sábado, 8 de mayo de 2010

Daniel Calasanz con sus noventa y seis años

A las nueve de la mañana del día seis de Mayo del año 2010, subí por la carretera de Arguis hasta la ermita de Santa Lucía. Allí me paré y entré en la huerta que Daniel Calasanz entregó al pueblo de Huesca. Al lado de la casa, edificada por Daniel, con dos a modo de astas de ladrillo y de tejas, se encuentra su huerto que, sin necesidad, cultiva más bien por una vocación hacia la tierra, a la que todos iremos a parar y allá ,adentro, estaba con su azada “maigando” las plantas ,que puso hace escasos días. Estaba Daniel con su gorra, inclinado sobre los surcos, y recibiendo algunos rayos de sol, pues no todos podían pasar por las verdes ramas de los frondosos árboles, que se encuentran al otro lado del camino de Jara, en la ermita de Santa Lucía. Con sus noventa y seis años y atento a su labor, no se daba cuenta de mi presencia y yo lo observaba y meditaba sobre la capacidad de trabajo de personas como él. Cuando se dio cuenta de mi presencia, vino hacia mí y me dijo: “por ahí tengo alguna azada, ¿si la quiere?”. Yo me eché a reír y él continuó diciendo: “la vida exige trabajar por la sociedad con ahínco y dar sensación de honradez y buena fe. Una persona buena tiene siempre puertas abiertas, porque todos somos necesarios en la vida. Es bueno defender la bondad, la buena fe y respetar a los demás”. Entonces yo le dije: “debían contratarte a tí, que eres un sabio, para hablar a los gobernantes y a los gobernados sobre la crisis, que nos ha traído tantos parados. Lo de sabio no le debió de caer muy bien, pues me dijo: ”yo no soy más que un hortelano de perra gorda”. Me afirmó que lo que le agradaba era el chopo que se alzaba delante de nosotros. Estaba enamorado de un hermoso chopo que había nacido sólo con cinco o seis “brotones” y los muchachos que asistían a los cursos de jardinería los querían cortar, pero Daniel Calasanz les dijo: “no hay que cortarle las alas al árbol, aunque lo podamos encaminar” y logró unificar varios pies y lo enderezó hacia lo alto y se ensanchó, quedando, como él dice, en el más bello chopo de Huesca. Añadió: “ se pueden buscar formas a los árboles, pero no destruir los bosques”.” En la vida hay que tener ilusión e interés, pero por los seres vivos más que por los intereses”. A continuación me di a conocer y él se acordó de mí y me empezó a contar las preocupaciones y los dolores que le produjo su estancia en la Guerra Civil en Siétamo. Me dijo que una bala de fusil, le había perforado su pantalón y no le había causado ninguna herida.

Va a hacer cien años que Daniel nació en la Torre de Capuchinos, que era de Don Luis Mur Ventura, catedrático del Instituto, pero uno de los libros que escribió este profesor, estuvo inspirado en las ideas que le proporcionó el sabio padre del hijo también sabio, Don Daniel Calasanz.

jueves, 6 de mayo de 2010

Fonz, espléndido pasado, hoy casi olvidado

He estado varias veces en la Villa de Fonz y me causaba su contemplación el sueño de estar en un lugar sagrado de Aragón. Resultaba sagrada la impresión que producía contemplar aquella maravillosa arquitectura de Fonz, nombre que viene del latín Fontes y que la Villa lo celebró, con una fuente pública, que lanza el agua por seis caños. Fue construida en 1567, con su escudo, con seis caras y una marmota. En esta fuente se alzan también columnas redondas, capiteles corintios y una inscripción artística en latín. Es que Fonz destaca la raíz de la vida humana del agua, con sus fuentes, al mismo tiempo que pregona su categoría arquitectónica alrededor de la iglesia de Nª Sª de la Asunción, del siglo XVII, en una altura, aunque calla el despojo que sufrió en la Guerra Civil, al desaparecer su retablo mayor. Mi emoción histórica se acrecentaba a medida que iba contemplando las doce casas- palacio, que a pesar de necesitar alguna de ellas, una reparación, van recordando a los visitantes el esplendor de su pasado. Estas casa infanzonas están construidas en el estilo aragonés, consistente en unos bajos de piedra de sillería y los pisos de ladrillo, y toda coronada por amplios aleros de madera tallada. Aparte de las casas nobles, tenemos el Ayuntamiento, construido en un estilo que difícilmente se puede superar en la arquitectura civil aragonesa. Allí residieron los obispos de Lérida hasta que tuvo lugar la desamortización. Pero aquellos edificios si fueron notables por su arquitectura, lo fueron tanto o más por los ilustres personajes que en ellos nacieron, como los del apellido Gómez- Alba, el arabista Francisco Codera, vecinos de casa Guilleuma, los de casa Camón y los de Bardaxí y de Capri. La casa de Cerbuna vio nacer al fundador de la Universidad de Zaragoza,Don Pedro Cerbuna.En Fonz se encuentra casa Montroset,en la que nació Irene Montroset que descubrió la mercromina. Esta casa la posee actualmente mi amigo Jorge Doz,que pasó su niñez en Fonz, conociendo infinidad de detalles, no sólo en los actuales tiempos, sino a lo largo de la Historia. Podría narrar hechos de la casa Ric y del Archivo-Biblioteca de los Barones de Valdeolivos, pero me sedujo un hecho que me contó Jorge y voy a tratar de exponerlo a los que admiran la identidad de Fonz.He considerado el arte, pero no he hablado de la Literatura,que procedente de Fonz, inculcó en mí, José Antonio Llanas Almudévar, regalándome el libro Pitiusa, escrito por su tío José María Llanas Aguilaniedo(1875-1921).Nació este genio en Fonz y fue uno de los primeros modernistas españoles, como aquel que quisiera renovar la gran cultura de viejos siglos de Fonz. Su obra ha sido muy valorada por Cejador y Clarín, pero al perder la razón en 1912, fue olvidado y vivió retirado en casa de mi primo hermano José Antonio Llanas de Huesca. Entre sus novelas principales se encuentran Navegar pintoresco y Pitiusa. Esta obra es una de las mejores de la literatura española. José María hizo llegar el modernismo a España, notándose su adelanto hasta en la Medicina y en la Cirugía.Y la demostración de este adelanto me la reveló Jorge Doz. El con un grupo de muchachos recorría los parajes semiabandonados de aquellas antiguas casas nobles y en una de ellas encontraron una mano de madera. Dice Jorge que aquella, perteneció a un embajador español en Filipinas, al que le faltaba una mano. Nadie les explicó que destino tenía, pero ellos jugando, apretaban en la muñeca una señal y se subían sus dedos, apretaban otra y se cerraban. Ahora si es necesario implantarle una mano a una persona que le falta, se le transplanta, pero en aquellos tiempos, era imposible. Sin embargo ya pensaban en hacerlo y con esa mano de madera de Fonz, era lo que intentaban. Fonz no es recordado como se merece su pasado, pues la mano de madera está olvidada, como casi lo está la maravillosa obra literaria de José María Llanas Aguilaniedo.

Venta de Ballerías

Siempre me ha llamado la atención la aldea de Venta de Ballerías, que se encuentra, próxima a la carretera, que baja a Sariñena desde Huesca. Después de pasar por Huerto, se desvía hacia la izquierda para ir a Berbegal y en una altura cercana a este desvío, se alza Venta de Ballerías. Tiene, escasamente catorce habitantes y es que sus tierras fueron del Conde de Guaqui y sus habitantes eran colonos de las mismas. Yo conocí al administrador del Marqués, perteneciente a la conocida familia, procedente de Casbas, de los Domingo. Y estuve en distintas ocasiones en su casa, porque mi hermano mayor, Manolo, tenía una gran amistad con el que luego llegó a ser Notario, a saber don José María Domingo. Su hermana Matilde, que más tarde se casó con un Ingeniero Agrónomo de Zaragoza, era y sigue siendo, gracias a Dios, amiga de mi hermana María. Luis Arasanz todavía recuerda con nostalgia las estancias del Administrador en su pueblo, donde, a veces pasaba dos o tres meses. Me decía Luis en lo alto, donde se asienta la iglesia parroquial de Torralba de Aragón, cuando se celebraba la entrega de la misma a sus fieles, después de ser restaurada, que el administrador no era una molestia ni una carga para los vecinos de su aldea, porque pagaba religiosamente su manutención. Pero yo notaba en mi amigo y en su convecino Pascual Ferrer, una especie de tristeza por el abandono de su destruida iglesia allá en Venta de Ballerías, al contrario de la restauración que se estaba inaugurando en la iglesia mudéjar de Torralba, que llenaba de alegría a todos los hijos de este pueblo y de la comarca. Se llena el corazón de melancolía, al escuchar a dos hombres, hechos y derechos y con profunda ilusión religiosa, quejarse forzados por el alegre acontecimiento, de la ruina de la iglesia de su aldea. Tiene Pascual dos hijos y, sin decir nada, adivinas como lamenta el tener que vivir en Huesca, para que puedan asistir a la escuela. Este pueblo no tuvo nunca iglesia parroquial, pero una antigua Duquesa, se preocupó de levantar una hermosa iglesia para atender espiritualmente a los colonos. Aquella iglesia inspiraba gran devoción a los fieles, pero después de entregada por el administrador Domingo a la comunidad eclesial, en lugar de conservarla, se llevaron las tejas enormes, pues debían de ser del siglo XVII y unas piezas pétreas para colocarlas, no me acuerdo dónde me dijo Luis. Cuando venía el Obispo, celebraba la misa en el edificio de la Escuela, ya cerrada hacía muchos años y obsequiaban al Señor Obispo con agradables manjares. Pero sin embargo, no abandonan Venta de Ballerías, aunque no haya obispo ni iglesia, pero mezclan la tristeza de la destruida iglesia con el recuerdo y la realidad alegres de los ratos pasados en ella y les queda el consuelo de haber levantado en el siglo XIII o XIV, una ermita a la Virgen de Puimelero, encima del lugar donde se unen los ríos Guatizalema y Alcanadre y allí acuden todos los años, los vecinos de Venta de Ballerías el día nueve de Mayo, Fiesta de San Gregorio, el día diez van los de Torres de Alcanadre, el quince, día de San Isidro los de Huerto y el Domingo de Pascua, van a venerarla los de Peralta de Alcofea. A esos pueblos del Somontano de Barbastro y de los Monegros, los unía la presencia de un ermitaño llamado Joaquín ,acompañado de su esposa Felisa, que vivían en la vivienda del ermitaño , que todavía se conserva y tenían una huerta a orillas de los ríos y subían cada domingo a Venta de Ballerías para oír misa. Llevaba siempre consigo una “capilleta” con una imagen de la Virgen de Puimelero, que todos los vecinos besaban y echaban una limosna para mantener el culto de la ermita. Ahora están sin ermitaño y no se acuerda de su iglesia, como ellos recuerdan siempre, ni el señor Obispo.

viernes, 23 de abril de 2010

El Hombre , el Caballo y el Toro


En la antigua Iberia, es decir en España, se encontraba el hombre acompañado principalmente por caballos y por toros y el íbero, inteligente, quiso hacer amistad con ambos. Con el caballo lo logró rápidamente. Y todavía después de muchos siglos, les une una amistad que casi los identifica. Ya lo profetizaron los clásicos con el mito del Centauro, que tenía su tronco humano, con su cabeza y sus brazos, en tanto el cuerpo era el de un caballo con sus cuatro remos y su rabo. Al toro lo han amado mucho los íberos e incluso en nuestros tiempos se han elevado hermosas siluetas de toro, sobre las colinas, pero salvo algún pastor que vivió con él en las ganaderías, no ha conseguido el hombre ser amigo íntimo del toro, como lo ha sido del caballo. Van cambiando las costumbres y parece ser que la introducción de la vaca holandesa berrenda en negro, gran productora de leche, empezó a promover que los habitantes de alguna gran ciudad, miraran a los toros y a las vacas bravas, con poca simpatía. Pero todavía quedan ciudadanos como José María Sorribas, nacido en el pueblo de Ibieca, que recuerdan con nostalgia su vida en común con novillos de origen bravo. Me contó que cuando tenía unos dieciocho años, bajaba a Tardienta y le compraba a un tratante, llamado Antonio Álvarez y apodado como el «Campando». Le llegó a comprar una docena de esos novillos que sin recibir la denominación de bravos, lo eran. Procedía de Navarra y varios pueblos de las Cinco Villas, como Ejea o Fuencalderas. Aquellas vacas que criaron a estos novillos eran terribles recién paridas y no se podía el hombre acercar a ellas porque le acometían. José María Sorribas conducía, de cuatro en cuatro novillas, de unos tres meses, desde Tardienta a su pueblo de Ibieca. Era aquel viaje una procesión de sufrimientos y dolores, porque aquellos novillos llevaban sangre del "tauros ibéricus" y aunque no tenían tanta bravura como los destinados a las corridas, acometían y tenían que castrarlos para que trabajaran como bueyes. Eran auténticamente bravos, pues al sacarlos de Tardienta, de la compañía de sus madres, a cada instante retrocedían, hasta que llegaban al Castillo de Cuervo, que está a unos doce kilómetros de Tardienta y cerca de Sangarrén. Al llegar a Cuervo estaban cansados y ya no causaban tantas molestias. a Sorribas. Por caminos viejos y poco usados iban de Sangarrén a Albero Alto y luego a cruzar por la ermita de Bureta de Fañanás, al empalme de Liesa e Ibieca. Llevaba Sorribas, como pastor, una buena vara de avellano, pero al llegar a Ibieca volvían a sublevarse, tanto más cuanto más comían. Atacaban fuertemente cuando estaban hartos y aquella manifestación le hizo pensar a José María, que tal vez fueran animales destinados a vivir en soledad, en amplios prados y bosques, donde hubiera paz y no tuvieran enemigos. Es más, cuando en Ibieca los soltaban a abrevar a la fuente, si encontraban mujeres qué iban a buscar agua, las acometían, las tiraban por el suelo y les rompían los cántaros. José María no atribuía a estos hechos su afición a las corridas de toros, pero cuando en la plaza de toros se sentaba en su puesto, se le revolvía la sangre con la de aquellos novillos, que quizá tuvieran la misma que los Carriquiris, que tenián sus antecesores en Navarra y en Ejea. Lo que vio Sorribas en aquellos novillos procedentes de Ejea, lo descubrieron, por ejemplo, aquella monja de clausura, que me contó, que allá en Gella, provincia de Teruel, vio ya hace unos sesenta años, una corrida de toros, con la participación de una joven rejoneadora y que su satisfacción artística fue enorme, pero como los portugueses, se quejaba de la muerte de los toros. Y yo a los cinco años de edad, me asomé cierto día al balcón que asoma al corral en nuestra casa de Siétamo y vi que estaba lleno de vacas "rayas" y negras, que llevaban colgando de sus cuellos unos troncos de madera. Eran para impedirles emprender carreras por los caminos, ya que las llevaban a Barbastro. Lo que dijo Sorribas de que los toros tal vez deberían encontrarse en grandes bosques y prados y vivir en paz, lo descubrieron también los poetas, que pensaban que existía una guerra entre los hombres y los toros. En el Libro Número Uno de Cossío, está escrito lo que un poeta soñó con los toros: "Partido en dos pedazos, este toro de siglos, -este toro que dentro de nosotros habita: -partido en dos mitades, con una mataría- y con otra mitad moriría luchando ... ". Pero no fueron solo los hombres sencillos, como Sorribas y los poetas, cuyas poesías acabamos de leer, los que se dieron cuenta de los misterios del toro, sino que también artistas geniales como Francisco de Gaya. Este pintó treinta y tres láminas de aguafuertes, sobre la Tauromaquia, tema que tanto amó, ya que dicen que en su juventud, realmente toreó. En estas obras se ven multitudes de ciudadanos con expresiones contradictorias, que son como contrastes. Son contrastes entre "La Diversión" y la tragedia. Parece ridiculizar a los ejércitos de Napoleón, que ejecutaron "Los fusilamientos" de aquellos que ya sabían de sangre, por su asistencia y contacto de siglos con los toros, que hizo patentes en los cuadros de "La Tauromaquia". Picasso con su arte pictórico no solo toreó con los misterios del toro bravo, que en algunos cuadros les pintó una cara bondadosa, sino que alabó la belleza del caballo y su amistad con el hombre ibérico. Su arte lo dedica a la muerte, no solo del hombre, sino también la del toro y la de los caballos. El año de mil novecientos treinta y tres, expuso una verdadera obra maestra sobre este tema, titulada "Corrida: la muerte del caballo", en la que se ve la actividad del toro y del caballo y se contempla la muerte del torero, que aparece sobre la cabeza del toro, vestido con su llamativo traje de luces de colores verde y oro. El vientre del caballo perforado por los cuernos del toro está echando sus intestinos sobre el rojo capote que parece ser una alfombra tétrica en el suelo. El toro estaba también destinado a morir, lo que da la impresión del significado necrofílico de los toros. Picasso trata de comprender el misterio de los toros españoles y como no puede expresarlo con palabras, lo pinta en la cabeza del toro con amor, haciéndola aparecer en medio de la terrible escena con una gran nobleza, que hace dudar a los que atacan la fiesta taurina y a los que la aman. Igual que lo que pensó José María Sorribas, que le llevó a decir "tal vez fueran los toros animales destinados a vivir en soledad, donde tendrían paz sin enemigos". Las corridas de toros han sido mal vistas por los extranjeros, pero hay que tener en cuenta que el Señor puso a estos bravos animales sobre la Península Ibérica y del contacto con los íberos, surgieron aspectos románticos como el pastor tranquilo sobre aquellos prados con encinas, a cuya sombra se acuestan, por otro lado viene la "Diversión", que representó Gaya, en la que se mezclan la vida y la muerte. Pero no tenemos por qué avergonzarnos de los toros, como debían hacerla con las cacerías de raposas en Inglaterra, las luchas de gallos, por ejemplo en la República Dominicana, las luchas organizadas de perros, la monta de una especie de búfalos cheposos en Estados Unidos y Méjico y hoy día algunas carreras destructivas de vehículos con la muerte de sus conductores en algunos países. Pero Picasso fue capaz de torear con su arte el miedo a la muerte, pero no solo del toro sino también del hombre y del caballo y resucitó la visión del Minotauro. Por eso, unas veces, pinta la cabeza del toro con rasgos de nobleza y de bondad, y en otras "con una loca agresividad". Parece ser que Picasso buscaba una explicación del comportamiento del toro y resucita la figura del Minotauro, como enemigo de los hombres, igual que pintó el Guernica, con el que maldice la violencia de los que la bombardearon, haciendo morir a tantos ciudadanos. Así como en las plazas de toros se exhiben capillas con Cristos, Vírgenes y Santos, entre los cuadros de Picasso, aparece Cristo en la Cruz, con su brazo derecho suelto y con un capote en la mano. En la mente del poeta Rafael Morales, se plantean preguntas como la siguiente: "¿Qué tenebrosa fuerza, qué delirio- mueve los corazones de estos toros?". Esta misma pregunta se hacen Picasso, Sorribas, la monja y yo mismo; al contemplar las corridas de toros: "¿Qué río de odio, de dolor, de ira,- se despeña en las astas,- y qué secretos ángeles de vino- enloquecen la tarde plateada?".

lunes, 19 de abril de 2010

La sabiduría y la opinión

Me he encontrado, en un kiosco, con un amigo que es, nada menos, que profesor de Física, pues es licenciado en Ciencias de tal categoría. Ahí mismo, los clientes pensaban en qué periódico iban a comprar, para consolidar sus ideas o para ver las opiniones de los hombres, que viven en nuestra sociedad. Pero mi amigo Ramón empezó a derramar sus sabias palabras, organizadas por su cerebro y yo pienso si lo serían por las leyes de la Física. Se expresaba así: “ Hoy día no se escriben en la prensa pensamientos no equilibrados ni lógicos ni teorías que puedan aportar soluciones a todos los problemas sociológicos, que se presentan frente a la Sociedad.”. Yo pensé: ”este hombre tiene razón, porque ahora estamos en crisis, estamos bajo la influencia de las cenizas del volcán de Islandia y nos encontramos ante la indefensión de la “Capacidad Humana”, para resolver estos y otros fenómenos, unos derivados de la Naturaleza y otros de los “Ideales Políticos”.

¿Qué son ideales políticos?, pues son unas ideas , que cada partido escoge como ideas básicas para regular la prudencia humana. ¿Cómo se defienden estas ideas?. No se sabe porque la prensa no los comenta, sino que está pensando en su negocio empresarial de miles de millones. Mientras tanto a los pensadores, propiamente dichos, no se les permite entrar en esos terrenos, que reciben el nombre de políticos.

Estamos en el siglo XXI, en que los políticos tienen más poder, que en toda la Historia han tenido, en imperios, monarquías, repúblicas e incluso en dictaduras, en todos los campos del pensamiento humano.

Y la gente está como abstenida o privada de saber las opiniones de este mundo y de expresarlas ellos mismos, para obtener el bien general.

Los sabios siguen trabajando en sus laboratorios, por ejemplo allá en los Alpes y piensan en la recreación del Universo, que como dice la oración al Espíritu Santo, “envía Señor tu Espíritu y todas las cosas serán criadas y renovarás la faz de la Tierra”

La prensa calla las ideas, pero a los sabios que trabajan en el nuevo acelerador de partículas, en los Alpes, no sé quien les ha inspirado la idea de llamarlo “La Cadena de Dios”.

Antes los sabios sabían un poco de todo y ahora saben mucho de alguna especialidad y nada de otras. Así no pueden intercambiar ideas.

Fiestas y penas de Siétamo

Ramón J. Sender es el escritor aragonés, que mejor recoge el amor y la reverencia a aquellos pueblos, ya desaparecidos o actualmente en vías de desaparición. Las impresiones que de su contemplación recibe, nos hacen recordar las nuestras, como por ejemplo, aquellas que recibimos al ver aquella pequeña calle, empedrada, no se sabe si en tiempos de los romanos o en la Edad Media. De los romanos se encuentran todavía las piedras, que cubrían la Vía, allá por el desaparecido pueblo de Sexto; igualmente se pueden admirar trozos de murallas medievales, la base del Torreón del Castillo o la tumba excavada en una piedra, con la forma del cuerpo humano. Estas impresiones nos hacen reflexionar sobre los problemas inter raciales, sociales, políticos y religiosos, que entran a formar parte en la vida de los hombres. Ahora vemos como los moros vuelven a vivir entre nosotros, como vivieron en Siétamo, en Ola o en Olivito, hasta el año 1613. Sender hizo el Servicio Militar en el Rif y experimentó la personalidad de los tuaregs. Escribe en su libro “Monte Odina”: ”Un tuareg. Más tarde conocí otros y me familiaricé con alguno de ellos. No son árabes… La plebe tuareg se llama a sí misma berberisca y habla selha”. Identifica a los berberiscos con los íberos y llegó” a la conclusión de que los habitantes de las montañas españolas- Pirineos, sierras de Albarracín, Alpujarras-son muy parecidos a los tuareg. Las mujeres ansotanas, por ejemplo, se peinan como ellas. A Sender siempre le pareció el Castillo de Siétamo una fortaleza árabe o berberisca. Y dice que su señor, que por cierto era mi abuelo Don Manuel Almudévar Vallés, allá por el año 1920 “era modelo y ejemplo estupendo de caid o sheik con su pálida cara ovalada, su barba tuareg, su tez de camellero del desierto y sus anchos y hondos ojos sombríos, en cuya fijeza había sugestiones misteriosas y ancestrales”. Don Ricardo del Arco, cita la antigüedad de este catillo-palacio en el siglo XIII y Sender dice que “una mirada al exterior del castillo-casa de labor, basta para ver que la relación entre el castillo y el pueblo es la de los burgos castrenses”. Es fácil comprender que el castillo ha sido anterior a la aldea. Quizá los árabes encontraron los restos de un castro romano y allí instalaron una fortaleza. La historia antigua es difícil de reconstruir, pero la moderna está llena de confusiones. Yo siendo un niño iba al castillo con mi tío José María a ver los nidos de palomas que estaban en la parte alta. Pero Sender escribe, confirmando la confusión de la Historia:”En Quicena nace el sol,-En Montearagón la luna…” y en la mente de la gente, giran el sol y la luna; “todo el pueblo tenía un aire de dependencia del castillo”. A Sender le informaron el alemán Gustavo Regler y el inglés Ralph Bates, que por correspondencia le “dijeron que Siétamo quedó totalmente destruido”. Pero Sender no veía las cosas claras desde los Estados Unidos y como él mismo escribe: “no puedo creer que el castillo-palacio de los Abarca de Bolea, se dejara arrasar fácilmente, porque los cañones de Huesca eran gruesos morteros que disparaban granadas rompedoras de gran calibre”. Pero eran morteros. Ya lo sospechaba Sender, porque en el día de hoy, se ve que los cañonazos venían del Este, como se puede comprobar al mirar las paredes de casa Santolaria, al lado del castillo y en las casas de la Plaza Mayor, íntegras por el Oeste y acribilladas por el Este.

Pero Ramón j. Sender, decía del castillo-palacio:”Es uno de los que me hubiera gustado habitar” y como yo, con mis recuerdos de niño, nos acordamos de aquella frase, que escribió:”Tengo en los picos de Aneto-La luna y las Tres Sorores,-En Huesca las añoranzas –Y en Siétamo los amores”. Esta copla la cantaban, como dice Sender “por las calles de Siétamo, las noches de ronda”, cuando llegaban las Fiestas Patronales.

“Tenemos en Aragón tres cuartas partes de substancia beriber, y los que no la tienen son como dicen en el Somontano, unos poca substancia” y de la poca substancia que causó el origen de la Guerra “el castillo tuvo mala suerte. Incendios, saqueos, abandono”.

El Castillo –Palacio era del Conde de Aranda, Don Pedro Abarca de Bolea y el año 1865, Don Manuel Almudévar y Cavero compra a Don Manuel Gavín y Betrán, que a su vez compró el año 1861 al Excelentísimo Señor Duque de Hijar, Conde de Aranda, la finca denominada Palacio, ante el Notario Don Sebastián Ferrer, vecino de Barluenga, el 25-2-1865. Por allí pasaron las sucesivas Fiestas y Guerras por la Villa de Siétamo, ”país refractario al cambio, porque todos los cambios han sido en su Historia acompañados de violencia y de sangre”. No hubo en toda su historia ningún cambio, hasta que después de la Guerra Civil, el Gobernador, requirió a mi padre para que le vendiera al Servicio Nacional del Trigo un edificio, levantado en el terreno de mi padre, sin autorización y un solar. En las Escritura antiguas, limitaba el Palacio por el Norte con casa de Tomás Santolaria y Calle Baja y en la Escritura que se firmó para vender un edificio y solar al Servicio Nacional del Trigo, pone que limita al Norte con Vía Pública y Terreno del Vendedor.

En su libro “Monte Odina”, habla Sender de aquellos recuerdos y escribe.”Todas estas consideraciones me dejan incómodo y deprimido. La atmósfera política es siempre maloliente sobre todo cuando huele a sangre. Es lo que pasó en Rusia y en “Siétamo”, desde 1936 a 1939”. Los miembros de las milicias de distinta índole destruyeron el Palacio del Conde Aranda, por ser Conde y los nacionales lo arrasaron por ser masón. Pero Ramón J. Sender, veía la solución de los problemas humanos en la poesía, pues escribe:”También a mí me gusta San Juan de la Cruz más que ningún otro poeta español, pero mi misterio está más cerca porque creo que en mi casa está Dios también”. Y Sender se comunicaba con el Señor por medio de aquel niño, del que decían se lo había llevado el cometa Halley el año 1909 y que “por la galaxia lechosa-cuajada de eternidades-va el cometa con la rosa-que anuncia calamidades”. Igual que Sender se comunicaba con Dios por medio del “mesache” Froilán, montado en el cometa, los sietamenses se comunican por medio de San Pedro Mártir, que está en el Altar Mayor de la Iglesia de Siétamo.

domingo, 18 de abril de 2010

Nasarre y otros pueblos del Parque de Guara

Paseando por La Alameda he entrado en conversación con un señor y al escuchar su voz, me he dado cuenta de que era montañés. Le he preguntado que de donde era y me ha contestado que de Nasarre. El me ha preguntado a mí, si sabía dónde se encontraba su pueblo y entonces le he contestado que ya hace muchos años, yo iba por la carretera que sube de Huesca a Sabiñánigo y a la derecha de La Manzanera que se encuentra sobre Arguis, cogía una ruta, desde luego penosa, que pasando por Belsué, por su embalse de Santa María, cerca de Lusera y siguiendo por Ibirque, llegaba al pueblo de San Urbez, es decir a Nocito. Desde este lugar, dejando a un lado Abellada y Azpe, pasando por Used y por la Pardina de Zamora, se llegaba a Bara. Desde el Somontano, por Santolaria, subían los vecinos de Used, cuando volvían de llevar patatas para sembrar y subir aceite y vino para su consumo, en los lomos de sus caballerías. Subían por Cuello Bail y al llegar arriba, podían ir a Nocito o por la derrecha regresar a Used o a Bara. En Lusera se veía la iglesia en un lugar elevado, y en la parte baja, en un espacio amplio, estaban las comederas de ganado lanar y en Bara saludé a un ganadero, noble, que vivía en aquellas soledades, pero que conocía a todas las personas de aquellos pueblos de la Sierra y del Somontano, con un sentido de la hospitalidad, que por desgracia ya casi no existe en las ciudades. Leandro Campo de Nasarre también lo conocía y comprendía, pues él también guardó ganado lanar en Nasarre y en Ola, en Casa de don Antonio Otal. Estuvo como su paisano de la Sierra, San Urbez, cuidando el ganado, no sólo en sus montes, sino también en el pacífico pueblo de Ola. Para pasar de Bara a Nasarre y a Otín, hay que hacerlo por encima del río Alcanadre, cuyo paso sólo estaba protegido por puentes de madera, que no ofrecían gran seguridad. Los niños de varios pueblos, como los de Letosa, Nasarre, Bagüeste y otros acudían a la Escuela de Otín. Entre los alumnos estaba Leandro Campo de Casa Campo de Nasarre. Eran tres las casa abiertas en Nasarre, además de la de Campo, estaban Casa Laliena y Casa Español. Su hermano Pascual, el heredero marchó con su madre y con su esposa, a vivir a Barbastro, hace unos cuarenta y dos años. Leandro se fue de Nasarre a los veintisiete años a pastorear las ovejas propias, junto con las de Otal de Ola y eran más pequeñas que éstas, con manchas negras en las orejas, la cabeza y el resto de su cuerpo. No sólo iban a la Escuela, sino que tenían que pasar los puentes sobre el Alcanadre y sobre el Mascún, para aisitir a los entierros de sus paisanos, cuando se iban al otro mundo. Se conserva en Nasarre la iglesia del siglo XII, de estilo “Románico de la Montaña” y en la casa donde nació Leandro, en la dovela de la entrada está esculpida una bella flor y al lado la fecha de su construcción. Recuerda con gran amor a su familia, pero se amaban con locura con todos los vecinos del pueblo y de los alrededores, pero ahora, que ha llegado la globalización a las ciudades, ya casi no se conoce la gente. Pero al marchar cada uno por sus caminos, no se olvidan del pasado, pero tienen otros problemas, y exclamó: ”¡qué bien se vive en Huesca!”. Se acuerda con nostalgia de aquellos tiempos, pero vive bien en Huesca capital, lo que le impide derramar lágrimas.

Salto de Roldán u Osca

Salto de Roldan Cuando uno pasea por la Calle del Desengaño, la más larga de Huesca, antes de llegar al edificio conocido por El Amparo, hay...