miércoles, 20 de agosto de 2025

San Román de Morrano, que desde Guara observa el Somontano




Siempre me ha llamado la atención el pequeño pueblo serrano de San Román de Morrano, que desde la sierra de Guara, contempla el Somontano. Conozco al señor Don Alfonso Buil Aniés, que ya de niño estuvo interno en los jesuitas de Huesca, para incorporarse en poco tiempo en el Monasterio de Veruela, cerca del Moncayo. Tenía catorce años y hoy con fecha de 2014, todavía vive.  Cuando llegó la Guerra Civil, tuvo que regresar, con catorce años, a su Castillo de San Román de Morrano, para salvar la vida de su padre, cultivándole la tierra.
A pesar de la dureza de esa tierra serrana, Alfonso Buil Aniés, desde muy niño,  acudía a la Escuela Nacional del pueblo vecino de Morrano, y desde 1875  estaba de Maestro el tío –abuelo de Ballarín de Velillas, que hoy cultiva extensas tierras de frutales. San Román de Morrano, domina con la vista la expansión del Somontano y yo mismo, con Joaquín Borruel Buil,  de casa Caborbaya de Siétamo, el día 23 de Agosto de este año de 2014, de setenta y nueve años de edad, pariente de los únicos habitantes que quedan en San Román, pues su abuelo se llamaba Francico Buil Calvo, estuve con él y con Pepe Ballarín, que goza ya de ochenta y seis años de edad.
Una vez en San Román de Morrano, fuimos a visitar a Manolo  Aniés a su casa, que se cerraba con una fortísima puerta de carrasca. Joaquín declaró que su abuelo salió de la Casa de San Román, llamada Casa Juanico,  y el “joven Pepe Ballarín”, se declaró pariente del culto Maestro de Morrano, como también lo es de los Ballarín de Velillas. Éramos tres hombres, ya mayores, que necesitábamos ver aquel paisaje serrano de nuestras familias y venía con nosotros mi sobrino Pablo, que, siendo estudiante de Cinematografía, parecía querer proyectar ese mundo, que se está yendo, poco a poco.
En la puerta de casa de Manuel Aniés, en la parte alta, estaban clavadas  dos patas de un animal de tipo cabrío, cazado en el monte y en la puerta vecina, donde ya no vivía nadie, colgaban dos garras de águila. Ya llevaban muchos años colgadas en las puertas, pues estaban muy desgastadas. Nos sacamos unas fotografías con Manuel Aniés, en el centro, nosotros alrededor, encima las patas del animal cabrío, debajo una piedra, en la que Manuel Aniés, había grabado su nombre y al fondo la puerta, que al preguntarle con que madera estaba cortada, nos dijo que con carrasca. Carrasca dura,  como la Sierra de Guara. Le pregunté a Manuel la categoría del título que acompañaba a los miembros de su nobleza y me contestó que en aquellos castillos, con varios apellidos Calvo, gobernaba el Título de los Señores de Aniés. Y Manolo Aniés, era el único Señor que vivía en estos tiempos en San Román de Morrano. Había que mirarlo con respeto.
Al salir por el mirador por el que se contempla el Somontano, alrededor de una Cruz de hierro, nos pusimos a contemplar el pueblo de Casbas con su Monasterio y el también pueblo de Sieso, donde se asentaron los Almudévar, que provenían de la Villa del mismo nombre. “En una Infanzonía del apellido Almudévar, se dice que sus portadores, fueron Señores de Aniés. pero el Señor Alfonso Buil Aniés,Calvo, Calvo,Villacampa,Pablo, Azlor y Blecua ya me dijo, hace dos o tres años, que él procedía del  Señorío de Aniés, también llamado de los Calvo”.  Manolo Aniés no estaba muy conforme con la posesión del título de Señor por sí mismo, ni por parte de Alfonso Buil Aniés. Mis antepasados, que según dicen los libros fueron Señores de Aniés, tampoco lo son desde hace muchos años. Alfonso es un hermano, entre varios, y dice que en su casa poseían una Infanzonía, ya perdida. Al buen Manolo por su apellido Aniés, no le cabe duda de que forma  parte  del Señorío de Aniés. En aquel trozo de Sierra de Guara, no queda riqueza para ser Señores y por tanto, son todos sus miembros poseedores de una dignidad Señorial.


Allí, alrededor de esa Cruz de hierro, estábamos varios hombres y un muchacho, mi nieto Pablo Adiego, poseyendo la dignidad de Señores, que nos había unido, para observar el Monasterio de Casbas, de donde fue Abadesa la hermana de Don Alfonso Buil Aniés. Esta María José Buil Aniés, inició los estudios con la Monjas de Casbas, acabando haciéndose Monja y llegó a ser Abadesa del mismo.”Como escribo en “Señorío de Aniés, en San Román de Morrano”, por las ventanas de la cara Norte del Monasterio, se veía  la superficie de Guara y el pueblecito de San Román de Morrano. Y la Abadesa María Jesús Buil Aniés, se lo miraba igual que en sus años de juventud, contemplaba desde su Castillo, el antiguo Monasterio”.
Desde San Román, daba la impresión de que Casbas, con su Monasterio y Sieso de Huesca, con los Almudévar, Claver, héroes en Huesca en la Batalla del Alcoraz y los Señores del reducido pueblo de San Román, estuvieron siempre unidos, cuando el transporte se hacía únicamente por caballerías. Pero la Sierra impide el paso directo desde Casbas y Sieso a San Román, por lo que desde Aguas, se pasa por Bastaras, Yaso y Morrano, hasta llegar a la carretera que sube al noble pueblo de San Román. Al marcar se pasa por el pueblo de Bierge en la entrada a la Carretera que va a Rodellar y al Brarranco de Mascún.
“Vicén Do Río en su obra de Infanzones Aragoneses, escribe que “Los Claver de Sieso: Don Miguel Claver (alias Valeta),  trasladó su residencia, (que estaba en la Alta Montaña), al lugar de Sieso de Huesca, para celebrar el matrimonio con Doña Violante, de la linajuda familia de los Almudévar….Celebraron entronques con las linajudas familias de los ANIÉS, Seral, Alamán,Monter y Viñuales”.
Miguel Claver, alias “Valeta”, descendiente de “Don Juan Claver, embajador de los Reyes Católicos y militar aguerrido, que gozó de la confianza del Gran Capitán”, tuvo como descendiente al citado Miguel Claver, alias “Valeta”, que fue a residir a Sieso, donde se casó con Doña Violante Almudévar en1515. Un nieto suyo que también se llamó “Miguel Claver, se casó con Doña Isabel de Aniés, hija de la familia de los opulentos SEÑORES DE ANIÉS, de SAN ROMÁN DE MORRANO, QUE TENÍAN SU RESIDENCIA EN EL CASTILLO”.
De Miguel CLAVER y ANIÉS, desciende Antonio Claver y Viñuales, que se casó con Teresa ALMUDÉVAR. Fueron padres de Manuel CLAVER y Almudévar,que se casó con Doña Jacinta MANCHO, natural de Torres de Montes.
De aquí salen los apellidos Almudévar, Aniés y Claver en la familia Mancho de Torres de Montes. Desde el pueblo de San Román de Morrano, en la sierra de Guara, se fueron mezclando las familias de los Aniés, los Almudévar, los Claver y los Mancho de Torres.
“Dicen que aquí se acaba la varonía del apellido Claver en el Casal de los Claver de Sieso, entretejida con la familia de Almuévar también de Sieso y con la de Aniés de San Román de Morrano”. Don José de Calver y López de Zuazo,ha escrito un tratado de la Familia Claver, con todas sus bodas y grandezas de sus generaciones, como la de San Pedro Claver ( combatiente de la esclavitud en Sudamerica) y de las batallas en el Mediterráneo, esculpidas en la parroquia de Sieso.
Aquí, alrededor de la Cruz de hierro, que está situada al lado del mirador, sobre su base de piedra, nos encontramos, contemplando la historia de la Sierra de Guara, a través del Monasterio de Casbas, donde no sólo fue Abadesa la hermana de Don Alfonso Buil Aniés, sino la escritora en castellano y en Fabla aragonesa Ana María Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda. Monasterio de Casbas. Eramos Joaquín Borruel Caborbaya,  cuyo abuelo nació en el Castillo de San Román, Pepe Ballarín,  pariente del Maestro que inició a Don Alfonso Buil Aniés, en su enorme  cultura, otro era yo mismo, Ignacio Almudévar Zamora, pariente de los Claver y de los de Casa ANIÉS de San Román de Morrano. Gracias a Dios,  también vino con nosotros, mi sobrino Pablo Adiego Almudévar, que es estudiante de Cinematografía y que encontró alrededor de esa Cruz, un maravilloso tema para filmar una película.
Se hizo el año 1730 por orden de Don Joseph Paul  y Abiego  y Almudevar y Doña Josepha Puyuelo Fernandez  de Eredia


Había dejado Pepe, con sus ochenta y seis años de edad, aparcado el coche, cerca de la Puerta enrejada del Cementerio. Nos paramos frente a ella y nos llamó la atención una gran Cruz de hierro forjado, de gran belleza, pero un tanto deteriorada por el tiempo y a su lado dos piedras, que señalaban la situación de otro que fue hermano de la humanidad, en el que no pudimos ver su nombre, ni sus apellidos.   
 La Humanidad tiene una vida pasajera y nos dimos cuenta al marchar de San Román y llegar al pueblo de Abiego. El ambiente era de una gran vivacidad, pues estaban muchas personas en la Piscina Pública y en la iglesia parroquial, de un aspecto maravilloso, desfiló una boda, que nos hace creer en nuestra continuación en la Tierra. Allí se unían el pasado y el futuro; el futuro con esa función matrimonial espléndida y al lado del escudo, estaba escrito en la piedra, con letra muy clara, lo siguiente: “Se hizo el año 1720.Por orden de Don Jospeh Paul y Abiego y Almudévar y Doña Josepha Puyuelo Fernández de Eredia”.
Estábamos en Abiego con los apellidos grabados de Abiego y Almudévar, que son los dos de mi nieto Pablo, que venía con nosotros. El nombre de Abiego es una palabra ibérica, que quiere decir “terreno profundo” y el terreno de Abiego, cerca de los Pirineos, y en lo profundo del río Alcanadre, es difícil de subir el agua al depósito del pueblo. Mi nieto se llama Adiego, que es una palbra equivalente a la de este hermoso pueblo. Hemos estudiado una pequeña parte de de la historia de esta Sierra y de su Somontano. Pero la boda que presenciamos nos infundió un optimismo en nuestros corazones y el encuentro del Abiego Ibérico del pueblo con el también Ibérico, que lleva por sus venas mi nieto, en Agosto de 2014, nos dio alegría y esperanza en el porvenir.

Nos marchamos del espectáculo y nos quedamos a comer en un Restaurante a la salida de Abiego y gozamos del optimismo de Pepe Ballarín, que todavía conduce maravillosamente, de la alegría de Joaquín Borruel Buil por haber visto en San Román de Morrano, la casa-castillo de sus antepasados y el gozo de mi nieto al ver sus dos apellidos en el escudo de Joseph Paul y Abiego y Almudévar.

martes, 19 de agosto de 2025

Del apagón y el rayo.-(de mi libro Claroscuros)


           
                                                  
Tomás Alba Edison, al inventar la bombilla, era consciente de los grandes beneficios que de ella se iban a derivar para la Humanidad. Su gozo, como buen filántropo, debió ser enorme. Pero tal vez no llegara a darse cuenta, de que de la misma forma que al día le sigue la noche y al sol las tinieblas, a la iluminación eléctrica le iban a seguir los apagones. El Sol se va ocultando poco a poco en el horizonte y a las gallinas les da tiempo sobrado para instalarse cómodamente en sus perchas; los pastores calculan el tiempo que va a durar el crepúsculo y se va acercando a sus apriscos, antes de que la noche los sorprenda en el monte, donde por otra parte, prolongan su estancia si comprenden que el cielo está despejado y la Luna Llena va a hacerles compañía.
Pero los apagones eléctricos producen  transtornos  repentinos e imprevistos; son como los que siempre ha producido el rayo, pero al revés, porque éste es una avenida tumultuosa de electricidad y el apagón es una ida masiva de la corriente. El rayo electrocuta, quema  y a veces derrumba edificios. El apagón también derrumba a algún anciano que bajaba o subía por la escalera, suspende a otros en el ascensor, hace que alguien meta mano en los estantes del supermercado o  en los sostenes de quien se descuida.
La luz eléctrica, por otra parte, nos separa de la vida natural, cambiando los horarios solares por los oficiales. Por eso muchos campesinos, cuando preguntan la hora, piden que se les aclare si ésta que se les da es la vieja o la nueva.
Poco a poco nos vamos adaptando a la luz artificial, pero nos quedan reminiscencias de cuando gobernaban nuestras vidas la Luna y el Sol. La luz de la Luna era propicia para los enamorados, que todavía cantan: “ Los dos a media luz; a media luz los dos, ¡qué bello es el amor!”.
La mayor ventaja que yo le veo al apagón sobre el rayo es que éste disminuye la población, y  áquel hace que aumenten los nacimientos.

lunes, 18 de agosto de 2025

¿Existe el tiempo?



Yo, desde luego no lo sé, porque dicen que antes del Big-Ban, no existían ni el espacio ni el tiempo. Ahora, existe el tiempo unido a la materia, es decir que la materia requiere el tiempo, porque al ser creada, es evidente que lo necesita. Pero en el vacío, el tiempo carece de sentido. Estas charlas llevaban entre ellos Carlos Torres con Pepe, matemáticos y astrónomos, haciéndose mutuamente, la siguiente pregunta: ¿puede el tiempo caminar hacia atrás?. Y dice Pepe que teóricamente sí, pero hoy por hoy, no, porque la tecnología que lo aclare se está desarrollando no con rapidez, sino muy despacio. Tal vez pudiera darse el fenómeno en un lejano espacio de tiempo, pero no podemos volver a contemplar nuestro pasado o sea volver a vivir nuestros años jóvenes, como por ejemplo nuestros ocho años de edad. No puede ser, pero Carlos Torres afirma que el tiempo puede caminar hacia atrás, añadiendo Pepe que existen unas partículas elementales, en que el tiempo actúa sobre ellas con más brevedad, en los laboratorios donde se estudian, que fuera de ellos.
¿Para qué sirve esta conversación y los problemas que plantea?. Podemos saber para qué sirve una mesa o un libro, porque los vemos, pero estos problemas son abstracciones del cerebro del hombre, que tiene sed de conocerlos, pero no alcanza a conocer cuántos problemas se le presenten, ni podrá solucionar dichos problemas, aunque teóricamente, se encuentren soluciones. Por ejemplo, para hacer un viaje a otro planeta, hace falta hacerlo rápido. Si un hombre viaja a la velocidad de la luz, los que se queden aquí se harán más viejos, pero el viajero que lo hace a la velocidad de la luz, se quedará igual, con la misma juventud de la que gozaba al salir.
El individuo humano sólo, no tiene sentido, si no es en relación con el Grupo Humano de otros tiempos, de los actuales y de los del futuro y siente una necesidad del tiempo en el Grupo Humano, globalmente unido al Creador, pidiéndole: “Envía ,Señor tu Espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra”.
Y el hombre nota su influencia en la obra de Dios y la siente, porque Einstein tenía miedo, no a nivel individual, sino a nivel de todo el Grupo Humano, de las bombas atómicas que los Nazis estaban fabricando y avisó a Norteamérica, para que frenara la catástrofe. Sabía que quizá no afectase a su temporalidad, pero iba a hacer sufrir al tiempo futuro del Grupo Humano.
Stephen Hawking sentía el miedo, no por sí mismo sino por el Grupo Humano, de que la Tierra se destruyera en doscientos años y advierte a los hombres de la necesidad de buscar otro planeta. Advertía de que la estrella más cercana es Próxima Centauri que se encuentra a 4.2 años luz de la Tierra y se tardaría con un cohete de los actuales unos cincuenta mil años en llegar a ella. De esto se deduce que es necesaria una acción rápida. Einstein nos consuela, diciendo: ”los objetos se aceleran, en el espacio, pero el tiempo se ralentiza alrededor de ellos”. Stephen Hawking sentía que el Grupo humano desapareciera en el tiempo e implora a los hombres que busquen otro planeta en el que pueda seguir el Grupo Humano, pasando el tiempo.
Dicen que si el hombre viaja a la velocidad de la luz, irá sufriendo cada vez menos las consecuencias del tiempo, en tanto los humanos dejados en el mundo irán envejeciendo y repitiendo las palabras de Einstein, veremos como “los objetos se aceleran en el espacio, pero el tiempo se ralentiza alrededor de ellos”. El tiempo existe para los hombres y el “ahora” eterno es cosa del Supremo Hacedor.

sábado, 16 de agosto de 2025

Tempus fugit

 


                                                                                          Salvador Dalí.

Sobre la esfera del reloj de pared, se lee: Tempus fugit y el tiempo va huyendo lento, lento al ritmo que le marca el sonoro tic-tac de su péndulo. No tiene prisa el reloj de forma semihumana con cabeza, que por cabellos, se corona con adornos barrocos; su cara es blanca, redonda y numerada, con saetas que no inciden sobre un corazón que no posee, sino sobre la frialdad de unos números romanos, que recorren, periódicamente, una y otra vez, con la monotonía con que la luna cumplimenta, día y noche, las fases que aparecen en los calendarios. Su pecho y su vientre de guitarra se transparentan a través de un cristal, dejando ver como el péndulo alterna su movimiento pendular.

El tiempo huyó definitivamente para el varón que lo escuchaba y contemplaba, pero la dama quebró la sincronía con el tic-tac sonoro y no supo, ya más, escuchar la dulce sonería de campanas, que el reloj cada hora, al aire regalaba. Se fijó la señora solamente en lo fatal de la sentencia de la esfera y aquel “tempus” que “fugit” se le clavó, cruelmente en su cerebro y en su corazón, cuyos latidos, siendo vida, no le decían nada.

El reloj se recrea con el tiempo que tiene concedido y la dama, en lugar de gozarlo, lo consume, lo quema, lo derrocha, huye de él y huye de sí misma sin parar un instante a gozar de la vida que Dios le concediera. Va y viene, sube y baja, sin hacer un alto en su camino y el tic-tac del péndulo de la vida, queda despendolado, con pérdida del ritmo armonioso, que pudo ser placer y ahora es huida. Párate sin parar, como el reloj, para escuchar el ritmo de la vida, para oír el sonido de campanas, de músicas, de palabras bellas y para ver las fases de la luna, los paisajes y tantas cosas que adornan la existencia.

¡Párate, templa tu ritmo pendular y manda sobre ti, como la rueda Catalina en su reloj!¡como Manuel Lalanda convertía en ballet la prisa de la fiera!

¡Párate como Teresa la andariega, en las moradas del alma y de la calma!.

Las libélulas


En las riberas de los ríos y entre los carrizos, las cañas y los sauces vuelan las libélulas; a veces se posan sobre algún nenúfar del estanque, pero la libélula marividiana, más inquieta que otras, vió en el tronco podrido de un álamo viejo, una objeto como un paraguas blanco; se ponía sobre él y su tacto era suave y grato su olor, pero cuando estaba de ellos gozando, se abrió en el sombrerillo del hongo, pues hongo era, que no paraguas, como una ventana y asomó por ella un enano o un gnomo. La libélula voló y el enano se encerró, pero desde entonces los vuelos lúdicos se tornaron en vuelos de curiosa observación; vio a otros gnomos que venían a visitar al del río y cuando llegaron, les siguió y siguió tras ellos hasta la Montaña, pues montañeses eran y vio como sus casas fungiformes, tenían aspectos variadísimos y el blanco de los hongos de chopo se convertía en arcoíris de sombrerillos, de tejados de las casas de los “nanetes” de Hecho y de los follets de Benasque; se paraba sobre los tejados, les hacían cosquillas o “morisquetas” con sus extremidades y ¡venga a echar esporas! . Las libélulas, como ésta, tienen hijos muy guapos, muy listos y muy “volanderos” y ¡claro!, la “lula” le avisó  a su hijo,y éste hizo un trabajo tan brillante, que en Holanda, verde como el valle de Echo, pero llano como la palma de la mano, se enteraron y le querían dar un premio. Se hizo un agitar de alas de las libélula y de las aspas de molino,  de las amanitas  faloides y de los boletus edulis, salieron los gnomos, gritando:¡Hurra, hurra!.Y yo me quedé admirado, al tiempo que esclamaba: ¡Ay que jodese!.

jueves, 14 de agosto de 2025

El Reino de los Mallos, antes y ahora




Bajando desde Jaca a Huesca, siempre veía al lado del  modesto río Asabón, el desvío que conduce a Villalangua. Siempre que por ahí pasaba, imaginaba un  aspecto rural o de abandono de tal pueblo, que tan pocas veces aparece en las historias. Pero un día, decidí entrar en él y quedé maravillado por encontrar un pequeño pueblo, que no tenía ruinas entre sus casas, con una bella iglesia y un Hotel-Posada, que en un alto acantilado sobre el río Asabón, ofrecía a la vista un verde valle, con una corona de Mallos, señalando el cielo, que recuerda los de Riglos, los de Agüero, de Loarre  y todos los del viejo Reino de Doña Berta, que dominan el valle. Estábamos en invierno y no vimos a nadie, pero se adivinaba un pasado glorioso y tranquilo, cerca de Navarra, ya que por Biel se caminaba para ir a Pamplona, pasando por el primer pueblo navarro, es decir el de Sangüesa. En el mapa del antiguo Reino no aparece Villalangua, pero dicen que este pueblo, fue siempre un refugio de pastores,  hasta el siglo XVII, en que se fundó el pueblo. Pertenece al Ayuntamiento de Riglos y como este pueblo  exhibe sus mallos, palabra que en lengua vasco-ibérica significa “formación rocosa”. Son los mallos como columnas de piedra roja de distintas alturas, que se elevan al cielo y surgen de distintos puntos del Reino de los Mallos. Existió este Reino durante un   escaso tiempo, ya que Pedro I, rey de Aragón y de Navarra e hijo del Rey Sancho Ramírez, muerto en la muralla de Huesca por las flechas de los moros, se casó el año 1097 con Berta, de la que se sabe únicamente que era italiana. Murió Pedro I en 1104 y le dejó como dote, entre otros pueblos Murillo de Gállego, Riglos, Marcuello, Ayerbe y otros, ya en la tierra llana. Ella era   Reina y Ubieto Arteta le completó el nombre al Reino llamándolo el de los Mallos. No había tenido Pedro I  hijos con su primera mujer y tampoco los tuvo con la Reina Berta. Allí quedó de Reina, y los nobles la  observaban, para ver  si daba síntomas de estar embarazada. No dio a luz y al poco tiempo, en 1110, desapareció del Reino, sin conocerse nada de su vida. ¡Dios mío, que tierras aquellas en que no nació ningún niño para ser Rey de Aragón, cuando de esas mismas tierras habían salido aquellos mallos, que en lugar de indicar la dirección de Zaragoza, señalan todavía el cielo!. Si, a Zaragoza se dirigió el hermano de Pedro I, que fue Alfonso el Batallador, como bajaban las aguas del río Gallego al Ebro. En el Reino nominal de los Mallos, permaneció Agüero, situado en un terreno legendario, pues en él está la iglesia de San            , donde se encuentra esculpido el Rey Sancho Ramírez y por aquellos caminos por los que iban a Navarra, se encuentra Villalangua  y muy cerca el desparecido pueblo de Salinas de Jaca, donde vivió mi amigo Sebastián Grasa, que corrió aquellos parajes, llegando al pueblo navarro de Sangüesa, al que acudía al Notario. De Sangüesa a Sos del Rey Católico, tuvo que acudir la madre del Rey Fernado el Católico, para ser Rey de Aragón. A Salinas Viejo acudía  a veces Sebastián Grasa pasando por la “osqueta” de la Foz de Salinas. Entre Salinas y Agüero se alza el monte de los Tres Obispos a 1224 metros sobre el nivel del mar; allí se reunieron tres obispos medievales, en una zona hermosa, que vive del turismo. Por Marcuello pasaba la Vía Romana y desde su castillo se observaba la tierra de la Sotonera. Está aquella tierra solitaria de hombres  sin embargo es el reino de los buitres. Dicen que San Juan de la Peña es el panteón de aquellas tierras, Jaca la Catedral y subiendo por Marcuello, se llega a Loarre, que es el observatorio hecho por el hombre, para engrandecer a estas tierras de los Mallos. El río Gállego recorre dicho Reino  y se guardan sus aguas en el Pantano de la Peña;  saliendo de éste, se llega a Murillo de Gállego, donde se encuentran la Montaña con La Tierra Baja. Hace años subí a lo más alto del pueblo a visitar la mula de un pastor; allí mismo se encontraba una ermita que me inpresionó. Al lado del pastor vivía una señora viuda, con su vestido negro y su toca que le tapaba sus cabellos blancos y entramos en conversación y ella, en su soledad, me invitó a tomar agua fresca, que yo le agradecí y todavía me acuerdo de ella y de su obsequio. En la carretera hay una Bodega, productora de vino. Entré a ver a su dueño, que es amigo mío y le compré una botella de buen vino. Porque en Murillo empieza la Tierra Baja y en ella se encuentran viñas fecundas y abundantes. Desde la fachada de la Bodega, parecen expuestos a la vista de los vecinos de Murillo, los Mallos de Riglos que son un espectáculo maravilloso. Están Riglos y Murillo separados por el río Gállego o Galaico, porque nace en las Galias. Por este río navegan multitud de canoas, muchas de las cuales las traen del País Vasco. La abuela del “cobalto” de Murillo, al lado de una ermita, para mí, representa el pasado de Murillo y las aguas del Gállego, surcadas por las canoas, parece ser que buscan el progreso, camino de Zaragoza.
Se ven las llanuras de Ayerbe, desde Agüero, Murillo, Marcuello y Loarre. Era Ayerbe la capital del Reino de los Mallos. Desde este pueblo hay una carretera por la que se va, pasando por Biscarrués, a Fuencalderas y a Biel, al lado de Navarra. Se nota un ambiente de  que Ayerbe iba a más, pero se ha quedado fuera de la autopista que va por Sabiñánigo y la ha dejado aislada de Pamplona.  Por Erla y  Egea de los Caballeros se llega a  Sádaba, donde se alza un enorme Castillo y desde este pueblo al navarro Carcastillo, la carretera es buena hasta la provincia de Navarra, pero parece que a ésta no le interesa la comunicación con las Cinco Villas aragonesas, porque su parte de  carretera es mala. El Reino de los Mallos quería imitar a Zaragoza, pero no puede salir de lo viejo más que de lo antiguo. Quedan los brujos de San Felices, las brujas de Salinas de Jaca, con las que convivió mi viejo amigo Sebastián Grasa y queda el recuerdo del Saltamontes de Murillo, pero el progreso de Zaragoza y de Navarra, que tiene el terreno de Pitilla de Aragón en las Cinco Villas y que en tiempos pasados hablaron el vasco, lo evitan los modernos gobiernos, que pueden decirse demócratas, pero olvidan la belleza del Reino de los Mallos y  de su capital Ayerbe, en que vivió Ramón y Cajal y que es un lugar que nos comunicaría con el pueblo navarro, que de sus pantanos saca agua para todas sus comarcas, para beber sus habitantes y para industrializar las diversas zonas de Navarra.

miércoles, 13 de agosto de 2025

La humanidad en La Almunia del Romeral




Joaquín Borruel Buil es un descendiente de Caborbaya, albañil que edificó Casa Almudévar de Siétamo el año de 1853.Me habla de su  padre, cuando pasa gran parte del año en Siétamo, pero no recuerda menos a su madre, Francisca Buil Albero, a la que yo  conocí. Los recuerdos de su madre le llenan de sentimientos su corazón, de tal manera que los manifestaba describiéndome su vida entre las bellezas sobre las que se asienta La Almunia del Romeral. No pude pasar sin acordarme de las vivencias que pasé ejerciendo mi profesión de veterinario y de vivir los sentimientos de Joaquín Borruel y decidimos una tarde calurosísima del mes de Agosto, subir por las orillas del Río Guatizalema, desde Siétamo hasta el verdor, que manifiestan los litoneros, los romeros y las oliveras. El primer punto al que nos dirigimos fue a casa Escario, que fue de la madre de Joaquín y allí encontramos la puerta de hierro del corral, que estaba toda rodeada de una parra, que ofrecía unas uvas rojizas, de las que Joaquín no se atrevió a probarlas, pero yo, sumido en aquel ambiente somontanés del río Guatizalema, en la ladera del monte Miscón y desde donde se divisa Santolaria, con su atalaya restaurada e iluminada por la noche, cogí un grano de aquella uva para comulgar con aquella tierra que conduce el agua a Huesca capital y a los pueblos del Somontano, con su campo de aviación de Alcalá-Monflorite. Esos espejos producen una luz, que nunca apagan las boiras, que en invierno alcanzan a los pueblos próximos. Nos daba la impresión de que no íbamos a ver a ningún ser humano, pero nos encontramos con una pareja, que habita en Casa Sastre y formada por la señora Ester Loriente Abadías y por su marido José Ferrando Trallero. Ferrando ha sido cartero de la Sierra durante treinta y cinco años y yo lo conocí en casa de Lorenzo Zamora de Coscullano y su esposa Ester de una casa en que durante cuatro generaciones tuvieron sastrería y más de cien arnales, emigró a Barcelona, donde trabajó y estudió, pues al hablar con ella, noté la claridad de sus palabras y la lógica de sus ideas, hasta que Joaquín me reveló que era Licenciada por la Universidad de Barcelona. Pero la miel de aquel “Jardín de romeros”, como llamó a la Almunia Don Fernando de Aragón, Abad de Montearagón, había influido en su corazón porque fue  toda  amor y caridad, ya que se llevó con ella a Barcelona a su madre y a cuatro tíos suyos. Cuando volvió a La Almunia se trajo los restos de sus difuntos  y no pudo menos que enseñarme su parroquia y el cementerio, donde duermen sus seres queridos. A Santo Domingo de Guzmán y a la Virgen del Rosario los sacan todos los años en procesión y en aquella tierra serrana, aunque están casi todos muertos, les cantan José Ferrando con su esposa Ester. Para San Vicente, celebran la Fiesta Pequeña  y en medio de la plaza encienden una hoguera, en la que asan panceta, longaniza  y tortetas, acompañadas por el vino de sus botas. El río Guatizalema baja de Nocito y es un punto, desde luego muy profundo. El punto más estrecho que me hizo contemplar Ester, subiéndome a la “demba” de Casa Aniés, fue el paso de Bolituero. Antes, cuando iban a Santolaria, colocaban varios maderos, fajos de “buchos” y barro, pero cuando llegaba una riada, lo arrastraba todo. Encima de Bolituero hay una presa para conducir el agua a Huesca y más arriba, por un túnel, corre el agua al Campo de Aviación de Monflorite y a los pueblos de abajo. Hay una zona más profunda que tenía un molino, una explotación de cobre y una papelera y cruzaban el río por unas vías ferroviarias que allí instalaron. La factoría de cobre se llamaba Martinete y en ella fabricaban calderos de cobre, tan usados en aquellos pueblos. Era La Almunia una potencia industrial gracias al río. Pero no sólo tenía la industria sino también la agricultura, que producía gran cantidad de aceite y por allí pasaba la ruta del vino y del aceite. Había dos rebaños,  uno de ovejas y otro de cabras, pero destacan las colmenas de abejas, que producían una miel transparente y clarísima, como la que destilan de su corazón las personas de La Almunia, donde todavía se encuentra  la llamada zona  de los arnales.

Teófilo García y su perro navarro

Cuando Teófilo García, nacido en el pueblo navarro de Asarta, en el camino que conduce desde Pamplona al Valle de Berrueza, que muga con la ...