lunes, 12 de julio de 2010

Mantillas y velos

Los moros fueron expulsados de España en 1613 y ahora están volviendo, aunque ya no recuerdan el lugar del que entonces marcharon sus antepasados. Ahora, después de cuatrocientos años, es fácil observar, como las costumbres y usos de moros y cristianos, se han conservado. En muchos pueblos de toda España, se practican, durante las fiestas, guerrillas y bailes de Moros y Cristianos, disfrazados con los ropajes que entonces se usaban. En la casa que levantaron los hermanos Escar de la Torre Justo, en el ensanche Este de Huesca, apareció una noria, con la que los moros regaban el huerto y entre las piezas, con las que se subía el agua, estaban unas vasijas de barro, que me regaló mi gran amigo, el aparejador, Pepe Loriente. Dejaron entre nosotros obras de sus albañiles y arquitectos, como el arco de herradura, que se conserva en la Catedral de Huesca, variedades de mosaicos de colores en los muros de las capillas y en el pozo de agua del pueblo de Ola, se instaló en el acceso a él, otro arco del mismo estilo. ¡Cuántas palabras árabes se conservan en nuestras huertas, como alcachofa o albahaca! Y ¡cuántos dulces o “lamines o laminerías”, se siguen elaborando en la Península y en Marruecos!. En el norte de Africa se conservan escritos con el alfabeto árabe, pero en la lengua castellana. También quedan en España individuos con antepasados árabes, descendientes de moros convertidos al cristianismo. Pero hoy en día se está discutiendo sobre las ropas de mujer de los moros, como por ejemplo sobre el burka y el niqah. Algunos atribuyen a estos velos un origen religioso. Unos los combaten y dicen que ¡cómo se los persigue”, igual que a los crucifijos. Pero la historia de tales velos y mantillas, aunque sin duda va unida a la religión, es más bien una lucha del poder masculino contra el poder de las mujeres. Y de lo que no se puede dudar es de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Este reconocimiento de derechos va avanzando lentamente en el mundo. Antes, en España, las monjas de los conventos de clausura, no dejaban ver sus rostros, como yo mismo pude comprobar, durante mi carrera de veterinario. Estuve, en cierta ocasión, ya hace muchos años, en el Convento de San Miguel de la ciudad de Huesca, a castrar unos pollos para convertirlos en capones. Llamé a la puerta y escuché la voz de una monja, que fue la que me abrió la puerta. Entré y vi como su cara estaba tapada con un velo, que impedía conocer su rostro. Con ella iban otras dos monjas o tal vez novicias, de las que una agitaba una campanilla, para avisar a las demás hermanas del convento, de que por sus pasillos andaba un “hombre”. Llegamos al corral donde se criaban los pollos y mientras yo les cortaba los tejidos, las monjas, alrededor de la escena, miraban hacia abajo. Cuando yo levantaba la mirada hacia arriba, las monjas echaban sobre sus caras el velo, que para mejor contemplar la operación, habían levantado. Entonces y no hace muchos años, se tapaban la cara las monjas de clausura, como se lo tapan actualmente un corto número de moras, ya sea con el burka o el niqad. No sé si la ley puede cortar esas costumbres, porque van desapareciendo poco a poco, introduciendo otras, que unas veces son mejores, pero otras son peores. Muchos hombres y mujeres hemos visto desaparecer la toca y el pañuelo, con los que las mujeres se cubrían la cabeza, sus corpiños y sus largas sayas. También nos hemos dado cuenta de que todas las mujeres, han abandonado las mantillas, con las que iban a misa. También existía y todavía dura el uso de la mantilla española, en que sobre un alto peine, se sujeta una enorme mantilla, que unas veces es blanca y otras de un color cualquiera. El culto frenético a la religión trajo estas consecuencias, pero como escribe Juan Manuel de Prada:”se considera vejatorio que la mujer se tape la cara y, en cambio, no se considera vejatorio que la mujer enseñe el culo”

Reacciones contra la crisis

Este mes de Junio del año 2010, he visitado un gran almacén de comercio de materiales eléctricos. Su fundador me reconoció rápidamente y yo me alegré al identificar a dicho señor, que conocí sencillamente cuando era un muchacho joven. No me extraña que haya llegado a extender la energía eléctrica, obra de Dios, como hemos visto tantas veces al sorprendernos el brillo de los rayos en las tormentas, que se daban en verano. Hombres como éste, hacen falta en la sociedad actual, para que todos tengan trabajo y les llegue “el pan nuestro de cada día”.En la provincia de Huesca ha habido siempre muchos hombres y mujeres, que han influido en la religión, en la sabiduría, en la literatura, en la medicina, en la agricultura y en la ingeniería. Aquí, en estos momentos, me encuentro con un hombre, que con su sonrisa ilumina a los que con él se encuentran, en su espíritu y en su vida diaria, como ocurre con la energía eléctrica, que también mueve las cocinas, las lavadoras, las máquinas industriales y que ahora interviene en el problema del petróleo, haciendo que los automóviles circulen, movidos por la electricidad. Ente esos hombres se encuentran San Lorenzo y San Vicente, Miguel Servet, San José de Calasanz, el escritor Llanas, Ramón y Cajal, Costa, y en estos momentos trabajan para el pueblo Arenas, Carlos López Otín, Barluenga y tantos otros. Entre las mujeres, no puedo olvidar a la poetisa Ana María Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda. Pero ahora, los jóvenes necesitan guías, que los iluminen y despierten en ellos el deseo del trabajo, de la prudencia y del buen obrar.

Antes, en el Seminario de Huesca, llegaron a estudiar dos mil setecientos seminaristas, desde 1951 a 1970. Estos eran “hijos de hombres de bien, de buena habilidad y bien inclinados” y luego instruidos y dirigidos por aquellos sacerdotes, que desgraciadamente van desapareciendo de nuestra vida. No sólo estudiaban, sino que los jueves y los sábados, iban a las cabañeras de Apiés, a jugar al fútbol y allí iban andando y volvían al seminario, corriendo. Iban también al río Isuela, cerca de la Ermita de Santa Lucía y de las fuentes de Marcelo y Jara. Entonces aquellos ríos y fuentes eran de aguas limpias, no como ahora, que están contaminados. En aquellas fuentes saciaban su sed, que les daban vida y ánimos para trabajar en sus estudios y en sus diversiones.

Entre las normas para seleccionar seminaristas, estaban las palabras de San Alfonso María de Liborio, que dijo: “mejor pocos y buenos que muchos y malos e inútiles”.

En el Seminario se organizaban veladas artísticas, musicales, actos de magia e ilusión y sobre todo el canto musical. Hacían excursiones, como peregrinaciones a la Virgen del Viñedo, a Siétamo, a Bellestar, pero “corriendo”, no caminando lentamente. Se levantaban todos los días a las seis y media de la mañana y se acostaban a las diez de la noche, lo que formaba sus cuerpos en la disciplina y en la grandeza de su espíritu.

Varios de estos antiguos seminaristas no han podido olvidar sus años de formación y decidieron publicar un libro, que relata la verdad de algunas historias y anécdotas de la vida vivida en el Seminario.

Este libro no se ha publicado, pero en estos momentos de crisis moral y económica, serían un ejemplo a seguir por los jóvenes actuales, para que este país no cayera en la indisciplina, la droga, la corrupción y en el abandono de la moral y del trabajo, que traen la injusticia entre los hombres.

Ese libro demuestra que “la filosofía es útil en tanto mantenga una innovación de las imágenes fundamentales que ilumina el sistema social”. Esto lo escribe Arias de la Canal, pero lo han practicado los ex seminaristas, que con el dueño del gran almacén de productos eléctricos, escribieron el libro sin publicar, después de varios años de estudiar filosofía y que él me mostró con el nostálgico recuerdo de su vida de seminarista.

viernes, 18 de junio de 2010

Gran manifestación de los “playmobil

He ido a contemplar, en el Palacio de Congresos de Huesca, la exposición que reúne las diversas colecciones de “playmobil”, con los que sus autores, parecen imitar al Creador de la humanidad. Sí, imitan su obra y proclaman la Historia de los hombres y de sus amigos los animales, las plantas, los ríos y los mares, con los que se ganan la vida, dan culto al Eterno, homenajean a los hombres ilustres, viajan por el mar y por el aire, comercian, montan sus caballos, viajan también en sus carros y carrozas, embarcándose en aquellos enormes puertos de mar o pescando en unas pequeñas islas. ¿Quién era aquel personaje que en una de las mesas de la Exposición, hace que la presidan desde el edificio del Ayuntamiento de Huesca, multitud de “playsmobils”, vestidos todos de blanco Laurentino?. Allí están gritando esos muñecos al Alcalde y una elevada máquina de cine los está reproduciendo, para proyectarlos después de las fiestas. Allí, en la Plaza está como presidiendo el ambiente la bella catedral de la diócesis. En el Parque Municipal, la multitud observa las carreras de asnos, animales que parecía que iban a desaparecer de nuestros pueblos, ya pasados a la historia, pero que han encontrado en las ciudades, el cariño de los niños y niñas, que sobre ellos se montan y divierten. Esta representación de “playsmobils”, es una escena de la actualidad, porque desplazándose por el gran salón, se ven figuras de indios americanos con sus caras calaverescas, con sus cruces y sus ropas primitivas. Se ven diversas formas de vida en la Península ibérica, transformada por los romanos, con sus soldados, sus edificios públicos, con sus columnas y capiteles, sus teatros y todos ellos nos recuerdan su estancia con nuestros antepasados y que reemplazaron nuestra lengua ibérica por el latín, del que derivaron el castellano, el catalán, el aragonés, etc., que con el vasco-ibérico, se hablan hoy en España.

martes, 15 de junio de 2010

El humor de Antonio Bescós en la Guerra Civil

Cuando veo y recuerdo aquellas ruinas y aquellos cadáveres, sin enterrar todavía en los caminos y en el monte de Siétamo, me pregunto: ¿cómo podrían sus hijos volver a levantarse para que el pueblo resucitara?. Antoñito del Herrero, cogía, con los demás niños, los balines que por el suelo repartieron los fusiles de unos y de otros. Antonio Bescós, al que todo el mundo trataba de “Trabuco”, cuando volvió desde su condición de prisionero de guerra a la vida civil, tenía que ir a trabajar unas veces a Huesca, a donde llegaba caminando y más tarde en Siétamo, en Regiones Devastadas. Pero nunca perdió el humor, que le prolongó su vida y le dio períodos felices con su matrimonio y con su hijo. Encontré entre mis papeles uno que al leerlo me recordó que fue Antonio Bescós el que un día cualquiera me lo dictó. Narra la letra de esa canción la derrota de unos milicianos, huyendo desde España hasta Francia y mezcla el sufrimiento que tuvo que pasar con sus compañeros, con notas de humor que le hicieron posible superar esos días de horror. Antonio, al dictarme su canción, la cantaba y se expresaba así: ”Somos los tristes refugiados- que a este campo venimos- de tanto andar, hemos pasado la frontera-con nuestro ajuar, mantas, macutos y otras yerbas.- Un poquito de humor hemos salvado- de luchar contra el fascio invasor- y en la Playa de Argelés- nos fuimos a encerrar para comer”. Después se acuerda de lo bien que lo pasaba en España,diciendo:”Y hoy pienso que hace sólo tres años,-España era una nación feliz, libre y obrera,-abundaba la comida, no digamos la bebida, el tabaco y el papel,-había muchas diversiones y señoritas a granel”. Pero después de soñar con su feliz pasado, sigue diciendo: ”Hoy que ni cagar podemos sin que venga un mojamé- y nos trate como a presos y nos grite a los soldados: allez, allez, allez”.Y sigue describiendo los horrores que tenían que pasar él y sus compañeros, diciendo: ”Vientos, ladrones de maletas, arena y mal olor-sarna en los barracones y fiebre y dolor.- Colas para buscar dos litros de agua,- de leña y de carbón,-alambradas para tropezar buscando tu chalet- y por todas partes por donde vas-te gritan por detrás:¡allez, allez, allez!. Tuvo suerte Antonio, pues un tío suyo, General del Ejército, lo liberó de seguir siendo un prisionero, como lo fue en Francia.Es que era una persona inquieta por la religión, ya que si hubiera tenido dineros para estudiar, se hubiera consagrado sacerdote. Tenía también un humor extraordinario, pues en cierta ocasión, cuando trabajaba en Regiones Devastadas en la Iglesia de Siétamo, se subió al púlpito y empezó a predicar a sus compañeros, diciendo: ¡ oh, amigos míos, tenemos que estar contentos porque este trabajo no nos apura y así como mi compañero en la escuela, Antonio María Javierre, subirá en el escalafón eclesiástico, yo ya he alcanzado el grado de sacristán!. “En esas estaba, cuando llegó el cura de Torres de Montes, que lo apeó rápidamente de tan alta tribuna”.Pero este incidente no le rompió su vocación. Y a pesar de que el cura del pueblo le quiso cobrar un duro por el entierro de su padre, él colaboró gratis en todos los entierros del pueblo. Así que todos se acordaban de él desde allá arriba. Cuando a Don Antonio María Javierre lo proclamaron Cardenal, fuimos a Roma muchos sietamenses, entre los que naturalmente se encontraba Antonio Bescós. Tenía ganas de visitar la tumba de San Lorenzo, al que tantas veces había acompañado en la procesión, en Huesca y tenía necesidad de saludar a su compañero de escuela, que iba a ser Cardenal. Al encontrarse en Roma con él, impulsado por su buen humor, le dijo:”Monseñor, delante de Vuecencia, se encuentra, aunque sin “naveta”(como llamaban al incensario), el sacristán de la parroquia donde usted fue bautizado”.A continuación se abrazaron cardenal con sacristán u éste le dio dos cajas de castañas de mazapán. Al poco tiempo llegó a la iglesia de Siétamo, desde Roma, una hermosa casulla roja. El humor de Trabuco compartido por todos los sietamenses, empezó a redimir a Siétamo.

miércoles, 9 de junio de 2010

Hazte donante

Me he encontrado en los Porches de Galicia, con Ernesto, con el que nos conocemos desde hace muchos años. No habíamos hablado de la vida y de la muerte, hasta el momento en que nos vimos delante de la mesa, en que se exponían folletos de la Federación Alcer de Aragón. En ellos se leían afirmaciones, como la siguiente: ” La donación es fuente de vida”. Le dije a Ernesto, ¿qué te parece esta frase? Y él me contestó que era la pura verdad, pues él vivía porque le trasplantaron el riñón de una persona, que no se sabía si era hombre o mujer, que estaba abandonando poco a poco su vida, pero soñando que un ser humano, como él, siguiera gozando de la misma. Y este donante, dentro de Ernesto, parece ser que también goza, por lo menos de una parte de la vida. Entonces le dije: ahora comprendo por qué razón, estás siempre alegre y pendiente de los demás. Si, es verdad, me dijo, lo que tú dices, porque en cualquier ocasión tengo la oportunidad de leer frases como ésta:”hazte donante y regala vida!, y aunque yo no he dado nada, me siento gozando de una vida regalada.

Y parece ser que entre los que viven con riñones o con un corazón, provenientes de otras personas, entre éstas, que han sido donantes y los que han recibido tan vivíficos dones, hay una convivencia alegre, que los lleva a visitar, por ejemplo la ciudad de Teruel, para contemplar las actividades de trasplantes de corazón, que en tan noble ciudad se realizan. El año 2009, hicieron una ofrenda de flores a la Virgen del Pilar. Viven alegres las Navidades y contemplan los belenes, en los que conviven los pastores, las ovejas, las ocas, los canes y las hogueras, convirtiéndolos a ellos en criaturas sencillas que conviven en este mundo.

En el Editorial de la Revista de la Federación Alcer de Aragòn, su presidente la compara con un concierto musical, pues dice:”En música es bueno escuchar a un buen solista, pero cuando suena una orquesta, la cosa se convierte en sinfonía. En esta ocasión la sinfonía de nieve, vida, agujas, taxis, médicos, enfermeras, guardias…ha sonado claro y alto”.

Después de leer tan maravillosa descripción del ambiente en la vida de los miembros de esta Asociación, me han entrado ganas de hacerme donante.

miércoles, 2 de junio de 2010

Claudia dirigía los movimientos gimnásticos en la piscina

Estábamos en la piscina de aguas calientes y dotadas de sales minerales de efectos beneficiosos, unos veinte hombres y mujeres ya maduros, dispuestos a ejercitar nuestra anatomía y nuestros pensamientos.

Apareció en la terraza, una belleza femenina, para dirigir los movimientos gimnásticos. Parecía una diosa del Arte, que con sus movimientos intentaba convertirnos a los ancianos, en jóvenes que aspiraran a imitar su Arte. No llegamos a rejuvenecer, pero durante media hora, gozábamos, al tiempo en que nos movíamos con nuestros cuerpos, nuestra cabeza y los brazos, manos y piernas, de una felicidad, que el Arte nos proporcionaba, al contemplar e imitar, quizá un poco torpemente, conmovidos por su arte, que dirigía aquellos movimientos gimnásticos en las aguas calientes de la piscina. Me acordé de la poesía, que dice:¡Ay luna , lunita, luna, ay luna cascabelera!. Y sí, me acordé porque la luna llena, en esas noches claras, parece sonreírnos y mirarnos con sus amplios ojos. Pudo venir dicho recuerdo del color blanco lunar, transplantado a la bella joven, que con su traje de baño, no provocativo, sino con el estilo profesional al servicio del Arte, resultaba una figura blanca y pulcra, como la luna, pero con un cuerpo y el rostro de una mujer, que estaba dando clases de belleza, a los ancianos. Era una virgen blanca, no morena, con un rostro bellísimo, adornado con unos ojos maravillosos. Sus movimientos gimnásticos, parecían producidos en un ballet de una única artista, que guiaba sus manos con movimientos dulces y perfectos de sus muñecas. Sus piernas, como sus brazos se unían, se separaban, haciendo soñar a los mayores, que se estaban convirtiendo en artistas.

Al día siguiente le dije que se hiciese un retrato al óleo, porque bellezas artísticas como la suya, no son frecuentes en nuestro mundo actual.

La caza

Estaba sentado en la cadiera del hogar mirando como ardía la leña y surgían de ella unas llamas juguetonas, acompañadas por unos sonidos agradables, que venían por la chimenea y que eran como los trinos de un pájaro, que daban encanto a aquella contemplación. Esos trinos no eran de ningún ruiseñor ni de ningún canario, sino que los emitía un estornino de plumaje tordo, como pude comprobar más tarde y que se había quedado prisionero dentro de la chimenea. Pensando en lo mal que lo podría pasar el pájaro en medio del humo, apagué el fuego y cerré las placas metálicas que se ponen para que los estorninos alcahuetes, no puedan pasar al interior de las habitaciones. Me marché, pero al volver a la habitación donde está el hogar, el estornino tordo volaba de ventana en ventana y yo lo seguía para cogerlo. Al fin lo logré y me dieron ganas de matarlo para que no volviera a entrar a llenar los suelos de excrementos y a rasgar las cortinas con las uñas de sus patas. Si hubiera sido yo más joven, lo hubiera metido en una jaula de esas en las que antes encerraban las perdices para llevarlas de reclamo a las excursiones de caza. Me acordé de aquellos cazadores, que vivían en los pueblos, que controlaban los animales del monte, viendo unas veces nacer las crías y otras mandando al matadero a sus padres, que ya estaban de buen ver, para que no faltase “el pan nuestro de cada día “ a los humanos. Ahora la masa de la población se ha marchado de los pueblos y vive en las grandes ciudades, pero ya no conocen la Naturaleza, ni a los animales, sino es por los dibujos animales en la televisión y en los tebeos, que les hacen reírse con el pato Donald o con el corzo Bambi. Ya no tienen necesidad de ir a buscarse la carne de las piezas de caza, que corren o vuelan por el monte, sino que se la venden preparada en los supermercados. Como es natural les repugna aquello de la caza, en la que sólo ven violencia. Hemos perdido el contacto con la Naturaleza y no tenemos ocasión de ver lo que pasaba en mi pueblo, en el que yo veía como aquellos insectos que metamorfoseaban su color del marrón al verde y que sobre sus largas patas delanteras, oteaban sus alrededores para ver si llegaba alguna hembra de su especie. Algún insecto, del que más tarde aprendí que era la Mantis religiosa, después de cubrir a su ¿amor? ,era devorado por la hembra a la que había cubierto,

Aquellos cazadores de antes, además de proporcionar proteínas animales a su familia, vendían patos o conejos entre sus vecinos. Otros bajaban de la Sierra los jabalíes, sobre sus costillas y los salaban para guardarlos en su despensa. Yo, con el estornino, podía haberme dedicado a suministrarle alimento y a jugar con él, amaestrándolo y enseñándole a hablar, pues dichos animales, como los loros son capaces de aprender a expresarse. Ahora el cazador noble debe imponer limitaciones en su actividad venatoria, porque si se avanza en técnicas para matar animales, éstos no avanzan en la desigualdad entre sus capacidades físicas y las ventajas que ha alcanzado la técnica moderna en el hombre.

La carta de un amigo mío de Binéfar, Fernando Altaba me dio oportunidad de ver como, los hombres se divierten honradamente, en la que hace la descripción de una partida de caza de jabalíes, a la que asistió en Benabarre: “Con los gritos-retirada hay que tocar- y contar nuestras hazañas- y comentar quien se lleva el más grande ejemplar”. Todos juntos comeremos –con una enorme amistad”, Habla también sobre las jaurías de perros, sobre la agresividad de los jabalíes, sobre los disparos, los gritos y sobre todo de la comida colectiva, en que cada un expone su habilidad, su valor o explica el peligro que le ha amenazado. Comen y beben y se olvidan de los disgustos pasados durante la semana y vuelven al trabajo con buen humos y con ilusión”.

Arba de Luesia

Cuando uno va a Pamplona, poco antes de llegar al Puerto, donde está la Ermita de Santa Bárbara, hay una señal que indica el desvío que va a...