martes, 14 de febrero de 2023

LA CUCARACHA

 


La Cucaracha de Kafka era rara, como lo eran las que caminaban por las paredes del dormitorio de la pensión de Zaragoza ,donde yo dormía cuando en dicha Ciudad estudiaba. Al escritor centroeuropeo Kafka ,un hombre se le convirtió en una enorme cucaracha ,que colocada sobre la cama en decúbito supino ,meneaba las patas impotente .No podía caminar ,no podía progresar el negro coleóptero ,porque como dice el refrán  se hace camino al andar .Le pasaba a la cucaracha de Kafka lo mismo que a la cucaracha española que nosotros ,al menos mis compañeros de pensión y yo conocimos, porque al golpearlas por la noche ,después de  encendida  la luz ,algunas morían pero otras ya "no podían caminar porque les faltaban las  patitas de detrás" ,como se cantaba en aquellos tiempos .Si ,se cantaba: "La cucaracha ,la cucaracha ya no puede caminar ,porque le faltan ,porque no tiene las dos patitas de atrás" y tal vez sufrieran la pérdida de sus patitas a causa de las marchas cucarachiles por los caminos de las paredes y los suelos ,pues como dice no se quien ,esas marchas además de proporcionarles las ventajas de la consiguiente concurrencia ,en la que se sentirían felices, les han hecho sufrir los padecimientos de la persecución,  que llevaba consigo el tránsito de sus tropas por las viviendas del país que recorrían ;si , del país habitado por los hombres y recorrido por las cucarachas .Pero parece ser que esta canción mejicana comparaba a los hombres con las cucarachas ,como cuando dice :"Pancho Villa cuando viaja ,necesita dos vagones ,uno para su equipaje ,y otro para sus talones” .Y el tránsito  de tropas sería el de los humanos que se defendían ,contra el tránsito de las marchas cucacarachiles, cuando todavía no existían los insecticidas ,con alpargatazos y otros golpes violentos y otras veces el tránsito de Pancho Villa y sus guerrilleros ,más pesados que las pulgas y que las cucarachas.
Hemos vencido a los insectos ,pero sigue el tránsito de tropas ,que no cojean sino que vuelan en aviones para trabajarse otros países que se quedarán patas arriba como la cucaracha de Kafka y negros de luto como ella y otros sin poder caminar ,como le pasaba a nuestra cucaracha.
Durante estas noches de Enero ,otro insecto me ha machacado la cabeza ,como un compresor que con su cri-cri continuo y monótono me comunicaba y me hacía escuchar las explosiones en el Medio Oriente, allá  en Irak , en la Europa Central , allá  en Kosobo o en Sierra Leona ,en el Africa Occidental; tal vez fuera ese crí-crí  el grillo de la radio ,que antes alargaba la noche con sus músicas nostálgicas .Y yo escuchaba ese crí-crí sonoro ,que se extendía "sur toute la Vallée du coeur endolori",sobre todo el valle de mi corazón dolorido...y ahora todavía con el corazón más dolorido que el mío ,el pueblo escucha los crí-crís de todas las emisoras ,que no se limitan a poder ser oídos "sur toute la Vallée",sobre todo el Valle ,sino que se escuchan por todo el mundo.

domingo, 12 de febrero de 2023

EL ORDENADOR, QUE DESORDENA LA MENTE

 





Estaba sentado con mi amigo Joaquín,  en la puerta de su casa, cuando en un Bar, que se ofrece frente a la nombrada puerta se han sentado, supongo que serían  dos parejas. Una la formaban un  matrimonio,  que tenían ambos sus cabellos morenos, que tenían oscura su cabellera como los pelos de su hijo. Yo supongo que éste, moreno como sus  padres,  iba  acompañando a una muchacha de delicados cabellos rubios y  supongo que era su novia.
Al  caminar  hacia  el  Bar, pasaron por delante de nosotros y tanto la pareja morena de mayor edad, como la rubia de la menor, nos saludaron con amabilidad, al llegar cerca de nosotros. Juaquin y yo, observamos que mientras el novio moreno, llevaba un ordenador, la bella rubia nos saludaba con simpatía. Pero su novio moreno, llevaba entre sus manos el citado “ordenador”, que manejaba con sus manos, en tanto sus pies iban caminando hacia el Bar. Yo no  sé  si  utilizaba el “ordenador”  para ordenar los pensamientos de su cerebro, pues lo iba pulsando continuamente.  Yo  creo  que  en su desplazamiento al Bar, no nos miró ni nos saludó, sino que, descuidando los pasos que seguía por su ruta al mostrador, aproximaba a sus ojos, con sus dos manos, al “ordenador”, que yo no sé si aclaraba sus ideas o las confundía.
Mi amigo Joaquín al contemplar al muchacho moreno, se acordó de unas escenas, que había contemplado en una revista. En el primer dibujo, tres amigos pedían  en un Bar, una cerveza para cada uno de ellos. Se pusieron a beberla y en la segunda escena del chiste, dejaron de beber y enfrentaron, cada uno de ellos, sus ojos a su “ordenador”, al que miraban y escuchaban. Pero yo no sabían si atendían lo que les explicaba el aparato o lo rechazaban, pues sus rápidas respuestas, daban la impresión de no aclararles, su significado. Comían juntos y apenas acabada la ingestión de su merienda, cada uno sacaba su “ordenador” e intentaba obtener el resultado de su conversación, que ninguno de ellos conseguía comprender.
Yo, como mi amigo Joaquín, durante la comida de mi familia, intentaba mantener una conversación con mis hijos, pero ellos, entre sus dedos miraban su pantalla y escuchaban su conversación y yo me quedaba solitario pensando en mi familia, que parecía que ya no pensaba en sus problemas, sino que la máquina ordenadora, con aquellos sonidos, confundía mis pensamientos.  
Me di cuenta, observando el comportamiento de las dos parejas, qué en el Bar cercano, el matrimonio mayor y la señorita rubia, hablaban unidos y el joven moreno, estaba manipulando su “ordenador”. En tanto mi buen amigo Joaquín me hacía ver el paralelismo entre el comportamiento de los cuatro clientes del Bar y el que tenía lugar entre algún miembro de mi familia, con manejo del “ordenador”  y  yo  mismo,  que quería conversar en una común unión.
Entonces me di cuenta del significado del Internet  que  “es un conjunto descentralizado de redes de comunicación interconectadas”. Ese Internet supone que en el interior de la inteligencia humana hay espacios de ocio, de interacción y de construcción de la propia identidad. En aquellos cuatro individuos , dos en su cuerpo macho y otros dos en su cuerpo y espíritu femenino, se veían “espacios de ocio, de interacción y de construcción de su propia identidad”. En la pareja del padre con la madre y en la joven rubia, daba la impresión de que su identidad era normal, pero en el joven, daba la impresión de que su cerebro, con su continuo mirar y apretar las teclas de su ordenador, no se notaba que su identidad fuera normal, sino inquieta y dudosa, con lo que resultaría difícil encontrar su “propia identidad”. Daba la impresión de que al muchacho le era difícil encontrar su propia identidad.
Walt Witman  escribió:  “Había un niño que avanzaba de día, y el primer objeto al que miraba, en aquel objeto se convertía”… Pero cada niño tiene su propia responsabilidad, y los objetos que miraba, eran distintos según que niño fuera el que lo mirara. Pero mirar muchos niños ese objeto, se multiplicaba su número por otro infinito número de objetos de la red existencial.

martes, 7 de febrero de 2023

Remerando viellas añatas”, me recuerdo de tiempos pasados (II)

 

Caldrá que ra autora de Plevia Grisa, siga escibiendo, porque si no,  se planteyará a demanda de Rosalía de Castro: “Daquelas que cantan as pombas y as frores, todos din que tienen alma de muller. Pois eu que n´ás canto, Virge de Palma, ¡ai!, ¿de qué viviré?

Pero a mí, además de hablar con Mariví, me tocó la responsabilidad, de presentar en Adahuesca la obra de  ”JUANA COSCUJUELA”, “A LUECA”, Primer Premio , por la dignificación del aragonés, a los habitantes de aquella zona del Río Alcanadre.
 No en ye ista, a primera begata, que ritorno a rendir homenache a Juana Coscujuela, perque ra añada de 1980, en a Ilesia Parroquial de Adahuesca, devan d´una multitú  de chen,  que m´ ascuitaban, l´en facié a presentación d´a suya obra literaria”, ye icir, “A Lueca” o “A  historia d´ una moceta d´o Semontano”.Fue Francho Nagore o que me facié, pregonar ista alabanza.
 Juana Coscujuela escribié “A lueca” a o remate d´a añada de 1970. Nacié Chuana en la añada de 1910 y morié en a de 2.000.
“Y en iste mundo, cada añada, s´en ricordará, cada vegata més, d´a suya obra “A Lueca”, con os polletes al redol d´era, que menchaban os granetes de trigo, como agora, con as suyas parabras, nos recreamos os homes, leyendo a suya vita”.


Juana Coscujuela.

Juana Coscujuela nos ha regalado a los altoargoneses una narración autobiográfica necesaria para dar a conocer de forma amena como se vivía en nuestro medio rural desde hacía siglos, hasta hace unos pocos años, atreviéndome a añadir que todavía quedan gentes (muy pocas) que viven como ella nos describe. Los niños quizá sean una excepción, pues sus padres, para evitarles las miserias que pasa nuestra autora, procuran llevarlos a la escuela o los mandan a escuelas internados como el de Barbastro. Los hechos narrados se desarrollan en el Somontano y dentro de él en la zona concreta de Adahuesca, pero pueden hacerse extensibles a muchos niños de otras comarcas altoaragonesas y de otras regiones españolas.
Cuando uno acaba de leer esta obra, encuentra natural el éxodo que han sufrido nuestros pueblos y comprueba que las gentes no han huido por desamor a su tierra, sino por la encadenada sucesión de miserias que padecieron.¡Cuábtos  volverían si tuvieran medios de vida!
El padre de Juana ya ”s’eba prometíu” al venir de Cuba que nunca más saldría de casa más lejos de “Balbastro u Huesca”. Por mal que lo pasase en “o lugar, le sapeba más güena  una sardina allí que un pollo en otro “puesto”.
¡Cuántas veces arrojó el destino a Juana Coscujuela de su tierra natal!. Puedo hablar de su tierra prenatal, pues ya sus padres antes de nacer ella tuvieron que ir a Francia, donde nació en 1910.Tuvo que ir a vivir a Huerta de Vero,salió al Hospicio de Huesca y por fin a Barcelona.
Su obsesión, ya lo fue de su padre; fue volver, volver siempre. Fueron quedando las vidas de sus seres queridos en el empeño, pero Juana no ha vuelto; no ha vuelto a vivir en Adahuesca con su cuerpo pequeño pero cereño, pero ha dejado escrito en la fabla de su tierra, un libro que describe la vida de las gentes de su pueblo.Y le ayuda a ser tan real lo que narra,el hecho de expresarse como lo hacían los protagonistas
Estamos haciendo exposiciones de fotografías de aquellos años, pretendiendo comprender a nuestros predecesores en el vivir sobre nuestro suelo, con solo mirar sus imágenes y hemos despreciado su fabla, su lengua que constituye el espíritu de un pueblo. Juana no ha vuelto en carne mortal a nuestros lares, pero ha vuelto de Barcelona, donde ha perdurado incontaminada, su identidad somontanesa, con su fabla y más que con su fabla, con la descripción de la terrible lucha que por la vida llevaban entonces los hombres,las mujeres y sobre todo los niños y las niñas de nuestros pueblos, pero ha vuelto en forma de libro.¡Qué niñez tan triste la de aquellas criaturas!.Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor y que los primeros recuerdos son como ilusiones pasadas, como verdes hojas caídas del árbol del corazón, pero, ¿cómo sería la niñez de Juana cuando, como declara ella misma que la recuerda “con un cierto rencor y desagrado”?.Esta declaración podría hacer pensar a alguno que Juana es una persona rencorosa, pero nada más lejos de la realidad, pues a lo largo del relato deja entrever una sensibilidad exquisita e incluso dos veces dentro de sí, declara que en otras tantas ocasiones, al sentirse bien tratada, se comportó como una niña modosa y manifiesta la satisfacción de sentirse persona. Al leer esos pasajes me acordé del Cid cuando exclamaba ¡Dios que buen vasllo si obiera buen señor!. Además demuestra sentido del humor, riéndose de sí misma, cuando dice que al nacer “yera una zagala fiera, negracha, gordota y tagüenca”.
Juana además de Juana es Coscujuela. Este apellido Coscujuela o Cosculluela es el diminutivo de coscojo en Castilla, coscollo en aragonés. Esta planta es como una carrasca pequeña ,que se cría en tierras pobres y tiene sus hojas con aguijones, que la hacen arisca para que las cabras no se coman los brotes. Juana y el coscullo o la pequeña cosculluela se crían en tierra pobre y ambos recibían la agresión de cabras y de cabritos salvajes y a veces diabólicos.La Cosculluela con sus hojas abrasivas se defendía y Juaneta  se tuvo que hacer agresiva, respondona y terca como procedimiento defensivo contra un medio humano hostil, como lo es en todos los sistemas cuyo principal problema es la supervivencia. De no adoptar esa actitud hubiera muerto, como su hermana Auroreta y su tato Trebiñer.
¿Acaso gra parte de la violencia que hoy se genera en los barrios periféricos de las grandes ciudades, no tiene su origen en la lucha por la vida en un medio económico tan difñicil como en el Somontano en años de sequía y malas cosechas?
De cómo se vivía en aquellos pueblos tenemos noticia por nuestros mayores y por nosotros mismos. Aunque no todas las experiencias sean malas si lo son la mayoría y los hechos nos lo demuestran, no basten mis palabras, cuando vemos tantos pueblos abandonados, tantos semipoblados y en conjunto comarcas enteras con unas pirámides de población en forma de seta, formando un delgado pedúnculo de niños y jóvenes y un sombrerillo ancho de adultos y viejos. Tenemos también noticia por nuestros escritores costumbristas López Allué y Salvador María de Ayerbe. El primero era de Barluenga, pueblo donde nació José Almudévar  Altabás y el segundo de Radiquero, pueblo al lado de Adahuesca, donde nació la madre de Juana. Los dos describen las formas de vida de nuestros antepasados con pluma magistral; los dos eran de “casa güena” y nos dan una visión real de aquella situación, pero un tanto nostálgica, folklórica y a veces idílica, porque ellos la sentían pero no la sufrían. Introducían en sus relatos frases en nuestra fabla, pero no sé hasta qué punto la consideraban como suya, cuando de hecho jamás la estudiaron, o la añadían a la narración para tratar de hacerla más real, usándola como un componente más de la escena en que aparecía el burro, en todas partes igual, el cacherulo, el chinebro, la carrasca, la “cavera” y el “m’en voy ta casa”.
No por lo expuesto trato de despreciarlos, sino de analizar su obra para después compararla con la Juana, obra de la que, por otra parte, soy un ferviente admirador. En López Allué se destaca la capacidad de narración amenizada con un gran sentido del humor y en Salvador María de Ayerbe el afán de perfeccionismo literario, su humanidad, su amor a la tierra y su fina sensibilidad. De ello dio pruebas al dejar herederos de su hacienda, más bien de su patrimonio, a los arrendadores que lo habían trabajado durante largos años,en lugar de transmitirlo a sus parientes.
No quiero dejar de mencionar a Arnal Cavero, que como buen maestro de escuela de aquellos tiempos vivía muy cerca del pueblo y describe como el hombre y el medio formaban un ciclo, en el que el hombre se daba a la tierra y ésta al hombre. De todas formas el hombre se daba todo y la tierra, al ser pobre, daba lo poco que podía dar. Arnal Cavero tuvo un interés especial por la fabla, que escribe con más corrección y más fidelidad que López Allué y Salvador María de Ayerbe. Se preocupó también de recoger un léxico que es totalmente fidedigno. Su profesión de maestro, como he dicho, influiría seguramente en su obra…
Del pueblo, también recibimos noticias por vía oral de aquel género de vida, pero el pueblo escribe poco, quizá porque lo considera cosa de oficiales y siente vergüenza de poner de manifiesto lo poco que escribe. El “Concello d’a Fabla Aragonesa” tiene el mérito de haber dado a la luz obras como la de José Gracia, de Cleto Torrodellas (ferrero de Estadilla ),ambos hombres sencillos.A ellos viene a añadirse hoy la obra de Juana Cosculluela,de la que tengo que manifestar e primer lugar que la he leído de un tirón, cosa que me ha ocurrido pocas veces.
Con esta afirmación no pretendo engañar a nadie, para que la compren, porque independientemente del valos intrínseco de esta obra, en mí ha revivido tal cúmulo de recuerdos y de vivencias que han sido como un reencuentro con mi Somontano y con sus gentes y ha constituido un motivo de reflexiones muy profundas sobre nuestra identidad aragonesa y española, sobre las causas de nuestra decadencia y sobre los modos, maneras y sistemas que hemos de emplear par que nuestra tierra no sea una madrastra, que nos arroje a la emigración. Esas impresiones han producido en mí y creo que la producirán en todos aquellos ,que como yo, conozcan por experiencia propia, nuestro Alto Aragón.
Pero aparte de estas consideraciones vivenciales y de amor a la patria chica, tengo también que manifestar que su lectura constituye un placer porque está redactada con la espontaneidad con que brotan los coscollos en nuestra sardas, con la sencillez de una niña que a los nueve años tenía como únicos compañeros a las ovejas y a los corderos con la ingenuidad de una personita, cuyo único deseo consistía en ser tratada como persona, con “modos”, como decía ella, de la educación y con “amorosidá”, como ella llamaba a la amabilidad.
Cuando lean su libro se acordarán de pasajes de otros autores, como me ha ocurrido a mí. López Allué narra un cuento o historia de unos altoaragoneses que pasaban a Francia par trabajar,como ha ocurrido durante tantos años; no tenían pasaporte ni cédula y al ver aparecer a los carabineros se pusieron en posición de defecar, después de bajarse los pantalones, y al serles pedidos los papeles, exclamaron: nosotros no empleamos papel, nos limpiamos con una piedreta. No tenían dinero para comprar papel higiénico para descomer, ¿cómo lo iban a tener para sacarse un pasaporte, si iban a Francia para poder comer?.Esto que cuenta López Allué como una comedia, fue más bien una trágicomedia,en medio de miles de tragedias, representadas por unas gentes que emigraban; abandonando la familia algunos dejaban la vida, para volver otra vez a sus lares con tres onzas en la faltriquera.
Esta tragedia la vivió también nuestra heroína, más bien la medio vivió y digo esto porque su familia emigró a Francia desde Adahuesca, estando su madre embarazada.El viaje lo hicieron, por supuesto sin papeles,con temor a ser detenidos por no llevarlos.Su padre tiraba del ronzal del burro y metidos en las argaderas iban la madre,su hermano Mateo y su hermana Nunileta.Iban a Francia porque en aquel País se comía carne,pizca dice Juana,todos los días,”todos los días eran fiesta” y en Adahuesca se comía sólo en las grandes solemnidades.
En Francia se encontraban bien, pero la nostalgia de su pueblo, los hizo volver para llevar una vida mísera. La historia se repite y todos los aragoneses que pueden hacerlo retornan de Cataluña y los que se quedan, añoran Aragón y lo sueñan y lo adoran y son los que con más afición leen los libros sobre temas aragoneses y los escritos en fabla. Este es el caso de Juana, que no ha vuelto en persona, pero ha vuelto con su libro en fabla  aragonesa, fabla que ha conservado durante más de cincuenta años en Barcelona, como si no se hubiese marchado, desde luego mejor que se hubiese quedado, porque aquí la fabla ha sido despreciada como cosa de paletos.¡Qué originales hemos sido,cuando los vascos llaman maketos a los que no hablan el euskera y los catalanes charnegos a los que no ha hablan su lengua,nosotros hemos llamado paletos a los nuestros!.
Algunos dicen que la fabla no tiene importancia, pero no se dan cuenta al decir esto de que tampoco les importa ni se han preguntado nada sobre San Juan de la Peña,sobre Montearagón,San Victorián, sobre la desertización del territorio, ni les importa donde se encuentran los claustros de monasterio de Treviño de Adahuesca, declarado hace pocos días Monumento.En este Monasterio que aparece en la portada del libro vivió la autora con su familia y donde, por, cierto, parece que pasó una temporada bastante feliz según declara cuando dice:”¡Qué bien estaba-nosos tres hermanos chicotes en o Treviño!. Todo día campaba-nos ta un lau y ta otro,no porque nos bagase, pero aquello yera tan grade que mamá ,anque quisiese, no nos podeba gobernar.¡Abeba tantos sitios pa corré-la!.la gozaba-nos en otubre aduyando a os papas cuando dallaban l’abeza,entre dallada y dallada,saliban corriendo d’os niedos qu’estaban entre a yerba ,as perdiganas”.”Los niños las cogían y cuando estaban gordas su madre las mataba y entonces recuerda Juana:”qué ploros al no encontralas.Suerte que con a engrucia de comer pizca,nos pasaba pronto o desgusto”.
Habiendo notado la familia la falta de una gallina, creyeron que se la habría comido algún perro, pero cuando ya no pensaban encontrarla, cual no sería su sorpresa al ver que aparecía seguida de unos pollitos que hacían pío-pío. Tal vez esta escena haya sugerido a la autora el título del libro:”A lueca”.
La gallina es un animal cobarde, tanto que a una persona de tal condición se le aplica la palabra gallina como sinónimo de pusilánime, pero cuando se pone clueca se despierta en ella una agresividad,que la hace enfrentarse a perros, gatos,cuervos e incluso personas.Su única preocupación es defender a sus pollitos y buscarles alimento y la madre de Juana fue como una lueca para sus hijos ,que dormían en su misma cama,como pollitos que buscasen refugio bajo las alas de su madre.Las gallinas se van a dormir al ponerse el sol y nuestra familia hacía lo mismo, pues en aquellos tiempos no había luz eléctrica en el Treviño. Esto tenía sus inconvenientes pues aquel ambiente de tinieblas era propicio para que aquellas mentes primitivas oyesen y viesen fantasmas por todas partes. Cuando su padre mandaba a Juaneta  a buscar tabaco al pueblo, por la noche, su hermano le decía” yo que tu no m’en iría,l’atra noche le salió a fulano,de dezaga d’os pallars ,un fantasma que le fue siguiendo más de medio campo. Juaneta pa no sentilos (a os fantasmas) se tapaba as orellas con as manos y correba todo o que podeba de cara ta casa.
Al que no ha vivido en los pueblos esta escena le puede parecer extraña, pero yo puedo asegurar que estas vivencias estaban a la orden del día, aunque en este caso podríamos afirmar con más propiedad ,que estaban a la orden de la noche.
Y si al principio de mi charla he afirmado que los hechos narrados en esta obra, que nos ocupa, podían hacerse extensibles a otras regiones españolas; para demostrarlo basta leer ,por ejemplo a Miguel Delibes,uno de nuestros mejores escritores actuales,cuando textualmente dice que “Moisés que se achicharró en el horno de la achicoria,durante las noches de ánimas,cuando repicaban las campanas,recorría las calles del pueblo envuelto en una sábana asustando a la gente”.Al abuelo de Juana, también en la noche de ánimas la salió un fantasma envuelto en su sábana y le dijo que volviese a casa, que esa era su noche.Y como una larga noche parece recordar Juana su niñez,pues no sólo tenía miedo a los muertos,sino también a los vivos. En esto poco hemos adelantado,pues aunque a los muertos no les tememos,pues casi no nos acordamos de ellos, a los vivos cada vez les tememos más.
Y hablando de muertos, cuando se murió el padre de Juana,con cuya muerte acabó la feliz estancia en el Treviño, la caja que trajeron de Colungo,resultó más corta que papa: “no abió mas remedio que ponelo un póquer encogíu y descalzo.Tía Marieta, hermana de papa, “l’en tiró en cara a mi madre más de una vez de haber permitíu enterralo descalzo y apretau. No ocurrió como en aquel pueblo castellano,en el que al depositar el féretro sobre el catafalco, en la nave parroquial,se oyeron unos crujidos y allí aparecieron los pies del difunto.Este muerto,como buen castellano (acordémonos del Cid que consiguió victorias después de muerto) quiso ser más muerto que otros, por aquello de que a los muertos los han sacado,los sacan y nos sacarán con los pies “p’adelante”,él los adelantó aún más rompiendo la caja .
Me recuerda también A lueca la literatura chicana.Así como nosotros hemos tenido a López Allué y Ayerbe, escritores en castellano,en estados Unidos Faulkner y Ion Steeinbec, describieron la vida de los chicanos en inglés.En las decadas del 60 y 80 han aparecido obras escritas,como la de Juana,de abajo arriba,en una mezcla de inglés y castellano ,como la de Juana lo está en castellano y fabla.
Quiero hacer notar un paralelismo entre Jhon Steimbeck ,sajón con sus uvas de la ira y Méndez o Rivera,chicanos ,con Salvador María de Ayerbe ingeniero y culto con su “A través del somontano” y Juana Cosculluela con su libro “A lueca”.
Juana he dicho con respeto escribe de abajo a arriba y como los escritores chicanos “hay que reconocer en ella el mérito de elevar a categoría estética los anhelos de todo un pueblo, contribuyendo con ello a conferirle una parte de la dignidad que merece”.
Salvador María de Ayerbe ve en la ofrenda del lirio ante el crucero el símbolo vivo de la nobleza de Aragón, desde su limbo feliz, mientras Nunileta asocia la recogida de violetas con los alpargatazos que recibió en el culo.
Hay un contraste según se vean las cosas desde arriba o desde abajo. Sender nos miró a los aragoneses desde todos los puntos de vista, a lo largo de su vida y escribió su réquiem  por un campesino español .Las santas Nunila y Alodia,mártires de Adahuesca,también tienen su requiem plasmado en la Ermita de las Mártires de Huesca. Los muertos a esta vida tienen su descanso eterno.Pero hay otros muertos que vienen,han muerto para Aragón,aunque estén en este mundo:son los emigrantes.
El libro de Juana Cosculluela es un requiem por ellos y un muerto, aunque   no muerto más optimista que el de Sender, porque nos anima a evitar que se repitan en nuestra provincia las condiciones de vida que describe en “A lueca”.
Gracias Juana por el regalo de tu libro.

Pedro Arnal Cavero.


 Fue este el primer libro que se editó en el Somontano. A Chuana la nombraron Consejera de Honor del Consello d´a Fabla aragonesa y también ganó el Premio Arnal Cavero del Gobierno de Aragón, el año de 1992. Arnal Cavero era Maestro de Escuela en Alquézar, al lado de Adahuesca y “como buen Maestro de Escuela de aquellos tiempos, vivía muy cerca del pueblo y describe como el hombre y el medio formaban un ciclo, en que el hombre se daba a la tierra y ésta al hombre. Hace poco tiempo conseguí un libro de Arnal Cavero con un rico vocabulario de la Fabla. Del pueblo recibíamos palabras de la Fabla por vía oral e iste lugar,  a veces “sentiba  vergüeña das suyas parabras”, de tal manera que ahora desde hace muy poco tiempo, ya casi no se ascuitan palabras aragonesas, por ejemplo en mi pueblo. Pero Juana de Coscujuela, que muy joven fue a vivir a Barcelona,  animada por su esposo, ”dejó escrita su obra en la Fabla de su Tierra, en un libro que describe la vida de las gentes de su pueblo”. Aquella Fabla reflejaba el espíritu de un pueblo, que luchaba por la vida, pero como todo estaba en contra de aquella Fabla,  en Adahuesca y en mi pueblo de Siétamo, ya no queda casi nada.
¡Qué originales hemos sido, cuando los vascos llamaban maketos a los que no hablaban el euskera y los catalanes charnegos a los que no hablaban en su lengua, en tanto nosotros hemos llamado paletos a los nuestros”.
¡Pobre Juana!. ¿Cómo iba a quedarse en Adahuesca, en la Ermita del Treviño, en que no había ni luz eléctrica?. Esta circunstancia hacía que aquellas gentes oyesen y viesen fantasmas por todas partes. Cuando el padre de Chuaneta, la mandaba a buscar tabaco al pueblo, por la noche, su hermano le decía ”Yo que tu, no m´en iría, l´átra noite le salié a fulano, de dezaga d´os pallars, un fantasma que la fue siguiendo más de medio campo. Juaneta para no sentir a os fantasmas, se tapaba as orellas con as manos y correba tot o que podeba, de cara en ta suya casa”.

lunes, 6 de febrero de 2023

Almuniente y Román Mallada.-

 

                                                     


      

Almuniente es un pueblo de unos quinientos y pico habitantes, que se encuentra en los Monegros Oscenses Este pueblo tiene su propia historia, empezando por su nombre de Almuniente, que le pusieron los moros. En él dicen que expiró  el Rey de Aragón, Alfonso I el Batallador en el Castillo, al que tuvo que acudir, por haber sido herido en Fraga. Su iglesia fue construida por el mismo arquitecto que la de Almudévar, en años del siglo XVIII. Sus piedras de sillería, se obtuvieron sacándolas del Castillo Medieval, que se encontraba en lo alto de la Corona, igual que llaman en Almudévar al Tozal donde se encuentra la Virgen de la Corona. Allá arriba, según me dice una señora nacida en Almuniente, vivían los cristianos, cuando todavía dominaban el poder los moros, porque estos cultivaban las tierras del río Flumen, más productivas. Subiendo al Castillo y bajando de él, se ven cuevas, fabricadas por los cristianos, en sus laderas, que usaban para producir un vino muy agradable, en ellas, convertidas en bodegas. Era un vino muy bueno, como decía Román Mallada, que nació el nueve de Agosto del año de 1911. El vino no estaba permitido a los moros y esas cuevas eran utilizadas por los cristianos.

Se enteró Román que cerca de Barbastro se erigía una ermita dedicada a San Román de Panzano. Toda su vida tuvo la ilusión de ir a visitar a San Román, pues a pesar de la propaganda antirreligiosa, que se extendía por aquellas tierras, donde las necesidades eran enormes, él amaba a San Román, que era una santo que estaba lleno de virtudes  humanas,  como las del pueblo. Murió hace unos diecisiete años (estamos ahora en 2014), pero no consiguió en toda su vida visitar a San Román de Ponzano, que tiene una ermita que llama la atención por su forma singular y por la devoción que todavía sienten los habitantes de los pueblos de Peraltilla, de Azara, de Laluenga y de la Perdiguera, bajando a Berbegal y yendo por la carretera general N-240, a Panzano y a Lascellas.

Román Mallada era republicano y sufría las tentaciones sociales, porque las tierras de Almuniente, del Duque de Solferino,  parece ser que no había querido vender al pueblo.

 Pero Colonización, después de la Guerra Civil,  con un espíritu humano, creó el pueblo de Frula. Román Mallada, del que dicen algunos que era el hombre más inteligente del pueblo, se preocupaba de que se creasen balsas, para lograr el regadío de aquellas tierras tan hermosas. Era tan inteligente que él mismo dibujó mapas, que con los años entregó a un pariente suyo, que trabajaba en la Junta de Aguas. Aquellos mapas desaparecieron, pero un día, un amigo de Román, hizo aparecer los mapas que había creado el mismo. Por ejemplo un mapa, que en lo alto de un Saso, dibujó un pantano con el que se hubieran regado muchas hectáreas de tierra, desde lo alto del Saso a los campos fértiles de debajo del mismo.

Se murió a los ochenta y seis años de edad y allí, siguen los regadíos de Almuniente, regados por el río Flumen y por el Canal, que baja por Almudévar, por Tardienta y por Almuniente. Estamos en unos tiempos muy difíciles económicamente, pero su hija Juana Mari, que nunca ha regado, ni tiene esperanzas de hacerlo, siente el progreso del regadío, porque su padre decía,  igual que Joaquín Costa, que se estaba desperdiciando el agua.

Era Ramón Mallada,  pariente del veterinario Don Lorenzo Mallada, con el que yo mismo ejercí mi profesión veterinaria, en el matadero de Huesca. También Román era pariente del Geólogo Lucas Mallada, que tiene una estatua en la Alameda de Huesca. Allí aparece una estatua de Lucas Mallada, rodeada de prehistóricos animales. En el Tubo de Huesca, se encuentra la casa donde nació y en la Escuela del Magisterio, se exponen los libros y las antiquísimas muestras de animales prehistóricos. La familia de Lucas Mallada, le enseñó a dibujar mapas. Era un hombre muy inteligente, pues no sólo quería regar el monte de Almuniente, sino que también, hacía sonar el violín, la guitarra, que tocaba por las fiestas de los pueblos, en cuyas fiestas, mientras los jóvenes bailaban, soñaba con regar esos pueblos.

El Heraldo de Aragón llegaba a Almuniente, por Grañén y lo leía Román, que hizo a su hija Juana Mari, aprender a leer a los tres años y a escribir su nombre.

Para la Guerra Civil,  tuvo que huir a Francia y la gente del pueblo le decía a su hija, que en el País vecino dibujaba mapas de la frontera para dárselos a los republicanos que huían a Francia.

Él, sin haber estado en Francia, sabía dónde se encontraba Perpiñan, Tolosa, Aviñón o Pau. Tenía una brújula que se había hecho él y que colocaba sobre una circunferencia, dibujada en el suelo y sabía la hora que era. Fue capitán del Ejército Republicano y cuando, el Régimen vencedor, acordó que cobraran los  antiguos militares de la República, Román, sacrificado como el Santo al que no pudo visitar, su esposa se negó a cobrar, porque tenía miedo a ser apresada.

Román era republicano pero, tenía las virtudes de generosidad de San Román de Ponzano, humilde de corazón, que siempre que podía dar de comer a todo el que lo necesitaba, le daba de comer. Allá arriba se habrá  juntado con el Santo, que no pudo visitar en la Tierra, pero estará con él, en el Cielo. Cuando se estaba muriendo se acordaba de su madre y de San Antonio y con la palabra ¡Antonio!, llena de emoción, se despidió, pronunciando, además del nombre de su madre, el nombre de San Antonio.

domingo, 5 de febrero de 2023

Al ritmo

 



La vieja hilaba, el tejedor tejía, la gallina escarbaba, el ciego tañía y la niña cantaba al bebé: ”Teje, teje ,tejedor, garras, garras de traidor”. El tejedor llevaba su teje-maneje, pero desde luego que no tenía garras ni manos de traidor. El niño pequeño que todavía era menos traidor, agitaba sus manos como si tejiese, alternaba el movimiento de sus pies, como si estuviese moviendo el telar por medio de pedales y mostraba una gran alegría,  al oír eso de “Garras, garras de traidor”. El contraste entre la infinita inocencia del niño y la acusación de traidor que repetía gozoso el ritmo del cuneo, provocaba la risa de todos. Risa esencial,  risa natural, risa existencial. Todo era ritmo en el carasol, el subir y bajar del uso, el teje –maneje del tejedor, el escarbar de la gallina, el tañer del ciego y el cri-cri  de la cigarra en el árbol. El burro atado a una herradura  clavada en la pared, parecía dirigir la orquesta, pero no con una batuta, sino con dos que eran sus largas orejas. Se posaba un tábano en su oreja izquierda, lo espantaba con su movimiento y se posaba en la oreja derecha, en una constante pugna tábano-  asnal, en la que no había ni vencedor ni vencido, pero si movimiento continuo. Zumbido del tábano y ritmo en las orejas del asno. Música de ciego en el ambiente y ritmo en el cuneo de la cuna y en el sube y baja del uso de la vieja. El tejedor teje y una anciana desteje una toquilla para hacerle “peducos” al nieto “repatán”. Tejer y destejer, todo es hacer. Suena mi transistor y se oye tejer a Luis Amstrong acordes metálicos en su larga trompeta, que desteje con sonidos bajos disonantes, pero todo con un ritmo que su raza morena heredó del Africa. Cuando siento el dance guerrero de los Danzantes de Huesca, se me pone la carne de gallina. Pero quisiera que alguien tejiera y destejiera una música, con un ritmo antiguo y aldeano, que me hiciera olvidar, siquiera por un momento o por el tiempo que tarda en consumirse un disco, el ruido sin ritmo de la capital.

sábado, 4 de febrero de 2023

Arba de Luesia

 





Cuando uno va a Pamplona, poco antes de llegar al Puerto, donde está la Ermita de Santa Bárbara, hay una señal que indica el desvío que va a Longás y desde este pueblo, siguiendo el río Onsella, se llega a la navarra Sangüesa. A uno le quedan ganas de ir por ese camino, pero el miedo a los caminos desconocidos, te hace seguir adelante, para pasar por el puente sobre el río Aragón y tomar la carretera que por la Canal de Verdún te lleva por la cara norte del Pantano de Yesa, cuya presa ya se encuentra en Navarra. Por la cara sur se divisa la Sierra de Santo Domingo, desde la que se domina el camino del río Onsella, por el que había renunciado a pasar.

En la Sierra de Santo Domingo nace el dicho río Onsella, que va a desembocar en el río Aragón, en Sangüesa(Navarra) y en la parte Sur brotan tres ríos Arba, palabra vasca relacionada con el nombre de Arbaniés a dieciséis kilómetros de Huesca. El nombre de Arbaniés también está relacionado con el del pueblo navarro de Arbuniés.

En Luesia nace uno de los ríos Arba y corre hasta Biota, donde entra en la llanura de Cinco Villas, alimenta el pantano de San Bartolomé, en Egea recibe las aguas del Arba de Biel, desembocando cerca de Tauste en el río Ebro. Es hoy el centenario de un vecino de Siétamo, con origen en el desaparecido pueblo de Salinas de Jaca el Viejo, Sebastián Grasa Estallo, el que me contó estas cosas sobre los ríos Arba, de los que he nombrado dos, a saber el de Luesia y el de Biel, pero también me nombró un tercero, llamado río Arba de Uncastillo. Salinas de Jaca Viejo ya no existe desde los años cincuenta del pasado siglo XX, pues fue abandonado por los corrimientos de tierra que se daban con cierta frecuencia. Con su desaparición se borraron muchos siglos de la Historia de Aragón, pues de sus salinas se abasteció el Monasterio de San Juan de la Peña y tomó parte en las distintas etapas históricas, junto con los pueblos vecinos de Zaragoza y con Sangüesa de Navarra. Ahora están comunicados los pueblos viejo y el nuevo por un camino de herradura.

Sebastián Grasa, vivió muchos años en Salinas el Viejo y como ganadero recorría territorios lejanos, como los de Almudévar y por tanto mejor conocía a los habitantes de Longás y de Luesia, entre otros, que eran vecinos de Salinas. En las Fiestas de Luesia, en la provincia de Zaragoza, pero en la misma comarca de la Sierra de Santo Domingo, que su propio pueblo, conoció a cuatro labradores, que formaban una peña de amigos. Los llamaban Chapalangarra a uno de ellos, Cometocino, a otro, Campanudo al tercero y El Pistolas al último. El Chapalangarra uno de los días festivos se fue a dar una vuelta por el monte, que se encontraba a unas tres o cuatro horas del pueblo y rodeado de un hermoso bosque en el que proliferaban las carrascas, los pinos y los “fayos” o hayas, pero llegó una furiosa tormenta, teniendo él que meterse en una caseta o borda. Cuando pasó la lluvia quiso salir, pero no pudo, porque todo el monte estaba inundado por el agua. Las gentes del pueblo fueron a buscarlo por la noche, mientras él escalaba por las rocas y peñas y saltaba sobre las paredes, que estaban llenas de zarzas. A última hora lo pudieron rescatar y montándolo en una mula, lo llevaron a Luesia muy apurado y herido. El río que tenía que recoger las aguas de la tormenta era el Arba de Luesia, dando lugar al agua de los barrancos, pasa por Luna y por todas la Cinco Villas, pero aquella tormenta arrancó un enorme pino, que se cruzó en una zona estrecha y no dejó pasar a otros que estaban talados y la retención del agua impidió que se arrancaran otros pinos, e impidió que Chapalangarra volviera a Luesia. Este aragonés con sus otros tres amigos tenían cada uno una finca en una Val, a la que llamaban Monte Ciberana, lleno de árboles como me ha dicho anteriormente. Cada uno tenía una caseta o borda, porque sobre todo en épocas de siembra o de cosecha tenían necesidad de permanecer allí. Vivían felices porque eran respetados en el pueblo y cuando estaban en el monte, además de labradores eran amigos y para obtener las proteínas que necesitaban para su alimentación, eran cazadores. Cada uno guardaba en su borda un botico de vino, del que se echaban buenos tragos cuando se juntaban. En una palabra, que estaban siempre contentos porque bebían, cantaban y bromeaban. Dice Sebastián que algunas veces se oían gritos a distancia, cuando se veían y decía el Cometocinos :¡Oye Pistolas!, ¿has traído el cepo? y este le contestaba :¡Campanudo y tú ¿lo has traído? ; al poco rato ya estaban juntos y marchaban a cazar. Necesitaban los cepos porque siempre que podían, iban a cazar y parece ser que no distinguían entre las distintas especies, porque no distinguían la calidad de la carne, por ejemplo del conejo con la de la raposa o “rabosa”; cazaban lo mismo este animal que el tejón. La causa de tal comportamiento habría que buscarla en las grandes caminatas que tenían que hacer para llegar al monte Ciberana y necesitarían proteinas cárnicas para dedicarse a la caza. Además como disponían de vino en sus bordas, al beberlo todas las carnes se volverían agradables a su paladar. Toda la tierra cultivable estaba rodeada de alturas, llenas de pinos y de matas de baja altura, como “buchos” o bojes, que a pesar de su calificación de “baja altura”, muchos alcanzaban dos o tres metros. Estaba el campo Fenero, que abundaba en yerba y más tarde en heno, ya que su dueño Don Telmo Lacasa, no lo cultivaba y nacía en medio de él una fuente, que no desviaba sus aguas hacia el Arba ,sino que discurrían hacia la pardina de Nofuentes, también de su propiedad, en la que disponía de tres casas. Este campo de Fenero era disputado por los vecinos de Biel, de la provincia de Zaragoza a Don Telmo, que estaba en Madrid por ser el presidente de los Ferrocarriles Españoles. Junto a la pardina de Nofuentes está la finca denominada La Ferrera, que pertenece a un salinero ilustre y que la tiene toda habitada por animales. Es de comprender que en aquellos lugares proliferaban multitud de buitres y de águilas y dice Sebastián el centenario, que un águila anidaba con su pareja allá arriba en la Peña de Santo Domingo y era por todos creído que tendría unos cien años. Todo el mundo la respetaba y la admiraban cuando la veían cazar. A propósito de ver cazar a las águilas, contaba Sebastián, que en Salinas vieron él y el practicante Señor Morlans, antecesor de los tan conocidos en Huesca, a un águila capturar a un cordero y elevarlo a las alturas, pero que no pudo con él y se le cayó, con lo que pudieron comer cordero. Pero un día los cuatro cazadores de Luesia perdieron su sentido común, quizá por estar medio bebidos, decidieron ir a cazarla. Subieron uno de los citados cepos, lo ataron a uno de ellos y con una soga, los otros tres compañeros, lo subieron cerca del nido; allí lo plantó y allí cayó el águila. Cazaron al águila, pero la naturaleza les dio una lección, que les hizo pensar en el mal que habían cometido ya que al cocerla tuvieron que estar dieciséis días atizando el fuego.

jueves, 2 de febrero de 2023

El jardín.-

 



Recuerdo, cuando tenía solamente cinco años, como miraba por la ventana de la habitación de mis padres, cuando la noche veraniega se había lanzado sobre el paisaje arbolado que desde esa ventana se dominaba. Se oían correr las aguas del río Guatizalema, acompañado dicho sonido con el que producían las que brotaban de la fuente temporera del Valdecán, que estaba casi debajo de nuestra casa. Era de noche, pero, gracias a la luz de la luna llena, que con su aspecto de gran cabeza  redonda, con sus ojos, su boca y su nariz, también se miraba el ajardinado paisaje de “A Fondura” y era esa luz, reflejo del sol, la que me permitía mirar aquel mundo, que se había hecho misterioso y obligaba a pensar en el pasado y en el futuro de los hombres, en su evolución, en su muerte y en su resurrección. No pensaba todavía en el amor, pero lo sentía hacia mis padres, mis  hermanos, mis tíos y amaba a la señora Concha y al vaquero y al hortelano y al pastor Silvestre.

Aquella visión estaba acompañada musicalmente por el tumultuario canto de las ranas, que también contemplaban el paisaje y se alegraban con la presencia de la luna con la agradable  temperatura que las acompañaba.

Aquel jardín era un ambiente rústico, que se va perdiendo, porque entre otras cosas ya no se oye cantar a las ranas.

Más tarde, cuando pasó la Guerra me di cuenta del cultivo universal de los jardines, desde los de Babilonia, pasando por los del antiguo Egipto, de Grecia y de Roma, donde los adornaban con sus esculturas clásicas del dios Baco, que adoraba al vino o de la diosa Venus latina y Afrodita la griega, que era el símbolo del amor.

He estado en Madrid y he podido contemplar el jardín de los Duques de Osuna, al que llaman “El Capricho” y me he dado cuenta de cómo en él se pasa el tiempo descansando el cuerpo y haciendo pensar al alma. Se crea en su entrada la duda entre la vida y la muerte, por el ruedo torero, en el que se jugaba riendo y llorando con los toros; había después un lugar donde se efectuaban los duelos de pistola, jugando también con la muerte. Se encontraba allí mismo un bello edificio pequeño pero de corte clásico, llamado  el Abejero, donde por su cara sur estaban las entradas de las colmenas y desde dentro, amparados por una pintada cúpula, miraban los nobles, a través de los cristales, que pretendían jugar el juego pastoril o campesino y meditaban en las transformaciones que la Naturaleza realiza. Se alzaban estatuas de dioses clásicos y presidía el jardín una ermita, antigua y restaurada intencionadamente por los nobles.

También en Huesca estuvieron cultivados los jardines de los Lastanosa,  rodeados de museos y de sociedades de literatos y filósofos, como Baltasar Gracián. En ellos había multitud de especies vegetales, tigres y avestruces, que causaban la admiración de oscenses y forasteros y hacían filosofar a las mentes humanas.

Un poco hacia el Este, había un parque natural lleno de pinos, cuya desaparición fue criticada por muchos oscenses. También en él, se daba el descanso, se practicaba la gimnasia y se meditaba, pero en invierno resultaba excesivamente frío. Ha sido sustituido por un jardín, que yo creo que hará olvidar las lágrimas derramadas por la tala del anterior, aunque se conserve su recuerdo, porque yo al volver de pasar el verano en Siétamo a Huesca, me he mirado por la galería del Este de mi piso y he visto al fondo unos árboles frondosos, que me recuerdan los del río Guatizalema, delante de ellos un paseo, por el que pasa un canalillo, como pasa en el jardín de “El Capricho “ de Madrid, con bancos que invitan a sentarse y plátanos que en verano producen sombra. Protege el paso de las personas una barandilla metálica, que permite apoyarse en ella para contemplar un estanque en el que yo no sé si cantarán las ranas, pero que me hace recordarlas. Tiene el estanque una, podíamos llamarla playa, sin arena, sino de bello pavimento, rodeado o más bien requebrado de líneas, que en otros tiempos fueron de piedras de sillería y hoy está hechas de hormigón y que albergan entre ellas un verde césped. Hay caminos o paseos por los que se recorre este hermoso jardín, sembrados con bancos para reposar en ellos. Acaba el jardín, substituyendo el césped por plantas rastreras, entre las que se encuentra la alegre y llena de recuerdos, hiedra, con algunos árboles pequeños, que yo creo que crecerán, como unos pocos que ya son grandes y que se encuentran en la cara norte del jardín.

Me he llevado una sorpresa al contemplar las numerosas caras redondas de las farolas,  que imitando a la luna llena, iluminan por la noche el paseo,  la acequia, el estanque, el césped, la hiedra, y los bancos del jardín.

Así, como en mi pueblo pasa por el sur la carretera, en este pequeño parque pasan los coches por la calle de Don Vicente Campo.     

La sequía por falta de lluvia y de hombres

  Cuando estos días del mes de Agosto, circula uno por las carreteras del Somontano o de la Tierra Baja, se da cuenta de como el monte está ...