viernes, 12 de abril de 2019

Cañonazos en Siétamo, durante la Guerra Civil


El día  tres del  mes de Septiembre de este año de 2012, los albañiles de Siétamo, sacaron a la luz una bomba de cañón entera y sin sufrir más daño que los que el tiempo produce en el hierro, enterrado bajo tierra, y hoy, día cinco, cuando todavía estaba yo, escribiendo y comentando “reliquias”, producidas por la Guerra Civil, escribiendo de los cañones y cañonazos, me dijeron los hermanos Gabardilla, Jose Angel y Jorge, que ha aparecido otra, muy cercana a la primera. Dicen que pertenecen ambos proyectiles al siete y medio. Han aparecido estos proyectiles en la parte oriental de Casa Palacio de Agüero, en la que nació su madre, Nieves.

Sender en su libro, se lamenta de la destrucción que causaron los cañonazos de los sublevados, concretamente en Siétamo, aunque parece dejar esa afirmación en duda, ya que dice: “No sé lo que los cañones sacrílegos de  Montearagón dejaron en pie en Siétamo. Si dejaron algo”. El escribió sobre esa destrucción,  después de huir a Méjico, donde estuvo refugiado durante catorce años, para pasar a continuación a los Estados Unidos. La  guerra Civil no la pasó él en Aragón, sino en Madrid, de modo que  oyó hablar del asedio de Huesca, y no tuvo seguridad de lo ocurrido en su tierra aragonesa. En el libro de Sender, titulado “Monte Odina”, pone: ”Incluso en sitios tan tardíamente recuperados como Siétamo, cerca de Huesca, de la casa de Bolea, Aranda, Abarca…y últimamente de amigos míos. Digo últimamente  pensando en tiempos anteriores a la guerra civil”. Los amigos de que escribe Sender, fueron en su memoria el Conde de Aranda Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, pues escribe del Castillo: “Realmente es un enorme caserón con más de palacio señorial que de castillo guerrero, desde que el Conde, fundador de la fábrica y cerámica de Alcora, lo convirtió en casa de labor”. He dicho que Sender era amigo “en su memoria”, del Conde de Aranda, porque éste murió en los finales del siglo dieciocho y le guardaba respeto y admiración, entre otras cosas por ser un creador, entre otras muchas,  de la fábrica de cerámica de Alcora, pero  estuvo Sender, gozando ”últimamente de amigos míos. Digo últimamente pensando en tiempos anteriores a la guerra civil”. De mi difunto padre recogí yo datos de la amistad entre el padre de Ramón J- Sender y el mío propio. El padre de Sender era,   director del periódico oscense “La Tierra”, del que mi padre era copropietario con otros oscenses. En ese periódico trabajó en algunas ocasiones Ramón J. Sender. Mi padre comentaba las conversaciones que tuvo con Sender padre y su hijo Ramón J. Sender, del que acabo de escribir sus palabras, que se refirieren a los dueños del Castillo, a saber los Almudévar de Siétamo:” y “últimamente, (el castillo) de amigos míos. Digo amigos míos pensando en tiempos anteriores a la guerra civil”. En aquel castillo que “realmente es un enorme caserón con más de palacio señorial que de castillo guerrero”, estuve yo con frecuencia, cuando tenía cinco e iba a cumplir seis años de edad. Iba con mi tío José María que me subía cuando iba a llegar el invierno, a quitar los nidos de las palomas que teníamos en el último piso, para que con la falta de alimentos en los montes de Siétamo, las parejas de palomas, dejaran de criar pichones, expuestos a morir de hambre. En las distintas habitaciones del castillo, llegaron a vivir hasta catorce familias, según mi padre. Y según la hoy difunta madre de un albañil notable que trabajó en las dos torres del Pilar de Zaragoza, que miran al río Ebro, me habló hace poco tiempo de la vajilla antigua ,que se encontraba todavía en el castillo.

Sender,  en América, continente lejano de su tierra, no tenía noticias concretas de lo que pasaba en esa cruel guerra. Se acordaba con cariño del Conde de Aranda, precursor del progreso en el siglo XVIII, pues como dice el mismo Sender, convirtió el Castillo guerrero en una, entonces moderna explotación agraria, como se ve al contemplar el almacén de productos agrarios, ya casi destruido, con fecha en su portal de 1747. El Conde participó en la guerra contra Portugal, en que pasó al dominio de España el pueblo de Olivenza; luchó por la paz en el mundo en las embajadas de Moscú, de Polonia y de París, se preocupó de la libertad, que él quería dar a distintos países de Hispano-América, pero al retirarse a Epila, cabalgando  sobre su caballo, experimentaba el desarrollo de ciertas plantas pratenses, para llegar a una producción de carne, para el consumo de los españoles.

Se acordaba también Sender, de “ese castillo que me ha parecido siempre una fortaleza árabe o berberisca. Quizá porque el señor ( Manuel Almudévar Vallés, mi abuelo), que la vivía en 1920, era un modelo y ejemplo estupendo de caid o sheik, (más bien  hacía luchar al castillo, por el progreso de la agricultura y de la ganadería), con su pálida cara ovalada, su barba tuareg, su tez de camellero del desierto  y sus anchos y hondos ojos sombríos, en cuya fijeza, había sugestiones misteriosas y ancestrales”. Sus sugestiones misteriosas y ancestrales, consistían en convertir los viejos molinos del río Guatizalema en una, entonces, gran Fábrica de Harinas, en unión del ingeniero Bescós, padre de Silvio Kosti. Los tuaregs, habitantes anteriores de Marruecos, a los árabes, eran parientes de los íberos. Sender los había conocido en la Guerra de Marruecos y admiró su nobleza antigua, relacionada con los íberos españoles. A algunos adornos de las ansotanas, se les atribuyen un origen común con los tuaregs, así como a otros ropajes de los fragatinos. Aquellos años fueron una revolución de ideas, que confundieron al mismo Sender. Él amaba al Conde de Aranda y definía con un origen primitivo a mi abuelo, pero sus, en otros tiempos, apreciados comunistas y anarquistas, no pensaban como él y   parece ser que Sender, no creía que los miembros de bastantes sindicatos, que invadieron Siétamo, fueran capaces de prender fuego al castillo, porque escribe: “Pero no puedo creer que el castillo-palacio de los Bolea (con sus muros de dos metros de espesor) se dejara arrasar fácilmente, aunque los cañones de Huesca eran gruesos morteros que disparaban granadas rompedoras de gran calibre”. Parece ser que a esos miembros de la revolución, les agradaba quemar los edificios, pues la señora Concha Ferrando Periga, alias   “Concheta”, me contaba con cierta frecuencia, que un día se encontró con varios milicianos, que se dedicaban a incendiar y al ver que lo iban a hacer en casa de Almudévar, les dijo:  “no se dan cuenta de que si queman este edificio , no tendrán donde refugiarse” y aquellos destructores dijeron, mirándose unos a otros: ”pues esta mujer tiene razón” y se marcharon sin quemarla. Durruti instaló su despacho, durante escaso tiempo, en el cuarto de costura, de casa Almudévar.

¡Cómo se ve el contraste entre la real  quema del castillo por los anarquistas y su supuesta destrucción por los cañones de Huesca, pues a Siétamo, lo cañoneaban para conquistarlo, no los cañones de Huesca, sino los que venían de Barcelona.   Estas dos ocasiones, la primera producida por la entrada en Siétamo de los milicianos de FAI, la CNT hasta el año de 1937, en que se dio al Ejército Republicano el poder de dirigir la guerra.  Los cañonazos venían del oriente,  es decir de la parte de Barbastro y en la segunda fase, cuando entraban los “nacionales”, provenientes de Huesca, de allí venían las balas de cañón, pero parece que los nacionales lanzaban los cañonazos, por encima del pueblo,  para que cayeran en los campos del lado oriental. Por lo visto hacían como los aviones, que me explicó mi amigo y contemporáneo Rafael Bruis Vilellas, que volaban por encima del pueblo y lanzaban  las bombas por fuera de él. Uno de esos aviones, tal vez averiado, aterrizó encina del Campo de Pablo Bibián, conocido en Siétamo por Pabler, siendo cogido preso el piloto, al que un batallón entero fusiló. El piloto se puso frente a que los asesinos y cuando dieron la orden de disparar, se volvió de espaldas y murió sereno, lleno de fe, en una futura paz para el pueblo español. Quedan, además de mis recuerdos, los de escasas personas que vivían en Siétamo, en aquella guerra. Entre ellos están Joaquina Larraz, viuda de Bruis y mi compañero en la Escuela Municipal de Siétamo, antes de la Guerra Civil, Rafael Bruis Vilellas. Eran diferentes el comportamiento de las ideas,  que llamaban progresistas y el de los sencillos ciudadanos, que no buscaban la muerte de sus hermanos. Por eso, cuando,  entre los que montaban las balas de cañón en la zona gubernamental, según he recibido noticias de personas enteradas, ponían una perrica, moneda de cobre de un céntimo entre la espoleta y la carga  explosiva, de tal forma que, aproximadamente el cincuenta por ciento de los proyectiles no explotaban. Estaba España metida en una Guerra Civil,  pero los que podían trataban de evitar la muerte de sus compatriotas, parientes y muchas veces hermanos.    

Recordando los relatos de hijos de Siétamo,  ya difuntos y de otros mayores de edad, como Joaquina Larraz, Vda, de Bruis, de ochenta y tres años de edad en este año de 2012, sí que hubo bombardeos sobre Siétamo, pero no sobre su núcleo, ya destrozado. Cuando ya perdía fuerza el cerco del gobierno y de los sindicatos, alrededor de Huesca, las fuerzas rebeldes, habían adquirido más fuerza y más poder, para lanzarse a reconquistar Monteragón, Siétamo, Barbastro y Barcelona. Entonces, sus cañones se disparaban no sobre sobre el núcleo de Siétamo, pero si muy cerca de él.  Los civiles tenían que refugiarse, al principio en la “Caseta de los pobres”, ocupada por el pueblo, contra los cañonazos que venían,  ahora, del occidente, es decir de la parte de Huesca. Pero a pesar de su aparente resistencia, sobre dicha caseta cayeron bombas, que a la señora Juana Periga, natural de Santolaria, por la chimenea le cayeron ruinas producidas por los cañones.   Ellos no sabían si iban a bombardear el edificio de la Escuela y se refugiaban los alumnos en una acequia central del Valdecán, donde murió un hijo de casa Sipán. La escasa población que no había huido de Siétamo o había muerto en la guerra o había sido fusilado o asesinado, sufría por los cañonazos y por las bombas de aviación y buscaba refugios, donde evitar la muerte o las heridas. Hay en  Parizonal,  zona agrícola de Siétamo, una cueva, utilizada por los pastores, para dormir en ella y guardar el ganado en un corral adjunto. Parece ser una cueva primitiva, porque al otro lado del camino, se alzan, entre carrascas, dos monolitos y más abajo, hacia el río, hay una pila de piedra, donde tal vez guardaran el agua, los hombres primitivos. A esa cueva iban a dormir muchas veces aquellos pobres hijos de Siétamo, Estebané Bescós, de Casa Trabuco, gritaba, con  frecuencia:  ¡A Parizonal,  a Parizonal !,  mientras Silvestre Bara, pastor de las ovejas de mi casa, preparaba una olla de judías, para que comieran los pobres refugiados  y cenaran, en su refugio de la Cueva de Parizonal. El pueblo lo pasaba mal y los que íbamos refugiados por Huesca, Jaca y Ansó, estábamos siempre huyendo de los cañonazos y de los aviones. Yo me acuerdo de una niña de Bellestar del Flumen, refugiada como nosotros en Jaca, que murió a causa de un cañonazo que cayó en el Parque, donde ella estaba jugando. Estando en Jaca, llegó a visitarnos, en cierta ocasión, Gabarre de Pueyo, que estaba voluntario de los requetés, acompañado por José Antonio Llanas Almudévar y otros compañeros. Aquella visita consolaba nuestros corazones, porque otros parientes fueron fusilados en Fañanás, como     Vallés Almudévar y su hijo de unos dieciséis años, juicio que ordenó un vecino de Fañanás, analfabeto.

Sigue Sender: “No sé  lo que los cañones sacrílegos de Montearagón dejaron en pie en Siétamo. Si dejaron algo”. Escribe Sender de dos amigos suyos, uno alemán y otro inglés y añade: ”Los dos me dijeron que Siétamo quedó totalmente destruido. Arrasado”. Sender leyó los escritos del alemán Gustavo Regler y del inglés Bates, y le dijeron que Siétamo quedó totalmente destruido, pero por lo visto Sender no se enteró de quien destruyó tal pueblo ni de donde provenían los cañonazos, que derribaron tantos edificios ni los aviones que sobre él volaron.


Cuando contemplas algún muro atravesado por un cañonazo, te das cuenta de que tuvo que entrar en la parte oriental, es decir que habría sido disparado desde tierras dominadas por los “rojos” que venían de Barcelona por Basbastro. Frente a casa de Gabardilla, con su actual apellido de Barta, se ve  el círculo creado por un cañonazo en la fachada de las ruinas de casa de Bruis de la Calle Baja. El joven muchacho, Jesús Angel ayudado por su hermano menor Jorge, me explica que en su casa, que se encuentra justamente enfrente del agujero producido por una bala de cañón, había caído un cañonazo, que derribó la parte alta, con lo  qué, al derribar la parte alta de su casa, dio paso a la bala de cañón que golpeó  en la fachada de Bruis. Hoy, después de setenta y seis años, todavía permanecen en pie las paredes de tal casa y casi coronando su parte más alta, se exhibe el ruinoso círculo, creado por un cañón. Si vamos recorriendo la Calle Baja o del Conde de Aranda, desde las casas de Gabardilla y la de Catevilla, se alzan unas cinco casas más, edificadas por Regiones Devastadas, y que sustituyeron a las primitivas edificaciones, que fueron destruídas por los cañonazos, que disparaban a Siétamo, las fuerzas que venían de Barbastro. Llegamos a la Plaza Mayor, donde se eleva la iglesia Parroquial y en su parte oriental,  se introdujo en sus paredes, una bala de cañón que ha permanecido durante muchos años, hasta que dimos cuenta a la Guardia Civil, que la sacó de la piedra del muro de la iglesia.  Hace dos o tres años, mis nietos colocaron en el agujero que ocupó la bala de cañón, una cruz, que ellos mismos fabricaron con dos palos, atados con una cuerda. ¡Qué sensibilidad tienen los niños ante la crueldad de los cañones!, reaccionando con su cruz, sin haberles preguntado qué significaba para ellos un viejo cañonazo.   También en el corral que cerca la parte oriental de dicha iglesia, un cañonazo abrió un semicírculo en su parte más alta de su tapia o pared, que permaneció en esta situación hasta que los cerraron los albañiles. En mi casa derribaron un piso en la habitación de abajo y en la parte más elevada de la casa, cayeron por obra de los cañonazos, las cuatro paredes, que con un tejado cuadrangular, servían para tomar el sol y poner a secar las ropas recién lavadas. Se restauró la casa, pero ya no ha vuelto a aparecer esa artística terminación del tejado.

Siguiendo por la  Calle Alta, se llega a la era, donde en el pajar, destruido por los cañonazos,  en la parte también oriental de ve en lo alto de la pared otro círculo obra también de la artillería. A mi hijo en el campo, llamado Valdecán, le salió una bala de cañón del siete y medio, que los técnicos de la Guardia Civil, se llevaron, junto con otra bala encontrada en la balsa de la Huerta del Conde de Aranda y la de la pared de la Iglesia, en el corral de mi casa, que cierra el acceso a este proyectil. Estos jóvenes de Casa Gabardilla, José Angel y Jorge, son jóvenes y no estuvieron en la Guerra , pero se acuerdan de ella, por habar tenido que reparar los destrozos producidos por esa Guerra tan cruel, por la explosión en su huerto de un bala de cañón y hoy las dos balas de cañón encontradas en casa de su madre y hermanas, de apellido Palacio. Si tomas parte en una conversación con los pocos hijos de Siétamo que van quedando, uno te recuerda el gran proyectil artillero que encontraron en el chalet del francés Antonio Bergua y otro te cuenta de la bomba encontrada en la partida agrícola de Olivito.

Gracias a Dios esos hallazgos no han producido muertos después de la Guerra, pero José o Pepe Ferrando, siendo un niño todavía, manipulando una bomba de mano,  encontrada en la ruinas de casa de Cavero, le explotó y le dejó sin tres dedos en una de sus manos. Allí los niños, buscábamos balines de las balas de fusil, de lo que yo tanto me acuerdo y que mi primo de Fañanás, cuando subió a Siétamo a lamentar su aspecto de pueblo destruido, escribió de los niños buscando balines.  A Pepe lo nombraron cartero del pueblo y alguacil,  más tarde. Todavía vive, pero su silencio hace recordar, sin comentarios, los crímenes de esa Guerra.



El periódico La Vanguardia de día 29 de Septiembre de 1936, en la página 14, escribe: ”Han proseguido esta tarde, con gran intensidad los ataques de nuestra aviación y artillería contra Estrecho Quinto y Montearagón”. Estaban los nacionales rodeados por los gubernamentales desde el 29 de Agosto de 1936”. La historiadora Carmen Nueno Carrera, escribe que el Montearagón fue asaltado por los milicianos anarquistas, pues sus defensores estaban casi muertos de hambre y que “había un cañón pesado, que probablemente databa del siglo XIX”. Sender escribió que los cañones disparados por los nacionales, destruyeron Siétamo, pero el 29 de Agosto de 1936, no fue posible lograr esos éxitos con un viejo cañón del siglo XIX. Pero los guerreros de los sindicatos tampoco debían tener muchos y buenos cañones, sin embargo Orwell, escribió que “el general que mandaba las tropas del gobierno, dijo alegremente: ”mañana tomaremos café en Huesca”, pero  más serio fue lo que dijo sobre la artillería,:”no sé qué importancia hubiera tenido la captura de Huesca, pero seguro que se hubiera podido tomar en Febrero o Marzo, disponiendo de “artillería adecuada”. A finales de Junio se inició el gran ataque a Huesca, claramente por motivos políticos, para dar una victoria al Ejército Popular y desacreditar a la milicia de la CNT”. Y sigue Orwell escribiendo.” Un número de hombres que estuvieron en el ataque de Huesca, me aseguraron que  el General Pozas había retenido a sabiendas la Artillería, para conseguir que murieran el mayor número de posible de tropas del POUM, seguramente es verdad, pero muestra el resultado de las campañas, como la llevada a cabo por la prensa comunista”. Pero se fueron enriqueciendo las baterías de cañones rusos de 75 mm. “que disparaban desde muy cerca de nuestra retaguardia….y detrás de Monflorite había dos cañones muy pesados que disparaban muy pocas veces al día”. Aquí repite la historia de la escritora Carmen Nueno  Carrera,que decía que en lo alto de Montearagón,  antigua fortaleza medieval, los milicianos del gobierno la habían asaltado, encontrando un solo cañón pesado del siglo XIX.  Estas notas sobre el resultado de las campañas, las escribió Orwell a finales de Abril de 1937, antes de su marcha  a Barcelona, de donde se escapó de España por el peligro que corrían los anarquistas por parte del comunismo.

A medida que avanzaba la Guerra Civil, iban aumentando el número de cañones y de tanques provenientes de Rusia, pues los rusos se cobraron todas sus aportaciones con el oro del Banco de España, que se llevaron a Moscú y del que ya no se ha sabido nada más.

En Ibieca, pueblo muy próximo a Siétamo se preparó una sociedad, en la que trabajaban todos los que fueron dueños de la tierra y los partidarios de la revolución se dedicaban a gobernar los que nunca habían trabajado, según aseguraban ellos.” A medida que la columna de Durruti avanzaba, como en las de la CNT, se iban formando colectividades campesinas que abolieron la propiedad privada, el dinero y el asalariado. Esta legislación, el haber facilitado al Ejército su labor y la pronta aportación de cañones, poniéndolos en lucha, tal vez hubieran hecho que el gobierno ganara la Guerra Civil.

“Fue angustiosa la situación de los sitiados en Estrecho Quinto y Monte Aragón” anuncia la Vanguardia y cuenta unas historias que yo conocía, pero que me satisface verlas en periódico de aquellos años de 1936. Dice el periódico que trescientos hombres y unos cien vecinos de Siétamo, permanecían aislados al aire libre, en lo más elevado del Estrecho Quinto, pasando hambre hasta el día 29 de Agosto de 1936. Entre ellos estaba, que yo me acuerdo de ellos, el Doctor Coarasa, que salvó a una niña de Casa Sipán y se la entregó a su madre, dueña de dicha casa. El Coronel Villalba, coronel de Barbastro, cuyo comportamiento fue con cierta frecuencia favorable a los sublevados, escribió una carta al comandante nacional Carlos de Ayala,  jefe de la posición. Dice la prensa: “un enlace salió rápidamente de Siétamo, para dar cuenta de este diálogo al Coronel Villaba… la carta salió de Barbastro a Siétamo y una mujeruca de ese poblado la hizo llegar a manos de los rebeldes… La vieja avanzó con su bandera blanca por la carretera, hasta llegar a nosotros. Entregó la carta a un soldado, éste se la dio a un alférez; el alférez la puso en manos del capitán Ramón Mesa, que fue quien leyó la carta y la rompió después. Al aventar los pedazos de papel, le oí comentar. ”Mientras quede aquí un fusil, los rojos no entrarán en Estrecho Quinto”….   “ Muchos  campesinos viven ya a la intemperie , y a esa larga lista de víctimas habrá que añadir los trescientos soldados y los cien vecinos de Siétamo que viven en Estrecho Quinto unas horas de pesadilla bajo la metralla de nuestros cañones… Sigue nuestro ataque de artillería y aviación”. “ A media mañana la aviación rebelde voló encima de nuestras líneas y lanzó paquetes de periódicos, principalmente de “El Noticiero de Zaragoza”. Hace dos o tres días que la aviación enemiga parece que está falta de municiones y se dedica a lanzar papeles, que no producen ningún efecto entre nuestras fuerzas”. Tal vez fuera cierto que los nacionales carecían de bombas para atacar al enemigo, pero siendo así, poco daño podrían causar en Siétamo lo aviones nacionales. El día doce de Septiembre se retiraron los nacionales de Siétamo y se posicionaron en el Estrecho Quinto. De aquí el día treinta del mismo mes, se retiraron en medio de dificultades a Huesca. Con ellos marchó la “mujeruca” que provista de una bandera blanca llevó desde Siétamo al Estrecho Quinto la carta del Coronel Alonso de Barbastro. Habla “El Noticiero” de la señora Concepción Ferrando Periga  como de una mujeruca, cuando era una auténtica señora, humilde económicamente pero trabajadora. Nosotros la llamábamos “Siña Concha”, con un gran cariño y confianza, porque ella era, antes de la Guerra Civil, la que nos cuidaba a mis hermanos Luis, Jesús y a mí mismo. Yo tenía cinco años, cerca de los seis y ella me gritaba: “Hijo mío, ¡ladrón!, tú tendrás cien años de perdón”. Por lo que se deducía de que aquí en España, ya había muchos que aspiraban a ser ladrones de gobierno y me gritaba : “¡ Inacier, tu serás ladrón de gobierno!”. No lo consiguió, pero veía un buen porvenir en esa profesión, pues hasta los rusos se llevaron el oro de España. Era una mujer de un físico de baja estatura y ligera de paso. Iba vestida, hasta que se murió, con unas sayas que le llegaban a los pies y su cabeza estaba siempre protegida por una pañoleta. ¡Qué bien desfilaría desde Siétamo por la carretera, hasta el Estrecho Quinto, con su paso ligero con su bandera blanca!. No volvió a Siétamo hasta que no acabó la Guerra Civil y en Siétamo, tenía una pequeña casa, con su corral en el que criaba gallinas y conejos chinos. Más de una vez nos invitaba a merendar a su sobrino, que de niño estuvo de corneta en la Legión y que se retiró en Huesca. Cuando volvimos a vivir en Siétamo, ella vivía con nosotros,  hasta que se fue a casa de mis parientes los de la Farmacia y a última hora se refugió en las Hermanitas de los Pobres. Allí iba yo a verla y me cogía de la mano y no la soltaba. Ya nos había salvado la casa de un incendio, para dar cobijo a Durruti y ahora le dolía tener que separarse de mí. Yo creo que algún día nos volveremos a ver en la otra vida.

En el libro de Antonio Trisán Viñuales,  titulado “Así fue…No sucumbí”, este señor de Fañanás y conocido por mi familia, igual que su hermano José María, fue conductor de un camión de los nacionales, en la primera reconquista de Siétamo a los “rojos” y cuenta muchas cosas de las que allí sucedieron. Fue esta reconquista de Siétamo en los primeros días de Agosto de 1936 y en ella participó Antonio Trisán Viñuales y su hermano José María, con el que durante bastante tiempo después de la Guerra Civil, cultivamos una buena amistad. Ambos hermanos sintieron necesidad de entrar en casa Almudévar, abandonada por todos los hombres y mujeres. José María al ver tantos cuadros,  muebles y libros, se dio cuenta de que lo mejor que podía rescatar a mi padre, serían las escrituras. En un saco las introdujo todas desde el siglo XVII y las llevó a la Farmacia de mis parientes los Llanas Almudévar de Huesca. Gracias a José María Trisán, puedo transcribir historias y planos del proyecto de riegos de Siétamo con el río Guatizalema. No se pudo realizar la obra de regar el monte de Siétamo,  porque otra guerra de los Carlistas, anterior a la del 1936, lo impidió.  

Antonio Trisán, en su libro, escribe: ”En la Plaza hay una casa señorial saqueada y una iglesia…que en su interior se ven dos cadáveres de los últimos defensores. Por todo el pueblo, la legión con sus cantos y sus disputas. En el centro de la Plaza está el monumento obligado en estos pueblos del Alto Aragón: la clásica cruz de piedra con su escalinata”. Esa Cruz todavía nos reúne muchas tardes a sentarnos en las escaleras pétreas, pero la columna que se eleva,  ya no es de piedra, porque la reconstruyó el pueblo con ladrillo, ya que en su segunda entrada en Siétamo, la derribaron. “mientras la tropa vivaquea alegremente, me dedico a dar un vistazo por la casa y por la iglesia, que parecen más castigadas…hay dos imágenes, patronas del lugar. La primera representa a SanPedro, es una talla corriente, de proporciones naturales, vestido de obispo con las clásicas llaves del cielo…..Ilustre portero que ha de visar nuestro salvoconducto, cuando emprendamos el último viaje. Acuérdate de este soldado que mientras el resto de sus compañeros bebía y comía en un festín bárbaro, sobre las ruinas de tu lar, sintió la dulce necesidad de penetrar en los misterios de tu arcano. La otra imagen es una Virgencita...que tiene un nombre evocador, hermoso:¡la Virgen de la Esperanza!....Hay una penumbra suave, tan suave que no he visto al entrar un charco de sangre negra la pie del altar mayor. Un defensor herido se debió arrastrar hasta aquí en un supremo esfuerzo. ¡Ya no estaba el héroe ta lejos de su Dios y de su gloria!...Yo pensando en la religiosidad de mi madre que no sabe donde estoy, mascullo una plegaria a esta imagen lugareña …nuestra dulce patrona: ¡la Virgen de la Esperanza!. Sin esperanza el mundo ¿qué sería?.”

Pasa a describir la invasión de la Casa de los Almudévar de Siétamo,diciendo:” se han desbordado las pasiones en esta casa solariega, tiene pinta de casa patricia, solaz de mayorazgos y refugio de los pobretes. En la antigua fachada, un escudo tallado en piedra con las armas de los Almudévar, familia linajuda del Alto Aragón. En el patio ya lleno de tropas, algarabía debida al vino noble que los combatientes han encontrado en un torreón de lo que fue castillo del Conde de Aranda, y que el abuelo de esta casa tenía en estima. En el primer piso, muebles, ropas y vajillas en revuelta confusión. No ha quedado alacena ni arquimesa sin abrir.



¡Han pasado los bárbaros!.
Restos de lo que fue comedor familiar; dos pequeños rimeros con libros vacíos; estos sobre la mesa medio abiertos, medio rotos: Galdós, el Duque de Rivas, Rubén…por el santo suelo.
Un solo volumen ha quedado en el “Epigramas” de Silvio Kosti con una dedicatoria magnífica del  autor. Reza así: “Al ilustre tío Manuel, Mayorazgo y jefe de mi estirpe”. Silvio Kosti.

Contiguo al comedor, profanado con latas de sardinas y panes de munición, que fue el festín de la horda, hay una sala amueblada con gusto. Entrando se ve una foto de un caballero de unos sesenta años, de buen aspecto. No puede ser otro que el abuelo al que alude Kosti. Así lo proclaman su aspecto noble y su bigote blanco y legendario”. ¡Cómo coinciden Ramón J. Sender y Antonio Trisán Viñuales en la descripción de mi abuelo Manuel Almudévar Vallés!. ”¡Una casa que tiene historia de siglos, destruida  en pocos minutos!”. Antonio Trisán Viñuales describe todavía libros, muebles y cuadros de los que había, según mi padre, pues yo me acuerdo de muchas cosas, pero no recuerdo detalles. Cuando los guerrilleros sindicalistas entraron de nuevo en Siétamo, acabaron por destruirlo todo, tanto en nuestra casa, como en la iglesia, donde quemaron todos los retablos con San Pedro y con la Virgen y en la Plaza derribaron la columna que exponía la Cruz a todo el mundo. Pero al mismo tiempo desruyeron casas enteras, dejando sin vivienda a muchos hijos de Siétamo.

“¡Ah , si el abuelo volviera por aquí (murió en 1930) y viera todo esto!. Sus manos patricias que empuñaron la esteba en su mocedad” le hubieran recordado las Guerras Carlistas, que impidieron la puesta en regadío del pueblo de Siétamo, como la Guerra Civil acabó con la producción vinícola.”, con la que acabaron bebiéndosela y derramándola por los suelos a base de tiros de fusil. “¡Una casa que tiene historia de siglos, destruída en pocos minutos!. Hay un piano con la tapa levantada y sobre el atril, música de Strauss: un vals vienés. El último Corsario. He aquí una de tantas incongruencias de los hombres. Por un lado, la horda destrozando la poética quietud de esta casa…Y otro bárbaro, enamorado de la música, arrancando al piano las voluptuosidades de este vals cien por cien!.

No hay un armario sano. Ni un vaso, ni nada a excepción de esta habitación que permanece sin destrozos. Ya al  salir, en una rinconera magnífica, hay abandonado un estuche de pintura, con su paleta, sus colores y sus pinceles.Pues bien, aprovechando este mensaje, un “focín” como se dice en Aragón, pintó en el tocador de puro estilo español antiguo, sobre la luna, las letras de rigor U.H. P.Muy bien,  muy bien…Yo opino que sí, que debemos unirnos, hermanos proletarios, pero no para esto sino para hacer el bien y conseguir la mayor cultura general.Salgo y cierro la puerta. Lo único que ha quedado intacto, no debe verlo nadie. Además está dentro vigilante desde su marco, el lejano abuelo, el jefe de la estirpe de los Almudévar.

Tomo como recuerdo el volumen de Kosti y salgo a la calle…El vino se nota en el ambiente. Cantan esos soldados esas melopeas de los que ya están en el límite de sus posibilidades alcohólicas”. Como dice Antonio Trisán, en un torreón del Palacio, había envejecido un buen vino. Efectivamente según me dijo mi padre eran unos seiscientos mil litros los que se encontraban en la Bodega, fruto del cultivo de viñas del Somontano. Se ha dado un crecimiento en esta tierra en la producción de vino, pero en Siétamo, ya no quedan, prácticamente viñas. Esas bodegas fueron con  mucho placer, encontradas por “rojos y blancos”, que como cuenta Antonio Trisán se lo bebían hasta emborracharse. Con esa sensación se olvidaban de la sangre constantemente derramada por sus compañeros y por sus rivales. “El vino se nota en el ambiente. Cantan los soldados esas melopeas de los que están en el límite de sus posibilidades alcohólicas”…Algunos piensan “mañana hemos de enterrar nuestros muertos en el cementerio del lugar”. Si, acostumbrados a ver brotar la sangre de sí mismos y de sus compañeros, la hacían brotar a tiros de las pipas y toneles de la bodega, hasta que ya no quedó ni una gota de vino, como había dejado de brotar la sangre “ de los que hemos de enterrar…en el cementerio del lugar”.

Qué sensible fue Antonio Trisán a la destrucción de España, pero con qué cariño llegada la noche,  “abro la cabina de mi camión y hago de ella, juegos del espíritu. Esta noche perfumada, sobre estas ruinas, sobre estos muertos, arrullados por las emociones, es para mí, con su único asiento, una alcoba nupcial”. Aquella noche era perfumada porque “llegan del campo con la humedad de la noche, aromas de heno y de flores, como un canto de vida y esperanza”. En su cabina, ya de noche, con su  cabeza abajo,  recuerda su  “nido, allá en el cercano pueblo natal ( de Fañanás), también saqueado, está vacío”. ¡Qué buenos sentimientos demuestra este autor, cuando se acuerda de su casa de Fañanás y cuando se lamenta de que su esposa ignore donde se encuentra”.

Al día siguiente escribe: ”Recorro las afueras. Hay que ir con precaución porque hay bombas sin estallar”. Qué razón tenía, porque estos días de Septiembre de 2012, todavía se va encontrando alguna, después de setenta y ocho años. ”Aparecen muertos y más muertos, que el enemigo tuvo en la retirada; algunos adoptan dentro de las acequias posiciones inverosímiles: en actitud de saltar, en posición supina, cabeza abajo, incluso derechos, levemente recostados en un talud…presencio la inhumación de uno de ellos, va vestido de azul, tendrá unos dieciocho años. A su lado una carabina Winchester, una mochila con equipo de sanidad, un pan y un poco de embutido. Entre las ropas, una libreta sindical y unas monedas”.

“Arriba, en el antiguo palacio del Conde de Aranda, los soldados preparan otra vez los parapetos porque se teme la contraofensiva”.Efectivamente volvieron a atacar y se apoderaron otra vez de Siétamo, porque el día doce de Septiembre se retiraron los nacionales al Estrecho Quinto. Si estaba destruido el pueblo en el primer ataque o conquista por los rojos, ¿cómo estaría después de la segunda ocupación?. Antonio Trisán dice: “se ven mejor los efectos de la lucha pasada. Se distinguen los tejados despanzurrados, los cables de conducción del fluido eléctrico cortados por las balas, las pantallas de alumbrado público, están perforadas. Puertas y ventanas llenas de aspilleras. En una casa que da a la carretera, hay sobre el  balcón un parapeto improvisado hecho con colchones; detrás de ellos, una máquina abandonada, cuyos servidores huyeron en el último momento. La calle sembrada de tejas, de alpargatas, de casquillos de fusil, de latas de conserva”.     

A Antonio Trisán Viñuales le impresionó la dedicatoria a mi abuelo, del libro Epigramas, por Silvio Kosti y a mí, me impresiona la dedicatoria que escribió Antonio que dice: ”Esta novela habla de guerra, anhelando la Paz: que encuentres esta última en el único lugar donde creo podrás hallarla. En el interior de tu propia alma”.   

jueves, 11 de abril de 2019

De Ayerbe a Huesca.-




Yo conozco a un ayerbense, al que muchos conocen con el nombre cariñoso de Chan, pero que en su Carnet de identidad,  está identificado como Angel Laiglesia. Lleva fuera de Ayerbe, casi medio siglo, pues estuvo en Zaragoza durante quince años y lleva ya en Huesca unos veinte.  Pero tal número de años, no le han hecho olvidarse de su Villa natal, sino que le han convertido en un aragonés puro, pues no puede olvidar la Cafetería Pompeya, al lado del Corte Inglés, en la que se puso a trabajar a los quince años, durante otros dieciséis. Conoce Zaragoza como conoce a Ayerbe, pues en el río Gállego, se bañó durante varios veranos y volvió a ver el mismo río en el Término de Zaragoza. Nació en una casa al lado de la del Curandero de huesos “Beatriz”, que tenía por verdadero nombre el de Salvador. Le tenía Angel un gran cariño y lo respetaba por sus conocimientos y sus curaciones. El curandero lo quería mucho a él y a su familia y de ese trato salió un muchacho muy educado.
Ya se encontraba bien, viviendo en la gran capital de Aragón, pero un año subió a Huesca, para trabajar durante las fiestas de San Lorenzo, enamorándose de tales Fiestas y de su  Patrono, el  oscense San Lorenzo. ¡Cómo no se iba a enamorar de San Lorenzo , de sus Fiestas y de los oscenses tan entusiastas, animando a los danzantes!. El tiene una enorme atención a los clientes que entran en el Bar Oscense, pero al pasar la procesión acompañando a San Lorenzo , por delante de las vidrieras , no podía dejar de mirar tal espectáculo, pues la Procesión ,bajando desde la Catedral a la Basílica del Santo , pasa todos los años por delante del Bar Oscense. El no podía dejar de exclamar: ¡Viva San Lorenzo!. Al acabar las Fiestas, no pudo volver a Zaragoza, porque le ofrecieron  trabajar en ese Bar, casi en las Cuatro Esquinas, donde se daba cuenta de la proximidad de su pueblo de nombre vasco –ibérico y de las ermitas que se elevan en el mismo. La más alta la de San Miguel, que vigila todo el pueblo desde una gran altura. A veces iban a la Ermita de Nuestra Señora de Casbas, pero de la que más recuerdos agradables le quedan, es de Santa Lucía,  cuya ermita se encuentra al lado de un campo de su familia. Donde más se divertía era en la romería que hacían los devotos de San Pablo a una ermita, que está situada en  el término de Barbanés. Allí los numerosos romeros de todo el pueblo, almorzaban, comían y bebían y cantaban.
A mi lado, cuando escribía la romería a San Pablo de Ayerbe, estaba el cantante Carlos Romero y con una dulce música y con su voz entonada, se puso a cantar: ”Van subiendo los mozos-con los corderos al hombro-Sube la gente contenta- a la Fiesta de San Pablo-Y la gente por los prados, - no dejaban de bailar-mientras oían guitarras- y bebían vino del lagar.”
Allí, en el Café- Bar Oscense se encuentra, para mí eternamente, el aragonés Angel Laiglesia, sirviendo a sus numerosos amigos que constantemente llegan a consumir y a saludarlo.          

miércoles, 10 de abril de 2019

Ayer y hoy.





Ayer, es decir en tiempos pasados, yo conocí a mucha gente y ellos también me conocieron a mí, pero hoy se han muerto multitud de amigos, parientes, vecinos y casi todos los que hoy conozco, ya no son los mismos que antes conocí. Cuando voy a rezar al cementerio por mis parientes, amigos y conocidos, me encuentro en sus tumbas, en sus fosas, señaladas por delante con una cruz y en los nichos a muchos parientes, amigos y conocidos, que se fueron o se los llevó el Creador al otro mundo y allí, delante de sus tumbas, acuden a mi memoria multitud de recuerdos de viejas amistades, parentescos, que se fueron de este mundo o los echaron de él, con cuatro tiros que recibieron en sus cuerpos y hoy, casi no se acuerda nadie de ellos. Allí, en aquellos cementerios yacen multitud de amigos, amigas, de los que se acuerdan sus parientes y amigos y yo  quiero  preguntarles  por su  vida,  por sus trabajos, por sus amores, por sus padres y por sus hijos, por sus miserias y por sus alegrías  y tristezas, pero resultaría inútil hacerles preguntas, porque no serían contestadas.  Algunos hasta les encienden alguna vela, como recordando que todavía están en otros lugares celestes, alegrándose de ser recordados por sus amores o por sus amistades. Están tristes los esposos, esposas, hijos e hijas, amigos y amigas, debajo de las tumbas de sus queridos difuntos, pero yo creo que  se  acuerdan  de  aquellos  a  los que están esperándolos para que les hagan compañía.
Al lado de los nichos de mi abuelo Ignacio López de Zamora, de su esposa Agustina Lafarga, de mi madre, de mi hermana Mariví, se eleva una cruz de hierro que recuerda los restos del abuelo de mi querido Santiago. Este anciano vivía en una casa de campo y tenía una pareja de cuervos negros, con un cascabel colgado de sus cuellos. En cierta ocasión llegó un camionero a llevarles a él y a su familia, alimentos y bebidas para que sostuvieran sus trabajos diarios. Fue invitado a comer y beber dicho chofer, que amaba demasiado el vino alcohólico. Le proporcionaban buenos alimentos, pero se negaban a darle vino que le perjudicaba. Se enfadó y   empezó  a  gritar  protestando  de  su  negativa,  pero  los dos cuervos se irritaron con sus gritos y comportamiento y se lanzaron sobre el alcohólico chófer, picándole en su rostro. El abuelo de Santiago no pudo dominar aquella situación cruel, que había provocado el bebedor chófer y cogió a los dos cuervos y los eliminó. ¡Pobre abuelo, que tuvo que sufrir la conducta del alcohólico bebedor y el gran sentido  de  justicia  de  dos  sencillos y justos cuervos!.
 En aquel cementerio se observan situaciones de la vida, convertida en muerte, en que el abuelo se enfadó por el comportamiento de un alcohólico, y castigó con la muerte a dos inocentes y justos cuervos.
Los cuervos todavía no tienen  derechos  "corviles".


lunes, 8 de abril de 2019

Guati y Zalema o la Mora encantada.(Año 1840)






Este relato fue escrito por un señor del que conocemos las letras iniciales de su nombre y apellidos, que son J.P.L., del año de 1840. Sin embargo, mejor conocemos el nombre de su sobrina, Doña María Teresa Adriani Rossigue de Cavero. El caballero de nombre encubierto por las tres mayúsculas J.P.L., iba a visitar  a su sobrina al Castillo de Argavieso, pueblo que se encuentra debajo de Alcalá del Obispo y encima de Novales, a escasos kilómetros de Huesca, a unas tres horas caminando. Pero no le era ajena su vida a esta fortaleza,”resto bien conservado todavía de antes de la Edad Media, la imponente y elevada cordillera del riscoso Guara, los infinitos pueblos situados en su falda, los fértiles valles por donde corre, a veces manso y otras como un torrente, el delicioso río Guatizalema, sus bellas cascadas, las fuentes saludables que brotan por dó quiera, la Peña llamada la Mora encantada…”.”Su esposo, sobrino  del escritor J. P. L., se llamaba Félix Cavero y era un caballero de Alta Alcurnia, que fue el heredero del antiguo Castillo de Argavieso, cerca de la ciudad de Huesca, según está escrito en un relato del año de 1840. El río Guatzalema que nace en la Sierra de Aineto a 1.370 metros de altitud, sigue por el valle de Nocito, pasa por Vadiello, bajan sus aguas hasta la Almunia del Romeral y una vez en la llanura, desemboca en el río Alcanadre.

El río Guatizalema lleva sus aguas por Nocito, las acumula en el Pantano de Vadiello y bajan a la Tierra Plana por  Almunia del Romeral, por Arbaniés, por el pueblo de Siétamo, en que yo nací, sigue por Pueyo de Fañanás, regando los términos de Fañanás, de Alcalá, de Ola,  de Argavieso (que se encuentra a tres horas de camino de la capital de Huesca) y de Novales, hasta desembocar en el río Alcanadre.

En la misma Sierra de Guara, se encuentra en el pueblo de Nocito, un templo dedicado a San Urbez y una ermita más pequeña. De la misma Sierra de Guara, salía un camino muy primitivo, al pueblo de San Julián de Banzo.  Y desde este pueblo, bajaba San Urbez por Loporzano al pueblo romano de QUINTO, hoy al lado de la carretera N-240, y desde éste corría todo el Saso,  hasta OlLA. San Urbez vivió en la Montaña y en su Somontano, cuando los moros ya habían invadido OLA y el SASO. Se dedicaba a cuidar  ovejas y a cultivar su fe en el Dios del Cielo, a la Virgen María y de Cristo crucificado. De vez en cuando subía a San Martín de la Val  D’Onsera, donde todavía se encuentra un templo, en el que oró San Urbez. Aquí vivió muchos años, pero fueron unos cincuenta los que pasó en Nocito.  El Santo se hizo de cien años de edad.
Ermita de la Valdonsera.


San Urbez, cristiano en aquellos años de invasión de los Moros, vivió unos años en San Martín de la Val D’ Onsera, pero en aquella Paz, muchas veces interrumpida por las diferencias entre el mundo islámico y el cristiano, conservaba su vida en aquel antiguo Monasterio de la Sierra de Guara, al que resultaba casi imposible llegar a los moros. Vivía el Santo en el mismo lugar  en que los moros vivían en OLA y en los pueblos del Sur de la Sierra de Guara, pero tenía su posible refugio en San Martín de la Val D’Onsera. En casa OTAL DE OLA, conservan con todo respeto y cariño, una LOSA DE PIEDRA  ARENISCA, en la que dormía San Urbez. Antonio Otal no sabe qué hacer para que esa  losa pétrea- arenisca, no se vaya descomponiendo.

Hay una larga época desde que los moros invadieron España hasta que el Rey Cristiano Sancho Ramírez, en el año de mil noventa y seis, conquistó con sus tropas, el pueblo de Argavieso y los que estaban en la orilla del río Guatizalema, debajo de la Sierra de Guara. San Urbez tenía su “nido” en San Martín de la Val D’Onsera, pero cuidaba las ovejas en el Saso, que va desde la gran Cruz que mira al Monasterio de Montearagón, hasta Argavieso. Pero esta vida de lucha entre dos religiones, cristiana y la de Mahoma, era común en toda la orilla del río Guatizalema.

No se sabe en qué años vivió Guati, pero se daba a la actividad agrícola y ganadera, entre moros y cristianos.

Tenemos el ejemplo de San Urbez, cuidando en el pueblo moro de OLA, ovejas, y también estaba Guati, que era cristiano y se enamoró de la mora Zalema. La madre de Guati vivía para estar segura, en plena Sierra de Guara y él vivía en las tierras de Siétamo y con sus ganados. No coincidió la época en que estuvieran en OLA,  al mismo tiempo, San Urbez y Guati, el cristiano.

Bajaba San Urbez desde la Val D’Onsera y llegaba al pueblo, fundado por los romanos al que llamaba Plan de  Quinto. Marcaba el Quinto Miliar en la Vía Romana que iba desde Huesca a Alquézar. Todavía se conserva el Miliar del pueblo de Tierz y después el de Siétamo o Séptimo Miliar. Su  población era cristiana durante el tiempo de dominio romano, pero su mayoría de pobladores, al llegar los moros se hizo  discípula de Mahoma. Todavía quedan restos del pueblo romano de Quinto, cuyo solar se encuentra en la carretera N-240, frente al más elevado Saso, que ocupan los pueblos de Loporzano, Siétamo, Ola, Alcalá del Obispo y Argavieso. Hace ya muchos años encontré en Quinto, lo que demuestra que era romano, una V (uve mayúscula), muy bien labrada en piedra, que coincide con el número romano cinco, que indicaba que ese cinco equivalía a Quinto. Quinto es el nombre de un millar o milla romana, como Tierz, lo es del tercer miliar y Siétamo del séptimo. Yo encontré esa V, número y letra, de piedra, pero mi excesiva vergüenza, no me lo dejó llevar y a los pocos días desapareció. También apareció un pequeño espacio, cubierto de mosaico de teselas. Por lo visto había sido descubierto por un oscense, que  tenía más vergüenza que yo y dejó allí las teselas. Yo conservo un número muy escaso de ellas, que me harán recordar mientras viva, al pueblo romano de Quinto. Al lado de la carretera N-240 y de la Vía Romana, que conducía a Alquézar y hacia el Este, se encuentra una colina, que no muestra nada a la vista del viajero, en la cual se alzaban los edificios de Quinto. En esa colina estaba la V tallada en piedra, que indicaba la quinta unidad de distancia entre Osca (Huesca) y Alquézar. La distancia entre uno y otro miliar era de 1.480 metros de distancia actuales.
Argavieso (Huesca).

La zona del río Guatizalema estaba desde debajo de la sierra de Guara, dominada por los moros, mientras los cristianos dominaban, desde la Sierra de Guara hacia el Norte. Sin embargo San Urbez tenía su convento en la misma Sierra  y bajaba al Saso, extensa llanura, que va desde el Estrecho Quinto hasta Argavieso. Vivió por tanto en las dos partes enemigas, a saber en el convento de San Martín de la Valdonsera y se comunicaba con el pueblo de OLA. En este pueblo todavía se conserva en Casa de OTAL DE OLA, una piedra arenisca sobre la que dormía y que a su actual dueño JOSÉ MARÍA OTAL, le preocupa la conservación de esta piedra arenisca.

La zona Norte del Guatizalema está gobernada por el pueblo de Nocito, hasta debajo de San Martín de la Val D´Onsera y hasta Vadiello, encima de la parte mora, es decir con el pueblo de La Almunia de San Juan. Unas veces se comunicaban, como lo hacía San Urbez entre la parte Mora de San Martín de  la Val D’Onsera y el Saso de OLA, pero en ocasiones, Guati agricultor de la parte cristiana, no podía comunicarse con su madre,  que vivía en la parte mora.

Desde el año en que murió San Urbez a los cien de edad, el año de 802 y nacido en Burdeos  el año  702,  hasta el rey Pedro I  que conquistó Huesca,  y las orillas meridionales del Guatizalema, pasaron muchos años. En 1096, Pedro I ganó la Batalla del Alcoraz y tuvo ocasión de conquistar los pueblos moros que he citado. Ya se ve como los cristianos habitantes de la parte baja del río Guatizalema, estuvieron dominados por los moros, desde el año 802 hasta el año de 1.096. Pero sí eran dominantes los moros, pues vivían en los terrenos dominados por ellos, los cristianos,  como Guati y los judíos.

“Al Oriente de la Ciudad de Huesca, cabeza de la Provincia del mismo nombre en el Reino de Aragón y a la distancia de tres horas, y frente a la punta más culminante de la Sierra de Guara, hay un lugar llamado Argavieso, que se halla situado en una pequeña colina, con forma de media luna con descenso hacia el medio día, y en cuyo ángulo derecho se alza antiguo y majestuoso  Castillo, todo de piedra con su alta barbacana, y en ella sus lunetas a la antigua”.

Todo el Castillo recuerda una figura del tiempo de los Moros y más atrás, de tiempo de los Godos. En esta Castillo vivía como Gobernador el moro Abenheya. Había nacido en Africa, pero se quedó viudo en España de su esposa, que murió por mano de los perseguidos cristianos. Le había quedado una hija, llamada Zalema, de una gran belleza. Su padre no le permitía ningún contacto con nadie, excepto con la familia del Gobernador moro de Novales. Este Gobernador moro era una buena persona, que tenía dos hijas, llamadas Zalmira y Fátima, muy amables y educadas. Estas jóvenes moras salían con su madre a pasear un rato hasta la Fuente de las Canales. Allí, para encontrarse con ellas, acudía Zalema y a la orilla de la fuente se narraban los hechos que sucedían en aquellos lugares. En esos días llegó el moro Zair, natural de Siétamo, que además de contarles datos, a las muchachas moras, les dio muchas y buenas noticias del cristiano Guati.  A causa de estas noticias, Zalema ya se puso mejor. Por la mañana ya estaba haciendo sus labores en la reja que mira al camino que va a Huesca. Qué casualidad cuando vio venir a un caballero de gracioso tipo, que a su vez no paraba de mirar a su reja, como siguió mirando después de pasar su caballo por delante de ella.

Zalema, que estaba enterada por el mor Zahir de Siétamo, de la personalidad de Guati, en unos días de tormenta, al leer “un manuscrito árabe, le hacía la siguiente reflexión: Hay en los corazones humanos, un sitio destinado a inspirar en las criaturas los presagios de su ventura o de su desdicha”, con lo que su corazón se enteraba de lo que la suerte le tenía preparado. Al día siguiente recibió una carta de su amiga, la de Novales y Zalema recibió esa carta, que le decía: “Alá te guarde, amiga Zalema. La casualidad de haber estado mi hermano (moro de Navales) en Siétamo, me ha puesto en situación de satisfacer los deseos que nos manifestaste, de saber quién era ese caballero,  que te saludó, cuando pasaba con su caballo por debajo del Gobernador moro de Novales. Su esposa y sus dos hijos y dos hijas, HABÍAN INVITADO A COMER A ZALEMA Y A GUATI  en su Palacio de Novales. Se celebró de una forma cordial la comida y a los postres se suscitaron diversas cuestiones, la principal el canto de la excelencia de las mujeres sobre los hombres”.

Se oía una conversación fluída y GUATI callaba, pero fue preguntado por los comensales y se expresó así,  aludiendo a su madre, recién muerta:”Convengamos en que cada cosa tiene por la Madre Naturaleza, su destino particular, y bajo este principio,  todo es bueno y todo es malo….No obstante, en las mujeres, siendo así que nacieron para distinto empleo que los hombres, hallo visibles rasgos en que positivamente nos exceden…El ser moral de las mujeres, nos aventaja a los hombres en mucho… Y después  de hacernos a los hombres tanto bien, como que sin ellas, quizá las guerras y los bandos nos hubieran transformado en fieras…confieso pues, sin avergonzarme de ello, que la mujer nos excede en la mayor parte de las prendas, y que nos compensa con otras, aquellas, en que le aventajamos los hombres”. “Hubo de disolver tan gustosa reunión, para marchar unos a Novales y Guati y su amigo moro Zair, para Siétamo”. 
Castillo de Argavieso (Huesca).


Después de este banquete aumentó el amor de Guati a Zalema y bajó a  Argavieso, escribiendo en la corteza de un árbol el siguiente verso:

”VES CUAN DURA  ES ESTA PEÑA-

 ZALEMA, PERLA ORIENTAL,-

PUES EL AMOR CON QUE TE AMO-

CUAL ELLA, SERÁ  ORIENTAL”.

Pero enfermedades, tal vez del amor, invadían la  espera de ambos a la muerte, pues Zalema escribió a Guati lo siguiente: “Veo la muerte y no me espanta, Guati mío, por qué no puedo darte gusto en tus deseos…A Dios, amigos, llorad la muerte de Zalema… Y MURIÓ A LOS POCOS MOMENTOS, BESANDO EL ÚLTIMO PAPEL QUE LE HABÍA ENVIADO GUATI.

Guati se había retirado al pueblo de OLA, y cuando se enteró de la prisión de Zalema, por su padre, “pusosé a morir tan de veras que hizo llamar a un Confesor…se echó en cama y se despidió de los muchos amigos, que le seguían…mis días eran para Zalema y si ella no existe, mis días están de más. “Habíase hecho pública la cruel  persecución y cantó el siguiente romance: de Zalema y de Guati y por supuesto también se publicaron sus amores”. Los jóvenes se declararon en favor de los amantes “y buscaban a Guati  y por un alarde atrevido querían librar a la amada…Las muchachas oyeron lo de los arboles del río, y todas acudían con cestillos de flores y coronas, con que adornaban los nombres de Guati y de Zalalema”. De estos gritos de Guati y de Zalema,  “después corriendo el tiempo, vino a llamarse todo, el Río Guatizalema”.

Guati se concertó, con sus partidarios, y disfrazados, y bien armados, se movieron a OLA… a las diez de la noche…llegaron al Castillo, donde se encontraba el cadáver de Zalema…y al ser la noche tan oscura, llegaron sin ser vistos ni oídos.”Al llegar a la reja…hizo resonar sus cuerdas y con voz suave y desmayada, cantó un romance, que se expresaba así:

-“Gime en estrecha prisión-

Desventurada beldad,-

Y llora vigor tan duro-

Su caballero leal-“.

“Ya el lucero matutino asomaba por la inmediata Sierra de Guara, y ninguna señal había dado Zalema. Por lo cual dijeron a Guati, que pensase bien en lo de liberarla por fuerza, y que se haría por la siguiente noche, debiendo a la sazón retirarse  porque venía la Aurora”, Guati estaba acabándose porque se desmayó en estos momentos.” A cada momento  perdía el sentido, y en volver preguntaba, que le anunciaba de Zalema”. En poco espacio de tiempo, se volvieron a cerrar aquellos hermosísimos ojos y una contracción general de nervios indicó que ZALEMA, DEJABA EN AQUEL MOMENTO DE EXISTIR. Guati quiso leer el último papel que le había escrito Zalema, que decía :”Veo la muerte y no me espanta, Guati mío…Ahora soy verdaderamente digna de tu amor. ¡Ay! Las fuerzas me abandonan…Siento el hielo de la muerte y mi corazón arde aún por ti……Alá nos perdonará ……. Y él nos reunirá también…..yo …..Guati……Guati…….Después de leer estas frases, exclamó Guati. “Zalema me llama y debo yo obedecerla……… A Dios, amigos, llorad la muerte de Zalema, Y explicándose en él  furiosas convulsiones, MURIÓ  A LOS POCOS MOMENTOS, besando continuamente el papel y ofreciendo un espectáculo triste y desolador.

Río Guatizalema.


Los que más sintieron la muerte de Guati, fueron el moro, hijo de Siétamo, Zahir, que se expresó así: “Dejemos a los Cristianos cumplir con Guati, el desgraciado los últimos oficios de su Religión”. Al marchar de OLA, encargó a los parientes del difunto, que dejasen sin cerrar la urna, en que se colocara su cuerpo y marchó a Novales a ver a Zelmira y a sus hermanos. Los hijos del Gobernador moro le informaron de cuanto en el Castillo pasaba, como por ejemplo que su padre había ordenado depositarla sola en la Huerta.”Así en que sonaron las doce de la noche, encaminó sus pasos a la difunta Zalema…y ayudado por sus compañeros, tomó el cuerpo de Zalema y sin ningún obstáculo lo CONDUJO HASTA OLA. Y en lugar de descansar, de tan continuadas fatigas, se ocupó EN COLOCAR SECRETAMENTE EN EL SEPULCRO Y URNA DE GUATI, su cuerpo, hacerlo cerrar y en poner por vía de inscripción lo siguiente:

                                                      GUATI Y ZALEMA

               LA TIRANÍA y LA SUPERSTICIÓN, LOS SEPARÓ,

               LA AMISTAD Y LA MUERTE LOS UNIÓ PARA SIEMPRE.

   El moro de Siétamo ZAHIR, se dirigió a ARGAVIESO y se dirigió a la Huerta del Castillo, en la cual entraron varias personas sin franquear sus puertas, “ Y tomando el cadáver, se subieron al cabezo de enfrente, colocando una figura blanca, pero de menos corpulencia, la cual era la figura de la difunta Zalema”. Pero al salir del Huerto del Castillo, “todos distinguían el peñasco, el cual, dice el cronista árabe, tal vez mucho antes se divisaba, pero no había llamado la atención de las gentes al ser observado, como ahora… lo que al ir algún forastero al pueblo, veía el cuerpo de Zalema, convertido en la PEÑA DE LA MORA ENCANTADA”. Su padre lleno de odio, destruyó la sepultura que había preparado para su hija.

Distinta era la situación del amigo de Guati, natural también de SIÉTAMO,  Zahir. “Este recibía continuos parabienes de amigos, y aún de extrañas personas que miraban, como causa de humanidad, el desagravio a los amantes, y a ZAHIR, mi paisano, como el instrumento de la venganza del Cielo… ZELMIRA la amiga de ZALEMA, de ARGAVIESO, oraba a ALÁ. Habían organizado un campo para que ZAHIR con el Francés, partidario del padre de Zalema, lucharan sobre sus caballos.

De cristianos sobre todo, era el número prodigioso, y así de todas partes acudían a contemplar la lucha, como si se tratase de un torneo. Se hallaban entre otros muchos asistentes MENDIOZA, cuyo apellido cambió con el tiempo  por MENDOZA. Este apellido se conserva en Novales y en los pueblos cercanos.                     
Castillo de Sietamo.


“En el campo de lucha, estaba el FRANCÉS con toda la disposición de un arriesgado combatiente, y en él se notaba el orgullo y la altanería de su NACIÓN … en cuanto a ZAHIR, no menos se ostentaba grande serenidad y confianza”. Lucharon sin descanso y como no salía ninguno de ellos triunfante, exclamó ZAHIR: elegid el arma para vuestro sacrificio…el francés eligió el venablo….el francés arrojó  presuroso el venablo, que dio de soslayo en el muslo a ZAHIR, causándole ancha aunque no temible herida…. Y Zahir disparó su venablo, que dio en el pecho del FRANCÉS, venciendo y destrozando todas sus defensas, pasó hasta salir por la espalda”. Al bajar los Jueces de sus asientos, declararon al Francés, vencido y muerto. Zahir recogiendo su alfanje le cortó la cabeza.

El moro de Abenheya,  que fue el mal padre de ZALEMA, que dirigía el Castillo de Argavieso, huyó y fue a pasar por un Pórtico  Cristiano, cuando una manada de lobos aullaban, y el caballo se puso a correr y al pasar por el citado Portal del citado Santuario, recibió un golpe en la frente, y al caer fue arrastrado por el caballo, porque tenía el caballero un pie, agarrado en un estribo y arrastraba su cuerpo por “los jarales y las quiebras del terreno, sin cesar de correr el caballo, fue despedazándose”.                                 

Al morir este cruel Abenheya, ocupó el Gobierno del territorio del Guatizalema, el Padre de ZELMIRA, y se traslado toda la familia al Castillo de  ARGAVIESO. Pusieron en libetad a todos los presos que tenía ABENHEYA en dicho Castillo.

En ese Castillo vivieron felices durante muchos años ZAIR, el hijo moro de mi pueblo de Siétamo y su esposa ZELMIRA. La felicidad de esta pareja lo atribuye el pueblo al celo, que mostraron en socorrer y en vengar, como causa del Cielo, la virtud demostrada por GUATI y por ZALEMA, perseguida y oprimida, por Abenheya y por su ayudante el Francés.
Castillo de Novales.


Acaba esta Leyenda:”Por qué es constante, que nunca deja el Eterno Dios, llamado Alá por los musulmanes, sin un premio, las buenas acciones de los humanos, bien que a las veces no son bien conocidas sus obras, como quiera que aún, nos son más desconocidos sus misteriosos designios”.

Muchas veces escuchamos con gusto lo que ocurre lejos de nuestra tierra y no nos interesamos por lo  que pasa o pasó en la nuestra.Hemos visto relatos y visto películas sobre Romeo y Julieta, italianos, que se amaron tanto, que murieron por su amor. Asi lo relata la canción: “Nosomos ni romeos ni Julietas, aquellos que murieron por su amor….”, que con su pegadiza música nos recuerda aquella historia de amor.

Como aragoneses todos conocemos los amores de Diego y de Isabel, los amantes de Teruel, que los llevaron a una trágica muerte. El pueblo, que está en posesión del sentido común, los recuerda con simpatía, pero piensa que todos los excesos son malos y lo explica diciendo, ”los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él” y es que el amor entre un hombre y una mujer, debe conducir a la vida y no a la muerte.

Como he dicho, conocemos muchas historias de amor, pero no sabemos cosas nada de la que sucedió entre Guati, cristiano de Siétamo y Zalema, mora del pueblo de Argavieso. Ahora ya la conocemos, gracias a  una novela histórica, de autor desconocido. Se sabe que las iniciales de su autor,son J.P.L. y que la publicó el año de 1.840.Se podrían aplicar esas iniciales a algún miembro de la Casa Noble Zaragozana de los Pignatelli de Aragón: Gonzaga, Manrique de Lara, Marqués de Coscujuela, Grande de España, Príncipe de Castel Glioni, Duque de Solferino,Conde de Fuentes, Barón de Huerto, Argavieso, de Riesi y  Cepulla, con sus nueve feudos en Sicilia, nueve feudos en Sicilia,Jefe de la noble casa de Gonzaga en Mantua y dela Aborca en Cerdeña Casó con Adelaida Belloni y Meroni. No se encuentra relación directa con las iniciales de 1.840. Pero se adivina la presencia de su primer apellido Pignatelli con las Baronías de Huerto, de Argavieso y las italianas de Riesi y de Cepulla.

Como he dicho, conocemos muchas historias de amor, pero no sabemos nada de la que sucedió entre Guati, cristiano de Siétamo y Zalema, mora del pueblo de Argavieso. Ahora ya la conocemos, gracias a una novela histórica, de autor desconocido. El río Guatizalema se presta a los amores, como habéis podido comprobar al recorrer durante el verano sus orillas. Y esa misma cualidad de nuestro río, intuyó el autor de la dicha novela histórica, cuando escribía:”¿Cómo era posible, decía yo, que entre estos sitios tan amenos, tan pintorescos, tan poéticos, dejasen de amarse locamente sus habitantes en aquellos siglos románticos y caballerescos?. Ya lo creo que se amaron los ribereños del río Guatizalema, pues lo hicieron hasta la muerte.

La fe en Dios por parte de Guati y la fe en Alá, por parte de Zalema, ha hecho que vivan juntos en el cielo. Bueno  sería que esa fe monoteísta en un solo Señor, nos sirviera para convivir con judíos y moros, no sólo en el cielo, sino que aquí abajo, pues nuevamente regresan a España, después de ser expulsados, hace quinientos años, cuando aquí en SIÉTAMO, todavía persiste el cementerio musulmán, que mira al Oriente.     Siempre ha habido en el Mundo varias religiones, que apartaban a unos hombres de otros, porque no se sabía leer. Ahora, en cambio se reúnen varias autoridades religiosas distintas en el Vaticano y se elevan oraciones todos juntos. Pero hay que reconocer que hay hoy en día musulmanes, que persiguen, por ejemplo a Coptos, en Egipto. Somos seres humanos compuestos de cuerpo y de alma y hay casos en que se cultiva sólo el cuerpo y el alma se queda abandonada.

En mi pueblo, SIÉTAMO, nadie sabía donde se encontraba el cementerio moro, pero estos últimos años se ha descubierto un cementerio en que las tumbas, formadas debajo con piedras, que miran a Oriente. Salieron los moros de estas tierras y nadie se ha acordado de ellos, porque siempre estaban luchando, como lucharon Guati cristiano de SIÉTAMO, contra los moros y viceversa.

Hay algunos musulmanes que está en Guerra contra el Cristianismo y parece que quieren obligar a todos los hombres a formar parte del Islam.

Guati y Zalema, uno cristiano y otra musulmana se amaron como dijo el Señor: Amaos los unos a los otros , como yo os he amado.                      

domingo, 7 de abril de 2019

Mosen José María Cabrero Bastaras, cura de Alquézar




Son todos sus alrededores de una belleza admirable, porque Alquezar se sitúa en la parte baja del cañón del río Vero, que ofrece un paisaje impresionante para todos los que aman la Naturaleza. Y  en este pueblo se abrazan la riqueza arquitectónica con los paisajes naturales, en los que se dejan envolver por el agua del río Vero; los que descienden entre esas aguas del citado cañón, al llegar a Alquézar,  mirando su silueta, recuerdan la historia legendaria del Medioevo. Con estas bellezas,  no han podido menos que declararlo Conjunto Histórico Artístico. Cuando uno llega al Portalón Gótico, por el que se penetra en Alquézar  y camina lentamente, se ve lleno de satisfacción, contemplando las casas, algunas con galerías de arcos de ladrillo, con paredes unas de los mismos  ladrillos con que han colgado en el paisaje las galerías,  en tanto que otras fueron levantadas con piedras de sillería y sobre su corona  esculpieron  en piedra, unos escudos medievales. Una vez alcanzado el aparcamiento elevado,  realizado hace no muchos años, y aparcados sus coches, se ponen los visitantes, a pasar por calles y callejones, por galerías de arcos, por pasos de arriba abajo o de abajo arriba, se llega a la Plaza Vieja, en que se conservan rincones de nuestros antepasados, como el que adorna una pequeña iglesia.  Hemos bajado desde el elevado aparcamiento que abrieron en la parte alta, desde el que se va bajando  hasta la citada Plaza Vieja, donde se encuentran rincones de arquitectura tradicional. En esta parte baja se encuentra el frontón, que recuerda la afición que siempre han tenido en el Alto Aragón al juego de pelota, que parece ya acabado. ¡Qué tristeza causa en mi interior el pensar en otras cosas que también están siendo olvidadas por los altoaragoneses!.  Pero en cambio se ha prosperado en cultivar el turismo y se han hecho aparcamientos nuevos y se ha cuidado la urbanización. En cuanto al arte, arriba,  en el Roquedo  exhibe una maravillosa vista de la Colegiata, al lado de lo que queda del Castillo, en el que en la Edad Media, tanto lucharon los cristianos con los moros. El nombre de Alquézar  viene del árabe Alcázar, que intervino tantas veces en las luchas de  los siglos IX y X. Impresiona contemplar su asentamiento, sobre el mismo borde de la roca quebrada, cómo la Colegiata que vigila  el espíritu de aquel pueblo, en que antes de conquistado a los moros, era vigilado por la Torre del Castillo o Alcázar. Fue edificado por los moros ese Castillo  y le pusieron el nombre de Al-Qars.  Al ver los restos de esa fortaleza, uno recuerda las terribles luchas que tuvieron lugar en los siglos IX y X. En los primeros años del siglo IX fue dicha fortaleza construida por Jalaf  ibn Rasid. Más tarde, en el año de 1065 fue el Rey Sancho Ramírez el que conquistó ese Castillo o Alcázar y siguió usando dicha fortaleza, hasta que fueron reconquistadas las tierras más al Sur, como las de Barbastro,  que se encuentra a veinte kilómetros de Alquézar. El Rey Sancho Ramírez construyó al lado de la fortaleza,  un templo románico del que sólo quedan el atrio, donde se pueden admirar capiteles románicos, que son de una rusticidad enorme y que muestran  un encanto sencillo, con las ropas de las figuras humanas y  con sus peinados antiquísimos. En tal  monumento,  en el capitel de la creación de Adán, se exhibe de un modo sencillo, el Misterio de la Santísima Trinidad, representando al Señor Todopoderoso con tres cabezas, tratando de hacer comprensible, el citado Misterio de la Santísima Trinidad. No se encuentra por el mundo tal forma de representar dicho Misterio. Sin embargo Alquézar,  da una prueba más de su arte, su teología y su posición sobre el terreno roquero, al lado del cañón del río Vero. Allí creó Sancho Ramírez un centro religioso, a saber la Real Iglesia de Santa María la Mayor, asistido por una comunidad de frailes. Los orígenes de este templo son románicos, como se demuestra con una parte del primitivo claustro, del que quedan unos seis capiteles, de gran ingenuidad, con figuras humanas, de las que he escrito estar peinadas con  peinados muy simples, llenas de encanto, así como sus vestiduras. El Cristo de Lecina del siglo XII encuentra alojamiento en una capilla, que se levantó en el siglo XVI. También se conserva un báculo de marfil.  Se encuentra entre los capiteles románicos,  uno de una originalidad, que no se ha encontrado en otras obras románicas, y del que ya he escrito que se trata del capitel en que se representa la creación de Adán, en que se pretende representar la figura de Dios, con un trío de cabezas, con lo que quiere dar la solución al Misterio de la Trinidad.
Toda la Historia, se ha trabajado en renovar obras, pues en el siglo XVI, construyeron la Colegiata de Santa María, dirigida por Juan de Segura, el mismo que creó la Seo de Barbastro. Se adornó aquel templo con maderas policromadas y doradas, que recuerdan el arte barroco. El retablo Mayor es obra de discípulos de Damián Forment. En su tiempo  se construyó un claustro gótico, en cuyos muros se pintaron variadas escenas, de la vida de Jesús, cuando todavía era un niño. A Alquezar se adjudicó el título  de Conjunto histórico –artístico en el año 1982, cuando sería justo  añadir que está rodeado de un conjunto Natural.
No sólo vivieron en Alquézar devotos cristianos, valientes guerreros, sino que también  convivían judíos e incluso gitanos, en los primeros años que llegaron a España. Una ilustre familia del pueblo de Aguas, pueblo cercano en el Somontano, que ya marchó hace muchos años a Zaragoza, venía de los judíos de Alquézar,  pero luego intentó adaptarse a la historia, obteniendo el escudo de Infanzón. Dicen que en Alquézar, en aquellos tiempos de la expulsión de los judíos, éstos convivían amigablemente con los gitanos, que también fueron perseguidos. En aquellos antiguos tiempos, había judíos en Alquézar,  para comerciar y los gitanos seguían  viajando por España.
Pero fue la religión cristiana la que se desarrolló en Alquézar, donde, además de la Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor, se encuentra entrando en el pueblo a la derecha la Iglesia de San Miguel, donde se celebran, mayormente, los cultos religiosos. En el centro del pueblo se alza la Virgen de las Nieves. Además existen las ermitas de San Antón, del Pilar, la ermita dedicada al patrono de Alquezar, es  decir a San Hipólito. Al llegar al pueblo y subiendo  hacia la derecha,  en un alto se encuentra la ermita de San Gregorio. En la altura del castillo moro, se ven las dos santas del Somontano, cuyos cuerpos se echaron en un pozo en Huesca capital y cuyas reliquias  se encuentran en el Monasterio de Leyre, en Navarra. Están sus figuras en un muro sobre una puerta, que dicen era de la cárcel, donde estuvieron prisioneras, antes de su martirio. Encima del antiguo Mercado de Huesca, en una especie de ventana, se encuentran también las figuras en colores de ambas santas, pintadas y colocadas por mi sobrino Feliciano Llanas.
He escrito que cuando Alquézar  fue declarado Conjunto- Histórico Artístico, podían haber añadido que estaba rodeado por un conjunto Natural. Por ejemplo la Sierra de Guara, de paisajes encantadores. El río Vero guarda rincones, en los que pueden verse pinturas prehistóricas, como también se encuentran en diversas cuevas, cercanas a la Villa de Alquézar.
He nombrado a los distintos pobladores de Alquézar, como los moros, los cristianos, los judíos y los gitanos y el día de hoy, se encuentra gente de todos los lugares, de los que unos, hacen su vida comercial y otros veranean o se encuentra gozando del turismo.
En Alquezar es una figura el sacerdote José María Cabrero  Bastaras, natural de Siétamo, hijo del señor Mariano y de la señora Antonia, que además de José Mari tuvieron a Marianito, hoy el gran Mariano. Tienen su casa en la carreterra, pero a ella sólo acude Mariano, que ha sido administrativo durante muchos años, pero que es un hombre culto, que canta en los Coros de Huesca capital,  cuando aprendió a hacerlo en el coro de la iglesia de Siétamo, donde cantaban aquellos, como su padre Mariano y Lobateras, que conocían una música ,que recordaba a la gregoriana. Yo, en cierta ocasión, me puse a cantar, pero mi forma de hacerlo no le gustó a Mariano, que me echó una repulsa. El padre era el señor Mariano, hombre grueso de cuerpo y de espíritu, que miraba por todas partes el bien de los sietamenses.  Estuvo ayudándome a dirigir el Ayuntamiento,  cuando se pusieron el agua potable por las casas, la pavimentación, el alumbrado público y se arregló el edificio del Ayuntamiento Al mismo tiempo se hicieron obras semejantes en los pueblos a Arbaniés, Liesa y Castejón de Arbaniés. Pero la figura que siempre ha destacado por su personalidad, por su espíritu de trabajo y por su vocación apostólica ha sido la de Don José María Cabrero Bastaras, que estudió para ser sacerdote en Huesca y en Roma. Lleva unos treinta y cinco años de Párroco en Alquézar y no ha descuidado su labor apostólica en Alquézar y en los numerosos pueblos próximos  al Roquedo del Alcazar , con los restos de su castillo y de la Colegiata  de  Santa María.
Se ha introducido además,  en la labor apostólica, en la recuperación de las múltiples obras de Arte,  que se han realizado  a través de los siglos en  Alquézar.
Pero así como su padre se preocupó de las obras sociales en Siétamo y en los vecinos pueblos,  José María ha atendido  a los pueblos de Buera, Radiquero, Colungo, Azque,Lecina, Betoz, Arcusa,Eripol y otros. Precisamente este último Domingo de Pascua, estuvo mi hijo con sus compañeros exploradores de la Montaña altoaragonesa, en la Iglesia de la Virgen de la Tierra, en el pueblo de Barcabo y allí estaba don José María Cabrero celebrando la misa y presidiendo la procesión de los Ramos. ¡Cuánto quieren a su Parroco Don José María los habitantes de esas tierras!.
Hay que tener en cuenta que además de su trabajo en el medio de Alquézar, en Huesca trabajaba en  la Sede de la Diócesis.
Yo he estado en varias ocasiones en Alquézar, una de ellas porque mi esposa Felisa, quiso ir a ver a la buena madre de Jose María, doña Antonia Bastaras, viuda de Mariano Cabrero. Al morir éste, José María se llevó a su madre a Alquézar,  a vivir con él. Como la muerte es propia de todos los humanos, al fin se quedó solo en Alquézar, pero amado por todos los vecinos de esa Villa  y de sus pueblos. Me dijo mi hijo, que cuando iban por aquellos pueblos atendidos por José María al decir que había nacido en Siétamo,  en el mismo pueblo donde nació su párroco, todos lo querían invitar a “echar un bocado, acompañado por un buen trago de vino”. Mi esposa Felisa, hace ya muchos años quiso ir a ver a la madre de José María a Alquézar, recibiéndonos ella, porque su hijo estaba, como casi siempre, trabajando por Cristo en un pueblo. Sentimos Antonia y nosotros una gran alegría y nos despedimos de nuestra vida comunitaria, en Siétamo. Ella se sentía feliz con su hijo,  en Alquézar. Pero mi esposa soñaba con la belleza del  pueblo, la protección del Cristo  de Lecina y de la Real Virgen María, se fue con sus hijos a contemplar la procesión de Viernes Santo. Ultimamente, yo también acudí con un grupo de Hermanos de San Viator a venerar desde el Espíritu Santo a las santas Nunila y Alodia.
Ya pasaron los tiempos en que vivieron el señor Mariano y la señora Antonia, que sufrieron en la Guerra Civil, pero fueron felices y mi esposa, al cumplir  conmigo, las Bodas de Oro, lo llamó a Siétamo y celebró la misa en la Ermita del Viñedo y en la comida, en el restaurante bendijo la mesa y “a nosotros también”. Pero su presencia nos hizo felices hasta que nos vayamos de este mundo, porque al celebrar en la Ermita de la Sierra de Guara del Viñedo, nos acordamos de la cantidad de ermitas que él ha reparado,  en aquella prolongación de la misma Sierra de Guara. De la misma forma que Alquézar es un monumento de la Naturaleza y del arte, Don José María Cabrero, vive, después de haber estudiado en Roma, en plena Naturaleza  y canta jotas que emocionan los corazones, como aquellas con las que se despidió de nosotros en el pueblo de Siétamo. ¿Cómo ha podido realizar tanos estudios como en su carrera de Ciencias Biológicas y realizar tantos trabajos como el de la enseñanza en el Bachillerato, hasta que ha sido jubilado?. Parece imposible contemplar a un Licenciado, dando clases de Bachillerato, al mismo tiempo que estaba restaurando ermitas en su Parroquia?.
Es José María un hombre humilde, pero el salmo 110, me recuerda la grandeza de su sacerdocio, cuando dice:  “Tú eres sacerdote eterno, según el orden de Melquisedec”.

Banderillas

Yo no podré  olvidar nunca la Torre de Casaus, hoy toda ella convertida en el Barrio de San Jorge, a cuya ermita subían el día en que se cel...