tañía en la gloria del alba-una campana celestial-y el alma de ( las yerbas) los hombres iba-trémula de amor y de humildad-a juntarse con la campana -en el aire lleno de paz". Si, un aire lleno de paz y de felicidad.
Hemos de acordarnos de aquellas mujeres y de esos hombres que vivían en esas casas viejas a las que besa el sol, igual que besa la Iglesia del antiguo convento de Santa Rosa, que nos debe recordar a la Madre Berride, a la que le pasaba como a nosotros "cuando llevan al Señor Sacramentado por las calles en las procesiones de la Catedral, San Lorenzo y Santo Domingo", que toda ella se llenaba de gozo y de paz. Para la Madre Berride todo era templo, desde la Catedral de piedra, pasando por Santo Domingo, por Salas y por ella misma "parca en el sueño", trabajadora en su casa, asistiendo a los pobres con lo que renunciaba para ella, escuchando la lectura de "la doctrina de Fray Luis de Granada, de Santa Teresa de Jesús, de San Juan de la Cruz, pasando los distintos grados de las Moradas, gozando de los éxtasis místicos, rezando por España, por Aragón y por los problemas de Huesca, a saber pestes y sequías".
Si nos acordamos de Arguis, construiremos los pantanos de Montearagón y de Biscarrués, que harán que no sean necesarias tantas rogativas, pero si hay que organizarlas nos acordaremos de la Madre Berride, que las hacía en Santo Domingo, en los Dolores de Monflorite, en el Viñedo del Somontano, en Salas y en la Catedral dirigidas al Santo Cristo de los Milagros. En cierta ocasión se organizó una romería para pedirle a San Orencio la lluvia y fueron los oscenses a Loreto; al acabar la rogativa empezó a llover intensamente, de tal forma que los munícipes y el clero se quedaron a dormir en Huerrios, pero la Madre Berride, sacrificada ella, se fue a Huesca. Y en Huesca siguen los restos de la Madre porque primeramente se enterraron en Santo Domingo, luego en Santa Rosa la vieja y por fin, está depositada en el nuevo Colegio de la misma Santa. Ahí podéis ir a rezarle.
viernes, 9 de enero de 2026
Arciprestazgo de Montearagón
miércoles, 7 de enero de 2026
Teorema del paso de la materia al espíritu
Recuerdos del Hospital Viejo.-
Torre vieja y elegante
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