sábado, 5 de octubre de 2013

El hermano Juan, profesor de San Viator





Don Juan Martín, Clérigo de San Viator, nació en la ciudad de Vitoria, pero después de dar clases en Huesca durante cincuenta y ocho años y con diecinueve años añadidos de descanso, son cincuenta y siete los que ha convivido con los oscenses, por lo que ha afirmado que Huesca supone para él  “prácticamente todo, soy un oscense más”. En una entrevista que le hicieron, contestó a la pregunta: ”¿ qué valores cree que se deben inculcar a los alumnos?, con la siguiente respuesta: ”la responsabilidad, el amor al trabajo, la sinceridad y el amor a la familia”.     

Todos los antiguos alumnos del Colegio de San Viator lo conocían y lo querían, porque en él, durante treinta y ocho años, dio clases de Matemáticas y de Física, ganándose su aprecio, ya que allá, en la pizarra con su pedazo de tiza, a todos les hizo comprender sus misterios. Yo conocí a su padre y a sus hermanos; el mayor el Hermano Guillermo, el segundo el Padre Luis y el Hermano Juan el más pequeño y lo conocí en el Colegio de San José de Vitoria, donde dirigía espiritualmente su hijo Luis e iba por dicho Colegio a verlo y a conversar con él, porque era su hijo y sacerdote de San Viator. Acudía con cariño y yo lo veía y lo escuchaba hablar con su hijo y con otros Hermanos de San Viator y aunque de mi boca  no salía palabra alguna, me  fijaba en los problemas que Dios plantea a sus hijos. Yo era casi un niño y quería comprender el amor del Padre, trasladado en esos momentos a un padre de este mundo, que veía como sus tres hijos se entregaban a Dios por medio de la enseñanza a los  niños y jóvenes, a los que se dedicaron toda su vida.

Y ahora, que han pasado más de cincuenta años,  tenemos  en el Colegio de San Viator de Huesca, a aquel que fue el pequeño de los tres hermanos y ya tiene ochenta y seis años, de los que ha vivido cincuenta y siete en Huesca, donde ha dedicado treinta y ocho  a la enseñanza. Sobre todo ha destacado en la enseñanza de la Química, de las Ciencias y en el Laboratorio, pero sobre todo destacó en el amor y la atención que ponía en cada uno de sus alumnos, muchos de los cuales están aquí presentes y se nota en sus rostros el amor que despierta en ellos su recuerdo, que les lleva a participar en su homenaje. Destacó en su vida docente, el enorme número de vocaciones que despertó en sus alumnos hacia las Ciencias de la Vida, como la Medicina, la Farmacia y la Física, porque parecía que al mirarse al Señor del Cielo, veía los astros y transmitía su admiración a sus alumnos, de los que algunos han destacado en Física e Ingeniería y que todavía le están muy agradecidos.

El día veinte de Octubre se le hará un homenaje por parte de la Comunidad Educativa de San Viator y de sus antiguos alumnos. Fueron treinta y ocho años de docencia en el Colegio de San Viator y en el del Alto Aragón en el bachillerato y en los Cursos de Orientación Universitaria. En ese homenaje se acordarán los antiguos alumnos y el mismo Don Juan, su profesor de aquellos años, que no se perdieron para ninguno de ellos ni para la humanidad y les llenará de felicidad ese recuerdo y les animará a que esa sociedad moderna, que se aparta de  la sabiduría divina y de la humana, traten de hacerla volver al deseo que se expresa en la oración Veni Santi Espiritu: “Envía Señor tu Espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra. Señor, que llenaste los corazones de tus fieles, danos con el mismo Espíritu el saber rectamente y gozar siempre de su consuelo”.

Van al Colegio de San Viator muchos antiguos alumnos a ver y a conversar con Don Juan, como iba su padre al Colegio de San José de Vitoria a visitar a su hermano el Padre Luis y es que recuerdan su saber antiguo, que los ha llevado a estar introducidos en el moderno y gozan de una especie de consuelo espiritual.     

A Don Javier Osés natural de Tafalla





Bajando de Pamplona a Zaragoza, después de pasada la Sierra, se llega a una zona de polígonos industriales, que es la zona industrial de Tafalla. Estamos en una comarca de clima submediterráneo y para contemplar dicha comarca y las que le rodean, lo mejor es subir a Ujué, pueblo elevado, con una iglesia –castillo con sus torres, que alberga una Colegiata. Con unos prismáticos se observa todo el piedemonte de Tafalla-Olite y también se divisan las Bárdenas y el Moncayo. Al bajar, yendo hacia la izquierda llegamos a Tafalla, donde no soplaba el aire tan frío como en Ujué y allí me dio la impresión de haber llegado a la capital de la Comarca por su clasicismo y por su desarrollo industrial; éste lo comprobamos al bajar  de Pamplona, pero su clasicismo lo notamos al pasar por su gran Plaza, al lado de la carretera, un poco sobre ella y a la que se sube por unas escasas escaleras. Subimos por ellas y contemplamos los enormes porches o arcos que la rodean, cubriendo una calle con locales de comercio, bares y garitas, donde vendían obsequios para niños. Me llamó la atención un magnífico restaurante, en el que entré y la dueña en lugar de distanciarme, me atendió maravillosamente, explicándome, como si de un museo de categoría se tratara, los cuadros religiosos, todos ellos antiguos, representando obispos e imágenes sagradas, otros del pasado siglo, representando pianistas y compositores, que pendían de la pared, sobre pianos con cola o sin cola y armonios, se veían esculturas, unas de carácter sagrado y otras paganas. Al marcharme la felicité por poseer tal mundo artístico, pero sobre todo me fui por no distraerla de su pesado trabajo. Fuera del cubierto de los arcos paseaba acompañado de varias elegantes damas,  un señor, vestido de negro con un largo abrigo y, cosa extraña de no tratarse de Navarra,   cubierto con una enorme y elegante boina, porque más al Sur, ya por el Ebro, el cierzo, pasearía las boinas por el aire. Daba la impresión de tratarse de un patriarca, que habría vivido siempre él y sus antepasados en Tafalla. En el Restaurante vi unos cuadros de gallardos carlistas también con grandes boinas, pero no totalmente negras, sino adornadas con ciertos coloridos. Al ver tal signo de tradición y conservadurismo, me acordé de otro hijo de la misma ciudad, también de gran tamaño corporal y sobre todo espiritual, que fue un progresista entre los obispos españoles. Se trata de Don Javier Osés Flamarique, enterrado en la Catedral de Huesca, donde después de tanto tiempo muerto, todavía le ponen flores en su tumba. Hay clasicismo en la Plaza y progresismo en la Casa, que se le ha levantado a la juventud, para aglutinar toda clase de actividades. Al pasar por Navarra, queda uno impresionado por el número incalculable de “navarrerías” , que uno contempla y escucha.  
La hermana que convivía con Don Javier, reside en Tafalla y éste descansa en la Catedral de Huesca en una capilla, donde de un modo ordinario no luce el sol, pero sin embargo en primavera, durante dos o tres días, observé como brillaba el sol sobre su tumba, en cuya base todavía hay quien coloca  flores. Su alma sin embargo en lugar de recibir sol durante unos pocos días, lo recibe eternamente. Otro día vi como dos de sus hermanas, que habrían venido de Tafalla, estaban rezando en la capilla funeraria.
Ellas ya saben que aunque no vengan, su hermano, desde Huesca y desde el cielo, se acordará de ellas.

El hambre que pasaron en la Guerra Civil, los de Belchite



 
Belchite (Zaragoza)
En la cueva tal vez ibérica, que se encuentra cerca de la Autovía, que viene de Barbastro, cerca ya de la Torre de Cavero, se refugiaban por las noches varios vecinos de Siétamo, entre los que se encontraba Estebané Bescós, ya difunto y Joaquina Bruis, viuda de Joaquín Bruis y madre de Antonio Bruis Larraz. Todavía Joaquina me repite con frecuencia durante este año de 2013, el hambre que pasaban en la cueva, por la noche, en tanto bombardeaban el Pueblo de Siétamo. A pesar de sufrir el hambre, Estebané ansiaba acudir a la cueva, para dormir tranquilo y alejado de la explosión de las bombas de la aviación. Entonces se pasaba hambre, no sólo en Madrid y en Barcelona, sino en aquellos puntos en que la guerra ardía y tenía a los ancianos y a los niños, con sus estómagos vacíos.
Belchite quedó convertido en una ruina macabra, como Siétamo, pero mucho más extensa, tanto que no se han restaurado sus viviendas, ni sus iglesias ni conventos. A penas un pequeño grupo de casas han permanecido de pie. El año de 1937, los Republicanos arrasaron el pueblo de Belchite, al que defendían los Nacionales. Fue tan terrible la lucha, acompañada por los mutuos fusilamientos entre unos y otros, que unos seis mil hombres y mujeres entre soldados y civiles murieron en pocos días. El control republicano duró escaso tiempo, pero ya no duraban las vidas de sus paisanos ni de los soldados y milicianos que en Belchite luchaban. Lo único que podían hacer era como han hecho ver los psicofonistas,  hablar y gritar en la oscuridad de la noche,  en aquellas calles muertas y silenciosas. En 1946, los más   afortunados, ocuparon nuevas viviendas  en Belchite y en 1960 se acabó la entrega de casas.
Dicen que cada año diez mil personas visitan Belchite, unos como aquellos que recuerdan un pasado tan terrible, otros como turistas que sienten curiosidad por los terribles hechos ocurridos en dicho pueblo   y muchos atraídos por las leyendas que se cuentan de las almas, de los que en esa guerra salvaje murieron, pues algunos de ellos dicen los psicofonistas que caminan todavía por sus calles.
Yo me acuerdo y he recordado siempre a mi primo José María   Narbona de Siétamo, que murió en aquellas luchas con diecisiete años de edad, cuyo cuerpo trajo al cementerio de Huesca su primo Buisán. Alguno quedó con vida, como Natalio Baquero, de los últimos habitantes de Belchite, que el mismo día en que partió del pueblo,  escribió en la Iglesia Vieja,  lo siguiente: “Pueblo viejo de Belchite, ya no rondarán zagales. Ya no se oirán las jotas, que cantaban nuestros padres”. Me acuerdo de José María, que antes de la Guerra Civil le daba clases a mi hermana mayor Mariví.  Era muy amable y sonriente, pero ya no le he oído cantar jotas ni salmos, desde que lo vi,  antes de dicha Guerra, pero mi corazón lo contempla, sonriente, a pesar de su destino cruel.
No se me ha muerto el triste recuerdo de la destrucción de Belchite, porque el día cuatro de este mes de Octubre de 2013, escuché las más repugnantes noticias, que se produjeron en dicha lucha inhumana. En un Bar de Jaca, situado próximo a la Estación de Autobuses, conversé con un hombre alegre y simpático, que tenía unos sesenta y cinco años de edad. Se llama dicho señor Eloy Bordonava y era del pueblo  de Sinués, que se encuentra al lado de Aisa, desde donde ve correr el río Estarrún, desde los campos que cultiva. Estaba comiendo un buen bocadillo, pero esa satisfacción de su apetito, le debió recordar el hambre que pasó su padre Francisco Bordonava, allá en la Guerra Civil, en Belchite. ¿Cómo se cruzaban las ideas del hambre con la satisfacción de comerse ese apetitoso bocadillo?. Me dijo Eloy que su padre casi no hablaba de aquellas desgraciadas horas pasadas entre ruinas y entre difuntos, pero en las reuniones con personas mayores, les contaba negras aventuras de esa guerra tan cruel y odiosa por parte de los dos bandos. Y en ciertas ocasiones dejaba ver a sus paisanos, aquella situación tan difícil, sin ningún grado de humanidad que pasó él y sus compañeros en aquella lucha. ¿Qué situación le produjo el peor recuerdo de Belchite?. Sencillamente, el contemplar a unas personas, abriendo las heridas de los recién caídos el suelo por las balas de fusil ,por la metralla de las bombas que  lanzaban los aviones y los cañones, y aproximar sus labios a la sangre que derramaban, para beberla , para matar el hambre, que los estaba acabando de dejarlos vivir, cruelmente, pero vivían todavía.
¡Qué comunión tan negra la que se realizó en Belchite, pues en la comunión de Cristo, es necesario que se amen los unos con los otros!.
Natalio Baquero escribió en la Iglesia Vieja: ¡Pueblo viejo de Belchite ya no rondarán zagales. Ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres!. Hay que aprender de la Historia para que muchos niños actuales no vuelvan a pasar hambre, como ya la pasan en muchos lugares de España.

viernes, 4 de octubre de 2013

A Don Javier, Párroco de Zizur Mayor




« Ven  Espíritu Santo y llena los corazones y enciende en ellos el fuego de tu amor”, estas palabras las utilizamos para dirigirnos a la Tercera persona de la Santísima Trinidad, es decir al Espíritu Santo, pero añadimos otras como:”envía, Señor, tu Espíritu y serán creadas todas las cosas y renovarás la faz de la Tierra”.
Dios creó el mundo y lo pobló con miles de especies animales, de las que ninguna ríe, aunque se adivina que alguna de ellas, inicia algún pensamiento, todas obedecen los impulsos de sus instintos para nacer,  crecer, multiplicarse o viajar en sus emigraciones o en sus marchas por el mundo; en cambio a los hombres nos dio el sentido del humor, la capacidad de “recrear todas las cosas para renovar la faz de la tierra” y de rezar al Creador, diciéndole:”Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, VENGA A NOSOTROS TU REINO”. Por eso le pedimos al Espíritu Santo que cree todas las cosas y el hombre trata de imitarlo y mirando al Poder Divino, convierte los llamadores en teléfonos con los que se comunica, para renovar la faz de la tierra. Nos hizo libres el Señor, pues podemos creer en El o no creer o esperar una vida eterna o desesperar de nuestra vida, podemos amar la paz o la violencia, hacer el bien a nuestros prójimos o el mal y podemos pecar o hacer el bien.
El Señor ya había creado seres solamente espirituales que le alaban y le sirven, como por ejemplo “el ángel del Señor que anunció a María y  ésta concibió por obra del Espíritu Santo”, pero entre los ángeles los hubo que al verse tan bellos, quisieron ser dioses y el Señor los convirtió en demonios. Y son estos los que tratan de impedir que venga el Reino de Dios y fomentan el vicio y la violencia.
Los demonios influyen para que fracase el Reino de Dios, que Cristo proclamó, cuando contestó a Pilatos :”Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, claro está que mis gentes me habrían defendido para que no cayese en manos de los judíos: mas mi reino no es de acá. Replicóle a esto Pilatos: ¿Con que tu eres rey?. Respondió Jesús: Así es como dices: yo soy rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad: todo aquel que pertenece a la verdad, escucha mi voz” (Evangelio de San Juan). Hay muchos hombres y mujeres, unos sacerdotes, otras religiosas y multitud de seglares que lucha para que llegue el Reino de Dios, pero en cambio hay muchos hombres y mujeres, que imitando al demonio, se sienten con inteligencias divinas y con deseos de establecer reinos en este mundo.
El Señor Todopoderoso ama a los hombres, sus criaturas y tanto las ama, que se hizo hombre para redimirlos del pecado y perdonarles sus pecados. San Juan en su primera carta, escribe: “Todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios, y así tampoco lo es el que no ama a su hermano: en verdad que esta es doctrina que aprendisteis desde el principio, que os améis unos a otros. No como Caín, el cual era hijo del maligno espíritu y mató a su hermano. ¿ Y por qué lo mató?. Porque sus obras eran malignas: y las de su hermano, justas. No extrañéis hermanos, si os aborrece el mundo. Nosotros conocemos haber sido trasladados de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no los ama, queda en la muerte: cualquiera que tiene odio a su hermano, es un homicida. Y ya sabéis que ningún homicida tiene su morada en la vida eterna”.
En el libro del Apocalipsis, en su capítulo cinco, dice: “Después vi en la mano derecha del que estaba sentado en el solio, un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos”. “ Al mismo tiempo vi un ángel fuerte y poderoso, pregonar a grandes voces:¿Quién es el digno de abrir el libro, y de levantar sus sellos?. Y ninguno podía y miré, y vi que en medio del solio y de los cuatro animales y en medio de los ancianos, estaba un cordero como inmolado, el cual tenía siete cuernos, esto es, un poder inmenso, y siete ojos: que son los siete espíritus de Dios despachados a toda la tierra”. “Y cuando hubo abierto el libro, los cuatro animales y los veinticuatro ancianos se postraron ante el cordero…..y cantaban un cántico nuevo, diciendo: digno eres Señor, de recibir el libro, y de abrir sus sellos, porque tú has sido entregado a la muerte, y con tu sangre nos has rescatado para  Dios, de todas las tribus y lenguas y pueblos y naciones: con que nos hiciste para nuestro  Dios, reyes  y sacerdotes. Y reinaremos sobre la tierra”.”Al que está sentado en el trono, y al cordero, bendición y honra y gloria y potestad por los siglos de los siglos”.
En el Sermón del Monte, dice Jesús:”Ahora bien, a vosotros que me escucháis, os digo: Amad : Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen. Bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian. A quien te hiere en una mejilla, preséntale asimismo la otra”.
Así hizo Don Javier que al acabar la misa, como si fuese el cordero que quitó los sellos al libro, exclamó: ”La paz del Señor esté con vosotros y con mis agresores”.
En el Semón del Monte, dice Jesús:”Ahora bien a vosotros que me escucháis, os digo: Amad a vuestros enemigos: haced bien a los que os aborrecen. Bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian. A quien te hiere en una mejilla, preséntale asimismo la otra”.

martes, 1 de octubre de 2013

LOS GITANOS


 

Los gitanos llegaron a España, al parecer, en el siglo XV y más tarde se ocupa Cervantes de ellos en La Gitanilla. ¿De dónde venían?,  igual que de la Parrala, unos decían que de Cádiz y otros que de Cartagena, de los gitanos se dice que si venían de Egipto, que sí de la India lejana. Tienen porte de señores como los indios morenos y “llevan sangre de reyes en la palma de la mano" y son como faraones por ser primo-hermanos del Rey Faraón.
Cuando vinieron a España eran como caballeros, traían bulas papales y se hacían llamar condes con el título de Egipto."Pero nadie supo de fijo saber de donde venían" tan notables condes. Y ¿cómo pasaron de ser potentados a ser miserables?. Tal vez no supieron hacerse al ambiente, tal vez se excedieron en querer ser libres y no se amoldaron a nuestra cultura y modo de ser. El gran Unamuno dice del Quijote:"A un pueblo de arrieros y  tahures  y logreros, dictaba lecciones de caballería".Tal vez los gitanos grandes caballeros al modo oriental tuvieron fracasos inmensos como Don Quijote y de los caballos tuvieron que bajar al burro de Sancho Panza. De reyes les circulaba la sangre por la "parma de sus manos", pero fueron libres durante centurias, viviendo y muriendo por esos caminos de España tan largos y tristes, y siempre expulsados de todos los pueblos sin tener más techo que el cielo español.
¿Dónde enterraste a tu viejo, gitanico caminero?, ¿debajo  tierra sagrada, bajo el polvo del camino, bajo las estrellas mudas o en la femera el Amparo?. ¡Qué descanso " pa" la burra dejar al viejo en el suelo!, se revulcaba de gusto, coceaba, se sacudía los tábanos con el rabo y soltaba pedorretas. Tu padre cogió el bastón y se lo colgó del cuello de la chaqueta, para tener libres las manos y aparejar a la burra, por continuar el camino.
La vieja se lamentaba, se arrascaba la piojera, el "chaborró" se arrumbaba y el gitano se miraba en el “reló”, mientras cantaba llorando:"a la luna lunera cascabelera“ y se mueren los gitanos mientras la burra pede y calcea.
Hoy no hay cena y la gitana preñada se va al huerto del vecino para coger una col, allí le entran los dolores y un pulgarcito gitano viene al mundo lavándose con rocío de las hierbas, las acelgas y los cardos. Miles de lunas chiquitas se reflejan en las gotas del rocío, para ver al gitanico que lo envuelven en pañales vegetales y en puñaladas de frío. ¿Qué te dio la vida gitanico "chaborró"?. Aquella noche la luna y al día siguiente el sol. A la orillita del río la muchacha de diez años estaba encendiendo el fuego, con leña verde y mojada de ramas que arrastra el río, surgen columnas de humo, que se meten por los ojos y hacen llorar a los viejos, a los hombres y al pobre recién nacido y le cantaba la vieja: "qué pronto mi dulce amor, aprendes lo que es el dolor". Llegan lágrimas al río que se mezclan con el agua, la que beben los gitanos y los burros, sin cloro pero con plata que deja la luna llena al bañarse en la badina. Esa agua que sabe a luna, a cantares de las ranas, a babas de los borricos y a escamas de las madrillas, es como un agua bendita que dio paciencia a la raza y fuerzas para sufrir durante siglos afrentas, persecución y palizas.
Y la orillita del río era el único camino que estaba sin propietario y os ofrecía abundosas, además de frescas aguas, frescas sombras en verano y leña pobre en invierno, si llovía, el solo techo eran los arcos del puente y brotaban hasta flores "pal" pelo de las gitanas y las sargas y mimbreras para tejer como artistas, argaderas, canastillas, cestas, canastas, canastos, cuévanos e incluso caracoleras.
Tu largo calvario, ¡oh! pueblo calé ¿cuando acabará?. Hoy vives estante en nuestras ciudades, pero falta mucho para que te integres en la Sociedad. No dejes los “chaborrós” criarse en la calle, que vayan a las escuelas y a los talleres de los payos.
Vale más que consigáis el “manró” de cada día con el sudor de la frente, que en las orillas del río con el frío de la muerte. Conservad vuestras virtudes, sed elegantes con todos en vuestro trato diario, como Ramírez Heredia, lo es en las Cortes de España, no sea tan sólo airoso vuestro porte de la raza y conservad para siempre el culto de la familia, el amor que os ha inspirado la palabra libertad y conservad orgullosos el patrimonio gitano de respeto a los ancianos y a vuestra lengua caló.

Arba de Luesia

Cuando uno va a Pamplona, poco antes de llegar al Puerto, donde está la Ermita de Santa Bárbara, hay una señal que indica el desvío que va a...