miércoles, 18 de noviembre de 2015

Amor desinteresado



“Por el mes era de Mayo, cuando hace la calor, cuando los enamorados van en busca de su amor”. Como corría el mes  de Mayo y hacía calor, Mosen Marcelino creyó que aquella hermosa mujer, que preguntaba  por su difunto marido, acudía a la llamada del amor.
Pensó que se trataba de un amor puro, sin ningún interés, seguramente querría enterrar a su esposo en tierra sagrada, pues la señora le habría advertido que el cadáver estaba enterrado en el monte, debajo de una carrasca.
El cura estaba contento, además de por ser Mayo, porque se le ofrecía la oportunidad de complacer a una hermosa mujer, a cuyos encantos no es fácil ser inmune, aún siendo sacerdote y porque como corrían tiempos de penuria, tendría ocasión de cobrar un duro para él, una peseta para el sacristán y calderilla para los escolanos. Estos, por mandato del  sacristán, fueron corriendo a buscar al señor Joaquín Puyuelo, que por su profesión de podador y “leñacero”, conocía todas las carrascas del monte.
El mosen había recibido a sus visitantes en la “solanera” que tenía en su casa, pues en la sala tenía instalada una capilla y en el balcón colgaba una llanta de camión, que al golpearla con un martillo, sonaba como una campana. La iglesia parecía una venta robada pues, durante la Guerra, había sido usada como garaje e incluso había un foso para reparar vehículos.
He hablado de los visitantes y es que la señora venía acompañada por un caballero.
El señor Joaquín no tardó en llegar, se le explicó que se trataba de localizar el cadáver del  esposo de la hermosa y el cortejo fúnebre se puso en marcha hacia la carrasca. El podador, limpiador lo llamamos aquí, entró en su casa, que le venía de paso, a cogerse la “jada”. Parecía un entierro sin muerto, pero se trataba en realidad de un desentierro. Y poco le costó al señor Joaquín desenterrar al difunto, pues en las guerras se pierde poco tiempo en cavar, si no hay un negrero, que a fuerza de culatazos, te hace trabajar. Un gitano de Barbastro decía que lo pasó muy mal durante la Guerra, porque lo hicieron palear para enterrar muertos. El cadáver quedó patente, no tenía ni caja. El cura habló de la necesidad de ir a buscar unas parihuelas, para llevarlo al cementerio.
Aún no había acabado de hablar el cura, cuando el caballero acompañante, se lanzó sobre el muerto y se puso a buscar algo en el pequeño bolsillo del pantalón, bajo la cintura, en el que antes se llevaban los relojes, y en el que ahora al haber perdido su objetivo, algunos hombres esconden aquello que no quieren que vean sus mujeres, y sacó lo que buscaba: un hermoso reloj de plata repujada. Se lo entregó a la señora, que lo metió en su bolso al tiempo que, dirigiéndose a mosen Marcelino Playán, le decía:"es que sabe, este hombre es ahora mi marido”. Este, cogiendo del brazo a la bella y sin decir gracias ni adiós, se  fueron, como se iría cualquier bestia con su bella hembra.
Al desenterrador,  a pesar de ser un hombre endurecido por haber comido pan de mil hornos, le entraron ganas de llorar,  pero reaccionó y todavía me parece oír por las noches su mezcla de juramentos y de risas. Después echó tierra encima y “s’en fue”. El cura se quedó sin duro. El pobre ya murió. El sacristán,  a pesar de todo, siguió siendo feliz, pero con la pequeña frustación de que después de haber aprendido latín, el siguiente cura se puso a decir la misa en castellano. Los escolanos viven en la emigración, pero yo, a pesar de lo anteriormente narrado, no pierdo la fe en el amor. Y es que el primer amor, no se olvida nunca y siempre nos conmueve. El segundo marido o la bestia, como ustedes lo quieran llamar, también murió.
La doble viuda cobraba su pensión, pero descubrió que renunciando a la del segundo marido, podría cobrar la del primero, que iba a ser más sustanciosa y además los ¡larguísimos atrasos!.   Y dicen que ha hecho los  trámites para volver a su primer amor, que mientras no se demuestre lo contrario, es el verdadero.

Al menos, así lo cantan los poetas.  

viernes, 13 de noviembre de 2015

El mundo es redondo




Son múltiples las formas que se dan en la Naturaleza. Unas se adaptan a los aires, como las aves que vuelan, que suben y que bajan, por la necesidad que sienten de conseguir sus alimentos. Otras formas que se dan en el aire son las de los insectos, de los que se alimentan las golondrinas, aves que con sus picos abiertos y en veloces vuelos, los hacen entrar en su interior. Otras aves, las gaviotas, se lanzan a las aguas del mar, bañando sus plumas en sus saladas aguas, y emprenden rápidamente un vuelo hacia lo alto, con un pez aprisionado con su pico. Pero, al mirar el vuelo de los insectos y el de las aves, se contempla el Universo, lleno de astros y de planetas, que todos ellos son de forma redonda. Y ahora los hombres lanzan al espacio, satélites, que muchas veces son redondos y que en ocasiones impulsados por cilindros, que imitan la redondez, sin alcanzarla, de los astros y de los planetas, y se comportan en el espacio girando y girando, trazando círculos que corren espacios redondos. 
Los hombres que  crean esos cilindros impulsores y que impulsan las esferas de los satélites, tienen absorbidos sus cerebros, por las formas redondas de los planetas y por sus rutas voladoras. Es que sus cabezas, que encierran sus sesos o cerebros, son también redondas. Pero no,  todas las cabezas de los hombres son redondas, si no muchas veces, dolicocéfalas y son precisas esas cabezas redondas, para organizar los vuelos estratosféricos. Si, esas  cabezas redondas, que piensan en un universo de astros y de satélites, que son también redondos, se dan cuenta de la primacía en el cielo de la redondez total y de la redondez superficial, de los límites de los circuitos, de forma,  que respetan las curvas de las circunferencias y de las elipses.
 La redondez en el Universo, tiende a la esfera universal o redondez total, porque las circunferencias tienden a formar, con sus deslizamientos por el universo,  una visión única de la existencia eterna y todopoderosa.
Pero mi amigo, que es completamente redondo, desde niño ha ido avanzando hacia esa forma esférica, llena de sabiduría. Pero  para darle sabiduría a esa sabia esfera, ha ido formándola con las curvas.
Ya digo en mi artículo “La rueda de los molinos”, que “representó, muchos años antes, la conservación de la vida humana por aquellos molineros, que acompañaban a las pétreas ruedas de sus molinos, para que el hombre consiguiera obtener “El Pan Nuestro de cada día”. Esas ruedas no eran esféricas pero eran circulares, es decir, en parte redondas y de piedra y movidas por el agua del río, unas veces del Alcanadre y otras, como en Aratorés, del río Aragón, convertían el trigo en harina. ¡Cuántos siglos hacen falta para que el hombre alcance la sabiduría!.
Mi amigo y su familia vivieron en el molino de Uncastillo. El día 6 de marzo de 2015, el señor Beñat Larrañaga, escribió en mi ordenador, lo siguiente: “El pueblo que mencionas sobre los rezos en euskera, es  Uncastillo, en las Cinco Villas aragonesas. Todavía en 1927 se enseñaba la catequesis a los niños  (no sé si a alguno de ellos), en euskera. Prueba veraz es que hace unos años un estudioso del euskera conoció a una persona, ya muy mayor, que todavía era capaz de rezar “Aita, gurea Zerutan Zarama…( Padre nuestro que estás en los cielos). Increíble, pero cierto”
En aquellos molinos montañeses, aparecían “lauburus”, cruces que habían perdido su forma geométrica de ángulos rectos, para convertirse en cruces, que buscaban la redondez de su forma.
En aquellos molinos, se vivía en plena Naturaleza. Se veían los astros, la luna observaba los peces en el agua del río y el ruido de la piedra del molino, rimaba con el cantar de las ranas y el molinero entre la luz escasa de la luna, el ruido de la aguas y de las piedras del Molino, se miraba al cielo para ver si volaban las nubes o más allá,  en el cielo brillaban las estrellas. El molinero se preguntaba si aquel aspecto de la vida de la rueda, tenía algo que ver con el centro de la vida en nuestra Tierra o era el sol el que gobernaba, aquel trabajo que producía el rodar de la rueda, impulsada por el agua del río. El molinero consideraba a la Tierra y al Sol, los causantes de aquel trabajo, que proporcionaba el pan a los humanos.
Por eso, durante muchas épocas pasadas, se ha considerado a la Tierra, como el centro del Universo, en tanto que en otras ha sido el Sol, el que se ha creído ser ese centro, de la Geología del Universo.
Mi amigo, que es esférico como el Universo, me comenta que cuando  estaba en los Molinos, observando el sol, la luna y las estrellas, soñaba, con descubrir en ellos cualidades que aumentaran los conocimientos de la vida. Y murieron generaciones enteras de molineros sin observar adelantos en sus conocimientos y ahora, que él ha marchado de los Molinos, como un sacerdote que buscaba el pan para sus hermanos, han descubierto una partícula “consistente” en el bosón de Higs. Esta partícula explica como la materia obtiene su masa en el Universo.
Yo creo que cuando se estudie totalmente la participación del bosón de Higs en la formación de materia, se podrá, por medio de esta “Partícula de Dios”, ver si el hombre tiene alma inmortal.

Yo creo que mi amigo, busca esta oportunidad, porque le vi, en cierta ocasión, un hermoso Cristo metálico, detrás de los papeles de su despacho.  

domingo, 8 de noviembre de 2015

Don Jerónimo Borao, autor del “Diccionario de Voces aragonesas”, en 1884.





Este libro, que es parte de la Biblioteca de mi abuelo materno, que fue Diputado Provincial, hace unos cien años, Don Ignacio (López de) Zamora, lo he conservado muy cerca de mí, pues la Fabla Aragonesa ha formado también, parte de la cultura de mi padre Don Manuel Almudévar, que escribió en Jaca, donde habíamos huido desde Siétamo en Diciembre de 1936, al estallar la Guerra Civil. Nos dedicó con amor y con dolor, estos versos, dedicados a su esposa y a sus seis hijos: “Mi santa niña de ayer-que hoy es trasunto y modelo- de la perfecta mujer- Dios bendijo nuestra unión-regalando a nuestro hogar-seis frutos de bendición. Quise llegar a lograr,-con cariño y sumisión-seguir el recto camino- de los que fueron y son,-de este humilde peregrino- ser su orgullo y su blasón. –Mi cuento de Navidad-que estos años he contado-muy lejos de esta ciudad- en el lugar sacrosanto de nuestros antepasados (Siétamo)-hoy envuelto en luto y llanto- por unos seres malvados-que siembran duelo y quebranto – en los campos asolados”.
Y mi padre, para acabar esta poesía, se expresó así : “Contento me ha dado a mí- el poder tender las alas- y estar esta noche aquí”.
Y dos años después, en la Navidad de 1941, nos dedicó a nosotros, sus seis hijos, una historia en  Fabla Aragonesa, diciéndonos: “Quiero esta noche, tratando con todo el respeto, cariño y veneración que merece, hacer mi cuento de Navidad, valiéndome del lenguaje vulgar, que se hablaba y todavía se habla, cada vez con menos extensión, en los pueblos de este Alto-Aragón; y al mismo tiempo que rendir tributo de devoción y recuerdo al Niño Jesús, introducidos de este modo, con éste y otros casos, al conocimiento de algo sobre las costumbres, carácter  y hasta modalidades del lenguaje de los Andes, del Congo o del Himalaya, valga por ejemplo y no conozca nada de lo que un erudito llamaría Folkclore Local o características de su País.”
Ya han pasado años desde la publicación del “Diccionario de voces aragonesas” de Don Jerónimo Borao, en 1884, hasta que mi padre escribió en Navidad de 1941, el Cuento de Navidad en Fabla Aragonesa. Pero ha sido mucho  el tiempo en que se ha olvidado el cultivo de la Fabla Aragonesa, hasta que Francho Nagore, emprendió una fuerte investigación de la misma. Esperemos que la obra de Francho no desaparezca, como ocurrió con la de Don Jerónimo Borao, que casi fue olvidada, en Aragón. Este gran aragonés, escribió:”El éxito literario que tuvo la obra, (su obra), fue lisonjero por todo extremo; pero no seré yo quien indique siquiera las numerosas pruebas que de ello ello  tengo en mi poder …. De suerte que los gastos de mis viajes científicos y los de la modesta edición que hice, no fueron compensados ni aun aproximadamente. Pero, acostumbrado como escritor a vivir en pleno patriotismo, me di por contento con que la obra corriera, muy bien recibida por España y Francia, con que antes de su aparición tuviera en Zaragoza un número muy selecto de  suscriptores y con que cada día, me hayan solicitado ejemplares personas distinguidísimas, a quienes en mí era punto de honra, al regalarles un libro, que honraban con desearlo”.  
“Otra de las más copiosas fuentes de donde el idioma español ha tomado un gran número de palabras, es la lengua árabe, que correspondiendo a una civilización muy adelantada sobre todas las de Europa, hubo de forzarnos a admitir, con sus raros conocimientos en las ciencias y en las artes, las voces que servían a desarrollarlos. No se habló en Aragón aquel idioma como en otras provincias, y es que tampoco no fue tan larga la dominación árabe, reconquistada Zaragoza en 1118 y Valencia (por Don Jaime) en 1238, pero fué todavía lo bastante para imprimirnos su influencia; y sobre todo nos impusieron los árabes en adelante, aún después de sometidos, ese suave yugo que, por lo mismo de no ser impuesto a la violencia sino en el seno de la paz, es, no sólo más duradero, pero aún tan honroso a los conquistados y a los conquistadores”.”Todavía subsiste, sobre todo en Valencia, pero también en Aragón y aún en Navarra (en la Plaza del Catillo de Pamplona, se construyó un enorme aparcamiento y en él salieron enterrados varios moros), y claro es que en muchos otros puntos de España aún sin contar la Andalucía, prácticas agrícolas, costumbres indelebles, restos del traje, calles y barrios, y principalmente muchos vocablos de la lengua árabe con que la nuestra ha venido a enriquecerse”.  Los árabes transmitieron unas mil quinientas palabras a Aragón, unas que eran tales pero otras procedentes del griego, como albarán, alcohol, alfarda, algorín, almenara, almud o medida de áridos, que se emplea en el escudo de los Almudévar, almudí, rafe, sirga y zafrán”. En Siétamo, se han encontrado al lado del cementerio, otro árabe, con sus tumbas mirando al sol saliente.
Al observar el apellido Almudévar, no extraña que los conquistadores de tal Villa, conservaran su nombre árabe, y unos individuos del Bearn, lo adoptaran por su apellido. En la Catedral de Olorón, en su pórtico principal, hay dos fuertes imágenes de piedra, que representan a dos moros  y los bearneses al conquistar Almudévar y mirarse al tozal donde se alza una hermosa iglesia, veían la redondez de aquel tozal, al que rebautizaron en árabe. Almudévar en árabe quiere decir Tozal Redondo, como el tozal que existe en Siétamo o aquel más grande, sobre el que se asienta Berbegal.
“El idioma lemosín, del Midi Francés, formado en el siglo X por el borgoñés y el latín corrupto, modificado por la casa aragonesa  del siglo XII, decaído y transfigurado en el  siglo XIII, no hay duda  que se difundió por toda la corona aragonesa casi al mismo tiempo en que nacía verdaderamente el castellano,  viniendo a formar en cierto modo los dialectos y romances (que ya se hicieron idiomas auténticos) catalán y valenciano”. El catalán y el valenciano tienen su origen en el limosín, pero “el lemosín puro fue modificado por el catalán…que tuvo cierto aire castellano (sin duda influido por Aragón), que le quitó cierto carácter lemosino”. “ Se atribuye a Alfonso V de Aragón y a Fernando el Católico, la influencia castellana sobre Nápoles que llegó (según dicen) hasta el punto  de hacer allí vulgar la lengua castellana. Ya sabemos que un hombre ilustre de raza aragonesa, Antonio Pérez, hizo familiar el idioma español entre las personas cultas de la Corte de Francia, con provecho de dicha literatura”. Los reyes de Aragón, ocupados por sus conquistas de Baleares, Sicilia y Nápoles, se preocuparon más de vivir alejados constantemente de Zaragoza, porque en ésta, que fue la principal capital del Reino,  conservaba más puras las libertades de Sobrarbe. La zona de Barcelona y Valencia, frente a las Baleares les hicieron más agradable su estancia en ella, que llegaron a despreciar su residencia en Zaragoza, además de por su clima y posibles conquistas de nuevas tierras, pues siendo la capital del Reino, conservaba más puras las  libertades del Sobrarbe, que con frecuencia humillaban a los más altivos monarcas”. Los Reyes de Aragón casi no se desplazaban de las orillas del Mar Mediterráneo a Zaragoza.
La influencia provenzal fue en Aragón extraordinaria y es raro que de esta circunstancia no saliese un “dialecto” como el catalán o el valenciano. Los versos de mi padre son restos de la Fabla aragonesa, que recuerdan la belleza de aquella lengua lemosína.  El autor del libro “Pedro Saputo”, D. Braulio Foz, escribió que en la parte oriental de Aragón, concretamente en Tamarite, se escribía ya en catalán literario. Este Braulio Foz, cuando escribe de la conquista de Valencia por el gran Rey D. Jaime, dice que éste dio fueros en lemosín, creyendo que esta lengua sería mejor entendida que otras lenguas españolas. Los aragoneses creyeron que sería mejor el aragonés.
Jerónimo Borau, dice que habiéndose perdido el aragonés en las riberas del Ebro, bueno sería que el castellano utilizara  en beneficio común, la lengua aragonesa. No todos los aragoneses están  de acuerdo con la caída de la Fabla y luchan por conservar dicha lengua.
Respecto al valenciano hay diversas teorías, pero es evidente que existía el valenciano derivado del latín durante el período de la invasión árabe. Este hablar valenciano, se vio enriquecido por el catalán, el aragonés, el lemosín y el castellano. Pero el valenciano es independiente del catalán y es totalmente original. Esta originalidad ¿no la recibiría el valenciano de la lengua lemosina, unida a la lengua románica, que persistió en Valencia, bajo el dominio árabe?
Uno de los escritores más ilustres del valenciano fue mi pariente Onofre Almodóvar o Almudévar y que también firmaba con el apellido Almudéver. Este venía del Bearn, que se unió en Ayerbe  en 1118 al mando de Alfonso I de Aragón, para conquistar Zaragoza, pasando antes por Almudévar. Mi antepasado después de la conquista de Almudévar, fue nombrado Bayle o Alcalde, del que descendemos todos los Almudévar de Loporzano, Abiego, Sieso, Casbas, Barluenga, Siétamo , etc., etc. En la Iglesia de San Pedro el Viejo, está enterrado  un  Almudévar en el Claustro, al lado de su esposa. Otros guerreros del Bearn, entre los que se encontraban los Buil, el mismo noble que dirigía el Bearn, Gastón IV  y quedándose algunos en Zaragoza, como dice en la Biblioteca del autor Gregorio Mayans que un hermano de Onofre Almudévar, que era Arquitecto o Maestro de Obras, estaba en Zaragoza en los años 1759 y 1782 y siguiendo otros a Valencia, unos llamados Almudévar, otros Almodóvar y otros Almudéver, procedentes de la pronunciación lemosina o valenciana. El apellido Almudévar se cambia muchas veces en Valencia por Almudéver.
Hay una poesía en Fabla Aragonesa, muy antigua que dice: “De ros altos Perineos, m`en baixé en ta tierra plana, pa corteixar a una nina,  que Marichuana la claman. En as pochas d’o gambeto,  le trayeba unas manzanas, de güenas  que li sapeban, se le cayeban as babas, como a ro güey cuando llabra”. Si, bajaron los bearneses “de ros altos Perineos” a Almudévar, a Zaragoza y al Reino de Valencia, hablando en su lengua lemosina. Por el Pirineo y el Somontano todavía quedan dialectos influidos por esa lengua lemosina, se perdió por Zaragoza y en Valencia, le dieron vida a la antigua lengua valenciana de los cristianos.
Un bearnés se quedó en Almudévar, donde lo hicieron, después de su conquista, Bayle o Alcalde, del que salieron descendientes en Huesca y en el Somontano. Otro, del que se sabe que era Maestro de Obras, se sabe que vivió en Zaragoza desde 1759 hasta 1782.
Y Onofre Almudévar, Almudéver o Almodóvar, cuyo origen se encontraba en el Bearn, corre kilómetros y kilómetros, bajando por el Pirineo, por Ayerbe, por Almudévar, por Zaragoza y alcanza el Levante español y lo inmortaliza con la lengua lemosina. En mi artículo “La Lengua del Midi, por Almudévar, bajó a Valencia”. Pero no sólo llegó a Valencia la lengua lemosina, sino que por el camino que baja de los Pirineos, fue dejando su belleza en el pueblo de Almudévar, en la Montaña Aragonesa y el Somontano. Mi padre Don Manuel Almudévar Casaus, cuando ya no se acordaba Aragón del lemosín, escribió el año de 1941, un Cuento de Navidad en la fabla aragonesa, que yo creo pertenece a la lengua lemosina, a la que buscaba en su pasado.
Presentaba el Cuento de Navidad con las siguientes palabras: ”Los pastores del abuelo, narraban bellas leyendas, y hoy Noche de Navidad os referiré una de ellas. Era por derecho y costumbre, el sitio del Mayoral, un puesto junto a la lumbre, a la entrada del hogar. Y desde allí, con  decires  de cadencias ancestrales nos narraba efemérides y cuentos de Navidades. Quiero emplear el lenguaje que el Mayoral empleaba en recuerdo y homenaje a la tradición pasada. Dejemos pues que se oiga en esta noche su voz, para cantar las leyendas que en otros tiempos narró:
María y José marchan de camino
Van con esperanza de que un ser divino,
Que mora  n’antraña, de ra Virgen Pura,
Alcuentre un asilo, palacio u cabaña
Que haga menos dura, ra triste chornada,
De ro viello esposo y ra esposa amada.
Ra Virgen teneba frío
Y San José, se chelaba,
Caminando  caminando,
A burreta resollaba.
Llegaron en ta Belén
Un lugar mu chiquirín
De ros qu’ay en os Belens,
Feitos de zurio y serrín.
Iban pidiendo posada,
Trucando de puerta en puerta
Y nenguno les ne daba.
Ra Virgen qu’era mu güena
Mu santeta y conformada
Le deciba a San José,
Que no mirara ya, nada,
Que aunque  estara en un rincón,
De pajar u de tinada
 Se pararían a nuey
Pa guardasen d’a chelada,
Se’n fueron ta ras afueras,
Que sirvía de cubijo,
A ros bajes do lugar.
En as pallas d’un  pesebre,   Ascape s’acomodaron, Y una muleta y un güey,
Al inte calor le daron.
Y dando gracias a Dios  Se quedaron adormidos, Pues de tanto caminar, S’alcontraron mu rendidos.
Pero a ixo de media nuey  
Sintieron una mosica 
Y d’encima d’o Portal,
Se posaba una estrellica,
Pregunté que qué sería  
San José todo asombrau
Y le respondió María:
Es qu’o tiempo ya a llegau  
De cumplise a profecía  
De que todo un Rai d’ós Cielos, 
A’ste suelo bajaría, 
Pa redimirnos a toz,  
D’os pecaus y as herejías.
Mientras isto iba dijendo  
Como si fuera un milagro  
Un zagaler mu bonico, 
Se refirmaba n’os brazos; 
Este era el Niño Jesús, 
Qu’en cuanto abrió ros ojetes, 
Desanchando ros bracetes, 
Fizo a fegura de Cruz, 
Y  golviéndose a sus padres 
Con cariño y con amor, 
Levantando ra maneta a ros dos los bendició.
Ra  Virgen y San José 
Al inte s’arrodillaron, 
Lo besaron como a fillo 
Y como Dios l’adoraron, 
María lo cogió ambrazos 
Y con gran veneración, 
L’en  ofreció a Nuestro Dios 
Para nuestra redención. 
Un angelico de Dios 
Con os güellos como soles, 
Les avisó a ros pastores, 
Qu’abía puos alredoles; 
Y ascape fueron  llegando  
Repatanes y mairales,
Craberizos, vaciveros, 
Yeguas, erizos y duleros,
Boyateros y zagales 
Mocetas d’íxas que cudian 
Os pavetes y os verracos 
Y mientras filan estambre,apacientan os rezagos. 
Todos veneban contentos y todos trayeban algo, pa ofrecelené a Jesús 
Y al mesmo tiempos adóralo. 
Trayeba figos de Fraga,Orejones d’Estadilla Y pansas d’ixas qu’escaldan 
En Lacellas y Velillas, 
Vino de Castilsabás 
Y corderetes d’Albero,  
Bellotas de Banastás y conejos de Pebredo,Tortas  d’aceite d’Ayerbe 
Turrón guirlache de Jaca, 
Castañas de Mazapán 
D’a zucrería Lasala. 
Tortadas de Berbegal 
Y pan moreno d’Angüés, 
Pedos d’as monjas de Casbas, 
Juguetes de Bandaliés. 
Entre gente tan humilde 
Tan humilde como güena, 
Quiso’l Redentor do Mundo presentarse aquí, en a Tierra. Era pa danos ejemplo
 Que toda su vida dio 
D’humildad y de pacencia. 
De mansedumbre y amor.
Y aquí termina o relato, 
Venida del Hombre-Dios 
Que Nuestro Señor del 
Cielo Por padre nos envió. 
Y si Cristo es nuestro Padre, 
San José,  si semos güenos  
Nos tratará como a nietos 
Y nos llevará t’al cielo.

En esta lengua usada por mi padre Don Manuel Almudévar Casaus, se nota su semejanza con la que Ana María Abarca de Bolea, sobrina del Conde de Aranda, usó en un escrito del siglo XVII.”Ista yera, no más y nada menos que Ana Abarca de Bolea.¡Qué goyo fa tener nada más y nada menos os escritos de Fabla Aragonesa!. “Parixe que veyes a prozesión d’o Corpus de Zaragoza, como si estase agora. Antiparti tien ixe humor y alegría qu’en tien, u en teneba, o pueblo d’Aragón”.
En la Biblioteca Virtual de Cervantes, se leen tres sonetos en castellano, uno de Ana María  Abarca de Bolea, Abadesa del Monasterio de Casbas y tía del Conde de Aranda, otro de Luis Abarca de Bolea y Castro, que fue poeta, Marqués de Torres, Conde de Las Almunias y Caballero del Hábito de Santiago. De Valencia en el mismo siglo XVII, el poeta  Onofre.
José Almudévar se casó en Siétamo con una Escabosa Azara y administró su ganado lanar encima de Sieso, en el Valle de Rodellar, en propiedades del Conde de Aranda.
El soneto de Onofre Almudévar es el siguiente. “Armas, hechos, linajes y edificios-de muchos bullicios.
Los grados, dignidades, los oficios-como cuando y porque fueron fundados-los tiempos, las mudanzas recostados - veréis sin que verdad salga de quicios.
Denle pues la lección victoria vana- frecuenten los lectores tal victoria y alaben nuestra patria valenciana.
Laureen al amor de fama y gloria-pues la verdad desenterró Viciana- de cosas tantas dignas de memoria.”
En el siglo XVII ,Ana Abarca de Bolea perteneciente a la familia Abarca de Bolea, all´por el año de 1623,escribió esta soneto m dedicado a la muerte del príncipe Baltasar:

“Lapidario  sagaz,duro diamante
labra, resiste firme al golpe fiero,
tíñelo en sangre y pierde aquel primero
rigor a la labor menos constante.
Contra Carlos el mal no era bastante,
Que queda al golpe cual diamante entero,
tíñelo en sangre amor, y el mal severo,
sujeta con amor a un hijo amante.
El mal lo agrava y el amor lo aflige,
Aquel pide remedio, este no tiene,
Y quien conoce aquel, a este no alcanza.
No rige el mal, que amor de madre rige,
Y Carlos por amor a perder viene
La vida en flor, y España la esperanza”.

Don Luis Abarca de Bolea y Castro, Marqués de Torres de Montes, Conde de Las Almunias y Caballero del Hábito de Santiago, fue un poeta del siglo XVII, nacido en Siétamo( Huesca),de la misma familia que Ana Abarca de Bolea y del Marqués de Torres de Montes, predecesor del Conde de Aranda, escribió un soneto que figura en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Los tres sonetos de los poetas, fueron publicados en dicha Biblioteca. En la obra de los tres poetas figuraban obras en limosín o influenciadas por él.
El lemosín que bajaba del Midi francés, lo conservaron Ana María Abarca de Bolea, en diversas obras, una sobre una romería en el Moncayo y otra en la procesión del Corpus en Zaragoza. La obra de Onofre, el valenciano fue escrita en castellano y en el “valenciá” impregnado por el lemosín. En el año de 1941, mi padre Manuel Almudévar Casaus, escribió la Navidad, inspirada  tal vez por Luis Abarca de Bolea, nacido en Siétamo, y recogiendo las palabras lemosinas del pueblo del Somontano oscense.
Valencia no podrá nunca olvidar la influencia lemosina del Bearn en la formación de su lengua, como no puede olvidar su comunicación ferroviaria y automovilística, con sus orígenes en el Midi. Los separatistas catalanes es preciso que se olviden de sus teorías económicas de comunicar España por sus costas del Mediterráneo a Francia, porque ahora, el tren podrá pasar por Canfranc, desde Marruecos, Murcia, Andalucía, Extremadura, las dos Castillas y el Centro de España, la capital de Madrid. 

En la buena relación entre Aragón y Valencia se encuentra Onofre Almudévar, Almudéver y Almodóvar. Este escritor en castellano y en Valenciano, merece un estudio especial, que tengo que emprender, porque tenemos el mismo origen bearnés, almudevano y cultivador del valenciano influído por el lemosín,en el que escribieron los altoaragoneses.

jueves, 5 de noviembre de 2015

A Maruja viuda de Joaquín

Pertusa ( Huesca ).


Maruja Palacio del pueblo de Pertusa, es una mujer de profundos sentimientos cristianos y por tanto amiga de todos los que con ella han tratado. Con Feli, mi mujer se trató ya hace muchos años en el Colegio de Santa Rosa, donde ambas estudiaban. Al enterarse Feli de que su amiga Maruja estaba pasando unos días en su casa de Pertusa, decidimos bajar a verla para recordar tiempos pasados. La llamamos Maruja, pero su auténtico nombre es el de Ana María y al vernos se inició una conversación en la que hablamos de cuando venía con su marido el bilbaíno Joaquín a Siétamo, donde gozaban  de las flores de los huertos y de los jardines, que estaban al lado de la carretera y admiraban la torre de la muralla del Castillo- Palacio del Conde de Aranda. En cambio, otras veces como el día dieciocho de Abril de este año de dos mil nueve, fuimos nosotros,  a saber mi esposa Feli y yo, los que nos acercábamos a casa Palacio de Pertusa y al venir por la carretera que pasa por Antillón para llegar a Pertusa, quedamos admirados al ver la corriente del río Alcanadre, la piscina sobre el cauce del mismo río, las casas que parecían estar tomando el sol, que desde el Oeste las calentaba y las iluminaba. Al fondo se alzaban altas arboledas de chopos que infundían esperanza en el porvenir de Pertusa. Mi esposa más animosa que yo, estuvo en Bilbao, donde fueron felices Ana María y Joaquín.
Sobre todo se alzaba el templo del arquitecto Herrera, en cuyo tejado descansaban varias palomas blancas, que parecían destinadas a resaltar la belleza de la torre.
Pero lo que no podré olvidar nunca será el pequeño piso con su jardín al lado, del que Ana María goza en Pertusa  y donde pasó con Joaquín los días más felices de su vida.
El día dieciocho de Abril de este año, salí al jardín y éste en plena primavera, había acrecentado su belleza, porque las enredaderas subían por las paredes y los tejos de eterna hoja, con su serenidad y aristocracia, parecía que me pedían que acariciase sus hojas, con mis manos. ¡Qué amante de la Naturaleza es nuestra amiga Maruja!, porque ha colocado conejos, de los que uno duda si son de cerámica, de escayola o de mármol. A ella no le importa el problema material sino la vida natural de esos conejos, lo contrario que ocurrió con un bilbaino, que habiendo sufrido una rotura ósea, al escuchar al médico que sería necesario colocar escayola, esclamó: ¡oiga, a mí me tienen que poner mármol, porque soy de Bilbao!. A ella le impresionaba mucho, además de la Naturaleza, el mundo espiritual, pues además de los conejos tenía colocada una estatua de Santiago de Compostela, que igual que guiaba a los conejos por los montes, la conduciría en sus numerosos viajes por el mundo. Quizá tuvo influencia en sus sentimientos el dibujo precioso de Juan de Latorre, que representa una casa aragonesa, con sus arcos superiores, done nació su querida madre, en Peralta de la Sal.
Al ver dicha casa aragonesa, me fijé en el libro que tenía sobre la mesa, titulado “Razones para la Esperanza” y me acordé de los esfuerzos de Maruja para ayudar a otras personas y observé en el capítulo sesenta y uno, lo siguiente:”Yo aprendí esto del truco, de mi madre, que cuando le pedían recomendaciones, iba y rezaba un rosario por las recomendados”.

No puedo olvidarme de su padre don Enrique Palacio, al que yo iba a visitar a Pertusa, como él siendo cazador,  venía a  Siétamo  y acudía a visitar a mi padre y a mí. Enrique se casó con Asunción Val, que parecía que su madre le había preparado  para que Maruja lograra alcanzar su gran bondad y su caridad cristiana. 

sábado, 31 de octubre de 2015

Todos los Santos y las Animas




En el segundo Libro de los Macabeos, del Antiguo Testamento, puede leerse: ”El valerosísimo varón Judas hecha una colecta, envió a Jerusalen doce mil dracmas de plata, para que se ofreciese sacrificio por los pecados de los que habían muerto, pensando con rectitud y piedad de la resurrección. (Pues si no esperaba que habían de resucitar aquellos que habían muerto, tendría por cosa vana e inútil el orar por los muertos). Y este es un pensamiento santo y piadoso”.
Ya vemos que siempre ha habido hombres y mujeres que han procurado ser fieles a Dios y a sus prójimos, pero Cristo abrió su boca enseñando a las turbas las Bienaventuranzas, diciendo: ”Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque conseguirán misericordia, Bienaventurados   los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por amor a la Justicia, porque de ellos será el Reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os maldijeren y os persiguieren, y dijesen contra vosotros falsamente todo genero de mal por causa mía: alegraos y regocijaros porque vuestro premio es grande en los cielos”.
Los primeros años del Cristianismo no se celebraba la Fiesta de Todos los Santos ni la de las Animas, pero fue el templo famoso del Panteón dedicado a todos los dioses el que dio ocasión a Bonifacio IV, que lo purificó y lo dedicó a la Virgen María y a todos los Santos Mártires de los cuales trasladó de las Catacumbas al Panteón veintiocho carros cargados con sus  huesos.
Como vemos  en este relato, ya morían los hombres y mujeres antes de Cristo y buscaban su eterna salvación, problema que sigue en pie hoy día y que los que tenemos fe, tratamos de salvarnos a nosotros mismos y a los demás.

Y son los huesos que movidos por músculos y dirigido por espíritus, los que siguen preocupando al mundo actual, pues igual que de niños vaciábamos cucurbitáceas calabazas, dejándoles ojos y boca y también nariz y poniendo dentro de ellas una vela encendida,  las colocábamos en lo alto de la fuente, en ventanas bajas de las casas y en la Iglesia Parroquial, para que así hombres y mujeres recordaran las almas de quienes estaban en el Purgatorio y rezaran por ellas. Dicen que otros colocaban calabazas para asustar a las personas y evitar que rezasen por las almas. Hace ya años, circulando por la ruta que pasa por Novales, vi una luz extraña que me obligó a parar y al hacerlo, me encontré una de esas almas calabaceras con su vela dentro, la noche de las Animas. Cuando ya creía perdida esta costumbre, en la noche de Animas de mil novecientos noventa y seis, en la iglesia de Siétamo encontré cuatro niños, con sus caras pintadas, con una calabaza animada por su vela, cuya fotografía conservo para que me recuerde el día de mi muerte.

miércoles, 28 de octubre de 2015

“España llega tarde a todas partes…” (Blas Otero)



“España llega tarde a todas partes…” aunque  en cuestión de Autonomías actuó con mucha rapidez,  pues dejó muy pronto   de ser una Nación Autónoma.  Esto lo escribió Blas de Otero y y yo, al leerlo, me fijé  que España  y su pueblo, al dividirse en naciones o regiones autónomas, ya no es dueña totalmente  de sí misma. Hay naciones como Cataluña o como el País Vasco, de donde salió el nombrado escritor Otero y está Aragón, que según el Conde de Aranda era una nación.
Y  ahora,  Blas Otero, exclama: “Por tierras de Aragón, oigo sonar las viejas hojas secas del árbol de unos libros, abiertos entre las sombras que aún perduran”. En su libro que trata de España, nombra poco a Aragón, pero cuando oye sonar las viejas hojas secas del árbol de unos libros, parece referirse al Arbol de Sobrarbe, presente en el Escudo de Aragón, con la Cruz de Iñigo Arista elevada en la copa del Arbol. Iñigo Arista jefe común de Navarra, de Aragón y del Sobrarbe, aparece también en el Escudo de Aragón. Cuando Otero nombra aquellas viejas hojas secas del árbol de unos libros, me recuerda aquellas,  que nombra Madoz , en su “Libro geográfico, estadístico e histórico”. Caen aquellas hojas de los árboles de las orillas del río Ara, que corre por el Sobrarbe y Madoz  habla de ellas, al verlas salir por el caudal de la   Fuente del río Mascún, cerca de Rodellar.  ¿Son esas, que bajan por simas excavadas en la Sierra, desde el río Ara hasta el Barranco de Mascún,  las viejas  hojas secas del Arbol de Sobrarbe ?.
Va nombrando Blas Otero  a Castilla y a León y a Francia con su capital parisina y a China y a Cuba, pero a Aragón lo nombra de una forma breve. Parece que busca el porvenir de la sociedad española, pero a Aragón,  le “hace soñar en las viejas hojas secas del árbol de unos libros”, que parecen referirse al Arbol de Sobrarbe.
Históricamente  Aragón fue la nación que formó,  bajo el gobierno de Fernando el Católico, con Cataluña, Valencia y Baleares, una potencia que se unió a España. Y ahora Aragón se siente humillado,  ante los territorios que ponen de manifiesto  que son naciones.  Sí,  se proclaman, como si lo fueran, por ejemplo con sus ferrocarriles que pasan por Port Bou o por Irún, como si ellos, vascos y catalanes, fueran sólo ellos, vecinos con Francia.  Aragón, queda olvidado,  como un rincón, que no tiene porvenir. Parece que  quieren aislarlo   de Francia, para ser los vascos y los catalanes, los que gobiernen  el tránsito de la península con Europa.
Aragón  parece no acordarse del ferrocarril del Canfranc  y de la autopista que desde Zaragoza, llega hasta la frontera francesa. En “Aquellos libros abiertos en medio de las sombras,  que aún perduran,  escritos por Joaquín Costa, “se oyen  sonar las viejas hojas secas del árbol de unos libros” y los oigo, como se ven las hojas caídas de los árboles  del río   Ara,  que por debajo de la tierra, en corrientes de agua subterráneas, llegan hasta Mascún. Aquí, en Aragón,  los ferrocarriles no pasan  nunca a Francia, pues por lo visto ya lo hicieron bastante en tiempos pasados y por las carreteras, se circula a veces, y pasan con muchas dificultades. Dice Otero.”España llega tarde a todas partes…en su concepto histórico, único que queda de ella, no es una nación autónoma, dueña de sí”. No es España autónoma, pero lo son casi todos sus  territorios. Blas Otero murió en 1979 en el centro de España y nació en el País Vasco el año de 1916, pero él quería a toda España, cuando  ahora,  los que gobiernan, no buscan la Autonomía para toda España, sino que  quieren algunos vascos y catalanes, una vez conseguida su propia autonomía, su propia independencia. Piensan y  obran muchos, que quieren esa independencia, porque “en su concepto histórico, único que queda de ella, (de España) no es una nación autónoma, dueña de sí”.  Esto lo escribió el vasco –español, Blas Otero, en unos versos dedicados a Aragón. Añade el poeta:”Dime lo que el pueblo come, y te diré el papel que desempeña en la historia”.  ¿Cuántos aragoneses viven y comen en su tierra?.  Son muy pocos, porque en Teruel están desapareciendo sus escasos habitantes, como pasa también en los pueblos de Zaragoza y de Huesca. La capital de Aragón, Zaragoza tiene más habitantes  que el resto de Aragón,  pero está esperando que se abran los pasos de los PIRINEOS  y entonces será el corazón, del comercio y el turismo entre España y Europa.  Y hace Blas Otero, esta observación:”Dime lo que el pueblo come y te diré el papel que desempeña en la historia”. Anima el poeta, diciendo: “transformaremos, este río seco en río vivo y corriente”. Ya lo intentó Carlomagno, hace muchos siglos. Y ya lo dijo Joaquín Costa y lo escribe Blas Otero en su poesía sobre Aragón: “Escuela y despensa, despensa y escuela”.   
Me he quedado emocionado de leer las obras de Otero, el vasco,  que sentía España en su corazón, pues dice: “Claro que el mundo no es España. Ez significa en euskera, no. ¿ Sabemos acaso  qué es España?.  Meditemos. ¿Es un cielo? ¿una historia?”.
 Otero vivió tres etapas en su vida, siendo la primera la religiosa, pues era cristiano practicante y creía en las doctrina de la Iglesia Católica. En el año de mil novecientos cuarenta y cinco, pasó de la etapa religiosa a la existencial, porque al verse vacío del consuelo religioso, lo buscó en la poesía existencial. La pérdida de su fe, le hizo buscar a Dios, como ocurrió con su “Cántico espiritual”,  con el que Blas Otero buscaba el amor a lo divino. Pero no lo alcanzaba y llamaba al Señor, con gritos, que le daban, al escucharlos una impresión de soledad, lejos de conseguir la paz de su alma. Se sentía aislado y sólo, llamando a Dios y no sintiendo su respuesta. Esta falta de unión con Dios, le hizo pensar en que esa deseada unión, la encontraría en la muerte.
En estas fases de abandono y soledad, se puso a  pensar, en diferenciar el “ser” del “existir”. Se fijaba en los objetos, que no tienen ninguna acción derivada del pensamiento, del que carecen y se ve claro,  que allí “están”.  Pero, en cambio, el hombre “existe”, porque  tiene un alma, que tiene un fin espacial y tiene a su vez un cuerpo,  que ”es”, simplemente, una cosa más. Los cuerpos humanos han sido incluso venerados, pero en los tiempos actuales, esos cuerpos son abrasados, convertidos en polvo. Los cadáveres del hombre en distintas épocas prehistóricas y también en otras épocas históricas, ha sido quemado, desde luego por procedimientos lejanos a la técnica actual. 
El cuerpo “es” y va desapareciendo, pero sigue “existiendo” el alma que tiene aspiraciones a la eternidad. Esta Etapa del Existencialismo, llamada la segunda etapa del pensar de Otero, la asumió el año de 1950 y  le hizo sufrir, porque llamaba a Dios y no le contestaba.
Y se encontró en una Etapa Social, en la que se pasaba  del “yo” de la persona, al “nosotros”. Blas Otero pasó de su primera Etapa Religiosa, a una  segunda Etapa con ideas que le producían  la poesía existencial, que con la doctrina existencialista, le hacían buscar  a Dios. Se sentía el hombre aislado y sólo y buscaba a Dios, pero se dio cuenta de que la única forma de alcanzar esa unión con Dios, es la muerte. Y en esta Etapa Existencial que le llegó en 1950, piensa en las diferencias que se dan entre el “ser” y el “existir”. Los objetos que “son”, no protagonizan ninguna acción. El espíritu del hombre  existe, porque la muerte, aparta del conjunto humano su cuerpo,  que “es” una cosa, pero permanece su espíritu, que tiene un fin especial, porque “existe”. El espíritu humano del hombre, tiene un fin en los espacios, después de vivir contenido en su cuerpo. Antes de morir tenía el hombre, una aspiración a la eternidad. El hombre que tiene un cuerpo que “es” y un alma que “existe”, con ese espíritu,  aspira a la eternidad.
Ya sus pensamientos le llevaban a darse cuenta de que la existencia abarca la Etapa Social del hombre. En 1955 su poesía convirtió el “yo”  en el “nosotros”, uniéndonos a todos los hombres, en cuya solidaridad busca una religión, basada en  la libertad y el amor. Debo preguntarle a San Agustín si existió en aquellos siglos una religión de la libertad y del amor.
Esta Epoca de poesía social, comienza en el año de 1955 y el camino que buscó en la religión, lo busca en la solidaridad de los que sufren. Sus sentimientos sobre España, le proporcionan,  amor y dolor. Con el dolor evoca un pasado lejano, pero también un pasado cercano: el odio, la guerra, la sangre. Con esos sentimientos, a la vez lejanos y también próximos, conoce estas tierras españolas. Tuvo el poeta un extraño sentimiento  de odio y amor simultáneamente, que lo llevó a ir a París. Ese sufrimiento causado en él,  por su lucha interior entre del amor y el odio, lo desvió a afiliarse en el año de 1952, en el Partido Comunista. Pero no fue una filiación política, sino por afinidad, porque en sus doctrinas veía concretos sus ideales humanistas.
Se le estaban presentando problemas y buscaba soluciones a esos problemas humanos. Blas Otero estaba encontrando una solución al problema de la lucha entre el amor y el odio y a él y a muchos hombres,  les parecía que el verso se había convertido en el medio de hacer desaparecer el odio entre los hombres.
En los últimos años de su vida se convirtió en misionero del pueblo llano, pues “convivió y trabajó con mineros, recorrió los pueblos del interior de Castilla y León, sin apenas dinero, viviendo del trabajo y de lo que le ofrecían los amigos que iba haciendo por el camino”.
Parece ser que buscaba a Dios, como Cristo, Dios y hombre verdadero, como el “nosotros” y el “yo” de la doctrina existencialista. Blas Otero se queda con Dios y con “nosotros”. Y yo me quedo con Cristo, que también es Dios, ”que sin apenas dinero, caminaba por el Mundo, Pidiendo la paz y la palabra”.


martes, 27 de octubre de 2015

Ekiñe, desde Santurce a Bilbao



Ekiñe es una bilbaína, que vive en Huesca y que me ha hecho recordar aquella marcha cantarina, que dice: ”Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la Ría”, que tantas veces he escuchado en el País Vasco. Al oírla, te llenaba de optimismo, como me alegró el corazón, al enterarme de que la bella muchacha, era bilbaína y  yo había escuchado en tan elegante ciudad, muchas veces, cantar ese “Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la Ría, con la falda remangada, luciendo la pantorrilla”. Me acuerdo de la Ría, cuando estaba toda ella invadida por industrias metálicas, que le daban un color ferruginoso, pero ahora la han reformado, con la supresión de las grandes naves industriales y la limpieza de sus aguas. Parece que hasta la industria ha escuchado las coplas, que tanto allí se cantaban y que vuelvo a pronunciar: “Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la Ría, con la falda remangada, luciendo la pantorrilla”. Ahora llama la atención su belleza, por la limpieza de sus aguas y me he alegrado, el enterarme de que Ekiñe, fuera hija del Gran Bilbao, porque yo no la había visto nunca, con faldas, que, como dice la canción, se levantaba la bilbaína, para pasar por la orilla, para cantar: “luciendo las pantorrillas”. No, no lleva faldas, porque esta tierra es de secano, sino que, por esta tierra, va constantemente con pantalones.
La conocí hace muy poco tiempo, pues vino a Huesca desde Zaragoza, donde iría por circunstancias de la vida, y me di cuenta de que era una muchacha trabajadora y emprendedora, pero independiente y optimista, pues siempre la contemplaba alegre, repartiendo dicha alegría entre los clientes del Bar-Restaurante, en el que yo la veía. Es trabajadora y hábil desempeñando el trabajo de cocina y sirviendo a los clientes.
Adorna su cabeza con una hermosa mata de cabello, que lo lleva recogido sobre su testa y que un día en que le soltó los colgantes con los que la sujetaba, parecía que era la Ría de Bilbao, no de agua sino de cabellos, que se prolongaban, no hacia el Mar, si no  por el Bar.
No puede ocultar su nacimiento en la Ciudad de Bilbao, pues si alguien ironiza sobre su ciudad natal, se irrita fuertemente, por haber insultado su corazón, pero nunca pasa nada, porque su carácter es tan cariñoso, que le dura muy poco tiempo su enfado. No contrastaban sus largos cabellos sobre las aguas de la Ría, pues parecían corrientes capilares, en competencia con la corriente del agua.
En Ekiñe, la bella doncella, domina un gran respeto y cariño  a los clientes, a los que trata con esas dos virtudes, unidas a unas enormes ganas de trabajar.
Sí, tiene ganas de trabajar, porque se coloca detrás del mostrador y parece que canta, señalando los bocadillos y las tapas: “Mis sardinitas que ricas son-Son de Santurce las traigo yo”.

Si, Ekiñe es como una ondina que ofrece a los clientes los mariscos del Bar, como las sirenas ofrecen los mariscos del Mar.

Salto de Roldán u Osca

Salto de Roldan Cuando uno pasea por la Calle del Desengaño, la más larga de Huesca, antes de llegar al edificio conocido por El Amparo, hay...