martes, 22 de junio de 2021

El viejo campesino

 


Me he encontrado a un viejo campesino, pues tiene ya noventa años y allí en la puerta de su casa, estaba sentado, tomando la sombra. Seguramente por la mañana tomaría el sol, porque la fachada de su casa mira al sol saliente y en cada lado de la puerta tiene colocadas dos piedras de sillería, procedentes de algún pajar quemado para la Guerra Civil. En una de esas piedras estaba sentada su esposa y en otra Antonio, tranquilamente y sin prisas Nos hemos saludado, dándonos las buenas tardes y acabada la manifestación mutua de tan buenos deseos, el anciano Antonio, me ha ofrecido un vaso de buen vino y digo bueno porque, según me ha dicho, lleva ya cuarenta años en el mismo tonel. Es que lo viejo está lleno de buenos recuerdos y los toneles de madera, saben contener el buen vino. El, naturalmente, ha sido campesino, albañil, jugador de pelota en la Plaza Mayor de Siétamo, donde, jugando contra un equipo de tres “pelotaires”, nunca le ganaron. Pero con noventa años de edad, la vida le ha dado tiempo para hacer todas las cosas, por ejemplo fue cazador, unas veces de conejos, otras de liebres, muchas de perdices y en ocasiones de jabalís o “jabalines”, como los llaman los hijos de mi tierra. Cierto día, estaba Antonio en su huerta, que fue antes del Mesón y situada a las orillas del río Guatizalema, cerca del monte de Castejón de Arbaniés. En aquella parte alta del monte de Siétamo hay poca huerta, pero Antonio la había comprado al mesonero y en ella cultivaba patatas, judías, tomates, melones, cebollas de las que me recuerda que eran muy gordas. Pero además se preocupó de plantar nogueras, avellanos, manzanos, perales e incluso cereceras o cerezos. Cuando él cultivaba su huerta, veía, con frecuencia pasar y explorar su huerta, a alguna cuadrilla de jabalís, pero Antonio los vigilaba dentro de la “espera”, que era una caseta vieja y dentro de ella, esperando, comía nueces para aliviar tan larga espera. Los jabalíes, después de dar varias vueltas por los nogales de la huerta, se marchaban, porque se daban cuenta de que por allí, estaba el amo. Un día llegó por aquella huerta mi hijo Ignacio en plan de cazador y se encontró con Antonio y su mujer Rosario, que estaba cogiendo manzanas. Le dijo Rosario : ven a cazar los jabalís porque todas las nueces y avellanas que van cayendo durante el día, ellos por la noche se las comen. Los jabalíes batían los nogales, que entonces eran pequeños, rascándose en sus troncos y además se comían las avellanas y las cerezas. Con tanta variedad de frutas y verduras, no es extraño que Antonio todavía esté vivo con noventa años y sentado en su piedra de sillería tranquilamente, todavía le quedan bastantes más años de vida.

Pero ahora en los pueblos, no sólo Antonio sino muchos campesinos han abandonado el cultivo de los huertos y sus mismos huertos, pues teniendo tantos años, no pueden trabajarlos. Sólo quedan los árboles frutales, pero se han acabado las verduras, como aquellas gruesas cebollas, que se comían guisadas unas veces y otras en ensalada con tomate, que refrescaban el cuerpo y el alma. Ahora, como estamos en crisis, han arrendado la huerta a un ciudadano, que es frutero y esperamos que tenga la misma afición que Antonio por la huerta. Pero los jabalíes no sé si dejarán sanas las verduras y frutas de su viejo huerto.

domingo, 20 de junio de 2021

Hospital de San Jorge, debajo del Cerro del mismo Santo.-

 

          


                   

Debajo del Cerro de San Jorge, mirando a la capital oscense, se encontraba la Torre de Casaus, y ahora, gracias al progreso sanitario de Huesca, donde antes se labraba la tierra de huerta y de secano, ahora, se vigila y se desarrolla la Salud de los oscenses.

Yo  tengo  noventa  años de edad, pero cuando estudiaba los primeros años del bachillerato, acudía a jugar con mis hermanos y hermanas a esta Torre, acompañados por mis primos y prima de Casa de Llanas. Llegaban a divertirse con nosotros muchos amigos y compañeros. Recuerdo la piscina, que creó unos años antes mi tío Don Feliciano Llanas, casado con la hermana mayor de mi padre. Estaba la piscina en medio de un jardín, con paseos cubiertos de Arcos de Hierro, con unas mesas de piedra acompañadas de sus bancos también pétreos y subían agarrándose por aquellos arcos de hierro, las verdes hiedras. Daba gusto acudir a visitar los jardines, tanto que un día cualquiera, yendo yo a visitarlos, encontré a mi tía Luisa, observando un nido de ruiseñores, colgado en las ramas de una yedra. Hasta mi tía Luisa gozaba de los placeres ingenuos de esta vida. Ella con los ruiseñores y yo con mis infantiles amigos como Marianito Mallén Campaña, que se hizo médico, aprendimos a nadar en la piscina, saltando de placer al vernos a nosotros mismos, triunfantes en el agua, cruzando la piscina nadando llenos de alegría. Pero además en aquel solar al pie del Cerro de San Jorge, no sólo nos bañábamos, sino  que  organizábamos  corridas  infantiles  de toros. Aquel era el Coso de la Plaza de Toros y aquella corrida  estaba presidida por un primo hermano de Gil Fernando Ciprés, que la última vez que lo saludé, se había jubilado de su profesión taurina. De aquellos juegos festivos con toros artificiales, le brotó al primo hermano de Gil Fernando Ciprés, la vocación torera y por eso a lo largo de las Fiestas de Huesca, cuando yo como veterinario asistía a las Corridas, me saludaba con él, en la Plaza de Toros.

Después de subir y de bajar a la Ermita de San Jorge, por aquellos pinos que alegraban a los peregrinos, yo bajaba a la Torre de Casaus y me encontraba con mis hermanos, amigos y a mis primos mayores de Casa de Llanas. En aquel día de San Jorge, se escuchaban la música y los cantos de la multitud de oscenses, que habían subido a honrar al Santo.



Hoy en que ya han pasado muchísimos años de mi vida, he vuelto a aquel lugar de la Torre de Casaus, pero conservando esos recuerdos de la Ermita y de los olivos cultivados en la Torre. Encuentro la presencia de aquella rústica Torre en mi memoria, pero encuentro una gran Obra Sanitaria, que ha hecho que para la juventud se creara un Pabellón de Deportes y un Campo de Fútbol, un poco apartados del Hospital.

Aquel es un Hospital al que unos acuden cada día y otros permanecen en él, donde son tratados sanitariamente y unos vuelven a sus casas después de haber sufrido alguna operación. Al Este del Cerro de San Jorge, y en la Torre de Casaus se edificó el Hospital de San Jorge, en el que nacen niños y niñas, se intenta curar a los enfermos y procuran prolongar la vida de todos los ciudadanos, operando sus órganos. Hay un local en que se depositan los difuntos, que los doctores ha intentado sanarlos, y de allí llevarán son cadáveres a donde su familia quiera enterrarlos.

A mí me devuelven la visión de mis ojos, para poder contar las victorias y la derrotas de la vida de hombres y de mujeres.

Porque los hombres que trabajan en la Clínica de los Ojos y las numerosas doctoras, practicantes y de enfermeras, inspiran alegría.

Estando sentado en un lecho hospitalario observaba y escuchaba a todas las trabajadoras desde las médicas pasando por las practicantes y diversos y diversas trabajadores, domo estaban pendientes de la salud de sus hermanos, hombres y mujeres enfermos de sus ojos, para recuperar su salud.

Estuve una hora, poco más o menos, observando los hombres y mujeres, que en sus camillas esperaban que se les devolviera la luz de sus ojos, para alcanzar una feliz salud.

Mientras tanto se apoderaron de mi ojo izquierdo para darle una visión normal y alcanzaron una luz maravillosas, que yo tenía perdida desde hacía cierto tiempo.

Me di cuenta del interés de la Medicina Moderna por recuperar el uso normal de los órganos del hombre, a pesar de ser un enfermo ocular, de noventa años de edad. Es que la Medicina está preocupada se la salud del hombre, aunque éste se halle cerca de la muerte.   

En Siétamo, estuvo herido Orwell

 Andreu Nin 1892-1937







                                                      Anais Nin


Eric Arthur Blair, era el verdadero nombre de este gran escritor. Nació en la India; estudió en el Ethon College en Ingalterra, ejerció de policía en Birmania y más tarde fue granjero, maestro y librero; se hizo voluntario del POUM en la Guerra Civil, hiriéndolo en el pueblo de Monflorite y fue acogido en el Hospital de Campaña de Siétamo. De aquí marchó a Cataluña y al verse perseguido por los estalinistas, marchó a Francia. Es uno de los mejores escritores de todo el mundo, pero acabó su vida como un pobre. Desde que nació en 1903 hasta su muerte en 1950, ocuparon su cabeza todos los problemas humanos, sobre los que escribió y definió, en sus obras “Rebelión en la granja” y “1984”, el totalitarismo que se apoderó de Rusia y quiso apoderarse de todo el mundo, dirigido por Stalin. Orwell cuando estaba en Barcelona se apoderaba de él, un temor a que lo “vaporizaran”, como ocurría con los anarquistas y los miembros del POUM, que fueron perseguidos por Stalin. El tenía una forma de expresión de categoría literaria,opuesta a la inexpresión de El Gran Hermano, que exponía mensajes por el mundo en su “neo lengua”, creada para que la plebe no pensara. Mi pariente Jesús Vallés Almudévar, escribió que en la iglesia de Fañanás, cerca de Huesca, la turba cantaba insultos, unos en castellano y otros en “latínajos”, mientras se revestían con las casullas y con las capas pluviales, destruyendo y quemando las imágenes de Cristo y de los santos. Orwell en su Homenaje a Cataluña explica esas juergas, que allí completaban con el asesinato de monjas y de frailes. Se casaban por meses o por otros periodos de tiempo, sin pensar en el porvenir. No sólo ocurrió esto en Fañanás, sino también en el cercano pueblo de Siétamo, mientras fuera de las iglesias mataban a todo el que no entendía su “neo lengua” y convencidos de que la guerra es la paz, destruían edificios e iglesias. Anais Nin, franco-americana e hija de un cubano, pasando por España, observó los males de la Guerra Civil y en su “Diario III” (1939-1944), escribe, cuando huyendo de la Guerra Mundial, iba de París a Portugal, lo siguiente: “En Irún hubo un rato de espera, un cambio de trenes. Di un paseo. Había una pared detrás de una iglesia, en la cumbre de una colina. Me volví para mirar a la iglesia. Sentí dolores en mi espalda. Me di la vuelta. De repente noté que la pared estaba llena de agujeros de bala. Alguien que pasaba dijo: aquí ejecutaron a miles de españoles. A mí alrededor todo está lleno de vestigios de destrucción. Unos niños juegan en las ruinas de los edificios”. El catalán Andrés Nin López, que era anarquista, fue apresado en Jaca por Orlov, el coronel Ortega y varios otros españoles, que lo secuestraron , lo atormentaron, lo desollaron, arrancándole la piel y lo asesinaron en el mes de Junio de 1937. Este crimen cometido con este hombre que desobedeciendo al Gran Hermano, mostraba sentimientos inofensivos, desprestigió para siempre a la República. Moscú no mandaba armas a España, pagadas con sobrados precios y de antemano, con el oro del Banco de España. No es extraño que Churchil, en Inglaterra no contribuyera a derrotar a los rebeldes contra la República, porque ésta, estaba infiltrada por todas partes por comunistas y hombres totalitarios. Escribió su novela satírica “1948”, sobre el totalitarismo de Moscú. Este estaba gobernado por el Gran Hermano, que era como un policía que controlaba hasta el pensamiento y la lengua del pueblo, que convirtió en una neo lengua. Los hechos que narra en su libro, ocurrieron el año de 1948. Divide a los humanos en dos clases, una formada por los miembros del Partido Unico y la Masa de gente pobre, que malvivía horrorizada y apartada de la política, en la que no podía ni pensar. Orwell relata la terrible historia de los protagonistas Winston Smith y su amor, Julia, que intentan escapar de una fórmula política en que la intimidad y el libre pensamiento estaban prohibidos. Tuvo que desaparecer el amor entre ellos, para ser substituido por el amor al Gran Hermano. Describe Orwell esta política que se trataba de implantar en España, en su obra “Homenaje a Cataluña”, en que narra muchas experiencias políticas. Pero al vivir la cruel Guerra Civil y comprobar las luchas entre comunistas, troskistas, múltiples sindicatos, partidos democráticos y totalitarios, y la miseria de los pueblos, como Siétamo, donde “la artillería lo había reducido en parte, a escombros y la mayoría de las casas estaban marcadas por las balas”, se preguntaba a qué partido político habría que obedecer por defender al pueblo. El mismo Orwell escribe:”Comenzaron a despertarse en mi mente vagas dudas acerca de esta guerra en la que, hasta ahora, la cuestión del bien y del mal me había parecido bellamente simple”.Se puso voluntario en el POUM y en un camión lo llevaron a Siétamo y de ahí a Alcubierre y escribe “Al evocar mis primeros dos meses de guerra, nunca puedo evitar el recuerdo de las costras de excrementos que cubrían los bordes de los rastrojos”. Más excrementos se extendían por las mentes del Gran Hermano, que asesinó a Andrés Nin y en Siétamo, los milicianos fusilaron al “Padre Jesús”. Debajo de Siétamo, entre Bespén y Blecua fusilaron a la madre y a un hermano de unos dieciséis años, de Jesús Vallés Almudévar, como se lee en las páginas de su Diario. A finales del mes de Agosto de 1936, se lee en ese Diario:”No había amanecido todavía, cuando fueron a por ellos”. Subieron a un coche y en “un barranco, entre Bespén y Blecua se detuvieron”. Dicen que el piquete estaba formado por guardias civiles y por dos mozos del pueblo. ¡Dispararon!. Cayeron. Luis no se movió. Mamá intentó incorporarse, una nueva descarga se lo impidió. Después llegaron los del comité. Rociaron los cadáveres con gasolina y les prendieron fuego”. De Blecua fueron unos hombres a enterrar sus restos”. Y Jesús con trece años cumplidos “estuvo en Siétamo y cuenta en su Diario:”Cuando llegamos a los alrededores de Siétamo, oímos graznidos de cuervos, que levantaban el vuelo al oír nuestros pasos y volvían de nuevo al festín, después que habíamos pasado……”. A Orwell, estando en Monflorite, le llamaba la atención la anulación de la colocación de cruces en los cementerios y la falta de ritos religiosos en los enterramientos de los difuntos, pero él pensaba que esas costumbres volverían como “volverían los jesuitas”. Del lenguaje o neo lengua del Gran Hermano se deduce esta ignorancia, ya que no dejaba ver que esas cruces eran unos de los objetos religiosos más amados por los españoles, en general. En cambio decía a la Masa que lo único válido eran la hoz y el martillo. En el cerco de Huesca tomó parte en el ataque al Manicomio, luchó en la Granja de la carretera de Sariñena y por fin, según escribe Orwell:”sentí…es muy difícil describir lo que sentí, aunque lo recuerdo en forma muy vivida. Con este balazo de fusil, el médico lo mandó a Siétamo.”Los hospitales de Siétamo eran barracas de madera, apresuradamente construidas, donde los heridos sólo permanecían unas pocas horas”. En Tarragona se comprobó como una de las cuerdas vocales estaba paralizada, pero al fin logró comunicarse con los demás. Vivió en Barcelona y “el quince de Junio la policía arrestó a Andrés Nin. Entonces no le quedó otra solución que huir de aquel ambiente contra los anarquistas y el POUM. Companys, presidente de Cataluña, que también visitó Siétamo, ”declaró riendo unos pocos días antes de la toma de la Central Teléfónica, que los anarquistas se avendrían a cualquier cosa”. Estuvo también en Siétamo Durruti, que tuvo un despacho en mi casa y que era violento con respecto al Poum. Como se deduce de estos recuerdos en esa democracia, abundaban los “intelectuales”, que imponían sus pensamientos a la Masa y de allí vinieron las derrotas bélicas, que le hicieron perder la guerra y a Orwell, le dejaron experimentar la historia triste, que se dio en España y que después se ha repetido por todo el Mundo.

sábado, 19 de junio de 2021

He encontrado una Novena a San Antonio de Padua

 


Foto a principios del siglo XX.

Hace años siempre estaban, cuando en las iglesias no había luz eléctrica, haciendo novenas a los santos, en los que confiaban, pues casi no estaban preparadas las carreteras para visitar a los  antiguos  santos, en sus ermitas o en sus iglesias parroquiales. Dentro de  la  mayoría  de  iglesias  no llegaba energía eléctrica, para venerar a los santos en medio de una alegre luz, los devotos y sobre todo las abundantes devotas. Si no brillaba la luz eléctrica en las calles, ni en los domicilios, ni siquiera en el centro de la iglesia, la oscuridad que se trataba de corregir encendiendo velas. Había quien fabricaba velas de cera con cuya luz, obtenían una visión natural encendida la mecha de la vela, que al quemarse derramaba buen aroma de cera natural por la bóveda de la iglesia.  Yo he visto pocos aragoneses vestidos con calzones cortos, que por su parte baja enseñaban unos calcetines de lana, que habían creado sus esposas, y en lugar de exhibir un gorro, llevaban “cacherulos”, que en algunos lugares y según su categoría, cubrían a veces con un sombrero. Cubrían su tórax con una camisa sin cuello, y encima portaban un chaleco negro.

Se ven en una fotografía por la carretera frente a casa Pisa un grupo de hombres que suben avanzando hacia el Oste del pueblo. Sigue otro grupo en el que también van vestidas de aragonesas varias mujeres y de las que es difícil sacar su aspecto con exactitud. ¿ De  qué  año procede esta fotografía?. Lo ignoro, pero esta imagen, muestra una realidad, que se vivió muchos años y que se ha olvidado. ¿Estarían celebrando alguna fiesta religiosa o esperando que por la carretera acudiese algún  sacerdote  o  alguno de esos antiguos políticos?.

Esa fotografía nos muestra una gran cantidad de hombres y de mujeres vestidos con sus ropas de aragoneses o “maños y mañas”, que van caminando por la carretera que pasa por el pueblo. Yo  no   a  qué se debe ese tránsito por la carretera, que sube por la derecha a Siétamo y por la izquierda a Huesca. Nadie me ha dado explicaciones de esa cantidad de  Sietamenses, pero yo recuerdo a “aragoneses” que iban vestidos de esa forma, como “Recuerdo algún año después de la Guerra Civil de 1.936 a un  abuelo, de casa “Calvitos” portando una especie de “tapacabezas” o cacherulo con una faja cubriendo su vientre y una abarcas, que cubrían sus calcetines, de lana de oveja.

El año de 1.936, subimos a Ansó huyendo de la Guerra Civil y allí proliferaban ansotanos y ansotanas, vestidos con sus trajes aragoneses. Me acuerdo de una ansotana, vestida toda ella con sus ropas aragonesas, a la que mi hermano pequeño Jesús, le causó la pérdida de unos pollitos y al tratar mi padre de pagarle su valor, la buena ansotana de un gran  corazón, no quiso cobrarle ni un céntimo. Pasaron los años y se veían ansotanos vestidos con su ropaje, por Huesca y por Zaragoza. El último ansotano vestido con su ropaje, lo seguí viendo en Zaragoza, donde yo estudiaba en la Facultad de Veterinaria y en Huesca. Tengo colgadas en mi casa fotografías de ansotanos y ansotanas, que me hacen recordar a esa noble casta aragonesa.

No hay que olvidar a San Antonio de Padua, “que fue un protector de los que han sufrido en la vida. La pérdida de la salud, la escasez de recursos, las injustas persecuciones, la ausencia de paz……y todo cuanto puede atenazar el alma”.

Hay un responsorio de San Antonio, que dice: “Si buscas milagros mira-muerte y error desterrados, -Miseria

 y demonio unidos-leprosos y enfermos sanos.- El peligro se retira,-los pobres van remediados; Cuéntenlo los socorridos,-díganlo los Paduanos”.

La vida era dura para nuestros antepasados y tenían que acudir a los santos, como San Francisco de Asís y a San Antonio de Padua. “Este se convirtió en protector de los que sufrían, pues acompañaba el dolor del pecado, la pérdida de salud, la escasez de recursos, las injustas persecuciones, la ausencia de paz, las hondad preocupaciones, las grandes tristezas”.

Los Santos Antonio y Francisco de Asís nacieron en  familias  poderosas,  pero se entregaron a los escasos de dinero, para proteger la ausencia de necesidades, cuando ahora la Sociedad trata de encontrar la igualdad entre los hombres. Los seres humanos van envejeciendo y tornándose muchos inválidos para el trabajo. Estos seres humanos son recogidos en residencias para ancianos y yo he visto en un Centro para ancianos, una pequeña capilla, en la que se juntan ancianos y ancianas, para rogar por un futuro, que se acuerde de la unión de los difuntos con la  Vida Eterna.

viernes, 18 de junio de 2021

Amor y muerte

 





Cuando uno visita los cementerios, encuentra una reproducción de la que algunos llaman, en la vida,  “lucha de clases” y es que esa lucha, camuflada y revestida por el amor de los vivos a los que mueren, está basada en el lujo que algunos dan a los panteones o monumentos funerarios de sus familiares o amigos. Lucha de clases, porque los que han destacado en su vida en el poder, en las riquezas o en diversos triunfos, como por ejemplo en el toreo, en la política, en el fútbol, en la literatura, en el arte o en alguna de las múltiples actividades, que en esta vida ejercen los hombres y mujeres, como el cine y tantas otras, pudieran ver a sus sucesores  levantarles monumentos, como  a  seres queridos o admirados, en tanto que la gente sencilla se conformaba con “enterrar a los muertos”.
La gran señora, al morir su esposo, quiso llenar de gloria el recuerdo de su vida y dentro de la sala o capilla, en la que descansaba, encargó un cómodo y lujoso sofá, para acompañarlo en las larguísimas visitas, que su amor le pedía; en aquel sofá vivirían acompañados mutuamente y allí recordarían aquellos pasados tiempos, en que fueron felices, aunque ella no podía recordar aquellas ocasiones ocultas en que él amaba a otras bellas mujeres. Parecía a la señora que así echarían nuevos planes para seguir gozando de una vida, que sin embargo ya no les daría más oportunidades de amarse, aquí en el suelo. ¿Por qué la señora quería o soñaba seguir triunfando en este mundo?, ¿ por qué no se acordaba de aquella familia que había perdido a su padre, dejando a sus hijos pobres y necesitados?. Tal vez con  los enormes gastos que hacía en su lucha contra la muerte, hubiera conseguido algún triunfo de aquellos niños en su educación, en su alimentación y en su felicidad. Varias veces pregunté a algún funerario si veía por allí a tan amante viuda y me contestaba, que no acudía al cementerio.
Hay, sin embargo, en unos una lucha por lo espiritual y en otros una lucha por la sensibilidad de los corazones. He visitado el cementerio de las Carmelitas de San Miguel y en él, en unos nichos, depositan, sin ataúd los cadáveres de las hermanas que mientras vivieron “desde el principio de la mañana hasta la noche, esperó su alma al Señor”. Por no lucirse ante nadie, ni siquiera ante sus hermanas, las que quedaron vivas en el Convento, rezan por ellas, pero no ponen en los nichos ni siquiera los nombres de las difuntas, porque el Señor ya las conoce.
Los corazones de los gitanos  tienen una sensibilidad especial con sus difuntos, porque cuando uno llega a una tumba de un gitano, ve flores abundantes y adornos, como su retrato o la imagen de la “ Majarí” o de algún santo. Cuando, cualquier día va uno por la calle, se encuentra algún gitano que va al cementerio a ver a sus difuntos. En cierta ocasión, vi en el “fosal” un gran jardín de ramos de flores ante una tumba y frente a ella, sentado en el suelo estaba un gitano, con cara contristada y rodeado de muchos y muchas gitanicos y gitanicas, que le acompañaban. Quizá, para esta clase de hombres morenos, hubiera estado bien que tuvieran un sofá, en el que pasarían el rato acompañando a sus difuntos, mejor que para la gran señora, que después de comprado el sillón, no lo utilizó nunca.
En el cementerio de Las Mártires se levanta un monolito, en el que pone: ”Los republicanos del Alto Aragón, los de Egea de los Caballeros y de Sadaba …erigieron por suscripción pública este mausoleo en el año 1885, para perpetuar la ejemplar memoria de los martirizados héroes que aquí reposan”. Poco nos acordamos los oscenses de tales hechos, pero aquel pueblo del siglo XIX, quisieron perpetuar su memoria, sin orgullo pero con amor. Lo contrario pasó en nuestra Guerra Civil, en que unos y otros se mataban y si se enterraban, lo hacían en cualquier lugar y superficialmente, sin señalar quienes eran aquellos pobres difuntos, sin ponerles sus nombres, pero no por que creyeran en la otra vida, como las monjas, sino por odio o indiferencia 
De todos modos, en el fondo daba igual que trataran de identificar a los difuntos, porque en cualquier lugar del monte, se encuentran calaveras y huesos de otros tiempos y de los que ya nadie se acuerda. Ya nos dice la Biblia : ”Memento homo, quia  pulvis es et in pulverim reverteris”. Tal vez, entre otras razones por este recuerdo que Dios recomienda al hombre, ahora se practica la incineración. Es que para el Señor, no existe ni pasado ni futuro, todo está presente y todos pasaremos a un presente eterno, donde imperarán la paz  y el amor.

jueves, 17 de junio de 2021

Arciprestazgo de Montearagón



Hace ya siglos que se desplazan los habitantes del pueblo de Siétamo, por la vía o camino, ahora convertida en Carretera Nacional-240, que viene desde Tarragona a Huesca. Los hombres, las mujeres y los niños la recorrían, unas veces andando y otras montados en asnos, en mulas o en caballos; también iban a veces subidos en carros o galeras, después en bicicleta o en moto y por fin en coches o autobuses. Cuando uno llega a la salida de Siétamo a la Carretera General, se presenta la Plana de Loporzano, a lo largo de varios kilómetros y allá ,en el horizonte aparece elevada la silueta del Castillo- Monasterio de Montearagón, que siempre resulta un atrayente objetivo para la mirada, al tiempo que hace recordar el pasado y pensar en el futuro. A pesar de ser una ruina, desde la carretera se contempla como un elevado monumento. A veces adopta aspectos misteriosos, como cuando la niebla cubre el monte, sobre el que se asienta el Castillo- Monasterio y éste, sin boiras, que lo oculten, da la impresión de ser una castillo etéreo. Desde el año 1835, en que se desamortizó Montearagón, iban desapareciendo las piedras que lo componían, al tiempo que también desaparecían generaciones humanas. Ahora, ya no desaparecen piedras, sino que las van colocando, aunque muy poco a poco. Sin embargo, se han seguido celebrando misas cada año, organizadas por pueblos del antiguo Arciprestazgo, como Loporzano y Quicena. Bastantes años después de la Guerra Civil, robaron la campana, que todavía colgaba en la torre de la iglesia. En Tierz encontraron un sello del Monasterio, en el que está representado San Juan Bautista. En Siétamo murió el monje y sacerdote, que tenía Perote por apellido, al que después de muchos años, veían algunos, como si se tratase de un santo, a través de una ventana de casa Lobaco. Al morir dejó a una señora de casa Ballarín, un relicario, del que dicen que contiene sangre de Cristo y que actualmente está en poder de una familia de Quicena. En mi casa guardaban, con respeto, unos simples tirantes del monje Perote. En Huesca se conserva el retablo de la iglesia y en San Pedro el Viejo, reposan los restos de Alfonso el Batallador, que estaban enterrados en Montearagón. Don Jesús Vallés Almudévar, sacerdote y doblemente pariente mío, me proporcionó un documento referido a Montearagón en 1789, que me aproxima a dicho Monasterio, porque en el contenido de dicho documento intervino mi antepasado José Almudévar Altabás. Sus hermanos fueron Judas Narciso el mayor, Miguel, que estaba casado en Torres de Barbués con Raimunda Corz, Antonio, que murió soltero, siendo negociante y que dejó asignada el arca de sus bienes a Montearagón; después viene Joaquín, que se casó en Blecua, donde todavía tiene descendientes y el citado hermano menor se llamaba José, que más tarde, se casó en Siétamo con Francisca Escabosa Azara y de los que venimos mis hermanos y yo. Cuando ocurrieron los hechos que narra el papel citado, Antonio Almudévar Altabás era soltero y moriría con unos cuarenta y tres años de edad. Vivía en casa Almudévar de Barluenga, en compañía de sus padres y hermanos y sus actividades se dirigían a los negocios, porque atendía las compras y ventas y los intereses de los préstamos. En el pueblo de Sasa del Abadiado, la influencia de dicho Abadiado era notable y él cuidaba sus intereses y parece ser que amaba al Monasterio, porque el Vicario de Sasa escribió lo siguiente:”Que es cierto que después de su muerte Don Antonio Almudevar y Altabás, en la misma casa de don Judas Narciso, dueño de ella, el día antes de morir le hizo al declarante, Don Antonio, de que inmediatamente que muriese se llevase un arca que el dicho difunto tenía con bienes propios y papeles de distintos asuntos” y que la dejaba en propiedad del Monasterio. ¡Cómo amaba Antonio Almudévar Altabás al Monasterio!, porque le dejó, aparte de los documentos, sus propias monedas de oro. Huesca tiene que devolver al Monasterio muchas cosas, pero yo no podré devolverle los tirantes, que dejó en mi casa el antiguo monje, Mosen Perote; se los llevaron.

lunes, 14 de junio de 2021

Domingo Pérez y Pérez

 



Este Domingo, el ya retirado agricultor Pérez y Pérez, me ha hablado de los recuerdos, que han dejado en su memoria, la belleza de los paisajes y el amor a la vida, que se contemplaban y se sentían en el pueblo casi desaparecido, a orillas del río Flumen. Este citado Domingo, me ha contado hace unos días, en un Bar de chinos, los recuerdos que conservaba en su mente, de la belleza de la vida, en los pueblos cercanos a Huesca. ¡Qué alegría cuando mi amigo Pérez y Perez, se acordaba de cuando trabajaba intensamente la tierra cercana  al río Flumen y escuchaba con una gran alegría, el sonar de las campanillas, que sus mulas llevaban colgadas de sus cuellos!. Me alegraba escuchar el sonido, que producían esas campanillas, porque aquellas mulas eran de la buena casa de Pérez y Pérez, que les permitía estar con buenas carnes. Es que esas caballerías llevaban los collares de campanillas en sus cuellos y no estaban flacas, porque mi amigo Pérez y Pérez se sacrificaba, cuando su trabajo les aumentaba la necesidad de alimento, para que sus mulas labraran con alegría, animadas por el sonido de las campanillas.
Domingo Pérez y Pérez era feliz con el contenido de su fiambrera y el sabor alegre del vino que llenaba su alegre bota.
Pero no todos tenían la felicidad como Domingo Pérez y Pérez, porque ninguna de sus mulas estaba coja, sino que la de un vecino suyo, cojeaba y su dueño le echaba vino caliente en la pata coja y de paso le daba algún trago de vino, que guardaba en su bodega, hacía ya un buen número de años.
Labraba  sus  tierras  en  la zona del Río Flumen , pero se acordaba de un pueblo montañés, cerca de Concilio, que era un pueblo montañés  al que conoce Domingo Pérez y Pérez, ya que una hermana suya, estuvo de Maestra Nacional en dicho pueblo. Con esta advertencia, nos damos cuenta de que el agricultor Damingo Pérez y Pérez, no sólo hacía producir la tierra, sino que su propia hermana, estudió en Huesca, en  la  Escuela Normal, para hacerse Maestra y repartir durante su vida la cultura, concretamente en el pueblo de  Concilio , en la  Montaña. El tiempo va pasando y ya no quedan niños en ese pueblo y la señora Maestra, después de dar luz a la humanidad, se marchó al otro Mundo. Entre tanto que la hermana Maestra repartía la luz de la Ciencia por Concilio, Domingo López y López trabajaba con sus mulas por la zona del río Flumen, para alimentar los cuerpos de sus compatriotas, en tanto su hermana iluminaba sus inteligencias.
Domingo Pérez y Pérez como caminaba acompañado por sus mulas, por las orillas del Río Flumen, pasaba por el Molino de Harinas de Porta. El molinero era el padre del gran fabricante de Piensos Compuestos, el famoso Dan Antonio Porta Labata, que fue amigo mío y me contaba ,que siendo todavía un niño, mamaba en las mamas de cabras y de ovejas, la leche, destinada a los cabritos y corderos.
El Molinero, es decir el padre de Don Antonio, al ver pasar por su Molino a Domingo Pérez y Pérez, le dijo, acércate al Molino y verás que “borrico tan guapo”, he comprado. Domingo se acercó a ver al animalico y se quedó admirado del magnífico coche que se había comprado. Domingo que ya estaba harto de ver mulas y borricos, se dio cuenta de que la vida estaba pasando, y que tendría en adelante que ver muchos cambios en la sociedad.

EL HUMOR ALTOARAGONES

Una chispa en unos casos enciende un placentero cigarro y en otros un incendio. Pero para que haya humor tiene que saltar la chispa de ese h...