domingo, 8 de mayo de 2016

Don Quijote, antes y ahora




A Lope de Vega le mandó Violante hacer un soneto, por lo que se deduce al leer:”Un soneto me manda hacer Violante y en mi vida me he visto en tal aprieto, catorce versos dicen que es soneto, burla burlando van los tres delante”. Lope era Lope y claro, burla, burlando escribía un soneto; su fecundidad era proverbial, tanto que en menos de horas veinticuatro, no sé cuantas pasaron de las musas al Teatro. Además, en aquellos tiempos, en que el amor era el “primum movens” de aquellos caballeros, si se lo pedía Violante, lo que me extraña es que no escribiera cien sonetos en lugar de uno.
A mí, no me mandan hacer un soneto, me ordenan escribir sobre el Quijote y con mayor motivo que Lope, “en mi vida me he visto en tal aprieto”. El que me manda meterme en libros de caballerías es como Don Quijote,”seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador”.El caballero tiene otras analogías con  Cervantes; éste “se daba a leer libros de caballerías”,”y así llevó a su casa cuantos pudo haber dellos” y áquel, que me ha ordenado perorar, también tiene en su casa libros en abundancia, hasta  de caballerías, ya  que posee hasta el Quijote de Avellaneda. Este caballero es Don Federico Balaguer y cuando pienso que un sabio me manda escribir, me río y sólo me queda, como a Lope, pero en pequeño, tratar de burla burlando, llenar otros tres o cuatro folios, además del que ya llevo por delante. Yo creo que resultará sencillo, pues medio mundo se burla del otro medio, los cuerdos de los locos y estos de aquellos.
Hay personas razonables, que como Don Federico Balaguer se dedican a “desfacer” entuertos históricos, o, como Miguel de Cervantes que dedica a su Don Quijote a deshacer los entuertos que causaban los libros de caballerías en sus tiempos. Esos libros estaban escritos por personas a las que la razón de su sinrazón,  les hacía razón. Ante tales desvaríos, no valía la fuerza de la razón; el único recurso que le queda al escritor para combatirlo es la ironía, la sátira y la burla.
Unamuno  nos hace ver que el Quijote es una burla de un género literario que hizo que al caballero, se le secase el cerebro,”de modo que vino a perder el juicio”.
La era Gütemberg se había iniciado en el siglo XV y el invento de la Imprenta, que pudo transformar a todos los hombres en razonables y razonadores, llevó la sinrazón a Don Quijote y a otros muchos más. La misma Santa Teresa se tuvo que apartar de la lectura de los libros decaballerías, para poder llegar a hacer de la Mística un esquema racional en “Las Moradas”.
En la obra de Martín de Riquer, titulada “Introducción a Don Quijote” se lee que Alfonso de Fuentes, cuenta en su Summa de Filosofía Natural (1547), el caso de “un personaje que se sabía de memoria el Palmeril de Oliva y no se hallaba sin él, aunque lo sabía de cabeza”.
En el Arte de Galantería de Don Pedro de Portugal, se describe como lloraba toda una familia porque se había muerto Amadís de Gaula; un gran señor italiano sé desesperaba al leer que Amadís hacía penitencia, como cuenta Lope de Vega en su novela Guzmán el Bueno.
Hay quien se pregunta si Cervantes quiso en su obra afirmar que todos estamos locos. He hablado antes de personas razonables o cuerdas y de personas de la sinrazón o locos y el mismo Cervantes opone a la locura de don Quijote, el sentido común de Sancho Panza, que, como poseedor de la sabiduría del pueblo sabe que “de poetas, músicos y locos, todos tenemos un poco”. Creo que sería tan disparatado ver por todas partes castillos encantados y sutiles Dulcineas como tener el concepto sanchopancesco de “muera Marta y muera farta” y el deseo de que todas las Martas se convirtieran en “fembras placenteras”. A lo largo de la obra se observa como Don Quijote se va haciendo más realista y como Sancho, por ejemplo, en la Insula Barataria, donde lo nombran gobernador, pronuncia frases que se apartan de lo concreto y entra en conceptos abstractos como la Justicia.
Don Quijote es un insensato, no muestra sentido del humor, es un utópico y las utopías son como el onanismo y el insensato sueña en princesas y como utópico está separado del erotismo, que habitualmente ponen en acción los
Caballeros  andantes.
Soñaban como locos, los caballeros andantes en princesas encantadas y defienden damas, que tal vez lo fueran por su posición social, pero que muy bien se pondrían a cantar la reciente y escandalosa canción que dice:”Yo quiero ser una zorra”.
Sancho Panza es excesivamente sensato y carece también del sentido del humor, haciéndole su realismo, creer solamente en aquello que tiene al alcance de la mano y se le escapa también el erotismo, para convertirse en posesión material.
Los utópicos y quiméricos, en su vida particular o en la pública, si la ejercen, ven sus chifladuras desmoronadas ante la realidad, después de mostrarse violentos, ya ante los molinos de viento o ante los rebaños de ovejas, entes pacíficos por antonomasia y en los que ellos sólo ven fantasmas enemigos. Los absolutamente sensatos podrían pasar por bueyes embelesados en su ciencia.
¿Dónde está el mérito de Cervantes?. Yo creo que en la ironía con que nos conduce a la realidad de cómo debe ser la persona humana, tan alejada de Amadises y de Dulcineas como de Sancho Panza y Maritormes.
No es el Don Quijote una simple sucesión de relatos chuscos, que constituirían una payasada, como ocurre en alguno de los que salen en el Avellaneda, como en el capítulo en que Don Quijote y Sancho, camino de Zaragoza, entran a expoliar un melonar y salen a palos. El payaso es un hombre alienado, no es un hombre auténtico, está enmascarado de listo o de tonto.
El mérito de Cervantes es hacer ver, por la ironía, como no debe ser el hombre; es intentar apartar al hombre de la alineación; pero la grandeza de su obra es que es universal en el espacio (cientos de ediciones de sus obras en casi todas las lenguas) y en el tiempo. Si en la era Gütemberg fueron los libros de caballerías y de otros géneros alienantes, sigue habiéndolos en la era Mac Luhan.
Mac Luhan era canadiense y ha muerto hace poco tiempo. Anunció el fin, quizá exagerando un poco de la letra impresa, sustituida por las computadoras, la televisión, los vídeos, etc. Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, pero yo me pregunto: ¿no será mejor una imagen acompañada de una hermosa y precisa descripción?. Estas palabras me recuerdan que Cervantes ironizaba  los libros de caballerías, no sólo en su fondo, sino también en su forma. No otra es su intención cuando escribe: “apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus arpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la vanidad de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero Don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante y empezó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel”.
Este texto, a pesar de ser una ironía contra el estilo literario de los autores de los libros de caballerías, a mí me encanta leerlo y releerlo y me gustaría acercarme en los escritos a su calidad literaria.
Pero estaba hablando de la bipolarización que se plantea entre Gutemberg y Mac Luhan y yo creo que sigue siendo necesaria la lectura y que la del Don Quijote será siempre aleccionadora. La escritura hace pensar, los chinos representan con signos sus palabras monosilábicas, los fenicios sustituyeron los dibujos por consonantes y vocales, pero todavía podemos ver dibujadas las “ideas de las cosas”, en las cuevas primitivas. Con estas imágenes, si no las acompañamos de una descripción escrita, podemos volver al bisonte de Altamira.
¿Qué conclusión podemos sacar de este concurso?. Yo personalmente tengo la mía, que le agradezco a Don Federico por haberme mandado intervenir en este acto lo que me ha obligado a leer, como a los concursantes, textos del Quijote y a reflexionar sobre ellos. Estas lecturas y estas reflexiones nos han ayudado a comprender el mundo actual y a percatarnos del paralelismo entre Don Quijote con escritores actuales.
La alineación que antes producían los libros de caballerías, las producen ahora el consumismo, la televisión, el cine, la masificación, los dogmatismos, los fanatismos y una vaga conciencia de inseguridad en el porvenir colectivo y en el de cada joven e incluso de cada persona mayor, como yo mismo.
Se celebra estos días el aniversario de Ortega, que decía que los españoles consideraban “funesta la manía de pensar”. Algunos lo descalifican porque no pensaba como ellos, pero yo  animo  a los jóvenes a que piensen por sí mismos y ahora que han leído el Quijote que sigan leyendo otros libros.
Kafka en su obra “El castillo”, habla de como en él se hallan hombres con poder, que tienen siempre palabras, buenas palabras, pero los hombres que están fuera, están inermes, desalentados e impotentes para alcanzar otra Dulcinea, que es un conjunto de sueños de felicidad y de libertad.
José Luis Castillo Puche describe como Kafka ha  sabido ”poner en alegoría no sólo el destino incierto del hombre”, ”sino que a través de sus personajes atónitos y acosados, alucinados o poéticos en medio de la grosera vulgaridad, ha dejado testimonio de la auténtica conciencia de nuestro tiempo”.
A Don Quijote lo interferían gigantes, que eran molinos de viento, a los hombres, en sus sueños los interfieren también gigantes que son todopoderosos en sus torres del castillo del poder: ”burocracias de hierro, automación y la deshumanización de la maquinaria estatal, social, científica, económica y técnica, cuyo objetivo es hacer que el mundo funcione sin tener en cuenta al hombre”. El mismo Cervantes sufrió en sus carnes los vituperios del poder.
Cervantes, en situación de pobreza envió al Consejo de Indias una serie de méritos que le podrían hacer merecedor de un empleo en América y aquellos méritos eran los siguientes, su pérdida del brazo en Lepanto, el cautiverio de Argel, la misión que desempeñó en Orán, los que tenía su hermano Rodrigo que había también peleado en Lepanto y el desamparo de sus hermanas. Se lo denegaron, pero su Don Quijote, como decía mucho antes Don Juan Manuel de los libros fue “melecina”, que con su bálsamo de optimismo y de ilusión ha curado muchas mentes humanas y las ha aliviado en el curso de los años.




jueves, 5 de mayo de 2016

Adoración a Nuestro Señor

San Cosme y San Damian (Huesca).



Un sacerdote iba a la Catedral y yo venía de ella porque había acudido a oír misa. Dicho sacerdote habla poco, al menos con los hombres, porque con el Señor debe estar siempre pensando y comunicándose con Él. Le pregunté que porqué rezaba tanto y me contestó que el mundo estaba hecho por Dios para que cantara su gloria y así lo hacen los animales,  unos con sus cantos y otros con su comportamiento y las plantas con sus flores. Pero sobre los animales, me indicó su diferencia con los hombres, ya que aquellos están regidos por los instintos que el Señor estableció en su genética y esos instintos son los que gobiernan sus actos; cuando el instinto les dice que tienen que emigrar, vemos como en pocos días desaparecen de nuestros pueblos las golondrinas y cuando vuelven al año siguiente vemos como movidas por ese mismo instinto, preparan sus nidos, se aman y ponen los huevos de los que saldrán las crías, que a su vez, cuando sientan la llamada de Africa  a sus tierras, ellas acudirán. Y vemos como el Señor ama los animales y las plantas, al leer en el Evangelio de San Mateo de la procesión del Domingo de Ramos, aquellas frases, que había dicho un profeta a la hija de Sión: “Mira que viene a tí tu Rey lleno de mansedumbre, sentado sobre una asna y su pollino, hijo de la que está acostumbrada al yugo…Y una gran muchedumbre tendía también sus ropas en el camino: otros cortaban ramos de los árboles y los extendían por el camino, y tanto las turbas que venían delante como las que venían detrás, clamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David: bendito sea el que viene en el nombre del Señor!”.
Pero no sólo están en el mundo las plantas y los animales, sino que el Señor creó a los ángeles y a los hombres y los hizo libres, pues podían los ángeles contestarle que sí   a sus mandamientos y lo mismo podían contestarle que no. Muchos, entonces ángeles, no quisieron someterse a su autoridad y le contestaron que no, con lo que se convirtieron voluntariamente en demonios. Los hombres estamos sometidos a una  prueba parecida, y podemos amar al Señor, sometiéndonos a su voluntad y podemos convertirnos en sus enemigos, diciéndole que no estamos conformes con sus Mandamientos. Basta con ver a nuestros primeros padres Adán y Eva, que fueron expulsados del Paraíso Terrenal por desobedecer al Señor.
En las Sagradas Escrituras se lee como alguien hizo caso a Dios y Este le “creó descanso en su seno” y se quedó como “cedro del Líbano y cual ciprés en el monte de Sión”, resaltando las palmas, las rosas y los olivos, que cantan sólo con su presencia la Gloria del Señor. Basta  leer la Epístola para la misa del día quince a Agosto, en que se celebra la Asunción de la Santísima Virgen María, que está sacada del Libro de la Sabiduría (Eccli., 24,11,13 y 15-20)  y que parece tratarse de una profecía sobre ella y que así dice: ”En todas las cosas busqué el descanso de mi alma, y en la heredad del Señor fijé mi mansión. Entonces el Creador de todas las cosas dio sus órdenes, y me habló; y el que me creó descanso en mi seno,  me dijo: Habita en Jacob y sea Israel tu heredad, y echa raíces en medio de mis escogidos. Y así fijé mi estancia en Sión, y fue el lugar de mi reposo la ciudad santa, y en Jerusalén está mi trono. Y me arraigué en un pueblo glorioso, y en la porción de mi Dios, la cual es su herencia; y  mi habitación fue en la plena asamblea de los Santos. Elevada estoy cual  cedro del Líbano, y cual ciprés en el monte Sión. Extendí mis ramas como palma en Cades, y como rosal plantado en Jericó; me alcé como hermoso olivo en los campos, y como plátano en las plazas junto al agua. Como cinamomo y bálsamo aromático despedí fragancias, y como mirra escogida  exhalé suave olor”.
El hombre puede alabar al Señor, que es para lo que nos ha creado, como dice el salmo 137: ”¡Te alabaré, Señor, con todo mi corazón, porque has oído las palabras de mi boca!. ¡En  presencia de los ángeles te cantaré salmos, te adoraré en tu santo templo, y alabaré tu Nombre!”. Pero puede ofenderle, como le ofendió el demonio, como dice el Himno de San Miguel: “Él arroja al fondo del abismo la cabeza orgullosa del Dragón, y confunde a los rebeldes con su caudillo, expulsándolos del cielo”.
Y por allí andan tentándonos los demonios a los hombres, a unos para que pequen y no amen al Señor y otros tentando a aquellos hombres que tienen influencia en la sociedad y a alguno lo convencen para que canten canciones que van contra las leyes de Dios y a otros que gobiernan en el mundo les enseñan a perseguir las leyes justas y que el pueblo no sea enseñado en la doctrina de Cristo. Pero los demonios son derrotados siempre con la señal de la Cruz y con el nombre de Cristo y sin embargo vemos como parece que se acaban las buenas costumbres y las vocaciones religiosas, pero esto es porque los hombres no se oponen con energía a la labor demoníaca, ni se educa tan masivamente como antes a los niños, en la doctrina de Cristo. La labor de la adoración y alabanza a Dios parece disminuir porque vemos como van desapareciendo monasterios históricos y de gran entusiasmo por la Fe, como el de Casbas. Pero todavía quedan hombres como vosotros que pertenecéis a Adoración y Vela y que os dais cuenta de los peligros que corre la humanidad con la pérdida de la Fe y oráis y os empeñáis en defenderla.
Pero esta situación no es nueva pues ya el año 1935, en la vida de la Madre Pabla Bescós, nacida en el pueblo de la Sierra de Guara, llamado Panzano, cuenta como en esta población, juntos con los vecinos de Coscullano, de Santa Cilia y de Bastaras, iban junto a otros habitantes de encima y de debajo de la Sierra de Guara, en peregrinación al Santuario de los Santos Cosme y Damián. El ambiente era de gran fervor, pero en el libro Flores de Montaña de Luis María de Arag, dice este señor que “el año que yo acudí a la romería hizo un día verdaderamente esplendoroso. La Sierra de Guara parecía vomitar por sus brechas reatas interminables de cansinos burros y ligeros machos atalajados  con borlas y campanillas y llevando sobre sus lomos las rozagantes aldeanas, las repletas alforjas y a los pobres viejecitos, que venían tal vez a rendir el último tributo de homenaje a sus queridos patronos” y añade: ”El Sr. Damián me dijo…bueno es que gocen estos jóvenes, pero no piensan más que en la juerga y van poco a poco perdiendo la cristiandad, y eso no puede ser. Como siga así la juventud del pueblo, dentro de unos años tendrán que borrarnos de los cinco libros”. Pero al llegar al Santuario todos rezaban y cantaban al Señor. Entre ellos, en ocasiones, había estado también Pabla Bescós y sus amigas, entre las que se encontraba mi pariente Josefa Naya, naturales de Panzano y Pabla Bescós no siguió los atractivos de una vida cómoda y fácil, que seducían a otros jóvenes, sino que a ella “la vida sin El le parecía día  sin sol, flor sin perfume, desierto sin agua”.
Decidió que “sería religiosa y religiosa de clausura”. En Huesca “había observantísimos monasterios de clausura, el de San Miguel y otros no menos fervorosos y observantes. No lejos de su  pueblo se hallaba también…el Monasterio de Casbas de Religiosas Bernardas”, pero el Señor quiso que ingresara en las Hermanas de Santa Ana. Es que pensó que ofrecería los sacrificios que tuviera que pasar, con las oraciones que al Señor dirigiría.
Es un caso como el vuestro, ya que dedicasteis vuestra vida a diversos trabajos y el tiempo que os ha sobrado se lo dedicáis, como la Hermana Pabla a la Adoración del Señor y a velar por su Fe.
Pertenecéis a la Comunión de los Santos, que es  como una común –unión, que  se prolongará eternamente, cuando vuestros cuerpos sean gloriosos y no necesitarán más alimento que la presencia de Dios.


domingo, 1 de mayo de 2016

A una poetisa



Aquella Mariví, de apellido desconocido, cantaba:”Mi novio cuando fuma, me tira el humo, me tira el humo en el jardín de la hierba buena”. No me acuerdo de más frases de aquel disco rayado, sólo recuerdo que en alguna de sus vueltas sobre el disco, la aguja saltaba de pista a causa de su deterioro y en llegando a aquello de “me tira el humo me, me tira el humo me….no acababa por repetirse “¡ay Mariví,  Mariví, maravilla de mujer, del barrio de Santa Cruz, tu eres un rojo clavel”. Después de tantos años, aquel traqueteo me sigue martillando en la cabeza y aquella aguja, en este caso desobediente a la “voz de su amo”, me sigue rayando la sensibilidad, como rayando cada vez más el disco, al repetir “me tira el humo, me tira el humo”, pero sin decir que “en el camino de la hierba buena”. Aquella  Mariví, que ahora estará como un salmón ahumado por el humo de la pipa o del cigarrillo, extremo éste que el disco renqueante no aclaraba, ahumada o embalsamada por el aroma de la hierba buena, debía ser una carátula de un romanticismo de salón o de jardín programado. ¡Tú, Mariví, no eres carátula sino libélula de un lugar, donde las hierbas son buenas en los prados y en las selvas y las que no son buenas, son bellas; flotas por el lugar como los humos que surgen de chimeneas elegantes y gigantes y “prexinan una vida” cuando la luz “s´en ye ida; calor, sólo restan  purnas y purnallos, cansos s´aposientan”. “La brasa se apaga y ves con tristeza sólo la ceniza esparcida en tierra”. El humo todo lo impregna y la libélula vuela y se renueva, aquel en el invierno y ésta en el verano, formando parte de la poesía, de tu poesía, que como la savia lo hace por los troncos, así circula por tus venas y como las “chispas, plumas y bolisas” brincan de esos mismos troncos; así brotan de tu boca las palabras altoaragonesas expresando belleza y dignificando la “fabla” aragonesa.

Tú no eres carátula,  no te sometes a la férula de la prosa y no podrá ponerte presa en su ergástula, porque te escaparás como huye el humo por las chimeneas o por las ventanas la libélula, lula, lula, lula….lula  marividiana. 

sábado, 30 de abril de 2016

Pilar Cativilla, desde los 12 años a los 94


Muralla y Cruz de los Caidos . Sietamo (Huesca).


Llegó el día dieciocho de Julio del año de 1936 y pocos días más tarde, estalló en Ola y en Siétamo la Guerra Civil, empeñada en destruir las vidas humanas y los edificios, desde el Palacio de los condes de Aranda hasta la casa de la “siña” Juana, madre de Concha Ferrando. Esta Concha Ferrando escapó de las tropas republicanas, que habían conquistado Siétamo, pero marchó en plena Guerra, con tranquilidad. Si, fue desde Siétamo hasta el Estrecho Quinto, donde se refugiaron las tropas y parte del pueblo sencillo de Siétamo y pacífico. En dicho lugar, estuvieron cercados, desde el día doce de Septiembre hasta el día treinta del mismo mes. Un dí de estos, el Coronel Villalba, coronel del Ejército en Barbastro, envió una carta a los huidos de Siétamo, para arreglar esa situación y para enviar la carta al Estrecho Quinto, usó a la señora Concha, que caminó por la carretera  provista de una bandera blanca, Y con ella llevaba un mensaje a los rebeldes, para que se rindieran. Una vez llegada al Estrecho Quinto, su jefe no quiso ni leer el mensaje de los republicanos, y en presencia de la “siña” Concha, quemó los papeles que les pedían su rendición. La señora Concha, no quiso vover a Siétamo, pues buscaba su liberación en Huesca. Concha como su madre la señora Juana, llevaban sus cabezas cubiertas con unos grandes pañuelos negros, y Concheta tenía además a su hermano  el simpático y cariñoso el “Zurdo”. Después de la Guerra, con la iglesia destruida, el cura celebraba la misa en la Calle Alta, al lado de su casa-abadía. En el balcón colgaba una rueda metálica de un camión, de la que había desprendido su neumático y golpeando la parte metálica de la rueda, con un martillo, la hacía sonar como una campana, que imitaba  a la vieja y auténtica de una iglesia. Entonces acudían los fieles a escuchar la misa. Al acabar, en la calle, agrupados los asistentes cantaban una canción, que no recuerdo lo que decía. Los guardias, algunos escarmentados de la muerte de muchos de sus compañeros, se dieron cuenta de que el “Zurdo” no cantaba. Cuando acabó aquel acto medio religioso, medio político, se enfrentaron los guardias al hermano de Concheta, porque no había cantado y le obligaron a cantar a él sólo, la canción, que no se sabía si la abría aprendido, en lo poco que hacía que había acabado la Guerra.
Castillo de Sietamo (Huesca).


 Empezó el año de 1936, la destrucción del Castillo  Palacio, donde nació el Conde de Aranda. Todavía no ha terminado, porque en el año de 2.016, se siguen cayendo el Almacén y el Granero, que quedaron elevados, y no se sabe  cuánto  durará su ruina total, pues el alcalde no dio permiso para reparar, el envejecimiento del local. Este Almacén agrario, lo levantó el conde de Aranda en 1747,  pues aunque él, vivía  haciendo la política y dirigiendo el curso de las  guerras europeas, no dejaba de preocuparse del desarrollo de su  patrimonio de cerámica industrial en Valencia y el agrario en muchos pueblos de Aragón como  en Siétamo, donde había nacido.  Y para mejor cultivar la tierra, construyó este Almacén y granero, al  lado de su Castillo o Palacio, en el que había nacido.
El Castillo fue destruido el año de 1936 por la Guerra entre  republicanos y nacionales y después, terminada  ésta, los sublevados, que ganaron la lucha, derribaron sus muros, pues de sus tejados no quedó ninguno sano, para volver a levantar pueblos  destruidos,  como Chimillas y como el mismo Siétamo.
Antes de empezar la Guerra Civil, vivían en el Castillo varias familias, como la del  señor Lasierra, Guarda de Monte de Siétamo, cuyas hijas eran Lucía y Josefa, casadas con los hermanos, llamados uno Joaquín y del otro, no recuerdo su nombre. Eran ambas hermanas enormemente simpáticas, pues siempre te daban conversación y te sonreían. Después de la Guerra marcharon a Barcelona y por fin, estuvieron viviendo en Siétamo, al lado de Casa de Trabuco, hombre que fue siempre sacristán, después haber sido soldado de la República, de la iglesia de Siétamo  frente al cuartel de la Guardia Civil. Cuando fue nombrado el Cardenal Javierre, nacido en Siétamo, le llevó a Roma una caja de “Castañas de mazapan”. Fue Antonio Bescós un miembro del Ejército Gubernamental, ¿quién le iba a explicar a Pablo Bescós, alias “Trabuco”, quienes era los buenos y los malos en esta Guerra?.   
 Según del Doctor Cardús, primo hermano de los hermanos Llanas Almudévar, llegaron a vivir en tiempos de Paz, en el castillo, hasta diez familias. Yo esos años antes de la Guerra, acompañaba a mi tío José María, cuando se acababa el Otoño, a cautivar pichones de paloma para guisarlos en casa Almudévar y retirar cuando el invierno llegaba, los nidales de las palomas, para que cuando éste arreciaba, no pudieran criar por el frío y la falta de alimento, que las parejas de palomas adultas, no podían encontrar por el monte, para alimentar a los pichones.
Yo sufría al aprisionar a los pichones, para sacrificar sus vidas y consumir sus cuerpos, igual que iba a pasar con muchas vidas de los vecinos del Castillo de Siétamo, con sus cuerpos semienterrados por el monte. Estos, como los pichones al llegar al invierno pasarían hambre, al no encontrar alimentos y los ciudadanos del pueblo, la volvieron a pasar, al llegar este tiempo de Guerra, que intentó acabar con todo lo vivo en el ambiente. Al entrar los republicanos en la bodega del Castillo, se bebieron todo el vino que pudieron soportar sus cuerpos y el resto se derramó o más bien lo dejaron que se estropease por el suelo, entre la sangre de los heridos y de los muertos.

Plaza Mayor de Ola (HUesca).

Al llegar aquellos tiempos, se respiraba el conflicto de la Guerra Civil  y la niña PILAR CATIVILLA  de OLA, huyendo del pueblo de Ola, donde había nacido, llegó a Siétamo a casa de sus parientes, para huir del miserable ambiente de la Guerra Civil. Al llegar la Guerra, tenía trece años y cumplió catorce, al llegar el día 17 de Noviembre de 1936, con la Guerra comenzada.
Esta protagonista entre las víctimas de la Guerra del año 1936, que nació en Ola, pueblo muy cerca de Alcalá, la conocí años más tarde, siendo Veterinario, en Alcalá del Obispo, donde estaba casada. Dios protegió a PILARÍN, porque, después de acabada aquella Guerra Civil tan cruel y tan asesina, se conoció y se casó con Agustín Malo de Alcalá del Obispo, pueblo muy cercano a aquel en que nació PILARÍN  llamado OLA. A este hombre lo conocí, cuando estuve de Veterinario de Alcalá del Obispo. Era Agustín un hombre íntegro y honrado. Cuando el Señor  Artero, agricultor de Alcalá del Obispo, ordenaba siempre a Agustín, que se colocara detrás de la máquina sembradora y éste, siempre estaba pendiente de los mandos de la sembradora, para que surgieran bien las semillas de trigo, que iba sembrando. Así como carecía de habilidad para hablar, tenía un cerebro que pensaba con gran acierto y conseguía que el Señor Artero, recogiera una excelente cosecha de Trigo. Cuando yo iba por Alcalá conversaba con Agustín, pues aunque tenía dificultades para hablar, tenía un cerebro privilegiado, que hacía posible que él y yo, nos entendiéramos maravillosamente. Recuerdo las escasas veces que yo tenía la suerte de comunicarme con el señor Agustín, siendo Veterinario de Alcalá del Obispo.
Nació PILARÍN en casa Cativilla de Ola, donde vivió con su hermano Fernando Cativilla Seral, padre de Fernando, amigo mío, pero como su padre había enviudado, volvió a casarse, teniendo otra hija, que tuvo otro segundo apellido que su hermano Fernando.
Nada más llegar la Guerra a Siétamo, a medida que avanzaba el Ejército Republicano, éste se iba apoderando de las casas vecinas, en que se resguardaban  los que estaban con la niña Pilar Cativilla, que tenían la necesidad de agujerear la pared de la casa donde estaban, para pasar a otra, más cercana al Palacio de los Condes de Aranda. ¡Qué procedimiento más salvaje el de los conquistadores de Siétamo!, porque para ganar tiempo, incendíaban las casas, para llegar a conquistar el Palacio. En estos tiempos la que entonces era la niña Pilar, me ha contado con sus noventa y ocho  años, los sentimientos de su corazón, tan sensible entonces como ahora, y comentándome aquellos días, me dijo: “al incendiar todas las casas, los cerdos y las burras, chillaban de horror, pidiendo auxilio”. Es que la niña Pilar, de la misma forma, estaba también muerta de miedo, ante aquella situación próxima a la muerte, como me declaró a mí, en la misma ocasión.
Por fin, llegaron las tropas del Ejército y los milicianos al Palacio o Castillo del Conde de Aranda, pero no fue esa llegada un triunfo sobre los sentimientos dolorosos de las familias, que huían de la muerte. Allí, según me dijo la que entonces era la niña PILAR, : “estaba dirigiendo la defensa,  el Teniente Soto. Todos creíamos en él y lo seguíamos como si fuésemos corderos”. El teniente Soto, cuando ya no encontró esperanza en la victoria de su lucha, pensó en escapar del Castillo y gritó: ¡Que se salve, quien pueda, y que me siga!. ¿Quiénes estaban allí?. Estaban muchos defensores de Siétamo y gente sencilla llena de horror. Pero entre ellos estaba Mosen Marcelino Playán, párroco de Siétamo y nacido en Antillón, del que la prensa “roja”, anunció varias veces haberlo matado, pero que, acabada la Guerra, siguió de Párroco en Siétamo. No me extraña que hiciera cantar sólo al “Zurdo”, después de misa en Siétamo, acabada la Guerra. La Guerra vuelve locos a todos los que se ven envueltos en ella. Estuvo un doctor Médico, llamado el Doctor don Luis Coarasa, que fue amigo mío, nacido en el pueblo de mi mujer, es decir en Torralba de Aragón. Todavía vive una señora, llamada Pepita, que su madre cansada de la marcha por el mote y horrorizada por el miedo, abandonó a su hija en aquel espacio, dominado por el fuego de las balas, pero Don Luis Coarasa, el médico, se la hizo recoger y todavía está llena de vida. El cura y el médico animaron a los huidos del Castillo de Siétamo, y entre carrascales y el barranco, los guiaron hasta que llegaron al Estrecho Quinto.
Una vez en la altura del Estrecho Quinto, los soldados bajaban a buscar de los huertos de Quicena, lo que podían cargar en ellos. Los pobres soldados tenían sus rostros morados y sus cabezas llenas de piojos.
La zona de Estrecho Quinto,compatida entre Siétamo y Loporzano, fue el lugar en que se estableció durante bastante tiempo, el frente entre los republicanos y los huidos de Siétamo. Desde aquel extremo de los Sasos de Loporzano, a una altura considerable, se observa una visión panorámica, de la Siera de Guara, con la presencia al Sur de ella del Castillo-Monasterio de Montearagón, entre los mallos de Salto Roldán. Al fondo se exhibe la ciudad de Huesca. Desde este punto de observación del paisaje, en este extremo de Estrecho Quinto, convertido en un punto de lucha, los refugiados de Siétamo estuvieron luchando un tiempo, desde el doce de Septiembre, hasta el día treinta del mismo mes.
Y este punto de la Cruz del Estrecho Quinto, es un observatorio desde el Somontano de Siétamo-Loporzano, de la Sierra de Guara. En el año de 1936, el Ejército Republicano, encontró en dicho punto, una resistencia de los militares franquistas y de los paisanos, entre los cuales estaba PILARÍN CATIVILLA, que huían del terror de los fusilamientos. Fue el lugar de Estrecho Quinto, un punto de resistencia de los vecinos de Siétamo, ayudado por escasos militares, que evitó la inmediata toma de la capital de Huesca, por parte de los milicianos.
En el “Homenaje a Cataluña”, escrito por George Orwell en 1938, acusa al Partido Comunista (PCE)  y a la Unión Soviética del Anarquismo español, que supuso el triunfo de los falangistas.  
Pilarín Cativiella de Ola, estaba sufriendo una Guerra cruel, realizada por diversas ideas políticas y ella como casi todo el pueblo español, ignoraba los motivos de esta matanza de los años desde 1936 hasta 1939. Luis Coarasa, el médico, que salvó la vida de la pequeña niña Pepita, estaba en todo momento pensando en la forma de salvar las vidas de los huidos de Siétamo, pero  Pilarín  de Ola, sufría el hambre y su pensamiento, intentaba consumir alimentos, para su cuerpo de pocos años.  Dijo el periódico La Vanguardia que trescientos hombre y unos cien vecinos de Siétamo, permanecían a aire libre, en lo más elevado del Estrecho Quinto, pasando hambre hasta el día 29 de Agosto de 1936.Salieron de Siétamo el día doce de Septiembre, para ocupar el Estrecho Quinto. El día treinta del mismo mes de 1936, con grandes dificultades se retiraron a Huesca.
En aquella retirada iban Pilar Cativilla de Ola y Concha Ferrando de Siétamo, que no quiso volvez a su pueblo natal,  hasta que se acabó la Guerra, Igual que Pliarín Cativilla que vovió a Ola y de ahí fue a casarse a Alcalá del Obispo.
De la misma forma que hoy, día del mes de Abril de 2016, he venido a esta Edificio de la Caridad, en Huesca a visitar a Pilar Cativilla, recuerdo que también en otros tiempos, acudí a esta Residencia de “Las Hermanitas de los Pobres”. ¿A quién fuí a ver hace ya bastantes años a esta Residencia?. A la “Siña” Concha, que antes de la Guerra, nos cuidaba a mis hermanos menores que yo, Luis y Jesús y a mí mismo. Arrimado a la cama de su muerte, me acordaba de cuando tenía cinco años, en Siétamo y antes de la Guerra. Me cogía de las manos y me gritaba:”Hijo mío, ¡ladrón!, tú tendrás cien años de perdón”. “De lo que se deducía que  aquí, en España, ya había muchos que aspiraban a ser ladrones de gobierno, porque a mí mismo,  me decía: ”Inacier, tú serás ladrón de Gobierno!. No lo consiguió, pero veía un buen porvenir en esa profesión, pues hasta los rusos, se llevaron el oro de España”. Ahora, en el año de 2016, siguen saliendo ladrones cerca del gobierno de España. “Como he dicho, iba a verla al lecho donde había de morir y me cogía de la mano y no la soltaba. Ya nos había salvado la casa de Siétamo de un incendio, donde Durruti, encontró su despacho, al conquistar Siétamo y ahora le dolía tener que separarse de mí. Yo creo que algún día, nos volveremos a ver en la otra vida”. Por fin salieron de Estrecho Quinto, la “siña” Concha y la casi niña Pilarín Catevilla, acompañados de los que habían, hasta entonces escapado de la muerte.

En Huesca volvió Concheta a convivir con mis tíos los de Casa Llanas y Pilarín con su hermano Fernando Cativilla Seral, padre de mi amigo Fernando, que había podido escapar a Huesca capital. Pilar se casó más tarde con el buen Agustín Malo de Alcalá y allí conocí a sus hijos buenos y trabajadores. 

sábado, 23 de abril de 2016

LAUBURU en Vascongadas y en Aragón



Los aragoneses al lauburu, lo conocen algunos con el nombre de “relligada”, que quiere decir “atada”, como si se hubieran ligado ente sí, como forzadas, las cuatro hojas circulares o extremos, de una cruz gamada o lauburu.
Ahora se hace una enorme propaganda de los lauburus vascos, y están casi olvidadas las “relligadas” aragonesas, que son los mismos instrumentos antiquísimos y que casi nadie los venera, con tal nombre  de “lau”, que significa cuatro y “buru”, que quiere decir cabeza. Hay quien conoce al lauburu como Cruz Vasca o esvástica y hay quien les dió el nombre de “relligadas”, cuando el idioma vasco se prohibió usarlo en Huesca, según Don Federico Balaguer, el año de 1350. En Aragón  es extraño que además se busquen otros nombres de distinto  origen,  cuando los  lauburus,  se han denominado como tales, durante siglos, en Aragón. ¿Quieren los vascos y muchos aragoneses, olvidar el nombre de lauburu, cuando en pueblos aragoneses  y vecinos de Navarra, conservan los nombres vascos de Alerre, Ayerbe y Chabierre o Jabierre y Ligüerri?. Arbaniés está debajo de la Sierra de Guara y en esta misma Sierra se encuentran los restos del pueblo de Isarre, así como cerca de la navarra Sangüesa, se encuentra el aragonés pueblo de Isuerre.
 El lauburu lo han convertido en un símbolo, como el más  significativo  de la identidad vasca.
 Este símbolo se aprecia en todo el País Vasco, principalmente en Pamplona, con el que quieren identificar algunos la política, y la mayoría de  la identidad y de la cultura vasca.
En tanto los aragoneses que poseemos multitud de lauburus por todo nuestro territorio, no nos acordamos de él y muchos aragoneses ya no saben si existe la Cruz de las cuatro cabezas, como algunos recuerdan a aquellas cabezas moras, que había en la Plaza del Castillo de Pamplona, enterrados bastantes moros. En el escudo de Aragón se exhiben  cuatro cabezas cortadas de moros. El lauburu es hoy uno de los símbolos, que caracterizan la identidad de Vascongadas., y los aragoneses nos olvidamos de tal símbolo. No es raro pensar en las cabezas de los moros, en aquellos tiempos de la Reconquista, en que algunos identificaban cuatro cabezas moras en un lauburu  y en algún escudo.
El lauburu es una cruz con brazos curvos, que a veces se han representado cuatro (lau) con sus cabezas (burus), que en otros tiempos algunos han identificado con los lauburus vegetales o trébol de cuatro hojas.
Francisco San Roman en Arbanies (Huesca).
Pero yo no me puedo olvidar de tales signos, porque en el pueblo de Arbaniés, de nombre casi exactamente igual al de Arbuniés de Navarra, en una casa donde ya no vive nadie, porque se va  despoblando Arbaniés, pueblo en el que vivió, el todavía vivo señor Francisco San Román. Antes de la Guerra Civil, cuando todavía era un niño, repartía el pan por los pueblos cercanos, como Castejón de Arbaniés, Loscertales y Coscullano. En Coscullano, en el armario de una vivienda se exhibe un lauburu, tallado en madera. Y a la casa de Arbaniés, en la que nadie vive, le saqué una fotografía, delante del portal. En la piedra clave del arco pétreo, que sujeta la puerta de madera de la casa, está tallado  un hermoso lauburu. Está comunicado con la punta de un corazón tallado también  en piedra, que parece sostener el lauburu con su punta inferior, convertida en superior, pero éste no tiene sus cuatro hojas inclinadas hacia la derecha, sino hacia la izquierda.
¿Qué querrían decir los que en aquellos tiempos tan remotos, hacían girar unas veces las extremidades del lauburu, hacia la derecha y otras hacia la izquierda?
Desde luego que los usuarios de los lauburus, los usaban  como unos instrumentos sagrados, que servían a los hombres para regirse, por el tiempo de las lluvias y por las épocas de sequía y por los fenómenos, no sólo atmosféricos, sino del  pasado y del  futuro.
 La forma geométrica representada por una cruz gamada, es y ha sido un símbolo muy antiguo, que se ha usado en muchas culturas, extendidas desde Extremo Oriente, el Tibet, y que se ha registrado en Europa ,como en Finlandia, la Europa Occidental, sin olvidarse,  incluso  de la América del Norte.     
Yo, casi todas las veces que paso por Arbaniés, paro el coche y me pongo a contemplar el hermoso y original lauburu de piedra, que se alza en el vértice del arco central del portal, de una casa.
Un día cualquiera  subí a mi amigo Francisco, a contemplar el lauburu de la casa de Arbaniés, donde vivió antes de la Guerra, durante ella y unos años después. Se fijó en el huerto con su balsa, sus higueras, sus manzanos y membrilleros,  donde ya no había verduras ni frutos, porque hacía ya muchos años que ya no cultivaba nadie su escasa tierra. Arbaniés está al pie de la Sierra  de Guara, como el pueblo de San Román de Panzano, donde nació Francisco y su corazón estaba embriagado del recuerdo de su vivienda, conocida como casa Bosque, donde había nacido. Pero lo que recordaba con emoción  más vieja era el viejo lauburu,  como si fuera un escudo, como tantos se exhiben por el Somontano de la Sierra de Guara, que todavía luce en el arco de piedra. Producía en el cerebro de Francisco esa vejez del lauburu, una confusión que ya le había hecho perder, el arte de distinguir un lauburu de un escudo de los infanzones. Le pregunté si recordaba el laububu, que presidía el portal de su casa natal. Me dijo que recordaba dicha piedra esculpida, como uno más de los numerosos escudos, que se alzan en el Somontano de Guara, pero que en su memoria no se conocía la existencia de aquellos antiquísimos lauburus, navarro- aragoneses. No tenemos los aragoneses en nuestro cerebro el recuerdo de esa riqueza cultural, pero el corazón de Francisco estaba bañado por la historia y por el amor a su olvidada tierra. Hoy se encuentra solo el lauburu en Casa Bosque, como llamaban a la de Francisco y este señor  vive en Huesca. Estaba dicha Casa Bosque, muy cerca de la  Casa del cucharero, que tallaba las cucharas en madera. A su lado estaba Casa Marco, que se dedicaba a la agricultura, labrando la tierra con una yunta de vacas. En Casa Bosque, Francisco convivió con el señor Pablico y su señora María. Hoy en día el lauburu  está solo, pero antes se formaban corros de amigos, en la puerta debajo del lauburu, y hoy en día, ya no aparece por sus cercanías ningún vecino, pues los que no murieron se marcharon a Francia. Y en el pueblo de Arbaniés del Ayuntamiento de Siétamo, se acabará su relación, con el lauburu totalmente, pues a pesar de tenerlo en la puerta de  Casa  Bosque, durante muchos años, ya no se conocía el habitante de la casa y su lauburu. Dicho lauburu es el más bello del Somontano oscense. Cerca de él,  en Coscullano, se encuentra otro, tallado en la puerta de un armario. En Velillas se exhibe, otro esculpido en piedra y en Torres de Montes hay dos parejas,  de los que uno gira hacia la derecha y otro hacia la izquierda.
Al acabar la Guerra Civil, hay quien afirma que   emigró  un setenta por ciento de su población. Francisco tuvo también que emigrar a la provincia de Gerona, donde permaneció unos sesenta años.   
¡Qué pena, que Francisco, hijo de la Sierra de Guara, no supiera que lo que él creía un escudo, era sencillamente algo más antiguo, un lauburu!. Porque en las proximidades de Arbaniés, no están solamente, el lauburu, por debajo del cual entraba y salía en su vivienda durante muchos años, el de Coscullano, el de Velillas y los de Torres de Montes, sino que por el Norte y el Oeste, se alzan una gran cantidad de lauburus.

Mi amigo Francisco, es poeta y siente en su mente los recuerdos, que le proporciona su casa de Arbaniés,pues afirma en una de sus poesías:”Arbaniés,este es mi pueblo, aquel que sufrió la guerra- de terrenos muy ariscos, y el llano junto a la Sierra,- con gentes trabajadoras, sin riqueza,en esta Tierra- con sus campos de secano y esasa casas con miseria”.Su corazón entristecido como aquel en que está depositado el lauburu,piensa: “Mi voz debe de sonar,debe sonar,mientras viva- y pensar que mi familia nunca abandone mi Tierra.-Mu voz debe de sonar, a música mañanera-de guitarras y bandurrias y los cantos de mi Tierra”.
En el pantano de Vadiello, por donde pasa el río Guatizalema, que continúa por Arbaniés , se encuentran los Mallos de Vadiello, entre los que se encuentra el Mallo de Ligüerri y los Llanos de Larri. Forman todos los Mallos que se alzan como grandes paredes, aisladas alrededor de Vadiello, como una muralla alrededor del pantano. El río Guatizalema discurre por debajo de los mallos de Ligüerri, y se van encontrando con el río, los Barrancos de Escometere y de Lazas. Entre aquel paisaje original, a escasos kilómetros de Huesca capital, se encuentra el Barranco de Isarre junto a los Mallos de Ligúerri y por los mallos de Lazas. Esco,  en vasco quiere decir pan, pues es un pueblo muerto a orillas del Pantano de Yesa. En Vadiello se une la palabra “esco”, unas dos veces, con otras palabras
En el vocablo latino, al lauburu se le llama lábaro. Han sido también utilizadas esvásticas curvilíneas con cuatro o más brazos, en Aragón. En algunos pueblos pirenáicos, llaman “cuatro fuellas” o “religadas”, a estos lauburus. Puede también tener su origen el lauburu en el trisquel y el tetrasquel, encontrados en Vizcaya.
 La Humanidad siempre se ha preocupado de la Creación del Hombre y se ha preocupado de su origen y de su porvenir y el hombre se ha preocupado en todos los lugares de la Tierra, de comunicarse con Dios o con los dioses. Y el ser humano se ha preocupado de conocer a Dios, identificándolo, a veces, con el sol, para conocer las edades de la Humanidad. Y se preocupó con los lauburus, de conocer la vida y la muerte. Si el lauburu gira a la derecha, representa la vida, y si gira a la izquierda, representa la muerte. Es también un símbolo de la energía o nulidad masculina y un profeta a de la debilidad femenina.
“Cuatre fuellas”,aparece escrito en un lauburu de Casa Casalera, en la Montaña oscense. Ha sido el lauburu un instrumento que ayudaba a pensar en hechos religiosos o históricos, con recuerdos pasados por la sociedad y con profecías. Para eso la imaginación del hombre, dispuso de varios instrumentos, como el  lábaro o él lauburu, para tratar de aclarar su pasado y su destino. Su origen en la Historia es insondable, pero el lauburu  sirve de asociación del pensamiento humano entre cristianos y paganos, pues ambas mentalidades han pensado y piensan en el pasado y en futuro. Se usaba el lauburu como un amuleto, ya en tiempos prehistóricos, considerándolo como un símbolo del Sol. Dicen que las cabezas de la vertical dan a mostrar la expresión femenina o los elementos del fuego o del agua. Las cabezas horizontales representan la energía masculina, unas veces mental y otras físicas y también las acciones del aire y de la Tierra.
La antigüedad representa que al lauburu no se le conoce la fecha de su nacimiento y que estos signos primitivos, representan a toda la Humanidad, que tiene un origen común.
Está Aragón lleno lauburus, como hemos visto, alrededor de Siétamo, pero es muy fácil encontrar otros por toda la Provincia. He comenzado por el lauburu de Casa Casarela del pueblo de Pueyo de Tena y repasar los de Susín Biscarrués, Biel, Larués, Orés, Santolaria de Gallego, Piedra Morrera, Ardisa y Valpalmas.

A toda la Humanidad representan los lauburus o esvásticas, como ve en esas cruces, que en su interior, se ven cruces cristianas.

Cruz de Bidarray (Francia)

En Francia, al lado mismo de la frontera con Huesca se encuentra Bidarray, en la Baja Navarra y en su Cementerio se encuentra una Cruz, con un lauburu en su centro.


Cruz de Fanlo (Huesca).

Pero el mismo caso se presenta en Fanlo de Sobrarbe, con una Cruz de Piedra, en cuya cara, se exhibe un Lauburu. 
Piedramorrera (Huesca)
En Piedramorrera se encuetra otra cruz, con un lauburu incorporado a ella.
Pila Bautismal de Fago (Zaragoza).
Y en la Pila Butismal de Fago en Zaragoza, se manifiesta con gran claridad y buen gusto un lauburu.
Esta pila bautismal puede servir para volver a Aragón los lauburus que derraman los navarros. Y si antiguamente las pilas bautismales, se utilizaban para dar a los humanos un porvenir cristiano, hoy tendrán que señalar además el porvenir material del pueblo aragonés.

lunes, 18 de abril de 2016

Cuando las casas hablan



Justamente donde la Urbe oscense se acababa, hace de esto unos sesenta o setenta años, subiendo por el Coso Alto y allí donde tan noble calle o avenida se bifurca, en su lado izquierdo comienza la Avenida de Monreal y en ella se encontraba la casa de la madre de mi amigo López. El Coso Alto se separa en dos calles, una la Avenida de Monreal y otra por la Calle Costa.  Se pusieron carteles donde están señalados los nombres de ambas calles y separados el uno del otro, a unos tres metros y medio.
El nombre del Coso Alto se puede leer en el límite de la última casa de tal calle, que está como nueva, y el cartel en que está escrito el nombre de la Avenida de Monreal, pende de la primera casa del lado izquierdo de dicha Avenida. La casa que soporta dicho cartel no está nueva, porque yo al recordar otros tiempos, en que acudí a ella acompañando al hijo de su dueña, se me representan en la memoria la belleza de dicha dueña y el carácter arquitectónico de la entonces hermosa casa.
Tendríamos ambos amigos, Toñín y yo, unos diez años y unas ganas enormes de jugar, de ver los animales, de amar y ser amados por otras personas y de contemplar la originalidad de la arquitectura de los edificios, como la  de aquel,  que estaba construido como la primera casa de la Avenida de Monreal.
En la casa, propiedad de la madre de Toñín,  que viéndola entrar en su piso, me dejaba anonadado por su belleza, su elegancia y por otra parte su soledad, porque ya no vivía su querido esposo. Parecía estar esperándolo, dentro del piso y por eso no estaba, cuando yo iba acompañando a su hijo, con su ropaje descuidado, sino que iba  muy bien vestida y con su peinado impecable, que rodeaba aquella cara hermosa y triste al mismo tiempo. Al entrar su hijo parecía que su rostro se iluminaba y a mí, me trataba con cariño. Poco tiempo estábamos en la vivienda pues luego, bajábamos del piso por una escalera al jardín y al huerto. Otras veces entrábamos directamente al huerto, por un portal, que hoy está tabicado, como si fuera una puerta falsa, por la que  podían pasar carros y parejas de mulas para labrar y llevar estiércol. Por esa puerta entrábamos a recorrer el jardín y el huerto, aquel exhibiendo sus flores y éste sus lechugas, coles, pepinos y calabazas, que el hortelano regaba con la acequia por la que corría el agua. Al lado de la acequia unas viejas higueras te invitaban a comer algunos de sus dulces higos. Desde los cristales de la ventana posterior del piso, se veía el paisaje descrito, que resaltaba a la casa, dándole el doble aspecto de su elegante arquitectura, acompañada o adornada por la Naturaleza, que con sus aguas regaba las flores y las frutas.
Entonces no estaban todavía construidas las casas que ocupan sus lados, ni las de enfrente, pero la casa de mi amigo Toñín resultaba agradable al mirarla  y al contemplarla.
Toñín era generoso y cogía para sus amigos huevos de la pequeña granja, que estaba al lado del huerto, para que el olor, los cacareos de las gallinas  y los insectos no molestaran a los habitantes de la casa y aquellos huevos, haciendo una pequeña hoguera, los cocía y transformaba en huevos duros, que con gran placer nos comíamos, acompañados con unas hojas de lechuga.
No  sé en qué  año se construiría la casa  ni quien la hiciera, pero al pasar por delante de ella en estos años primeros del 2.000, en mi corazón se han juntado el recuerdo de su bella señora viuda, dueña del edificio y de su hijo, gran amigo mío, que siempre iban elegantemente vestidos, con la desagradable presencia de la vejez, que se llevó a la señora y que se ha apoderado de su fachada, que al mirarla me produce una horrible congoja.
En la mitad del siglo XIX, se buscó una arquitectura guiada por la tecnificación, en la que había que destacar una racionalidad constructiva, en la que dentro de la belleza, se buscara la comodidad y el aprovechamiento del terreno, pero generalmente se tendió a la proliferación de la plasticidad de las fachadas, recargándolas de elementos decorativos.
Esos elementos decorativos ya no estarían basados en la piedra y en los mármoles, sino en el cemento, con el que están construidos  las puertas y ventanas, los balcones y los  “canetes”  del alero. En la fachada se ven geométricamente unos mosaicos verdes con una flor en el centro. Encima del balcón hay una figura de cabeza femenina, que a mí me recuerda a la dama viuda, hermosa, madre de mi amigo y sueño que cuando derriben la casa, alguien la guarde, la recomponga y exponga en un lugar agradable de su casa.
Así como el puente colgante de San Miguel, construido en 1917, contrasta con la piedra de la iglesia del convento, la casa de la dama ha mirado desde que la construyeron a la Casa del Barco, donde se encontraban los jardines del Señor Abarca, con su noble escudo, que se conserva en el jardín de la casa de Don Eliseo Carrera.
En Huesca hemos acabado con numerosas obras  arquitectónicas como el Convento de San Bernardo, la Sinagoga de Barrio Nuevo, la casa de Carderera, el Teatro principal y estamos viendo cómo se arruinan las murallas y la casa de la Avenida de Monreal.
No sólo hemos de tener presente el respeto a las piedras, sino también el amor a las personas que crearon  esos monumentos, unos con su trabajo manual y otros con su esfuerzo intelectual. Me acuerdo en estos momentos de mi tía Pilar Carderera Almudévar, que con sus ropas antiguas, con su mantilla y apoyada en su bastón, la encontraba caminando por esas calles oscenses y otras veces me recibía en su casa noble y bella. En aquel patio encontraba a sus porteros, él gran músico que dirigía la enseñanza de tal arte y su físicamente gruesa, amable y siempre sonriente esposa, que eran ambos naturales de mí y de su pueblo de Siétamo.   

Para Dios no hay ni pasado ni futuro, todo está presente para Él. Los hombres debíamos también tener presentes a nuestras mujeres y a nuestros hombres del pasado juntamente con sus monumentos.

viernes, 15 de abril de 2016

Biscarrués y Ardisa, a orillas del Río Gállego

Castillo de la Ballesta , Ardisa (Zaragoza)

El verano pasado del año 2011, me llevó Antonio Ballarín, nacido en Velillas,  al lado mismo de mi pueblo de Siétamo, a una plantación de manzanos, que plantó, a orillas del Gállego.  Antonio ama a su pueblo, donde pasó gran parte de su niñez y a veces, siendo un hombre de eterna sonrisa, al recordarme alguna aventura, pasada en Velillas, se le pone el corazón, como si fuera una esponja, que mojada por  aquel pueblo, tan alegre, tan triste, entonces tan poblado y ahora casi desierto, parece que quisiera derramar ese exceso de agua de su corazón, en forma de lágrimas. Yo, del vecino pueblo de Siétamo, fui a estudiar a Zaragoza la carrera de Veterinario, para acudir a secar las lágrimas que la Guerra con sus cañonazos, que en mi pueblo, habían producido en mi persona.  Quizá por esa coincidencia, un día que me invitó Antonio a subir a su plantación de manzanos, situada en la orilla izquierda del Rio Gállego, frente al zaragozano pueblo de Puen de Luna, que se encuentra en la orilla derecha de dicho río , en la provincia de Zaragoza, acepté rápidamente. Fuimos por Almudévar y subimos desde  Puen de Luna, después de cruzar el Gallego, hasta el frondoso bosque cultivado con técnicas modernas, como el riego por aspersión, las redes de telas de plástico, que libran a las deliciosas manzanas que en él, se crían, de las tormentas que crueles, lanzan sus piedras de granizo. Por  su parte alta, corre un canal que toma las aguas del río Gállego, en la presa de Ardisa, con el que van goteando los manzanos. Al otro lado del canal, se alzan unos montes, revestidos de carrascas y de pinos, a los que así llamo, porque   creo que son mayores que los clásicos tozales. En este viaje nos introdujimos por ellos y contemplamos unos campos cubiertos de yerbas secas, porque estábamos en Enero, en lo más crudo del invierno y pasamos por uno de ellos, de secano, que si estuviera en Velillas o en Siétamo, todos los años lo sembraríamos de trigo. Pero allí, que es una zona de canales, sólo se aprecia para cultivarla,  la tierra regable. En otros tiempos la hubieran “corrido” para pastarla, los  rebaños de ovejas, que ya no quedan por esas hermosas,  pero deshabitadas tierras. A un momento dado apareció ante nosotros un espacio de cierta extensión, que estaba labrado,  pero no con las tejas que arrastran  los tractores ni las mulas, sino por los colmillos de los jabalíes, que tienen en aquellos montes, vestidos de enormes pinos, un refugio privilegiado. Ahí reina la paz, porque en un carasol, oculto para los que pasan por la carretera, unas cien colmenas de abejas, que son las reinas obreras, más felices, en aquellas montañas.
Bajamos después a ver al encargado de podar, de labrar y de regar los árboles frutales, que estaba recogiendo las tijeras “podaderas”, movidas por la electricidad, acumulada en una batería. Era el primer habitante de las Cinco Villas, que pude ver durante esta excursión. Tenía escasos  años, pero su cabeza reflejaba con sus palabras sabias, los pensamientos, que le inspiraban aquellos manzanos, que por el Este ascendían hacia la montaña y por el  Oeste, bajaban, precipitados  hacia abajo, es decir hacia las orillas del río. Estaba sólo casi todo el día, o más bien acompañado por los árboles y se sentía feliz,  porque en Zaragoza,  que es una gran ciudad,  no lejana de la finca que él cultivaba, muchos jóvenes no encontraban trabajo, escuchando músicas y ruidos, a veces repugnantes, mientras él oía los cantos de los numerosos pájaros, que cantaban en los árboles, que él estaba podando. Tomó Antonio una pieza averiada para llevarla a un taller mecánico,  que se encuentra en  Piedratajada, en la provincia de Zaragoza. Yo observé el rostro del muchacho, porque se ven en sus habitantes rasgos vasco-ibéricos, pero en su cara asomaban unas pecas, que marcaban algunos orígenes de los visigodos, que ocuparon estas tierras y las de la vecina Navarra.
Marchamos felices a Piedratajada,  y allí en un amplio espacio, estaban la casa y a su lado el taller de un mecánico, de aspecto joven, con su pelo de color rubio, que como el tractorista, encargado de la finca de los manzanos, hacía pensar en las diversas razas que ocuparon estas tierras. Estaba trabajando,  con su guardapolvo de color verde. Le dio Antonio el encargo y después nos pusimos a hablar y a hablar, sin que faltaran motivos para comentar. Yo al ver los carteles, escritos al lado de la puerta del taller, le hice observar lo semejante que era su profesión, con la de los médicos, que procuran reparar a los individuos urbanos, mientras él trataba de mantener fuertes las máquinas, que el hombre ha inventado para facilitar sus trabajos. Los médicos observan el corazón que reparte la sangre por todo el cuerpo mientras él, cuida el motor que con el gasoil  impele la marcha del tractor. Y en aquellos momentos subía por la carretera un tractor verde con dos vecinos del dueño del taller; si, un tractor, que parecía alegre como alegres sonreían los dos vecinos de Piedratajada, que lo manejaban. E iban alegres porque en el remolque, asomaban leñas secas de varios  árboles del pueblo, como las ramas  de una vieja noguera, que aquella noche iban a quemar para honrar a San Fabián y a San Sebastián. ¡Que alegría vivimos los tres vecinos de Las Pedrosas, Antonio el de Velillas y yo Ignacio, el de Siétamo!. Yo, contagiado por aquel espíritu abierto de aquellos  cincovillenses, me puse a gritar :”VI VA SAN FA BIAN Y  SAN  SE BAS TI AN”  y Antonio  completó la letra de coplas de picadillo. En tiempos pasados se quemaban las hogueras, en varios barrios y el más viejo de los que encendía una, gritaba: ”¿Quien es más agudo, el que come queso o el que come pan?” y los vecinos de otra hoguera, contestaban: ”El que come queso” y los que se estaban calentando el cuerpo en otras hogueras, calentaban los ánimos de todos los vecinos de Piedratajada,  gritando :”En el culo me des un beso” y si les habían contestado que era más agudo el que come pan, le respondían: ”En el culo te muerda un alacrán”.
Estos dos santos son patronos de los médicos y fueron martirizados en los primeros tiempos del cristianismo. ¿Desde entonces se cantan alrededor de las hogueras ,cantos en su honor?. No , porque ya se celebraban  ceremonias de esta índole, en plena Naturaleza, desde antes de que nacieran estos santos, pues los hombres primitivos ya encendían hogueras, para adorar a los dioses y entregarse a ellos ,corriendo descalzos, por encima de las brasas, que quedaban después de arder las hogueras. Dicen que en un pueblo de Soria, todavía pasan sus habitantes sobre las brasas. Y esto es una verdad, porque yo me acuerdo de que en mi pueblo de Siétamo,  antes y algunos años después de la Guerra Civil, pasaban varios hijos del pueblo, descalzos sobre las brasas y algunos como un mozo de casa Trullenque, acomodaba a un niño sobre sus hombros y, tal vez, sin darse cuenta estaba adorando al Creador y deseando un buen porvenir para el niño,  que sobre él, participaba en el misterio del fuego.

Los vecinos de Piedratajada, generosos y amantes de las tradiciones, nos invitaron a quedarnos a participar en la quema de la hoguera y a su alrededor gozar de una espléndida cena.¡Que me perdonen ,porque yo debía haber respetado su comunicación con los santos, a los que querían acercarnos!. Aquellos benditos vecinos de Piedratajada están cerca de la gran urbe zaragozana, pero están todavía más cerca de Dios, porque conservan las primitivas relaciones de sus antepasados con el Creador de la Naturaleza.  

El hambre que pasaron en la Guerra Civil, los de Belchite

Belchite (Zaragoza) En la cueva tal vez ibérica, que se encuentra cerca de la Autovía, que viene de Barbastro, cerca ya de la Torre de Caver...