lunes, 26 de enero de 2026

Roberto Pérez Almudévar


 


Mi primo Roberto, ya ha llegado a una edad, que recuerda la eternidad, porque ya ha alcanzado los ochenta y nueve  años de edad. Al entrar en su casa, lo primero que he visto, ha sido un enorme libro de 1865, que heredó de su padre y Roberto ha depositado sobre un atril. ¡He visto cómo Roberto apoyaba su eternidad con la obra de Dante Allhigieri, escrita por los años de 1304 !. Sí, porque la obra trata del Infierno, del Purgatorio y del Cielo y es una de las más famosas de la literatura italiana y de la mundial. Se encuentran entre sus folios, unos dibujos impresionantes, de escenas eternas del Cielo, del Infierno y menos del Purgatorio, que fueron creadas por pintores de fama universal, entre los que se encuentra, en ediciones modernas, el español Dalí. Son dichos cuadros de un color oscuro por haberlas transmitido con láminas de plomo. Esa oscuridad hace crecer el respeto a la eternidad, como repartirían algún grado de alegría, si se hubieran conservado en alegres colores.
Cuando veo a Roberto, contemplo  su figura humana  y me quedo admirado, reflexionando sobre  un hombre, que por su edad, cuando se encuentra ya próximo a la otra vida, te habla con entusiasmo de la vida que ha vivido, amando el deporte, el turismo altoaragonés, desde los pueblos del Pirineo, hasta los Monegros, con el Monasterio de Sigena y la Cartuja de Lalueza. Si algunos al escuchar sus vivas palabras, tiene alguna duda,  sale de ella, al coger en sus manos paquetes de fotografías, que te hacen ver los verdes prados del Pirineo y sus altas montañas, hasta los desiertos de los Monegros, que sus parientes los hermanos Almudévar, han colaborado con otros soñadores, inspirados por Joaquín Costa, en la colonización de unos regadíos apasionantes.
Pero Roberto no amaba solamente su tierra altoaragonesa, sino que volaba con sus conocimientos por todos los países del Mundo. Y ¿cómo realizaba ese sueño de visitar lejanas tierras?. Sencillamente, porque vi un archivo enorme de álbumes de sellos de correos y al repasarlos,  aparecen ante mis ojos, los reyes que quedan en el mundo, los gobernantes democráticos y los caciques que dominan a muchos millones de seres humanos, en unos paisajes verdes unas veces y otras desérticos. Roberto ha soñado durante su larga vida, conseguir la felicidad de aquellas gentes, que vivían y morían y ha pensado en la instalación de industrias, que aliviaran sus vidas. Él se da cuenta de que no ha llegado a ser total todavía, el progreso material y espiritual a este mundo y cuando abre el libro, que le dejó su padre, con los impresionantes dibujos del Cielo , del Infierno y del Purgatorio, contempla las figuras celestes, como las de los condenados al Infierno, comentadas en verso  por  Dante Allighieri. Dante entonces,  como ahora Roberto, a veces sentían tristeza al observar  aquellos demonios cornudos y con colas colgantes,  que todavía hacen sufrir a los humanos. Y Roberto Pérez, expone para sí mismo y para los suyos “La Divina Comedia”, sobre un atril, para contemplar la comedia del Mundo, en la que también él, actúa.
Pero Roberto, no sólo no ha abandonado, la “Divina Comedia” sino que allí lo encuentras, observando aquellos oscuros cuadros, que le hacen reflexionar. Pero él, con su figura optimista, dotada de un bigote que lleva sobre su labio superior, desde los dieciocho años de edad, pronuncia sus palabras y yo  escucho, a través de ese filtro bigotil, historias que hacen vibrar a su mostacho, y después de él, conmueven  los sentimientos del  corazón de su esposa, de su hijo, de sus sonrientes hijas y de sus nietos y nietas, cuyos retratos pictóricos, cuelgan en el luminoso salón de su domicilio.
Pero yo, no sólo he sentido esos sentimientos de la vida ordinaria,  sino que durante la Guerra Civil, al mismo tiempo que Roberto, sentimos las miserias de las luchas y de las muertes de nuestro parientes, los Vallés. ¡Cómo recuerdan los dibujos del Infierno y del Cielo,  el martirio que sufrieron  nuestra pariente, madre de Jesús Vallés Almudévar y de su hijo Luis,  hermano de Jesús, que fueron fusilados, en la carretera, cerca de Bespén, por individuos infernales, como los que escribió Dante en la “Divina Comedia”, en cuyo libro se pintaron dibujos terribles de los demonios del Infierno, queriendo apartar del   Cielo a los seres humanos, hijos de Dios, como los Vallés de Fañanás.                                                   
El padre de Roberto era un hombre que tenía en cuenta los dibujos de Dante y amaba el trabajo, pero no actuaba como aquellos antiguos, que esclavizaban a la gente para producir riquezas para ellos o como aquellos dictadores en el Oriente de Europa, que  obligaban a trabajar a los obreros, horas y horas, para extender sus ideas por el mundo. Los países civilizados estimularon el deporte para equilibrar el trabajo con la salud y Don Roberto estimuló en su hijo, la práctica del deporte y Roberto,  hijo, cultivaba el amor de sus antecesores, es decir de su padre y de  su madre, inclinándose al Baloncesto, deporte que llegó a amar, como amó las riquezas de la Naturaleza. Y así como guardaba las fotografías de los paisajes y rebaños montañeses, tiene expuestas, en un espacio, encima del libro sagrado de Dante, las medallas que ganó en su deporte favorito. Esas medallas son muchas de ellas, de oro y de plata.
Yo recuerdo, cuando era niño, como acudía al Parque del Deporte de Almazán, a verlo lanzar pelotas en  el aro de sus rivales. Pero Roberto conserva  sus  recuerdos con figuras de todas las actividades de las que ha sido protagonista, y de todos los paisajes que ha visitado por el Mundo. En primer lugar me ha dejado admirado al contemplar esas medallas de oro y de plata, que son símbolos de los triunfos deportivos, que obtuvo para él mismo y para el Deporte Oscense.
Pero, como he dicho, era y sigue siendo, un admirador de la Naturaleza y no se conformaba únicamente con aumentar el número de los partidos que ganaba con sus compañeros, en el Parque del Deporte, sino que siempre que podía, con su coche viajaba con Laliena y otros numerosos amigos y recordaba su vida con fotografías extraordinarias, que todavía conserva muy bien ordenadas en sus archivos y que son, como su imagen, recuerdos de la eternidad. Porque, observando esas fotografías, se da, el que las mira, cuenta de la belleza de aquellos bosques y prados verdes, que pueden convertir a los que los examinan, en niños que se sienten con las numerosas mariposa que los gozan, igual que pequeñas partes de esa Naturaleza. Me dice Roberto, que muchos de esos paisajes han desaparecido, con lo que a mí, me queda la convicción de que él es un conservador de la Naturaleza, tal vez eterna. Este conservador, a pesar del disgusto de contemplar las ruinas de aquellos pueblos y aldeas, siente en su corazón que resurgirán, con la esperanza de una  resurrección del Alto Aragón, porque él ha visto y ve con sus propios ojos, como a pesar de haber caído edificios de noble figura, ahora se da cuenta de cómo muchos resucitan, porque son  reconstruidos  por personas, que sienten y han sentido sus mayores, y otros por la gigantesca belleza que les ha hecho gozar de su Naturaleza.   
 Muchos de los que vivían en aquella Montaña, han reparado sus casas y peregrinan a ellas, como un señor del pueblo de Sarvisé. Allí nació y estuvo hasta los catorce años, que lo llevaron a Huesca a estudiar. Se hizo Périto Agrícola en Pamplona y después ejerció su carrera en Lérida,  en Madrid y en Extremadura. Se jubiló hace escasos años y vino a Huesca, para ayudar a sus hijo e hija y a sus nietos, pero todos los fines de semana, peregrina acompañado por su esposa a Sarvisé, a la casa donde murieron sus padres. No los pueden ver en su casa natal, pero todas las semanas van a visitarlos al cementerio de Sarvisé. Este caballero es uno de tantos, de los que han arreglado sus domicilios montañeses, igual que otros que los han levantado, para hacer resucitar sus amadas tierras pirenáicas.
Muchos de los que se fueron o expulsaron, como los vecinos de Jánovas y La Velilla , a orillas del río Ara, no han podido aguantar el dolor que les produjo el abandono de tales pueblos tan bellos y tan puramente representativos del Sobrarbe. Pero también hay franceses que saben que los Pirineos eran un País, que dividieron las guerras en el Norte para los franceses y el Sur para los españoles, y algunos de ellos del vecino Bearn, que participaron en la conquista de Almudévar, de Zaragoza y de Valencia, que se encuentran muy bien en el Sobrarbe. Ahora ya no están separados políticamente, pues ambas partes son Europa. Pero están divididos por que el Ferrocarril de Canfranc, sigue destruido,  en tanto en Cataluña y en Vascongadas, circulan los modernos trenes. Pero hay aragoneses y franceses, que aunque no pueden restaurar toda la línea desde Canfranc hasta Pau, están restaurando la Estación Ferroviaria de Canfranc, que hace soñar a los aragoneses, los viajes que en tiempos pasados hacían, unos comerciales y otros sentimentales.
Otros europeos, como los holandeses, se complacen en el terreno de los Pirineos y sus Sierras, como los que compraron la casa de nuestro pariente Mosen Jesús Vallés Almudévar, en Castilsabás, donde viven dichos holandeses.
Pero no sólo se han preocupado los aragoneses de la comunicación ferroviaria a través de los Pirineos y su conversión en una zona rica, sino que el portugués Pascual Madoz, en los ya lejanos tiempos de 1845 al 1850, escribió que el río Ara, es diferente a todos los demás ríos montañeses. Largos kilómetros  de este río, carecen de puentes, por los que cruzarlos. En cambio en zonas más llanas, como cerca de Albella, donde hay una ermita dedicada a San Urbez, parece que las aguas imitan a las de las llanuras, pues corren mansamente. Escribe Pascual Madoz que “al impulso de sus aguas, se mueven las ruedas de molinos harineros y batanes; también se fertilizan, con ellas, que podían aprovecharse a poco coste, abriendo acequias y haciendo grandes praderías, para lo que es a propósito el terreno de sus inmediaciones, y con ellas un país ameno y fértil, el que hoy es ácido y miserable”. En aquellas aguas, crían abundantes truchas, barbos y anguilas.
¡Roberto!, nuestros recuerdos son muy limitados, pero la Historia nos hace leer, situaciones en las que intervinieron nuestros padres. José Almudévar Altabás, pertenecía a la familia Almudévar de Barluenga y por el año de 1805, se casó en Siétamo con Francisca Escabosa y Azara. Los Azara de Siétamo eran parientes de los Azara de Barbuñales y amigos del Conde de Aranda. Este poseía en Rodellar un terreno escabroso, apto para el pastoreo de las ovejas y nuestro antepasado, de Roberto y mío, arrendaba sus pastos al conde y por tanto subía y bajaba a Rodellar, con frecuencia. Y aquí es donde el sabio Pascual Madoz, nos revela lo que José Almudévar, veía en la Fuente de Mascún. “Se cree con bastante fundamento que de la Sierra de Jánovas, se filtra por entre grandes cavernas, que en ella se descubren y da origen a una nombrada fuente, que nace en el Barranco de Mascún, al pie de la Sierra Guara…Cuando crece el río Ara, la expresada fuente aumenta el caudal de agua, que en ella brota y cuando las avenidas del Ara, arrastran hojas de haya, la fuente presenta las misma hojas”.

Desde Siétamo se ve muy cercana la Sierra de Guara, y así como nuestro antepasado contemplaba las hojas de haya, que traían las aguas del río montañés, ahora son las hojas fotográficas archivadas, que ha multiplicado Roberto, las que pueden unir dar fuerza al Alto Aragón, para comunicarse con el Pirineo Francés, con el ferrocarril.

domingo, 25 de enero de 2026

Nasarre y otros pueblos del Parque de Guara

Tore y abside de Nasarre

 

Paseando por La Alameda he entrado en conversación con un señor y al escuchar su voz, me he dado cuenta de que era  montañés. Le he preguntado que de donde era y me ha contestado que de Nasarre. El me ha preguntado a mí, si  sabía dónde se encontraba su pueblo y entonces le he contestado que ya hace muchos años, yo iba por la carretera que sube de Huesca a Sabiñánigo y a la  derecha de La Manzanera que se encuentra sobre Arguis,  cogía una ruta, desde luego penosa, que pasando por Belsué, por su embalse de Santa María, cerca de Lusera y  siguiendo por Ibirque, llegaba al pueblo de San Urbez, es decir a Nocito. Desde  este lugar,  dejando a un lado Abellada y Azpe, pasando por  Used y  por la Pardina de Zamora,  se llegaba a Bara. Desde el Somontano, por Santolaria, subían los vecinos de Used, cuando volvían de llevar patatas para sembrar y subir aceite y vino para su consumo, en los lomos de sus caballerías. Subían por Cuello Bail y al llegar arriba, podían ir a Nocito o por la derrecha regresar a Used o a  Bara.   En Lusera se veía la iglesia en un lugar elevado, y en la parte baja, en un espacio amplio, estaban las comederas de ganado lanar y  en Bara   saludé a un ganadero, noble, que vivía en aquellas soledades, pero que conocía a todas las personas de aquellos pueblos de la Sierra y del Somontano, con un sentido de la hospitalidad, que por desgracia ya casi no existe en las ciudades. Leandro Campo de Nasarre también lo conocía y comprendía,  pues él también guardó ganado lanar en Nasarre y en Ola, en Casa de don Antonio Otal.  Estuvo como su paisano de la Sierra, San Urbez, cuidando el ganado, no sólo en sus montes, sino también en el pacífico pueblo de Ola. Para pasar de Bara a Nasarre y a Otín, hay que hacerlo por encima del río Alcanadre, cuyo paso sólo estaba protegido  por puentes de madera, que no ofrecían gran seguridad. Los niños de varios pueblos, como los de Letosa, Nasarre, Bagüeste y otros acudían a la Escuela de Otín. Entre los alumnos estaba Leandro  Campo de Casa Campo de Nasarre. Eran tres las casa abiertas en Nasarre, además de la de Campo, estaban Casa Laliena y Casa Español. Su hermano Pascual, el heredero marchó con su madre y con su esposa, a vivir a Barbastro, hace unos cuarenta y dos años. Leandro se fue de Nasarre a los veintisiete años a pastorear las ovejas  propias, junto con las de Otal de Ola y eran más pequeñas que éstas, con manchas negras en las orejas,  la cabeza y el resto de su cuerpo. No sólo iban a la Escuela, sino que tenían que pasar los puentes sobre el Alcanadre y sobre el Mascún, para aisitir a los entierros de sus paisanos, cuando se iban al otro mundo. Se conserva en Nasarre la iglesia del siglo XII, de estilo “Románico de la Montaña” y en la casa donde nació Leandro, en la dovela de la entrada  está esculpida una bella flor y al lado la fecha de su construcción. Recuerda con gran amor a su familia, pero se amaban con locura con todos los vecinos del pueblo y de los alrededores, pero ahora, que ha llegado la globalización a las ciudades,  ya casi no se conoce la gente. Pero al marchar cada uno por sus caminos, no se olvidan del pasado, pero tienen otros problemas, y  exclamó: ”¡qué bien se vive en Huesca!”. Se acuerda con nostalgia de aquellos tiempos,  pero vive bien en Huesca capital,  lo que le impide  derramar lágrimas.     

viernes, 23 de enero de 2026

La sabiduría y la opinión


Me he encontrado, en un kiosco, con un amigo que es, nada menos, que profesor de Física, pues es licenciado en Ciencias de tal categoría. Ahí mismo, los clientes pensaban en qué periódico iban a comprar, para consolidar sus ideas o para ver las opiniones de los hombres, que viven en nuestra sociedad. Pero mi amigo Ramón empezó a derramar sus sabias palabras, organizadas por su cerebro y yo pienso si lo serían por las leyes de la Física. Se expresaba así: “ Hoy día no se escriben en la prensa pensamientos no equilibrados ni lógicos ni teorías que puedan aportar soluciones a todos los problemas sociológicos, que se presentan frente a la Sociedad.”. Yo pensé: ”este hombre tiene razón, porque ahora estamos en crisis, estamos bajo la influencia de las cenizas del volcán de Islandia y nos encontramos ante la indefensión de la “Capacidad Humana”, para resolver estos y otros fenómenos, unos derivados de la Naturaleza y otros de los “Ideales Políticos”. ¿Qué son ideales políticos?, pues son unas ideas , que cada partido escoge como ideas básicas para regular la prudencia humana. ¿Cómo se defienden estas ideas?. No se sabe porque la prensa no los comenta, sino que está pensando en su negocio empresarial de miles de millones. Mientras tanto a los pensadores, propiamente dichos, no se les permite entrar en esos terrenos, que reciben el nombre de políticos.

Estamos en el siglo XXI, en que los políticos tienen más poder, que en toda la Historia han tenido, en imperios, monarquías, repúblicas e incluso en dictaduras, en todos los campos del pensamiento humano. Y la gente está como abstenida o privada de saber las opiniones de este mundo y de expresarlas ellos mismos, para obtener el bien general. Los sabios siguen trabajando en sus laboratorios, por ejemplo allá en los Alpes y piensan en la recreación del Universo, que como dice la oración al Espíritu Santo, “envía Señor tu Espíritu y todas las cosas serán criadas y renovarás la faz de la Tierra”. La prensa calla las ideas, pero a los sabios que trabajan en el nuevo acelerador de partículas, en los Alpes, no sé quien les ha inspirado la idea de llamarlo “La Cadena de Dios”. Antes los sabios sabían un poco de todo y ahora saben mucho de alguna especialidad y nada de otras. Así no pueden intercambiar ideas.


jueves, 22 de enero de 2026

El Hombre , el Caballo y el Toro



En la antigua Iberia, es decir en España, se encontraba el hombre acompañado principalmente por caballos y por toros y el íbero, inteligente, quiso hacer amistad con ambos. Con el caballo lo logró rápidamente. Y todavía después de muchos siglos, les une una amistad que casi los identifica. Ya lo profetizaron los clásicos con el mito del Centauro, que tenía su tronco humano, con su cabeza y sus brazos, en tanto el cuerpo era el de un caballo con sus cuatro remos y su rabo. Al toro lo han amado mucho los íberos e incluso en nuestros tiempos se han elevado hermosas siluetas de toro, sobre las colinas, pero salvo algún pastor que vivió con él en las ganaderías, no ha conseguido el hombre ser amigo íntimo del toro, como lo ha sido del caballo. Van cambiando las costumbres y parece ser que la introducción de la vaca holandesa berrenda en negro, gran productora de leche, empezó a promover que los habitantes de alguna gran ciudad, miraran a los toros y a las vacas bravas, con poca simpatía. Pero todavía quedan ciudadanos como José María Sorribas, nacido en el pueblo de Ibieca, que recuerdan con nostalgia su vida en común con novillos de origen bravo. Me contó que cuando tenía unos dieciocho años, bajaba a Tardienta y le compraba a un tratante, llamado Antonio Álvarez y apodado como el «Campando». Le llegó a comprar una docena de esos novillos que sin recibir la denominación de bravos, lo eran. Procedía de Navarra y varios pueblos de las Cinco Villas, como Ejea o Fuencalderas. Aquellas vacas que criaron a estos novillos eran terribles recién paridas y no se podía el hombre acercar a ellas porque le acometían. José María Sorribas conducía, de cuatro en cuatro novillas, de unos tres meses, desde Tardienta a su pueblo de Ibieca. Era aquel viaje una procesión de sufrimientos y dolores, porque aquellos novillos llevaban sangre del "tauros ibéricus" y aunque no tenían tanta bravura como los destinados a las corridas, acometían y tenían que castrarlos para que trabajaran como bueyes. Eran auténticamente bravos, pues al sacarlos de Tardienta, de la compañía de sus madres, a cada instante retrocedían, hasta que llegaban al Castillo de Cuervo, que está a unos doce kilómetros de Tardienta y cerca de Sangarrén. Al llegar a Cuervo estaban cansados y ya no causaban tantas molestias. a Sorribas. Por caminos viejos y poco usados iban de Sangarrén a Albero Alto y luego a cruzar por la ermita de Bureta de Fañanás, al empalme de Liesa e Ibieca. Llevaba Sorribas, como pastor, una buena vara de avellano, pero al llegar a Ibieca volvían a sublevarse, tanto más cuanto más comían. Atacaban fuertemente cuando estaban hartos y aquella manifestación le hizo pensar a José María, que tal vez fueran animales destinados a vivir en soledad, en amplios prados y bosques, donde hubiera paz y no tuvieran enemigos. Es más, cuando en Ibieca los soltaban a abrevar a la fuente, si encontraban mujeres qué iban a buscar agua, las acometían, las tiraban por el suelo y les rompían los cántaros. José María no atribuía a estos hechos su afición a las corridas de toros, pero cuando en la plaza de toros se sentaba en su puesto, se le revolvía la sangre con la de aquellos novillos, que quizá tuvieran la misma que los Carriquiris, que tenián sus antecesores en Navarra y en Ejea. Lo que vio Sorribas en aquellos novillos procedentes de Ejea, lo descubrieron, por ejemplo, aquella monja de clausura, que me contó, que allá en Gella, provincia de Teruel, vio ya hace unos sesenta años, una corrida de toros, con la participación de una joven rejoneadora y que su satisfacción artística fue enorme, pero como los portugueses, se quejaba de la muerte de los toros. Y yo a los cinco años de edad, me asomé cierto día al balcón que asoma al corral en nuestra casa de Siétamo y vi que estaba lleno de vacas "rayas" y negras, que llevaban colgando de sus cuellos unos troncos de madera. Eran para impedirles emprender carreras por los caminos, ya que las llevaban a Barbastro. Lo que dijo Sorribas de que los toros tal vez deberían encontrarse en grandes bosques y prados y vivir en paz, lo descubrieron también los poetas, que pensaban que existía una guerra entre los hombres y los toros. En el Libro Número Uno de Cossío, está escrito lo que un poeta soñó con los toros: "Partido en dos pedazos, este toro de siglos, -este toro que dentro de nosotros habita: -partido en dos mitades, con una mataría- y con otra mitad moriría luchando ... ". Pero no fueron solo los hombres sencillos, como Sorribas y los poetas, cuyas poesías acabamos de leer, los que se dieron cuenta de los misterios del toro, sino que también artistas geniales como Francisco de Gaya. Este pintó treinta y tres láminas de aguafuertes, sobre la Tauromaquia, tema que tanto amó, ya que dicen que en su juventud, realmente toreó. En estas obras se ven multitudes de ciudadanos con expresiones contradictorias, que son como contrastes. Son contrastes entre "La Diversión" y la tragedia. Parece ridiculizar a los ejércitos de Napoleón, que ejecutaron "Los fusilamientos" de aquellos que ya sabían de sangre, por su asistencia y contacto de siglos con los toros, que hizo patentes en los cuadros de "La Tauromaquia". Picasso con su arte pictórico no solo toreó con los misterios del toro bravo, que en algunos cuadros les pintó una cara bondadosa, sino que alabó la belleza del caballo y su amistad con el hombre ibérico. Su arte lo dedica a la muerte, no solo del hombre, sino también la del toro y la de los caballos. El año de mil novecientos treinta y tres, expuso una verdadera obra maestra sobre este tema, titulada "Corrida: la muerte del caballo", en la que se ve la actividad del toro y del caballo y se contempla la muerte del torero, que aparece sobre la cabeza del toro, vestido con su llamativo traje de luces de colores verde y oro. El vientre del caballo perforado por los cuernos del toro está echando sus intestinos sobre el rojo capote que parece ser una alfombra tétrica en el suelo. El toro estaba también destinado a morir, lo que da la impresión del significado necrofílico de los toros. Picasso trata de comprender el misterio de los toros españoles y como no puede expresarlo con palabras, lo pinta en la cabeza del toro con amor, haciéndola aparecer en medio de la terrible escena con una gran nobleza, que hace dudar a los que atacan la fiesta taurina y a los que la aman. Igual que lo que pensó José María Sorribas, que le llevó a decir "tal vez fueran los toros animales destinados a vivir en soledad, donde tendrían paz sin enemigos". Las corridas de toros han sido mal vistas por los extranjeros, pero hay que tener en cuenta que el Señor puso a estos bravos animales sobre la Península Ibérica y del contacto con los íberos, surgieron aspectos románticos como el pastor tranquilo sobre aquellos prados con encinas, a cuya sombra se acuestan, por otro lado viene la "Diversión", que representó Gaya, en la que se mezclan la vida y la muerte. Pero no tenemos por qué avergonzarnos de los toros, como debían hacerla con las cacerías de raposas en Inglaterra, las luchas de gallos, por ejemplo en la República Dominicana, las luchas organizadas de perros, la monta de una especie de búfalos cheposos en Estados Unidos y Méjico y hoy día algunas carreras destructivas de vehículos con la muerte de sus conductores en algunos países. Pero Picasso fue capaz de torear con su arte el miedo a la muerte, pero no solo del toro sino también del hombre y del caballo y resucitó la visión del Minotauro. Por eso, unas veces, pinta la cabeza del toro con rasgos de nobleza y de bondad, y en otras "con una loca agresividad". Parece ser que Picasso buscaba una explicación del comportamiento del toro y resucita la figura del Minotauro, como enemigo de los hombres, igual que pintó el Guernica, con el que maldice la violencia de los que la bombardearon, haciendo morir a tantos ciudadanos. Así como en las plazas de toros se exhiben capillas con Cristos, Vírgenes y Santos, entre los cuadros de Picasso, aparece Cristo en la Cruz, con su brazo derecho suelto y con un capote en la mano. En la mente del poeta Rafael Morales, se plantean preguntas como la siguiente: "¿Qué tenebrosa fuerza, qué delirio- mueve los corazones de estos toros?". Esta misma pregunta se hacen Picasso, Sorribas, la monja y yo mismo; al contemplar las corridas de toros: "¿Qué río de odio, de dolor, de ira,- se despeña en las astas,- y qué secretos ángeles de vino- enloquecen la tarde plateada?".

miércoles, 21 de enero de 2026

Las Rabosas o raposas



Dicen que después de los años mil, vuelven a las aguas por donde solían ir; viene esto a cuento porque después de casi cien años que los lobos desaparecieran de nuestra provincia aragonesa y ahora los quieren volver a soltar.

Hay a quien le resultan simpáticos los lobos y sus razones tendrán, como las tendrán, como las tenía Rodriguez de la Fuente, que, en  sus películas aparecía jugando con ellos, supongo que después de haberlos puesto bien “fartos”, como los domadores de leones los hartan de carne antes de hacer sus exhibiciones en el circo.

No sé que razones alegarán los que los quieren soltar para que se alimenten con los ganados de otro  o con su carne, pues nuestros mayores nos cuentan como se comieron a un joven que volvía del Servicio Militar, allá en Colungo, o a una patrulla de carabineros ,en Somanés, durante una noche de nieve, en que, sus fusiles de chispa, cargados por la boca, no disparaban a causa de la humedad que impedía arder a la polvora.

El lobo es merecedor de amor y simpatía por ser criatura de Dios como San Francisco de Asís nos enseñó, llamándolo hermano.

En la ciudad de Aguvio,en Italia, apareció un lobo feroz que tenía asustada a la población y el santo hizo un pacto con él, llegando a “darse la mano” y desde entonces ya no hizo daño a nadie, pero la clave concreta de tal prodigio consistió en que la población se comprometió a tenerlo bien mantenido. Así lo hicieron y el lobo murió de viejo con gran sentimiento de todos. Quedó demostrado que con la tripa vacía no hay  alegría  y  patente que el que quiera poner lobos  en su vida, les de carne y otros alimentos

Ustedes se acordarán de qué la Sociedad de Cazadores daba premios en metálico por cazar alimañas, pero pocos se acuerdan de que, cuando no existía esa Sociedad, los vecinos de los pueblos daban dinero, huevos, harina o carne al que cazaba un lobo.

En un pueblo de la Montaña, un labrador dijo a su criado, un tanto infeliz: “Vamos a cazar un lobo, le sacaremos la piel e iremos por los pueblos a sacar “a costra”. Se dirigieron a una lobera, que había e Monte Uruel y al llegar a ella, le dijo el amo al “misache”: “mete la cabeza por ese agujero?¿ y mira si hay  lobicos”. El buen zagal la metió con apuros pero no la pudo sacar, porque las orejas se abrieron, haciendo de tope. Empezó a chillar preguntando ¿qué hacemos ahora?, “no te preocupes- le respondió el amo, le respondió el amo”,ya voy a Jaca a comprar un pico”. Al preguntarle que debía hacer si llegaba el lobo, le dijo que se bajara los pantalones, que no le haría nada y añadió : “ los lobos tienen el morro frío, ya lo notarás cuando te olfatee el culo”.El hombre simuló que se iba, pero en llegar a hacerlo,cogió un palo, le puso en la punta nieve apretada y le tocó en sus desnudeces. El mozo, al notar ese frío, se creyó que ya había llegado el lobo y presa de pánico, pegó un “esbrunce” y sacó la cabeza llena de arañazos. El amo, exclamó todo satisfecho, ¡ ya no tengo que ir a buscar el pico!.

Lo mismo cuentan de una pareja de Loporzano, pero el hecho tuvo lugar en Montearagón,donde la falta de nieve no fue inconveniente para usar el procedimiento del palo, al que se puso cieno del fondo de una balsa, que aunque no tan frío, tuvo los mismos efectos.

Así que ya lo sabe, si quiere poner un lobo en su vida,cómprele “pizca”, aunque está cara. Antes la gente la comía para las fiestas y ahora los lobos la comerán todos los días.

Señal segura de que la vida marcha.

martes, 20 de enero de 2026

San Vicente, segundo patrón de Huesca



San Vicente es un santo “victorioso” y consiguió su victoria por medio del martirio, logrando, ya en aquellos primeros tiempos del cristianismo una victoria espiritual, que le  convirtió de ser un santo oscense,  en un santo  universal .Debió nacer aproximadamente cerca de   los años doscientos ochenta , pues su sacrificio tuvo lugar siendo todavía muy joven, siendo martirizado en Valencia el año trescientos cuatro. Fue muy importante su repercusión en la liturgia y en la hagiografía hispana y universal,  pues los historiadores eclesiásticos no cesan de repetir  que “España no pudo dar a la Iglesia un mártir más célebre ni más universalmente  reverenciado”. Y dentro de España fue la ciudad de Huesca la que lo vio  nacer, siendo hijo de Eutiquio,  que pertenecía a la familia consular de Agreso y de la oscense Enola. Muchos  han querido decir que nació fuera de Huesca, por ejemplo en Valencia o en Zaragoza, pero no pueden demostrarlo. En cambio nuestra ciudad  lo prueba por medio de  Diego de Aisa, cuando dice que la primera iglesia que se dedicó a nuestro santo  estaba   ”fundada en la casa de su nacimiento cabe la Puerta Nueva”, pero además el pueblo sencillo de Huesca siempre ha contado  tradiciones que les han trasmitido sus padres, heredadas de sus abuelos, de sus bisabuelos y así sucesivamente hasta llegar a la época  romano-ilergete, en que San Vicente vivía. Cada vez que sales por los pueblos,  escuchas una historia que te relaciona a San Vicente con tu propia Huesca. Por ejemplo, cuando fui a visitar la ermita de San Valero, situada en Velilla de Cinca, descubrí que en su altar mayor estaban presidiendo con el titular San Valero,   San Lorenzo y   San Vicente. San Valero era  obispo de Zaragoza y San Vicente que se estaba formando con él, le acompañaba  y pronunciaba, como diácono, los sermones que le indicaba su maestro, que era bastante torpe de palabra, debido a su vejez. Iban visitando su Diócesis,  más bien la iban formando y en el citado pueblo de Velilla de Cinca, se encontraron con San Lorenzo
Que venía de Roma, tal vez a consolidar la Iglesia Oscense y de paso a visitar a sus padres, San Orencio y Santa Paciencia, ¡cómo se juntan los paisanos!.
Esa unión entre oscenses quedó consagrada desde entonces a lo largo de la Historia, porque es normal ver a los dos santos juntos en las iglesias, por ejemplo en la de San Lorenzo y el Obispo San Orencio, hermano suyo. Su distribución geográfica por el Mundo, no ha impedido que San Lorenzo desde Roma, San Vicente desde Valencia y San Orencio desde el Sur de Francia, hayan mantenido un lazo de comunión entre todos los oscenses, que hicieron a San Lorenzo el Patrono Mayor de sus Fiestas de Verano y a San Vicente  su segundo patrón, para que les protegiera en las Fiestas Invernales. En la Ermita de Santa María del Monte del pueblo de Liesa, había una hermosa colección de retablos, que fueron destrozados para la Guerra Civil, pero el amor de sus habitantes a San Vicente,  hizo que se conservara uno de ellos, que representa  con pinturas medievales su vida y martirio. Se encuentra a la vista de todos los oscenses en el Vestíbulo de la Diputación Provincial y se ve desde los Porches, a través de los cristales. Allí lo depositaron los hijos de Liesa, para que  estuviera en un lugar seguro, ya que pocos días antes les habían robado la imagen de Santa María. Desde que bajo el Imperio de Diocleciano, el gobernador  Daciano  lleva a San Valero y a San Vicente a Valencia. Los aragoneses  nunca hemos abandonado a nuestro santo, pues ya el Obispo aragonés San Valero, cuando en el año trescientos cinco, cesó la persecución, le levantó un templo y en Huesca se levantó otro,  donde antes se asentó la casa donde naciera. En Huesca los moros lo derribaron, pero en Valencia se vio el templo rodeado de numerosos monjes, que atendían al culto de San Vicente y a los peregrinos que acudían a su sepulcro a venerarlo. Los cristianos dominados por el Islam no podían construir iglesias,  por lo que se deduce que el monasterio y la iglesia que acogía el sepulcro del Santo, habían sido edificados antes de la llegada de los musulmanes a España.
Los oscenses nunca abandonaron a San Vicente, pues A. Mundó  afirma que el siglo VI, fueron obispos-monjes los hermanos Justiniano de Valencia y Elpidio de Huesca, en el monasterio de San Vicente de Valencia. Según escribe don Francisco Castillón Cortada: “El año 975 se procedió a la consagración de la Catedral de San Vicente  Mártir  de Roda de Isábena, actuando en la ceremonia el metropolitano de Narbona, Aymerico”
Los Reyes de Aragón siempre trataron de salvaguardar el lugar santo de San Vicente y Alfonso I el Batallador, enterrado en la iglesia oscense de San Pedro el Viejo, hizo en el año de 1125, una expedición a Valencia, donde se le unieron multitud de mozárabes. Alfonso II cercó a Valencia el año de 1172, quedándose con la iglesia de San Vicente con sus diezmos y primicias, todos los cuales cedió al Abad y monjes de San Juan de la Peña en el año de 1177. Jaime I con el mismo amor que Alfonso el Batallador  en 1237, dio para cuando los poseyese, la iglesia y el terreno de San Vicente al Monasterio aragonés de San Victorián de Asán y con su generosidad hizo continuar el conjunto de la Roqueta de San Vicente como centro de atracción a la devoción del Santo, conservada durante  los cinco siglos en que los moros dominaran. Hemos visto cómo siempre los oscenses siempre han peleado para que la influencia de sus santos se conservara y han luchado por la conservación de sus templos.
Ahora podemos ver como se quiere restaurar la Catedral de San Vicente mártir de Roda de Isábena y con qué entusiasmo se está trabajando en renovar la Basílica de nuestro primer Patrono San Lorenzo. Hemos visto como son inseparables San Lorenzo y nuestro segundo Patrono San Vicente, que provocan una comunión (común unión) entre todos los oscenses, por lo que yo creo que deben pensar en restaurar la iglesia de San Vicente, que no pertenece a los Jesuitas, sino a la Diócesis de Huesca, ya que su fachada y su tejado producen la sensación de dejadez y abandono.
La Historia de Aragón está unida a la de Valencia y ahora que se está construyendo la autovía que nos unirá todavía mucho más, debemos no sólo unirnos en el comercio y en el turismo, sino en lo espiritual, como es el ejemplo de un Santo como Vicente, que nació aquí y fue allá martirizado.

Si renovamos  la  iglesia  de San Vicente, oscenses  y valencianos, viviremos unidos, iremos a recordar a la ciudad francesa de Narbona y aspiraremos a una vida mejor.  

Roberto Pérez Almudévar

  Mi primo Roberto, ya ha llegado a una edad, que recuerda la eternidad, porque ya ha alcanzado los ochenta y nueve  años de edad. Al entrar...