viernes, 5 de enero de 2024

“Auto” de los Reyes Magos, compuesto alrededor de 1.200.

 

Este  movimiento  no alcanzó su cima hasta el siglo XVII, en que Lope de Vega, que entusiasmaba al pueblo con sus escritos, como el “Auto del Nacimiento de Jesús”. Contemporáneo suyo fue Calderón que fue más inquieto por la Eucaristía, dedicando a ella sus Autos Sacramentales. Con Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz estos Autos profundizaron en la Teología Mística. San Juan de la Cruz, escribió: “Este saber no sabiendo- es de tan alto poder-que los sabios arguyendo-jamás le pueden vencer-que no llega su saber-a no entender entendiendo,-toda ciencia trascendiendo”.Torcuato Luca de Tena no fue únicamente, fundador del ABC en 1.903, sino que escribió el año 1.982, con este título: “Escenificación teatral de las verdades de la Fe y de los episodios del Evangelio, que concretamente en forma de Posadas y Pastorelas se usaron en la evangelización de Granada y de América”. “Grandes  extensiones  de  Andalucía  quedaron  (después de la conquista de Isabel y Fernando) pobladas  tanto por razas arábigo- bereberes como por descendientes de  hispanorromanos, prácticamente descristianizados tras casi ocho siglos de dominación islámica. La evangelización de estas gentes, supuso la más grande labor  misionera  realizada  en tierras europeas desde las correrías de San Pablo y sus varones apostólicos, en los orígenes mismos de la cristianización de las provincias del Imperio Romano”. Al llegar el cristianismo fue difícil su expansión pues la ignorancia dominaba en el pueblo. Los primeros que utilizaron “la escenificación teatral de las verdades de la Fe”, tardó muchos  años  en  que su fundador San Francisco de Asís, representar escenas ante el pueblo, del Nacimiento de Jesús en una cueva de Umbría. El gran Académico, Don Torcuato Luca de Tena da una explicación del paso de la escenificación de la Fe en Europa en escenificaciones teatrales, en las Posadas y en las Pastorelas, que contribuyeron a explicar las costumbres conservadas en Hispano-América.

Después de unos 500 años, esas presentaciones se siguen representando, al llegar la Navidad, las acostumbradas Posadas “lo mismo” en las grandes ciudades como en las aldeas indígenas, se conservan dichas Posadas de Méjico. Don Torcuato Luca de Tena escribió que España, que extendió dichas formas de celebrar la Navidad, casi las ha perdido,  pero hay que tener en cuenta que el año de 1.982, se han cantado dos Pastoradas , una en Carmona y otra en Alora. Siguiendo las noticias de Don Torcuato, veamos como se expresa este Narrador:

“María y José-caminan al alba.- Llegan a una venta a pedir posada.-Sale el posadero por una ventana.

Posadero: ¿Quién llama a mi puerta-con tanto llamar?. JOSÉ contesta: ¡San José y la Virgen -que piden posada,- y más a estas horas- y a mujer preñada!. ¡Así de mi puerta,-ya os podéis marchar!.

Coro.- Sigue Virgen pura, sigue hasta el portal…

NARRADOR.2

El ventero malo-da un gran vozarrón.- Se ha metido dentro, pega un tropezón. 

CORO.- ¿Eso lo hizo Dios y su Majestad,-porque al Rey del cielo-no le dio posá…!

Narrador.-Siguen caminando- y se han encontrado – con un portalillo-muy  desfabricado.-Hicieron  convenio para descansar…

CORO.-¡Sigue Virgen Pura, sigue hasta el portal…”

“A todo esto el posadero malo, vuelve a rodar por las escaleras. El público aplaude su descalabro y canta, coreándose con palmas. El demonio como es tan malito, en una bellota se quiso meter, y vinieron los padres franciscanos, y lo machacaron en un almirez.” “Ante esta Posada,  uno  reaviva sus recuerdos infantiles y se da cuenta de que todavía guarda en el belén de su casa una posada de barro, a una de cuyas ventanas, se asoma un posadero con un gorro de dormir en la cabeza y una palmatoria en la mano, para contestar bien o mal, a María y a José, que están llamando a la puerta, y después, me he llevado una gran alegría, al comprobar que la tarjeta anunciadora del undécimo concurso de belenes, está presidida por una posada, que requeriría un estudio monográfico sobre ella”.

Al leer este Belén, me acordé del hecho de haber escuchado algún villancico y me puse a preguntarle a mi hermana mayor María Victoria y a Doña Teresa anciana de Salamanca, que fue madre del ahora ya difunto esposo de María Pilar Godé, profesora de Historia. Estuvimos en  Ledesma (Salamanca)  y allí, en sus casas observamos cudros antiguos, que representaban la vida de Cristo. Me acordé también de la Posaadera de la Posada de Siétamo, que los días de Navidad, adornaba con flores recogidas en Otoño, el Belén de la iglesia de Siétamo. Estos recuerdos me enriquecieron las costumbres de Belenes, que en mi niñez se hacían y que ahora ya no se acuerdan de concretar tales costumbres, en los belenes de nuestras iglesias.    


jueves, 4 de enero de 2024

Juventud, divino tesoro, ya te vas…

 


Rubén Darío, poeta conmovedor, parece que veía venir un periodo triste para la juventud, como todos los que a lo largo de la Historia, han ido pasando, pero ahora, aplicando ese pasar a la juventud actual, se da uno cuenta que quizá ésta juventud,  se convierta en una generación perdida. Llorar por una generación perdida es lo mismo que llorar por la humanidad, pues decía Rubén: ”Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver. Cuando quiero llorar no lloro y a veces, lloro sin querer”. No sé si los jóvenes no querrían llorar, cuando se vieron rodeados por una construcción de chalets y de viviendas, que se expandía por toda España, pero ahora lloran sin querer. Mi amigo Alfonso Buil, con sus noventa años, cuando todavía era un niño de unos trece, desde la altura de la Sierra de Guara, se daba cuenta de los “filtros”,  que se abrían en las rocas y por los que desaparecían las aguas que enviaban las nubes, desde todavía más arriba. Aquellas aguas llovedizas, se filtraban e iban a parar a la Cueva de Solencio,  donde sólo servían para ahogar a algún explorador o para enterrar, en este caso “desaguar” a alguien que quería suicidarse. El miraba el horizonte y soñaba, al contemplar las tierras que se habían  de regar debajo de Santa Cilia de Panzano y de San Román de Morrano, por Sieso , Casbas, Angüés y Siétamo y al fondo se divisaba el fabuloso Moncayo, como si estuviera al alcance de la mano. En el Monasterio de Casbas, su Abadesa doña Ana Francisca Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda, Ministro de Carlos III, entre otras muchas ocupaciones civiles y militares, describió una Romería que en una ermita del Moncayo, se celebraba con actos religiosos seguidos de festejos, en los que las sanas y humildes pastoras del Moncayo, bailaban con los nobles que acudían a dicha Romería. Aquellas extensas tierras, había que regarlas, para que como le decía Don Joaquín Costa a su padre: con los riegos, la provincia de Huesca será la más rica en producción agrícola de toda España. Y él soñaba al ver las experiencias de su padre, de  obtener partos dobles de las ovejas de su casa de San Román de Morrano, que con las producciones vegetales de las huertas, los españoles se alimentaran con abundancia. Llegó la cruel Guerra Civil de 1936 y llegó el hambre a los españoles, tanto que Argentina, conmovida, nos envió toneladas y toneladas de trigo y los americanos leche en polvo, para alimentar a los niños en las escuelas. Allá arriba Alfonso no tenía motivos para llorar, sino para sonreír, pero al llegar la Guerra tuvo que llorar por los difuntos que caían abundantes, cerca de San Román, como el boticario de Casbas. Pero dominó el manantial de las lágrimas de sus ojos, porque lo que hizo, fue sembrar el patrimonio de su padre con sus jóvenes trece años, ya que éste padre estaba enfermo.  Pasaron desde entonces, muchos años y como me he expresado, los españoles se vieron rodeados por una construcción casi infinita, olvidándose de los pantanos y canales, que había que hacer correr por esas tierras. Y entre tanto la industria en Huesca aunque creció con muy poco vigor y muchas veces desdeñada por los “señores” de la administración, ha ido desapareciendo poco a poco y no quedó más que la construcción y a ella acudían a trabajar y a ganar dinero. 

Alfonso Buil, recordando aquellos viejos años, se expresaba así,  hace pocos días: me da la impresión de que la juventud, va a ser parte de una generación perdida, porque se ha quedado sin trabajo y sin estudios. Pero además muchos jóvenes quedaron endeudados para unos treinta  años, porque animados por el dinero que ganaban, se lanzaron a comprar viviendas y coches. Me dice Alfonso, que por lo menos una mitad de esa juventud, ha sido o puede verse hipotecada y despojada de sus pisos y esa deuda no les afecta sólo a ellos, sino también a sus familiares, ya mayores, que, muy optimistas no se negaron a firmar los contratos bancarios, que concertaban los jóvenes. Cuando aquellos jóvenes firmaban una hipoteca, se comprometían a devolver el dinero que les había prestado el Banco. Pero cuando se quedaban sin trabajo y no podían devolver los plazos del préstamo, el Banco no quería recibir ladrillos,  sino dinero. Cuando no pagaban, el Banco subastaba el piso y lo adjudicaban por un precio inferior a su valor real, pero si no podía dicho Banco  sacar todo el dinero que el joven debía, éste se quedaba sin piso y debiendo una cantidad, que cuando en ella pensaba, lloraba , no sé si queriendo o sin querer. Hay que arreglar en la sociedad, el asunto de los préstamos,  pues como me dice Alfonso Buil , hay personas que por deudas de dos millones de pesetas han perdido su fábrica o su maquinaria , que era más valiosa que su deuda. Aquí no hay cuidado por el bienestar de los hombres, que se ven sin ayuda, como en cambio la reciben,  los mismos Bancos del Estado. Aquí, ¿Quién tiene que llorar?.  Yo creo que el hombre,  unas veces sabiendo por qué y otras sin saberlo. Se han perdido todos los valores del hombre, incluido el deseo de estudiar, entre otras cosas porque en Huesca, si se necesitaban doscientas pisos al año,  se han construido, tal vez dos mil. En España  todo el mundo se ha dedicado a ganar dinero, desde los jóvenes hasta los ayuntamientos.

Han disminuido los estudiantes por  ambición, unas veces de ganar dinero y otras por la necesidad del mismo y dejaron los estudios para ir a la construcción e igual ha pasado con los jóvenes agricultores, que han dejado los pueblos abandonados,  a sus padres solos y muchas de aquellas tierras que Joaquín Costa amaba tanto, se han quedado de secano. Esas tierras, sin agua no podrán llorar ni llorarán los hombres que por ellas caminen, porque casi nadie las visita. 

Hemos pasado por una época en que la enseñanza ha perdido la disciplina, y se  ha perdido respeto, porque se han perdido todos los valores.  Por la poca preparación en algunos centros de enseñanza, en Alemania dicen que de cada diez empleados, hay cuatro o cinco que no están bien preparados y cuando vieron venir el fallo de la construcción, prepararon puestos de trabajo en otros gremios. Aquí la política se olvidó de todos los problemas. En distintos lugares de España, declararon construibles muchos campos,  con lo que levantaron sus precios. Ahora sobran solares y viviendas que unas se han ocupado durante un cierto tiempo,  pero muchas no se han estrenado y otras ni siquiera se han vendido. Aquel gobierno levantó los precios,  ahora se los quieren cobrar, como si el dinero lo fueran a fabricar los ciudadanos. Con esa actitud van a colaborar en la ruina general,  sin tener que llorar, que ya llorarán los explotados por un gobierno y por el otro.     

El “agüelo” se va quedando solo.-

 


Es natural que se quede solo, porque estando ya muy próximo a los ochenta y tres  años, ve como se marchan de este mundo sus vecinos, sus parientes, amigos y conocidos. Con ellos vio como antes de la Guerra Civil, las personas sufrían necesidades y unos conservaban sus tradiciones, mientras otros buscaban la lucha para cambiar la sociedad. Entonces pude ver como en las Escuelas se votaba a blancos y a rojos y un día escuchamos todos los cañonazos y los tiros de la Guerra Civil. Y entonces se vio correr la sangre por el monte, por los cementerios, por las calles, cosa que antes no ocurría, sino que morían los vecinos, los parientes o el hijo de Soler, que fue arrastrado con su bicicleta, por un camión. Cuando era más joven vivía los problemas de los demás y cambiaba mis pensamientos por los suyos y se iba saliendo de los problemas, pero ahora soy viejo, entrando en casi los ochenta y tres años y ya casi no quedan amigos con los que conversar y convivir, sino que los recuerdos que uno tiene, se ven amenazados por gente relativamente joven, que en lugar de soñar con las cosas antiguas, sueñan con el dinero y te quieren hacer olvidar de lo que mi padre dio por el pueblo, como, por ejemplo el edificio con arcos que un gobernador mandó construir en su terreno, el solar donde se construyó  el depósito de agua para el pueblo, el pedazo de tierra del Valdecán,  para poder terminar el campo de fútbol, etc., etc. Ahora no pueden acordarse de robos a la sociedad, pero los imaginan no se sabe con qué idea. En cualquier momento te preguntan: ¿Por qué pusisteis el monte en huerta, no sería para cobrar más en la construcción de la autovía?.  Y chocan sus pensamientos miserables con los míos que pusimos la huerta para dar salida al porvenir de los que la cultivaran. No pudieron acoplar el riego por aspersión porque al construir la autovía,   hubiera   deshecho los riegos. ¿No querrá despistar a la Justicia para que le olviden de lo que hizo con el camino de Torres de Montes, con las laderas de la Costera, que quitaban el apoyo a las fajas de arriba o de los olivares?.  ¿Qué pasó con la Costera, que casi todos los dueños la entregamos para la Concentración Parcelaria, ahora que se ha hecho con parte de ella?.

 

miércoles, 3 de enero de 2024

Curro Jiménez, Diego Corrientes y el Cucaracha

 

Sierra de Alcubierre


Todos hemos visto en la televisión la vida de Curro Jiménez. Fue éste uno de tantos bandidos, llamados por el pueblo, generosos, porque decían que robaban al rico y socorrían al pobre. Algunos de ellos, como Diego Corrientes, no cometieron delitos de sangre, pero cuando cayeron en manos de la justicia, murieron descuartizados. Los bandidos que  más fama alcanzaron en España fueron andaluces, pero en el Alto Aragón tuvimos al Cucaracha, cuyo recuerdo permanece en la memoria de las gentes de nuestros pueblos. Los aragoneses no somos dados a airear nuestros propios asuntos y, sin embargo, con la vida de nuestro bandolero se podría filmar una película que no le tendría envidia a la de Curro Jiménez. Casi hemos destruido la jota y la fabla, hemos olvidado a nuestros hombres famosos por sus valores intelectuales, literarios  o por su mito. Bien se vale que mosen  Rafael Andolz ha  publicado su libro sobre la vida de nuestro personaje. El Cucaracha tenía sus escondrijos en la Sierra que va de Tardienta a Alcubierre y otras veces se ocultaba en las cuevas de la Serreta que va desde Piracés hasta Alberuela, pasando por Tramaced, Fraella y Marcén. Grañén en el llano, quedaba casi en el centro geográfico del mapa de sus correrías. Alguna vez se alejaba de esta comarca, llegando hasta Colungo, donde con su cuadrilla asaltó una casa muy rica. Dicen que todavía alguien de la “redolada” conserva una clueca de oro con sus polletes. Si es verdad, yo creo que ya habrá prescrito el delito, porque estas fechorías tuvieron lugar a fines del siglo pasado. En Senés, la víspera de San Bartolomé, se puso un bandolero en cada boca de calle y el Cucaracha se llevó lo que quiso sin ninguna violencia. En Torralba los pinos bajaban de la Sierra hasta el  Pilar y escondiéndose entre ellos, llegó un secuaz hasta una casa, en que llamó, miraron desde una ventana y viendo de quien se trataba, le tiraron una gruesa piedra, le dieron en la cabeza y lo dejaron muerto. En Callén dicen que el Cucaracha mató al amo de casa Bercero, pero el pueblo dice que fue un criado infiel, buscando descargar su crimen en el bandido. En toda película tiene que salir una bella mujer amada por el protagonista y el que nos ocupa dicen que tenía una amante en Torres de Barbués. También los bandidos tienen su corazoncito. Si, el Cucaracha tenía buen corazón y a los labradores pobres les daba dinero para comprar dos, tres o cuatro cahices de trigo para sembrar. También demostró su generosidad con “Siña Olaria”. “Cuatro titinas teneba a viella Olaria n’o  corral. Una con a gorguera pelata, sin plumas, con a pelleta muy roya, muy roya y cotaza de tanto aparar a frigor d’a nuey al raso, penchada en una figuera. ”Otra tenía la cresta granada como una granada; otra era negra como la toca, la toquilla, las sayas y las alpargatas de su dueña y la más pequeña era enana, pero la que más gozo le proporcionaba. Se le ponía en los hombros cuando se acomodaba en la silleta de ir a misa y le picaba en las cabecicas negras y redondas que le sujetaban el moño. Estaba viuda  y como no tenía dinero, no podía pagar la contribución. El recaudador, que tenía la conciencia más negra que la gallina del mismo color de la señora Olaria, se le llevó la negra, la pelada, la de la cresta granada y la enanica. El Cucaraca que se enteró, le regaló ocho gallinas y dos sacos de trigo para que les diese de comer. Pero el bandido generoso estaba condenado a muerte y estando asando un cordero en una paridera, mandó al “repatán” a buscar vino. Cogieron al muchacho y en su bota le pusieron un soporífero, para que se durmiera el Cucaracha. Estando durmiendo llegó la justicia y le dispararon.  Aún tuvo tiempo de incorporarse y de disparar un trabuco de boca de campana, antes de caer muerto. Sus enemigos muy contentos, cantaban: “La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar”. “Siña Olaria”, a pesar de sus escasas posibilidades, le mandó decir una misa y le rezaba por las noches el rosario y lloraba, lloraba.

martes, 2 de enero de 2024

Cuando las casas hablan

 


Justamente donde la Urbe oscense se acababa, hace de esto unos sesenta o setenta años, subiendo por el Coso Alto y allí donde tan noble calle o avenida se bifurca, en su lado izquierdo comienza la Avenida de Monreal y en ella se encontraba la casa de la madre de mi amigo López. El Coso Alto se separa en dos calles, una la Avenida de Monreal y otra por la Calle Costa.  Se pusieron carteles donde están señalados los nombres de ambas calles y separados el uno del otro, a unos tres metros y medio.

El nombre del Coso Alto se puede leer en el límite de la última casa de tal calle, que está como nueva, y el cartel en que está escrito el nombre de la Avenida de Monreal, pende de la primera casa del lado izquierdo de dicha Avenida. La casa que soporta dicho cartel no está nueva, porque yo al recordar otros tiempos, en que acudí a ella acompañando al hijo de su dueña, se me representan en la memoria la belleza de dicha dueña y el carácter arquitectónico de la entonces hermosa casa.

Tendríamos ambos amigos, Toñín y yo, unos diez años y unas ganas enormes de jugar, de ver los animales, de amar y ser amados por otras personas y de contemplar la originalidad de la arquitectura de los edificios, como la  de aquel,  que estaba construido como la primera casa de la Avenida de Monreal.

En la casa, propiedad de la madre de Toñín,  que viéndola entrar en su piso, me dejaba anonadado por su belleza, su elegancia y por otra parte su soledad, porque ya no vivía su querido esposo. Parecía estar esperándolo, dentro del piso y por eso no estaba, cuando yo iba acompañando a su hijo, con su ropaje descuidado, sino que iba  muy bien vestida y con su peinado impecable, que rodeaba aquella cara hermosa y triste al mismo tiempo. Al entrar su hijo parecía que su rostro se iluminaba y a mí, me trataba con cariño. Poco tiempo estábamos en la vivienda pues luego, bajábamos del piso por una escalera al jardín y al huerto. Otras veces entrábamos directamente al huerto, por un portal, que hoy está tabicado, como si fuera una puerta falsa, por la que  podían pasar carros y parejas de mulas para labrar y llevar estiércol. Por esa puerta entrábamos a recorrer el jardín y el huerto, aquel exhibiendo sus flores y éste sus lechugas, coles, pepinos y calabazas, que el hortelano regaba con la acequia por la que corría el agua. Al lado de la acequia unas viejas higueras te invitaban a comer algunos de sus dulces higos. Desde los cristales de la ventana posterior del piso, se veía el paisaje descrito, que resaltaba a la casa, dándole el doble aspecto de su elegante arquitectura, acompañada o adornada por la Naturaleza, que con sus aguas regaba las flores y las frutas.

Entonces no estaban todavía construidas las casas que ocupan sus lados, ni las de enfrente, pero la casa de mi amigo Toñín resultaba agradable al mirarla  y al contemplarla.

Toñín era generoso y cogía para sus amigos huevos de la pequeña granja, que estaba al lado del huerto, para que el olor, los cacareos de las gallinas  y los insectos no molestaran a los habitantes de la casa y aquellos huevos, haciendo una pequeña hoguera, los cocía y transformaba en huevos duros, que con gran placer nos comíamos, acompañados con unas hojas de lechuga.

No  sé en qué  año se construiría la casa  ni quien la hiciera, pero al pasar por delante de ella en estos años primeros del 2.000, en mi corazón se han juntado el recuerdo de su bella señora viuda, dueña del edificio y de su hijo, gran amigo mío, que siempre iban elegantemente vestidos, con la desagradable presencia de la vejez, que se llevó a la señora y que se ha apoderado de su fachada, que al mirarla me produce una horrible congoja.

En la mitad del siglo XIX, se buscó una arquitectura guiada por la tecnificación, en la que había que destacar una racionalidad constructiva, en la que dentro de la belleza, se buscara la comodidad y el aprovechamiento del terreno, pero generalmente se tendió a la proliferación de la plasticidad de las fachadas, recargándolas de elementos decorativos.

Esos elementos decorativos ya no estarían basados en la piedra y en los mármoles, sino en el cemento, con el que están construidos  las puertas y ventanas, los balcones y los  “canetes”  del alero. En la fachada se ven geométricamente unos mosaicos verdes con una flor en el centro. Encima del balcón hay una figura de cabeza femenina, que a mí me recuerda a la dama viuda, hermosa, madre de mi amigo y sueño que cuando derriben la casa, alguien la guarde, la recomponga y exponga en un lugar agradable de su casa. Así como el puente colgante de San Miguel, construido en 1917, contrasta con la piedra de la iglesia del convento, la casa de la dama ha mirado desde que la construyeron a la Casa del Barco, donde se encontraban los jardines del Señor Abarca, con su noble escudo, que se conserva en el jardín de la casa de Don Eliseo Carrera. En Huesca hemos acabado con numerosas obras  arquitectónicas como el Convento de San Bernardo, la Sinagoga de Barrio Nuevo, la casa de Carderera, el Teatro principal y estamos viendo cómo se arruinan las murallas y la casa de la Avenida de Monreal.

No sólo hemos de tener presente el respeto a las piedras, sino también el amor a las personas que crearon  esos monumentos, unos con su trabajo manual y otros con su esfuerzo intelectual. Me acuerdo en estos momentos de mi tía Pilar Carderera Almudévar, que con sus ropas antiguas, con su mantilla y apoyada en su bastón, la encontraba caminando por esas calles oscenses y otras veces me recibía en su casa noble y bella. En aquel patio encontraba a sus porteros, él gran músico que dirigía la enseñanza de tal arte y su físicamente gruesa, amable y siempre sonriente esposa, que eran ambos naturales de mí y de su pueblo de Siétamo.  Para Dios no hay ni pasado ni futuro, todo está presente para Él. Los hombres debíamos también tener presentes a nuestras mujeres y a nuestros hombres del pasado juntamente con sus monumentos.

 

Cuando las casas hablan

 



Justamente donde la Urbe oscense se acababa, hace de esto unos sesenta o setenta años, subiendo por el Coso Alto y allí donde tan noble calle o avenida se bifurca, en su lado izquierdo comienza la Avenida de Monreal y en ella se encontraba la casa de la madre de mi amigo López. El Coso Alto se separa en dos calles, una la Avenida de Monreal y otra por la Calle Costa.  Se pusieron carteles donde están señalados los nombres de ambas calles y separados el uno del otro, a unos tres metros y medio.
El nombre del Coso Alto se puede leer en el límite de la última casa de tal calle, que está como nueva, y el cartel en que está escrito el nombre de la Avenida de Monreal, pende de la primera casa del lado izquierdo de dicha Avenida. La casa que soporta dicho cartel no está nueva, porque yo al recordar otros tiempos, en que acudí a ella acompañando al hijo de su dueña, se me representan en la memoria la belleza de dicha dueña y el carácter arquitectónico de la entonces hermosa casa.
Tendríamos ambos amigos, Toñín y yo, unos diez años y unas ganas enormes de jugar, de ver los animales, de amar y ser amados por otras personas y de contemplar la originalidad de la arquitectura de los edificios, como la  de aquel,  que estaba construido como la primera casa de la Avenida de Monreal.
En la casa, propiedad de la madre de Toñín,  que viéndola entrar en su piso, me dejaba anonadado por su belleza, su elegancia y por otra parte su soledad, porque ya no vivía su querido esposo. Parecía estar esperándolo, dentro del piso y por eso no estaba, cuando yo iba acompañando a su hijo, con su ropaje descuidado, sino que iba  muy bien vestida y con su peinado impecable, que rodeaba aquella cara hermosa y triste al mismo tiempo. Al entrar su hijo parecía que su rostro se iluminaba y a mí, me trataba con cariño. Poco tiempo estábamos en la vivienda pues luego, bajábamos del piso por una escalera al jardín y al huerto. Otras veces entrábamos directamente al huerto, por un portal, que hoy está tabicado, como si fuera una puerta falsa, por la que  podían pasar carros y parejas de mulas para labrar y llevar estiércol. Por esa puerta entrábamos a recorrer el jardín y el huerto, aquel exhibiendo sus flores y éste sus lechugas, coles, pepinos y calabazas, que el hortelano regaba con la acequia por la que corría el agua. Al lado de la acequia unas viejas higueras te invitaban a comer algunos de sus dulces higos. Desde los cristales de la ventana posterior del piso, se veía el paisaje descrito, que resaltaba a la casa, dándole el doble aspecto de su elegante arquitectura, acompañada o adornada por la Naturaleza, que con sus aguas regaba las flores y las frutas.
Entonces no estaban todavía construidas las casas que ocupan sus lados, ni las de enfrente, pero la casa de mi amigo Toñín resultaba agradable al mirarla  y al contemplarla.
Toñín era generoso y cogía para sus amigos huevos de la pequeña granja, que estaba al lado del huerto, para que el olor, los cacareos de las gallinas  y los insectos no molestaran a los habitantes de la casa y aquellos huevos, haciendo una pequeña hoguera, los cocía y transformaba en huevos duros, que con gran placer nos comíamos, acompañados con unas hojas de lechuga.
No  sé en qué  año se construiría la casa  ni quien la hiciera, pero al pasar por delante de ella en estos años primeros del 2.000, en mi corazón se han juntado el recuerdo de su bella señora viuda, dueña del edificio y de su hijo, gran amigo mío, que siempre iban elegantemente vestidos, con la desagradable presencia de la vejez, que se llevó a la señora y que se ha apoderado de su fachada, que al mirarla me produce una horrible congoja.
En la mitad del siglo XIX, se buscó una arquitectura guiada por la tecnificación, en la que había que destacar una racionalidad constructiva, en la que dentro de la belleza, se buscara la comodidad y el aprovechamiento del terreno, pero generalmente se tendió a la proliferación de la plasticidad de las fachadas, recargándolas de elementos decorativos.
Esos elementos decorativos ya no estarían basados en la piedra y en los mármoles, sino en el cemento, con el que están construidos  las puertas y ventanas, los balcones y los  “canetes”  del alero. En la fachada se ven geométricamente unos mosaicos verdes con una flor en el centro. Encima del balcón hay una figura de cabeza femenina, que a mí me recuerda a la dama viuda, hermosa, madre de mi amigo y sueño que cuando derriben la casa, alguien la guarde, la recomponga y exponga en un lugar agradable de su casa. Así como el puente colgante de San Miguel, construido en 1917, contrasta con la piedra de la iglesia del convento, la casa de la dama ha mirado desde que la construyeron a la Casa del Barco, donde se encontraban los jardines del Señor Abarca, con su noble escudo, que se conserva en el jardín de la casa de Don Eliseo Carrera. En Huesca hemos acabado con numerosas obras  arquitectónicas como el Convento de San Bernardo, la Sinagoga de Barrio Nuevo, la casa de Carderera, el Teatro principal y estamos viendo cómo se arruinan las murallas y la casa de la Avenida de Monreal.
No sólo hemos de tener presente el respeto a las piedras, sino también el amor a las personas que crearon  esos monumentos, unos con su trabajo manual y otros con su esfuerzo intelectual. Me acuerdo en estos momentos de mi tía Pilar Carderera Almudévar, que con sus ropas antiguas, con su mantilla y apoyada en su bastón, la encontraba caminando por esas calles oscenses y otras veces me recibía en su casa noble y bella. En aquel patio encontraba a sus porteros, él gran músico que dirigía la enseñanza de tal arte y su físicamente gruesa, amable y siempre sonriente esposa, que eran ambos naturales de mí y de su pueblo de Siétamo.   

Para Dios no hay ni pasado ni futuro, todo está presente para Él. Los hombres debíamos también tener presentes a nuestras mujeres y a nuestros hombres del pasado juntamente con sus monumentos.

lunes, 1 de enero de 2024

Manolo, mi hermano.-


      Manolo y su esposa Isabel con sus sobrinos Elena y Santiago.

De Manuel y de Victoria, vinimos al mundo los seis hermanos y nos pusieron por nombres María Victoria a la mayor, Manolo al segundo, María a la tercera, Ignacio a mí, Luis al más alegre de todos y Jesús al más pequeño en edad, pero grande en corazón.

Y fue Manolo un niño que amaba la vida y las cosas que ella le ofrecía y “ este saber no sabiendo –es de tan alto poder-que los sabios arguyendo-jamás le pueden vencer-que no llega su saber-a no entender entendiendo-toda ciencia trascendiendo” y él procuraba enterarse de los peces y bajaba al río Guatizalema de Siétamo y con su caña pescaba y pescaba y pensaba,  como San Juan de la Cruz”:¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche!”. Porque debajo de la fuente se iba a bañar con sus hermanos, a caballo en su burra torda, acompañados por la tía Luisa.

Pero llegó el año 36 y con toda su familia, subió  a Jaca y a Ansó y “Yo no supe dónde entraba-porque cuando allí me vi-sin saber done me estaba –grandes cosas entendí-no diré lo que sentí-que me quedé no sabiendo-toda ciencia trascendiendo”.

Y volvimos a Huesca y allí nos quedamos, sin recuperar nuestra vida en Siétamo, donde habías vivido desde el año 1927 y aunque ya no gozabas de “la blanca palomica ni de la tortolica”,  en el pueblo de Siétamo”, en Huesca hallaste las crías de gorriones, que colgabas en una jaula en el enome rosal del jardín de la casa en que vivíamos, situada en el Coso Alto y sus padres les traían comida y tu soltaste a los pequeños gorriones y saltaban y volaban cerca de ti, pues tú les proporcionabas migas de pan y granos de trigo.

Con José María Domingo, más tarde Notario, jugabas con medios químicos y hacías fuegos de artificio.

Y con tu amigo Del Cacho, cuyo padre era director del Hospital Provincial, en la plaza del Seminario y allí aprendiste la cría de los gorriones, a los que una vez adultos, liberabas. Después   si, sentiste la vocación de ser médico y al ver a los enfermos mentales, decías: ”¿Por qué, pues has llagado-aquel corazón, no le sanaste?.- Y, pues me lo has robado,-¿por qué así le dejaste,-y no tomas el robo que robaste?”.

Leías, estudiabas e ibas a las Congregaciones Marianas y tu inteligencia pedía más conocimientos, como cuando le decías al Señor, leyendo a San Juan de la Cruz:”Gocémonos, Amado,-y vámonos a ver en tu hermosura-al monte y al collado,-do mana el agua pura;-entremos más adentro en la espesura”.

Entre tanto tus padres, tu abuela Agustina y tu tía Rosa, se preocupaban de nuestro comportamiento y se complacían con el tuyo.

Fuiste a estudiar Medicina a Zaragoza y estuviste entre otros con Sarasa de Montmesa, mientras yo estaba en Escoriaza, a donde tú acudiste a ver que tal me encontraba y me llevaste con mi padre a estudiar Veterinaria a la misma ciudad de Zaragoza.

Tú te recreabas con la música y ganaste un premio de conocimientos musicales, que has conservado hasta última hora, pues pediste a tu señora que en tu funeral, hicieran sonar el Requiem de Mozart, porque escuchabas las voces del Señor, acompañadas por las del Evangelio que te leía uno de tus hijos, como si la Música fuese una lengua universal y divina.

Acabada tu carrera de Medicina, te especializaste con López Ibor en Madrid, donde conociste a tu esposa Isabel Petano, con la que tanto os habéis querido.

 Estuvisteis unos días en Huesca y marchasteis a los Estados Unidos y de allí a Canadá y allá has pasado muchos años trabajando por la salud mental de muchos ciudadanos y estudiando y viajando por el Mundo, asistiendo a congresos de Psiquiatría.

Y con estos enormes conocimientos tenías preparados los temas para escribir un libro, porque: “ es de tanta excelencia-aqueste summo saber-que no hay facultad ni ciencia-que le puedan emprender”.

Después de jubilado viniste con tu esposa Isabel a veranear al Levante español y en un hotel nos acogistéis a mi esposa y a mí, diciéndome que el año siguiente compraríais un chalet en el que, cada año, nos acogerías. Pero te fuiste y al llegar a Canadá te sentiste enfermo y herido por la muerte de tu querido hijo mayor, Manolín y ya no pudiste cumplir tus deseos y has estado seis o siete años, cuidado por tu esposa y últimamente por tu hija Maite y por su esposo.

Y yo sigo admirando tu saber y tu afición a la Ciencia y recordando tu rostro pensativo, tu comportamiento dulce hacia nosotros, diciéndonos con mucha frecuencia ¿por qué no venís a vernos?. Estuvo con vosotros nuestra hermana María, nuestro padre que regresó feliz de su viaje a Canadá y estuvieron también mi hija, con su esposo Santiago, que te admiran y te quieren y te recordarán siempre.

Pero lo que más destaca en tu persona es :”Este saber no sabiendo-es de tan alto poder-que los sabios arguyendo-jamás le pueden vencer-que no llega su saber-a no entender entendiendo-toda ciencia trascendiendo”.

Isabel tu estarás toda tu vida acompañada por el recuerdo de tu esposo el sabio Manuel  Almudévar, de tu bella y simpática hija Maite y de tus hijos que son, “de tal palo tal astilla”, poseedores de unos cerebros copiados de su padre, sabiduría que, ¡ojalá! tengan también ellos.

Las golondrinas

Cuando iba a visitar o a vacunar algún animal doméstico por el Somontano, me fijaba  en las golondrinas, que anidaban en los cubiertos, deba...