lunes, 17 de agosto de 2015

Mi amigo Angel Pueyo, de Aniés

Ermita Virgen de la Peña , Anies ( Huesca )


Yo, hará unos cincuenta años, estuve de veterinario en Bolea, desde donde tenía que asistir  la salud  de los animales de Aniés. Una copla antigua ya hace ver que, ”Sasa, Loarre, Aniés y Bolea, son los cuatro lugares,  al pie de la Sierra”, y yo recorría aquellos lugares por carreteras y caminos, conduciendo una moto. Residía en Bolea, que por el Sur, se asomaba su enorme Parroquia a la Hoya de Huesca, pero que no sólo era enorme por su volumen, sino por la belleza de su arquitectura y por el arte de sus sagradas imágenes. Al salir de visitar la iglesia en su interior, sentía la necesidad de mirar a la Hoya, que  desde esa altura, te creaba un estado de placer, después de contemplar a los santos y pasar a gozar de la inmensa belleza de aquel cielo que envolvía la tierra de la Hoya de Huesca.
Desde Bolea, se siente uno llamado a bajar a la Tierra Plana, pero al volver la espalda al Pórtico de la iglesia, se vuelve uno a quedar admirado de la belleza y de la grandeza de la Sierra, que  con  ”Sasa, Loarre, Aniés y Bolea”,  impulsan a visitar la Montaña, antes que la Tierra Plana. 
Caminando desde Bolea a Aniés, sentía la impresión de encontrarme en una tierra sagrada por las cuatro ermitas, que se encuentran en su monte. Desde este pueblo de Aniés, con doscientos habitantes, se queda uno maravillado al contemplar la ermita de la Virgen de la Peña, que produce la impresión de estar colgada de una pared rocosa. Se vive en Aniés, una vida serrana a 761 metros de altura, sobre el nivel del mar. Se sube desde Huesca por unos veintiséis kilómetros de carretera, saliendo de la Hoya de Huesca hacia Bolea, por  La Venta del Sotón. Parece que uno ha entrado en una tierra sagrada y noble, pues después de visitar varias ermitas, se sigue hasta Loarre, con su maravilloso Castillo, que causa admiración entre los que a él suben, unos por Bolea y Aniés y otros por Ayerbe.
Desde Aniés, se goza de la vista de la Ermita de la Virgen de la Peña, que parece estar colgada de dicho paredón. Aniés tiene unos doscientos habitantes, que viven entre Loarre y Bolea, a unos 761 metros de altura sobre el nivel del mar y a una distancia de 26 kilómetros de Huesca. Subiendo a dicha Ermita, colgada de las rocosas paredes de la Sierra Caballera, para acceder a su entrada, hay que subir por unas escaleras, alrededor de 42, labradas en la misma roca, unas para subir y otras para bajar. El día ocho de Septiembre se celebra la Fiesta de la Virgen y el ocho de mayo, se reunen en la Ermita, los habitantes de Aniés con los de Rasal y los de Bentué. En tal altura mana una fuente, en la que beben agua y se puede contemplar, al fondo, el Castillo de Loarre. 
Hace unos cincuenta años, estuve con amigos de Bolea, en la Romería del ocho de Mayo y desde aquel lugar sagrado, tenía preparada la bajada a Bentué de Rasal, con vecinos de dicho pueblo, para vacunar sus ovejas contra el Carbunco. Asistí a los actos religiosos, al final de los cuales el sacerdote daba a besar una cadena a los fieles, de cuya historia no recuerdo. Después, montado en una mula de los vecinos de Bentué, acompañado por sus peregrinos, me bajó la mula por esos precipicios, que iban a Bentué. Los dueños de las mulas me indicaron el peligro que llevaba bajando por tal cuesta, montado en algunos lugares, pero yo no les hice caso. ¡Qué Dios me perdone, porque ellos sabían mucho del traslado montado en una mula, por aquellos lugares!.
Al día siguiente vacuné las ovejas y cabras y los buenos ganaderos, me llevaron a la ermita de la Trinidad, desde la que se veía Bolea. Hace pocos o más bien muchos años de este primitivo viaje, pero,  a los pocos años se abrió una carretera desde Bentué a Arguis. Ahora, parece que está previsto, que la autovía que están construyendo desde Huesca a Sabiñánigo, pasará muy cerca por dichos pueblos.
Continuando desde Aniés a Ayerbe, se llega a Sasa  y en aquellas rocas, se contemplan ruinas de castillos, que acogieron en viejos tiempos a sus habitantes. Hoy día, se contemplan nidos de buitres. Me ha dicho mi amigo Angel Pueyo que desde la Virgen de la Peña,  se observa una pareja de buitres negros.
Esta ermita de la Virgen de la Peña, en Aniés es maravillosa, pero mi amigo Angel Pueyo de Aniés, está enamorado de la ermita de San Cristóbal, “este eremitorio mimetizado, en la roca que lo alberga”. Se puede llegar a este eremitorio desde Aniés  por  La Virgen de la Peña y lo mismo desde Bolea, por un sendero que corre junto al río Sotón. Adolfo Castán publicó que “San Cristobal podría hundir sus raíces en el mundo visigodo, aunque lo más antiguo parece una pintura mural de los siglos XIII- XIV; es conjunto fundamental para la comprensión del fenómeno eremítico, acoplado a un marco natural bellísimo y aislado”. Ir a visitar la ermita rupestre  de San Cristóbal de Aniés, es una aventura maravillosa, aunque,  en circunstancias de lluvia, resulte dura esta excursión o peregrinación.
Desde la Virgen de la Peña, se puede estar atento a observar el antiguo eremitorio de San Cristóbal y el  medieval Castillo de Loarre. En él se encuentra uno con la belleza suprema de Aragón, donde acuden miles de visitantes a contemplar el arte medieval y a peregrinar a la hermosa capilla,  a la que hoy en día, siguen acudiendo a casarse, parejas piadosas. Este Castillo está construido con piedras de sillería, paro a pesar de ello, parece un lugar divino, al que visitan multitudes de turistas y de peregrinos.
Cuando frecuentaba Aniés, hace ya muchos años, conocí a un niño llamado Angel Pueyo. Su casa la llamaban y todavía la nombran como ”casa Acera”. Su padre, llamado José Pueyo, asistió a la Escuela hasta los nueve años de edad, tiempo que le dio la oportunidad de aprender a multiplicar, pero no pudo hacer divisiones. Su afición a la lectura la conservó durante toda su vida, pues cuando cuidaba ovejas, en el monte, no cesaba de leer. El no podía pasar sin recoger todo papel escrito, que en su pacífica faena de pastor, no podía pasar sin leer su contenido.
A su hijo Angel, lo conocí en Aniés cuando todavía asistía a la Escuela, pero conservé siempre su amistad, porque cuando me veía, incluso cuando ya era Policía, me saludaba y conversábamos sobre los animales, que toda su vida ha seguido criando en su casa de La Acera del viejo pueblo de Aniés. Han pasado muchos años, pero, muchas veces nos encontrábamos en Huesca con Angel y con los hermanos Martín y Blas Buen, con cuyo hermano Máximo estudiamos en la Facultad de Veterinarios de Zaragoza. Tengo gratos recuerdos de  varios ,entonces, vecinos de Aniés. Angel vive en Huesca, pero casi cada día sube a su pueblo, donde no ha dejado de criar animales, como por ejemplo corderos, que le hacen recordar a su padre,  el pastor José. 
En Huesca vivía a favor del bien y combatiendo el mal, pero siempre que podía subía allá arriba cerca de los cielos, que le recordaban el bien y la belleza, en el Castillo de Loarre, en la Virgen de la Peña y en la primitiva ermita de San Cristóbal de Aniés.
Tuvieron años buenos en este pueblo de Aniés, como en otros pueblos a los que todavía no había llegado la mecanización, que casi ha acabado con la alegría de sus vecinos. Eran alegres las fiestas y vivían felices. Siendo todavía veterinario de Bolea, acudí a las Ferias Ganaderas de Ayerbe y me llamó la atención, como los agricultores de “Sasa,Loarre,Aniés y Bolea”, se deshacían de sus mulas en dichas Ferias.
Habían sido felices los campesinos, con sus fiestas y romerías, pero ya no he vuelto por Aniés, pero el día 15 de Agosto de este año de 2013, día de la Virgen, me he encontrado con Angel Pueyo, viejo amigo, que siendo Policía jubilado, jamás  abandonó a los animales, que cuidaba y todavía sigue cuidando, en Aniés.

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