viernes, 14 de junio de 2013

José María Aventín Llanas y la casita de Blancanieves



          

Busto de Lourdes Llanas por Jose M. Aventín Llanas.
                                         

Siempre he tenido en mi memoria recuerdos de Aventín Llanas, que era primo de José Antonio Llanas Almudévar. Pero también lo llegué a conocer por no sólo haberlo visto, sino por haber seguido las conversaciones que el pueblo oscense mantenía sobre su estancia en Huesca; decían que era un hombre sufrido, que no tenía sueños con una vida regalada, pues decían que vivía en la torre de la Iglesia de Santo Domingo. Yo ignoro las condiciones de habitabilidad que le permitirían vivir en aquella torre, acompañado por el sonido de las campanas, por el sonar de las horas del reloj de la torre parroquial y de las conversaciones, que desde los tejados, hacían sonar las numerosas palomas, que allí se reunían e incluso preparaban sus nidos debajo de las tejas.
Aunque gran parte de su vida la vivió en Madrid, también en Huesca ejerció su profesión, primero de carpintero y ebanista, y por fin de escultor. Había   nacido en Santaliestra en 1898, cerca de Graus y murió en Madrid en 1984. Su padre fue carpintero y su madre, que pertenecía a la familia de los Llanas oscenses, era una  Maestra, con un apego entusiasta a la lectura y con un deseo intenso de que su hijo no quedase solamente en carpintero. José María siguiendo el amor de su madre y su propia vocación, recibió clases de dibujo en el Centro Católico de Huesca y con Don Ramón Acín, en su Academia, se acrecentó su amor al arte. En la calle San Orencio de Huesca montó un taller de Ebanistería. En 1929, el escultor Felipe Coscolla le pidió que colaborara con él, ayudándole a esculpir el paso de la Enclavación y a  montarlo en Huesca, capital. A partir de 1930 sintió la necesidad de abandonar  la Ebanistería y entrar en el mundo de la escultura, principalmente de los seres humanos. En 1931, recibió una beca de la Diputación Provincial de Huesca y apoyado por dicha beca, realizó estudios de Escultura en Madrid, donde vivió una vida con un sueño artístico,  pero dominado por una vida bohemia  y como escribe Lasaosa “frecuentando diversas tertulias como las del Café Gijón, Pombo,  María Cristina o Recoletos, donde se reunían los aragoneses en Madrid”.
Sillón cama ideado por J.M. Aventín Llanas.

En casa Almudévar de Siétamo, se encuentra   todavía un sillón-cama, ideado por el talento de Aventín. Cambiando de arriba abajo unas tablillas, se convierte el sillón en lecho y en aquel mueble fabricado para el descanso,  descansaba mi primo Lorenzo Llanas, que murió a los veinte años de edad. Cuando miro este mueble, me acuerdo de José Antonio, el farmacéutico, que le pidió a mi padre una silla del Conde de Aranda y que al recibirla, se la agradeció con este mueble sillón –cama. Me acuerdo de  mi primo Lorenzo y al mirar la placa metálica que se adapta a uno de los apoyos,  no puedo menos que recordar a José Aventín Llanas, cuya creación la atribuye, en dicha placa,  a sí mismo.

Placa  identificativa del sillón cama.
Cuando yo trabajaba de Veterinario en el Comercio de Don Angel  Escartín, frente a la Iglesia de Santo Domingo, conocí al artista  con vida de monje, José María Aventín Llanas. Don Ramón Lasaosa Susín, hombre investigador y con una curiosidad profunda por la vida  y el arte de Aventín Llanas, para escribir sobre él, hizo viajes,  incluso a Madrid. En una publicación de  La Val de Onsera, en 1997, escribió un artículo, en el que pone en evidencia el espíritu religioso  de Aventín Llanas,  del que yo digo que vivía como un monje. Sufrió una sordera que lo encerró en sí mismo, alejándose de la realidad de este mundo, llevando una vida beatífica,  que le hacía leer vidas de santos y consultar con frecuencia en La Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis. Llevaba una vida de pobreza que le duró hasta su muerte y este fenómeno se pudo contemplar en la puerta del Comercio de Escartín, en el Coso Bajo y frente a la Iglesia de Santo Domingo, que él había elegido como su convento durante su estancia en Huesca, pues después de haber vivido en Madrid desde aproximadamente el año 1931, volvió a Huesca durante una larga temporada del año 1966, a 1970, estando en un estado físico más bien malo y durante él, realizó  bustos  de Pilar Ruspira , Conchita Coarasa, Manuel Garbayo,  Martínez Albornoz y de muchos otros, todos conocidos míos.  Después de ese encuentro, Escartín me comentaba que Aventín ofrecía sus esculturas a los oscenses, de los que tenía recuerdos de su juventud.  Llama la atención el Medallón, en el que figura Walt Disney, acompañando un mosaico de Blancanieves con los siete enanitos, en la entrada de  su Casita. Estas obras las ejecutó Aventín Llanas, en esa fase de mala salud, que pasó desde el año 1966 hasta que regresó a Madrid, donde murió en 1984. En Huesca hizo según se me ocurre a mí, una vida conventual, favorecida por el piadoso Párroco de Santo Domingo, que lo acogió en la torre de la Iglesia de Santo Domingo. Por la cercanía con mi punto de trabajo en Casa Escartín, pude entrar en esa conversación con Aventín Llanas, con Don Angel Escartín y varios otros que le rodeamos y escuchamos su voz amable y suave. Ese medallón de Walt Disney, lo contemplo, en el Parque Municipal de Huesca, junto a un mosaico de colores, en el que Blancanieves,  rodeada de los enanitos, adorna el ambiente optimista de la  Casita, que ocuparon, idealmente,  hace ya muchos años. Y me viene a la memoria el recuerdo de los niños que acudían a ver a  Blancanieves, a la que admiraban, como la admira mi nieta Marieta, y que leían cuentos, que les alcanzaban las hermanas Recaj, que fueron muy amigas de la Escritora Angelines Campo. Al ver hoy aquella casita de hermosos colores, con un enorme sauce que la cubre sobre sus tejados y la acompaña un oloroso laurel por su fachada delantera, siento una tristeza al no ver a los niños jugando felices, aunque en ocasiones, algún niño acompañado por sus padres se pone en la puerta del chalet de Blancanieves, empujando en vano su puerta para conseguir ver a los alegres enanitos, cuidados por la bella Blancanieves. Es que este mágico lugar infantil,  unas veces se abría para recreo de los niños y otras se cerraba, como lo está ahora mismo. Yo, cada vez que paseo alrededor de la Casita, me consuelo mirando el medallón de Aventín Llanas,  al lado del mosaico en que están juntos Blancanieves y sus queridos enanitos. Hoy día 14 de Junio de 2013, me ha comunicado mi nieta María, que habían abierto la soñada Casita.
 En estos años de retiro en Huesca, desde 1966 a  1970, como buscando una recuperación de su salud medio perdida, el arte tuvo en él una renovación, como hace ver el periodista Félix Ferrer, con el que tuve una buena amistad, que escribió  sobre la figura de Ana Rosa Bello, reproducida por Aventín. Entonces también realizó los retratos  a Pilar Ruspira, Manuel Garbayo, Conchita Coarasa, personas a las que conocí, y el medallón portador del rostro de Walt Disney, que todavía se contempla en la Casita de Balancanieves del Parque. Dice Ramón Lasaosa “que los retratos de esta época son muy realistas, pero que carecen de la vida y fuerza de sus primeras figuras”. En los años cincuenta y dos retrató a sus padres, que al poco tiempo murieron.

Padres de Jose M. Aventín Llanas.
Estaba José María Aventín Llanas, al principio de su estancia en Huesca,  en su taller de la calle San Orencio, donde hizo el mueble sillón-cama que cambió José Antonio Llanas a mi padre por una silla del Conde de Aranda, pero su afición a las escultura ya era conocida, por ejemplo por Felipe Coscolla, que en el año 1929, le pidió ayuda para esculpir  el paso de la Enclavación de la Semana Santa Oscense. Esta actividad le animó a esculpir retratos de otros oscenses conocidos, como la prima de Llanas y hermana del Doctor Cardús, llamada Patrito, Blanca Bescós, hermana de María Cruz Bescós, Don Ricardo del Arco, gran historiador,  Ramón Acín , su profesor y así creó  hasta  veintiún bustos,  que presentó el año 1931, en el Círculo Oscense. Esta exposición la volvió  a realizar en el Círculo Mercantil de Zaragoza.
Los ánimos de Ramón Acín lo movieron a aprovechar una beca, que la utilizó en Madrid en la Escuela de Bellas Artes. Un oscense, cuya familia,  abandonó su casa-palacio de Huesca y lo llevó a vivir a Madrid y que fue Carlos Carderera, el que le  hizo uno de los primeros encargos, siguiéndole Perico Chicote, que todos los años venía a veranear a Panticosa.
En 1932 realizó el busto  del Presidente del Consejo de Ministros Manuel Azaña, lo que produjo en algunos una impresión desagradable, por las ideas políticas de dicho Presidente, pero también  realizó otros retratos de  otros dos oscenses, a saber José Vallés, fiscal de la República y Agustín Viñuales Pardo, Ministro de Hacienda. En estos años en que parecía que su trabajo crecía, dice Ramón Lasaosa Susín que el año 1936 “se produce la sublevación de las tropas de Franco” y “Madrid se convierte en una ciudad hostil para él, pues a pesar de sus amistades con significados personajes de la república, fue detenido y encarcelado por su exacerbada religiosidad”. Después unas veces trabajaba en Barcelona y otras en Madrid. Hemos visto el periodo desde 1931 al de su vuelta a Huesca en 1966, para vivir en la torre de Santo Domingo. Pero de lo que yo me acuerdo más, es su época de ebanista, del que poseo un sillón-cama y que yo he tenido muchas ocasiones de dormir en él, como en otros tiempos descansaba mi primo Lorenzo Llanas Almudévar. En los principios de su actividad, tallando madera, como en el Paso de Semana Santa, en casa de Llanas guardan un retrato de Feliciano Llanas, padre del que fue alcalde de Huesa José Antonio Llanas Almudévar, casado con mi tía Pilar Almudévar y al quedarse viudo, con su hermana, mi tía Teresina. Pero de la exposición que hizo de muchas obras suyas, yo destaco la de Lurdes Llanas Almudévar, prima hermana mía y la de su prima Patrito Cardús, de la que también sacó Aventín Llanas su retrato, y que con su hermano José, siendo huérfanos, vivieron con la familia Llanas Almudévar.     
José María Aventín Llanas, siempre se recuerda en Huesca, porque cuando los oscenses pasan al lado de la Casita de Blanca Nieves, por el Parque, ven la figura de Walt Disney, al lado de un mosaico en que la citada Blacanieves, se ve rodeada por los siete enanitos. Pero contemplando su historia se ve el gran oscensismo que había en su persona y en todos los oscenses que con él se trataban. Porque en Madrid no le fue difícil el tratarse con los Carderera, con cuya familia cultivó una gran amistad, que le abrieron las puertas de su gran biblioteca. En Huesca se relacionó con Ramón Acín y cultivó la amistad con Felipe Coscolla.
Yo no puedo juzgar el arte como lo hacen escritores como Lasaosa, pero no puedo olvidar la relación que José María Aventín Llanas, tuvo con mi familia y con mis amigos. En Madrid fue recibido con detalles amistosos, como por ejemplo el de darle paso a su gran biblioteca. Se acordarían de su antepasado el pintor Valentín Carderera, que se dedicó principalmente al retrato, como José María Aventín Llanas se dedicó a los retratos escultóricos.
Jose María Aventín Llanas  retratado por Ramón Acín.

 Con Ramón Acín también fue grande la amistad, pues este mismo artista le pintó un hermoso retrato. He sacado de casa de Llanas, por la bondad de la viuda de mi primo hermano José Antonio Llanas, un retrato en madera de Feliciano Llanas, tallado por Aventín y que se sale un tanto del estilo academicista del siglo XIX, pero que respeta la forma de vestir de Feliciano, que murió en 1936 y al que, acompañado por mi padre, fui a despedir de este mundo.

Escultura Feliciano Llanas por Jose M. Aventín Llanas.
 En el respaldo de su lecho, estaba tallado el escudo de los Almudévar. ¿Lo tallaría José María Llanas Aguilaniedo?. El retrato de Blanca Bescós tiene un gran realismo me lo comentaron su hermana Maria Teresa Bescós y su hija María Teresa Alamán Bescós, que murieron hacia el año  dos mil.  A Don Ricardo del Arco lo conocí y Aventín lo retrató togado como a un noble romano. ¡Cómo me acuerdo de la hermana del Doctor Cardús, Patrito, prima hermana de Lurdes Llanas, a las que retrató con gran perfección!.





















Al mirar la foto de Lurdes, que se bañaba en la huerta de Almudévar de Siétamo, con agua calentada por el sol, en compañía de mi hermana Mariví, en una casita que recuerda la de Blancanieves. ¡Qué feliz se sintió ayer mi nieta María, que con cuatro años de edad encontró abierta la puerta de la Casita de Blancanieves!.






2 comentarios:

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  2. Sr. D. Ignacio: ¡Mil gracias por recordar a Aventín!

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