miércoles, 27 de julio de 2011

Manolo el del Bombo



Es Manuel Cáceres Artesero, el cuarto hermano  de  seis, de los que cuatro son hombres y dos mujeres. Sus padres procedían de la Mancha, que para algunos es una zona de España, llena de viñas, en las que se recogen miles y miles de litros de un vino que alegra los corazones. A algunos les suena la Mancha como un territorio alejado de Aragón, pero eso no es cierto, porque hace unos quince días estuve en Daroca, de la provincia de Zaragoza y me llevaron a visitar la Laguna de Gallocanta, que se encuentra  al lado de Guadalajara, que es una provincia de la Autonomía de Castilla-La Mancha. Por aquellas tierras pasó el Cid Campeador, que iba con sus guerreros a Valencia, ciudad a la que también ha ido a parar Manolo el del Bombo. ¡Cómo se veía en él Manolo el del Bombo y como les  unía  el patriotismo de un hombre guerrero en sí mismo y el de un hombre que fomenta el pacifismo de los jugadores y aficionados al fútbol!. José María y Angelita eran los padres de esta grupo de personas alegres, buenas y simpáticas y vinieron desde Ciudad Real hasta Huesca. De las tierras quijotescas de Ciudad Real, llegaron a las tierras laurentinas, donde Manolo, quedó enamorado del espíritu festivo de los oscenses en esas Fiestas de San Lorenzo. Llegaron a nuestra ciudad el año cincuenta y seis y a Mmanolo se le encendió la sangre al contemplar los dances de los danzantes y él, que necesitaba repartir el entusiasmo que tal santo producía, se cogió un bombo el año de mil novecientos sesenta y ocho, con la edad de diecisiete o dieciocho años y él iba saltando y haciendo sonar el bombo por las calles de Huesca, en aquellos días de Fiestas, que meten la esperanza en los corazones, de los que siguen a San Lorenzo y a sus danzantes. Algunos como no tenían la costumbre de ver golpear y de oír sonar la maza sobre la piel del bombo, le preguntaban que si estaba loco. Y loco estaba, pero no era una locura patológica, sino una locura de alegría en que se mezclaban la devoción a San Lorenzo y el sudor de su joven cuerpo, que unía en su persona, compuesta por alma y cuerpo, la alegría celeste de San Lorenzo con la alegría de los jóvenes, que después de trabajar durante todo el año, sentía la llegada de los danzantes, que  bailaban : “San Lorenzo , San Lorenzo, en que buen tiempo has venido!”. Los hermanos contagiados por la alegría de Manolo, lo acompañaban y le daban ánimos para golpear, cada vez con más fuerza, el parche del bombo. También ellos se estimulaban, junto con el público de ser y de escuchar esa nueva danza oscense. Ese público que se entusiasmaba con “Manolo y el Bombo”, pensó en llevarlo a festejar las Fiestas patronales de sus pueblos y ciudades. Y Manolo fue primero a Binéfar, luego a Monzón, a Barbastro, a Fraga,  a Escatrón  en Zaragoza, a las orillas del Ebro, que tenían que pasar en barca. Esa aventura le llevó a visitar Cataluña, en ciudades como Gerona, Lérida, Calella, Masnou, Reus y Tarragona. Pero ese entusiasmo que fue capaz de extender por Caraluña, ya estaba popularizado por  Huesca, donde en una ocasión, fue acompañado por numerosos jóvenes a animar a los jugadores en un partido de fútbol  en Masnou. Llevaba el Huesca ya cuatro o cinco goles, cuando la gente se puso a gritar: ¡mas nou!, ¡mas nou!, pero él con el bombo incitaba a los oscenses a meter más. Manolo tenía que seguir viviendo su ambiente alegre y estableció el Bar de la Peña los Treinta, que empezó un año de esos de San Lorenzo. Luego se hizo cargo del Bar Gratal, en el centro de Huesca, y en ese bar puso en una de sus paredes la Peña de Gratal. Aquella vida era muy alegre,  pero se veía obligado por la “devoción”  del público, a extenderse por toda España y luego por el mundo entero. El año 1979,  marchó a la isla griega de Chipre, en los Mundiales del 82, que se realizaron en España, luego a Italia, a Méjico, Estados Unidos, Francia, Corea, Alemania y Sud- Africa. Fue contratado por Honduras para ir a Canadá; en Costa Rica se entusiasmaban al verlo y al oírlo. Es el único bombo que ha recorrido todo el mundo. Lleva Manolo con el Bombo, cuarenta y dos años, treinta y siete con la selección española, ocho mundiales y siete  eurocopas.
Hoy lo he visto en Siétamo, acogido por su hermano Santiago con todo el cariño del mundo, en este pueblo pacífico y tranquilo, en que su corazón se habrá relajado de las enormes tensiones que le producen los Campeonatos Mundiales de Fútbol, los europeos y todos los partidos de fútbol que ha amenizado, casi durante medio siglo. No puede permanecer mucho tiempo con esta tranquilidad, porque ya lo están esperando en Valencia, a doscientos metros del campo de fútbol de Mestalla. Lleva ya ocho campeonatos mundiales,  pero a él le gustaría hacerlo con doce. Se lo merece, como español, de lo que presume, porque lleva el escudo español en su pecho y la bandera nacional en la pulsera de su reloj.

Esopo, en el Colegio Pío XII de Huesca



Me he encontrado con José Luis Arcas, frente a la Parroquia del Perpetuo Socorro. El es un ciudadano de esta barrio, en el que ha amasado y ha repartido el pan nuestro de cada día, entre los ciudadanos del mundo, que ahora son oscenses. Hoy en día, cuando caminas por las calles, te encuentras con personas de color moreno, otras con un tinte que recuerda al café con leche y algunas amarillas. José Luis es uno de los ciudadanos de color blanco, porque además de ser su piel de este color, también lo es su alma, porque toda su vida se ha dedicado a alimentar con pan, también blanco, a sus vecinos, los ciudadanos del Perpetuo Socorro. Pero no sólo es blanco por alimentar los cuerpos, sino que su inteligencia quiere transmitir a los niños los cuentos y las fábulas, que ya seiscientos años antes de Jesucristo, creó el fabulista Esopo,  que tenía una joroba y era tartamudo. El, en lugar de  desesperarse, se lanzó a escribir las fábulas, que harían que las mentes de los jóvenes, fueran limpias y ausentes de crear defectos físicos, como los que a él, le afectaban. Esopo atribuyó a la diosa de la Sabiduría, Minerva, las cualidades del olivo, que por medio de las aceitunas, daba el aceite, que hacía que los alimentos se convirtieran en sabrosos, curaba las heridas y hacía agradable la vida. Escribió sobre las cualidades de los animales, a los que atribuía el poder ser imitadas por el hombre, rechazando al mismo tiempo sus defectos. José Luis asistió de niño  a  la Escuela, donde se despertó una gran afición a los cuentos y a las fábulas y a pesar de tantos años de trabajo, los contaba y relataba a los niños. En cierta ocasión el Director del Colegio Pío XII, pidió a los ancianos que relataran cuentos antiguos a los alumnos del Colegio. Los buscaba el Director para que comunicaran a los jóvenes las dificultades y los gozos de la vida y para ello, José Luis les contaba los cuentos que había aprendido de joven. Los niños lo escuchaban con gran atención y gozaban al oír la fábula de Esopo, titulada La liebre y la tortuga. A la liebre la conocemos los hombres por la rapidez en sus movimientos y a la tortuga por su lentitud. Parece ser que acordaron entre liebre y tortuga, correr una carrera, en la que todos pensaban que resultaría triunfante la liebre, pero ésta demasiado confiada en sus rápidas cualidades, en el curso de la carrera, se acostó a la sombra de un árbol, se durmió y cuando llegó la meta, ya había llegado la lenta tortuga.
Me ha contado José Luis, que hace unos días, miraba como los niños acudían a la Escuela y veía que unos eran morenos, otros de color café con leche, unos pocos amarillos y solamente vio cruzar la calle a un niño y a una niña de color blanco. José Luis, al decirle a la Maestra,  que leyeran los cuentos los mismos niños en voz  alta y al hacerlo así, se dio cuenta de que los morenos, a pesar de su origen africano, leían con soltura y con gusto. A última hora leyeron los niños de color blanco y lo hacían bien, pero no mejor que los morenitos de origen africano. Ni los blancos ni los morenos eran liebres ni tortugas, eran sencillamente niños, que saldrán ciudadanos honrados e inteligentes.  

viernes, 22 de julio de 2011

Las mentes desordenadas, desordenan la sociedad


Alfonso  Buil Aniés, es un hombre nacido en el Castillo de San Román de Morrano, donde ahora sólo queda una familia y cuando él era niño, en su casa se juntaban unas veinte personas, que trabajaban en la recogida de las olivas. Almorzaban sopas de ajo y comían principalmente judías cocidas, regadas con aceite y eran extraordinariamente sabrosas. Bebían vino, que le añadía placer al sabor de las judías y daba energía para trabajar. Se habían criado esas judías, en los pueblos de Used y Bara, en plena Sierra de Guara. Allí había comunicación y alegría, pues de vez en cuando alguno de los trabajadores, entonaba alguna jota aragonesa.
En general no era muy rica en ideas la mente de aquellas personas, pero las que las poseían las manifestaban y exteriorizaban desde su mundo interior a los compañeros de diversión y de trabajo. Cantaban al trabajo, al agua que pasando por sus ríos, habría que echarla sobre los secanos, para aumentar la producción, a los seres queridos, desde los antepasados hasta los hijos y los nietos. Pero una masa de los ciudadanos, no sabía leer y José María Llanas Aguilaniedo, escritor aragonés, nacido en aquellos tiempos del siglo XIX, promovía la cultura del pueblo, que si no se extendía, íbamos a llegar a las luchas del año 1936.Había entonces ciudadanos que se preocupaban por el agua, para vivir y para regar, como cantaban los olivareros en San Román de Morrano con sus jotas. Y fue Joaquín Costa, quien se preocupó de la provincia de Huesca y se trató con personas de la categoría de Silvio Kosti, hasta ciudadanos como Ramón Buil Calvo,  padre de Alfonso Buil Aniés, que ya tiene noventa años de edad y recuerda las conversaciones que mantuvieron su padre con el gran aragonés. Nació Ramón en el siglo XIX y murió después de la Guerra Civil y hasta el año 1911, en que murió Costa, mantuvo con él una amistad, que los llevó a conversar frecuentemente sobre los problemas del bosque y del agua. Era  Ramón Buil Calvo, el Guarda Mayor de los Forestales en la provincia de Huesca y recorría la Sierra de Guara, visitando a los Forestales, que residían en distintos pueblos de la misma Sierra. Todos ellos tenían espíritu y se preocupaban del progreso del hombre. Su hijo Alfonso Buil, ha escrito:”La falta de espíritu puede adueñarse de la vida personal y de las comunidades, con juego, galimatías, charlatanería y comadreo. Es lo que se ha denominado modernidad “líquida”. Decimos “líquida”, porque tiene un espectro de significados: cambio y desregulación de mercados, precariedad de los vínculos humanos….carácter transitorio de todo; amor flotante sin responsabilidad hacia el otro;…todo se hace virtual: sociedad cambiante, imprevisible, decadencia del estado de bienestar e incertidumbre, que arruina el futuro”.
Y el futuro de San Román de Morrano y de Used y Bara, de Secorún, Nasarre  y de tantos otros de la Sierra de Guara, ha llegado a la nada y leyendo a Alfonso Buil Aniés, me parece que me está respondiendo, con las siguientes palabras: ”¿ Qué sociedad manda?. Tenemos con harta frecuencia un estilo de vida, donde falta disciplina, generosidad o valor. Hemos vivido una felicidad forjada de aspiraciones al dinero, al éxito fácil y al triunfo. Sin embargo,  como dijo Crosán: “los pueblos sólo viven en la medida en que están atiborrados de ideales y no pueden respirar bajo demasiadas creencias. Pero la modernidad asiste a una quiebra de valores filosóficos y transcendentes: bondad, verdad, belleza, moral económica, ideológica y religiosa. Parece decirse que lo único seguro es el relativismo, marcado con retos de subjetividad y privacidad”. Si, a la subjetividad y privacidad pasaron los sucesores de los olivareros de San Román de Morrano, que expresaban sus ideas y sentimientos, incluso cantando con jotas y sus problemas los compartían entre todos ellos. Pero Alfonso Buil Aniés, con sus noventa años sigue una vida trabajadora, como le enseñó a vivir su padre Ramón Buil Calvo, ya que cuando subía a caballo a los pueblos y montes de la Sierra de Guara, se lo llevaba de colaborador y muchos ratos, cuando él cabalgaba, Alfonso caminaba. Y siguió caminando toda su vida pues tiene treinta y tantos inventos patentados, siempre pensando en beneficiar a los hombres, especialmente del Alto Aragón. Está previsto para el año 2014, prohibir la explotación del carbón, por la contaminación que produce su combustión, pero Alfonso Buil Aniés ha presentado un sistema que controlará y lavará los gases producidos por su combustión y a partir de esos gases, se podrá aprovechar el hidrógeno y el nitrógeno, que servirán como carburantes gaseosos. Está el mundo en una crisis de escasez de energía y la fórmula de Alfonso sería una parte de la solución del problema energético, en todo el mundo. Cerca del Río Mascún, seguía Alfonso a su padre que montaba en su caballo y en la vida ha hecho lo mismo, porque hace muchos años ya explotaba Ramón Buil, una mina debajo de la Sierra de Guara y hoy en día , con sus noventa años, su hijo Alfonso lucha por la permanencia de las minas de carbón.
Escribe Alfonos Buil que “el mundo interior y las relaciones externas deban tener incrustados un sólido paquete de ideas, valores, creencias y conductas”; está claro que al hacer tales afirmaciones, se estaba acordando de su padre de cuerpo de una altura de un metro y noventa y cinco centímetros de altura y de un espíritu elevado, cuando cabalgaba por las montañas. Por eso,  Alfonso le dedica estos versos: “era de los que rezan-con la risa de los montes-y cantan con el canto-misterioso de los ríos de los que a golpes-hacen madrugar la madrugada-arrastrando desde lejos la mañana” y sigue :” mi padre siempre fue-un hombre fuerte,-con olor a tierra y primavera- con calor del sol en sus espaldas, en su frente el sudor- se ha ganado mil caminos-que han marcado poco a poco –su estatura”; era “compañero del leño –y de las piedras,-y sabía cómo andar- entre los montes- en los valles y en los ríos”. Y Alfonso  no pudo callar que su padre Ramón Buil Calvo ,”era un hombre sabio, que me enseñó por qué se siembra la Esperanza”.

Jaca, San Juan de la Peña y los Abarca



Yo tengo necesidad, de vez en cuando, de subir a San Juan de la Peña, y es que desde niño, ya antes de la Guerra Civil, frecuentaba el castillo  donde nació Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda y Barón de Siétamo. En aquel castillo vivían varias familias del pueblo y, cuando acompañado por mi tío José María recorría el atrio, veía como en su  interior se alzaba una horca, que era como un símbolo de que el poder dependía del Barón. Pero  todos decían que no se usaba dicho artefacto mortuorio, lo que  me consolaba al comprobar que el Conde de Aranda no fue cruel. Después subíamos por las amplias escaleras de piedra, iluminadas por ventanas también de piedra sin cristales de las que en el patio de mi casa  guardo  una. Cuando llegábamos a la parte alta del castillo, entrábamos en el palomar, en el que mi tío José María criaba  palomas, a las que les daba de comer y les ponía nidos. Desde tal altura, las aves se lanzaban a volar por los cielos y dominaban el paisaje del Valle de la Fondura del Guatizalema. Yo siempre añoraba la ausencia del Conde y  por eso, sentía la necesidad de ir a verlo donde estaba enterrado. Hace unos días subí a San Juan de la Peña y contemplé  su sepulcro que habían cambiado de lugar, porque antes estaba en la Capilla Real y ahora está fuera. A su lado, se muestra un escudo de un Abarca de la Garcipollera consistente en dos abarcas. Ese escudo era común a Don Pedro Abarca y al noble caballero ahí enterrado, porque los orígenes del primero estaban en la Montaña y el nombre de Abarca es nombre vasco-ibérico y se da mucho también en Navarra. Subí en el coche a San Juan de la Peña y lo hice por Triste y otros pueblos hasta que llegué a Botaya. En este último lugar, entré y al oír cantar en la iglesia, penetré en ella, donde estaban celebrando la misa, porque era la fiesta de San Bartolomé. Botaya está muy cerca de San Juan de la Peña y allí vivía mi bisabuela, que había nacido en Casa de López, antiguamente Lope y se casó con un Casaús, que era banquero, en Huesca, en el Coso Bajo. Allí recé por ella, igual que en San Juan de la Peña pediría por el Conde de Aranda que sería igual que pedir por Aragón. Después de realizar la visita al Barón de mi pueblo, bajé a Santa Cruz de la Serós y en esta vertiente del Monte Pano, hacia el norte, ya se veían los pueblos más cuidados y con más casas nuevas que en la cara sur, lo que se explica por la mala carretera por la que se comunican. Comí en un restaurante y medité sobre Echo, Ansó, la Canal de Berdún, Javierregay, Embún... En tiempos toda esta comarca constituyó el Viejo Aragón, nombre del río Aragón que equivale en vasco al valle o río que viene del día. Fui a Jaca y después de ver la cantidad de nuevas construcciones y reformas que se están realizando en ella fui a visitar a Mariano Lagrava, nacido en Echo y casado con Miguela Gastón, natural de Ansó. Son dos habitantes auténticos de la Montaña, como el Conde de Aranda, y que residen en Jaca donde cultivan su cultura con música clásica en la Coral de la Catedral. Igual que el Conde de Aranda cuando se retiró fue a su residencia de Épila y se dedicaba a hacer cultivos experimentales en la agricultura, Mariano, en su huerto, tenía un corte de alfalfa que parecía estar destinado a mantener un gran número de animales rumiantes. No pude verlo y después me he enterado de que lo sintió como yo siento ir a visitar al Conde de Aranda, no poder verlo y no  escuchar sus palabras.
En una fotografía de 1936, se ve a Lluis Companys, presidente de la Generalitat, que camina hacia el castillo donde nació el Conde de Aranda y daba la impresión de que iba a hablar con él, pero no se hablaron, dado que el Conde de Aranda ya había expresado sus ideas hacía muchos años, antes que los catalanes, cuando dijo:“Aragón es una Nación”.

domingo, 17 de julio de 2011

Alcanadre


Los aspectos hidrológicos (relativos al agua),han sido ricos en manantiales y cuencas fluviales, pero ¡cuánto han tenido que trabajar los hijos de Angüés para tener agua, porque a pesar de tener un pozo como el de Blecua, la fuente de Lavanera, la de la Grava, la del Alcanadre, la de Escario, la de Fierro y otras más, se han dado muchos años de sequía y escaseado el agua. Sin embargo Angüés pudo haber tenido una fuente segura y esa fuente hubiera sido el río Alcanadre,  pero sus enormes acantilados y su lejanía del pueblo han hecho que Angüés viviera siempre el problema del agua, pues no se podían sacar acequias para remediarse y hacer un pueblo rico; pero a pesar de esas circunstancias se les rompió la realidad del canal que venía de El Grado, del que si se hubieran podido sacar acequias para la agricultura, aguas para regar los prados y para beber el ganado, pero sobre todo para las industrias de los inquietos hijos de Angüés  para fomentar las cuales han valido tanto, pero antes de hacer alusión a ellas, hablaremos de la Mutua Ganadera fundada por el cura de Casbas D. Julián Abellanas en el año 1912.!Cuanta agua, Dios mío!, si, pero cuando llovía porque en aquellos años siguientes a la sequía, era patente la escasez de agua, teniendo que ir a buscarla ,allá  donde estuviera, con cántaros en los hombros, en las caderas, sobre las cabezas y el que podía, con las “algaderas” cargadas en el burro, pero era una pena ver a ese río Alcanadre "bastante caudaloso" y que no experimentaba estiaje importante, sumido en aquellas profundas simas y tan lejos del pueblo. Pero "actualmente el suministro de agua a domicilio está  garantizado desde el embalse de Calcón; se almacena en el nuevo depósito elevado, en forma de copa, situado en la calle del Medio. La traída de agua desde Calcón a Angüés‚ supuso un duro trabajo para los vecinos del pueblo, quienes realizaron la instalación de la tubería para la conducción subterránea del agua con las tradicionales herramientas del pico y de la pala. Calcón,¡cuantos años estuvo la obra parada! y los pueblos de debajo de él, pasando muchos años de escasez de agua. Ahora está  hecho el pequeño pantano que escasamente tiene cuatro hectómetros cúbicos de capacidad, con lo cual no podrán regar desde Sieso hasta Angüés, mas que alguna pequeña superficie, que no permitirá  cultivos y explotaciones ganaderas como la que hay de vacas en Sieso o aquí mismo en Angüés, allá en Arnillas.
Para poder regar es preciso hacer   la Concentración Parcelaria y parece ser que aquellos pueblos del Norte no querían sufrirla por escasez de agua y entonces la Confederación pensó en darla a Vadiello y ante esa situación es cuando esos pueblos reaccionaron y parece ser que están discutiendo las normas de concentración.
He hablado del cura Avellanas, que fundó a primeros de siglo la Mutua Ganadera, pero además fundó un Sindicato Agrícola en el que en la junta local de Siétamo figuraba como secretario mi padre Manuel Almudévar. Tuvo Mosen  Abellanas grandes enemigos, pues sufrió un atentado del que se salvó y se le hizo un homenaje en Graus, pero él siguió postulando en su periódico: "Urge industrializar la agricultura; se precisa que el agua de los ríos, fuentes y arroyos se convierta en carne mediante la praticultura, en leche, en lana, en queso, en cueros, y sobre todo en lo que vale más que todo eso junto...el pan".
El, como veis luchó por el agua y Joaquín Costa, a quien Angüés tiene dedicada una calle, decía de don Julián Abellanas, que si en España hubiera diez o doce curas como él, ya estaría resuelto el problema del agua; pero cuando murió el 11 de marzo de mil novecientos veintiseis, en Barcelona a los 61 años de edad vino el final del Sindicato Agrícola, de la Caja rural y de las cooperativas fundadas por él. Luego vino la República y después la Guerra, con lo que Angüés, Casbas y el Somontano se quedaron sin defensores de sus aguas y sin agua. Cuando tuvieron defensores como Julian Abellanas  y tuvieron fe los de Angüés en Joaquín Costa, al que le dedicaron una calle, que parece un recuerdo, lleno de ilusión en la llegada del agua,  debido por el pueblo a Joaquín Costa y un olvido traidor de Zaragoza al Somontano, se esperó la llegada del agua, pero después ya se habló poco de la misma, cuando tuvieron que ir a buscarla cada día. Porque Angüés tuvo también, además de la riqueza agrícola y ganadera, una fábrica de lejía , otra de gaseosas y sifones, una tejería, la fábrica de harinas de Guiral y la industria artesanal. Si hubiera habido agua abundante, esta industria hubiera progresado, habiendo podido subir el agua por medio de la energía eléctrica del río Alcanadre. Pero todavía quedan procedimientos para que no falte agua en la zona de Sieso, Angüés y Torres de Montes, porque me dijo Don Federico Balaguer, que había editado el proyecto de Albasini en la Revista Argensola y le habían reñido enfadados. Y esa solución de Albasini está  basada en corregir esas depresiones del río, haciendo más arriba, una pequeña presa en Pedruel y haciendo bajar el agua del río Alcanadre, por Sta. Cilia de Panzano, hasta Calcón, con lo que la poca agua de este pantano se convertiría en la necesaria para regar mayores zonas y !qué se enteren en Huesca!, si hiciera falta se podría derivar agua a Vadiello, con lo que a Huesca, no podría faltarle agua, como le pasa a Zaragoza que se va a convertir en Zaragón, Huesca en Huesqueta y el Somontano en desierto.