lunes, 30 de mayo de 2011

Antonio Porta Labata



Ya son varias las ocasiones en que me encuentro a Antonio en una churrería, comprando chocolate con churros, para dar el desayuno a sus nietos. Hablé con él y me acabé de dar cuenta de que es un hombre al que es preciso ponerle delante el título de don, Si, porque don en su origen romano quiere decir “dominus” o señor y ahora que ya se está perdiendo el uso del don, hay que reconocer que es más necesario que nunca. No sólo es señor porque en medio del trabajo que le dan sus empresas, él se acuerda de sus nietos, de unos niños a los que ama, porque vienen de él y de su esposa, hija de Barraca, nacido en Santa Eulalia de Gállego. Sí, se acuerda de los niños, ahora que tiene nietos, pero se ha acordado siempre de las personas mayores, porque nunca ha podido estar parado en este mundo, sino trabajando en múltiples actividades y cuando se le ocurría alguna actividad, no decía : “voy a hacer”, sino “vamos a hacer”. El se acordaba de los hijos de los entonces poseedores de un buen patrimonio de tierra, que a sus hijos no les buscaban trabajo, pero él en aquella empresa de Piensos Porta, buscó trabajo para ¿miles? de personas, “hombres y mujeres juntamente”. El ponía su nombre delante de la empresa, pero a su lado trabajaban multitud de personas, por las que luchaba para conseguir su bien y no sólo el suyo, porque a él le basta con poco para ser feliz, ya que viendo a un hijo suyo arreglar un coche o repartiendo chocolate entre sus nietos es la persona más feliz del mundo. El nació en el pequeño pueblo, próximo a Huesca, de Lascasas y se acuerda de mamar en las ubres de una cabra, a la que cogía cuando volvía de pacer con el ganado, pero no ha abandonado tan rústicas aficiones, porque todavía cultiva tierras, a las que riega y se preocupa de ellas, hoy día que el campo está tan abandonado. Hoy parece que está retirado del trabajo y no es cierto, porque se preocupa de la empresa Orusa y de la economía no sólo de ella, sino de la de Aragón y aunque siempre sonríe, sufre cuando ve los peligros por los que pasa, la economía de nuestra tierra.
Aquí en Aragón, no nos acordamos de los hombres que han hecho méritos y conseguido el progreso de su tierra, pero a él no le preocupa esa circunstancia, sino que piensa en el bien de los aragoneses, en sus estudios, en sus trabajos y en su porvenir. ¡Ojalá surjan en Aragón muchos patronos como Don Antonio Porta Labata!.

El vino del Monasterio de Casbas











El vino es una bebida sagrada, obtenida por la fermentación del jugo fresco de la uva. Hay que aprender a oler, a mirar y a saborear el vino, incluso no sólo a sentirlo con los sentidos, sino con el espíritu, pues como acabo de decir, con ese vino identificó Cristo su propia sangre. Para respetarnos a nosotros mismos, hemos de respetar al vino, para que su uso nos haga felices. Admiremos su color blanco, rosado, tinto y consideremos si se trata de un vino joven de crianza o un vino viejo para guardar. Pero ese ojo mirando sobre el color del vino, no se debe convertir en un ojo codicioso, un ojo con gran deseo o avidez, que conduce a la borrachera. Ya dice el Eclesiastés: “el vino es como la vida para el hombre, si se le bebiese con medida”. “Con la falta del vino, ¿qué es la vida?; pues él ha sido creado para alegría desde el principio”.”Gozo del corazón y alegría del alma es el vino bebido a su tiempo y proporcionalmente”. Y las monjas del Monasterio de Casbas, leyeron en la Biblia:”Salud es para el alma y para el cuerpo el beber sobrio” y a lo largo del año de su fundación por la Condesa catalana de Pallars, en 1172 y de su cierre, en el año 2004, han procedido las monjas cistercienses a elaborar esa bebida, que les ayudaba a alimentar sus cuerpos y sus espíritus, con la sagrada Comunión. Hace ya años que elaboraban el vino, pero no es extraño porque en Sumeria, en Mesopotamia seis mil o siete mil años antes de Cristo, ya comenzaron a obtenerlo. En Ur de Caldea, se han encontrado unas tablillas de barro, que describen la elaboración del vino, dos mil años antes de Cristo. Las monjas vivían felices consumiendo el vino convertido en la sangre de Cristo y en estimulante para sus cuerpos. Pero, el Señor, después del Diluvio, teniendo a Noé como organizador del Arca, como dice el Génesis, estableció un pacto con los hombres, en que dice “las aguas no servirán más de diluvio para destruir todo mortal; pues aparecerá el arco en las nubes (que debe ser el Arcoiris) y lo veré, recordando el pacto eterno entre Dios y todos los seres vivos, en todo lo animado que existe sobre la tierra”. Y en ese pacto entre el Señor y todos los seres vivos, podrían esos seres vivos faltar al pacto y Noé, dada la debilidad de su naturaleza humana o la ignorancia de lo que era el vino de la viña que empezó a plantar, ”bebiendo el vino se embriagó y quedose desnudo en medio de su tienda”, detalle éste que demuestra como el hombre debe empezar a conocer el vino, oliéndolo, saboreándolo y limitándose a guardar el respeto a las cantidades que se pueden tomar. Pero el Señor no lo castigó por emborracharse, pues esa borrachera fue debida al desconocimiento de Noé de los misterios del vino. No dice nada la Biblia del castigo que el Señor podría haber aplicado a Noé, pero cita la maldición de Noé contra su nieto Canaán, que parece ser no respetó a su antepasado como hicieron Sem y Jafet, que “tomaron el manto y, echándoselo sobre los hombros, caminaron hacia atrás y cubrieron las vergüenzas paternas”. La falta de respeto a la materialidad del vino y a su espiritualidad, unida al poco respeto de los hombres hacia sus cuerpos y hacia sus espíritus, ha creado el malestar de los hombres entre ellos. Noé vivió mejor que nosotros, porque “vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años y ”luego murió”.

Tucídides, historiador griego, afirmó que “los pueblos del Mediterráneo, empezaron a salir de la barbarie, cuando acudieron a cultivar la aceituna y la uva”. Hace ya unos dos mil setecientos años, los griegos traían el vino a la península ibérica, en ánforas de terracota. Pero después fueron los vinos elaborados en nuestra península y exportados a Roma, también en ánforas. En la Vía Romana, que desde Huesca llevaba a los viajeros a Alquézar, se encuentra el miliar tercero, donde se encuentra el pueblo de Tierz, luego en el Llano Quinto, se encuentran las ruinas del pueblo romano, también llamado Quinto, como el miliar en que se encuentra; en ellas encontré un trozo de ánfora romana, que no sé dónde ha ido a parar. Por esta vía se caminaba con destino a Alquézar, pasando por Siétamo, Angués, Foces, Bacuas y después por Casbas. En el Monasterio se instaló muy primitivamente un lagar, que es el cubo, donde se acumula el zumo fresco de las uvas, introducidas por una ventana y pisándolas sobre las pisaderas, a través de las cuales se filtra el mosto. En ese cubo o lagar debe fermentar ese zumo y al hacerlo, se saca por el laco, que se encuentra en la parte más baja del Lagar. Ya se murieron las viñas conventuales y el lagar se llenó de “enrruenas”, que ahora van limpiando, poco a poco. Pero Joselín Buil, sobrino de la Abadesa del Monasterio de Casbas, Madre María Jesús Buil Aniés, se acuerda de ir a preparar el lagar, a limpiarlo y a colocar las pisaderas. Esto ocurría cuando todavía Joselín era un niño. Ahora tiene unos sesenta y seis años. Ese vino era de una calidad extraordinaria y no se sabe si era por las uvas, cosechadas en sus viñas o por alguna fórmula que se aplicaba al zumo de las uvas. Joselín no se acuerda, pero algo tiene que saber, porque en la casa de la que procede, de San Román de Morrano, siempre han vivido guardas forestales, grandes conocedores de las plantas y de la elaboración de licores a partir de ellas. Yo he conocido el jugo de limón y el de las granadas o minglanas. Saben además elaborar vermuts con plantas que recogen en el monte del Somontano y sus vinos tienen un sabor sagrado. Escribo en el artículo “Señorío de Aniés en San Román de Morrano” ,”que hay otro aspecto que me hace añorar el Monasterio y es que las Madres Cistercienses, preparaban un vino de un sabor, tal vez como el que Cristo mandó preparar en uno de sus milagros. ¿En qué detalles intervendrían las Madres en la elaboración de vinos de tal categoría?. Según Alfonso, con sus ochenta y siete años, hermano de la Madre Abadesa y tío de Joselín, se llevaron el año 2004, la última monja y se perdió el misterio, que hubiera podido ayudar a los altoaragoneses dirigidos por Joaquín Costa, a conservar la sabiduría y la belleza de la Sierra, del Castillo de los señores de Aniés y del Monasterio. Así como en la misa se consume el vino o sangre de Cristo, en el pie de la Sierra de Guara, se bebería el vino de las Monjas de Casbas”.

¿ Se ha perdido el misterioso procedimiento que usaban las Monjas Cistercienses de Casbas, para elaborar ese vino que mantenía la alegría en el Monasterio y en la Comarca de Casbas?. La historia va pasando poco a poco, pues basta leer, lo que más arriba he escrito sobre Noé, que acaba así : “ luego se murió”. El misterio del vino no ha muerto todavía, aunque da tristeza ver el Monasterio abandonado y desde él, se alza sobre un tozal el pueblo donde residía el Señorío de Aniés, pero el vino sigue dando la alegría en algunos corazones de Alfonso Buil Aniés y de su sobrino Joselín Buil, que siempre sonrientes, siguen elaborando vino y licores maravillosos. ¿De dónde sacaron las fórmulas para fabricarlos? ; pensando en la historia del Monasterio, aquellas monjas fabricaban tales bebidas desde hacía siglos y en el pueblo de San Román de Morrano, en la casa donde residieron los Señores de Aniés y nacieron la Abadesa de Casbas Madre María Jesús Buil Aniés y su hermano don Alfonso Buil y también Aniés, tuvieron una vocación por las plantas del Somontano, perteneciendo varios de ellos, al Cuerpo Forestal. El padre de don Alfonso era conocido, ya hará unos cien años, como el “labrador moderno” y conversaba con Joaquín Costa sobre la cría del ganado lanar, de la que consiguió que las ovejas criaran dos corderos. Hace de esto muchos años, pues Alfonso tiene en la actualidad noventa años. Y ¡qué licores elaboran estos apellidados Buil! , pues mantienen la alegría de sus personas y de sus familiares, pues en el desaparecido pueblo de Secorún, en 1880 en la casa de López de Ara, de donde es la esposa de Joselín y de su hermana mayor , casada con el señor Gil, reinaba por la noche la alegría ante la visita de un señor francés, que se intuye traía saludos de un antiguo pariente, es decir del Conde del Bearn. Allí reinaba la alegría, cultivada con la música de guitarras, durante gran parte de la noche. El vino lo subían sobre los lomos de las caballerías, desde San Román de Morrano y desde Bierge. Aquel pueblo desapareció, pero sigue la alegría de la familia de López de Ara, unida a la de los que tienen el apellido francés de los Buil. Estos siguen produciendo sus gustosas bebidas, pues a mí, en mi última visita a la Torre de López de Secorún, me obsequiaron con un vermut, creado por Joselín, que unido a un trozo de queso de Alquézar, me inspiró para escribir estos recuerdos. No queda la vida activa del Monasterio, pero quedan los parientes de la Abadesa María Jesús Buil Aniés, El Señor de Aniés don Alfonso y Joselín , el ayudante hace ya muchos años de su tía la Abadesa, servidor de Dios, eternamente sonriente y que participa en los ritos de la Ermita de la Virgen del Viñedo, a donde a cualquier hora sube, desde Los Molinos de Sipán, incluso a colocar algunas bombillas fundidas por el uso. Alfonso con sus numerosos años, registra constantemente inventos modernos para la Industria, e incluso viaja a Francia. Es también un escritor sentimental, pues narra la despedida de su casa de un viejo matrimonio somontanés. Joselín en su casa natal de Los molinos, llamada Casa del Batán, se acuerda del enorme tamaño de los martillos que golpeaban sobre las telas, movidos por el agua. Dice que tendrían aproximadamente unos sesenta centímetros, en los lados del cubo. Se fueron Alfonso y el padre de Joselín del pie de la Sierra de Guara y su esposa con su hermana y su cuñado Gil, abandonaron obligados por el poder el pueblo de Secorún. A esta familia se le podían dedicar los versos que compuso don Alfonso, pero que no han abandonado del todo, pues han subido a él, a celebrar la beatificación de su tío mártir durante la Guerra Civil. Está ahora situada toda la familia en la Torre de López de Secorún, al lado del camino paralelo a la carretera de Jaca.

Así como los hijos de la ciudad de Ur, en Caldea poseían piezas de barro relatando la obtención del vino, Joselín en la bodega de la Torre de López de Secorún, en Huesca, tiene colgado un mosáico en el que pone: ”Yo sólo bebo de este divino licor,-que da al hombre fuerza y valor.-Y ahora, repetid conmigo: “Señor mío Jesucristo, yo no soy digno de beber agua, habiendo vino”. El último día que acudí a la hermosa Torre de López, me encontré a un hermano del señor Gil, que cortó un bello ramo de flores, para su difunta madre. Pero la Gran Madre de la Historia de Casbas y de Secorún, también parece morirse.

sábado, 21 de mayo de 2011

A la ilustre cubana Caridad Pestana


Femenina es tu persona, convertida ya, por el tiempo y su trabajo apoyado por el humorismo, en personalidad. Corre por tus venas la vieja sangre española, pasada por las Américas, en tu caso por el Archipiélago de Cuba, con todo su calor corporal y con su luminoso espíritu, que a ella la hace feliz y a los demás les crea felicidad. Esa juventud , proveniente de la antigüedad de la isla de Cuba, ha hecho que alegres constantemente no sólo a las personas, sino también a los lugares por donde tú te encuentras con mujeres y hombres, con los que conversas, comunicándoles tu optimismo a sus espíritus, a sus cuerpos, en tanto la alegría de tu rostro se alimenta con la alegría que te transmiten esas personas, que parece contemplan la ley física de los vasos comunicantes, pues igual que en un vaso de agua, sube su nivel, impulsado por el líquido añadido en el otro vaso, con el que está comunicado, sube la amplitud de tu sonrisa y tu rostro pasa del color sonrosado, al color casi rojo, todavía más alegre..

Pero tu optimismo opera de la misma forma sobre el otro vaso humano con el que se está comunicando y las personas mayores que contigo conversan, se llenan de juventud, lo que les hace olvidar la tristeza de los muchos años pasados, como si venir al Balneario, que tú diriges, hiciera recuperar la juventud de los jubilados, que al mismo Balneario, van llegando.

Tu espíritu luminoso, adquirido en Cuba, te hace comunicativa y esa comunicación hace que todo el mundo se sienta feliz, hablándote y escuchándote. En la Sala Mayor del Balneario, te pusiste a comunicar cuentos humorísticos, igual que los chistes que se cuentan entre amigos y tus formas de expresión hacían explotar de risa a todos los que estábamos escuchándote, porque tu personalidad se convertía en la representación del chiste, por dos personas, el hombre y la mujer y hacías entender a todo el mundo la ley de los vasos comunicantes entre ellos, pero sin faltar a la naturalidad ni a la decencia, más bien, presentándola a los espectadores que te veían y te escuchaban, como una nueva y antigua ley de los vasos comunicantes, entre hombres y mujeres.

Por todo lo que te dedico, no puedo olvidar aquella vieja copla cubana, que reza así: ”Ay,cubanita de mi alma, que tú me robas la calma y yo , no puedo vivir sin ti”.

¡Qué nombre tan acertado te pusieron, porque le tienes caridad a todo el mundo!.

Acompañado por dos damas en la Playa de Comarruga


“Por el mes era de Mayo, cuando hace la calor…cuando los enamorados van en busca del amor”. Pero no todos podemos acudir a la llamada del dios griego del amor, Eros y nos sentamos alrededor de los veladores, desde los que se contempla la Playa de Comarruga, para intentar ver a lo lejos, no sólo nuestro futuro, sino para recordar, sobre las aguas del mar, nuestros tiempos pasados, con el amor, el trabajo, las penas y todo envuelto por el amor. Me encuentro al lado de dos damas, que conservan sus bellezas, ya un tanto otoñales, porque van pasando los tiempos, pero que dejan siempre un atractivo, que unido a la sabiduría, que se ha creado en sus mentes y en sus corazones y el trabajo, los estudios, el amor, los adioses a personas queridas, de las que la vida las ha separado, en algunos casos, para siempre. El amor a la vida y su sabiduría, hacen feliz a este hombre, en la playa de Comarruga. Porque la compañía rompe siempre la soledad, que esta dama, sentada sobre una silla de ruedas, dice que siendo niña, conoció, leyendo los versos de Don José María Pemán y que así rezan:”Soledad sabe una copla-que tiene su mismo nombre, Soledad. Tres renglones, tres arroyos de agua amarga,- que van cantando a la mar.-Copla tronchada, tu verso-primero ¿dónde estará?.-¿Qué jardinero loco, con sus tijeras de plata-le cortó al ciprés la punta, Soledad?.- Soledad, ¿qué ventolera de polvo,-se te llevó la veleta, Soledad?.-¿O es qué, por llegar más pronto-te viniste sin sombrero,-Soledad?. Y total ¿qué más da?.- Tres versos ,¿para qué más?.- Si, con tres sílabas basta,- para decir el vacío del alma que está sin alma:¡Soledad!.

No se llama Soledad la señora, amante de los versos de Pemán, pero está un tanto sujeta a la soledad, porque se desplaza sobre una silla de ruedas eléctrica, huyendo de esa triste soledad. Estaba sentada al lado de un velador, acompañada por una viuda que tiene una inmensa necesidad de huir de la triste soledad. Su marido murió hará ya unos cuarenta años, pero el Señor le dejó dos hermosas niñas, que le consolaban con su compañía e incluso hacían alegre su vida. Pero ¡qué triste destino sufrió la dama y sus dos niñas!, porque después de muerto su esposo, las dos pequeñas se fueron de este mundo y la dejaron solitaria totalmente. ¡Dios mío, qué soledad!, “si, con tres sílabas basta, para expresar el vacío del alma, que está sin alma:¡Soledad!”.

Yo, al enterarme de su triste soledad, quedé afligido, pero la dama, en medio de la reunión, sonreía, y me daba la impresión de que estaba unida a su esposo y a sus hijas, porque cuando miraba al otro lado del mar, daba la impresión de que los veía y la besaban, haciendo que no fuera desgraciada, sino que se sintiera feliz, como otro ángel, al lado de los dos angelitos, que son sus hijas. ¿Hacía la señora el milagro de no ser desgraciada o eran las dos lejanas niñas, las que hacían que su madre, estuviera constantemente unida a ellas?.

viernes, 13 de mayo de 2011

¡Claudia, hace un año que no te veía!


Me he acordado de ti, desde que apareciste en la terraza de la piscina, con toda tu belleza, tu arte y tu maestría, para que los hombres y mujeres ya maduros, ejercitáramos nuestra anatomía y nuestras ideas. El año pasado, al verte, escribí: “apareció en la terraza , una belleza femenina” y este año de 2011,quedé deslumbrado al volverte a ver en la misma piscina de agua caliente del Balneario de Comarruga. A mí, tu presencia me reprodujo la impresión, con que llenaste mi persona. Pero a los compañeros y compañeras, no les reprodujo ninguna emoción, porque no te conocían, pero me di cuenta de que se la produjo, porque ante la afirmación de que eras la misma figura que la persona del día anterior, contestaron varias voces: gritando: ¡ no , no es la misma, porque ésta transmite serenidad y dulzura!. Una buena señora, añadía: “parece toda su persona a la suave seda, que causa placer al contemplarla”. Terminaba el artículo del año pasado, recomendándole a Claudia,” que se hiciese un retrato al óleo, porque bellezas artísticas como la suya, no son frecuentes en nuestro mundo actual”. No sé si ha ordenado representar su belleza al óleo, para inmortalizar su belleza, pero me han admirado unas bellas flores, de claros colores, obtenidos por tatuaje, en los lados externos de sus pantorrillas. Por delante se admira su bello rostro con su alegre mirada, pero en su parte posterior, su traje de baño abre un espacio a nivel lumbar, como una elipse, que antes mostraba su cutis perfecto, blanco, no moreno y ahora, enmarcado por la elipse de su negro traje de baño, exhibe una pintura, que sin saber qué es lo que realmente representa, deja mis ojos deslumbrados. ¡Claudia, qué admiración y que respeto inspiras!.