lunes, 18 de noviembre de 2013

El árbol y el agua


Rorate coeli de super et nubes pluant justum. (De los salmos).
Que rueden las nubes por los cielos arrastradas por borrascas y ciclones y que descuelguen su lluvia benéfica sobre las sedientas tierras de Aragón, pues es ello justo  y saludable.
Dice el agua de la tierra, remedando al poeta: ¡verde, que te quiero verde! y contradice de esta forma a las llamas destructoras cuyas lenguas de fuego gritan: ¡negra, que te quiero negra!.
El hombre, ¡cómo goza! viendo verdes sus cultivos y fragosos sus  árboles. El campesino afirma desde siglos :¡qué  verde es el agua!.Este aserto parece un contrasentido, porque en la escuela nos dijeron que era el agua inodora, incolora e insípida. Pero cuando gruesas gotas comienzan a caer, la tierra desprende un agradable olor a búcaro, el color de las sedientas plantas que se tornaba pardo, verde como la "mantis religiosa", al metamorfosearse cuando pasa de la paja al cesped y  aquel  agradable sabor, el del rocío  para el ruiseñor que lo toma de una flor, por la mañana!.
Que rueden los cielos allá  arriba, en silencio casi siempre y con "ruido de ronca tempestad" en el verano. Que lluevan las nubes sobre el justo y sobre los  que cantan: ¡que  llueva, que  llueva, la Virgen de la Cueva!.No parece que el salmo sea muy piadoso, cuando pide que llueva, sólo  sobre el justo. No cae lluvia sobre los desiertos y sin embargo no creo que sus escasos habitantes sean injustos. Tal vez lo fueran sus antepasados con respecto al árbol que talaron e hizo posible que avanzaran las dunas arenosas.
Seamos amables con el árbol que se alza en nuestros campos y plantemos nuevas vidas vegetales, que regaremos con el agua del pozo, de la fuente, de la acequia o del canal y esas umbrías piadosas nos tornarán copiosa el agua de las nubes, los frutos del árbol, sus sombras estivales y el calor de su leña en las veladas invernales.
 Y tu te irás…"y yo me iré, y estaremos, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido... y se quedarán los pájaros cantando".(J.R.J.).




domingo, 17 de noviembre de 2013

A Don Antonio Segalés

Fábrica de harinas (Sietamo).


Querido amigo Antonio, que me escribes desde la gran capital mediterránea Barcelona y yo me pongo a contestarte mirando a la Fábrica de Harinas de Siétamo, por encima de la cual puedo ver la Sierra de la Carodilla, más allá de la cual se encuentra Lérida y más allá todavía preside, como acabo de escribir, la gran capital mediterránea de Barcelona. Desde la ventana por la que contemplo el oriente de Aragón, gozo en el verano, del viento de la “marinada”, que refresca muchas noches el caluroso ambiente de los días. No está lejos el mar Mediterráneo, pues en línea recta, yo creo que nos separan menos de doscientos kilómetros. Las carreteras, con sus curvas, alejan Siétamo de Tarragona, pero ahora están trazando sobre el terreno la Autovía Lérida –Pamplona y yo creo que la distancia quedará un tanto rebajada. No se verá desde la Autovía la Fábrica de Harinas, pero desde esta ventana, por la que se miraba el constructor de ella, mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, yo, hace ya muchos años  que me miraba ese tejado de tejas elegantes, en el que se podía leer desde lejos: Molinos Ylla. Por el sur, pasa el camino que fue la Vía Romana, que conducía  Alquézar. Por el norte sube buscando la corriente del agua del río Guatizalema, una acequia hecha por mi abuelo, toda ella adornada de árboles, para  aportar al molino la fuerza necesaria para moler. Por el oriente se ve el Monasterio de El Pueyo y debajo de él, en Barbuñales nació tu admirado Félix de Azara, pariente mío, como se ve en el escudo de armas,  que junto al de Almudévar, está tallado en el armario del salón de mi casa. Aquel tejado de la Harinera era como un monumento alzado al cielo, para recordar inquietudes pasadas y vidas humanas de molineros, muleros, con carros de trigo y de gentes, como tú, Antonio Segalés, que dirigiste el funcionamiento de esa Fábrica, antes de marcharte a América. Allí conviviste, entre otros muchos, con Avelino Zamora ya difunto y al que venías a ver en Siétamo, para recordar tiempos pasados. Pero como tú mismo dices, aquel tejado noble de la harinera ha caído o lo han tirado y aquel recuerdo se está convirtiendo en una profecía oscura del porvenir que nos espera o más bien nos está ya desesperando. Como afirmas en tu frase:”Bajo aquel techo, viví unos años, que en el trascurso del tiempo no solamente los recuerdo, sino que los revalorizo, por lo mucho que me instruyeron sobre lo que es el poder de la mente”.Efectivamente, nunca podrás olvidar aquellas gentes, pues no estaban contaminadas y vivían una vida natural, preocupadas por su trabajo, por sus huertos, por la caza de conejos y perdices, por coger olivas y por tener satisfecha a su familia. Tú te acuerdas de aquellos viejos maestros, como yo me acuerdo de mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, que compró cerca de donde hizo nacer la acequia, una parcela, que le suministró las piedras con las que adornó las orillas y los azarbes de la acequia. Ahora por el camino de la Fábrica voy alguna vez de peregrinación a la parcela yerma y le dedico un recuerdo a mi abuelo y a los que con él trabajaron en la construcción y en la molienda durante tantos años. Si Antonio Segalés tiene que agradecer a Aragón sus enseñanzas, mis antepasados los Zamora, del siglo diecisiete, iban a vender desde Huesca, los productos de su industria a Barcelona. Al llegar al río Cinca, tuvieron que cruzarlo a nado. Estuvieron a punto de ahogarse, pero dicen que los salvaron las oraciones que dirigieron a su tía la Venerable Madre Berride. Siento mucho tu malestar al enterarte de la pérdida de un tejado que en sus tiempos lo cubrió, pero más, tal vez, lo sienta yo, porque veré como, poco a poco, se va desmoronando la Harinera que construyó mi abuelo. Comprendo totalmente tu tristeza “por el hundimiento de aquel bonito tejado” y yo a ese recuerdo añado el de aquel fraile o sacerdote que para la Guerra Civil, llegó al terreno de la Fábrica, enrolado en las fuerzas republicanas. Le mandaron gritar viva el ateísmo y él gritó: ¡viva Cristo Rey!. Allí mismo encima de la fábrica lo fusilaron y allí está enterrado, como acompañando con su cuerpo a los que trabajaron tanto en la Harinera para conseguir “El pan nuestro de cada día”.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Dientes agresivos


Esta noche he soñado con un papel o más bien con un pergamino y hablo de pergamino, porque por su aparente vejez y por su color, me ha parecido un documento muy antiguo. Pero no puedo opinar sobre la diferencia entre el papel y la  piel de un animal preparada para escribir en ella, ya que estando dormido, los razonamientos no suelen ser muy concretos. En definitiva, no sé de qué asunto  trataba ese  documento, pero en su esquina superior izquierda, se veía escrita una palabra, que me pareció un nombre propio de mujer-bruja o de diosa –mujer y que se llamaba  MERKE. Debajo de tal nombre estaba escrita, con menuda letra, la frase siguiente:  “Los dientes blancos y enteros, tienen un poder soberano”. Vi que el texto del documento continuaba en su parte más baja y ante tal sorpresa, medité,  sobre el espacio vacío del mismo, que no decía nada u ocultaba las razones con qué demostrar el uso de los agresivos dientes para ejercer el poder soberano.
Enseñar los dientes lo hacen algunos perros, no sé si instintivamente o por la mala educación que les han dado sus dueños. Cuando pasas por las redes de los jardines en las que se apoyan plantas trepadoras, en unos te ladran y enseñan  los dientes, mientras otros te observan pacíficamente. Los perros no son seres totalmente libres, como el hombre y sin embargo vemos algunos que respetan al hombre y éste que es completamente libre, a veces, cae en la pérdida de toda libertad y de toda autonomía.
Orwell, estuvo  herido en una nave sanitaria, de madera,  en un huerto de nuestra casa de Siétamo y me ha inspirado con sus palabras; así como el perro no puede pensar en su evolución, el hombre “va gobernando la naturaleza de una manera cada vez más profunda y acabada. Nadie sabe y nadie puede saber si para la técnica del hombre habrá algo que al fin sea absolutamente imposible”. Consideremos la diferencia entre un llamador o  “trucador” de tiempos ya pasados y un ordenador –teléfono.
Al hombre lo ha hecho el Señor inteligente y vemos como muchos hombres van a la luna y tratan de ir a otros planetas, como si estuvieran buscando sus caminos, para imitarle y hacer verdad lo que dice Orwell :  “si habrá algo que al fin sea absolutamente imposible”.
El hombre ha progresado y seguirá haciéndolo, pero unos “dientes agresivos”, le han amenazado, para controlar técnicamente “las conductas individuales,  y en último extremo la de  la naturaleza humana”. Esos “dientes agresivos” son de aquellos hombres que, creyéndose dioses, amenazan a toda la humanidad y le dicen a sus miembros:  “vuestra inteligencia dejará un día de ser imaginativa y creadora, se limitará al simple ejercicio de entender que “dos y dos son cuatro”. No saben tales dioses como el hombre ha sido creado a imagen y semejanza del Señor, al que en la oración al Espíritu Santo se le canta: “Envía, Señor, tu Espíritu y serán creadas todas las cosas y renovarás la faz de la Tierra”. Orwell  ya debía creer algo así, pues vuelvo a repetir lo que dice en su obra ”1984” : ”Nadie sabe y nadie puede saber si para la técnica del hombre habrá algo que al fin sea absolutamente imposible”. Más aún:  ”respecto al mundo físico, todo parece ser técnicamente posible”.Pero los dientes blancos y enteros, con los que yo soñé, amenazan a  Dios y al  hombre, para ser ellos los que gobiernen el mundo. Esto explica la existencia de los demonios, que actúan como si ellos “hubieran creado la naturaleza humana”. A veces aquellos de los grandes dientes agresivos, después de tratar de anular la inteligencia de los hombres, han ordenado que  amasen al “gran hermano”

 Pero la humanidad aunque en ocasiones ha atacado sus deberes morales, “ha seguido existiendo y progresando sin perder la conciencia de su interna libertad”, a pesar de ser forzada y atacada por “dientes agresivos”.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Creer en el Futuro



“Unamuno decía,  las manos son grandes fraguadoras de inteligencia, las manos crean espíritu”. No se conformaban los monjes con el estudio de los textos sagrados, sino que el trabajo manual constituía otra base de la vida monástica. Se daban cuenta de que las manos son fraguadoras de la inteligencia, ya que ellas crean espíritu, porque el diálogo mano-cerebro, ha tomado desde siempre parte en el proceso de la formación del hombre. El marxismo veía en el hombre una fuerza del trabajo y quería que el hombre trabajara más y más, pero los antropólogos han visto la grandeza del diálogo mano-cerebro. Los capitalistas tampoco se han fijado en la fuerza intelectual del trabajo, sino que  se han fijado únicamente en el dinero resultante del que quieren aprovecharse ellos mismos. En cambio al monje,  como dice Pilar Moreno Rodríguez,  “le une en solidaria armonía el trabajo de todos los humanos, y le permite compartir el pan con huéspedes y peregrinos”. Luego han sido muchos los hombres los que han creído ver la felicidad en el escaso trabajo y en el dinero  y este comportamiento nos ha conducido, como dice Jean Claude Trinchet, presidente del Banco Central Europeo a “tiempos verdaderamente dramáticos” para la economía, dejándola situada en “la más difícil” situación desde la primera Guerra Mundial.

He estado en una nave industrial a repasar el coche y en ella he encontrado un folleto en el que la Federación de Empresarios de los Polígonos Industriales de Huesca va a organizar  una conferencia de un Licenciado en Filosofía y Técnico Superior por el ISCEUM de la Universidad Complutense. Son muchos los objetivos, pero uno de los más importantes es “proporcionar a los asistentes, informaciones,  datos que permitan hacer un  autochequeo  de sus empresas y de su posicionamiento de cara al futuro inmediato”. Me ha causado este hallazgo una gran satisfacción el darme cuenta de que en estos momentos “qué son verdaderamente dramáticos”, la Federación de Empresarios de Polígonos Industriales de Huesca, no se entregan  al abandono del trabajo y de la producción, sino que filosofan sobre el pasado , el presente y el futuro. Lo que les importa en primer lugar es el futuro, pues dice el folleto esta frase de Victor Hugo: “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”. Se alegra uno al comprobar cómo  entre nuestros empresarios los hay valientes y no se desaniman en seguir su trabajo, que da alegría a los trabajadores. Esos empresarios quieren lo mismo que los  alemanes, después de la Guerra Mundial, que levantaron la casi anulada economía de su país. Añaden el pensamiento de Michel Eyquem de Montaigne: ”No existe el presente: lo que así llamamos no es otra cosa que el punto de unión del futuro con el pasado”. Nadie mejor que el conferenciante para alcanzar ese punto de unión, porque además de Técnico Superior, es Licenciado en Filosofía. Se ha dado tal vez en su cerebro el fenómeno que se daba en los cerebros de aquellos monásticos, que al desarrollar su trabajo, se elevaba su nivel intelectual.  

viernes, 8 de noviembre de 2013

Mi encuentro con Tomás Galindo


Me encontré con él en un almacén de pinturas, con cuyo dueño le unía una gran amistad. Está jubilado, pero durante muchos años se dedicó a pintar domicilios, naves, etc., etc. y le compraba los materiales al dueño del almacén, donde nos encontrábamos.
Comenzamos la conversación y me emocionó el escuchar los sentimientos y pensamientos que giraban por su cabeza. Me dijo que era ateo, pero sin embargo era gran amante de la tradición, pues acudía a misas y a otras ceremonias que le atraían, como le atraía la amistad de las personas  que habían muerto y cuyos funerales estaba concelebrando. Al preguntarle de donde era y contestarme que había nacido en la Villa de Almudévar y en casa Maragato, yo no pude menos que preguntarle, si amas la tradición, ¿cómo no  crees en el cielo, acordándote tanto de la Virgen de la Corona, a la que tanto quieres?. Tomás se emocionó y me dijo que no creía en Dios porque, ya de niño le dijeron que Dios premiaba a los buenos y castigaba a los malos. Pero a él, siendo todavía un niño, se le quitó la fe, al ver morir  a su buena madre, siempre maltratada por su marido. Si, su madre murió, pero él esperaba ver un castigo divino caer sobre su cruel padre, pero no le llegó ese castigo tan esperado.
¡Qué contraste, Dios mío, se da en la mente de este buen hombre, Tomás Galindo!, que no cree en Dios,  pero se siente emocionado por los recuerdos de la Virgen de la Corona, Madre de todos los hijos de Almudévar,  igual que fue madre suya la señora Rosa, que nació para sufrir, pero de donde le ha salido este hijo que la recuerda y la ama y la compara a la Virgen de la Corona.
Hasta cumplir los diecisiete años, después de ejercer incluso de pastor, permaneció en Almudévar y allí frecuentaba las casas de sus tías Presen y Gregoria, las cuales estaban situadas en la parte alta, donde preside todo Almudévar, la Virgen de la Corona en su ermita.
Cuando subía, le atraía mirar la espadaña, donde colgaban las dos “campanetas” o campanillas del reloj de la ermita. En 1952, alguien de los que gobernaban la Villa propuso “adquirir un nuevo reloj y de las campanas que hay en el reloj de la Corona, la grande la colocarían en un lugar donde colgaría  de la torre de la parroquia, que está rota”. Quitaron las dos campanas, lo que contribuyó a disminuir la fe de Tomás, porque sus ojos las miraban y sus oídos gozaban al escuchar sus sonidos de campana: ¡din-don,din-don, don-don!.
Después de sacadas las campanas, un concejal, que no tenía los mismos sentimientos que sentía Tomás y todo el pueblo de Almudévar, ordenó derribar la torreta o espadaña del reloj de la Corona y a muchos les brotaron las lágrimas de los ojos, pero el tiempo, que todo lo borra, también borró los recuerdos del pueblo. Sin embargo siempre queda algún hijo predilecto, que toda su vida se acuerda de la espadaña del reloj de la ermita de la Virgen de la Corona y lamenta la algarada que cometió el que mandó derribarla. Pero es que Tomás se acuerda de todas las cosas que le han ocurrido en la vida, fueran buenas o fueran malas y ¡fueron tantas!. Si, porque  a los dieciséis años ya se consideró a sí mismo como un pastor jubilado, es decir, que tan joven, ya la sabiduría se le había metido dentro de su cerebro, pues pensaba en la maternidad de las ovejas, que amaban a sus corderos y que cuando volvían de pacer o “apajentarse” en el monte, se oían por todas las parideras y sus alrededores los fuertes balidos de las madres y los tiernos del bé, bé,bé, que emitían los corderos.
El entonces se acordaba de su buena madre, la señora Rosa y miraba el retrato que de ella tenía formado en su memoria y al oír a las ovejas contempladas por los corderos, a él le apetecía llamarla allá arriba, pero no le contestaba.

No sé si esa ausencia de su madre, inconscientemente, le llevó a servir en muchos patrimonios agrarios. Luego en Cataluña en vaquerías que producían leche y más tarde, insistió en la búsqueda de su padre, para saldar la deuda moral que tenía con él, yéndose a Francia y allí le echó en cara el mal trato que había dado a su esposa. De la misma forma que le resulta difícil ponerse en contacto con su madre, que está a la vera de Dios, cuando la encuentre, estará con Él.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Hace cincuenta años que murió el poeta Luis Cernuda


Hace escasos días, conocí a Dominica Novellón Cernuda, en el paseo del Parque Erreniaga, que cruza el centro de la ciudad de Zizur Mayor. En ese breve espacio de tiempo, me aclaró que tenía un espíritu poético, bondadoso y pleno de conocimientos teóricos y prácticos. Pero me causó otra gran satisfacción paralela a la de su persona, con su revelación  de  que era sobrina del sublime poeta de la generación del 27, Luis Cernuda.
Este encuentro con Dominica, aconteció en uno de los últimos días del mes de octubre de 2013, y después de  presentarme, con su corazón,  bondadoso, poético, y familiar,  entre otras muchas las  cualidades  de su glorioso tío Luis Cernuda, yo me marché a mi residencia y  empecé a leer  su “poesía abismal, profunda, existencial”, como la llama el periodista  Ignacio Camacho. Este escritor, declara en el diario  ABC, del cinco de Noviembre, qué : “No hay en la poesía española, quizá desde Quevedo, una voz tan conmovedora, intensa, propia y desgarrada como la de Luis Cernuda” y con esa voz se lamenta de su salida de España y de su ostracismo o su sentido de estar ausente de una España, mediocre intelectualmente y políticamente, con una existencia plena de  sectas rojas , blancas, azules y de todos los colores. Luis Cernuda se castigaba a sí mismo, con esa emigración, de las dolores que sufría de desolación y de tristeza, al ver y contemplar el ambiente miserable, regido por  los diablos  que sembraban de tristeza a todos, como se pueden recordar  las lágrimas de Belchite y aquellos comandantes falsos, creados por algún sindicato y la sangre derramada por unos y por otros. ¿Cuánta  hambre  tuvieron que sufrir, algunos  españoles muertos de hambre? , porque concretamente en Belchite, con sus labios y sus lenguas aspiraban la sangre de otros españoles muertos.
Coincide el cincuenta aniversario de la muerte de Luis Cernuda, muerto en Méjico en 1963, el día  5 de Noviembre, del que me he enterado por el ABC,  del tres de noviembre de este año de 2013, con mi artículo   del día 4 del mismo mes y año que se titula             :                                            ”La siega en el año 1936, en Las Valles de Siétamo”.
Empieza la noticia del cincuentenario de la muerte de Luis Cernuda, Manuel de la Fuente, con estas palabras: ”El odio y destrucción perduran siempre-sordamente en la entraña-toda hiel sempiterna del español terrible,-que acecha lo cimero-con su piedra en la mano”. Describe con realismo aquel dolor, que producían en sus compañeros españoles, las muertes  continuas de sus enemigos unas veces y otras de sus amigos. Porque a su amigo Federico García Lorca,lo fusilaron los de  un bando, mientras otro bando, asesinaba  a su también amigo José María Hinojosa.
Y si en España se mataban mutuamente unos y otros, en mi pueblo de Siétamo, a los pocos días  de comenzar la siega , llegaron las cuadrillas de guerrilleros de mil bandos distintos y al “Padre Jesús”, cuyo nombre ignoramos los sietamenses, le dijeron que gritara :Viva la revolución , a lo que él, contestó gritando: Viva Cristo Rey.
Tenía razón Luis Cernuda, cuando se quedó en la Guerra y después de ella, “desasosegado y hasta rencoroso con su vieja Patria, a la que alguna vez llamó esa tierra de cabreros”. Pero no sólo los cabreros podían en ciertas ocasiones mostrarse violentos, sino que en pequeños pueblos como  Siétamo,  murieron fusilados cientos de hombres y mujeres y no se han contado aquellos muertos que descansan en la tierra de sus montes, a causa de las bombas de artillería,  de aviación, de ametralladoras y de fusiles. En mi  artículo de “La siega en el año 1936, en Las Valles de Siétamo”, aquellos segadores eran buenos ciudadanos, tanto que uno de ellos, recogió el pañuelo que yo había manchado con la “sangre verde de un insecto” y cuando llegó a Siétamo,  lo entregó en casa de mi familia. Tú, también encontraste muertos por la Guerra, igual que los segadores de Siétamo, y tu espíritu poético, de una sensibilidad extrema escribía, poesías en 1936 sobre la crueldad salvaje de la Guerra, e incluso criticaba los excesos de sus correligionarios. Y agradecía a un amigo con estos versos. “Gracias,  compañero, gracias-por el ejemplo. Gracias porque me dices-que el hombre es noble._ Nada importa que tan pocos lo sean:-Uno, uno tan sólo basta-como testigo irrefutable-de toda la nobleza humana”.
Muchos poetas le han escrito con motivo de su cincuentenario. Me gusta leer el verso inédito de Herta Müller, que le dirige a Cernuda estas palabras: “El primer pájaro que yo vi-era un pañuelo en el viento-ningún engaño-sólo presente en demora.  

Cómo coincide el primer pájaro- pañuelo de Herta Müller, con el pañuelo con sangre verde, que abandoné en el monte de Siétamo y era un anuncio en el mes de Julio de 1936, de un enorme derramamiento de sangre, que ha hecho a Cernuda,  lamentar como se expresa Ignacio Camacho “con una voz tan conmovedora, intensa, propia y desgarrada”.

lunes, 4 de noviembre de 2013

La siega en el año 1936, en Las Valles de Siétamo


En el mes de Julio de 1936, me llevaron en un carro tirado por mulas, desde  Siétamo a la finca Las Valles a contemplar como los segadores, abatían las mieses, que depositaban en faginas.  Un día,  recordando la siega y el ambiente raro, que en el año de 1936,  anunciaba una guerra, escribí lo siguiente:
Salía el sol por el Oriente,
Brillaba el horizonte y el cielo estaba azul,
Los hombres con camisa y pantalón de pana
y armados con sus hoces,
segaban, segaban y segaban…
Mirábame  hacia el monte y se veía,
Una enorme ventana,
Con la Sierra de Guara, por el Norte,
Oliveras al Sur y al Oriente, el Pueyo de Barbastro.
Y la tierra que pisaba, aparecía con los campos amarillos.
En un carro me llevaron a contemplar los segadores,
que segaban, sudaban y segaban las amarillas mieses.
Ingenuamente, como un niño, miraba a estos pacíficos hombres,
al tiempo que seguía el movimiento de los pequeños animales;
entonces, cacé un insecto verde y lo guardé, envuelto en mi pañuelo;
lo miraba, abriendo mi moquero y volvía  a cerrarlo.
Volví a abrirlo y vi el insecto envuelto  de color verde, como de sangre verde.
Sangre del misterioso insecto, que impregnaba el color verde en el pañuelo,
al cual abandoné, manchado de color verde, de sangre verde,
que  me hacía intuir el color rojo de la sangre, que estaba a punto de brotar
de   los corazones del pueblo.
Y me llevaron a casa, sin pañuelo, porque mi corazón latía, latía, repitiendo:
¡Verde que te odio, verde!, ¡verde que no te quiero, verde!.
Un segador encontró el pañuelo verde
Y ¡verde que te quiero verde!, lo trajo hacia mi casa, donde parece, que también sonaba:
¡Verde que te quiero verde!.
Llegó el mes de Julio de 1936 y yo no lo amaba porque era verde, pero en este mes de Julio nos estaba esperando, el cambio del color verde por el rojo y el azul. La sangre humana es roja, pero su espíritu es blanco, pero muchos de “los rojos” gritaban a todos los hombres de sangre roja: ¡Rojo, que te quiero rojo!. Otros gritaban a los otros hombres:¡Azul, que te quiero azul!. Como en una olla hirviendo por el calor del mes de Julio, se imprimieron en los españoles, los dos colores: el rojo y el azul. El rojo acechaba al azul y el azul al rojo.
Y las camisas y los pañuelos, igual que el mío tomaba el color verde, iban tomando el color rojo de la sangre humana, porque los hombres y mujeres, se mataban y se odiaban. Allí mismo en las Valles a un sacerdote, frente a la Sierra de Guara, lo fusilaron por gritar: ¡Viva Cristo Rey!.
La luna miraba extrañada la siega que habían realizado los segadores del pueblo y quería presidir el color de las mieses amarillas y de los membrillos, el anaranjado de mil flores y el verde de los prados, de las vegas de los ríos y el verde, que ahora quiero, con el que vestían los soldados, que no pudiendo impedir aquellas lucha civiles, estaban echados a las orillas del río Guatizalema.
Ahora también amo al insecto verde, que abandoné y ahora no lo encuentro , pero lo amo. ¡Lo he vuelto a amar por su color verde!.

¡ Que cesen los tiros y vuelva la paz sobre las tierras a segar, para que los niños se recreen con todos los colores : rojo, anaranjado, amarillo, verde ,azul, añil y violeta!.

Arba de Luesia

Cuando uno va a Pamplona, poco antes de llegar al Puerto, donde está la Ermita de Santa Bárbara, hay una señal que indica el desvío que va a...