sábado, 19 de marzo de 2022

Al lado del Camino de Santiago, se encuentra el Bar Santi



Un día del mes de Noviembre del año 2004, en la población de Zizur Mayor, al lado de Pamplona, entré en el Bar que está situado al lado del Camino de Santiago, al que no había visitado desde hacía aproximadamente un año. Recibí la satisfacción de ser reconocido por su dueño, un aragonés de Zaragoza, que ha comentado mi presencia con un navarrico de ochenta años, que había conducido en su juventud camiones por la provincia de Huesca. Me ha saludado y me ha llenado de satisfacción, porque me ha recordado la ciudad de Zaragoza y su barrio de Las Delicias, ciudad donde yo viví y estudié durante cinco años y él había nacido en dicho barrio y se acordaba de su abuela, nacida en Pinseque y que se casó con su abuelo, nacido en Utebo. Es un hombre serio y sin embargo yo observaba como se acordaba, cuando era niño, de ver llegar al tranvía de Torrero –Delicias y de cómo daba la vuelta para subir otra vez a Torrero. Otros recuerdan los pequeños pueblos agrícolas con sus machos, sus bueyes y sus mulas y Santi Bueno se conmueve con el recuerdo de los entonces casi nuevos aparatos mecánicos, que se han creado para que la gente pueda vivir unida en las grandes ciudades. Estuvo de camarero en el Café Oriental, donde recuerda la presencia de aquellos hombres  vestidos con su blusa negra de tratantes, hombres formales, que cuando después de un trato le daban la mano a aquel al que habían comprado el animal,  le entregaban el dinero, que abundante llevaban por los bolsillos. A él le llaman la atención los nombres vasco-ibéricos de Alagón, de Gurrea y de Ejea y se acuerda de sus dos hermanos que viven en Zaragoza y sobre todo de su hermana, que allá en Estados Unidos le trae a la memoria los nombres antiguos de España, como el Alamo, San Bernardino y California.
A los pocos instantes llegó Antonio Chamorro, también viejo conocido mío, cliente del Bar Santi, nacido en Bermaj en la provincia de Jaen. A continuación hablamos de muchos temas, como por ejemplo de las olivas que en su tierra se recogen en los trescientos y pico mil olivos, que por allí vegetan. El recuerdo de aquellos olivos le ha llevado a hablar de la Virgen, que se encuentra en la Ermita de Cuadros de Bermaj, que está  asentada en el torreón enorme de un antiguo Castillo. El, como su esposa Julia Reyes, la aman tanto, que con los ojos humedecidos, se puso en el bar a cantar con su estilo flamenco, aquella canción, que dice así:”¿Dónde vas Blanca Paloma- A deshora, por la noche- Vas en busca de tu Hijo,- que lo entierran esta noche?.¿Quién me presta una escalera-para subir al madero - a quitarle las espinas – a Jesús el Nazareno?.
Cuando cantaba al Cristo de su pueblo y a la Virgen de Cuadros, se le notaba en sus modulaciones y en las contracciones de su cara, que dicha Virgen no estaba sólo en su pueblo, sino también en su corazón.
En estas conversaciones y canciones estábamos, cuando apareció por ahí un joven extremeño de Puebla del Prior, pequeño pueblo de la provincia de Badajoz. Contó que en ese pueblo tenían una gran figura del toreo, que se llama Miguel Angel Perera y también habló de la Virgen de Botó, que llevaba colgada en una preciosa medalla de oro. Ha hablado de los corderos y de los cerdos que tan abundantes se crían por su tierra, así como de los garbanzos, de los pimientos y de los espárragos que tanto abundan en aquellos campos inmensos a los que miraba y no veía su fin. Al oír cantar al andaluz, le entró la emoción y también se puso a cantar canciones de su tierra y a recordar el dialecto que ya casi no se habla en Extremadura, a saber el “castúo”. Este hombre joven tiene la sabiduría de un hombre de cien años, pues dice que ahora los jóvenes no hablan mas que de fútbol y de unas cintas, que hacen sonar en sus cabezas con sonido retumbante, con un pom, pom, pom estridente, que les impide decir adiós a sus primos  y a sus tíos y amigos, que por allí pasan.

Nos hemos marchado emocionados al cambiar la conversación que ordinariamente llevamos los hombres en los bares y darnos cuenta de cómo casi todos tenemos un afecto a las Vírgenes de nuestros pueblos, a la lengua que por ellos se habla y a las costumbres que por ahí se usan todavía y más porque los cuatro habíamos sacado una estampa de la Virgen, a la que tanta devoción tenemos en nuestros pueblos.       

viernes, 18 de marzo de 2022

San Martín de la Val de Onsera, punto de unión de los Pirineos con el Somontano

 


Es la de San Martín una humilde ermita,  que se encuentra en un lugar “profundo y horroroso”, como lo describe  el Padre Huesca. Su historia es muy antigua, desde los visigodos, en que se ocultaron de los moros. Fue por esos europeos nórdicos,  ocupado, como eremitorio. Dicen que fue fundada esa ermita en el siglo VIII, pasando después a Monasterio, al que acudió San Urbez de Nocito, donde ejerció unas veces de pastor de ovejas y otra, fue ordenado  como pastor de almas al ser, en aquel lugar, ordenado sacerdote. San  Urbez, nacido en Burdeos, ciudad  francesa,  se acogió hacia el año de 750 a las entrañas de de la Sierra de Guara. Por las orillas del río  Guatizalema, conservan la tradición de que en el pueblo de Ola, encima del pueblo desaparecido, de Olivito, bajó San Urbez  a pastorear y dicen que la losa de piedra sobre la que dormía  este Santo,  que se conserva en Casa Otal de Ola, la cubría  con una piel de oveja. Como venía San Urbez  de San Martín de la Val de Onsera,  donde salta una cascada de agua y hay una fuente dentro de la iglesia, “no pudo menos que lanzar su vara en el Saso, que se clavó en tierra e hizo brotar agua”. El nacimiento de esta agua brota en el Saso de Siétamo.
San Martín de la Val de Onsera, parece  ser un Monasterio  anterior al siglo VIII, aproximadamente al año de 750, pues en este año, San  Urbez se incorporó al Monasterio, ya que en Aragón en el siglo VI, ”tuvo lugar la evolución del ascetismo o   eremitismo  antes del MONACATO”. El Monasterio lo fundaron  entre los años 507 y 511.
Como acabo de escribir, San Urbez nació en Francia y vio como los moros llegaron hasta esta tierra. En Olorón , ciudad del Bearn, al otro lado de los Pirineos en su catedral se ven dos enormes estatuas de dos fornidos moros , sosteniendo un pórtico en dicha Catedral. La llegada de los africanos  provocó la venida a España del Emperador Carlomagno, que no pudo entrar en Zaragoza y en su retirada a Francia fue derrotado en Hecho y en Roncesvalles. Pero todos los Pirineos  estaban llenos de enclaves de tropas de Carlomagno, que influyeron en  todo el Pirineo de Navarra,  de Aragón y de Cataluña.
“Carlomagno preparó la fuerza religiosa en el Pirineo, pues al establecerse tropas militares de los francos en Aragón, fomentó la causa de la restauración del Monasterio de  Asán en Peña Montañesa, trasladando a los frailes de San Martín de la Valdosera al citado Monasterio. Monasterio,   cuya localización se perdió. Además se fundaron los Monasterios de Matidero, en el Sobrarbe, San Martín de Ciella en Ansó,  que fue dirigido por un capellán de la Corte Carolingia y San Pedro de Siresa en la Val de Echo, adaptándose a la dieta sinodal  de Aquisgrán”.
“Pero queda la duda de si coincidieron  en el mismo lugar San Martín de la Valdonsera y San Martín de Asán. Dicen que el patrono San Martín de los monjes de la Val Donsera, fue el mismo que  San Martín lo fue de los monjes de San Martín de Asán, que estaba cerca de Montearagón y cerca del río Flumen. Ocurría lo mismo con el Monasterio de la Valdonsera, que tiene una fuente dentro de su iglesia y la cascada exterior, desembocan por el barranco en el río Flumen”. 
Parece ser que “al establecerse enclaves militares  francos en Aragón, se fomentaron las causas de la restauración del Monasterio de Asán, en Peña Montañesa, y la fundación de los Monasterios de Matidero (Sobarbe), San Martñin de Ciella (Ansó), que fue dirigido por un capellán de la Corte Carolingia y San Pedro de Siresa ( Val de Echo) y se adaptaron a la dieta sinodal de Aquisgrán, en tanto Carlomagno, intentaba apoderarse de Zaragoza”.
Antes de llegar Carlomagno a los Pirineos de España, aquellos Monasterios no era tales, sino refugios de los eremitas o anacoretas. San Urbez  cuando llegó a estas zonas, fue un eremita o anacoreta, acompañada su  soledad por los rebaños que pastoreaba, pero que pasó al Monacato cuando entró en el Monasterio de San Martín de la Valdonsera.  En dicho Monasterio fue ordenado sacerdote y en él estuvo viviendo unos cuarenta años, hasta que subió al Monasterio de Nocito, donde murió. ¿Se puede pensar si este Monasterio de la Val Donsera , fue anterior al de San Martín de Asán?. Pero la marcha de los frailes de Asán, no impidió que San Martín de la Val Donsera, tuviera capacidad de mantener con vida a otros Monasterios de la zona , como San Ginés de Isarre, que se encontraba, encima de Santa Olaria o Santa Eulalia la Mayor, San Pedro de Antefuenzo, San Urbez de Nocito y San Cosme y San Damián.
San Urbez, como he escrito, estuvo cuarenta años viviendo en San Martín de la Valdonsera y tuvo el deseo de ver hermosas tierras,  debajo de la Sierra de Guara hacia la llanura del Somontano.  Pero de la misma forma que Carlomagno se lanzó a conquistar Zaragoza, San Urbez, salió  de San Martín de la Valdonsera, punto de unión de los Pirineos con el Somontano. Estaba en San Martín de la Valdonsera, una humilde ermita, que se encuentra en un lugar “profundo y horroroso”, como lo describe el Padre Huesca. En lugares como éste,  se refugiaban los visigodos de los invasores árabes. Desde los años 507 a 511, se introdujeron en aquellas cuevas y ermitas, muchos eremitas y anacoretas. Y en aquella zona montañosa, los cristianos crearon el Castillo de Loarre, el de Montearagón y el paso por Santolaria la Mayor y el pueblo de Isarre, la Ermita del Viñedo, donde, debajo de la Montaña, fabricaban vino. Por Santolaria y por San Julián de Banzo, caminando por la Montaña, se llegaba al Monasterio de San Martín de Urbez.
Así como Carlomagno bajó hasta Zaragoza, para conquistarla, San Urbez, por el entonces pueblo de Vadiello, bajó por el monte de Loporzano, Siétamo y Olivito, al pueblo de Ola. Desde este pueblo, mirando hacia la Sierra se ve al fondo el Monasterio de Montearagón  y  una llanura, que producía cereales y vino. Entre Loporzano y Siétamo estaba, en la Vía Romana, el pueblo de Quinto, a cuyos habitantes, años más tarde,  subieron las monjas de San Martín de la Val de Onsera, a las mujeres viudas y ancianas, para acabar con la vida de Quinto. En 1641, en un “Compromis y amojonación de la Alera de Loporzano y Siétamo”, se quedó Loporzano con Quinto y Siétamo con la tierra de Olivito, hasta Ola   Desde la Sierra se veía desde Fraixinito, por donde subían hasta hace unos escasos años, a los pueblos de Used, Bara y Zamora, aquel territorio llano de Tierz y de Loporzano,Olivito y Ola.
Y desde Ola y Olivito se ve Gratal, Fraixinito, Santolaria y Guara. Cuando vivía San Urbez en San Martín de la Val Donsera, debajo de la Sierra dominaban de un modo casi absoluto, los moros. Y San Urbez que amaba al ganado lanar y como sacerdote, quería ayudar a los cristianos de aquellas tierras dominadas por los moros, en aquellas épocas, de las que no quedan papeles escritos, bajaba a Ola. Como amaba el riego de los campos, creó una fuente en el Saso entre Ola y Siétamo, de cuyas aguas yo me acuerdo de cuando las conducían al Campo de Aviación de Monflorite. Se guarda en casa Otal de Ola una losa pétrea, sobre la que con una piel de oveja, dormía el Santo.
A lo largo de tan larga historia, ha habido luchas entre cristianos y moros, pero según me contaba Don José María Trisán de Fañanás,  que en 1450, el zabacequias de Fañanás Pitarque  de Blasco, súbdito del Señor Juan de Gurrea, jugaba a tirar la barra de hierro, con el moro Mahoma Océn, buen tirador de barra, en el Saso,  que se encuentra entre Argavieso y Fañanás. Es de creer que cuando San Urbez bajaba a Ola, habría buen trato entre los moros y los cristianos. ¡Cómo cambiaba el paisaje mirando desde Ola al lugar donde más tarde se construyó Montearagón,  que se contemplaba una gran llanura, con un fondo montañoso!. Pero cuando salía de San Martín de la Val Donsera y llegaba al pueblo de  San Julián de Banzo o por el Guatizalema bajaba hasta Loporzano, no se contemplaban tales montañas, sino campos de cereales y olivos.
 Pero la historia de las peregrinaciones a San Urbez, no se ha acabado nunca, pues allí ha acudido el Rey de Argón Pero IV, que le pedía a San Urbez que su tercera esposa tuviese descendencia.  Acudió también Don Alfonso Felipe de Gurrea y Aragón conde de Ribagorza y su tercera mujer, cruzando descalzos la la Valdonsera en 1524, para tener descendencia.
Desde siempre han acudido los aragoneses a pedir la ayuda de San Urbez, entre otras instancias a pedir la fecundidad. Todos los años los pueblos cercanos han pedido la lluvia para sus campos, haciendo una romería el último domingo de mayo.
En época todavía de dominio moruno, vivía en Siétamo un noble joven, que se enamoró de una bella joven musulmana de Argavieso. Este relato lo conservo en una copia, que ahora no encuentro. Ese amor fracasó por las diferencias religiosas,  pero me acuerdo del profesor de la Universidad de Huesca, que me lo regaló y no lo puedo encontrar. ¡Dios mío qué diferencias han existido entre los hombres y mujeres y como han aumentado las diferencias entre ellos y ellas!. Yo creo que San Urbez hubiera hecho amar a los animales, como consiguió su amistad con un oso, pero el odio ha seguido  creciendo a través de la historia, manifestado en Nocito, con el fuego con que se abrasó al Santo.
Amó  San Urbez  a los animales, incluso al oso y murió a los cien años de edad, conservándose su cuerpo incorrupto, hasta el año de 1936, en que fue abrasado, en Nocito,  donde había vuelto después de muchos años. 

Un aragonés en el Café Iruña de Pamplona

 


 



Hoy, día 2 de Enero de este año de 2010, me he encontrado en la plaza del Castillo con mi compañero veterinario Augusto Echeverría, en compañía de mi yerno Santiago, con el que estudié ya hace más de cincuenta años en la Facultad Nueva de Zaragoza ,el año que se inauguró. Fue grande la alegría que a ambos nos produjo este encuentro y entramos en el Café Iruña para celebrarlo. ¿De qué temas íbamos a hablar, en una Plaza, que con su grandeza parece representar, igual que un cuadro, al antiguo Reino de Navarra?. Augusto es del pueblo de Allo, que se encuentra debajo de Estella y siente su fervor por Navarra, con un corazón que ha nacido en el centro de este Reino. Y por tanto nos pusimos a hablar de su Historia ya pasada y de sus costumbres, conocidas por mi amigo, aunque ya también están desapareciendo. Comenzamos hablando de la Diputación Foral de Navarra que se alza en la parte Norte de la Plaza, frente al Sur en el que nos encontrábamos nosotros dos, dentro del Café Iruña. Al Este hay un Palacio, convertido actualmente en viviendas y en oficinas y en el Oeste, debajo de sus porches, los sábados de reúnen vendedores de antigüedades y monedas ibéricas, de las que yo, en otras ocasiones había visto comprar varias de ellas. Una era el denario, gravado con la palabra en íbero, Bascunes. ¡Qué recuerdos de los primeros tiempos en que España se estaba formando, escritos en lengua ibérica o como algunos la llaman vasco-ibérica!. Porque no sólo está escrito el nombre de las monedas, sino que el monolito, que se encuentra debajo de la Diputación Foral, en uno de sus lados se muestra un escrito en dicha lengua. En el Museo están varias orlas de teselas romanas, con una inscripción en latín y que acaba con un texto , que para mí es ibérico. ¡Ojalá que algún entendido descubra su significado, que acabará de demostrar palpablemente el beneficio que supuso el pacto de los vasco-navarros con los romanos, que motivó la conservación de su legua y de sus costumbres!. La fundación del Reino de Navarra tuvo lugar en el siglo IX, por el famoso Iñigo Arista, del que el Doctor Cardús decía que estaba enterrado en el Monasterio de San Victorián, en el Sobrarbe del Alto Aragón y otros dicen que está sepultado en el Monasterio de Leyre; no está muy clara la respuesta a esta pregunta, por la obscuridad de los documentos de aquellos viejos tiempos. Cuando voy a Jaca, me encuentro con las ruinas del pueblo de Esco, que es una palabra vasca, que quiere decir mano. Ya en pleno Pirineo se encuentra el pueblo de Escoain. En los mismos límites con el Alto Aragón, se encuentra el pueblo de Javier o Xavierr. Con este mismo nombre hay más de cuarenta Jabierres y antes Xabierres, entre pueblos y montes en el Alto Aragón. En el Pantano de Yesa, desemboca el río navarro Esca, que aparte de suministra aguas, es el origen de los nombres navarro-aragoneses de Escario, Escalona, Escabosa,etc. He citado la primera dinastía de Iñigo Arista, pero la siguiente dinastía vasca o vascona,fue iniciada por Sancho Garcés I rey de Pamplonael año 905 y alcanza su madurez con Sancho III el Mayor desde1004 a 1035,que fue llamado Rex Ibericus, porqué dominaba todos los reinos de los cristianos, que en su conjunto eran España. La Reconquista unió a los Reinos Españoles en las guerras contra los musulmanes y el año 1212 ganan la Batalla de las Navas de Tolosa, exhibiendo desde entonces las Cadenas de Navarra. Tuvieron Aragón y Navarra varios reyes comunes, pero no “dependieron” los navarros de los aragoneses ni éstos de los navarros, pero fueron fieles a su misión pues Alfonso I el Batallador, conquistó Tudela, que es una gran ciudad dentro de Navarra. Murió a consecuencia de las heridas que recibió en a Batalla de Fraga en el año de 1134 y fue enterrado en el Monasterio de Montearagón y después de su ruina, lo enterraron en los Claustros de San Pedro en Huesca. Pero después de comentar la Gran Historia de Navarra, Augusto me ha contado sus pequeñas historias, que vivió en el Café Iruña, que nos acogía. Me explicó como del Norte de Navarra y de la Cuenca de Pamplona, acudían cierto día de la semana, muchos montañeses que eran de habla vasca y como buenos montañeses poco comunicativos. Pero en aquella inmensa Plaza se abrían sus espíritus y comunicaban todos sus problemas, desde los suyos propios a los de sus hijos, que también acudían allí. Tenían como los altoaragoneses la tradición de dejar a uno de sus hijos heredero de sus bienes o patrimonio. Solía ser heredero el hermano mayor, pero en ocasiones iban despidiendo a sus hijos mayores y el último heredaba los bienes con la obligación de trabajarlos y de cuidar a sus abuelos hasta la muerte. A veces allí mismo iban colocando a sus hijas. En cierta ocasión un montañés ofreció al hijo de un amigo, que si quería casarse con una hija suya. Al día siguiente subió tal hijo a su casa y le presentaron a toda su familia. El dijo que no estaba mal la novia prometida, pero que a él, le gustaba más la hermana pequeña. El padre le respondió: “hay que guardar el pan fresco para mañana y emplear el que puede secarse”. La hermana pequeña se quedó de “tiona”, pues no se casó nunca. También se quedaban algunos hombres para “tiones”, que tenían la obligación de trabajar y el derecho a ser mantenidos y cuidados, aunque a algunos les tocaba dormir en las cuadras, para cuidar a los animales. En el Alto Aragón ,yo recuerdo a un “tión”, que en una casa de aquellas que eran más ricas ,uno se quedó como tal y en lugar de trabajar ,iba a cazar y a tocar la guitarra. Y como dice Augusto que algunos se daban a la bebida, lo mismo le pasó al “tión” altoaragonés. Ya están construyendo la autovía que unirá Huesca con Pamplona y a Pamplona con los Pirineos. Entonces estaremos más unidos. Entonces venían los Ripas de Jaca a Pamplona y todavía guardo una carta que escribieron desde esta capital del Reino de Navarra, a mi casa de Siétamo y que guardo con mucho cariño.

jueves, 17 de marzo de 2022

El Café Iruña en Pamplona.-

  


Es un Café vivo,  en medio de Pamplona, aunque recuerda su origen de más de cien años, en que se empeña esta ciudad en seguir conservando. Es una obra realizada a final del siglo XIX y parece que es la ciudad de Pamplona, la que  va contra la idea de modificar el aspecto conservador, de un Café real. Cuando llega uno a este Café, no se encuentra en un lugar antiguo, que le haga recordar un ambiente pasado  de moda, sino que siempre se encuentra en una Navarra antigua, que parece recordar una forma de vida ,que no se pasa, que no se hace antigua, sino que a uno le parece recordar el origen de su lengua vasca, con su amor a Navarra, que se niega a perder el “Egunon o Buenos días”, como se encuentran los nombres vascos como Osca, Alerre, Ayerbe, Jabierre, repartido por varios lugares de la Provincia de Osca. Yo he asistido en Ayerbe a clases de vasco, cuando se estaba ya acabando la desaparición de esta lengua. Que se ha acabado de hablar el vasco en Uncastillo, donde en su iglesia se encuentran pinturas vascas,

En la Plaza del Castillo de Pamplona, en el centro de esta ciudad  y en su cara Sur, bajo unos porches, que albergan la Cafetería, se alzan numerosos veladores con sus sillas para tomar un café. En el buen tiempo están llenos los veladores de la terraza, de alegres y divertidos consumidores de café. En estos porches los protegen del sol a los clientes, unas elevadas cortinas, que los protegen de los rayos del  luminoso Astro.

Hacia el centro de la Plaza preside un kiosco municipal, que en ocasiones está habitado en su elevado círculo, por un grupo de músicos o cantantes, que son escuchados por la multitud de  asistentes para escuchar y gozar las notas musicales, que elevan por medio de los oídos de los clientes, que están tomando sus bebidas, como si fueran las notas de la palabra café.

Fachada del café Iruña.

Aquella Plaza del  Castillo de Pamplona, parece que la ciudad se mira al cielo, a través de su claridad, a través de aquel cielo, unas veces soleado, otras lluvioso, pero siempre atractivo.

El cielo con la música  que brota de la Plaza Central, de su kiosco, mantiene las inteligencias y el placer sonoro de los que ocupan, todas las sillerías de los cafés.

Esta Plaza invita a los que llegan a alguno de los cuatro lados de este paraje maravilloso bajo el Cielo, pero no sólo les da gozo, sino que los invita a penetrar al Centro del Café.

Este Café está interiormente dotado de unos cuatrocientos metros cuadrados de superficie con nueve columnas.

Para entrar en Café es preciso pasar por la acera, donde se encuentran muchas mesas con sus sillas para ofrecer a los ciudadanos unos buenos tragos de vinos y licores, que acompañan platos de placenteras tapas.

Entrando por las puertas con sus trabajos de artistas que gravan la madera, se encuentra uno en un ambiente sorprendente por su altura, que da la impresión al que penetra en dicho local  que parece no tener límites. Uno se queda mirando este local ,sin saber  por  dónde  empezar y seguir admirando sus múltiples ideas de las que unas, representan la belleza y otras te hace imaginar, distintas formas de admirar tus sentidos. En la parte superior del enorme salón circulan unos pasillos de madera labrada, en que parecen brotar plantas forales, con la misión de las mismas de embellecer el ambiente elevado del salón y a las que hay necesidad de mirarlas para poder apreciar si dan flores frescas o son recuerdos de la belleza vivida en aquel salón. En la pared que mira hacia el  oeste del Gran Salón, dan sus reflejos luminosos unos reflejos brillantes que a su vez reciben tales reflejos de lámparas luminosas. Por la fachada que mira a la Plaza, unas veces entran rayos luminosos y otras luces más reducidas por las nubes que corren por el cielo.

Entre las mesas y sillas que acogen a los visitadores del gran salón se alzan varias columnas,  que no son jónicas, sino de unos volúmenes que son más recios por su proximidad al suelo y van tornándose más delgados, con distintos adornos. Sostienen unos adornados pasos, que como he dicho saltan de ellos , muchas flores no verdes sino colocadas , hace ya muchos años para embellecer aquel ambiente viejo y nuevo, pasado y al mismo tiempo anunciador del porvenir. Esas columnas sobre las que se asientan esos jardines de flores que dan alegría a unos y tristeza a otros, ofrecen a los clientes unos colgantes de abrigos, chaquetas y sombreros al lado de las mesas en que los visitantes, toman sus cafés.


Pamplona es la capital de Navarra y Huesca y su provincia fue conquistada entre otros navarros por Sancho el Mayor de Navarra (990-1.035). Levantó en Loarre  el Castillo de este nombre, que ha alcanzado una de las mejores calificaciones de castillos medievales del Mundo. En esta zona aragonesa se encuentran los pueblos aragoneses de Luesia, Riel, Agüero, Murillo de Gallego, LOARRE, Nocito y Matidero. Y en aquella zona levantaron el  Castillo de Loarre por los años de 1.033.

El Conde de Aranda, nacido en Siétamo, está enterrado en San Juan de la Peña  y era un apellido vasco, que está representando el escudo de los Abarca, en el Monumento a los Fueros de Navarra. 

miércoles, 16 de marzo de 2022

Antonio de Triste.-

 



El pueblo de Triste se encuentra formando un trío de ellos, con Santa María y la Peña, a las orillas del pantano del mismo nombre, es decir de la Peña. El pueblo de Santa María se encuentra en una elevación, subiendo ya a San Juan de la Peña y desde él se contemplan el agua y los árboles en las montañas. Triste está casi a las orillas del pantano, pero a pesar de estar situado tan bajo, también se ven sus aguas y los árboles están en el mismo pueblo, que casi no se ve hasta que a él llegas. Llama la atención la iglesia parroquial de estilo románico, que me dijeron que la habían restaurado hace unos pocos años. A mí me dio sensación de una belleza triste, porque estábamos en invierno y aquellos pinos que conservan sus hojas durante él, oscurecían el pueblo y la iglesia románica. Me quedaron ganas de volver a Triste un día de verano, en que la luz  del sol alegra a las personas que allí van a  veranear.
Aquella zona está más animada en el estío, con sus dos restaurantes, el puente y el túnel, la capilla a su lado y la estación de ferrocarril, cerca de la que se encontraba una fábrica de carburo; en cambio en invierno el restaurante mayor está cerrado y no se ve circular personas por el bello paisaje.
En el pueblo de Triste nació Antonier el año 1943 y le dieron por muerto a los tres meses  de su nacimiento, diciéndole el médico a su buena  madre: “si no aguanta se morirá”, pero Antonier aguantó, porque los que lo conocemos hemos comprobado que tiene con algunos clientes, un “aguante como un caballo”. A los pocos días dijeron que lo que le había sucedido era un ataque de epilepsia. De aquella zona bajaron  otros aragoneses y aragonesas, como mi abuela  paterna,  casada con el banquero Casaus del Coso Bajo de Huesca, que nació en Botaya, en casa López  y otros subieron como el Conde de Aranda  que allí yace. No fue sólo   Antonier el que bajó, porque él, sube y baja  con frecuencia. Su padre estaba encargado del funcionamiento de la fábrica de carburo. Yo me imaginaba a mi amigo haciendo experimentos con el carburo, como los hacíamos en mi pueblo de Siétamo, pero no jugó con dicho productor de gas, porque era muy niño cuando tuvo que marchar de Triste y su padre gran conocedor de tal producto no se lo dejaba usar, porque quería a su niño, al que supongo que llamaría  “o mocer”. Cuatro años tenía cuando fue a vivir a Jaca, pero él tenía que volver y lo hizo cuando llegaron los años 1965 a 70. Todavía conservaban su casa natal, que habían tenido alquilada, ocupándose su padre del cultivo de sus tierras por medio de arrendadores. Volvió a Triste Antonier, pero todavía sigue subiendo todos los domingos a gozar de sus recuerdos humanos y aragoneses
El es un gran aragonés porque ama su tierra, es trabajador y honrado y nunca deja insatisfecho a ningún cliente, porque si  le  llevan unas llaves recién hechas que no abren las puertas, él las coge y no se sabe como lo hace, pero cuando las tienes que usar funcionan como las primeras que compraste. En Jaca estudió en los Escolapios, orden fundada por el altoaragonés San José de Calasanz y entre sus padres, su origen en Triste, su proximidad al Monasterio de San Juan de la Peña y la formación religiosa y humana que recibió en Jaca, como también en los Escolapios mi difunto hermano Manolo, salió hecho todo un hombre al servicio de todos los hombres. 
Yo calculo que por el año de mil novecientos cuarenta y tres, en que nació, le  debe faltar ya poco para jubilarse. Entonces irá con más frecuencia a Triste, al que  convertirá en el pueblo de la alegría. Yo saco de su vida la conclusión de que si hasta ahora lo hemos llamado Antonier, de ahora en adelante hemos de decirle Don Antonio Estallo.

lunes, 14 de marzo de 2022

Ana, la “libre pensadora” o la “hippi” aristocrática

 



He estado leyéndole a Ana, los sufrimientos, que durante la Guerra Civil, pasó en Lérida y en Tarrasa, su madre, Doña Carmen, que ya está en los ochenta y cinco años de edad y que me ha contado, durante estos días, con gran sentido del humor, en las termas de Comarruga.  Ana, que es hija de Doña Carmen y que había venido a buscarla,  desde Lérida,  me ha cortado para aclararme la idea que me había formado, sobre las aventuras de su madre. Y me ha dicho, al leerle la marcha de las dos niñas de catorce y de doce años, sobre los peldaños por los que se subían a los vagones del tren, contándome  a su vez, que su madre también subía a los vagones de mercancías y abría sus compuertas y rajaba los sacos de carbón o de alimentos, para que la gente necesitada, pudiera recoger carbón para calentarse, y habas o habichuelas, para poder comer. ¡Dios mío!, esta Ana, mucho más joven que las personas mayores que acudimos a las Termas de Comarruga, también tiene conocimientos sobre lo que pasó el pueblo en esa Guerra Civil. Pero ella piensa y reflexiona sobre la actitud  humanitaria de su madre y te abre el pensamiento sobre el papel protector de la mujer hacia sus hijos, hacia su esposo y no sólo hacia ellos, sino hacia toda la sociedad, como deduce de  la labor distribuidora de calor  para las cocinas y para las estufas, y de calorías para los cuerpos. Actuó su madre abriendo las puertas de los vagones y rajando los sacos; estaban abriendo y repartiendo  amor a sus prójimos. Pero la mujer, al acabar periodos oscuros, abre sus pensamientos libremente para repartir la felicidad entre los espíritus de los hombres, como se ve claramente en el comportamiento de Ana, con los hombres y mujeres, que acuden a lavar sus cuerpos con las aguas medicinales de Camarruga.  A todos los escucha, a todos les hace caso y procura distraerlos en las  sesiones de baile, en las que ella misma baila con soltura y con una gracia, que llena de alegría los corazones de los, que hoy día, renuevan su vida con el baile; no como antes  cuando tenían que ir a buscarse el pan de cada día.
Lleva a sus “protegidos” a la Vil-la de Pau Casals, donde les hace gozar del arte, les recuerda aquellos ya viejos cuartos de baño, que a mí me producen tristeza, pero casi todos, el ver la bañera y los grifos de Paul Casals, les alegra los corazones y les da esperanza de un futuro grato. Un futuro del que hablaba Pau con “el lenguaje universal” de la música del violonchelo. Pero Ana no sólo goza con los bosques, los pájaros cantando, sino que me ha hecho reflexionar sobre la actitud de varias mujeres, durante su larga vida, que calladas  y con humildad, hicieron que Pau Casals fuera como un rey del violonchelo, y al mismo tiempo acogido por los reyes y políticos del mundo.
Estoy convencido de la inteligencia de Ana, que pensando libremente, llega a la conclusión de llamarse a sí misma, la “librepensadora”.Pero su pensamiento no le da un aspecto de mujer sabia y retraída en sus reflexiones, sino que siempre está acompañada por una actitud sonriente, acogedora e incluso bailadora y es que es una fémina, es una dama moderna y eterna.
Parece ser Ana, una explicación de la oración bíblica, que así reza :”Envía, Señor , tu Espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra. Es como si su espíritu o su inteligencia estuviera todo el día, buscando la creación del bienestar de los cuerpos de las personas mayores y el arte para sus corazones, Así ella busca la renovación de la faz de la Tierra.
Yo,  Ignacio Almudévar, veo a Ana, como una figura librepensadora y aristocrática, al mismo tiempo, pero un hijo suyo, la ve como una “hippi aristocrática”. Es joven el muchacho y tiene razón en llamar a su madre, la “hippi” en inglés, porque cuando baila en la sala con la nariz roja de un payaso, como tal se identifica.

Si, pero su aspecto es aristocrático, por su elegancia y por sus reflexiones de una mujer “librepensadora”. 

“Mataban a la gente igual que a las moscas”


Pantano de Arguis.


Tomás Castán Malo, de apellidos altoaragoneses, nació hace ya unos noventa y tres años, en el pueblo de Arguis. ¡Arguis!, pueblo de la Montaña, a escasamente doce kilómetros de Nueno, ya en  la Tierra Baja. En este pueblo se acumulan las aguas en el Pantano más antiguo de la provincia de  Huesca. A Tomás le llamaba la atención ese pantano, levantado en el siglo XVII, del que bajaba agua a la Capital y hoy, gracias a Dios y al que lo planteó, el señor Artigas, catedrático de la Universidad  Sertoriana, sigue bajando. Así como el agua bajaba por la fuerza de la gravedad, a él, ya muy niño, le atraía la Tierra Baja. El agua que le llamaba la atención por sus deseos de bajar, se acumulaba al lado de su casa, que llamaban Mesón de Foz y que ahora ha ascendido a la categoría de Restaurante de Foz. Cerca está la Peña, al lado de una tremenda Foz, como si las rocas hubiesen sido cortadas con una enorme hoz, para dar paso a las aguas del río Isuela. De niño iba a la Escuela y vivió en Arguis unos treinta y pico de  años. Pero  esta vida feliz,  a pesar de la escasez de medios que en aquellos tiempos se daban en Arguis, como en cualquier otro pueblo de la provincia, la vio interrumpida por la Guerra Civil del año 1936. En el pueblo,  a pesar de que unos eran de derechas y otros de izquierdas, no querían la Guerra y además los alcaldes uno de derechas, llamado Matías y otro de izquierdas, llamado Miguel eran buenas personas y no querían la violencia. La prueba es como en Arguis no mataron a nadie, ni unos ni otros, pero en el frente murieron tres, que seguramente no irían gustosos a la Guerra. Cierto día llegaron al pueblo, algunos vecinos de Nueno y de Apiés y colocaron una bandera de color rojo en la Torre de la Iglesia, cambiándola más tarde por otra de color más obscuro,  de la C.N.T. Entonces llevaron a los jóvenes del pueblo para ingresarlos en el Ejército Republicano, a Barbastro. De allí los pasaron, parece ser que con poca preparación,  a enfrentarse con los nacionales al frente de Madrid, cerca de la Ciudad Universitaria. Allí, exclamó Tomás que “¡mataban a la gente como moscas!” y “no lo sabe usted bien, como era aquello”.En Alcalá de Henares había Campo de Concentración, Cárcel y Penal.
Y ahora escuchan las muertes en Ucrania con una facilidad pasmosa, pero no han olvidado sus muertes recordadas por la lucha de Ucrania.
Por lo visto regresaron después de cierto tiempo a Barbastro y al poco tiempo, se oía por todas partes exclamar: ¡vienen los fascistas y nos van a matar a todos!.Unos se escaparon a Francia y los jóvenes como Tomás y Jesús Banzo de Banastas, se fueron por el monte. Tomás estuvo con otros compañeros en una caseta, pasando hambre y Jesús, en otra caseta en Lascuarre, donde le dio de comer una señora de ese pueblo. Tomás y compañía decidieron bajar a Basbastro y en el camino los pararon unos requetés, les pidieron declaración y los acompañaron al nombrado Barbastro, juntándose en la Plaza de Toros más de mil jóvenes milicianos. Los subieron en camiones a Huesca, al Cuartel de San Juan y allí les dijeron que el que tuviera alguna persona de prestigio conocida que lo llamaran para reconocerlos. Enseguida vinieron unos para unos y otros para otros, se abrazaron al encontrarse y soltaron a casi todos. Al poco tiempo de estar en su casa, los  volvieron a llamar,  para ir a cumplir el Servicio Militar, que a Tomás  le duró unos dieciocho meses, por ser hijo de viuda pero a Jesús lo retuvieron durante siete años. De Huesca, antes de ingresar en el Ejército, los llevaron al Campo de Concentración de Zamora, donde estuvieron, según Tomás dieciocho días y según Jesús un mes aproximadamente. Aquello era un “zuriburri”, lleno de moros, alemanes, rusos, etc. que dormían apretados unos con otros por falta de mantas y “con más piojos que lleva un perro de gallinero”. Así como de Argüís murieron  tres mozos en la Guerra, de Banastas de nueve fueron ocho y así como Tomás estuvo dieciocho meses en el Ejército, Jesús tuvo que estar siete años. Tomás y Jesús se encuentran en el Parque y a sus más de noventa años, recuerdan aquellas penalidades de la Guerra, aunque por sus alrededor no hay jóvenes que escuchen esas aventuras, que los escarmentarían para empezar otra guerra. Si está vivo Tomás, se acordará la guerra que se está desarrollando en Ucrania.  

Las golondrinas

Cuando iba a visitar o a vacunar algún animal doméstico por el Somontano, me fijaba  en las golondrinas, que anidaban en los cubiertos, deba...