viernes, 23 de diciembre de 2022

CUENTO DE NAVIDAD ( Escrito por Don Manuel Almudévar Casaus.-)

 




Es noche de Navidad,

Caminando un peregrino

Llega a una noble ciudad

Que es final de su camino

Y vagando por buscar

Refugio y alojamiento

Por fin lo logra encontrar,

Con un gran contentamiento

En un lugar que es modelo,

Bendecido por seis niños,

La abuela con sus cariños

Marca el camino del cielo,

Toma asiento junto al llar

Desentumece sus miembros

Y después de descansar,

envuelto por sus recuerdos

Se pone triste a pensar.

Con curiosidad los niños

Rodean al peregrino,

Y entre ruegos y cariños,

¡Cuéntanos de tu camino!

Le dicen al buen viajero.

Por la faz del caminante

Cruza sombra de un dolor,

Recuerda en aquel instante

El hogar que con horror

Dejó en escombros y humeante.

 

Ofreciendo a Dios su pena

Sin más hacerse  rogar

Su voz dulcemente suena

Y así comienza a contar:

Caminando, caminando

Por la senda de la vida

Jirones  me voy dejando

Del alma triste y dolida,

Cuesta abajo, hacia la muerte

Voy marchando

Y experiencia me van dando

Los vaivenes de la muerte

Rememorando mi hogar,

Que dejé deshecho y roto,

Me va dando por pensar

En lo lejano y remoto

En la infancia que dichosa

 

 

Y feliz con mis hermanos

Regía la santa esposa

De sentimientos cristianos,

Del padre que por hidalgo

Era cristiano y austero

Y por cristiano e hidalgo

Era también caballero,

Juventud que presto pasa

Mientras tenía ilusiones

Iba aprendiendo lecciones

Del gobierno de mi casa

Y cuando la misión tengo

Por deber y vocación

De seguir la tradición

Y  perpetuar  mi abolengo

Encuentro ayuda y consuelo

 

                                               En santa niña de ayer,

Que hoy es trasunto y modelo

De la perfecta mujer;

Dios bendijo nuestra unión

Regalando a nuestro hogar

Seis frutos de bendición

Que si llegan a lograr,

Con cariño y sumisión

Seguir  el recto camino

De los que fueron y son,

De este humilde peregrino

Serán orgullo y blasón.

Es el cuento relatado

Mi cuento de Navidad

Que otros años he contado

Muy lejos de esta ciudad,

En el lugar sacrosanto

De nuestros antepasados

Hoy envuelto en luto y llanto,

Por unos seres malvados

Que siembran duelo y quebranto,

En los campos asolados;

Pero Dios que da las penas

Por purificar las almas

Consuela a las gentes buenas

Consuelo me ha dado a mí

Al poder tender las alas

Y estar  esta noche aquí.

 

Jaca-Diciembre de l936

martes, 20 de diciembre de 2022

Antiguas Navidades 

 


Nacimiento de Jesus por Murillo


El tiempo va pasando y nos vamos olvidando de nuestros antepasados que eran gente sencilla o ilustrada, como por ejemplo de Ana Francisca Abarca de Bolea, que trabajó hace ya cerca de cuatro siglos, es decir en el siglo XVII, en la cultura del pueblo aragonés, en el que no existían todavía escuelas para todos. En el año 1979 se cumplió el tercer centenario de la publicación de un libro, escrito por Ana Francisca Abarca de Bolea, titulado “Vigilia y Octavario de San Juan Baptista”, del santo que anunció la venida del Señor, que en los días de Navidad, tanto preocupa a los hijos de Siétamo.

Hasta hace pocos años se creía que había nacido esta ilustre mujer en el Castillo-Palacio, que se levantaba en esta Villa y que era propiedad de la familia aragonesa de los Abarca de Bolea. La profesora doña Angelines Campo, muerta hace muy poco tiempo, demostró que había nacido en Zaragoza, en 1602. Era tía de Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, Barón de Siétamo, Marqués de Torres y  Conde de Aranda, título que heredó  de una noble familia de Epila.  Amaba a su familia, y a su Casa-Palacio de Siétamo, pero tenía casas en Huesca, en Zaragoza y por todo Aragón, pues como dijo su sobrino Don Pedro Abarca de Bolea, Aragón era una nación. Pero no sólo estaba pendiente de los asuntos aragoneses, sino de los de España, ya que participó, siendo muy joven, en la guerra de Italia, fue embajador en Moscú, en Polonia  y en París. ¡Qué tiempos aquellos tan lejanos! pero ¡cómo en las Estados Unidos de América, recuerdan a Don Pedro Abarca de Bolea, porque intervino en ayudarles a conseguir la independencia de Inglaterra ! .

Su tía Ana Francisca buscaba la paz y como descendía de Sancho Garcés, Rey de Navarra y Conde de Aragón, al tiempo que llevaba dos abarcas en su escudo civil, se preocupaba de componer obras literarias sobre la Navidad y de cantar villancicos, acompañados por instrumentos musicales. Su sobrino se preocupó de que lo enterrasen en San Juan de la Peña, pero ella, siendo todavía una niña pequeña, de tres años y medio, ingresó en el Monasterio de Casbas. Ella misma confesaba “el amor que se cobra, a los puestos donde uno recibe la primera enseñanza” Mucho le costó llegar a convertirse en monja, porque estudiaba y consideraba la posibilidad de casarse, ya que los hombres despreciaban la lucidez del cerebro de las mujeres y por eso, en aquellos tiempos, la mujer no tenía conocimientos y la convertían en analfabeta.

“Ella, junto a su candor y espíritu religioso, al tiempo que aumentaba su cultura, pues ella misma se autoeducada leyendo una colección de “libros sagrados, espirituales, historiales y de todo genero de buenas letras, entendiendo el latín como si ex profeso lo hubiera estudiado. Llegó a adquirir la destreza en todo género de música, así de instrumentos como de voz, y   a permitirla en decentes recreos de religión, ya encaminada a sagrados cultos”.Decentes recreos de religión eran aquellos en que hasta el baile se practicaba, como ocurrió en Valencia en 1438, en que para celebrar una fiesta religiosa,”hasta los frailes de San Francisco salieron por las calles saltando y bailando” (La Inmaculada del padre Juan Mir,S.J.,pág.128). Siempre ha inquietado la cultura a los de Siétamo, como preocupó a Ana Francisca. Yo me acuerdo de la Escuela de Siétamo, antes de la Guerra, en que Don José Bispe, los sábados nos miraba la limpieza de nuestras manos y de las uñas para que nos cuidáramos de la limpieza de nuestro cuerpos, en tanto el Cura Don Marcelino Playán, se preocupaba de enseñarnos la Doctrina. De ahí salieron,  no sólo agricultores, sino hombres cultos como el Cardenal Javierre. Escribió Ana Abarca, en la página 48 de “Catorce vidas de santas de la Orden del Cister”: “El estudio y la música hacen admirable consonancia, y más allá de ser esta ocupación tan plausible, es crédito de buen gusto”. Me acuerdo de Mariano Cabrero, padre del sacerdote José María, párroco de Alquézar y también padre del entonces Marianito, que también cantaba en latín, pero ahora que ya jubilado, se ha convertido en Marianaz porque es un hombre al que hay que añadirle el aumentativo aragonés, ya sigue participando en los conciertos y coros que se celebran y cantan en la Iglesia, como lo hizo en vida de su padre el señor Mariano.   Estábamos también los malos cantores, porque Marianito, en el coro, me hacía callar. Allí estaban también, el señor Andrés de Lobateras y otros que “tenían tanto aprecio a esta liberalísima arte, que entre los de Siétamo, el no ejercitarla con particular cuidado se tenía por negligencia,  muy culpable. No aprendían a cantar para vivir desatentos, sino para el recreo del ánimo y alivio de sus mayores ocupaciones y trabajos”. Siempre ha cultivado Siétamo la Música, aún en aquellos tiempos de pobreza, en los hermanos Burgasé, conocidos como “Los Ciegos”, tocaron la música y cantaron por toda la Provincia de Huesca.

Poseía su familia varias casas en Huesca, a donde iba con cierta frecuencia a la bulliciosa y ardiente actividad académica aragonesa, donde alrededor del prócer oscense Don Juan Vicencio de Lastanosa, se juntaban Baltasar Gracián, Juan de Salinas, Ustarroz y tantos otros ,como ella misma.

Y yo, como nacido en Siétamo, recuerdo a Ana Francisca de Bolea, cuando veo “el extremo de la meseta sobre la que se asienta este pueblo, que está presidido por el Castillo, que saludaba  la Fondura, que riega la fuente de los seis caños; dicho Castillo-Palacio fue donde nació Ana Francisca. Colgada en una pared yo veía colgada una antigua cuna familiar, donde puede ser que la niña soñase sus primeros sueños”.

Nunca pudo olvidar la “fabla” aragonesa, que escuchó a los empleados de su Castillo. Desde Siétamo a Casbas se ve al Norte la Sierra de Guara, sobre la que escribió una poesía, de la que escribe al llegar el frío invierno: “Mas, ¡ay!, que tu amenidad, hoy se llega a reducir, a verte ajada y marchita por un invierno civil”. Pero luego le dice a la Sierra, que no desespere, que luego vendrá una nueva Primavera:”Muy compasiva te aviso no te procures el fin, que si se ha visto tu oriente, pronto vendrá tu nadir”.

No se olvidaba la poetisa  sietamense  de las distintas conmemoraciones, que se hacían a lo largo del año y escribió “El baile pastoril al nacimiento”, en el que expresa los dichos del pastor Blas:”Dende que ha plegato, lo cuento a os hermanos. Hoy ha nachito en Belén, según el anchel lo dijo, porque habez  paz en a tierra, no en puede sino está Cristo y así sapez que ese Dios, feito hombre, ye tan niño, que entre trapez, dice Lucas, le trovarez escondido”. También escribió “La albada al Nacimiento”, en la que escribe:”Media noche era por filos, las doce daba el reloch, quando ha nacíu en Belén, un mozardet como un sol. Nació de una hermosa Niña, virgen adú que parió y diz que dexó lo cielo por este mundo traidor. A su madre y a Chusepe, pus lo merecen los dos, dársele la norabuena, diste fillo que tenión”.

No hay que olvidar las tradiciones populares, como ocurrió con mi padre, que escribió en los años cuarenta un cuento en fabla, que decía :”María y José marchan de camino-Van con asperanza-De que un ser devino,-Que mora n’a entraña, de ra Virgen pura,-Alcuentre un asilo, palacio u cabaña-Que haga menos dura, ra triste chornada………..Les avisó a ros pastores,- Y ascape fueron llegando-Repatanes y mairales,-Craberizos,vaciveros, - Yegüerizos y duleros-Mocetas dixas que cudian –os pavotes y os verracos-Y mientras filan estambre,- apacientan os rezagos.- todos veneran contentos y todos trayeban algo- Pa ofrecelené a Jesús-Y al mesmo tiempo adoralo.-Trayeban figos de Fraga.- Orejones d’Estadilla- Y pasas d’ixas qu’escaldan-En Lascellas y en Velillas.- Vino de Castilsabás-Y corderotes d’Albero-Billota de Banastás-Y conejos de Pebredo-Tortas d’aceite d’Ayerbe-Turrón guirlache de Jaca,- Castañas de mazapán-Dá zucrería Lasala,-Tortadas de Berbegal-Y pan moreno d’Angúés-Pedos de monja de Casbas.-Juguetes de Bandaliés.-Entre gente tan humilde-Tan humilde como güena.- Quiso el Redentor del Mundo- presonase aquí en a tierra,- Era pa danos ejemplo- Que toda su vida dio-…Y nos llevará t’al cielo”.

Hemos visto como se mantiene y ahora se refrescan las tradiciones de este pueblo con la llegada a nuestras casas, de modernos aragoneses, entre los que se encuentran músicos,”que saben cantar la gala musical a los cielos”.

Pero noté que en el paso de los portadores de la Cruz, en Semana Santa, se han perdido los instrumentos que lo acompañaban, incluidos los tambores, pero el pueblo quiere formarse para acompañar sus pasos con su tan-tarantán-tan.

¡Qué bello es marcharse de un pueblo, que trata de resucitar sus costumbres!.

lunes, 19 de diciembre de 2022

A BENDEMA ( vendimia de la uva)


 



Yo teneba una biña con un bitau que feba goyo beye-lo. En bi-eba uvas de moristel, alcañón, garnacha y dicha de “ cojòn de gato”. Mi tía Luisa, que yera mui puritana la clamaba de “botón de gato”, porque sonaba más modosa. Cuan la minchabas ,  luciba nos diens como ixos globetes o pompetas chicotas que fan os niños con os grans que s´han escratau. Ixos granos parixeban tocinetes royos y gordos y bellas vegadas lis tiraremos os borfollos royos y gordos y bellas begadas lis tirabanos os borfollos  y pretabamos  aquella polpa dura, mullada de mosto y relucien. Siempre yeranos enderezando o camin dreito ta biña. Bels díyas, cuando beniba cullir bella cesteta d´uvas, eslegidas entre as millors.

Muitos somontaneses portaban un d´istos  presentes u estrenas  a ra chen  d,a capital. Siño Francho Bailo levé una zesteta d´ugas ta la casa prinzipal con muita orgullez y, devan a os aponderamientos que feban a tal presenre , espeté  que “Agún en teneba de millions en casa mía, pero que no lis quereba trayer!. De todas as maneras,  quedé bien con sino Franco. Pior estié cuando un coche- línea amanau a ra gran viña, baixaban tos os viacheros y escomencipiaron a minchase as uvas.

Rancaban un racimo, y si no yera dulze, la aventaban. Ixo yera una malmetición. A siño Francho de Casa Bailo de Velillas, li doleba más isto que o feito de mincha-ne as uvas. Con muita sorniza s´enfrotiné con toz y a cadagún d´os intrusos, y a os misaches lis deciba : ¿Tamién os mesaches de colegio de pago, van a minchar ugas ta viña d’otri?. Dimpués se concaraba con as mullers y lis deciba:¿también as madamas van a minchar uvas ta viña d’otri?. Y en zagueras li dizié  a un mosen: “También a dotrina cristiana diz que os siñors mosens baigan a minchar ugas ta viña d’otri ¿ Debán de tals reflexions y un comportamiento tan modoso, os siñors Biacheros, puyaron ta o Coche de línea, con a coda entre as garras, pa dixar tranquilo a su amo.

¡Qué bien yeran os jarmientos n’a jarmentera!. Baixaban as mullers a culli- ne un faxo y feban una chera n’o fogaril; se minchaban tostadas,arruxiadas con o bino de casa y a viella contaba o cuento de María Jarmiento, que se fue a cagar y la se llevó o viento.

A vendema yera un rito; os homes, muliers y ninos toz yeran poquez pa recullir as ugas, carria-las n’os cuebanos y cobanetas y pisalas n´os cubos. S’escurriba o mosto, que cayeba  n’o laco, lo meteban en redomas, lo cogeban pan que no fermentase y feban mostillo con almendras, untar pan.

Como en quedan poquetas de biñas entre cazataires, cans y rabosas que dixan as barrazas sin grano y lis aduyan as perdices y os pasajantes, no en trayén cuenta de cautivar una biña. Yo la he rancau.

Agora a beber o vino de polvo, yo en cuenta de mostillo, tomaré jarabe balsámico pa limpiar os livianos del humo dós coches y d’o fumo dos cigarros.

sábado, 17 de diciembre de 2022

Al lado del Camino de Santiago, se encuentra el Bar Santi

 


Un día del mes de Noviembre del año 2004, en la población de Zizur Mayor, al lado de Pamplona, entré en el Bar que está situado al lado del Camino de Santiago, al que no había visitado desde hacía aproximadamente un año. Recibí la satisfacción de ser reconocido por su dueño, un aragonés de Zaragoza, que ha comentado mi presencia con un navarrico de ochenta años, que había conducido en su juventud camiones por la provincia de Huesca. Me ha saludado y me ha llenado de satisfacción, porque me ha recordado la ciudad de Zaragoza y su barrio de Las Delicias, ciudad donde yo viví y estudié durante cinco años y él había nacido en dicho barrio y se acordaba de su abuela, nacida en Pinseque y que se casó con su abuelo, nacido en Utebo. Es un hombre serio y sin embargo yo observaba como se acordaba, cuando era niño, de ver llegar al tranvía de Torrero –Delicias y de cómo daba la vuelta para subir otra vez a Torrero. Otros recuerdan los pequeños pueblos agrícolas con sus machos, sus bueyes y sus mulas y Santi Bueno se conmueve con el recuerdo de los entonces casi nuevos aparatos mecánicos, que se han creado para que la gente pueda vivir unida en las grandes ciudades. Estuvo de camarero en el Café Oriental, donde recuerda la presencia de aquellos hombres  vestidos con su blusa negra de tratantes, hombres formales, que cuando después de un trato le daban la mano a aquel al que habían comprado el animal,  le entregaban el dinero, que abundante llevaban por los bolsillos. A él le llaman la atención los nombres vasco-ibéricos de Alagón, de Gurrea y de Ejea y se acuerda de sus dos hermanos que viven en Zaragoza y sobre todo de su hermana, que allá en Estados Unidos le trae a la memoria los nombres antiguos de España, como el Alamo, San Bernardino y California.
A los pocos instantes llegó Antonio Chamorro, también viejo conocido mío, cliente del Bar Santi, nacido en Bermaj en la provincia de Jaen. A continuación hablamos de muchos temas, como por ejemplo de las olivas que en su tierra se recogen en los trescientos y pico mil olivos, que por allí vegetan. El recuerdo de aquellos olivos le ha llevado a hablar de la Virgen, que se encuentra en la Ermita de Cuadros de Bermaj, que está  asentada en el torreón enorme de un antiguo Castillo. El, como su esposa Julia Reyes, la aman tanto, que con los ojos humedecidos, se puso en el bar a cantar con su estilo flamenco, aquella canción, que dice así:”¿Dónde vas Blanca Paloma- A deshora, por la noche- Vas en busca de tu Hijo,- que lo entierran esta noche?.¿Quién me presta una escalera-para subir al madero - a quitarle las espinas – a Jesús el Nazareno?.
Cuando cantaba al Cristo de su pueblo y a la Virgen de Cuadros, se le notaba en sus modulaciones y en las contracciones de su cara, que dicha Virgen no estaba sólo en su pueblo, sino también en su corazón.
En estas conversaciones y canciones estábamos, cuando apareció por ahí un joven extremeño de Puebla del Prior, pequeño pueblo de la provincia de Badajoz. Contó que en ese pueblo tenían una gran figura del toreo, que se llama Miguel Angel Perera y también habló de la Virgen de Botó, que llevaba colgada en una preciosa medalla de oro. Ha hablado de los corderos y de los cerdos que tan abundantes se crían por su tierra, así como de los garbanzos, de los pimientos y de los espárragos que tanto abundan en aquellos campos inmensos a los que miraba y no veía su fin. Al oír cantar al andaluz, le entró la emoción y también se puso a cantar canciones de su tierra y a recordar el dialecto que ya casi no se habla en Extremadura, a saber el “castúo”. Este hombre joven tiene la sabiduría de un hombre de cien años, pues dice que ahora los jóvenes no hablan mas que de fútbol y de unas cintas, que hacen sonar en sus cabezas con sonido retumbante, con un pom, pom, pom estridente, que les impide decir adiós a sus primos  y a sus tíos y amigos, que por allí pasan.

Nos hemos marchado emocionados al cambiar la conversación que ordinariamente llevamos los hombres en los bares y darnos cuenta de cómo casi todos tenemos un afecto a las Vírgenes de nuestros pueblos, a la lengua que por ellos se habla y a las costumbres que por ahí se usan todavía y más porque los cuatro habíamos sacado una estampa de la Virgen, a la que tanta devoción tenemos en nuestros pueblos.         

jueves, 15 de diciembre de 2022

¡Pobre Antonié!.-

 


                                 

“Alonso ,Alonso-mira que t’arrempujo  y te tiro a un pozo”.

Esta canción, la cantaba un andaluz, que estaba labrando en un cortijo. A Antonié no hizo falta tirarlo a ningún pozo, pues él mismo se tiró por su propia voluntad. ¡Estaría loco?, no, simplemente era pastor y según el Evangelio, si un pastor pierde una oveja, deja las otras noventa y nueve y va a buscar la perdida. Claro que en este caso no se trataba de una oveja, pues era un carnero, es decir un macho. El Evangelio y la poesía bucólica, son muy feministas en cuestión de ganado lanar; siempre hablan de las pacíficas y blancas ovejas, pero no recuerdan nada a los carneros o mardanos. Hago esta salvedad para tratar de introducir a lo mardanos en su lugar, pues también ellos tienen los derechos del ganado lanar.

En el monte hay un pozo cerca de un camino, sin brocal ni nada y el pobre mardano fue a asomarse y cayó dentro del pozo como un sapo. Antonié, buen pastor, como el del Evangelio, sin encomendarse a Dios ni al diablo, se tiró dentro del pozo para sacar al carnero. Decía que no le había empujado nadie, pero reflexionado, veo que le empujó su propio sentido profesional. Pero bueno, le pregunté ¿para qué te tiraste en el pozo?, ¿no sabías que tú vales más que el mardano? Me contestó, creo que sí pero como era del Montañés de Salinas de Jaca…

¡Pobre Antonié!, porque si hubiera sido suyo el carnero, lo hubiera dejado ahogarse, pero como era de propiedad ajena, a su amor propio lo empujó a hacer lo que no hubiera hecho por sus propios intereses. El buen pastor da la vida por sus ovejas, pero mira que darla por un mardano o carnero, siendo además de otra persona. Lo peor fue que después no podía ni sacar al mardano ni salir él mismo del pozo.

¡Escucha Antonio!, ¡pues ya las habrás pasado bien negras! Calla, me respondió, que nunca he visto un porvenir más negro. Era ya casi por la noche y el pozo estaba negro, además de por la falta de luz, porque recibía el agua las filtraciones de las heces de los cerdos, de la granja de al lado. Empezaba Antonié a subir y las paredes del pozo se caían, como el trigo cuando los niños suben por sus montones en las eras, para la trilla. Antonié tenía mucha pena por mí mismo y por el mardano, que “esberrecaba” con agonía y también me preocupaban las ovejas que encima del pozo se habían quedado solas, sin pastor. Me hacían casi llorar los perros pastores que se miraban desde el borde del pozo con ojos tristes. Parecía que iban a llorar. Cuando vio que le fallaban sus fuerzas, empezó a gritar y entonces acudió el granjero de la vecina granja, Este llamó a otros y entre todos lo sacaron a la superficie. Cuando me ví en tierra firme, grité gracias a Dios. Pero el granjero dijo. Mejor que les des las gracias a los tocinos, que estaban hartos, porque si llegan estar ayunos, para día sales del pozo. Contesto Antoni de Rafaeler: de todas las formas ahora veo el porvenir más claro y aunque no llueva no me lamentaré, porque si he salido de este baño de estiércol de cerdo, igual saldré de las polvaredas de las sequías.

El granjero había echado el pienso a los cerdos el domingo por la tarde y el pastor iba cuidando el ganado lanar el mismo domingo también por la tarde. Ciudadanos, ¿cuántos hombres quedan en España de esta condición? Pocos y en los pueblos. Todos sabemos nuestros derechos, pero ¿nuestros deberes?

martes, 13 de diciembre de 2022

Los perones de Escanero y las ánimas



La vida y la muerte se suceden en ciclo que no cesa y a veces, incluso, se confunden una y otra. Campoamor lo afirmaba en forma de Dolora y decía: “a otros nuevos gusanos dará vida del muerto la hediondez, para volver la rueda terminada a empezar otra vez”. Pero como ya he dicho, los ciclos se interfieren y hay vivos que viven como muertos, por carecer de amor y he escuchado hablar de zombis, ¿has visto zombis?. Y hay vivencias y mueren muertos que están vivos, cuyas vivencias yo no he conocido, pero que el pueblo cuenta y canta: “apaga luz mariposa, apaga luz, que yo no puedo dormir con tanta luz, los borrachos en el cementerio juegan al mus”. ¿Son acaso los vivos los que juegan o son los muertos que al llegar la negra noche salen de sus tumbas, retumbando losas y beben los licores mutuamente intercambiando sus cráneos. En todas las culturas se rinde culto al muerto, y se cuentan leyendas sobre procesiones negras, que avanzan en la noche y que muchos no ven, pero que incluso algunos afirman haber  “procesionado”  en ellas. Hay quien, en los pueblos, si no vio las vivencias o “moriendas” de los muertos, las escuchó en las largas noches invernales y a veces, si el temor lo acongojaba, se acompañaba de vecinos aguerridos armados de trancas o de trabucos. Los ciudadanos se reían como vivos listos de los que, para ellos tontos y momificados aldeanos, transitaban por la vida hacia la muerte, entre sonidos de campanas tristes o de velas encendidas, que llegan a apagarse con el tiempo, como la vida misma.  Ya de niños vaciaban gruesas calabazas en cuya “coscarana”, abrían bocas desdentadas y unas órbitas enormes, por cuyas aberturas surgía sigilosamente un titilar de luz de vela.
Hoy son lujosos unos, ruinosos otros, cementerios todos, aquellos pueblos que todavía quedan y sus enterradores, como nuevos Simones ya no lloran, se ríen de los vivos muertos que en las grandes capitales, oyen voces, como otrora las oyeran, en la aldea, y como ocurrió en casa de Polavieja de Siétamo y en el Palacio de Linares de Madrid. Si de vivencias habláramos, antes veían “lucetas  y animetas” y los videntes nuevos… lo ven todo. Hablando con un viejo de estas cosas me decía: no temas a los muertos, son los vivos los que matan y hacen males a los otros vivos y los muertos están en el cementerio. Me lo demostró con la siguiente historia: no estuvo Perón en la Argentina solamente, donde decían que ese apellido tenía origen en el País Vasco; aquí los perones eran simplemente peras grandes que se guardaban entre paja para comerlas en invierno. En nuestros pueblos y en sus huertos había peroneros que daban los perones. Sus dueños los guardaban, incluso por la noche, de apetencias ajenas y dicen que Fenero, en la montaña cuidaba un peronero. Allá en La Garcipollera dicen que fue Bercero y aquí en el Somontano se hablaba de Escanero de Pueyo. Llegó la noche en la que dicen que salen las ánimas para celebrar su fiesta y aprovechando esta creencia hubo unos vivos que imitando a los muertos se colocaron cadenas y sábanas y encendieron sus velas, se pusieron en fila como en las procesiones pero con otro fin, en este caso, el de comerse los perones de Escanero. Solemnemente caminaban hacia el huerto y cantaban con tenebrosa voz: “antes cuando estábamos vivos, por estos huertos, comíamos higos”. Escanero oía esos cantos a lo lejos, y se encogía al pie del tronco pero cada vez más, porque la siguiente copla así decía: “ahora que estamos muertos, aún volvemos por estos huertos”, pero cuando escuchó la tercera copla se echó a correr y los vivos imitadores de muertos se llevaron los perones porque una siniestra voz gritó: “Oh, alma andante, tú que vas delante, alcánzame a Escanero, que está debajo del peronero”.

¿Qué consecuencias se puede sacar de la fiesta (triste fiesta) de los muertos? Bécquer no la saca; se queda y nos deja tristes: “Dios mío que solos se quedan los muertos!”. Yo me miro al crucifijo y me parece escuchar: “quien vive en mí, no morirá para siempre”.

viernes, 9 de diciembre de 2022

Guara es la gigantesca estatua de un hombre muerto

 




Desde Siétamo, dirigiendo la mirada hacia el Norte, se admira uno de la Sierra de Guara, que  ofrece la contemplación de dos gigantes  muertos o dormidos. El dios Guara, se ha convertido en   la escultura gigantesca de un muerto, que es  ese dios  de Guara, que era un abuelo legendario, que progresaba a ser un dios, adorándose con otros dioses, en los primitivos tempos, por los pobladores de la Sierra de Guara, desde la que se ve, por el Norte,  el río Guarga, que corre hacia el Oeste y el Ara, que se dirige hacia el Este.
 El tirano Gabardón, otro dios de la Montaña, se enteró de que su hija Gabardiella se amaba con el que dio su nombre al Tozal de Gratal y se llenó de odio. Desde esta Sierra, Gabardón  veía  por  el Norte los Pirineos, con las Tres Sorores  y al Sur,  los Monegros  con las tierras de Gabarda, hija también de Gabardón, allá por debajo de Granén, en las que  mis parientes los Almudévar,  provenientes de Siétamo, cultivaron la tierra.  Gabardón era, tal vez, un dios gigantesco, que desde la Sierra de Guara,  compartía con otros dioses, como el mismo Guara, la comunicación con los Pirineos por el Norte y la Tierra Plana, por el Sur.
La leyenda dice que Gabardón, tenía otra hija, llamada Gabardiella. Así como su padre estaba contento con el amor de Gabarda, cuando se enteró de que su otra hija, Gabardiella,  amaba al que dio su nombre al Tozal de Gratal, se llenó  de odio.  Su padre era contrario a este amor, pues pensaba que Gratal, era un monte feo, lleno de maleza, de carrascales y no tenía flores, ni bosques, ni siquiera alguna gran cueva, como la que existe debajo del actual Pantano de Arguis.
 Gabardiella, su hija, le contestaba que a ella le complacía su figura, tal como la veía y por eso amaba  a Gratal, sin darse cuenta de que  este  Gratal era solamente un  símbolo de lo más antiguo,de la vejez y de la muerte.  ¡Qué  diosecillos eran aquellos,  dueños de las montañas y de los valles, unos dioses de tamaño gigantesco,  como gigantesco era su amor y su odio!.  Su poder divino era solamente el escaso poder de los diosecillos.
Gabardón, que era padre de la hermosa Gabardiella, no tenía simpatía por la antigüedad y la vejez de Gratal, al que su hija pretendía. Eran amigos los que identificaban las quiebras de la Naturaleza con su irredento caminar de diosecillos a hombres o de hombres a  diosecillos.  Gabardón, dios y aspirante a hombre de las montañas, corrió en busca del auxilio de otro de esos dioses, a saber de aquel que tenía y sigue teniendo el nombre de Guara. Todavía hoy miramos a esa montaña de dos mil setenta y siete metros de altura, que nos recuerda el valor y la arrogancia de aquel dios, llamado Guara.
Gabardón acudió a pedir ayuda a su amigo el dios elevado en la Punta de Guara y este Guara, para cumplir la voluntad de su amigo, cogió una descomunal “tranca” y con ella por medio de un golpe propio de un dios, sobre la montaña, quebró la tierra y dejó abierto el cauce del río Flumen, nombre latino y   semilitúrgico  del río, como, más tarde  lo bautizaron los romanos, que desde esa brecha desciende desde el Pirineo a la Tierra Baja.



Al darse cuenta Gratal de que Guara había partido en dos trozos la cadena montañosa, separándolo a él  de la bella Gabardiella, gritó venganza y aquella noche,  cuando Guara dormía, alzó un arma formidable, que dicen que fue la Punta del mismo monte de Gratal, y la clavó en el corazón del gigante dormido o más bien muerto, hasta nuestros días. Cuando pasas por Siétamo, desde el que se observa mejor la Sierra de Guara, divisas el Cuerpo de Guara, formado por la Sierra del mismo nombre.  Primero aparece la cabeza puntiaguda del Fragineto, después sigue por el Pico de Guara, que representa el pecho con sus manos posadas sobre él, a continuación se distingue su largo cuerpo, para mostrar sus rodillas, y al otro extremo los pies del Corazón de Guara. Mirando ese cadáver desde su cabeza o Punta de Fragineto, se ve el pecho que resalta en el Pico de Guara, con sus manos apoyadas en su pecho y así se va siguiendo la línea del Gigantesco cadáver, hasta los pies.
Gabardón, como he escrito tenía dos hijas, una Gabarda que fue feliz en la Tierra Baja, cerca de Grañén, pero con su hija Gabardiella tuvo que pasar grandes catástrofes. Esta bella diosa estaba enamorada  del dios  Gratal. Hablaban los distintos miembros del Pirineo de la fealdad de su monte, pero el amor los hacía felices. El padre de Gabardiella, a saber Gabardón, se llevó un enorme disgusto al darse cuenta del amor de su hija Gabardiella con el dios Gratal y para evitar el desarrollo de tal amor, encargó al dios más gigantesco, a saber a Guara, que acabara con Gratal. Guara descargó un tremendo golpe sobre la Sierra y abrió un tajo en las montañas. Separó en dos el Salto de Roldán, con lo que al mismo tiempo, separó a los dos enamorados para siempre, creando la salida de las aguas de la Montaña desde el cauce del río Flumen, que separaron a Gratal y a Gabardiella. Ésta, entristecida, no paró de llorar  hasta  que hizo crecer el río Guatizalema.
Herido el diocesillo Gratal por la violencia del dios Guara, una noche fue a buscarlo y al encontrarlo dormido, clavó en su pecho un terrible pincho,  que dicen que fue la misma punta de  Gratal. Así murió Guara entre horribles dolores y allí en lo más alto de Guara, permanece su cadáver tumbado, por los siglos de los siglos.
Ahora, encima de la Sierra, aparece el “hombre muerto “o dios de Guara”. Y desde la cabeza puntiaguda de dicho “hombre muerto” que es  Fragineto,  pasando por el Pico de Guara con sus manos sobre ella, por la Vallemona, por el Cabezo de Guara y por sus pies, que estará expuesto por los siglos de los siglos, y que se ve con claridad al pasar por la carretera N-240, que pasa por Siétamo, hacia  Barbastro.
 El dios Gratal se quedó al Oeste del Mallo Occidental del Salto de Roldán y Gabardiella permaneció en su parte oriental.
Haciendo caso al dios Gratal, el dios más poderoso, es decir Guara, partió en dos la rocosa montaña y el Flumen comenzó a correr con sus aguas por la Foz de Salto Roldán, nuevas aguas que se precipitaron hacia la Tierra Baja, entre las Peñas de Man y de San Miguel.
Gratal y Gabardiella, que ardían en amor, fueron separados por las aguas frías de encima de la Sierra de Guara, como si hubieran sido condenados a permanecer  eternamente condenados, a mirarse a lo lejos con una mirada eterna, pero sin poderse besar en toda la eternidad.
Al principio Gratal, sufría silenciosamente, pero aumentaba en él un deseo de venganza, temible porque aunque era un dios más pequeño que los otros, su deseo de venganza, aumentaba su impulso de gran luchador. A consecuencia de este odio, una noche, llegó al lado del dios Guara y le clavó su “picacho”, es decir, el pico de Gatal en sus paredes de roca, que saltaron y formaron las Pedreras. Hizo vibrar todo el Pirineo y dejó a Guara yacente, como un muerto.
Gabardiella se quedó aislada de su amor, entre Fragineto, que hace de cabeza de Guara y de la Peña de San Miguel, que fue separada de su papel de un pie unido al  de la Peña de Man y dio paso a las aguas de la Sierra por el río abierto del Flumen.
  Viniendo de Barbastro y pasando por el Llano de Quinto, se ve la “cabeza del Fragineto”, y hacia el Oeste, se observa un “gigante dormido”, todo él de piedra, que desde el oeste de Fragineto, por el picón de Medio Día, ese gigante yacente se lanza, con las manos contra su pecho, ofreciendo su figura a la Hoya de Huesca.
En tiempos pasados, por esos terrenos pedregosos, vivían osos pirenaicos. Poco más arriba, cerca de San Julián de Banzo, en la Bal d’Onsera, donde vivió San Urbez, vivían también esos osos, como se cuenta y se ve en la iglesia de San Urbez, cercana al río Ara, la escultura de uno de ellos.
Estas leyendas misteriosas de los diosecillos pirenaicos, hacen trabajar la imaginación, porque de la memoria de algunos abuelos, que vivían en la Sierra, contaban que un “Home Grandizo”, circulaba acompañado de un oso. ¿Sería alguno de los habitantes de la cercana Val d’Onsera o más bien sería del “Gigante Fotronero”, que hasta hace muy poco tiempo, dicen que se escondía para esperar que bajaran los “repatanes” en la Cueva de San Climent en Arguis.
¿Será ese  gigante dormido, que recorría desde el Flumen hasta el Mallo de San Miguel, de Salto Roldán, algún dios, como el “Home Grandizo”, que caminaba siempre con un oso?     

Emigrantes e inmigrantes

Balcón de Velillas pintado en la pared. “Cuando salí de mi tierra, volví la cara llorando, porque la que más quería se me fue al cielo volan...