viernes, 30 de enero de 2015

José María Llanas Aguilaniedo



En el artículo La Calle del Desengaño, escribo sobre una visita que hice al cementerio y a los difuntos que en él descansan y se lee: “algunos,  pareció que me saludaban, en tanto a otros, era yo mismo el que les decía “De lo profundo de mi alma clamé a Ti, Señor. Escucha mi voz”. Ese parecerme que me saludaban algunos muertos, ¿sería  una experiencia de cerebración inconsciente?. Parece ser porque esa cerebración inconsciente la experimentamos  durante el sueño y el hombre que pasea por el cementerio, aunque está despierto, está también soñando con la vida de sus parientes y amigos. La vida, como  dice Calderón, es sueño, por lo que no pude comprobar si me saludaba o no, alguno de los muertos o se trataba de que aquel saludo, que parecía me hacían los difuntos, debía ser un sueño o sea una cerebración inconsciente. Yo me pregunto ¿qué es una cerebración? Y me da la impresión de ser un acto intelectual, opuesto a lo emotivo, a lo apasionado, a lo vivido en oposición a lo imaginario. 
Seguí recorriendo el cementerio y llegué al nicho de José María Llanas Aguilaniedo y me quedé pensando en él y en sus teorías. Me acordé de cuando Joaquín Santafé, que trabajó toda su vida en la Farmacia de Llanas, me contaba que José María Llanas Aguilaniedo, visitando por la noche el cementerio de Granada, se metió en un nicho vacío “sin que a su cerebro acudiesen imágenes satisfactorias”. Al llegar a casa, cogí en mis manos el libro de Justo Broto Salanova dedicado a la figura de José María Llanas Aguilaniedo y   leí como explicaba su aventura, que se expresaba así: ”No me llevó allí el romanticismo de mediados de siglo….iba sencillamente a estudiar efectos, objetivos y subjetivos, cuya grandiosidad a media noche y en las condiciones de ánimo en que me hallaba, calculé sacudiría mi espíritu de una manera nueva e imprevista”.Como él dice o escribe no iba a hacer experimentos sobre el romanticismo, sino a estudiar al hombre y así se ve, cuando descubre un sepulcro donde estaba enterrada una joven ,representada por una bella estatua, a la que conmovido le dirigió sus palabras, diciéndole : ”Muerta mía,  vive!. Vea yo moverse tus ojos, levantarse anheloso tu pecho…agítense tus labios estremecidos por convulsiones de amor. Hermoso ángel dormido, ¡háblame!”.
Estaba José María estudiando con su cerebro el modernismo, la pintura, la criminología, el decadentismo, pero se iluminaba su sensibilidad con los sentimientos del corazón,  a causa de ver la belleza de la estatua de la bella joven.
Leyendo su obra Pityusa se satura uno de las ideas de su cerebro, pero tenía acompañando a éste, un corazón supersensible, como pone de manifiesto en sus palabras, cuando descubrió el sepulcro de la bella joven, adornado con su retrato de mármol. A los cuarenta años perdió el equilibrio de su razón y murió acogido en Huesca por su hermano Feliciano y su hijo José Antonio Llanas Almudévar y acompañado por Joaquín Santafé, que lo entendía con claridad. 

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