jueves, 29 de diciembre de 2011

Antonio Bueno, creador de cuchillos y navajas


Hace tiempo que conozco a Antonio Bueno, cuyo apellido ha corrido España desde Navarra hasta Andalucía y las Islas Canarias y también se asentó en Aragón. Muchos fueron los navarros que, al echar de España a los moros, colonizaron los pueblos por ellos abandonados, Por ejemplo, en la provincia de Zaragoza y comarca de Daroca, se encuentra Herrera de los Navarros y Villar también de los Navarros. Y de un punto de Aragón, el pueblo de Nuévalos, donde se encuentra el Monasterio de Piedra, salió su padre, cuyos antepasados habían bajado de Navarra, como emigrante de la tierra de Nuévalos hacia Salou, donde trabajó como peón en la construcción de pisos y de chalets, para explotar el turismo. Nuévalos, se encuentra a veinticuatro kilómetros de Calatayud, a 724 metros de altura en medio de aquellas Sierras Ibéricas, y allí confluyen los ríos Piedra y Ortiz. Pero la altura de aquellas tierras “royas”, las hace frías y sin embargo se ven carrascales, árboles de color oscuro y triste. Pero en el Término Municipal de Nuévalos, se encuentra uno con unos lugares naturales impresionantes, el Monasterio de Piedra, que da la impresión de un oasis en medio de aquellas Sierras tan austeras. Este Monasterio de Piedra es de un románico impresionante, con sus bóvedas caídas por los suelos, debido a la Desamortización de Mendizabal, pero que tiene algunos rasgos mudéjares. No sólo tiene rasgos morunos el templo del Monasterio, sino la tierra, que aquellos moros regaron con el agua de los ríos. En Nuévalos nació el padre de Antonio, que tenía una sangre ibérica, pero también celtica, visigótica e incluso moruna, igual que el Monasterio conserva rasgos mudéjares. Estamos en España y los navarros Bueno, bajaron a Aragón, a Andalucía, a las Islas Canarias y muchos están en las Américas. Cerca de Nuévalos, como he dicho, se encuentran tres pueblos que se llaman de los Navarros, como Herrera y Villar.



En los alrededores del Monasterio, rodeado de murallas, brotan las aguas abundantes, que circulan por los alrededores, formando cascadas que se precipitan, que se lanzan desde las cumbres y se pueden observar en medio de su caída, porque los visitantes pasan por caminos, creados por los organizadores del Monasterio y que unas veces están descubiertos y otras por pasajes cubiertos, con escaleras y otras por cuevas escavadas en la roca. La catarata de la Cola del Caballo es la más alta de España. Abundan en aquellos parajes los árboles y allí se cuidan aves de rapiña, que cuando una joven las llama con sonidos a través del horizonte, se ven llegar a una plaza, en cuyos alrededores han instalado una fila de bancos para que los observadores contemplen cómodamente, como consumen los alimentos, que la chica les proporciona. Pero además hay piscifactorías en las que se crían truchas asalmonadas, que se encuentran rodeadas de árboles y una detrás de otra. Se pueden observar también las lluvias de estrellas en el cielo, que al contemplarlas da la impresión de encontrarse en un lugar paradisiaco. Fue el Monasterio fundado en 1194 por trece monjes cistercienses, procedentes de Monasterio de Poblet.


En el Parque que constituye el Monasterio de Piedra, trabajaron los íberos, los celtíberos y los hombres religiosos, unos discípulos de Mahoma y otros monjes cistercienses. Pero Mendizábal, con una revolución ciega, fue la causa de la destrucción total de monasterios como el de Montearagón, casi total del Monasterio de San Juan de la Peña y del desplome de las bóvedas de la iglesia románica del Monasterio de Piedra. Se pudo hacer una desamortización pero no tan radical y no pensando tanto en destruir, sino en crear cultura entre los jóvenes, como decía José María Llanas Aguilaniedo. Con una revolución cultural se hubieran evitado las Guerras civiles, que mataron a muchos españoles y destruyeron edificios religiosos como el Monasterio de Piedra.


El padre de Antonio Bueno se llamaba Manolo y tenía poca cultura recibida del Estado, pero en Nuévalos, en aquellos viejos tiempos admiraba y reverenciaba estos pasajes del Monasterio y aunque no sabía más que leer, su cerebro y su corazón, se acercaban al Creador, mirando los campanarios de la iglesia, las corrientes de agua y los vuelos serenos de las águilas. Aquel espacio monástico es como un oasis en medio de esas zonas de altura elevadas, en las que el frío combate a sus habitantes, es una tierra “roya”, seca y casi se va despoblando. Manolo habitante de estas tierras, emigró acompañado por su esposa a Salou, trabajando como peón de albañil en la construcción. Allí se enteró de que en Aragón, se estaban estableciendo pueblos de regadío y él enseguida se apuntó para ir a Valfonda de Santa Ana. En dicho lugar nació Antonio y tuvo como maestra a doña Mary Bercero, guardándose mutuamente un grato recuerdo. Allí aprendió las letras, pero nunca olvidó su afición a los trabajos manuales, como la de crear cucharas y tenedores de madera, que servían para alimentar los cuerpos de los humanos y el cerebro y las ideas de Antonio. Pero pronto tuvo la necesidad de fabricarlas con madera de boj, que les confiere dureza, elegancia y trabajo noble. Se parece Antonio a su padre Manuel, porque así como éste se acordó en Salou de la tierra de Nuévalos, que le hizo emigrar a Valfonda de Santa Ana, Antonio desarrolló su imaginación por medio de la talla de cucharas y tenedores de boj. Las cucharas las empezó a fabricar por una apuesta de una amiga, pero la misma muchacha, al ver su habilidad, le dijo si sería capaz de hacerle un huso para trabajar en un telar o para tejer simplemente al estilo antiguo. Antonio le hizo el huso, la torcedera y poco a poco, empezó a crear paletas para abrir sobres, sin olvidar nunca las cucharas y tenedores, con los que además de nutrir a los demás, él alimentaba su imaginación.


Otro amigo le preguntó si sabía fabricar cuchillos y navajas. Antonio ante tal pregunta se quedó al principio, como pasmado, pero luego pensó en las fraguas y en la metalurgia. Partió de cero en su carrera de cuchillos y navajas, porque no sabía nada sobre el manejo del acero.


Ahora te enseña filos de cuchillos y de navajas, con sus extremos que ha de poner dentro de sus mangos y en otros casos ha de lucirlos con una cómoda y bella envoltura. Conoce a los fabricantes de Albacete y es requerido por asturianos para que le hagan modelos, aquí desconocidos.


Todo un mundo vive con los cuchillos y navajas, siempre con ideas pacíficas y utilitarias, pero siempre estéticas. Se acuerda de los cazadores, de los hortelanos, de los podadores, de los cocineros, de las señoras que preparan la comida a su familia, de los carniceros, charcuteros, matarifes .También de los afiladores, que tanto pasaban por nuestros pueblos y ahora también pasan con su silbato y su mobilette.


Antonio, eres un hombre feliz, envuelto en los problemas técnicos y estéticos, que algunos destrozaron con sus leyes físicas, pero que tú estás introduciendo de nuevo en los corazones y cerebros de la humanidad actual.

domingo, 25 de diciembre de 2011

A Don Cecilio Serena



Por el Coso Alto y frente al Edificio de Correos, me he encontrado con Narciso Alonso, hombre sencillo, que siempre me hablaba de las Procesiones de la Semana Santa, de las que se preocupaba desde encontrar los caballos, que iban a cabalgar los soldados romanos, hasta de guardar en Santo Domingo, los pregones que todos los años, algún enamorado de Huesca, lanzaba a los oscenses, para recordar a Cristo. Esta vez, como en la procesión de Viernes Santo, fue un triste encuentro, sin saludos alegres ni recuerdos del paso de los “pasos” en Semana Santa, sino que igual que las lágrimas corren en las procesiones, cuando los oscenses contemplan a Cristo Crucificado, esas mismas lágrimas le corrieron a Narciso por su rostro. Y con esas húmedas lágrimas, me hizo el canto de las virtudes de Don Cecilio, con el que tantas veces, paseaban por el mismo lugar, en que ahora nos encontramos Narciso y yo… pero Don Cecilio se había marchado.
Frente al Edificio de Correos, nos unió a Narciso y a mí, la tristeza, como ésta aparece en los oscenses para la Semana Santa, pero al despedirnos, tanto Narciso como yo mismo, recordamos las alegres sonrisas de Don Cecilio, como consolándonos con una Resurrección de Cecilio con Cristo.

La Reversión de Jánovas (Navidad 2011)


Es triste comprobar  cómo  en el Alto Aragón, han ido despareciendo en estos pasados años un sesenta por ciento de sus aldeas y pueblos. Es más triste comprobar que algunos de esos pueblos los han hecho desaparecer por maniobras injustas o violentas, como el corte de la luz, del suministro de agua, e incluso, se llegó en Jánovas a dinamitar varias casas   Don León Buil el ocho de Julio del 2008, dijo que “la expropiación de Jánovas,  Lacort y Lavelilla, fue un factor de abandono de gran parte del Valle Medio del Ara, y de toda la Solana”… “ la expropiación en Jánovas fue brutal” y las valoraciones bajísimas, porque, tal vez, previendo una expropiación del pueblo y de sus tierras, con el fin de gastar poco dinero en ellas, dijeron  a los pobladores de Jánovas, Lacort y  Lavellilla, que la contribución que pagaban era excesiva y se la bajaron. Con esta bajada de la contribución  tuvieron que valorar muy poco el precio que tendrían que abonarles  por la incautación de casas y terrenos, que la Compañía eléctrica necesitaba para crear el pantano.    Hicieron desaparecer, hace ya muchos años, concretamente en el BOP del día 28 de Diciembre de 1961,  Jánovas,  Lacort y  Lavelilla.  Al ver los nombres de las distintas casas de estos pueblos, siente uno que son aragoneses del Sobrarbe, donde reinaron los reyes de Navarra, como Iñigo Arista. Uno se enfada el ver el trato que recibieron, en casa Ramón, casa Chaquis, Frachín,  Puyolé, Piquero, Garcés y tantas otras. Vivían en el Valle del Ara mil seiscientas personas y ahora, ¿cuántas quedan?. Según el censo de 1951, eran 1787, que debido al proceso expropiatorio, según el censo de 1981,quedaron 346 en los municipios de Burgasé, Albella-Jánovas y Fiscal, capital del único término municipal. En este Valle del Ara,  diez pueblos quedaron casi despoblados, desapareciendo la identidad de aquellas gentes, que habitaban estas zonas, con el escudo de Aragón erigiendo el Arbol de Sobrarbe, con su identidad nacida, hacía siglos, de los navarro –aragoneses. Se dejaron casi de escuchar jotas, de recordar a Lucien Briet, con las bellas fotografías, que obtuvo en Lavelilla, sus bailes folklóricos, los rituales del Carnaval,   llevando figuras de viejos en los hombres, en procesión  carnavalesca,  igual que siguen haciendo en Torres de Montes, mucho más abajo. En Lavelilla casi ha desaparecido la iglesia lombarda del siglo XI. Por el río Ara, contaba el tenaz Emilio Garcés, muerto el día 17 de Septiembre de este año de 2011, que bajaban las maderas formando las “navatas”, hasta Tortosa.
Pero los vecinos expulsados de Jánovas, de Lascort y de Laveliila, pintaron en las paredes destruidas de los  edificios : ”Jánovas no rebla”.  Esas pintadas no eran más que un reflejo de la fortaleza de unos corazones sobrarbenses, que han luchado durante cincuenta años, para recuperar sus solares, sus tierras y su identidad.  No “reblaban” aquellos habitantes de Jánovas, de Lascort y de Lavellilla, es decir que no cedían ni se doblegaban ante el trato antihumano, que les aplicaba aquel propósito de quienes han casi destruido una gran parte del Sobrarbe. Inhumano fue el trato, incluso con los niños y su Maestra, a la que sacaron de la Escuela agarrándola por los pelos y a los niños los hicieron salir a patadas. En Febrero de 1967, quedaban en Jánovas,  el difunto Emilio Garcés Frechín, Antonio Buisán Lacort, que fue el último que falleció en Jánovas  y Miguel Pera. Este, al año siguiente, se fue a Barcelona, donde trabaja con un alto cargo en una empresa que vende lija pacífica, con fines creadores,  no como la “lija salvaje”, que utilizaron para borrar a su pueblo del mapa del Sobrarbe. Lo reconocí, hace unos escasos días, lo que me decidió a escribir otro artículo sobre la recesión del pantano, en las oficinas de José María Puyuelo Sorribas, con el que tiene una gran amistad. Anteriormente  lo había conocído,en las mismas oficinas  y allí me dio datos para escribir “El Pantano de Jánovas”.  Miguel Pera Antín se acordaba  del artículo que ya hace unos años escribí con los datos que él me dio sobre Jánovas. Me saludó, recordándome con cariño debido al interés que yo demostré con mi escrito. Esta fue una de las escasas satisfacciones que me da mi afición a las letras. Nació Miguel en Jánovas. Ha luchado por su Tierra y sigue con esa lucha, porque después de conseguir el triunfo, ahora tiene que perfeccionar los medios para alcanzar la propiedad porque me habló de que el B.O.E. del cuatro de Febrero de 2009, había proclamado la Reversión a sus originales propietarios de aquel nefasto “pantano de papel”.
Jánovas , Lascort y Lavellilla formaban parte de una  zona geográfica, que para muchos es desconocida, pero, para sus hoy, ausentes hijos, es una auténtica maravilla. Lucien Briet fue un escritor francés que recorrió el Pirineo y entre otras muchas noticias, explica la belleza de Lavelilla, sacando hermosas fotografías, con su parroquia  lombarda del siglo XI, otros  edificios y sus dos torres defensivas, ya destruidas. Por el Norte, aparece  el cielo de Sobrarbe, con los Parques Naturales de Posets-Maladeta, el Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido y por el Sur limita con la Sierra de Guara. Yo cruzo por Monrepós  dicha Sierra y sigo por la orillas del río Guarga, que me lleva a L’Ainsa y a Boltaña. El río Ara de nombre vasco-ibérico, nace en la frontera con Francia, recibe en su orilla derecha al río Arazas, desciende por Bujaruelo, pasa por los pueblos de Torla y de Broto, sigue por Fiscal, Lacort, Lavelilla, Janovas y Boltaña y desemboca por L’Ainsa en el río Cinca. Pero aquella zona, sobrada de belleza e invadida por el turismo,  se ha convertido en la más deprimida de Aragón, donde a pesar del derecho al voto de los ciudadanos, que aquí no valen para nada, porque no hay personas para emitir su voto. Pero como dice mi amigo Pera:¡queremos volver!. Y el Sobrarbe renacerá.
Ese es el pensamiento de todo el Sobrarbe, pues La Ronda de Boltaña,cantaba :” Y aunque han pasado muchos años – no podré olvidar nunca, aquella mañana-en que descubrí que no sólo en los cuentos-siguen existiendo piratas”. “A Jánovas digo adiós,-a Lavellilla y Lascort;-adiós barquitos hundidos, adiós;- mi pobre Pais,  adiós”.¡”Mi pobre Pais, adiós”!.
Desde el nacimiento del río Ara, iban sus aguas al Mediterráneo, impulsando las “navatas”. Por lo visto era fácil, la comunicación de Francia por España, cuando ahora es tan difícil ir a Francia por el Pirineo Central. Pero ¿cómo no ha de ser difícil el camino a Francia, cuando  es más difícil el camino de vuelta  a Jánovas, Lascort y Lavelilla para sus propietarios, que allí quieren volver?. Parece ser que les piden unas treinta veces más de dinero, que el que a ellos les pagaron. Los miembros de la Asociación de Afectados de Jánovas dicen, que “no es lo mismo un terreno baldío que en producción, y no es lo mismo una casa en ruinas que una casa habitable”.
Van a cumplirse cincuenta años de la expropiación, acompañada de la consiguiente emigración  de los habitantes de Jánovas, Lascort y Lavelilla, quedando  destrozados diecisiete pueblos, y  un valle convertido en un terreno desolado. Pero no se han devuelto los terrenos expropiados, en los que no se ha creado ningún pantano. El que compuso la Habanera triste, que pronto pueda cantar:”Un barco de piedra en el Valle,-anclado hace siglos a orillas del Ara,-frente a la isla de Lavelilla- y entre las costas de Fiscal y Boltaña”.

El Pantano de Jánovas



En “otros tiempos” quisieron levantar el Pantano de Jánovas, pero pasaron aquellos tiempos y dicho embalse está,  ni siquiera, comenzado. ¿Devolverán las casas o más bien sus ruinas y las tierras que expropiaron a aquellas buenas gentes a las que  les pertenecían?. En sus mentes y en sus corazones todavía consideran como suyo aquello de que se les desprendió. Por eso la devolución de las casas, ya en ruinas y de sus tierras  las llenaría de ilusión,  como ha hecho felices a los hijos del pueblo de Lanuza, que no han perdido tiempo en restaurar sus casas y en convertir el lugar en un centro turístico.
Existen otros recuerdos que afectan a sus espíritus, como la iglesia parroquial de Jánovas, cuya torre se alza, como pidiendo justicia al de arriba. Pronto podríamos contemplarla restaurada y llena de fieles retornando a ella el día de su reinauguración. Así ocurrió con la parroquia de Lanuza.  A todos les llenaría de satisfacción, como a aquel que me ha explicado la expropiación, cuando todavía era un niño. Sentiría la impresión  de que le  pedían  perdón por los diversos actos injustos de humillación a sus paisanos antepasados y a él mismo.
En casos como el que nos ocupa, hay que pagar más cantidad de dinero de su precio, ordinario, para que aquellas pobres gentes, participen también en los beneficios que van a sacar los empresarios o del progreso que van a procurar  al pueblo en general. Pero les pagaron poco dinero por las viviendas y por las tierras y con “cuatro perras” tuvieron que marchar unos a Barcelona, donde alguno tuvo que coger el volante de un taxi y luchar por conseguir una licencia de taxista, en tanto que otros se fueron a Zaragoza y en ambas ciudades, con gran sacrificio,  sacaron sus hijos  adelante.
Pero, según me siguió contando el entonces niño, les hicieron una faena, que si hubiera sido preparada, hubiera merecido la sociedad privada que les expropió, una ruina, como la que causaron a los pobres más de doscientos habitantes de Jánovas, de Velilla y de Lascorz. Consistió la trampa en que en el Ayuntamiento les dijeron que la contribución que pagaban, era muy elevada y que se la iban a rebajar. Así lo hicieron y después de cierto tiempo, les anunciaron la expropiación y  les asignaron su precio  de acuerdo con el valor simbólico de la contribución que les habían rebajado. Algunos vecinos se fueron marchando, pero la despedida más triste sucedió un sábado, en que llegaron hombres armados con  metralletas y, acongojados, tuvieron que hacer lo mismo. Pero sin embargo quedó uno, el señor Garcés, que no quiso abandonar y hubiera resistido hasta que lo sacaran del pueblo a la fuerza. Por fin, trataron con él y marchó cuando le dieron una casa en Campodarbe.
Han publicado un libro titulado Jánovas en que se ven unas veinte hermosas mozas un día de la Fiesta y acompañadas por algunos mozos. Esas jóvenes conmueven los corazones del  que admira su belleza y su amor a los demás y recuerda como fueron premiadas esas cualidades. Con ellas, seis niños asistían a la escuela.   Juntos todos,  los  
 mayores con  los niños, niñas, mozos y mozas y asistidos por los ancianos, se resistían a marchar. Aquel pantano lo querían para producir energía eléctrica a costa de los esfuerzos, que durante siglos habían hecho los habitantes de los pueblos citados, pero sin compensarles para que pudieran pasar a un género de vida sin tantos sacrificios que tuvieron que hacer en las grandes ciudades, con el poco dinero que les abonaron por sus queridas casas y por sus benditas tierras.
Si “en otros tiempos” hubo quien abusó de los habitantes de Jánovas,  ahora lo que se debería hacer, es devolver su dignidad a los que todavía no han perdido sus vidas y que no harían más que recibir lo que les quitaron a la fuerza.

sábado, 24 de diciembre de 2011

El pelo




Caminaba yo por la calle y llevaba  en mi cabeza una pelambrera, en lugar de un buen pelo y al pasar por una peluquería pensé: más valdría que aprovechara la ocasión para esquilarme, ya que aquí hay un peluquero que es capaz de cortarle los pelos al diablo y si así sigo, luego me saldrán pelos en el corazón.
Entré en dicho establecimiento y el artista de los cabellos me saludó con gran amabilidad y cuando acabó de rasurar a un cliente, empezó a hacerlo conmigo, al mismo tiempo que preguntaba si yo había sido rubio o castaño. Por este detalle me di cuenta de que estaba ante un auténtico profesional, pues su conversación giraba en torno a los cabellos de sus clientes, que eran los que él, siempre se había dedicado a higienizarles. Total que con tal conversación, nos lo pasábamos los dos “al pelo”.
Yo le dije: por aquí te habrán pasado melenudos, como leones y otros de cabello crespo y rizado y algunos rubios de cabellos sedosos y finos. Asintió a mi observación, añadiendo: también he atendido a barbudos, a bigotudos, a calvos a los que hay que arreglar a unos sus barbas y a otros los bordes de pelo que se apoderan de sus cuellos. Hay personas que como los calvos no poseen pelos en la cabeza, pero no tienen un pelo de  tontos y algunos no tienen ni un pelo en la lengua. Hay algunos que lo hacen todo a pelo, como subir en su caballo o en su burra a pelo o a contrapelo. ¡Qué difícil debe de resultar  relucirle el pelo a quien lo tiene implantado en varias direcciones o a quien lo tiene como sí fuera pelusa  de melocotón!.
El peluquero o barbero tiene un ilustre nombre, pues se llama Augusto, como el César Augusto que inmortalizó a Zaragoza, capital de Aragón y en tal Autonomía nació, siendo hijo de otro peluquero  y barbero de Fraella, Tramaced y Marcén. No fue el famoso Barbero de Sevilla, pero ha sido y es todavía un augusto barbero y peluquero de la Urbs Victrix Osca. ¡Cómo atravesaba aquellas distancias unas veces andando y otras en bicicleta!,  aunque  al principio tenía que hacerlo sobre una burra, montándola a pelo.
Cortaba el pelo a las mujeres a las que aplicaba el estilo “garsón” y a muchos hombres les cortaba el cabello a la parisién.
El pelo era sagrado, pues muchas jóvenes se dejaban una larga trenza, que sólo se cortaban cuando iban a casarse y luego la colgaban en el salón o en la “sala güena” de su casa, donde la guardaban para que sus descendientes la contemplaran y se acordaran de ellas en sus oraciones. Pero hace pocos días, encontré en un anticuario un cuadro con la fotografía de una pareja matrimonial, que a pesar de ser ya de cierta edad adulta, estaban manifestando su felicidad, pero entre el cristal y el marco y rodeando sus figuras, daba la vuelta al cuadro una trenza, que pertenecía a la esposa, que después de llevarla colgada durante muchos años, al cortársela, la enmarcó con su persona y la del ser amado. En alguno de esos cuadros que se hacían nuestros antepasados, aparece el matrimonio con su aspecto de felicidad y rodeados por una estela capilar o trenza de la señora en su juventud, que les da a ambos miembros de la pareja,  un nimbo que recuerda y que desea una vida de sacralidad. ¡Oh, inefables cabellos!.
Pero no sólo eran las mujeres las que hacían tan larga ceremonia con sus pelos, sino los toreros que se dejaban su coleta, que recogían en su nuca, debajo de la montera. Su tradición todavía no se ha perdido, porque ahora, aunque no llevan su coleta natural, se la ponen artificial cuando tienen que torear. Y los grandes toreros, cuando llegan a su retiro, si no han sido corneados y mandados a la gloria, en la corrida de toros que corren cuando celebran su jubilación, se cortan la coleta, no sé sí ellos mismos o por la actuación de algún famoso peluquero.

La fuerza no sólo la de los músculos, sino la de la inteligencia si no vienen de los pelos, con ellos están relacionadas. El famoso poeta gallego Don Ramón Del Valle-Inclán, llevaba colgada de su cara una larguísima barba, que era como una antena que le hacían captar la poesía y componer los ritmos literarios. En la enorme cabeza de Einstein brotaba una grandiosa melena, completada con su bigote y por aquellos cabellos entraban los cálculos matemáticos que le condujeron a emitir la Teoría de la Relatividad. Y las mujeres con sus melenas han dado pruebas de su fuerza física y del poder de su amor; hace unos días se vio en la televisión a una hermosa mujer, engancharlas en el tiro de un enorme autobús y ella agachada sobre una escalera, hacía presión con sus manos y sus pies sobre las escalas y lo arrastraba. Pero leyendo la Biblia, la bella Dalila, en el siglo VIII antes de Cristo, tenía unos cabellos prodigiosos no sólo para enamorar, sino para traicionar al gran Sansón, un hombre fornido, que triunfaba sobre los filisteos; éstos que se veían perdidos encargaron a Dalila que lo enamorase y se enterase del misterio de sus fuerzas. Y es que Sansón tenía una pelambrera descomunal, que le llevaba a vencer a cualquier enemigo que se le resistiese, por ejemplo dicen que cogió con sus manos un melenudo león y le descoyuntó sus mandíbulas. Pero con Dalila el problema era diferente, porque sus cabellos le encendían su corazón en amor, al entrar en contacto con los abundantes, bellos y perfumados de Dalila, que llegó a darse cuenta del misterio capilar de su enamorado y le cortó el cabello. Entonces Sansón perdió sus fuerzas y cayó en manos de los filisteos sus enemigos, que se ensañaron con él y le sacaron los ojos. Estuvo atado en una columna del gran salón donde ellos se reunían y no previeron que el pelo crece y que aunque aquellos “pelillos fueran a la mar”, volvían a desarrollarse, como lo tiene comprobado Augusto, cuando después de un mes o de dos, vuelven a sentarse en su sillón aquellos a los que había cortado el pelo. Y a Sansón le crecieron los pelos de su cabeza y cuando él mismo calculó que ya tenía bastantes energías para desarrollar sus fuerzas, se agarró a una de las columnas a las que estaba atado, la forzó e hizo caer el edificio sobre él mismo y sobre los numerosos filisteos que dentro de él estaban.
Estaba un calvo escuchando nuestra conversación y un poco mosqueado por nuestras alusiones a los calvos, exclamó: todos los burros tienen buenas pelambreras, porque yo no conozco ninguno calvo. Augusto le contestó: yo tampoco conozco ningún melón que tenga pelos.
Ser calvo, en estos días no supone ningún inconveniente, porque muchos que no lo son, se afeitan la cabeza y ya es raro ver a alguien que se ponga una peluca. Además, sin llevarla, muchos lo aparentan porque su pelo se lo pintan de vistosos colores, que no tienen nada que ver con la naturaleza humana y uno ya duda si la fuerza física y la fuerza de la inteligencia y del espíritu tienen que ver algo con los pelos.
Pero, leyendo a Antonio Machado, comprobé como también él, sentía la luz de los cabellos, cuando se expresa así: ”Quiso el poeta recordar a solas,- las ondas bien amadas, la luz de los cabellos- que él llamaba en sus rimas rubias olas”.
Aquellos pelos estaban relacionados no sólo con la inteligencia y la poesía sino con la propia vida, porque en épocas que yo todavía he conocido, los barberos eran los practicantes de los pueblos y daban inyecciones a los enfermos y hacían sangrías y vendajes. Yo me acuerdo del señor Valeta, que en el Coso Alto de Huesca, se ocupaba de la higiene y de la belleza del pelo de sus clientes, al mismo tiempo que cuidaba su salud. Lo mismo hacía el Señor Jorge de Siétamo, que además de ser barbero, después de la Guerra y vestido con su blusa negra, igual que la que llevaban los tratantes, inyectaba a los habitantes de mi pueblo y a mí, me cosió una brecha que me hice en la cabeza, cuando sobre una burreta torda, subía montado de la fuente, a pelo sobre ella y me tiró al suelo.

martes, 20 de diciembre de 2011

Abel Gaeguer, israelita ucraniano, pidiendo en el Coso Bajo



Abel Gaeguer, me dijo que se llamaba el pobre hombre que estaba pidiendo limosna, sentado en  el escalón de una tienda, próxima a la ya desaparecida de Tejidos Blecua y muchos años antes Banca de Casaus. Era un hombre recio, con barba y sombrero, pidiendo  limosna. Por fin, un día del mes de Diciembre de 2011, he pasado a su lado y le he preguntado que de donde procedía  y me contestó que de Ucrania, pero que era de nacionalidad israelita. Me ha hablado con gran amabilidad en una lengua de muy variadas palabras, de distinta procedencia lingüística, pues me dijo que allá,  en Ucrania, donde nació en  1950, hablaban además del ucraniano, ruso, inglés, alemán, así como el francés, hebreo y árabe. Conocía un poco el español sefardita, que hablaban los judíos expulsados de España, por los años de 1613, cuando marcharon por Europa, Africa y América. Dejándolo hablar, me di cuenta de que sabía poco el español, pero que su corazón sentía un gran afecto por España. En su vida había conocido sefarditas y se había dado cuenta de que entre la multitud de palabras que conocía, siempre le salía alguna de la España Sefardita. Era evidente que él, sentía el judaísmo, porque me dijo que había visto en Huesca, documentos hebreos, no sé si en el Museo provincial o en el Ayuntamiento. Intentó explicarme que cerca del Parque, había visto una sinagoga antigua.
¡Cuántos recuerdos le bullían en su mente!, porque no sólo se acordaba de la España pasada, sino de sus años de niño, vividos en Ucrania, en compañía de sus abuelos y de sus padres, que se dedicaban un poco al comercio y principalmente a la reparación de carros de mulas y de asnos. No debían poseer, en aquellos tiempos muchos caballos, los ucranianos. Nació aproximadamente el año de 1950 y ahora tiene unos sesenta y uno. Antes de nacer Abel, cerca de Kiev, los habitantes judíos, tuvieron que salir de sus hogares y caminar en fila hacia el Barranco de Bali Yar. Allí los agruparon en lotes de diez judíos y fueron obligados a desnudarse y a cavar las zanjas en las que iban a ser arrojados. Fueron los asesinos miembros ultranacionalistas de Ucrania,  en colaboración con las SS y los asesinados una gran parte de la población judía. Abel no había nacido todavía e ignoro si era ucraniano de la zona cercana a  Kiev  o de otra, a la que no llegarían esos asesinatos. Mal ambiente quedó en Ucrania para que los judíos pudieran vivir y a los seis años, Abel  marchó a Israel. ¡Qué soledad tuvo que pasar el niño, sin ninguna culpa!, porque él sabe que todavía tiene algún pariente por el mundo, pero no puede comunicarse con él. La historia de este hombre, me recuerda la de tantos españoles que en el año de 1936, tuvimos que huir de nuestras casas, para evitar las muertes de la Guerra Civil, mientras muchos murieron asesinados. ¡Qué tristes son las guerras entre los hombres y qué difícil es conseguir una Paz Universal ¡.
Supongo que en Israel se ocuparían de formarlo como ciudadano de esa nación nueva, formada en los terrenos de una de las naciones, la judía, más antiguas de la Tierra. En Israel tuvo que luchar como soldado y como policía israelí, durante catorce años. No se sintió feliz en aquella situación de continua guerra. Después de catorce años de ejercer de policía y de ver tantas situaciones que le recordaban las que pasaron en Ucrania, el año de 1999 partió para Francia, después a Inglaterra y luego a Irlanda,  donde durante tres años trabajó de pastor y como él dice con una gran tranquilidad. Después de ver tantas guerras y luchas por el mundo, allí le pareció ser uno de los pastores del Israel antiguo. En el Diario del Alto Aragón, sale un artículo de Antonio Martínez, sobre la vida del pastor de Selgua, Alberto Clarimón Sampériz. Dice que él conoce a sus ovejas y ellas le conocen a él. ”Sé cuando están tristes o alegres y puedes hablar con ellas, y te comprenden. Se ponen alegres cuando llega el momento de subirlas a la montaña para los pastos de primavera”. Añade que “es muy gratificante el estar y sentir en los valles del Pirineo: Ordesa,  Monte Perdido, Valle de Vio o entre las Tres Sorores. Ves la grandeza de la Naturaleza”. 
Abel se sentía feliz siendo pastor en Irlanda,  igual que Alberto Clarimón lo es entre las Tres Sorores,  pero, según me dice, el Espíritu Santo le inspiró que viniera a Huesca, pero no se casó, como tampoco lo hizo Alberto Clarimón. Y allí, en el Coso Bajo, sentado sobre un escalón, está en Huesca esperando que le va a dar el Espíritu Santo, porque él tiene una fe inmensa propia de los judíos, pero el Señor no le da lo que él espera. El me confiesa que espera que le den una casa, para vivir en ella. ¡Qué fe y qué ilusión tiene Abel en Dios, pero los judíos yo creo que no se enteran de lo que le pasa a Abel, porque no hay en Huesca ningún diplomático judío que le socorra. Hay que mirar por él, para que alguien lo recoja. A veces los necesitados no aceptan ser acogidos y siguen esperando en el Señor. El tiene fe en los oscenses,  pues dice que son muy buenos y cuando yo estaba acompañándolo, de vez en cuando algún hombre o mujer, le entregaban un donativo. ¡Cuántos hombres y mujeres van por el mundo, buscando la felicidad , que no han podido alcanzar nunca, unas veces por ellos mismos y otras por las difíciles circunstancias que les rodean!. La Caridad es la virtud que ahora es más necesaria que nunca.

domingo, 18 de diciembre de 2011

La lengua del Midi, por Almudévar bajo a Valencia



La Villa de ALMUDÉVAR, conquistada a los moros, en 1118, después de Huesca, en el año de 1096, por el Rey  Pedro I de Aragón, su sucesor Alfonso I el Batallador, conquista Almudévar. Conquistada Almudévar, se lanzó a la conquista de Zaragoza, para más tarde llegar a Valencia. Para la conquista de Zaragoza, consiguió en el Concilio de Toulouse y apoyado por su vasallo Gastón, Vizconde de Pau, que a esa conquista, se le diese la categoría de Cruzada. En Ayerbe se concentraron numerosos caballeros europeos, navarros,  aragoneses, vizcaínos y alaveses, para formar un poderoso ejército y éste avanzó ocupando con cierta facilidad la Villa de Almudévar y después Gurrea de Gallego y Zuera.
El primitivo  nombre de Almudévar era el vasco-ibérico Burtina, pero los árabes le dieron el nombre de Almodóvar, la Corona o La Redonda o la Colina  Redonda, traduciendo al castellano  el Tozal Redondo, del aragonés, lengua en que toza equivale a cabeza y tozal, expresa una forma de cabeza. En Siétamo hay un Tozal Redondo, al lado derecho de la carretera N-240, que va desde Huesca a la autovía de Lérida-Huesca y ya muy cerca de este empalme, se alza dicho tozal Redondo. Desde Siétamo se divisa en Fañanás otro Tozal Redondo. Hemos visto como en Ayerbe, preparándose para conquistar Almudévar, estaban las tropas de Gastón, Vizconde de Pau y por eso no es extraño que en la Revista de Almudévar, aparezcan escritos artículos, en fabla aragonesa, emparentada con el bearnés. Esos escritores están recordando la influencia lingüística, que existía y todavía persiste, entre el limusín, el bearnés, la fabla aragonesa y el vasco –ibérico. En 1118, volvió Burtina al poder de los cristianos.
El Rey de Aragón, Don Alfonso I el Batallador, en el pueblo de La Redonda,  Almodóvar o Almudévar, antes de atacar Zaragoza, nombró como Bayle a un ciudadano, que se había distinguido en la lucha para conquistar Almudevar y le aplicó este apellido, equivalente al de Almodóvar, por su significado en árabe, es decir la Corona Redonda. Este apellido se conservó y todavía se conserva,  no sólo en Aragón,  sino también en Valencia. Este antecesor de los Almudévar, Almodóvar y Almudéver, en Valencia, ¿era aragonés de la Montaña o era uno de los caballeros y señores franceses y gascones, que en gran número,  en Marzo del año 1118, se pusieron en Ayerbe al mando de Alfonso I de Aragón?. Para  mí, sin aportar ningún argumento documental,  que era francés, porque en la repoblación que se hizo del pueblo de Almudévar, entraron muchos ciudadanos con apellidos del Norte de los Pirineos , uno de estos apellidos era Buil, el del Conde del Bearn que fundo en la provincia de Huesca los pueblos de Biel y Luesia y en Valencia tres pueblos, el principal Manises. Alfonso Buil de San Roman de Morrano dice que su apellido viene del Conde del Bearn. Pero no se acaba en el Alto Aragón ni en Zaragoza la continuación del apellido  Almodóvar y Almudévar, sino que se multiplica en el Reino de Valencia, en tres formas, a saber Almudévar,  Almodóvar y la tercera en Almudéver, procedente de la pronunciación de la lengua valenciana o limosina. Igual que existe en Aragón el apellido Sorribas y en Cataluña se transforma en Sorribes, el apellido aragonés Almudévar se cambia en numerosos casos, en Valencia,  en Almudéver.
En el libro de la Biblioteca Valenciana de Don Justo Pastor Fuster, publicado en 1827,que contiene los autores valencianos hasta 1700, al llegar en el número 1571, que trata  de ONOFRE ALMODÓVAR, dice que el citado Onofre “se llama Almudévar…En Ximeno,tomo I,pág. 158,col. 2, se le llama malamente Almodóvar, siendo así que en el prólogo que hizo  a “Lo Sompni de Joan Joan”, y la “Brama dels llauradors”… con una discreta prefación, se llama ALMUDÉVER” .
Después de tomar los pueblos de Almudévar, Gurrea de Gallego y Zuera, sitiaron Zaragoza a fin de Mayo de 1118. Fue duro el sitio de Zaragoza, teniendo que cortar el suministro de agua por el Canal de la  Romareda. Después de pasar frío, pues los soldados dormían al raso, cayó la ciudad el día 18 de XII de 1118.El francés Gastón IV del Bearn,  fue nombrado Señor de la Ciudad de Zaragoza,  como compensación a sus esfuerzos, como se hizo con el Bayle de Almudevar. En la Biblioteca del autor Gregorio Mayans , se lee que un hermano de Onofre Almudévar, que era arquitecto o Maestro de Obras, estaba en Zaragoza.(en el año¿1759 y 1782?. En el Claustro de la iglesia románica de San Pedro el Viejo de Huesca, está enterrado otro Maestro de Obras, con el apellido Almudévar, según me dijo Don Jesús Vallés Almudévar, sacerdote de dicha Parroquia.
La conquista de Valencia, ya se intentó llevarla a cabo por Pedro I y por su hijo Alfonso el Batallador. La batalla de Muret obligó a Aragón a dejar sus pretensiones en el Sur de Francia  y le obligó a pensar en Valencia. En 1238, acudieron a Valencia,  además de aragoneses y catalanes, navarros, occitanos, alemanes e ingleses, asistidos por los privilegios que  le dakba el título de Cruzada. En 1238 fue conquistada Valencia. No es de extrañar que los Almudévar, influenciados por la Villa de Almudévar y por Zaragoza, que acudieran a Valencia. En la repoblación de Valencia, los nobles de Aragón, reaccionaron  con la prohibición de prolongar sus señoríos en tierras de Valencia. Pero los Franceses( occitanos y otros), en Almudévar, es de suponer que conservarían el lemusín en dicho lugar y en Zaragoza, donde se dice que había un arquitecto llamado Almudévar y hermano de Onofre Almudévar, y éste,  llegó a escribir en libros de Valencia,  en lengua limosina, además de escribir en castellano.  Acudieron a repoblar Valencia alrededor de tres mil cristianos, unos catalanes,  otros navarros y de Aragón,  mezclados con algún europeo. Entre los aragoneses iría, es de suponer, algún Almudevar, de origen francés,  poseedor de, entre otras, de la lengua limosina.
Onofre Almudévar era impresor, editor y poeta en la lengua valenciana. Timoneda lo nombra en su “Sarao de amor” y Gil Polo en su “Canto de Turia”, con estas palabras: ”Aquel a quien de derecho le es debido- por su destreza un nombre señalado,- de seis sagradas Nimphas conocido;-de todos mis pastores alabados- hará un metro sublime y escogido.-entre los más perfectos estimado:-éste será Almudévar, cuyo vuelo-ha de llegar hasta la suprema cumbre”. J. P. Fuster lo nombra como ALMODÓVAR. Dice que escribió una instrucción para participar devotamente en la Santa Misa. (VALENCIA de Gabriel Ribas,1571).
Zaragoza cayó con Alfonso el Batallador en 1118 y Valencia en 1238, después de ciento veinte años. Y durante quinientos prosperó la lengua valenciana, pero en el año de 1510, el poeta valenciano Martín Vinyoles, escoge traducir al castellano y no al valenciano, una obra latina Supplementum Chonicarum. Pero Narcís Vinyoles, justificó su fe en la política regia de la centralización del Estado Español, con estas no merecidas palabras:”Más con deseo de servir y complacer  a muchos que con presuntuoso atrevimiento, osé alargar la temerosa mano mía, para ponerla en esta limpia, elegante y graciosa lengua casstellana, la qual puede muy  bien y sin mentira ni lisonja, entre muchas bárbaras y salvajes de aquesta nuestra España, latina, sonante y  elegantíssima  ser llamada”. Viñola y Vinyoles, son como  el catalán Sorribes y el aragonés y castellano Sorribas. Todos somos ciudadanos y merecemos un respeto, como todas las lenguas proviene del Creador, como narra el Diluvio Universal. Un catedrático Antoni Ferrando dice que el trato de lenguas •bárbaras y salvajes”, no iba contra el valenciano, sino contra •el vasco y otros hablares rústicos que había en la península”. Yo creo que ninguna lengua española merece ese trato, porque en Aragón se encuentra unas dieciséis veces el nombre de Xabierre, vasco ibérico, como en Navarra se encuentra Xabierr y en el pueblo de las Cinco Villas, San Miguel, en su parroquia a principios del siglo XX, se rezaban oraciones en vasco. Yo tengo escrito y publicado un libro en fabla aragonesa, que se titula “Veyendo chirar o sol”. Ha sido para mí una satisfacción encontrar que mi afición a la Fabla Aragonesa, coincide con el amor de Onofre Almudévar, a su dulce lengua valenciana. Ambas se descolgaban y compartían con las del Midi francés; se imponían a los invasores moros, se desarrollaban,  para luego llegar a casi desparecer, ante el castellano y ahora ante el inglés.
 Yo también amo todas las lenguas españolas,  pero me descubro ante el desarrollo que alcanzó la lengua castellana en América. En Valencia en 1510, Ausias March, dominaba la literatura con sus escritos y el castellano en 1492, empezaba a hacerse universal.  Se hablan en el mundo muchas lenguas, pero el inglés se está apoderando del mundo y concretamente de España. ¿Cómo se vio ONOFRE ALMUDÉVAR, llamado así, en unas ocasiones y en otras por ALMODÓVAR o por ALMUDÉVER?.  Se lamenta Onofre ALMUDÉVAR  de que al despreciar la bella lengua valenciana, no pueda enterarse el pueblo de “les coses altes que en ella están escrites”. Yo mismo no puedo aclararme sobre la existencia de un hermano de Onofre en Zaragoza.
“En 1561, el editor valenciano Onofre Almudéver acusará a sus compatriotas valencianos de ser “ingrats a la llet que habeu mamat i a la patria on sou nats”, por la renuncia de los escritores a usar la lengua autóctona. Así mismo, los conmina a mostrar “ a las  nacions  estranyes la capacitat de les persones , la facundia de la llengua i les coses altes que en ella están escrites”. Aunque es cierto que en la “Decadencia” de la literatura en valenciano no se produjo una ruptura total, muy pocos escritores recogieron el guante de Almudéver y la castellanización literaria cobró carta de naturaleza. Como dijo Fuster, que ”los valencianos dimitan de la condición de valencianos en el orden de la cultura. Era una orden de suicidio”.Hay muchos valencianos que no quieren ver desparecer el valenciano, con más éxito que los aragoneses, que comprobamos cada día la mengua de la Fabla Aragonesa, con la desparición de pueblos enteros del Alto Aragón.
Onofre escribe muy bien en castellano y en valenciano. En castellano, le dedica al Ilustrísimo Señor don Carlos de Borja Duque de Gandía, el siguiente Soneto: “El lustre de linages escogidos/ de la ciudad y reyno de Valencia/ su antigua prosapia y descendencia/ al parangón d’estraños muy subidos/. Los títulos y nombres merecidos/ por hechos de grandísima  excelencia/ las rentas y vasallos de heminencia/ injusto era tenellos escondidos/. Vicyama sin que más aquí lo alabe/  por tu milicia antigua ha descubierto/ estos indicios do sacas tal tesoro”. En valenciano, puso  versos de la edición de Jaime Roig, en 1561, hecha por Joan de Arcos, así expresados:”Si molt te conforten ab dolza fragancia/les flors dels ingenis dels vigils poetes/y en est verger entres, llegint ab instancia,/porás collir fruites ab gran abundancia/de moñt grans sentencies, subtils y ben tretes./ Avisos y eixemples te pinten y broden,/ y ornats de molt dolzos vocables y versos,/ virtuts grans y vicis empelten y poden,/ y tals a les dones comparen y apoden,/que fan, si bels gusten,retraurels dispersos./ Mastegals y gastals , rumials mil voltes,/ si vols bien entendre ses fraus y reboltes”.
La Historia habla de la influencia de las lenguas del Midi Francés en las del Este de España, de cómo fueron viniendo las citadas influencias, a España a través de los Pirineos por las conquistas de Huesca, de Almudévar, de Zaragoza y de Valencia. Cuando uno se da cuenta de que su apellido viene de esas conquistas, el mío en Almudévar y en Valencia se  mezclan los Almódovar,  los Almudévar y los Almudéver, se pone a pensar en Onofre, de tales apellidos dotado, de su poesía, defendiendo el valenciano contra el castellano y en uno mismo,  cuando escribí, imitando a mi padre Manuel Almudévar, la  obra en Fabla Aragonesa:”Veyendo chirar o sol”.
Si para bajar los Almudévar desde Francia hasta Valencia, acompañando la lengua limosina, encontraron  un buen camino, yo creo que para exportar los valencianos sus frutas a Francia, tampoco sería mal camino el que entonces se utilizó para bajar, utilizarlo para subir por el Pirineo Central.    

Los arrieros de Sasa del Abadiado y los de Méjico



“Arrieros somos, por el camino andamos y cada cual tendrá su merecido”. Con esas palabras, entonadas por los cantores mejicanos, expresaban que si algún arriero les faltaba al respeto,  andando por los caminos,  volverían  a encontrarse con él  y se tomarían la justicia.  Y con esas voces tan sonoras y fuertes, iban proclamando por los caminos, que el respeto mutuo, se debía imponer entre los arrieros, ya  que todos esperaban lo mismo. Esos arrieros mejicanos proclamaban por los caminos que recorrían, el espíritu caballeresco que les dominaba, pues les corría por sus venas la noble sangre de los Aztecas, mezclada con la quijotesca de los españoles.  Son como el Quijote, amigos de los caballos y sobre ellos, ejercían el oficio del comercio de pueblo en pueblo. Yo creo que en Méjico abundaban los caballos más que en España, donde los arrieros en su mayoría montaban en los mulos y mulas. Se quejan los mejicanos de España y de algunas malas costumbres que les impusieron, pero mirando aquel pequeño País de Centro América: Belice, colonizado por los ingleses, Haití por los franceses y las tres  Guayanas, colonizadas por potencias económicas, esos países han desarrollado menos que los colonizados por España. Pero, ¡cómo están los mejicanos extendiendo el castellano por América del Norte! . Antes en los Estados Unidos, sus Presidentes, ignoraban esta lengua y ahora la conocen muchos millones de norteamericanos. Es admirable oír a los mejicanos, expresarse en castellano y enamora, escuchar sus canciones, en este caso “Arrieros somos, por el camino andamos”. Resulta de una grandeza azteca, que se unió con la española, contemplar el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en el que surgen unidos la Virgen de Guadalupe con el indio Juan Diego. ¡Pobres indios!, que algunos se suicidaban al acabar la conquista de Hernán Cortés y los que quedaban sufrían un horror constante por la ansiedad que el oro producía en los españoles. Algo parecido a lo que después sufrieron los mejicanos con el afán de dinero de los  Norteamericanos. Méjico se convirtió en un País, en el que la “diosa” convertida en la Virgen de Guadalupe, inspiró el consuelo y la confianza entre los aztecas y los españoles. Esa Virgen que no reclama sangre,  sino amor, está buscando la paz entre los hombres buenos y los que, luchando por el oro, sacándolo de las drogas, siguen derramando sangre. 
El comercio de los arrieros en Méjico y en España,se ha practicado siempre, y ahora se convierte en el comercio diabólico de las drogas. Antes, se escuchaba saliendo de los labios de los comerciantes mejicanos la canción “arrieros somos, por el camino andamos”. Hoy  día, en España, tampoco se escuchan, aquellos dichos del herrero de Calatayud, que dice: “le sobró la salud y le faltó el dinero”. Esta faena les pasó a muchos, como me ha contado un amigo de Sasa del Abadiado, que : “Mi bisabuelo arriero, se hizo de noventa y dos años y se retiró con cuarenta y siete”. El tiempo le había engañado, ya que él creía que se moriría antes de cumplir los sesenta y dos, pero se hizo de noventa y dos años y se quedó sin una perra. Lo mismo que le pasó al herrero de Calatayud, le ocurrió al pobre de Naval, que iba pidiendo  y decía: “una limosna para el pobre de Naval, pues le han salido las cuentas mal”. Había sido el herrero de Naval, al que le tocó la lotería y creyó que le sobraría  el dinero para vivir muchos años, pero vivió más de lo que pensaba y le faltó dinero y le sobró salud. Y lo iba gritando en  una hermosa copla: “ el herrero de Naval, que le salieron las cuentas mal, porque le faltó el dinero y le sobró la salud”.
Me volvió a contar lo del herrero de Calatayud y lo del arriero de Sasa del Abadiado, arriero de Sasa, mi amigo León Toro Allué, que es pariente lejano de mi familia. Su madre era hermana de la madre del costumbrista altoaragonés, Luis López Allué. Aquellos arrieros Iban caminando con sus  machos por Navarra y por la Rioja. Igual que por aquí se ecuchan las penalidades del arriero de Sasa y del herrero de Calatayud, por aquellos caminos, escuchaban con frecuencia: “De Calahorra a San Adrian, las gallinas van”.
Igual que en Méjico,cantaban aquella canción que dice:”Arrieros somos , por el camino andamos”  y  por los caminos de la Rioja y de Navarra, los arrieros cantaban jotas, para pedir justicia, ahora todo Méjico les canta a los norteamericanos:”Dejadnos pasar la frontera, pues vostros os tomasteis Nuevo Méjico, California, La Florida, Los Angeles y San Francisco de California; ¡ tenemos derecho a pasar!”.
Un gran amigo mío, viajó por toda América e hizo amistad con el Presidente de Méjico y le propuso vender una maravillosa Sierra, en que se puede obtener el cobre con gran facilidad. Ya tenían el trato hecho y el capital americano, lo impidió, porque a ellos no les faltaba el cobre y dejándolo  allí donde se encontraba, llegaría el día en que lo podrían explotar.
Arrieros son los mejicanos y por el camino avanzan, esperando que llegue, su desarrollo, pues en América, los pueblos colonizados como Belice, Haití y las tres Guayanas, no lo han alcanzado. Pero los mejicanos por el camino van andando. Los arrieros de Sasa del Abadiado, ya no caminan porque ya no le quedan
habitantes.