lunes, 11 de abril de 2016

Fray Pedro Malón de Chaide, Agustino

Iglesia Santa María Inforis (Huesca).


Este fraile agustino, escribió en Huesca, el Libro de la “Conversión de la Magdalena”, en la actualmente  restaurada iglesia de Santa María In Foris, al Este  del edificio que fue hace algunos años, Hospicio y después Residencia de Niños, para alojar y educar a los niños pobres y abandonados. Fue construido este templo en el siglo XIII. Dicen que a su lado había una pequeña cárcel, para recluir a las brujas. En el siglo XVI, los Padres Agustinos se hicieron cargo de la iglesia de Santa María de Foris, para fundar un Convento de Agustinos, al que pusieron el nombre de San Agustín.



Fr. Pedro Malon de Echaide Santuario Virgen del Romero , Cascante (Navarra)

Fray Malón de Chaide, nació en Cascante (Navarra) en año de 1530 y murió el de 1589. Residió en Huesca en el convento de la iglesia de Santa María de Foris o de San Agustín, desde 1578 hasta 1583, en la cual escribió su gran obra de la “Conversión de la Magdalena” y editó años más tarde en Barcelona en 1588.
 Al cerrarse el llamado Hospicio o Residencia de Niños, el Gobierno de Aragón y la Diputación de Huesca, el año de 2003, cedió este espacio a la Universidad de Zaragoza, para que hiciese uso académico. Hoy este espacio universitario, comprende también la iglesia de San Agustín, antigua iglesia de Santa María In Foris. En sus inmediaciones se hallan la Plaza de la Constitución, las piscinas del Almériz y el entorno universitario oscense.
Yo estuve en la Diputación Provincial, de Vicepresidente,  acompañando al Presidente, Don Aurelio Bierge, y fuimos a visitar a la Religiosa Directora, para hablar con ella, sobre el fin de la Diputación de Huesca en su actuación educativa y en la enseñanza de artes y oficios a los jóvenes abandonados, pero en realidad, lo que querían los opositores, era suprimir el Hospicio o Residencia de Niños. Se suprimió  dicha Residencia y esa voluntad  ejerció su actividad, unas veces en la Imprenta, otras en la Carpintería e  incluso,  todavía algunos oscenses nos acordamos de un hombre original y extraño, que con los mismos caballos que impulsaban los vehículos funerarios, de diversas categorías, con los que se transportaban los difuntos oscenses al Cementerio y cultivaban la huerta, en la que cultivaban verduras y patatas. Había auténticas carrozas funerarias, arrastradas también por caballos negros, más o menos adornadas, pero todas pintadas de color de luto, es decir negro. Los carros negros, de categoría inferior, lo mismo que las carrozas funerarias, iban desde las iglesias,  donde se hacían los funerales hasta los Porches, en compañía de los amigos y parientes de los difuntos. Allí se paraban y reemprendían una velocidad ligera, hacia el Cementerio. Yo me acuerdo de ver  dos entierros, que se detuvieron ambos en los Porches de Galicia. Uno fue un entierro de lujo, en que se conducía al Cementerio el cadáver de Don Pedro Sopena, dueño de la finca de  secano  de Castejón, que se encuentra en la carretera de Jaca, desde Alerre, hasta cerca de Esquedas. Paró el séquito funerario en los Porches de Galicia y se hicieron sonar músicas funerarias, de sonido antiguo, pero saludando con ellas, la llegada a su nueva vida, para unos o para su muerte, según otros.El segundo entierro que me impresionó, portaba en un coche negro, sin ningún lujo, a un oscense, de cuyo nombre no me acuerdo. Bajaba por el Coso Alto, lentamente sin sones musicales y lo acompañaban tres jóvenes mujeres, a las que no pude resistir a preguntarles, porque iban detrás del  difunto, rezando y tratando de vencer la vergüenza de acompañar a un pobre muerto, prácticamente desconocido para el público.
Iban dominando su vergüenza por acompañar a un pobre, y se abrazaban unas a otras, para romper su debilidad, por acompañar a un pobre difunto.¡Oh, iglesia de Santa María In Foris,  que desde el siglo XIII, se ocupó de las brujas y cuidó el Convento de Santa María IN FORIS, donde Fray Malón de Chaide, recibió acogimiento, es decir un lugar apropiado para el vivir de los escritores religiosos. Sobre los años de 1578 y 1583, escribió Menéndez y Pelayo, sobre “El Libro de la Conversión de la Magdalena”, del que dijo que fue un “halago ponderable de los ojos”. Menéndez Pelayo sintió su corazón sensible y escuchaba los valores populares, la devoción de sus oraciones en lengua castellana y su devoción, viendo estos valores populares, opuestos a esos otros, como los de Boscán y Garcilaso, que parecían frívolos y perniciosos, oyéndoles cantar los salmos en lengua latina. Pero Malón de Chaide, “escribió sus poesías en castellano, amenizando su fina prosa con las galanuras de la poesía”. Vencía Fray Malón de Chaide, el apuro de escribir en castellano puro, olvidando la lengua latina. ”Igualaba a Fray Luis de León, tanto por su estilo que por su manera”. Desde 1589, en que Fray Malón de Chaide, se fue a Barcelona, se publicó en Castellano su obra, tardándose varios años en defender las dificultades que la impresión presentaba a serlo  en Castellano.
 La obra de la Magdalena, la hace toda ella sensible, pues Fray Malón, que  pintaba tres situaciones  de la Magdalena, describiéndola en cada uno de sus tres estados, uno de pecadora…otro de penitente ,,, y otro de gracia y amistad de Dios. El autor del libro de “La Conversión de la Magdalena” nació en Cascante (Navarra) en 1530 y murió en Barcelona en 1589. En Huesca residió en el convento de Santa María In Foris, es decir fuera de la muralla. En 1585, tomó parte en la fundación del Monasterio de Santa María de Loreto, donde en época romana, entonces una casa de campo, vivió San Lorenzo. En Santa María de Foris escribió en castellano el libro de la Magdalena, “que expone los aspectos de la vida espiritual de las almas cristianas, a saber: inocencia, pecado, arrepentimiento y estado de Gracia”. En la Universidad de Huesca obtuvo el grado de Teólogo en 1562. Adornó su escritura, con salmos latinos e incluso con obras de antiguos escritores latinos, como Virgilio.
En cambio “critica los libros de caballería y de los profetas profanos, sin excluir a Boscán y a Garcilaso”. Para combatir los “libros lascivos y profanos”, escribió en castellano sus obras “amenizando su fina prosa con las galanuras de la poesía”. Fue discípulo de Fray Luis de León, lo que se manifiesta en sus escritos. Menéndez y Pelayo, manifestó que “el más brillante, compuesto, el más alegre y pintoresco de nuestra literatura devota, libro es todo colores vivos y pompas orientales, halago perdurable para los ojos”. El tono general del libro es “de un empaque y de una  majestad  auténticamente clásicas y del mejor metal literario”, encontrándose cerca de los escritos de San Juan de la Cruz o de Santa Teresa de Jesús.
Es el libro de religión cristiana y ascetismo, mejor de la Literatura Española.
Fuera de la zona oscense de la Muralla de Huesca o en sus espacios colaterales, se encuentra la iglesia de Santo Domingo; dentro de la Muralla estuvo una capilla, y en ella, antes, un Teatro Romano; sigue la Muralla hacia arriba o hacia el Norte y a su lado se encuentra la iglesia del Convento de Santa María Magdalena, del siglo XIII. En esta misma iglesia escribió Fray Malón de Chaide “El libro de la conversión de la Magdalena”, en 1580, a cuya santa proclamaron, como patrona del Convento de Santa Rosa y del Monasterio de Santa María in Foris.
El Convento de Santa Rosa, fue fundado por las monjas dominicas María Lay, Sor Victoria de Leza y acabado de fundar, murió la Madre Berride. Fray Malón de Chaide, murió en Barcelona en 1589 y el Colegio de Santa Rosa, se fundó en 1725.
Al desaparecer los Agustinos de Huesca, siempre se destinó el tiempo, a darle gracias a Dios y cuando se creó el Hospicio de Huesca, se  dedicó su destino a colaborar con el templo de Santa María  In Foris. La Historia de esta iglesia de Santa María In Foris, desde el siglo XIII, hasta el actual siglo XXI, está llena de personas y personajes. Fray Malón de Chaide, el más poético, celestial y mejor escritor en poesía religiosa de España, en esa iglesia, compuso el ”Libro de la conversión de la Magdalena”. 
Es impresionante como Huesca representaba el paso de la vida a la muerte, en sus parroquias, en sus calles y cómo se despedía de los ciudadanos que morían. Fray Malón de Chaide, amaba el espíritu y procuraba separarlo de la materia, con textos escritos en su libro de la “Conversión de la Magdalena”, como el siguiente: ”Arrebátase en espíritu, y como si ya fuera vecina del cielo, y como si se desnudara su cuerpo mortal, de que estaba vestida, así tan libremente dejando la tierra, se subía donde vive su amado….Resonaba por aquellos ricos palacios una música que su dulzura desmaya, causada de la suavidad de las voces angélicas, que alaban al gran príncipe del mundo, sin cesar un punto”.
Pero después de los cantos poéticos sobre el espíritu, escritos por Fray Malón de Chaide, me acuerdo de Pascual Montenegro, cuyo rostro era el color oscuro de su piel, que rimaba con el negro de la muerte. Es que Pascual Montenegro, pasaba a los oscenses de la vida a la muerte. Fue él, el último enterrador de Huesca, como “era Simón en el pueblo, el último enterrador”.


 En mi artículo: “Pascual Montenegro y sus caballos negros”, escribo:” Así como Simón era en el pueblo era el único enterrador, Pascual fue en Huesca el último que condujo a los difuntos en un coche de caballos mortuorio, como una carroza en la que se hacía el último viaje y no triunfal precisamente. Era tirada esa carroza por un tronco de caballos negros con un penacho blanco entre sus negras orejas. Pascual iba revestido de negra librea, con alamares dorados, que concordaba con su rostro macerado y taciturno”.

Así como la pecadora María Magdalena convirtió su espíritu y lo convirtió en un espíritu, amigo de Dios y protector de los humanos, el moreno Pascual Montenegro, era amigo de sus caballos, a los que guardaba el azúcar de los cafés que se tomaba por los bares y de su perro tuerto, “que se entrecruzaba entre las patas de en movimiento de los caballos y nunca las rozaba”. Dormía, como los ermitaños, debajo de las patas de los caballos, que nunca le rozaron su cuerpo. María Magdalena amaba a los seres humanos y Pascual Montenegro quería los caballos y a su perro tuerto. Pero existían otros hombres y mujeres, que en aquellos entierros clasistas, en que a los más desgraciados, “los introducían en cajas de chopo, desnudas y agrietadas, que no conducían en Carrozas, sino en el Trum-Trum, carro negro y desvencijado, que sólo hacía ruido por la noche, y rodaba sin ningún cortejo”.”Bien se vale que mosen Santa María, con esa humanidad y humildad que le caracterizaba, los esperaba en el Cementerio, para rezarles un responso y darles la postrera bendición. “El pobre Montenegro se confesó con un sacerdote humilde y santo, Don Benito Torrellas y “dio” el salto a la Eternidad”. ¡Pocos pecados tendría que perdonarles el buen Dios!.

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