jueves, 29 de septiembre de 2011

Pastores y ovejas monegrinas


En la parte norte de Aragón abundaban los rebaños de ovejas, casi siempre acompañadas con ganado cabrío. En los Pirineos occidentales, en la comarca de Nocito, proliferaban las cabras, que destrozaban la maleza, como rosales silvestres, cardos y no dejaban crecer árboles pequeños que con su crecimiento impedían el paso por las arboledas. También pastaban cabras en los Monegros, pues, como dice Francisco, el señor Beltrán, en el Sisallar, tenía mil trescientas cabezas. Añade el pastor monegrino Francisco, que una vez que bajaba por Ayerbe en un autobús, vió cerca de este pueblo un rebaño de unas doscientas cabras. El Estado prohibió el pastoreo de las cabras, con lo que hizo desaparecer a las ovejas y  el monte de la comarca de  Nocito, quedó intransitable. Entre las ovejas dominaban las  ovejas ansotanas, redondas y bien lanadas, pues esa lana les cubría incluso el vientre. El ganado ansotano proviene de Ansó, Echo, Campo de Jaca, Canal de Verdún  y de Las Cinco Villas Altas. En el Valle de Tena tiene su origen la raza churra tensina, que vive principalmente por Sallent de Gallego, en cuyos puertos de Formigal, se ven, en determinados periodos, pastar las dichas  ovejas tensinas. Son de capa blanca, con manchas negras en general alrededor de los ojos, por la boca, orejas y por la cara. También tienen manchas por las extremidades. El vellón de lana,  deja libre la cabeza, el cuello, el vientre y las patas. La fibra de lana es gruesa, larga y poco ondulada.   En la Sierra de Guara, por Rodellar y demás pueblos, esas ovejas tensinas, habían disminuido de tamaño, pero criaban sus corderos de maravilla, en medio de una vegetación áspera, más propia de cabras. Un vecino de San Saturnino de Rodellar, aldea de tres casas, orientada al oeste y desde donde se contemplan el Cabezo de Guara y el Cubilar, segunda cima de la Sierra,  me trajo a mí,  unas treinta ovejas de esa clase, para guardárselas todo el invierno. Eran churras como las tensinas, pero como hijas de un monte de Sierra, no eran de tanto tamaño, pero  criaban de maravilla. En la orilla derecha del Alcanadre, muy cerca de San Saturnino, se encuentra el pueblo de Pedruel, desde el que se ven los Pirineos por el Norte y enormes extensiones del Valle del Ebro. Por todo ese terreno proliferaba el ganado lanar, acompañado de ganado cabrío. Desde  Pedruel se sube al pico Cabezo de Guara de 1870 metros de altura y en este pueblo se pensaba preparar un pantano, para echar las aguas del Alcanadre al inferior río Formiga, por el que se regaría el Somontano de Huesca. Pero el río Alcanadre separaba la raza ansotana y rasa en su orilla derecha de la tensina o churra, en su orilla izquierda, como, como las que yo custodié, procedentes de San Saturnino de Rodellar.
 Siguiendo el curso de este río, se llega a la aldea de San Román de Morrano y en ella nació Adolfo Buil Aniés, guarda forestal e hijo de un señor, que fue encargado provincial de todos los guardas forestales, hombre de una gran cultura, que con Joaquín Costa, cultivó una gran amistad. No es extraño que a Joaquín Costa, “profeta del agua en la provincia de Huesca”, le agradase conversar con un hombre, que en su casa-palacio de San Román de Morrano, experimentaba con ovejas navarras, cruzándolas  con unos grandes mardanos turolenses, haciendo en aquellos años la búsqueda de obtener partos de las ovejas de dos o más corderos. De esto, hace ya muchos años, porque él murió por los años treinta y nueve a cuarenta y su hijo Alfonso Buil, ya tiene noventa años de edad. Este hombre, joven de espíritu, ya de niño subía con los rebaños a las simas de la Sierra de Guara y corría hasta el Barranco de Mascún, muy cerca de San Saturnino de Rodellar       
 En el Somontano las ovejas eran una mezcla de rasas y ansotanas y con ellas, como en todos los rebaños, convivían cabras que daban paso por medio de las malezas, como aliagas, cardos, hojas de carrasca y de  robles, que producen bellotas.
Un día de Septiembre del año 2011, conocí al pastor jubilado, Francisco Elcacho, nacido en los Monegros,  en el pueblo de Ontiñena en 1933 y criado en Villanueva de Sigena, es decir hace ya setenta y ocho años. No pudo ir a la Escuela, porque se murió su padre y tuvo que trabajar ¡ya  desde niño!, para poder comer. Hasta los once años llevaba vacas a consumir broza por los sotos del río. Después lo incorporaron de “repatán “  o  rabadán en un ganado de ovejas. Poco tiempo ejerció tal actividad, pues como el amo lo vio activo, éste que era Francisco Naya, lo incorporó de pastor. Este señor, era carnicero  y poseía unas quinientas cabezas de ganado lanar. Pero al poco tiempo entró con los hermanos Murillo, naturales de Villanueva, que llegaron a tener unas cinco mil ovejas con varios pastores, que a veces se emborrachaban y se trataban “ a baqueta”, es decir violentamente. Francisco era pacífico y procuraba ir sólo con el rebaño y no juntarse con los demás pastores, lo que le permitió alcanzar una personalidad señorial, como si fuese un auténtico señor, sin saber ni siquiera leer y escribir. Sus “amos”, como se llamaba a los empresarios, eran los tres hermanos Murillo y su madre, a veces lo trataban bien y otras lo trataban mal, aunque Francisco con espíritu señorial, sin saber leer ni escribir, procuraba no darles motivos para que le riñeran, pero aún así, a veces le gritaban  y Francisco no les hacía caso ni les aguantaba los malos tratos y tenían que callarse.
Para la Guerra Civil tenía catorce años y estaba en Ontiñena y no se acuerda de ver arder el Monasterio de Sigena, pero al acabar la Guerra, lo vio y le produjo  una impresión desagradable, porque dice “que estaba aquello que daba pena”.
Se casó en Villanueva y tuvo seis hijos y cinco hijas, habiendo muerto alguno,  pero los demás todos tienen trabajo. Ahora vive en Huesca con su hija mayor. Y yo le digo, que usted   no sé si tiene algo que agradecer a la sociedad española y él me contesta que “agradecer al Estado, nada”, pero a pesar de eso no le ha faltado faena y pan para él y para sus hijos.
Este pastor monegrino,  con su fe en el trabajo y su comportamiento siempre honesto,  me hace recordar a otros pastores, que como Francisco, han sido un ejemplo en la vida. En mi artículo “Los pastores”, escribi  lo siguiente: “Yo tengo un recuerdo sagrado de los pastores con los que he convivido y es que Silvestre Bara (que descanse en paz), que estuvo de pastor en mi casa, antes de la Guerra Civil, y durante la misma, tuvo que separarse del dueño del ganado. Aunque separado del dueño, no se separó del rebaño, para que una vez acabada la trágica lucha, pudieran reunirse otra vez, en Siétamo, el dueño,  el pastor y las ovejas……¿Qué hizo a Silvestre volver, después de una guerra, a la antigua “tiña” o paridera de su amo, rodeado de ovejas?. ¡Qué fidelidad le tenía a su “amo” y qué amor a sus ovejas, pues siempre tenía una oveja “panicera”, a la que cada vez  que él comía, sentado debajo de una carrasca, le daba algún trozo de pan!. He conocido a otros pastores y todos ellos eran unos auténticos caballeros, no ricos en dinero  pero sí, en virtudes. Por ejemplo a Segundo Trallero de Nocito, a Antonié de Rafaeler y a tantos otros.
Francisco en casa de Naya estuvo un año, pero con los hermanos Murillo, estuvo veintiséis años de pastor. Naya era carnicero y tenía quinientas ovejas y sesenta cabras y dice que a los cabritos los sacaba pronto porque se subían por los “comederos” de las ovejas se cagaban y se meaban por la alfalfa que les echaba para que comieran. Francisco era todavía un niño,  pero ya sabía que un choto tiene ocho dientes en la mandíbula inferior. Francisco iba adquiriendo experiencia del “amo” Naya,  porque éste era capaz de contar el número de ovejas y de cabras, cuando ya estaban sueltas por el monte. Francisco en casa de Naya estuvo un año, pero en casa de los hermanos Murillo, estuvo veintiséis años,  desde el año mil novecientos sesenta y dos hasta el año mil novecientos noventa y dos. Siendo ya mayor la columna vertebral le fallaba, porque resultaba perjudicial pasar tantos años cogiendo cabras y ovejas, muchas veces para esquilar. El último año ya no le dejaron cogerlas. Vacaciones no tuvo ninguna. Se arregló el día cuatro de Agosto, se tomó cuatro días de permiso y ya no volvió a gozar de vacaciones. De los hermanos Murillo, que llegaron a tener siete mil ovejas, se fue a trabajar a una cerámica, pero le dejaron de pagar un millón ochocientas mil pesetas.
Los Monegros, la tierra donde pasó su vida Francisco, nos recuerda a muchos la sequía y la falta de árboles, pero Francisco me replicó que en los Monegros  abundan los pinos, de los que una señora presente en nuestra conversación, exclamó ¡ y muy bonitos!.Pero además existen las sabinas en los Sisallares, monte de Villanueva de Sigena, árboles que conoce muy bien Francisco, que dice que en los Sisallares, las sabinas tienen la corteza de color ceniza y algunas,  si son jóvenes la tienen blanca, pero al llegar a viejas destaca el color más rojo de su corteza. La sabina dice que tiene la hoja parecida a la albahaca y aguanta la sequía. En Villanueva, en “la valle” Juan  Ana, hay una sabina que tiene más de doscientos años y Francisco quería a esa sabina, y ésta le contestaba con su noble presencia,  ofreciéndole su sombra, pero sin palabras. Esta sabina se conserva muy bien, pero muchas sufren por las labores de los tractores, que cuando pasan cerca de ellas, cortan con los arados  sus raíces y al fin,  mueren. Pero  el que casi acabó con las sabinas fue la Escuadra Española, que luchó en la Batalla de Lepanto, pues con su fuerte poder,  sacó  de los Monegros, multitud de ellas, para combatir a los turcos.
Francisco tenía ganas de hablar de las ovejas y de las cabras, en cuya compañía pasó tantos años y me explicó que las ovejas que él cuidaba,  fueron casi siempre de raza monegrina, una variedad de la raza rasa aragonesa, que carece de lana en el vientre y son recias y  grandes de cuerpo. En los partos,  un amplio número parían dos corderos. En cierta ocasión una oveja parió cuatro corderos, uno de ellos negro y los otros tres blancos, pero esta oveja era de raza ansotana y no monegrina. Tenían varias parideras, una en el monte de Villanueva, arrendado y llamado  “El Moro”, pero tenía otro debajo de Lanaja y otro en el monte de “Los Negros”, que era de la señora Bastaresa, a la que así llamaban por derivación de su apellido Bastaras  de Lanaja, poseedora del gran Monasterio, que tiene una fresca fuente y dentro cuadros de Goya, que Francisco preocupado por el ganado, no entró nunca a verlos, aunque pasaba muchas veces por sus lados. Ese Monasterio, según había oído decir Francisco, lo tenía reservado para ella misma.
Arrendaban pastos de Colonización, porque el número de ovejas era enorme. Esquilaban a fin de Abril o a primeros de Mayo. En aquellos tiempos acudían esquiladores de Teruel, que ataban tres patas a las ovejas, aunque después llegaron los esquiladores polacos, que sin atarlas, casi no se movían y esquilaban con más rapidez que los esquiladores de Teruel. A veces le hacían algún corte a la piel de alguna oveja, pero les echaban polvos de carbón mineral y se curaban rápidamente. Lo peor era que se “cagase la mosca” en la herida, como les ponían huevos a los mardanos, a los cuales Francisco siempre les miraba la “guía”, para echarles Zotal rebajado. En las carnicerías, si no se les mataban las larvas que había puesto la “mosca”, se tiraban trozos de carne porque los mardanos se habían arrascado la “guía” y su zona, a causa de los parásitos. La vacunación se la administraban en la primavera contra la basquilla y otras contra el carbunco, que era la más eficaz, sobre todo para el ganado cabrío. En ocasiones se reunían tres o cuatro pastores para comer juntos y preparaban una caldereta, para almorzar y para cenar. Cocían en la caldereta patatas con pan, trozos de carne y algo que traían cada uno de los comensales.
Cuando voy por los montes, ahora ya casi no se ven rebaños de ovejas y de cabras. Se las han vendido porque ya los “amos” no encuentran pastores como Francisco. Alguien  les decía que no iba a quedar carne y ¿qué íbamos a comer?. Le contestaban: ¡ya compraremos!, pero ahora para comprar carne en el mundo, hace falta mucho dinero y éste, ¿dónde está?.

Los pastores



Yo tengo un recuerdo sagrado de los pastores con los que he convivido y es que Silvestre Bara, que estuvo de pastor en mi casa antes de la Guerra Civil, y durante la misma,  tuvo que separarse del dueño del ganado. Aunque apartado del dueño, no se separó del rebaño, para que  una vez acabada la trágica lucha, pudieran reunirse otra vez, en Siétamo el dueño, el pastor y las ovejas. Pero en aquellos tiempos en que las vidas humanas  peligraban,  las de los animales desaparecían rápidamente por el hambre que envolvía las tristes vidas de los ciudadanos. ¿Qué hizo a Silvestre  volver, después de una guerra, a la antigua “tiña” o paridera de su amo, rodeado de ovejas?. Tenía Silvestre un gran sentido de la responsabilidad, una gran fidelidad a su “amo”, que tenía que demostrar cuidando sus ovejas, a las que amaba  enormemente, llegando a identificarse con ellas, que formaban un cuerpo colectivo o un rebaño y él se constituía en su cabeza, para buscarles alimento, cuidarlas, esquilándolas en su momento y apartándolas del peligro de ser robadas y sacrificadas por los que apetecían sus carnes. En nuestra era quemaron todos los pajares y cuando estaba pasando el fuego a través de un grueso madero a la paridera, Silvestre se dio cuenta y en lugar de huir, apagó el fuego echando cubos o pozales de agua. Todos los pastores tenían alguna oveja preferida, con la que se entendían hasta casi identificarse, pues cuando ellos comían sentados debajo de una carrasca, le daban a su amiga algún trozo de su pan. Como he dicho, a las ovejas  les combatía las pulgas y les quitaba las “caparras” o garrapatas,  que chupaban su sangre. Cuando llegabas a hablar con el pastor Silvestre, junto a él se encontraba alguna oveja “panicera”. Esto de mimar a las ovejas,  me recuerda a un señor de Huesca, que llegó a fabricar alimentos para millones de animales, ya que siendo todavía un niño que vivía en un molino al lado del río, donde poseían una docena de ovejas, escuchaba las palabras que su padre y su madre, que le decían al pastor, que él, como todos sus compañeros, siempre tendrían un pan encima de la mesa. Tal vez ese pan no sea siempre tierno, pero no les faltará, decían los abuelos. El pastor pasaba todos los días por nuestra casa o nuestro molino(como decía mi amigo), junto al río Isuela, para integrarlas en el rebaño colectivo de todo el pueblo. Pero las ovejas,  por la ya obscura tarde, volvían solas al molino, y el amo, es decir su padre, salía a recibirlas para echarles alfalfa en aquellos días invernales en los que en el monte ya no salía yerba. Cuando ya se había disuelto el rebaño por las casas del pueblo, el pastor se daba una vuelta por el molino; entonces hablaba con el molinero y éste le solía dar pan o algún bocado de carne del cerdo que habían matado o algún trozo de torteta o algún gancho de morcilla, igual que el pastor había regalado con su pan de cada día, durante todo el día a sus ovejas “paniceras”, que le ayudaban a dirigir la marcha colectiva del rebaño. No sólo era el pan y la morcilla lo que querían el “amo” y el pastor, sino que tenían necesidad de comunicarse ente ellos y hablaban, unas veces del tiempo, al que el pastor seguía su curso, cuando en el monte ojeaba el horizonte, miraba la Sierra y las nubes del cielo. Algunas veces pronosticaba que las boiras iban a echar el agua sobre los campos, porque veía como se movían las nubes en la Sierra y los aires que soplaban por allá arriba, les proporcionaban humedad  El pastor demostraba su inteligencia cuando, después de pronosticada, la lluvia mojaba los campos y las casas y refrescaba los rostros de las personas y la lana de las ovejas, que no dejaban pasar el agua hasta su piel, porque se sacudían la lana y el agua caía. El molinero y sus hijos admiraban el poder de observación del pastor y de tanto hacerlo se convirtió, como dice mi amigo, en un sabio. Mi amigo sigue pensando y tiene inquietudes en su cabeza, que le hacen a uno reflexionar sobre el porvenir de la humanidad. No quedan ya casi pastores ni ovejas, lo que hace pensar de donde en España se sacará la carne de cordero. Está claro que habrá que comprarla en el extranjero y cara. Algo veremos.

FURTAPERAS



Migalón era de una aldea que estaba situada cerca de Graus. Se le había escapado una cabra, porque se la había espantado un perro y no sabía hacia donde había dirigido sus pasos. La cabra siempre tira al monte, pero al niño le gustaba ir hacia aquellos lugares donde podía encontrar personas.
Llegó a las afueras de un pequeño pueblo y sobre las tapias de un huerto, vio colgar de las ramas unas “peras de agua”, tan tentadoras para él, como las manzanas fueron para Eva. Tenía sed y subió a las bardas de la tapia, escalando por las juntas de las piedras y después de meterse bien las faldetas de la camisa de cáñamo, dejando holgura suficiente como para formar un poco de bolsa, se apretó la correa. Se soltó el botón de la tireta del cuello y el otro de más abajo y empezó a embolsar peras con una mano, mientras con la otra se llevaba una a la boca. De repente oyó el grito de una mujer que exclamaba ¡furtaperas! y vió como un hombre se dirigía rápido hacia él con una “forca” en la mano. Brincó de la pared, con la misma rapidez con que lo había hecho la cabra al ser atacada por el perro. Echó a correr y para poder hacerlo más deprisa, se iba sacando la faldeta de la camisa, con lo que iba sembrando de peras el camino y aligerando su peso. Ahora no era sólo la mujer la que gritaba, se habían añadido el hombre y los hijos, formando un coro que sonaba ¡furtaperas, furtaperas!.
A él le dolía este insulto y sintió no haber encontrado la cabra para compensar de algún modo las peras con un cuenco de leche para los niños de sus agresores. ¡Cuántas veces cuando cuidaba sus cabras había ofrecido un trago a los caminantes!. Porque Migalón no iba al escuela, sino que se dedicaba a cuidar cuatro cabras y algunos corderos, pues su padre estaba sirviendo y él no podía permitirse el lujo de estudiar.
Cuando estuvo lo bastante lejos del huerto como para considerarse libre de sus dueños, se le planteó el dilema de volver a su casa sin cabra o de seguir su odisea. Además  ¡cualquiera volvía a pasar por el pueblo de las peras!.Ante esta última reflexión, decidió seguir caminando hacia abajo. Al caer la noche se metió a dormir en una caseta de campo, aunque no pudo hacerlo a gusto porque una lechuza le estuvo chistando toda la noche. Al salir el sol los pájaros cantaban de alegría, pero a él se le saltaban las lágrimas de tristeza. Siguió caminando y desde un tozal, al que se subió a ver si localizaba la cabra, divisó un pueblo muy grande, del subían al cielo cohetes que causaban un gran estruendo. Era Graus. Allí se dirigió. Aquello no era un pueblo, era una pequeña ciudad, que ardía en fiestas en sus calles. El lo miraba todo con ojos atónitos y tal vez por verlo tan solo, unas mocetas le dieron un trago de vino. Esto lo reconfortó y recorrió todo Graus, vio los danzantes, la Virgen de la Peña etc., pero aquella Plaza con esos pórticos, le pareció la más  bella del mundo. Claro que él no había visto mundo y malamente podía haber visto otra mejor. Si que había tenido ocasión de observar pinturas murales románicas en algunas ermitas, pero al lado de esas alegorías neoclásicas le parecían monigotes.
Cuando más ensimismado y admirado deambulaba, vio un muñeco colgado al que hacían dar más vueltas que una reinadera, al mismo tiempo que gritaba la chiquillería ¡furtaperas,furtaperas!. No sabía si aquellos gritos se los dirigían al muñeco o a él. No tuvo tiempo de dilucidarlo, porque echó a correr y no paró hasta que habiendo pasado el puente de la carretera que va a Capella, estuvo ya lejos de Graus.
Se volvía a hacer de noche y sobre un altozano divisó una ermita con un porche delante. Allí  se dirigió. Atados a una carrascas que alrededor de la ermita les daban sombra, había cinco burros. Al llegar hasta ellos, apareció la dueña, mujer de aspecto tan rústico como una pastora de su pueblo con la que se juntaba algunas veces en el monte. El le daba media sardina y ella le daba olivas. Por eso no le causó miedo la dueña de los burros someros. ¿Qué haces por aquí?, le preguntó a Migalón que no había mentido nunca, pero en esta ocasión lo hizo, obligado por las circunstancias, diciendo: es que sabe, se murieron mis padres y como no tengo familia, voy solo por el mundo. Y ¿qué comes?, le volvió a preguntar la buena mujer. Pues mire, según el tiempo, ahora se encuentra peras por ahí. Al nombrar las peras se le hizo un nudo en la garganta. ¡Ala, pues vente conmigo! Y ahora come algo, pues te veo algo desvalido; al tiempo que lo decía, sacó de la alforja un pan, unas nueces y unos higos. Casca esas nueces, le dijo. Abrió los higos y metió dentro el fruto que Migalón había cascado. Cenaron tan frugal cena como los propios  ángeles; ella se echó un trago de cazalla y a él le dio un trago de vino. De repente, desde donde estaban los burros oyó el llanto, no sabía si de uno o de dos niños. Efectivamente, corrió la mujer y de unas “argaderas”, sacó dos angelicos iguales. ¡Vete a buscar agua!, le dijo a Migalón, mientras le daba un puchero de barro. Bajó al río, subió con el agua y aquella mujer y aquel niño se dieron cuenta de que se necesitaban. Encendieron fuego, prepararon unas sopas bien aceitadas para los gemelos y ¡a dormir!. Bien de mañanas, después de “reprensar” la reata con un poco de paja, la aparejaron y ¡en marcha!.Aquella mujer le contó que era viuda y que se dedicaba a subir aceite de la Ribagorza, donde se criaba el olivo, a la Ribagorza Alta, hasta Pont de Suert. Allí cobraba en dinero o en quesos y volvía a bajar. El pobre Migalón quedó más compenetrado con la Ramona, pues su manera de obrar coincidía con su criterio de cambiar peras por leche y sardinas por olivas. El no era un furtaperas.
Con tan buena maestra se hizo comerciante y se quedó en Francia. Es el tributo de la emigración que Ribagorza ha tenido que pagar siempre. No cuento la vida de Migalón hasta que se hizo rico, porque este cuento se convertiría en una novela.
Como la sangre no es agua, nuestro héroe ya mayor y con dinero, volvió a su pueblo. Conoció a sus cuñadas y a sus sobrinos y sobrinas. El no se hacía a aquella vida tan pobre y decidió marchar otra vez.
Y “cuan ya s’en iba,a su tío, le ba di la moceta, su sobrina :”Compreme una craba pa yo, que m’en iré a bendé la leche a Graus”. “Y su tío la i va bacomprá  el día que s’en iba.y como la moceta iba dicho en casa:”m’en iré a bendé la leche a Graus”, ban pensá  su padre y agüelo: ”la de totas las crabas podría i a bendé esta moceta, mos tocarían buenos dinés”. Y la moceta ba di entonces:”Y a yo,¨que me darán de llevala?”.
Marieta se llamaba la sobrina de Migalón. En un libro de Don Manuel Alvar está  su aventura, en ribagorzano. Han podido comprobar las cualidades para el comercio de Marieta, pero le pasó como a la lechera del cuento ¡qué fracasó!.
Su tío triunfó porque se fué de su tierra.
Los ribagorzanos son emprendedores, no “furtan” nada. A ellos es a quienes les “furtan” el agua. Esta siempre ha bajado de arriba abajo y a la Ribagorza no le sabe malo que la aprovechen los demás, pero piensan como Migalón, que quería compensar las peras con leche, las sardinas con olivas y las nueces de la arriera con trabajo. Piensan que según esa regla de tres,sus pantanos debían ser compensados con energía barata y con industrias cerca de las centrales. El pobre Migalón se fue a Francia por Pont de Suert y al volver a su pueblo hubiera deseado hacerlo por el túnel de Benasque .
¿A quien representa ese muñeco que en Graus llaman el “furtaperas”?.Desde luego que no a ningún ribagorzano.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Los Ovnis de la Biblia, del Medioevo y los que hemos vivido





Cuenta Ramón J. Sender que tenía un niño amigo suyo, que se llamaba Froilán y  el año 1909, murió electrocutado, al contactar su pequeño cometa de trapos  y de cañas, con un cable de alta tensión. Los vecinos del pueblo afirmaban que aquello ocurrió por el influjo nefasto del Cometa Halley, como  el que también se atribuía a un tremendo terremoto ocurrido en Méjico y a la inundación  que causó la desgracia de la niña Omaira y de sus paisanos  colombianos, muertos unos por la erupción del volcán Nevado del Ruiz  y por las corrientes de lodo que dejaron sin vivienda a muchos ecuatorianos.”Sender esperaba la vuelta del Halley para el año 1985 y creía, más loco que yo, que Froilán volvería a visitarlo, montado en su cola”. Hasta Ramón J. Sender, sentía en su interior, como los campesinos más humildes, el paso de los ovnis o platillos volantes y creyó que su amigo el niño Froilán, marcharía por el espacio, montado en el cometa Halley.  Trató de esperar el nuevo paso de dicho cometa, pero Ramón J. Sender, no vivió hasta el año 1985. Pero así como Sender sintió en su mente las aventuras del cometa, tal vez fuera él mismo, el que influyó sobre mí y ese impulso me obligó a esperar la llegada de Froilán, para entregarle, una rana cogida en la balsa del monte, donde Froilán se supone había subido o lo habían montado en el Cometa. Y  hablando de la rana escribí lo siguiente: “¡buen regalo para Froilán , que también es anfibio, porque yo lo vi en la tierra de Huesca y venía e iba por el espacio, a otros espacios más lejanos”; efectivamente  lo vi en Huesca, pero a través de los escritos de Ramón J. Sender.  Sender y yo, estuvimos influidos por la inquietud, presente en la misma Biblia, por ejemplo del Carro de Fuego, del profeta Elías, que bajó del cielo para llevárselo. También,  seguramente, Ramón J. Sender conocería a la hermosa Julieta de Barbastro, mujer amada por todo el mundo, porque además de bella era poetisa y pintora. Un amigo convivió con ella en París y en Cuba y tuvo novios y amantes en Huesca y en Madrid. Pero ella tuvo amigos de lejos de la Tierra, como los gatos venusianos, como ella los llamaba, que de vez en cuando se ponían en contacto con ella y le decían que serían felices si se iba con ellos, en su Ovni. Amaba el arte porque pintaba cuadros al estilo Naif y se los presentaron, en una exposición, después de muerta. Ella nunca quiso dejar esta tierra, que unas veces la hacía feliz y otras la tenía durmiendo debajo de una escalera, en la calle Argensola. Tal vez fue una buena señora la que le dejó ese refugio. Siendo ya mayor, repartía periódicos por Barbastro.  Murió en 1979 a los ochenta años y todo el mundo la quería, sobre todo la juventud. No se sabe como era el Ovni en el que la querían llevar,  como tampoco se conoce la maquinaria del Carro de Fuego de Isaías. Todos los medios de volar por el espacio gozan del misterio de los ovnis, como hemos visto en el cometa Halley, en el Ovni de Barbastro y en el vehículo de Isaías. A Moisés le hablaba el Ser Supremo, desde una “Zarza ardiente”, que tal vez fuera una “nave”, dotada de una gran iluminación. Y ¿qué sería el Arca de la Alianza?, lo ignoramos,  pero pudiera ser un aparato con energía nuclear, con el que produciría el “maná”, alimento completo para subsistir en medios artificiales, como las pastillas que consumen actualmente los “astronautas”. Al llegar la Edad Media, cuando alguno se atrevía a confesar haber visto algún objeto volante, muchas veces perdía su vida, por obra de una justicia cruel. 
Pero el florentino Giotto en el siglo XIV pintó en un cuadro titulado “Adoración de los Magos”, la Estrella de Belén, que guió a los Reyes Magos hasta la cuna de Jesús, en el Portal de Belén. Pintó una estrella con una habilidad, que hace comprender la escasa velocidad que llevaba, para que los Reyes Magos,  no se perdieran. Pero no sólo es el pueblo el que se interesa por estos hechos, sino que los mismos astrónomos,  le pusieron el nombre de Giotto, a la sonda espacial europea (AEE), que lanzaron en 1986, para encontrarse con el cometa Halley.
La estrella de Belén influyó sobre todo el mundo cristiano, porque ¿hay alguna estrella que se desplace a la marcha de los camellos y que se pare al llegar al Portal de Belén?.
Hace unos cincuenta años, que en Siétamo ocurrió lo mismo que le pasó a Constantino, antes de entrar en Roma, es decir que se le apareció en lo alto del cielo una Cruz, con el grabado de “In hoc signum vinces”, que tal vez se lo concediera el Señor como premio a su lucha por el cristianismo en Roma. En Siétamo en una procesión,  cuando pasaba por la Paul, Antonio Bescós , alias Trabuco , observó en el cielo una cruz con ángulos rectos, no formados por gases, que hizo observarla a todos los que participaban en dicha procesión. Este hecho ocurrió hace unos cincuenta años y ya quedan pocos de los asistentes a esa procesión y unos de los que todavía viven se acuerdan de tal hecho y otros, ya lo han olvidado. Hará unos treinta años,  ocurrió un  caso como el  de la  aparición en Arbaniés, es decir de un Ovni o Aparato Volante, que se paró en la cara Sur de la Sierra de Guara, a la altura aproximada de Coscullano. Yo casi ni me acordaba pero Pascual Ordás de Arbaniés, me ha hecho recordar todo lo que allí ocurrió. Estaba dicho Pascual Ordás, nacido en Arbaniés, con Silverio Dueso Ferrando,  también de Arbaniés, pastor del rebaño de ovejas del pueblo, preparando la suelta del ganado. A primera hora de la mañana, empezaron,  en medio de su conversación,  a fijarse en un objeto, que les pareció ser volante, que estaba sobre la cara Sur del Pico de Guara, poco más o menos sobre Coscullano. Miraban y volvían a mirar para ver si hacía algún movimiento, pero estuvo mucho tiempo sin moverse. Pascual también se preguntaba : ¿quién o qué  estará  dentro de este aparato?.  Ellos estaban un tanto extrañados de ver aquel redondo aparato y pensaron si se trataba de un Ovni,  pero,  a pesar de su curiosidad, no esperaron a verlo circular, porque tal vez esperaran que se movería cuando salieran ellos de la paridera y  fueron a darse vuelta por ella,  para ver el ganado y al subir, ya no lo vieron, porque había desaparecido. A los dos o tres días, enterado por las conversaciones de los vecinos de Arbaniés y de Siétamo, subí a hablar con Pascual. Iba acompañado por José María Díaz Castán , hijo del Boticario de Almudévar, donde había nacido, que era muy amigo mío y que tenía una gran afición a estos vuelos misteriosos, pues una noche se llevó a una hija de “Manolotas” y a Pascual,  a San Cosme, donde él afirmaba que se veían Ovnis. Pero no vieron ninguno. Antonio Cano, pastor y gran amigo mío, que todavía vive, contaba que alguna vez, por las noches en San Cosme, veía a su “santero”, cruzando la Plaza, que está delante de la Ermita, por delante de ella, sin pisar el suelo. Así como el escritor famoso José María  Llanas Aguilaniedo,  escribió que una noche se acostó en una tumba vacía del cementerio de Huesca, para escuchar algún sonido de los muertos, el pastor Antonio Cano, afirmaba acudir por la noche al cementerio para intentar oír los mismos sonidos. Otra vez se demostró la preocupación del sabio y del hombre sencillo por los problemas de la humanidad.
Fuimos con Pascual Ordás a Radio Huesca, de donde nos habían llamado y estando en la entrevista, desde la Empresa Alvisa de los Hermanos Albajar,  constructores de cosechadoras de cereales, llamó alguien, que sería,  suponemos que un trabajador, afirmando que también él había contemplado el Vehículo Volante u Ovni de Arbaniés.
Durante la Edad Media fueron abundantes los hechos, por ejemplo Pedro III el Grande en el siglo XIII, en una marcha sobre los Pirineos vio “un terrible dragón de enormes dimensiones que volaba y oscurecía el aire con su aliento”. Un enorme avión en aquellos tiempos podía parecer un dragón, que oscurecía el aire con los gases de la combustión del petróleo que consumía. En el Renacimiento aparecen numerosos cuadros con aparatos volantes, como Fra Filippo de Lippi, que algo tuvo que ver y conocer para pintar una nave que volaba y se jugó la vida para defender lo que había visto.
 Cristobal Colón, no volaba, pero era un gran navegante y  se expresó en cierta ocasión sobre su viaje, inspirado por conocimientos superiores al conocimiento humano, pero no se saben los conocimientos de los que volaban en los Ovnis, que se ignora si fueron hombres o tal vez, ángeles. Pascual Ordás se preguntaba si dentro de aquel Ovni de Arbaniés, había hombres o seres de  otra especie o simplemente materias energéticas.
Teilhard de Chardin dice que el hombre está en evolución y si no ve todos los problemas claros, los intuye. Es el hombre la síntesis de la materia y el espíritu. Su cuerpo es material, pero su espíritu o alma,  tiene la capacidad de razonar y de abstraer, pero la materia no es capaz de tales acciones. Hay una síntesis de alma y cuerpo y el alma causa vida. El Señor dijo al hombre: polvo eres y en polvo te has de convertir, en cambio Cristo que es Hijo de Dios, vino de Él a la vida humana. Tal vez Teilhard de Chardin, contemplara el cuadro del pintor italiano, Paolo Ucello, que perteneció al Quatrocento y  conocido por “ La Thébaide”. El cuadro representa  a Cristo Crucificado y  a una persona rezándole, un tema como otros millares y millares, representados en cuadros, pero en la parte baja de este cuadro, hay un aparato volador, como un platillo volante, que está girando, como si diera vueltas alrededor de Cristo.
“Benedicto XVI ha opinado que Teilhard de Chardin tiene una gran visión, que culmina en una verdadera liturgia cósmica, en la cual el cosmos se convertirá en una hostia viviente”. Teilhard de  Chardin  pensaba:” En la escala de lo cósmico, sólo lo fantástico tiene posibilidad de ser verdadero”.

LOS OVNIS



La gente, en general, se muestra escéptica ante aquello que se propone a su consideración y no ve, otras veces se pone irónica, otras indiferente y no falta quien adopta una posición de desprecio total, como si fuese un dios del Olimpo.
En este caso, yo expongo a vuestra consideración el tema de los objetos volantes no identificados a los que, con la moda de las siglas, llaman ovnis.
Que existen objetos es obvio, que algunos de ellos vuelan, también y que no todos son identificables por todos, es tan evidente como que todas las aves voladoras no pueden ser identificadas por todos.
Vean con que sencillez un ciudadano oscense dijo que había visto ovnis sin mentar tal palabra, manifestó que había observado unos objetos plateados, cuyo brillo(era de día) le hería los ojos y que volaban a gran altura. Si los hubiera identificado, los hubiera llamado aviones, planeadores o les hubiera aplicado el nombre que creyera adecuado a su condición, pero exclamó:¡qué planeadores tan raros!.Es evidente que él se encontraba en presencia de objetos volantes no identificados, pero tal vez esos, para él, ovnis, no lo fueran para otros.¿Estarían pilotados por alguien?. Si ese alguien que los pilotaba o que los hacía volar, nos dijera de qué clase de objetos se trataba, automáticamente dejarían de ser ovnis para el ciudadano oscense, para mí y para "monsieur tout le monde".
Lo bueno del caso es que aquel señor no estaba viendo visiones, pues el mismo día diecisiete del presente mes, otros fidedignos ciudadanos contemplaron el mismo espectáculo.
Pero lo más curioso es que en fecha coincidente, sobre las siete y media de la mañana, por lo menos ocho personas ,hombres, mujeres y niños de Arbaniés divisaron un objeto volante sobre Coscullano, que se desplazaba hacia Panzano. A la misma hora, aproximadamente, un contratista de Apiés vio, no se sabe si el mismo objeto, desde Ayerbe, sobre el pico del Aguila. Por la tarde aparecieron dos jóvenes, en cuya furgoneta portaban una antena parabólica, diciendo ser miembros de una sociedad de seguimiento de ovnis. Alguien,no se quien, supongo que les habría avisado.
Pero no se acaba aquí la historia o cuento, según lo quieran calificar, pues a las diez y media de la noche se volvieron a ver, desde Arbaniés cinco de esos objetos, uno posado en Guara con intermitentes, que luego levantó, otro encima del mismo Guara,con luces rojas, verdes y azules, dos más confusos en su aspecto y más bajos y uno más, blanco de luna, sobre Ibieca.
Para observarlos usaron prismáticos, afirmando que uno era ovalado con luminaria y focos más potentes en los extremos.
No puedo hablar de videntes, visionarios o de veedores; he de hablar de que uno de los que los vieron, expresó su temor a que nos arrasaran, a otro se le puso carne de gallina, diciendo que hasta entonces, eso de los ovnis le parecía un cuento.
A raíz de esta noticia, ha habido personas en la redolada, que han revelado sus observaciones de hace dos años, que mantenían en secreto por temor a los escépticos, a los irónicos y a los del desprecio olímpico.
Yo trato de explicarme el fenómeno y me acuerdo de que durante estos días había movimiento de globos en Monflorite, pero entre tanto por el cielo del Somontano se han visto objetos volantes no identificados.
Para que dejen de ser ovnis es preciso que "hombres o mujeres, con conocimientos, autoridad, prestigio y capacidad de comunicación, que no dicen nada respecto a cuestiones importantes", digan y expliquen para que esos objetos volantes dejen de ser no identificados.
Entre tanto seguiremos creyendo en brujas de las que dice el gallego "que haberlas, hailas" y en ovnis, de los que dice el altoaragonés que "habene, en hay" y yo añado “¡que a sabelos cuantos!”. 


domingo, 18 de septiembre de 2011

Síntesis del mundo material con el mental o espiritual




El hombre en su evolución, ante la  autointerrogación  de su procedencia, intuyó  que había sido creado por un Ser Supremo, es decir por Dios. Al principio no se aclaraba  si el mundo era gobernado por un Dios o por una multitud  de ellos, pero   pronto empezó a levantar pagodas, los templos de Karnak y de Luxor,  la acrópolis de Atenas, los templos de los dioses romanos y los de Méjico y de Perú, siguiendo por los templos monoteístas, como el  de Jerusalén, las sinagogas que se encuentran en cualquier lugar de España, como yo he visto tres en Huesca capital, que serían construidas en el siglo XV,   y  ha seguido levantando sinagogas por el mundo,  catedrales e iglesias en el mundo cristiano y más tarde las mezquitas en el musulmán.
La evolución es larga para el hombre, porque el tiempo y el espacio se conocen con el Big-Ban,      ya que  antes de la Creación, para el Señor, no había pasado ni futuro, sino que todo estaba presente. El químico Mendeleief decía que el petróleo se formó por la acción del agua, dentro de la tierra, donde estaban los carburos metálicos. El petróleo tiene propiedades comunes con la composición de los seres vivos, al formarse de un modo semejante  al  de la materia orgánica, con que se generaron esos seres vivos. El hombre se ha dado cuenta del paso que hace el Creador de la materia al espíritu. Y podemos contemplar el paso contrario, es decir del espíritu al cuerpo de Jesús, convertido en hombre material y espiritual, sin dejar de ser Hijo de Dios.
La mente humana se queda admirada de ver la materia y sentir el espíritu y yo no puedo menos que acordarme de la oración al Espíritu Santo, que reza así: “Envía Señor tu Espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra”. Aquellos hombres que en esos tiempos en que se iban escribiendo los textos del Antiguo Testamento, levantaban templos al Creador y pensaban no sólo que Dios había creado el Cosmos, sino que tenían fe en que todas las cosas serían creadas. Y veían la necesidad de que se renovara la faz de la Tierra. Rezando esa oración, se da uno cuenta de que estamos los hombres en evolución.
El hombre está evolucionando, y  si no ve todos los problemas claros, los intuye. Es el hombre la síntesis de la materia y del espíritu. Su cuerpo es material y es una situación evidente, pero el espíritu o el alma necesita una demostración para ser reconocida esa parte espiritual del hombre, que tiene la capacidad de razonar, de enjuiciar y de abstraer, pues la materia no es capaz de tales acciones. Se deduce claramente que el alma no es cuerpo, pero ambos forman al hombre. Hay una síntesis de alma y cuerpo. El alma es un principio o causa de vida.
En 1966, René Maheu, director general de la UNESCO, en el simposio  titulado  ”Ciencia y Síntesis”, dijo que la obra de Einstein y la de Teilhard, cada una  en su forma, son los dos sistemas de conocimientos más densos y más extensos que se han realizado en la humanidad. Su capacidad de síntesis ha sido enorme en el campo de la ciencia, pues la síntesis jamás se ha hecho tan consciente como en la cabeza de estos dos investigadores. Los escritos de Teilhard de Chardin se difundieron de una forma sorprendente, pero en el año 1970, desaparecieron de las editoriales y librerías. A todas las discusiones contradictorias de las teorías de Teilhard, le han sucedido las observaciones sobre el fenómeno humano. Si la teoría de síntesis de Teilhard es una hipótesis, resulta que atrae las ideas del catolicismo, el capitalismo  o el marxismo, haciendo de la teoría de la evolución, una “complementariedad y una convergencia”, que son atraídas y consideradas por todas las ideas citadas.
Renovar la faz de la Tierra ha sido la intención de aquellos hombres que han buscado la igualdad entre todos ellos y gocen de bienestar; han pasado por el mundo caudillos como Alejandro Magno, emperadores romanos,  unos beneficiosos pero otros tiránicos. Y  “vino Cristo al Mundo y los suyos no le conocieron”. El hombre se había dado cuenta de la necesidad de que se renovara la faz de la Tierra y  el Señor, para alcanzar tal fin,  envió a su Hijo, con lo que demostraba que amaba a los hombres creados por su poder y hemos visto como Cristo fue un hombre de dolores, que sufrió el insulto de sus verdugos, hasta que murió en la Cruz. El hombre  va desarrollando su cuerpo y su mente por medio de la Evolución y Teilhard de Chardin, hizo la enorme reflexión  de que es  “Cristo el  evolucionador,  el Cristo motor de la evolución, es decir, el Cristo resucitado en su función cósmica”.  “Vino Cristo al mundo y los suyos no le reconocieron”, igual que a Einstein cuando propuso prohibir las bombas atómicas, no le hicieron caso y cuando propuso ideas sobre un campo unificado, fueron criticadas por los científicos. O cuando Teilhard pretendió compaginar la educación para la evolución soñó con una administración, que favoreciera la cooperación internacional universal para humanizar, por medio de la evolución,  la  vida de los hombres, vio como se restringían sus ideas de desarrollo de la humanidad, simplemente por ser aristócrata y jesuita.
Teilhard basa sus teorías en la Síntesis y en la Hiperfísica. En “El fenómeno humano” sintetiza el mundo físico y material con el mundo mental y espiritual. Considera el pasado del hombre y aspira con la evolución, a desarrollar su futuro. La  hiperfísica está basada en las ciencias naturales, pues se deriva de las  teorías científicas conocidas por la ciencia, entre las que se encuentra la teoría de la evolución. Pero mira más adelante con la consciencia que le hace observar el interior de las cosas y la complejidad del exterior. Hace una síntesis científica y filosófica al mismo tiempo.  Los problemas de la materia son más fáciles de comprender que los del espíritu e incluso es difícil separarlos uno de otro, como cuando se medita sobre la fórmula de Einstein E= m. c², parecen unirse la materia y la energía, que son de la misma naturaleza, de tal forma que algunos identifican el espíritu, con la síntesis de la materia y la energía. La  materia y la energía ni se crean ni se destruyen, simplemente se transforman.
Estos primeros días del mes de diciembre de 2010, he estado meditando sobre Teilhard de Chardin y estas meditaciones se las he debido a mi compañero Veterinario Ignacio Escalona. Es éste un sabio, un hombre preocupado por la justicia y el bienestar de las personas, como ha demostrado en los años en que fue Alcalde de la Villa de Grañén. Me envió un escrito titulado “Antigüedad y Cristianismo”, que movió mi mente a pensar en la evolución. Es que este sabio Ignacio Escalona, siente como sentía Einstein que “la más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera la verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro está prácticamente muerto. Saber aquello que para nosotros es impenetrable, realmente existe, que se manifiesta, como la más alta sabiduría y la más radiante belleza, sobre la cual nuestras embotadas facultades sólo pueden comprender en sus formas más primitivas”. Estos pensamientos nos religan con el Creador, es decir que confirman la verdadera religión.


La Cruz de la Paul, aparecida en Siétamo





Manolo Calvo tiene cincuenta y ocho años y pasó gran parte de su niñez en Siétamo, desde los cuatro años hasta los nueve, cuando a su padre, guadia civil, lo destinaron a Huesca. Su padre era rubio en su edad juvenil y Manolo Calvo salió rubio platino, aunque ahora, después de haberse tornado moreno, le aparece la parte de la cabeza,  plateada, porque su enorme calva recuerda una pista por la que resbalan las ideas. Su voz recuerda el sonido, como grave, que  producen los oradores, unos cuando predican y los políticos cuando lanzan sus consignas al pueblo. Saliendo de clase, un profesor lo cogió por el hombro y le dijo: tienes una voz muy fuerte, pero un poco venenosa. Manolo no se calla nunca, le gusta decir verdades, aunque con esa actitud le aumentan los problemas. Su madre ya le decía: el que dice las verdades, pierde las  amistades. Es Manolo muy hablador y en una ocasión se puso a hablar en un bar y entró en él, el alcalde de Huesca, pero él siguió hablando. Entonces alguien le dijo que callase y él exclamó: ¡los bares son un foro de opiniones!. El comprobó, como le decía su madre, que el que dice las verdades, pierde las amistades, porque lo echaron del bar. 
Tiene muchos recuerdos de su niñez, pasada en Siétamo y esta niñez le ha dado recuerdos para pasar la vida en la capital oscense.
Su recuerdo más impresionante,  le viene de una vez, que iba en una procesión por la Paul, entonces un simple camino sin pavimento, formando con los monaguillos parte de una procesión, presidida por el cura, don Alejandro y secundada por  el sacristán Antonio Bescós, conocido como Trabuco. De pronto Trabuco se paró y  se quedó extasiado mirando al cielo y los fieles pensaban si miraba a la luna, cuando se dieron cuenta que su atención la dirigía a una gran Cruz de ángulos rectos, de color un poco más oscuro que la luna. Y entonces los fieles con tal visión, se quedaron extasiados mirando al cielo para  contemplarla,  pero continuaron dando sus breves pasos procesionales, por la Paul, que ahora llaman la Arboleda. Me dice Manolo que entre otros testigos está el vecino mío de Siétamo Rafael Ciria Bruis, que iba en la procesión de compañero, de compañero de Manolo  y vestido como él, de monaguillo.
Cuando terminó la procesión, su padre y su madre, se retiraron al cuartel de la Guardia Civil, donde, estaba en aquella fecha, de puertas, un joven Guardia Civil, llamado Rafael Campos Martínez, que durante la procesión también había visto la Cruz de ángulos rectos, sobre la luna. Se estaba preparando para ingresar en la academia General Militar de Zaragoza. Ingresó en la Academia y llegó a ser General de la Guardia Civil. Algunos dicen que su fe en la Cruz, le dio la ocasión de llegar a ser General.
Al día siguiente el Observatorio Meteorológico de Monflorite, dijo que aquella Cruz estaba formada por gases. Manolo impulsado por su continua afirmación de verdades  dijo que los gases no hacen ángulos rectos. Manolo ante aquella experiencia mística de la aparición de la Cruz, se decidió a ingresar en el Seminario de Huesca.
Este caso recuerda lo que ocurrió en la guerra entre los romanos Constantino y Majencio, el año 312 d.C.,  cuando el emperador  Constantino, iba a luchar en una batalla en que se jugaba el porvenir del Imperio Romano. En aquella batalla apareció una gran Cruz blanca sobre fondo de púrpura, en el cielo, con una leyenda que decía. In hoc signum, vincis, que quiere decir “con este signo vencerás”. Estaba Magencio acorralado en el puente Milvio, sobre el río Tiber el 27 de Octubre del año 312.Miró al cielo y vio la señal de la Cruz, con su leyenda “In hoc signum vincis”. Se acabó la batalla y empezó a extenderse  el cristianismo por el Imperio Romano. Majencio fue arrastrado por el río Tiber y Constantino recibió cuando iba a morir, el bautismo. “Constantino fue advertido en sueños para que grabase en los escudos de sus soldados, el signo de la Cruz y grabó el nombre de Cristo en los escudos”. Siétamo hizo lo mismo, colocó una Cruz camino de Castejón, otra en el centro del pueblo, en la Plaza Mayor y una tercera la Cruz de San Pedro.
El emperador  Constantino y la Villa de Siétamo fueron premiados con la aparición en el cielo de una hermosa Cruz.