martes, 31 de agosto de 2010

La Cruz de San Pedro Mártir



En 1613 fueron expulsados los moros de España, marchando los que en Siétamo servían a los Condes, que eran los dueños del Palacio. Aquellos moros tenían su cementerio, debajo de aquel, en que ahora, los cristianos, son enterrados. Estaba sin paredes en una zona rodeada de carrascas y en la que pueden verse varias tumbas, revestidas de piedras y en las que hemos podido encontrar alguno de sus huesos. También fueron expulsados los moros de Ola y Olivito. En Ola vivían catorce familias musulmanas y dejaron un hermoso recuerdo consistente en un arco árabe, en el acceso al agua del pozo y fueron rápidamente substituidas por otras catorce familias cristianas, procedentes de los Pirineos. Muchos de esos apellidos son montañeses, como Otal, Guarga, Aysa, etc. Los de Siétamo vivían en su población, que estaba dentro de la muralla, de la que todavía quedan diversos tramos. Los cristianos estaban fuera de la muralla, con su parroquia en la casa de don Antonio Andrés, que en la ejecución de su garaje se encontraron tumbas de cristianos. Mi difunto amigo, Julio Brioso afirmaba que dicha iglesia era de origen visigótico y yo creo que habría que investigar las imágenes que se encuentran en la cara Sur de la Iglesia. Coincide aproximadamente la marcha de los moros, con la construcción de la Parroquia, pues la mandó erigir don Bernardo de Bolea, Señor de Siétamo, en 1572, siendo su constructor el maestre Martín de Zabala de Huesca. Esta fecha aparece en una obra de don Ricardo del Arco. En ella está enterrado, si no lo desenterraron durante la Guerra Civil, un antecesor del Conde de Aranda, tal vez el citado don Bernardo de Bolea. Quedan en el muro Sur de la Parroquia, dos tallas de piedra, consistentes una, en un “angelico” y la otra en una tiara, no sé si es episcopal o pontificia. Pero cuando se hicieron las excavaciones para suministrar de agua a las casas, apareció una piedra de las que sostenían el alero de la ya desaparecida iglesia, cercana a la Cruz de San Pedro, que tiene tallada en su parte más exterior, una cabeza de fiera monstruosa. Como consecuencia de aquella expulsión de los musulmanes, se adjudicaron el pueblo de Olivito para Siétamo y Quinto para Loporzano y todavía se conservan los papeles en que se acordó entre ambos pueblos el reparto de sus tierras. Ambos pueblos han desaparecido. Entre los restos de Quinto había teselas romanas, restos de vasijas romanas y apareció una piedra, ya olvidada, que parece ser que señalaba el miliar quinto. En ella estaba labrada una V que indicaba la situación del quinto miliar.
Entonces comenzó a brillar por todo Siétamo la Señal de la Cruz, porque hasta entonces el llamado Camino de las Procesiones corría más lejos de la nueva Iglesia y más próximo a la del camino de Ola. En la Plaza Mayor, colocaron una gran Cruz sobre una base, a la que se sube por escaleras pétreas. Esa base está formada por dos piedras labradas y empalmadas y sobre ellas se elevaba una columna alta, también de piedra, en cuya cima se asentaba la Cruz. De la misma forma en que ahora se trata de eliminar las cruces de los lugares públicos, el año 1936, no se consentía la presencia de ellas en plazas, calles ni en iglesias ni siquiera colgadas en los pechos de los seres humanos. Ahora cuando va uno a Francia, se encuentran cruces de Cristo en las plazas y caminos. Pero en España, concretamente en Siétamo, derribaron la larga columna de piedra, que hacía de sostén de la cruz de hierro. Aquel piadoso monumento quedó derribado por el suelo, como gran parte del pueblo de Siétamo, empezando por el Castillo y siguiendo por las casas de Puyuelo, de Juana Periga con su hija “Concheta” y de tantos otros vecinos, que se vieron obligados a reclamar que les repusieran su vivienda. Todavía yace derribada la casa, que se encuentra lindando con la bodega o almacén del Palacio, propiedad de Tomás Santolaria. En su fachada orientada al Este, se ve un agujero redondo producido por un cañonazo, cuando en la parte de Huesca, es decir por el Oeste, no poseían armas de gran poder destructivo.
En tanto los niños, acompañaban a Companys, endulzados con caramelos, en su marcha hacia el Castillo y después de la Guerra, los niños como Antoñito del Herrero, Rafael Bruis y yo mismo, íbamos replegando los millares de balines y bombas, que habían dejado en su lucha, unos y otros. Pepe Ferrando, habla poco, pero se acuerda de la bomba que al explotar, se le llevó tres dedos de su mano. Pero el alcalde Juan José Ribera, pensó en restaurar la pacífica Cruz de la Plaza y el albañil Emiliano Boira, levantó sobre la ménsula de piedra una columna de ladrillos de cara vista, con un adorno en su parte superior y en una esfera de cemento clavó una antigua Cruz, que preside la vida del pueblo, mirando al Norte, al Sur, al Este y al Oeste. Cada vez que me fijo en la Cruz, me acuerdo del Alcalde Juan José Ribera y del buen albañil Emiliano Boira.
Pero el pueblo devoto de la Cruz, puso otra al arrancar el Camino de las Eras. Quedaba esta Cruz, aproximadamente, donde sale una calle, que yendo por encima del Parque, antiguamente Demba de López, va a parar al primer grupo de viviendas que se construyeron últimamente en Siétamo. Esta Cruz, como todo lo que tuviera un sentido religioso, fue también destruida. El Alcalde don Antonio Barta Viñuales, la arregló el año 1944 .Al ensanchar la carretera de Castejón el entonces alcalde Vicente Benedet la subió más arriba, colocando piedra por piedra, igual que estaba cuando la reconstruyó Antonio Barta y la colocó cerca de donde se entra en el chalet y el jardín de Soler. Desde ese lugar, la Cruz mantendría el amor de los vecinos de Siétamo. La columna vertical en el que asienta la Cruz es de cemento, aunque por los años que está cumpliendo su misión, a lo lejos, parece de piedra. Esa Cruz hace recordar al pueblo los problemas de su historia, con los hechos de la Guerra y acordarse también de las personas que como los entonces, alcaldes Antonio Barta y Vicente Benedet, la repusieron.
Pero quizá la Cruz más antigua de Siétamo, sea la llamada “Cruz de San Pedro Martir”, que por el Norte, la contemplan las Sierras de Guara y de Gratal, por el Sur la sierra de Alcubierre, por el Este parece la protectora de la Villa de Siétamo y por el Oeste, en tiempos antiguos, sobre Ola, se verían apacentar su rebaño a San Urbez, que siguiendo el curso del río Guatizalema, bajaría desde Nocito hasta Ola, donde en casa de Otal se conserva una losa de piedra sobre la que dormiría el santo. Desde el elevado punto sobre el que se asienta la “Cruz de San Pedro”, veía subir a los vecinos de Siétamo desde la iglesia parroquial, rezando el Via Crucis y en una vieja fotografía se conocen varioa hijos de pueblo, entre los que se encuentra José de Gabardilla, hermano del antiguo alcalde Antonio Barta. !Cuantas veces hemos subido a rezar los vecinos a la Cruz !. Y mirando al Oeste se distingue la recta carretera que parece dirigirse a Monte Aragón y se contemplan las fincas de Siétamo de Olivito, del Saso, hasta que se unen con las de Loporzano. Esta Cruz fue destruida como todas las demás, pero los vecinos del pueblo se preocuparon de restaurarla y Rafael Palacio, retocó todas las piedras que forman la base de la Cruz y la columna, y Domingo Borruel colocó el cimborrio con la cruz.
Pero no disminuye en Siétamo, la devoción a la Cruz de Cristo, sino que todos los Jueves Santos, se saca en procesión la conmovedora talla de Cristo. Cuando durante la Guerra Civil, fueron destruidas las distintas obras civiles y religiosas de Siétamo, parece ser que se recrearon en la Capilla abierta por los dueños de la casa, que se encuentra al lado de la iglesia. Ella era la sede de una Cofradía del Santo Cristo y fue toda ella destruida. Pero al acabar la Guerra Civil, el Aparejador Pérez Loriente, tío de mi difunto amigo, también aparejador, Pepe Pérez Loriente, quiso tallar una nueva imagen de Cristo y tomó como modelo para tallar su cara de sufrimiento, la de la joven hija de Siétamo, Antonia Benedet, que en su rostro de gran belleza, manifestaba un enorme dolor, producido por haber sido operada su columna vertebral. Murió la joven a los veinte años y llenó de emoción a los vecinos de Siétamo y al autor del Cristo, en cuyo rostro quiso representar el dolor de los seres humanos, en este caso concreto el de la bella joven Antonia Benedet. Este Cristo empezó a deteriorarse con el tiempo y por iniciativa del alcalde Vicente Benedet, lo restauró el artista Aquilué, dejándolo de un gran aspecto. Ante tal figura se sacó en las procesiones del Jueves Santo, con gran solemnidad y acompañado de músicos. Desde siempre salía en dicha procesión un trío de fieles, portando una Cruz y marcando un antiguo paso. Iban con hábitos y capuchas sobre sus rostros y ese paso da que pensar que en otros tiempos iría acompañado por algún instrumento musical y desde luego con un tambor, pues los pasos de los portadores lo daban a entender, ya que parecían obedecer a un “pan-pataplán- plan”, repitiéndose este movimiento que parece acompañado por algún tambor. Yo creo que se debían investigar instrumentos antiguos, cuyos sonidos se debían reintroducir en los pasos emocionantes de aquellos jóvenes que los ejecutan.
Siétamo realiza la adoración de la Cruz, como se realizaba en Jerusalen en el siglo IV, pues en ella, exclamaba un sacerdote: Ecce lignum crucis”, es decir “He aquí el signo de la Cruz del que estuvo colgada la salvación del mundo”. Y el pueblo colocó cruces por las distintas partes del pueblo y en la procesión del Jueves Santo, dice “venid, adorémosla”.
Venancio Fortunatus en su canto “Crux Fidelis”, dice ¡Oh Cruz fiel! El más noble de los árboles; ningún bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en fruto. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan dulce peso!.

jueves, 26 de agosto de 2010

El Batán de los Molinos de Sipán




Un día de este mes de Agosto de 2010, he ido a visitar el Monasterio de Casbas y he quedado impresionado, no sólo por este Monasterio sino por la visión en la falda de la Sierra de Guara de la aldea de San Román de Morrano. Me he acordado de la tía del Conde de Aranda, Ana Francisca Abarca de Bolea, que en su obra pastoril en el Moncayo, impulsa la igualdad social de los aragoneses, estimulando las bodas de los nobles con las sencillas pastoras aragonesas. Pero no sólo recordé a la escritora, sino que me acordé del escritor José María Llanas Aguilaniedo, que habla en su obra “Almas contemporáneas” de los “burgueses” y de los obreros manuales y los intelectuales, como los practicantes o los maestros de escuela. Hoy me he encontrado con el jubilado José Buil Bentué, que nació en la casa del Batán de Los Molinos de Sipán. Por su edad no puede acordarse de aquellos crueles acontecimientos que sucedieron en Los Molinos, durante la Guerra Civil. Su difunta madre los vivió, pero ya no puede contarlos. El autor de la obra “Alma Contemporánea”, en 1899, ya advertía contra la violencia que había de llegar, pues no se evitó porque aquellos obreros no sabían leer casi ninguno, ni se conoció su libro, hasta hace muy poco tiempo. La Guerra es salvaje y en Cuarte de Huesca, al entrar en el pueblo los republicanos, uno subió encima de una galera cargada de mies y dijo: ¡aquí estamos los soldados de la República y queremos saber cual de vosotros no está de acuerdo con ella!. A continuación subió un muchacho joven y dijo: ¡Aquí todos los vecinos amamos la República, sed bienvenidos!. No mataron a nadie. En los Molinos de Sipán, al entrar los nacionales, el capitán preguntaba a los liberados de la muerte y estos no contestaban porque estaban poseídos por el terror. Esperanza Bentué Trisán, era la madre de José Buil y era viuda de Antonio Buil Aniés, natural de San Román de Morrano. Este apelido Aniés no viene de Aniés de Bolea, sino del pueblo donde fueron Señores los Almudévar, en el Somontano de Guara. Esperanza estuvo presente en los crímenes que se cometieron en Los Molinos de Sipán, pero no quiso recordárselos a su hijo. En una ladera del pie de la sierra está todavía el pueblo de San Román de Morrano y desde allí veían el Monasterio de Casbas, donde con los vecinos del pueblo sufrieron penas y desgracias, como los mismos voluntarios de la CNT. Las monjas olvidaron las penas y las pérdidas de la Guerra. La casa de San Román, donde nació Antonio Buil Aniés, se llama Casa Juanico y todavía se conserva en pie. Desde el Monasterio se conocía el pueblo de San Román de Morrano y desde dicho pueblo se sentía atracción por el Monasterio; tanto es así que una hermana de Antonio Buil Aniés, se puso monja y acabó siendo Abadesa de dicho Monasterio. Ocurrió cómo en lejanos tiempos con Ana Francisca Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda, nacido en Siétamo, que también llegó a ser Abadesa. Allí están enterradas ambas altoaragonesas. José Buil vivía en los Molinos de Sipán y acudía al Monasterio, no a hacer turismo sino a trabajar en obras de reparación que le pedía su tía la Abadesa. Unas veces arreglaba la batidora de harina, con la que fabricaban los “lamines” y también el horno, en el que cocían los “suspiros de monja”. Me dice José, que las monjas, siguiendo las reglas de clausura, no salían del convento y sentía él, la obligación de acudir a remediar sus problemas y aún lo sigue haciendo en la Ermita del Viñedo, donde se preocupa del buen vino que se llevan los que a dicha Ermita acuden. Al lado de su casa del Batán, estaba la casa de los molineros de Calvo, que fueron todos ellos, menos uno, asesinados, del que se ignora si vive todavía. El alma contemporánea de José María Llanas Aguilaniedo desaparece de la Sierra y de su zona, pero quedan los recuerdos de mi amigo José, que cuida el espíritu con el buen vino de la Ermita del Viñedo, como el pacharán y el vino de rosas, que me regaló, ya hace años, su hermano Alfonso, Guarda Forestal y hombre culto.

martes, 24 de agosto de 2010

¿Existe el tiempo?

Yo, desde luego no lo sé, porque dicen que antes del Big-Ban, no existían ni el espacio ni el tiempo. Ahora, existe el tiempo unido a la materia, es decir que la materia requiere el tiempo, porque al ser creada, es evidente que lo necesita. Pero en el vacío, el tiempo carece de sentido. Estas charlas llevaban entre ellos Carlos Torres con Pepe, matemáticos y astrónomos, haciéndose mutuamente, la siguiente pregunta: ¿puede el tiempo caminar hacia atrás?. Y dice Pepe que teóricamente sí, pero hoy por hoy, no, porque la tecnología que lo aclare se está desarrollando no con rapidez, sino muy despacio. Tal vez pudiera darse el fenómeno en un lejano espacio de tiempo, pero no podemos volver a contemplar nuestro pasado o sea volver a vivir nuestros años jóvenes, como por ejemplo nuestros ocho años de edad. No puede ser, pero Carlos Torres afirma que el tiempo puede caminar hacia atrás, añadiendo Pepe que existen unas partículas elementales, en que el tiempo actúa sobre ellas con más brevedad, en los laboratorios donde se estudian, que fuera de ellos.
¿Para qué sirve esta conversación y los problemas que plantea?. Podemos saber para qué sirve una mesa o un libro, porque los vemos, pero estos problemas son abstracciones del cerebro del hombre, que tiene sed de conocerlos, pero no alcanza a conocer cuántos problemas se le presenten, ni podrá solucionar dichos problemas, aunque teóricamente, se encuentren soluciones. Por ejemplo, para hacer un viaje a otro planeta, hace falta hacerlo rápido. Si un hombre viaja a la velocidad de la luz, los que se queden aquí se harán más viejos, pero el viajero que lo hace a la velocidad de la luz, se quedará igual, con la misma juventud de la que gozaba al salir.
El individuo humano sólo, no tiene sentido, si no es en relación con el Grupo Humano de otros tiempos, de los actuales y de los del futuro y siente una necesidad del tiempo en el Grupo Humano, globalmente unido al Creador, pidiéndole: “Envía ,Señor tu Espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra”.
Y el hombre nota su influencia en la obra de Dios y la siente, porque Einstein tenía miedo, no a nivel individual, sino a nivel de todo el Grupo Humano, de las bombas atómicas que los Nazis estaban fabricando y avisó a Norteamérica, para que frenara la catástrofe. Sabía que quizá no afectase a su temporalidad, pero iba a hacer sufrir al tiempo futuro del Grupo Humano.
Stephen Hawking sentía el miedo, no por sí mismo sino por el Grupo Humano, de que la Tierra se destruyera en doscientos años y advierte a los hombres de la necesidad de buscar otro planeta. Advertía de que la estrella más cercana es Próxima Centauri que se encuentra a 4.2 años luz de la Tierra y se tardaría con un cohete de los actuales unos cincuenta mil años en llegar a ella. De esto se deduce que es necesaria una acción rápida. Einstein nos consuela, diciendo: ”los objetos se aceleran, en el espacio, pero el tiempo se ralentiza alrededor de ellos”. Stephen Hawking sentía que el Grupo humano desapareciera en el tiempo e implora a los hombres que busquen otro planeta en el que pueda seguir el Grupo Humano, pasando el tiempo.
Dicen que si hombre viaja a la velocidad de la luz, irá sufriendo cada vez menos las consecuencias del tiempo, en tanto los humanos dejados en el mundo irán envejeciendo y repitiendo las palabras de Einstein, veremos como “los objetos se aceleran en el espacio, pero el tiempo se ralentiza alrededor de ellos”. El tiempo existe para los hombres y el “ahora” eterno es cosa del Supremo Hacedor.

miércoles, 18 de agosto de 2010

El cerdo-hucha


¡Dios mío, que casualidad que mi amigo en su viaje a la capital de España, encontrara y se trajera al alto Aragón, un cerdo alado !. Nunca había visto una estatua de hierro de un cerdo; las había visto de hombres ilustres, de nobles caballos y de perros fieles. Es que el cerdo ha sido despreciado, porque cuando un hombre se siente ofendido, a aquel que le ha causado la afrenta, le dice ¡cerdo ! . Pero algo tiene ese animal cuando es motivo de conversación por parte de los hombres, que lo bautizan con numerosos nombres, además de cerdo, como cochino, gulo, marrano, tocino y otros muchos. Algunos lo llaman gulo-gulo, con cariño, como tratando de que sea un animal feliz y tratan de que se acerque a ellos para arrascarle el lomo, la tripa o entre las orejas. Otros lo desprecian, llamándolo marrano, como si fuera un animal que sólo desea ensuciarse, cuando es por cierto un animal que sólo desea lavarse y estar limpio porque no suda y desea tener contacto con el agua. Pero como suelen encerrarlo en las cochiqueras, agrupado y sin agua, el pobre animal no tiene mas solución que encontrarse sucio y maloliente.
Pero cuando lo matan le echan agua caliente por todo su cuerpo y le quitan su cutis y lo dejan limpio como el oro y al tener acceso a una de sus “pizcas” o piezas comestibles, la asan en el hogar y la devoran. En todas las partes del mundo, exceptuando los países habitados por musulmanes, tienen conviviendo con la gente, unos cerdos de los que algunos son blancos y otros rojos y alguno negro y se quieren y los alimentan. Parece que los aman y otros piensan que son los cerdos como huchas, en los que echan los restos de sus comidas para hacer, con el tiempo, un capital de carne, de tortetas, de morcillas, de jamón, con el que se alimentarán durante un largo período de tiempo. Por eso el cerdo de hierro que ha traído mi amigo de Madrid, es una hucha, donde echan los ahorros. Pero además el animal, ya grueso, levanta la cabeza con sus orejas dirigidas hacia delante y bate sus dos alas, encajadas sobre sus espaldas, que hacen de su figura, un luchador por la humanidad, un ídolo que adoran muchos hombres, para asegurarse un porvenir feliz en esta vida. En él se pueden apreciar su jeta o morro, sus ojos, sus orejas, las espaldas, el lomo y debajo el vientre, los jamones, las patas y para terminar luce una cola en espiral, que da ilusión desde los niños a los viejos.
Mahoma prohibió a sus fieles que comieran la carne del cerdo, pero tenía sus motivos, que consistían en evitar el contagio de sus fieles con la triquina espiralis. Ahora yo creo, que siguiendo las normas higiénicas, también podrían los musulmanes comer carne de tan noble animal, creado por el Señor.
Y es que sólo falta contemplar la hucha porcina de mi amigo y soñar con un bocadillo de jamón.

martes, 17 de agosto de 2010

Teodoro García, el “mainate” de la Sierra

He asistido al funeral de este hombre, con una personalidad de hombre trabajador, sensato, de buen humor, amante de su familia, y de los torralbinos. En la parroquia de Torralba de Aragón de estilo mudéjar, me he encontrado con sus paisanos Manuel Otal y Antonio Olano. Cada vez que nos encontramos me hablan de la vida en el monte de Torralba. Pero hoy me han dicho que hubo unos años en que el “mainate” de los trabajadores de la Sierra de Torralba, a la que llamaban la Sierra del Aire, era Teodoro García. Unas veces hacían sus labores en el llano, pero cuando había que cultivar la Sierra, se juntaban los miembros de varias casas en la Sierra de Torralba, a la que muchos llaman la Sierra del Aire. En dicha Sierra se encuentran múltiples parideras y casetas de labranza, en las que vivían durante las temporadas de laboreo, de siembra y de siega. Teodoro era el “mainate” de los torralbinos, que por la Sierra trabajaban y sudaban en verano y en invierno pasaban frío helador, sobre todo cuando soplaba el cierzo.

Desde allá arriba, donde se encuentra la Ermita de Santa Elena, miraba hacia el Norte y contemplaba el monte Perdido, el Turbón y todas las cumbres de la Cadena Pirenáica. Mirando al Sur veía los Monegros con Alcubierre, de donde subía San Caprasio por los caminos, que ahora ellos recorrían, para ver a Santa Agueda de Tardienta. Cuando miraba el Oeste, se podían contemplar las Torres del Pilar de Zaragoza, desde la Rinconada y los Cuatro Corrales de Coarasa Paño. ¡Qué emoción sentía, labrando con las mulas, al tiempo que podía contemplar toda la Provincia del Alto Aragón!, me decía Manolo Otal y confirmaba Antonio Olano, que se mostraba emocionado con tales recuerdos.

Teodoro era el “mainate” de la Sierra y cuando subían a ella con los carros y galeras a buscar la garba, ordenaba la parada, para que todos los torralbinos merendaran. Allí comían lomo de cazuela y costillas regadas con el vino sacado de las viñas de la Lera, hoy convertidas en regadío y que se encontraban junto al camino de Frula o de Almuniente.

Teodoro merendaba, pero como era el mayor en edad, se preocupaba de que todos hicieran lo mismo y él sonreía porque siempre estaba poseído del buen humor, que reinaba entre los que acudían a trabajar.

El abuelo Mariano Bercero era uno más de los amos de aquellas tierras y subía a caballo en una mula y les llevaba vino, alguna hogaza de pan, jamón y algún cordero de los que siempre tenían en casa Bercero. El amo casi no hablaba y era serio y Teodoro, segundo amo de casa Bercero, sonreía y transmitía las noticias que les traía Mariano y a alguno le llenaba la bota de vino.

Teodoro tenía ochenta y ocho años, gozando de buena salud, hasta estos momentos en que la muerte le ha llegado de forma inesperada. Hace dos días Teodoro cantaba en la Piscina viejas canciones, pero ahora su hijo, sus dos hijas, nietos, yernos y nueras, lloran la ausencia de un hombre altoaragonés y amante de la Sierra de Torralba.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Conversación en el salón.-(Año 2003)

Hace aproximadamente unos siete años, estaban en Huesca, su ciudad natal, llamados por sus sentimientos y sus recuerdos infantiles de los pueblos de Quinzano, de Siétamo, de Chimillas, de Almudévar y de algunas personas, Pepín Bello, María Teresa Bescós Lasierra, que ha muerto hace muy poco tiempo, con cien años de vida, después de su hija, también llamada María Teresa Alamán y Bescós de segundo apellido y bastante más tarde que su hermana la escritora María Cruz Bescós.
Aquí, en nuestra capital, se encontraban con otros partícipes de su vida, con los que su familia convivió, José Antonio Llanas, casado con María Antonia Vázquez, gallega, como los antepasados del señor Bello y en cuyos corazones existe una sensibilidad por la nostalgia y la saudade y este Llanas Almudévar que, con su segundo apellido tenía su origen en Siétamo, como Kosti, cuyo auténtico nombre era Manuel Bescós Almudévar. Ambos fueron alcaldes de Huesca y escritores, que mantenían el interés de los oscenses sobre sus relatos, serios y a veces solemnes los de Silvio Kosti y más humorísticos y costumbristas los de José Antonio Llanas.
Pepín Bello, primo de María Teresa Bescós Lasierra y que como ella, en menos de un año alcanzará los cien, ha sido amigo íntimo de pintores, como Dalí, de cineastas, como Buñuel, de escritores, como Lorca y conocedor de filósofos como Aragón y ha sido un conversador eterno y además no cultivó ningún oficio en toda su vida. Al preguntarle un periodista que cual era su profesión, siendo amigo de tantos seres humanos, que se distinguieron en la ciencia y en el arte, él contestó”: Yo soy amigo de mis amigos “. Y esa amistad y esa afición a la conversación lo llevaba a reunirse, unas veces en el Aéreo Club o, por ejemplo en casa de José Antonio Llanas Almudévar.
Y me han dejado una cassette, que tiene gravada una conversación entre todos los personajes citados anteriormente y algunos más.
En la casete que me dejaron están las voces de los conversadores citados más arriba y el primero que habla es el gran Pepín Bello, que parece afirmar, porque no están bien grabadas las palabras: “¡ Hay que decir nuestras memorias y sentimientos Hay que decirlos, hay que decirlos!”.Tenía ganas de hablar y ya estaba en el salón de José Antonio Llanas Almudévar y se veía como si estuviera entre las “mámparas” o mamparas de la Codorniz, con sus bastidores escritos, unidos por goznes, que se abrían, se cerraban y se desplegaban, haciendo las palabras los mismos juegos que los biombos o cancelas. Y hablaba de que había que divertirse y divertir a los demás, hablando y hablando. Y María Teresa recordó los buenos ratos que le proporcionaba la lectura de la Cena de Baltasar Gracián, en la cual se divertía el autor y divertía a sus lectores. Entonces alguien manifestó el deseo de que se hiciera una antología de lecturas divertidas, diciendo José Antonio que algunas de esas obras estaban en el Indice, como unas fábulas de un fabulista moral, creo que Samaniego ,que escribió otras completamente inmorales. Yo las tuve, pero las di porque no cayeran en manos de mis hijos, entonces niños.
Pepín exclamó: ”¡ yo estoy a todo, menos a la razón!” . No sé si él creía en la teoría de Aragón, es decir en el surrealismo, que se interroga ¿qué clase de pensamiento es aquel que justifica una guerra con un millón de muertos?, ¿son esas muertes justicia válida para la humanidad?. Después de afirmar que estaba a todo, menos a la razón, decía: ”esto parece insensato, absurdo”; parece una invitación, que diga a los hombres y mujeres : “¡el caso es pecar!, pero yo le digo que cante poco”, ¡jo, jo, jo!, !que no ,que no!”;ese escaso cantar parece un consejo de Pepín para que no pequen mucho, es decir que no lleven el surrealismo, ¿o que lo lleven?, a situaciones exageradas. Pepín busca algo más real en la conversación, algo surrealista, algo más real que lo real, algo que signifique que habla por encima de la realidad.
Su amigo Dalí dijo que “el surrealismo, será el único ismo que subsistirá” pero parece ser que le pasará como a todos.
No se que tendría que ver Rafael Bescós con estos asuntos, pero dice Pepín: “hay que reconocer que Rafael estuvo también”,en una época en que atacaban la religión y “se marcharon todas las monjas”; añade que sus hermanas una vez fueron a estudiar con una señorita, que, “¿sabes quien la conoció? ,Emilio Castelar” .Una voz femenina añade que “era simpática y sabía francés, dándonos la clase en casa “. Otra voz femenina afirma: ”tú sabes, en vuestra casa las torres las forzaron y había una especie de arquillo…y me quedé muy triste”. Han girado los biombos de la conversación y se queda uno ayuno de que torres se trataba y cual era el arquillo, que las adornaba.
En estos momentos a través de las mamparas se oían menos ruidos y menos las risas claras y alegres de Teresa Bescós Lasierra, mezcladas con la palabra optimista y sonora de Pepín Bello Lasierra y acompañadas por sonidos de cucharas que golpeaban en los vasos y en los platos, pero comenzaron de nuevo las mamparas a girar, a abrirse y cerrarse repartiendo ráfagas de buen humor, cuando todos los asistentes se pusieron a contar el caso del gran perro mastín, que era de los militares y cuando éstos asistían a la misa de campaña, se ponía al lado del altar y lloraba ladrando, imitándolo Pepín, José Antonio y su hija María Teresa, reproduciendo sus ladridos :uuuuuh, uuuuuh, mientras reía María Teresa Bescós y María Antonia, que estaba con la taza y la cuchara en las manos, dándole helado a su hija, golpeaba la cucharilla contra la taza, como aquella que quiere animar más el movimiento de la mampara.
Se quedó un poco cortado José Antonio, al recordar lo que le pasó, con esta expresión: ”el tontolaba que estaba en la radio se me quedó las cintas”. Pero, aunque perdió alguna cinta, se acordaba de infinidad de anécdotas y a continuación de hablar del perro sacristán, contaba que “se ponía el perro de Mompradé en medio del patio y le iba a buscar el periódico”
Y casi al mismo tiempo, Pepín y José Antonio hablaban de las magníficas fotografías que del Pirineo, Compairé se dedicó a crear una gran colección, que ha hecho que los oscenses descubrieran el arte fotográfico.
Y José Antonio recordando sus años infantiles habla de los santeros de las ermitas, ya que al santero de Salas lo conocía porque iba a la farmacia de su padre con la “capilleta” de las Vírgenes, a recordar a la gente que hicieran oración y de paso, que le echaran una limosna en la caja petitoria, para poder vivir como ermitaño y en la ermita, donde “la gente no sabe la existencia en los santuarios de comedores y cuartos para dormir. Y los santeros esperaban el día en que hacían la romería las Cofradías, porque los cofrades los sentaban a comer con ellos”. Pero José Antonio cuando, con sus amigos iba a Salas a coger regaliz de palo, se encontraba al santero, que les daba agua de su botijo y era de agradecer porque por allí el agua no era potable.
Recuerda el monasterio de Loreto, la ermita de Cillas, cuyo santero cura tenía éxtasis, el santuario de San Cosme y San Damián, que fue tal vez el último de ellos, que tuvo santero, pagado por los condes de Guara y la de Santa Lucía, pero dice que en los años cuarenta, apareció por Huesca, una mujer pidiendo limosna para la Virgen de Torreciudad. ”Decía que se levantaría una iglesia enorme y que acudiría todo el mundo y la gente ignoraba la existencia de ese santuario”.
Efectivamente :”la casa desmontada, la casa montada”, pero ese pensamiento también acariciaba las mentes de los tertulianos, porque José Antonio preparó el desmontar su casa y montar otra en Huerrios, en la que parece que tuvo lugar esta conversación. Y Pepín habla de la casa que hizo su hermano en Almudévar, “con cocina de leña, esa era una cocina”, porque no cerraban las puertas y ”luego se cierran las puertas y está el candado y se cierra, como una salamandra”, al marcharse y añade “son bastardas ,no son mejor que en Madrid”. Sigue José Antonio y dice: ”en la torre Casaus era la chimenea de piedra tallada”; miraba a su alrededor y le interrumpían las mujeres: "si, si, si”. Se alegra la habitación. Se ríe María Teresa entre las risas de las mujeres, ante las palabras que pronuncia José Antonio”. Entre tanta alegría, se escuchan los ruidos de los platos.
Recordaron los asistentes al salón a Antonio Bello, cuando en el Aero-Club, se acercó a un grueso señor y le explicó que había comprado unos cocodrilos, que tenía en su finca de Almudévar y que ahora no sabía que hacer con ellos, ya que le estorbaban; a lo que le contestó: no se preocupe porque simplemente con un cuchillo, se desangran los cocodrilos. Bello le dijo: ¡el caso es sangrarlos bien! y además tenerlos que matar, ¡pobres animales!.y Pepín repetía :”el caso es sangrarlos bien!”. El señor consultado, conmovido exclamó: ¡bueno, ya iré a sangrarlos!.
Ahí, estaba el problema, porque José Antonio repitió: ¡el caso es sangrarlos bien!.
No los sangraron, porque realmente no existían los cocodrilos.

lunes, 2 de agosto de 2010

La nube artificial del Camino de Santiago se instala en el Museo


Siete son las nubes artificiales que irán aparecido en cada uno de los Centros de Arte, que se encuentran en Oviedo, en Vic, en Vigo, en Logroño, en Pamplona y en Artium (Vitoria), y yo el día once de julio de este año de 2010, encontré a varios amigos de Huesca instalando en la "amplia memoria" de la Plaza del Seminario, del Viejo Hospital Provincial y del magestuoso Palacio de los Reyes de Aragón, hoy convertido en Museo, una nube de material plástico blanco que iba a elevarse y a caminar sin piernas, por el aire, toda ella con imágenes del Camino de Santiago y de sus caminantes.

Transportarán viajeros, peregrinos que ya han abandonado el caminar por las rutas a caballo o caminando, para ir volando a Santiago de Compostela. Cuando cumplan una etapa, la nube se anclará en un albergue de peregrinos o en un espacio público, donde se proyectarán las imágenes proporcionadas por los organizadores de las "nubes de memoria", que quieren recordar el "Arte itineris" o el Arte del Camino.

Constituye para mí una alegría contemplar a los peregrinos espirituales de Huesca, montando e hinchando la "nube de Memoria Jacobea", en el mismo lugar donde cada domingo en la fachada del Museo me fijo y piso la concha amarilla, que señala el Camino de Santiago.

Pero ahora, desde la visión de la nube, me acordaré de los peregrinos que van a venerar a Santiago Apóstol y contemplan cómo las nubes crecen, se deshacen, multiplicando los sueños, las imágenes, que hoy exponen en sus reproducciones fotográficas, a todos los que por aquellos Caminos Sagrados, van en busca de un porvenir eterno.

Algo así le ocurría al poeta León Felipe, cuando escribía: "Ayer estaba mi amor como aquella nube blanca que va tan sola en el cielo y tan alta, como aquella que ahora pasa junto a la Luna de plata. Mi amor tiene el ritornelo del agua, que, sin cesar, en nubes sube hasta el cielo, y en lluvia baja hasta el mar".

Y como escribí en un artículo, aquello que dijo León Felipe sobre "la hondura de la repulsa y el distanciamiento entre la España peregrina y la oficial", son los peregrinos los que elevan sus nubes a los cielos, como recogen el trigo y alimentan el fuego en el invierno, porque son ellos los que se llevan la canción de la virtud espiritual y de la virtud humana.

Se ven imágenes de órganos en grandes Catedrales y de arpas en Orfeones, como se ven las marchas de peregrinos haciendo sonar guitarras y tambores, txistus, bandurrias y gaitas por aquellos caminos del peregrino. Y gracias a mis amigos, entre otros muchos Álvaro, Julio y Andrés, podemos admirar el paso de las músicas y tener la confianza en el futuro de los numerosos peregrinos espontáneos que sueñan con el Camino de Santiago.

domingo, 1 de agosto de 2010

El Beato “Pelé”


Hace tiempo que conversé con un gitano sobre la beatificación de Ceferino Jiménez Maya, al que en Barbastro, llamaban “El Pelé”. Hoy, último sábado del mes de Julio de 2010, nos hemos vuelto a encontrar al lado del parque. Me ha llamado la atención el collar de medallas, que colgaban de su cuello. Nos hemos puesto a repasarlas y entre otras estaba la del “Pelé” acompañado por un Señor Obispo, que fue con él beatificado. Le recordé la figura gitana de un hombre piadoso, caritativo y amante de rezar el rosario; tanto es así que al encontrarle sus asesinos un rosario, no dudaron ni un segundo en fusilarle. Parece raro que el nombre de un cristiano sea el de “Tío Pelé”, pero no lo es, porque con dicho nombre se sienten los gitanos hermanos, parientes y confiados en la buena voluntad del santo al que llaman “Tío Pelé”. Es cierto que los gitanos son amantes del prójimo o “próximo”, porque cuando uno va a las Residencias de Ancianos, no se encuentra en ellas, a ningún gitano. Pero, ¿es porque se han muerto o los han abandonado?, no, lo que pasa es que los aman tanto, que ellos los cuidan en sus domicilios. Sienten los gitanos la presencia en sus vidas de un Ser Supremo, porque no sólo asisten a capillas cristianas, sino que van a la iglesia del Convento de la Asunción, una vez al año y allí participan en la celebración de la Misa. Y todos los gitanos acuden a los entierros de sus hermanos gitanos y no se sienten discriminados por asistir a una Misa católica, cuando de ordinario van a celebrar cultos cristianos. Mi amigo, emocionado, me recordó la sorpresa que se llevó hace pocos días, en la Catedral de Huesca, al encontrar a un sacerdote gitano, celebrando la Misa. No pudo aguantar la sorpresa y cuando acabó el santo sacrificio, lo saludó y allí brillaron las dotes gitanas del culto a Dios y a la práctica del arte, porque el sacerdote don Juan Cortés, espontáneamente se puso a tocar palmas con todos sus hermanos, que acudieron a su celebración de la Misa.
Pero no es raro que haya sacerdotes y maestros entre los gitanos, porque cuando voy a Siétamo y paso por Quicena, me miro al Ayuntamiento y allí veo con frecuencia a Israel Cortés, gitano y Alcalde de dicho Ayuntamiento. No todos estudian lo que necesitan los niños y los jóvenes pero existen multitud de gitanos que se dedican al comercio y todas las semanas, próximos al Camping de San Jorge, montan unos mercados atractivos y baratos. Antes recogían mimbres y cañas para fabricar cañizos, que servían para retejar los edificios y mimbres para crear hermosas cestas y ponerles a las sillas ,ya gastadas nuevos asientos. Yo todavía conozco a una gitana anciana,que pasaba por los pueblos próximos a Huesca a vender canastas, canastillas, cestas y cestillos para guardar las mujeres sus costuras.Se ha acabado esa época y yo mismo lo he experimentado en un huerto de mi casa,en que en tiempos se plantaron varias mimbreras, pero hoy ya se han arrancado.
Hay que pedirle al “Tio Pelé” que con su ejemplo, estimule en sus hermanos el amor al trabajo, aunque sea distinto del de los paisanos, pero que, como antes, se sacrifiquen para vivir felices en unos tiempos en que van desapareciendo los carros, las mulas, los cañizos y los mimbres. Se acaba el uso de los materiales vegetales y aumenta el empleo de los metálicos y los gitanos en Andalucía, forjaban el hiero con un arte de maestros, que podrían renovar en estos tiempos en que va faltando el trabajo.