miércoles, 6 de enero de 2021

Lazareto de San Lázaro o Caseta de los Pobres.-



Yo no sabía que a la Caseta de los Pobres de Siétamo, la llamaban en otros tiempos el Lazareto de San Lázaro. Los mayores de quince años, nacidos en Siétamo aún conocen el lugar donde estuvo asentada la Caseta de los Pobres, pero los niños pequeños y los que irán naciendo en el pueblo, ya no conocerán que existió una caseta para acoger a los pobres caminantes. Yo,  ya mayor, tampoco sabía que a aquella caseta la llamaron en  tiempos pasados Lazareto de San Lázaro. ¿Cómo me enteré de dicho nombre?, sencíllamente, nos encontramos  con Vicén D’o Río y me preguntó que donde estaba dicho Lazareto. Yo no lo sabía y en cuanto llegué a Siétamo se lo pregunté a varios vecinos y vecinas, ya mayores y tampoco  lo sabían, pero al interrogar al Señor Escartín, me dijo que hace ya más de setenta y bastantes años, dicho nombre estaba escrito encima de la puerta del portal de la Caseta de los Pobres.

Siétamo está emplazado sobre una meseta de un kilómetro aproximadamente de longitud, desde el Norte hasta el Sur, donde se encuentran los restos del Castillo-Palacio, parte de la muralla y un torreón desde el que se vigilaba la llegada de amigos o enemigos  al Palacio. Por el Norte se va dibujando el emplazamiento de la meseta de Siétamo; comienza poco más o menos por la era de Gabardilla, que es como la boca por la que empieza a ensancharse el resto de dicha meseta hasta el Palacio. A los lados de la citada era, por el Este, el terreno se va rebajando hacia el Valdecán  y por el Oeste se rebaja, hacia la caseta del manantial de la Fuente y se va entrando en la que ahora llaman la Arboleda,  pero que realmente en aragonés es la Paul, que quiere decir terreno húmedo, en el que brotan árboles. Desde la entrada a la era de Gabardilla y junto al primer depósito de agua corriente de Siétamo, empieza la  Calle Alta, que llega hasta la Plaza Mayor.

Desde la carretera general o desde la fuente el antiguo camino  que va a Castejón de Arbaniés, va subiendo hacia  la meseta y  a su derecha existen unas laderas y en alguna parte de las mismas, se ha edificado, dejando medio escondida la parte Oeste de la muralla.  Detrás del Restaurante de la Aboleda se eleva parte de la misma, con las Escuelas antiguas, elevadas sobre dicha muralla. En  casa de Puyuelo, cuya puerta principal se abre a la Calle Alta y por la Paul, se abre otra puerta, que da entrada a una sala abovedada, donde en otros tiempos dormirían y harían su vida algunos defensores de la organización defensiva. En casa de Bergua aparecen trozos íntegros de la muralla, que como he dicho continúan por debajo de las Escuelas. Por donde ahora pasa la Carretera de  Castejón de Arbaniés había una laguna o balsa, donde se acumulaba el agua que brotaba y todavía sigue manando de varias fuentes que proliferan por la ahora llamada Paúl,  aunque otros la llaman la Arboleda. El Conde de Aranda ayudaba, según documentos antiguos a limpiar dicha balsa, pero como era un criadero de mosquitos que transmitían fiebres a los habitantes de Siétamo, se suprimió la balsa y se condujeron las aguas a la Fuente de siete caños, con su lavadero y su abrevadero.

Desde el  frente Sur, al lado del Castillo se observaba “a fondura”  u hondura a lo largo de la cual corría el río Guatizalema y por el Este salía la antigua Vía Romana , que iba a Alquézar. Al lado mismo de la Vía romana convertida después en cabañera y apoyada en el muro que sostiene la finca del Valdecán, estaba la “Caseta de los Pobres” o Lazareto de San Lázaro, en que se refugiaban los caminantes que  por ella caminaban, Tenía una bóveda de piedra y sobre ella una capa de tierra arcillosa o “buralenca” en aragonés, que en su día apretarían para que no calase el agua de lluvia y mirando al Sur esta una entrada sin puerta, que invitaba a entrar. Yo me quedaba en  dicha entrada y miraba hacia dentro, pero daba miedo de entrar por el temor de que me invadiesen las pulgas u otros parásitos, que me había dicho la abuela Juana de Santolaria, que allí proliferaban. Por lo visto había dejado de ser lazareto, pues faltaban los Lázaros voluntarios para limpiarla y cuidar a los pobres caminantes. En sus últimos días no se acogían en dicha caseta los pobres, sino que se refugiaban, debajo de la lonja de la parroquia y después de construido el Ayuntamiento, en los porches del mismo. Bien se valió de esta circunstancia porque un buen día sin esperarlo nadie, se cayó la caseta. Como no entrábamos a visitarla se debió abrir alguna grieta en sus paredes, que no vimos los vecinos de Siétamo y un buen día se cayó. ¡Adiós Lazareto de San Lázaro, construido en unos tiempos difíciles, perko en los que había caridad y humanidad para ayudar a los necesitados, que han hecho posible el funcionamiento de los servicios de la actual Seguridad Social!.   

martes, 5 de enero de 2021

El Doctor Don Antonio Lacleta

 


Ha recibido este conocido y querido doctor, la Medalla al Mérito Profesional de la Real Academia de Medicina de Zaragoza. Y los ciudadanos que hemos contemplado su vida, como él mismo ha contemplado la nuestra, en periodos de salud y de enfermedad, nos hemos encontrado con una satisfacción, en nuestros corazones. Porque hemos estado pendientes de nuestra salud, a través de su fonendoscopio, aparato explorador de nuestra respiración y a través de sus manos, de nuestra circulación sanguínea y, dentro de su actividad vital, en la Medicina, en la política y muchas otras actividades, él demostraba un interés enorme por nuestros cuerpos y por qué no decirlo, en nuestra sicología, en nuestras actividades, en nuestra vida. Porque a “Lacleta”, como lo llamaba la gente, lo encontrabas, lo mismo en algún acto religioso, ya dedicado al Santo Cristo de los Milagros o al Patrono de Huesca, San Lorenzo, como podías encontrarlo en actos políticos en el Ayuntamiento o en cualquier acto humano, que a veces no puedes olvidar. Por ejemplo, cuando murió mi padre en la ciudad de Huesca, en medio de la tensión dolorosa del momento, llamé a Don Antonio Lacleta, que a los pocos instantes, apareció con su porte tranquilo y sereno, y en pocos minutos, hizo que el cuerpo de mi padre, se encontrara en Siétamo. Y ahora, yo, te encuentro en el ambiente amplio, donde se respira a café, sentado en un corro de sillones, donde te reúnes cada día, con varios amigos, ya jubilados de las actividades de sus vidas, como tú,  de tus múltiples actividades médicas, políticas, urbanísticas, de preocupación por el pasar de los desgraciados, por las festivas en que en cierta ocasión, en que estabas bailando con María Antonia Vázquez, esposa de José Antonio Llanas Almudévar, tu enamorada esposa Luz, os separó. Tu esposa ha sido verdaderamente la luz de tu vida y entre ambos habéis traído a la vida, otros hombres que os imitan  vuestras cualidades. Y allí estabas, sentado en el sillón hotelero, con tus noventa años, encima  tu cerebro y en el interior  tu anatomía. Esos noventa años no le pesan, si no todo el amor que ha tenido a los que conoció en su paso por esta vida. Ese interés  humano no lo debe a sus noventa años,  que no le pesan, si no a su pasado, ya que siempre se ha interesado por los que sufren algún dolor en sus cuerpos, pues siendo Doctor en Medicina, se ha interesado por el destino del hombre, pero no sólo del físico,  sino de su psicología, ya que llegó a ser Alcalde de la ciudad de Huesca y quedó relacionado con todos los seres humanos de esta ciudad. Al pasar por el Hotel, sentí una larga ausencia de su personalidad, porque siempre que tuve una conversación con él, me llenaba de satisfacción su amabilidad, su rectitud y sobre todo el amor que ha tenido a lo largo de su vida con  todos los que se cruzaron con él, en el camino. A pesar de su avanzada edad, está en el sillón del Café, como un rey en su trono y domina la conversación entre todos sus compañeros, que cada día acuden a escucharle. A veces, calla y agacha la mirada, pasándose una mano por el rostro; parece ser una mano fuerte, una varita mágica, que se pasa por delante de sus ojos, iluminado su cerebro. Es un aragonés puro,  pues con su apellido no puede confundirse con un individuo de lejana raza, pues su apellido de La –Cleta, en las lenguas pirináicas, quiere decir puerta y valla, que rodean un espacio, en el que se cuidan reses de ganado. Es un apellido simbólico porque en su vida ha cuidado siempre el ganado con espíritu, amor e nteligencia,  de sus compañeros en la vida. He comentado su trabajo y sus festivales en su paso por la suya, pero nunca le he oído quejarse del accidente mortal de un hijo suyo, que lo está esperando, allá arriba, en la Gloria.                                       

lunes, 4 de enero de 2021

La caseta de los pobres de Siétamo

 

                                                                        Caseta de los pobres.

   Artículo traducido de mi libro en aragonés:”Beyendo chirar o sol
Se ha derrumbado una noche de este invierno lluvioso de los años de 1980, la Caseta de los Pobres. Fue levantada hace ya ¿más de cien años?, para que los caminantes pobres y los que no querían gastar dinero, se cobijasen por las noches, bajo su bóveda. No les faltaba paja, en la que se echaban, y que con su envoltura, despachaban el frío de su anatomía y de su fisiología, combatiendo  ese frío, que dominaba el ambiente sobre todo, por las noches.
Por dentro de la Caseta, dominaba la oscuridad, pero por fuera se veía su pared de piedras, no muy bien picadas y unidas unas con otras, en lugar de con cemento, con barro o cemento del pobre, no sólo del pobre mendicante,  sino usado también en la construcción de muchas casas y pajares. ¡Qué ingenio tenían aquellos albañiles en tiempos tan lejanos!, porque el tejado de dicha caseta, no tenía maderos ni tejas. Evitaban el buro o arcilla que entrase el agua de lluvia, en el interior de dicha Caseta, un ábside de piedras, que formaban una bóveda, tapadas con los citados  buro o arcilla, que sin estar cocido, como se hace con los ladrillos y las tejas, hacía resbalar el agua de lluvia, del tejado al suelo.
Durante siglos acogía a los pasajeros pobres y a otros que no lo eran tanto, pero querían evitar el gasto. En el verano era una buena “mosquera” y en el invierno encendían hogueras en el interior de la Caseta pues el humo, salía por una pequeña chimenea, que manifestaba la presencia, en su interior, de caminantes. Cuando esto ocurría, bajábamos los niños a la caseta para ver con curiosidad a los pobres. Entre estos había tipos de diversas formas: unos eran pobres solitarios e insociables, otros que caminaban por el mundo agrupados, para hacer más soportable su miseria. Unos eran poetas alocados, otros violineros sin fortuna y  otros comediantes acompañados por canes domados…Los niños, si hacía frío, les traían algún fajo de leña y alguna toza, pero si había niños pobres en aquella cuadrilla, les daban además su merienda, que solía ser un trozo de pan mojado con vino y azúcar, en algunos casos.
Cada vez que se marchaban de su Caseta o refugio, aquellos pobres,resultaba más negra por dentro,tan negra como su fortuna. Se iban amontonando dentro de la Caseta,deformes botas y zapatos,que ya tenían separada su suela por la punta , que parecía que abrían sus bocas como si tuviesen tanta hambre, los zapatos como los que los habían abandonado. Dejaban en la Caseta , latas, en las que habían cocido patatas, pero que a última hora, como el cántaro que va a la fuente,se quebraban.
Los vecinos del pueblo no solíamos entrar, porque allí no había nada útil que sacar,pues allí sólo se podía sacar alguna “mascarada negra”,botas abiertas y latas viejas.
Pasó, no sé cuando,que se cayó la chimenea y el agua de lluvia, a fueza de días,noches, meses,  estaciones y meses, en una palabra de años, hizo su labor destructiva.¡Quien no acude a la gotera, acude a la casa entera!.
Pocos días antes de derrumbarse la Caseta,se refugió en ella el último pobre , que se rfugió en ella. Ya acudían a refugiarse en ella muy pocos y a veces se les pagaba el autobúas, para que acudiesen al Refugio Municipal de la capital , que reunía mejores condiciones.pero había pobres a los que gustaba más,quedarse n el ambiente de la Caseta de los Pobres,que era más libre porque  estos pobres amaban más la libertad.
Ya no podrán permaneces aquí. Por esto tengo tristeza, pero mi gozo hubiera sido infinito, si con la Caseta de los Pobres,se hubieran acabado totalmente loas miserias de la pobreza.
Me parece difícil, pues ya hace muchos años,escuché decir a un pobre.”Se han empeñado en matar a los pobres, pero se “choderán”, porque cada vez abundarán más”.

Si no se equivocaba, será una desgracia para todos los hombres y mujeres.

Hospitales, Lazaretos y casetas de los pobres

 


 

Ermita de Santa María del Monte (Liesa, Huesca).
Érmita de Liesa. Cuadro guardado pòr la Diputación de Huesca.


Siempre, en mi vida, me han llamado la atención esos refugios miserables, donde los pobres van a dormir. Ahora, ya  acuden menos mendigos, pero en tiempos en que todavía se conservaba en Siétamo, la Caseta de los Pobres, era casi diario el paso de los mismos. Esta Caseta, se encontraba en un lado de la antigua Vía Romana, y hoy es una cabañera o paso de ganados, que partiendo de Huesca, llegaba a Alquézar. Era un edificio de una planta, con paredes de piedra y como techo, tenía una bóveda también de piedras de sillería, que para evitar la entrada del agua de lluvia, estaba cubierta con tierra arcillosa o “buralenca”, que se conservó durante muchos años. Por el sur tenía un portal pero sin puerta, y además no poseía ventanas. Muchas veces en mi vida me asomaba por el portal hacia adentro, pero nunca me atreví a penetrar en ella, por la proliferación de parásitos. Recuerdo que algunas veces, había por el suelo paja, que algún viajero pobre, habría bajado de alguna era y la echaba para dormir caliente y acomodarse un poco sobre ella. He pasado muchas veces por delante de la Caseta de los Pobres, pero ahora ya no existe tal edificio, que en otros tiempos alivió la pobre vida de las personas. Sencillamente ya no se da tal obra humanitaria de aquellos tiempos pasados, porque un día, sin esperarlo nadie, se hundió. Menos mal que ya no se acomodaba en ella ningún pobre, porque en estos tiempos pasados, igual que a mí me producía melancolía entrar en la Caseta, a los mismos pobres les parecía mejor, acostarse en los porches del edificio del Ayuntamiento. Algunos peregrinos de Santiago de Compostela, se quedaban en casa Almudévar, donde los acogía mi esposa Feli.
Un día me preguntó Vicén D´o Río, que donde estaba el Lazareto de San Lázaro en la Villa de Siétamo. Yo, ignorante de la historia diaria de los peregrinos y de los mendigos, que pasaban por esa Via Romana, más tarde utilizada solamente para que por ella bajasen los rebaños de la Montaña a la Tierra Baja, me puse a preguntar a todo el mundo, pero no me supieron contestar. Al no encontrar una respuesta de las personas mayores del pueblo,  ya desanimado, me encontré al señor Escartín y este me dijo que hacía ya más de setenta y tantos años, estaba escrito el nombre de Lazareto de San Lazaro, encima del portal de la Caseta de los Pobres. Este señor se ha muerto muy cerca de los cien años de edad. Entonces pensé en el carácter oficial de dicha Caseta de los Pobres o Lazareto de San Lázaro. Estaba al lado mismo de la Vía Romana, que iba desde Huesca a Alquezar y casi a la entrada del Castillo-Palacio, donde nació el Conde de Aranda. Estaba el Lazareto en la parte baja y el Castillo en la parte más elevada del fin de la meseta que baja del Norte al Sur. La Via Romana o camino que de Huesca iba a Alquézar, pasaba rozando con el Torreón del Castillo –Palacio, que se supone tuvo su origen en tiempos de los árabes, o más bien de los romanos.  A pocos metros de distancia, en la parte baja, estaba el Lazareto. Antiguamente la gente que pasaba por esos caminos, se paraban en dicho Lazareto, donde eran inspeccionados para comprobar si sufrían alguna enfermedad. Si la padecían, quedaban recogidos en él. Varias enfermedades infecciosas podían sufrir los peregrinos y mendigos, siendo frecuente la lepra. El cementerio estaba encima del Lazareto, pero los enfermos que morían a causa de alguna peste, eran llevados y enterrados en el Barranco de los Muertos, a cierta distancia y al lado de la Via Romana, en el monte de Siétamo, antes de llegar al monte de Liesa. La gente recuerda una peste que obligó a los habitantes de Siétamo a enterrarlos en dicho Barranco.
Pero esta Caseta de los Pobres, no tuvo en su historia la única misión de acoger a los mendigos, porque durante la Guerra Civil, se refugiaron en ella un gran número de, sobre todo, mujeres y niños de Siétamo, para protegerse de los bombardeos de la aviación. Cinco bombas cayeron alrededor de la Caseta, donde se refugiaban gran número de gente, que la llenaba. Para poder respirar se ponían un palo entre los dientes, para poder respirar. Allí estaban, Juana Periga de Santolaria, madre de José Ferrando y de Concha , el padre de la señora Joaquina Latre, madre de Antonio y esposa de Joaquín Bruis. También se encontraba en aquella masa de personas Alejandra Piedrafita, hija de un caminero, llamado el señor Pedro. Se encontraba en medio de ellos la gruesa señora Encarnación Lafarga, esposa de José Mora, que después de la Guerra murió en Madrid. Estaba también la esposa de Andrés Lobateras, Juliana Arnillas, que después de los bombareos se fueron a Bespén. Debajo de la chimenea, se encontraba sentada la señora Juana Periga, y por su abertura le caían restos de las explosiones de alrededor y la gente le gritaba: ¡Señora Juana , quítese de ahí!.Ya quedan pocas personas que se acuerden de dicho refugio, pero Joaquina Latre,esposa de Joaquín Bruis, se acuerda de dichos momentos, como si hubieran ocurrido tan sólo unos días. No he podido hallar la fecha en que esto ocurrió.  
Sin dejar la Vía Romana, se llega, dentro del mismo término municipal de Siétamo, al Cementerio del Barranco, y poco espacio más hacia adelante, se alza el pueblo de Liesa, con cuatro templos, uno el de San José ya desaparecido, y  queda también la Ermita de Santa María del Monte, totalmente decorada de pinturas románicas en sus muros y en su bóveda. La imagen de Santa María del Monte, fue robada, no hace muchos años por un célebre ladrón, que presumía de artista. Esta Ermita fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1931. En la Diputación Provincial de Huesca se conserva la Tabla románica de San Vicente Mártir. ¿Por qué los de Siétamo enterraron a los muertos causados por las pestes, cerca de Liesa?. Parece que toda la vigilancia del camino o al menos de una parte de él, era dirigida por los Sanjuanistas de Foces, según explicó Don Ricardo del Arco. Desde Siétamo, antes de llegar a Liesa se encuentra al lado de la Vía Romana, la Ermita de Santa María del Monte, en la que se encuentran dentro de su pequeñez, muestras de los estilos románico y gótico. Los Sanjuanistas de Foces convirtieron en Lazareto y Hospital, los alrededores de la Ermita, para atender a los peregrinos y caminantes por la antigua Vía, que por el tercer miliar de Tierz, por el Quinto, por el Estrecho Quinto, por el sexto y por el Séptimo o Sieteno de Siétamo, comunicaba Huesca con Alquézar.    
Este Lazareto de Siétamo, tan cercano al Castillo-Palacio de los Barones de Siétamo, Marqueses de Torres y luego Condes de Aranda, hace pensar en la vocación de los Sanjuanistas y de la Nobleza en la salud del pueblo. Un Abarca de Bolea se casó con una hija del  Castro aragonés, dueño del Castillo de Siétamo, dándole vida al Señor de Siétamo y Marqués de Torres de Montes, llamado Martín de Bolea y Castro, que dominó la Villa de Siétamo, además de Puy de Cinca el año de 1578. Este Martín Abarca, fue un gran escritor español, al que admiró Baltasar Gracián y también Lope de Vega; entre sus obras destaca el Libro de Orlando, que siguió con la materia de Orlando el Enamorado(1578) , además de Las lágrimas de San Pedro. También tradujo los relatos de los viajes de Marco Polo (siglos XVI y XVII).Fue hermano de Ana Francisca Abarca de Bolea, Abadesa de Casbas y escritora en aragonés y castellano.  Estaba el Castillo-Palacio al lado de la antigua Vía Romana, que iba a Alquézar y a unos doscientos metros, estaba el Lazareto, que conocimos en Siétamo como Caseta de los Pobres. Martín Abarca de Bolea, fue antecesor de Don Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda, que tuvo una gran amistad con los Azara de Barbuñales y de Siétamo, que influyó en el nombramiento de Párroco de Puy de Cinca a Mosen Azara. En dicho pueblo todavía se pueden ver las Armas de los Señores de Castro. Pero no sólo tuvieron influencia los Abarca de Bolea y los Castros en este nombramiento,  sino que al hermano de Mosen Azara, es decir a Felipe de Azara, de Siétamo, los regidores del Santo y Real Hospital de Zaragoza, lo nombraron “Questor”, para pedir limosna en el “actual Lugar” o pueblo de Siétamo. Este nombramiento, lo hizo el Marqués de Cuylus, por mandato de su Excelencia Manuel Guara, en 1718.Ese comportamiento del Gran Hospital de Zaragoza, pone de manifiesto la inquietud que ya desde hace muchos años, tenían los gobernantes de Aragón y el pueblo llano con la salud y la vejez de los aragoneses. ¿No estarían el Lazareto de Siétamo y el de Liesa con San Miguel de Foces unidos en su defensa de la salud de los caminantes?. Los Sanjuanistas, según Don Ricardo del Arco, mientras estuvieron en Foces, se ocupaban del cuidado y de la defensa de la Vía Romana desde Huesca hasta Alquézar.  En el siglo XIII el Obispo de Huesca Monseñor Sola, fue Comendador del Hospital de Foces, en Ibieca. En este siglo XIII, ya disponían de una hospedería de peregrinos y en Liesa, de un Hospital de Leprosos. Artal de Foces en 1258, fue Procurador General de Valencia y dice el Padre Huesca, que Artal dio “su castillo y Villa de Foces a los Caballeros Sanjunistas para hacer un convento con comendador y trece frailes presbíteros”. El citado Obispo de Huesca Don Domingo de Sola, hizo a Fray Juan de Mallio, Comendador del Hospital de Foces. En el pueblo de Foces se alzaba un castillo roquero, quizá de origen romano, para defender el Camino o Vía Romana, igual que la defendía el primitivo Castillo de Siétamo,  al lado mismo de dicha Vía Romana. Acababa dicha Vía en Alquézar, donde en la roca más alta existen los restos del  antiguo castillo o Castro, defensor de la Vía Romana. Esta zona tenía una vida propia y se comunicaba por dicha vía. Ahora con la carretera N-240, ha desaparecido la actividad entre Huesca y Alquézar, por donde se hacía el comercio, el traslado de ganados y las peregrinaciones y el paso de los mendigos.
En 1258 Artal de Foces fue procurador General de Valencia e hizo coincidir la arquitectura de su Catedral con la del Tempo de San Miguel de Foces. Si desde tan lejos tuvo influencia el pueblo de Foces con su maravilloso templo sobre la Catedral de Valencia, ¿cómo nos ha de extrañar que a lo largo de la ruta de la Vía Romana de Huesca a Alquézar, influyeran las normas sobre la salud de aquel camino?. Los Templarios cuidaban los caminos, pero al ser disueltos, se sustituyeron por otra Orden, la De San Juan, que también tenían por misión defender los caminos. Con la desaparición de los Sanjuanistas de Foces, por obra de un judío, el convento de Foces quedó desierto, igual que su dependiente Casa de Ejercicios Sanitarios en Santa María del Monte. ¿Entonces el Lazareto de Siétamo, dependió de los Castro y más tarde de los Aranda y Castros, al estar tan próximo a su Castillo?.
Aquella zona entre Huesca y Alquézar, unida por la Vía Romana, desapareció como si fueran muchas las porciones de ella y en mi pueblo de Siétamo, nadie sabía ya que estaba comunicado con Liesa, Ibieca, Bascués, Casbas de Huesca, Abiego de donde se seguía a Rodellar para pastar el ganado, en terrenos de los Marqueses de Torres de Montes y Barones de Siétamo, como lo condujo hace ya generaciones de Casa Almudévar, José Almudévar y Altabás; éste era natural de Barluenga, que se casó con Francisca Escabosa Azara, última mujer con el apellido Azara de Siétamo. Pero siguiendo la Vía Romana se subía a Sieso, Adahuesca y Teviño y Alquézar, al trazarse la carretera N-240, en lugar de subir a Alquézar por el Somontano, se subía a los distintos pueblos verticalmente desde dicha Carretera General.
Han pasado por la Vía Romana, la Iglesia, la Nobleza, por ejemplo con los Señores de Foces, los Castro, los Templarios, los Sanjuanistas y los pobres uno detrás de otros e el tiempo y en el caminar. En la Caseta de los Pobres o Lazareto de Siétamo, cuidaban su salud con los reducidos medios antiguos y lo mismo ocurría en el Hospital de Liesa, al lado de la Ermita de Santa María del Monte y en Ibieca, junto a los Sanjuanistas del Convento de Santa María de Foces y llegaban al lugar maravilloso de la Naturaleza, Alquézar, donde consolaban a aquellos pobres, no siempre de cuerpo, las figuras de Santa Nunila y Alodia.
Ya no queda en Siétamo la Caseta de los Pobres, pero todavía quedan hombres de color oscuro, que, sin pedir, obtienen su alimento en los basureros y van y vienen caminando,  caminando a Huesca capital. Pero no se acuerdan de los Lazaretos, ni de los Sanjuanistas ni de aquellos que amaban al prójimo como a sí mismos. Gracias a Vicen D`o Río, por haberme hecho recordar que la Caseta de los Pobres, era un Lazareto de San Lázaro. Pero lo necesario es que nos acordemos de los pobres, en estos tiempos en que ya debían de haber sido olvidados. 

domingo, 3 de enero de 2021

A Ana Alfaro

 



                                           Salvador Dalí.
En alguno de nuestros pequeños pueblos ya no queda casi nadie, y  en  otros ya desaparecieron sus últimos habitantes. En algunos, como Siétamo, donde se hacen esfuerzos para que crezca, se industrialice y se conserven viejas costumbres unidas a las que sus nuevos habitantes nos traen, ya que ellos buscan casi solamente el porvenir.  Nosotros también nos preocupamos por ese futuro, pero sin olvidar el pasado. Algunos no quieren el progreso de los pueblos y les niegan el agua de sus ríos para que crezcan  como lo pueden hacer algunos, como Siétamo, por ejemplo, en que ya hace unos cinco años se instaló la conducción de aguas del río Guatizalema a Fañanás, Ola, Pueyo de Fañanás, Alcalá del Obispo y a su Campo de Aviación, a Argavieso, a Novales y a  Sesa y todavía no nos ha llegado el agua ni a nosotros ni a los pueblos citados, tan necesaria para determinar zonas de urbanización e industriales. La gente en la Democracia vota  a nuestros gobernantes, pero nosotros ¿por qué no sabemos recordarles, pedirles y exigirles nuestros proyectos y sus promesas?.
Todavía quedan casas conocidas unas  por el apellido de sus últimos habitantes, otras por los de nombres más antiguos y que ya no se sabe cuando se ausentaron del pueblo o del mundo; algunas se conocen por oficios en los que se ejercitaron algunos o por apodos, motes o alias.
La gente habla de sus antepasados y estando un grupo de sietamenses en esta conversación, apareció paseando por la Plaza Mayor una señora de ochenta y nueve años, acompañada por una hija y por otra más joven, que estaba casada con uno de sus nietos. No la conocíamos nadie, pero una zaragozana llamada Virtudes y casada con un hijo de Siétamo, la conoció, ya que recordaba haberla saludado, en alguna ocasión, en Zaragoza. En seguida comunicó a los vecinos de Siétamo que se trataba de una paisana suya, que se había marchado del pueblo. Se trataba de Ana  Alfaro  Palomar, pariente de las hermanas Alfaro, también de Siétamo y que viven en Huesca. Se originaron encuentros familiares, como el de José María Puyuelo con su señora y yo, que estos días venía consultando unos recuerdos escritos que había tomado del famoso Antonio Bescós, alias Trabuco;  le  enseñé lo que ponía en ellos de sus familiares y ella toda emocionada me contó que al padre de su marido, que se llamaba José Palacio, que ya tenía noventa años y no sabía leer ni escribir, le pegaron un tiro de pistola en la cabeza en la puerta de su casa, en la calle Baja del número cinco al seis. Hacia  allí nos dirigió tocando ella con sus manos las paredes de las dos casas, donde en tiempos estuvo situada la suya, que como tantas otras se destruyeron para la Guerra Civil. Al marcharse se miraba con cariño el Huerto del Cura, que fue del abuelo de José.  Esta muerte ocurrió el día veinticuatro de Abril de mil novecientos treinta y ocho. Desde este punto, donde José murió, se veían las ruinas del Castillo-Palacio del Conde de Aranda; en este edificio donde dijo Ana que vivió su familia compuesta por su padre Orencio Alfaro, su madre Cristina Palomar y siete hermanos, nacidos todos en Siétamo y una de sus hermanas, a saber  Dorita había nacido en el Castillo-Palacio. Contaba Ana que “había una horca en el patio del Palacio y que la utilizaron los moros, que después de la Reconquista trabajaban para los dueños del mismo. También hablaba de las vajillas doradas y que las robaron  y destrozaron todas”.  De allí fueron a la llamada Casa Alfaro, situada en la Calle Alta. También vivieron en el Castillo-Palacio  con otras familias, entre las que se encontraban las hermanas Lucía y Josefa Lasierra, casada una de ellas con Moreno. Subimos por la Calle Alta y en casa de Alfaro, que fue la casa de su madre se emocionó tanto que besó la puerta de dicha casa. Un poco más arriba reconoció casa de Bescós, padre de Rafael de Gaspar,  al lado de la cual vivió la hermana de su marido, a saber Leoncia Palacio Mestre, que estuvo casada con José Cuello, de los que procede el Maestro de Música que tan famoso se hizo en Huesca y era hija de José Palacio, al que se conocía como el Sastre Viejo.
Fueron muchos los que la saludaron y algunos de ellos están en las fotografías, como están  José María Puyuelo y  su esposa, Miguel Arnal y su señora Luisa de casa Gaspar, Nati Arnal, casada con Ramón de casa Felipe Cavero y la autora del encuentro Virtudes, casada con Paco Soler.
ANA ALFARO PALOMAR, después de estar ausente durante muchos años de Siétamo, fue por un rato la reina del lugar, pues nos emocionó a todos con sus recuerdos de las casas y del Castillo-Palacio, donde vivió, besando y tocando las puertas y las paredes de esas casas. Se acordaba de los bailes que en aquellos viejos tiempos se echaba la gente y desde luego que también ella y quiso entrar en la Iglesia para recordar el mundo pasado y el futuro eterno. Exclamaba :”Siétamo, Siétamo que guapo que eres y qué lejos tengo que estar de Ti”.
Juan Antonio Palacio Mestre era miembro de una familia de cinco hermanos hijos de José  Palacio y de Dionisia Mestre y se casó con Ana Alfaro. Como vemos se llamaba de segundo apellido Mestre, que quiere decir Maestro y a la edad de dieciséis años y en 1917, con sus hermanos José y Perico y con Julian  Piedrafita, marchó a París, donde obtuvo el título de Maestro de Obras y  como tal hizo en su vida grandes obras, como por ejemplo el puente de Santiago de Zaragoza y las dos últimas torres del Pilar, el Hotel Corona de Aragón, La Romareda, campo de fútbol, la Base Americana y entre otras obras en Monzón edificó la Monsanto.
Juan Antonio Palacio Mestre era un trabajador infatigable y tenía un gran sentido del Arte. Cuando acababa la Guerra Civil quiso marchar a Méjico en un barco que “no consiguió salir, pues las tropas nacionales rodearon la salida del puerto. ” Junto con otros republicanos, allí se encontraba también Salvador Dalí, que por aquel entonces no lo conocía nadie y se dedicaba a pintar en las paredes de la plaza de toros de Valencia, con los carbones de las hogueras, que encendían para calentarse por las noches, unos dibujos maravillosos” y trabajaba con ilusión en las torres de la Basílica del Pilar. Le movía un resentimiento contra los que mataron a su padre José Palacio, pero rezaba por él.
La Virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa, que quiere ser capitana de la tropa aragonesa. Entonces se cantaba la guerra, pero hoy diría que quiere ser capitana del trabajo en Aragón.
Al ver la historia de la familia de Ana Palacio, se acuerda uno del porvenir de Siétamo, que no hace falta que sea como Zaragoza, pero que necesita que se le abran las aguas del río Guatizalema para que no falten vecinos como Ana y como los suyos y que no carezcan de trabajo.

sábado, 2 de enero de 2021

 

“Capricho” óleo sobre lienzo, del Museo de Huesca.



           
                            
Asistiendo a la contemplación del Arte, en el Museo de Huesca, quedé admirado por la inspección de un cuadro, que  impresionó mi sensibilidad, titulado Capricho. Se expone ante el público un óleo sobre lienzo, pintado en el año de 1891. Fijándome en su contenido, me di cuenta de que se trataba de un cuadro con un doble sentido, porque unas veces me llamaba la atención, una joven pareja de bella figuras, asomada a un balcón de piedra, desde el cual, observaban debajo de un arco , objetos de la suerte ,como un dado, de los que se usan en algunos juegos de azar y varios botellines de líquidos de color blanco, que no dicen nada de su objetivo ni de su empleo en aventuras amorosas. En el otro lado del balcón se asomaban unas rosas y debajo unas hojas de parra, que la señorita observaba cómo si estuviesen presentes a su  lado,  para darles felicidad. Hay presentes en el balcón, unas frutas procedentes de un peral y unos pequeños paquetes, como si estuviesen allí,  al lado de la pareja masculina- femenina, para crear un sueño artificial, en el que no se sabía si aquella pareja, estaba tomando productos de placer. Están una pareja de un caballero y una bella señorita y él con su mano izquierda sostiene por el cuello, debajo de su bello rostro, ese rostro bellísimo. Ella, en su mano izquierda sostiene un abanico, que refresca los rostros del caballero y de la dama. En el lado del retrato se alza hacia arriba del arco pétreo que en su parte más baja adornan unos elegantes chopos y por encima de ellos, entre nubes, vuelan alegres palomas.
Abierta la superficie de la imagen de la pareja, se encuentran en ella, por delante los secretos objetos, que encierran en sí mismos los misterios de ambos miembros de la misma, como un ramo de rosas, ricas frutas ,botellines llenos de líquidos misteriosos, y sobre todos ellos alza la señorita en su mano derecha un abanico, con forma alegre, que puede indicar, por un lado su reparto del bello ambiente o la posible separación de su  mutuo amor.           
Una cosa es el amor real y otra el enamoramiento temporal.  Una  cosa  fue  la Casa Palacio en la que vivió Rafaela Almudévar Vallés, nacida en Siétamo en 1852, que fue la cuna donde la familia Carderera, cultivó la Ciencia, la técnica y las Bellas Artes. Esta Casa de la familia Carderera, empezaron a construirla en ese año de 1852. En esa Casa fue donde tuve la oportunidad de contemplar a la singular Señora, nacida en Siétamo, que pasaba los veranos en esa antigua y hermosa casa.
El propietario de Casa Carderera (1835)  Joaquín Carderera y Potó (1835) se casó  a saber con Pilar Carderera Almudévar. A esta señora la conocí porque tenía un trato familiar con mis tías,  las hermanas Teresa Almudévar, viuda de Llanas y con Luisa, en cuya compañía íbamos a ver a su prima Pilar Carderera Almudévar.
Joaquín Carderera Potó, nacido en Huesca en 1835  y muerto en 1878, fue propietario de Casa Carderera y esposo de Rafael Almudévar Vallés, de Siétamo.
Pero no es la que acabo de contar la historia del amor del Artista Bernardino Montañés Pérez con Pilar Carderera Almudévar, pues el autor de el cua’dro que acabo de explicar, no creyó en él, pues al dar una vuelta al lienzo, en que está reproducido el contacto humano entre el autor del cuadro y tal vez , la señorita Pilar, se transforma el significado de lo pintado en el cuadro en que festejan un caballero y una señorita, en la aparición de una calavera. Con esta obra de arte, el mismo pintor sueña con el amor, que no alcanzó casa Almudévar a obtener entre él y la señorita Pilar.


Se inscribió en el patio de Casa Almudévar con piedras’ de grava, la fecha de su creación. Doña Rafaela Almudévar Vallés, nació en Siétamo en 1852.

De esta fecha, se encuentra todavía en el segundo piso, una pintura en la pared, de un pintor, que recuerda el arte que se exhibía en aquel tiempo en Huesca capital y en los pueblos próximos. ¿Tiene que ver algo el pintor con Doña Rafaela Almudévar Vallés, cuando pintaba esas obras de arte con la realidad de aquellos tiempos?.

viernes, 1 de enero de 2021

Día 12 de Mayo de 1.996. A don Domingo Buesa Conde.

 



“Ilmo. Sr. Don Domingo Buesa. Respetado profesor y digo respetado porque es el pensamiento que me inspira verlo después de haberlo oído hablar durante las conferencias que ha pronunciado en Huesca en el Genaro Poza, sobre el Románico y el Gótico. No sólo habla de capiteles y ojivas sino que le preocupa el Poder Supremo y lo está usted, viviendo en la Naturaleza, en el hombre y sus filosofías, en los pensadores clásicos como Aristóteles en los cipreses elegantes y en las   más rústicas carrascas; lo está viendo en la Arquitectura y en las artes ornamentales y se aproxima al sonido de la música, ya sea civil o religiosa.

En una de sus fotocopias están dos rostros humanos como modelos para sacar de ellos motivos de arte y en  consecuencia, me atrevo a mandarle una fotografía no muy buena, completada con un dibujo de una pieza ornamental de no sé qué iglesia, que representa un ser humano o que pretende serlo con su cabeza, sus insinuantes ojos y orejas, su cuello, sus hombros, su camisa, su pecho, dos manzanas… y una granada, que puede recordar el órgano productor de  óvulos y los pies pequeños, que no le permitan correr su curso de marcha por el Mundo.

La lucha por la economía es consecuentemente por el poder entre las catedrales y los monasterios, que me hizo recordar lo que ocurrió entre la Catedral de Huesca y el Monasterio de Montearagón.

Sancho Ramírez, antes de conquistar la ciudad, prometió al Monasterio que estaba construyendo y que le iba a hacer entrega  de la Mezquita Mayor de Huesca, donde hoy está situada la Catedral. Sancho murió en la muralla de Huesca, pero su hijo Pedro al entrar en la misma, quiso cumplir la promesa de su padre y, tras veinte días de discusión, tuvo que entregar la Mezquita a la Catedral, comparando a Montearagón con otra obra. Después de este primer incidente, estando siempre el Obispo y el Abad, discutiendo la adjudicación de las cuentas religiosas que se iban a establecer en los pueblos a medida que se conquistaban a los moros. Felipe II, al parecer fue quien devolvió el mando a la gótica catedral oscense.

Me ha hecho meditar mucho la exposición del difunto alemán,(Carlos primero) que no se mueve nada, la del que es llevado a hombros por unos pobres hombres tapados, para ensalzar la figura del difunto con su casco y con su espada y ambos difuntos ¿consolados?, por la música, no recuerdo si dijiste  redonda, que pretende recordar la resurrección particular de cada difunto o la de todos unificados en el Hombre- Dios, que no ha muerto.

¡Cómo hablas de la Virgen!, la ves como trono de tu hijo, como parte de la vida del Niño-Dios, como su consuelo, como parte de la Redención. De todo esto me acuerdo cuando hacías sonar el Stabat Mater  Dolorosa, juxta crucem lacrimosa, dum pendebat Filius.

Y para acabar te tengo que dar una explicación y es que mi memoria ha padecido un bajón al ser operado de la  cabeza y entonces, en lugar de subir a Jaca el sábado , día 11 de Mayo de 1.996, creí que debíamos hacerlo el domingo, día 12. Llamé a María Teresa Arroyos para preguntarle la hora y me dijo que el viaje estaba realizado y que, además de otros, tú habías preguntado. Lo siento enormemente, porque la Catedral de Jaca la he visitado un día , para la Guerra Civil, en la que durante un bombardeo, entré en ella , acompañado por mi noble madre, tirados en el suelo de la Catedral, horrorizados por los estallidos de las bombas.

Me hubiera gustado despedirme de tal obra Románica, bajo la inspiración de tus palabras, pero en fin, hágase la voluntad de Dios.

Sólo me queda haciéndote caso de tu amor a la música sagrada, rekzar el Veni Creator Spiritu, mentes tuorum visita-Imple superna Gratia, que Tu creasti pectora. Amen.

Domingo Buesa Conde, recibe el testimonio de un discípulo tuyo, que ya mayor ha recibido el bien de tu palabra.”

Pero todavía faltaba tiempo el 25 de Junio de 2.002, que se imprimió el día de Santa Orosia, para que yo escuchara los hechos históricos relatados por Domingo Buesa Conde, pero el día 12 de mayo de 1-996, yo le escuché, en Huesca, una conferencia que relataba  la Antigua Historia de Jaca.

Yo estaba en Jaca, siendo un niño y con mi padre, don Paco Ripa y mis hermanos, contemplé la unión de los jacetanos con los de Yebra de Basa, en la procesión a la que asistían personas, a las que se tenía por endemoniadas.

El jacetano que me regaló el libro Historia de una ciudad es Miguel Lagrava Gastón con apellidos frecuentes en la Jacetania. El nació en Jaca y sus pensamientos giran por los Pirineos.

Tengo unos recuerdos, que Domingo Buesa Conde, ha “pintado” como escenas de Jaca, que le hacen conservar un recuerdo histórico a todos sus ciudadanos.

Pero hoy es Jaca el retrato de una superpoblación moderna, de los que acuden a esta ciudad,  buscando la ciencia y la felicidad.

No hacen pie

Cuadro de Monet Siempre, es decir a lo largo de nuestra vida, han existido jubilados, pero no tantos como ahora, pues es raro que alguien, a...