miércoles, 27 de abril de 2011

El cumpleaños de Joaquina en Siétamo


Hoy nos hemos reunido en Siétamo, todos los componentes de la familia Almudévar y de la de Bruis. Unos han llegado desde Pamplona, ciudad en estos tiempos invernales, muy lejana de Huesca y de Siétamo, acompañados por la lluvia; se trata de Santiago y de Elena, con sus dos niños, el mayor Pablo y la pequeña María, que siempre que tiene ocasión le habla a Joaquina por teléfono y cada vez con más claridad, pero desde siempre con cariño.

Manolo, el eterno trabajador, ha interrumpido su faena para marchar a Huesca a buscar a su querida esposa Mamen y traerla junto con su precioso hijo Ignacio, para participar, como los pamplonicas, en la exquisita comida, a la que nos ha invitado a todos la gran Joaquina, grande por sus virtudes, su laboriosidad, su amor a su difunto esposo Joaquín, que se llamaba como ella y esa pareja perfecta trajo al mundo a un niño, que hoy día se ha convertido en un hombre, trabajador y deportista y con una nobleza en que se unen la de su padre Joaquín y la de su madre Joaquina en el mozo más noble de Siétamo y al que todos llamamos Toñín.

Ignacio, gran amigo de Toñín, ha venido con su esposa Paz y con su hija Belén que cuenta con mis dos apellidos, a saber Almudévar y Zamora.

Mariano no ha podido asistir a esta fabulosa comida, privándose de comer el mejor pollo que en estos tiempos se conoce, porque Joaquina los cría como una granjera en pollos de calidad, de gran calidad en esta fiesta a la que a todos nos ha invitado con motivo de su cumpleaños y aunque Mariano no ha podido asistir, estará allá, en Madrid, soñando con los paquetes que Joaquina le regala, cuando va a su casa a despedirse, para marchar a Madrid.

Pero ha llegado de Zaragoza la hermana pequeña, Pilar, con su sonrisa alegre y acompañada por su novio, que de “los altos Perineos s´en baixó en ta tierra plana, pa cortejar a una moza, que se llama la Pilar, en lugar de Marichuana”.

Y mi esposa Felisa, con los huesos doloridos, como los de Joaquina, ha madrugado para participar en la alegría que Joaquina quiere derramar sobre nosotros y ayudarle en su penosa tarea.

En tanto yo, que casi tengo la misma edad que Joaquina, le deseo que nos hagamos ambos muy viejos y que pasemos felices los años que nos quedan.

¡Muchas Felicidades, Joaquina!

martes, 26 de abril de 2011

María Asunción rinde con su arte, un homenaje a la mujer trabajadora


María Asunción es una Maestra en la vida, pero no sólo para enseñar a los niños y niñas, sino también para aprender de esa vida en la que participamos. La vida humana abarca no sólo la vida física, sino la del intelecto, la del trabajo y la del arte Y ella piensa, observa las flores naturales que se exhiben a sí mismas en las macetas, colocadas en las ventanas por campesinas, que gozan con los colores naturales y aspiran el aroma ,que las flores desprenden. Pero no sólo contempla las cuidadas flores por manos, casi siempre femeninas, sino que se extasía admirando la belleza que crea la Naturaleza, luciendo flores y verdes hojas en los campos, unos de la “plana” de Huesca y otros transformados en bosques. El intelecto de María Asunción ha reflexionado sobre el trabajo de las mujeres, fomentando la belleza de las flores, pero no sólo se ha acordado de ellas, sino que admira y lamenta la dureza de muchos trabajos, que realizan muchas mujeres en el Mundo entero. Pero no se limita a admirar y lamentar esos duros trabajos, sino que, con su arte, quiere inmortalizar a esas mujeres, que pican piedras en algunas canteras, otras que suben por empinadas cuestas con cargas de hierbas, de un volumen descomunal. A mí me llama la atención el retrato de una joven morena, de gran belleza, que sonríe, a pesar de llevar sobre su cabeza un jarro de agua y conduciendo un asno, cargado también de agua por ella misma. Además de inmortalizar a las mujeres trabajadoras, lo que Asunción quiere es concienciar a la sociedad, para que luche para liberarlas de unos trabajos tan crueles. En nuestra tierra también se han dado casos de trabajos infames, que afortunadamente, ya no existen. Asunción ha pintado un cuadro con una señora anciana en uno de nuestros pueblos, descansando sentada en una silla y rodeada de gallinas, a las que ha echado unos puñados de trigo.

domingo, 24 de abril de 2011

PREGON DE LA SEMANA SANTA 1988


Coinciden, Sras. Y Sres., en el tiempo espacial, obra del Creador y en el Calendario hecho por los hombres, la llegada de la Semana Santa y la venida de la primavera, como si el Verbo que era el Único que existía en el Principio, quisiera hacernos partícipes de misterios: el sobrenatural de la Redención y el natural de la primavera, que como recreación que ocurre cada año, hace que las almas piadosas se pregunten:¿dónde está el Redentor?. San Juan de la Cruz se lo preguntaba así:¡Oh bosques y espesuras plantadas por la mano del Amado, oh prado de verduras de flores esmaltado, decid si por vosotros ha pasado!.

El santo escuchó así la respuesta de las Criaturas “Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura, y, yéndolos mirando, con sola su figura, vestidos los dejó de su hermosura”.

Nos quieren liberar del Creador para hacernos esclavos de los sentidos, pero la “Verdad nos hará libres” y para recordárnosla, llega la Semana Santa, que nos muestra una balanza en que están equilibrados Dios y el hombre, Dios en el hombre y el hombre en Dios; están equilibrados la materia y el espíritu, y Cristo, Dios y hombre verdadero es el fiel, la Cruz de esa balanza, que nos indica el “Camino, la verdad y la Vida”.

Antagónicos al Hombre-Dios hay dioses hombres que pretenden quitarnos la fe, pero esa fe es definida por San Juan de la Cruz, de un modo que no ha perdido actualidad.”Es un saber no sabiendo que es de tan alto poder que los sabios arguyendo jamás la pueden vencer, que no llega su saber a no entender entendiendo, toda ciencia transcendiendo”. San Juan asimilaba la llegada del Amado a la primavera.

Otro poeta se puso a pregonar esa primavera y exclamó exultante:”La primavera ha venido, nadie sabe como ha sido”. El pregonero, al encontrarse con esta primavera, se quedó pensativo y se interroga: ¡cómo ha sido? Y yo, que inmerecidamente tengo que pregonar en Huesca la Semana Santa, me pregunto a mi vez ¿Cómo ha sido? ¿Cómo ha sido, qué?, que sea yo su pregonero, o, ¿cómo ha sido que la Semana Santa, inexorablemente esté a punto de llegar a Huesca? Es fácil responder a la primera pregunta, ha sido simplemente por culpa de Daniel Calasanz y de Teresa Ramón, aquí presentes, mas les pido que no tengan remordimientos de conciencia, porque me han hecho un bien al hacerme pensar en la pasión de Cristo, y, si recuerdan que se dijo que nuestros pecados serán perdonados, en Semana Santa, con mayor motivo. ¡Oh feliz culpa! , que reza el motete.

La segunda pregunta, ¿cómo viene la Semana Santa?, también tiene un doble aspecto. Si nos interrogamos sobre las celebraciones y más concretamente sobre la procesión del Santo Entierro o del Silencio, topamos otra vez con el buen Daniel, en cuanto Hermano Mayor de la Archicofradía de la Vera Cruz, que hace posible tal procesión, tal manifestación de fe, tal recordatorio de esa nuestra fe. La culpa, pues le corresponde a nuestra gloriosa Archicofradía y repito: ¡Oh Félix culpa!

Pero la contestación al meollo de la pregunta ¿cómo, por qué, llega la Semana Santa?, es más difícil de contestar.

Este Daniel, que tiene nombre de profeta, debía haber encargado la respuesta a un teólogo.

El, que es hortelano, nos podría explicar primorosamente cómo viene y por qué viene la primavera, pero él vive la Semana Santa como un oscense hasta la médula, me planea una respuesta difícil…

A mí que no puedo entrar en disquisiciones teológicas y tengo que apoyarme forzosamente en la Fe, en la Esperanza y en la Caridad (el amor).

¡Qué atrevimiento el mío, tratar de explicar por qué viene la Semana Santa cada año!

Recurro al Libro Sagrado, la Biblia y me recuerda que al principio de los tiempos, tuvo lugar un día en que se hizo la luz, en un segundo día, el Señor creó la tierra y le dio verdor y árboles con semillas y frutos.

El tercer día ordenó:”Haya lumbreras en el firmamento celeste para separar el día de la noche y hagan de señales para las solemnidades, y para los días y para los años”.

El cuarto día dijo:”Bullan las aguas de bichos vivientes y revoloteen aves sobre la tierra contra la faz del firmamento celeste”. Y los “bendijo Dios”. El quinto día creó los ganados, sierpes y alimañas. Después creó al hombre a imagen suya; macho y hembra los creó.

El 7º día descansó.

¿Quién dudará de que nos encontremos ante la primera Semana Santa de la humanidad? Santa, porque el Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, de cuya gloria están llenos los cielos y la tierra, creó al hombre a su imagen y semejanza; macho y hembra los creó.

El Señor es la Verdad y la Verdad os hará libres y libre creó Dios al hombre y en esa libertad está su grandeza y su miseria, porque Adán y Eva hicieron mal uso de ella y nos llevaron al pecado.

El Señor que ama al hombre, quiso enviarnos a su Hijo unigénito para redimirnos de ese pecado y El que el Séptimo día descansó, decidió recrear una nueva Semana Santa, aquella en que tuvo lugar la pasión y Resurrección de Cristo: una nueva primavera para las almas.

Dios es intemporal y para él, no hay pasado ni futuro; todo está presente y nos abarca. Al principio con la Semana de la Creación y cada año con la Semana Santa, para que las nuevas generaciones queden abarcadas en su obra redentora.

Hay antropólogos que sólo ven la parte material de la vida y pretenden descalificar a la iglesia, diciendo que ha suplantado a las divinidades paganas de la luz, del aire, del fuego y de la tierra por santos y ángeles, pero basta repasar la Biblia para encontrar el equilibrio espíritu- materia.Basta repetir la frase que he mencionado.”El tercer día ,ordenó :Haya lumbreras en el firmamento celeste para separar el día de la noche y hagan de señales para las solemnidades para los días y para los años”.

Y las lumbreras celestes cumplen su papel de avisar,de pregonar la Semana Santa,por medio del Equinoccio de Primavera,en el que se establece el equilibrio entre el espíritu,hoy tan despreciado y la materia,hoy tan enaltecida.

La primavera con su color verde nos da la esperanza de los frutos, como la Semana Santa nos transmite la esperanza de los frutos de la Salvación.

He recurrido a la fe y a la esperanza,pero me falta hacer alusión a la Caridad, al Amor, y el Señor, al que los hombres no dejamos descansar, en lugar de destruirnos, nos amó tanto, que sacrificó a su propio Hijo por nosotros.

Por todo lo antedicho, viene la Semana Santa y de la misma forma que llega cada año, llega a cada lugar y llega a Huesca y Huesca la va a recibir con el mismo amor, con el mismo cariño con que la recibe desde hace siglos, pero a pesar de tan continuada tradición y de que las Semanas siguen siendo tales y de qué Semana Santa sigue siendo Santa, a nivel de celebración popular la semana se reduce en el tiempo, aunque no en la fe.

Se reduce, repito, la Semana en el número de sus manifestaciones externas, pero las que quedan son un momento, que invita a los hombres a reflexionar sobre el misterio de la Salvación.

Se podría establecer un paralelismo, día por día, entre la primera Semana y la que cada año nos llega, a través de los rituales de la Iglesia, que además de Santa, la llaman Semana Grande o Semana Mayor.

Datos no faltarían al que quisiera hacer tal estudio, pues ya una española, la monja Eteria, abadesa gallega del Monasterio del Bierzo, viajó a los Santos Lugares, visitando entre otros el Sinaí y el Monte Jabán, tumba de Job, con lo que demostraba poseer profundos conocimiento bíblicos.

Volviendo de su viaje, escribió en Constantinopla el Libro de peregrinación a Tierra Santa en el que describe la liturgia de los cristianos orientales, deteniéndose especialmente en los de Jerusalén. La monja viajera señala que aquellos ritos le recordaban los de su tierra, si en Galicia ya se celebraban estas conmemoraciones de la Semana Santa, es de suponer que en Huesca, la Osca romana de entonces, también tendrían lugar.

Pero estos ritos, como la procesión de las palmas y adoración de la Santa Cruz, que nos descubre Eteria, deban ser anteriores a ella que murió en 388.

San Atanasio nos habla de “los seis días santos y grandes, anteriores a la Pascua, que son símbolo de la Creación del mundo”. A este mismo antiguo simbolismo parece aludir el martirologio del rey Alfredo (año 331). Abonan también por el origen antiquísimo de la Semana Santa una carta de Dionisio Alejandrino(año 260) , la Homilía de San Juan Crisóstomo y hasta el Libro VII de las Constituciones Apostólicas. Y yo que he tenido el atrevimiento de proclamar ese paralelismo entre la Semanas de la Creación y la Grande, Mayor o Santa, quedo confortado para seguir mi disertación al encontrar esa tesis en un padre de la iglesia como San Atanasio, Patriarca de Alejandría. Ambas semanas nos abarcan y en el espacio que va de la Creación a la Redención, está el Antiguo Testamento. No podemos relegarlo al olvido y en esto me da la razón nuestra procesión del Silencio o del Santo Entierro, pues en ella desfilan Isaac, Abraham, Melquisedec, Moisés, Aarón y David, que según Del Arco y según todos ustedes han podido ver, visten trajes magníficos de época, que en el año 1914 fueron confeccionados conforme a los diseños del notable pintor oscense Hermano Jesuita Martín Coronas. Este mismo diseñó también, en 1915, los vestidos de las Sibilas, esas doce jóvenes, que a pesar de ser profetisas paganas, anunciaron la Vida, Pasión y Muerte de N.S. Jesucristo. Ciñen su cabeza con corona dorada, signo de distinción, rematada por una estrella, que significa el don profético. Llevan pequeños estandartes con las profecías de Cristo y cantan melodías, ajustadas a ellas.

No se ceñía, pues, la esperanza en el Mesías al mundo judío, sino que había por todas partes una necesidad de algo nuevo.

El Antiguo Testamento está lleno de símbolos y profecías. El Profeta Daniel anuncia la venida del Señor, a las setenta semanas de años. Parece que quisiera incluir las semanas del Antiguo Testamento, entre la primera y la que habría de venir y sigue viniendo cada año.

En el Introito de la misa del Lunes Santo, el salmo XXXIV, David, odiado, calumniado, perseguido y maltratado, pide a Dios justicia contra los que hacen cuanto pueden para labrar su ruina. Nada hay que se adapte tanto a Jesucristo, que va a ser inmolado.

La segunda epístola de la Misa del Jueves Santo “parece ser no tanto una predicción del profeta Isaías, cuanto una historia de la Pasión de Jesucristo y cualquiera diría, al leerla, que habla un historiador sagrado que refiere lo que sucedió, más bien, que un profeta que predice lo que ha de acontecer al Salvador del Mundo”.

“Empieza el miércoles el oficio de tinieblas y durante el mismo se pone un tenebrario, que consiste en un candelabro triangular y en él once cirios, que se van apagando sucesivamente al final de cada salmo”. Muchos nos acordamos como al final del oficio todo el mundo procuraba hacer ruido golpeando los bancos o haciendo sonar carracas y matracas y dicen que , en tiempos hasta las calles de Huesca eran un sonoro retumbar.

Dice Arnal Cavero:”En la torre suena la matraca grande”.”Es monótono y angustioso su canto, como si dentro de él vibrase un corazón, que dejase en lo hueco de cada vibración una gota de sangre y una gota de llanto”.

Dicen que esos sonidos se producían para denotar el caos y la confusión que surgió en todo el orbe a la muerte del Salvador y el que existiría en los espacios en los días de la Creación.

Las matracas estaban hechas con martillos de madera, más o menos numerosos, que golpeaban sobre una tabla y las carracas consistían en una rueda estrellada que al girar percutía con sus dientes en una lengüeta de madera, lo cual constituía para los niños una diversión que teníamos que prolongar el día de Jueves Santo. En ese día de la institución de la Eucaristía, sigo percibiendo el paralelismo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, al leer en los oficios de Semana Santa y en la Lección IX, ”Moisés,después que hubo leído todos los mandamientos de la Ley a todo el pueblo, tomando de la sangre de los novillos y los machos de cabrío, mezclada con agua y lana teñida de carmesí y el hisopo, roció al mismo libro de la Ley, y también a todo el pueblo, diciendo:Esta es la sangre que servirá de sello al del Nuevo Testamento que Dios os ha ordenado, o hecho a favor vuestro. Y así mismo roció con sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y según la ley casi todas las cosas se purifican con sangre.

Y sin derramamiento de sangre no se hace la remisión”.

El Antiguo Testamento es imponente, pero duro y aunque Schopenhauer lo encuentra más optimista que el Nuevo, ”no tiene en cuenta la redención, la glorificación de la carne, la resurrección, la vida perdurable, la participación filial en la Vida Eterna”, que son los misterios que dan vida al hombre. El Nuevo Testamento da sentido al Viejo, de aquí deriva la importancia de la Semana Santa que celebra esos misterios, tanto que al Jueves en Oriente se le llama día de los Misterios.

Para que el Testamento tenga validez ha de morir el testador y Dios se hace hombre para morir por nosotros, y con su sacrificio sufre todos los sacrificios sangrientos e introduce la Eucaristía con la transubstanciación del pan y del vino. ¡Evidentemente el Nuevo Testamento nos devuelve el optimismo!.

El pueblo sigue preparando hermosos monumentos para acoger la Eucaristía y me acuerdo que los niños en mi pueblo, queriendo prolongar durante el Jueves el uso de las matracas,decían: “ver el monumento, que Cristo está dentro” y a continuación, haciéndolas sonar gritaban: “ el diablo de rodillas, a romperle las costillas”.

¡Qué emulación existía para adornar los monumentos !,todos íbamos a visitarlos y a comentar su belleza, todos con nuestras mejores ropas, que en los pueblos olían a membrillo y a espliego y en las capitales muchas señoras y jóvenes lucían su mantilla y su peineta españolas.

En los pueblos existía una costumbre que no tengo constatada en Huesca, que consistía en la colocación, como adorno, de las melenas vegetales.

Ya con tiempo, sembraban distintas semillas de gramíneas o de leguminosas, como lentejas, garbanzos, judías, bisaltos o pepitas de calabaza, en macetas, dentro de las bodegas. En la media luz brotaban las plantas, formando unas largas melenas de un color amarillo, que se colocaban como adornos del monumento, que en mi pueblo se ilumina con tantas velas como familias,que se llevan al acabar los ritos, a su casa para “esconjurar as tronadas” a lo largo del año.

Llega, por fin, el Viernes Santo, el día del dolor, el día en que la muerte da principio a nuestras vidas. El día en que desde los tiempos apostólicos se adora la Cruz.

Ecce lignum crucis in quo salus mundi pependit.Venite ,adoremus.

¡Popule meus, quid fecit tibi,aut in quo contristabi te!, responde mihi.Venite , adoremus. Y a esta llamada acudió, ya hace siglos, la Cofradía de la Vera Cruz, que se formó en 1587, lo que demuestra que existía antes y todavía antes existía la del Santo Cristo de los Milagros. El pueblo, los artesanos constituyeron la Archicofradía de la Vera Cruz, para sacar a la calle, al Coso y a las callejas que rodean la Catedral en desfile procesional, de imponente solemnidad, las imágenes veneradas en el interior de los templos. Esa procesión del Silencio o del Santo Entierro es la síntesis de la Semana Santa y aparecen ante el pueblo las imágenes, en su doble sentido, la imagen que subyace en todo hombre y la imagen de madera, obra de los imagineros.

Las imágenes “son representaciones espirituales”, elemento constitutivo indispensable de la vida psíquica, se hallan en todos los pueblos que gozan de una conciencia ya algo liberada.

Por eso, “su ausencia parcial o incluso su negación incidental en los pueblos civilizados deben considerarse como un signo de decadencia”. Yo digo que de decadencia religiosa. Las imágenes físicas de los imagineros con cuya presencia, en la Profesión del Viernes Santo, nos regalan las cofradías presididas por la de la Vera Cruz, siempre que no sean objeto de adoración, nos aproximan a las imágenes latentes en nosotros, que nos vienen desde la primera Semana de la–creación, a través de las Sagradas Escrituras, la Tradición, los Padres y el Magisterio de la Iglesia. La Vera Cruz está cristianizando y re cristianizando.

He dicho que la carencia de la imagen nos trae la decadencia de los pueblos; por eso ahora que quien hacer desaparecer los Cristos y los Sagrados Corazones de los lugares públicos, quieren crear nuevas imágenes. Estamos en el mundo de la imagen; muchas veces se trata de imágenes de nuevos becerros de oro u oropel.

Se crean hoy nuevas imágenes de dioses hombres políticos, se crean imágenes de productos comerciales, que nos llevan al consumismo materialista, se crean imágenes de utopías que nos llevan al materialismo por convertir al hombre en objeto de producción sin alma. “a estas imágenes se les atribuyen caracteres ideales, a veces las virtudes del héroe, del sabio o del padre, las virtudes que la masa necesita para seguir a alguien, para admirarle, para entregarse a él “.Es comprensible que ante tal campaña de imágenes, haya personas que no quieran ver las de Semana Santa, de la misma forma que Julián Marías en su última conferencia, en este mismo lugar, se lamentaba de que las gentes no quisieran oír hablar del amor, no creyeran en la ternura, ni en otros valores no constatables con detectores mecánicos, como no se pueden demostrar empíricamente los valores religiosos.

El alma existe y las gentes sencillas constatando que necesitan sus atributos, buscan la honradez y la dignidad, el amor y la verdad, en tanto que el materialista busca la dignidad en la carrocería de su coche.

Al principio he señalado el equilibrio entre la Creación y la Semana Santa, entre el espíritu y la materia y se está rompiendo ese equilibrio.” De la disgregación original en Espíritu y Naturaleza, el mundo occidental ha salvado la Naturaleza, en la que cree por temperamento y en la que se ve cada vez más enredado a través de todas sus tentativas dolorosas y desesperadas de espiritualización”.”El mundo oriental, por su parte, ha elegido el espíritu (fonéticamente) y se ha entumecido en un sueño en medio de la miseria y de la suciedad asiáticas”.

Hay que buscar el equilibrio y Cristo es el fiel de la balanza. Coinciden en la Semana Santa la primavera y la Redención.”La verdad sensorial le basta, acaso a la razón, pero no revela jamás un sentido de la existencia humana. Cuando las fuerzas del corazón no acuden en ayuda de nuestra razón, ésta queda las más de las veces impotente”.¿ Acaso la razón nos preservó de guerras e injusticias?,¿ acaso de la razón han nacido las mayores transformaciones espirituales y sociales?

Sigamos, en espíritu los pasos que nos marcó Cristo y sigamos procesionalmente los pasos que para Huesca los imagineros construyeron y que los sufridos costaleros va portando con ritmo, con cariño, como meciendo a Cristo. Dios contempla desde el cielo satisfecho, el culto popular de unos hombres que con su sacrificio voluntario, con sus pasos penitentes y solemnes colaboran recreando la Pasión de Cristo y caminan al futuro, paso a paso, al tiempo que desvelan los velos de los ojos a otros hombres, a los cuales les estorba la verdad.

Yo recuerdo un costalero, cuyo premio consistía, cuando el mazo percutiendo en la peana señalaba una parada, en ver el rostro de Dios en los ojos atónitos de los viejos, las mujeres y los niños, un reflejo espiritual del Cristo que portaba. Hay quien nos quiere quitar su presencia y su consuelo.mas aún queda cofradías, penitentes y personas que no lo quieren perder. Quien también recordar a la joven profesora que durante mes y medio, compuso, con sus alumnos, de humilde barro como a Adán hizo el Señor, a la Virgen Dolorosa y los pasos del Entierro, de Jesús el Nazareno y del Cristo del Perdón.

Ya llegan los romanos, ya se oyen chocar las herraduras contra el pavimento, que cuando era de adoquines hacía que brotaran chispas de ese choque violento, como ocurría, cuando los de a pie golpeaban al unísono las conteras de sus lanzas.

El hombre siempre ha estado o sometido a los imperialismos o sometiendo a otros pueblos, pero el Hombre Dios, cuya procesión abre los romanos vino sin ejércitos y sin centurias “a construir un reino en cada corazón”.

Los équites romanos cabalgan, pero el que vino a conquistar corazones se aproxima montado en un humilde asno. Ya había bendecido el padre a los animales, después de creados y Jesús también los amaba, pues cuando mandó a sus discípulos a buscar la burreta y su pollina, les dijo dónde se encontraban y que el dueño no se negaría a entregárselas. ¡Cuantas veces, al pasar por delante de la puerta, se pararía con él y le hablaría de esos animales!

En la pascua Florida, es la primavera y con sus ramos y palmas, los niños de los Hebreos proclaman el Triunfo de Jesús, al que luego sus padres harán traición. Hace falta que esa Pascua Florida la celebremos no sólo con ramos en las manos sino también con buenas obras. He comentado que cuando el hombre se tornó materialista, trata de buscar la espiritualidad en la Naturaleza; ya los mismos hebreos en el desierto, olvidándose de Dios, adoraron un becerro.

Conocí un compañero en la Universidad, que en aquellos lejanos y duros tempos ya fumaba tabaco rubio, que decía no creer en nada y que su única biblia era el libre “Platero y yo”. Había caído en la adoración de un asno. No sé si habría leído el capítulo del Angelus, en que Juan Ramón Jiménez, le habla a Platero:”Parece, mientras suena el Angelus, que esta vida nuestra pierde su fuerza cotidiana, y que otra fuerza de adentro, más altiva, más constante y más pura, hace que todo, como en surtidores de gracia, suba a las estrellas”.

Si mi amigo lo hubiera leído, tal vez hubiera caído en la cuenta de que el poeta, caminaba hacia Dios por la belleza, como otros caminan por el sufrimiento, el trabajo o la dedicación a los necesitados.

En todas las Sagradas Escrituras y en las bendiciones del agua, de los óleos, de los ramos, ritos eclesiales, se intuye el amor a la Naturaleza, criatura de Dios. Hemos vuelto al equilibrio del Espíritu y la materia. En mi pueblo, después de la Procesión de los ramos, colgamos éstos en nuestros balcones y ventanas. Estamos ante una imagen pero no adoramos un ramo sino que nos acerca a Dios, igual que a San Juan de la Cruz, lo acercaban los bosques y praderas.

Se va Jesús montado en su burreta, de la que su imaginero Vicente Vallés, me dijo hace unos días, que no estaba terminada.

En este suceder o devenir de pasos, se aproxima uno que trasciende de paso para llegar a la categoría de escenario, porque la escena que en él se representa es grande en el tamaño y grandiosa en su tierra. Recuerdo entre sus restauradores al imaginero Larruy, autor de tantos bustos de ingenuidad medieval, al tiempo que profunda. Es una muestra de cómo la imagen subyace en nosotros y en su caso la plasmaba en madera, y otros hombres las colgamos, en el cuello, en la pared o la plasmamos en las alturas de los montes. Cristo es hombre y quiere despedirse celebrando un ágape, igual que se despiden los quintos con lifaras, lava los pies de sus discípulos como la Magdalena se los ungiera con perfumes.

Es Dios y del pan y del vino, que es fruto de la vid y del trabajo de los Hombres, hace el milagro de una eterna permanencia entre nosotros. Aquello sí que fue “un me voy pero no me voy, me marcho pero me quedo”, un milagro divino por la solución eucarística dada a ese quedarse, eliminando los sacrificios sangrientos y tratando de evitar los derramamientos de sangre, en adelante.

Pero nos encontramos como en la primera semana de la Creación: Dios creó al hombre libre y Jesús dijo: el que quiera que me siga y el hombre sigue matando, cuando tiene el recurso de beber la sangre pacífica y divina del cáliz. Pasa ante nosotros un acto humano, el del ágape, la “lifara” amistosa, con el agua, el pan y el vino de un ecosistema creado por Dios, el mayor ecologista. ¡Cómo nos avisa el imaginero Mendoza, creador del paso, del peligro del dinero, tallando a Judas con su bolsa!. Hay quien trata de desequilibrar; el hombre es libre, ¡que busque su equilibrio en la imagen profunda que nos hace patente la imagen de madera del imaginero!.

Suena la música fúnebre de los ministriles, sublimación estética de los alaridos, plañidos y quejas de las plañideras, que en nuestra tierra existían a nivel institucional y que se siguen “plañendo”, palabra nuestra, a nivel particular.

Se siente uno como sobrecogido, al escuchar esas notas que aparentemente misteriosas, se hacen tales por introducirnos en los misterios sacrosantos, por convertirnos, a los que las escuchamos, en partícipes del Misterio con que el Verbo nos abarca desde la Creación, hasta el momento mismo en que uno vive en la acera del Coso, como viví en otras ocasiones en un balcón de la Calle de Cuatro Reyes, cerca del de Marieta Pérez. Se siente uno dentro de un equilibrio, amando a Dios, a Cristo, a la Virgen y a los hombres, que conmigo contemplan el paso de los pasos, reflejando en sus ojos una luz que es muy antigua, teniendo al mismo tiempo la esperanza del que tiene futuro, estoy también amando a aquellos penitentes, que soportando el peso y empujando las sagradas carrozas, son como nuevos Cristos con sus cruces a cuestas.

Pasan los penitentes que descalzos y arrastrando cadenas, piden al cielo que libere su espíritu de otras cadenas que oprimen de dolor, como Cristo en el paso en que se queda solo, rodeado de olivos, pide a su vez al Padre, ser liberado de trago tan amargo.

Ya viene el prendimiento, cuya imagen tallara el grausino Coscolla, y el buen Jesús se entrega como manso cordero, para ser sacrificado.¿ Cuántas víctimas humanas han sido y son prendidas todavía por dioses-hombres, que se creen poderosos en sus soberbias mentes?.Si Cristo no les sirve de consuelo a los primeros, y si Cristo no les sirve de modelo a los segundos, para que nunca ocurran estas cosas, ¿qué sentido podremos darle a nuestras vidas?. Ya viene Cristo atado a una soberbia columna y acompañado de penitentes con vistosas túnicas. Ha sido el hombre atado a los árboles y a piquetes infamantes de los que aún se ven los restos de uno de ellos en el camino de San Jorge. Los olivos dan paz, los cipreses reflexión y las columnas equilibrio en los grandes edificios, pero el hombre sigue atado a columnas y estructuras injustas y humillantes y es flagelado Cristo y llevan luto los cofrades de la Vera Cruz y brotan las lágrimas de las santa mujeres, y el arrepentimiento en los corazones, pero todos dejamos para más adelante el poner en práctica su doctrina. Su doctrina, que es Camino, que es Verdad y que es Vida y sin embargo van sucediéndose a lo largo de los siglos doctrinas opresoras de los hombres y la nuestra permanece en el corazón de las buenas gentes y los niños, pero no reina en el corazón de los hombres poderosos. Pasa la Coronación de Espinas y me acuerdo del respeto de los niños a las golondrinas; no dejábamos nido sano y, sin embargo veíamos a esas veloces aves como seres sagrados, porque decían haber librado a Cristo de las crueles espinas. La semilla de Cristo caía en nuestros corazones en terreno abonado, como el observador se da cuenta como el sucesivo paso de las escenas del dolor de Cristo caen profundas en el corazón de las gentes sencillas que están viendo pasar la procesión.

¿Qué cizaña impide que el ejemplo de Cristo cale más en la convivencia de los hombres?. Se tiene uno que rendir a la evidencia de que aquello que nos enseñaron: mundo, demonio y carne sigue vigente entre nosotros.

Estamos en la apoteosis del dolor ,van pasando el Ecce Homo, tallado por Marqués y pasa el nazareno del escultor Orduna, oprimido por el peso de la Cruz. Los claros clarines quieren anunciar la muerte del condenado, y no saben que están anunciando su triunfo sobre la muerte, a pesar de la crueldad del furioso golpear de conteras de lanzas sobre el pavimento de las calles. Y golpea, reiterativo, el dolor a Cristo,que cae con la Cruz a cuestas y la masa humana que contempla su dolor, aquellos hombres que hace tan sólo cinco días lo aclamaban con ramos y con palmas, ahora callan, pero Cristo ha empezado a reinar en algunos corazones y el Cirineo le ayuda a pesar de exponerse a ser mal visto por el poder, en tanto la Verónica pone su delicada nota femenina que alivia la existencia de los hombres y Cristo además de Dios y hombre verdadero, poeta ensangrentado, artista e inspirador de artistas, deja plasmado su rostro dejándole a ella y a nosotros un recuerdo.

Sonarán luego los golpes del martillo percutiendo tonantes y con cueldad inusitada, a través de las manos en el leño, implacables como suena las lanzas en el suelo.

Pende Cristo del Arbol de la Cruz y se queja ante el pueblo:Popule meus, quid fecit tibi au in quo posuit contristare tibi.

Y el pueblo no responde, responden sólo golondrinas a las que Dios bendijo y vuelven a cada primavera, no son libres, pero los hombres, que lo son, hacen que el hombre Dios se sienta sólo: Padre ¿por qué me has abandonado?, pero seguimos abandonando a Cristo, al dejar abandonados a otros Cristos, que, con nosotros, recorren cada día su calvario. Pero sí que responden al dolor de Cristo algunos Cirineos y muchas Verónicas.

A nuestros pasos, sobre todo a los más pesados, se les fueron colocando ruedas para hacerlos más llevaderos y los ciudadanos hemos hecho lo mismo; nos hemos provisto de ruedas de automóvil para, según algunos aumentar el martirio de la vida ciudadana y según otros para hacer más llevadero el paso de la vida.

Aquí tengo dos programas de la Semana Santa, el de la Vera Cruz, del Arbol de la Vida y otro que anuncia viajes, algunos sin retorno, aunque no lo comente que sería el de otro árbol, parecido al que en el paraíso estaba: el Arbol de la Ciencia, en que se encuentran juntamente, el bien y el mal. Recordemos, ante la alternativa de estas dos clases de arboles, a Venancio Fortunato cuando dice: “¡Oh cruz fiel, el más noble de los arboles; ningún bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor ni en fruto!”

Algunos irán a Andalucía, a contemplar la fe de un pueblo, que manifiesta de un modo más ruidoso su amor a Cristo y a María y tratan de aliviar su sufrimiento con saetas. Otros irán a la mar, a la montaña, a gozar de las cosas que el Señor, en la primera semana, nos creará.

Tal vez se pongan a rezar un Padre Nuestro al recordar, el Viernes Santo que en Huesca está pasando el Santo Entierro. Algunos por desgracia pasarán un calvario en la misma carretera. ¡ Que esté con ellos la Virgen Dolorosa!.

Yo acudiré en la ciudad de Huesca a contemplar, desde cualquier rincón, acompañado de la gente, el paso del Cristo del Perdón para pedirle ese Perdón que necesito, por haberme atrevido a pregonar esa Semana Santa que va a llegar a Huesca.