domingo, 26 de julio de 2015

Los amigos



¡Cómo ama mi amigo la Naturaleza!, porque ha pasado a vivir cada día de su vida junto a ella, ya que a su lado cultiva un huerto y al otro observa como algunos dependientes,  en una gran nave almacén, atienden comercialmente a todos los clientes que por allí llegan. Es decir que alterna con sus amigos y clientes en  su comercio muy cerca de un medio natural pues ha conseguido que todos ellos sean no sólo sus clientes sino también sus eternos amigos.  Esta cualidad de amar y ser amado, la adquirió ya desde niño, porque le impresionó tanto rezar   el Padre Nuestro, que siempre se acordó de aquella frase, que dice ”el pan nuestro de cada día ,dánosle hoy”.Y tanto agradecía la  llegada de sus amigos, que si coincidían en la hora en que él almorzaba, les hacía sentar,   dándoles también ,no sólo el pan nuestro de cada día, sino haciéndolos partícipes de lo  que él comía, como por ejemplo, se recreaba con ensalada de tomate con cebolla del huerto, regadas con aceite de los Monegros, y acompañada con atún y olivas del Somontano. Seguía apareciendo en los almuerzos, queso ansotano y jamón casero. Después, unas veces les daba panceta frita, otras costillas de cordero y siempre cada uno podía tomar algunos embutidos o cogerse del “reposte”, tortetas o morcillas. Y además pueden regar estos manjares, unas veces con vino aragonés de Barbastro o, según su preferencia con  sidra de manzana, para que a aquellos que conducen automóviles, no les suba el nivel de alcohol a sus cabezas.
Y allí se conversa y se cuentan chistes y anécdotas del viejo Aragón,  ya sean de la Montaña, del Somontano o de los Monegros. Allí se critica la vida, sin malas  intenciones, sino con un gran sentido de la realidad y  en un ambiente de humor. Yo no sé si aquellos hombres, muchos de ellos ya jubilados de diversas profesiones, habrán leído alguna vez al gran escritor catalán Plá , que en su libro sobre el inicio de la República, criticaba el caciquismo de algunos gobernantes, que afeaban la democracia del pueblo; los amigos igualmente criticaban el “caciquismo” que se impone en algunos políticos, que estropea el bienestar y la felicidad del pueblo. Pero la emoción se apoderaba de los corazones de aquellos hombres,  al escuchar a José María Puyuelo Sorribas, natural de Ibieca, entonar  aquella jota que dice así:”En los altos Pirineos soñé que la nieve ardía – y por soñar imposibles soñé que tú me querías”. Estaban comiendo llenos  de satisfacción, pero al escuchar esa canción sus corazones se llenaban, igual que se habían llenado sus estómagos de gloria y de placer. Yo le pregunté si había grabado su voz en alguna ocasión y me contestó que no,  porque la reservaba para ocasiones en que se juntara con sus amigos. Estaba con nosotros el gran jotero Rafael Carrera y allí habló de la enorme cantidad de veces le había propuesto, hacer oír su voz al público. Todos aplaudimos a Sorribas cuando acabó de cantar y le animamos a que hiciera caso a Rafael. Sería maravilloso escuchar una voz espontánea y natural, sin habar recibido más enseñanzas que las de la Sierra de Guara, encima de Ibieca y la emoción de contemplar la Virgen en la Ermita de Foces.

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