jueves, 26 de febrero de 2015

Tomás y Jesús del pueblo de Arguis


Pantano de Arguís.

Tomás Castán Malo, de apellidos altoaragoneses, nació hace ya unos noventa y tres años, en el pueblo de Arguis. ¡Arguis!, pueblo de la Montaña, a escasamente a escasamente doce kilómetros de Nueno, ya asomado a la Tierra Baja. En este pueblo se acumulan las aguas en el pantano más antiguo de la provincia de Huesca. A Tomás le llamaba la atención ese pantano, levantado en el siglo XVII, del que bajaba agua a la capital y hoy, gracias a Dios y al que lo planteó, el señor Artigas, catedrático de la Universidad Sertoriana, sigue bajando. Así como el agua descendía por la fuerza de la gravedad, a él, ya muy niño, le atraía la Tierra Baja. El agua, que le llamaba la atención por sus deseos de bajar, se acumulaba al lado de su casa, que llamaban Mesón de Foz y que ahora ha ascendido a la categoría de Restaurante de Foz. Cerca está la Peña, al lado de una tremenda Foz, como si sus rocas hubiesen sido cortadas con una enorme hoz, para dar paso a las aguas del río Isuela. De niño iba a la Escuela y vivió en Arguis unos treinta y pico años. Pero esta vida feliz, a pesara de la escasez de medios que en aquellos tiempos se daban en Arguis, como en cualquier otro pueblo de la provincia, la vio interrumpida por la Guerra Civil del año de 1936. En el pueblo, a pesar de que unos eran de derechas y otros de izquierdas, no querían la Guerra y además los alcaldes, uno conservador, llamado Matías y otro de izquierdas, llamado Miguel, eran buenas personas y no querían la violencia. La prueba es que en Arguis, no mataron a nadie, ni unos ni otros, pero en el frente murieron tres, que seguramente no irían gustosos a la Guerra. Cierto día llegaron al pueblo algunos vecinos de Nueno y de Apiés y colocaron una bandera de color rojo en la Torre de la Iglesia, cambiándola más tarde por otra de color más oscuro, de la C.N.T. Entonces llevaron a los jóvenes del pueblo, para ingresarlos en el Ejército Republicano, a Barbastro. De allí los pasaron, parece ser que con poca preparación, a enfrentarse con los nacionales al frente de Madrid, cerca de la Ciudad Universitaria. Allí exclamó Tomás que ¡mataban a la gente como moscas! Y “no la sabe usted bien como era aquello!”. En Alcalá de Henares había campo de concentración, cárcel y penal.
Por lo visto, algunos regresaron, después de cierto tiempo, a Barbastro y al poco tiempo, se oía por todas partes esclamar: ¡vienen los fascistas y nos van a matar a todos!. Unos se escaparon a Francia y los jóvenes como Tomás y Jesús Banzo de Banastás, se fueron por el monte. Tomás estuvo con otros compañeros en una caseta, pasando hambre y Jesús, en otra caseta en Lascuarre, donde le dio de comer, una señora de este pueblo. Tomás y compañía decidieron bajar a Barbastro y en el camino los pararon unos requetés, les pidieron declaración y los acompañaron al nombrado Barbastro, juntándose en la Plaza de Toros, más de mil jóvenes milicianos. Los subieron en camiones a Huesca, al Cuartel de San Juan y allí les dijeron que el que tuviera alguna persona de prestigio conocida, que los llamaran para reconocerlos. En seguida vinieron unos para unos y otros para otros, se abrazaron al encontrarse y soltaron a casi todos. Al poco tiempo de estar en su casa, los volvieron a llamar, para ir a cumplir el Servicio Militar, que a Tomás le duró unos dieciocho meses, por ser hijo de viuda, pero a Jesús lo retuvieron durante siete años. De Huesca, antes de ingresar en el Ejército, los llevaron  al Campo de Concentración de Zamora, donde estuvieron, según Tomás, dieciocho días y según Jesús, un mes aproximadamente. Aquello, según expresión de Tomás, era un “zurriburri”, lleno de moros, alemanes, rusos, etcétera, que dormán apretados unos junto a otros por falta de mantas y “con más piojos que lleva un perro de gallinero”.
Así como de Arguis, murieron tres mozos en la Guerra, de Banastás de nueve, fueron ocho los muertos, y así como Tomás estuvo dieciocho meses en el Ejército, Jesús tuvo que estar siete años.

Jesús y Tomás se encuentran en el Parque Municipal,con sus más de noventa años, recuerdan aquellas penalidades de la Guerra, aunque por su alrededor no hay jóvenes que escuchan esas aventuras, que los escarmentarían de empezar otra Guerra.

martes, 24 de febrero de 2015

“España llega tarde a todas partes…” (Blas Otero).





“España llega tarde a todas partes…” aunque  en cuestión de Autonomías actuó con mucha rapidez,  pues dejó muy pronto   de ser una Nación Autónoma.  Esto lo escribió Blas de Otero y y yo, al leerlo, me fijé  que España  y su pueblo, al dividirse en naciones o regiones autónomas, ya no es dueña totalmente  de sí misma. Hay naciones como Cataluña o como el País Vasco, de donde salió el nombrado escritor Otero y está Aragón, que según el Conde de Aranda era una nación.
Y  ahora,  Blas Otero, exclama: “Por tierras de Aragón, oigo sonar las viejas hojas secas del árbol de unos libros, abiertos entre las sombras que aún perduran”. En su libro que trata de España, nombra poco a Aragón, pero cuando oye sonar las viejas hojas secas del árbol de unos libros, parece referirse al Arbol de Sobrarbe, presente en el Escudo de Aragón, con la Cruz de Iñigo Arista elevada en la copa del Arbol. Iñigo Arista jefe común de Navarra, de Aragón y del Sobrarbe, aparece también en el Escudo de Aragón. Cuando Otero nombra aquellas viejas hojas secas del árbol de unos libros, me recuerda aquellas,  que nombra Madoz , en su “Libro geográfico, estadístico e histórico”. Caen aquellas hojas de los árboles de las orillas del río Ara, que corre por el Sobrarbe y Madoz  habla de ellas, al verlas salir por el caudal de la   Fuente del río Mascún, cerca de Rodellar.  ¿Son esas, que bajan por simas excavadas en la Sierra, desde el río Ara hasta el Barranco de Mascún,  las viejas  hojas secas del Arbol de Sobrarbe ?.
Va nombrando Blas Otero  a Castilla y a León y a Francia con su capital parisina y a China y a Cuba, pero a Aragón lo nombra de una forma breve. Parece que busca el porvenir de la sociedad española, pero a Aragón,  le “hace soñar en las viejas hojas secas del árbol de unos libros”, que parecen referirse al Arbol de Sobrarbe.
Históricamente  Aragón fue la nación que formó,  bajo el gobierno de Fernando el Católico, con Cataluña, Valencia y Baleares, una potencia que se unió a España. Y ahora Aragón se siente humillado,  ante los territorios que ponen de manifiesto  que son naciones.  Sí,  se proclaman, como si lo fueran, por ejemplo con sus ferrocarriles que pasan por Port Bou o por Irún, como si ellos, vascos y catalanes, fueran sólo ellos, vecinos con Francia.  Aragón, queda olvidado,  como un rincón, que no tiene porvenir. Parece que  quieren aislarlo   de Francia, para ser los vascos y los catalanes, los que gobiernen  el tránsito de la península con Europa.
Aragón  parece no acordarse del ferrocarril del Canfranc  y de la autopista que desde Zaragoza, llega hasta la frontera francesa. En “Aquellos libros abiertos en medio de las sombras,  que aún perduran,  escritos por Joaquín Costa, “se oyen  sonar las viejas hojas secas del árbol de unos libros” y los oigo, como se ven las hojas caídas de los árboles  del río   Ara,  que por debajo de la tierra, en corrientes de agua subterráneas, llegan hasta Mascún. Aquí, en Aragón,  los ferrocarriles no pasan  nunca a Francia, pues por lo visto ya lo hicieron bastante en tiempos pasados y por las carreteras, se circula a veces, y pasan con muchas dificultades. Dice Otero.”España llega tarde a todas partes…en su concepto histórico, único que queda de ella, no es una nación autónoma, dueña de sí”. No es España autónoma, pero lo son casi todos sus  territorios. Blas Otero murió en 1979 en el centro de España y nació en el País Vasco el año de 1916, pero él quería a toda España, cuando  ahora,  los que gobiernan, no buscan la Autonomía para toda España, sino que  quieren algunos vascos y catalanes, una vez conseguida su propia autonomía, su propia independencia. Piensan y  obran muchos, que quieren esa independencia, porque “en su concepto histórico, único que queda de ella, (de España) no es una nación autónoma, dueña de sí”.  Esto lo escribió el vasco –español, Blas Otero, en unos versos dedicados a Aragón. Añade el poeta:”Dime lo que el pueblo come, y te diré el papel que desempeña en la historia”.  ¿Cuántos aragoneses viven y comen en su tierra?.  Son muy pocos, porque en Teruel están desapareciendo sus escasos habitantes, como pasa también en los pueblos de Zaragoza y de Huesca. La capital de Aragón, Zaragoza tiene más habitantes  que el resto de Aragón,  pero está esperando que se abran los pasos de los PIRINEOS  y entonces será el corazón, del comercio y el turismo entre España y Europa.  Y hace Blas Otero, esta observación:”Dime lo que el pueblo come y te diré el papel que desempeña en la historia”. Anima el poeta, diciendo: “transformaremos, este río seco en río vivo y corriente”. Ya lo intentó Carlomagno, hace muchos siglos. Y ya lo dijo Joaquín Costa y lo escribe Blas Otero en su poesía sobre Aragón: “Escuela y despensa, despensa y escuela”.   
Me he quedado emocionado de leer las obras de Otero, el vasco,  que sentía España en su corazón, pues dice: “Claro que el mundo no es España. Ez significa en euskera, no. ¿ Sabemos acaso  qué es España?.  Meditemos. ¿Es un cielo? ¿una historia?”.
 Otero vivió tres etapas en su vida, siendo la primera la religiosa, pues era cristiano practicante y creía en las doctrina de la Iglesia Católica. En el año de mil novecientos cuarenta y cinco, pasó de la etapa religiosa a la existencial, porque al verse vacío del consuelo religioso, lo buscó en la poesía existencial. La pérdida de su fe, le hizo buscar a Dios, como ocurrió con su “Cántico espiritual”,  con el que Blas Otero buscaba el amor a lo divino. Pero no lo alcanzaba y llamaba al Señor, con gritos, que le daban, al escucharlos una impresión de soledad, lejos de conseguir la paz de su alma. Se sentía aislado y sólo, llamando a Dios y no sintiendo su respuesta. Esta falta de unión con Dios, le hizo pensar en que esa deseada unión, la encontraría en la muerte.
En estas fases de abandono y soledad, se puso a  pensar, en diferenciar el “ser” del “existir”. Se fijaba en los objetos, que no tienen ninguna acción derivada del pensamiento, del que carecen y se ve claro,  que allí “están”.  Pero, en cambio, el hombre “existe”, porque  tiene un alma, que tiene un fin espacial y tiene a su vez un cuerpo,  que ”es”, simplemente, una cosa más. Los cuerpos humanos han sido incluso venerados, pero en los tiempos actuales, esos cuerpos son abrasados, convertidos en polvo. Los cadáveres del hombre en distintas épocas prehistóricas y también en otras épocas históricas, ha sido quemado, desde luego por procedimientos lejanos a la técnica actual. 
El cuerpo “es” y va desapareciendo, pero sigue “existiendo” el alma que tiene aspiraciones a la eternidad. Esta Etapa del Existencialismo, llamada la segunda etapa del pensar de Otero, la asumió el año de 1950 y  le hizo sufrir, porque llamaba a Dios y no le contestaba.
Y se encontró en una Etapa Social, en la que se pasaba  del “yo” de la persona, al “nosotros”. Blas Otero pasó de su primera Etapa Religiosa, a una  segunda Etapa con ideas que le producían  la poesía existencial, que con la doctrina existencialista, le hacían buscar  a Dios. Se sentía el hombre aislado y sólo y buscaba a Dios, pero se dio cuenta de que la única forma de alcanzar esa unión con Dios, es la muerte. Y en esta Etapa Existencial que le llegó en 1950, piensa en las diferencias que se dan entre el “ser” y el “existir”. Los objetos que “son”, no protagonizan ninguna acción. El espíritu del hombre  existe, porque la muerte, aparta del conjunto humano su cuerpo,  que “es” una cosa, pero permanece su espíritu, que tiene un fin especial, porque “existe”. El espíritu humano del hombre, tiene un fin en los espacios, después de vivir contenido en su cuerpo. Antes de morir tenía el hombre, una aspiración a la eternidad. El hombre que tiene un cuerpo que “es” y un alma que “existe”, con ese espíritu,  aspira a la eternidad.
Ya sus pensamientos le llevaban a darse cuenta de que la existencia abarca la Etapa Social del hombre. En 1955 su poesía convirtió el “yo”  en el “nosotros”, uniéndonos a todos los hombres, en cuya solidaridad busca una religión, basada en  la libertad y el amor. Debo preguntarle a San Agustín si existió en aquellos siglos una religión de la libertad y del amor.
Esta Epoca de poesía social, comienza en el año de 1955 y el camino que buscó en la religión, lo busca en la solidaridad de los que sufren. Sus sentimientos sobre España, le proporcionan,  amor y dolor. Con el dolor evoca un pasado lejano, pero también un pasado cercano: el odio, la guerra, la sangre. Con esos sentimientos, a la vez lejanos y también próximos, conoce estas tierras españolas. Tuvo el poeta un extraño sentimiento  de odio y amor simultáneamente, que lo llevó a ir a París. Ese sufrimiento causado en él,  por su lucha interior entre del amor y el odio, lo desvió a afiliarse en el año de 1952, en el Partido Comunista. Pero no fue una filiación política, sino por afinidad, porque en sus doctrinas veía concretos sus ideales humanistas.
Se le estaban presentando problemas y buscaba soluciones a esos problemas humanos. Blas Otero estaba encontrando una solución al problema de la lucha entre el amor y el odio y a él y a muchos hombres,  les parecía que el verso se había convertido en el medio de hacer desaparecer el odio entre los hombres.
En los últimos años de su vida se convirtió en misionero del pueblo llano, pues “convivió y trabajó con mineros, recorrió los pueblos del interior de Castilla y León, sin apenas dinero, viviendo del trabajo y de lo que le ofrecían los amigos que iba haciendo por el camino”.

Parece ser que buscaba a Dios, como Cristo, Dios y hombre verdadero, como el “nosotros” y el “yo” de la doctrina existencialista. Blas Otero se queda con Dios y con “nosotros”. Y yo me quedo con Cristo, que también es Dios, ”que sin apenas dinero, caminaba por el Mundo, Pidiendo la paz y la palabra”.

viernes, 20 de febrero de 2015

Julio Casabona, veterinario de Sariñena, en Mauthausen

Monumento a las victimas de Mathausen en Almeria.


Yo no conocí a Don Julio Casabona y Gracia (1882-1961), veterinario de Sariñena. Su padre era de Monegrillo y dicen que cualquiera tiempo pasado fue mejor, porque en ese pequeño pueblo fue feliz con su familia y con su esposa, nacida también en Monegrillo. Se casó con ella en 1904, es decir con Ascensión Marías Allué,  con la que tuvo sus dos hijos Antonio y Julio. Con ellos estuvo luchando en la Guerra Civil del año de 1936, luego en la Guerra Mundial y a estas servidumbres se añadieron largos años de reclusión en Mauthausen. Pero conocí a un hijo suyo, llamado Julio como su padre, y de apellido Casabona Marías, que fue también Veterinario, pero no conocí a su hermano Antonio, que después de huir de Mauhausen, murió en Montevideo.
 Julio, nació en Sariñena el año de 1919 y fue hijo, como he escrito, del Veterinario Don Julio Casabona y Gracia. Imitó a su padre, estudiando para Veterinario en Zaragoza. A éste lo conocí en la Torre Casaus de Huesca, a donde acudió, llamado por Laureano Ciprés, agricultor y ganadero, para operar los cascos delanteros a dos grandes y jóvenes mulas. En este encuentro, cuando yo tenía unos treinta años,  se produjo alrededor de 1960. Yo admiraba la pericia del veterinario, para hacer la operación a los animales, pero no pensaba en sacarle a Julio,  la historia de su vida en las guerras y en su prisión en Mauthausen. Yo no sabía nada de su personalidad y me llamaba la atención su continuada sonrisa y la atención que tenía conmigo,  para responder a mis preguntas profesionales. Tardé años en saber el origen de este veterinario, de Sariñena y lamento no haber podido hablar de las guerras, los trabajos en la línea Maginot, su abandono por los ingleses, su navegación por el río Rhin y por el Danubio. No pude preguntarle por los equipos de fútbol, en que él fue portero, que jugaban en Mauthausen, ni por su labor humanitaria, que con los animales porcinos salvó él, la vida de muchos compañeros, con su padre,  su hermano y los compañeros de la terrible prisión.
Siempre guardé un recuerdo de su imagen serena, su sonrisa, acompañada por escasas palabras. Ahora tengo un recuerdo de armonía con un compañero de profesión, que había luchado por la humanidad e incluso por los animales.
Tenía el joven Julio el ejemplo de su padre Don Julio Casabona Gracia, que trató a un caballo del jefe nazi  Ziereis y con sus conocimientos y práctica,  que llevó a cabo en Sariñena, lo salvó. El nazi Ziereis, sorprendido de los conocimientos de Don Julio, le nombró jefe  del cuidado de los cerdos, que mantenían en unas porquerizas de Mauthausen.
Era el veterinario Don Julio Casabona y Gracia un hombre que sólo aspiraba a la paz y a la armonía entre los hombres, como estaba ya acostumbrado, siendo veterinario, al orden que tenían las caballerías en el trabajo, los caballos con los caballeros y las vacas produciendo leche, las gallinas, huevos y las ovejas lana para que se vistiera el hombre y se abrigara en sus lechos. Estaba destinado Don Julio Casabona y Gracia, nacido el año 1882, a sufrir, no sólo durante su vida libre, en Monegrillo y Sariñena, sino durante la Guerra Civil, como en la Guerra Mundial contra los Nazis, en el criminal presidio de Mauthausen, y acabar su vida en el destierro en Montevideo. Pero él ya preveía que algo malo iba a llegar, porque “el día 14 de Julio de 1936, escribía a D. Diego Martínez Barrio, lamentando, entre otras cosas, el asesinato de Calvo Sotelo y comentándole la tensa situación que se vivía en Sariñena…recordando una carta que,  un año antes, había dirigido a su compañero y correligionario, el veterinario Félix Gordón Ordás, sobre el desprestigio de la clase política española”. Le recordaba también la “necesidad de imponer la autoridad y el cumplimiento de la Ley”, que él, como veterinario, había procurado imponer armoniosamente entre los animales, cuando labraban o cuando los jinetes o conductores de carros y de coches, educaban a sus caballos o mulos.
Don Julio Casabona Gracia, nacido en Monegrillo el año 1882, y muerto en 1961, se casó con la hija de Sariñena, doña Ascensión Marías Allué tuvieron dos hijos Antonio y Julio. Al poco tiempo, se vieron envueltos  en plena Guerra Civil, el año de 1936.  Don Julio Casabona Gracia,  fue incorporado como alférez en el Ejército y sus dos hijos también participaron en la contienda. Salieron vivos de ella, para entrar en la Segunda Guerra Mundial, unos hombres de temperamento pacífico. Fueron apresados por los nazis, y encerrados en el campo de exterminio de Mauthausen.
El año de 1939, se acabó la Guerra Civil y el padre y sus dos hijos pasaron a Francia, donde trabajaron en la línea Maginot. A finales del año de 1940, en un campo de concentración francés, se vieron rodeados por las tropas británicas en las playas de Dunquerque. En este “milagro de Dunquerque”, los ingleses que habían desembarcado en Francia,  volvieron a embarcarse hacia Inglaterra, pero dejaron abandonados a los españoles, creando el poco amoroso “milagro de Dunquerque”. Los tres hermanos entre los prisioneros de los nazis, tuvieron que sufrir una nueva pasión, como la de Cristo, ya que tuvieron que atravesar toda Bélgica en tres días, para llegar en suelo holandés a la desembocadura del río Rhin. En Holanda los embarcaron en una barcaza y navegando por el río Danubio, llegaron a la ciudad alemana de Emmerich. Allí los hicieron pasar frío y hambre,  pues les daban solamente un poco de pan y agua. A los prisioneros los mandaban a trabajar en la agricultura o a picar piedra en una cantera. En su prisión estaban los Casabona mezclados con belgas, ingleses, franceses, holandeses, todos europeos ciudadanos de los países que luchaban contra el nazismo. Allí sufrían hambre y aguantaba el que podía, hasta que en el mes de Diciembre de 1940, los hicieron subir en un tren de mercancías y durante tres días, fueron amontonados, hasta que llegaron a Mauthausen, el año de 1941.
Después de sufrir, en diversos trabajos quedaron el padre con más de sesenta años, próximo a la muerte y su hijo Julio tuvo congelado el  dedo de un pie, pero Don Julio era veterinario y curó al caballo del jefe de Mauthausen, Ziereis. Al darse cuenta dicho jefe, de la valía de Don Julio Bonacasa Gracia, le encargó del cuidado de los cerdos que se criaba en  Mauthausen. A medida que los cerdos engordaban, los presos enflaquecían y Don Julio, desde su nuevo puesto, procuraba alimentar a los “pobres esclavos”, obteniendo alimentos destinados a los cerdos. La ilusión de don Julio era cuidar de la salud de todos ellos y el estar unido a sus hijos.
¡Qué fortaleza tuvieron los presos de Mauthausen, para formar un equipo de fútbol, en el que Julio, fue portero!.Los sufrimientos les hicieron buscar la serenidad en el fúbol, para olvidar su esclavitud.
En relato de la vida dura de la familia Bonacasa, hemos escrito del padre y del hijo pequeño, a saber de Julio, pero no de Antonio, que llevaba una vida de esclavo, casi ya no le quedaba la esperanza de salir vivo de aquel infierno. Su peso estaba casi desaparecido pues sólo pesaba 38 kilos. Con la curación del caballo del jefe de Mauthausen, éste llamó a Julio y le entregó el cambio de Antonio de su cruel trabajo a la estancia con su padre y con el mismo Julio. Antonio se fue recuperando y así llegó  junto a su padre y a su hermano a obtener la libertad, después de tantos años de sufrimiento
Pero el día cinco de Mayo de 1945, llegaron las fuerzas americanas a Mauthausen y les dieron la libertad. Aquel lugar era un horror, porque en él estaban 109.400 encerrados y en una situación desesperada, porque en Mauthausen, ya se habían muerto o más bien habían asesinado 109.000.
Un español que también había sufrido en Mauthausen, con una inspiración poética, llamado Fc. Ortiz, dedicó este poema a Mauthansen. Así escribió: ¡”Campo de Mauthausen!,-tus muros bañados en sangre- una mortandad a palos- y otros murieron de hambre”.
¡Qué ilusión les produjo la deseada vuelta a Sariñena!, pero fue imposible porque en su patria no los admitían!. Tuvieron que emigrar al Uruguay. En el periódico de Huesca, Diario del Alto Aragón, don Jesús  Inglada Atarés, profesor de Historia en el IEES, situado en la Pirámide de Huesca, escribió lo siguiente : “Como recordó, Ignacio Almudévar, en este mismo periódico, don Julio murió en Montevideo, en 1961, a los setenta y nueve años” y su hijo Antonio, se fue también de este mundo como su padre.
Julio veterinario, como su padre, sentía en todo momento la llamada de su tierra y de su pueblo monegrino de Sariñena, al que regresó desde Montevideo. Encontró la felicidad con su trabajo, como yo mismo comprobé, el día que estuve con él en la Torre de Casaus, que se encontraba al Este de la Clínica de la Seguridad Social, en Huesca. Y completó su felicidad, casándose con su paisana María Cruz Anoro Barrieras. Esta era viuda con cuatro hijos y cosa rara en aquellos pasados años, era taxista en Barcelona. Los dos esposos, que habían sufrido tanto, alcanzaron la paz y el amor.

Como escribió  Jesús Inglada “No duró mucho la dicha, pues Julio Casabona Marías murió en Sariñena en 1994, a los 75 años. Después de tanto batallar, descansaba por fin en paz en su tierra natal”. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

A JOSE ANTONIO LLANAS


Jose María Llanas Aguilaniedo

José María Llanas Aguilaniedo escribe en su libro publicado en Huesca por Leonardo Pérez, el año 1899.”Alma Contemporánea” y en el capítulo IV, hablando de los literatos regionales, lo siguiente: “Pereda en la Montaña (por más que este costumbrista tiene sobradamente demostrado que no sólo describe escenas montañesas”, Méndez Vellido en Granada los escritores gallegos, sevillanos y los valencianos en sus provincias respectivas, Basela en Zaragoza y Medina en la huerta de Murcia, sobre saturantes del ambiente de su tierra, nos hablan de él con entusiasmo y con la espontaneidad en la producción, que para sí quisieran los intelectuales del gran centro, en cuyas obras como es lógico, predomina lo artificial. La mayoría de los regionales revisten sus ideas con una forma muy castiza, cosa que nada tiene de extraño”.
Don José María era soltero y vivió sus últimos años en casa de Llanas, con su hermano Feliciano y sus sobrinos, entre los que se encontraba José Antonio Llanas Almudévar y esto nos explica por aquello de que “De raza le viene al galgo”, que de la misma forma que el galgo hereda la velocidad de sus antepasados, José Antonio tuvo algo que heredar de Don José María, que tal vez no se daba cuenta de que uno de esos sobrinos, sería un gran escritor regional o mas bien local, como ha demostrado con su programa radiofónico semanal y últimamente, casi cien años después de que don José María publicara su “Alma Contemporánea”. José Antonio ha editado por medio del IEA. ,”La pequeña historia de Huesca”. En ella saca a la luz todos los personajes de Huesca, a todas las personas protagonistas de su vida y costumbres, hablando de las escuelas, colegios, iglesias, procesiones, ferias, tabernas, ayuntamientos, etc.etc.  Escribía de las casas familiares, de las casas religiosas o de la iglesia y de la casa municipal, decir del Ayuntamiento, en cuyos escritos después de sacar a relucir todos los hechos y aventuras de sus moradores, hablaba hasta de los perros, como el sábado, día 5 de Julio, fecha en la que murió y trataba su programa radiofónico de una perra a la que le ponían una cesta en la boca con una nota de lo que querían sus amos e iba a comprar y de un perro que acudía a misa a San Lorenzo, donde en cierta ocasión al escuchar un sonido del que los hombres no nos damos cuenta, el pobre perro lanzó un aullido y escapó corriendo. En la página 95 de su libro “La pequeña historia de Huesca”, escribe: “Otro dato que fundamenta mi aserto es el hecho de existir en la nómina de las catedrales el oficio de azota perros, especie de portero que vestido de túnica  negra y unos azotes o palo en la mano, se dedicaba a expulsar del templo a cuantos canes pretendían entrar en él”.”Ahora los perros pueden asistir tranquilamente a los oficios de la catedral… y, a pesar de tener entrada franca y sin azotes, rarísimamente pisan la iglesia”.

El 18 de Mayo de 1973 escribía: ”Ya no puedo celebrar la fiesta de San Matías en la solemne misa mayor de la catedral, como hice hasta hace pocos años, pues esta misa se ha suprimido. Con ello me queda un poco más de tiempo para contemplar el sol de San Matías y rezarle usando el refrán de mi abuela “que decía: para San Matías sale el sol por las umbrías, calientan las aguas frías, tan largas son las noches como los días y cantan las totovías”; ”este refrán con poco trabajo se convierte en oración, para pedirle que siga haciendo llegar el sol a las umbrías”. A él le gustabas oír cantar a las totovías y dice que es bueno para el hombre oír de vez en cuando cantar a los pájaros”.

martes, 17 de febrero de 2015

Músicos y joteros del Altoaragón



Estando de tertulia con Sorribas, en su finca, al lado del Montearagón, llegó su cuñado Lorenzo Pardina para echar un cortado en su camino al pueblo de Adahuesca. Estábamos hablando de músicos y de joteros y al escucharnos, se despertó su memoria y comenzó a hablarnos de la vida musical, que vivió en su juventud y que ahora  lo llenaba de  encanto,  porque se acordaba de aquellos tiempos, que ya no volverían y tal vez porque dentro de sí mismo estaba escuchando los sonidos de su violín y su propia voz, cuando cantaba acompañado por la orquesta. Animado por esos recuerdos se puso a hablar de los Ciegos de Laborda, que se encuentra encima de Aisa. En tal pueblo funcionaba una excelente Orquesta de Ciegos, a los que Lorenzo Pardina conocía, ya que en numerosas ocasiones les hacía la competencia con su violín Stradivarius, que todavía conserva, y con su voz. Reconoció entonces que aquellos ciegos eran mejores músicos que los que formaban orquesta consigo  mismo. Reconoció que por ser ciegos tenían un oído  de gran sensibilidad, que tal vez compensaba la pérdida de su vista, con una agudización de su oído musical. Le pregunté a Lorenzo cuales eran las canciones que en aquellos viejos tiempos cantaba y él me contestó que en Barbastro, había interpretado a los ciegos de Laborda aquella canción que decía  así: ”La hija de Don Juan Alba-dicen que quiere  meterse   monja- y su novio no la deja y ella dice, que no importa”. Ante aquella memoria de los Ciegos de Laborda, no pude menos que recordarles a los Ciegos de Siétamo. Así llamaban “a dos mozos sietamenses, de los cuales el mayor se llamaba Eduardo Burgasé Artero y era ciego; tañía las cuerdas de la guitarra, en tanto su hermano Pedro Antonio veía, aunque con gafas y con su pelo  rubio y tocaba el violín. El padre de los ciegos era de Casbas, donde un año en que allí subieron a segar, se encontró con un ciego que era Maestro de Música, llamado Manuel Colomina. El hombre se dio cuenta de que si sus hijos aprendían a tocar, se ganarían la vida y si iban juntos los dos hermanos, se defenderían para  ganársela mejor. Comenzaron a actuar por los años de mil novecientos veinte. Antonio se casó con Teresa Cuello, hermana del Maestro de Música Eduardo Cuello, que fue muchos años profesor  de Música y murió en Casa de Carderera. Unas veces cantaban canciones para divertir a la gente, como: ”carrascal,  carrascal, qué bonita serenata, carrascal, carrascal ya me estás dando la lata”, pero otras cantaban canciones sentimentales, como aquella que decía: ”Ay, Maricrú, Maricrú, maravilla de mujer, del barrio de Santa Cruz tú eres un rojo clavel y por jurarte yo eso,  me diste en la boca un beso, que aún me quema, Maricrú”. Sorribas, se acordó de lo que le contaba su padre,  allá en Ibieca, en los años veinte y se expresó así: Guitarrillo de Siétamo le vendió una carga de leña al Maestro de Fañanás y como nunca le pagaba, bajó una noche y le cantó esta jota:”Señor Maestro de niños-del pueblo de Fañanás-aquella carga de leña-¿cuándo me la pagará?”. Sorribas me emocionó porque la letra de esta jota, la expresó cantando, con un noble sentimiento aragonés,  pues convirtió la música en oración y como estaba  rezando, le salía la jota  del corazón.  

sábado, 14 de febrero de 2015

A Miguel, el andaluz




Miguel se llama un amigo, nacido en Andalucía y que ama con grandeza a esta tierra de Aragón. Vino al mundo en Alaurín, por las Sierras de Málaga, donde brotan frescas aguas, que refrescan los frutales. Pero la Sierra de Mijas, se encuentra al Norte del pueblo, y le protege del aire, que sopla airoso, despeinando a los vecinos y vecinas, de sus oscuros y negros cabellos, que adornan sus figuras, con gran elegancia.  Se hace una vida agradable en la serena ladera, plantada de verdes pinos y de frutales variados, como aguacates y mangos, higos chumbos, naranjales  y de dulces mandarinas. 
Es verde la vida y oscura la muerte y en tanto que mi amigo Miguel, vivió  en Alaurín,  su salud y vida, le reverdecían  el cuerpo. Pero tuvo que marchar al pueblo de Sietamo, debajo de Sierra Guara, para vivir con su hermana, su cuñado y su sobrino. Allí trabajó contento, incluso en un molino de aceite, allá arriba en Los Molinos de Sipán, que producen el aceite, como el que  cogen  en los olivos  y toman los Alaurinos,  en su tierra del aceite, allá abajo, en la provincia andaluza de Málaga. Era feliz,  con ese alimento del cuerpo, medicina interna de la salud del hombre y superficialmente,  suavizaba las heridas.
Pero hoy, meses después, me he encontrado con Miguel, que como andaluz, parece que le ilumina la alegría de algún ángel de los cielos, porque tiene la sonrisa y el amor de los que vuelan por el cielo, alrededor del Señor.
Pero le he visto en el cuello, unas  grapas,  que cosían una herida, que los médicos abrieron, al operarle el tiroides, que él llama “el árbol de los manzanos”. Ya he dicho que su lenguaje  angelical, se deriva de esos ángeles del cielo,  porque,  ¿de dónde saca Miguel, que el tiroides es como un árbol, con muchas venas internas , que  riegan  zonas del cuerpo, y así como en Alaurín,  el río que  se desborda en años de lluvias abundantes ,en su cuerpo se desborda el árbol de los manzanos, cuando el Señor quiere, porque El entrega la vida y la muerte, la salud y la enfermedad.
Pero Miguel tiene un cuerpo andaluz, con un espíritu angelical y el Señor ayudará a los doctores, a qué le curen el árbol de la muerte, que estaba en el Paraíso y que produjo en los hombres,  descendientes de Adán y de Eva, la enfermedad y la muerte. Pero la alegría de Miguel y la ciencia de los doctores,  alargará,  hasta cien años su salud  y su alegría.

lunes, 9 de febrero de 2015

¿España es una nación o un imperio?



El año 1941,cuando escasamente se tenía presente la “fabla“ aragonesa, mi padre, Manuel Almudévar Casaus, escribió para las Navidades un cuento en dicha “fabla”, en el que entre otras muchas cosas  decía: “Trayeban figos de Fraga,-orejones d’Estadilla- y pansas d’ixas qu’escaldan- en Lascellas y Velillas,- vinos de Castilsabás.- y corderetes d’Albero,-billotas de Banastas- y conejetes de Pebredo”. Pasaron muchos años hasta que se generalizó la inquietud por la fabla aragonesa. Pero mi padre, ya sentía el amor al Alto Aragón, porque escribió lo siguiente: ”Quiero esta noche…hacer mi cuento de Navidad, valiéndome del lenguaje, que todavía se habla en nuestros  pueblos, induciéndoos en el conocimiento del lenguaje y modo de ser del país que os vio nacer”. ¡Cómo amaba su “fabla”, mi padre¡, igual que muchas personas veneran sus dos lenguas, que los hacen bilingües.  Pero desde hace poco tiempo hay gentes que parecen odiar la  lengua española o castellana, porque querrían hacerla desaparecer. Mi padre fue un hombre, que recordaba a Joaquín Costa, que nació el 14 de   Septiembre de 1846 y que hablaba y amaba la lengua ribagorzana. Costa amaba su tierra altoaragonesa, pero su ideal era formar parte de una gran Europa, pues defendió la europeización de España por medio de la escuela, la despensa y la higiene. Cuando después de muchos años se llegó a la entrada de España en Europa, aumentaron las presiones para convertirla en una colección de naciones. Un presidente de una de las Autonomías, dijo en enero del año 2009, que “las autonomías han perdido el sentido de Estado”. En algunas provincias se niega el derecho de elegir castellano, para educar a los niños y en otra del Oeste se impide a una niña que utilice el  castellano en clase. Hay que repasar la Historia, acordándonos del fracaso en la construcción de la torre de Babel, al introducirse  entre sus constructores una serie de lenguas distintas. Costa en su obra Los Reyes Católicos, pone:”Dos cosas habían hecho bancarrota en Castilla, la Hacienda y la Nación. Exactamente lo mismo que en la España de nuestros días”.
Murió Costa el 17 de Febrero de 1911, fecha ya muy próxima al centenario de su muerte. Estamos en Europa, donde tal vez la lengua oficial sea el inglés.
Rubén Darío nos escribe:”A vosotros mi lengua no debe ser extraña.-Soy un hijo de América, soy un nieto de España”. España formó un Imperio, al que el conde de Aranda soñaba dar la independencia, para permanecer unidos por la lengua española. Rubén Darío, allá por los años de 1911 exclamaba: “La América española, como la España entera, fija está en el oriente de su fatal destino… ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?-¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?”.

Pero el Quijote ha intervenido en esta cuestión y Costa en 1883, dijo que “El Quijote español hace que la Tierra sea algo más que un mercado donde se compra y se vende”.En la Antología de Literatura  Latina, publicada en California, en la ciudad de Santa Barbara,  en el  número 25 del año 2008, escribe Gerardo Piña-Rosales, un artículo, en que el protagonista estaba sumido en la lectura y relectura de la Historia del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.”Si le asaltaba alguna duda, acudía al Quijote, si tenía que tomar alguna decisión, acudía al Quijote”…”Todos los hombres son iguales, buen amigo. El racismo es una de las plagas de este país…los que hablamos la lengua de Cervantes, no somos nunca extranjeros en estos predios del Tío Sam, porque cuando los anglos llegaron, ya nosotros habíamos fundado ciudades y pueblos por todas estas tierras”. Conseguidos numerosos éxitos públicos, “sólo quiero, una recompensa”,  le dijo don Quijote al señor alcalde: que a mi amigo Sancho, aquí presente, se le otorgue la oportunidad de ser alcalde de Nueva York”. ”¡Sancho alcalde!”,  se oyó gritar. No sé si  escucharía estos gritos Rubén Darío, que temía que al español se lo comieran los anglo –americanos. En la Península, ¿conocerán todos nuestros nietos el idioma de Cervantes?.  

sábado, 7 de febrero de 2015

Apicultores de Abiego: hermanos Lacambra Bescós



Conozco a Vicente Lacambra, desde hace cerca de cincuenta años, cuando yo trabajaba de Veterinario en el Coso Bajo, frente a la Iglesia de Santo Domingo y él, con su hermano, tenía una Ebanistería, que limitaba por el Norte con los almacenes Escartín. Fueron ambos hermanos los que  inauguraron en la Zona Industrial, una moderna Ebanistería. Después de tantos años, he vuelto a conocer a Vicente, por medio  del hijo del pueblo de Arbaniés, Miguel Ciria. ¡Cuántos años han pasado, desde que estábamos trabajando en dos edificios vecinos  el uno del otro!.  Nos pusimos a dialogar sobre las actividades preferidas en su vida, a saber la ebanistería y la apicultura. A mí me dio la impresión de que había sido un hombre feliz en su vida, buscando el arte en la madera y la felicidad que produce al hombre el trato con las abejas, unos insectos más antiguos que la existencia del hombre. Estos insectos que  han puesto trabajar, siendo  útiles a su especie apícola, a los árboles, a las frutas, a las flores  y a toda la humanidad. Su hermano y él, gozaban en su taller, creando el arte en la madera, imitando a las abejas que con su elaboración de la miel, hacen feliz a la humanidad. La vida moderna amenaza la existencia de las abejas en su labor de fecundar plantas en la naturaleza. Son más antiguas en el mundo que la humanidad, pero en estos tiempos modernos, en que se emplean tantos productos químicos, podrían desaparecer en cuatro años, todas las colmenas del Mundo, con lo cual dejarían a los hombres pasando hambre.
Pero Vicente y su hermano, han vivido de la búsqueda del arte en la madera y gozando de la vida de los hombres, cuidando sus colmenas. 
Yo tuve la suerte de que al acabar la conversación, me llevara a su nave industrial. Me entró, por un lado, una gran tristeza, al ver parada su actividad ebanista, porque estaban esperando sacar todas las máquinas y maderas nobles, para arrendar sus locales. Me llamó la atención una puerta tallada por su hermano, que en su parte superior, representaba un conjunto de almendros y en la  inferior, olivos, vides y una abeja, que indica que de las mentes de los Lacambra, surge  una comunión entre el hombre y los misteriosos  creadores de la miel, a saber insectos,  como la abeja. Estaba reflejada en una puerta, recientemente  tallada, su labor soñadora de la apicultura, porque   ante la visión de una nave, que estaba en proceso de cierre, con obras como la puerta enamorada de la Naturaleza, en la que se unían los vegetales con las abejas para fecundar sus flores y dar frutos, recordé que aquellos hombres, a saber Vicente y su hermano, no podían estar tristes, porque, llegaba para ellos una segunda fase en su vida, en la que siempre, habían soñado. Si, habían soñado en las abejas y en las plantas, y las  habían representado tallándolas  en la madera. Con esa actividad   de ebanistas, hacían comulgar el arte con la vida de sus abejas, que con su trabajo, estaban recreando la miel, la cera,  y con su fertilización de las flores, eran artistas.  En esa puerta tallada por Lacambra, se unían los sentimientos humanos de Vicente y de su hermano, con la naturaleza de los árboles y las plantas, polinizadas por las abejas.
Van a cerrar la nave industrial del Polígono de Huesca, pero en ella, ya han tallado esa artística puerta,  que la van a colocar en su casa infanzona de Abiego, donde nacieron, para entrar en esta fase apícola de su vida, que nunca han abandonado, pero que ahora, su amor al trabajo, a la Naturaleza, al color azul del espliego en la próxima Sierra de Guara y el verde con sus flores del romero, les hace soñar, les impulsa a convivir con el mundo de las abejas. Las abejas no son nuevas en su vida, sino que siempre las han atendido y quieren cuidarlas mejor, dedicándose totalmente a ellas. Tienen unas cuatrocientas colmenas, distribuidas por el monte de Abiego, en las  orillas del río. ¡Qué monte tan variado rodea al pueblo de Abiego!.
 Si miras hacia arriba, se ve Bierge y se adivinan los misterios de la Sierra de Guara, con la rusticidad del Barranco de Mascún. Mi antepasado José Almudévar se casó en Siétamo con una Azara, a saber Francisca y  nacido en Barluenga, formó en unión de los Azara y los Almudéva la Casa de Almudévar- Azara. Al  morir el Conde de Aranda, el Duque que heredó su patrimonio, le arrendó los pastos de Rodellar y allí subía a apacentar  el  rebaño. En ocasiones iba a Sieso y a Casbas, donde todavía vivían sus antepasados los Almudévar. Vendió ovejas por esos pueblos, en los que quedaban los apellidos Almudévar. Como en Abiego, donde debajo de la Iglesia Parroquial, al otro lado de la calle, se ve el nombre de una Almudévar, picado  en las sillerías de una casa. 


SE HIZO EL AÑO 1730 POR ORDEN DE DON JOSE PAUL Y ABIEGO Y ALMUDEVARY DOÑA JOSEFA PUYUELO FERNANDEZ DE HEREDIA.
Al ver el comportamiento de mi antepasado José Almudévar y Altabás, nacido en Barluenga y casado con una Azara de Siétamo, se da uno cuenta,  de que en esta zona geográfica de Adahuesca, Bierge y Abiego con su vecino pueblo de Azara, de donde vinieron los Azara de Siétamo y de Barbuñales, era un Somontano de Guara. A parte de las pinturas históricas, que se dan en esa Sierra, en la Historia, proliferan los hombres sabios,  como Don Pedro Blecua y Paul (1746-1829), pariente sin duda de Don José Paul y Abiego y Almudévar, que figura en la lápida, que se encuentra frente a la Iglesia Parroquial y colocada en el año de 1730. Fue un notable Geógrafo y Académico de la Real Española de la Historia y que también escribió la “Descripción topográfica de Huesca y su Camino” en 1794.
El señor Don José Porta Conte, un hombre de una gran inteligencia, unida a una humildad y generosidad,en aquel medio sublime, en que se abraza la sierra de Guara con los ríos Formiga y Alcandre y  que fue alcalde de Abiego, ya pensó en regar su monte, “pues como decía “siña” María Mora, una anciana de Siétamo, que murió casi centenaria, que San Joaquín de Abiego estaba muy bien “adotau”, pues los que fabricaron su imagen, gastaron no sé cuantos cahices de yeso en modelarlo. Un cahiz tiene ocho fanegas, una fanega tres cuartales y un cuartal cuatro almudes. Calculen cuantos almudes de yeso entraron en la imagen de San Joaquín. Esto me hace recordar que de la misma forma que el santo está bien dotado de yeso, el señor Porta, está muy bien dotado de fósforo en su cerebro, de donde salen las ideas a cahices y yo me veo obligado a declarar que si no riegan en Abiego, no es por sus vecinos. Y si ahora, en que se habla tanto de riegos, yo pienso: si con una simple tubería sube el agua a las casas de Adiego, ¿por qué no ha de llegar el día en que el agua, a través de canales, llegue a regar vuestros campos?”. Además se podrían regar otras zonas del Somontano, porque de la misma forma que donde antes se levantaba una pequeña ermita, hoy se yergue un soberbio edificio de sillería a San Joaquín. Y allí sigue el magnífico pueblo de Abiego, que por medio de Porta ha luchado por obtener el agua virgen del Alcanadre. Con su iglesia parroquial en la parte alta, en otros tiempos mezquita, siendo un maravilloso acceso a Alquézar, pensando en utilizar las aguas del Alcanadre para regar el Somontano oscense y su Tierra Baja, es todo él, una reclamación de Aragón de los adelantos que conviertan esta tierra abandonada, en un País, comunicado con Francia. Nos recuerdan esta parroquia, ese monasterio de San Joaquín, ese río profundo, rico en aguas, que España tiene olvidado a Aragón, porque lo han dejado separado de Europa, con la que ya Carlomagno intentó unirnos. Pero España ha fomentado los separatismos de  Vascongadas por Irún y Cataluña por Gerona, olvidándose de una tierra como Aragón, que ha dejado a Zaragoza, capital de Aragón, lejos de Canfranc.  Zaragoza puede llegar a ser el centro geográfico, para unir a España con Europa, como Abiego es la puerta de entrada por Alquézar, Sieso, Casbas, Bierge en la Sierra de Guara, ofreciéndonos,  al mismo tiempo aguas abundantes, para el desarrollo de Aragón. Hemos visto como limita Abiego con la Sierra por el Norte, con el Monasterio de San Joaquín por el Sur y por el Este, acoge al Somontano de Barbastro y por el Oeste al de Huesca.
Monasterio San Joaquin Abiego (Huesca)

¡Qué nombre ibero ilergete tiene Abiego, que no procede del árabe, sino de aquellos antiquísimos siglos ibéricos!.  Tiene Abiego, palabra ibérica, el nombre de la “profundidad del río Alcanadre”, que tomó el pueblo para recordar a ese pueblo, que con su existir callado, representa el desarrollo de nuestra tierra.  El pariente señor don José Porta, de Vicente Lacambra,  es un poseedor de la belleza, porque de su mente nació la bella imagen del edificio del Ayuntamiento de Abiego,de donde fue alcalde desde 1979 hasta el año de 1991, y de ella surgió también la fórmula para subir de la “profundidad” del río Alcandre, el agua que estaba esperando una gran extensión de Aragón. ¡Qué grandes obras se han realizado en su taller artístico de Abiego, para adornar los aleros de hermosos edificios!.
Yo conocí al artista, “ingeniero de obras para el pueblo” y varón siempre sonriente, que me llevó en cierta fiesta a pronunciar mis palabras en la plaza Mayor de Abiego. Tenía un carácter bondadoso y unido a su esposa, que era la amabilidad personificada, me hicieron feliz en Abiego. Era un hombre generoso, pues tuvo la oportunidad de heredar un buen patrimonio en Ibieca, pero el que ha sido feliz en Abiego, hizo que lo heredara mi tía Francheta Almudévar, nacida en Barluenga y casada en Castejón de Arbaniés, sin participar ni  un céntimo, en esta operación.
Va pasando el tiempo y su querida esposa, se marchó de este mundo, donde José Porta Conde, luchó por un mundo feliz en Abiego y en todo Aragón y ahora desde allá arriba, quizá haga recordar a los políticos, la necesidad de fomentar el desarrollo, que soñó su esposo en  aquel pueblo real y simbólico de Abiego.  
Abiego (Huesca).

Es Abiego, como ya he dicho, la puerta en el Sierra de Guara y alrededor de ella, se encuentran los ríos Vero, que pasa por Alquézar, el Isuala,  que discurre por Bierge, el Calcón y el Formiga, que llega a las proximidades de Abiego. Además de los numerosos monumentos próximos, pues hay que recordad que Abiego es la Puerta del Parque Nartural de la Sierra y los Cañones de Guara, en su entorno se encuentran los yacimientos de icnitas, de huellas fósiles de treinta y tres millones de años, como el yacimiento de la Fondata. En él, se pueden ver huellas marcadas hace ya muchísimos siglos, por Anoplotherium, con pequeños  dos pequeños dedos.   Bajando  al río Alcanadre, se queda uno impresionado al ver el puente romano y el medieval, con un arco ojival.
¡Dios mío, qué historia tan vieja ha pasado por Abiego, pero que no hay quien la destruya, porque los hermanos Lacambra, no pueden pasar viviendo ausentes de su monte!. Hemos visto como proliferaban animales prehistóricos por esos lares, pero entre otros se encontraban las abejas, insectos, que vinieron al mundo antes que los hombres. Si ahora desapareciera la humanidad moriríamos los hombres de hambre y ellos lo intuyen, porque aunque no han ganado dinero con la miel que producían, encuentran a estos insectos necesarios en la vida y quieren llenar el monte de Abiego de abejas, que recuerden tiempos pasados y den  tiempos futuros a la humanidad.
 En el pasado ya se luchaba por el consumo de miel, pues en 1776 el matrimonio de Mateo Escabosa Azara y se su esposa Rosa Sipán, levantaron un juicio contra José Almudévar y María Francisca Escabosa Sipán, que se acabó con la entrega por “su madre María  Azara, nuestra madre y señora…los doce Basos  de Abejas o Colmenas, que por la misma Escritura de Dotación me mandó y señaló”.
Hasta mi familia han llegado líos con la miel de sus abejas y ahora serán los hermanos Lacambra los que tendrán que seguir luchando con sus numerosas colmenas, porque quieren hacerlas trabajar incansablemente y evitar que la humanidad se quede sin el beneficio que las abejas producen en las plantas con la fertilización.
Pero todavía no ha terminado la lucha de los hombres por su permanencia en este mundo, porque éste, sin la polinización de las plantas, acarreará el hambre a toda la humanidad y ésta puede llegar a desaparecer en cuatro años. La contribución de las abejas en la fecundación del mundo vegetal, es admirable,  pues su trabajo con la aportación de polen de unas plantas a otras, asegura la permanencia de numerosas especies vegetales. Entre ellas se encuentran los arboles frutales, la alfalfa,  el trébol, las cucurbitáceas como los melones, etc., y otras muchas,  incluida la vid.

En el mundo hace falta el agua y las frutas y Abiego con el río Alcanadre, siguiendo las ideas de Costa, puede regar toda la provincia de Huesca y sus hijos, entre los que se encuentran  los hermanos Lacambra, liberar a las abejas de la muerte. 

martes, 3 de febrero de 2015

Un ebanista oscense

Espliego

Romero


Vicente Lacambra, ebanista oscense, al que conocí, cuando él tenía su taller  detrás de Casa Escartín y yo trabajaba de Veterinario en dicha casa. Esta se abría al Coso Bajo y la ebanistería lo hacía hacia el Colegio de Santa Rosa. Después de pasados muchos años de trabajar al lado de Santa Rosa, cerca de la Iglesia de Santo Domingo, me lo presentó mi amigo de Arbaniés Miguel Ciria. En poco rato me di cuenta de que era un hombre polifacético,  con amplios conocimientos de la vida. El taller del ebanista y el comercio de Escartín, tenían el solar sobre el antiguo Teatro Romano, en cuyo interior se hallan columnas y obras arquitectónicas, que parecía inevitable que no enviaran ideas culturales hacia la mente de  Vicente Lacambra.  Yo no sé si tal Vicente tendría el conocimiento de que se encontraba sobre un Teatro Romano, pero sin embargo, algunas ideas sobre la civilización antigua le transmitirían aquellas ruinas. Era un hombre,  que además de poseer ideas polifacéticas de la tierra en que vivía, estaba dotado de una musculatura muy desarrollada, que parecía más apropiada para hacer flexible el hierro,  que para cortar la madera, con la que fabricaba los muebles 
Vio Vicente Lacambra  la luz de este mundo, en el pueblo de Abiego, a orillas del río Alcanadre, debajo de la Sierra de Guara, en la que se aproximaban los habitantes de Abiego  a  Bierge, para subir al Barranco de Mascún. Pero para conocer esa Sierra de Guara, no hacía falta que subieran los de Abiego  a ella, sino que les bastaba mirarla para gozar de su belleza. Si, por que Guara era una Sierra Subpirenáica, asomada a la Tierra Baja,  a la que soltaba por medio del río Alcanadre, sus sobrantes aguas. Pero no eran sólo las aguas las que derramaba aquella Sierra, en la que permanecen pinturas prehistóricas, como por ejemplo un hermoso ciervo. Pero no hace falta subir a la Sierra a la altura de San Román de Morrano, para ver una parte del monte de un color azulado, que le proporcionaban los romeros serranos, visión que ya no tiene lugar, porque aquellos montes han quedado muy “bastos, por un cruel abandono de los mismos”. Están abandonados, porque este verano del año  dos mil catorce, subiendo por Casbas y Labata  a la Sierra de Guara, llegamos a San Román de Morrano con mi sobrino Pablo y los amigos de Siétamo, Ballarín y Borruel. Si, subimos al pueblo de San Román D’o Tozal o del Tozal, a ver al señor Aniés, último habitante de ese pueblo, en el que por arriba se vivía en la Cueva de Chaves y por abajo, se oteaba el Monasterio de Casbas. Se observaba el Monasterio, en que fue Abadesa, Ana María Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda de Siétamo, y también, hace menos años, la hermana de don Alfonso Buil. Desde allá arriba, en la ladera de la Sierra, se sentía una atracción espiritual con el Monasterio, aunque la bajada desde San Román a Casbas, es casi imposible para los automóviles. Ahora están, tanto el Monasterio como el pueblo de San Román, con vida perdida, hecho pasivo que se conoce ,entre otras muchas cosas , por la pérdida del color azul de las plantas de romero, que daban alegría a Abiego y a San Román. Desde Casbas y desde Abiego, se contemplaba el color azul, que exhibía su belleza y a la larga daba la producción de romero. Con aquel olor penetrante del romero, se fabricaba el jabón y el perfume. Vicente Lacambra Bescós, impresionado por el aroma del romero, también recordaba con su corazón ( ¡qué difícil es que el corazón recuerde el pasado!), pero él casi lloraba, con su fuerte figura montañesa, al acordarse del espliego o del aragonés “espigol”, que proliferaba en unas setenta hectáreas del monte común de Abiego. Esta conversación con Vicente Lacambra Bescós, me ha hecho recordar, cuando hace ya unos cincuenta años, estuve de veterinario en Bolea, a un amigo, que en el monte estaba cosechando  espliego. Con su esencia fabricaban jabón y perfumes de Lavanda, en el monte echaban leña para evaporar las primeras calderadas de espliego,  porque después ya hacían arder las mismas plantas,  ya explotadas del espliego.
He dicho que Vicente Lacambra Bescós,  con su cerebro conoce y ejercita con sus manos diversas profesiones. La principal para él,  es la madera. Y me habló de distintas especies arbóreas que han producido materia prima para hacer puertas y ventanas. O maderas como la de boj, con la que se han fabricado objetos litúrgicos.  Ha pasado el ebanista por muchas fases, unas de abundancia de la buena madera y otras de la escasez de la misma. Al pasar la Guerra Civil, la escasez de madera hizo a los proveedores de la misma, cortar los numerosos nogales, que habían proporcionado sus frutos a los vecinos de los pueblos.
El nogal era la madera más bella y más fuerte de nuestros pueblos y Vicente Lacambra,  movido por su cerebro y por su corazón, con madera de nogal, creó una puerta de su domicilio de Abiego, dotada de arte y de nobleza,  para rendir homenaje a sus antepasados y a su noble oficio.     

Pero no sólo está la madera, ahora importada del Brasil, de unas cualidades maravillosas,  como el nogal, la que le hace dar vueltas a su cerebro,  sino que se une su inteligencia y su amor con las colmenas de abejas, por medio de la apicultura.

domingo, 1 de febrero de 2015

Los cisnes de Rubén Darío en el Parque de Huesca




En el Parque de Huesca, se encuentra un hermoso jardín, rodeado por una laguna. En su centro nadan los cisnes y los ánades en las aguas del  pequeño lago, con su verde orilla, rodeada de arb
oles en que se posan unas pequeñas y elegantes tórtolas, de color claro, salvo en sus cuellos donde lucen un anillo negro de pequeñas plumas. En la isla arraigan altos árboles y flexibles cañas de bambú, en cuyos pies, he visto en ocasiones anidar parejas de aves acuáticas. Las orillas de la laguna están revestidas de árboles de distintas especies, en cuyas ramas se posaban las tórtolas, que hace ya muchos años trajeron del Líbano. Alrededor de la isla pasea la gente, pero al llegar a las barandillas, los niños acompañados por personas mayores, se detienen y hacen acudir a la orilla a los ánades, echándoles migas de pan y de torta, que devoran con avidez. Los niños gozan jugando con esos valientes seres vivos que se unen a las aguas, y con sus padres y abuelos, que vuelven a sentirse niños, gozando del placer, que se producen mutuamente los niños y los patos.
Además de las tórtolas, de los gorriones y de los numerosos ánades, parecían reinar con su elegancia, en la laguna, dos hermosos cisnes negros, pero,  ahora,  ya no acuden a la llamada de Rafael  Mialdea, las tórtolas,  porque ya  casi no quedan, pero además, de los dos cisnes, sólo queda uno porque el otro ha muerto. Allí reina el cisne negro, con su luto, que parece que se ha quedado sólo entre los múltiples ánades, que nadan por la laguna. Tampoco se posan en las altas ramas de los árboles, las palomas, que poblaban el Parque. ¿Han puesto veneno, que ha dado muerte a gorriones, tórtolas y palomas?. No lo sé, pero la soledad del cisne negro, repartiendo por la balsa el luto de su color negro, parece entristecer la alegría que gozaban los niños por sus orillas. Me acuerdo de la elegante figura del mudo Rafael Mialdea, del que escribí : “Cuando paso por las sombras de los citados árboles, me llama la atención la delgada figura de Rafael Mialdea Novales, que con una de sus manos extendida, ofrece a las tórtolas, unas veces granos de trigo, de maíz otras, y muchas veces galletas, de las que él se ha privado, las ha deshecho y las elegantes aves del collar, se le posan en sus manos y en sus hombros y consumen el desayuno que Rafael les ofrece”.
Hace muy poco tiempo, en el pequeño lago de los cisnes, todo era felicidad bajo la presidencia de los dos cisnes negros, los ánades, las palomas, las tórtolas y los niños acompañados por sus abuelos o por sus padres. Se creaban escenas “modernistas”, que estimulaban la alegría y la complacencia inocente de los niños y la vuelta a la felicidad, que sentían, después de pasados muchos años, los padres o abuelos ya mayores,  al provocar las sonrisas de sus descendientes, cuando daban de comer miga de pan o de torta, a los cisnes y a los ánades de aquel pequeño,  pero gran mundo de la laguna del Parque.
Pero, el “modernismo” no ha podido con el correr del tiempo, porque ¿dónde están las tórtolas que acudían a las manos de Rafael Mialdea?. Dicen que en el Jardín vecino a la laguna, están encerradas unas aves de rapiña, que se sueltan en las próximas puestas del sol, para arrojar del Parque a los estorninos.  Son multitud y no desaparecen dichos estorninos, pero casi no dejan viva a alguna tórtola. En aquellas construcciones del Jardín,  viven numerosos gatos que devoran a los primeros ánades que nacen y a los gorriones que por allí se acercan.
Me recuerdan estas escenas a Rubén Darío, cuando escribe “Cantos de vida y esperanza” y me hacen reflexionar sobre el triste “modernismo” de “La América española, como la España entera,-fija está en el Oriente de su fatal destino”. ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?-¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?-.¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?-. ¡Callaremos ahora para llorar después?-”.
En la laguna ya queda tan sólo  un cisne negro. Parece que se está acabando el “modernismo” en ella. Exclama,  ante tal panorama, Rubén Darío: “y un cisne negro dijo:”La noche anuncia el día”. Y uno blanco. “¡La aurora es inmortal!, ¡la aurora es inmortal”. ¡Aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!.
El cisne negro con su largo cuello, pasea con ese hermoso y largo cuello, a modo de un signo de interrogación: ¿qué pasó con el “modernismo” de la laguna, que alcanzó, dirigida por sus dos cisnes, la belleza perfecta, el ideal incuestionable. Este ambiente modernista de la laguna, lo pasa Rubén Darío, allá por los años de 1914, por medio de los cisnes, a su continente Hispano Americano, porque se preguntó: “¿qué pasó con esa estética, distante, revolucionaria, su renovación lírica, que cala muy hondo en el momento evolutivo de la creatividad cambiante?”.En la laguna se notan las muertes de las tórtolas libanesas debidas a las aves de rapiña, que se sueltan cuando se va a esconder el sol, y llena de tristeza el color negro de luto, que pasea por la superficie del agua,  el único cisne que se ha escapado de la muerte. Vamos desde la balsa, con la pequeña estructura de un átomo, semejante a la de un continente, el hispano americano, que se escapan  del modernismo, a la muerte de las tórtolas y del cisne, igual que en el continente, mueren los soldados y los guerrilleros en Colombia, el pueblo pasa hambre y sobre los Andes, se otea el vuelo del Condor.
Era Rubén Darío un poeta puro y se acordaba de España y de América,  veía en el “modernismo”, el progreso y  exclamaba: ”Juventud divino tesoro, ya te vas para no volver, cuando quiero llorar, no lloro y a veces lloro sin querer”.
 Pero Rubén Darío no estuvo sólo cultivando el “modernismo”, pues habla del oscense, “el Señor Llanas Aguilaniedo, uno de los escasos espíritus que en la nueva generación española,  hacen el estadio y la meditación en el “modernismo”, debido por la sociedad”. Llanas Aguilaniedo, había nacido en 1875 y murió en año de 1931, fue farmacéutico militar, escritor, periodista y crítico de la literatura española. Escribió de problemas sociales  otros  sobre la época en que empezaba a vivir. Pero José María se ve envuelto por el “modernismo” y Rubén Darío, contempla en José María Llanas el cisne que preside la laguna del Parque de Huesca, porque vuelve a escribir, que le parece sumamente interesante. Dice que José María, “en su juventud surge alguna que otra esperanza,  y no es poca la que ha de dar en su cerebro, tan bien surtido y generoso como el del  cantar de “Alma contemporánea”. Llanas Aguilaniedo ha entusiasmado a los intelectuales contemporáneos suyos, como, al mismo descontentadizo Clarín”. Llanas es un hombre estudioso y reflexivo. Pero murió muy pronto y España se dejó olvidar sus pensamientos modernistas.
¡Qué ilusión supuso el “modernismo” en la mente de Rubén Darío y en la de Llanas  Aguilaniedo!.  Pero ya Calderón en la época dorada de la literatura castellana, exclamó: “la vida es sueño”. Tenía razón el escritor clásico, porque analizando la vida de José María Llanas Aguilaniedo, buscando el “modernismo”, se ve que esa vida era un sueño, porque además, yo podía comprobar, que aquel modernismo de la Laguna del Parque, formada por la belleza de la pareja de cisnes, de las tórtolas, de las ánades, de la palomas, de los altos y verdes árboles, con las cañas de bambú de la isleta, en medio de la Laguna, se acababa con la lucha entre las aves de rapiña persiguiendo a los estorninos.                 
Murieron las tórtolas, las palomas y el cisne negro, que hemos podido ver los oscenses, en la Laguna del Parque, como el también oscense José María Llanas Aguilaniedo, se fijó en una tumba del Cementerio de Granada. Y yo me acordé de como el señor  Joaquín Santafé, que trabajó toda su vida  de más de cien años en la Farmacia de Llanas, me contaba la aventura en el Cementerio de Granada, que era la siguiente: “No me llevó allí el romanticismo de principios de siglo…iba sencillamente a estudiar efectos, objetivos y subjetivos, cuya grandiosidad a media noche y en las condiciones de ánimo en que me hallaba, calculé sacudiría mi espíritu de una manera nueva e imprevista”. En medio de la noche, “descubrió un sepulcro donde estaba enterrada una joven, representada por una bella estatua, a la que conmovido le dirigió sus palabras, diciéndole: ¡Muerta mía, vive!. Vea yo moverse tus ojos, levantarse anheloso tu pecho…agítense tus labios estremecidos por convulsiones de amor. Hermoso ángel dormido, ¡háblame!”. Estaba el oscense “Angel Llanas Aguilaniedo, trabajando en su cerebro el “modernismo”, la pintura, la criminología, el decadentismo, pero se iluminaba su sensibilidad con los sentimientos del corazón, a causa de la belleza de la estatua de la bella joven”.

A los cuarenta años perdió el equilibrio de la razón y murió acogido en Huesca por su hermano Feliciano y por su hijo José Antonio Llanas Almudévar. Estuvo en el periodo de su enfermedad acompañado por Joaquín Santafé,  nacido en Ibieca, con el que se entendió con suma claridad. A todos estos acompañantes de la muerte de José María, los conocí, pero de José María, me acuerdo de su obra, por ejemplo de su novela Pityusa y lo siento, cuando paso por la Laguna oscense del Parque de Huesca. Recuerdo también a Rubén Darío, amigo de los cisnes y de José María Llanas Aguilaniedo.