viernes, 7 de enero de 2022

Requien por un águila real.-

 




Yendo con mi amigo, un gran cazador, llamado  Isidro Artero, vimos como caía un águila real, en las montañas de Nueno, desde el camino que conduce a Arguis. Cayó prisionera en un cepo y no se podía soltar. Isidro caminaba por la glera hacia la prisionera águila, por cuidar de soltarla.  Las piedras que removía el animal agitando el cepo y todavía más con sus móviles  alas, bajaban por la ladera y le hacían daño a Isidro en las piernas, donde le golpeaban. Aquel trofeo en lugar de ser real, al tratarse de un águila real, habría que llamarlo un trofeo vil, por atacar a un noble animal, rey de la Naturaleza. En el cepo se encepó el águila, e Isidro ya la iba a alcanzar, con la esperanza de liberarla de la prisión del cepo, cuando ya casi  la tenía cerca de sus manos, pero el águila, con una pata de menos, se arrancó a volar. ¡Qué lástima, perdernos la contemplación del águila libre, viéndola volar y volar  su vuelo real!.  Pero la Virgen de Ordás, que se encuentra en una alta montaña, sobre la carretera, tal vez sonreiría, como casi todos nosotros hemos sonreído, al leer, como una lechuza, volando , volando  a la Virgen  “un ramo de olivo le traía”. Isidro y yo lamentábamos que el águila perdiera una de sus patas, pero a él se consolaba al ver que el cepo iba a quedar en su poder. Le serviría para cazar raposas y tejones, bichos astutos los primeros y torpes los segundos y luego vendería sus pieles, en aquellos tiempos en que el dinero era escaso y había que sacarlo de donde se pudiera. Además,  agarrada al cepo, le quedó la garra con sus uñas aceradas y certeras y el viejo cazador, abriría sus dedos y en el pulpejo clavaría un clavo de herrar, para colocarla en la puerta de su casa. Las brujas no acudirían  a su hogar,  ante el temor que les inspira ese amuleto agresivo y real.
¡Qué habrá sido del águila?. Estaba un zagal de Erminio sentado bajo un olivo y observó cómo “sobre el olivar se vio un águila volar y volar” y vio como se lanzaba como una flecha sobre un conejo incauto, y en un cable de la luz, su vertiginosa velocidad la hizo golpearse, y el alambre de cobre, como un arco que se tensa, con crueldad la rechazó. Sobre el olivar, ante los ojos atónitos del zagal, quedó el cadáver del águila real. Sólo tenía una garra. El cepo de técnica rústica, se la había cercenado y el cepo de técnica elevada, le cercenó la vida.
Sobre el olivar cayó el águila. ¡Quién la pudiera resucitar!. En la tierra cayó una lágrima, una lágrima por el águila real, que a este paso se va a convertir en un ser mítico e irreal.  

jueves, 6 de enero de 2022

El psalterio de la Montaña

 


 
Ya quedan pocos psalterios en nuestra Montaña Pirenaica, pero sin embargo, empieza a crecer su número, porque la tradición conmueve los corazones de nuestros montañeses, y entre ellos surge en Jaca, Luis Salesa. Yo no  conozco a este “lutier” actual, que arregla y construye estos antiguos instrumentos musicales y es de creer que  conserven su calidad sonora. El salterio, pues de las dos formas se escribe, es un instrumento musical de madera, en muchos casos de nogal, que se adapta al pecho, en forma trapezoidal, que con la mano izquierda se golpean las seis cuerdas de tripa, pues es como un tambor, mientras con la mano derecha, se aproxima el chiflo o chuflo, que es una flauta con tres agujeros, a la boca. En Aragón sólo quedan salterios con su chiflo, en Jaca y en Yebra de Basa. Ambas poblaciones conservan los restos mortales de Santa Orosia, a saber, Jaca el cuerpo y Yebra de Basa la cabeza. En esta población ascienden en romería a una alta ermita, con un dance, que lo hace antiguo y moderno, como si se tratara de una peregrinación eterna, amenizada por un dance que no les cansa a los danzantes, sino que les da vida. En tanto el pueblo relata una pastorada recitada y cantada en aragonés. Para las Fiestas de Jaca, de donde es Patrona, Santa Orosia, acuden los danzantes de Yebra y antes, en un pequeño templete, situado en la Plaza Biscós, que ya fue derribado, transmiten su devoción a los jacetanos. Pero no sólo hay que tener en cuenta los salterios de Jaca y de Yebra, sino que por el Norte de la Jacetania, se encuentran dichos instrumentos musicales en el Bearn,  es decir en la Val D’Ossau, donde lo llaman el ´´tambourin du Bearn” y en el pueblo de Billeres, está tallado en gruesas capas de nogal. Los técnicos dicen que el xhistu y el chiflo son dos variedades de un mismo tronco, que les es común. Sólo quedan los salterios citados,  pero siempre los ha habido en todo el País Vasco, cuyo centro se encontraba en El Roncal, su occidente era parte de Navarra y Guipuzcoa y la parte oriental, parece ser que hasta el Valle de Arán, se situaba  en Jaca, en Yebra de Basa y en L’a Val D´Ossau. Esta zona oriental es la que hoy mejor conserva el salterio y el chiflo. De esta parte pirenaica francesa, parece que proviene la palabra “lutier”, con la que  conocen  a los que construyen y recomponen esos instrumentos musicales, a saber el salterio y el chiflo. A este “lutier”, lo conoció en Jaca e hicieron amistad, el artista, que crea navajas y las dota de mangos artísticos, tallados en madera, llamado Antonio Bueno, que vive en Huesca. Compone toda clase de instrumentos antiguos, pero le faltaba conocer al “lutier”, para estudiar la posibilidad de construir y de recomponer el doble instrumento músico, compuesto por el salterio y el chuflo. Ese “lutier”, llamado Luis Salesa, es un gran “doctor” en el mundo de  los salterios, pues se ha ido formando poco a poco, con el salterio de Yebra y después con el de la Catedral de Jaca. El, ya hacía mucho tiempo que se había fijado en salterios pétreos, que están adornado capiteles románicos y contempló y escuchó el de Yebra de Basa. El de la Catedral de Jaca, se lo dejaron los canónigos y él, lo estudió completamente, mirándolo un médico, amigo, con Rayos X. Lo devolvió y desde entonces,  ha compuesto numerosos salterios, que vende por el Pais Vasco, Francia y Aragón, por ochocientos euros, cuando en la Val D’Ossau, piden mil quinientos.
Cuando, hace poco tiempo, se encontraron en Jaca, se explicaron mutuamente, gran parte de  sus conocimientos. Luis Salesa, el “lutier”, le regaló a Antonio Bueno una cuchilla de acero de las que él usaba para trabajar la madera, con la que labraba los salterios. Antonio le entregó a Luis, una cuchilla con un mango de boj, que le da un aspecto realmente bello, con su suavidad al rozar las manos, su color dorado con sus ligeros colores  y que se adaptaba maravillosamente a la palma de la mano.   
Yo, durante la Guerra Civil, en Jaca, he escuchado sonar el salterio de Yebra de Basa, ya hace muchos años. Iba acompañado por mi padre, mis hermanos y mi tío el señor Ripa, del que todavía se conserva en la Calle Mayor, su casa natal, con capilla. Llegamos  a una pequeña construcción, llamada el templete, a la que acudía una procesión  con los danzantes de Yebra de Basa, devotos de Santa Orosia y  un grupo de iluminados, de los que algunos decían que eran endemoniados y ahora los consideran enfermos mentales. También he escuchado a Santiago Villacampa de Yebra de Basa, del  que pude comprobar  que era un gran amigo de   Santa  Orosia, de recitar los versos, que componen los “Dichos de la Vida de la Santa”, porque es él, quien las canta, ya hace muchos años en Yebra de Basa. Me describió el salterio o chicotén, que hacen sonar, del que escribí en mi artículo: “Santa Orosia de Yebra de Basa”,  “recuerda por su forma la caja de un reloj de pared, pero de un metro y veinte centímetros de altura, y que en lugar de apoyarse en una pared,  lo hace en el pecho de quien lo hace sonar”. Tiene ese salterio “seis cuerdas, que están sujetas por su parte superior por clavijas de madera y por la de abajo, con pletinas de hierro”. Santiago Villacampa nos recitó en Quicena, al lado del Hotel Montearagón a José María Puyuelo Sorribas, a Tomás Sanz, funcionario jubilado del Ayuntamiento de Huesca y a mí,  los “Dichos y vida de Santa Orosia”, que conoce de memoria.” ¡Cómo no iba a saber dichos versos, si durante tantos años los ha recitado a la Santa!, siendo Mayoral de los Danzantes de Yebra de Basa. Escribo en mi artículo que: ”Durante tres generaciones, han hecho sonar el salterio o chicotén, a saber Alfonso  Villacampa, el padre, Faustino Villacampa,  el hijo y ahora está Rafael, que sobrino de Santiago y nieto de Alfonso, es hoy día el músico que hace sonar el chuflo o el chiflo, en el Baile de Yesa”.
Como yo he admirado  a Santa Orosia, en Yebra de Basa y en Jaca, durante la Guerra Civil, del artista,  no sólo aficionado, me llena de emoción su admirable trabajo de resucitar esos instrumentos de música eternal y de su amistad con el hijo del pueblo de Valfonda, Antonio Bueno. Ambos coinciden en su afición a resucitar,  desde cucharas de “palo”, navajas y cuchillos Antonio Bueno y salterios musicales, Luis Salesa.
Sólo quedaban tales instrumentos en la Val D’Ossau, en Yebra de Basa y en Jaca, pero resucitan tiempos en que Aragón ha de comunicarse por el Paso Central de los Pirineos y por el río Gállego hasta Zaragoza, se van extendiendo los salterios por Luis Salesa, partiendo de Yebra de Basa. A ver si Antonio Bueno talla un salterio,  para hacer sonar las virtudes de Santa Orosia en  el vecino pueblo de Siétamo, a saber Ibieca, donde José María Puyuelo “Sorribas”, se sabe de memoria textos de Santa Orosia. En Egea de los Caballeros, también se respeta y se ama a la Patrona o Matrona, Santa Orosia y en Zaragoza hay que hacer sonar  al chicotén y al chiflo, en la Basílica del Pilar, para que resucite Aragón.

miércoles, 5 de enero de 2022

Los Reyes Magos son los únicos, que en los belenes, van itinerantes.-

 



Cada día que pasa, se ven más cerca del Portal, hasta que llegan a él, a adorar al Niño, al tiempo que se escuchan voces que cantan:” Ya vienen los Reyes por el encinar, Melchor va delante, detrás va Gaspar  y  después  de  todos,  va el Rey Baltasar.

Nos encontramos ante un enorme y transcendental escenario, el de Belén y en él tuvo lugar una representación teatral a lo divino y los que en este escenario trabajaron, fueron nada menos que el Señor, como Autor y Actor Principal, al mismo tiempo, y como protagonistas que giraron alrededor del Niño, actuaron su Sagrada Familia, María y José, pasando por  los  Angeles  y Reyes, los pastores y ¿por qué no nombrarlos .  Y más, ahora que S.S. la ha declarado que también los animales tienen su espíritu vital: el buey, la mula, los corderos y los pájaros y animales todos, cuyas figuras aparecen en nuestros belenes.

Se completa el medio ambiente con el mismo Portal, con el pesebre y con los árboles. No se  si allí se encontraría algún abeto o pino de los que tanto nos acordamos en Navidad e iluminamos con luces de colores. Esta tradición anglosajona del Árbol de Navidad tiene su origen en Alemania en el siglo VIII, cuando San Bonifacio recorría los bosques de pinos y de abetos en Alemania.

Se ha querido crear un antagonismo entre el pino o el abeto y el belén, cuando Papá Noel es  Papá Navidad, ya que en ocasiones se puede identificar con San Nicolás o con San Bonifacio.

Hay quien superó esa rivalidad, ya hace casi cien años, editando tarjetas como la que yo tengo en  mi  casa heredada de difuntos antepasados, que más abajo en su exterior representa a Papá Noel y abriéndola aparece un hermoso belén.

No se si habría palmeras cerca del Portal ,o, se las encontraron Jesús, María y José, más abajo, más al Sur, cuando huyeron a Egipto.

De lo que no me cabe duda es de la presencia en Belén de los olivos, pues a Jesús le tocaría, más tarde, pasar una cruel agonía en un Huerto de esos olivos y ramos de olivo que llevaron los niños cuando Jesús hizo su entrada triunfal en Jerusalén. “ Pueri hebreorum portantes ramos olivarum, obviaverunt Dominum cantantes et dicentes: ¡Hossana Filio David!”.

Estos árboles y algún tejo o, algún enebro, algún almendro, las vides o alguno de esos romeros en los que la Virgen tendía los pañales del Niño, después de haberlos lavado, completaban aquella Armonía entre el Creador, la Naturaleza, los espíritus angélicos, el hombre y los animales.

No se porque el paisaje del S0MONTANO me hace evocar el del Belén; será tal vez por las colinas que  ondulan el terreno, por las encinas, los pastores, las ovejas, los olivos, las higueras, el musgo y por otros aspectos, que de niños, hemos reproducido en los belenes.

Al asociar el Somontano a Belén, se pone en marcha mi imaginación evocadora y nostálgica. Hay quien descalifica  esta  añoranza ,como queriendo constituirse en un falso creador, en un nuevo dios que ha superado la tragedia humana, para hundirse en la caída de los dioses.

Tal vez quieran sustituir esa nostalgia con odio o ambición más amargos, pues la nostalgia lo más que puede resultar es agridulce.

Ya desde hace muchos siglos quisieron destruir la añoranza de la Cueva o Portal sagrado, donde quiso nacer el Salvador. “El Emperador Adriano hizo, en odio a los cristianos, edificar encima un templo dedicado a Adonis, esperando abolir con esta sacrílega profanación, la memoria de un lugar tan respetable.

Yo no encuentro mal que los partidarios de Adonis, le levantaran un templo, pero no con el fin de destruir el Portal de Belén.

Adriano tuvo imaginación más que constructiva, destructora en este caso.

Yo me he quedado en la imaginación nostálgica y nuestros Adrianos en la destructora, pero a imitación del Sumo Creador o Hacedor, surgieron hace siglos imaginativos, creativos o creadores, de los cuales unos, a aquellas imágenes navideñas quisieron ponerlas en movimiento, recreando aquel maravilloso escenario de Belén, para dar a conocer a la gente sencilla, el mensaje del Dios-Niño.

Otros que  tenemos ahora entre nosotros los belenistas o pesebristas, montan auténticas obras de arte, como son los belenes, sin gran movimiento, digo sin gran movimiento porque los Reyes se mueven, el río corre y algo más se mueve, como son los corazones de los que contemplan, según la sensibilidad e inspiración creativa del belenista solitario o en equipo, que lograron perpetuar de un modo un tanto  ágil a través de nueva Navidad, aquel arte y aquella actividad didáctico-religiosa o catequística que en los hombres y niños sencillos aviva la ingenuidad de su Fe, que transciende más allá del racionalismo, con razones que no alcanza, porque son razones del corazón. 

Aquello que he nombrado en primer lugar, que quisieron hacer la representación viva, dinámica de  lo  que pasó en Belén, reproducir las acciones, los actos que ocurrieron durante la primera Navidad, lo lograron de un modo sencillo, con sus belenes vivientes en la puerta de las iglesias, con las cabalgatas de Reyes, con las Posadas  y Pastorelas, llegando a crear el “Teatro de la Edad Media”, primera fuente y origen de los belenes. Yo en mi niñez, antes de la Guerra Civil, me acuerdo del Belén montado en la iglesia parroquial.

 Y tengo todavía presente el recuerdo de la señora Isabel la Posadera, que se dedicaba a embellecer dicho Nacimiento. Ella conocía en los caminos de los Huertos, unas plantas que embellecían el paisaje de la Costera y todo el año estaba la buena Posadera, pendiente de la flor que brotaba de ellas. Los niños entrábamos en la iglesia para participar en la belleza del Belén.  

La señora Isabel recibía todo el año en la Posada a los viajeros con sus carros, pero especialmente para Navidad, preparaba en la iglesia la “posada” para el Niño Jesús.

martes, 4 de enero de 2022

Cactus del género Schlunbergera.

 



Este cactus es en estos momentos un auténtico ramo de flores, que luce en muchos pisos de esta ciudad de Huesca  durante las Fiestas de Navidad. Y luce en este mes de  Diciembre y en el de Enero, que coincide con la bella floración de estos alegres cactus, que hasta hace muy poco tiempo no aparecían flores de tanta belleza, en esta fría estación invernal, si no son los “pensamientos” en el Parque. Hoy en muchos pisos donde se instalan los  Belenes, antes se alegraban con flores artificiales y hoy brilla una alegría natural, provocada por esos ramos preciosos de flores que exhiben esos cactus, en abundancia y gran belleza.

En las galerías, que se abren dando sus balcones su cara  al Sol, lucen muy vistosos, pero si a tales balcones o galerías se les dota de cristales, sus flores siguen ofreciendo alegría a sus habitantes, porque aquellas flores no mostrarían tristeza si tuviesen que ofrecer su belleza de aquellas flores, atacadas por el frío. La planta  Schlumberg  pertenece  a las plantas “truncatas o Cactus de Navidad”, que aparecen de un color hermoso verde vivo y sus bellas flores que aparecen, tienen una forma tubular con pétalos de color rosa, rojo o blanco de un color que recuerda el de las naranjas.



Sus plantas se colocan en el interior de los pisos, pero en algunas galerías, que se dotan de cristales, dejan pasar el sol, y se exhiben esos cactus de Navidad, que son acariciados por el sol, que alegran esta época invernal, pero las  caricias del  sol  reparten alegría floral.

Esta  planta “Schlumberguera truncata” llegó del Brasil, pero uno se da cuenta de que son varias las variedades de esta planta. Estas plantas tienen diversos híbridos donde crece su flor en árboles, de cuyas ramas tienden a ramificarse y suelen tener lugar en invierno.  Pero sus flores no lucen demasiado tiempo, presentando diversos colores  con el blanco, rosa, rojo, amarillo y otras variedades. Necesitan abundante luz ,que no les llegue  sin fin, mejorando la luz del sol al amanecer o al atardecer. Pero su coloración ideal se encuentra dentro de una habitación donde brille la luz, cercana a una ventana. No necesitan pasar el invierno bajo temperaturas muy frías y hay que guardarlas de esa muy frías temperaturas.



Son plantas exóticas y hay que cuidarlas de temperaturas exóticas, como las del Brasil, pero hay que cuidarlas en nuestro clima español, ya que nos admirará su belleza, en la Navidad y mes de Enero. Si alguno quiere reproducir tallos maduros, es necesario hacerlo, hagamos un corte, de una porción de la planta colocándola en un lugar iluminado, sin que luzca el sol sobre ella, siendo conveniente hacerlo en primavera o verano, unos dos meses tardará en nacer  raíces.

lunes, 3 de enero de 2022

 

Recuerdos de la cuadra de las mulas






28 noviembre del 2001. Heraldo de Huesca

Pasando por el puente de San Miguel de la ciudad de Huesca veo cada día el monumento dedicado a las mulas. Se trata de una mula o ¿mulo? Metálica que, por tanto no se puede morir, como aquellas otras de carne y hueso pero con una fortaleza casi metálica que sacábamos de paseo los soldados en el cuartel que todavía está abierto junto a la parroquia del barrio del Perpetuo Socorro.
                Y este monumento me trae a la memoria el dulce recuerdo de las mulas de mi casa de Siétamo y de la cuadra, en la que las acémilas pasaban sus ratos de descanso, convalecían de sus enfermedades, comían y se alegraban al ser cepilladas y a veces eran sacadas a la calle para serles hechos con unas tijeras adornos en el pelo de sus crines y de su rabo.
                Cuando iban a labrar, lucían en el cabestro dos estrellas y de la brida de cada una de ellas colgaba un juego de tres campanillas, como dice la canción andaluza: “En las tierras de mi Andalucía, los campanilleros por la madrugá, me despiertan con sus campanillas y con sus guitarras me hacen llorar”.
                Cuando labraban, a su concierto acudía alodas, cuculladas, chirlas, engañapastores, cudiblancas, gorriones, cistras, verderoles, trigueros, pinchanes y papirois.
                En la cuadra languidecía la pobre luz de la bombilla de quince watios, se percibían un olor medio aromático de paja seca con fiemo caliente, haciendo que en el establo se estuviera bien.
                En el resto de la casa el frío era glacial; en el hogar casi se había consumido la leña y el escaso calibo lo había tapado la señora María, para que al día siguiente, después de escalibado, prendiese la ramilla y los tueros recios se encendieran para calentar el caldero, guisar la comida, volver a calentar las patatas para los cerdos en el caldero y, por fin, la cena.
                Y mientras la cena llegaba se secaban los peducos  del hombre cuando volvía del monte y echábamos buenas calentadas.
                Algún día, al enterrar las pocas brasas que quedaban con la ceniza, bajábamos a la cuadra para mirar cómo las arañas se movían por sus telas, cómo las pocas moscas que quedaban torponas por la estación fría se enganchaban en las redes para ser devoradas y ver y escuchar cómo la mula torda se echaba pedos; el señor Jorge, que murió ya de muchos años en el pueblo de Sesa, les levantaba la cola y les ponía una cerrilla apagada cerca del cagadero y cuando salía el gas se encendía, con un ruido de soplido que se acababa cuando la llama alcanzaba su apogeo y al oír el macho morico ese soplido, él resoplaba “brrrr…” y batía a coda”, marcando con un ruido característico los cuatro granos que le quedaban y que rebuscaba goloso entre la paja del pesebre.
                Divertidos, dábamos volteretas los niños mientras tanto sobre la colchoneta de pinochoneras del camastro del animal comprendíamos que el niño Jesús hubiera querido nacer entre una mula y un buey.

domingo, 2 de enero de 2022

 

Aranda y su castillo-palacio.-


                                         




Un número del Heraldo de Aragón dice en un número del mes de marzo de 1992, lo siguiente:”En el sur de la Hoya de Huesca, a muy pocos kilómetros de la capital, varios castillos viven el abandono, la ruina o la restauración de urgencia para evitar su derrumbe. Las construcciones militares y defensivas de Siétamo, Monflorite, Novales, Barbués, Argavieso, Sangarrén, Corvinos…, ofrecen un variopinto panorama de este apartado del patrimonio aragonés. Desde el edificio al borde de la ruina al monumento en restauración, pasando por la construcción conservada en aparente buen estado, todos forman parte de la historia regional. Paradójicamente, la comunidad autónoma carece de un inventario de arquitectura militar, aunque todos los castillos de España fueron hace tiempo dotados del carácter de monumento nacional. La ley de patrimonio los convirtió automáticamente en bienes de interés cultural, por lo que gozan de la máxima protección legal y las instituciones regionales tienen, en teoría, la obligación de preservarlos de la ruina”. Y sigue Mariano García, ”En la parte sur de la Hoya de Huesca, en un puñado de kilómetros, se alzan varios castillos señoriales construidos en piedra durante el gótico tardío, siglos XV y principios del XVI. Las fortalezas de Siétamo, Monflorite, Novales, Barbués, Argavieso, Sangarrén  o Corvinos ofrecen un variado muestrario de la situación del patrimonio histórico aragonés. Hay castillos abandonados, en restauración, rehabilitados y ominósamente perdidos. Muchos de ellos no responden a las características típicas de los castillos. Se trata en muchos casos, de mansiones señoriales con diverso grado de fortificación, aunque en algunos de ellos se descubren restos de fosos y murallas”.
Muy poco se puede salvar del primitivo castillo de Siétamo. Unicamente queda en pié un largo lienzo de su barrera exterior, pero en él se encuentra un torreón cilíndrico con almenas apuntadas. Es un detalle arquitectónico importante, ya que es prácticamente único en la provincia de Huesca. Está a punto de desmoronarse…La construcción, dañada en la Guerra Civil, fue demolida años después para utilizar sus piedras en la reconstrucción de los pueblos de alrededor de Huesca, aunque es imposible recuperarlas, los trabajos arqueológicos resultarían muy interesantes, ya que la localidad recibe el nombre, por ser el “Septimum miliarium” de la vía romana de Osca. La presencia árabe en la población, avalada por varios documentos históricos, pervive también en algunos sillares del lienzo de la muralla. Según Julio Brioso, ”Que hubo sarracenos en Siétamo parece probado por el documento fechado el día 5 de Mayo de 1093, en que el rey Sancho Ramírez y su hijo Pedro dotan a la Real Casa de Montearagón con las iglesias de Siétamo, Olivito, Arbaniés, Castejón de Arbaniés y Alcalá, con todas sus décimas y primicias, así como sus mezquitas y todos los bienes de los moros
“Cristóbal Guitart asegura que era uno de los castillos más representativos de las baronías oscenses. En él nació Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, IX conde de Aranda y uno de los políticos más notables de la Ilustración. Guitart señala que era un palacio cuadrangular, de piedra y macizo, cuya torre miraba hacia la Plaza Mayor y conservaba sus matacanes continuos. Por un arco lateral se llegaba a una plaza de armas donde estaba la fachada principal, con puerta semicircular, balcones modernizados y una galería aragonesa de arcos semicirculares de ladrillo, posterior al edificio”.
En las almenas de los torreones de la muralla, en su cima había unas bolas de piedra, que uno no sabe dónde fueron a parar.
Don Antonio Naval Mas en el Diario del Altoaragón del 5 de marzo de 1995, en un artículo, escribe:”El palacio del Conde en fachada respondía a casa entre dos torres que al tiempo de su desaparición estaban desmochadas, si es que alguna vez fueron terminadas lo cual el lo más probable. Estas torres enmarcaban una galería de arquillos de ladrillo que recorría todo el alto de la fachada sosteniendo el alero según solución muy corriente en casa distinguidas aragonesas. Con toda probabilidad esta parte del edificio existía al menos a principios del siglo XVI. Los balcones serían abiertos con bastante posterioridad pues uno de ellos se interponía entre la entrada y el matacán o balconcillo defensivo, que fue colocado sobre ella para la protección del acceso. La casa-palacio estaba yuxtapuesta a una enorme torre que en el momento en que fue hecha la fotografía(Foto publicada en el libro”Huesca en imágenes”, editado por la CAZAR) todavía conservaba las ménsulas del matacán que rodeó todo su entorno. Obviamente sería la parte más primitiva, la medieval, que comenzaría estando exenta para despiués ser ampliada con la casa que se apoyó en ella.
“Todavía quedan las bases de esa torre, de la que se dice va a ser restaurada en algunos metros.
Don Ricardo del Arco escribió lo siguiente:”La gran torre es robusta, de fuertes sillares, ligeramente rectangular. Mide 20 metros de altura por once de ancho, su cara mayor. Tiene matacanes en lo  alto y estuvo almenada. Junto a ella hay un arco por el que se entraba al castillo desde el pueblo, pasando antes por otra puerta abierta en la muralla, sigue un típico pasadizo con dos arcos y se entra a un descubierto o plaza de armas. A mano derecha está el palacio que ostenta ventanas góticas con mainel, hoy cegadas y matacanes sobre la puerta de entrada…
La puerta de entrada a aquel es de arco circular; en el patio hay dos arcos robustos, uno de medio punto y otro ojival, que arrancan del pavimento y sustentan las vigas del techo…a mano derecha está la escalera. En su primer rellano hay una mazmorra. Acaba en otro rellano con galería arqueada y antepecho de yesería. Acaba en otro rellano con galería arqueada y antepecho de yesería. Estos son adición del siglo XVII. A la izquierda, una gran puerta de entrada a las habitaciones palaciales, espaciosas, aunque divididas hoy por tabiques. Enfrente de la escalera hay otras habitaciones. Se conserva la sala y la alcoba(con molduras doradas) donde nació el conde de Aranda, el célebre ministrote Carlos III. Hay otra del siglo XVIII también con azulejos en el zócalo y una chimenea”(La casa aragonesa, 1919,pág. 22).
El palacio tuvo su ruina a raíz de la Guerra Civil. Este edificio estaba habitado, según Cardús, por dos familias, pero según mi padre llegaron a vivir en él hasta catorce familias. Para la Guerra fueron bastantes los vecinos de Siétamo que allí se refugiaron, al ser atacado el pueblo de Siétamo por el Frente Popular, pero al quedar cercados huyeron por la huerta a la Costera y otros se quedaron en el pueblo. La fecha de su huída fue la del día del Santo Cristo de los Milagros. Los rojos se vengaron desvalijando el edificio y además lo incendiaron. Acompaño testimonio escrito de Isidro Artero que lo esenció desde su casa en la calle Alta. Después de la Guerra primero la casa y más tarde la Torre fueron empleadas para reponer de piedras a Siétamo, Apiés, Banariés, Chimillas,Huerrios y otros pueblos de la Hoya de Huesca ,que quedaron destruidos.
En este castillo vivieron unas seis generaciones de los Aranda, que tomaron posesión del mismo por la boda de un Abarca de Bolea con la hija del Señor de Castro, que trasmitió sus bienes a dicha hija y cuyos documentos poseo.
Los Condes de Aranda tuvieron casas en muy diversos lugares, como Epila, Zaragoza, Huesca, etc. En dichas casa pasaba largas temporadas y en la de Zaragoza nació, como ha descubierto Angelines Campo, Ana María Abarca de Bolea, que llegó a la categoría de Abadesa del  Monasterio de Casbas y a escritora y poetisa castellana y en aragonés.
En Huesca poseían varias casas, que no hay que confundir con la de sus parientes los Abarca, que estaba en la calle Sancho Abarca, sobre los almacenes Simeón, que derribaron el año 2002 y han edificado, imitando a la antigua.
La desaparición del castillo-palacio de Siétamo es verdaderamente lamentable, pero consecuencia de la Guerra civil y Antonio Garrigues Diaz-Cañabate dice de esa oportunidad:”La guerra civil no fue una cruzada, sino acaso dos cruzadas, una religiosa y otra laica. Y ambas impuras en cuanto a su fe respectiva, puesto que entraban y participaban en ellas otras pasiones e intereses humanos, bien humanos. Fue una lucha fanática, heroica, en la que se jugaban la vida o muerte dos formas de ser, dos ideales, dos
Credos, no sólo los consabidos de las dos Españas sino de otros muchos pueblos, que con eso vinieron a luchar y a morir  aquí, y a uno y otro lado de la cambiante frontera estratégica y la lucha por muchas cosas :dinero, fama, honra, prepotencia y otras mil vanidades, pero sólo se muere por unas pocas en las que se cree. Esas creencias, ya divinas  ya humanas, fueron el núcleo genésico de la Guerra Civil española. La marea universal de las publicaciones en todas las lenguas, revela que no se trató sólo de una guerra civil más entre las dos Españas, sino de algo muy profundo, muy universal. Esto es lo que da su grandeza, su sentido histórico, y, si hay-dudosamente –guerras justificables, su justificación.
En la Escritura de Capitulación matrimonial de Don Manuel Almudévar y Vallés  y Doña Pilar Casaus y López, vecinos del lugar de Siétamo, autorizada por el Notario de Huesca Don Pablo Linés y Sarrate, el día 24 de Julio de 1881, se dice en el nº 66, Tomo 146, Folio 3, Fº.n.166: Un edificio llamado el Palacio, sito en dicho pueblo de Siétamo
,en la calle baja, señalado con el número 16, de nuevecientos metros cuadrados de superficie, lindante por la derecha entrando con campo de esta herencia, y por la izquierda con camino y por la espalda con calle y casa de Ramón Laguarta: estimado en dos mil quinientas pesetas y no tiene cargas.
En la Escritura de Capitulación matrimonial de Don Manuel Almudévar Casaus con Doña Victoria Zamora Lafarga, ante el Notario de Huesca Don Félix Marquínez y Ruiz del Burgo, de fecha diecisiete de Febrero de 1923, viene la misma escritura.
En el Testamento de don Manuel Almudévar Cavero, a cuatro de marzo de mil  ochocientos setenta y tres, ante Don Pablo Linés Notario, se lee una escritura igual a las dos anteriores, pero a la que añade: Que dichas cuatro fincas(huerta de Palacio, Tapiado,  un Horno de pan cocer, que limita por la derecha entrando con casa y corral de Joaquín Aquilué, por la izquierda con casa y corral de Pascual Carilla y por la espalda con casa y corral de Ramón Laguarta y un edificio llamado Palacio) las adquirió el expresado Don Manuel Almudévar y Cavero por compra que de ellas hizo según escritura otorgada en veinticinco de octubre de mil ochocientos sesenta y cinco ante el Notario de Barluenga Don Sebastián Ferrer, la cual se halla inserta en el Registro de la propiedad del Partido, Tomo ciento cuarenta y seis, Libro tercero de Siétamo, Folio, tres, seis, doce y quince, Fincas número ciento sesenta y seis, ciento sesenta y siete, ciento sesenta y nueve y ciento setenta, Inscripción primera, con fecha nueve de Diciembre del mismo año(1865), según consta de la nota puesta al pie de su primera copia de la calendada escritura que se me ha exhibido.

sábado, 1 de enero de 2022

Antepasotismo.-

 


Todos hemos tenido antepasados y los pasotas han tenido antepasotas. Como ahora somos tantos en el Mundo, hay más pasotas que antes, pero siempre los ha habido. Lo que es nuevo es el nombre con que se designa a esos individuos, que como acertadamente dice José Ramón Villanovas, intentan “vivir hasta que puedan vivir de sus  padres hasta que puedan vivir de sus hijos”.

Aquí en el Somontano,  a aquella persona que le daba lo mismo ocho que ochenta, le decían que era “un échame-ne más”. A todo decían que sí.  A nadie decían que no, en una palabra, no daban golpe, no tenían enemigos y se dejaban querer.

Había segundones en las casas “güenas”, que conseguían vivir a costa de sus padres, hasta que conseguían hacerlo a costa de sus sobrinos. En este detalle difiero de José Ramón. Los tiones tenían derecho a vivir al ser y al haber de la casa, comían lo que les echaban (quizá de ahí viene eso de echame-ne más). Y tenían un puesto junto a la lumbre. Yo conocí a un tión que cogía una escopeta de caza de la casa, se montaba en el caballo de la casa, y se lanzaba a cazar al monte.

Le seguían los galgos de la casa, disparaba  al conejo sin apearse del caballo y si conseguía matar alguno, caso no frecuente, “pasaba” y si no lo cogían los galgos, allí se quedaba para pasto de las zorras. Estos antiguos pasotas no eran envidiosos y con acertada actitud ante la vida,, pasaban por la misma haciendo suya la filosofía de Fray Luis: Despiértenme las aves con su cantar sonoro, no aprendido; no los cuidados graves de que siempre es seguido, quien al último trato está atenido”.

Aquellos “pocas penas” yo creo que eran más felices que los de ahora, pues a éstos en lugar del cantar  sonoro de las aves, los despierta el cantar horrísono de los tocadiscos. A las “malas ganas” de antes no los seguían los cuidados graves del trato humano, pues como he dicho, no eran envidiosos ni envidiados, pero con los pasotas de ahora todo el mundo se mete y todos tenemos algo que decir de su conducta. Y para confirmar mi teoría de que siempre ha habido pasotismo, recuerden esta copla : “ Yo me llamo “poca pena”/ pariente de mala gana/ y por apellido tengo/  “a yo no me s´én da nada”.

Las golondrinas

Cuando iba a visitar o a vacunar algún animal doméstico por el Somontano, me fijaba  en las golondrinas, que anidaban en los cubiertos, deba...