miércoles, 4 de septiembre de 2019

Así fue”…narración histórica de Antonio Trisán Viñuales y Jesus Valles Almudévar







Yo , me acuerdo de la Guerra Civil, pero no necesito escribirla , porque ya lo hicieron otros, como los Trisán de Fañanás y mi doble pariente Jesús Vallés Almudévar


Los hermanos Trisán Viñuales del pueblo de Fañanás, que limita al Norte  con Siétamo, estuvieron luchando en la Guerra Civil del año de 1936. Y fue la Guerra, no entre dos países distintos, sino entre los mismos españoles, ya que Antonio, se puso en contacto con la Cruz Roja, que hizo posible la liberación del “hermano republicano”. Lo mismo pasó entre los hermanos Buil Aniés de San Román de Morrano, que uno estuvo de oficial con los republicanos, en Barcelona y Alfonso Buil con sus trece años, acompañado de su  padre, cultivando la tierra en San Román,  encima de Casbas. El hermano republicano salvó la vida a sus hermanos  de la Sierra de Guara, pues Alfonso Buil estaba estudiando para ser sacerdote jesuita, en Huesca, de donde se subió a San Román, pueblo de su familia, que fue dominado por los gubernamentales y los sindicatos.
 Y Francisco Trisán, con el que tuve una fuerte amistad, que conducía un camión del Ejército de Huesca y que llegó a Siétamo, después de que el Teniente de la Guardia Civil Manuel Lahoz, que dirigió las tropas durante la noche y la madrugada del día 29 de Agosto, consiguiera provocar la retirada a aquellos sindicalistas,  unidos al Gobierno, que habían ocupado las primeras casas de Siétamo. En su llegada a Siétamo, entró en Casa Almudévar, de donde habíamos escapado a Huesca, toda la familia, acompañados por otros muchos vecinos del mismo pueblo. En mi casa se dio cuenta de la soledad en que había quedado, y, en lugar de recoger cuadros u otros objetos de valor, en un saco introdujo todos  los papeles antiguos,  como escrituras y documentos relacionados con el Conde de Aranda y las distintas familias de Siétamo,  como la de los Azara, Benedé y varias otras. Llevó Francisco Trisán el saco a la Farmacia de Llanas, donde vivía casada mi tía Pilar Almudévar. Y gracias a mi futuro amigo, pues yo tenía cerca de seis años, he podido, con la colaboración de mi padre Manuel Almudévar Casaus, recordar, tiempos pasados de la historia de Siétamo. Pero yo no sé si Francisco Trisán hizo él solo o en compañía de su hermano Antonio, la visita a nuestra desierta casa Almudévar, pero  creo que la harían unidos, contando después,  cada uno de ellos, sus recuerdos y sus impresiones. El día 29 de Agosto de 1936, los sindicalistas unidos a los gubernamentales, entraron en Siétamo, donde sólo ocuparon las primeras casas. Pero los sublevados, volvieron a conquistar el pueblo y éste no cayó en poder total de los gubernamentales, a los que gobernaban los anarquistas,  entre otros. Durruti se buscó un despacho en mi casa, donde estuvo poco tiempo, por acudir a Madrid, donde murió.
 Francisco Trisán Viñuales estaba casado con una hermana de Ciria de Arbaniés, con el que yo, tenía   amistad.
 Al hermano de Francisco, el escritor Antonio Trisán Viñuales, no he tenido la suerte de conocerlo, pero en mis manos cayó su libro “Así fue…No sucumbí” y en él leí, lo mejor que se ha escrito sobre la Guerra en  casa Almudévar, en toda mi vida. Dice así:”En la Plaza (de Siétamo), hay una casa señorial saqueada y una iglesia. Esta ha sido como todas, el blanco de las iras; en su portal queda un parapeto de sacos; en el interior dos cadáveres de los últimos defensores.
(Hay que recordar que estos hechos ocurrieron en la reconquista de Siétamo el 28 y 29 del mes de Agosto de 1936). Por todo el pueblo, la legión con sus cantos y sus disputas. En el centro de la Plaza está el monumento obligado a estos pueblos del Alto Aragón: La Clásica cruz de piedra con su escalinata. Recostado en ella, Gibbs y su pipa…
Mientras la tropa vivaquea alegremente, me dedico a dar un vistazo por la casa y por la iglesia, que parecen más castigadas. La capilla es pequeña, de un estilo indeterminado……Hay dos imágenes, patronas del lugar. La primera representa a San Pedro; es una talla corriente, de proporciones naturales, vestido de Obispo, con las clásicas llaves del cielo.
Ilustre portero que has de visar nuestro salvoconducto, cuando emprendamos el último viaje ¡Hossana, ¡Hossana!. Acuérdate de este soldado que mientras el resto de sus compañeros bebía y comía en un festín bárbaro sobre las ruinas de tu lar, sintió la dulce necesidad de penetrar en los misterios de tu arcano.
La otra imagen es una virgencita de rostro regordete y lleva un Niño Jesús muy diminuto entre sus brazos. Tiene un nombre evocador, hermoso: ¡La Virgen de la Esperanza!.
Se han salvado del sacrificio sacrílego; así lo demuestran esos jarrones de cerámica pintarrajeados, llenos de rosas y de albahaca que son ofrendas de mozas, mayoralesas y casaderas.
Penetro en la sacristía, las ropas del culto están tiradas por el suelo. Alguien buscó el eterno tesoro del cura rural. ¡Error de cálculo!. Sólo había ropajes litúrgicos: capas pluviales de más vista que valor y un “cepillo” con un poco de dinero, contribución de los fieles para las “ánimas del purgatorio”, como reza la inscripción. Tesoro, ¡ja...ja…ja¡.  A lo sumo un mezquino paraíso de calderilla.
Hay una penumbra suave; tan suave que no he visto al entrar un charco de sangre negra al pie del altar mayor. Un defensor herido se debió arrastrar hasta aquí en un supremo esfuerzo. ¡Ya no estaba el héroe tan lejos de su Dios y de su gloria!.
Yo, pensando en la religiosidad  de mi madre que no sabe donde estoy, mascullo una plegaria a esta imagen lugareña, que debiera ser en estos días tristes y solemnes, nuestra dulce patrona: ¡La Virgen de la Esperanza!.
Sin la esperanza, el mundo: ¿Qué sería?.
Se han desbordado las pasiones en esta casa solariega; tiene pinta de casa patricia, solaz de mayorazgos y refugio de los pobretes. En la amplia fachada, un escudo tallado en piedra con las armas de los Almudévar, familia linajuda del Alto Aragón. En el patio ya lleno de tropas, algarabía debida al vino noble que los combatientes han encontrado en un torreón de lo que fue castillo del Conde de Aranda, y que el abuelo de esta casa tenía en estima. En el primer piso, muebles, ropas y vajillas en revuelta confusión. No ha quedado alacena ni arquimesa sin abrir.
¡Han pasado los bárbaros!.
Restos de lo que fue comedor familiar; dos pequeños rimeros con libros vacíos; éstos sobre la mesa medio abiertos, medio rotos: Galdós, el Duque de Rivas, Rubén…por el santo suelo.
Un solo volumen ha quedado en el estante: Los “Epigramas” de Silvio Kosti con una dedicatoria magnífica del autor. Reza así: “Al ilustre tío Manuel, Mayorazgo y jefe de mi estirpe. Silvio Kosti.
Contiguo al comedor, profanado con latas de sardinas y panes de munición, que fue el festín de la Horda, hay una sala amueblada con gusto. Entrando se ve una foto de un caballero de unos sesenta años, de buen aspecto. No puede ser otro que el abuelo a que alude Kosti. Así lo proclaman su aspecto noble y su bigote blanco y legendario. ¡Ah, si él volviera por aquí y viera todo esto!. Sus manos patricias que empuñaron la esteba en su mocedad, hubiera retorcido el gaznate a la canalla.
¡Una casa que tiene historia de siglos, destruida  en pocos minutos!.
Hay un piano con la tapa levantada y sobre el atril música de Straus: un vals vienés.”El último corsario”. He aquí una de tantas incongruencias de los hombres. Por un lado, la horda destrozando la poética quietud de esta casa…Y otro bárbaro, enamorado de la música, arrancando al piano las voluptuosidades de este vals cien por cien.
No hay armario sano. Ni un vaso, ni nada a excepción de esta habitación que permanece sin destrozos. Ya al salir, en una rinconera magnífica, hay abandonado un estuche de pintura, con su paleta, sus colores y sus pinceles.
Pues bien, aprovechando este mensaje, un “focín” como se dice en Aragón, pintó en el tocador de puro estilo español antiguo, sobre la luna, las letras de rigor .U.H.P.
Muy bien, muy bien…Yo opino que sí, que debemos unirnos, hermanos proletarios, pero no para esto sino para hacer el bien y conseguir la mayor cultura general.
Salgo y cierro la puerta. Lo único que ha quedado intacto, no debe verlo nadie. Además está dentro vigilante desde su arco, el lejano abuelo, el jefe de la estirpe de los Almudévar.
Tomo como recuerdo el volumen de Kosti y salgo a la calle. Sigue la alegría. He de buscar a mi mascota, a mi viejo compañero”.  
¡Cómo describe Antonio Trisán Viñuales esas melopeas de los que están en el límite de sus posibilidades alcohólicas!. Los Almudévar eran productores de vino y en el palacio del Conde de Aranda, encerraban unos seiscientos mil litros. Como es lo que pasa en las luchas, que beben los hombres, porque quieren hacer huir el dolor que producen las muertes y aumentar su valor para seguir luchando.
Antonio Trisán describe con realismo  que:  “el vino se nota en el ambiente. Cantan los soldados esas melopeas de los que ya están en el límite de sus posibilidades alcohólicas.
Encuentro al viejo algo mareado. La faja le cuelga hasta el suelo y se apoya en su fusil como en un cayado. Al verme intenta justificarse.
--Pero, ¿También, usted abuelo?
--Mira, hijo… comer,  beber y…nada más.
--Ya, ya, me sé de memoria la canción-le digo mientras lo siento en la cruz de la plaza.
Ya es tarde, las ocho de la noche. Brillan las estrellas intensamente y del campo llegan con la humedad de la noche aromas de heno y de flores, como un “canto de vida y de esperanza”.
Es la naturaleza, pródiga, embriagadora, que me dice al oído: ¿Qué culpa tengo yo de vuestras locuras?.
Efectivamente…Ninguna.
Ronca el viejo, feliz en su borrachera y siguen los cantos un buen rato. Al fin, todos se cansan y se tumban como pueden y en donde se encuentran.
Para algunos, esta noche ya es la última que  viven al raso…
Mañana hemos de enterrar nuestros muertos en el cementerio del lugar.
¡Victoria!, ¡Victoria…!. Eres la deidad suprema que reinas sobre todo y sobre todos…Hasta sobre los muertos. Y tu hálito da vida a las nuevas generaciones, que oirán hablar de estos sacrificios, como de un cuento de Grimm…
Abro la cabina de mi camión y hago de ella y con ella, juegos del espíritu. Esta noche perfumada, sobre estas ruinas, sobre estos muertos, arrullados por las emociones, es para mí, con su único asiento, una alcoba nupcial.
Nuestro nido, allá en el pueblo natal (el inmediato Fañanás), también saqueado, está vacío”.
¡Cómo quería Antonio a su esposa. Basta leer estas frases suyas, cuando dice ”Comemos en paz de Dios. Tengo ganas de echar la siesta en mi cama. ¡Dormir en cama!, parece un sueño…Veo a mi mujer feliz. ¡Qué lejos están las trincheras!”. En la página 65 y 66, de su libro, “Así fue… No sucumbí”, dice: “Soy de por aquí y ese paisaje me es familiar”. Cuenta los hechos de la Guerra en Siétamo, que son impresionantes e igual que él, los sentía fuertemente,  yo también,  porque mi padre me contó la muerte de un soldado de dieciocho años.”Todo un poema. De dolor, desde luego. Aparecen muertos y más muertos, que el enemigo tuvo en la retirada… Un buen mozo de dieciocho años arrastrado a esta locura de la Guerra Civil”.
El autor de este relato de la Guerra Civil, declara en  el prólogo de la obra, con letras mayúsculas.”COINCIDE LA TERMINACIÓN DE ESTA NOVELA CON EL FIN AL DE AÑO 1937”. Lo publicó en 1987, en Gráficas MAPA,S, C.-Calle las Fuentes,4. BARBASTRO.
Antonio Trisán Viñuales, fue un Maestro altoaragonés jubilado, que como él mismo escribe:”he pretendido reflejar la vida en las trincheras, en el frente de Huesca”. Como Maestro tuvo una conciencia limpia, amante de la sencillez y enemigo de la violencia. Se vio envuelto  en la aventura de la muerte física de los cuerpos humanos y en la muerte de la vida pacífica y trabajadora del pueblo. Ha vivido, después de jubilado en Esquedas, y ahora podemos meditar sobre su visión de una vida humana pacífica  y justa.
Pero en los recuerdos de aquella Guerra salvaje, destacan con los Trisán de Fañanás, los de su paisano Jesús Vallés Almudévar, que con sus catorce años empezó a escribir el diario                           de su vida. Era paisano de Antonio y de Francisco Trisán Viñuales y era doble pariente mío, porque el apellido Vallés de Castilsabás, lo llevaba mi abuelo, en cuyo retrato se fijó Antonio Trisán en su visita a nuestra casa. El apellido de Almudévar,que era el de su madre,  la hacían prima hermana de mis antecesores de Siétamo. Este Diario lo conservó el sacerdote Jesús, durante toda su vida y pocos meses antes de morir, me lo entregó, para que recordara con él,  las miserias de aquella Guerra Civil. A él mismo, en  Fañanás, se le llevaron a su madre y a su hermano, casi de la misma edad que la suya, a Bespén y al lado de la carretera, los fusilaron. 
El día treinta y uno de Julio de 1936. Luis desde Fañanás y yo en Siétamo,escuchamos u tiroteo imponente.”Era por Siétamo, pero parecía que estaban a cien metros.Han tirado muchos cañonazos seguidos y desde arriba se veía la polvareda que levantaban.Después ha pasado la aviación.Han dado unas vueltas por encima de Siétamo bombardeando y luego se han ido hacia Huesca”. Yo en los mismos momentos que Luis observaba como bombardaban en Siétamo, pues fue este día el que me hizo escuchar los ruidos de la Guerra, fui introducido en la bodega de la iglesia vecina, con todos los vecinos y familiares míos. Allí estuvimos muchas horas,mientra lloraba mi amigo Rafael y mi tía Lisa, hermana de mi padre,iba a casa para traer alimentos para los acogidos en dicha bodega.Ya bastante tarde,se dejaron de escuchar el día 18 los ruidos de guerra y bajamos a la carretera, donde un camión nos recogió y nos llevó a Huesca,  de refugiados. Jesús , el día siguiente, dos de Agosto, escribió en su Diario:”Ha corrido la noticia de que había caído Siétamo”. Nosotros fuimos  a alcanzar la libertad, pero Jesús, escribió el día 7 de Agosto:” Hablan de libertad y no puedes hacer ni decir nada de lo contrario que ellos quieren”.”Se oyen muchos cañonazos”. El día 18 de Agosto , escribió Jesús “Mi hermano Luis cada día está más inquieto y preocupado aunque trata de disimularlo,con chirigotas y con buen humor…Hace ya unos días que no duerme en casa. Cree que es la hora en que van a buscar a las víctimas y le asusta que lo maten por la noche…Mamá pasa las noches en vela pensando siempre lo peor  y no descansa hasta que no lo ve de nuevo en casa.Los veinte años de mi hermano Luis le harán estar tenso y cualquier golpe de viento moviendo llas ramas de los árboles ( tras de los cuales se esconde),le hará sospechar que lo han descubierto y van a por él… El día 23 de Agosto, dos milicianos preguntan por el señorito Luis.Bajó mi hermano rápidamente.-Que venga también la madre.”

Se pasaron unos días terribles,pues la madre ,le decía a Jesús:”Se valiente,cuídate y come mucho.Ten confianza y esperanza que todo acabará bien. No olvides que hay Providencia…Sí, mamá y hay un Dios…”. El día 29 de Agosto “En el escenario de la plaza irrumpió la figura menuda y vivaracha de Juané , el alguacil. Dejó oir el sonido chillón de su trompeta-cuerno y a continuación, con su voz más vibrante, cantó su pregón:-De orden del Comité…hago saber…que se va a proceder… al juicio… de la Viuda de Vallés…y de su hijo…que acudan todos al granero…del obispo…”.
“Del juicio sé que fue una farsa más, tal vez un juego, una diversión, aunque lo hicieron con visos de seriedad…  Se les acusó de hacer señales con linterna al frente “fascista”de Siétamo…Salieron testigos que declararon haber visto una luz en una ventana, no sabían si era de vela o de linterna. Las pruebas, unas linternas sin pilas, que encontraron durante un registro. El abogado “defensor” se negó a defender a Luis. Dijo que no tenía defensa posible. En cuanto a mamá, cuatro, cuatro tópicos vulgares le sirvieron para salir del paso y dar la cosa por resuelta. Los condujeron a una casa extrema del pueblo, cerca de la carretera y dejaron a unos cuantos guardias civiles custodiándolos”. Dijo Jesús que quería estar con ellos, pero se lo “impidieron”. Pero luego le dieron un permiso para permanecer una hora con su madre y con su hermano.”Estaban sentados en un patio pequeño, la puerta abierta…Los guardias civiles en la calle charlaban amigablemente al mismo tiempo que los custodiaban sin dejar el fusil de las manos, leyeron el permiso del comité y me dejaron pasar. Me senté en las rodillas de mi mamá, abrazados muy estrechamente”.Su hermano “Luis le afeaba el que estuviera encima de mamá. ¿No te da vergüenza tan grande como eres ya?. ¡Serás toda la vida un mimoso, un crío!”. Luis, a pesar de su juventud, tenía un pensamiento realista y en lugar de sufrir, ”hablaba, medio en broma, medio en serio de la muerte. Total, hay que morir de una vez. Pues, cuanto mejor de un tiro sin guardar cama, sin enfermedad, sin fiebre, sin sufrir; un salto y a la eternidad, a gozar de Dios. Pero yo que había sido siempre su confidente, al que contaba sus amores, sus proyectos, sus ilusiones, sus sueños, sabía que amaba la vida y que de esta manera se despedía de la luz y del sol que en aquellos momentos se ocultaba en aquel atardecer de agosto; del cacareo de las gallinas que “escarvaban”  allí cerca, de las golondrinas de su chillido agudo, que jugaban a  “encorrerse”  rozando casi la calle, dando sus vueltas rápidas allí mismo, a dos pasos, ante nuestros propios ojos, y que daban al mismo tiempo una mezcla de melancolía, de paz y añoranza”.
“Un guardia se acercó a nosotros. ¡Es la hora, tendrán que despedirse!.
Un abrazo apretado, en grupo, los tres juntos. Un “hasta mañana”, musitado casi sin voz y eché a correr, calle abajo, sin volver la cabeza, sorbiéndome las lágrimas”.
Jesús experimentó, en su espíritu joven, la muerte de su madre y de su hermano Luis, él que tanto amaba la luz y el sol, que gozaba de contemplar las gallinas escarbando y de seguir el vuelo rápido de las golondrinas, se encontraba en el encuentro entre la vida y la muerte “en un barranco, entre Bespén y Blecua”.  Si. “Aquí. El piquete lo formaban unos guardias civiles cobardes más que asesinos y dos jóvenes del pueblo. Dispararon . Cayeron. Luis no se movió. Mamá intentó incorporarse, una nueva descarga se lo impidió.
Después llegaban los del comité. Rociaron los cadáveres con gasolina y los prendieron fuego.
En Blecua (pueblo en el que no fusilaron a nadie), fueron unos hombres a enterrar los restos”.En Blecua ejerció el Maestro Cavero, pariente de los Caveros de Siétamo y enseñó la paz y no la guerra. En Fañanás la autoridad estaba en posesión de un analfabeto.

El día 13 de Septiembre cayó Siétamo en manos de los gubernamentales tal vez dirigidos por los los sindicalistas anarquistas y comunistas Y jesúa Vallés Almudévar, el día 20 estuvo en Siétamo. "Alguien vino diciendo que en la cocina de la casa Almudévar le había preguntado un hombre ya maduro por la suerte de la familia Vallés". Esta noticia le impresionó, porqeu "Yo le había ddo vueltas a la cabeza si podría encontrar rastro de alguno de mis hermanos por allí, y más de una vez,había pensado en ir, y esto me decidió ,tal vez hubiese algún familiar o amigo".Marchó con José y "cuando llegaron a los alrededores d eSiétamo, oimos graznidos de cuervos que levantaba el vuelo al oir nuestros pasos y volvían de nuevo a su festín, después de que habíamos pasado". "Había todavía cadáveres sin enterrar,tostando sus huesos, ya casi mondos, al sol". Su sensibilidad le impulsaba a espantar las moscas y los cuervos que por allí volaban.
"En la iglesia lo que habían respetado las bombas, lo han destruído los milicianos.Se lamenta Jesús de no haber encontrado a ningún amigo , sino es a un guardia civil "que era uno de los que estuvieron en casa cuando lo de mamá".
"En el castillo había un enjambre de muchachos revolviendo entre los escombros,buscando cápsulas, balines, trozos de metralla, cada hallazgo era comunicado a los demás con gritos de alegría. A mí me apeteció mezclarme con ellos y buscar yo también. Medieron verdadera envidia.¿Por qué no podía ser yo como ellos?.Un niño normal, sin preocupaciones, sin problemas, que pudiese jugar y reir sin pensar en nada?. Sufría por no poder encontrar a ningún conocido ni a ningún pariente por parte de Vallés o de Almudévar."Estaba disgustado conmigo mismo". Se encontraba muy solo, pero le consolaba la señora Vicenta, que se desvivía por él. No tenía apetito y la señora se sentía triste, y él al verse querido por ella, intentaba ser más amable.

Están madre e hijo, enterrados en el cementerio de Huesca, pero Jesús, sacerdote de la Parroqia de San Pedro el Viejo también de Huesca, colaboró con los arquitectos medievales, en la Torre de tal iglesia, al crear en ella  un cementerio o más bien un lugar que mira al cielo. Él fue el cementerio –cielo de sus difuntos durante toda su vida, porque consagró su vida al sacerdocio, para estar unido a su madre y a su hermano y en su piso tenía todos los escudos de sus antepasados, que los tenía unidos a la vida de su madre y de su hermano con la vida superior del cielo. La Torre de San Pedro el Viejo, le hizo recordar las alturas del cielo y si van ustedes por allí, verán cómo están sus muros con santos enmarcados y objetos litúrgicos que hacen mirar hacia arriba y tratar de ver en lo alto a la madre y al hermano de Jesús Vallés. Yo cuando paso por San Pedro el Viejo de Huesca, entro en su Torre, que me recuerda a los mártires de la Guerra Civil.

martes, 3 de septiembre de 2019

Rasal


      
Rasal (Huesca).
Botaya (Huesca).

Rasal es un pequeño pueblo, situado en la carretera que sube a San Juan de la Peña, yendo por la ruta que sube desde el Pantano de la Peña,  y desde allí,  en la meseta donde se alza el Monasterio Nuevo, se puede bajar a Jaca. A  Rasal  se sube desde Huesca por la carretera de Jaca, pasando por Ayerbe y luego por el pueblo zaragozano de Murillo de Gállego. Al llegar el coche al Pantano de la Peña, se desvía de la carretera de Jaca y a la derecha, toma otra, que le lleva a encontrarse  en  el pequeño pueblo de Botaya, al lado de   San Juan de la Peña, que se encuentra muy cerca, en la Meseta de dicho Monasterio o Monasterio Nuevo.
Aunque se habla de dos monasterios, uno el viejo y otro el nuevo, cuando yo los conocí, en el Monasterio Nuevo, sólo se encontraban del mismo ¡ruinas!.
En el pueblo de Botaya, había una gran relación con la vida del Monasterio Alto, como se dio en la vida de D. D. Fray Domingo de la Ripa, Monge Benito Claustral del Sagrado Real Claustro de San Juan de la Peña. Fue este apellido de Ripa  del Reino de Aragón, común frecuentemente en Pamplona y se puede todavía leer el apellido de Fray Domingo de la Ripa, en el Midi francés, en Canfranc, en Jaca y en Navarra. La Ripa escribe en su libro:” Porque aquellas (zonas) que menciona (Vizcaya y otras), pertenecían a la Vasconia, como reconoce el Padre Abarca y en su opinión la Antiquísima Ciudad de Jaca y su Condado de Aragón, es la punta oriental de la Fortísima y Antigua Vasconia; de esta manera no hay inconveniente alguno en la provincia de Aragón entre las otras que pertenecían a Vasconia, aunque haya grande distancia entre la unas y las otras Regiones”. Gran Monasterio
Este pueblo de Botaya estaba unido a la vida ordinaria, en aquellas alturas, que parecían creadas para relacionarse con el Cielo. En este pueblo de Botaya, vivía la familia, cuyas dos hijas Pilar y Polonia  López de Botaya, parientes de los Señores de Vizcaya. El pueblo de Botaya, subiendo a él por el Pantano, está asentado  en el Norte de la Meseta donde se encuentra el Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña. Subiendo por Rasal  hacia el Norte,llega uno a la llanura elevada, donde aparece Botaya muy cerca del Monasterio. En aquella altura los frailes del Monasterio pedían al Señor, que les guardase de la invasión de los moros.
Cuando llegas a estos parajes elevados, te llena de emoción la presencia del Monasterio Nuevo con sus bibliotecas, comedores y la iglesia donde se cantaban salmos, y te acuerdas de la destrucción que había sufrido todo el Monasterio durante tantos años de abandono. En el próximo pueblo de  Botaya, vivió la familia  de Pilar y Polonia López de Botaya. Polonia se casó con Ripa de Jaca y su hermana Pilar,lo hizo con Manuel Almudévar de Siétamo, que fue abuela de mis hermanos y mía.
El Monasterio tuvo un Abad, también llamado Ripa, pariente que fue de Don Pabotayaco Ripa. Yo siendo joven, entré en la iglesia de Botaya y siendo un día de fiesta asistí con mi cuñado a l amisa,dicha por u sacerdote ya mayor, que me resultó ser un sacerdote piadoso de aquella iglesia, tan antigua. Había pocos fieles ,pero yo no esperé el abandono de la iglesia de este pueblo y del Gran Monsterio, que me pareció que desde ese día, comenzaba a resucitar.
Yo no recuerdo si mi amigo de Rasal, asistiera a la Misa de Botaya, pero cada vez que me lo encuentro en Huesca, me parece recordar su figura en aquella iglesia no muy grande, rodeada de chimeneas medievales, que se siguen elevando  en los próximo tejados  de esas casas.
En mis visitas a Jaca iba en algún verano a casa de mis parientes a visitar a mi pariente Don Paco Ripa y en mi casa de Siétamo , recuerdo escasamente a su hermana Pilar López de Botaya, abuela mía, que murió en una época de 1.930. Cuando duermo en casa Almudévar de Siétamo, me acuerdo de mi abuela de Botaya y del Monasterio de Montearagón.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Bodas de Oro de Bernardo Adiego y de Visitación Guillén








Estamos aquí todos los asistentes a la celebración de las Bodas de Oro, de Bernardo y de Visi, llenos de satisfacción y de felicidad, al encontrarnos en este monumental comedor, con sus paredes adornadas con el Salto de Roldán, la Iglesia de San Lorenzo, las ermitas de Cillas y de Salas y de tantos recuerdos, que rememoran la Historia de Aragón. El Salto de Roldán, nos trae a la memoria la mutua influencia de España y de Francia, desde Carlomagno, pasando por el Conde de Contenson, hasta la autovía Mudéjar, que está construida para comunicarnos con Europa. Parecen estas paredes una ambientación de Vírgenes y de Santos, dispuestas para consolidar la personalidad de la ciudad de Huesca, en este Castillo de San Luis. La pareja de Bernardoprocede de una Comarca aragonesa, cerca del Moncayo, que se ve desde la parte alta del Castillo de San Luis, con sus costumbres y celebraciones en ermitas, como la de Salillas del Jalón, en las que Bernardo danzaba en aquel histórico dance. En Salillas se conoció con Visi y trajeron ambos sus recuerdos a este bello rincón del Castillo de San Luis, donde han estado quince años, dirigiendo la explotación de esta finca, trabajando y criando a sus hijos, durante quince años. En este comedor se reúnen los recuerdos de una vida dedicada al trabajo, donde Bernardo quedó convertido en artista de la construcción, yendo a buscar antiguas piedras al desaparecido pueblo de Valdabra, que estaba a orillas del Pantano, en que se acumulan las aguas del río Cinca. Las labró en el Castillo para convertir la derribada iglesia, que en el siglo XIX, había construido el Conde francés de Contenson, en una hermosa ermita. Me enteré de que había consultado libros, de los que nunca conocí el origen. Visi, tuvo que practicar las obligaciones de un ama de casa, para alcanzar el arte de cocina, en el que casi ha llegado a la perfección. La familia de Bernardo y de Visi, no sólo recuerda lágrimas del pasado, sino también, los días felices, que pasaron en este Castillo y han venido a dar las gracias al Señor por haberles dado cincuenta años de trabajo y de felicidad, no sólo en este noble Castillo, sino también en otros lugares de Aragón. Gozaron, efectivamente, de horas de diversión, como los pastores del Moncayo, de los que escribió la literata Abadesa de Casbas, doña Ana Francisca Abarca de Bolea, que dignificó a los pastores, que se juntaron alrededor de la Ermita de San Juan para celebrar una Vigilia y Octavario de San Juan. Bernardo y Visi vinieron al Castillo de San Luis buscando la protección de este Santo y a restaurar la bella Ermita, que aquí mismo se puede contemplar. ¡Cómo se repiten en la vida las lágrimas y las alegrías, que en estos momentos estarán recodando ambos celebrantes de sus Bodas de Oro!.Las tristezas con la muerte de la madre de Visi, cuando sólo tenía seis años, producida por el humo que brotaba de la combustión de la paja de los animales que cuidaban con su padre. Recuerdan también la pérdida de Pili, esposa de Toño y madre de Adrián, muchacho que llena de alegría a toda su familia. Es un muchacho encantador, ya que hace pocos días, viéndome por la calle, me saludó con todaeducación y un gran cariño. Toño ha encontrado un remedio a su soledad, porque ahora está acompañado de una muchacha simpática, llamada Blanca. Tienen también que recordar a la señora Dolores, madre de Javi, esposo de su hija Marta, que murió hace pocos años y que tanto amaba a sus nietas, pues a pesar de estar enferma, las cuidaba y se preocupaba por ellas. Dos son las hijas de Javi y de Marta, a saber la mayor, que se llama Tania y la pequeña Mireya y si una es guapa, la otra también, porque son una mezcla de Andalucía, de Aragón y de Cataluña. Además, ambas son muy aplicadas en sus estudios. La hija pequeña de Bernardo y de Visi, es Ester, que nació en este Castillo de San Luis y, como abogada, se ha hecho cargo de contratar con Don Luis Acín, la celebración de esta comida, que recuerda cincuenta años de la Historia del pueblo de Aragón. Es muy trabajadora y muy femenina y va progresando en su carrera, acompañada por un Ingeniero Agrícola, llamado Luis. Nuestros comunes nietos, hijos de Santiago y de Elena, Pablo y María, son, el primero muy inteligente y la segunda muy trabajadora y muy sensata. Siguen en la vocación de pastores de los animales, como sus abuelos, pues cuidan con gran amor dos tortugas, que ya tienen muchos años y varias cobayas, que a veces, si se descuidan en sus obligaciones, Santiago y mi hija Elena, se preocupan de que aquellos pequeños animales, no sufran. Están la esposa y el esposo llenos de paciencia y todavía les haría falta más, porque ambos niños querrían tener un perro, que como se adivina, tendrían que cuidar. Menos mal, que al escuchar los suaves y sonoros sonidos del piano, cuando lo hacen sonar Pablo y María, se les calman los nervios y los hacen felices, como hacía felices a Bernardo y a Visi, el escuchar piar y oír el tin-tin de los cascabeles que llevaban las corbetas. Eran felices en este Castillo Bernardo y Visi, con sus hijos, con los animales que cuidaban y con las corvetas, las cardelinas y las palomas, que anidaban en aquellos árboles, además de los conejos, los cuervos y las mismas raposas, les hacían compañía. Yo pude comprobarlo porque por el año 1972, iba a visitar la granja de conejos que Bernardo y Visi, habían instalado en este Castillo de San Luis. Era agradable acudir a este lugar, pues en los costados de su entrada, están plantados cipreses y pinos y en sus alrededores se elevan piñoneros, pinos, chopos y hacia el monte carrascas, que un poco más abajo, hacia Almudévar, desaparecen casi de un modo absoluto. Bernardo y Visi, acompañados por el abuelo Ramón, padre de Visi y por todos sus hijos e hijas, eran felices con la compañía de todos los animales. Santi y Toño, aleccionados por el abuelo, observaban como en una carrasca, criaba una pareja de corvetas Cogieron dos crías en el nido, las criaron y cuando ya fueron un tanto crecidas, les colocaron con cuidado un cascabelico a cada una en su pata izquierda. Aquellas negras, pero simpáticas corvetas, les causaron gratos recuerdos y lágrimas, porque un visitante, de los que Bernardo y Visi invitaban a comer, era muy aficionado al vino y un día Visi tuvo reparo en dárselo y se lo negó, pero el hombre se enfadó y pegó un manotazo descomunal en la gran mesa y entonces la corveta macho indignada, por defender a su dueña, se lanzó sobre él y le picó en el labio y no quería soltarlo. Los niños Santiago y Toño se pusieron a llorar y el abuelo, enfadado, en cuanto pudo mató con perdigones a las dos pobres corbetas, que tenían un gran sentido de la justicia. A los niños se les fue un poco de ilusión, pues ya no les compraron el mono que para completar el Arca de Noé, les iban a traer. Pero hoy, podéis estar orgullosos de celebrar vuestras Bodas de Oro, en este Castillo de San Luis, donde siempre se ha buscado la evolución de Aragón, en primer lugar cuando el Conde francés de Contenson, convirtió esos campos en un viñedo productivo de agradables vinos, para llevarlos a Francia, de donde se encontraba esta viña, a cien kilómetros. El mismo Conde lo afirmó y quiso acercar la producción de vino, más cerca que los viñedos argelinos. Para roturar aquellos campos importó el Conde desde Inglaterra un Locomóvil, al que es nuestras tierras conocían como Malacate. El locomóvil hacía girar sobre un cilindro un cable ,que arrastraba un enorme arado, que rompía la tierra. Aquella máquina funcionaba como las locomotoras de entonces, quemando leña. Todavía se ven unos carriles de hierro, con los que se ha levantado una valla con su puerta, que separa el jardín del edificio del Castillo. Cuando tú, Bernardo ibas al Pantano de Valdabra, te acordabas de Joaquín Costa, que trabajó en el Castillo de San Juan Alto, de obrero, un hombre que por su inteligencia y corazón mereció ser el Gran Redentor Aragonés. Desde el alto Castillo, pensaba en los riegos, que se han extendido por las distintas comarcas del Alto Aragón. Y tú, Bernardo te dedicabas a levantar el monumento de la bella ermita, dedicando tu obra como recuerdo a los hombres del progreso, igual que el Conde de Contenson y el Sabio Joaquín Costa. Y tú Visi, te entregabas, mientras tanto, a criar a tus hijos e hijas, de los que puedes estar orgullosa. Y aquí están gozando de vuestra felicidad esos hijos e hijas, con vuestros nietos, hermanas y hermanos con vuestros sobrinos, primos y amigos. El nuevo dueño del Castillo, Don Luis Acín, es un hombre que se ha adaptado a los tiempos modernos, al mismo tiempo que cultiva la Historia de Aragón, y así como el Castillos de San Luis ya no se dedica al cultivo de la tierra, lo ha destinado, por medio de un espléndido restaurante al cultivo del buen gusto de los que aquí vienen a comer y a la meditación sobre la Historia de Aragón, con las espléndidas pinturas que ha hecho pintar en las paredes del comedor y recordando la nobleza del Conde de Contenson y la sabiduría de Joaquín Costa. Por todos estos méritos, te damos gracias por habernos acogido a pasar un tiempo maravilloso, en el Castillo donde vivieron y trabajaron, los aquí presentes Bernardo Adiego y Visi Guillén.

Los Ripa de Jaca, los López de Botaya y la familia Indart.


  




En la obra del “Pireneo  Disputada”, escrita por el D. D. Fray DOMINGO LA RIPA, Monge Benito Claustral, Prior Conventual del Sagrado Real Claustro de San Juan de la Peña, y Cronista del Reyno de Aragón editada en 1685, nos habla de que el Padre Abarca, Religioso y Jesuita, dice de que Jaca está situada en la punta Oriental de Vasconia.  LA RIPA, escribe en su libro:”Porque aquellas (zonas) que menciona (Vizcaya y otras), pertenecían a la Vasconia,  como reconoce el P. Abarca, y en su opinión la Antiquísima ciudad de IACA y su condado de Aragón, es la punta oriental de la Fortísima y Antigua Vasconia; de esta  manera no hay inconveniente alguno en contar la Provincia de Aragón entre las otras que pertenecían a Vasconia, aunque haya grande distancia entre las unas,  y las otras Regiones”. Por eso, cuando convocados a la Cruzada para conquistar Zaragoza, los aragoneses, los vizcaínos y los del Bearn, se queda uno un poco extrañado de que Vizcaya,  tan lejana de Ayerbe, acudiera a la conquista de Almudévar y de Zaragoza, pero cuando lee uno que “haya grande distancia entre Vizcaya y Ayerbe”, se explica los motivos que convocaron a esas zonas, para conquistar Zaragoza (En 1118), como la relación de parentesco de los López de Botaya con los Señores de Vizcaya. El rey que la conquistó fue Alfonso el Batallador.
 El Padre Abarca, Religioso y Docto Jesuita reconoce la raza vasca al otro lado de los Pirineos. El D. D. Fray DOMINGO LA RIPA, autor del citado libro, en la página 422, escribe que el Padre Abarca dice:” El Condado de Aragón es la punta oriental de la Fortísima y Antigua Vasconia”. El apellido ABARCA es una palabra vasca, el de RIPA, es también de origen vasco y se extiende por El Sur de Francia y por el País Vasco. El apellido Almudévar, se le adjudicó a un bearnés en Almudévar y que venía del Bearne, de donde  acudieron a la Convocatoria de Roma, para tomar Zaragoza a los moros. Acudieron también los Señores de Vizcaya y estos apellidos están relacionados con el Real Monasterio de San Juan de la Peña, al lado del pueblo de Botaya, de donde venían   Pilar  y Polonia López, de la ilustre casa, que fue de un familiar de los Señores de Vizcaya.
En Wikipedia, la enciclopedia libre, pone que Iñigo López, fue el primer Señor de Vizcaya y que murió el año de 1076. Su origen dicen algunos que, es posiblemente navarro. El Monasterio de Leyre y el de San Juan de la Peña, están muy próximos por la separación en millas o kilómetros, pero históricamente, tiene una proximidad humana por los reyes, nobles y guerreros, enterrados en uno y en otro, siendo unas veces navarros, otras aragoneses, pero siempre de la Vasconia Oriental. Iñigo López, primer Señor de Vizcaya, según la hipótesis más difundida, es hijo de Lope Valazquez, que con su hermano Galindo, suscribe varias escrituras del rey García Sánchez III de Pamplona, hacia el año de 1040 hasta el de 1051.Tuvieron ambos otro hermano, llamado García de Botaya, ”que había sido monje en el Monasterio de San Juan de la Peña y había fallecido alrededor de 1057, año en el cual su hermano Lope, hace una donación al citado Monasterio por el alma de su hermano, que había marchado sin permiso a tierras lejanas, donde había fallecido”. En 1053, donó la iglesia de San Juan de Gaztelugatxe al Monasterio de San Juan de la Peña. Es curioso el amor que tenía el primer Señor de Vizcaya, Don Iñigo López, pero después intervino en Nájera, en Haro, en San Millán de la Cogolla y en muchos otros puntos históricos. Pero en la Historia se ve como los Señores de Vizcaya se unieron en Ayerbe a los hijos del Bearn y de Aragón, para entrar en Almudévar y en Zaragoza. Vemos como el primer Señor de Vizcaya, tenía por apellido López ( muerto en 1076), igual que los dueños de Casa López de Botaya. Después de siglos,  Pilar  López, se casó con un Casaus y Polonia, como está escrito en un cristal de casa Ripa de Jaca, se casó con otro Casaus. De estos dos matrimonios,  nacieron  mi padre Manuel Almudévar Casaus en Siétamo y Don Paco RIPA Casaus, en Jaca. Fueron primos hermanos y se trataron siempre con gran cariño.

 Esta familia de López, está citada en carteles turísticos en Botaya, porque era descendiente de un hermano, a saber García de Botaya, hermano Lope, Señor de Vizcaya. En Wikipedia,  la enciclopedia libre en el apartado dedicado a Iñigo López, Señor de Vizcaya,  pone: ”Lope y Galindo también tuvieron otro hermano, llamado García DE BOTAYA, quien había sido monje en el Monasterio de San Juan de la Peña y había fallecido alrededor de 1057, año en el cual su hermano Lope hace una donación al citado Monasterio por el alma de hermano que había marchado sin permiso a tierras ajenas, donde había fallecido. Lope Velázquez aparece en varias ocasiones confirmando documentos con el que sería su hijo, Iñigo López, y debió fallecer alrededor de 1057, la última vez que figura en la documentación. Iñigo López tuvo varios hermanos”. Dice también que “los orígenes familiares no han sido confirmados, muy probablemente su origen fue navarro”. El Señor de Vizcaya realizó al Monasterio de San Juan de la Peña, varias donaciones.
Mi primo segundo, Luis Ripa hijo de Paco Ripa, venía a Huesca y últimamente a Siétamo, a recordar tiempos pasados de su familia, concretamente de la  madre de Don Paco Ripa, Polonia Casaus López de Botaya. Pilar Casaus López de Botaya, nació en Huesca pues los Casaus, dirigían una Banca en el Coso Bajo de Huesca y murió en Siétamo, a los setenta y cinco años de edad, el diecisiete de Enero de 1931. Yo nací en noviembre del año de 1930 y ya no me acuerdo de ella. Mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, falleció el diecisiete de Enero de 1931, a los ochenta y ocho años de edad.
El hijo de Don Paco Ripa, se llamaba Luis y se casó con Sandu de “Apellido Indart”, que venía del “Solar vasco  y navarro”. Hay apellidos que pueden tener un origen común,  variando de uno a otro por una escasa letra. Por ejemplo mi apellido Almudévar, confirmado en  la Villa de Almudévar, viene del Bearn y en Valencia aparece el bilingüe Onofre Almudévar en unas ocasiones y otras al mismo Onofre,  lo llaman Almudéver. Al de los Indart se asemeja el apellido Indarte, que dicen que se halla también por el País Vasco.
Sandu,  esposa de Luis Ripa era hija de un militar y ella con su familia se escondió  en una vivienda de la Vía Layetana de Barcelona y dice en su libro: “Fui a mirar por las contraventanas de la Vía Layetana a la Jefatura Superior de Policía y horror!, había parados, dos camiones descubiertos, en uno, cuerpos de muertos, en el otro muchos brillos, expolio se iglesias y conventos…Allí mismo y mirando hacia abajo, comprendí que algo muy serio estaba pasando y que quizás eso era la guerra”.
Y mis hermanos y yo, los mismos días de Julio de 1936, oímos en nuestra casa de Siétamo, un ruido atronador de un bala de cañón, que nos hizo refugiarnos en la bodega de la iglesia y por la tarde, nos llevaron a Huesca. De ahí fuimos a Jaca y Paco Ripa, que estaba viudo, nos proporcionó mantas y otras ropas,  para combatir el frío. “Ardía Barcelona ese otoño en detenciones, asesinatos y registros. Un día llamaron a nuestro piso para hacernos un registro, cuando el policía se dirigía a abrir un cajón de una cómoda, yo tímidamente le dije: “en ese cajón hay estampas religiosas” y ante mi asombro, me contestó:”yo también tengo”.
Igual que Sandu veía por la vía Layetana, camiones con cuerpos de muertos y expolios de iglesias y conventos, en Siétamo se veían volar cuervos que rapiñaban la carne de los difuntos, como escribe el entonces niño Jesús Vallés Almudévar, que durante la Guerra Civil, subía desde Fañanás a Siétamo.   Los “rojos” destruyeron el Altar Mayor y los iconos de numerosos santos, que un ciudadano, que vivía en la Calle Baja,  ordenaba sacar de la iglesia a la Plaza Mayor,  donde los abrasaban.

¡Qué mal lo pasaron la familia Almudévar y la Indartt, durante la Guerra Civil!, pues las autoras de “Recuerdos de la misma”, escriben: “Se decía,  que sólo por ir a misa los domingos, asesinaban”. Eso en Cataluña, pero en Siétamo al Guardia Civil Borruel, lo cogieron en la torre de la iglesia de Siétamo, le cortaron los testículos y se los metieron en la boca. Y al cura, nacido en Alquézar, de veinticuatro años de edad, lo fusilaron junto al río Guatizalema.
La familia Almudévar Zamora, huimos de Siétamo, primero a Huesca y después a Jaca y en esta histórica ciudad, nos encontramos con la Familia Ripa. Don Paco, preocupado por nosotros, nos proporcionó algún colchón y ropa para que no sufriéramos el frío de la Montaña. Cierto día en que venía a Jaca, desde Sabiñánigo, una peregrinación de Santa Orosia, que traían su cabeza para que se “vieran” con su cuerpo,  que se conserva en la Catedral de Jaca. Allí se encontraba una multitud de ciudadanos creyentes e impresionaba la presencia de individuos con sufrimientos síquicos o endemoniados, Y allí nos encontramos mi padre y mis hermanos con el Señor Don Paco Ripa. Admirábamos a Santa Orosia y a Don Paco le surgían pensamientos sobre la humanidad, como le surgieron,  a  Fray Domingo La Ripa, en viejos tiempos, al escritor del Libro “Corona Real del Perineo”, que se llamaba Fray Domingo La Ripa, su pariente.
Cierto día iba yo por Jaca con mi madre, Doña Victoria Zamora Lafarga y se oyeron los sonidos que producían unos aviones,  al mismo tiempo que sonaba una sirena de alarma. Nos introdujimos en la Catedral y al oírse los sonidos de las bombas, mi madre se acostó en el suelo y se metió debajo de uno de los bancos de la última fila. Este terror es semejante al de Sandu, cuando por la Vía Layetana veía pasar camiones, con cadáveres de hombres asesinados.
Escribe Sandu que su madre, ”empezó a buscar en Barcelona, guías de montaña para atravesar el Pirineo, mediante dinero,  naturalmente” y mi padre con mi abuela Agustina Lafarga Mériz, subieron a Siresa,  desde Ansó,  para ver si se les daría paso a Francia, pero no hizo falta, porque la Guerra se estaba acabando, y al poco tiempo bajaron a Huesca. ¡Qué sufrimientos y qué aventuras tan parecidas pasaron la familia de Indart en Barcelona y la de Almudévar de Siétamo!.
El padre de Sandu era capitán del Ejército y tuvo que pedir su cese, ante la Ley de Azaña. Al contemplar en Barcelona los crímenes que se cometían y el gobierno, prácticamente anarquista, se presentó de nuevo, como capitán, pero fue hecho prisionero. Un alma buena facilitó su marcha entre los detenidos y corrió a refugiarse en diversos domicilios. En tanto su esposa “volvió a abrir su taller de costura, pero tuvo que ponerlo al servicio de la República, o sea militarizarlo para coser uniformes de soldado”. Y vivían separados, pero con una unión, que siempre estaban  preocupados el uno del otro.
Era el capitán Indart, un hombre responsable y se presentó en el Ejército para evitar aquella situación,  que los comunistas,  anarquistas y miembros de unos catorce sindicatos, decían crear una democracia, pero no paraban de asesinarse unos a otros. El gran escritor Premio Nobel,   Orwell, estuvo voluntario en nuestra Guerra Civil, en un Sindicato y vino a España para luchar por la Democracia. Estuvo en Monflotite  al lado de Huesca, donde fue herido. Lo llevaron al hospital provisional de Siétamo y de allí lo llevaron a Tarragona. Se curó,  pero al darse cuenta de que era buscado por los comunistas para ser fusilado, se escapó a Francia. Su obra literaria da una idea clara de la Guerra Civil.
Pero su apellido Indart, tenía un blasón, certificado por Don Vicente de Cadenas y Vicent.”La muy compleja historia y heráldica del apellido Indart aparece en la magna “Enciclopedia Hispanoamericana de Heráldica” de los hermanos García Carrafa. El hecho de encontrarse el apellido Indart en el “Solar Vasco Navarro”, nos hace creer que el apellido Indart ha realizado alguna prueba de nobleza e hidalguía. Yo no conozco actos valientes en lejanos tiempos, pero leyendo el folleto de Alvara y Mercedes Indart, se ve como se expuso a la muerte para defender a España de una dictadura comunista.  Luis Ripa, hijo de Don Paco Ripa, se casó con Sandu Indart y unió a dos familias vasco –navarras, de brillante historia.
Pero Don Paco Ripa, hijo de Polonia Casaus López de Botaya, primo hermano de mi padre Don Manuel Almúdévar, que fue hijo de la hermana de Polonia, a saber Pilar Casaus, pertenecía a una línea sucesoria, por  Apolonia o Polonia López ( así escrito en los cristales de la Casa Ripa de la Calle Mayor),que venía de la familia de los Señores de Vizcaya. Así como del capitán Indart, hay que investigar en Navarra y en Guipuzcoa, algún hecho meritorio, de Ripa se sabe que pertenecía la misma familia de Fray Domingo La Ripa, gran personalidad en el Monasterio de San Juan de la Peña, pues entre otras cosas, escribió “La Corona Real del Pireneo Disputado” y que salió en 1685. Cuando oía hablar a Don Paco, me parecía oír las palabras de la Historia de Aragón, desde el Monasterio de San Juan de la Peña, la Alcaldía de Jaca y su función realizada en varios Gobiernos Civiles de España. Era un señor alto y delgado, con una elegancia, que en aquellos tiempos, casi no se  conocía. Estaba unido al pueblo y por eso no podré nunca olvidar su presencia en la procesión “antidiabólica”, que venía el día de Santa Waldesca de Yebra de Basa a Jaca. 
El Monasterio de San Juan de la Peña, donde está enterrado el Conde de Aranda, Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, nacido en Siétamo, se encuentra casi al lado del pueblo de Botaya. En el Monasterio pensaba y escribía Fray Domingo La Ripa y en Botaya, vivían los López de Botaya, pertenecientes a los Señores de Vizcaya. No es extraño que se conociera la familia Ripa con la familia de los López de Vizcaya, que vivían en Botaya. Pilar Casaus López se casó con Don Manuel Almudévar Vallés, que poseía el Castillo del Conde de Aranda en Siétamo y el padre de Don Paco Ripa de Jaca, se casara con Polonia Casaus  López. He estado en Botaya y entré en la iglesia, donde se estaba celebrando la Misa de la fiesta del pueblo. Allí, parecían escucharse las voces de mis antepasados y al salir de Misa, se contemplaban aquellas chimeneas, que se asomaban al ambiente callejero, pero que debajo de ellas, se conservaban las palabras, que ya desaparecieron. Pensé si quedaría en aquel bello pueblo montañés, algún pariente de la Familia de los López de Botaya. Está, como he dicho Botaya, muy cerca del Monasterio de San Juan de la Peña y un miembro de la familia de los Señores de Vizcaya, a saber García de Botaya, estuvo de fraile en el mismo, pero se salió y murió en lugar desconocido en 1057. Su hermano Lope hizo una donación al citado Monasterio, por el alma de su hermano, que había marchado a tierras lejanas. El Rey Sancho Garcés IV de Pamplona, realizó varias donaciones, entre las que se encuentra la iglesia de San Juan de Gaztelugattxe  al Monasterio de San Juan de la Peña.
Con la Desamortización, llegó la ruina a este Monasterio, que ahora parece haberse corregido en parte, porque de allí desaparecieron joyas históricas, como libros de Fray Domingo de La Ripa y cocinas de tiempos pasados y mesas donde los frailes consumían sus alimentos, en silencio. Los López de Botaya, guardaron algún libro de su pariente Fray Domingo.
Hoy se puede visitar el Monasterio con devoción, con amor al Altoaragón y respeto a la Historia pasada, empezando por la pequeña de mi propia historia. Estamos cerca del Monasterio de Leyre de Navarra, en la parte oriental del País Vasco, como declaró el historiador Abarca. Al subir a la meseta del Monasterio, te encuentras no sólo éste, sino que vives el pasado y el presente de la familia de Vizcaya, con las dos hermanas Casaus López,  que no vi, pero que en la Misa de la Fiesta de Botaya, me dio la impresión de escuchar sus voces.
Al entrar en el Monasterio Viejo y en el Nuevo, me acordé de Fray Domingo La Ripa, que vivió el espíritu de ese Monasterio y que parece que transmitió su personalidad a Don Paco Ripa, su pariente, que tenía su voluntad dispuesta a servir a la Ciudad de Jaca y su espíritu a venerar a los endemoniados humildes, haciéndolos seres libres, que venían de Yebra de Basa. Tengo una carta escrita por Don Paco, de un viaje que realizó a Pamplona, desde el Oriente Jaqués al Occidente de Iruña. No la encuentro,  pero como un día lo logre, comunicaré su contenido a los altoaragoneses. Recuerdo alguna de mis visitas a Casa Ripa, de la Calle Mayor de Jaca, y en ella se respira un aire histórico, con su hogar, sus cristales en los que está escrito el nombre de la antepasada, Polonia  López de Botaya. Es agradable la permanencia en la galería, adornada por parras y en la parte baja, se encuentra alguna piedra románica, que en viejos tiempos recogerían en las ruinas de la Catedral o de las antiguas Murallas de Jaca, que se derribaron. Pero lo que llama más la atención, es la capilla privada, que se encuentra a la derecha de la puerta del piso. Es una capilla con su altar y con todas las piezas litúrgicas, que acompañan a estos lugares de culto divino. Hay cáliz, copón, casullas, albas, campanillas y todas las piezas litúrgicas que sirven para el culto de una iglesia. Allí, en un banco me senté y pedí al Señor que hiciera felices a la familia Ripa, que la fundaron.
Luis, el hijo de Don Paco, de tipo elegante, se casó con Sandu  Indart, apellido vasco (como Iriarte) y después de tener dolores comunes de la Guerra Civil Española, lo recuerdo por Huesca, en casa de Llanas. Recuerdo también a su hermana Blanquita, que rimaba con la belleza de su padre Don Paco y la de su hermano Luis. Su marido, el Ingeniero Tello, estaba destinado en Huesca, nos comunicábamos mucho y cuando se fue a Madrid, nos dejó catorce ejemplares de Historia publicados por la Diputación de Huesca. Todavía los conservo.
 Igual que en la capilla de los Ripas, recé un Padre Nuestro por Don Paco Ripa, ahora me entran ganas de recitar un Ave María por Sandu.
El Monasterio de la Peña me recuerda a Fray Domingo La Ripa, y  la capilla de la Calle Mayor de Jaca, me trae a la memoria a mi tío Don Paco Ripa.
Los tiempos pasados, hicieron pensar, hacer la caridad y sufrir y los actuales hacen olvidar los hechos vividos  y muchas veces no nos amamos, los hermanos con la hermana, ni los tíos y primos con sus próximos, ya que nos va distanciando el tiempo, al mismo tiempo que los parientes lejanos no recordamos el sublime pensamiento de Fray Domingo de La Ripa y el amor al prójimo de Don Paco Ripa, como descubrí en la procesión de los sufrientes miembros que pedían protección a Santa Waldesca. ¡Paco Ripa era un amante del culto divino, que cultivaron sus antepasados en su Capilla de la Calle Mayor¡.
Yo, recuerdo al ilustre jacetano Don Paco Ripa y venero su bondad, su elegancia y respeto la familia que dejó en este mundo,  como a Luis Ripa,  su esposa Sandu  Indart, a  sus  dos hijos y a su hija. Tuvo también Don Paco, una hija elegante, y bella,  de un humor extraordinario. Hace ya muchos años conocí a su hijo y hace escaso tiempo le escribí a su hija, llamada Blanca, como su madre. A esta le escribí lo siguiente: “Te llamas Blanca, como tu buena y hermosa madre Blanca Ripa. Conocí a tu madre, que en las calles de Huesca, animaba mi espíritu, así como también a tu padre, el Ingeniero Tello, zaragozano, que estaba destinado en Huesca. Era un señor amabilísimo, al que daba un gran placer, escuchar sus comentarios con mi padre Manuel Almudévar Casaus. Este segundo apellido de Casaus era el que los reconocía como primos hermanos. Cuando destinaron a tu padre de Ingeniero a Madrid, se acordó de regalarle a mi padre, los catorce tomos de la Revista Argensola, porque le creaba molestias el llevarla a Madrid y yo todavía los tengo en Siétamo y cuando los veo, me acuerdo del Ingeniero Tello, esposo de mi prima segunda, Blanca Ripa. Los cuadros al óleo de nuestros antepasados,  a saber el matrimonio Casaus López, los guardan en Casa de Llanas. Era el Señor Casaus un banquero,  que se formó en Francia y su esposa de Casa López de Botaya, y que nació en este pueblo, al lado de San Juan de la Peña. De este Monasterio recogieron algún libro de Ripa, que cuando la Desamortización, se llevaron muchos y otros los destrozaban. A esta carta que yo le dirigí a Blanca Ripa, me contestó por el Ordenador, lo siguiente: “Soy Blanca Tello Ripa, la nieta de Paco Ripa, el primo de Manolito Almudévar, tu padre. Sigo visitando  Jaca, desde hace cincuenta años, desde Madrid. Me encanta recordar estas tierras, que me ayudaron a crecer”.

Si, las tierras de Jaca le ayudaron a crecer, en cambio mi padre que se murió a los ochenta y ocho años, se fijaba tanto en las diversas tierras en las que vivió, que su sobrina, lo llamaba Manolito, porque esas tierras le daban vida, a pesar de la muerte, que tantas víctimas creó. La verdad es que cuando estaban juntos Manolito y el Paquito, al que tantas veces he llamado don Paco, parecían dos niños ingenuos.

jueves, 29 de agosto de 2019

Cincuenta años han pasado.

                   

                                              
Hace escasos meses que celebramos muchos, por entonces,  jóvenes  en la Facultad de Veterinaria de Zaragoza, el cincuenta aniversario de haber comenzado nuestra carrera de Veterinaria. ¡Qué emoción produce en los corazones el encontrarse con los compañeros!; si, porque emociona el volverse a reunir en aquellas aulas, pasillos, laboratorios y agradecer juntos, en aquella capilla, el haber podido pasar cincuenta años, trabajando cada uno en distintas actividades relacionadas con el ganado, como la enseñanza, la alimentación, ya fuera a los hombres o a los animales, deportivas con caballos, o con múltiples canes, ya fueran de caza o de compañía.  Había llegado el momento de recordarnos unos a otros nuestros problemas y nuestros éxitos en la profesión.
Entre otros veterinarios estaba el hijo del pueblo leridano de Guissona, Chaume Alsina Calvet, del que me acordé  hasta de su segundo apellido y sin embargo no lo reconocí de momento, hasta que al identificarse, entraron múltiples recuerdos en mi memoria, como su elegancia,   ya que en aquellos viejos tiempos vestía  su traje, ropaje que ahora ya no llevamos  cada día,  ni él ni nosotros;  y sonreía continuamente, sonrisa que después de pasado tanto tiempo, todavía alegra a su pueblo y  a la empresa por él creada.
Han pasado, como he dicho escasos meses de nuestro encuentro en Zaragoza y, al despedirnos, nos invitó a los asistentes al aniversario, a acudir a  Guissona, donde nos mostraría las diversas instituciones, que en dicho pueblo había fundado y  a mí me parece, que era el ciudadano, que no sólo “daba el pan” a sus paisanos, sino a un enorme mapa, que recorre cada día con unos ciento setenta vehículos, para abastecer a su población, servida por trescientas y pico tiendas.
El día cinco de Junio del año 2007, hemos vuelto a coincidir con Chaume en su pueblo de Guissona, al que él volvió al acabar la carrera; en dicho pueblo no había mas que una pequeña Cooperativa, que él con su inteligencia y con su espíritu comercial, hizo evolucionar y llegar a una cumbre de esplendor, en medio de un Valle, parecido a nuestras tierras de Adahuesca y de Siétamo y rodeado de pequeñas colinas, en cuyas cumbres se divisan masías e iglesias. Al ver aquel paisaje se preguntaban algunos y algunas sobre detalles arquitectónicos, que por allí se veían, como por ejemplo las ventanas coronadas de arcos, en muchas masías, que no eran ermitas ni templos.
El día cinco, como he escrito, acudimos a Guissona, los viejos compañeros de Facultad para ver las obras, que se han creado. El, siempre sonriente, como en su juventud, acompañado por su esposa no nos dejó ni un solo momento. Después nos mostró el enorme Matadero, obra inmensa en extensión y en producción; pasamos después por la Residencia de Jubilados, alguno de los cuales, al aproximarse Chaume a ellos, empezaron a derramar lágrimas, como reconociendo su agradecimiento a la obra realizada por él.
El matadero es enorme, por ser mixto,  es decir que en él se sacrifican desde pollos, conejos, pasando por cerdos y acabando  en el ganado vacuno. Pero además,  en tan práctico matadero se fabricaban unas magníficas tortas de bizcocho, también fabricadas en Guissona. Al contemplar el gran edificio, donde se fabrican yogures, flanes y otros productos lácteos, que se preparan paralelamente al funcionamiento del Matadero de Pollos, quedé admirado por la rapidez y eficacia con que trabajaban aquellas personas con aquellas máquinas,  que mataban ocho mil pollos a la hora, separaban las distintas piezas y las sacaban en bandejas de plástico, envueltas y  etiquetadas. Ocurría lo contrario en otros mataderos, que en todo un día mataban hasta cinco mil pollos, pero tenían después que separar las distintas piezas con cuchillos.
En un secadero están colgados en estos momentos unos setecientos mil jamones, de los cuales muchos los pasan por máquinas, que les quitan los huesos y les dan formas
rectangulares. Pero es difícil seguir en una mañana todos los procesos que se siguen en este Matadero, porque allí se fabrican chorizos, longanizas, butifarras, salchichas e incluso por medio de largas cadenas, preparan canelones con cifras casi increibles,  puesto que en una hora sacan unos doce mil. Para recorrer tan largos pasillos, disponían de una máquina de aluminio, con motor eléctrico, a la que acoplaban varias vagonetas, en las que fuimos nosotros trasladados, después de vestirnos con una bata blanca, cubrir nuestras cabezas con un sombrero cada uno y calzar nuestros pies con unos plásticos azules. Era un pequeño tren en el que íbamos contentos, como niños, mirando las distintas fases de la producción del Matadero. En una sala se veían máquinas nuevas y grandes, pero no funcionaban y al preguntárselo a Chaume, me dijo que se iban a emplear para sacrificar cerdos ibéricos, que pesaban unos ciento cincuenta kilos y a ellos se adaptarían mejor las máquinas cortadoras.
Después de ver una factoría de tanto volumen, me interesé por su creador, es decir por Chaume. Hace ya cincuenta años me admiró su eterna sonrisa, que no ha perdido y su capacidad para sacar adelante los estudios en la Facultad. Ahora al llegar al Supermercado de Guissona, nos pusimos a almorzar, tomando cada uno lo que apetecía y él echaba las monedas en las máquinas, para sacarnos las bebidas que le pedíamos. Pero no eran sólo las organizaciones sociales y fabriles,  que estaban en el pueblo donde él nació, sino que me enteré de que en Bujaraloz  obtenía  componentes para  los piensos compuestos que producía y en el  oscense  pueblo de Sena, dirige granjas de cerdos,  en cantidades de las que yo, no me acuerdo, porque tales cifras producen mareos en mi cabeza. En cambio en la suya, se efectúan pensamientos totalmente humanos, como el de crear un campo de golf, en una finca de su familia para que los escasos jóvenes agricultores que viven por aquellos pueblos, puedan divertirse, para que no tengan necesidad de marcharse de su tierra. Vi unos grupos de viviendas modernas adosadas, pero con aspecto de chalets y me dijeron que las había levantado para las numerosas familias de inmigrantes, que trabajaban en sus factorías de Guissona. El nació en tal pueblo, pero sus padres eran naturales del pequeño pueblo de Palauet y él recordaba su pasado y amaba tanto esa casa, que la estaba reconstruyendo. Merecía la pena, ya que en su fachada ponía como fecha de inauguración el año mil seiscientos uno y en dicha casa se conservaban escritos en los que se citaban cantidades de libras barcelonís. El, al ver esas cifras de dinero, pensaba que tal materia sería necesaria para hacer crecer la vida en este mundo, sin olvidarse del otro y así ha procedido durante los últimos cincuenta años.
Como escribe Fernando Arrabal  sobre el catalán, como Chaume,  Dalí, que con esos pensamientos, ”consiguió….hallar  en su propia obra los ecos, los paralelos y las perspectivas de la realidad”. La realidad es la que preside la cabeza de Chaume, pensando en dar de comer, como lo hizo Cristo en la multiplicación de los panes y de los peces, en dar alojamiento a las familias y en recoger a los ancianos.
En la reunión en la que nos explicaba el funcionamiento de su obra, yo le pregunté que era lo que iba a pasar, al subir tanto los cereales, necesarios para la alimentación del ganado y me contestó que él seguiría buscando la calidad de sus productos y ajustaría el precio todo lo que pudiera, pero al llegar a Andorra, donde nos llevó un compañero andorrano y gran participante en la política de su País, le pregunté a éste que era lo que iban a hacer para encontrar solares y me contestó que en Mónaco toman el mar para ampliar el espacio del Principado y  en Andorra, se comían la piedra. Entonces pensé en la respuesta a la pregunta: si se elevan los precios, Chaume procurará seguir dando de comer a tantos  hombres  y mujeres de este mundo, con productos agradables  al gusto y con proteínas de origen animal, aunque tenga que hacer esfuerzos como los habitantes de Mónaco o los de Andorra.
Como he dicho la normalidad rige la vida de Chaume, porque se casó con una mujer maravillosa, que lo ha acompañado durante muchos años, lo ha animado en momentos difíciles y no lo ha dejado sólo en ningún momento. Han tenido siete hijos, que trabajan en las empresas creadas por Chaume  y  que  como el armario que vimos en Andorra, en kque los síndicos guardaban sus papeles y que se abría con siete llaves, en  este “armario”  de Guissona, los siete hermanos  serán las llaves que continuarán  sus ideas  y las de su buena madre.

Banderillas

Yo no podré  olvidar nunca la Torre de Casaus, hoy toda ella convertida en el Barrio de San Jorge, a cuya ermita subían el día en que se cel...