viernes, 20 de septiembre de 2024

Amigo de los cisnes en el Parque de Huesca.-




Cuando paso por la Laguna de los cisnes rodeada de bellos árboles, en el Parque de Huesca, al contemplar aquel cisne negro, me emociono como le pasó al hispano- americano Rubén Darío. En la laguna ya queda tan sólo un cisne negro. Parece que se está acabando el “modernismo” en ella. Exclama, ante tal panorama, Rubén Darío: “ y un cisne negro dijo: “ La noche “anuncia el día”. Y un cisne blanco, al verlo, exclamó: ¡la aurora es inmortal!, ¡la aurora es inmortal!”. “Aún guarda la Esperanza de la caja de Pandora”.
Rubén Darío llevaba por sus venas sangre ibérica y sangre de los indios de América y siendo un poeta puro, se acordaba de ambos ambientes, el europeo y el americano y soñaba con alcanzar el “modernismo” con el progreso y exclamaba: ”Juventud divino tesoro, ya te vas para no volver, cuando quiero llorar, no lloro y a veces lloro sin querer”.
Pero no fue sólo el escritor que hablara del “modernismo”, pues escribió del oscense “el Señor Llanas Aguilaniedo, uno de los espíritus  qué  en la nueva generación española, hacen el estadio y la meditación en el “modernismo”, debido a la sociedad”. José María Llanas Aguilaniedo, nació en el año de 1.875 y murió el año de 1.931,  fue  Farmacéutico Militar, escritor, periodista y crítico de la literatura española. Escribió de problemas sociales  y  otros sobre la  época en que vivió. Pero José María se ve envuelto por el “modernismo” y Rubén Darío contempla en José María  el cisne que preside la Laguna del Parque de Huesca, porque vuelve a escribir, que le parece sumamente interesante. Escribió y el cisne negro, oscureció su pluma, atacando su cerebro , que lo dejó abandonado por los bancos de los paseos andaluces.

 Ya, cuando penetraron en su cerebro, las situaciones nerviosas de las dudas de su espíritu, estuvo por Andalucía, abandonado por la sociedad, en la que se encontraba solo. Pero su hermano, Feliciano Llanas, farmacéutico oscense, cuando se enteró de la situación del espíritu de su hermano, el farmacéutico militar, fue a buscarlo a Andalucía, para traerlo a Huesca, para que viviera con su familia en la casa de sus padres. Allí estuvo viviendo varios años. Pero el hombre, inteligente y amante de su prójimo, ordenador de los distintos medicamentos,          Joaquín Santafé, nacido en ibieca, que obraba en la Farmacia el bien, procurando la salud para los enfermos y ancianos. Vivía con su familia en un piso de  Llanas y era un hombre responsable del bien de su  prójimo e  hizo vivir al gran escritor Llanas, acompañado de sus pensamientos, dándole una amistad, acogida con cariño por el sabio y pensador Llanas. Joaquín  Santafé era un hombre sabio, que amaba a los miembros de la humanidad y que vivió haciendo el bien, más de cien años.  
Dice que José María, ”en su juventud surge alguna que otra esperanza, y no es poca la que ha de dar en su cerebro, tan bien surtido y generoso como el del cantar de “ Alma contemporánea”, que escribió el mismo.
“Llanas Aguilaniedo ha entusiasmado a los intelectuales contemporáneos suyos, como al mismo descontentadizo Clarín”.  Pero murió muy pronto y en tanto él vivía en casa de su hermano, el Farmacéutico, parece que su inteligencia pensaba, pero no podía vivir gozando de su propia sabiduría, porque su cerebro, había tenido tantos pensamientos, que le hacían sufrir su cerebro, que había pensado tanto, que ya se le estaba agotando la vida, de tanto pensar.
Llanas  Aguilaniedo fue un hombre estudioso y reflexivo, pero al morir tan joven, España se dejó olvidar sus pensamientos modernistas.
¡Qué ilustre ilusión supuso el “modernismo”! y Rubén Darío, contempla en José María Llanas el cisne, que preside la Laguna del Parque de Huesca, porque vuelve a escribir que le parece sumamente interesante. Ya Calderón en la época brillante de la literatura castellana, esclamó: ¡la vida es sueño!. Y tenía razón Calderón porque analizando la vida de José María Llanas Aguilaniedo y buscando el “modernismo”, se ve que esa vida era un sueño, porque yo  pude comprobar, que aquel “modernismo” de la Laguna del Parque, formada por la belleza de la pareja de cisnes negros, de las tórtolas, de los ánades, de las palomas, de los altos y verdes árboles, con las cañas de bambú de la isleta, en medio de la Laguna, se acababa con la lucha entre las aves de rapiña persiguiendo a los estorninos.
Rubén Darío y José María Llanas Aguilaniedo soñaron, con la “sangre de Hispania, fecunda; sólidas, inéditas razas, - muestren los dones pretéritos, que fueron antaño su triunfo.- vuelva el antiguo entusiasmo; vuelva el espíritu ardiente,-que regará lenguas de fuego en esa epifanía”.  Añade Rubén Darío: “¡inclitas razas ubérrimas; sangre de Hispania fecunda!. Latina especie, verá la gran alba  futura en un trueno de alba gloriosa; millones de labios saludarán la 2espléndida luz, que vendrá del Oriente. Oriente augusto, en  donde  todo  lo cambia y renueva la eternidad de Dios, la actividad infinita!”. ¡Inclitas razas ubérrimas sangre de España fecunda!.
Yo creo que los pensamientos de Rubén Darío, tienen como tema dos fines diferentes, uno el  que busca un porvenir mundial de Hispano-América, sin amparar al racismo, sino a la labor humanitaria  y se da cuenta de la voluntad de José María Llanas, de su amor a las virtudes de los hombres, y su inquietud por las costumbres corrompidas y sin repartir entre el pueblo, las buenas costumbres y la cultura. Sus obras son de una rareza y de una exquisitez, que escribe en el papel, de una gran calidad artística y con una originalidad extraordinaria.
 El señor Santafé era un gran amigo de José María Llanas Aguilaniedo, me contó la aventura de José María Llanas Aguilaniedo, que fue la siguiente: “No me llevó a ese cementerio el romanticismo de principios de siglo…iba sencillamente a estudiar efectos, efectivos y subjetivos, cuya grandiosidad a media  noche  y en las condiciones de ánimo en que me hallaba, calculé sacudiría mi espíritu de una manera nueva e imprevista”. En medio de la noche, “descubrió un sepulcro donde estaba enterrada una joven, representada por una bella estatua, a la que conmovido le dirigió sus palabras,diciéndole:muerta mía, vive!.Vea yo moverse tus ojos, levantarse anheloso tu pecho…agítense tus labios estremecidos por convulsiones de amor. Hermoso ángel dormido ¡háblame!. Estaba el oscense “José maría Llanas  Aguilaniedo trabajando en su cerebro el “modernismo”, la pintura, la criminología, el dcadentismo pero se iluminaba su sensibilidad con los sentimientos del corazón,a causa de la belleza de la bella joven”. En estos momentos de encuentro en el cementerio con una estatua femenina de gran belleza, en su interior percibió Llanas Aguilaniedo, una gran emoción, propia de la “locura cerebral”. Eran instantes de emoción humana ante la muerte de una bella joven, que hace ver como un hombre superinteligente, estaba perdiendo la razón. Efectivamente Joaquín Santafé que alcanzó los cien años de edad, fue un testigo de ello, pero se entendía perfectamente con el sabio y con mente alocada. Conocí  al señor Joaquín, pero de José María Llanas, ya no lo vi jamás en esta vida, pero recuerdo su obra, como su novela Pityusa cuando paso por la laguna oscense del Parque de Huesca.

Cuando paso por dicha laguna, recuerdo también a Rubén Darío, amigo de los cisnes y a José Llanas Aguilaniedo, que a sus cuarenta años perdió la razón, pero quedó unida a Joaquín Santafé.       

jueves, 19 de septiembre de 2024

Roberto Pérez Almudévar

 


Mi primo Roberto, ya ha llegado a una edad, que recuerda la eternidad, porque ya ha alcanzado los ochenta y nueve  años de edad. Al entrar en su casa, lo primero que he visto, ha sido un enorme libro de 1865, que heredó de su padre y Roberto ha depositado sobre un atril. ¡He visto cómo Roberto apoyaba su eternidad con la obra de Dante Allhigieri, escrita por los años de 1304 !. Sí, porque la obra trata del Infierno, del Purgatorio y del Cielo y es una de las más famosas de la literatura italiana y de la mundial. Se encuentran entre sus folios, unos dibujos impresionantes, de escenas eternas del Cielo, del Infierno y menos del Purgatorio, que fueron creadas por pintores de fama universal, entre los que se encuentra, en ediciones modernas, el español Dalí. Son dichos cuadros de un color oscuro por haberlas transmitido con láminas de plomo. Esa oscuridad hace crecer el respeto a la eternidad, como repartirían algún grado de alegría, si se hubieran conservado en alegres colores.
Cuando veo a Roberto, contemplo  su figura humana  y me quedo admirado, reflexionando sobre  un hombre, que por su edad, cuando se encuentra ya próximo a la otra vida, te habla con entusiasmo de la vida que ha vivido, amando el deporte, el turismo altoaragonés, desde los pueblos del Pirineo, hasta los Monegros, con el Monasterio de Sigena y la Cartuja de Lalueza. Si algunos al escuchar sus vivas palabras, tiene alguna duda,  sale de ella, al coger en sus manos paquetes de fotografías, que te hacen ver los verdes prados del Pirineo y sus altas montañas, hasta los desiertos de los Monegros, que sus parientes los hermanos Almudévar, han colaborado con otros soñadores, inspirados por Joaquín Costa, en la colonización de unos regadíos apasionantes.
Pero Roberto no amaba solamente su tierra altoaragonesa, sino que volaba con sus conocimientos por todos los países del Mundo. Y ¿cómo realizaba ese sueño de visitar lejanas tierras?. Sencillamente, porque vi un archivo enorme de álbumes de sellos de correos y al repasarlos,  aparecen ante mis ojos, los reyes que quedan en el mundo, los gobernantes democráticos y los caciques que dominan a muchos millones de seres humanos, en unos paisajes verdes unas veces y otras desérticos. Roberto ha soñado durante su larga vida, conseguir la felicidad de aquellas gentes, que vivían y morían y ha pensado en la instalación de industrias, que aliviaran sus vidas. Él se da cuenta de que no ha llegado a ser total todavía, el progreso material y espiritual a este mundo y cuando abre el libro, que le dejó su padre, con los impresionantes dibujos del Cielo , del Infierno y del Purgatorio, contempla las figuras celestes, como las de los condenados al Infierno, comentadas en verso  por  Dante Allighieri. Dante entonces,  como ahora Roberto, a veces sentían tristeza al observar  aquellos demonios cornudos y con colas colgantes,  que todavía hacen sufrir a los humanos. Y Roberto Pérez, expone para sí mismo y para los suyos “La Divina Comedia”, sobre un atril, para contemplar la comedia del Mundo, en la que también él, actúa.
Pero Roberto, no sólo no ha abandonado, la “Divina Comedia” sino que allí lo encuentras, observando aquellos oscuros cuadros, que le hacen reflexionar. Pero él, con su figura optimista, dotada de un bigote que lleva sobre su labio superior, desde los dieciocho años de edad, pronuncia sus palabras y yo  escucho, a través de ese filtro bigotil, historias que hacen vibrar a su mostacho, y después de él, conmueven  los sentimientos del  corazón de su esposa, de su hijo, de sus sonrientes hijas y de sus nietos y nietas, cuyos retratos pictóricos, cuelgan en el luminoso salón de su domicilio.
Pero yo, no sólo he sentido esos sentimientos de la vida ordinaria,  sino que durante la Guerra Civil, al mismo tiempo que Roberto, sentimos las miserias de las luchas y de las muertes de nuestro parientes, los Vallés. ¡Cómo recuerdan los dibujos del Infierno y del Cielo,  el martirio que sufrieron  nuestra pariente, madre de Jesús Vallés Almudévar y de su hijo Luis,  hermano de Jesús, que fueron fusilados, en la carretera, cerca de Bespén, por individuos infernales, como los que escribió Dante en la “Divina Comedia”, en cuyo libro se pintaron dibujos terribles de los demonios del Infierno, queriendo apartar del   Cielo a los seres humanos, hijos de Dios, como los Vallés de Fañanás.                                                   
El padre de Roberto era un hombre que tenía en cuenta los dibujos de Dante y amaba el trabajo, pero no actuaba como aquellos antiguos, que esclavizaban a la gente para producir riquezas para ellos o como aquellos dictadores en el Oriente de Europa, que  obligaban a trabajar a los obreros, horas y horas, para extender sus ideas por el mundo. Los países civilizados estimularon el deporte para equilibrar el trabajo con la salud y Don Roberto estimuló en su hijo, la práctica del deporte y Roberto,  hijo, cultivaba el amor de sus antecesores, es decir de su padre y de  su madre, inclinándose al Baloncesto, deporte que llegó a amar, como amó las riquezas de la Naturaleza. Y así como guardaba las fotografías de los paisajes y rebaños montañeses, tiene expuestas, en un espacio, encima del libro sagrado de Dante, las medallas que ganó en su deporte favorito. Esas medallas son muchas de ellas, de oro y de plata.
Yo recuerdo, cuando era niño, como acudía al Parque del Deporte de Almazán, a verlo lanzar pelotas en  el aro de sus rivales. Pero Roberto conserva  sus  recuerdos con figuras de todas las actividades de las que ha sido protagonista, y de todos los paisajes que ha visitado por el Mundo. En primer lugar me ha dejado admirado al contemplar esas medallas de oro y de plata, que son símbolos de los triunfos deportivos, que obtuvo para él mismo y para el Deporte Oscense.
Pero, como he dicho, era y sigue siendo, un admirador de la Naturaleza y no se conformaba únicamente con aumentar el número de los partidos que ganaba con sus compañeros, en el Parque del Deporte, sino que siempre que podía, con su coche viajaba con Laliena y otros numerosos amigos y recordaba su vida con fotografías extraordinarias, que todavía conserva muy bien ordenadas en sus archivos y que son, como su imagen, recuerdos de la eternidad. Porque, observando esas fotografías, se da, el que las mira, cuenta de la belleza de aquellos bosques y prados verdes, que pueden convertir a los que los examinan, en niños que se sienten con las numerosas mariposa que los gozan, igual que pequeñas partes de esa Naturaleza. Me dice Roberto, que muchos de esos paisajes han desaparecido, con lo que a mí, me queda la convicción de que él es un conservador de la Naturaleza, tal vez eterna. Este conservador, a pesar del disgusto de contemplar las ruinas de aquellos pueblos y aldeas, siente en su corazón que resurgirán, con la esperanza de una  resurrección del Alto Aragón, porque él ha visto y ve con sus propios ojos, como a pesar de haber caído edificios de noble figura, ahora se da cuenta de cómo muchos resucitan, porque son  reconstruidos  por personas, que sienten y han sentido sus mayores, y otros por la gigantesca belleza que les ha hecho gozar de su Naturaleza.   
 Muchos de los que vivían en aquella Montaña, han reparado sus casas y peregrinan a ellas, como un señor del pueblo de Sarvisé. Allí nació y estuvo hasta los catorce años, que lo llevaron a Huesca a estudiar. Se hizo Périto Agrícola en Pamplona y después ejerció su carrera en Lérida,  en Madrid y en Extremadura. Se jubiló hace escasos años y vino a Huesca, para ayudar a sus hijo e hija y a sus nietos, pero todos los fines de semana, peregrina acompañado por su esposa a Sarvisé, a la casa donde murieron sus padres. No los pueden ver en su casa natal, pero todas las semanas van a visitarlos al cementerio de Sarvisé. Este caballero es uno de tantos, de los que han arreglado sus domicilios montañeses, igual que otros que los han levantado, para hacer resucitar sus amadas tierras pirenáicas.
Muchos de los que se fueron o expulsaron, como los vecinos de Jánovas y La Velilla , a orillas del río Ara, no han podido aguantar el dolor que les produjo el abandono de tales pueblos tan bellos y tan puramente representativos del Sobrarbe. Pero también hay franceses que saben que los Pirineos eran un País, que dividieron las guerras en el Norte para los franceses y el Sur para los españoles, y algunos de ellos del vecino Bearn, que participaron en la conquista de Almudévar, de Zaragoza y de Valencia, que se encuentran muy bien en el Sobrarbe. Ahora ya no están separados políticamente, pues ambas partes son Europa. Pero están divididos por que el Ferrocarril de Canfranc, sigue destruido,  en tanto en Cataluña y en Vascongadas, circulan los modernos trenes. Pero hay aragoneses y franceses, que aunque no pueden restaurar toda la línea desde Canfranc hasta Pau, están restaurando la Estación Ferroviaria de Canfranc, que hace soñar a los aragoneses, los viajes que en tiempos pasados hacían, unos comerciales y otros sentimentales.
Otros europeos, como los holandeses, se complacen en el terreno de los Pirineos y sus Sierras, como los que compraron la casa de nuestro pariente Mosen Jesús Vallés Almudévar, en Castilsabás, donde viven dichos holandeses.
Pero no sólo se han preocupado los aragoneses de la comunicación ferroviaria a través de los Pirineos y su conversión en una zona rica, sino que el portugués Pascual Madoz, en los ya lejanos tiempos de 1845 al 1850, escribió que el río Ara, es diferente a todos los demás ríos montañeses. Largos kilómetros  de este río, carecen de puentes, por los que cruzarlos. En cambio en zonas más llanas, como cerca de Albella, donde hay una ermita dedicada a San Urbez, parece que las aguas imitan a las de las llanuras, pues corren mansamente. Escribe Pascual Madoz que “al impulso de sus aguas, se mueven las ruedas de molinos harineros y batanes; también se fertilizan, con ellas, que podían aprovecharse a poco coste, abriendo acequias y haciendo grandes praderías, para lo que es a propósito el terreno de sus inmediaciones, y con ellas un país ameno y fértil, el que hoy es ácido y miserable”. En aquellas aguas, crían abundantes truchas, barbos y anguilas.
¡Roberto!, nuestros recuerdos son muy limitados, pero la Historia nos hace leer, situaciones en las que intervinieron nuestros padres. José Almudévar Altabás, pertenecía a la familia Almudévar de Barluenga y por el año de 1805, se casó en Siétamo con Francisca Escabosa y Azara. Los Azara de Siétamo eran parientes de los Azara de Barbuñales y amigos del Conde de Aranda. Este poseía en Rodellar un terreno escabroso, apto para el pastoreo de las ovejas y nuestro antepasado, de Roberto y mío, arrendaba sus pastos al conde y por tanto subía y bajaba a Rodellar, con frecuencia. Y aquí es donde el sabio Pascual Madoz, nos revela lo que José Almudévar, veía en la Fuente de Mascún. “Se cree con bastante fundamento que de la Sierra de Jánovas, se filtra por entre grandes cavernas, que en ella se descubren y da origen a una nombrada fuente, que nace en el Barranco de Mascún, al pie de la Sierra Guara…Cuando crece el río Ara, la expresada fuente aumenta el caudal de agua, que en ella brota y cuando las avenidas del Ara, arrastran hojas de haya, la fuente presenta las misma hojas”.

Desde Siétamo se ve muy cercana la Sierra de Guara, y así como nuestro antepasado contemplaba las hojas de haya, que traían las aguas del río montañés, ahora son las hojas fotográficas archivadas, que ha multiplicado Roberto, las que pueden unir dar fuerza al Alto Aragón, para comunicarse con el Pirineo Francés, con el ferrocarril.

miércoles, 18 de septiembre de 2024

A la una, salta la Mula………


 

Una de esas mañanas,  en que la Feria divertía al pueblo con sus diversos aparatos de entretenimiento  para los niños,  en  una garita aparecían  unas pequeñas  cañas de pescar, para que los niños entraran  en la aventura de hacerse pescadores.  Del extremo del cordón de la caña, pendía un imán en lugar de un anzuelo y el otro imán, que llevaba el pez artificial en el extremo de su boca, se atraían y los niños y niñas, sacaban a sus manos, el pescado artificial que habían pescado. No se podían comer el pez, pero el dueño de la garita, les compensaba con algún pequeño juguete, que los hacía felices.
Otros muchos puestos de la Feria, divertían a su manera a los niños y los mayores que los acompañaban. Yo mismo era feliz, viendo dar vueltas por las calles y la Plaza Mayor del pueblo, a unos burros auténticos, en los que se   había   montado un jinete en cada uno de ellos.  Yo me sentía feliz, como ellos, al recordar tiempos pasados, en que era yo mismo con mis amigos y hermanos, uno de los que  montábamos en aquella burra torda, que  estaba atada en su pesebre, en la cuadra de mi casa, antes de la Guerra Civil. Después de ella, apareció otra vez en mi casa y siempre estábamos jugando,  ella conmigo y yo con ella. Para poder montarme, la aparejaba  a cualquier hora y la dirigía al abrevadero de la fuente, y ella bebía, si tenía sed, pero como eran tantas las veces que la llevaba a beber, muchas veces se negaba  y empezaba el juego en que ella se divertía conmigo. Una vez en la fuente, se daba media vuelta y emprendía una rápida carrera, que nos llevaba a la era, donde había montones de trigo o de cebada, en los que se saciaba. Al morder hacía un ruido, como de molino,  deshaciendo con sus muelas, los granos de trigo. En una de esas carreras, en que  me llevaba galopando desde la fuente hasta la era, un día me tiró en la cuesta que sube de la fuente a la Plaza Mayor y me dejó una cicatriz, que el Señor Jorge, barbero y practicante durante largos años de  Siétamo, en su barbería, que era el único resto que quedaba de su casa, me curó la herida.  Después, siendo ya mayor,  tuve otra burra, también torda, con que fui por el monte, acompañado por un galgo, a intentar cazar alguna liebre. Por fin  le vendí la burra  a un muchacho de Bierge, que era pastor y que todavía encuentro por las calles de Huesca.
Una de estas mañanas, al levantarme,  me acordé de ambas burras y de aquellos cantos o gritos alegres que hacíamos sonar los niños de Siétamo, cuando jugábamos  a la Pidola o Salto del Burro o de la Mula. Y recordando, volvía a pronunciar algunas palabras, que me causan un respeto,  parecido al litúrgico, decía “A la una anda la mula- a las dos el reloj, a las tres San Andrés, a las cuatro brinco y salto” y por más que estrujaba mi memoria, no me salían más versos. Entonces bajé al Bar y allí le pregunté a Luis Mora, eterno hortelano y tampoco se acordaba de ninguno de aquellos versos que de niños cantábamos, cuando saltábamos el burro o la mula, pero de repente siguió con el verso número cinco y exclamó: “A las cinco el mayor brinco”. Le recordé a Joaquina lo que me pasaba con esas frases y ella, rápidamente me dijo:  “ a  las cinco el tío Jacinto”. A las seis: abrevando un “güey”. Esta expresión la dijo con una palabra aragonesa. “A las siete, coge la bota y bebe”, pero ya no se acordó de nada más.  Me acordé,  del juego del Salto del Burro o de la Mula, a que jugábamos en aquellos viejos tiempos  los niños, porque era un juego colectivo,  en el que participábamos todos los del pueblo, no cómo ahora, en que unos se ponen a jugar como pescadores, otros a tirar al blanco con escopetas de aire comprimido. Y el que no tiene dinero, se queda sin jugar. Entonces había mucha pobreza, pero sentido de la justicia ya lo tenían aquellos niños,  que sorteaban la plaza de burro o de mula.  Entonces, los niños sin dinero se divertían todos unidos en el mismo juego. El atractivo de aquellos saltos de mulas o de burros, todavía hace sentir la ilusión de los niños por la Naturaleza, porque no faltan jinetes que se monten en los simpáticos burros, que caminan por El Arrabal y por la Plaza Mayor. Seguí preguntando a algunos vecinos de Siétamo, entre otros a las hijas del señor Avelino y me recitaron algunos pasajes que se pronunciaban en el salto de la burra, y algunos ya no eran iguales que aquellos de los que yo recordaba. No me extrañaron aquellas mutaciones de los versos del Salto de la Burra, porque el tiempo fue el origen de aquel juego, tan antiguo. No nos hemos fijado en la belleza de aquellos juegos, como se  fijó, el gran pintor Goya, que pintó   un cuadro, en que unos niños realizan el salto, no sobre una burra, sino sobre otro muchacho, que le ha tocado hacer de burro. El tiempo se ha pasado desde Goya hasta nosotros, pero durante él, se ha saltado sobre el burro por muchos países de mundo y esto se ve, mirando sellos de Correos de Holanda, de Bélgica y de países africanos y americanos. Se ha considerado el juego de los niños, como una actividad  sin valor, pero,  uno siente en su espíritu el valor de aquellos versos improvisados, muchas veces, por los niños, que saltando, desarrollaban sus facultades físicas,  queriendo convertir ese juego en un concierto físico e intelectual, cuidando a los niños de las posibles patadas, que podían recibir en sus saltos.  Saltando y pronunciando  los versos, que en ocasiones ellos mismos pronunciaban, eran solidarios y se divertían.  A Goya, yo creo que le impresionaron la poesía, la sátira, el humor y el amor  de esos niños, que saltaban el Salto del Burro.
Me acuerdo, como antes de empezar nuestros saltos, se echaba  en suerte quien tendría que ejercer de burro. Una vez elegido el burro, que no era humillante, sino que estimulaba al niño a salir de esa situación de asno o de mula, para convertirse en un  caballero, que saltaba sobre las dificultades,  que el mundo nos presentaba. Para ejercer de asno,  tenía que perder su verticalidad, que le permitía contemplar el cielo, para adoptar una postura horizontal,  como la de los animales cuadrúpedos. El que se había de convertir en burro,  para aguantar la marcha de saltos,  unas veces poéticos, otras satíricos,  se inclinaba hacia delante apoyando su curvatura, con los codos en las rodillas, ocultando su cabeza, para evitar accidentes.  El jugador que le tocó  hacer de asno, se inclinaba  y lo hacía,  para que por encima de él, saltasen  los otros compañeros de juego,  con las piernas abiertas en el aire. Y cada uno acompaña el salto con una corta canción.  El primero dice al saltar sobre su compañero: “A la una anda la mula”. El segundo,  “a las dos el reloj”, cantaba el de Siétamo,  pero en otros lugares, gritaban: “a las dos la coz”. El tercero,   gritaba : “ A las tres San Andrés” y el cuarto seguía gritando: “a las cuatro brinco y salto”, mientras en otros pueblos : “tres saltitos de San Andrés, daré y no me quedaré” . El quinto saltarín,  como me dijo Luis Moreta, el hortelano de Siétamo: “ A las cinco el mayor brinco”, o  “a las cinco doy un brinco”, exclamaban, en otros lugares.  Este salto, lo califican de el mejor, porque no tiene que apoyar las manos. En el sexto salto el  saltador, anunciaba : ”a las seis,  salto del rey”.
Durante todo el juego, se ve como los saltarines, quieren ejecutar varias habilidades  a la vez,  pues este salto han de hacerlo, apoyándose  con una sola mano, porque dice: “A las siete coge la mula y vete”. Una mano ha de tenerla preparada para sujetar a la mula y la otra ha de atender el perfecto apoyo de su cuerpo, cuando salta. El octavo salto resulta más difícil todavía,  porque el saltador dice: “a las ocho, comemos bizcocho”, porque después de saltar apoyado con las dos manos, ha de llevárselas a la boca. En el salto número nueve, exclama el niño:” a las nueve no te mueves”, “a las nueve, papas al nene”. En el último  salto  “a  las diez, me echo a correr”, porque tenía que hacer una carrera larga.  He aprendido estos días que a este juego recordado por mí, lo llamaban además del salto del burro o de la mula, con la palabra  castellana, Pidola, de origen latino.
Como hemos visto este juego es tradicional, que consiste en saltar los jugadores, por encima de un compañero que hace el papel de un burro o una mula. Este muchacho, que hace de sostén del peso de todos  sus compañeros,  ha de doblar la cintura y esconder su cabeza entre las manos. En tanto los que han de saltar, forman una fila para saltar por encima del que hace de potro. Cuando saltaban,  apoyaban sus manos en la espalda del jugador que hace de potro, y abrían ampliamente sus piernas, para que al pasar por encima de su compañero,  no le dieran golpes en su cabeza. La humillación  entre los que saltaban y el que hacía de potro, no se imponía, sino que se sorteaba. Antes de dicho potro, se trazaba una raya en el suelo, que no debían pisar los que se lanzasen a saltar. El que pisaba la raya, había perdido y tenía que sustituir al potro, que había cumplido su misión y el que quedaba liberado,  pasaba a la cola de los saltadores. Si nadie  faltaba a las normas del juego, se aumentaba la distancia de la raya. Este juego, no sólo existe de esta forma, sino que hay variedades, como una que recuerdo, en que se ponía un niño, con la cabeza frente a una pared y sobre él, saltando,  se colocaban otros, que sentían la necesidad de colocar un  potro más, detrás del primero, pero a veces se cargaban tanto los potros, que aquella muchedumbre de niños,  acababa en el suelo. ¿ No sería este juego un aviso a los niños, de las dificultades que les iba a traer la vida para vivir, sin caer  y encontrarse revolcados por el suelo?.
 Pero en California , hacían las carreras más largas que se hacían en mi pueblo, pues un grupo de estudiantes, prolongaban el juego y hacían tan largas las carreras, que en una ocasión, estuvieron más de diez días, llegando a recorrer con sus carreras más de ciento seis kilómetros. No sé si este éxito deportivo fue hace años o ha tenido lugar uno de estos años, que me parece más creíble, porque el mundo se está lanzando a la conquista de la luna, que no logrará con el Juego de la Mula, pero, sin embargo la voluntad que ponen en correr kilómetros y kilómetros, les encienden su voluntad de alcanzar el espacio, con una poderosa Mula Mecánica.

martes, 17 de septiembre de 2024

Las ruedas de los molinos



Ya quedan pocos molinos en las orillas de los ríos y cuando puedo, observo su ruina actual, y recuerdo su belleza antigua .En cierta ocasión en el agua corriente del río Guatizalema, encontré una rueda de piedra de un molino, que ya no rodaba, sino que estaba triste, porque ya no daba vueltas en un molino,  impulsada por el agua, sino que había entrado en una fase de inutilidad, para aquellos viejos molineros, que vivían  para seguir dando vida a la humanidad. Representó, muchos años antes, esa rueda de molino, la conservación de la vida humana por aquellos molineros, que acompañaban a las pétreas ruedas de sus molinos, para que el hombre consiguiera obtener el “Pan Nuestro de cada día”.
Esta verano estuve con mi yerno Santiago , en el Molino de Aratorés, que pertenece  al municipio de  Castiello  de Jaca, y a cuyo lado corre el río Aragón. Está el pueblo de Aratorés  al lado de Francia, debajo del Bearn y al lado de Navarra. En la puerta de su cementerio se ve una piedra picada formando el dibujo de un “lauburu”. Allí daba la impresión de vivir en el pasado y en el tiempo actual, porque se oía hablar al río Aragón, se oía también lejano, pero real, el vascuence, al ver las “cuatro cabezas del Lauburu”, en la entrada del cementerio, al lado de la iglesia. Se escuchaba el canto de los pájaros, se contemplaba el vuelo de las aves algunas de las cuales,  cruzan los Pirineos, unas veces hacia Francia y otras que bajan a España. En el canal que conducía el agua al molino, nadaban diversas especies de peces y se escuchaba a veces el croar de las ranas. En el prado que se encuentra en las mismas orillas del río, me dijo el anciano molinero que en invierno, los ciervos berreaban,  se daban golpes frente a frente con sus múltiples astas  y se hacían el amor.
Pero no sólo eran felices los montañeses, sino que también lo fueron los molineros de los ríos del Somontano oscense, como los del  río, Alcanadre, que  con sus aguas molían el trigo en el Molino de Pertusa.
Era molinero del Molino de Pertusa, Antonio Borruel Azara, que fue el abuelo del Agrónomo, que actualmente vive en Pamplona, que  trabajó o regentó el Molino de Pertusa. Su nieto, el Agrónomo,  expone que quizá fue ayudado Antonio Borruel Azara, por su bisabuelo Jaime Pujol Molinos.  Esta etapa de la vida de estos molineros  pudo ocurrir entre 1830 y 1840. Pero Antonio Borruel Azara, hacia 1895, estuvo regentando el Molino de Sesa, para pasar en el año de 1900, a regentar el Molino de Novilles, en 1914 el de Sadaba y en 1918 el de Uncastillo.
Don Antonio Borruel Olano, el Agrónomo, que estudió en Pamplona con mi hermano Jesús Almudévar Zamora, se muestra deseoso de conocer noticias sobre el Molino de Pertusa, pero yo las he pedido y no las he obtenido. Además ya no dispongo de carnet de conducir para viajar a Pertusa. Me comunica algunas relaciones sobre su familia en Laluenga  y otra de Pertusa.  Pero el eje central de la historia de la familia de Antonio Borruel Olano, se centra en el Molino de Pertusa.
El propietario del Molino de Pertusa era Don Manuel Foncillas Bara  y con este señor, de amplio caudal,  era pariente el molinero de Pertusa Antonio Borruel Bara, cuyo segundo apellido Bara coincidía con el segundo  Bara del Señor y dueño del Molino de Pertusa. De  Don Manuel Foncillas Bara, en los  “Linajes de Aragón”, se lee que los Bara estuvieron viviendo un siglo  en Casbas, donde se encuentra abandonado por las religiosas, el Monasterio de Casbas, donde escribió incluso en aragonés , la tía del Conde de Aranda.  Su pariente, que fue  molinero Antonio Borruel Bara, nació en Laluenga en 1830 y muy joven, empezó a trabajar en el Molino de Pertusa. Este Molino perteneció a los Foncillas, a saber a Don Ignacio Foncillas, nacido en Pertusa. Un pariente de este Foncillas, a saber Francisco Foncillas Pertusa, fue Catedrático de Medicina en la Universidad de Huesca.”A los Foncillas de Pertusa perteneció  don  Ignacio Foncillas, nacido en dicho pueblo. Estos Foncillas eran de la Baronía de Pertusa, a la que pertenecía Barbuñales, con los Azara o Azagra”.  Los Foncillas,  como dice la frase anterior,  eran de la Baronía de Pertusa, a la que pertenecía Barbuñales, con los Azara, o Azagra  para otros. Los Azara de Barbuñales fueron ejemplares en la Historia de España. Los Foncillas  eran una parte de esos Azara, que eran Barones de Pertusa. Los Azara de Siétamo eran parientes de la numerosa familia de los de Barbuñales, que hicieron brillar su genio en Europa y en América.
 En 1867, Antonio Borruel Bara, molinero en Pertusa era pariente de los Foncillas o Barones   de Pertusa. Este Antonio Borruel Bara  se casó con Josefa Azara, nacida en Usón, que  se trasladó a Pertusa, y tuvieron un hijo llamado Antonio Borruel  Azara, que en 1895 se casó en Pertusa con Isabel Pujol González y se trasladaron al Molino de Sesa. ¡Cómo se mezclan los apellidos de Bara y de Azara, en la Baronía de Pertusa! y ejercen de molineros!.
A continuación dispongo de varios datos, cuyo orden no comprendo y paso a copiar una nota escrita por el señor Borruel Olano, que dice lo siguiente:”Como todos los artículos de Ignacio Almudévar Zamora, me ha encantado, pues además de dar una visión de Huesca, la Hoya, el Somontano durante el siglo XX, también incluye datos históricos de siglos anteriores. Hasta otras razones que me han hecho muy agradable este artículo, pues aparecen datos sobre las familias Borruel y Azara, ya que mi abuelo se llamaba Antonio Borruel Azara, nacido en Pertusa. Hay otra circunstancia, estudié en Villaba con Jesús Almudévar Zamora, hermano de Ignacio en Siétamo. Escribe sobre Geografía e Historia. El artículo es muy interesante, pues nos muestra la vida en los Molinos de Huesca. Lo que más me ha congratulado es que habla mucho del mismo Molino de  Pertusa, debido a que mi abuelo Antonio Borruel Azara, nacido en Pertusa, trabajó o regentó dicho Molino, quizá con mi bisabuelo Jaime Pujol Molinos; todo esto pudo ocurrir hacia 1880- 1890. Hacia 1895 Antonio Borruel estuvo regentando el Molino de Sesa . En 1900 regentaba el Molino de Novelles. En 1914 el de Sadaba. En 1918 el de Uncastillo.  Si alguien me puede dar noticias sobre el Molino de Pertusa, estaría muy agradecido”. A estas preguntas se me ha contestado que en Pertusa, estuvo Valentín Artero Catevilla, abuelo de mi amigo Valentín y allí conoció a Benita Fau Gtau, hija de Pertusa y con ella se casó. La organización de los molineros se hacía desde los molineros de categoría y los simples obreros y por eso el abuelo de mi amigo Valentín Artero Ribera, estando en Pertusa, regentaba al mismo tiempo el Molino de la Santeta,a orillas del río Flumen,cerca de Quicena. En este molino conocí a un molinero que era de Siétamo, muy cariñoso conmigo, que estaba casado con una ,no se si tía o hermana del dueño de la Fábrica de Harinas, situada más tarde en Huesca. El padre de Valentín Artero Fao, tuvo algún molinero, que desde Pertusa, regía el destino de muchos molineros,que desplegó por tierras de Navarra y cerca de ella, como por   Uncastillo donde estuvo Antonio Borruel Azara. Este molinero era pariente de los dueños del Molino de Pertusa, pero todo hace pensar, en que los Borruel y los Artero formaban una especie de Sociedad que iba desde el río Guatizalema en Siétamo hasta los Molinos hasta los de Sena y Sariñena. No es extraña esta Sociedad Molinera entre los parientes del Barón de Pertusa,del que era pariente Antonio Borruel Azara y de los Artero , que fueron olineros durante seis generaciones. El padre de Valentín ¿no mandaría a Antonio Borruel Azara a Uncastillo?. No sería extraño porque seis generaciones de molineros en los ríos Guatizalema y Alcanadre y en la misma Sadaba de Navarra y Uncastillo se Zaragoza,hacen pensar en un alto poder de producción harinera.
Yo comprendo el sentimiento de Antonio al acordarse de esos ríos, molinos y territorios navarro aragoneses. Últimamente  el día 6 de Marzo de 2015 .el señor Beñat Larrañaga, me escribió en mi ordenador, lo siguiente: “El pueblo que mencionas sobre los rezos en euskera es Uncastillo,  en las Cinco Villas. Todavía en 1927 se enseñaba la  catequesis a los niños (algunos ¿¿) en euskera. Prueba veraz es que hace unos años un estudioso del euskera conoció a una persona, ya muy mayor, que todavía era capaz de rezar “Aita gurea Zerutan Zarana…( Padre nuestro que estás en los cielos).  Increíble, pero cierto”. En 1918, estaba Antonio Borruel Azara en el Molino de Uncastillo.  ¿ Ha tenido alguna noticia de los rezos en euskera en la iglesia del citado pueblo?. Lo que tampoco hay que  olvidar, son  las ruinas de las construcciones romanas para conducir agua, que se encuentran en Uncastillo.
De Antonio Borruel Azara, nacido en Pertusa y abuelo del Agrónomo Antonio Borruel  Olano, son las últimas noticias que tengo de los molineros de Pertusa, es decir que estuvo en el Molino de Uncastillo, por los años de 1918.
Ahora vista la forma de gobernar la molienda en tantos lugares,  pasamos a considerar otra familia de molineros, como  don Valentín Artero Ribera de 64 años de edad, que me explica que su familia se había mantenido durante seis generaciones, dedicada a la molinería en la Provincia de Huesca.
La familia de los Borruel Azara, parientes del Barón de Pertusa y de los Azara de Barbuñales, que desde el Molino de Pertusa, iba de molino en molino, hasta Sangüesa de Navarra y  Uncastillo,  en la provincia de Zaragoza, ejercen de molineros en una misma sociedad,  con loa Artero, en los mismos molinos, que la antigua familia molinera de los Artero. Estuvieron moliendo cereales en el Molino de Sesa, por ejemplo los Borruel y los Artero.
Hoy, Valentín Artero Ribera, con sesenta y cuatro años de edad, que en su niñez trabajó de molinero, me dice que su padre fue Fausto Valentín Artero Fao,  que nació en 1912 y fue molinero en Torres de Alcanadre. Este Fausto se casó con María Ribera Ramoneda, nacida en  1913 y fue  padre de Valentín Artero Ribera, que regenta el Restaurante. Valentín Artero Ribera estaba en el Molino de Sesa acompañando a su abuelo Valentín Artero Catevilla,nacido en Laluenga y que vivió 87 años ya que su padre  había sido llamado por el Ejército Republicano para participar en la Guerra Civil de 1936.Su padre Valentín Fausto Artero Fao , se fugó del Ejército Republicano y se incorporó en el Ejército Nacional. Este cambio le dio la ventaja de no pasar unos cuantos años prisionero.
Y sigue Valentín informándome de que su bisabuelo paterno fue Valentín Artero, que nació en Siétamo y “con este nombre  y primer apellido mi padre me dijo siempre, que se habían mantenido los Artero, dedicados en seis generaciones, todos dedicados a la molinería de la provincia de HUESCA”. Fueron los Artero, unas veces inquilinos de algunos molinos y otras veces propietarios. Tiene memoria de haber trabajado en los molinos de Pertusa, de La Santeta, de  Lalueza, de Siétamo, Torres de Alcanadre, Bujamán, Sesa, Huerto, Estiche, Sariñena y por último Sena. En Sena se crió Valentín Artero Ribera, acompañado de sus padres, desde los ocho años  a los trece.
Yo no encuentro tratos de proximidad o de parentesco entre los Borruel Azara, parientes de los Barones de Pertusa, con los Artero Ribera, con el llamado Fausto Valentín Artero Fao, nacido en 1912, que se casó con María Ribera Ramoneda en 1913 y fue molinero en Torres de Alcanadre. Tampoco encuentro parentesco entre los Borruel y los de Artero Catevilla, nacido en Sesa y que estuvo de molinero en el Molino de ese pueblo, a pesar de que los molinos fueron muchos los explotados   por molineros de ambos apellidos. Por la misma época,  los molineros los Borruel y los Artero el mismo año,  Antonio Borruel hacia 1895, estuvo regentando el Molino de Sesa y en 1918, el de Uncastillo.
La causa de este desconocimiento de apellido que emparentaran a los Borruel con los Artero, radica en la pérdida del segundo apellido del bisabuelo Valentín Artero. Si no hubo parentesco sanguíneo entre los Borruel y los Artero, hubo un lucha común entre ambos apellidos ,para repartir la harina entre el pueblo de Aragón.
He conocido al hermano de Valentín y me han hecho ver el temperamento alegre de los antiguos molineros Artero. A Valentín lo mandaron sus padres a estudiar la Carrera de Veterinario, pero él se dedicó además a pintar y sonar la música, pro la que tenía una sensibilidad, que la habían proporcionado las corrientes de los ríos y los cantos de las aves nocturnas, que escuchaban en las oscuras noches en los numerosos molinos que rigieron y que al mismo tiempo sirvieron.
Valentín Artero Ribera, que se dedica  actualmente a seguir un Restaurante en Huesca, escribe:”Mi abuelo Valentín Artero Catevilla arrendó el Molino de Sariñena, que era de la familia Torres y hoy es una Residencia de ancianos. Mi padre, Fausto Valentín Artero Fao, compró el Molino de Sena y lo vendió a los pocos años, y hoy es un chalet. Y aquí terminó el oficio de molineros de la familia Artero”.
Pero cuando Valentín Artero Ribera, llega a darme los datos de su bisabuelo Valentín Artero Catevilla, nacido en Lalueza, nos dimos cuenta de la dificultad de encontrar apellidos comunes entre las dos familias, porque se habían olvidado del segundo apellido del bisabuelo paterno, Valentín Artero, del que se cree, nació en el Molino de Siétamo
Me recuerdan los antiguos molineros la poesía de León Felipe, que dice:”Siempre hubo nieve altanera-que vite el mundo de armiño,-y agua humilde que trabaje-en la presa del molino.-Y siempre habrá un sol también- un sol verdugo y amigo- y en la nube,el agua del río”.

lunes, 16 de septiembre de 2024

Mi padre escribe sobre el Castillo.



Castillo de Sietamo (Huesca).


Mi padre Manuel Almudévar Casaus, nació en Siétamo, el 28 de Febrero del año de 1885, e hizo su Primera Comunión en Siétamo el día 15 de Abril de 1896. Nació en el siglo XIX y murió  el uno de Julio del año de 1973, del siglo XX.
Vivió en Siétamo con su padre Manuel Almudévar Vallés,  con su madre Pilar Casaus López de Botaya y con sus hermanos, Pilar, la mayor que se casó en Huesca con el farmacéutico Feliciano Llanas Aguilaniedo, que al enviudar se volvió a casar con Teresina, hermana de Pilar. Quedó soltera su hermana Luisa, que fue una persona, que dedicó su vida a hacer felices a todos los que la conocían y a su hermano, también soltero, José María. Vivieron ambos hermanos los últimos años de su vida, en la torre de Casaus de Huesca. Cuidaban el jardín y la piscina y cultivaban un huerto, que les cuidaba un hortelano de Huesca. Yo la vi, en cierta ocasión, cerca de la piscina y al lado de la pared de la finca, gozando de un éxtasis, consistente en contemplar un nido de ruiseñores. Era una persona que amaba a su prójimo,  sobre todo a los niños  y a los animales que embellecían la Naturaleza. Antes de la Guerra Civil vivía con nosotros en Siétamo y yo la veía echar en el gallinero flores de una planta, con la que combatía los “pedilluelos” o piojos de aves, que atacaban a las gallinas.
La Guerra Civil los echó a vivir a Huesca y de la misma forma que encontró en Siétamo la felicidad con las aves de corral,  la encontró en la Torre de Casaus, con los ruiseñores.
Pero Victoria López de Zamora y Lafarga, esposa de mi padre Manuel Almudévar, fue la mujer que unida a su esposo, hicieron feliz la casa Almudévar de Siétamo, hasta que llegó la Guerra Civil de 1936. Llenaron la enorme casa de seis hijos y allí tenían su nido, mi padre y mi madre, hasta que la Guerra de 1936, la vació de aquella familia, que vivían felices cuidando a los niños y niñas la señora Concha, de la que conservo una “esquilleta”, que hacía sonar un pequeño cordero. Pero no sólo conservo el sonido de la campanilla del cordero, sino que conservo aquella expresión que me lanzaba y que yo creo que fue como una profecía de la Guerra Civil,  que iba a llegar y que decía así: “¡Hijo mío “ladrón”, tú serás un ladrón de Gobierno!”.  Y efectivamente, aquella Guerra fue como ladrón del pueblo español, al que acabó de arruinar, de sufrir y de derramar su sangre. La señora Concha, era una mujer rústica, que no había estudiado, pero que se daba cuenta de la corrupción de la Sociedad y le pedía al Señor  “que yo no fuese ladrón de gobierno”, porque se conformaba con el trabajo de su esposo Martín y de las gallinas y de los “conejos chinos”, que criaban en su corral. 
Venida de la Argentina se encuentra en mi casa, una fotografía, que representa la felicidad que pasó mi familia, en ese periodo de vida, en que mis padres formaron el “racimo” de sus hijos. 

En la fotografía que hace muy pocos días, procedente de la Argentina, nos mandaron a Huesca, sale mi madre, con mi hermana mayor Mariví.  En un gran automóvil descubierto, parado en la puerta de nuestra casa de Siétamo,  al lado de la iglesia parroquial y dentro de él y en las escalas, por la que subían mis familiares y otros por sus lados, y se unían en grupo mi madre Victoria,  sentada en uno de esos escalones y sobre sus piernas, abrazaba a mi hermana mayor, Mariví. Allí en el interior del coche y alrededor de él,    estaban también José María y Antonio Almudévar Manzano y Adela, mi padre y mis tíos Teresa, Luisa, José María, que permaneció soltero toda su vida. Sentados en la parte posterior del coche aparece  el abuelo de la Casa de Almudévar,  a saber Manuel Almudévar Vallés y su esposa la abuela Pilar López de Botaya.
“¿Cuántos quedan vivos de los fotografiados en esta escena del año de 1926?. Yo me doy cuenta de que no queda ninguno. En la fotografía sale mi hermana Mariví, y más tarde nacieron Manolo, María, Ignacio, que soy el que escribe este artículo, Luis y Jesús. Yo nací el día 16 de Noviembre de 1930 y mi abuelo y mi abuela murieron a los pocos meses, tan pocos, que yo no me acuerdo de ellos.
Entre aquellos seres humanos, que ya no quedan vivos, pero que entonces estaban celebrando en la puerta de la casa paternal de Almudévar, una fiesta patriarcal. 



Allí se encontraba la dueña del coche, Rafaela Almudévar, casada con Carderera,  y hacía resaltar, con su belleza, el portal de Casa Almudévar y la fiesta, que estaban celebrando espontáneamente. Casa de Carderera de Huesca, ya está desaparecida.
Mi doblemente primo,  el sacerdote ya difunto,  Don Jesús Vallés Almudévar, que había intentado comprar un hermoso retrato  de su pariente Rafaela Almudévar de Carderera, no pudo hacerlo  por su elevado precio,  pero yo saqué una fotocopia en colores de tal retrato, y guardo el recuerdo de una belleza de mi tía Rafaela casada con Carderera, que en el año de 1927, ya participó en la filmación de esa película, llamada: “Al Holliwood Madrileño”.
“El autor de la película llamado Nemesio Soldevila  era íntimo amigo del escritor y gran periodista López Allué y este autor escribió en el Diario de Huesca, el día 29 de Septiembre y luego el ocho de Octubre del mismo año de 1927 del mismo año, un artículo sobre esta película y cita las personas que ahora busca el amante de la Historia de Huesca, mi amigo Garcés”. Silvio Kossti, el año de 1928, un año después de haber participado en el rodaje de la película “Al Holliwood madrileño”, en compañía de su hijo Rafael, al que conocí yo de niño y que era el director de la Central Eléctrica Oscense, que murió.
Pero no siempre se celebraban fiestas, en casa Almudévar, sino que mi padre se preocupaba de la Historia de Siétamo y aparte de escuchar durante muchos años sus conocimientos sobre Don Pedro Pablo Abarca de Bolea y la Familia Azara de Barbuñales y de Siétamo, encontré un escrito suyo, en el que dice que es una Nota sobre el Castillo de los Condes de Aranda, que  eran Marqueses de Torres de Montes y Barones de Siétamo, antes de ser Condes de Aranda. Mi padre, nacido en 1885, en el siglo XIX,  ya estudiaba en Huesca, acogido por casa de Carderera.  En 1926, gozaron mis abuelos Manuel Almudévar Vallés con mi abuela Pilar López de Botaya, de la visita de Rafaela Almudévar casada con Carderera y los descendientes de la  familia de Orús- Almudévar, ´después de muchísimos años, nos mandaron la foto del automóvil de Rafaela”. Cuatro años después, en 1930, el año en que yo nací, murieron mi abuelo y mi abuela.



La familia del conde de Aranda, se acabó y sus sucesores le vendieron el Castillo a mi familia. De lo más alto de la Torre, hay una fotografía, en que mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, observa el monte de Siétamo y a los trabajadores que en él, hacían sus faenas.
Mucho trabajo tuvo mi familia en este Castillo, porque tenía que gastar dinero para que no se deteriorase su estructura, aprovechando al mismo tiempo los almacenes,  para conservar sus carros y máquinas de labranza. En dicho Castillo albergaban mis antepasados a varias familias, que carecían de vivienda sin cobrarles nada por su alquiler. En vida de Don Pablo Abarca de Bolea, éste construyó un almacén para conservar el vino y arriba los cereales, y en tanto  tuvo que luchar con los ingleses en Portugal y acomodarse a vivir en el Palacio de Epila, donde murió. A Epila hace unos años,  acudimos muchos vecinos de Siétamo, a celebrar en su Parroquia el centenario de su muerte. En el pueblo todavía quedaron convecinos míos, cuyos padres habían vivido en el Castillo, alojados por mis abuelos y que no les hacían pagar arriendo.
Vino la Guerra Civil del año de 1936 y quedó destruido el Castillo, que estaba situado en la Vía Romana que conducía de Huesca a Alquézar y allí quedan los recuerdos de la Historia del Gran Conde de Aranda.
Mi padre, que se quedó sin esposa el año de 1943, después de la Guerra, recordaba los tiempos pasados y escribió en un papel,  que yo encontré en una pequeña caja, el siguiente texto: “CONDES DE ARANDA.
Por gracia de Fernando el Católico, fue primer Conde de Aranda en 1488, D. Lope Giménez de Urrea.
Al quinto conde, D. Antonio, confirió grandeza de España de primera clase, en 1626, D. Felipe IV. Murió y era sucesión y pasó el condado a D. Pedro Pablo Fernández de Heredia y Ximénez de Urrea.

Por línea femenina heredó el título D. Buenaventura pedro de Alcántara Abarca de Bolea, noveno conde a quien sucedió su hijo D. Pedro Pablo Abarca de Bolea( el célebre ministro de Carlos III), nacido en el Palacio de Siétamo en 1719”.





En el manuscrito se lee lo mismo con lapicero, de la siguiente forma:” SIÉTAMO (2). Palacio de los condes de Aranda. Perteneció a la familia apellidada Abarca de Bolea, marqueses de Torres, barones de Siétamo, Clamosa,etc. y condes de Aranda.
Allí nació en 1719 el célebre ministro de  Carlos III, D. pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea. El Castillo está situado en el extremo meridional de la meseta, en que se asienta el pueblo de Siétamo, dominando una pequeña, pero fértil y pintoresca vega, circundada por el río Guatizalema.
Ofrece el Castillo un viejo portal de entrada, robusta torre que da al interior del pueblo; dicha torre muy bien conservada (hasta que en Julio de 1936),  sufrió el acecho de las fuerzas marxistas,
  

(3)
 qué atacaron este  Pueblo, que destruyeron su cubierta y estructura interior, sufriendo también algún daño en el exterior.
Tiene un tambor almenado, que defiende un ángulo avanzado de la muralla (en la parte baja); por el pié de éste,  se entraba al pueblo, que estaba con muro fortalecido.
Tiene vestigios de ventanales góticos, que adornaban sus muros. La puerta del Palacio está protegida por matacanes.
Es ejemplar notable de casa solar medieval.
Se aprecia bien la estructura y planta del antiguo castillo.



  
(4) con su torre del homenaje (almenada) ya mencionada y otras tres de otros tantos ángulos, truncadas y conservadas sólo en su base.
Al pie de la torre principal, se conserva en buen estado el sótano que le sirve de base.
Pertenece al siglo XIV, si bien se supone con algún fundamento, que anteriormente fue  punto  avanzado en la línea de fortificaciones, que Sancho Ramírez, mandó levantar desde Loarre a Monzón.
Nota de Manuel Almudévar Casaus”.
Desde luego que un Castillo, vigilante de la Vía Romana de Huesca a Alquézar, que pasa por la Ermita de Santa María del Monte, por la antigua iglesia del Monasterio de Santa María del Monte cerca de Ibieca, por Bascués, por Adahuesca y otros lugares, antes de ser tal Castillo, tendría otras fortalezas que lo unirían con todo el trayecto desde Huesca a Alquézar.
  
Se acabó la Guerra Civil y desapareció el Castillo-Palacio y a mi padre y a su familia, los recogió mi abuela materna, doña Agustina Lafarga Mériz, viuda de Don Ignacio López de Zamora Blasco. Allí se prolongó la vida de mi madre hasta el año de 1943, en que murió del corazón, después de sufrir la huida de su familia, primero a Huesca, luego a Jaca y por fin a Ansó. Delante de mi ordenador tengo su fotografía, asomada en un balcón del Coso Alto de Huesca y de vez en cuando me la miro y recuerdo como lloraba, cuando pocos meses antes de su muerte, marché al colegio, fuera de casa. Mi padre que ya había perdido el automóvil en la Guerra Civil, iba y venía a Siétamo en bicicleta y en Huesca se preocupó de darnos estudios. Cuando acabé la carrera, me casé con Felisa Bercero de Torralba de Aragón, y nos fuimos a vivir a nuestra antigua casa de Siétamo, donde ha criado cinco hijos y trabajado como una santa. Mi hijo Manolo es tan trabajador como su madre y está en Siétamo cultivando la tierra con un gran  esfuerzo para salir adelante.
Recuerdo constantemente a mis primos, hermanos y a sus hijos que están trabajando por el mundo y que sigo queriendo como miembros de mi familia. Pido al Señor que triunfe la Paz, para que no tengamos que pasar los españoles, las penas de las guerras, como las están sufriendo, por ejemplo en Siria.

viernes, 13 de septiembre de 2024

La Catedral de Huesca, por Julio Brioso.

 


“Este escrito me lo entregó mi amigo y maestro Julio Brioso, hace muchos años, guardándolo como un regalo en su memoria”.

La Plaza de la Catedral ha sido y sigue siendo el centro de la vida civil y religiosa de la ciudad de Huesca. Porque aquí tuvieron y siguen teniendo su asiento las dos instituciones en cuyo torno gira la vida de una comunidad bien organizada.:la Catedral con su Obispo y su cabildo (los canónigos) y luego el Concejo, que más tarde se llamaría Ayuntamiento. Pero además de estas dos instituciones, al lado del Ayuntamiento se encuentra una institución cultural, afecta a la Universidad Literaria, que durante siglos ,quizá fuera en Aragón el centro cultural más importante: el Colegio Mayor de Santiago, hoy del Ayuntamiento. Pero toda la Plaza y el barrio que la rodea, que hoy ofrece un aspecto degradado urbanísticamente ,tuvo en otros tiempos una gran actividad mercantil, religiosa, benéfica y recreativa. En ese Barrio vivían las familias más aristocráticas y los eclesiásticos más elevados. Quizá la utilización pública de la Plaza y del Barrio  han impedido hacer excavaciones arqueológicas ,que hubieran permitido encontrar ruinas de la ciudad en tiempos primitivos ,pasando por la época romana y la visigótica .

Pero la forma de paralelogramo de la Plaza nos de la idea ,que en época romana aquello fué un Foro o Plaza en que los romanos celebraban los negocios públicos y el Pretor hacía Justicia. Esto nos trae a la memoria que Huesca fue en época romana Urbs Victrix Osca o Huesca Ciudad Vencedora. Este título se lo concedió Julio César a los oscenses por la ayuda que le prestaron en la Campaña de Ilerda(Lérida) contra los generales de Pompeyo. Los ilerdenses o ilergetes llegaban desde Lérida hasta Huesca, donde los oscenses hablaban como los ilergetes el vasco –ibérico. Desde el extremo de la colina que mira al Norte, se ve el Salto de Roldán (que en el Pirineo ,tanto oscense como navarro es tan frecuente) ,que es una muesca u Oska ,como dice el diccionario Vasco-Castellano y todavía a nuestras ovejas se las marca en las orejas ,con osquetas o pequeñas muescas, palabra que también está en el mismo Diccionario. Igual que ahora se encuentran en esta Plaza los dos edificios ,uno civil y otro religioso, en tiempo de los romanos ya se encontraban en ella el Foro civil y algún templo .del que procedería de algún dios pagano el enorme brazo de bronce que se encuentra en el Museo Provincial ;también en el Ayuntamiento se encuentra un mosaico romano ,que se halló en el mismo. Son pocos los restos que quedan de tan gloriosa época ,pero bastan para demostrar que la Plaza tiene los mismos objetivos desde hace siglos. Pasando a tiempos y gobernantes distintos ,donde ahora se encuentra la Catedral ,antes estaba la que llamaban La “Misleida”o “mischida”,de la que nuestro Rey Pedro I ,dijo ser la mejor de España, pero que así como quedaron escasos restos romanos ,de los árabes o de su “mischida”,sólo tenemos ahora ,en las ruinas del palacio Episcopal viejo, un arco árabe. Tras la conquista de  Huesca ,el Rey Pedro I ordenó que dicha mezquita se consagrase al culto cristiano y durante muchos años en ella se celebraron las funciones catedralicias, aunque se edificó junto a ella una pequeña iglesia románica ,de la que se conservan algunos capiteles y arcos en el claustro. Jaime I ,a instancias del Obispo don Jaime Sarroca , quiso dotar a Huesca de un templo catedralicio y así se iniciaron las obras de la actual iglesia Catedral en el año   1275. Desde el año 1275  hasta el año 1290 se construyeron los cinco ábsides y parte del crucero ,EN ESTLO GÓTICO ,sencillo y austero. Varias distinguidas familias corrieron con los gastos de la construcción de las capillas laterales(1279-1303). Desde 1302 se construye la grandiosa fachada ,en su cuerpo inferior ,con una bellísima portada ojival ,coronada por  un airoso gablete de fina tracería y con las esculturas de los Doce Apóstoles y de San Lorenzo y San Vicente, que hasta no hace muchos años ,el día del Corpus eran cubiertos con rojas dalmáticas. En el tímpano hay un relieve de la Virgen bajo un dosel y en el dintel ,repetidos a cada lado los escudos de Huesca con cuatro  castillos y el Salto de Roldán,muesca u oska,los rojos palos aragoneses y las hoces de los Azlor y se acabó la portada el año 1305 ,bajo el episcopado de don Martín López de Azlor,aragonés. A principios del siblo XV ,el Papa Benedicto XIII, célebre Papa Luna dedicó mucho dinero a la construcción de la Catedral ,por lo que sus armas figuran en la clave de las bóvedas del claustro gótico ,cuya fábrica inconclusa ,se había iniciado en 1406.La Iglesia castigó a la Iglesia aragonesa ,pues recuerdo ver a los canónigos y a los sacerdotes de San Pedro el Viejo,con unas chepas o jorobas artificiales en sus vestiduras con que salían a cantar en las sillerías del coro. En 1401 ó 1405 ,el moro Mahoma de Borja hace la sillería primitiva y decorada por el pintor Beltrán que luego fue sustituída por otra renacentista ,iniciada por Nicolás de Beráztegui o de Berroeta en 1587.(Tudela fue conquistada por Alfonso el Batallador y se encuentran en Navarra las influencias de la ocupación mora). En 1497 ,construyó el cuerpo superior de la fachada ,en estilo gótico florido, más recargado ,con arcos conopiales de exuberante tracería . Al año siguiente de 1498 ,se cubre el crucero mayor ,colocándose un florón con las armas de Don Juan de Aragón y de Navarra. En el Museo de la Catedral está expuesto un documento en que dicho Obispo pide al pueblo dinero para acabar la Catedral y en su cabecera figura el viejo escudo de Huesca.

Damián Forment (1520-1533)El retablo de Forment, que ya era viejo cuando lo talló , dicen que fue su obra maestra y  la mejor joya artística que encierra la Catedral  Este retablo está elaborado en alabastro, con la colaboración de su hija Úrsula . Es obra casi plenamente renacentista ,aunque condicionada por modelos góticos ,fruto de la división  de estilos que existía entre unos y otros canónigos. Consta de su cuerpo central de tres escenas de gran realismo ,a saber :Cristo ,camino del Calvario, la Crucifixión y el Descendimiento.

Capillas: Ya de 1297 a1303 el obispo Sarroca buscaba familias que pagaran las capillas laterales, cosa que siguió ocurriendo muchos años después ya que en 1525 ,el canónigo Santángel hizo la capilla de Santa Ana. La del Santo Cristo de los Milagros fue edificada por Pedro de Ruesta entre 1622 y 1625,donde se albergó su venerada imagen. La barroca capilla de San Joaquín (1655) posee suntuosa cúpula pintada por Vicente Berdusán. Por la capilla de los santos Orencio y Paciencia, con pinturas de Jusepe Martínez,se accede a la cripta que fue enterramiento de la familia Lastanosa, en la que se encuentran los sepulcros de Vincencio Juan y Juan Orencio.

 Sacristía: En ella se conserva un bello armario o calajera  renacentista, que guarda la orfebrería litúrgica, el altar de plata que se colocaba en el Altar Mayor en las grandes ceremonias.                                                

 Archivos:Tiene más de cinco mil documentos ,que son una biblioteca de historia aragonesa.Tiene el Himniario del siglo XI,el Breviarium monasticum(siglo XI-XII),copias de actas del Concilio de Jaca,el misal oscense del siglo XIII y el Breviario oscense del XIV.

ParroquietaEn 1884 el Obispo don Honorio María de Onaindía y Pérez dispuso la construcción de la parroquia del Salvador, o de Jesús Nazareno, contigua a la Catedral y que es conocida como la Parroquieta. Es de estilo neogótico y cuando se cerró se empleó para albergar el Museo Diocesano. En este Museo se encuentra el retablo también de alabastro de la Abadía de Montearagón, que realizó Gil Morlanes el Viejo entre 1506 1512 ,por encargo de don Alonso de Aragón, Abad de dicha Real Casa ,las pinturas de fines del siglo XIII procedentes de San Fertús de Bierge y el retablo de plata que Pedro IV regaló a Santa María de Salas.

 Casas de los canónigos: Al Museo se llega por dicha casa, que forma ángulo en la Plaza de la Catedral, con amplia galería de arcos de medio punto. Ahora le falta un arco ,que apoyaba en el Palacio del Obispo Cleriguech, que hoy es el convento de las Siervas.

Amigo de los cisnes en el Parque de Huesca.-

Cuando paso por la Laguna de los cisnes rodeada de bellos árboles, en el Parque de Huesca, al contemplar aquel cisne negro, me emociono como...