jueves, 15 de noviembre de 2018

La bella historia de Atades_Huesca.





Hace ya muchos años que, al pasar por la carretera que de Huesca sube a Jaca y antes  de llegar a la Ermita de Cillas, veía a mi derecha una casa que recordaba la forma de un grande y original chalet de estilo moderno. Cerca de ella se encontraba  otra,  que parecía la iban a construir  del mismo estilo. Ya estaban sus obras comenzadas  y lo estaban por sus columnas de hierro y hormigón, pero comenzada se quedó durante varios años.
Pero un día me encontré con un viejo amigo del pueblo de Lierta al que conocí en su casa, cuando yo, como veterinario, iba por allí a visitar algún animal enfermo. Se llama José Luis Laguna y es el gerente de Atades   Huesca. Ambos nos alegramos mucho, yo por ver a aquel niño de Lierta convertido en un hombre de gran provecho para la sociedad, y a él le ocurrió, porque sabía que a mí me gustaban esas obras sociales y me prometió que me enseñaría todas las actividades que se realizan en Atades.
Atades es una Asociación Tutelar Asistencial para Deficientes, que radica en Huesca y que está unida mediante una Federación con todas las actividades del mismo carácter que se realizan en España.
Es una bella historia la de esta Asociación porque empezó a funcionar en 1981, gracias a la donación de varias hectáreas de terreno por el doctor don Manuel Artero de su finca de Cillas. He visto su retrato en el vestíbulo y me ha llenado de emoción, pues me ha hecho recordar su buen trato y la sencilla amistad que teníamos entre los dos. Hemos hablado con el gerente que me acompañaba y me ha dicho que entra en sus proyectos, levantarle una estatua, que por cierto se merece. Entre los muchos edificios de que consta esta obra, se encuentra  la Residencia Manuel Artero, que consta de comedor, cocina, dormitorio,  enfermería, despachos, salas de actividades y de ocio o de descanso. Todas las habitaciones y las salas donde se reúnen en dicha Residencia, está adornadas con muñecos, videos, televisión, aparatos de radio, esculturas y cuadros, uno al óleo, otros en acuarela o en cruceta y algunos con flores disecadas, y todos ellos, han sido realizados por los jóvenes que los respetan de un modo extraordinario, dándose alguna vez el caso de que algunos de ellos se pone nervioso y da una patada a cualquier cuadro o adorno. En el comedor hay un cartel colgado con una cadena, que pone: “Tengo necesidad de pan,  pero también de amor” y amor es lo que encuentran los disminuidos en tal lugar y que ellos mismos reparten entre aquellos, que los cuidan.
El fin de esta Asociación es normalizar la vida de los disminuidos psíquicos, tratando de hacerla igual que la nuestra. Para ello se les facilita una calidad de vida mejor que la que gozaban en sus casas, donde si eran amados por sus padres, la gente de la calle no les hacía mucho caso y aquí se vive  para ellos y se preocupan de que se duchen, que se bañen en una piscina, que se laven diariamente, que se limpien los dientes después de sus comidas y que tengan Médicos, para que cuiden su salud.
Les hacen darse cuenta de que son unos buenos trabajadores, porque han creado medios de producción para que además de paraguas y sombrillas, de colchonetas de playa, de guantes o manoplas, bisagras  y tubos fluorescentes, hagan crecer a los árboles y plantas ornamentales. Y todo está basado en lo que he dicho: que el fin de Atades es normalizar la vida de los deficientes  haciéndoles gozar, trabajar en ella, formarse y percibir algún dinero.
Y ellos muestran interés por su trabajo como me demostró un joven haciéndome ver que era un artista, obligándome a contemplar como colocaba todas las piezas de un paraguas,  que estaba fabricando.
La encargada de un taller me habló de sus experiencias con los muchachos y muchachas, y me dijo que su trato no es de seres minusválidos, sino de personas espontáneas, sentimentales, capaces, afectuosas, interesadas  no sólo por el trabajo sino por el baloncesto, como comprobé al  escuchar a una chica, que le preguntó a la encargada que cuando iba a tener lugar, cierto partido. Es decir, que les importa el deporte, el teatro, el arte, es decir el dibujo, la pintura; en una palabra cualquier cosa que nos interesa a todos los hombres por cualquier estímulo.
Los encargados, a veces sufren porque tienen solidaridad con los minusválidos y los aman. Se dan cuenta de que aquellos muchachos y muchachas son muy sensibles y de que sufren con toda emoción más que los demás hombres y mujeres porque “son todo emoción”. Había una chica llorando y al preguntarle por qué lo hacía, contestó: “porque van a operar a mi padre”, y llevaba ya dos días de llanto. En una palabra, el sufrimiento de los encargados es una forma feliz de vivir su humana vida: sentimental, de cariño, de confianza en una palabra. Resulta por fin una vida sentimental de emoción y de felicidad. Pero, a veces se encuentran con problemas que los minusválidos les plantean y no pueden resolverlos con rapidez, sino que están llorando mucho tiempo y también sufren los encargados.
Fina Chapuulé,  Directora del Centro, y la encargada de los talleres Parti Vadillo, viven de una forma, que como afirman ellos, les enseña mucho. Constantemente son abrazadas, saludadas, recibiendo muestras de satisfacción, como aquel muchacho, que estaba feliz con el reloj, que le habían regalado. Están los minusválidos agradecidos por el cariño que les manifiestan  la directora y las encargadas, como si de sus madres se tratara.
Reciben una pequeña aportación de dinero y algunos se muestran satisfechos porque llega la Navidad y muchos irán a sus casas con sus familiares, es decir con sus padres y hermanos a los que les enseñarán lo que hayan ganado. No sólo estos minusválidos reciben beneficios de esta sociedad sino que también reciben asilo algunos hijos de emigrantes, que lo necesitan y a algunos hasta se les busca empleo. Se queda uno admirado al ver que son setecientos cuarenta y cinco los usuarios de los servicios de Atades en esta provincia de Huesca.
Me acuerdo de Nuestra Señora de Cillas, a la que acudían y todavía acuden peregrinos, hasta de las  Cinco Villas, a pedir su protección y para obtenerla se lavaban en sus fuentes y se cogían agua para beberla en sus casas. Algunos recibieron algún favor que pedían, pero ahora en los terrenos de al lado de la Ermita, se ha hecho el milagro de que los minusválidos sean protegidos por sus hermanos, los hombres y mujeres, muchos de ellos devotos de Nuestra Señora de Cillas.
Don Manuel Artero, yo no sé si creía en ella o no creía, pero amaba a su prójimo y estará al lado de la Virgen, en el Cielo.

martes, 13 de noviembre de 2018

La gaita aragonesa


 
                
Esto de que te vengan a pedir un artículo para un programa de fiestas, así, a bote pronto, sin estar inspirado, es una gaita. Y hablando de gaitas y estando en Aragón y concretamente en Tierz, por fuerza nos tenemos que acordar de la Gaita Aragonesa. ¡Dejémonos de gaitas gallegas y a ver si los aragoneses y más en el Día de San Jorge, su patrón, nos negamos a ser el palico  de la gaita!.
Algunos altoaragoneses se preguntarán, ¿qué tiene que ver la  gaita con  nosotros?. Mucho. Porque nuestro folklore es muy rico y algunos pretenden que sólo la jota nos pertenece. En realidad  las  Jotas se bailan en casi toda España, aunque seamos los aragoneses los campeones en esa especialidad, de la misma manera que los gallegos y asturianos son los amos en hacer sonar las gaitas. Pero, no nos olvidemos de que existe una gaita aragonesa de características que la distinguen de la gallega.
Todos nos acordamos  de  que  a los gigantes, cabezudos y caballetes de Huesca, les acompañaba con su música un gaitero.
En la exposición de fotografías de Compairé, aparece un montañés con su gaita en una boda de Gistain.  En Graus eran típicos los gaiteros que recorrían su comarca ribagorzana animando las clásicas albadas. En Sariñena todavía queda un pastor que sabe fabricar nuestro instrumento y en el Rabal de Zaragoza, me he enterado por “dijendas”, de que también practicaban esta costumbre.
Pero lo que más alegría me ha causado en estos últimos días, ha sido la noticia de que en Tierz tienen una gaita aragonesa guardada en una casa.
Aunque los de Tierz me digáis que no os venga con gaitas, os pido por favor, que tratéis de revitalizar ese instrumento.  En realidad  las jotas se bailan en casi toda España, aunque seamos los aragoneses los campeones de esa especialidad, de la misma manera que los gallegos y asturianos son los amos en hacer sonar las gaitas. Pero no nos olvidemos de que existe una gaita aragonesa de características,  que la distinguen de la gallega. Todos nos acordamos de que a los gigantes, cabezudos y caballetes de Huesca, los acompañaba con su música , un gaitero.
En la exposición de fotografías de Compairé, aparece un montañés con su gaita en una boda de Gistain. En Graus eran típicos los gaiteros que recorrían su comarca ribagorzana, animando las clásicas albadas. En Sariñena todavía queda un pastor que sabe fabricar nuestro instrumento, y el Rabal de Zaragoza, me he enterado “por dijendas”, de que también practicaban esta costumbre.
Pero lo que más alegría me ha causado en estos últimos días, ha sido la noticia de que en Tierz tienen una gaita aragonesa guardada en una casa.
Aunque los de Tierz me digáis que no nos vengan con gaitas, os pido por favor que tratéis de revitalizar ese instrumento.
Sería maravilloso veros acudir a la Ermita de Salas haciéndolas sonar, porque hasta Alfonso X el Sabio, que cantó a la Virgen de Salas en la Edad Media, se alegraría en su tumba, al oír la Gaita Aragonesa; él estaba acostumbrado a escuchar la gaita gallega y a escribir en gallego y en castellano.
No sería mucho pedir que los aragoneses revitalicemos nuestras costumbres, que con ellas nos uniremos más a otras regiones, en lugar de separarnos, como es moda ahora.  
Los de Tierz podéis ser primeros en tan entrañable “quefer”.

domingo, 11 de noviembre de 2018

El gran creador de las comedias de la vida…..





Igual que yo mismo, que no he sido creador en esta vida de comedias, sino una comedia creada por esa misma vida, Luis, ciudadano esclavo como tantos españoles, de la época de la Guerra Civil de 1936, tampoco fue creador de la “La prima Angélica”, obra teatral de Carlos Saura, sino usado por los males de dicha Guerra. “En ella el pasado (1936) y el presente (1973) se funden y esto se muestra mediante la confusión del tiempo histórico que se produce en los planos de la película…Así se delata el tema de la presencia de las heridas del pasado en el presente, clásico asunto del psicoanálisis. La fusión del tiempo tiene también otras consecuencias  frustantes  como el contraste entre el amor infantil de Luis y Angélica, que ha sido acaso su único amor y la relación adulta de un Luis con una Angélica ya casada en una situación que hace imposible la recuperación de aquella relación afectiva”.
 El Mundo está poblado de individuos masculinos y femeninos y algunos de ellos representan comedias, mientras que otros u otras son como muñecos de una materia cárnico- cerebral, que no representan una vida propia, sino que su vida propia, vive como si  su  individualidad pudiera estar representada por muñecos de carne, aparentemente empujados por un espíritu. Tanto es así que recuerda su existencia la de esos muñecos de trapo, que no se mueven ellos, sino que son movidos por cuerdas que desde fuera de sus cuerpos y de sus espíritus, alguien o algo les da una vida, que parece que no les pertenece, sino que sus movimientos obedecen, no se sabe si a una  inteligencia  recortada  o  a  una   semipérdida  de ella.
Existen varios caminos que conducen a los seres humanos a asimilarse a un buen camino, que muchas veces se pierde por “despiste propio o ajeno” o por el envejecimiento no ya de los caminos usados, sino por el deterioro que acarrea la vejez a los órganos humanos desde el cerebro, hasta todas las partes corporales de la materia corporal de los hombres.     
Yo conocí al caballero Carlos Saura, cuando todavía siendo un niño, pues no había llegado a ser tal caballero, ni a crear Películas de Cine, pues aparte de su simpatía personal, heredada yo creo que de su  madre,  creó  por    mismo o en colaboración, películas como La Caza y El Jardín de las Delicias. Es un cineasta, fotógrafo y escritor español, que ilustra las pantallas de los cines filmográficamente desde el año de 1950 hasta el 2010. Ha llevado una vida múltiple, pues a su afición cinematográfica, en 1992 le concedieron la Medalla de Oro de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas de España. Recibió además premios de Francia y de Italia e investido doctor honoris causa por la Universidad de Zaragoza.
Presentó multitud de películas entre las cuales el año de 1973 su obra La prima Angélica, en la cual, “el pasado de 1936 y  el  presente de 1973, se funden”. “Así se delata la presencia de las heridas del pasado en el presente”.  
De la amistad en la infancia de Carlos Saura conmigo, sale el  olvido  de  Sauras  de esa amistad, vivida entre juegos de niño, en su propia casa, cuando el día seis de Noviembre de este año de 2018, fui a entregarle un artículo sobre su niñez.  Si, Carlos  Sauras  se había olvidado de nuestra antigua amistad, pues al entregarle el artículo sobre su vida colegial y artística en La Diputación de Huesca, en el Teatro Olimpia, no me hizo caso y yo comprendí su actitud, porque ya teníamos ambos el día cinco o seis de Noviembre de 2018, ochenta y siete años de edad, en que el humor se está acabando y no nos acordamos con claridad de nuestro antiguo pasado. Yo no me enfadé, pues me di cuenta, de que su memoria, ya no estaba fresca, sino entorpecida por el paso de los años. Yo mismo me di cuenta de la pérdida de mi memoria y asimilé la disminución de su memoria a mi olvido de mi ilusión juvenil, cuando lo recibimos en compañía de su hermano Antonio en la Diputación Provincial de Huesca, donde yo era vicepresidente.
Yo conocí a Carlos Saura, siendo ambos niños, en el Colegio de San Viator, y que además lo visitaba en su propia casa, acompañados por su madre, que apreciaba enormemente mi presencia.
Pasó este tiempo de la enseñanza primaria y volví a conocerlo, junto con su hermano Antonio, en la Diputación Provincial, donde yo era Vicepresidente. Él fue el que me reconoció y en aquella visita inolvidable, me recordó nuestros juegos infantiles.  



En aquella ocasión, Antonio  “inició la pintura que actualmente cubre el techo de una gran sala en el Edificio de la Diputación Provincial de Huesca, se plantearon tres premisas que han condicionado el desarrollo de la misma. Las tres se refieren tanto al ámbito específico al que la obra iba destinada como a una situación cenital”. Esta obra quedó como recuerdo monumental de  Antonio,  que  como  yo, nació en el año de 1930 y que con su hermano un poco más joven que yo, Carlos, estuvieron gozando y dando alegría a los ciudadanos de su ciudad natal, es decir Huesca.     
En esa época infantil de Carlos en que convivimos como niños, asistiendo al Colegio de San Viator, situado en la Calle de Villahermosa, en el antiguo Palacio de los Duques de Villahermosa, hicimos una gran amistad, pues convertíamos nuestras preocupaciones en juegos,  por  ejemplo  de automóviles de hoja de lata, que hacíamos correr por el suelo de su piso. Mi vida sin ninguna producción extraordinaria, se quedó con aquellos infantiles recuerdos de la vida durante la niñez, pero Carlos con su cerebro agudo y   creador,  creó un mundo del Cine, de la vida y del amor, que hicieron, al encontrarnos de nuevo en la Diputación, establecer una comunicación, que él mismo me hizo soñar en la belleza y en la vida con su alegría y la belleza de sus sueños y darme cuenta de las épocas de la vida, que algunos pasan como Luis y Angélica, que duraron desde 1936 hasta 1973.
Carlos Saura, con su genio creador, inundó el universo con la belleza de sus películas, y con su vida de amor, pero se olvidó con el tiempo de su propia valía, es decir de sus amistades infantiles, de la simpatía de su trato y en definitiva del amor humano, adorando a varias mujeres.
Yo mismo lo pude comprobar al hablarle en la base del escenario del Teatro, de que los años habían comenzado a abandonar su memoria superior. A pesar de haber su fama convocado a multitud de oscenses en las butacas del Teatro Olimpia, al bajar el Genio de Carlos del escenario, fue marchando el público hacia sus domicilios, sin pararse a hablar con el Gran Escritor. Pasó delante de mí una bella mujer, ilusionada, pero cuyo saludo a Carlos fue de una duración escasísima. Luego pasé yo, con una ilusión que había llenado mis recuerdos de ilusión.  Pero no  hizo caso de mi presencia. Le leí una frase del antiguo escrito que hice cuando convivimos hacía ya muchos años y escuchó con gran atención, pero yo desengañado por el cansancio vital del Genio de Carlos, le dejé de leer el papel, en que le conté hace ya muchos años, nuestros juegos infantiles y en nuestra madurez, de la que tuve que escribir la belleza de sus pensamientos y la alegría de su vida. Al darme cuenta del cansancio vital de mi antiguo amigo y ahora olvidado de mi pobre persona, le dejé el papel y me marché.
Allí se quedó con varios elementos artísticos,  rodeándolo  pero sólo y recogido por una bella hija suya.
Me di  cuenta  de  la  vejez  mía  y  de  la del  también envejecido Carlos y me marché sin dar explicaciones ni recibirlas. Al día siguiente me encontré con el inteligente y amable Enrique Mored y me hizo dar cuenta de que estaba en un error, pues al llevar a Carlos a Madrid, me explicó que él mismo, se dio cuenta en su conversación con él, que le explicó el proyecto que tenía de ir a Galicia, donde había descubierto una llamativa historia, que quería dársela a pueblo. Me añadió Enrique Mored, que le preguntó por una obra, por la que circuló el tren, y que él le contestó, que había sido proyectada por mi difunto amigo Arenas, que vivió al lado de Santa Ana, en el segundo piso, de la misma casa en que yo vivía en el entresuelo.
Me di cuenta de que era Carlos un cerebro, que no había perdido su genio sobre los temas políticos.
 Al salir del grupo de políticos y artistas de la Radio –Televisión, me sonrió el Presidente de la Diputación, que estaba esperando, tal vez, reunirse con aquella corte de miembros del Arte y de la Política. Aquella sonrisa me dio fuerzas para seguir repartiendo escritos, ya antiguos que recordaban la simpática vida y antigua alegría de Carlos Saura, acompañado todavía, tan lejos en el tiempo por la artística alegría de aquella Señora, amiga del arte musical, que tuve la suerte de escuchar, en casa de Marieta Pérez, Imprenta al lado de la Farmacia de mi primo José Antonio Llanas Almudévar, que era  Fermina   Atarés  de  Sauras. con ese apellido originado muy cerca de San Juan de la Peña, donde ejerció de Abad mi pariente Ripa. Si, aquel paisaje histórico y señorial del conjunto montañoso y monástico, con el Convento de Monjas, casi en su  base,  que  con  su feminidad, endulzaban y llenaban de amor a sus habitantes, puede ser que dejara a Carlos Saura una mente elevada por aquel conjunto montañés y conventual de San Juan de la Peña.



 ¡Qué   recuerdos   de  aquel Monasterio en que cantaban canciones litúrgicas y en el pueblo de Atarés, fabricaban a mano, unas pequeñas “carraclas”, que usaban los campesinos para buscar  una conversación con Dios, cerca del elevado Monasterio. En tanto en el pueblo de Botaya,  al lado del  Monasterio Nuevo en la parte Norte, vivían las hermanas López de Botaya, una casada con Ripa de Jaca y otra con Manuel Almudévar de Siétamo. Esta López de Botaya, al ser invadido el Monasterio y robado, se trajo a Siétamo, un Libro de Historia del Monasterio. No sé si  Fermina Atarés de Sauras  se acordaría de aquellas  “carraclas” u objetos de madera, para hacer sonar el ruido en las procesiones de Semana Santa y por los niños corriendo por las calles, recordando al pueblo, la redención de Cristo. No es extraño que si se fabricaban  “carraclas”  en Atarés, para la Semana Santa,  que Victorino, Presidente de los Danzantes Oscenses y famoso hortelano, hermano de Flora Solanes, hiciera sonar a las espadas en las Danzas de San Lorenzo, contra el demonio, al que hacían , en Atarés, huir  de dicho pueblo en la Semana Santa. 


Flora Solanes, hermana del famoso Danzante y Hortelano oscense, Victorino, le mandaba a Fermina Atarés de Sauras, a la capital madrileña, ”tortetas y morcillas”,de las que se fabrican en la Tabla Nueva.
Estas compras las pagaba doña Flora Solanes a medias con MARIETA PÉREZ. Cada vez que doña Fermina se veía tan bien suministrada de productos oscenses, le hablaba a Sampietro de multitud de temas familiares; una vez le decía que su hijo Carlos lo que debía hacer era abrir en la Puerta del Sol, un buen centro de fotografía, que le daría más dinero que el Cine y no podía callarse de los distintos amores de su hijo.
Pero yo guardo un grueso libro con cubiertas de cuero animal, editado en el año Mil seiscientos ochenta y ocho en Zaragoza en el que está escrita la Historia del Monasterio, por Fray Domingo La Ripa, Monje Benito Claustral.
 ¡Carlos, que visiones antiguas obtendrías representando una película de aquel Monasterio y de aquellos cercanos pueblos  del  mismo!. Porque la Historia dice la relación del Monasterio de Leyre con el de San Juan de la Peña, que están próximos uno del otro. ”En la Monástica carta que dio el Rey Sancho el Mayor en San Salvador de Leyre, para la Restauración de la Disciplina Monástica por medio de los Monjes de Cluni, en fecha 21 de Octubre, día de las Santas Nunilona y Alodia, veneradas en el Monasterio de Leyre, y traídas desde Adahuesca, después de martirizadas por los moros, recuerda su origen y les eleva oraciones”.
Cerca del pueblo de Fermina Atarés de Sauras, en el Monasterio de Leyre, están los cuerpos mártires de las hijas de Adahuesca, Nunilona y Alodia. Su madre era cristiana y su padre moro y por no abandonar su amor a Cristo fueron sacrificadas por orden de su padre. Estos hechos ocurrieron cuando los moros dominaban en Alquézar y en Huesca.
 La obra “La prima Angélica”, es un análisis sobre el pasado año de 1936 y el presente de 1973, quienes ue se funden”. Este Libro escribe  del  pasado  heroico  de las santas mujeres de Adahuesca, Nunilona y Alodia, mártires. Carlos Saura, tal   vez,  comparara  su  martirio, con lo que sufrió Luis, trayendo desde Barcelona a Segovia, los restos de su madre, para inhumarlos en el panteón familiar. En Segovia se quedaba en esta ciudad a pasar el verano en casa de su tía Pilar y de su prima Angélica. La Guerra Civil de 1936, le impidió a Luis volver a Barcelona donde conviviría con sus padres y en Segovia la continuada convivencia con su prima Angélica, le conmovió en su corazón un sentimiento de amor.
¿Quiénes serían más felices, Nunilona y  Alodia o Luis y su prima Angélica?.



jueves, 8 de noviembre de 2018

JOAQUIN COSTA Y MANUEL BESCOS ALMUDEVAR





El sabio aragonés de Graus, Joaquín   Costa (1847- 1911), cultivó la amistad con mi tío Manuel Bescós Almudévar, (1866- 1928) con el que tuvo una gran aproximación. Este tío mío, Manuel, era  primo   hermano,  de mi padre, Manuel   Almudévar y que fue “tan fiel al León de Graus, como para adoptar el transparente seudónimo de Silvio Kossti, y que  al fin, fue autor del epitafio que campea en el sepulcro zaragozano de su maestro”. Se expresa así:
Aragón a Joaquín Costa.
    Nuevo Moisés
De una España en éxodo
Con la vara de tu genio inflamado
Alumbró la fuente de las aguas vivas
          En el desierto estéril.
Concluyó leyes para conducir a su pueblo
          A la tierra prometida.
Tenía Silvio Kossti, una gran imaginación, dentro de sus  teorías,  que enfadó a la Iglesia Católica, por escribir lo siguiente:  ”Las tardes del sanatorio, impreso y publicado en esta ciudad, su autor, Silvio Kossti….cuyo asunto es la negación del alma y del libre albedrío , la afirmación y defensa del materialismo …”.
Era grande la amistad de Joaquín Costa con Manuel Bescós Almudévar o “Silvio Kossti”,  pero  al gran Joaquín Costa, no le “cayó” bien su abandono total de los principios  como la “negación del alma y del libre albedrío, la afirmación y defensa total del materialismo”.
Pero a Joaquín Costa no le faltaron ocasiones de estar triste, por las teorías ateas manifestadas por Silvio Kossti, que parece ser que le hicieron volverse más creyente o dudoso, cuando sus hijos ingresaron en la Academia Militar.
Pero su familia siguió creyendo en los misterios de la Religión.  Yo comprobé el sentido poético de su hija y prima mía, María Cruz Bescós, cuya  madre,  hermana  de mi abuelo Almudévar, amaba la Cruz. Era una mujer intelectual y escritora idealista y acudía a conversar con mis tías Teresina y Luisa a casa de Llanas, que vivían en la casa donde estaba establecida su Farmacia. Allí alternaba con intelectuales como el farmacéutico Feliciano Llanas, con su hermano  el  gran  escritor  José María Llanas  Aguilaniedo (1875-1921). Feliciano Llanas estaba casado con Pilar Almudévar  Casaus, hermana de mi padre. Y quiero recordar a Joaquín Santafé, nacido en Ibieca y que entró de aprendiz en la Farmacia de Llanas a los trece años y que murió con más de cien años. Él me contaba sus conversaciones con el gran escritor José María Llanas Aguilaniedo, con el que hizo una profunda amistad.
Recordar la vida en aquella Farmacia, te llena el corazón de alegría, porque a su lado se encontraba la Imprenta de Pérez, cuya dueña era Marieta, amante de las letras y de la Música, pues desde casa de Llanas, se oían las teclas de su piano. El doctor Barrón también hacía sonar el violoncelo y Enrique Capella el violín.  En su piso, a veces me tocó escuchar su música y sus cantos, pues a su casa acudía el escritor humorístico de la Nueva España, Enrique Capella y la madre amante de la  Música  del  todavía gran creador de Cine Carlos Saura.
 ¡Que fin tan pobre y tan triste tuvo la vida de esta mujer, periodista, llena de humor y de arte, Marieta Pérez!.
María Cruz Bescós, cuando mi padre, mi esposa y mis hijos, fuimos a vivir a Huesca, vino a visitarnos y aquella memoria del pasado de nuestra casa de Siétamo,  que  fue destruida durante la Guerra Civil, y que ella lo sabía por información de sus primas y tías mías, se le alivió, porque en el comedor del piso de Huesca, encontró una mesa de nogal, que fabricó en Bolea, el carpintero. Cuando le dije que yo me había propuesto recordar aquellos muebles perdidos por la Guerra, con otros que recordaran lo antiguo, no cesó de ponderar la belleza de esa mesa de nogal, que yo había preparado para  sustituir  uno  de  los muebles  destruidos  o robados por aquella vil  Guerra Civil.
Después de conocer a María Cruz Bescós en su propia casa y en la Torre Casaus, conversando con   mis  tías Teresina y Luisa, fueron muriendo las tres, pero aparecieron en mi vida, la viuda del General Alamán , llamada Teresa Bescós, acompañada de su hija Teresa Alamán Bescós. Ambas, madre e hija formaban una pareja feliz y yo creo que se sintieron todavía más felices al acudir a Casa Almudévar de Siétamo, donde convivieron con mi esposa  Feli, con mis hijos y conmigo mismo.
Vivieron bastante tiempo en la Casa del Parque de Huesca, encima del piso en que vivíamos nosotros.  Íbamos  unidos  a  Siétamo, donde se sentían felices. Teresa  Alamán  Bescós,  era el símbolo de una mujer feliz, pues era culta con su título de  Abogado. Estuvo muchos años trabajando en la ONU, en Suiza y en Bélgica, y además era un símbolo de la Paz. Mi hija pequeña, Pilar, estuvo en su casa de Suiza y nosotros en su chalet de Canfranc.  Su madre era una mujer feliz, a la que su hija la había hecho tal y le había proporcionado una eterna sonrisa, que desapareció bruscamente, cuando le llegó la muerte a su hija Teresa Alamán Bescós.
Mi esposa fue a acompañar a Madrid a sus amadas parientes y en Siétamo le quedó el recuerdo de aquel amor, de aquella bondad y de aquel periodo de vida feliz.
Ocasiones de estar tristes no le faltaron a la familia de  Bescós, como    tampoco le faltaron a Joaquín Costa, como cuando perdió a su novia, la bella mujer de la familia oscense de Casas, a cuyos familiares conozco. Y perdió su ánimo festivo cuando sintió la necesidad de atacar a los defensores de la crueldad, del escándalo y del  cinismo  y  por  combatir  esos vicios, se provocó “un conato de duelo con Antonio Gasós,  por haber reprendido a aquel  (Costa), su comportamiento libertino a escasos días de la muerte de la madre del autor de “Flores y espinas”.


No se llegó a realizar el duelo, porque el talento de Costa, hizo intervenir a sus amigos y Antonio Gasós le escribió una carta en 1877, en que hace la paz, diciéndole, para terminar, que besa su mano. Se llegó en aquella lucha a “punto de duelo”. Algo debió pasar en aquella ocasión obscura, pues José María Castán, nacido en Graus y pariente de Costa y que vive en Huesca, me enseñó un día de esta primavera del año 2.012, una enorme y bella navaja, que conserva en su domicilio de Huesca.
Otro recuerdo  triste  tenemos  cuando el año 1872, en el mes de Julio, recibió una desesperada carta de su anciano padre. Fue con sus 25 años desde Madrid a Graus a ver la situación en que estaba su familia. Al pasar por Huesca, no halló a Manuel  Bescós  Lascorz,  padre de Silvio Kostti, hombre católico, siendo su esposa  prima hermana de mi padre, Manuel Almudévar Casaus.  Conversó con su esposa Francisca Almudévar y Vallés, tía carnal por las dos ramas de los apellidos de mi padre.  Carlos Ara Torralba lo expone en la Nota 528 de su Libro. Conversó   aquel  día  y  es de  suponer que hablaría de la triste situación en que se encontraba su familia. Ese  día   primero  de  Septiembre de 1872, llegó a “Graus a las diez y media de la noche…encontró a su padre en la cama por consecuencias de los calores del día y riesgos de la noche, un hermano fallecido, una hermana sirviendo, mi madre envejecida y acabada, todos y todo en la miseria, apiñados en la mitad de habitación que tenían antes, de la cual los echa Pajazas este año”. ¡Qué situaciones tan trágicas y tristes vivió Joaquín  Costa!. ¿Cómo había de tener un carácter bondadoso con la gente que se   reía  de  él ?. El día  uno  de  Septiembre, Costa pensaba:” …cuando me quedé solo a media noche, rompí a llorar desconsoladamente, considerando tanta miseria en contraste con mi edad… y que yo hubiera podido arreglar todo esto si hubiera sido jornalero y con qué lejos de eso les había estado pidiendo duros todo el año…no podía consolarme en la cama, me arrancaba el cabello de la cabeza, me escondía la cara en las manos como avergonzándome de mí mismo”
Desde este Septiembre de 1872, en que Costa sufrió tanto en su viaje a Graus, hasta el 17 de Diciembre de 1877, se ve como Costa  sufre  por su  deseada  prometida  Concepción o Concha Casas, hija del doctor Casas, que formaba en Huesca parte de una familia de gran prestigio. Escribe Costa:” Hoy lunes he vuelto a ir a casa de los Casas, he estado un rato a solas con Concha… y me ha expuesto cual es el abismo (religioso) que nos divide, no he podido contener mi dolor, que ha estallado en amargo y copioso llanto en presencia de Concha”.
Joaquín Costa, el hombre, que parecía ser de mal carácter, tenía “una sensibilidad extraordinaria y aquel mismo día escribió al Señor don Francisco Giner una carta en la que le pide consejo para recuperar a su amada Concha. Después de la carta escribe:  ”Mañana  va Concha con su madre en un coche a la Fiesta de Siétamo, a la Casa de Almudévar (de donde es la señora de Bescós). Y Concepción que sufre tanto, ¡se  divertirá!.
Al día siguiente, dieciocho de Diciembre de 1877, escribió: ” a las cuatro he ido a pasear a la carretera de Barbastro, por si veía volver de Siétamo el coche que había llevado a  Concepción. ¡ La cual acaso a aquella hora estaría todavía bailando!.
Y yo todavía contemplo aquel salón de baile, que se preparaba abriendo las puertas que separaban y que todavía lo hacen, a saber cuatro habitaciones y cerrando las de las alcobas. Allí acudían los parientes de mi familia, como los Carderera, Manuel Bescós Almudévar y sus padres, pues su madre era hermana de mi abuelo, doña Francisca Almudévar y Vallés y esposa de Francisco Bescós Lascorz. Este último  era carlista, y su hijo de ideas totalmente  liberales, tanto que llegó a merecer la excomunión por la Iglesia Católica.                              
  Pero  Costa el día 6 de Enero de 1866, pronunció en el Ateneo Oscense de Huesca, las siguientes palabras de un creyente  en : ”El Hacedor del Universo, el Supremo Artífice al hacer al hombre, y colocarle sobre el nivel de los demás seres, le dotó de un alma en que dejó entrever algún reflejo de su  Divinidad. Desde entonces el hombre se constituyó en fiel y perpetuo observador de los fenómenos de la naturaleza, estudió sus efectos, los aplicó a sus usos, y practicó más tarde en la observación y examen de sus leyes, ensanchó el límite de sus aspiraciones de tal modo, que se atrevió a dirigir sus miras a donde antes le hubiera parecido imposible y hasta absurdo”. 
Desde este Septiembre de 1872, en que Costa sufrió tanto en su viaje a Graus, hasta el 17 de Diciembre de 1877, se ve como Costa sufre por su deseada prometida Concepción o Concha Casas, hija del  Doctor Casas, que formaba parte en Huesca  de una familia de gran prestigio.
Escribe Costa: “ Hoy lunes he vuelto a ir a ir a casa de Casas, he estado un rato a solas con Concha…. Y me ha expuesto cual es el abismo (religioso) que nos divide; no he podido contener mi dolor, que ha estallado en amargo y copioso llanto en presencia de Concha. Joaquín Costa, el hombre que parecía ser de mal carácter, tenía una sensibilidad extraordinaria y aquel mismo día escribió al Señor don Francisco Giner una carta en la que pide consejo para recuperar a su amada Concha. Después de la carta, escribe:” Mañana va Concha con su madre en un coche a la Fiesta de Siétamo, casa de Almudévar (de donde es la señora de Bescós). Y Concepción que se divierte tanto…¡se divertirá!.
Al día siguiente, dieciocho de Diciembre, escribió :”A las cuatro, he ido a pasear a la carretera de Barbastro, por si veía volver de Siétamo el coche que había llevado a Concepción.¡ La cual acaso a aquella hora estaría todavía bailando!.
Todavía en mi casa se conserva aquel salón de baile, que se preparaba abriendo las puertas que separaban cuatro habitaciones y cerrando las de las alcobas. Allí acudían los parientes de mi familia, como los Carderera, Manuel Bescós Almudévar y sus padres, pues su madre era hermana de mi abuelo, doña Francisca Almudévar y Vallés y esposa de Francisco Bescós Lascorz. Este último era  carlista , y su hijo de ideas más liberales, sobrepasando a Costa, que creía en Dios. Tal vez, por  sus  distintas  ideas  políticas, no quiso el Doctor Casas, darle la mano de su hija Concha. En aquellos tiempos ya la política buscaba fastidiar a sus rivales. A Casas estuvieron a punto de embargarle sus bienes y mi abuelo don Manuel Almudévar Vallés, tuvo que huir a Francia acompañado por el confitero Vilas del Coso Bajo y creador de las famosas Castañas de Mazapán y de Viñuales de Liesa.
El año de 1936, destrozaron gran parte de Casa Almudévar y se llevaron entre otras cosas, libros muy antiguos, de los que a Costa le agradaban. Uno de los hermanos de Fañanás, con su noble apellido Trisán, salvó  numerosos escritos, llevándolos a Huesca a la Farmacia de Llanas.
Su hermano me dijo que el que llevó a la Farmacia de Llanas, los escritos abandonados en casa Almudévar de Siétamo, se quedó un libro de Manuel Almudévar  Bescós, como cobro amoroso de su generoso comportamiento.
Pero Joaquín Costa escribió el día 18 de Diciembre, día de la Fiesta Pequeña de Siétamo: “Cristo perdonó a la Magdalena la pecadora porque había amado mucho, aun cuando fueran impuros sus amores, y Concha no me perdonará mí, a pesar de haber amado mucho y de haber sido mi amor tan puro como el de los ángeles del cielo…”
Joaquín Costa acabó sus memorias, que había comenzado a escribir en 1864 hasta el año de 1878, pero en Enero de 1880,en una de sus últimas anotaciones, posterior a esas memorias, escribe sobre la traslación de su persona a León, que el Conde de Alcalá del Obispo, ordenó por no haberle votado Y en el libro de Juan Carlos Ara, pone: ”El día que Concha Casas leyó en “La Provincia”, mi traslación, me aguardó vestida para salir en el balcón, sacando la cabeza sólo; al verme aparecer frente a la casa de Azara, bajó corriendo la escalera,  echose  a la calle, vínose  precipitadamente tras de mí con acostumbrado rodeo, pero ¡oh chasco!, sólo le dije adiós. Creyó ella que era la ocasión de reanudar relaciones y además veía perderse la esperanza, con mi ida, de reanudarlas ya nunca más. Tal vez perdiera Concha Casas, la esperanza de unirse a Costa, porque se casó con un Juez de Jaca y se fueron a un País de Hispanoamérica.  Allí murió la mujer amada por Costa, en un sobre parto”.
Las penalidades que tuvo Costa que sufrir, parecen   convertirlo   en un Nuevo  Furtaperas   de Graus, pues al viejo lo castigaron, como un perseguido por la sociedad por haberse comido una pera de las ramas de un peral. Conservan los  grausinos  a este buen hombre, como una rebelión contra la injusticia, que se ha hecho con los pobres, durante muchos siglos.  Pero
Joaquín Costa puede ser un Nuevo Furtaperas, de familia pobre, perseguido por el caciquismo y que tuvo que recibir dinero de su padre, que tuvo que pedirlo prestado y que él consiguió con préstamos de sus amigos, pero así como el Furtaperas viejo faltó al pueblo por quitarse hambre, comiendo una pera, este Grande y Nuevo Furtaperas, las pasó mal, con el fin de obtener alimentos para todo el Pueblo. Porque su lema fue siempre DESPENSA Y ESCUELA.
En 1903, Silvio Kossti entrega su entusiasmo al republicanismo, pero en 1904, Costa le habla de de sus dudas a Bescós en estos términos:”Fracasé, ha fracasado el republicanismo, ha fracasado España…..y sólo me queda llorar por los años de vida perdidos en perseguir una utopía…..Sólo me queda expresar a usted el testimonio de mi agradecimiento como español por su concurso de entonces…como por su buena memoria de ahora”.
Estamos en el año 2.018 y Silvio Kossti acudió en el reinado de Alfonso XIII a la inauguración del Canfranc en 1908, donde “estuvo toda la política que vive sobre Aragón” y cita “a algunos caciques provinciales como Camo y Alvarado” y escribió:”En medio de tanta garrulería y tanta maldad, no nos queda otro recurso que vivir hacia adentro”. Para mí que Silvio Kossti, observó que “mis impresiones de viaje en cuanto a Navarra y Vascongadas” le hizo pensar ¿Para  que se batirían los carlistas navarros y vascos en las pasadas  guerras?. ¿Qué más podrían tener con Don Carlos que ahora no  tengan?. Porque ahora siguen usando el paso a Francia y en Canfranc no pasan los trenes que sirvan a los aragoneses hasta Marruecos. “La última carta de Joaquín Costa a Silvio Kossti, es del 13 de Agosto de 1910 y en ella, además de insistir en que está muy fatigado, Costa da las gracias por el vino y el agua fresquísima que le han hecho llegar a  Graus los hermanos de Bescós. 
Joaquín Costa murió en Graus el 8 de Febrero de 1911 y dejó en la vida a Manuel Bescós hasta 1928, respetando a Joaquín Costa, como el maestro de los aragoneses, que debían tenerlo como modelo en futuras épocas.
El aragonés que mejor me ha informado de Joaquín Costa, se llama Alfonso Buil Aniés, nacido en San Román de Morrano, al pie de la Sierra de Guara, debajo de la Cueva de Chaves y de la Gruta de Solencio. Tiene más de noventa años de edad, luego él no conoció personalmente a Joaquín Costa, que murió el año de 1911, pero recibió la forma de ser del mismo, de su padre, don Ramón Buil Calvo, nacido  en  la casa palacio del Señorío de Aniés. Su apellido y título de Señor de Buil, le venía, tal vez lejano, del Vizcondado del Bearn, cuyo Vizconde participó en la conquista de Almudévar y Zaragoza, fundando en España los pueblos de Biel, Santa María de Buil y en Valencia Manises y dos más. 
Hemos observado las Memorias de Joaquín Costa, pero desde aquellos últimos años del siglo XIX y primeros del XX, estaba retenido en su casa de Graus por  una  enfermedad  progresiva. Debido a su carácter difícil y arrogante, que él  mismo  había radiografiado en “Nosce te ipsun”, en 1868,conservaba ya pocos amigo en su soledad. Tampoco él quería recibirlos, porque algunos periodistas subían a los tejados a ver si podían ver al Gran Costa. Pero como acabamos de leer, él se acordaba de Manuel Bescós Almudévar, pero sin embargo siempre recibía a dos personas ,queridas por él,tal vez porque amaban mucho a España y a la despensa del Alto Aragón. Estos fueron Ramón Buil Calvo, que ya he nombrado y Calvo Blasco de Alquézar, empleado en Montes. Eran funcionarios de la producción en la tierra aragonesa. Con ellos hablaba de Aragón y les decía que si no se llevaba a cabo el Plan de Riegos, sería un Pais de emigrantes, como ahora lo es, quizá por no haber   que  si  no se hacían todos estos regadíos, sería Aragón un País de emigrantes, como ahora lo es.
Si crearan todos los pantanos y canales de sus numerosos ríos, añadía  que  si en Aragón se regara todo y aprovecharan la nieve que cubre los Pirineos, podía ser Aragón el País más rico de España. Decía Costa que Aragón tenía un buen suelo y más ríos que otras provincias de España y recogiendo la nieve del Pirineo, con sus aguas se podría generar energía eléctrica y no arrojarla al Mar Mediterráneo. Decía que si Aragón se regara todo, produciría diez veces más que otras regiones españolas.
 Ramón Buil Calvo se conoció con Costaporque leía los artículos que este publicaba y le escribió felicitándolo y Costa le contestó invitándolo a que acudiera a su casa de Graus. Aumentó la amistad porque Ramón Buil Calvo era un auténtico Señor, que en el siglo XIX, ya hacía criar a sus ovejas cruzadas con otra raza, dos corderos por oveja, en un mismo parto. Estos proyectos de agricultura y de ganadería, llenaban de entusiasmo a Costa y nunca le negó la entrada en su domicilio a Ramón Buil Calvo, que tenía una profesión como la de los Forestales.
Hoy, todavía vive un hombre de más de noventa años, hijo de Ramón Buil Calvo y dotado de una memoria prodigiosa y hace unos días me dijo lo siguiente: ”Tenía genio Joaquín Costa, un genio que era natural que lo tuviera, porque en las Oposiciones para sacar una cátedra en la Univesidad de Madrid, y sacando las mejores notas, lo dejaron sin plaza y se la dieron los caciques a sus compañeros o socios”.
Tenía un corazón sensible y lo tenía en la mano, a los niños los amaba mucho,como si fueran suyos. Siempre le decía al padre de Alonso:”estos niños son el porvenir del  País  y si se educan bien, tendremos un hermoso porvenir”.




lunes, 5 de noviembre de 2018

Los hermanos Saura en el Palacio de Villahermosa



Fui a visitar el Palacio de los Condes de Guara y al entrar en el mismo, a mi izquierda quise ver la cocina  del Colegio de San Viator y me entraron deseos de saludar a su entonces cocinero, hombre que debía de cocinar con gusto, porque tenía un cuerpo enormemente obeso, como consecuencia de la voraz ingestión de sus sabrosos platos.


Pero no encontré ni la cocina ni a su cocinero, sino una sala en la que estaban expuestas numerosas y geniales obras de Picasso. No estaba, entre ellas, el “Guernica”, con cuya obra  parece que Picasso quiso que su arte mostrara la disgregación de la estética, en un mundo que se entregaba con furia a los horrores de una guerra, pero si que abundaban obras no sólo de pintura y de dibujo, de las que produjo durante su larga vida miles de ellas, sino también esculturas y grabados. Me complacía mirar y admirar los jarrones y platos grabados y los adornos escritos en cuentos y en libros.


Y contemplando y admirando tales obras de arte, me acordé de dos artistas que fueron mis compañeros de estudios en este Palacio, luego convertido en Colegio de San Viator; se trataba de otro pintor llamado Antonio Saura, nacido el mismo año que yo, es decir en 1930 y de su hermano Carlos, director de cine, que aparte de su simpatía personal, es un genio en la creación de películas como demuestra con La caza y El jardín de las delicias. Lo pasábamos muy bien entre las rejas que rodean el jardín de entrada en ocasiones y de salida cuando íbamos a su casa a jugar con sus coches, en el suelo. Su buena madre nos atendía con gran simpatía, pues era muy sensible para los niños y para hacer sonar la música, como lo hacía en compañía de Marieta Pérez, de Enrique Capella y del doctor Barrón. Parece ser que la habitación de la que disponía Marieta en su casa, al lado de casa de Llanas, no era muy amplia, lo que les hizo abandonar esos conciertos, en los que el genio de Enrique Capella, por ejemplo, se excitaba.


Como he dicho Carlos me trataba con simpatía y yo no lo conocí hasta que él mismo me recordó quien era él y quien era yo. Ya no lo había visto desde hacía muchos años, pero él, a pesar de ser  ambos ya mayores, me reconoció a mí. Nos encontramos en la Diputación Provincial, donde se homenajeaba a los dos hermanos y en un rato de conversación que llevábamos entre ambos, sin haberle yo dicho nada sobre mis escritos, me dijo si tenía alguno de ellos para llevarlo al cine. Yo le contesté que tal vez alguno de ellos pudiera ser útil, pero que los consideraba como relatos excesivamente cortos para tal fin.


Ellos se encontraban en Huesca felices, pero se notaba como habían superado su infancia,  llevando sus artes por el mundo y se encontraban bien porque recordaban a su madre y habían encontrado parientes en su ciudad natal.


Hablamos con Carlos de su apellido Saura, del que le dije que abundaba en la provincia de Huesca y que mi amigo Sauras de Lascellas me había explicado que era vasco, como le había demostrado un cura que conocía tal lengua. Carlos me dijo que Saura era una enorme región, que se encuentra en Argelia.


 De esta estancia en nuestra ciudad surgió la idea de perpetuar la obra Antonio con las pinturas que creó en la Diputación, donde al contemplarlas se da uno cuenta de su expresionismo y recuerda sus Retratos Imaginarios.


Pablo Sampietro me contó que su madre doña Flora Solanes,  hermana del famoso hortelano y presidente de los danzantes oscenses Victorino, le mandaba, cada vez que iba a Madrid, que le llevara a doña Fermina Atarés de Saura, tortetas y morcillas de las que fabrican en la Tabla Nueva. Me añadió Sampietro que las pagaba su madre a medias con Marieta Pérez. Cada vez que doña Fermina se veía tan bien suministrada de productos oscenses, le hablaba a Sampietro de multitud de temas familiares; una vez le decía que su hijo Carlos lo que debía hacer es abrir en la Puerta del Sol, un buen centro de fotografía, que le daría más dinero que el cine. En otra ocasión le hablaba de los amores de su hijo con Geraldine Chaplin, hija del gran Charlot, simpática ella, pero de una belleza misteriosa.


Hemos visto estos días las cerámicas y dibujos de Picasso en el lugar donde en otros tiempos estuvieron los dos famosos hermanos Saura, de grandes méritos artísticos y uno se pregunta: ¿en este centro cultural, se acordarán de enseñar a los oscenses la personalidad y las artes de estos dos ilustres hermanos, hijos de Huesca?.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Enrique Capella



Enrique Capella, año tras año, en el periódico de Huesca y en el Programa Oficial de Fiestas de San Lorenzo, ha venido recreándonos con sus humorísticas e irónicas coplas, que recopiladas darían tema a un antropólogo para una tesis sobre el comportamiento humano de nuestras gentes y a los lingüistas para comprobar el uso de nuestras palabras aragonesas por el pueblo.
Capella se ha ido y yo sin más investidura que la que me da mi admiración a un oscense tan puro y tan neto, pretendo hacerlo presente un año más en este Programa, a pesar de que ya no está físicamente presente entre nosotros. Ustedes mismos pueden reavivar su presencia, repasando los programas festivos y los periódicos del día de San Lorenzo de años anteriores y se encontrarán con su obra; léanla porque difícilmente podrán volver a leer a un costumbrista que nos defina a los altoaragoneses con el mismo realismo y sentido de la ironía.
¿Dónde nació Capella?. Sólo podía haber nacido en nuestra capital y para saberlo no hay que ir a mirarlo en su partida de nacimiento; Basta recordar la letra del Himno de Huesca, con partitura de Montorio, que dice”: Huesca querida, mi sertoriana, con  alma  y vida te quiero yo cantar”. Pocos Oscenses podrán inmortalizar como Capella su declaración de amor a Huesca, que lo vio nacer y que acompañada con esa música pone la carne de gallina a los oscenses. El espectro humano de nuestro hombre era amplio y así como ascendía a las alturas líricas para decirse oscense, descendía al lenguaje del pueblo llano para manifestarse “Huesqueta”: El que nace por Huesqueta, no sería güen baturro si carece de nobleza, que al nacer ya lleva dentro”.
Su afición por la música heredada de su padre, la cultivó desde niño, pues cuando fue a estudiar a Zaragoza, la utilizó entre otras cosas para pasárselo bien al estilo de los estudiantes de la famosa “Casa de la Troya”. No debió mirarse mucho los libros, pues eso de la inspección, percusión, palpación y auscultación que se aprende en Medicina lo debió aplicar a inspeccionar partituras, percutir en bombos y tambores, palpar cuerdas de mandolina y “rasquetas” de violín; en lugar de auscultar cajas torácicas con ruido de olla cascada, auscultaba las cajas de los instrumentos de cuerda para que no desafinasen. Lo hacía bien eso de la música, pues, con sus compañeros, era llamado a las fiestas de los pueblos, donde con su facilidad para versificar, hacía las glorias de sus vecinos. Los vascos aún conservan sus versolaris, con una gran capacidad de improvisación, que era característica en Capella.
Volvió a Huesca y fue durante muchos años funcionario municipal. No eran entonces los sueldos muy generosos y él para sacar adelante a su familial tuvo necesidad de dedicarse al pluriempleo; por la tarde iba al periódico y cuando tenía ocasión acudía a acompañar con su violín los espectáculos que venían a Huesca. No es extraño que ante tal tensión, la reciedumbre de su carácter aragonés de que presumía, se manifestara en alguna ocasión un “poquer masiau” recia. Se relajaba de sus preocupaciones cultivando ese su amplio espectro mental, que llegaba en música desde la altura del violín hasta la popular bandurria, pasando por la mandolina; en la expresión literaria llegaba también a la lírica en la letra del Himno de Huesca, ya citado o en la de”Dicen que muere la jota”. Hasta las letrillas las escribía sobre el primer papel que le venía a la mano. Para seguir la trayectoria de su vida, hubiera sido interesante que un duende hubiera ido recogiendo de las papeleras, las innumerables coplas que en ellas arrojó. Ironizaba en ellas de todo y algunas veces como en la copla que le dirigió al funerario Bernués, parece sarcástico, pero hay que darse cuenta de la amistad que los unía y de la casi diaria visita al periódico de Bernués, para encargar las esquelas. La copla decía así”: Este mundo es un sufrir y mira tú si lo es, que es preciso morir todos para que viva Bernués”. El primero en reírse fue el mismo aludido. No se escapaba nadie de sus alusiones, incluyendo a las mismas mairalesas, de las que destacaba su belleza y cualidades, al tiempo que ponía en evidencia sus pequeños defectos.
Estando en una ocasión, en la redacción del periódico, tratando de temas heráldicos, me dijo el buen Lorenzo Celada, que le creó un escudo nobiliario, en los siguientes términos: “El escudo de Celada es solamente un porrón, pues así va sobrau de bota y ésta le pesa un c…”
Las letras de los cuplés las utilizaba, así como las de las canciones sentimentales para provocar la risa de los oyentes. A mí, no sé si estaré equivocado, me da la impresión de que lo que más feliz lo hacía, era la música, pues igual acompañaba a Camila Gracia en sus jotas, debajo de los arcos de los Porches, como me contó Carretes, que iba con el Doctor Barrón a casa de Marieta Pérez, que tocaba el piano, el Doctor el violoncelo y nuestro hombre el violín. Esa entente musical no debió de durar mucho tiempo, pues al ser los tres artistas de recia personalidad, no coordinaban muy bien, ya que nadie podía a nadie.
Una costumbre perdida, que yo todavía recuerdo, consistía en acompañar las imágenes del cine mudo con música y en ella era Enrique un maestro.
Acudí hace unos días al homenaje musical de la Nueva Sertoriana a Don Enrique Capella. Pedro Lafuente resaltó el “trémolo” que con la mandolina interpretaba Capella. Me lo imagino haciendo “tremolar” o “tortular” en aragonés, vibrar, aquellas cuerdas.


La noche de San Lorenzo, que suele ser tan clara para mirar a las estrellas, me miraré haber si titilan o “tremolan” más que otros años, por si a través de ellas adivino que Capella está allá arriba, tocando la mandolína.

Las golondrinas

Cuando iba a visitar o a vacunar algún animal doméstico por el Somontano, me fijaba  en las golondrinas, que anidaban en los cubiertos, deba...