Parece que he encontrado el sentido de la Memoria de la primera tumba, pero ahora debo buscar el Entendimiento, que exponía la segunda. La memoria me ha dado material para poner en marcha ese Entendimiento; ahora “el morir tenemos, ya lo sabemos”, pero el entendimiento piensa no sólo en el fin de la vida, sino también en su origen. No muere todavía la especie humana sino que van muriendo sus componentes, que son sustituidos por vidas nuevas y es por tanto el momento de que el Entendimiento piense en el origen de esas nuevas vidas, pero la vida es múltiple de formas, ya que existen multitudes de seres vivos, unos, plantas y otros animales. Aquellas tienen una vida botánica, en tanto los animales obedecen a sus instintos, mientras que los hombres están preparados para ser libres, ya que unos creen en Dios, otros no lo hacen y tienen un pensamiento y un entendimiento libre. Teilhard de Chardin ha escrito sobre el origen del hombre y éste usa el entendimiento para buscar su origen y para alcanzar una vida mejor. Muchos no piensan y se entretienen con el baile, con el fútbol, con el juego o tratando de enriquecerse para vivir mejor, pero no para ayudar a su prójimo y para que éste piense.En tanto existen hombres que piensan y que han descubierto que aparte de la materia está la antimateria, cuya existencia y misión no han podido aclarar. Es un misterio para los hombres de la calle, que no sabemos como un Ser Todopoderoso nos gobierna y nos deja libertad para investigar modestamente la luna, Marte, las novas, etc., etc. Estos estudios son sólo el principio que nos conducirá a conocer el infinito, con la ayuda del Señor y después de prolongados tiempos. Pero así como con la palabra Memoria he soñado, estoy haciendo lo mismo con el Entendimiento. ¡Soñar!, es tan complicado el pensar sobre el origen de la vida, que uno tiene necesidad de hacerlo. Parece ser que lo intentaron el burgalés, que fue obispo de Huesca en 1818, Fray Zacarías Martínez. Fue un agustino, que estudió Ciencias Físico- Naturales en la Universidad de Madrid y el sabio aragonés Ramón y Cajal, que eran amigos, que se habían conocido en la Universidad. En una carta, que el histólogo escribió al obispo, le dice: ”No le interese a usted demasiado lo que los histólogos imaginan para dar del sueño una explicación físico –química o histo-fisiológica. En realidad, nada se sabe de seguro sobre el tema…”. Pero Cajal no pensaba sólo en el sueño, sino que reclamó a la Real Academia la aclaración de las diferencias entre sueño y ensueño. Cajal era científico puro, pero igual que yo he buscado la investigación por el sueño, él lo buscaba también por el ensueño. Es una lástima que no se publicara el libro sobre “ el sueño y los fenómenos del ensueño”, porque dicho manuscrito se extravió durante la Guerra Civil; Ramón y Cajal, como escribe Virgilio Ibarz en el DIARIO DEL ALTO ARAGON del día de San Lorenzo : “anotaba regularmente el contenido de sus propios sueños y los de las personas que tenía alrededor”. No sé si Cajal creía en Dios, pero sentía el Evangelio, porque en una carta le escribe a Don Zacarías Martínez ;” le diré, aunque hiera su modestia, que resplandecen en su libro tres méritos sobresalientes: talento oratorio cautivador, sólida preparación filosófica y científica, y profunda unión evangélica, sin la cual las dos primeras, con ser tan altas, serían cual brillantes flores sin aromas”.
La tercera potencia del alma es la Voluntad, acto con el que se quiere algo o se aborrece o rechaza y que equivale al libre albedrío. Después de haber recordado tantos episodios de nuestra vida y de ocupar el Entendimiento en su análisis, es la Voluntad la fuerza motriz que mueve el cuerpo y por esa Voluntad queremos y por el deseo amamos. He visto como el Creador llama al hombre para que investigue el origen de la vida y los caminos de la luna y de las constelaciones y es que quiere al hombre, para encontrarse con él y le da las facultades para que prospere en sus conocimientos y que esa facultad de la Voluntad, que le ha dado, coincida con la del Señor, cuando decimos en el Padre Nuestro: ” Hágase tu Voluntad así en la Tierra, como en el Cielo”.

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