lunes, 15 de mayo de 2023

El humor de Don Alvaro.-

 



Don Alvaro Franco Oliván es un compañero mío, con el que estudié en la Facultad de Zaragoza. Yo empecé la carrera en la nueva Facultad, en tanto que él, ya llevaba un año estudiando en la vieja,  que se encontraba cerca de la Puerta de la Iglesia del Carmen, abrasada y derribada durante la Guerra de la Independencia. El, por tanto, acabó la carrera de Veterinaria un año antes que yo y desde entonces, es decir desde hace más de cincuenta años, empezó a trabajar en Huesca. Dirigía el Centro de Inseminación Artificial, radicado en la Granja de la Diputación, donde yo colaboré con él y aprendí de sus conocimientos. Es un hombre que a un humor extraordinario, une unos conocimientos profundos de la profesión de Veterinaria, como se puede comprobar en el DIARIO DEL ALTO ARAGON, en que todas las semanas escribe temas alimentarios, por ejemplo sobre la leche y sus derivados y acerca de las enfermedades que atacan a nuestros ganados. Su humor se puede comprobar hablando con él, porque en sus conversaciones, siempre se ríe y hace reír al, que con él conversa, de noticias políticas, ciudadanas o de personas conocidas. Pero no sólo hace reír, sino que hace meditar, como cuando a mí, un día cualquiera, me escribió hablándome de la personalidad de Orwell, que me inspiró para escribir un artículo sobre su universal obra literaria y sobre los apuros que pasó en el cerco de la ciudad de Huesca. Este artículo se ha publicado en varias revistas e incluso en una obra sindical sobre la Guerra Civil. Orwell, cuando estaba vigilando en las puertas de nuestra ciudad, le dijo a un compañero: “pronto entraremos en Huesca a tomarnos un café”. Al fin no lo pudo tomar, porque salió herido y luego escapó de España, porque corría peligro su vida. Con Alvaro hemos tomado muchos cafés, pero él me ha escrito  “que prepare un condumio de tocino blanco para vernos en Siétamo, pero ya en Septiembre”. Es curioso que a él que tan bien escribe sobre los alimentos en el periódico, le guste tanto el “tocino”, pero ese gusto le viene de recordar   las matacías de cerdo. En el fuego del hogar, calentaban el tocino y lo devoraban con gran placer. Pero lo extraordinario es lo que me cuenta en la carta, que me ha escrito sobre el artículo que escribí el día de San Lorenzo, hablando de la calle de Pedro IV. Tal artículo “me ha traído muchos recuerdos porque vivimos varios años en esa calle, nada menos que en vecindad con la casa de “latrocinio” llamada La Rosita y enfrente de una tribu de gitanos, cuya mandamás era la conocida como La Mandunga. En esa casa de latrocinio y de lenocinio o alcahuetería “había una muralla histórica, donde los hombres que salían de “ocuparse” echaban unas meadas interminables porque decían que así expulsaban las infecciones que pudieran haber cogido en sus contactos puteriles”. Alvaro Franco es especialista en Inseminación Artificial y describe a los hombres “ocupándose” y meando en aquella calle oscense, buscando la asepsia, que después tanto tuvo que practicar él, para inseminar a una yegua o a una vaca. De La Mandunga escribe que “era una gitana negra y oronda que siempre estaba sentada en una pequeña silla en la calle y donde sus glúteos se deslizaban casi hasta el suelo. Toda la familia calé vivía en una “suite”, todos hacinados y con las paredes totalmente negras por efecto de las hogueras…”. Dice de El Jeta que “en efecto era todo un personaje de pacotilla, más bien parecido, por su vestimenta y modales, a un chulesco de los aledaños de un barrio de Madrid antiguo”. Así como yo escribo que al llegar las noches del verano,  salían los vecinos de la calle Pedro IV a sentarse en la calle y  a conversar,  Alvaro escribe: ”Las noches de verano salían todos(los gitanos) a la calle y nos obsequiaban con sus conciertos de guitarra y cantos”. “ A la hora de saludar eran muy ceremoniosos y simpáticos”. Con la misma simpatía que ellos te saludaban, quiero hacerlo yo. Nos hemos dejado de citar a “algunas personas que han marcado la truculenta historia de esta curiosa calle”, pero tú en tu chalet y yo en mi casa del pueblo, los recordaremos.

El antiguo tocino, convertido en jamón ( En recuerdo de Álvaro Franco Oliván).



El escritor Braulio Foz nacido en la provincia de Teruel y profesor de la Universidad de Huesca, nos ha dejado escrito durante los primeros años del siglo XVI  el  relato de las aventuras de PEDRO SAPUTO. “En la tradición oral, Pedro  es  la  personificación  del ingenio popular , el que aplica en las tribulaciones de sus paisanos, soluciones sencillas, de sentido común, o actúa como un  pícaro  riéndose de los que quieren burlarse de él”.
Muchas de las aventuras de Pedro Saputo están escritas en la biografía de Pedro Saputo, pero muchas han quedado sin escribir. La que voy a sacar ahora me la ha comunicado mi amigo y compañero ALVARO FRANCO OLIVAN.

Qué buen recuerdo mueve en nuestras memorias el tocino, unas veces calentado antes de probarlo, introducido entre dos tajadas de pan. ¡Qué  buen  recuerdo  produce en nuestras memorias el probar esa loncha de tocino blanco, que hacia resbalar su grasa por nuestras bocas!, incluso, a veces, por nuestros labios. Cuando en nuestros corrales, hace ya varios años, matábamos un cerdo, estábamos todos los niños, esperando probar aquella capa de grasa, que recubría la anatomía de ese animal. Yo recuerdo la prisa que teníamos los niños de saborear ese tejido graso que debajo de la piel del cerdo, le daba una hermosura porcina. Durante la matanza del cerdo se encendía fuego para quemar las “cerdas o pelos”, que recorrían su piel y darle una limpieza y un brillo, que daba sensación de limpieza de su superficie corporal. Aquellos hombres, que tenían una necesidad inmensa de satisfacer su hambre o apetito, con unas paletas metálicas, con mango de madera, arrascaban la piel de aquellas víctimas, para dejarla limpia y apetecida por todos los que rodeábamos la escena de aquel sacrificio. Se hacía el sacrificio del cerdo para conseguir que el ser humano, siguiera vivo y desarrollando sus cualidades humanas, pero ese sacrificio a algunos niños nos hacía pensar en aquel “sacrificio” de la vida de aquellos desgraciados animales. El matarife clavaba en la parte inferior del cuello de un cerdo un cuchillo y empujándolo hacía brotar la sangre, que la depositaban con el auxilio de varios hombres, encima de una cuba de madera y a provechaba la ocasión para clavarle el cuchillo, que hacía brotar la sangre de la infeliz víctima.
Entre tanto los niños y jóvenes, algunos pensaban en la utilidad alimentaria de aquellos cuerpos y algunos casi lloraban al contemplar aquel sacrificio sanguinario de un inocente cerdo.
Esta es una parte inferior del sacrificio de la Vida, que a lo largo de la misma del ser humano sobre la Tierra, ha sufrido el hombre con sus luchas y sus guerras. El hombre ha tenido que luchar contra el hombre, no sólo contra los animales, como el cerdo y leyendo su historia y viendo el ambiente que reina en la humanidad, sigue contemplando las luchas, desde las políticas hasta las más sangrientas.
Mi compañero de profesión, Alvaro Franco Oliván, Veterinario como yo, me ha contado un cuento o leyenda, que ocurrió en la Villa de Almudévar. Hemos visto el sacrificio que los hombres han realizado con los cerdos, pero no la esclavitud que el hombre ha realizado, no sólo con los cerdos, sino también con muchedumbres de seres humanos y Alvaro Franco, que tiene el corazón sensible a todas esta ocasiones en que se ha perdido la sensibilidad de la humanidad, me ha contado una historia o leyenda, ocurrida en la Villa de Almudévar.

 Pedro Saputo, cuya vida ha sido comparada con la de Don Quijote de la Mancha, es una figura que recorrió todo el Alto Aragón y a la que todos las aragoneses le consultaban los problemas de su vida, un día se le presentó en su casa un vecino de Almudévar, que las pasaba mal, igual que en tiempos del Quijote, les ocurría a muchos en toda España. ¿Qué quería?. Sencillamente comer. Pedro Saputo no poseía en aquel momento muchos y buenos alimentos para sí mismo y menos para los demás. No sabía como remediar la situación de su consultor y se le ocurrió ofrecerle un trozo de piel de cerdo, que él  mismo había usado para darse algún masaje, pues el frote con ella, la aliviaba las molestias en sus órganos viscerales o anales.
Ya los había usado el mismo Pedro Saputo y en un rincón los conservaba para solucionar algún problema. Se le ocurrió darle aquella vieja porción de piel de cerdo, y al desgraciado mendicante, al ver tan vieja pomada y tan asquerosa,  echó a correr y Pedro Saputo.se quedó desanimado por su poca utilidad, para curar un mal en el ano de su visitante.

sábado, 13 de mayo de 2023

Comentario sobre San Martín de la Val de Onsera, punto de unión de la Sierra de Guara con el Somontano.

 



“San Martín de la Bal d´Onsera es una ermita, probablemente de origen visigótico, Cuya actual construcción responde a una reedificación del siglo XVII con añadidos o reformas de los siglos XVII que se encuentra en la zona meridional de la Sierra de Guara, en Aragón.” En la parte de la Sierra de Guara no pudieron colonizar con autoridad su dominación colonizadora y por esa circunstancia, los monjes cristianos se escondieron en aquellas dependencias de la Sierra, como aquellos que no se podían ponerse al alcance de los moros. Pero hay que señalar que en la parte serrana de Guara no podían entrar a dominarla los moros, sino que hubo una convivencia pacífica entre moros y cristianos. De esta forma se dieron circunstancias en las que un cristiano, que  vivía en Siétamo se enamoró de una hermosa joven mora , hija de nobles moros. Por esta circunstancia, se enamoraron y murieron, siendo enterrados en el Pequeño pueblo, de Ola, cercano a Siétamo, que, era utilizado por los difuntos  moros. Yo no he podido encontrar su sepultura común, pues han pasado muchos años y mi deseo de encontrar una sepultura común, no me resultó posible. Encontrar una sepultura de un cristiano con una mora, me resultó imposible, pero siempre que bajo a Ola, voy a su cementerio a recordar aquella mala convivencia entre moros y cristianos. Yo le cuento a mi pariente OTAL, estos sentimientos dolorosos entre cristianos y moros.

San Urbez fue en época de España habitada sólo por cristianos, habitante de parte de Francia, pero la invasión de los moros, dividieron España en una zona dirigida por los Árabes, que supieron llegar a penetrar en Francia. Los Árabes llegaron a dominar España y los Cristianos tuvieron que luchar, hasta que pudieron echar de España a los citados moros. La lucha entre árabes y cristianos duró desde que San Urbez, se hizo religioso cristiano por uno año de los setecientos y pico.

Y tuvo que organizar la vida cristiana de los cristianos en lo alto de la montaña de Guara, donde al principio algunos eran monjes particularmente, que fueron pasando a ser Monasterios de Monjes Benitos, entre los cuales vivió y murió allí San Martín Monje, que por los años de 802, dio el Hábito de Monje a SAN URBEZ. En el Convento existe una fuente milagrosa, a la que acudían los enfermos a beber el agua milagrosa, que se encuentra mana en la iglesia frente al Altar mayor del Santo y de la virgen morena. Esta protección milagrosa hace acudir a procesionar a varios pueblos de la Comarca, como Santolaria la Mayor, Apiés, San Julian, Barluenga, Castilsabás, Chibluco, la Almunia del Romeral y Fornillos.

“Adorando con fe y devoción, su Reliquia, SAN MARTÍN a sus devotos”. Hay en estos momentos numerosos devotos del Monasterio de San Martín  y entre ellos se encuentra mi hijo IGNACIO, que es y ha sido un devoto de San Martín de la Valdonsera. Ha recorrido todos los lugares de los Pirineos acompañado por numerosos amigos, en que vivió San Urbez. Y aunque no es fácil de llegar a la ERMITA, cuando ha tenido la afición de acompañarse con sus amigos devotos de SAN MARTÍN, lo ha realizado con un espíritu de sacrificio y antes de ir a rogar al Santo, ha acudido a la Ermita, para llevar a ella y depositarla en la Ermita, varios fajos de leña, para que el día que tuvieran que dormir en la santa ermita, sintiesen la devoción que les diera el calor, no  sólo de sus almas, sino también de sus cuerpos. A los pocos días fueron a rezar a la iglesia de San Pedro de Huesca. Cuando al acabar la procesión en la iglesia les estábamos esperando muchos oscenses. Venian andando desde San Martin de la Valdonsera. Tiempo después fue el mismo Ignacio el que se contagió del virus del COVID. Entró en el Hospital y parece un milagro que los médicos y enfermeras salvaran su vida. A la salida del hospital se puso Ignacio de rodillas delante de médicos y enfermeras. Y ante aquella prueba patológica siguió peregrinando a San Urbez.

Como San Urbez hizo de sacerdote y de pastor en Ola, mi hijo fue a este pueblo a contemplar una enorme losa de piedra donde dormía San Urbez. Pero a pesar de la proximidad de Siétamo a Ola, después de pasar la enfermedad no ha ido sólo a Ola sino que ha seguido peregrinando a rezar a San Urbez para darle gracias por las vidas que ha devuelto el Santo a muchos enfermos del COVID.


viernes, 12 de mayo de 2023

A mi amiga Ripaldi




Ya sabía que andabas por La Mancha, de uno de cuyos lugares no quería acordarse Cervantes. No me extraña, por tanto, que tú desees olvidarla cuanto antes. Andante era el caballero de delgadez extrema, tanto que lo llamaron el de la triste figura; tú delgadez, en cambio, no llega a esos extremos, tanto es así que yo te considero “La bien plantada”.
Mucho leyó el Manchego y quedó su cerebro deshidratado, como su tierra, incluso llegaron a secarse, según creo, las Tablas de Daimiel. Esas  sequedades tal vez fueron accidentales, pues Don Quijote recobró el juicio y las Tablas, si llueve, se volverán a poblar de patos, pero algo de esa sequedad se ha debido hacer crónica en esas gentes (alumnos y compañeros) de que hablas.
Aunque te he asimilado al Quijote (andante y delgada), no eres "quijotera", en el sentido que en el Somontano se da a esa palabra: quejica. Y te digo que no lo eres, pues mi otra sobrina, Ana, tan equilibrada y tan constantemente sonriente, se quejaba de los mismos males de que tú adoleces, no en la Mancha precisamente, pero sí debajo del paralelo de Madrid.
A pesar de ser la tierra donde moras, la patria chica del Quijote, son los Panzas o pancistas, los que en ella proliferan.
¡Pobre hidalgo, que tratando de encontrar una noble Dulcinea, tuvo que sublimar a una basta  y áspera Maritormes!. Si por lo menos, parando los relojes el Merlín, gran Mago, hubiérase esperado a tu llegada, hubiera tenido Don Quijote en su presencia una condesa Ripaldiana, ”parejana” en belleza a Dulcinea, al tiempo que de letras abundosa. Pero quedaron sólo Sanchos con el paso del tiempo que siguen prefiriendo, de la Mancha el queso a las delicias eróticas que proporciona la condesa Ripaldiana con un beso.
¡No desmayes, condesa, que este cura, barbero, cósmico, cómico y bárbaro, pronostica que tú, dama andante, llegarás a mejor puerto !. ¿Cómo?, se hace camino al andar y la
dama andante es capaz de andar, andar…muchos caminos.

jueves, 11 de mayo de 2023

Leoncio Mairal, pintor altoaragonés


Leoncio Mairal ( Foto publicada en el Diario del Altoaragon)



Leoncio Mairal es altoaragonés y para ello no hay mas que fijarse en su apellido, que equivale en nuestra lengua aragonesa a mayoral en castellano, pero si queremos apreciar su personalidad, basta fijarse en sus innumerables cuadros pictóricos, que desde hace ya muchos años ha compuesto y sigue componiendo.

Nació en Javierrelatre, donde hasta su nombre equivale a casa nueva, pero no sólo esa “casa nueva” refleja una antigüedad inmensa, sino su paisaje, que consagra el pasado de Aragón, junto con el paisaje de Rodellar, donde vivieron sus padres. Rodellar es un pueblo, que desde una altura de cerca de ochocientos metros, domina desde un terreno muy quebrado un valle que va del norte al sur por donde corre el río Alcanadre y en el que se encuentra el barranco de Mascún y entre esas quebraduras se abren cuevas, que en otros tiempos ocuparon los hombres. Esos antiguos hombres que levantaron el dolmen al que llamamos la Losa de la Mora. Pasaron por el pueblo los godos, los romanos y dominó en él la casa de los Abarca de Bolea, que fueron barones de Rodellar y de Siétamo.
Es un paisaje original porque parece que la Sierra se ha roto y se ven paredes rocosas y altos peñascos y las sendas que suben y que bajan,  están como antipavimentadas o más bien destrozadas  con numerosas piedras, que parecen haber caído del cielo y que están ahí para estorbar el paso de los hombres y de las caballerías, con qué iban a un pequeño pueblo, hoy abandonado o bajaban caminando por escaleras terroríficas hacia el río Mascún.
Por esos caminos andaba el padre de Leoncio, a veces  montado en un asno, porque era sastre y llevaba consigo una antigua máquina para coser la pana en alguna casa, donde trabajaba  y le daban de comer. Leoncio se acuerda de la dura y difícil vida de sus padres, a los que tanto amó y que cuando pinta aquellos parajes, parece que  están pintados sus espíritus. En Jabierrelatre, donde nació Leoncio, sus pobladores crearon un museo a él dedicado, como el que creó con sus pinturas de Rodellar, para recordar a sus padres, que son los representantes del paisaje de su tierra natal.
Bajan retorciéndose las aguas del río, no como las del mar, que en un cuadro expone Leoncio, que se ven ocupando una llanura inmensa, donde forman un flujo y un reflujo de aguas, que parecen azules, pero que su luz es aragonesa, de un país que carece de agua dulce y de agua de mar.
De la zona de Rodellar y de Jabierrelatre, sube a los, unas  veces, verdes Pirineos, otras blancos y en ocasiones ocres y baja al Somontano y a la Tierra Baja, donde se extienden los Monegros como un mar inmenso, no lleno de agua, sino carente de ella, pero en ocasiones pleno de onduladas mieses  y en otras de luminosa paja. Hay un contraste entre aquellas llanuras marítimas y de tierra seca con la Montaña, sobre la que Rodellar vivió y sigue viviendo porque son numerosos los turistas que lo visitan y el mismo contraste se da entre el cuadro que representa el mar, con el de las montañas de Peña Telera, allá en el valle pirenaico de Tena.  
Bajando de los Pirineos al Somontano, se encuentra Leoncio con unas laderas pardas, escasamente pobladas de carrascas de un verde oscuro y poco brillante. Hoy ya, casi no quedan porque las cortaron  y por abajo, se ven los campos con sus trigos y cebadas. ¡Cómo capta aquella tierra de “las pardas soledades hondas” !,  según escribió de la suya Gabriel y Galán.  Esta es una visión que presenta Leoncio del pueblo de Fornillos. Radiquero se asienta en las laderas del Somontano y debajo de él, se ven los olivos, eternamente verdes y los almendros que ya han perdido ese color verde, para volverse grises. Hay variedad de colores en el Somontano, pues en otro cuadro se ven carrascas y delante de ellas multitud de amapolas o ababoles, que enrojecen el paisaje. Se ve también Anciles en el Otoño con una paridera de piedra, que muestra  una vivienda encima y con su corral. Está rodeada de robles, con su color tostado porque les queda poca hoja, que sin embargo saldrá antes de la primavera.
Por Barbastro proliferan las viñas y se perciben con el cielo nublado y las cepas, unas que todavía conservan el color verde en tanto que otras ya se han puesto rojas. En otro cuadro se ven las orillas del río Isuela, en las cuales brotan enormes carrascas y robles que en unión, parecen defender esas orillas. Entre el Somontano y los Monegros, se encuentran terrenos de color terroso y con rocas areniscas, entre las cuales verdean unos olivos milenarios porque en esta tierra de Piracés se refugiaron, en otros tiempos aquellos hombres primitivos, de los que todavía se encuentran restos.
Hay dos Pirineos, unos verdes como la Val de Gistain y otros como los montes de Lanave, que avisan que la sequía puede llegar, porque cambian aquellos montes de color, según les cae la lluvia en las distintas estaciones.
En los Monegros deja Leoncio ver las “las grises lontananzas muertas”, cerradas 
por  la Sierra de Alcubierre.
Es que Leoncio pone ante los ojos del  que mira sus cuadros el alma del Altoaragón, el alma de sus padres y la suya propia, que se recrea cuando por él viaja y capta unas veces la belleza de algunos paisajes o la tristeza de las pardas tierras, debidas a la sequía.

miércoles, 10 de mayo de 2023

Mi burra torda y las flores

 

 La imagen corresponde a los escritos de Ignacio Almudevar Zamora.


Cuando con mi hermano Manolo, llegaba a Huesca desde Siétamo, subido en un carro traqueteante, la burra torda cambiaba el paso por el trote desde el puente del Isuela hasta la posada de Laviña; el animal iba al pienso sin pensar y yo pensaba, viendo a mi izquierda a Santo Domingo y a Santa Rosa al otro lado, que había entrado en un ambiente dominicano. Me acordaba del Rosario del mes de Octubre en que cantábamos: ”¡Viva María, viva el rosario, viva Santo Domingo que lo ha fundado! ; veía salir a las niñas de Santa Rosa, la dominica limeña que había nacido el día de San Lorenzo y una rosaleda de cuentas de rosario, hechas con pétalos de monjas de Santa Rosa, de niñas colegialas, de rosas místicas, de rosas del paraíso, de rosas de Abril, de rosas de bronce y de rosas de Belial, florecía en mi imaginación. Me parecía que iba a hablar con mi parienta la venerable Madre Berride, que participó en la fundación de Santa Rosa y estuvo enterrada, primero en la iglesia de Santo Domingo y luego en la de Santa Rosa y hoy yace en la capilla del Colegio.
Puedo resumir estas impresiones, apoderándome de la poesía de Valle-Inclán:
“Esta emoción divina es de la infancia,
cuando felices el camino andamos
y todo se disuelve en la fragancia
de  un(dominical)Domingo de Ramos”.
Yo debí haber cambiado Ramos por rosas, pero no rima y no puede uno hacerse la ilusión de que los ramos eran de rosas y éstas había que ir a buscarlas al rosal.
No lo digo yo, lo dicen los poetas:
“Era un jardín sonriente; era una tranquila fuente de cristal, era a su borde asomada, una rosa inmaculada de un rosal. A la orilla de la fuente un caballero pasó y la rosa dulcemente de su tallo separó”.


Los hermanos Serafín y Joaquín Alvarez Quintero se lamentan a continuación de la desaparición de la rosa y a mí me ocurre como a ellos al pasar por el colegio de Santa Rosa. Me acuerdo de la poesía, un tanto anacrónico, en medio del ruido y de los humos de los automóviles, mirando el edificio y digo, como ellos: ¿Quién te llevó la rama, que no estás en el rosal?.
Me acuerdo también de Valle-Inclán cuando decía: ”El misal donde rezaba aquella santa, que  oía en su rezo el canto que encanta, del ave celeste, del celeste Abril; del ave que sabe la áurea letanía, de Nuestra Señora la Virgen María.¡Azucena Mística!,¡Torre de Marfil!.

Habla el poeta de azucena mística, cuando la letanía reza rosa mística y es que como el hábito dominicano es blanco, trocó la rosa en azucena, pero la explicación del cambio es más prosaica, pues lo hizo simplemente por falta de sílabas en la rosa. Sin embargo yo creo en la mentira verdadera del poeta, pues ellos los poetas y los niños entienden este juego de mentiras con la boca, que son verdades para el corazón.

martes, 9 de mayo de 2023

El sentido común es el menos común de los sentidos.-

 



Dicen que son cinco los sentidos del cuerpo humano, a saber la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto. Pero ¿qué es el sentido común?, pues éste sentido común, no es ninguno de los cinco citados, que dan un sentido a la vida.“El sentido común es un concepto muy difícil de describir y lo hemos  confundido  en el menos  común de los sentidos”. El sentido común es un “acuerdo natural” aunque éste sufridor, no sea un hombre que posea los cinco sentidos del cuerpo humano, a saber: la vista, el olfato, el gusto, el olfato y el tacto. El sentido común es propio de todo el cuerpo y el espíritu, que puede ser absorbido y ejercido por el hombre, aunque no vea bien, ni oiga, ni goce del gusto, del olfato y del tacto. Porque cada día descubrimos hombres con alguno de sus cinco sentidos estropeados y sus pensamientos no abandonan la verdad.“Sentido común es cada una de las aptitudes del alma propias para recibir las impresiones externas”.

El sentido común nos debería proteger de cometer errores, de caer en problemas. Pero el lenguaje del Hombre se extendió entre los creadores de la Torre de Babel, pero los hombres confundidos por las distintas lenguas que comenzaron a hablarse tuvieron que dejar de construir la Torre de Babel, porque cayeron en confusión y comenzaron a distribuirse por el Mundo, donde crecieron sus dificultades espirituales. “Nada hay en mi intelecto que no haya pasado por mis sentidos”, decía Aristóteles, ya que el sentido común se reparte entre el cuerpo y el espíritu. Por el cuerpo pasan el  gozo  de la vista, los sonidos que afectan al oído, el placer del gusto de los alimentos que pasan por nuestra boca, los olores que percibimos por el olfato y la percepción del tacto. Y así como cada uno de los SENTIDOS humanos percibe distintas sensaciones del exterior, el SENTIDO COMÚN es  propio  de las cualidades  éticas o de la inteligencia del alma, que está para recibir “las expresiones externas” de la vida.

¿Por qué se perdió el SENTIDO COMÚN de los hombres, manifestada esa pérdida por la aparición de las distintas lenguas que confundieron a los habitantes de la Tierra?. Y ha seguido el Curso del aumento de la confusión entre los hombres por la dispersión de sus lenguas por el Universo, que ha llegado a confundir el entendimiento entre las distintas zonas del mundo y las luchas entre hombres de distintas lenguas.

Las golondrinas

Cuando iba a visitar o a vacunar algún animal doméstico por el Somontano, me fijaba  en las golondrinas, que anidaban en los cubiertos, deba...