sábado, 28 de marzo de 2015

Santo Domingo y la Semana Santa



Todos los años, al llegar la Semana Santa,  me acuerdo de la parroquia de Santo Domingo, que fue Convento de los frailes Dominicos y del muy cercano Convento de Santa Rosa, de las monjas del mismo Santo. Hoy el convento de frailes se ha convertido en Parroquia y el convento femenino, se convirtió en Colegio y más tarde en Oficina Pública. La primera vez que me encontré en este lugar  llamado Plaza de Santo Domingo, que casi a su lado exhibe el antiguo Convento de Santa Rosa, ambos, entonces conventos, con la blanca luz de los hábitos de los frailes y las monjas y el color claro de sus fachadas, me causó una impresión profética. Don Ricardo del Arco, escribió que en el Desfile del Santo Entierro, aparecen Isaac, Abrahan, Melquisedec, Moisés, Aarón y el Rey David, vestidos con sus magníficas ropas de época, diseñadas por el pintor oscense, Hermano Jesuita, Martín Coronas. También diseñó los vestidos de  las sibilas, esas jóvenes profetisas paganas. También llaman la atención las niñas hebreas con sus graciosas ropas.
En aquel ambiente de Semana Santa, en que los profetas, los soldados romanos y los portadores de los pasos de Cristo y de la Dolorosa, entraban y salían de la Iglesia, me acordaba del Rosario en sus Misterios Dolorosos, donde además de las rosas místicas y gozosas, las rosas dolorosas, recordaban a Jesús sufriendo, en la Pasión de la Semana Santa.
Este entrar y salir en la iglesia de Santo Domingo, nos hacía recordar a todos los vecinos de Huesca, el Paso de Jesús, yacente  en el Sepulcro, pero a varios hombres y mujeres, que conocían la historia de la Fundadora del Colegio de Santa Rosa, a saber  la Madre Berride, les venía su recuerdo, y miraban la tumba, donde fue enterrada, mi pariente. Era en esta iglesia de Santo Domingo, donde yacía su cuerpo, objeto de gran devoción. En cierta ocasión abrieron la lápida y se encontraron, que habiendo caído agua de lluvia en su rostro, había hecho desaparecer la claridad de su cara. Por esta lluvia tormentosa, se trasladó su cadáver al cercano Convento de Santa Rosa.



 Cuando las monjas de Santa Rosa, construyeron un Colegio Nuevo,  vendieron el antiguo y trasladaron su tumba y las de otras dos Hermanas al nuevo Colegio, donde están descansando  El Convento Beaterio de Santa Magdalena y de Santa Rosa, se fundó en 1725. Y Sor María Lay, lo hizo una realidad, al morir la madre Berride. Este Edificio en su parte antigua lo compró y lo edifico el párroco del pueblo de Santa Eulalia la Mayor, Mosen López de Zamora, pariente de la Madre Berride y de mi abuelo materno, Don Ignacio Zamora Blasco.
¿Qué relación tenía el Convento de los Dominicos, con el Convento Beaterio de Santa María Magdalena y de Santa Rosa, hasta el punto de enterrar a la venerable Madre Berride, en la misma iglesia del Convento masculino de Santo Domingo?; simplemente eran los Dominicos de la misma Orden Religiosa de Santo Domingo. Los Dominicos escuchaban las enseñanzas de las Hermanas del Beaterio de Santa Magdalena y las Hermanas admiraban los Pasos esculturales, que se guardaban en Santo Domingo, representando todos los sufrimientos de Cristo.


El sacerdote Don Pedro López Franco, hace ya muchos años, escribió sobre la Madre Berride, lo siguiente:”Sucedió muchas veces, que iba entre siete y ocho de la mañana a la iglesia de Santo Domingo, se confesaba, oía misa, ponía se de rodillas, en oración, y en esta misma postura se quedaba estática y arrobada el alma, el cuerpo inmóvil como una estatua, por muchas horas y a veces hasta la tarde, sin recordar, ni mover el sentido, ni tomar desayuno”. Esta visión milagrosa todavía la he contemplado en los rostros de hombres y de mujeres oscenses, que llenos de fe, entraban o salían por el Pórtico de Santo Domingo.
Esta Plaza de Santo Domingo representa un lugar en la Historia de Huesca, a lo largo de los siglos, desde la dominación romana, hasta el día de hoy. Frente a la Iglesia, en varias de las últimas casas del Coso Bajo, han aparecido los restos de un Teatro Romano, del que se ignoraba su existencia, al lado de la Muralla.


Pero, dicho Teatro, que estaba oculto por paredes propias de los Almacenes de Escartín y por la Muralla de Huesca, al ser reformado, ha hecho aparecer, como he escrito, columnas de un Teatro Romano, con un sótano, donde se guardaban las fieras, que intervendrían en aquellos espectáculos romanos. Aquel Templo fue, un lugar de recreo, donde está escrito en lengua latina este nombre pagano:”Genius Loci”. ”Aquí han pasado veinte siglos de historia de Huesca”. Efectivamente, han pasado XX siglos de Historia, y en aquel Teatro pusieron las Murallas de Huesca y se batieron batallas entre moros y cristianos. Entonces estaba la entrada en la ciudad abarrotada por  una multitud de hombres y de mujeres romanos, y hoy, durante la Semana Santa, pasa lo mismo.
Después se abrió una antiquísima iglesia, donde siguieron los romanos con sus cascos, sus lanzas, entrando y saliendo de dicha iglesia, como lo hacen ahora por el Pórtico de Santo Domingo, a hacer guardia al cuerpo yacente de Nuestro Señor Jesucristo. Ahora, en Semana Santa, entran los oscenses vestidos de romanos en el templo de Santo Domingo, pero en tiempos pasados, en el citado Templo Romano, debajo de la Muralla, oscense, dicen que existió una iglesia antigua, donde se veneraba la Cruz y allí, los participantes en la procesión de Semana Santa, como soldados romanos, profetas, portadores de pasos, acudían a su alrededor a tomar su almuerzo, acompañándolo con algún trago de vino.


Esto pudo ocurrir antes de la construcción del convento de Santo Domingo o cuando éste se derribó hacia 1650, para ser bendecido en 1695.  
Cerca de Santa Rosa, a orillas del Isuela, se encuentra la iglesia de Santa María in Foris, que en otros tiempos perteneció al Convento de Agustinos y más tarde, protegió a la Residencia del Hospicio. En esta Iglesia, escribió Fray Malón de Chaide, en 1580, el “Libro de la conversión de la Magdalena”, a cuya santa mujer la denominaban como patrona del Convento de Santa Rosa y del de Santa María in Foris.


 Según Menéndez y Pelayo, este libro fue el más brillante y compuesto de nuestra literatura devota”. Fray Malón de Chaide describe la vida de la Magdalena, en la Pasión de Cristo, elegida como consuelo por sus compañeras de los sufrimientos de Cristo. En ninguna otra religión se trata con tanto respeto a las santas mujeres como en el cristianismo. Así se ve en la liturgia de la Iglesia, como se canta y se escucha con emoción  el “Stabat mater Dolorosa, juxta Crucem Lacrimosa, dum pendebat Filius”, que en castellano dice: “Estaba la madre Dolorosa, junto a la Cruz con lágrimas en los ojos, en tanto colgaba su Hijo de la Cruz”. ¡Cuántas mujeres se encontraban, con María de Cleofás y María Magdalena, sufriendo los mismos dolores que la Virgen Dolorosa.


¡Cuántas mujeres han sufrido en esta vida, los mismos dolores que Jesús sufrió en su Pasión!. Pero no fueron sólo las mujeres, las que tuvieron un interés místico por la Pasión de Cristo, sino que el Santo Oscense y Patrono de Huesca, San Lorenzo, antes de entregarles a los paganos de Roma, el Santo Grial, lo mandó a Huesca, donde en el Monasterio de San Juan de la Peña, sobre un altar, se exhibe una reproducción de dicho Santo Grial.


En la época romana, por los años trescientos cincuenta, una monja gallega, llamada Etheria, que era Abadesa o Superiora del Monasterio del Bierzo, hizo una peregrinación a Tierra Santa. España fue uno de los países que en aquellos antiguos tiempos, se hicieron cristianos. Basta ver, como la monja Etheria, siguió su devoción a Cristo e hizo una peregrinación a Egipto.


 Escribió un libro que tituló “Itinerarium ad loca Sancta”, que hoy lo llaman “Peregrinación a Tierra Santa”. También es conocido como “Viaje de Etheria”. Dicen que Santiago Apóstol evangelizó Galicia desde Palestina y Etheria le devolvió, la peregrinación desde Galicia a Jerusalén y por todo el Oriente Medio. En el camino que conducía al Oriente medio, dominaba la “Pax Romana” y Etheria se alojaba, tal vez en algún monasterio, de los que en aquella época, se conoce muy poco, pero existían muchos anacoretas ,entre los cuales vivía Etheria, que recorrió el mar Rojo, el Monte Sinaí, Alejandría y Tebas y más tarde recorrió Antioquía, Edesa, Mesopotamia,  el río Éufrates y Siria, de donde volvió a Constantinopla. Etheria encontraría facilidades, en ocasiones, por tener antecedentes romanos, pues en algunos documentos, se le atribuyen parentescos con nobles del poder romano. El recuerdo de Roma todavía se conserva en Huesca y en otros muchos puntos de España, como en el pueblo navarro de Mendigorría, cercano a Pamplona.


Cada año, este pueblo por el mes de Junio, saluda al César Romano, diciendo: ¡Ave Caesar, yo te saludo!. Se viste una gran parte de la población con túnicas romanas y celebran una cena, en la que lo hacen postrados en sus literas, como lo hacían los antiguos romanos. Además preparan luchas entre gladiadores y representan obras de Teatro Romano. En un pueblo de Galicia, celebran cada año la llegada de los romanos a la tierra en que nació Etheria. En Huesca y en gran número de poblaciones españolas, en Semana Santa se ven por las calles caballeros e infantes romanos. Llegaron los bárbaros y más tarde los musulmanes y estallaron las Cruzadas y aquella “Pax Romana, desapareció. Pero esperemos que de la misma forma que los de Mendigorría se acuerdan de la Paz de los romanos, los pueblos del Este y del Sur del Mar Mediterráneo, se olviden del fanatismo religioso y podamos venerar en paz a Etheria en Palestina y en Egipto. Pero han vuelto a salir romanos por toda España, incluidas Huesca y Mendigorría. En este pueblo se puede subir a cruzar los Pirineos, para llegar a Francia  y seguir los caminos que llevan  a Tierra Santa. Es fácil que la Monja Etheria, cuando fue desde el Convento de el Bierzo a Jerusalén, pasara por Mendigorría, cerca de Pamplona.
En Huesca, la Cofradía de Santiago Apóstol o de la Enclavación, venera el paso de Coscolla, que se inauguró el año de 1928.Cada Cofrade es portador de una Cruz de madera, con una pequeña vasija de calabaza y una vieira o concha, que representa a Galicia.


Van caminando detrás del Paso de la Enclavación, obra de Felipe Coscolla, que representa todos los detalles de la enclavación de Cristo. Son cerca de los dos mil años, que hacen recordar la peregrinación de la Monja Etheria desde Galicia a Jesusalén y las procesiones de Semana Santa, a lo largo de los siglos, en los que intervienen los peregrinos de Santiago es admirable la conservación de la Fe, a través de tantos siglos. Etheria tenía ya grandes conocimientos bíblicos, ya que estuvo en el Monte Sinaí, igual que algunos oscenses actuales. También visitó la Tumba de Job. Entonces llegaría a Palestina a visitar a los distintos lugares sagrados, unas veces andando y otras montada en algún asno o en algún camello.
Pero los recuerdos que expone en su libro titulado “Peregrinación a Tierra Santa”, sobre la muerte de Cristo, unos en ciudades, otros en montes o en ríos y otros litúrgicos, con los que conmemoraban la Muerte de Cristo, eran iguales a los que se celebraban en el Monasterio del Bierzo o en la ciudad de Huesca, como lo siguen siendo ahora. La tierra gallega del Bierzo y las Vías Romanas, por las que han recorrido y siguen peregrinando los romeros, para reflexionar sobre la Pasión de Cristo, han colocado vieiras metálicas en el suelo , para recordar los pasos de los peregrinos.   


Hay aspectos antiguos en las Procesiones de Semana Santa, que hacían acudir a los fieles a contemplar los romanos montados en caballos como las chispas que brotaban de las herraduras de los animales, cuando chocaban con los adoquines que pavimentaban los Cosos. Lo mismo ocurría con los romanos que iban a pie,  que también coincidían en hacer saltar chispas, con las conteras de las lanzas, al golpear el suelo de los mismos adoquines. Ahora ya no es tan frecuente el contemplar como saltan las chispas de los pavimentos. Pero han aparecido el año de 2010 sistemas para contemplar, no las chispas que saltaban del suelo de las calles, sino lo que yo mismo he visto, desde la Plaza del Museo, a saber, Nubes Artificiales, ancladas en el cielo.


Y ahora, que se quieren hacer desaparecer las imágenes bellas, como las mismas de Cristo, que antes eran colocadas en crucifijos, en los pechos del pueblo y en las paredes de las habitaciones. Pero unos en lugar de odiar a Cristo, buscan por medio de esas bellas imágenes, que se veneran en las procesiones de Semana Santa, ponerlas en  las nubes, para que nos indiquen a los cristianos españoles, el Camino por el que llegaremos a Santiago de Compostela. En la exhibición en los cielos de esas nubes que nos señalan el Camino de Santiago, se encontraban cofrades  de la Cofradía del mismo Santiago, en la plaza del Museo y con los que tuve la suerte de comunicarme. Esas nubes artificiales, sobre las que aparecen relatos audiovisuales, permitiéndonos recorrer el Camino de Santiago, se veían en Huesca, como se ven en otras nubes, que suben hacia arriba, colocadas  por  otros amigos de Santiago y de la Semana Santa. Unas se ven en Vic, otras de Logroño, en Pamplona, Vitoria, Oviedo,  Vigo, en León y en Santiago de Compostela. El día once de Julio de 2010, encontré a varios amigos de Huesca, instalando la “amplia memoria de una nube”, en la Plaza del Seminario, del Viejo Hospital y del Majestuoso palacio de los Reyes de Aragón, hoy convertido en Museo. Allí contemplé nubes de material plástico blanco, que iban a elevarse y a “caminar sin piernas”, por el aire, todas ellas con imágenes del Camino de Santiago y de sus caminantes. Ahora, desde la visión de la nube, me acordaré de los peregrinos que van a venerar a Santiago Apóstol y contemplan como las nubes crecen, se deshacen, haciendo que multipliquen los sueños, las imágenes, que hoy  exponen en sus reproducciones de plástico, a todos los que por aquellos Caminos Sagrados, van en busca del porvenir eterno. Me acorde, al contemplar aquella nube de plástico de la poesía de Juan Ramón Jiménez, que dice así: “Mi amor tiene un ritornelo del agua, que sin cesar, en nubes sube hasta el cielo, y en lluvia baja hasta el mar”. He recordado a León Felipe, cuando habló de la “repulsa y el distanciamiento entre la España peregrina y la oficial”. No hay que olvidar a esos sencillos peregrinos, que elevan la mirada de sus nubes a los cielos, otras veces observan como los campesinos recogen el trigo y alimentan el fuego en el invierno, y son esos peregrinos, los que elevan la canción. Se ven imágenes de grandes Catedrales y de Aspas de Orfeones, como se ven las marchas de los peregrinos, haciendo sonar guitarras y tambores, txistus, bandurrias y gaitas por los caminos de los peregrinos. Por eso,  en Huesca, en la Procesiones de Semana Santa, podemos ver y escuchar a los Ministriles con sus caras ocultas, que hacen sonar sus clarinetes, acompañados por el ruido de un tambor, anunciando la llegada de la muerte de Jesús.  


Y aquí estáis los Hermanos de la Cofradía de Santiago, Apóstol de la ciudad de Huesca, que no os conformáis, como escribe Antonio Machado, ”con ir pidiendo escaleras- para subir a la Cruz”. Y como aquel que canta su poesía, no os conformáis con permanecer inactivos, sino que cantáis “No puedo cantar, ni quiero- a ese Jesús del madero,- sino al que estuvo en el mar”. Y ahora, vosotros ya estáis buscando caminos por las nubes.
Desde que la Abadesa Etheria, hace unos veinte siglos, peregrinó a la Tierra Prometida, hasta el día de hoy, los cristianos hemos venerado a Cristo, con ceremonias de la Semana Santa, que todavía hoy celebramos los cristianos y todavía se sigue persiguiendo a nuestros hermanos en el Oriente y en la misma Europa. Los cristianos nos hemos preocupado  de ampliar esa veneración a Cristo, estudiando su amor, allá arriba, por medio incluso de las nubes, en tanto siguen cayendo en el suelo, los mártires y sus almas subiendo al cielo. Todavía quedan en el Mundo “dioses -hombres”, que en sus turbias mentes se creen todopoderosos, intentando en el ya antiguo cristianismo, apagar la fe. Pero los olivos dan Paz, los cipreses reflexión en los cementerios, que nos defienden la fe, y las columnas, mantienen el equilibrio de Cristo en las Catedrales, por casi todo el Mundo. A lo largo de los siglos, se van sucediendo doctrinas opresoras de los hombres, pero nuestra Doctrina Cristiana, permanece en los corazones de los Hermanos de las Cofradías y brotan las lágrimas de las santas mujeres y en los de las buenas gentes y los niños, aunque no se hace caso de ellas, en los corazones de los poderosos.
Aquel comportamiento de ridiculización de la Doctrina de Cristo y de otras Religiones, con el “permiso” de la Libertad de Expresión, ha producido un execrable atentado en París. El Papa  “condenó inmediatamente y sin paliativos”, la muerte de aquellos periodistas del humor.  Esta sentencia del Papa no se la han criticado, “pero cuando se ha hecho mención al respeto que se debe tener a las creencias religiosas (a todas, no sólo a las suyas), ha faltado tiempo para rasgarse las vestiduras, escandalizarse y arremeter contra él”. Todos condenan la muerte de los asesinados, pero los innumerables fieles, han lamentado y se quejan de los insultos que ha lanzado alguna revista contra la Religión y contra otras religiones, que no practican todos los hombres y mujeres. Se ha sentido y se siente en la Europa Cristiana una vuelta a la Fe, que si no se vuelve a amar a Cristo, volverá el Mundo a las terribles guerras invasoras, y derramamientos de sangre. Estas procesiones de la Semana Santa son muy antiguas, pero son comprendidas por el pueblo, que siente su necesidad.  
 Pero, a pesar de estas persecuciones a la fe en Cristo, ese paso de Procesiones y Peregrinaciones, durante veinte siglos, ha hecho que siquiera esa fe en Cristo, dirigiendo el  comportamiento de las gentes sencillas, que están cada año, peregrinando y viendo pasar las Procesiones de Semana Santa, disminuya su devoción, a Jesucristo. Pasa la Coronación de Espinas y me acuerdo del respeto de los niños a las golondrinas; no dejábamos de niños, ni un nido sano, hasta que nuestros viejos padres nos advertían de que era un pecado atormentar a tan bellas aves.


Eran veloces esas aves, como seres sagrados, las amábamos porque nos contaron nuestros antepasados, que habían liberado a Cristo de las crueles espinas que se habían apoderado de ellas,  cuando intentaban quitárselas a Cristo de su cruel Corona de Espinas.
Esas sencillas peregrinaciones, durante siglos, aquella caridad con el prójimo, han hecho que la fe cristiana se conserve durante siglos y ahora, que parecía que iban a acabar con el Cristianismo, todo el pueblo cristiano europeo ha reaccionado, contra el hecho de producir nuevos mártires, para terminar con la Fe del pueblo sencillo, es decir con la Fe en Cristo.
Son en el Cristianismo iguales en su amor a Cristo, los hombres y las mujeres, pero en esta Pasión de Cristo, aparecen las mujeres más numerosas en demostrar ese amor a Cristo. Pero el amor a Jesús lo demuestran también los hombres que se han unido en la Cofradía de Santiago Apóstol, que con un espíritu peregrino, han unido a todos los  que por venerar a Cristo, han facilitado la llegada de romeros desde Europa a Santiago de Compostela.
Estaba la Virgen Dolorosa, junto a la Cruz lacrimosa y Magdalena a su lado, cuya vida escribió Fray Malón de Chaide, en la iglesia de Santa María in Foris. Y la Escritora Etheria, una de las primeras peregrinas a la Tierra Santa, en los principios del Cristianismo, describe la Semana Santa, que transmitió de Jerusalén a todo el Mundo. También acompañó a Cristo, la Dominica Madre Berride con sus hermanas Son María Lay y Sor Victoria de Leza, con el hábito de Santo Domingo, en la Iglesia de Santa Rosa, en que estuvo enterrada, después de haber orado tanto en la Parroquia de Santo Domingo.


Pero cerca de la Cruz de Cristo no sólo estaban, su Madre Dolorosa, la esposa de Cleofás y María Magdalena, sino que estaban también, muchas mujeres humildes y piadosas, como la Verónica, que se acercó a limpiarle el rostro, en tanto que los hombres huían, como por ejemplo algunos discípulos de Cristo o unas veces los maltrataban algunos soldados romanos y otras le daban consuelo, acercándole el agua en un paño mojado, a su boca. Es seguro que había no sólo algunas mujeres, sino muchas, que trataban de un modo o de otro, de ayudar a Cristo en su cruel camino. Unas lloraban, otras le daban agua para calmar su sed o limpiaban su rostro y sus manos ensangrentadas. A través de la Historia se ve como las mujeres, teniendo más ternura y más valor que el  hombre, han sido maltratadas por él.
Esta tradición nos ha proporcionado obras de piedad y de arte, como el Velo de la Verónica, con el rostro de Jesús grabado, al limpiarle el rostro. Pero no hay que excluir a los hombres del amor a Cristo, pues también aparece un hombre ayudando a Cristo a soportar el madero de la Cruz y a levantarlo, cuando se le caía. Este simón Cirineo fue forzado a ayudar a Jesús y con esa ocasión profunda, se encontró con el dolor de Cristo y lo amó para siempre.




Se van contemplando estampas en la apoteosis del dolor, pues van pasando el Ecce Homo, tallado por Marqués y pasa el Nazareno del escultor Orduna, oprimido por el peso de la Cruz. Los claros clarines quieren anunciar la muerte del condenado, y no saben que están anunciando su triunfo sobre la muerte, a pesar de la crueldad del furioso golpear de conteras de lanzas sobre el pavimento de las calles. Y golpea, reiterativo, el dolor a Cristo, que cae en la Cruz a cuestas y la masa humana que contempla su dolor, aquellos hombres que hace tan sólo cinco días, lo aclamaban con ramos y con palmas, ahora callan. Cristo ha empezado a reinar en nuestros corazones y el Cirineo le ayuda, a pesar de exponerse a ser mal visto por el poder, en tanto que Verónica, pone su delicada nota femenina, que alivia la existencia de los hombres y Cristo, además de Dios y de hombre verdadero, poeta ensangrentado, artista e inspirador de artistas, que deja plasmado su rostro, dejándole a ella y a nosotros un recuerdo,
Pende Cristo del Árbol de la Cruz y parece que está diciendo:”Pueblo mío, ¿qué te hice o en qué pude contrariarte?. A lo largo de la Historia parece que el pueblo, en ocasiones, no responde, lo que hace sentir sólo a Cristo, pero hay en el Mundo golondrinas, que vuelven cada Primavera, y muchas de esas golondrinas están abandonadas, que son como otros Cristos, que cada día recorren su Calvario. Pero otras de esas “golondrinas” humanas son sencillamente algunos Cirineos y muchas Verónicas, que responden al dolor de Cristo. 



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