miércoles, 25 de noviembre de 2015

Minotauro y los centauros




Los atenienses introdujeron la palabra democracia, con la que pretendían definir un pensamiento de libertad, como el que soñaron griegos y romanos. No sólo buscaron la libertad, sino que trataron de encontrar a Dios, pero aquella imaginación fantástica de los griegos, no lo encontró y creó multitud de dioses, diosas, héroes  y animales muchas veces monstruosos. Hubo, sin embargo, hombres como Esopo, que con el conejo y la tortuga, trató de moralizar a la juventud, con animales sencillos, de comportamiento lejano al de los  monstruos. El genio poético y racional de Rubén Darío escribe “que cada hoja de cada árbol canta un propio cantar y hay un alma en cada una de las gotas del mar”. Si cada hoja de árbol canta su propio cantar, en cada sencillo conejo hay “un enigma” y en cada tortuga “hay un alma”, de la misma forma, que también “hay un alma en cada una de las gotas del mar”. Este poeta nicaragüense, al que  han llegado a llamar “el príncipe de las letras castellanas”, escribe no ya con claridad, sino con una luminosidad inmensa, como cuando dice: ”Yo sé de la hembra humana la original infamia-Venus anima entera sus máquinas fatales;- tras sus radiantes ojos ríen traidores males; de su floral perfume se exhala sutil daño,-su cráneo extraño obscuro alberga brutalidad y engaño”. De la misma forma que Esopo se abre lleno de moralidad en sus cuentos, mientras que otros escritores  proclaman amores no naturales, ahora es el mismo verso de Rubén Darío, el que escribe: “mejores son el águila, la yegua y la leona”. Rubén Darío habla de la recién citada fauna mansa y buena, pero insiste en sus versos, en los que Venus repite  que “antiguos ritos paganos-se renovaron. La estrella- de Venus brilló más brillante- y diamantina. Las fresas –del bosque dieron su sangre”. Sangre abundante derramó el Toro de Creta, atravesando la Argólide, llegando a matar al héroe ateniense Teseo cerca de Atenas. Teseo, según la mitología griega,  fue el mayor héroe de Atenas  y quiso liberar a los jóvenes atenienses de ser el alimento, que el rey Minos de la Isla, había impuesto para dar de comer al Minotauro. Este era un monstruo con la cabeza de toro y el cuerpo de hombre. Era un auténtico monstruo, que era hijo de Parsifae, reina de Creta y de un toro blanco, dicen que como la nieve. ¡Cómo se mezclan, en esa mitología griega, los buenos sentimientos de Teseo, que quiso liberar de la muerte a los jóvenes atenienses y la monstruosidad de los orígenes del Minotauro, hijo de la reina de Creta y de un toro blanco!. Corren por el cerebro y el corazón de Rubén Darío los relatos míticos de Grecia,  de Roma y de Egipto, igual que de los dioses de los Andes, de  la mítica de España, en que coinciden el Minotauro con el toro bravo y los caballos con los Centauros. Y ante estos relatos, escribe: “Yo comprendo el secreto de la bestia. Malignos-  seres hay y benignos. Entre ellos se hacen signos- de Bien y Mal, de odio o de amor, o de pena- o gozo: el  cuervo es malo y la torcaz es buena”. Rubén Darío comprendía el secreto de la bestia y así como en el mundo de la cultura griega no se comprendía el secreto del Minotauro,  tampoco, en el mudo de los toros de lidia, se comprende el misterio de haber convertido su vidas, en un mundo de arte y de amor,  por un lado y de odio por otro. Y si en Grecia se pasaba desde ese punto de amor a otro de odio, como causaba el Toro de Creta o Minotauro, en el ambiente ibérico, ocurre lo mismo. El rey de la isla de Creta era Minos, hijo de Zeus y de Europa y el Minotauro fue el fruto del amor de Parsifae.. En cada novilunio, le daban de comer un hombre para saciar su hambre, como cada año en las fiestas de los pueblos y ciudades de España, comen carne de toro y los toros se comen las vidas de toreros, pastores  y aficionados. ¡Cuántos caballos murieron montados por los picadores?. Si el Minotauro no recibía su alimento maldito, producía la muerte y el desastre por la comarca, igual que en Huesca, cuando bajaban los novillos bravos de la Sierra de Guara a la estación de ferrocarril. Se lanzaban un año por la Plaza de San Lorenzo, atacando a los oscenses, metiéndose, rompiendo con sus astas las lunas de cristal, en los comercios. Minos, Rey de Creta mandó construir al arquitecto Dédalo, un laberinto, del que fuera imposible salir de él,  para encerrar al Minotauro.  De esta forma el que fuera arrojado al laberinto para alimentarlo, jamás podría escapar del mismo. El Rey de Atenas Teseo, quiso evitar la muerte de los jóvenes arrojados al Minotauro.  Su amante Ariadna le dio un ovillo, del que al entrar en el laberinto clavó un extremo en la puerta. Anduvo hasta que encontró al Minotauro, y lo mató. Después rebobinó el hilo y salió. En España han creado un laberinto para acabar con la lucha entre el hombre y el toro, pero en él no pueden entrar los Minotauros, sino las dos partes que lo componen, que son cuerpos humanos y cabezas de toros  astados. ¿Cómo saldrán los taurinos del laberinto?. No se sabe pero Dédalo con su hijo Icaro, una vez encerrados en el Laberinto de Creta, compusieron unas alas de cera y volando escaparon de él. Si entonces tenían imaginación para volar, hoy puede ser que los taurinos salgan del Laberinto. ¿Cómo?, ¿volando o apuntándose al paro? …En España, escribo,  que para salvarse del ataque de los toros: “profiriendo gritos salvajes, como bramidos, la gente los veía defenderse con sus falsas capas, para acabar muriendo” y así el pueblo sencillo tuvo que aprender a torearlos con sus capas, creando la profesión artística de  torero. En las mismas, siguen apareciendo figuras que recuerdan a los Centauros, que para Rubén Darío “son cuadrúpedos divinos”, y son los rejoneadores, centauros. El rejoneador montado en su caballo, despierta como el Centauro-monstruo “un ansia del corazón del orbe”, pues en medio de la Plaza de los toros, parece cuando cabalga el rejoneador que “en el Centauro, el bruto la vida humana absorbe…. Y cuando tiende al hombre la gran Naturaleza,-el monstruo,  siendo el símbolo, se viste de belleza”. Tiene el Centauro un aspecto, por un lado de animalidad de la naturaleza y otro de humanidad, que busca la cultura. Y esta es la obra de unas estudiantes de un colegio americano, dedicado a   San Juan Bosco. Escribieron “El elfo y  la centauro”, en que las jóvenes introducen en la Mitología a los elfos, de la cultura nórdica y  germánica, de aspecto de hombres y mujeres jóvenes y de gran belleza, que se encuentran al lado de los bosques, cuevas y fuentes. Es como el cultivo de Rubén Darío del toro bravo, representante del Toro de Creta y del Minotauro o  del caballo con su jinete, que no pueden ser más semejantes al Centauro. Proclaman las alumnas del Colegio San Juan Bosco, que “el amor era el sentimiento más extraordinario que existía, aquel que derrumbaba los muros más estables, aquel que atravesaba  las cortinas de humo más espesas, aquel que todo lo podía, aquel que alegraba al más triste, aquel que hacía creer al más incrédulo, aquel que desorientaba al más orientado, aquel por el cual los unicornios rendían grandes cultos y eran considerados elegantes y bellos y además era la causa de su alegría y su ternura”. Rubén Darío pone en la boca de Quirón,  los siguientes versos: “la virgen de las vírgenes es inviolable y pura.-nadie su cuerpo tendrá en la alcoba obscura,-ni beberá en sus labios el grito de la victoria,-ni arrancará a su frente las rosas de su gloria…”. Pensaba Darío en la Suprema fuerza del Universo, pues decía.”¡Padre y Maestro excelso!. Eres la fuente sana-de la verdad que busca la triste raza humana”. Y Rubén Darío en su poesía dedicada a los Reyes Magos, parece aprobar la teoría de Theillard de Chardin sobre Cristo el Evolucionador, cuando escribe: ”Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.-Vengo a decir la Vida es pura y bella.- Existe Dios. El amor es inmenso.- ¡Todo lo sé por la divina Estrella!.-…..Gaspar, Melchor y Baltasar, callaron.- Triunfó el amor, y a su fiesta os convida.- ¡Cristo resurge, hace la luz de caos- y tiene la corona de la Vida”.

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