miércoles, 25 de febrero de 2026

La pobre cucaracha y otros “cucos” simpáticos.-

 



La pobre cucaracha no llega a alcanzar ni la categoría de “cuco”. Hay cucos muy simpáticos. ¿Quién no recuerda las mariquitas o coccinelas, semiesféricas, de color rojo intenso y con sus siete puntos negros?. Cuando caía en nuestras manos una de ellas, después de dejarla correr libremente por nuestro dedo índice, la invitábamos a recobrar su libertad, diciéndole: ¡Marieta de Dios, levanta las alas y echa a volar!. Si no quería hacerlo, insistíamos: ”Mariquita de Dios, levanta las alas y vete con Dios!, hasta que lográbamos verla marchar, pero no con Dios, sino a devorar a otros cucos de color verde, casi transparente, como los pulgones, alimentándose en los brotes tiernos de los rosales. Era todo un espectáculo observar a las hormigas, que de la misma forma que los vaqueros suben a la montaña a ordeñar a sus vacas, ascendían por las ramas del rosal a libar el néctar de sus “vaquetas”.

Los hombres explotamos a las vacas como las hormigas y las mariquitas a los pulgones; al fin y al cabo también somos muy cucos, si bien unos más que otros. De la misma manera que de ”cuco” se deduce la palabra despectiva cucaracha, aplicada a las escala zoológica, igual se deduce la palabra cucaracho, aplicada a la especie humana. Toda regla tiene su excepción, ya que al más famoso bandolero del Alto Aragón lo llamaban “El Cucaracha”. ¿Por qué lo llamaban así?. Me acuerdo que en mis tiempos de estudiante, cuando me levantaba por la noche, al encender la luz, veía una fila de cucarachas, que penetraban en el cajón de mi mesa a robar mis escasas provisiones. Antes de despertarse con la luz, la negra procesión, podía observar como corrían las negras cucarachas hacia sus cuevas, debajo de la fregadera. ¡Qué asco de pensión!. El Cucaracha también se arrastraba por las noches, robaba y se refugiaba en las cuevas. Dicen que no era muy malo, porque si lo hubiese sido, lo hubieran bautizado  como “El Cucaracho”.

Mi compañero de pensión, cuando se veía en estas batallas cucarachiles, se armaba de un periódico doblado y se liaba a dar mandobles contra el asqueroso enemigo, al que producía  multitud de muertos y heridos. La escoba despejaba el campo de batalla, haciendo algún alto en su manejo, para cantar aquello de: ”la cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar porque le faltan, porque no tiene las dos patitas de atrás”. El humor estudiantil despistaba así el frío, el hambre y la nausea.

Ahora los insecticidas son armas mejores que los periódicos y escobas, pero todavía,  de vez en cuando, por algún mostrador de bar, se ve correr alguna cucaracha. Entonces  yo no puedo menos que acordarme de la vieja patrona de Zaragoza y de la tía del dueño del bar.

A pesar de los insecticidas aún quedan cucarachas y cucarachos; lo malo es que matan cucos simpáticos como la “Marieta de Dios” y a este paso hasta a los hombres nos van a matar, por ejemplo de hambre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La pobre cucaracha y otros “cucos” simpáticos.-

  La pobre cucaracha no llega a alcanzar ni la categoría de “cuco”. Hay cucos muy simpáticos. ¿Quién no recuerda las mariquitas o coccinel...