Aquella Mariví, de apellido desconocido, cantaba:”Mi novio cuando fuma, me tira el humo, me tira el humo en el jardín de la hierba buena”. No me acuerdo de más frases de aquel disco rayado, sólo recuerdo que en alguna de sus vueltas sobre el disco, la aguja saltaba de pista a causa de su deterioro y en llegando a aquello de “me tira el humo me, me tira el humo me….no acababa por repetirse “¡ay Mariví, Mariví, maravilla de mujer, del barrio de Santa Cruz, tu eres un rojo clavel”. Después de tantos años, aquel traqueteo me sigue martillando en la cabeza y aquella aguja, en este caso desobediente a la “voz de su amo”, me sigue rayando la sensibilidad, como rayando cada vez más el disco, al repetir “me tira el humo, me tira el humo”, pero sin decir que “en el camino de la hierba buena”. Aquella Mariví, que ahora estará como un salmón ahumado por el humo de la pipa o del cigarrillo, extremo éste que el disco renqueante no aclaraba, ahumada o embalsamada por el aroma de la hierba buena, debía ser una carátula de un romanticismo de salón o de jardín programado. ¡Tú, Mariví, no eres carátula sino libélula de un lugar, donde las hierbas son buenas en los prados y en las selvas y las que no son buenas, son bellas; flotas por el lugar como los humos que surgen de chimeneas elegantes y gigantes y “prexinan una vida” cuando la luz “s´en ye ida; calor, sólo restan purnas y purnallos, cansos s´aposientan”. “La brasa se apaga y ves con tristeza sólo la ceniza esparcida en tierra”. El humo todo lo impregna y la libélula vuela y se renueva, aquel en el invierno y ésta en el verano, formando parte de la poesía, de tu poesía, que como la savia lo hace por los troncos, así circula por tus venas y como las “chispas, plumas y bolisas” brincan de esos mismos troncos; así brotan de tu boca las palabras altoaragonesas expresando belleza y dignificando la “fabla” aragonesa.
sábado, 28 de noviembre de 2020
A una poetisa montañesa
Aquella Mariví, de apellido desconocido, cantaba:”Mi novio cuando fuma, me tira el humo, me tira el humo en el jardín de la hierba buena”. No me acuerdo de más frases de aquel disco rayado, sólo recuerdo que en alguna de sus vueltas sobre el disco, la aguja saltaba de pista a causa de su deterioro y en llegando a aquello de “me tira el humo me, me tira el humo me….no acababa por repetirse “¡ay Mariví, Mariví, maravilla de mujer, del barrio de Santa Cruz, tu eres un rojo clavel”. Después de tantos años, aquel traqueteo me sigue martillando en la cabeza y aquella aguja, en este caso desobediente a la “voz de su amo”, me sigue rayando la sensibilidad, como rayando cada vez más el disco, al repetir “me tira el humo, me tira el humo”, pero sin decir que “en el camino de la hierba buena”. Aquella Mariví, que ahora estará como un salmón ahumado por el humo de la pipa o del cigarrillo, extremo éste que el disco renqueante no aclaraba, ahumada o embalsamada por el aroma de la hierba buena, debía ser una carátula de un romanticismo de salón o de jardín programado. ¡Tú, Mariví, no eres carátula sino libélula de un lugar, donde las hierbas son buenas en los prados y en las selvas y las que no son buenas, son bellas; flotas por el lugar como los humos que surgen de chimeneas elegantes y gigantes y “prexinan una vida” cuando la luz “s´en ye ida; calor, sólo restan purnas y purnallos, cansos s´aposientan”. “La brasa se apaga y ves con tristeza sólo la ceniza esparcida en tierra”. El humo todo lo impregna y la libélula vuela y se renueva, aquel en el invierno y ésta en el verano, formando parte de la poesía, de tu poesía, que como la savia lo hace por los troncos, así circula por tus venas y como las “chispas, plumas y bolisas” brincan de esos mismos troncos; así brotan de tu boca las palabras altoaragonesas expresando belleza y dignificando la “fabla” aragonesa.
viernes, 27 de noviembre de 2020
Síntesis del mundo material con el mental o espiritual
El hombre en su evolución, ante la autointerrogación de su procedencia, intuyó que había sido creado por un Ser Supremo, es decir por Dios. Al principio no se aclaraba si el mundo era gobernado por un Dios o por una multitud de ellos, pero pronto empezó a levantar pagodas, los templos de Karnak y de Luxor, la acrópolis de Atenas, los templos de los dioses romanos y los de Méjico y de Perú, siguiendo por los templos monoteístas, como el de Jerusalén, las sinagogas que se encuentran en cualquier lugar de España, como yo he visto tres en Huesca capital, que serían construidas en el siglo XV, y ha seguido levantando sinagogas por el mundo,catedrales e iglesias en el mundo cristiano y más tarde las mezquitas en el musulmán.
La evolución es larga para el hombre, porque el tiempo y el espacio se conocen con el Big-Ban, ya que antes de la Creación, para el Señor, no había pasado ni futuro, sino que todo estaba presente. El químico Mendeleief decía que el petróleo se formó por la acción del agua, dentro de la tierra, donde estaban los carburos metálicos. El petróleo tiene propiedades comunes con la composición de los seres vivos, al formarse de un modo semejante al de la materia orgánica, con que se generaron esos seres vivos. El hombre se ha dado cuenta del paso que hace el Creador de la materia al espíritu. Y podemos contemplar el paso contrario, es decir del espíritu al cuerpo de Jesús, convertido en hombre material y espiritual, sin dejar de ser Hijo de Dios.
La mente humana se queda admirada de ver la materia y sentir el espíritu y yo no puedo menos que acordarme de la oración al Espíritu Santo, que reza así: “Envía Señor tu Espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra”. Aquellos hombres que en esos tiempos en que se iban escribiendo los textos del Antiguo Testamento, levantaban templos al Creador y pensaban no sólo que Dios había creado el Cosmos, sino que tenían fe en que todas las cosas serían creadas. Y veían la necesidad de que se renovara la faz de la Tierra. Rezando esa oración, se da uno cuenta de que estamos los hombres en evolución.
El hombre está evolucionando, y si no ve todos los problemas claros, los intuye. Es el hombre la síntesis de la materia y del espíritu. Su cuerpo es material y es una situación evidente, pero el espíritu o el alma necesita una demostración para ser reconocida esa parte espiritual del hombre, que tiene la capacidad de razonar, de enjuiciar y de abstraer, pues la materia no es capaz de tales acciones. Se deduce claramente que el alma no es cuerpo, pero ambos forman al hombre. Hay una síntesis de alma y cuerpo. El alma es un principio o causa de vida.
En 1966, René Maheu, director general de la UNESCO, en el simposio titulado ”Ciencia y Síntesis”, dijo que la obra de Einstein y la de Teilhard, cada una en su forma, son los dos sistemas de conocimientos más densos y más extensos que se han realizado en la humanidad. Su capacidad de síntesis ha sido enorme en el campo de la ciencia, pues la síntesis jamás se ha hecho tan consciente como en la cabeza de estos dos investigadores. Los escritos de Teilhard de Chardin se difundieron de una forma sorprendente, pero en el año 1970, desaparecieron de las editoriales y librerías. A todas las discusiones contradictorias de las teorías de Teilhard, le han sucedido las observaciones sobre el fenómeno humano. Si la teoría de síntesis de Teilhard es una hipótesis, resulta que atrae las ideas del catolicismo, el capitalismo o el marxismo, haciendo de la teoría de la evolución, una “complementariedad y una convergencia”, que son atraídas y consideradas por todas las ideas citadas.
Renovar la faz de la Tierra ha sido la intención de aquellos hombres que han buscado la igualdad entre todos ellos y gocen de bienestar; han pasado por el mundo caudillos como Alejandro Magno, emperadores romanos, unos beneficiosos pero otros tiránicos. Y “vino Cristo al Mundo y los suyos no le conocieron”. El hombre se había dado cuenta de la necesidad de que se renovara la faz de la Tierra y el Señor, para alcanzar tal fin, envió a su Hijo, con lo que demostraba que amaba a los hombres creados por su poder y hemos visto como Cristo fue un hombre de dolores, que sufrió el insulto de sus verdugos, hasta que murió en la Cruz. El hombre va desarrollando su cuerpo y su mente por medio de la Evolución y Teilhard de Chardin, hizo la enorme reflexión de que es “Cristo el evolucionador, el Cristo motor de la evolución, es decir, el Cristo resucitado en su función cósmica”. “Vino Cristo al mundo y los suyos no le reconocieron”, igual que a Einstein cuando propuso prohibir las bombas atómicas, no le hicieron caso y cuando propuso ideas sobre un campo unificado, fueron criticadas por los científicos. O cuando Teilhard pretendió compaginar la educación para la evolución soñó con una administración, que favoreciera la cooperación internacional universal para humanizar, por medio de la evolución, la vida de los hombres, vio como se restringían sus ideas de desarrollo de la humanidad, simplemente por ser aristócrata y jesuita.
Teilhard basa sus teorías en la Síntesis y en la Hiperfísica. En “El fenómeno humano” sintetiza el mundo físico y material con el mundo mental y espiritual. Considera el pasado del hombre y aspira con la evolución, a desarrollar su futuro. La hiperfísica está basada en las ciencias naturales, pues se deriva de las teorías científicas conocidas por la ciencia, entre las que se encuentra la teoría de la evolución. Pero mira más adelante con la consciencia que le hace observar el interior de las cosas y la complejidad del exterior. Hace una síntesis científica y filosófica al mismo tiempo. Los problemas de la materia son más fáciles de comprender que los del espíritu e incluso es difícil separarlos uno de otro, como cuando se medita sobre la fórmula de Einstein E= m. v², parecen unirse la materia y la energía, que son de la misma naturaleza, de tal forma que algunos identifican el espíritu, con la síntesis de la materia y la energía. La materia y la energía ni se crean ni se destruyen, simplemente se transforman.
Estos primeros días del mes de diciembre de 2010, he estado meditando sobre Teilhard de Chardin y estas meditaciones se las he debido a mi compañero Veterinario Ignacio Escalona. Es éste un sabio, un hombre preocupado por la justicia y el bienestar de las personas, como ha demostrado en los años en que fue Alcalde de la Villa de Grañén. Me envió un escrito titulado “Antigüedad y Cristianismo”, que movió mi mente a pensar en la evolución. Es que este sabio Ignacio Escalona, siente como sentía Einstein que “la más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera la verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro está prácticamente muerto. Saber aquello que para nosotros es impenetrable, realmente existe, que se manifiesta, como la más alta sabiduría y la más radiante belleza, sobre la cual nuestras embotadas facultades sólo pueden comprender en sus formas más primitivas”. Estos pensamientos nos religan con el Creador, es decir que confirman la verdadera religión.
Santa Cilia de Panzano en la Sierra de Guara
En el mes de Septiembre del año 2010, he subido a mi hija Elena, casada con Santiago Adiego y sus dos hijos, Pablo y María, a Santa Cilia de Panzano, situada en la ladera Sur de la Sierra de Guara. Tiene ésta dos cimas de las que la de Guara mide 2076 metros de altura y su “hermana” a la que en Santa Cilia la conocen como Tozal del Cubilar, que tiene 1945. Se ha hecho famosa Santa Cilia, porque, cuando se prohibió lanzar a los campos de los pueblos los cadáveres de las caballerías, vacas y bueyes, cabras y ovejas, con el fin de recogerlas con camiones para la industria de la obtención de proteínas de los cadáveres, se abrió para que las aves carroñeras pudieran seguir viviendo, en la Sierra de Santa Cilia, un comedero, al que acudieran a comer los restos que se les proporcionan. Yo conocía desde hacía años el pueblo de Santa Cilia y a su vecino, entonces pueblo de Bastaras, que pertenecían al Partido Veterinario de Alcalá del Obispo y de Loporzano. Entonces adquirí una gran amistad con Gonzalo Bescós, pariente de los Bescós que vivieron en Bastaras y de donde proceden el Ingeniero Francisco Bescós Lascorz, casado con una hermana de mi abuelo Manuel Almudévar Vallés. Fue este Francisco padre del escritor Silvio Kosti o Manuel Bescós Almudévar. Al llevar a mi familia a contemplar el hasta hace poco tiempo casi abandonado pueblo, en que sólo quedaron catorce habitantes, su iglesia en cuya fachada se dejan ver varios capiteles medievales, la casa de los buitres o museo ,situado en la bóveda donde se puede contemplar toda la vida de las aves carniceras. Arriba se contempla el pico del Cubilar y en sus laderas acuden las aves a comer en una zona rocosa, casi llana con una ligera inclinación hacia abajo, a la que acude desde hace treinta años Manuel Aguilera, un enamorado de la Naturaleza, empujando carretillos para llevar al comedor los restos carniceros de los mataderos, para que se alimenten las aves carroñeras. En aquel pueblo, situado debajo del Tozal del Cubilar, convivieron siempre las bandas de aves carroñeras, con los rebaños de ovejas. Y ahora es mi pariente Gonzalo Bescós el que se dedica a criar corderos o ternascos. Antes subían en verano a apacentar a sus rebaños en los llanos de Cupierto, desde donde se contempla la majestuosidad de los Pirineos, en los que domina en muchas épocas un ambiente delicioso. Está el terreno lleno de dolinas donde brotan los “buchos”, los “erizones” y mucha yerba de pastos. Los ternascos de Gonzalo son auténticos corderos de carne tierna, porque les deja mamar del “braguero” de sus madres hasta que los lleva a Huesca a una carnicería. Y en aquel paisaje conviven los buitres con las ovejas y corderos. Verdaderamente es un paisaje idílico, porque cuando abro la ventana de mi casa de Siétamo, que asoma al sol saliente y miro hacia el oriente por donde sale el sol, contemplo toda la Sierra de Guara, empezando por su pico más alto de unos 2.076 metros, hasta el Tozal del Cubilar, que por escasos metros no llega a los dos mil. Desde esa ventana, me fijo todos los días con más frecuencia que años pasados y veo la enorme mole de piedra, donde se encuentran los restos de un iglesia de la Virgen de Arraro. Aparecen también los restos del Castillo, entre los cuales se ven esas saeteras, “mirillas” o miradores, desde los que observaban el movimiento de los moros por el Sur de la Sierra, a los que más tarde expulsaron de la Comarca. Pueblo era el de Arraro, más elevado que Santa Cilia, pero ahora éste pueblo ha adquirido una gran categoría de punto turístico. Gonzalo invitó a mi familia a merendar en un Restaurante, que una buena señora enamorada del paisaje de Santa Cilia, en la Sierra con los buitres y los corderos, ha levantado en aquellas bellas laderas.
Desde la ventana de mi casa no se ve Santa Cilia, por que por escasos metros la oculta algún tozal de la Sierra, pero al fondo se ven unos caminos por Bastaras,en forma de eses,que llaman la atención y resulta desagradable mirarlas porque parecen un castigo impuesto por algún dueño del pueblo, con tractores mecánicos. Además han desaparecido los restos prehistóricos que estaban por exploran dentro de la Cueva de Chaves.
Dos pueblos que están situados uno junto a otro y Santa Cilia aumenta cada día la belleza de la Sierra de Guara y Bastaras afea sus parajes. Gonzalo Bescós me explicó como los pobladores de pueblos como Nasarre,que se encontraban en la parte Norte de la Sierra, bajaban con sus fuertes mulas, aparejadas con hermosas sillas, atadas con correas y con sus cabestros, llevando sobre sus aparejos patatas, que vendían en Santa Cilia, en Bastaras y en Yaso ,para que la gente las sembrara en sus huertos Y subían otra vez a sus pueblos con pellejos de vino o con aceite, productos que no se criaban en el Norte de la Sierra. En casa de Gonzalo está presente sobre el portal el escudo de los Bescós,con un corazón,que aunque es de piedra,representa el suyo que es sensible y “amoroso”. Me dejó leer la Infanzonía del noble escudo de los Bescós.
jueves, 26 de noviembre de 2020
Maradona.-
Ha muerto Maradona y ha dejado un
recuerdo, ahora triste y parece que siempre estará su recuerdo, amado por una
inmensa cantidad de hombres, amantes del
fútbol. Era Maradona un hombre que ha vivido el Fútbol, deporte que le ha hecho
famoso y admirado no sólo en la Argentina, sino en todo el Mundo. Ha muerto a
los cincuenta años y millones de hombres se han desesperado, llorando con tristeza
la pérdida de un hombre futbolista, entregado a los aficionados por medio de
ese deporte. Maradona escribió: “Si me muero, quiero volver a nacer y
quiero ser futbolista. Y quiero volver a ser Diego Maradona. ¿Por qué? Por qué
soy un jugador que le ha dado alegría a la gente”.
Y la gente ha sido feliz con el
juego de Maradona y así como en el Evangelio, Jesús hacía felices a los
miembros de la multitud, a la que explicaba la palabra de Dios, al tiempo en
que les daba alimentos, para satisfacer no sólo su espíritu, sino también a sus
cuerpos, las multitudes de aficionados al fútbol quedaban felices con las
victorias futbolísticas de Maradona.
Efectivamente el pueblo era feliz con el juego
maravilloso de Maradona y los discípulos de éste, demostraban un entusiasmo,
que ha durado hasta después de su muerte. Este entusiasmo satisfacía la alegría de los aficionados
al fútbol, pero no lograba satisfacer el apetito de sus cuerpos, que siempre
han querido participar de su deporte futbolístico, aunque económicamente van
viviendo como han podido políticamente y en su diario alimentarse.
¿Cómo era el cielo para Maradona?
Se ignora si aspiraba al cielo divino o a la materia del balón y de los campos
de fútbol. Pero en un periódico notable, que promete al hombre un cielo divino,
aparece en la Puerta del Cielo, en que lo reciben un Arcángel celestial,
acompañado por San Pedro el Viejo, que lo reciben con alegría en las puertas
del Cielo.
En algún periodo vida, sufrió la
esclavitud del alcohol, pero su devoción al Fútbol, lo liberó de la esclavitud
de tal embriagador alcohólico, y él vivía como en un cielo deportivo, que le
hacía olvidar las cualidades del “ HOMBRE” y si por un lado era como un dios del deporte,
vivía como si tuviera la obligación de convertir su vida en un “celeste
futbolista mundial”, que estaba gozando de ser un “ejemplar de héroe del Mundo
y olvidando de un futuro celestial”.
Pascual Montenegro y sus caballos negros
Pascual tenía por y Montenegro por apellido y haciendo honor a este apellido era cetrino de piel, tirando a negro. He intentado saber de donde era y así como de la Parrala unos decían que era de Moguer y otros que de Palos, no he logrado enterarme, aunque no creo que fuese tarea dificultosa el averiguarlo. Así como Simón en el pueblo era el único enterrador, Pascual fue en Huesca el último que condujo a los difuntos en un coche de caballos mortuorio, como una Carroza en la que se hacía el último viaje y no triunfal precisamente. Era tirada esa Carroza por un tronco de caballos negros con un penacho blanco entre sus cortas orejas. Pascual iba revestido de negra librea con alamares dorados, que concordaba con su rostro moreno y taciturno. A su paso por los Porches, la gente se levantaba de sus butacas del Flor, del Universal y de los varios bares, que allí estaban ubicados y unos inclinaban reverentemente la cabeza y otros hacían devotamente la Señal de la Cruz. Años antes el difunto era conducido a hombros hasta los Porches, donde se introducía en la Carroza, allí se disolvía el duelo y los más allegados iban al cementerio. Los había que no respetaban ni la muerte, como un cestero apodado Carrusco, que en cierta ocasión, cuando iba a ser introducido el féretro en la Carroza, arreó a los caballos que se arrancaron veloces. Los que iban en el duelo no vieron oportuno ponerse a gritar por no romper el silencio respetuoso que acompaña a tan tristes despedidas. Pascual emprendió el camino tan trillado por sus caballos y rutinariamente con su trote monótono alcanzó las puertas del Campo Santo, dio una voz al conserje gritando: ¡sacadme a ese, que tengo prisa!.No le faltaba razón pues en épocas de epidemias hacía conducciones a destajo por ser el único conductor de la única Carroza Funeraria de la ciudad. El conserje llamó a los enterradores, que acudieron presurosos y comprobaron atónitos que el muerto se había perdido y exclamó: ¡ya me ha jodido Carrusco!.Desde entonces muchos oscenses llamaban a Pascual el “Pierde Muertos”. Hizo volver rápidamente a sus corceles hacia la ciudad y cuando llegaba a la altura de la Fuente del Ibón, hoy paso a nivel del ferrocarril, divisó desde su pescante el cortejo funeral; los portadores del féretro avanzaban lentamente y cansados por el peso del muerto, uno exclamó: ¡ya era hora de que aparecieras y no vuelvas a perder más muertos!.
Montenegro quería mucho a sus caballos y dormía con ellos en la cuadra, cuando iba a los bares a tomar café les guardaba el azúcar y al volver a los establos que estaban en la huerta del Hospicio relinchaban de alegría, al tiempo que orientaban sus orejas al lugar por donde venía.
Eran los pobres animales muy bien aprovechados, pues en sus ratos libres labraban la huerta, la granja de la Diputación, acarreaban la leña y el carbón y llevaban el oxígeno al Hospital Provincial. En cierta ocasión el señor Antonio dio varios latigazos a uno de los caballos injustamente, pues lo había sobrecargado; el pobre animal trató de defenderse y se incorporó agitando sus manos sobre el agresor, como el caballo Furia de las películas; llegó entonces Pascual y le gritó: ¡Sultán, Sultán! Y este sé apacigüó y acudió mansamente a lamerle las manos. No tenía miedo a nada, ni a los muertos ni a la muerte; dormía debajo de las patas de los caballos, que tenían cuidado de no hacerle daño. Hasta las ratas que pasaban por encima de su cuerpo, le respetaban y no le mordían; sólo los hombres quisieron hacerle daño pues en cierta ocasión lo llevaron a fusilar y no protestó, ya que estaba tan acostumbrado al camino de la muerte que lo debió encontrar natural y si no se dan cuenta por terceros de que llevaban el reo cambiado, aquel día, hubiera sido el último de su vida.
No era amigo de los hombres vivos, solo lo era de los muertos y de los animales, quería a los gatos, a los perros y a los caballos Sultán y Lucero, que cuando recibían su orden de enganchar, enculaban solos en las varas de la carroza y agachaban la cerviz para recibir en sus cuellos las colleras. Era tan pacífico que a su perro tuerto, lo llamaba Ghandi, que por cierto se entrecruzaba entre las patas en movimiento de los caballos y nunca las rozaba.
Los entierros eran clasistas y se hacía notar la categoría del muerto, según las cortinas de la Carroza fuesen moradas, rojas o blancas, pero quedaban los parias, aquellas personas pobres y desamparadas, que después de introducirlas en cajas de chopo, desnudas y agrietadas, eran conducidas no en Carroza, sino en el Trum-Trum, carro negro y desvencijado, que pasaba por las noches haciendo un ruido como expresa su nombre, rápido y sin ningún cortejo. Bien se vale que Mosen Santamaría, con esa humildad y humanidad que le caracterizaba, los esperaba en el cementerio para rezarles un responso y darles la postrera bendición.
El pobre Montenegro se confesó con un sacerdote humilde y santo, don Benito Torrellas y dio “El Salto” a la Eternidad, que escribió el poeta León Felipe y que yo le dedico.
Joaquín Costa.-
Desde Monzón,donde
nació Joaquín Costa, me enviaron unas tarjetas dedicadas a resaltar su figura, en
cuya cabecera ponía 1846-1996-Joaquín Costa. Además, , organismos, como el
Instituto de Estudios altoaragoneses,
Estamos en 1996,noveno aniversario de la conquista de la
ciudad de Huesca a los moros, con la
intervención del Castillo- Monasterio de Montearagón, que ha llevado a
su restauración y ha coincidido con la creación del Pantano y quizá sea un
motivo de alegría para Joaquín Costa, del que celebramos el 150 aniversario de
su nacimento, pero también sentirá tristeza ,como yo la sentí al ir a ver el
monasterio de Casbas y pasar por Angüés,
observé que
Ahora en el aniversario de Huesca y del nacimiento de Costa
se han movido las aguas para la capital. Zaragoza ha tenido sus hombres, Huesca
ha podido encontrarlo ahora,como aquel paralítico, que estaba cerca de la
piscina esperando que se moviera el agua, al que Jesús,como narra el cuarto
Evangelio le preguntó¿quieres ser sano? Y le contestó: no tengo quien me meta
en la piscina cuando el agua se mueve, pero “Jesús le dijo: Levántate, toma tu
lecho y anda”. Aquel hombre se fue sano,sin esperar a que el angel moviera las
aguas.Pero Angüés y el resto del Somontano de Huesca no tiene hombre , pero al
leer el nombre de Costa en la principal calle del pueblo, quizá tengamos a él,
quizá nos quede Joaquín Costa,pues ya murió el padre Avellanas, cura de Casbas,
que tanto luchó por el riego de nuestro Somontano, y del que escribió el
mismo,también difunto Don Joaquín que si en España hubieran existido cuatro
curas como el de Casbas, España se hubiera regado.
De Siétamo venía un tercer hombre, Don Pedro pablo Abarca de
Bolea,del que Costa dice que entren en el Parlamento hombres como el Conde de
Aranda,que callen y obren.
Dicen que se están estudiando los nuevos regadíos y yo me
pregunto:¡estudiarán el riego de Sieso,Casbas, Angüés, Torres de
Montes,Bespén,etc. Y dejarán a Ibieca, a Aguas y a Liesa, sin balsas ,con cuyas
aguas puedan regar unas doscientas
hectáreas en cada pueblo , con aguas procedentes del río Alcanadre, que como
mostró Albasini se podría recoger a
partir de la zona de Pedruel.
Al pasar por Angúés, me pregunto: ¿puede España ser una
nación moderna?.Costa habló con Ortega y Gasset sobre la europeización de
España” que la salve de ser un tránsito a Marruecos”.
Ahora nos estamos europeizando, pero “como satélites o como
miembros activos”
Siguen haciendo falta los objetivos antiguos,”la eliminación
de caciques y la formación del ciudadano”.
miércoles, 25 de noviembre de 2020
El Batán de los Molinos de Sipán

Un día de este mes de Agosto de 2010, he ido a visitar el Monasterio de Casbas y he quedado impresionado, no sólo por este Monasterio sino por la visión en la falda de la Sierra de Guara de la aldea de San Román de Morrano. Me he acordado de la tía del Conde de Aranda, Ana Francisca Abarca de Bolea, que en su obra pastoril en el Moncayo, impulsa la igualdad social de los aragoneses, estimulando las bodas de los nobles con las sencillas pastoras aragonesas. Pero no sólo recordé a la escritora, sino que me acordé del escritor José María Llanas Aguilaniedo, que habla en su obra “Almas contemporáneas” de los “burgueses” y de los obreros manuales y los intelectuales, como los practicantes o los maestros de escuela. Hoy me he encontrado con el jubilado José Buil Bentué, que nació en la casa del Batán de Los Molinos de Sipán. Por su edad no puede acordarse de aquellos crueles acontecimientos que sucedieron en Los Molinos, durante la Guerra Civil. Su difunta madre los vivió, pero ya no puede contarlos. El autor de la obra “Alma Contemporánea”, en 1899, ya advertía contra la violencia que había de llegar, pues no se evitó porque aquellos obreros no sabían leer casi ninguno, ni se conoció su libro, hasta hace muy poco tiempo. La Guerra es salvaje y en Cuarte de Huesca, al entrar en el pueblo los republicanos, uno subió encima de una galera cargada de mies y dijo: ¡aquí estamos los soldados de la República y queremos saber cual de vosotros no está de acuerdo con ella!. A continuación subió un muchacho joven y dijo: ¡Aquí todos los vecinos amamos la República, sed bienvenidos!. No mataron a nadie. En los Molinos de Sipán, al entrar los nacionales, el capitán preguntaba a los liberados de la muerte y estos no contestaban porque estaban poseídos por el terror. Esperanza Bentué Trisán, era la madre de José Buil y era viuda de Antonio Buil Aniés, natural de San Román de Morrano. Este apelido Aniés no viene de Aniés de Bolea, sino del pueblo donde fueron Señores los Almudévar, en el Somontano de Guara. Esperanza estuvo presente en los crímenes que se cometieron en Los Molinos de Sipán, pero no quiso recordárselos a su hijo. En una ladera del pie de la sierra está todavía el pueblo de San Román de Morrano y desde allí veían el Monasterio de Casbas, donde con los vecinos del pueblo sufrieron penas y desgracias, como los mismos voluntarios de la CNT. Las monjas olvidaron las penas y las pérdidas de la Guerra. La casa de San Román, donde nació Antonio Buil Aniés, se llama Casa Juanico y todavía se conserva en pie. Desde el Monasterio se conocía el pueblo de San Román de Morrano y desde dicho pueblo se sentía atracción por el Monasterio; tanto es así que una hermana de Antonio Buil Aniés, se puso monja y acabó siendo Abadesa de dicho Monasterio. Ocurrió cómo en lejanos tiempos con Ana Francisca Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda, nacido en Siétamo, que también llegó a ser Abadesa. Allí están enterradas ambas altoaragonesas. José Buil vivía en los Molinos de Sipán y acudía al Monasterio, no a hacer turismo sino a trabajar en obras de reparación que le pedía su tía la Abadesa. Unas veces arreglaba la batidora de harina, con la que fabricaban los “lamines” y también el horno, en el que cocían los “suspiros de monja”. Me dice José, que las monjas, siguiendo las reglas de clausura, no salían del convento y sentía él, la obligación de acudir a remediar sus problemas y aún lo sigue haciendo en la Ermita del Viñedo, donde se preocupa del buen vino que se llevan los que a dicha Ermita acuden. Al lado de su casa del Batán, estaba la casa de los molineros de Calvo, que fueron todos ellos, menos uno, asesinados, del que se ignora si vive todavía. El alma contemporánea de José María Llanas Aguilaniedo desaparece de la Sierra y de su zona, pero quedan los recuerdos de mi amigo José, que cuida el espíritu con el buen vino de la Ermita del Viñedo, como el pacharán y el vino de rosas, que me regaló, ya hace años, su hermano Alfonso, Guarda Forestal y hombre culto.
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