martes, 22 de febrero de 2022

Literatura pastoril, de Ana Francisca Abarca de Bolea I

 


Monasterio de Casbas (Huesca)

A mediados del siglo XVII, aparece en España una inquietud por promover actos artísticos y culturales, abundantes en certámenes poéticos, reuniones académicas y tertulias literarias y en estos actos destaca la ciudad de Huesca en la que moraba un gran Mecenas, a saber don Juan Vicencio de Lastanosa, que residía en un enorme Palacio, que albergaba un museo y estaba rodeado  de jardines muy apropiados para celebrar en ellos obras de teatro pastoril y campesino y en sus salas tenían lugar todas las manifestaciones del arte, de la literatura y de la ciencia.

Entre los asiduos a tales actos estaban don Manuel de Salinas, autor de una “Epístola” dirigida a doña Ana Francisca Abarca de Bolea en los preliminares de su obra “Catorce vidas de Santas de la orden del Cister”, Don Orencio de Lastanosa, hermano de don Juan Vicencio el Mecenas ,el conde de Guimerá, erudito, historiador y anticuario, el Marqués de Torres, padre de Ana Francisca, a saber Don Martín y después Don Luis Abarca de Bolea, segundo Marqués de Torres, sobrino de Doña Ana Francisca Abarca de Bolea ,Don Francisco Ximénez de Urrea, de la rama de los Aranda, nacido en Epila, uno de los mejores eruditos de su tiempo, el cronista de Aragón don Juan Francisco Andrés de Ustarroz y otros más, destacando la figura más sobresaliente del grupo, a saber el padre Baltasar Gracián, a partir del año 1636 en que fue destinado al Colegio de la Compañía de Jesús de Huesca. Y copiando con exactitud a María Angeles Campo, por cuyas obras me oriento, he tomado lo que escribió en su libro Doña Ana Francisca Abarca de Bolea, en sus páginas 66 y 67, que dice así: “La monja de Casbas, doña Ana Francisca, a pesar de su estado religioso y de la censura monástica, puede decirse que forma parte integrante del selecto grupo de Lastanosa, ya que, como vemos, se encuentra muy vinculada a varios de sus miembros por medio de la correspondencia, de las visitas que le hacen sus amigos, de las estancias veraniegas en el Castillo de Siétamo, a donde ellos acudían y de alguna visita personal a Zaragoza y Huesca”.
Baltasar Gracian

Baltasar Gracián, publica en Huesca en 1648 su obra “Agudeza y arte de ingenio” y en el Discurso XXXI dice sobre la actividad de ”…la muy noble e ilustre señora doña Ana de Bolea, religiosa bernarda en el Real Monasterio de Casbas, en Aragón, tía del Marqués de Torres, que compitió con nobleza y  virtud y con su raro ingenio, heredado del insigne y erudito don Martín de Bolea, su padre, cuyas poesías han sido siempre aplaudidas y estimadas”.

Además “testifica, que en 1648 era ya autora de muchos y elegantes poemas”.

Siempre ha habido en la Historia mujeres que han destacado, como Ana de Bolea por sus cualidades literarias, pero no participaban más, porque no recibían enseñanza las mujeres y si ésta de que hablamos no se hubiera autoeducado, no hubiera pasado a la posteridad, pero no fue sólo ella la mujer que se distinguió, pues en el año 1650, promovió don Luis Abarca de Bolea y Castro Fernández de Híjar, Marqués de Torres, Conde de las Almunias, Barón de Clamosa, Barón de Siétamo y Rodellar, Barón de Pui de Cinca y Señor de la Villa de Maella, Caballero del Hábito de Santiago, la “Palestra numerosa austriaca” en la victoriosa ciudad de Huesca, al augustísimo consorcio de los Católicos Reyes de España don Felipe el Grande y Doña María-Ana la Inclita.

Y en dicha “Palestra numerosa austriaca” se presentaron quince mujeres, lo que causó sensación en los Jueces y así, su secretario escribió: "…y hasta las Señoras mujeres, permitiendo treguas a las almohadillas, renovaron lo celebrado de las Sibilas, dando que alabar a todos, y que envidiar a muchos; desmintiendo este día la poca satisfacción del numen, pues fueron tantas las que con tanto acierto se adoptaron hijas de Minerva, que empataron casi sus versos a los de los varones”.

Esta anécdota es un aviso a la humanidad de la igualdad de la mujer y el hombre, como la podemos contemplar el día de hoy, en que las mujeres igualan en sus estudios a los hombres y se ocupan no sólo de poesía, sino de política, de artes, de ciencias y de trabajo.

Doña Ana presentó en esta ocasión, una poesía del tema de la Purificación de la Virgen y consiguió el segundo premio, pero ella no se quedó satisfecha, como demuestra en su obra “Vigilia y Octavario de San Juan Baptista”, cuando escribe “Todos alabaron el buen gusto de Mileno, y dijeron que la autora de las octavas, no sólo merecía el segundo premio, que le dieron, sino muy de justicia el primero.

Esta queja, ¿no revela tal vez, una especie de protesta contra la opresión de la mujer?,  porque Ana Francisca no fue vanidosa personalmente.

Fue la monja de Casbas una mujer atenta a los acontecimientos de la Monarquía española y usó con facilidad y soltura el estilo barroco de la época en los panegíricos y en los poemas dedicados a ensalzar a los miembros de la realeza, pero llama la atención su forma de ser personal, con un enorme amor a lo aragonés, a su tierra, como si quisiera alejarse de la poesía elitista y aristocrática, inspirada en acontecimientos solemnes dentro de la oficialidad. Y así podemos ver, por su aragonesismo, al que ella era tan sensible,  desde el Corpus en Zaragoza y los paisajes del Moncayo, al que todavía hoy día contemplamos desde el pueblo de Siétamo, hasta la belleza en aquellos tiempos  del Castillo-Palacio de Montearagón  y del Monasterio de San Victorián, santo tan antiguo en el Alto-Aragón. Relata también el recuerdo y frecuentes visitas a su, como dice “mi casa y castillo” de Siétamo y escribe la poesía a la fuente de su convento de Casbas, que les disputan algunos vecinos y el recuerdo de la Sierra de Guara, de la que también parece una profetisa de su actual contemplación por turistas y no puede olvidar a los santos Lorenzo, Orencio, Victorián y San Urbez. La defensa de la fuente del convento, es un preludio de la defensa actual de los riegos de todo Aragón.

 Angelines Campo consiguió el título de Doctora en Filosofía y Letras con la tesis que tituló “Edición y Estudio de la Vigilia y Octavario de San Juan Baptista de Ana Francisca de Bolea” y  parece que ahora le van a publicar otro tomo más de su Tesis Doctoral.

Al acabar el libro “Doña Ana Francisca Abarca de Bolea”, Angelines Campo se expresa así: “Confío en que la presente publicación contribuya al conocimiento de una de esas personalidades, tan abundantes en el Barroco, que, aún sin disfrutar de los honores de un primer plano histórico, deberían ser tenidas en cuenta para la más amplia comprensión del panorama literario de una época, en este caso del movimiento barroco aragonés y, más concretamente, de la actividad intelectual y artística desarrollada en torno al prócer oscense don Vicencio Juan de Lastanosa, en cuyo círculo era respetada y apreciada, no sólo por el prestigio de su familia, sino también por sus méritos personales, doña Ana Francisca de Bolea”.

Don Manuel Albar en su obra “Estudios sobre el Octavario” de doña Ana Francisca Abarca de Bolea, publicado por el Archivo de Filología aragonesa en 1945,coincide en sus juicios sobre el estilo o estilos de Ana Francisca de Bolea y dice: ”La Vigilia y Octavario de San Juan Butista(1679) ofrece junto a un barroquismo rebuscado, la nota curiosa y típica de recoger en una obra de tendencia culta, el sabor agreste y popular de unas poesías dialectales”. Dice Angelines Campo en las Conclusiones Finales de su Tesis Doctoral, lo siguiente: “para determinar la adscripción genérica de la Vigilia y Octavario de San Juan Baptista, debemos decir que presenta la estructura de una miscelánea, compuesta por abundantes materiales literarios en prosa y  verso, enmarcados en un ligero argumento pastoril de clara orientación religiosa, y en cuyo transcurso se suceden variadas situaciones de carácter académico”. Alvar dice que es esta obra una mezcla de novela pastoril sacra, propia de una monja con sucesos artificiales, en que participan los pastores y pastoras, que se reúnen durante ocho días para preparar la fiesta del Santo y lo hacen contando novelas, declamando versos, improvisando actos y palabras de ingenio y acaba todo, con mucha felicidad, celebrándose al fin tres bodas.

lunes, 21 de febrero de 2022

Santa Teresa y la Catedral


 


Hoy he madrugado y me he sentado delante de la Televisión para ver y escuchar las últimas noticias. He dado en el enchufe en un aparato de luz, con su acristalada tulipa, tallada con bonitos adornos.

He escuchado y  mirado a la pantalla de la Televisión y sólo he oído y visto desgracias producidas por el odio terrorista y el descuido de los conductores en las carreteras. He desconectado la Tele y me ha producido una sensación de belleza y de paz, la proyección de los adornos tallados en la tulipa, en la pared del salón, que parecía un conjunto como de estrellas, que la adornaban, como las del cielo le dan belleza y misterio a la noche.

He abierto un libro del siglo XIX y he encontrado la reproducción en colores de un retrato de Santa Teresa de Jesús y de la misma forma que la tulipa me produjo sensación de bienestar, el rostro de la Santa, parecía que su inteligencia desprendía meteoros brillantes, que “trazaron luminosa estela que ha guiado a la humanidad”.

La Televisión me hacía vivir "el genio de la guerra junto con el espíritu de discusión, que se aunaron en el mismo palenque para romper todas las trabas sociales, tanto en el orden físico, como en el moral”. Me distraía de aquellas preocupaciones, la contemplación de la proyección de las estrellas de la tulipa en los muros de la casa. Pero aquellas distracciones no apagaban las preocupaciones de las desgracias, que había contemplado y escuchado en la Tele, como le pasaba a la niña Teresa, que leía los libros de caballerías, que más tarde le dieron a Cervantes la oportunidad de lanzar al público su poema gigante de Don Quijote de la Mancha. Acabó con aquellas novelas que no dirigían por el buen camino la educación moral e intelectual de la futura Santa.

Hay consuelos que son agradables, pero que no resuelven nada, como la proyección de la tulipa y hay otros como las lecturas de Teresita, que conducían al mal.

Pero el Señor amaba a Teresa y le mandaba pruebas, como la muerte de su padre, igual que a cualquier ser humano, religioso o seglar  se le mueren sus parientes más próximos; difuntos que nos reconcilian con Dios para siempre. Si, seguimos amando al Señor, a pesar de que la gente, en general sonríe indiferente ante la vida piadosa de las religiosas, pero “ su espíritu victorioso sigue trepando por la escala de Jacob al trono inmenso de la bondad infinita”.

Y Teresa usaba los medios, que para eso le deparaba en sus manos un Cristo, obra de una mano de artista, inspirada por un estímulo celestial y con el Cristo conoció las Confesiones de San Agustín, obra de un genio y como su mente también era genial, vivió doblemente inspirada por el arte del Cristo y arrebatada por la “poderosa voz de la inspiración y de la filosofía de San Agustín”.

El mismo día que pude leer la vida de Santa Teresa, subí a la Catedral de Huesca y en su cara Sur, hay un pórtico sin rejas protectoras y está a veces sucio y en el que siempre que puedo voy a contemplar y a rezarle al Cristo, que lo preside. Es original y llama la atención, aunque pocos se lo miran, pero aquel día, al llegar a sus pies, encontré una señora que le estaba rezando.

Hablé con ella y coincidió conmigo en lo sucio y abandonado que se encuentra dicho pórtico, a pesar de la devoción que movía en su corazón.

Y acabo con la  frase del  viejo libro que dice así: "¿no es verdad, mi amada patria, que es una impertinencia contaros a la española estos acontecimientos españoles, conducidos  por la mano de una monja de la vieja  España?.

sábado, 19 de febrero de 2022

Pascual Montenegro y sus caballos negros



Pascual tenía Montenegro por apellido y haciendo honor a este apellido era cetrino de piel, tirando a negro. He intentado saber de donde era y así como de la Parrala unos decían que era de Moguer y otros que de Palos, no he logrado enterarme, aunque no creo que fuese tarea dificultosa el averiguarlo. Así como Simón en el pueblo era el único enterrador, Pascual fue en Huesca el último que condujo a los difuntos en un coche de caballos mortuorio, como una Carroza en la que se hacía el último viaje y no triunfal precisamente. Era tirada esa Carroza por un tronco de caballos negros con un penacho blanco entre sus cortas orejas. Pascual iba revestido de negra librea con alamares dorados, que concordaba con su rostro moreno y taciturno. A su paso por los Porches, la gente se levantaba de sus butacas del Flor, del Universal y de los varios bares, que allí estaban ubicados y unos inclinaban reverentemente la cabeza y otros hacían devotamente la Señal de la Cruz. Años antes el difunto era conducido a hombros hasta los Porches, donde se introducía en la Carroza, allí se disolvía el duelo y los más allegados iban al cementerio. Los había que no respetaban ni la muerte, como un cestero apodado Carrusco, que en cierta ocasión, cuando iba a ser introducido el féretro en la Carroza, arreó a los caballos que se arrancaron veloces. Los que iban en el duelo no vieron oportuno ponerse a gritar por no romper el silencio respetuoso que acompaña a tan tristes despedidas. Pascual emprendió el camino tan trillado por sus caballos y rutinariamente con su trote monótono alcanzó las puertas del Campo Santo, dio una voz al conserje gritando: ¡sacadme a ese, que tengo prisa!.No le faltaba razón pues en épocas de epidemias hacía conducciones a destajo por ser el único conductor de la única Carroza Funeraria de la ciudad. El conserje llamó a los enterradores, que acudieron presurosos y comprobaron atónitos que el muerto se había perdido y exclamó: ¡ya me ha jodido Carrusco!.Desde entonces muchos oscenses llamaban a Pascual el “Pierde Muertos”. Hizo volver rápidamente a sus corceles hacia la ciudad y cuando llegaba a la altura de la Fuente del Ibón, hoy paso a nivel del ferrocarril, divisó desde su pescante el cortejo funeral; los portadores del féretro avanzaban lentamente y cansados por el peso del muerto, uno exclamó: ¡ya era hora de que aparecieras y no vuelvas a perder más muertos!.

Montenegro quería mucho a sus caballos y dormía con ellos en la cuadra, cuando iba a los bares a tomar café les guardaba el azúcar y al volver a los establos que estaban en la huerta del Hospicio relinchaban de alegría, al tiempo que orientaban sus orejas al lugar por donde venía.

Eran los pobres animales muy bien aprovechados, pues en sus ratos libres labraban la huerta, la granja de la Diputación, acarreaban la leña y el carbón y llevaban el oxígeno al Hospital Provincial. En cierta ocasión el señor Antonio dio varios latigazos a uno de los caballos injustamente, pues lo había sobrecargado; el pobre animal trató de defenderse y se incorporó agitando sus manos sobre el agresor, como el caballo Furia de las películas; llegó entonces Pascual y le gritó: ¡Sultán, Sultán! Y este sé apacigüó y acudió mansamente a lamerle las manos. No tenía miedo a nada, ni a los muertos ni a la muerte; dormía debajo de las patas de los caballos, que tenían cuidado de no hacerle daño. Hasta las ratas que pasaban por encima de su cuerpo, le respetaban y no le mordían; sólo los hombres quisieron hacerle daño pues en cierta ocasión lo llevaron a fusilar y no protestó, ya que estaba tan acostumbrado al camino de la muerte que lo debió encontrar natural y si no se dan cuenta por terceros de que llevaban el reo cambiado, aquel día, hubiera sido el último de su vida.

No era amigo de los hombres vivos, solo lo era de los muertos y de los animales, quería a los gatos, a los perros y a los caballos Sultán y Lucero, que cuando recibían su orden de enganchar, enculaban solos en las varas de la carroza y agachaban la cerviz para recibir en sus cuellos las colleras. Era tan pacífico que a su perro tuerto, lo llamaba Ghandi, que por cierto se entrecruzaba entre las patas en movimiento de los caballos y nunca las rozaba.

Los entierros eran clasistas y se hacía notar la categoría del muerto, según las cortinas de la Carroza fuesen moradas, rojas o blancas, pero quedaban los parias, aquellas personas pobres y desamparadas, que después de introducirlas en cajas de chopo, desnudas y agrietadas, eran conducidas no en Carroza, sino en el Trum-Trum, carro negro y desvencijado, que pasaba por las noches haciendo un ruido como expresa su nombre, rápido y sin ningún cortejo. Bien se vale que Mosen Santamaría, con esa humildad y humanidad que le caracterizaba, los esperaba en el cementerio para rezarles un responso y darles la postrera bendición.

El pobre Montenegro se confesó con un sacerdote humilde y santo, don Benito Torrellas y dio “El Salto” a la Eternidad, que escribió el poeta León Felipe y que yo le dedico.

Molinos y molineros



Alfonso Daudet escribió Cartas de mi molino, yo las leí hace ya mucho tiempo y en mí solo dejaron una nostalgia que se acentúa en mi interior cuando visito algún viejo molino o cuando desde el mirador de mi casa veo el que mi abuelo construyó a orillas del río Guatizalema. En él aprendió el oficio de molinero Miguel Muro que se fue a otro molino a orillas del río por excelencia: el Flumen. Fue en otros tiempos llamado, molino de Casayús. Pasó a la familia Porta que, después de modernizarlo, vio cómo ardía. No se amilanaron los Porta y lo volvieron a construir en Huesca y es que los molinos, tan dinámicos, deben transmitir su dinamismo a los hombres; no paran nunca, ya sean movidos por el impulso del agua de los ríos o por el del viento. Llegó a ser tan grande la identificación entre molino y molinero, que si aquel se paraba por cualquier azar, este se despertaba. Algo extraño tienen los molinos que en el pueblo provocan coplas: «Qué polvo tiene el camino, qué polvo tiene el molino...». Y en el poeta hacen surgir la inspiración para escribir sus cartas líricas, en Don Quijote despertaron gigantes de brazos giratorios y en don José Porta, ¿qué excitaron los molinos? Sencillamente un impulso «superabundante», continuado y espontáneo a trabajar y a crear trabajo, como hace él mismo. Algunos juzgarán esa espontaneidad y esa capacidad de trabajo como algo que ha de hacer fácil el camino hacia el triunfo. Como RETABLO DEL ALTO ARAGÓN 60 dice Julián Marías, esa espontaneidad está regulada por normas, que no deben impedir que fluya; pero a lo largo de la trayectoria de los hombres se presentan a veces ocasiones en que esas normas las reprimen y cohíben, dejando al hombre como «mineralizado», deshumanizado. Pasa lo mismo cuando la escala del termómetro marca varios grados bajo cero y se hielan las aguas del río; este no corre y por consiguiente no mueve el molino. Don José ha luchado para vencer las dificultades pero al mismo tiempo contagia su entusiasmo a los demás; cuando yo hablo con él me parece ver el mundo de color de rosa. El molino es una máquina y sin embargo conlleva poesía, pero el molinero es un hombre y además de trabajo conlleva humanidad. Es humano porque reparte trabajo, por lo menos tan noble como el ocio y sublime comparado con el paro; don José expande su sentido humano a todo el río de la vida y a su devenir; no atiende solamente su molino sino que acude a los que quedan marginados en la orilla por no poder entrar en la rueda del trabajo o porque este los desgastó con el paso de los años. Se integra en la Cruz Roja porque esta acude al hombre, allá donde se encuentre herido, solo o en situación doliente, es en resumen un colectivo de hombres solidarios con el hombre. Hacen falta filósofos como el griego Heráclito, que consideren el devenir de las aguas por el río, poetas que canten a los sauces llorones y a las libélulas, pero hacen falta hombres que como José Porta, se lancen espontáneos al trabajo que genera el río en el molino y se preocupen también del molinero. En tu cabeza, don José, ruedan sonoras las poleas y preside tu víscera cardiaca, una cruz roja.

viernes, 18 de febrero de 2022

Caballerizas

 



En los cortijos andaluces y un poco alejados de ellos, para evitar el olor que producen el estiércol y la orina de los caballos, se encuentran las caballerizas. En Huesca hacia el noreste del Cerro de Las Mártires Satas Nunila y Alodia, se alzan las caballerizas de varios gitanos oscenses. No son elegantes como las de los señores andaluces, son como chabolas, delante de las cuales se hallan los corrales, delimitados por delgados troncos de madera. Se encuentran dichas caballerizas o cuadras, debajo de otro cerro en cuya corona se encuentra u saso aragonés o llanura,  donde está enclavada una grande y bonita casa de un elegante gitano, que tiene también su propia caballeriza. En ella encierra caballos de montar y otros de raza pesada, que tienen como destino el matadero. En los días de Semana Santa se le ve andar por las calles de la ciudad  por las que pasan las procesiones y es que está vigilando a sus caballos, que forman parte del inicio de la procesión, con los soldados romanos que los montan. En distintas jaulas encierra, además de sus gallinas, a sus numerosos y “chulapones” gallos de pelea, con los que en ocasiones, cuando los oscenses están un día de fiesta por las playas, por los pueblos  o  por la Montaña, ellos hacen luchar a sus pollos con otros, que traen los gitanos desde los lugares donde moran. Al echar apuestas, toman sus cafés y consumen algún bocadillo. Y cuando el sol se esconde, entran algunos en su casa, en la que presidía la abuela y se ponen los visitantes a bailar y a cantar coplas gitanas, acompañadas por el sonido de sus palmas.
Parece que no tienen grandes conocimientos  religiosos, pero sus escasas ideas las tienen muy arraigadas. Un día pasaba por el Monasterio de la Asunción, cuya iglesia está casi siempre cerrada, pero aquel día que se veía abierta, entré dentro y me encontré los bancos todos ocupados por gitanos, entre los que se hallaba el elegante dueño de los caballos. Le pregunté qué era lo que hacía en el templo y me contestó que todos los años iba a rezarle a la Majarí, como los gitanos llaman a la Virgen María.
Entré un día de esos del mes de Marzo, cuando empieza la primavera, en la caballeriza o conjunto de cuadras de los gitanos oscenses y allí estaban varios de ellos, a los que saludé, los que no me conocían no me contestaron, pero los conocidos se alegraron mucho. Unos estaban sacando el “fiemo” de las cuadras y había uno, ya mayor que estaba acompañado por  un joven  gitanico  y por un elegante caballo hispano- árabe,  que habían hecho correr sujeto con una larga cuerda y sudando como estaba, no paraba de relinchar, como llamando a sus compañeros de cuadra. Por lo que pude apreciar quería el Curro vender el caballo y tenía necesidad de conectar con el teléfono inalámbrico, y le pidió al muchacho que lo llamara. Así lo hizo el muchacho y cuando contestó, habló con él y allí se quedó esperando a que llegara. Le dije: ¡qué cariño les tienes a los caballos!, y él me contestó: ¡Ay, sí, porque los quiero como si fueran parte de mi familia!.

Yo me fui y al llegar a la carretera que está debajo de las cuadras, oía cantar con una enorme energía, a una multitud de gorriones. Miré  hacia arriba y sobre unas zarzas los vi como estaban cantando felices y yo creo que lo hacían porque estaba llegando la Primavera. ¿Por qué se reunían en tal lugar los pardos pajaricos?, sencillamente porque, como yo había visto minutos antes, alrededor de los corrales había  montones de cebada de la que se alimentaban y bebían en las bañeras, que habían puesto para darles el agua a sus caballos. Asocié enseguida aquella banda de gorriones a las “cuadrillas” de gitanos, que como ellos viven inocentemente, confiando en la Naturaleza y en la solidaridad que entre ellos se tienen. Hace falta que no sean discriminados y que acudan a los trabajos, con los que podrían salir de esa situación de discriminación, para ser libres, como los pájaros. 

miércoles, 16 de febrero de 2022

Junzano

 


Junzano, está situado, al lado derecho, mirando al Este, de la carretera que sube de Angüés a Casbas, el pueblo donde ha estado abierto el Monasterio de Nuestra Señora de la Gloria desde el año 1170 al 2004. Su separación de esta ruta, hace que sean pocos los que paren en Junzano a conocerlo. Tiene tan sólo treinta y ocho habitantes, que han poseído las mismas viejas costumbres que los demás pueblos que se asientan por debajo de la Sierra de Guara. Se ha cerrado el Monasterio de Casbas, donde compuso sus poesías Ana Francisca Abarca de Bolea y describió la Venerable y amada Sierra. Ya se encargó el tiempo de cerrar la ermita del siglo XII, en Junzano, de Nuestra Señora de Saliellas, a la que los de Junzano, también llaman la Iglesieta de los Moros. El pueblo no conoce en que época estuvieron cohabitando con los cristianos y les atribuyen la iglesieta, que construyeron, cuando los moros fueron derrotados. Ellos seguían su historia y su vida más o menos dolorosa. No veían, los de Junzano, ningún santo en la iglesieta, pero encontraban sepulturas primitivas, prehistóricas con formas antropológicas y sacaban huesos que creían ser de moros, pero que eran mucho más antiguas. Era igual para sus vidas, porque sólo sabían que el hombre nace y muere. Como mueren también las obras arquitectónicas, lo mismo da que sean romanas o que sean iglesietas románicas. Y esta iglesuela se iba muriendo y los habitantes del pueblo tenían que vivir y diviertirse, jugando a la pelota, pues eran vasco-ibéricos. Para hacer vivir el frontón del pueblo aceleraron la muerte del templo y sacaron las piedras y las transportaron a la Plaza Mayor para levantar el frontón. Lo hicieron y jugaban con gran entusiasmo, pues me dijo ayer, uno de Mayo del 2011, que un amigo suyo llevaba sus manos hinchadas de lanzar y relanzar la pelota contra la pared del frontón. No se ha muerto el frontón, pero en el Alto Aragón se está muriendo el juego de pelota, como ha ocurrido en Junzano. Por desgracia con sus treinta y ocho habitantes está el frontón sin usar.Tienen los junzanenses otra ermita, dedicada a Nuestra Señora de Torrulluala. Aman a esa Virgen con todo su corazón y me cuenta José que en la fachada de la Ermita había un banco de piedra. En ese porche se refugiaban cuando llovía y lo llenaban de gente, además entraron en el grupo una cabra con dos cabritos, un burro y dos perros. Cayó un rayo y murieron todos los animales y ninguna persona. La señora Marieta estaba dentro de la iglesia y contempló a todos los animales muertos y a todas las personas vivas. La señora Marieta murió hace unos cuarenta años largos, pues el que me cuenta este caso, que se llama José Paul, tiene ahora setenta y dos años y decía :me recuerdo de ver a Marieta, unas veces cogiendo almendras y otras trabajar en el huerto. De la Virgen dicen que hay una fuente, a casi un kilómetro, que descubrió un pastor ya antiguo, al que se le moría el ganado de sed. El pastor le pidió de rodillas a la Virgen que le proporcionara agua y esta se le apareció, y le dijo: levanta una piedra, que te saldrá agua, la levantó pero no le salió nada, pero le dijo la Virgen, que después de levantada la tercera piedra, le saldría mucha agua. Así fue y me dijo José Paul, que se ha puesto a beber agua varias veces y nunca le ha hecho ningún daño ni a él ni a nadie. Hay gente que tiene fe y cuando van a la fuente, llenan las garrafas de agua para combatir las enfermedades en la ciudad y dicen que les va muy bien

A esta Virgen parece ser que en otros tiempos se la llevaron, desde algún otro pueblo, pero ella se las arregló para volver a la ermita de Torrolluala. Cuando se ponía a “apedregar”, acudía la gente a pedirle ayuda a la Virgen y ésta, detenía las pedreadas. Otras veces la sacaban para pedirle agua de lluvia, que siempre caía. La llevaban en sus hombros y cantaban:”Virgen de Torrolluala-esperamos que mande agua –para amparo de los trigos- de lo contrario los “agüelos” de hambre se morirían- y los niños, sin culpa lo pagarían”. Una tal Juanita escribía estos versos, los repartía y los iban cantando, en las procesiones, por la calle.

Erminio, un vecino de Siétamo, nacido en Junzano, vivió feliz en este pueblo, donde ha dejado dos hijos, uno de los cuales tiene un niño pequeño y rubio como su madre. Me dijo mi amigo José Buil, de Junzano, que Erminio prometió el regalo de su huerto, a aquel que le proporcionara una buena novia, para casarse. Lo consiguió, se casó con la buena sietamense y le dio el huerto al que le buscó la novia. Ahora, me comunicó José, que más tarde se vendió el huerto que le regaló Erminio.

martes, 15 de febrero de 2022

Belleza y salud de los Minerales, que equilibran al hombre




El hombre pertenece a la vida orgánica, pero está influido por  los  minerales,  sin vida móvil  ni  pensativa, ni gozan del placer ni sufren con el dolor. Pero el Creador ha unido, en cierto modo, al hombre dotado de un espíritu,  al que comunica el gozo de las amatistas, de la selenita, del cuarzo blanco y de tantos materiales que  exhiben su belleza.  Esos minerales son adornos de la Naturaleza, a la que embellecen, para gozo de los hombres y mujeres, que se recrean con su contemplación y con  la habilidad y buen gusto de hacer con esos materiales, amuletos no supersticiosos,  sino que adornan la vida de los seres humanos con su estética. Pero no sólo les consuelan con esa estética, sino también  les ayudan a conservar y gozar de la salud, con procedimientos éticos o morales, que impiden el uso de drogas que arrastran esa salud a una catástrofe de la humanidad.  Estoy contemplando el material inorgánico en el puesto que han colocado los dos zaragozanos, en la Plaza Mayor de Siétamo  y me doy cuenta del entusiasmo que manifiesta el público ante  los pedazos de ágata, de calcedonia, de jaspe verde, de selenita, y de tantos otros cuerpos simples, cuyo espíritu está formado por el  sílice. Preguntan a los dos zaragozanos de la misión que el Señor ha dado a cada  producto,  allí expuesto y escucho el agradable sonido de sus palabras, que informan sobre la finalidad equilibrada por su color morado, que tranquiliza  y da equilibrio, paz y sosiego a los usuarios. Y al ver estas escenas y escuchar sus sonidos, me doy cuenta de los efectos positivos de esos falsos amuletos, sobre el zaragozano, conductor de camiones y sobre la zaragozana, que conduce autobuses. Y al escuchar sus palabras de felicidad y de esperanza, dirigidas a los clientes, te das cuenta de la labor tan positiva, que están haciendo en la sociedad. 
Me sitúo en un lado de la garita, donde se exponen tantos amuletos, que equilibran al ser humano; ante mis ojos se exhiben amuletos de ágata, especie de cuarzo, que tienen  la finalidad de equilibrar  con su color morado, tranquilizar, dar paz y sosiego, al que usa tal amuleto. A su lado se encuentra, un llavero de calcedonia, de color azul y de forma redondeada y esta piedra potencia la hermandad y la buena voluntad. El tercer amuleto es de jaspe, que con su ayuda a pensar con rapidez, estimulando la imaginación, para transformar las ideas en acción. ¡Cómo conmueven sus impulsos de la sugilita!, pues redondeada y opaca, ayuda a quienes sufren dolores de cáncer y aleja los impulsos desesperados y presta apoyo amoroso y da energía para curar el cuerpo, la mente y el espíritu. A muchos de estos amuletos se les puede dar diversas formas y algunos pueden ser de variados colores.
Frente a estos amuletos y subidos un poco hacia arriba se ven cuellos o collares de diversas clases de minerales, como de amatista, que es un tranquilizante natural, potenciando la conciencia espiritual. Se llevó puesto este collar contra las tentaciones del alcohol, e incluso contra las de las pasiones físicas. Esisten también los collares de jaspe, que ayudan a pensar con rapidez y facilita el funcionamiento de los órganos digestivos y sexuales.


Estos zaragozanos reparten el bienestar físico y la honradez entre los clientes, que seducidos por la belleza de sus minerales de distintas formas y de muy variados coloridos, acuden a buscar ayuda, que se la dan con gran amabilidad, pues ellos están influidos por la virtudes de los amuletos,  collares y pulseras magnéticas y reparten consejos útiles, que dan felicidad a sus clientes. ¡Cómo obedecen estos zaragozanos la orden de “Amarás a tu prójimo como a tí mismo”.

Teófilo García y su perro navarro

Cuando Teófilo García, nacido en el pueblo navarro de Asarta, en el camino que conduce desde Pamplona al Valle de Berrueza, que muga con la ...