miércoles, 10 de septiembre de 2014

Sender me despierta recuerdos



Sender, altoaragonés, ha sido un gran periodista-historiador; no creo que haya sido un profeta. La lectura de sus novelas despierta recuerdos en mi memoria. Recuerdo, que al volver a Huesca capital, fue recibido por los oscenses en el Teatro Principal. Me dio la impresión de que era un altoaragonés resucitado y el mismo se declaraba ser íbero, cuestión que hoy ha resucitado el vasco –iberismo. Fue periodista y  recorrió todas las tierras españolas e hizo el servicio en la Guerra con Marruecos. El pueblo vivía con mucha dificultad  y la confusión en las doctrinas filosóficas y políticas, provocaron luchas y guerras  a lo largo de toda su vida en España, en toda Europa y en todo el Mundo. Me dijo un amigo mío, sacerdote que “una vez desatados los odios o los demonios en una guerra,¿quién los sujeta?.No los sujetaron Orwell, que estuvo herido en Siétamo ni Heminway, amigo de Sender ni este mismo aragonés lo logró, ya que ”Fascismo y comunismo, para Orwell eran igualmente peligrosos”. El fascismo se conoció enseguida,  pero el comunismo se ha tardado en conocerlo. Se acusan de promotores de la Guerra Civil, los que se sublevaron contra el Gobierno y los republicanos  mutuamente, cuando se ve claro  que los causantes fueron los fascistas y los comunistas. Sólo hay que contemplar como la Guerra Civil fue un precedente de la Mundial e incluso un ensayo de los fascistas italianos y los alemanes por un lado y por otro del comunismo ruso. Sender estuvo visitando Moscú, pero no debió creer en su propaganda, pues cuando tuvo que salir de España, se refugió en Estados Unidos. Mi padre, Manuel Almudévar conocía a Sender, porque poseía una parte del periódico “La Tierra”, que administraba su padre  y a veces su hijo le ayudaba. Y él mismo declaraba la amistad que tenía con mi familia,  hablando de los Castillos de Aragón y escribía: ”Incluso en sitios tan tardíamente recuperados como Siétamo, cerca de Huesca, de la casa de  Bolea, Aranda, Abarca…y últimamente de amigos míos. Digo últimamente pensando en tiempos anteriores a la guerra civil”. Este texto aparece en la página 66 de la obra Monte Odina de Editorial Guara el año 1980. En las páginas siguientes escribe sobre mi abuelo, del que dice: “Quizá porque el señor  que la habitaba en 1920 era un modelo y ejemplo de caid… con su pálida cara ovalada, su barba tuareg….y  sus anchos y hondos ojos sombríos, en cuya fijeza había sugestiones misteriosas y ancestrales”. Se equivoca Sender al decir que mi abuelo vivía en el Castillo, como acierta al decir que su madre vivía en casa de Abarca de Huesca. Es posible que después de muchos años confundiera Sender la casa –palacio de mi abuelo con el Palacio del Conde de Aranda, que también era propiedad del mismo. Sin embargo Sender escribe: “En fin, por una razón u otra el castillo-mansión de Siétamo, en el que tantas veces estuve, es uno de los que me habría gustado habitar”. Lamenta Sender, con la compañía de los hijos de Siétamo la destrucción del castillo-palacio, que fue quemado no por el ejército republicano, sino por los comunistas ya que era la casa de un conde y luego derribado por el nuevo gobierno, ya que el citado conde era masón. Los cañonazos no venían de Montearagón, sino del Este, como se ve todavía en una casa cercana. Sigue diciendo Sender: ”Dos escritores amigos míos estuvieron allí durante los peores días de la guerra…..Los dos me dijeron que Siétamo quedó totalmente destruido. Arrasado”. Pero durante la Dictadura alguien  siguió arrasando el Palacio y el pueblo de Siétamo. Uno de los primeros gobernadores civiles de Huesca, después de acabada de destruir la fortaleza,  levantó a un lado del castillo- palacio una casa en un solar de mi padre al que no le pagó, como tampoco al constructor. Después de ser requerida por el pueblo para hacer una casa para el médico y un centro sanitario, la vendió a un organismo estatal. El gobernador siguiente heredó la deuda y a mi padre le hizo declarar ante el Notario que él se había hecho constructor y había levantado el edificio. Verdadera locura, ya que todos sus edificios estaban semidestruidos o arrasados. Le hizo pagar al organismo comprador al verdadero constructor y a mi padre  y al pueblo de Sietamo, les dieron la puntilla después de haber sufrido una Guerra de lo más cruel.   Todavía duran las consecuencias de la Escritura que parece ser que la hizo el gobernador en lugar del Notario.

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