viernes, 6 de diciembre de 2013

Veruela, Casbas, Ana María Abarca de Bolea y Gustavo Adolfo Bécquer





Desde la entrada  a la Plaza Mayor de Siétamo, en algunas ocasiones, en que la atmósfera lo permite, se divisa el  Moncayo.  La tía de Don Pedro Abarca de Bolea, nacida en el Castillo-Palacio de Siétamo en 1602, no sé si desde lo más alto del Torreón del Castillo, vería alguna vez el Moncayo, pero lo conocía muy bien,  porque ella, escritora en aragonés y en castellano, creó “La Vigilia y Octavario de San Juan Bautista”, en que describe una hermosa fiesta pastoril. Ana Francisca Abarca de Bolea, además de su condición de religiosa, formó parte de un grupo de sabios escritores, militares y poetas,  como su padre Martín, Marqués de Torres. Aunque entró en el Monasterio de Casbas a los tres años de edad, ella no se consagró con los votos religiosos, hasta los veintidós años;  todo ese tiempo lo dedicó a cultivar su cultura, estudiando latín, que las monjas, a pesar de cantarlo en los salmos, no lo entendían. Cultivó la música, la costura elegante y escribió en aragonés y en castellano, relatos de las vidas de santos, con cuya lectura entretenía a las novicias y monjas, que carecían de aparatos de radio y de televisión.  El gran escritor y Jesuita aragonés, Baltasar Gracián, el año de 1648, en su obra “Agudeza y arte de ingenio”, que fue uno de los componentes del grupo  de sabios de Lastanosa, escribió: “…la muy noble e ilustre señora doña Ana de Bolea, religiosa Bernarda en el Real Monasterio de Casbas, en Aragón, tía del Marqués de Torres, que compitió con nobleza y virtud y con su raro ingenio, heredado del insigne y erudito don Martín de Bolea, su padre, cuyas poesías han sido siempre aplaudidas y estimadas”. Ana Francisca estuvo muy unida a los miembros amigos de Lastanosa, ya que usaban la correspondencia y se hacían visitas los miembros, en sus estancias veraniegas en el Castillo- Palacio de Siétamo, a donde acudían los amigos y alguna vez se encontraban en visitas familiares a Huesca o a Zaragoza. Hay que tener en cuenta, que Ana no emitió los votos religiosos hasta más de los veinte años. Pero Ana Francisca Abarca de Bolea, tuvo que huir del Monasterio,  acompañada por sus hermanas las monjas,  a Zaragoza, el año de 1647, con motivo de la conquista por los franceses de Lérida y de Monzón, en la Guerra de Cataluña o Guerra dels  Segadors. Todas estas circunstancias influyeron para que la que llegó a ser Abadesa del Monasterio de Casbas, tuviese contactos con otros aragoneses. 
Y no sólo Ana Abarca tuco contactos con aragoneses,  sino con celebraciones,  como por ejemplo la del Corpus de Zaragoza,  de cuya procesión escribió una agradable poesía, en la lengua aragonesa. ¿Quién sabe si desde Zaragoza fue a visitar la ermita de San Juan en las laderas del Moncayo?.  El Moncayo con su ermita influyó en el ánimo de Ana y escribió “La vigilia y Octavario de San Juan Bautista”. Fue una obra de  seguimiento a  la Literatura Nacional, que en este siglo XVII, se escribieron  Novelas Pastoriles, pero ella,  religiosa, hizo de esta novela campesina y pastoril, un estímulo para cuidar los jardines, en los que se podrían representar, leer y pensar en la poesía, la santidad, la tragedia y los misterios de la Naturaleza. ¡Cómo conocía Ana esa ermita románica, localizada cerca de Añón del Moncayo. Se construyó en el siglo XIII, por la Orden de San Juan de Jerusalén y ahora está ya arruinada, sin ni siquiera tejado!. Y cómo con su obra parece ser que quiere igualar las clases sociales, porque en aquella romería de ocho días de duración en las laderas del Moncayo, trata el tema amoroso, que hace que al terminar dicha Romería, se casen nobles con muchachas pastoriles, como queriendo igualar a las clases sociales. Entraron en la fiesta, algunos parientes suyos, como Luis Abarca “capitán de corazas” y Don Juan de Castro, que el aquellos actos festivos, recitó unas décimas “que compuso un monja deuda suya”, que fue Ana Abarca de Bolea. En la Novela Pastoril,  se celebra una corrida de toros, que parece intentar demostrar que no debe existir diferencia entre los cortesanos y los pastores. Los primeros que eran caballeros toreaban los toros como rejoneadores y los pastores eran los toreros de a pie. En la organización de la Sociedad,  el dinero ejerce su papel. Ahora la categoría de un rejoneador no se distingue de la de un torero de a pié. “El dinero ha sido y es necesario, pues en aquellos tiempos se creaban amparos para los necesitados, pero no lograban que en ellos estuvieran sanos y bien alimentados, como ocurre ahora (en que habría que verlo) en que hay más abundancia de dinero y hay una inquietud social entre los ciudadanos”.

Ana Francisca buscaba el entendimiento entre los hombres, pues en un escrito suyo decía: “cómo se unían gustosos desde el opulento ganadero hasta el memos crecido repatán”. Ahora se llama a los poseedores del dinero, capitalistas y a los que carecen de él y trabajan, los llaman proletarios; antes llamaba a unos ricos y a los demás pobres. Cuando un pobre conseguía llevar unas abarcas nuevas, era un hombre feliz y cuando a  un rico le venía la mala suerte de que se apedreara su cosecha, ya no podía pagar y todo se lo embargaban.
El dinero en aquellos tiempos era escaso y en el mismo Monasterio de Casbas, pasaron períodos de pobreza. Esos fenómenos monetarios, aclaran la situación social, que Doña Ana Francisca Abarca de Bolea, pretende mejorar, haciendo que el hombre no sea cortesano o pastor, sino que todos sean hombres. No describe Ana todos los jardines, como los de Lastanosa ni de Abarca, pero describe el Jardín Artificial o Parque Natural  del Moncayo y el maravilloso Jardín de Guara, al Norte del Monasterio. Se miraban mutuamente el Monasterio y el pueblo de  San Román de Morrano, de donde es el hombre de más de noventa años Alfonso Buil, que sigue viviendo en este año de 2013 y su difunta hermana, que murió,  siendo Abadesa del Monasterio. Desde el Moncayo se divisa la Sierra de Guara y desde el Castillo-Palacio de Siétamo, se contempla el Moncayo.
Hemos visto la vida de Ana María Abarca de Bolea, debajo de Guara, desde el año 1602  hasta el año de su muerte en 1676,  pero debajo del Moncayo, en Tarazona y en Veruela, se extiende un enorme Jardín Natural y a él,  acudían otras personas sensibles como el poeta Gustavo Adolfo Becquer, desde los años de 1834, hasta el de 1870, del siglo XIX, acompañado de su hermano el pintor Valeriano. Igual que Ana Francisca admiraba con su pariente el Jardín del Moncayo, que buscaban Gustavo Adolfo Becquer con su hermano Valeriano, que  siempre han recordado la memoria de este Monasterio de Veruela, debajo del Moncayo, en cuyo Museo se guardan manuscritos de Gustavo Adolfo y cuadros de Valeriano.
Del Monasterio de Veruela fueron expulsados los Cirtercienses, por la Desamortización de Mendizabal. También eran cistercienses las monjas del Monasterio de Casbas, de las cuales llegó a ser Abadesa, la hermana del que todavía vive Alfonso Bruis, que nacieron en el pueblo de San Román de Morrano, que se ve desde el Monasterio y este se divisa desde San Román de Morrano. Hoy ya no hay monjas, como no hay monjes en Veruela, no expulsadas por la Ley de Mendizabal , sino por el paso del tiempo, que entre otras muchas ha hecho casi desaparecer la Ermita del Moncayo de San Juan Bautista. El Moncayo ha tenido una enorme atracción sobre los hermanos Becquer, aunque han desaparecido los Jesuitas, que ocuparon el Monasterio de Veruela, expulsados como de Casbas lo fueron las monjas, por el tiempo. Mi amigo de noventa años, Alfonso Bruis Aniés, aspiraba a estudiar en las laderas del Moncayo, porque el año de 1936, estaba en Huesca con los Jesuitas, con los que quería seguir su vocación. Unos Padres jesuitas querían llevárselo a Veruela, pero otros pensaban en la soledad de su padre, allá en Santa Cilia de Morrano, al pie de la Sierra de Guara. Alfonso Buil Aniés, pensaba en gozar del ambiente natural y espiritual de Veruela, con la maravillosa Iglesia del Monasterio,  donde yo estuve con los Veterinarios jubilados, para conocer una de las grandes obras de Aragón. Alfonso Buil aspiraba a  visitar las laderas del Moncayo, del que Gustavo Adolfo Becquer escribió en “El Gnomo”: “El Moncayo se impone majestuoso frente a mí. Me mira fijamente y sé que es consciente de su belleza. Se muestra imponente con su corona adornada de esa blancura y pureza que el cielo le ha regalado en forma de nieve”.    
Hay puntos en la geografía aragonesa, que se comunican y enlazan unas zonas de Aragón con otras  y con tierras vecinas, porque desde la cima de Guara se divisa el Moncayo, y desde el Moncayo, además de Guara,  pueden observarse tierras de Teruel, de Castilla y de Navarra. Yo,  desde Siétamo, he contemplado el Moncayo,  cuando las condiciones atmosféricas  lo han permitido y desde la Sierra de Torralba y de Tardienta, por el Este aparece el Moncayo y por el Norte impresionan los picos de los Altos Pirineos. Desde Navarra, cuando circulan desde Pamplona hacia el Sur, se contempla el Moncayo.
Pero no sólo se ven montañas y se contaban leyendas, como la del Cisne Negro y otras con protagonistas brujeriles, sino que ya llamó la atención en tiempos de los romanos En el siglo XVII, Ana Francisca Abarca de Bolea, además de Monja Cisterciense e hija del poeta aragonés Martín Abarca de Bolea y Castro, participó en varios certámenes poéticos, y comunicándose por escrito con grandes personalidades, de la vida intelectual altoaragonesa del siglo XVII. Perteneció al grupo de intelectuales que se reunía con Vicencio Juan de Lastanosa y con el padre Baltasar Gracián, que alabó en unos sus escritos a Ana Francisca de Bolea. Y Añón del Moncayo atrajo a esta Abadesa de Casbas a sus parajes, concretamente a la ermita de San Juan Bautista, próxima a una cueva excavada en la roca, a saber el “Ojo de San Juan”, de la salen aguas medicinales. Esta ermita se construyó a principios del siglo XIII  y ahora está en ruinas. No pudo menos que escribir su obra  “Vigilia y Octavario de San Juan Bautista”.
El Moncayo es un monte, con su zona de prados y de boques, que no sólo atrajo a los dioses y a los Cistercienses, sino que después llamó a  Doña Ana Francisca de Bolea,  por motivos religiosos y  literarios, después a Gustavo Adolfo Bécker y a su hermano Valeriano,  que era pintor.

 Luego llegaron los Jesuitas a pensar y contemplar el antiguo Monasterio de Veruela, que en la Guerra Civil, tuvieron que separarse del muchacho Alfonso Buil, que tuvo que acudir desde Huesca a San Román de Morrano, para proteger a su familia.
En 1864, acudió a Veruela en busca de un clima favorable para combatir su enfermedad tuberculosa y también por causas literarias  Gustavo Adolfo Bécker, acompañado por su hermano el pintor, cuya obra pictórica se puede contemplar en el Museo del antiguo Monasterio.
En 1864, el poeta romántico, sevillano Gustavo Adolfo Bécker y su hermano  el pintor Valeriano, eligieron el Moncayo para curar su salud y crear su obra artística. En Veruela,  Bécker escribió “Cartas desde mi celda” en tanto su hermano Valeriano pintaba escenas del Monasterio y de los paisajes que lo rodean. Al llegar los dos hermanos, el Monasterio estaba abandonado. Fue Ramiro II el que comenzó a construir el Monasterio en 1147. Bécker y su hermano se instalaron en una celdas, que  él creyó eran más antiguas. En sus escritos causa una gran impresión del Monasterio “con el viento que gime a lo largo de las desiertas  ruinas y el agua que lame los altos muros del monasterio o corre subterránea atravesando sus claustros sombríos y medrosos”. Impresiona las mentes al ver aquellos “arcos ojivales, sus torres puntiagudas y sus muros almenados e imponentes”. Impresiona leer lo  que escribió Becker, cuando se expresaba de esta forma: Al abrirse la puerta “una larga fila de olmos, entre los que se elevan algunos cipreses, deja ver el fondo de la Iglesia bizantina (románica), con su portada semicircular llena de extrañas esculturas”. En su descripción hace ver la iglesia adornada de gárgolas y de esculturas en piedra como si fueran encajes, que hacen pensar en pajes, cánticos y entierros. En 1868 Gustavo Adolfo se enteró de la traición amorosa de su esposa, y esa traición le llevó a escribir ochenta y seis Rimas, que se pueden interpretar como la historia de un amor fracasado. Entre sus rimas, se encuentra la siguiente: ”La gota de rocío que en el cáliz-duerme de la blanquísima azucena,- es el palacio de cristal en donde- vive el genio feliz de la pureza.- Él le da su misterio y poesía;-él su aroma balsámico le presta.-¡Ay de la flor, si  de la luz al beso-se evapora esa perla!.
Volvieron los jesuitas a venerar al Señor en el Monasterio y en aquellos años de 1936, impidieron que Alfonso Buil Aniés, entrara en el noviciado de Veruela. Estaba mi amigo preparándose en la Residencia de los Jesuitas, para entrar en el Noviciado de Veruela.

Y Alfonso soñaba con estudiar en esas poéticas laderas del Moncayo, de las que Gustavo Adolfo Bécker, escribió: El Moncayo se impone majestuoso frente a mí.  Me mira fijamente y sé que es consciente de su belleza. Se muestra imponente con su corona adornada de esa blancura y pureza que el cielo le ha regalado en forma de nieve”. “Pero, a Alfonso, no le parecía un paisaje extraño, porque era el mismo con el que convivía en la Sierra de Guara. Desde la Cumbre de Guara se divisa el Moncayo y desde el Moncayo, además de Guara, se pueden observar tierras de la provincia de Teruel, de Castilla y de Navarra. En Siétamo, frente a la Casa Grande, subiendo desde la Fuente a la Plaza Mayor, he observado muchas veces el Moncayo, que no se puede ver siempre, pero si con cierta frecuencia. Desde la Sierra de Torralba y de Tardienta, se contempla el Moncayo y por arriba los elevados picos del Alto Pirineo. Alfonso Buil Aniés no tardaría muchos años en acudir al monasterio de Veruela, para hacer el noviciado de la Compañía de Jesús, pero la política estorbó sus planes, que eran perseguidos por la República, como en otros tiempos, el Conde de Aranda obedeciendo órdenes de aquel Gobierno, los expulsó de España. Antes de llegar la Guerra Civil el año de 1936, “por las calles caminaban los Jesuitas, vestidos con ropas civiles y el Padre Torrens, iba acompañado por Alfonso Buil Aniés, para que si algo le pasaba, acudiera rápidamente a avisar. Entonces vivían en pisos, por haber sido echados de su Residencia de la Compañía, uno de ellos en la Calle  Dormer, número 12 y otro en la Calle de San Salvador, número 20. Salía el Padre  Torres de la Calle de Domer, después de haber celebrado la misa a las seis de la mañana, en una triste alcoba. Alfonso le ayudaba como buen monaguillo. Continuaban visitando las casetas y chabolas de los pobres, unas veces,  por la carretera de Apiés y otras por el Tozal de Las Mártires. Algunas veces pasaban por la Cárcel,  que se encontraba en la Plaza de Concepción Arenal, que en tiempos pasados fue Convento de los Carmelitas. Allí estuvo el tío de mi abuelo, el Diputado don Ignacio López de Zamora, que al ser desamortizados los religiosos, trabajó muchos años en la Ermita de San Cosme y de San Damián, al lado del Pantano de Vadiello. Al pasar por el viejo Hospital, el padre Torrens se santiguaba y lo mismo hacía a su paso por la Cárcel, repitiendo su signo cristiano en Las Mártires. Alfredo Buil Aniés, el que quería ir a Veruela del Moncayo a hacer el noviciado para ser Jesuita, le preguntaba al Padre, porque se santiguaba tantas veces y el padre Torrens le contestaba: en el Hospital hay hermanos nuestros, por los que debíamos pedir por su bienestar y que les diese buena muerte. En la Cárcel decía, que los internos eran hermanos nuestros, que habían tenido la poca suerte de recibir una mala educación y de sufrir frío y hambre, suerte que los había dirigido hacia la Cárcel.

Alfonso aprendió bien la práctica de la caridad con los seres humanos, y él tuvo la oportunidad, de hacerla en su propio pueblo, es decir en  Santa Cilia de Panzano.  Allí vivía su anciano padre y su buena madre y no podían cultivar la tierra y Alfonso con sus catorce años, trazaba con cuerdas, las partes de la finca que tenía que sembrar y a mano, las sembró. Ayudaron a muchos hijos de Casbas a huir a Francia, sacándolos al otro lado de la Sierra de Guara. Tuvieron suerte de que no los fusilaran, porque Alfonso tenía otros hermanos, que servían al Ejército en Barcelona. Dios los protegió pues su hermana, llegó ser Abadesa del Monasterio de Casbas, como Alfonso aspiró, acompañando a los Padres de la Compañía de Jesús de Huesca, a ser algún día Padre Jesuita.

El Moncayo con sus tierras que se divisan dese su altura, acogió a los vasco-ibéricos, a los romanos, a los Cirtencienses, a la Abadesa de Casbas con los que participaron en su novela pastoril “ Vigilia y Octavario de San Juan Bautista”, después al poeta Gustavo Adolfo Bécquer acompañado de su hermano el artista pintor,  Valeriano. Llegaron luego los jesuitas, con los que no pudo acompañarlos en el Noviciado de Veruela, Alfonso Buil Aniés, amigo mío. Pero con sus más de noventa años, viven en su memoria la fe, que muestran sus obras arquitectónicas, las esculturas y la devoción a la Virgen de Ana Francisca Abarca de Bolea, Abadesa del Monasterio de Casbas, donde ocupó el mismo cargo de Abadesa, su hermana. En Santa Cilia de Morrano nacieron su hermana la Abadesa y él quiso vivir en el Monasterio de Casbas.
Él se acuerda de todo lo expuesto en este artículo, que me ha transmitido a mi cerebro. ¡Gracias Alfonso Buil y Aniés, pariente mío y amigo!.         

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El bien y el mal, en la Catedral de Tudela





Esta mañana mi yerno me ha llevado a Tudela, más bien he aprovechado yo,  unido con mi esposa para acompañarlo a  él, unido con su también esposa,  porque después de vivir  en Pamplona durante veinticuatro años de matrimonio, han sentido los dos, un sentimiento de celebrar el aniversario, haciendo un viaje a esa ciudad el día de San Francisco Javier. Llevan mucho tiempo viviendo en Pamplona y han viajado por casi toda Navarra, pero después de tantos años no habían bajado desde Pamplona a visitar esa ciudad del Ebro, desde la que se observa el Moncayo. Yo había pasado por Tudela hacía muchos años, pero ya no me quedaba casi ningún recuerdo de una ciudad navarra tan histórica. Cuando bajando por la autopista observé ese Monte Sagrado, en el que se asientan el Monasterio aragonés de Veruela, y cerca de él, en la Ermita de San Juan, Ana María Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda, escribió un relato pastoril en 1640. En aquel Monasterio de Veruela, después de la Desamortización de Mendizabal, los Jesuitas lo conservaron con su sabiduría y sus oraciones y debajo, en Tarazona, que se encuentra a veintidós kilómetros de Tudela, se venera a la Virgen, que está en las laderas del Moncayo. Tanto en Tudela como en Tarazona se elevan una Catedral en cada una, y ambas resultan impresionantes, pues parece un terreno sacro desde tiempos primitivos y que continuó siéndolo durante el Imperio Romano. El  Moncayo se divisa en días claros desde Siétamo y en la carretera de Barbastro  a unos cinco kilómetros de Huesca se alza una  figura férrea de Alfonso el Batallador, Rey de Navarra y Aragón, que conquistó Tudela y al que enterraron en el Monasterio Navarro-Aragonés de Montearagón.  Hoy yace en San Pedro el Viejo de Huesca. Hoy con Santiago Adiego, hemos visto en la Catedral de Tudela una carta manuscrita por don Alfonso el Batallador, en que hace donación de la Mezquita,  que luego sería Catedral, a la ciudad de Tudela. En Tarazona estaba también una fortaleza árabe, llamada  la Alhama  a escasos kilómetros de la citada de Tudela.

Encima de  Navarra y de Huesca, se encuentra el Ducado de Aquitania, donde se encuentra el Bearn, con sus ciudades de  Pau y Oloron, y este Vizcondado tuvo siempre un interés especial por expulsar a los moros de Navarra y de Aragón. Y en el pueblo de Hecho, entonces  totalmente euskaldun,  nació Alfonso el Batallador, el año 1104, que llegó a participar con un éxito casi total,  en las luchas de la Reconquista, que le trajeron  la muerte. Unido con los Bearneses, tomaron el pueblo de Almudévar y asaltaron Zaragoza. En Almudévar se distinguió un bearnés, que fue premiado con el título de Bayle y le cambiaron su apellido por el de Almudévar. Con Alfonso el Batallador colaboraron los hijos del Bearn, de los cuales yace en el Pilar de Zaragoza el vizconde de Bearn, Gastón. Los navarros fueron los primeros que entraron en la ciudad de Zaragoza, levantándose en aquella zona el templo de San Miguel de los Navarros.

En 1126 hubo un acuerdo entre el Rey de Navarra y Aragón con Castilla. Así lo confirma en una Escritura de 1127, Alfonso el Batallador en un texto que se refiere a Tudela y confirmado por el obispo de Calahorra, el Señor de Logroño, el de Nájera y el de Alfaro.

Visitando la Catedral y su Museo, se ven escritos en árabe y mosaicos en capillas, que ponen de manifiesto, el gobierno de los moros, a los cuales,  una vez  desposeídos del poder, los dejaron vivir, labrando las tierras de Tudela. Alfonso el Batallador, hombre de un genio guerrero extraordinario, hizo campañas guerreras hasta penetrar en Andalucía y en 1126, regresó al Norte, acompañado de muchos mozárabes y con su botín. No sé si trajo algún mozárabe a Tudela, pero en Huesca, asentó varios de ellos en las orillas del río Isuela, alrededor de San Miguel. En 1134 intentó conquistar Fraga, donde fue herido y murió en Poleñino.

En el Testamento que hizo en Bayona y en Sariñena, dejaba el Reino de Navarra y Aragón a las Órdenes Militares del Temple,de San Juan de Jerusalén y del Santo Sepulcro. Aragón se quedó pasmado ante este Testamento y Navarra aprovechó esta circunstancia para restaurar su independencia, nombrando como Rey a Don García Ramírez. En Aragón eligieron a Ramiro el Monje, que tuvo que abandonar su vida religiosa en el Monasterio de Tomieres. Casó a su hija Petronila con el Conde de Cataluña y parece ser que entonces, cuando avisaron a los navarros,  estos no quisieron unirse a territorios tan alejados de Navarra. Ahora ya no está Pamplona alejada de Cataluña por los medios de circulación, pero los nacionalismos, crean opiniones egoístas, entre los pueblos. Tudela está limitando con Aragón con el Moncayo, con la ciudad de Tarazona a unos veinte kilómetros, con la provincia de Logroño y casi rozando con la provincia castellana de Soria, al otro lado del Moncayo.

Están casi juntas Navarra por medio de Tudela y Aragón por medio de Tarazona, pues sus festejos son parecidos, porque el Cipotegato es un paisano vestido de arlequín, que cuando el 28 de Agosto, que celebra la Fiesta de San Atilano, corre por las calles de su ciudad y sufre el lanzamiento de tomates, lanzados por sus paisanos. Parece que los hijos de Tarazona, quieran olvidar las luchas que durante siglos han soportado y las convierten en juergas agresivas, pero sin que hagan daño al Bufón, llamado Cipotegato. Sus fiestas además presentan espectáculos taurinos, pasa calles, bailes folclóricos y otras diversiones. Más arriba, se encuentra Tudela, donde en días de fiesta,  como la de San Francisco Javier, se ve pasar algún grupo de acordeonistas y otros con sus txistus vascongados y cantan en las calles y en los bares. En la Plaza de los Fueros, se exhiben en las fachadas de sus casas, los escudos de los pueblos navarros y en su cara del Mediodía, están pintadas con muy buen gusto, escenas de corridas de toros. En Tarazona hacen espectáculos taurinos,  pero en Tudela los consagran en fachadas de la Plaza de los Fueros. Pero en Tudela se canta la Jota navarra, que emociona los corazones y en dicha Plaza de los Fueros,  se encuentra un enorme Bar, al que llaman Bar de la Jota.

Hasta ahora he estado recordando la Historia pasada a lo largo de los  siglos por Tudela, representando a España, pero hoy, Fiesta de San Francisco Javier, he asistido con mi esposa Feli  y con mi hija Elena con su esposo Santiago a Misa, en  la Catedral, para dar gracias al Señor por haber dejado pasar a la pareja veinticuatro años de felicidad. Y el paso por una Catedral imponente y por su Museo, me ha impresionado. Hemos llegado a Tudela y mi yerno,  ha aparcado el coche en una plaza alta, pequeña, en la que se contemplaban casi todas las casas, viejas, con unos dibujos enormes en las paredes de los edificios derribados  o tal vez caídos. Representaban aquellas pinturas enormes seres humanos, con rostros cansados de la vida y que hacían que el corazón se entristeciera más y más. En una antiquísima casa, al menos así me parecía a mí, en unas ventanas de madera, estaban colgados unos ramos de pimientos picantes, puestos a secar, tal vez haga unos cincuenta años. Su color rojo se conservaba fuerte, pero, me hacían recordar aquellos viejos tiempos en que en los pueblos se colgaban esos ramos,  para hacer picante el sabor de las judías. Yo, no creía que esos pimientos de coral, estuviesen en uso y al verlos unidos a aquel triste ambiente, hacían picar el dolor de la vieja historia.  O algún antiguo hijo de Tudela querría tener presentes, aquellos tiempos pasados en que se cultivaban los huertos con amor. Lo que sí es cierto,  es que esos huertos se han convertido en enormes huertas, con sus naves de plástico transparente.

Así nos lo demostró Julio Urra, con su esposa Mari-Carmen, que nos regaló una bolsa de alcachofas, que tienen un agradable sabor y equilibran las funciones de la vida en los que de ellas, se alimentan. En esta ciudad se da el contraste entre lo viejo y lo nuevo, entre el bien y el mal, entre los pimientos viejos y las alcachofas tiernas y buenas. Pero pensando en aquellos que colgaron las guindillas en una vieja ventana, ¿no querrían exponer al público una bandera de Tudela, como productora de alimentos vegetales?.

Seguimos por calles y callejas la Catedral y al fin, llegamos a ella y al mirar las esculturas de su gran puerta de entrada, otra vez me encontré entre el bien y el mal, porque en una de sus mitades, estaban los ángeles acompañando, juntamente con pacíficos santos al Señor. En cambio en la otra mitad, aparecían innumerables diablos, con rostros feos y de criminales, que estaban haciendo sufrir a los pobres pecadores, entre los que yo, me encuentro. Uno de esos demonios, llevaba colgados de sus espaldas, a dos muchachos con los pies hacia arriba y sus cabezas colgando por sus piernas. El escultor que tal trabajo realizó, me hizo volver a pensar en la vida agradable y la mala vida. La primera acompañada por la virtud y la segunda por el pecado. Entonces me acordé de que en la Plaza de los Fueros, el día de Resurrección, ponían una Virgen de los Dolores y en lo más alto de la Plaza , bajaban un niño por medios mecánicos, vestido de Angel, que iba a ver a la Virgen para comunicarle que su Hijo había resucitado. Está la Plaza llena de gente que gozan de ver bajar al Niño para dirigir su mensaje a la Virgen Santísima. Estando allí reunidos casi todos los habitantes de Tudela, a todos les conserva sus virtudes, como no sólo se las ha conservado,  sino que se las ha aumentado a Julio Urra y a su esposa María del Carmen. Son vecinos de Tudela y ambos tienen un carácter equilibrado, pues sonríen constantemente y están todo el tiempo,  pendientes de sus prójimos. A nosotros nos acompañaron a al Museo de la Catedral,  pendientes como estaban de arreglar la caldera de su calefacción. Pero además de lo que he dicho, después  nos regalaron un bolso de alcachofas, que explican la antigua propaganda de los pimientos rojos, colgados cerca de la Catedral, en la Plaza dedicada a un judío, llamado Yehuda Ha-Leví, y me parece  que con el propósito de anunciar una verdura estupenda en Tudela. Así como en Tarazona lanzaban tomates sobre el Cipotegato, para corregirlo de sus pecados, en Tudela lo tienen previsto desde hace siglos, para que las virtudes,  entraran en su población por medio del Angel y la Virgen.  

  Entramos en la Catedral por su puerta principal, superando el escrúpulo que nos producía su parte izquierda, toda ella esculpida con demonios.

 Dentro de ella reinaba la Paz y uno se admiraba de la bondad de Santa Ana. Los cuatro turistas llegamos a participar en la celebración de la Misa y el sacerdote, nos explicó datos sobre la vida de San Francisco Javier, señalándonos con su mano,    un trozo de las Cadenas, que en la Batalla de Las Navas de Tolosa, protegían al Califa y las recuperó el Rey navarro, Sancho VII el Fuerte y éste rey le dio una parte a Tudela, porque había nacido él, cerca de esta ciudad. Luego nos hizo besar la reliquia de un trozo del hábito de San Francisco Javier. 

Por el interior del Museo pudimos ver gran cantidad de Cristos, Vírgenes, santos y santas. Pero la Historia nos hace ver que en otros tiempos han habitado en Tudela moros y judíos. Y allí pudimos ver piedras con escrituras árabes y un libro, escrito en el idioma de los judíos. En la casilla de entrada en el Museo se veían estrellas de David,  que ya no se conocen en España.

Al ver como la historia hace desaparecer la arquitectura de tiempos pasados, uno se pone, como he dicho antes, triste, pero al asistir a Misa, al ver a casi todos los asistentes a la misma, ya viejos y contemplar por los suelos tumbas de nuestros antepasados, daban ganas de llorar.

Al entrar por la puerta principal de la Catedral, ya se veía la razón por la que los humanos tenemos que llorar, porque como he escrito antes, en media puerta estaban los santos y los ángeles y en la otra los diablos y las calderas del infierno. El infierno con sus demonios me inyectaba tristeza, pero el cielo con sus santos y con sus ángeles, me hacía recobrar la Esperanza.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Los mariachis cantan: “Con dinero o sin dinero”





Cantan los mariachis: “Yo sé muy bien que estoy afuera-pero el día que me muera-sé que tendrás que llorar. Llorar y llorar. Llorar y llorar. Ya preveía, el autor mariachi de este rancho, que el día que se acabara el dinero, tendría la humanidad que llorar. Examinando los pasajes de esta rancho, se da uno cuenta de que el protagonista del mismo, es el dinero. Efectivamente, cuando dentro de la Historia, algún gobierno ha intentado suprimir el dinero, la sociedad las pasó negras y explotó, y tuvieron que volver a servirse de él. Aquellos gobernantes dijeron que no querían el dinero, pero todos los hombres pasaron a estar muy tristes, porque el dinero cantaba sus propias cualidades: ”con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley-no tengo trono ni reina,  pero sigo siendo el rey, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey”. ¡Qué inteligente es el dinero, que como nosotros sabe que tiene que rodar y rodar!. Y nosotros no hemos hecho otra cosa que verlo y hacerlo rodar, unas veces como los automóviles, en épocas de abundancia, pero otras como la actual, casi no rueda el dinero. “pero después,  le dijo un arriero (al dinero), que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”, como transmitiéndole ánimos, para que el dinero siguiera rodando, corriendo o circulando.   Y sigue cantando el mariachi: “Con dinero o sin dinero,  hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”. Ahora casi no queda dinero,  pero el dinero es el dinero, “que hace siempre lo que quiere, pues su palabra es la ley”. Sigue diciendo: “No tengo trono ni reina, pero sigo siendo el rey”. No queda ahora dinero, al menos para el pobre, pero él  se constituye en el trono y en el rey.” Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”. El dinero cuando abunda ayuda al hombre a hacer lo que quiere, y con poco dinero, no hace todo lo que quiere, porque ya no ayuda al hombre,  ya que  tiene que ayudarse a sí mismo. Sigue siendo el rey y su palabra es la ley. Acaba así el dinero su  canción: ”No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey”.

Sí, hay que darle la razón al dinero, porque él es el rey de nuestras vidas, que no son los gobernantes que dicen que van a arreglar las situaciones económicas. Pero que tales dirigentes de los Países, no son los reyes del dinero, sino sus esclavos, porque siempre crean situaciones de pobreza y de miseria y muchas veces haciendo que ruede el dinero a sus bolsillos, que no son esclavos, como los de sus ciudadanos. En lugar de ser los reyes del dinero son los corruptores de la sociedad y convierten el canto del dinero en su propia canción, cuando dicen: con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley. El dinero es poderoso, pero los gobernantes del mundo que lo gobiernan,  corrompen su persona, compuesta de cuerpo y de alma, para identificar el dinero con su propia persona. Así tratan de convertirse los dirigentes en seres corrompidos por  el dinero.

El pueblo no entiende esta falsa filosofía de los que tratan de edificarse con el dinero y el camarero del Bar al que voy a tomar un cortado, me dijo :”Estamos en un lugar, donde no puedes salir a la calle, sin dinero, ya que te cobrarán por aparcar en zona azul, te cobrarán las multas, te multarán si vas bebido y te multarán por manifestar tus ideas. Esta Sociedad no es la mía, no puede ser justa. Y no puede serlo porque saluda a los corruptos y llama ladrones a los santos”. Y acaba Antonio, declarando: “que ésta no es mi idea de un lugar, para poder vivir en armonía con los demás”.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Pilar Catevilla, nacida en Ola en 1921, vive la Guerra Civil





Tenía quince años,  cuando los, para unos republicanos y para otros los rojos, entraron en el pequeño pueblo de Ola. Lo primero que hicieron, fue coger prisionero a Fernando Catevilla Seral, a quien conocí y hablé con él en distintas ocasiones. Murió con una edad de más de noventa años y gozaba de la vida, al recordar lo mal que lo pasó durante la Guerra de 1936. Yo no sabía  cómo  pudo escapar primeramente  de la muerte y luego de la zona roja, para ir a parar al Escuela Normal de Huesca, donde los Voluntarios de Santiago instalaron el Cuartel, del que Fernando Catevilla Seral, me contó sus aventuras guerreras.  Pero el día, veintidós de Noviembre del año 2013, me contó su hermana Pilar, que tiene noventa y dos años de edad y que está acogida en las Hermanitas de los Pobres,  que a su hermano Fernando Catevilla Seral, lo metieron encerrado en una habitación de casa de Otal de Ola, con el propósito de matarlo, pero un conocido suyo, que por lo visto pertenecía a algún sindicato anarquista, visitaba aquellos triunfos guerrilleros, que habían ganado y al abrir la habitación del condenado a muerte, descubrió que el prisionero era un amigo suyo, al que le dijo: ¿aquí estás?, añadiéndole que hablaría con sus Jefes, para que no lo matasen. Ese no sé si era rojo o republicano, pero era un vecino de Ola, que se llamaba Pascual Lafragüeta, que le salvó la vida. Mi amigo Fernando Catevilla Seral, en cuanto se quedó libre, se escapó de Ola por donde pudo, evitando todos los encuentros con los que lo querían asesinar y llegó a Huesca, donde se apuntó en la Escuela Normal, a los voluntarios de Santiago, que él mismo, hace ya unos años antes de su muerte, me lo dijo. Sus dos hermanas, una la mayor, Rafaela  hermanastra de Pilar y de Fernado, ante el peligro de su vida, marcharon al próximo pueblo de Siétamo, que todavía no había caído en manos de los rojos. Allí fueron acogidas por la Guardia Civil,  en su Cuartel, que estaba situado en la actual Plaza , que se extiende por detrás del ayuntamiento y que limitaba con la noble Casa de Cavero.  

¡Qué Guerra tan cruel!, efectivamente fue cruel, porque se luchó en ella y se fusiló y se destruyeron las vidas de los que eran hermanos. Esto lo viví de cerca con toda  mi familia y mi amigo Silano Ferrando me hizo recordar las palabras de su primo José Ferrando, que jugando con los balines y restos de bombas, una de ellas, le explotó y lo dejó sin tres dedos de su mano derecha. Su primo Silano, una vez acabada la Guerra, nos explicaba a los otros niños, entre los cuales me encontraba yo, “que durante dicha Guerra, convivió con Carrillo y con la Pasionaria. Debieron pasar estos revolucionarios, alguna temporada en Siétamo,  tal vez para inspeccionar la  situación en el frente de esa Guerra, pues nos explicaba Silano,  cómo convivía con ellos, e incluso iba a bañarse con la Pasionaria al río Guatizalema. ¡Qué recuerdos tan contradictorios a orillas del río Guatizalema, entre “el Padre Jesús”, fusilado cerca de dichas orillas y los baños en Siétamo de la Pasionaria, en sus aguas”. En esa Guerra estaban los hombres buenos y los malos en ambos ejércitos, pues se encontró Fernando Catevilla Seral, con Pascual Lafragüeta,  que le salvó la vida. ¡Cómo se acuerda Pilar,  con sus noventa y tantos años de lo que le pasó a su hermano en Ola, escapándose a Huesca!, porque dice que, siendo nacida en Ola, tuvo que sufrir al entrar en su pueblo los rojos,  que quisieron matar a su hermano Fernando Catevilla  Seral. A ella,  Pilar y a su hermana Rafaela, las registraban y les quitaban las medallas de la Virgen y de los santos, que las protegían. Querían a esas medallas,  que les había traído a ellas, su hermano Fernando, cuando volvió de la “Mili”. Se encontraban tan mal,  que huyeron a Siétamo, que todavía no habían conquistado los rojos. Esas dos mujeres Pilar y Rafaela, tuvieron que pasar un Vía Crucis Doloroso,  hasta que acabó la Guerra Civil.

Al llegar a Siétamo Pilar y Rafaela, se refugiaron en el Cuartel de la Guardia Civil y el Teniente Soto las acogió, pero luego entraron los rojos el 17 de Septiembre de 1936  y se refugiaron con los defensores del pueblo y con miembros de varias familias en el Castillo del Conde de Aranda. Refugiadas en el Castillo-Palacio, escuchaban la maldita música de los proyectiles de la armas de fuego y a veces oían esos tiros,  acompañados por gritos de los que se empeñaban en conquistar el Castillo, que decían : ¡entregaros, que os perdonaremos vuestras vidas!. ¡Cómo se fijaba Pilar en los hechos terribles que continuamente se producían!, por ejemplo,  cuando iban los incendiarios, abrasando casa por casa. Y cómo coinciden los relatos de Pilar con lo que hizo la señora Concha Ferrando, que al ver llegara a los rojos con latas de gasolina para que- mar casa Almudévar, les dijo a los amigos del fuego: ¿pero no os dais cuenta de que si quemáis esta casa, no tendréis sitio para alojaros vosotros?.  Reflexionaron y no la quemaron, pero después en ella, durante un pequeño espacio de tiempo, abrió Durruti las oficinas de los anarquistas. Cuando los militares ya no tenían munición ni alimentos, el Jefe los llamó a todos y exclamó: “cada uno que se salve como pueda” y todos hombres,  mujeres y niños marcharon por acequias, arboledas, trincheras rodeadas de alambre de espino y buscando paso por todas partes y evitando ser vistos por el enemigo, llegaron al Estrecho Quinto. En este lugar no pudieron adelantar más y se quedaron en lo alto de la meseta, en su parte final, desde donde se observa el Monasterio de Montearagón, la Sierra, el Salto Rodán y toda la Hoya de Huesca. Como no podían moverse en ningún sentido, estuvieron allí, dice Pilar, ciento cincuenta días. Allí los acompañaban el médico Coarasa y el cura Marcelino Playán, entre otros. Allí comían lo que podían,  como maíz, que cogían por la noche, bajando a los huertos que se riegan con el río Flumen. Bajaban por aquellas cuestas chicos jóvenes, que estaban ágiles y escuchaban desde arriba:¡ chicos, tened cuidado que vais a morir!. No murieron a pesar de que sufrían por todas partes, pues hasta los piojos estuvieron a punto de comérselos.

La señora Concha Ferrando, que en Siétamo salvó casa Almudévar del fuego, fue elegida por los rojos para mandar a los nacionales una carta, para decirles que se rindieran. Caminó, desde Siétamo hasta el Estrecho Quinto,  con una bandera blanca y cuando llegó a su objetivo, ya no quiso volver a Siétamo. Hoy , Fernando Catevilla, hijo de Fernando Catevilla Seral, me ha acompañado a saludar a Pilar, con sus noventa y tantos años de vida y éste con gran facilidad de palabra y con una maravillosa memoria, me ha contado el Vía Crucis que pasó para la Guerra Civil , desde Ola, pasando por Siétamo y Estrecho Quinto, para llegar a Huesca.

Acabada la Guerra Civil, se casó con Agustín Malo Subías, en Alcalá del Obispo, criando ambos unos hijos trabajadores, amables  y buenos, como Fernando Malo Catevilla, que rige una granja de ganado porcino, en el Monte de Siétamo, al lado de la Vía que desde Lérida conduce a Santiago de Compostela. Me ha contado las conversaciones que ha tenido con los peregrinos y en su corazón siente la necesidad de peregrinar a Santiago de Compostela. Ojalá que el Señor le ayude a realizar esa peregrinación, con el mismo éxito que tuvo su madre haciendo el Via Crucis en la Guerra de 1936.     

Sender tuvo noticias de la Guerra en Siétamo, pues en otras ocasiones, había visitado el Castillo conversado con mi abuelo, que era amigo de su padre. Pero esas noticias eran falsas como la que comenta el mismo Sender, cuando escribe en su novela  “Monte Odina” : No sé lo que los cañones sacrílegos de Montearagón dejaron en pie en Siétamo. Si dejaron algo…Pero los dos amigos de Sender el alemán Gustavo Regier y el inglés Ralph Bates, “los dos me dijeron que Siétamo quedó totalmente destruido. ARRASADO”. Es verdad que Siétamo quedó arrasado, pero no es verdad que esos cañones  desde Montearagón bombardearan Siétamo.

Sender era sincero, pero cuando uno que de comunista y anarquista,  pasa a liberal y en lugar de huir a Rusia,  escapa a los Estados Unidos, es difícil conocer la verdad, como la conoció y  todavía  la conoce, la señora de más de noventa años Pilar Catevilla de Ola y de Alcalá del Obispo.  

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