jueves, 17 de agosto de 2017

La humanidad en La Almunia del Romeral




Joaquín Borruel Buil es un descendiente de Caborbaya, albañil que edificó Casa Almudévar de Siétamo el año de 1853.Me habla de su  padre, cuando pasa gran parte del año en Siétamo, pero no recuerda menos a su madre, Francisca Buil Albero, a la que yo  conocí. Los recuerdos de su madre le llenan de sentimientos su corazón, de tal manera que los manifestaba describiéndome su vida entre las bellezas sobre las que se asienta La Almunia del Romeral. No pude pasar sin acordarme de las vivencias que pasé ejerciendo mi profesión de veterinario y de vivir los sentimientos de Joaquín Borruel y decidimos una tarde calurosísima del mes de Agosto, subir por las orillas del Río Guatizalema, desde Siétamo hasta el verdor, que manifiestan los litoneros, los romeros y las oliveras. El primer punto al que nos dirigimos fue a casa Escario, que fue de la madre de Joaquín y allí encontramos la puerta de hierro del corral, que estaba toda rodeada de una parra, que ofrecía unas uvas rojizas, de las que Joaquín no se atrevió a probarlas, pero yo, sumido en aquel ambiente somontanés del río Guatizalema, en la ladera del monte Miscón y desde donde se divisa Santolaria, con su atalaya restaurada e iluminada por la noche, cogí un grano de aquella uva para comulgar con aquella tierra que conduce el agua a Huesca capital y a los pueblos del Somontano, con su campo de aviación de Alcalá-Monflorite. Esos espejos producen una luz, que nunca apagan las boiras, que en invierno alcanzan a los pueblos próximos. Nos daba la impresión de que no íbamos a ver a ningún ser humano, pero nos encontramos con una pareja, que habita en Casa Sastre y formada por la señora Ester Loriente Abadías y por su marido José Ferrando Trallero. Ferrando ha sido cartero de la Sierra durante treinta y cinco años y yo lo conocí en casa de Lorenzo Zamora de Coscullano y su esposa Ester de una casa en que durante cuatro generaciones tuvieron sastrería y más de cien arnales, emigró a Barcelona, donde trabajó y estudió, pues al hablar con ella, noté la claridad de sus palabras y la lógica de sus ideas, hasta que Joaquín me reveló que era Licenciada por la Universidad de Barcelona. Pero la miel de aquel “Jardín de romeros”, como llamó a la Almunia Don Fernando de Aragón, Abad de Montearagón, había influido en su corazón porque fue  toda  amor y caridad, ya que se llevó con ella a Barcelona a su madre y a cuatro tíos suyos. Cuando volvió a La Almunia se trajo los restos de sus difuntos  y no pudo menos que enseñarme su parroquia y el cementerio, donde duermen sus seres queridos. A Santo Domingo de Guzmán y a la Virgen del Rosario los sacan todos los años en procesión y en aquella tierra serrana, aunque están casi todos muertos, les cantan José Ferrando con su esposa Ester. Para San Vicente, celebran la Fiesta Pequeña  y en medio de la plaza encienden una hoguera, en la que asan panceta, longaniza  y tortetas, acompañadas por el vino de sus botas. El río Guatizalema baja de Nocito y es un punto, desde luego muy profundo. El punto más estrecho que me hizo contemplar Ester, subiéndome a la “demba” de Casa Aniés, fue el paso de Bolituero. Antes, cuando iban a Santolaria, colocaban varios maderos, fajos de “buchos” y barro, pero cuando llegaba una riada, lo arrastraba todo. Encima de Bolituero hay una presa para conducir el agua a Huesca y más arriba, por un túnel, corre el agua al Campo de Aviación de Monflorite y a los pueblos de abajo. Hay una zona más profunda que tenía un molino, una explotación de cobre y una papelera y cruzaban el río por unas vías ferroviarias que allí instalaron. La factoría de cobre se llamaba Martinete y en ella fabricaban calderos de cobre, tan usados en aquellos pueblos. Era La Almunia una potencia industrial gracias al río. Pero no sólo tenía la industria sino también la agricultura, que producía gran cantidad de aceite y por allí pasaba la ruta del vino y del aceite. Había dos rebaños,  uno de ovejas y otro de cabras, pero destacan las colmenas de abejas, que producían una miel transparente y clarísima, como la que destilan de su corazón las personas de La Almunia, donde todavía se encuentra  la llamada zona  de los arnales..

domingo, 6 de agosto de 2017

Equilibrio entre la luz y la oscuridad




A un amigo mío, que nació donde empiezan a elevarse los Pirineos, se le apagó la luz del amor y su ilusión, que expresaba con esta canción: ”Miruflí y Miruflá- se querían casar- y querían vivir, a la orilla del mar”, le desapareció la letra de esta canción de su espíritu y se subió en el corral de su casa, por unas escaleras de mano, y allí se puso a esperar la muerte. Y yo describí la caída de su amor a la vida,  diciendo: “Para los enamorados llegó el fin, cuando quebraron el ciclo de su amor. El hombre vendió todos sus bienes, tomó los billetes y los quemó en el Bar, delante de las gentes del pueblo. El no se quemó, porque no era partidario de interrumpir los ciclos; a él se lo habían interrumpido y simplemente se fue a esperar, en un corral de su familia, se subió por una escalera de mano a un cañizo, clavado sobre unos maderos, cubierto por teja vana, con el horizonte abierto por delante a las diarias puestas del sol, que le producían cierta envidia, porque indefectiblemente, el día cumplía su ocio y él tenía que esperar muchos ciclos, día tras día. Y, como sabía que él tenía cortado su ciclo, esperaba y esperaba el fin del mismo”

La falta del amor, hizo desgraciados a dos enamorados.

En cambio a Josán Rodríguez Zamora, con su segundo apellido, que viene de la Sierra de Guara del pueblo de Zamora, que ya ha desaparecido, pero que queda de segundo apellido en Josan Rodriguez y en Ignacio Almudévar y en muchos más. En algunos de primero.

Al hijo del pueblo, que vivió en un alto gallinero, le vino la parálisis de su espíritu, pero a JOSÁN RODRÍGEZ ZAMORA, las heridas sobre su cuerpo, llenaron de espanto a los que lo recogieron cerca de la Sala de Fiestas, en que el atropello de un coche, quitó la vida a algunos de sus compañeros y dejó el cuerpo de JOSÁN, destrozado, pero su espíritu conservó la fe en su vida. Quizá la sabiduría de sus Médicos, mantuvieron su vida sosegada por un sopor, que le influyeron en su biología, que permitió que aquella fe en su vida,  se le conservara. “Al hijo del pueblo, que vivió en un alto gallinero, la parálisis de su espíritu, provocada por la pérdida de su amor, redujeron su espíritu a la nada. En cambio a Josán,  las heridas terribles de su cuerpo, entre el sopor y el enamoramiento de las cosas de la vida, se la prolongaron acompañadas   “por luces y sombras que iban con él”. “Prefirió siempre Josán ver las cosas buenas que las malas”, que le llevaron al triunfo de su vida sobre la muerte.

Nació Josán el doce de Enero de 1976 en Huesca, capital, pero su familia vivía en Sesa y su madre era de Nocito. Estaban ambos pueblos unidos por el río Guatizalema. Tenía Nocito un territorio en contacto directo con la naturaleza. Tenía el pueblo de Sesa, una parte alta, en que había un convento, en el que en viejos tiempos, veraneaban los seminaristas de la Diócesis de Huesca. Muy cerca de él, se jugaba en el Campo de Fútbol. Cuando se trabajaba en las operaciones de riego del monte de Sesa, una niña, que conmovió a todas las personas de la provincia, cayó en un profundo pozo, que se estaba profundizando y producía lágrimas escuchar sus suaves quejas, con una voz angelical. Acudimos con la Doctora y Diputada Provincial, Doña María Dolores Santamaría y yo mismo a tratar de salvar a la niña, pero nuestro poder humano, era inútil para obtener su salvación. Siempre que paso por Sesa, recuerdo a la niña y a sus padres, llenos de carácter y de bondad.

Escribe Josán de los animales que vivían en Sesa y yo no puedo olvidarme de unos galgos, propiedad de unos labradores del pueblo, que llamaban la atención por su belleza y elegancia. Yo fui en varias ocasiones a una casa- herrería en la que nació el Canónigo Abizanda. Me bajaba desde Siétamo, a orillas del río Guatizalema, el mismo que pasa por Nocito,  por Siétamo y por Sesa, Don José Bara Abizanda, Maestro Nacional de Siétamo. Allí vivía una Maestra Jubilada, tía de Don José Bara.

Era Josán inteligente, “pero dejó de estudiar pronto, porque  pensaba que no era capaz. Más tarde, me arrepentí  muy rápidamente”.

Josán tiene un recuerdo de Nocito, el pueblo de su madre.”Al llegar a Nocito, lo primero era echar la vista a la plaza de la iglesia. Allí siempre había gente, y a vedes te encontrabas con las gallinas de Antonio, Martina y Vitoria, Aquellos tres hermanos me parecían de la familia, ya que muchas veces acabábamos en su casa”. Yo me acuerdo de esos tres benditos hermanos, porque cuando subía a Nocito a vacunar los canes de sus habitantes, el señor Antonio que era el Alcalde del pueblo, me mostraba sus ovejas, corderos y cabritos. Hice una gran amistad con ellos, pero poco a poco, se fueron muriendo.”También comprobaba siempre que bajo el puente, en los huecos de uno de sus ojos, siguieron guardados el cojín y el jabón de mi abuela, esos que tantas veces habían usado cuando bajaba al río a lavar”. El pueblo de Nocito, del que yo era Veterinario, era un paraíso para Josán y lo recordó siempre, incluso cuando bajó a la Tierra Baja, a ganarse la vida y a sufrir un terrible accidente.

Era un mozo inteligente y no quiso estudiar, pero valía para todo, pues ejerció una enorme cantidad de actividades. En el “Programa de fiestas de Nocito”,  escibe: ”hará unos diez años, estaba cortando el césped del jardín, cuando Segundo Nasarre entró a saludarme”. Este buen pastor, entre otras cosas, estuvo en Siétamo, con las yerbas del pueblo arrendadas y tuvimos con él, una gran amistad y Josán, a quien le gustaba tanto escucharlo, porque le hacía reír. Llegó el pastor Marino, nacido en Nocito, que fue amigo mío, porque lo conocí en Bandaliés, donde patoreaba sus ovejas. Como dice Johan :”Marino era otra persona, como Segundo, digna de ser escuchada…Segundo como Marino tenían sus formas de ver muy claras…y eran mis maestros sin darse cuenta”. Ambos han muerto y Marino tiene en el Cementerio de Nocito una Cruz de su familia, hermosa y que da fe.

Una noche, volviendo de una reunión de amigos, entramos en una Discoteca, recién abierta. Estuvieron  allí hasta que cerraron el establecimiento “momento en el que salimos para casa. MIENTRAS LOS CLIENTES NOS DESPEDÍAMOS Y ESPERÁBAMOS A QUE LLEGARAN   LOS TAXIS, UN COCHE SE ABALANZÓ SOBRE NOSOTROS, A MÁS DE  CIEN KILÓMETROS  POR HORA. EN ESTE MOMENTO MURIÓ MI AMIGO JAVI. TAMBIÉN BENITO, UN CHICO JOVEN. VARIAS PERSONAS MÁS FUERON ATROPELLADAS, Y ENTRE ELLAS, ESTABA YO”.

“Ese día supuso un antes y un después en mi vida. ERA LA ENTRADA AL TÚNEL MÁS OSCURO QUE DEBÍA ATRAVESAR. ME ESPERABA UN NUEVO CAMINO, PERO TAMBIÉN UNA NUEVA FORMA DE CAMINAR”.

Reconoce sus dolores, cuando dice.”Ninguna de las lesiones que he sufrido, como la falta de piernas o la ceguera, es comparable para mí con lo trágico y amargo que me resulta sufrir por amor”. Josán reconoce que su mayor sufrimiento le viene por la falta de amor, que él padeció en algún momento. Yo me acuerdo de aquel amigo mío de una Sierra cercana a Nocito, al que se le prohibió el amor, como dice la canción: “Miruflí, Miruflá se quería casar y quería vivir a la orilla del Mar”. Su “orilla de la vida fue un gallinero al que se desterró y en él se puso a esperar la muerte. ¡Miruflí, Miruflá!, ¿qué pasará?.

Pero, para Josán el amor es la solución de la vida en las personas, “y por eso se enamoran quienes son naturales y ante todo sencillos y viven felices en medio de las catástrofes diarias”.

Josán ama y es amado y es ciego y carece de sus dos piernas, pero acompañado por el amor , es feliz. He de adaptarme a “un cuerpo realmente nuevo, porque pienso que las únicas heridas han estado en la parte externa de mi persona. Mi interior no ha sido dañado, sino que ahora es mucho más fuerte. Me siento mejor al valorar todo lo que me rodea, y agradezco el hecho de no necesitar nada.Todo está en mí para ser feliz y disfrutar de cada instante, y lo mismo EN EL ÚLTIMO ALIENTO, DISFRUTARÉ DE LA MUERTE”.

sábado, 5 de agosto de 2017

CANTE HONDO




El cante hondo o jondo, o música flamenca,  hace sonar la estética y los sentimientos del pueblo andaluz. Su composición se origina, de pueblos primitivos, de pueblos judíos, árabes y de los pueblos cristianos, como los gitanos, que vienen unos detrás de otros, para formar, su composición  originaria y peculiar de Andalucía. Las coplas del cante jondo, dice el gran poeta Antonio Machado,"se cantan y se sienten; nacen del corazón, no de la inteligencia, y están más hechas de gritos que de palabras.....Sólo la costumbre de cantar llorando, propia de nuestro pueblo, es capaz de encerrar tanta pena y tantos amores en los tercios de una malagueña o en el canto llano de una seguiriya ".Y en una de sus composiciones añade: "Es el sabor popular,-que encierra todo el saber;-que es saber sufrir, amar,-morirse y aborrecer."

Sobre el origen del cante hondo hay distintas versiones. Pedrell, eminente musicógrafo español opina que lo trajeron a España los gitanos, procedentes de Siria y Egipto. Y  lo recargado del adorno de esa música y la repetición insistente de la misma, los quejumbrosos giros melódicos y sus lánguidas inflexiones, acusan una relación muy próxima con el arte popular  árabe, tal como era en su periodo de decadencia, entre los siglos X y XV. Hay también quien  cree su música, enteramente autóctona de  remota influencia, andaluza, y nacida en Cádiz, o,  en Jerez, el Puerto y Sevilla. Indiscutible es que en el pasado siglo, fue depurándose y enriqueciéndose por la creación y el estilo personal de grandes artistas de raigambre hondamente popular, conocidos muchos de ellos por los apodos, que forman legión, como el Fillo, el Perote, la Andonda, Silverio Franconetti, el Chato de Jerez; y sus continuadores en la verdadera traición del cante: Juan Breva, Antonio Chacón,  a quien llamaban el "Emperaor del cante flamenco". Y se escuchó después a  don Antonio, por considerarlo como la figura señera de este arte a la  Antequerana,  la Trini, la Paloma, el Canario, el Nitri, el Pollo Santa María, Andrés el Mellizo, Tomás el Papelista, Pastora la de los Tientos, Revuelta, Manolo Torres, Fosforito, Niña de la Cabra, Ramón el de Triana, el Mochuelo, Prada, etc. En Triana, uno de los barrios de Sevilla, tuvieron  sus cátedras: los cafés del Burrero, de Silverio, de la Marina, de San Agustín, Salón Filarmónico ... ; y también Madrid y otras poblaciones tuvieron sus cafés cantantes. Después se produjo la decadencia de estos y el cante se refugió en los colmaos y en las ventas andaluzas de postín, y pasó a los escenarios, por donde sigue caminando en espectáculos llamados folklóricos, que en opinión de los entendidos, si acusan la vieja estirpe, distan mucho del verdadero cante jondo, pues más que cante es canción. Los principales cantes de sabor castizo pueden clasificarse así: cantos sin guitarra, entre los que figuran, la emocionante saeta, que pone una nota de infinita ternura y de honda emoción religiosa en la Semana Santa de Sevilla y otras poblaciones; la tonada (chica y grande), la liviana y el martinete, cantos con acompañamientos de guitarra, pero sin baile: la petenera, caña, polo, soleares, seguidillas o seguiriyas, serranas, rondeñas y javeras. Cantos llamados por alegrías, para bailar: la alegría, sevillanas, bulerías y el tango, cantos llamados de levante: tarantas, malagueñas, murcianas, cartageneras, fandango y fandanguillo. Entre los cultivadores modernos del cante jondo o de la canción andaluza deben ser citados la Niña de los Peines, José Cepero, Antonio Mairena, el Cojo de Málaga, Vallejo, los Niños de Utrera y Marchena, Angelillo, Juanito Valderrama, Manolo Caracol, etc.

En Aragón se emociona uno al escuchar el bravo sonido de la Jota, pero cuando escuchas los cantes, que son alegría viviente o lágrimas de amor, de ausencia o de muerte de algún ser querido, se te encoge el corazón y sueñas con el otro mundo.

Pero hay que acordarse del judío Anan, que en estos tiempos se ha vivido  el folklore, procedente de la tradición sefardita, que le ha proporcionado reflexiones sobre la muerte, que interpreta como una forma más cercana y más sobria a la tradición. Cuando paso por la Judería o Barrio Nuevo de Huesca, sueño con los difuntos, que ya murieron, en viejos tiempos. ¡Qué raro que el flamenco está presente en mi corazón!. Así dice una canción sefardí:”Si cantara el ladino, como quiere la comunidad,  creo que podría seguir actuando en la cocina de mi madre y todos me escucharían, sabiendo que se interesa por el idioma que hablaban los judíos españoles”. La música de la seguidiya nos remite, a través de los versos lorquianos de “la guitarra”  a ese momento importante que vivimos en el  sepelio de Murante, con su mujer y sus hijos, abrazando el féretro.

Todo es emitir intenso, el sonido de la  seguiriya, con la voz de un Paco de Lucía, que casi nos hace olvidar la guitarra, de su sonar tan tenso, porque no es sólo música la de la seguidilla, sino “llaga”.

Al escuchar el cante jondo,  nos parece escuchar su origen gitano-morisco, el arte judío y gitano, músico judío sefardí y cristiano- mozárabe.



Juan Ramón Jiménez, recubre la poesía antigua y la renueva con la actual, que le llevó a escribir :”Cuando el amor se va-parece que se inmensa. Cómo le llena el alma- a la carne de pena!. Cuando se pone el sol, lo ahondan las estrellas.

miércoles, 2 de agosto de 2017

La Noche de San Juan, en el Altoaragón



En el Pirineo Oscense, en el pueblo de San Juan de Plan, se celebra todavía la Tradición más espectacular, en qué con sus viejas costumbres, sus habitantes buscan el equilibrio entre la luz y la oscuridad, entre el  Verano  y el  Invierno.

Celebran la Fiesta de la Falleta, en que sus paisanos  quieren identificar el día con la noche, la luz con la oscuridad, y para lograrlo, los jóvenes descienden, desde la Ermita de San Mamés, hasta “o Fosal” o Cementerio del pueblo. Caminan por el monte con las antorchas encendidas, cuando llega la Noche de San Juan. Coincide esta Noche de San Juan  con el Solsticio de Verano, que es el día con más horas de luz. El día veintiuno de Junio, tiene lugar en el Hemisferio Norte, un  acontecimiento,  que da el comienzo al Verano,  es decir al Solsticio veraniego con el día más largo del Año, un día sin sombra. El equinoccio es el momento en que el día y la noche  entran  en  equilibrio, es decir que se dan el mismo número de horas en el día y en la noche. La fiesta de San Juan coincide con el Solsticio de Verano y es el día con su noche y con su luz, más  prolongada.

Es el fuego  el elemento más característico de esta Fiesta, ya que posee un elemento purificador, es decir un triunfo de la luz sobre la oscuridad. Parece que la Noche de San Juan está dispuesta a cumplir su deseo,  haciendo un pequeño milagro. Viviendo la Noche de San Juan ponemos en relación el Mundo Profano y el Mundo Sagrado.

El pueblo vivía aquella noche con deseo de cumplir un rito, por el cual se lavaban, para recibir la bendición de San Juan, que daba hermosura a las mujeres y salud a los miembros de ambos sexos. En Huesca capital en la Ermita de Cillas, existe una sala con grandes lavabos, en que los peregrinos, en esa Santa Noche de San Juan, se lavan con el agua, que parece haber sido bendecida por el Santo.

Cogían yerbas en aquella Noche, en todas las ermitas de la provincia, para hacer infusiones, que curaban las enfermedades. En una Huerta de casa Buil, de la Sierra de Guara, abundaban dos yerbas salutíferas, que tenían sus hojas anchas, que todos los años se recogían para curar granos e inflamaciones.

En Montmesa, la Manzanilla la recogían los jóvenes en los huertos y  la ponía a secar al sol, sobre unas hojas de periódico. Cogían Yerba Loca, con la que hacían “boletas” que procuraban que los animales las  tragaran. Recogían la Ruda,  que huele mal y se criaba en Vachifitera  y la colgaban en la cola de las vacas,  para que tiraran la placenta  o “las esparrias”, después de los partos. La Ruda es una defensa contra las brujas, que para que conservase sus cualidades, había que recogerla en esa noche. Esta costumbre la conservaban en el Sobrarbe y en toda la parte oriental de Aragón. En Veri se cogían tres nueces verdes con la boca y se ponían con vino bueno. Los paisanos formaban un Ramo , llamado de San Juan y en  él entraban malvas,sauco,rosas,espliego, tomillo hierba buene y romero.Yo me acuerdo de recoger “manzanetas de San Juan”, con las que se preparaba agua, que había que usar en todas las ocasiones contrarias a la salud. En Tamarite hacían lo mismo.otros cogían hojas de nogal, que con su agua se usaba contra contusiones y heridas.

En la carretera de Jaca, observé los Mallos de Riglos,que dice una leyenda que construyó una bruja gigantesca la Noche de San Juan. Dicen  que se subía   al  “Pisón” y desde allí mojaba su peine en el río Gallego para peinarse.Dicen algunos que apoyaba un pie en Peñarrueba de Murillo  y otro en Riglos.  

Tengo un amigo de Colungo, que vive en Huesca, en la carretera de Sariñena y me ha contado varias veces como se  sanjuanaban  en su pueblo natal, la noche de San Juan. Una mujer de Colungo, decía: “En la Noche de San Juan, hay que levantarse antes de salir el sol. Se cuentan las verrugas que uno tiene y se dice: “arrugas tengo, arrugas dejo”, tantas veces como verrugas se tienen”. Cuentan que esas verrugas desaparecen con rapidez. En Naval, para curar a un niño, los que realizan esta ceremonia, gritan: Tomalo,  Juan-Tráelo Pedro- Tómalo Pedro- Tráelo Juan-San Juan y San Pedro,  te curarán. Después de cortado el árbol desde la corona hasta cerca de la raíz, se hace un espacio para pasar por él al niño. Se le pasa por el hueco formado en el árbol varias veces y en muchas ocasiones, el niño se cura. En el pueblo de Uncastillo de la provincia de Zaragoza, había un robledal, donde la gente acudía a celebrar ceremonias como ésta. En la Parroquia de Uncastillo, había escritos en vasco, que enseñaron en ella hasta el siglo XX.

Siendo niño, escuchaba a mi tía-abuela, cantar: “Al coger el trebolé, el trebolé…la Noche de San Juan”.

En mi pueblo natal  de Siétamo, colgaban en las cuadras Cardo Santo, con el fin de que las caballerías no se “atorzonasen”, es decir que no les entrase cólico 

Mi amigo de Colungo me dio un papel escrito en el que ponía:”Antes de la salida del sol, una chica de Colungo, se quería sanjuanar,Tenía que lavrse en siete fuentes, y se quedaría muy fina y muy hermosa. En el Término de Colungo hay muchas fuentes, pero con sólo correr por siete de ellas, hay que hacer un sacrificio.Todas esas fuentes manaban abundante agua,con las que regaban huertos.Una costumbre era verter la clara de un huevo enun vaso con agua la Noche de San Juan y a la mañana siguiente aparecía una figura que parecía representar un barco de vela.

Trabajaba la imaginación en esos momentos, pero no se aclara mi amigo de Colungo, de que efecto espiritual tenía esa imagen de un barco en un pueblo del somontano.

martes, 1 de agosto de 2017

El ciclo roto del amor,en un pueblo del Altoaragón




“Miruflí y Miruflá - se querían casar -  y querían vivir – a la orilla del mar”. Esto dice la canción, pero en ese pueblo que está encima de Huesca, Urbez y Amanda eran los que se querían casar y querían vivir en el Altoaragón. Confesores, asesores, consejeros familiares, alcahuetas y beatas, prejuicios y zarandajas no los dejaron casar.

El fin del mundo vendrá cuando los ciclos estelares, solares  y nucleares se interrumpan y el del hombre físico vendrá cuando se quiebre el ciclo de Krebs.

Para los dos enamorados llegó el fin, cuando quebraron el ciclo de su amor. El hombre vendió todos sus bienes, tomó los billetes y los quemó en el Bar, delante de las gentes del pueblo. El no se quemó, porque no era partidario de interrumpir los ciclos; a él se lo habían interrumpido y simplemente se fue a esperar, en un corral de su familia, se subió por una escalera de mano a un cañizo, clavado sobre unos maderos, cubierto por teja vana, con el horizonte abierto por delante a las diarias puestas del sol, que le producían cierta envidia, porque indefectiblemente, cada tarde el sol cumplía su ciclo y él tenía que esperar muchos ciclos, día tras día. Y, como sabía que él tenía cortado su ciclo esperaba y esperaba el fin del mismo.

En verano se asaba como una momia en el desierto y en invierno se helaba a trozos, que se iban desprendiendo de los pies y que él mismo ayudaba a que cayeran al corral, donde las gallinas acudían presurosas a picar, para después poner huevos, de los que saldrían pollitos que darían continuidad al mítico ciclo, del que la gente se sigue preguntando desde hace siglos, si fue primero la gallina o el huevo.

Algún familiar suyo le llevaba todos los días la comida y se la subía por la escalera de mano y se la alcanzaba al que estaba esperando su fin.

Amanda, la digna de ser amada, entre tanto tomando entre las piernas el mundillo,  hacía encaje de bolillos y con ese encaje, jugaba el gato y lo arrastraba por la escalera de la casa hasta la gatera del portal; por allí empezó a asomar la tira del encaje de bolillos y otros gatos lo arrastraron por las calles y caminos hasta que las picarazas lo enredaron en un zarzal de moras. Tenía la buena Amanda los ojos almendrados y de tanto lanzar palillos a los lados del mundillo y seguirlos con la vista, se le iban almendrando cada vez más, hasta que llegaron a parecer los ojos de una bordadora china.

En Febrero, cuando florecían los almendros, a Urbez le dejaban de caer trozos de su amor desde el cañizo y los dos miraban la flor, cuyo aroma les aproximaba el viento. Entonces se producía el milagro de unos ojos almendrados que parecían sonreír a la flor, que cumplía su ciclo y el prodigio de una momia que aspiraba el olor de un ciclo vegetal.

La espera, por unos días,  se convertía en esperanza.