miércoles, 18 de febrero de 2015

A JOSE ANTONIO LLANAS


Jose María Llanas Aguilaniedo

José María Llanas Aguilaniedo escribe en su libro publicado en Huesca por Leonardo Pérez, el año 1899.”Alma Contemporánea” y en el capítulo IV, hablando de los literatos regionales, lo siguiente: “Pereda en la Montaña (por más que este costumbrista tiene sobradamente demostrado que no sólo describe escenas montañesas”, Méndez Vellido en Granada los escritores gallegos, sevillanos y los valencianos en sus provincias respectivas, Basela en Zaragoza y Medina en la huerta de Murcia, sobre saturantes del ambiente de su tierra, nos hablan de él con entusiasmo y con la espontaneidad en la producción, que para sí quisieran los intelectuales del gran centro, en cuyas obras como es lógico, predomina lo artificial. La mayoría de los regionales revisten sus ideas con una forma muy castiza, cosa que nada tiene de extraño”.
Don José María era soltero y vivió sus últimos años en casa de Llanas, con su hermano Feliciano y sus sobrinos, entre los que se encontraba José Antonio Llanas Almudévar y esto nos explica por aquello de que “De raza le viene al galgo”, que de la misma forma que el galgo hereda la velocidad de sus antepasados, José Antonio tuvo algo que heredar de Don José María, que tal vez no se daba cuenta de que uno de esos sobrinos, sería un gran escritor regional o mas bien local, como ha demostrado con su programa radiofónico semanal y últimamente, casi cien años después de que don José María publicara su “Alma Contemporánea”. José Antonio ha editado por medio del IEA. ,”La pequeña historia de Huesca”. En ella saca a la luz todos los personajes de Huesca, a todas las personas protagonistas de su vida y costumbres, hablando de las escuelas, colegios, iglesias, procesiones, ferias, tabernas, ayuntamientos, etc.etc.  Escribía de las casas familiares, de las casas religiosas o de la iglesia y de la casa municipal, decir del Ayuntamiento, en cuyos escritos después de sacar a relucir todos los hechos y aventuras de sus moradores, hablaba hasta de los perros, como el sábado, día 5 de Julio, fecha en la que murió y trataba su programa radiofónico de una perra a la que le ponían una cesta en la boca con una nota de lo que querían sus amos e iba a comprar y de un perro que acudía a misa a San Lorenzo, donde en cierta ocasión al escuchar un sonido del que los hombres no nos damos cuenta, el pobre perro lanzó un aullido y escapó corriendo. En la página 95 de su libro “La pequeña historia de Huesca”, escribe: “Otro dato que fundamenta mi aserto es el hecho de existir en la nómina de las catedrales el oficio de azota perros, especie de portero que vestido de túnica  negra y unos azotes o palo en la mano, se dedicaba a expulsar del templo a cuantos canes pretendían entrar en él”.”Ahora los perros pueden asistir tranquilamente a los oficios de la catedral… y, a pesar de tener entrada franca y sin azotes, rarísimamente pisan la iglesia”.

El 18 de Mayo de 1973 escribía: ”Ya no puedo celebrar la fiesta de San Matías en la solemne misa mayor de la catedral, como hice hasta hace pocos años, pues esta misa se ha suprimido. Con ello me queda un poco más de tiempo para contemplar el sol de San Matías y rezarle usando el refrán de mi abuela “que decía: para San Matías sale el sol por las umbrías, calientan las aguas frías, tan largas son las noches como los días y cantan las totovías”; ”este refrán con poco trabajo se convierte en oración, para pedirle que siga haciendo llegar el sol a las umbrías”. A él le gustabas oír cantar a las totovías y dice que es bueno para el hombre oír de vez en cuando cantar a los pájaros”.

martes, 17 de febrero de 2015

Músicos y joteros del Altoaragón



Estando de tertulia con Sorribas, en su finca, al lado del Montearagón, llegó su cuñado Lorenzo Pardina para echar un cortado en su camino al pueblo de Adahuesca. Estábamos hablando de músicos y de joteros y al escucharnos, se despertó su memoria y comenzó a hablarnos de la vida musical, que vivió en su juventud y que ahora  lo llenaba de  encanto,  porque se acordaba de aquellos tiempos, que ya no volverían y tal vez porque dentro de sí mismo estaba escuchando los sonidos de su violín y su propia voz, cuando cantaba acompañado por la orquesta. Animado por esos recuerdos se puso a hablar de los Ciegos de Laborda, que se encuentra encima de Aisa. En tal pueblo funcionaba una excelente Orquesta de Ciegos, a los que Lorenzo Pardina conocía, ya que en numerosas ocasiones les hacía la competencia con su violín Stradivarius, que todavía conserva, y con su voz. Reconoció entonces que aquellos ciegos eran mejores músicos que los que formaban orquesta consigo  mismo. Reconoció que por ser ciegos tenían un oído  de gran sensibilidad, que tal vez compensaba la pérdida de su vista, con una agudización de su oído musical. Le pregunté a Lorenzo cuales eran las canciones que en aquellos viejos tiempos cantaba y él me contestó que en Barbastro, había interpretado a los ciegos de Laborda aquella canción que decía  así: ”La hija de Don Juan Alba-dicen que quiere  meterse   monja- y su novio no la deja y ella dice, que no importa”. Ante aquella memoria de los Ciegos de Laborda, no pude menos que recordarles a los Ciegos de Siétamo. Así llamaban “a dos mozos sietamenses, de los cuales el mayor se llamaba Eduardo Burgasé Artero y era ciego; tañía las cuerdas de la guitarra, en tanto su hermano Pedro Antonio veía, aunque con gafas y con su pelo  rubio y tocaba el violín. El padre de los ciegos era de Casbas, donde un año en que allí subieron a segar, se encontró con un ciego que era Maestro de Música, llamado Manuel Colomina. El hombre se dio cuenta de que si sus hijos aprendían a tocar, se ganarían la vida y si iban juntos los dos hermanos, se defenderían para  ganársela mejor. Comenzaron a actuar por los años de mil novecientos veinte. Antonio se casó con Teresa Cuello, hermana del Maestro de Música Eduardo Cuello, que fue muchos años profesor  de Música y murió en Casa de Carderera. Unas veces cantaban canciones para divertir a la gente, como: ”carrascal,  carrascal, qué bonita serenata, carrascal, carrascal ya me estás dando la lata”, pero otras cantaban canciones sentimentales, como aquella que decía: ”Ay, Maricrú, Maricrú, maravilla de mujer, del barrio de Santa Cruz tú eres un rojo clavel y por jurarte yo eso,  me diste en la boca un beso, que aún me quema, Maricrú”. Sorribas, se acordó de lo que le contaba su padre,  allá en Ibieca, en los años veinte y se expresó así: Guitarrillo de Siétamo le vendió una carga de leña al Maestro de Fañanás y como nunca le pagaba, bajó una noche y le cantó esta jota:”Señor Maestro de niños-del pueblo de Fañanás-aquella carga de leña-¿cuándo me la pagará?”. Sorribas me emocionó porque la letra de esta jota, la expresó cantando, con un noble sentimiento aragonés,  pues convirtió la música en oración y como estaba  rezando, le salía la jota  del corazón.  

sábado, 14 de febrero de 2015

A Miguel, el andaluz




Miguel se llama un amigo, nacido en Andalucía y que ama con grandeza a esta tierra de Aragón. Vino al mundo en Alaurín, por las Sierras de Málaga, donde brotan frescas aguas, que refrescan los frutales. Pero la Sierra de Mijas, se encuentra al Norte del pueblo, y le protege del aire, que sopla airoso, despeinando a los vecinos y vecinas, de sus oscuros y negros cabellos, que adornan sus figuras, con gran elegancia.  Se hace una vida agradable en la serena ladera, plantada de verdes pinos y de frutales variados, como aguacates y mangos, higos chumbos, naranjales  y de dulces mandarinas. 
Es verde la vida y oscura la muerte y en tanto que mi amigo Miguel, vivió  en Alaurín,  su salud y vida, le reverdecían  el cuerpo. Pero tuvo que marchar al pueblo de Sietamo, debajo de Sierra Guara, para vivir con su hermana, su cuñado y su sobrino. Allí trabajó contento, incluso en un molino de aceite, allá arriba en Los Molinos de Sipán, que producen el aceite, como el que  cogen  en los olivos  y toman los Alaurinos,  en su tierra del aceite, allá abajo, en la provincia andaluza de Málaga. Era feliz,  con ese alimento del cuerpo, medicina interna de la salud del hombre y superficialmente,  suavizaba las heridas.
Pero hoy, meses después, me he encontrado con Miguel, que como andaluz, parece que le ilumina la alegría de algún ángel de los cielos, porque tiene la sonrisa y el amor de los que vuelan por el cielo, alrededor del Señor.
Pero le he visto en el cuello, unas  grapas,  que cosían una herida, que los médicos abrieron, al operarle el tiroides, que él llama “el árbol de los manzanos”. Ya he dicho que su lenguaje  angelical, se deriva de esos ángeles del cielo,  porque,  ¿de dónde saca Miguel, que el tiroides es como un árbol, con muchas venas internas , que  riegan  zonas del cuerpo, y así como en Alaurín,  el río que  se desborda en años de lluvias abundantes ,en su cuerpo se desborda el árbol de los manzanos, cuando el Señor quiere, porque El entrega la vida y la muerte, la salud y la enfermedad.
Pero Miguel tiene un cuerpo andaluz, con un espíritu angelical y el Señor ayudará a los doctores, a qué le curen el árbol de la muerte, que estaba en el Paraíso y que produjo en los hombres,  descendientes de Adán y de Eva, la enfermedad y la muerte. Pero la alegría de Miguel y la ciencia de los doctores,  alargará,  hasta cien años su salud  y su alegría.

lunes, 9 de febrero de 2015

¿España es una nación o un imperio?



El año 1941,cuando escasamente se tenía presente la “fabla“ aragonesa, mi padre, Manuel Almudévar Casaus, escribió para las Navidades un cuento en dicha “fabla”, en el que entre otras muchas cosas  decía: “Trayeban figos de Fraga,-orejones d’Estadilla- y pansas d’ixas qu’escaldan- en Lascellas y Velillas,- vinos de Castilsabás.- y corderetes d’Albero,-billotas de Banastas- y conejetes de Pebredo”. Pasaron muchos años hasta que se generalizó la inquietud por la fabla aragonesa. Pero mi padre, ya sentía el amor al Alto Aragón, porque escribió lo siguiente: ”Quiero esta noche…hacer mi cuento de Navidad, valiéndome del lenguaje, que todavía se habla en nuestros  pueblos, induciéndoos en el conocimiento del lenguaje y modo de ser del país que os vio nacer”. ¡Cómo amaba su “fabla”, mi padre¡, igual que muchas personas veneran sus dos lenguas, que los hacen bilingües.  Pero desde hace poco tiempo hay gentes que parecen odiar la  lengua española o castellana, porque querrían hacerla desaparecer. Mi padre fue un hombre, que recordaba a Joaquín Costa, que nació el 14 de   Septiembre de 1846 y que hablaba y amaba la lengua ribagorzana. Costa amaba su tierra altoaragonesa, pero su ideal era formar parte de una gran Europa, pues defendió la europeización de España por medio de la escuela, la despensa y la higiene. Cuando después de muchos años se llegó a la entrada de España en Europa, aumentaron las presiones para convertirla en una colección de naciones. Un presidente de una de las Autonomías, dijo en enero del año 2009, que “las autonomías han perdido el sentido de Estado”. En algunas provincias se niega el derecho de elegir castellano, para educar a los niños y en otra del Oeste se impide a una niña que utilice el  castellano en clase. Hay que repasar la Historia, acordándonos del fracaso en la construcción de la torre de Babel, al introducirse  entre sus constructores una serie de lenguas distintas. Costa en su obra Los Reyes Católicos, pone:”Dos cosas habían hecho bancarrota en Castilla, la Hacienda y la Nación. Exactamente lo mismo que en la España de nuestros días”.
Murió Costa el 17 de Febrero de 1911, fecha ya muy próxima al centenario de su muerte. Estamos en Europa, donde tal vez la lengua oficial sea el inglés.
Rubén Darío nos escribe:”A vosotros mi lengua no debe ser extraña.-Soy un hijo de América, soy un nieto de España”. España formó un Imperio, al que el conde de Aranda soñaba dar la independencia, para permanecer unidos por la lengua española. Rubén Darío, allá por los años de 1911 exclamaba: “La América española, como la España entera, fija está en el oriente de su fatal destino… ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?-¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?”.

Pero el Quijote ha intervenido en esta cuestión y Costa en 1883, dijo que “El Quijote español hace que la Tierra sea algo más que un mercado donde se compra y se vende”.En la Antología de Literatura  Latina, publicada en California, en la ciudad de Santa Barbara,  en el  número 25 del año 2008, escribe Gerardo Piña-Rosales, un artículo, en que el protagonista estaba sumido en la lectura y relectura de la Historia del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.”Si le asaltaba alguna duda, acudía al Quijote, si tenía que tomar alguna decisión, acudía al Quijote”…”Todos los hombres son iguales, buen amigo. El racismo es una de las plagas de este país…los que hablamos la lengua de Cervantes, no somos nunca extranjeros en estos predios del Tío Sam, porque cuando los anglos llegaron, ya nosotros habíamos fundado ciudades y pueblos por todas estas tierras”. Conseguidos numerosos éxitos públicos, “sólo quiero, una recompensa”,  le dijo don Quijote al señor alcalde: que a mi amigo Sancho, aquí presente, se le otorgue la oportunidad de ser alcalde de Nueva York”. ”¡Sancho alcalde!”,  se oyó gritar. No sé si  escucharía estos gritos Rubén Darío, que temía que al español se lo comieran los anglo –americanos. En la Península, ¿conocerán todos nuestros nietos el idioma de Cervantes?.  

sábado, 7 de febrero de 2015

Apicultores de Abiego: hermanos Lacambra Bescós



Conozco a Vicente Lacambra, desde hace cerca de cincuenta años, cuando yo trabajaba de Veterinario en el Coso Bajo, frente a la Iglesia de Santo Domingo y él, con su hermano, tenía una Ebanistería, que limitaba por el Norte con los almacenes Escartín. Fueron ambos hermanos los que  inauguraron en la Zona Industrial, una moderna Ebanistería. Después de tantos años, he vuelto a conocer a Vicente, por medio  del hijo del pueblo de Arbaniés, Miguel Ciria. ¡Cuántos años han pasado, desde que estábamos trabajando en dos edificios vecinos  el uno del otro!.  Nos pusimos a dialogar sobre las actividades preferidas en su vida, a saber la ebanistería y la apicultura. A mí me dio la impresión de que había sido un hombre feliz en su vida, buscando el arte en la madera y la felicidad que produce al hombre el trato con las abejas, unos insectos más antiguos que la existencia del hombre. Estos insectos que  han puesto trabajar, siendo  útiles a su especie apícola, a los árboles, a las frutas, a las flores  y a toda la humanidad. Su hermano y él, gozaban en su taller, creando el arte en la madera, imitando a las abejas que con su elaboración de la miel, hacen feliz a la humanidad. La vida moderna amenaza la existencia de las abejas en su labor de fecundar plantas en la naturaleza. Son más antiguas en el mundo que la humanidad, pero en estos tiempos modernos, en que se emplean tantos productos químicos, podrían desaparecer en cuatro años, todas las colmenas del Mundo, con lo cual dejarían a los hombres pasando hambre.
Pero Vicente y su hermano, han vivido de la búsqueda del arte en la madera y gozando de la vida de los hombres, cuidando sus colmenas. 
Yo tuve la suerte de que al acabar la conversación, me llevara a su nave industrial. Me entró, por un lado, una gran tristeza, al ver parada su actividad ebanista, porque estaban esperando sacar todas las máquinas y maderas nobles, para arrendar sus locales. Me llamó la atención una puerta tallada por su hermano, que en su parte superior, representaba un conjunto de almendros y en la  inferior, olivos, vides y una abeja, que indica que de las mentes de los Lacambra, surge  una comunión entre el hombre y los misteriosos  creadores de la miel, a saber insectos,  como la abeja. Estaba reflejada en una puerta, recientemente  tallada, su labor soñadora de la apicultura, porque   ante la visión de una nave, que estaba en proceso de cierre, con obras como la puerta enamorada de la Naturaleza, en la que se unían los vegetales con las abejas para fecundar sus flores y dar frutos, recordé que aquellos hombres, a saber Vicente y su hermano, no podían estar tristes, porque, llegaba para ellos una segunda fase en su vida, en la que siempre, habían soñado. Si, habían soñado en las abejas y en las plantas, y las  habían representado tallándolas  en la madera. Con esa actividad   de ebanistas, hacían comulgar el arte con la vida de sus abejas, que con su trabajo, estaban recreando la miel, la cera,  y con su fertilización de las flores, eran artistas.  En esa puerta tallada por Lacambra, se unían los sentimientos humanos de Vicente y de su hermano, con la naturaleza de los árboles y las plantas, polinizadas por las abejas.
Van a cerrar la nave industrial del Polígono de Huesca, pero en ella, ya han tallado esa artística puerta,  que la van a colocar en su casa infanzona de Abiego, donde nacieron, para entrar en esta fase apícola de su vida, que nunca han abandonado, pero que ahora, su amor al trabajo, a la Naturaleza, al color azul del espliego en la próxima Sierra de Guara y el verde con sus flores del romero, les hace soñar, les impulsa a convivir con el mundo de las abejas. Las abejas no son nuevas en su vida, sino que siempre las han atendido y quieren cuidarlas mejor, dedicándose totalmente a ellas. Tienen unas cuatrocientas colmenas, distribuidas por el monte de Abiego, en las  orillas del río. ¡Qué monte tan variado rodea al pueblo de Abiego!.
 Si miras hacia arriba, se ve Bierge y se adivinan los misterios de la Sierra de Guara, con la rusticidad del Barranco de Mascún. Mi antepasado José Almudévar se casó en Siétamo con una Azara, a saber Francisca y  nacido en Barluenga, formó en unión de los Azara y los Almudéva la Casa de Almudévar- Azara. Al  morir el Conde de Aranda, el Duque que heredó su patrimonio, le arrendó los pastos de Rodellar y allí subía a apacentar  el  rebaño. En ocasiones iba a Sieso y a Casbas, donde todavía vivían sus antepasados los Almudévar. Vendió ovejas por esos pueblos, en los que quedaban los apellidos Almudévar. Como en Abiego, donde debajo de la Iglesia Parroquial, al otro lado de la calle, se ve el nombre de una Almudévar, picado  en las sillerías de una casa. 


SE HIZO EL AÑO 1730 POR ORDEN DE DON JOSE PAUL Y ABIEGO Y ALMUDEVARY DOÑA JOSEFA PUYUELO FERNANDEZ DE HEREDIA.
Al ver el comportamiento de mi antepasado José Almudévar y Altabás, nacido en Barluenga y casado con una Azara de Siétamo, se da uno cuenta,  de que en esta zona geográfica de Adahuesca, Bierge y Abiego con su vecino pueblo de Azara, de donde vinieron los Azara de Siétamo y de Barbuñales, era un Somontano de Guara. A parte de las pinturas históricas, que se dan en esa Sierra, en la Historia, proliferan los hombres sabios,  como Don Pedro Blecua y Paul (1746-1829), pariente sin duda de Don José Paul y Abiego y Almudévar, que figura en la lápida, que se encuentra frente a la Iglesia Parroquial y colocada en el año de 1730. Fue un notable Geógrafo y Académico de la Real Española de la Historia y que también escribió la “Descripción topográfica de Huesca y su Camino” en 1794.
El señor Don José Porta Conte, un hombre de una gran inteligencia, unida a una humildad y generosidad,en aquel medio sublime, en que se abraza la sierra de Guara con los ríos Formiga y Alcandre y  que fue alcalde de Abiego, ya pensó en regar su monte, “pues como decía “siña” María Mora, una anciana de Siétamo, que murió casi centenaria, que San Joaquín de Abiego estaba muy bien “adotau”, pues los que fabricaron su imagen, gastaron no sé cuantos cahices de yeso en modelarlo. Un cahiz tiene ocho fanegas, una fanega tres cuartales y un cuartal cuatro almudes. Calculen cuantos almudes de yeso entraron en la imagen de San Joaquín. Esto me hace recordar que de la misma forma que el santo está bien dotado de yeso, el señor Porta, está muy bien dotado de fósforo en su cerebro, de donde salen las ideas a cahices y yo me veo obligado a declarar que si no riegan en Abiego, no es por sus vecinos. Y si ahora, en que se habla tanto de riegos, yo pienso: si con una simple tubería sube el agua a las casas de Adiego, ¿por qué no ha de llegar el día en que el agua, a través de canales, llegue a regar vuestros campos?”. Además se podrían regar otras zonas del Somontano, porque de la misma forma que donde antes se levantaba una pequeña ermita, hoy se yergue un soberbio edificio de sillería a San Joaquín. Y allí sigue el magnífico pueblo de Abiego, que por medio de Porta ha luchado por obtener el agua virgen del Alcanadre. Con su iglesia parroquial en la parte alta, en otros tiempos mezquita, siendo un maravilloso acceso a Alquézar, pensando en utilizar las aguas del Alcanadre para regar el Somontano oscense y su Tierra Baja, es todo él, una reclamación de Aragón de los adelantos que conviertan esta tierra abandonada, en un País, comunicado con Francia. Nos recuerdan esta parroquia, ese monasterio de San Joaquín, ese río profundo, rico en aguas, que España tiene olvidado a Aragón, porque lo han dejado separado de Europa, con la que ya Carlomagno intentó unirnos. Pero España ha fomentado los separatismos de  Vascongadas por Irún y Cataluña por Gerona, olvidándose de una tierra como Aragón, que ha dejado a Zaragoza, capital de Aragón, lejos de Canfranc.  Zaragoza puede llegar a ser el centro geográfico, para unir a España con Europa, como Abiego es la puerta de entrada por Alquézar, Sieso, Casbas, Bierge en la Sierra de Guara, ofreciéndonos,  al mismo tiempo aguas abundantes, para el desarrollo de Aragón. Hemos visto como limita Abiego con la Sierra por el Norte, con el Monasterio de San Joaquín por el Sur y por el Este, acoge al Somontano de Barbastro y por el Oeste al de Huesca.
Monasterio San Joaquin Abiego (Huesca)

¡Qué nombre ibero ilergete tiene Abiego, que no procede del árabe, sino de aquellos antiquísimos siglos ibéricos!.  Tiene Abiego, palabra ibérica, el nombre de la “profundidad del río Alcanadre”, que tomó el pueblo para recordar a ese pueblo, que con su existir callado, representa el desarrollo de nuestra tierra.  El pariente señor don José Porta, de Vicente Lacambra,  es un poseedor de la belleza, porque de su mente nació la bella imagen del edificio del Ayuntamiento de Abiego,de donde fue alcalde desde 1979 hasta el año de 1991, y de ella surgió también la fórmula para subir de la “profundidad” del río Alcandre, el agua que estaba esperando una gran extensión de Aragón. ¡Qué grandes obras se han realizado en su taller artístico de Abiego, para adornar los aleros de hermosos edificios!.
Yo conocí al artista, “ingeniero de obras para el pueblo” y varón siempre sonriente, que me llevó en cierta fiesta a pronunciar mis palabras en la plaza Mayor de Abiego. Tenía un carácter bondadoso y unido a su esposa, que era la amabilidad personificada, me hicieron feliz en Abiego. Era un hombre generoso, pues tuvo la oportunidad de heredar un buen patrimonio en Ibieca, pero el que ha sido feliz en Abiego, hizo que lo heredara mi tía Francheta Almudévar, nacida en Barluenga y casada en Castejón de Arbaniés, sin participar ni  un céntimo, en esta operación.
Va pasando el tiempo y su querida esposa, se marchó de este mundo, donde José Porta Conde, luchó por un mundo feliz en Abiego y en todo Aragón y ahora desde allá arriba, quizá haga recordar a los políticos, la necesidad de fomentar el desarrollo, que soñó su esposo en  aquel pueblo real y simbólico de Abiego.  
Abiego (Huesca).

Es Abiego, como ya he dicho, la puerta en el Sierra de Guara y alrededor de ella, se encuentran los ríos Vero, que pasa por Alquézar, el Isuala,  que discurre por Bierge, el Calcón y el Formiga, que llega a las proximidades de Abiego. Además de los numerosos monumentos próximos, pues hay que recordad que Abiego es la Puerta del Parque Nartural de la Sierra y los Cañones de Guara, en su entorno se encuentran los yacimientos de icnitas, de huellas fósiles de treinta y tres millones de años, como el yacimiento de la Fondata. En él, se pueden ver huellas marcadas hace ya muchísimos siglos, por Anoplotherium, con pequeños  dos pequeños dedos.   Bajando  al río Alcanadre, se queda uno impresionado al ver el puente romano y el medieval, con un arco ojival.
¡Dios mío, qué historia tan vieja ha pasado por Abiego, pero que no hay quien la destruya, porque los hermanos Lacambra, no pueden pasar viviendo ausentes de su monte!. Hemos visto como proliferaban animales prehistóricos por esos lares, pero entre otros se encontraban las abejas, insectos, que vinieron al mundo antes que los hombres. Si ahora desapareciera la humanidad moriríamos los hombres de hambre y ellos lo intuyen, porque aunque no han ganado dinero con la miel que producían, encuentran a estos insectos necesarios en la vida y quieren llenar el monte de Abiego de abejas, que recuerden tiempos pasados y den  tiempos futuros a la humanidad.
 En el pasado ya se luchaba por el consumo de miel, pues en 1776 el matrimonio de Mateo Escabosa Azara y se su esposa Rosa Sipán, levantaron un juicio contra José Almudévar y María Francisca Escabosa Sipán, que se acabó con la entrega por “su madre María  Azara, nuestra madre y señora…los doce Basos  de Abejas o Colmenas, que por la misma Escritura de Dotación me mandó y señaló”.
Hasta mi familia han llegado líos con la miel de sus abejas y ahora serán los hermanos Lacambra los que tendrán que seguir luchando con sus numerosas colmenas, porque quieren hacerlas trabajar incansablemente y evitar que la humanidad se quede sin el beneficio que las abejas producen en las plantas con la fertilización.
Pero todavía no ha terminado la lucha de los hombres por su permanencia en este mundo, porque éste, sin la polinización de las plantas, acarreará el hambre a toda la humanidad y ésta puede llegar a desaparecer en cuatro años. La contribución de las abejas en la fecundación del mundo vegetal, es admirable,  pues su trabajo con la aportación de polen de unas plantas a otras, asegura la permanencia de numerosas especies vegetales. Entre ellas se encuentran los arboles frutales, la alfalfa,  el trébol, las cucurbitáceas como los melones, etc., y otras muchas,  incluida la vid.

En el mundo hace falta el agua y las frutas y Abiego con el río Alcanadre, siguiendo las ideas de Costa, puede regar toda la provincia de Huesca y sus hijos, entre los que se encuentran  los hermanos Lacambra, liberar a las abejas de la muerte. 

martes, 3 de febrero de 2015

Un ebanista oscense

Espliego

Romero


Vicente Lacambra, ebanista oscense, al que conocí, cuando él tenía su taller  detrás de Casa Escartín y yo trabajaba de Veterinario en dicha casa. Esta se abría al Coso Bajo y la ebanistería lo hacía hacia el Colegio de Santa Rosa. Después de pasados muchos años de trabajar al lado de Santa Rosa, cerca de la Iglesia de Santo Domingo, me lo presentó mi amigo de Arbaniés Miguel Ciria. En poco rato me di cuenta de que era un hombre polifacético,  con amplios conocimientos de la vida. El taller del ebanista y el comercio de Escartín, tenían el solar sobre el antiguo Teatro Romano, en cuyo interior se hallan columnas y obras arquitectónicas, que parecía inevitable que no enviaran ideas culturales hacia la mente de  Vicente Lacambra.  Yo no sé si tal Vicente tendría el conocimiento de que se encontraba sobre un Teatro Romano, pero sin embargo, algunas ideas sobre la civilización antigua le transmitirían aquellas ruinas. Era un hombre,  que además de poseer ideas polifacéticas de la tierra en que vivía, estaba dotado de una musculatura muy desarrollada, que parecía más apropiada para hacer flexible el hierro,  que para cortar la madera, con la que fabricaba los muebles 
Vio Vicente Lacambra  la luz de este mundo, en el pueblo de Abiego, a orillas del río Alcanadre, debajo de la Sierra de Guara, en la que se aproximaban los habitantes de Abiego  a  Bierge, para subir al Barranco de Mascún. Pero para conocer esa Sierra de Guara, no hacía falta que subieran los de Abiego  a ella, sino que les bastaba mirarla para gozar de su belleza. Si, por que Guara era una Sierra Subpirenáica, asomada a la Tierra Baja,  a la que soltaba por medio del río Alcanadre, sus sobrantes aguas. Pero no eran sólo las aguas las que derramaba aquella Sierra, en la que permanecen pinturas prehistóricas, como por ejemplo un hermoso ciervo. Pero no hace falta subir a la Sierra a la altura de San Román de Morrano, para ver una parte del monte de un color azulado, que le proporcionaban los romeros serranos, visión que ya no tiene lugar, porque aquellos montes han quedado muy “bastos, por un cruel abandono de los mismos”. Están abandonados, porque este verano del año  dos mil catorce, subiendo por Casbas y Labata  a la Sierra de Guara, llegamos a San Román de Morrano con mi sobrino Pablo y los amigos de Siétamo, Ballarín y Borruel. Si, subimos al pueblo de San Román D’o Tozal o del Tozal, a ver al señor Aniés, último habitante de ese pueblo, en el que por arriba se vivía en la Cueva de Chaves y por abajo, se oteaba el Monasterio de Casbas. Se observaba el Monasterio, en que fue Abadesa, Ana María Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda de Siétamo, y también, hace menos años, la hermana de don Alfonso Buil. Desde allá arriba, en la ladera de la Sierra, se sentía una atracción espiritual con el Monasterio, aunque la bajada desde San Román a Casbas, es casi imposible para los automóviles. Ahora están, tanto el Monasterio como el pueblo de San Román, con vida perdida, hecho pasivo que se conoce ,entre otras muchas cosas , por la pérdida del color azul de las plantas de romero, que daban alegría a Abiego y a San Román. Desde Casbas y desde Abiego, se contemplaba el color azul, que exhibía su belleza y a la larga daba la producción de romero. Con aquel olor penetrante del romero, se fabricaba el jabón y el perfume. Vicente Lacambra Bescós, impresionado por el aroma del romero, también recordaba con su corazón ( ¡qué difícil es que el corazón recuerde el pasado!), pero él casi lloraba, con su fuerte figura montañesa, al acordarse del espliego o del aragonés “espigol”, que proliferaba en unas setenta hectáreas del monte común de Abiego. Esta conversación con Vicente Lacambra Bescós, me ha hecho recordar, cuando hace ya unos cincuenta años, estuve de veterinario en Bolea, a un amigo, que en el monte estaba cosechando  espliego. Con su esencia fabricaban jabón y perfumes de Lavanda, en el monte echaban leña para evaporar las primeras calderadas de espliego,  porque después ya hacían arder las mismas plantas,  ya explotadas del espliego.
He dicho que Vicente Lacambra Bescós,  con su cerebro conoce y ejercita con sus manos diversas profesiones. La principal para él,  es la madera. Y me habló de distintas especies arbóreas que han producido materia prima para hacer puertas y ventanas. O maderas como la de boj, con la que se han fabricado objetos litúrgicos.  Ha pasado el ebanista por muchas fases, unas de abundancia de la buena madera y otras de la escasez de la misma. Al pasar la Guerra Civil, la escasez de madera hizo a los proveedores de la misma, cortar los numerosos nogales, que habían proporcionado sus frutos a los vecinos de los pueblos.
El nogal era la madera más bella y más fuerte de nuestros pueblos y Vicente Lacambra,  movido por su cerebro y por su corazón, con madera de nogal, creó una puerta de su domicilio de Abiego, dotada de arte y de nobleza,  para rendir homenaje a sus antepasados y a su noble oficio.     

Pero no sólo está la madera, ahora importada del Brasil, de unas cualidades maravillosas,  como el nogal, la que le hace dar vueltas a su cerebro,  sino que se une su inteligencia y su amor con las colmenas de abejas, por medio de la apicultura.

domingo, 1 de febrero de 2015

Los cisnes de Rubén Darío en el Parque de Huesca




En el Parque de Huesca, se encuentra un hermoso jardín, rodeado por una laguna. En su centro nadan los cisnes y los ánades en las aguas del  pequeño lago, con su verde orilla, rodeada de arb
oles en que se posan unas pequeñas y elegantes tórtolas, de color claro, salvo en sus cuellos donde lucen un anillo negro de pequeñas plumas. En la isla arraigan altos árboles y flexibles cañas de bambú, en cuyos pies, he visto en ocasiones anidar parejas de aves acuáticas. Las orillas de la laguna están revestidas de árboles de distintas especies, en cuyas ramas se posaban las tórtolas, que hace ya muchos años trajeron del Líbano. Alrededor de la isla pasea la gente, pero al llegar a las barandillas, los niños acompañados por personas mayores, se detienen y hacen acudir a la orilla a los ánades, echándoles migas de pan y de torta, que devoran con avidez. Los niños gozan jugando con esos valientes seres vivos que se unen a las aguas, y con sus padres y abuelos, que vuelven a sentirse niños, gozando del placer, que se producen mutuamente los niños y los patos.
Además de las tórtolas, de los gorriones y de los numerosos ánades, parecían reinar con su elegancia, en la laguna, dos hermosos cisnes negros, pero,  ahora,  ya no acuden a la llamada de Rafael  Mialdea, las tórtolas,  porque ya  casi no quedan, pero además, de los dos cisnes, sólo queda uno porque el otro ha muerto. Allí reina el cisne negro, con su luto, que parece que se ha quedado sólo entre los múltiples ánades, que nadan por la laguna. Tampoco se posan en las altas ramas de los árboles, las palomas, que poblaban el Parque. ¿Han puesto veneno, que ha dado muerte a gorriones, tórtolas y palomas?. No lo sé, pero la soledad del cisne negro, repartiendo por la balsa el luto de su color negro, parece entristecer la alegría que gozaban los niños por sus orillas. Me acuerdo de la elegante figura del mudo Rafael Mialdea, del que escribí : “Cuando paso por las sombras de los citados árboles, me llama la atención la delgada figura de Rafael Mialdea Novales, que con una de sus manos extendida, ofrece a las tórtolas, unas veces granos de trigo, de maíz otras, y muchas veces galletas, de las que él se ha privado, las ha deshecho y las elegantes aves del collar, se le posan en sus manos y en sus hombros y consumen el desayuno que Rafael les ofrece”.
Hace muy poco tiempo, en el pequeño lago de los cisnes, todo era felicidad bajo la presidencia de los dos cisnes negros, los ánades, las palomas, las tórtolas y los niños acompañados por sus abuelos o por sus padres. Se creaban escenas “modernistas”, que estimulaban la alegría y la complacencia inocente de los niños y la vuelta a la felicidad, que sentían, después de pasados muchos años, los padres o abuelos ya mayores,  al provocar las sonrisas de sus descendientes, cuando daban de comer miga de pan o de torta, a los cisnes y a los ánades de aquel pequeño,  pero gran mundo de la laguna del Parque.
Pero, el “modernismo” no ha podido con el correr del tiempo, porque ¿dónde están las tórtolas que acudían a las manos de Rafael Mialdea?. Dicen que en el Jardín vecino a la laguna, están encerradas unas aves de rapiña, que se sueltan en las próximas puestas del sol, para arrojar del Parque a los estorninos.  Son multitud y no desaparecen dichos estorninos, pero casi no dejan viva a alguna tórtola. En aquellas construcciones del Jardín,  viven numerosos gatos que devoran a los primeros ánades que nacen y a los gorriones que por allí se acercan.
Me recuerdan estas escenas a Rubén Darío, cuando escribe “Cantos de vida y esperanza” y me hacen reflexionar sobre el triste “modernismo” de “La América española, como la España entera,-fija está en el Oriente de su fatal destino”. ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?-¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?-.¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?-. ¡Callaremos ahora para llorar después?-”.
En la laguna ya queda tan sólo  un cisne negro. Parece que se está acabando el “modernismo” en ella. Exclama,  ante tal panorama, Rubén Darío: “y un cisne negro dijo:”La noche anuncia el día”. Y uno blanco. “¡La aurora es inmortal!, ¡la aurora es inmortal”. ¡Aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!.
El cisne negro con su largo cuello, pasea con ese hermoso y largo cuello, a modo de un signo de interrogación: ¿qué pasó con el “modernismo” de la laguna, que alcanzó, dirigida por sus dos cisnes, la belleza perfecta, el ideal incuestionable. Este ambiente modernista de la laguna, lo pasa Rubén Darío, allá por los años de 1914, por medio de los cisnes, a su continente Hispano Americano, porque se preguntó: “¿qué pasó con esa estética, distante, revolucionaria, su renovación lírica, que cala muy hondo en el momento evolutivo de la creatividad cambiante?”.En la laguna se notan las muertes de las tórtolas libanesas debidas a las aves de rapiña, que se sueltan cuando se va a esconder el sol, y llena de tristeza el color negro de luto, que pasea por la superficie del agua,  el único cisne que se ha escapado de la muerte. Vamos desde la balsa, con la pequeña estructura de un átomo, semejante a la de un continente, el hispano americano, que se escapan  del modernismo, a la muerte de las tórtolas y del cisne, igual que en el continente, mueren los soldados y los guerrilleros en Colombia, el pueblo pasa hambre y sobre los Andes, se otea el vuelo del Condor.
Era Rubén Darío un poeta puro y se acordaba de España y de América,  veía en el “modernismo”, el progreso y  exclamaba: ”Juventud divino tesoro, ya te vas para no volver, cuando quiero llorar, no lloro y a veces lloro sin querer”.
 Pero Rubén Darío no estuvo sólo cultivando el “modernismo”, pues habla del oscense, “el Señor Llanas Aguilaniedo, uno de los escasos espíritus que en la nueva generación española,  hacen el estadio y la meditación en el “modernismo”, debido por la sociedad”. Llanas Aguilaniedo, había nacido en 1875 y murió en año de 1931, fue farmacéutico militar, escritor, periodista y crítico de la literatura española. Escribió de problemas sociales  otros  sobre la época en que empezaba a vivir. Pero José María se ve envuelto por el “modernismo” y Rubén Darío, contempla en José María Llanas el cisne que preside la laguna del Parque de Huesca, porque vuelve a escribir, que le parece sumamente interesante. Dice que José María, “en su juventud surge alguna que otra esperanza,  y no es poca la que ha de dar en su cerebro, tan bien surtido y generoso como el del  cantar de “Alma contemporánea”. Llanas Aguilaniedo ha entusiasmado a los intelectuales contemporáneos suyos, como, al mismo descontentadizo Clarín”. Llanas es un hombre estudioso y reflexivo. Pero murió muy pronto y España se dejó olvidar sus pensamientos modernistas.
¡Qué ilusión supuso el “modernismo” en la mente de Rubén Darío y en la de Llanas  Aguilaniedo!.  Pero ya Calderón en la época dorada de la literatura castellana, exclamó: “la vida es sueño”. Tenía razón el escritor clásico, porque analizando la vida de José María Llanas Aguilaniedo, buscando el “modernismo”, se ve que esa vida era un sueño, porque además, yo podía comprobar, que aquel modernismo de la Laguna del Parque, formada por la belleza de la pareja de cisnes, de las tórtolas, de las ánades, de la palomas, de los altos y verdes árboles, con las cañas de bambú de la isleta, en medio de la Laguna, se acababa con la lucha entre las aves de rapiña persiguiendo a los estorninos.                 
Murieron las tórtolas, las palomas y el cisne negro, que hemos podido ver los oscenses, en la Laguna del Parque, como el también oscense José María Llanas Aguilaniedo, se fijó en una tumba del Cementerio de Granada. Y yo me acordé de como el señor  Joaquín Santafé, que trabajó toda su vida  de más de cien años en la Farmacia de Llanas, me contaba la aventura en el Cementerio de Granada, que era la siguiente: “No me llevó allí el romanticismo de principios de siglo…iba sencillamente a estudiar efectos, objetivos y subjetivos, cuya grandiosidad a media noche y en las condiciones de ánimo en que me hallaba, calculé sacudiría mi espíritu de una manera nueva e imprevista”. En medio de la noche, “descubrió un sepulcro donde estaba enterrada una joven, representada por una bella estatua, a la que conmovido le dirigió sus palabras, diciéndole: ¡Muerta mía, vive!. Vea yo moverse tus ojos, levantarse anheloso tu pecho…agítense tus labios estremecidos por convulsiones de amor. Hermoso ángel dormido, ¡háblame!”. Estaba el oscense “Angel Llanas Aguilaniedo, trabajando en su cerebro el “modernismo”, la pintura, la criminología, el decadentismo, pero se iluminaba su sensibilidad con los sentimientos del corazón, a causa de la belleza de la estatua de la bella joven”.

A los cuarenta años perdió el equilibrio de la razón y murió acogido en Huesca por su hermano Feliciano y por su hijo José Antonio Llanas Almudévar. Estuvo en el periodo de su enfermedad acompañado por Joaquín Santafé,  nacido en Ibieca, con el que se entendió con suma claridad. A todos estos acompañantes de la muerte de José María, los conocí, pero de José María, me acuerdo de su obra, por ejemplo de su novela Pityusa y lo siento, cuando paso por la Laguna oscense del Parque de Huesca. Recuerdo también a Rubén Darío, amigo de los cisnes y de José María Llanas Aguilaniedo.

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