lunes, 20 de junio de 2022

Paja y pajuzo

 


Pantano de Calcón  (Huesca)


Asistieron algunos amigos de Siétamo a uno de los cuatro entierros que se celebraron en Angüés, durante el mes de Diciembre del pasado año de 2001. ¡ Dios mío,cómo mueren los habitantes de nuestro Somontano,con sus planas, laderas y honduras debajo de la Sierra de Guara!. Ahora a este Somontano lo llaman falseando su geografía, Hoya de Huesca.Son sus habitantes ya viejos y mayores y llevan en su cerebro una protección de paja,que les hace guardar sus usos y costumbres, para morir y acabar en ellos. ¡Qué bien le vienen a la auténtica Hoya de Huesca estas formas de pensar de los somontaneses, que no se acuerdan de regar, ni de hacer la Concentración Parcelaria!. A esa capa de paja , que les hace respetar sus tradiciones,les ha añadido la Hoya de Huesca otra capa, pero no de paja sino de pajuzo,es decir de paja no fresca,sino empezada a podrir. Cuando la Confederación Hidrogeográfica  del Ebro lanzó el anuncio de que se podían pedir las aguas del Pantano de Calcón, no las pidieron los somontaneses,sino que las solicitó Castellón de la Plana,situado todavía más lejos que la Hoya de Huesca..menos mal que al darse cuenta de este abandono, las solicitó el Alcalde del Somontano de Loporzano.
Mis amigos de Siétamo, que asistían al citado entierro  observaron que  por allí también estaba presente un auténtico aragonés, un modelo antiguo,porque llevaba puestas sus abarcas,con peducos y rellenos de paja , para aislar sus pies del intenso frío reinante en aquellos momentos.Es un hombre mayor,que quiere conservar las costumbres antiguas y no hace caso a los que le dicen que arregle su casa,porque él lo que  quiere es tener leña para su hogar,sus sopas de ajo y sus judías con chorizo y con patatas.Además no tiene hijos.Es como un símbolo de los pocos habitantes que quedan en los pueblos del somontano, porque ellos , cada día que pasa,van quedando menos y más viejos y más solitarios,aislados del mundo oficial por una paja antigua,obtenida de la trilla en las viejas eras, donde sólo quedan unos pajares, ya con goteras.
Tienen en la zona de Angüés el pantano de Calcón y de la misma forma que un día no pidieron sus aguas, para regar, ahora tampoco piden las del caudaloso río Alcanadre, que deberían bajar desde allá arriba,desde Pedruel hasta Calcón,donde convertirían en huerta aquellos montes.¡Qué desprecio le hicieron al gran Joaquín Costa, cuando a la carretera o calle Mayor de Angúés, la bautizaron con su nombre, pero sin agua!.En Siétamo y en Loporzano tenemos las aguas del pantano de Montearagón y las del río Guatizalema, de las cuales tenemos Escritura Pública de Comprar, que hicimos a Santa Eulalia la Mayor y al pueblo de Sipán. Y ahí estamos sin reclamarlas porque nos hacemos viejos y la paja nos aisla como al auténtico aragonés de Angüés de los peligros actuales,por una parte del frío del cuerpo y por otra del frío del alma, que evita el mojarse con las aguas, que en otros tiempos tantas veces nos negaron.

La paja es natural que cause perjuicios a los hombres del somontano, a los que tres veces nos quitaron el riego, pero el pajuzo es cruel, odioso, incomprensible, porque trata de mantener la ignorancia de estos pueblos, que tienen dercho al riego con sus propias aguas y no se les informa. Se quieren llevar el Ebro, pero nuestros ríos ya se los llevaron a los aragoneses hace muchos años.Hay un divorcio,como en Argentina, entre el pueblo soberano y el poder.

sábado, 18 de junio de 2022

 

Todos los Santos y las Animas



En el segundo Libro de los Macabeos, del Antiguo Testamento, puede leerse: ”El valerosísimo varón Judas hecha una colecta, envió a Jerusalen doce mil dracmas de plata, para que se ofreciese sacrificio por los pecados de los que habían muerto, pensando con rectitud y piedad de la resurrección. (Pues si no esperaba que habían de resucitar aquellos que habían muerto, tendría por cosa vana e inútil el orar por los muertos). Y este es un pensamiento santo y piadoso”.
Ya vemos que siempre ha habido hombres y mujeres que han procurado ser fieles a Dios y a sus prójimos, pero Cristo abrió su boca enseñando a las turbas las Bienaventuranzas, diciendo: ”Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque conseguirán misericordia, Bienaventurados   los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por amor a la Justicia, porque de ellos será el Reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os maldijeren y os persiguieren, y dijesen contra vosotros falsamente todo genero de mal por causa mía: alegraos y regocijaros porque vuestro premio es grande en los cielos”.
Los primeros años del Cristianismo no se celebraba la Fiesta de Todos los Santos ni la de las Animas, pero fue el templo famoso del Panteón dedicado a todos los dioses el que dio ocasión a Bonifacio IV, que lo purificó y lo dedicó a la Virgen María y a todos los Santos Mártires de los cuales trasladó de las Catacumbas al Panteón veintiocho carros cargados con sus  huesos.
Como vemos  en este relato, ya morían los hombres y mujeres antes de Cristo y buscaban su eterna salvación, problema que sigue en pie hoy día y que los que tenemos fe, tratamos de salvarnos a nosotros mismos y a los demás.


Y son los huesos que movidos por músculos y dirigido por espíritus, los que siguen preocupando al mundo actual, pues igual que de niños vaciábamos cucurbitáceas calabazas, dejándoles ojos y boca y también nariz y poniendo dentro de ellas una vela encendida,  las colocábamos en lo alto de la fuente, en ventanas bajas de las casas y en la Iglesia Parroquial, para que así hombres y mujeres recordaran las almas de quienes estaban en el Purgatorio y rezaran por ellas. Dicen que otros colocaban calabazas para asustar a las personas y evitar que rezasen por las almas. Hace ya años, circulando por la ruta que pasa por Novales, vi una luz extraña que me obligó a parar y al hacerlo, me encontré una de esas almas calabaceras con su vela dentro, la noche de las Animas. Cuando ya creía perdida esta costumbre, en la noche de Animas de mil novecientos noventa y seis, en la iglesia de Siétamo encontré cuatro niños, con sus caras pintadas, con una calabaza animada por su vela, cuya fotografía conservo para que me recuerde el día de mi muerte.

viernes, 17 de junio de 2022

La Luna.-

 


Ayer, día seis de Mayo, estando contemplando el horizonte y la arboleda del  Parque, observé como desde el cielo,  una Luna redonda, que me pareció que estaba mirando, como buen satélite de nuestra Tierra, su marcha hacia la noche. Me fijé en sus ojos, que da la impresión de que lo miran todo, con su forma redonda y parece que sonríe con unos labios montañeses, dibujados o levantados por sus zonas más o menos creadas por una geografía, lejana de nuestro mundo. Yo observaba la Luna y ella me daba la impresión de que se estaba mirando en mí, pero yo no podía apreciar si me miraba por una curiosidad, humana como la mía o por una capacidad de observación, de lo que se posaba en esos momentos, delante de sus “rocas oculares”. Me causaba su mirada una demanda del satélite, que yo no comprendía si eran unos ojos vivos o era una mirada que hacía pensar a mis preguntas, y yo no sabía si era una mirada real o era una  “tomadura de pelo” por parte de la Luna, que si estaba pensando en los lejanos  seres humanos, que la hacían sonreír o era una “mirada pétrea” indiferente a la humanidad.
Es la identidad de la Luna un misterio, porque los niños les cantan coplas, como: “Ay, Luna, Luna lunera, cascabelera-debajo de la cama tienes la cena-Luna lunera, cascabelera,- cinco pollitos y una ternera- Luna, lunera cascabelera- toma un pedazo, para comerlo” y piensan en ella como si fuera un “abanico inmenso y  rocáceo”. atmosférica, y dice: “La Luna vino a la fragua-con su posición de nardos.-El niño la mira mira.-
Además Federico García Lorca, escribió su Romance de la Luna y hace pensar en su labor al niño que está mirando.- En el aire conmovido-mueve la luna  sus brazos-y enseña, lúbrica y pura,- sus senos de duro estaño.- Huye luna, luna, luna.- Si vinieran los gitanos,-harían con tu corazón- collares y anillos blancos.-NIÑO, DÉJAME QUE BAILE.-CUANDO VENGAN LOS GITANOS, TE ENCONTRARÁN SOBRE EL YUNQUE- CON LOS OJILLOS CERADOS.-El jinete se acercaba- tocando el tambor del llano.-Dentro de la fragua el niño,-tiene los ojos cerrados.-Por el olivar venían,-bronce y sueño, los gitanos.-Las cabezas entornadas- y los ojos entornados.- ¡Cómo canta la zumaya,-ay como canta en el árbol!. Por el cielo va la Luna-con el niño de la mano.- Dentro de la fragua lloran,-dando gritos los gitanos.-El aire la vela, vela.- el aire la está velando.”
A mí, me hace pensar la Luna, en su destino por parte del Señor, pero a los niños la Luna los está cuidando, y estos le cantan coplas, como las que acabo de escribir, y que le dicen: ”Ay, Luna, Luna, lunera cascabelera-debajo de la cama tienes la cena.- Luna lunera, cascabelera, cinco pollitos y una ternera.- Luna, lunera cascabelera, toma un pedazo para comerlo”. Y el niño piensa en ella como si fuera un “abanico inmenso y rosáceo”.
Parece que la luna no tiene vida propia, pero “a los niños la Luna los está cuidando y cantan coplas”.
Pero no se cuida la redonda Luna solamente de que los niños jueguen y se alimenten, sino que la aman y se fijan en ella por las noches, los gitanos, como el gran poeta Federico García Lorca, nos hace conmover nuestros corazones, con su “Romance de la Luna”.   
Pero, ¿qué tiene la Luna? que por la noche nos hace ver en ella unos ojos misteriosos y unas veces nos inspira que nos sonríen y otras nos parece que lloran. Pero son los niños los que cantan ¡Ay Luna, Luna lunera, debajo de la cama tienes la cena!. Y los gitanos que describe García Lorca, se  están mirando, como el niño que espera la muerte “mira, mira, el niño se está mirando”.  “Niño déjame que baile -cuando vengan los gitanos,- te encontrarán junto al yunque-con los ojillos cerrados. Huye luna, luna huye, si vinieran los gitanos.-te encontrarán sobre el yunque-con los ojillos cerrados”. ¡Como el Poeta mezcla la vida del  gitanico  con la muerte, en el yunque andaluz, que golpeaban en sus sonoros martillos!. ¡Cómo aquellos gitanos andaluces, cuando lleguen a su herrería, se encontrarán sobre el yunque, al gitanico, muerto,  con los ojillos cerrados!. Y el poeta exclama: “¡Niño, déjame que baile!.” Pero ¿qué baile sueña  Federico, que habrá iniciado el gitanillo?, tal vez sea el que todos los hombres hemos de emprender de la vida a la muerte. Porque “cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque- con los ojillos cerrados”.
El Poeta Federico García Lorca, era un gran poeta que admiraba las virtudes de los gitanos y en esta poesía, describía con un gran amor las cualidades que tenían, trabajando en Andalucía el hierro,  pero conservando sus viejas tradiciones y tenía un corazón humano muy sensible, que sentía el dolor del gitanico, muerto en su forja, que hace llorar al lector sentimental y humano.
La Luna hace pensar a los humanos en todos sus pensamientos, cuando la miras no te responde inmediatamente, pero los niños le piden los alimentos que apetecen y parece que si esa Luna, siente en sí misma, un ardiente amor, que les canta en sus corazones “ mira, mira ,debajo de la cama tienes la cena”. Y los gitanos se sentían protegidos por la Luna, porque ellos tienen un amor a esa bella y redonda cabeza con la que se aman, aunque no comprendan, cuando la miran, sus ”mudas palabas”. Los que miran hacia la Luna no comprenden lo que les dice, pero la Luna no los abandona, porque el poder imperial del Sol sobre las mareas, es inferior al de la Luna,  que los mira con un gran amor, como ellos la adoran  amorosamente.
Pero la historia y la geografía nos explican que la Luna  produce  las mareas, que en el mar suben y bajan.  La  cara de la Luna cuando mira hacia el Mar, se entrega hacia ella y a la altura máxima la llaman “pleamar” y cuando disminuye su altura, la llaman “bajamar”. Las mareas se producen por un “desequilibrio  gravitacional”, que hace perder la compensación del agua del Mar a lo largo de todo el Planeta. La Luna no es la que tira del agua hacia arriba, porque si lo hiciese, también aparecerían mareas en las lagunas, en los estanques e incluso en las piscinas. Las tareas que son más efectivas, aparecen en la Luna Nueva, porque en ellas apoya la gravedad del Sol a la de la Luna, que hacen su fuerza en la misma dirección.
El Satélite lunar se encuentra en la Luna Nueva, ayudado por la fuerza del Sol. Influye la Luna en los niños.
El influjo de la Luna en los gitanos, lo demuestra, con el lamento del poeta Federico García Lorca, que horrorizado del encuentro de los gitanos con el cadáver del gitanico, escribió:” Huye luna, luna huye, si vinieran los gitanos, te encontrarán sobre el yunque, con los ojitos cerrados”.   

jueves, 16 de junio de 2022

Encantos, desencantos y encantamientos



La vida tiene sus encantos y si no los tuviera, habría que inventarlos, porque el encanto es aquello que suspende siquiera por un momento las penas del alma, causa admiración y llena de gozo los sentidos. Eso es lo que a mí me pasa en presencia de un niño o de una bella mujer. La vida moderna tan materialista y tan agitada, nos impide fijar nuestra atención en aquello que podría causarnos encanto y cunde el desencanto en el que lo ha poseído alguna vez, un estado de carente de encanto o melancólico en el que no lo ha poseído o una angustia en el que lo busca; por eso lo niños que son todo encanto e ilusión dejan de serlo tan pronto. Menos mal que quedan los poetas, que son capaces de encontrar el encanto en personas, en animales y en cosas, que los enamoran o encantan.”¿Qué es poesía?, me preguntas, mientras clavas en mi pupila, tu pupila azul. Y ¿tú me lo preguntas?, poesía eres tú”.
Esa mujer encantó a Becker, pero también lo encantó aquel   arpa, simple objeto, que “del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo", esperaba que una mano de nieve supiera arrancarle las notas. Si esas notas hubiesen sido acompañadas por una canción, tal vez comprenderíamos mejor que encantar viene del latín in-cantare y las sirenas encantando con sus voces a los nautas de Ulises, algo de esto nos confirman. Hay, sin embargo cierta diferencia entre uno y otro encanto y es que el que logra una bella mujer en nosotros, sin proponérselo, es el verdadero; esa mujer es encantadora no hechicera, ya que las sirenas son otra clase de encantadoras pues encantan alterando la razón para conseguir sus perversos propósitos.
El encanto es más noble que el hechizo,  porque éste “supone daño y causa temor,  es en definitiva sinónimo de maleficio”. Sin embargo el sentido de las palabras no es tan estricto en el lenguaje ordinario, porque decir que una mujer hechiza con su mirada, no suele ser mal interpretado, igual que cuando una joven dice de un joven que está de un guapo que marea.
He dicho que una mujer hermosa o un niño pueden encantarnos, como pueden hacerlo una flor, un paisaje o una buena reproducción artística de esas personas, de esa flor o de ese paisaje.
Tal vez, a alguno le parezca tópico eso del encanto de la mujer o de la flor, pero es que hay otras cosas que también lo tienen; ¿ quién no ha oído hablar del “discreto encanto de la burguesía”, del dulce encanto de la música o del sublime del amor?. Los que no llevaban corbata se la han colgado al acceder a burgueses, la música de otros tiempos  vuelve y el amor es eterno, al menos en el tiempo de la humanidad, aunque sea efímero para muchos humanos actualmente. Cuando uno habla con una mujer encantadora, los que miran con ojos picarescos no entienden de encanto, sólo de pasión o más bien de vicio, pues para apasionarse hace falta temperamento, ya que cuando es anciana la interlocutora no se fijan, aunque las viejas también tienen su encanto.
Para demostrarlo, me acuerdo con frecuencia de la señora Juana, que era pobre, en el sentido que este mundo materialista entiende por tal: tanto tienes, tanto vales. Tenía su casita, con el cantaral en el patio o portal, como una capillita de piedra picada, donde cabían un cántaro y un botijo; ¡qué fresca se conservaba el agua en el cantaral!, igual que la campana en el campanario e igual que la “agüeleta” en su caseta. ¡Con qué ternura colocaba un paño debajo del cántaro y con qué cuidado escobaba las cenizas del hogar!. Preparaba el fuego con cuatro ramitas, justo las que necesitaba para hervir el pequeño puchero de loza de Bandaliés. Entonces ahorraban energía, no como ahora que se derrocha, a capazos. Tenía un reclinatorio que además de usarlo en misa y en la novena, lo llevaba a los carasoles para sentarse a conversar con otras viejas y calentarse con los rayos del sol. Allí me enteré que las ancianas tenían el pelo blanco, cuando al quitarse la toca, se sentaban,  formando un rolde con sus silletas, para peinarse una a otra con aquellas peinetas cortas y anchas con dos filas de púas.
Con pocos bienes vivía feliz a su manera, pero tenía una riqueza que se va perdiendo entre los humanos: la ternura, la amabilidad (amorosidá).Si se caía una tajada de pan, la recogía y la besaba. El gato esperaba las caricias de su dueña y el calor de sus faldas si no lucía el sol o estaba el hogar apagado. Yo, que tenía cinco años, le llevaba alguna col y enseguida atizaba el rescoldo y echaba ramas y el mejor leño para que me calentase. Después preparaba agua  rica y me daba una galleta para comerla mojada en esa agua. En mi casa había mejores golosinas, pero no me sabían tan buenas.
Los duelos con pan son menos, y el pan con ternura es mejor, aunque sea seco. En cierta ocasión nos vio a unos cuantos niños maltratar a un pequeño gato y con ternura, nos dijo: ¡no tengáis malas entrañas!; desde entonces no volví a tratar mal a ningún animal. Un día nos vio fumar “petiquera” y en lugar de decir ¡mira que lo voy a charrar!, exclamó: ¡no seáis fumarretas que se os “alcorzarán as crecederas”.
Una tarde mirando por la ventana trasera de mi casa, la vi rezar en la puerta del viejo cementerio, donde ya no se enterraba a nadie; desde entonces la espiaba para verla rezar. Desde ese portal se divisa Santolaria, de donde la Sra. Juana era nativa y me han dicho después que allí le rezaba a la Virgen de Sescún. Me parecía la buena señora, un nexo de unión entre los antepasados y los presentes. Consiguió transpasarme un poco de su ternura, de la que tan poca queda. Cuando algo se pasa de moda, se tira como se tira al hombre del que ya no podemos sacar provecho o a la mujer cuyo verano u otoño, se cambia por una nueva primavera.
Por estas cosas yo conservo el cantaral de nuestra casa con sus cántaros y su botijo.
Pero se puede encontrar también el encanto en cualquier lugar sencillo, incluso en una cuadra. Para el que por su condición de ciudadano o para ese joven de pueblo que conduce un tractor, puede sonarles como algo extraño eso de que la cuadra tenía sus encantos. Quizá no se haya escrito mucho sobre este tema pero cuando la Sagrada Familia se refugió en un establo, entre una mula y un buey, no sé si lo haría  por encontrar en él ese humilde encanto del que he hablado o por la razón pragmática de gozar del calor que con su aliento y con la irradiación su de extensa piel, producían tan voluminosos animales, pero en todo caso se creó un ambiente encantador, tanto, que todo el mundo cristiano lo reproduce, después de dos milenios, en las fiestas navideñas.
En la cuadra languidecía la pobre luz de la bombilla de quince watios, un olor medio aromático de paja seca con fiemo caliente,  vaporoso, evacuado por las mulas y un ambiente uniformemente templado hacían  que en el establo se estuviera bien. En el resto de la casa el frío era glacial; en el hogar casi se había consumido la  leña y el escaso calibo lo había tapado la abuela, para que al día siguiente, después de escalibado, prendiese la ramilla y los tueros recios para freír el almuerzo, calentar el caldero, guisar la comida, volver a calentar las patatas de los cerdos de nuevo en el caldero y la cena, secar los peducos del hombre al volver del monte y echar la última calentada. Aquel día, al enterrar los pocas brasas que quedaban con la ceniza, bajamos a la cuadra para mirar como las arañas se movían por sus telas, como las pocas moscas que quedaban, torponas por la estación fría, se enganchaban en las redes para ser devoradas y como la mula torda se echaba pedos; Jorge le levantaba la cola y le ponía una cerilla apagada cerca del “cagadero” y cuando salía el gas se encendía con un ruido de soplido que se acababa cuando la llama alcanzaba su apogeo, al oír el macho morico ese soplido, él resoplaba: brrrrrr……y “batía a coda”, mascando con un ruido característico los cuatro granos que le quedaban y que rebuscaba golosa entre la paja del pesebre. Dábamos volteretas los niños, mientras tanto, sobre la colchoneta de pinocheras del camastro y comprendía que el Niño Jesús hubiera querido nacer entre una mula y un buey.
Jesús pudo haber nacido en un castillo pero prefirió el encanto del establo, de la sombra de las palmeras y el de una humilde carpintería al encantamiento seductor de los  castillo encantados. El encantamiento de esos castillos, su maleficio, en unos casos producido por fantasmas, muchos de ellos revestidos con sábanas y sonorizados con cadenas, pero Kafka entendió que en “El Castillo” se encerraba el fantasma del poder; muchos hombres quieren tener acceso a su recinto atraídos por un encanto no natural, que no llena de gozo los sentidos y el alma sino por un encanto alucinante y alienante producido por el encantamiento maléfico, que ejerce el fantasma del poder. Del encanto del establo hemos pasado al desencanto del Castillo a través del encantamiento; se trata de un desencanto por desengaño.
Fray Luis de León dice: "Despiértenme las aves con su cantar sonoro, no aprendido; no los cuidados graves de quien siempre es seguido, quien al humano trato está atenido” y en esos versos queda definido ese paso del encanto al desencanto, pero muchas veces se encuentra uno con estadios intermedios, que reflejan o producen en el alma, asombro unos, angustia vital, melancolía o nostalgia otros.
En aquella cuadra, mejor dicho en el espacio empedrado que cubría el espacio en declive que iba desde la puerta hasta la cama de paja de las caballerías, al encender la mísera luz, descubría uno como caminaban torpemente las negras y pesadas cucarachas; a pesar de su fealdad no producían la repugnancia de las marrones y ligeras que aparecen en los mostradores o bajo las cafeteras de algunos bares.
Trataban aquellos coleópteros, al notarse sorprendidos, de ocultarse en sus agujeros, pero me acuerdo de aquella vieja, tan negra como las cucarachas, con su pañoleta negra atada debajo de la barbilla, su toquilla y blusa negra, sus sayas, delantal, medias y alpargatas también negras, que quiso darnos a los niños una más negra diversión. Cogió varias cucarachas y derramando sobre sus dorsos una gota de cera, iba pegando a cada una, un corto cabo de aquellas delgadas velas usadas el día de la Candelera, a las que  llamábamos candeletas; apagó la luz y fue encendiendo las velillas, que como mástiles portaban los bichos.
Aquellos lentos animales empezaron a correr como desesperados huyendo del fuego que parecía, en aquella oscuridad, salir de sus cuerpos. La vieja reía encantada, los otros niños se quedaban asombrados y yo era presa de la angustia. La vieja encontraba un extraño encanto en el espectáculo; en mí no había encanto ni desencanto, sino angustia, pero después me ha ayudado a comprender a Kafka en su “Metamórfosis”.Relataba de un modo escalofriante, como un hombre se iba transformando en cucaracha, como colocado en decúbito supino, no se podía levantar; era el procedimiento que utilizaba la anciana para inmovilizar a las cucarachas desde que las capturaba hasta que les colocaba la vela maldita. De la mismo forma que el héroe o el miserable de Kafka se transformaba en cucaracha, parecía que aquellas verdaderas cucarachas se transformaban en hombres; corrían, corrían locas como corremos los hombres, parecían llenas de angustia por el peligro que llevaban encima, como nosotros estamos muchas veces angustiados por lo que puede pasar, por la ambición, por la búsqueda de una luz que nos obsesiona, al contrario de las cucarachas que aborrecen la luz y buscan su encanto en la oscuridad.
Kafka buscaba la luz en la oscuridad de su ambiente, ¿sería por eso que convertía a un hombre en cucaracha?.
Nosotros vamos buscando el encanto luminoso en las grandes luces, que nos deslumbran y no nos dejan ver las pequeñas luces, las pequeñas cosas amables, los pequeños placeres que producen encanto. Yo asimilaría esas pequeñas cosas con encanto a los duendes y a los fantasmas a todo aquello con que tratan maléficamente de encantarnos. La vieja de las cucarachas me resulta fantasmagórica. Kafka, en cambio, aunque se expresa de un modo duro, cruel, tiene duende, quiere que la humanidad prescinda de todo aquello que hace desaparecer el encanto de la vida.
Cuando las personas o las cosas poseen un “qué sé yo",  un algo que no podemos definir, pero que nos atrae amablemente,  decimos que tienen duende. Si, lo tiene el flamenco, la jota, que lo debe tener grande, ya que me pone la carne de gallina, un callejón sin salida, un viejo monasterio; ¡tantas cosas! pequeñas en sí mismas, pero grandes para el que sabe descubrir ese duende. ¿Qué encanto tendría un castillo inglés sin su duende?.Yo creo que Cardús cuando estudiaba en Alemania hizo amistad con algunos de ellos en esos castillos de Babiera que mandó construir el Rey Luis el Loco. Si, el duende amigo le dijo donde estaban los cientos de castillos que encontró en la provincia de Huesca o tal vez le diera recomendaciones para los duendes españoles. Yo los veo por todas partes y se me plantea un dilema, ¿verdaderamente hay muchos? o ¿es que entre unos pocos llegan a hacerse presentes en aquellos objetivos que les marca el Gran Duende?.
Aunque los veo, no he conseguido hacerme amigo ni de uno de ellos, como mi pariente Cardús para preguntarle la clave del dilema. Para mí que son pocos, pero cuando escuchan las llamadas de la gente sencilla, acuden presurosos. Eso debe ocurrir y si las personas tienen sensibilidad, conectan con los duendes. No sé tampoco si tienen mucho trabajo. Cuando logre esa tan deseada amistad con un duende, le pienso pedir que me saque de este laberinto. Puede ocurrir que exista paro duendil. Si así ocurre constituirá una agonía para él, no poder “dondear”, como para tantos parados el no poder trabajar. En tanto me sacan o no del laberinto, intento salir yo solo. Me parece que cada vez los llaman menos, porque a la gente se le va embotando la sensibilidad, se le ha puesto un caparazón de egoísmo, de consumismo. No somos sensibles como antes y otros que lo son, viven muy apresurados y no tienen tiempo para sentir. Es raro que los hombres que dondean tanto, no se encuentren con los duendes, que hacen lo mismo, pero hay, gracias a Dios, hombres que encuentran el encanto y reconozco que una de las mayores satisfacciones que saco de mi afición a escribir es el encontrarme, al abrir un libro, con pensamientos iguales que los míos, pero expresados con más belleza. Al abrir un libro de Pablo Neruda me encuentro con una “Oda a las cosas”, qué entre otras cosas dice lo siguiente: “Amo las cosas loca - locamente - me gustan las tenazas - las tijeras, - adoro - las tenazas, - las argollas, - las soperas, - sin hablar, por supuesto, - del sombrero”. “Amo –todas-las cosas, - no porque sean - ardientes - o fragantes, - sino porque - no sé, - porque este océano es el tuyo, - es el mío”. Oh río - irrevocable - de las cosas, - no se dirá - que sólo - amé - lo que salta, sube, sobrevive, suspira.- No es verdad: -muchas cosas - me lo dijeron todo.- Y fueron para mí tan existentes, que fueron conmigo media vida - y morirán conmigo media muerte”.
Al encanto del que he hablado, puede sucederle el desencanto, el deterioro o la perversión del encanto.
Todos hemos sufrido desencantos; para mí, el que  mejor ha expresado el suyo, ha sido Gustavo Adolfo Bécquer por medio de estos versos: “Cuando me lo contaron, sentí el frío de una hoja de acero en mis entrañas, cayó sobre mi espíritu la noche y en ira y en dolor se anegó el alma". ¿Quién me dio la noticia?. Un buen amigo, me hacía un gran favor, Le di las gracias”.
“Los cuidados graves de que siempre es seguido quién al humano trato está atenido” hacen que el paso del tiempo despiadado merme sus facultades físicas, intelectuales y su afectividad”. El entorno, la “circunstancia” de cada uno, que diría Ortega hacen que en unos se deteriore el encanto o que casi llegue a desaparecer. Esto le debió ocurrir a Pascual Montenegro y al conocer su nombre, tal vez ustedes piensen que voy a contarles un cuento mejicano o andaluz, pero no, porque su historia tuvo su tiempo y lugar en Huesca. A lo largo del relato, seguro que alguno de ustedes, lo reconocerá.
Pascual tenía por nombre y Montenegro por apellido y haciendo honor a este apellido era cetrino de piel, tirando a negro. He intentado saber de donde era y así como de la Parrala unos decían que era de Moguer y otros que de Palos, no he logrado enterarme, aunque no creo que fuese tarea dificultosa el averiguarlo. Así como Simón en el pueblo “era el único enterrador”, Pascual fue en Huesca el último que condujo a los difuntos en un coche de caballos mortuorio, como una carroza en la que se hacía el último viaje y no triunfal precisamente. Era tirada por un tronco de caballos negros con un penacho blanco entre sus cortas orejas. El iba revestido de negra librea con alamares dorados, que concordaba con su rostro moreno y taciturno. A su paso por los Porches, la gente se levantaba de sus butacas del Flor, del Universal y de los varios bares, que allí estaban ubicados y unos inclinaban reverentemente la cabeza y otros hacían devotamente la señal de la Cruz. Años antes el difunto era conducido a hombros hasta los Porches, donde se introducía en la carroza; allí se disolvía el duelo y los más allegados iban al Cementerio. Los había que no respetaban ni la muerte, como un cestero apodado Corrusco, que en cierta ocasión, cuando iba a ser introducido el féretro en la carroza, arreó a los caballos, que se arrancaron veloces. Los que iban en el duelo no vieron muy oportuno ponerse a gritar por no romper el silencio respetuoso que acompaña a tan tristes despedidas. Pascual emprendió el camino tan trillado por sus caballos y rutinariamente con su trote monótono alcanzó las puertas del Camposanto; dió una voz al conserje gritando: ¡sácame a ése, que tengo prisa! ; no le faltaba razón, pues en épocas de epidemia hacía conducciones a destajo por ser el único conductor de la única carroza funeraria de la ciudad. El conserje llamó a los enterradores, que acudieron presurosos y comprobaron atónitos que el muerto se había perdido y exclamó Pascual: ¡ya me ha jodido Corrusco!.
Desde entonces muchos oscenses llamaban a Montenegro el “pierde muertos”. Hizo volver rápidamente a sus corceles hacia la ciudad y cuando llegaba a la altura de la fuente del ibón, hoy paso a nivel del ferrocarril, divisó desde su pescante el cortejo funeral; los portadores del féretro avanzaban lentamente y cansados por el peso del muerto. Uno exclamó: ya era hora de que aparecieras, ¡pierde muertos!.
Montenegro quería mucho a sus caballos y dormía con ellos en la cuadra; cuando iba a los bares a tomar café, les guardaba el azúcar y al volver a los establos, que estaban en la huerta del Hospicio relinchaban de alegría, al tiempo que orientaban sus orejas al lugar por donde venía.
Eran los pobres animales muy bien aprovechados, pues en sus ratos libres labraban la huerta, la granja de la Diputación, acarreaban la leña, el carbón y llevaban el oxígeno al Hospital Provincial. En cierta ocasión el señor Antonio dio varios latigazos a uno de los caballos injustamente, pues lo había sobrecargado; el noble animal trató de defenderse y se incorporó agitando sus manos sobre el agresor, como el caballo Furia de las películas; llegó entonces Pascual y gritó: ¡Sultán, Sultán!;éste se apaciguó y acudió mansamente a lamerle las manos. No tenía miedo a nada, ni a los muertos ni a la muerte; dormía debajo de las patas de los caballos, que tenían cuidado de no hacerle daño. Hasta las ratas que pasaban por encima de su cuerpo, le respetaban y no le mordían. Sólo los hombres quisieron hacerle daño, pues en cierta ocasión lo llevaron a fusilar y no protestó; estaba tan acostumbrado al camino de la muerte que lo debió encontrar natural y si no se dan cuenta por terceros de que llevaban el reo cambiado, aquel día hubiera sido el último de su vida.
No era amigo de los hombres vivos, sólo lo era de los muertos y de los animales, quería a los gatos, a los perros y a los caballos Sultán y Lucero, que cuando recibían su orden de enganchar, enculaban solos en las varas de la carroza y agachaban la cerviz para recibir en sus cuellos las colleras. Era tan pacífico que a su perro tuerto, lo llamaba Sanchi, que por cierto se entrecruzaba entre las patas en movimiento de los caballos y nunca las rozaba.
Los encierros eran clasistas y se hacía notar la categoría del muerto, según las cortinas de la carroza fuesen moradas, rojas o blancas. Pero quedaban los “parias”, aquellas personas pobres y desamparadas, que después de introducidas en cajas de chopo, desnudas y agrietadas, eran conducidas no en carroza sino en el Trum-Trum, carro negro y desvencijado, que pasaba por los Porches haciendo un ruido como el que expresa su nombre, rápido y sin ningún cortejo. Bien se vale que Mosen Santamaría con esa humildad y humanidad que le caracterizaban, los esperaba en el Cementerio par rezarles un responso y darles la postrera bendición.
El pobre Montenegro se confesó con un sacerdote humilde y santo, Don Benito Torrellas y dio “El salto “ a la eternidad, que escribió el poeta León Felipe y que dice así:”Somos como un caballo sin memoria,-somos como un caballo-que no se acuerda ya-de la última valla que ha saltado.-Venimos corriendo y corriendo-por una larga pista de siglos y de obstáculos.-De vez en vez, la muerte…..-¡el salto!.-Lloramos y corremos-caemos y giramos, -vamos de tumbo en tumba-dando brincos y vueltas entre-pañales y sudarios.-“
¡Cómo esta poesía nos recuerda que Montenegro iba de tumbo en tumba, sobre el pescante de su negra carroza mortuoria! .
A pesar de que por la circunstancias la vida de pascual Montenegro fue un tanto desencantada o desangelada, el encanto que encontró en sus caballos y en su perro, le ayudaron a sobrellevar su triste vida.
¡Cuánto se podría hablar de la degeneración del encanto!.Unas veces ocurre por causas ajenas al individuo, como le ocurría a Pascual. Repito que los pequeños encantos la aliviaron la tristeza y a este propósito, leí el día catorce de noviembre de este año mil novecientos ochenta y cinco en un periódico, que se había presentado el libro “Depresión mental, mi más terrible experiencia” de María Sermade, de cuya presentación hecha por el poeta Luis Rosales, un periodista, un psicólogo y un novelista se deduce que la autora salió de su depresión por la consideración de las cosas bellas.”es el descubrimiento de la belleza de la vida. "Un instrumento para salir de la oscuridad", dicen del libro.
Las pobres mujeres hasta hace pocos años cuando se encerraban en un convento leían los salmos en latín, lengua que no entendían y otras, sumidas en la oscuridad de la cultura, al no poder salir de ella se tornaban brujas, como ahora se vuelven neuróticas.
Tal vez alguna de aquellas antiguas brujas, se convirtió en tal, sublevándose contra una sociedad que la privaba de los encantos de la vida, pero en general se hacían por medio de sus pactos con el diablo para lograr encantos maléficos por aquello tan viejo de la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia  y pereza. Lo prueban los pasajes del libro de San Cipriano que explican las fórmulas para dominar a las personas, para obtener dinero, para conseguir los favores de una mujer casada, para vengarse de alguien, como ocurría con un amigo mío de Velillas que “cruzó” a uno en su cama por haberle robado un arado y así hasta los mil maleficios.
Para ejercer de bruja era necesaria la escoba, porque no iban a desgastar las escobas ni la diosa Pirene, que dio su nombre a nuestro Pirineos, ni la Andramaría de los vascos, que tiene perpetuado su nombre en una zona de Ansó; la iban a desgastar las mujeres asidas a su mango como los hombres iban a desgastar la azada (al mango la azada, que viene cansada de trabajar, pegar sin reír, pegar sin hablar….).
Las mujeres estaban atadas a la pata de la cama y barrían, barrían, escobaban en el Alto Aragón. Los mangos eran de caña, de flexible caña en la Hoya de Huesca y en las riberas y las barrenderas, las escobadoras eran flexibles y sumisas, pero los mangos eran de madera, de palo en la Montaña y en el Abadiado y algunos hombres probaron el mango de las escobas, como muchas mujeres habían probado el mango de la jada.
Desde los tendederos y solanares, veían subir las escobadoras a las cabras peñaceras a lo alto de los riscos y el Gran Cabrón las protegía contra el lobo, colocándose agresivo en posición erecta. Una mujer machorra, que no tenía hijos subió a la Peña Ezcaurri, allá entre Navarra y Aragón, otra también por la noche y a la luz del plenilunio subió cerca de San Cosme a la Cuca Roya; los buhos reales o “bobons” acudieron a las cumbres a “aguaitarlas  “ y el Gran Buco accedió a ellas lascivo; asustadas se lanzaron ambas mujeres desde la altura, agarradas a la escoba que no habían abandonado nunca y ¡oh milagro de Satanás! ,se vieron volando, la montañesa con la somontanesa, sobre la Guarguera. Las mujeres no habían podido,  a lo largo de los siglos, hacer la revolución de las escobas, de la brujería concretamente.
En San Cosme se aposentaban las brujas en sus escobas, pronunciaban las palabras rituales: ¡sobre árbol y hoja, a las eras de Tolosa! Y ¡a volar!.
Había, sin embargo brujas, que no necesitaban para hacer sus maleficios, de escoba porque su radio de acción se reducía a la comarca, donde conocían a la gente y su mayor placer era hacer mal a los de su tierra, igual que ahora en Huesca admiramos a los forasteros y odiamos “cordialmente” a nuestros convecinos. Repito que aquellas brujas no necesitaban escoba y se convertían en ágiles gatos negros que se desplazaban fácilmente por la “redolada”.
Un cazador de Sieso caminaba por el monte, pero aquel día en lugar de ver perdices, conejos o liebres, fue algo insólito lo que divisaron sus ojos, sobre una piedra que marcaba la divisoria entre dos campos, se encontraba toda la ropa que una mujer de principios de siglo, necesitaba para encontrarse bien arropada. Por su mente pasó el leve encanto de la posibilidad de ver un bello cuerpo de mujer, ocasión tan difícil, en unos tiempos en que el sol no era buscado para broncear los cuerpos, sino rechazado por las mujeres que tenían a gala para su piel, conservarla blanca como la leche. Pasó también por su imaginación la sospecha de un crimen ritual, pero no descubrió señales de violencia en el cuerpo muerto de la víctima.
Optó el cazador por esconderse en una espesa mata de carrascas y esperar a la mujer, que necesariamente tenía que llegar a vestirse. Así obtendría, por un lado, el placer de contemplar lo que nunca había visto y lo que era más importante entre los habitantes de los pueblos, saber quien era la descocada, para correr a contárselo a sus convecinos. No es esta última apreciación peyorativa o una censura dirigida a los pueblerinos, pues hoy día conozco a caballeros ciudadanos y modernos que dicen ¿ de qué me sirve yacer con la señora Marquesa, si no se enteran todos que he yacido con la señora Marquesa?.Pero volvamos al caso que nos ocupa; el hombre seguía esperando y estrujando su sesera; pensó en que tal vez las brujas anduviesen por medio.
Si el hecho hubiera tenido lugar en China durante los próximos años pasados, el protagonista hubiera acudido al Libro Rojo de May para buscar luz; si hubiera ocurrido ahora en el Irán, tal vez se acordara del Corán y si aquí y ahora, hubiera recurrido a un libro que habla de un dogma materialista y que por los resultados que da, se saca la conclusión de que para todo vale y para nada aprovecha.
Nuestro hombre, en cambio, se había acordado del libro de San Cipriano, que aunque no lo poseía, había oído hablar mucho de su contenido. Dicho libro era muy nombrado entre los campesinos y decían del que lo tenía, que era brujo. Hubo quien tratando de deshacerse de él, lo echó en el fuego del hogar y en lugar de quemarse, salió íntegro por la chimenea. Yo, hasta hace poco tiempo, creía que era algo exclusivo de nuestra tierra, pero me he enterado que se vende en Galicia y en la Argentina. Hablando de la existencia de dos poderes del mal se contrarrestan con la Cruz y el cazador, de acuerdo con esta norma, depositó sobre la ropa femenina una pequeña Cruz que llevaba y siguió esperando. Por fin vio avanzar un gato negro, que se dirigió directamente a las vestimentas pero al llegar a ellas, se mostró inquieto y como no sabiendo que hacer. Había visto la Cruz. El amagado salió de su escondrijo y le habló al gato diciéndole: ¿de donde vienes?. Le contestó: vengo de Velillas de dar “mal dau” a una mujer preñada para que aborte. ¿Cómo puedes hacer esas cosas?, le preguntó el cazador, a lo que contestó el gato: es que todos los días he de hacer un mal porque tengo trato con el demonio; pues ya puedes volver a Velillas a quitarle el mal a esa mujer y dáselo a la clueca. Así lo hizo el gato y cuando volvió, el buen hombre quitó la Cruz de encima de las ropas, se reconvirtió el gato en mujer, se vistió y se fue. No me aclaró el anciano de ochenta y cinco años, que me lo contó y que todavía vive, si conoció a la mujer y si la vio vestir, pero si me dijo que al cabo de unos días se enteró que había nacido un niño en Velillas y que la clueca de la misma casa en que había tenido lugar tan feliz acontecimiento, no había sacado pollos.
Esa degeneración del encanto por el arte del encantamiento o hechicería, no es exclusiva de tiempos pasados. Hoy hay procedimientos más modernos para hechizar a la gente. Basta ver esos anuncios en que al joven se le ofrece un automóvil inasequible para sus medios económicos, al que acceden alocadas “fembras placenteras”. Muchos jóvenes, sacando el dinero ahorrado, a sus padres lo compran y los que no se dan contra un árbol, se quedan más solos que un muerto y más solteros que los  de Plan. ¡Dios mío qué solos se quedan los muertos!, cómo decía Bécquer y ¡qué solos se han quedado los de Plan!, como dicen algunos periódicos.
¡Cómo brillan esas copas de licor espirituoso en nuestras pantallas, que constituyen también un encantamiento hechicero para ganar en el amor, en los negocios y en el trato social!.
A los cuarenta años esos encantados tienen el hígado cirrótico y voluminoso, como una ballena, resultando víctimas del hechizo de la publicidad.
Señoras y señores hay que seguir buscando el encanto y para encontrarlo son útiles los poetas. Santa Teresa, en sus relaciones místicas con el Amado, sufría depresiones, “noches oscuras del alma”, como ella las llamaba y no se puso a leerlas porque no se habían escrito, pero se puso a escribirlas.
No sé si fue Rubén o uno de los Machado el que escribió: ”Horas de pesadumbre y de tristeza paso en mi soledad, pero Cervantes es buen amigo y alivia mi existencia”.
Un agricultor abrió un libro de poesía y leyó: ”Anoche, cuando dormía- soñé, ¡bendita ilusión!-que una fontana fluía –dentro de mi corazón. –Di, ¿por qué escondida acequia, -agua, vienes hasta mí,-manantial de nueva vida –en donde nunca bebí?.
Busquemos, amigos, los encantos de la vida, no nos dejemos apoderar por los desencantos y cuidémonos de los encantamientos.

miércoles, 15 de junio de 2022

En ambas vertientes de la frontera.-


                     

¡Oh la la!, exclaman los vecinos del Norte de los Pirineos cuando en presencia de su republicana bandera o como ellos dicen “son drapeau”, oyen sonar la Marsellesa.¡Oh, es que los franceses están orgullosos de serlo!,  lo que me parece muy bien, pero lo que me parece mal es que desprecian a sus vecinos del Sur. No me parece justo, porque subiendo a Francia por Biescas, por Lanuza y por Sallent, se ven lugares arquitectónicamente nuevos y que agradan a la vista y se encuentran viejos edificios en restauración y se ve circular a muchos hombres, mujeres y niños, que toman sus refrescos en los bares, meriendan en verdes prados, otros pintan o repintan las fachadas de sus casas y algunos escalan las montañas.

A esos pueblos se va por carreteras que en general están bien arregladas y cuando llegas al Formigal, se encuentra uno a multitud de españoles y de franceses que están comiendo en alguno de los múltiples restaurantes que allí se encuentran, pero si quieres bajar al lado Norte de los Pirineos se pasa el Puerto del Portalet y empiezas a bajar y bajar por una estrecha y retorcida carretera, que pasa por pueblos pequeños y de una elegancia vieja, ya que no han sido retocados ni se ve ni se huele la pintura que realegra los antiguos pueblos. Al pasar por Gabas se ve como los apellidos aragoneses son comunes en el Midi y en Aragón, pero se observa como esas zonas están poco pobladas y casi no hay niños. Se pasa por una central eléctrica, que tiene una arquitectura que recuerda la elegancia, pero que parece un lugar abandonado, que produce tristeza a quien lo mira y verdaderamente dan ganas de llorar, como pasó con casa Carderera y        Almudévar en el Coso Alto, que era de modelo francés y fue derribada. Al llegar a la llanura el paisaje es encantador porque está todo verde y sus árboles proliferan por todas partes, pero las casas de campo revelan que sus habitantes no tienen un alto nivel de vida. Durante el invierno del año dos mil las carreteras españolas estaban limpias de nieve y se veían por ellas numerosos quitanieves y al llegar a Urdós con dificultad, nos sorprendió la presencia de un señor con un carretillo lleno de sal,  la cual iba echando con una paleta por la carretera. En verano aquellas orillas del río Gave se llenan de españoles que visitan la parte francesa.

Uno se pregunta ¿qué es lo aquí pasa?, ya que aquí se demuestra que los franceses no tienen interés por arreglar las carreteras, pero aquí en España parece que en Madrid pasa lo mismo, porque confían en La Junquera y en Irún, con lo que creen que España tiene resuelto el problema, pero desde luego que Aragón las está pasando muy mal.

He hablado un día de este mes de Abril del año 2005 con un altoaragonés, que nació y tiene su familia en un pueblo de la frontera y me dijo que los franceses son orgullosos y miran con desprecio a los españoles. Aunque admiten ser invitados por los altoaragoneses, ellos no nos invitan ni a queso, que tienen tan abundante y siguen con su ¡oh la la ¡ ,apreciando su bandera nacional y escuchando la Marsellesa.

El Alto aragonés me dijo que aborrecido de tal situación había ido a Estrasburgo a buscar la solución a nuestras carreteras. Le dieron esperanzas, pero los franceses siguen sin interés por resolver el problema y ¿sin intereses en sus bolsillos o pochas, para tal fin?.

Estamos en Europa y España tiene necesidad de comunicarse con ella a través del Pirineo aragonés porque no se deben olvidar de que los pasos a través de Irún y de La Junquera están situados en autonomías nacionalistas.

martes, 14 de junio de 2022

Echo, en Fabla aragonenca

                                                María Victoria Nicolás poetisa de fabla aragonesa.


Una begata, que puyé en ta Echo pa recullir un chicote premio, declaré,  en un  inte de espontaneidá, que d´a mesma  maniera que pa aprender, cal ir ta Salamanca,  pa aprender a fablar en agagonés, ye menester puyar en ta o lugar que nos ocupa, porque en er, encara lo en charran.

Ixo a feito Mariví, puyar dende  Zaragoza en ta Echo y baixar y tornar  a puyar. Parixe que puyar y baixar, igual qu´as notas del pentagrama, ye o suyo destino, como escribe n´o libro “Plevia Grisa”: “Querería estar pino verde y alto, que l´ausín m´abrazase y tremolar, sentir  la nieu entre las mías tallas, a las aves que han frío, cobexar”.

Y, a mida, que sigue o libro en ta debán, s´en ritorna a la crosira d´os cobaltos, cuan s´aclama: “M´aganaría estar pino d´un mon de lo Pirrineo, pa meterme todo blanco con la nieu de lo ibierno”, y por si belún s´en creyese a suya baruca, era, tozoluda, terne que terne, repite dica cinco begatas. “Si fese fagüeño, chiflase l´ausín, o soflase cierzo, yo,  plantau allí”.

Mariví camina a lo suyo propio peso específico y ye ponderable por a suya obra literaria y ponderata por a suya obra literaria; ye leve, lixera, pero no sólo porque puya y baixa camins y endrezeras, sino antiparti porque o suyo esmo ye parellano a ras libélulas, que susurran cuan

esbolastrean, como susurra Maribí cuan romancea os suyos versos, que están os uns, verdes como las fuellas berdas dempués d´a Plebia Grisa y si, como as fuellas, en bi–a de libélulas verdas y grisas como a Plevida, atros versos están azuls como libélulas, azuls igual qu´e o cielo d´o que escribe: “Entó alto, lo azul tan raso que duele ,si lo miras queda”. 

M´olvidaba d´as libélulas amarillencas, d´a color d´a palla o de chunco ixuto, lo que diz Mariví.

Acochaba lo chunco, lo tallo verdiblanco, pa beber d´a agua fresca, de lo barranco. Pero lo cauce siempre-xuto trovaba-- que feba muitas lunas- y no plevizniaba. –Si, se morié de set- que lo barranco-s´imple cuando lo chunco-yera ya canso.

Os temples, as ganas, os esmos, os animos u as animas s´en veyen unas vegatas eufóricos, atras goyosos, atras placibles, con crosira u tristeza u desesperatos como os colors que tan bien nos pinta l ‘autora de Plebia Grisa, con parabras qu´aplica como si estasen pinturas a ixos estados de l´alma.

Charra de grisas retes, de grisas plevias, de blanca espuma y de blancas bolisas, de platiadas estrelas, de verdes follas, de chuncos verdiblancos, de abellas que amarillencan. En zagueras describe la negror d´as nueis que dis li s´han tornau mui negras y en atri verso que  “la  nuei sin d´estrelas se te caye enzima”.

 

 

Rubén, cantor del optimista fabla d´a libélula vaga de una vaga ilusión”, pero Mariví sape que a libélula ye també un caballero d´o diaple y os diaples envidan d´ilusions y carrean tristuras,”negras , nueis de l´alma”, como as de San chuan de la Cruz”.

Pero l´amor de l´Amado feba que “beyera alredol que todo dispierta, que las flos…más s´abren, más la luz reflexa, mas bien canta l´aire, más lo sol calienta”.

A tí, Mariví y a os que leyan o tuyo libro, les salvará la poesía, que ye l´Amado d´os poetas y d´as personas sentítas.

He dito que a tuya poesía y o tuyo cuerpo están leves, lixeros pero a tuya persona ye grave, funda y seguntes diz Milán Kundera “ ye insoportable la levedad del ser”, que t´a empentato a deseyar “ estar pa no repensar tan sólo … una peña”.

Pero no están leves solamen as barucas, ideyas y crosiras que prexina, sino que, antiparti, ye leve o tuyo estilo d´éscribilas.

Dicen que os de Echo, están os andaluces d´a Montaña y leyendo a Veremundo Méndez, a Rosario Ustariz y a mi amigo Lapetra, me trobo que no esbarran, pero, cuan yo siento os tuyos versos siento o gozo:”La luna redonda-que con los tuyos rayos brinco a la comba”, ya creigo, zereño, que yes leve como os poetas andaluces. Y si un d´istos deciba: “Sobre el olivar, se vió a la lechuza,volar y volar”, tú dices “lo papirroi  s´arrieba plantau en un tremolino. Yera cantando a la plebia con los suyos filaus trinaos”.  

Uey s´en  fa muita de poesía que mira os trovos poéticos  drento d´as mugas d´una acracia informalenca, que plega a parixer  una fabla en clau, abstrauta y misteriosa, que solamén pueden apercazar os intelectuals.

Mariví surte d´a rutina porque no pué  aturar y drento de una rima, unas vegatas rotundamen consonán y mas  a ormino levemén asonante, como romanceabam y s´avientan  ta lo ritmo y ta lo plano musical y os chovens huei.

No ye a os intelectuals  a os que l´is agana a Fabla, ni ras chens d´os lugars están muito decantatas en pro d´a luenga que lis han amostrato que ye fiera.

Yo en ras Escuelas de a Fabla s´en pué a mostrar a os chovens y a os ninos, que cantarán goyosos esta copleta de Mayestra Mariví : “ Verde borda-borda verde,- verderol,-¡Canta aunque no faga sol”.

En o lugar de Echo, están muito decantatos en pro d´a luenga d`os suyos pays- Y  en´as escuelas d´a  Fabla s´en  puede amostrar a ros chovens y a ros niños, que cantarán goyosos ista copleta d´a Mayestra Mariví: “Berde borda-borda verde,- verderol,-¡canta anque no faga sol”.

Caldrá que ra autora de Plevia Grisa, siga escibiendo, porque si no,  se planteyará a demanda de Rosalía de Castro: “Daquelas que cantan as pombas y as frores, todos din que tienen alma de muller. Pois eu que n´ás canto, Virge de Palma, ¡ai!, ¿de qué viviré?.


lunes, 13 de junio de 2022

El Cántico de San Juan de la Cruz

 


La belleza ha dejado de ser un ideal para los hombres y mujeres, pues vemos como muchas tendencias y modas tratan de acabar con el concepto de esa belleza. Humberto Eco en el libro “Historia de la fealdad” escribe que “también el arte contemporáneo practica la  fealdad y la celebra”. Pero Lynch dice: “Si no hay nada trascendente y divino allí fuera, no hay nada bello que reproducir”, es decir que si Dios no existiera, no habría nada bello que representar.
Esos que se dicen sabios y no creen en un Ser Supremo se creen que ellos son los que han de dictar donde está el arte y donde no está.
Pero la poesía de San Juan produce un efecto literario entre los lectores creyentes, que aman a Dios y a sus hermanos, igual que lo produce entre los que no creen  porque no tienen fe.  Dice Humberto Eco que muchas veces “ la atribución de  belleza o fealdad se ha hecho atendiendo no a criterios estéticos, sino a criterios políticos y sociales” y en estos tiempos, los que se llaman a sí mismos modernos, dictan que el arte ha de liberarse de reproducir la belleza. En este mundo hay cosas feas y cosas bellas, pero la poesía trata de hacer del mundo el reflejo de las cosas bellas. Hace poco tiempo escuché la letra de esta jota, que dice así: ”Como los pájaros cantan- las penas de mis amores- así canto yo la jota-para aliviar mis dolores”. Si esta jota me llena de emoción,  ¡cuánta brotará dentro de cualquier lector al leer el “Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por la fe”, cuando escribe: “Que bien sé yo la fonte que mana y corre,-aunque es de noche!”. ” Su origen no lo sé pues no le tiene- mas sé que todo origen della viene- aunque es de noche”.. ”Sé que no puede ser cosa tan bella, -y que cielos y tierra beben della -aunque es de noche”. ¡Cómo inunda su alma la poesía que acaba este Cantar” y que así dice: ”Aquesta viva fuente, que deseo, en este pan de vida yo la veo, aunque es de noche”, pues efectivamente la falta de fe, hace que sea de noche para los partidarios de la fealdad y del mal. Pero  en tanto a San Juan de la Cruz, el mirar el Pan Bendito del Cuerpo de Cristo le hace ver la viva fuente que el Señor nos ha dado, los que sois fieles a la Adoración Nocturna, podéis cantar aquellos versos  de San Juan de la Cruz, cuando escribía: “Vivo sin vivir en mí y de tal manera espero que muero porque no muero” y “Cuando me empiezo a aliviar - de verte en el Sacramento- háceme más sentimiento- el no poderte gozar- todo es para más pensar- por no verte como quiero- y muero porque
no muero”.
La voluntad de San Juan de la Cruz, llega, como vemos, a desear su muerte para gozar de la auténtica presencia de su amado Jesús, junto a sí mismo, pero se consuela al ver la hermosura de la naturaleza, como un reflejo o como un recuerdo del amado, que al mirar los sotos los ha embellecido con su mirada. Así lo afirma el Santo, cuando escribe: “Mil gracias derramando-pasó por estos sotos con presura;-y, yéndolos mirando, con sola su figura-vestidos los dejó de su hermosura”. Y San Juan de la Cruz escribe de los sotos, que son zonas próximas a los ríos y donde se contemplan árboles de distintos frutos y formas, como por ejemplo el manzano, del que escribe Santa Teresa: ”Entiendo yo por manzano el árbol de la Cruz” y gozo “del fruto que sacó Jesucristo Nuestro Señor de su Pasión, regando este árbol con su sangre preciosa”, porque en un manzano cometieron Adán y Eva el primer pecado, como dice Pagán en su poesía: ”En el árbol fue cometido- lo que pecaron los dos,- y el castigo desto ha sido-que en el árbol muere Dios-de humana carne vestido”.
Muy próxima al manzano del Paraíso, reptaba  la serpiente, buscando el mal entre los hombres, que hicieron que en el árbol muriera Dios. En el Padre Nuestro, pedimos “venga a nosotros tu reino”, porque el demonio, unas veces en forma de serpiente y otras vestido de hombre bueno está haciendo el mal en este mundo de tal forma que los cristianos nos veamos en la necesidad de pedir a Dios que “venga a nosotros tu reino”
En la Historia de la Humanidad, siempre se ha dado la lucha entre el Bien y el mal y como el Señor ha hecho al hombre libre, se dan toda clase de enfrentamientos y contradicciones. San Juan de la Cruz llegó a desear su propia muerte para gozar de la presencia de Jesús, pero se consoló viendo la hermosura de la naturaleza, como se ve en sus versos: ”Mil gracias derramando –pasó por estos sotos con presura;- y, yéndolos mirando, con sola su figura-vestidos los dejó de su hermosura”.
Otros hombres, tentados por el demonio, representado por la culebra, no quieren el lado de la muerte para sí y han generalizado la visibilidad de la violencia, de la muerte y lo desagradable. Todos sabemos que nos llegará la muerte, aunque muchos no la quieren aceptar y quieren prolongar la belleza, sin darle importancia a la alteración del envejecimiento de nuestro físico. Total que han creado una belleza que se ha convertido en fealdad. Esa sociedad está enferma porque quiere modificar la estética con una belleza inarmónica, pues hasta las palabras groseras se pronuncian en público y se pintan las fachadas de los edificios.
 ¿Cuánto tiempo durará el reinado de la fealdad?. Entre los años 1927 y 1930,un padre jesuita llamado Georges Lemaître, dijo que el universo comenzó por la explosión de un átomo primigenio, fenómeno al que llamaron el Big-Bang. Desde esa explosión empezó a nacer la vida, pero Francis Crick, premio Nobel, descubridor del ADN, decía que “ Un hombre honesto, equipado con todo el saber que hoy está en nuestras manos, habría de afirmar que el origen de la vida parece, actualmente, un hecho milagroso”.pero cuando ya no quedé nada por destruir vendrá un fenómeno opuesto al Big-Bang y así como éste produjo una enorme explosión ,en el Big- Crunch, al ser un fenómeno contrario, vendrá una implosión del universo. Hace pocos días escuché a Stephen Hawkings, el sabio que sufre disminuciones físicas, que decía:  en doscientos años el hombre tendrá que viajar a otro planeta, porque las condiciones de vida en este mundo, se hacen imposibles.

Los Adoradores Nocturnos, le pediréis a Cristo en el Santísimo Sacramento “y mándame ir a Ti, para que con tus Santos te alabe por los siglos de los siglos”.

Han caído derribados los arcos de los Porches

Han caído derribados los arcos de los Porches, que cual nuevos claustros civiles se elevaron en su tiempo, cabe y sobre, el viejo convento f...