lunes, 4 de abril de 2016

Jesús de Liesa y su perrita



Jesús de Liesa, es un hombre amante de todos los demás, que caminamos por este mundo. Pero no sólo los hombres y mujeres caminan, sino que también lo hacen los niños y los perros y los gatos, que se acercan a nosotros y se acuestan sobre nuestras rodillas, como los gatos y los perros, que nos siguen por las calles y por el monte, ayudándonos a cazar y a defendernos en casa, de los ratones y de los lobos, en la historia.
Jesús de Liesa es un hombre ya mayor, que ama, no sólo a las personas y ha sido feliz, no sólo con su propia familia, sino también con su  perrica Quira. Pero no sólo amaba a las personas y a los seres vivos, sino que era también amante de las herramientas de su oficio de fontanero.
Pero al amar a todos los seres, que a él lo cuidan, él también se preocupa de su familia, en su casa con los seres vivos, a los que la gente no ama siempre demasiado. ¿A qué animales amaba Jesús de Liesa?.  Sencillamente, amaba a un perrico pequeño de tamaño físico, pero grande de amistad a Jesús, su compañero de la vida. Me he equivocado, pues he puesto que amaba a un perrico, pero era una perrita, cariñosa, que nunca ha parido, durante dieciséis años de vida. ¿Cómo amaría Jesús a Quira?, que se preocupó de que no diera a luz, para no verla sufrir,  cuando aquellos perritos siendo todavía pequeños, sufrieran por las calles del pueblo. Amaba tanto Jesús de Liesa a su perrica Quira, que le preparaba sus comidas, que no eran de gran lujo, pero si alimentos humanos, como hacelgas, que ataviaba atractivas, con aceite de oliva. Comía la perrica Quira de todo, de toda clase de fruta, menos plátanos. ¿Por qué pensaba que ella, la perrica, no  debía rumiar las envolturas del plátano, porque sufriría  en su boca,  al pegársele la pasta, que resultaba de la masticación, al paladar, al no poder Quira soportar, molestias en sus dientes y en su paladar.
Fueron dieciséis años, durante los cuales, convivieron en su piso de Huesca y cuando iba a Liesa, se alegraba la perra, que movía su cola con alegría. Pero este pequeño animal tenía grandes sentimientos de amor a su compañero Jesús de Liesa, porque un día, cuando la Guardia Civil,  paró su coche en la carretera, en su camino a Liesa, al abrir la puerta, la perrica Quira, se  avalanzó  sobre el codo de un guardia y le mordió. ¡Gracias a Dios, que no pudo hacerle daño!. ¡Qué inteligente, dijo Jesús de Liesa, debía ser la perrita Quira, que convivió con sus amigos y que se irritó ante el guardia, al que no conocía, porque no había convivido durante dieciséis años con el buen guardia.

Hace unos quince días, se murió en Huesca la buena perrita, pues dieciséis años de vida son muchos para un animal tan sencillo, perteneciente a esa bendita raza canina. Jesús no lloró, aunque resistía un gran dolor. Pensó en llevarla a enterrar al pueblo de  Liesa, donde el río, las carrascas, las ovejas y corderos, que se escuchan al mover sus esquillas,  hacían sonar la música Natural, en el ambiente de más arriba, de la antiquísima Ermita de Santa María.

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