domingo, 31 de diciembre de 2017

Mi amigo, el jugador de Petanca



El jugador de la Petanca, que cada día se encuentra en el Parque, jugando con sus bolas de acero, y las lanza unas contra otras y unas veces, con una de ellas, les da a otras y en cambio, otras veces, no le da a  ninguna  y espera que mejore la suerte, para que sus compañeros de juego no le ganen.
El viene al Parque, donde hay pistas de juego, donde cada jugador llega a ellas con sus bolsos, llenos de bolas. Las sacan a la pista y juegan para  ver  quién  es el más hábil jugador, que gana en el juego más puntos.
Cada partida se juega con el fin de alcanzar trece puntos y el que primero llega a esa cifra, gana la partida.
Su rostro se encuentra impresionado por ese juego, que no hace al cuerpo esforzarse en trabajar  con  exceso,  pero  sin  embargo,  ese  pequeño  esfuerzo,  le  da  salud  y gozo al espíritu.
No   consiste   este juego en un esfuerzo agotador, sino que refuerza sus órganos respiratorios y los músculos de su cuerpo, desde sus brazos y sus piernas, lo que motiva, que cuando acaban su juego, los jugadores y jugadoras, se encuentran con un magnífico temple respiratorio, una nueva fuerza en sus músculos y un color de libertad en la piel de su  rostro  y  de  sus manos, que se mueven con más ligereza, que cuando empezaban la partida.
En esta magnífica pista del Parque de Huesca, rodeada de árboles,  juegan a la Petanca muchos hombres y mujeres, pero no sólo en el  Verano, sino también en los días de Diciembre, en que juegan sin sentir el frío y al calor lo combaten, en verano, poniéndose a la sombra de los altos árboles, que adornan el paisaje.
Con la Petanca hombres y mujeres, se divierten todo el año  y  su  espíritu,  se conserva juguetón y les conserva su juventud por muchos años, su espíritu se torna alegre y se conserva juguetón y los conserva jóvenes durante muchos años.

¡Que sigan siendo felices con sus pelotas de acero, haciéndolas rodar en la Pista de la Petanca, que se encuentra en el Parque de Huesca!.

lunes, 25 de diciembre de 2017

El león mata a la gacela y el toro se mata con los hombres



Cuando veo una de esas películas en que se proyecta la vida de los leones, parece que su proyector, está impresionado por la vida de esos “animales de poder”.    Si, el león es el Rey de la selva, pues su melena dorada nos recuerda los brillantes reflejos del Astro Rey, y desde lo alto de una colina, va mirando por los alrededores. Y con su mirada parece dirigir a las leonas, que lo observan, la dirección que tienen que adoptar para perseguir a sus víctimas y sacrificarlas de un mordisco en la yugular.  Los leones que vigilan el desierto desde las colinas, nos dan un ejemplo de actividad y de descanso, porque cuando el gran león, al llegar la noche, ordena la caza, y durante la luz del día, reposa y retoza la manada, buscando sombras, ya vegetales o rocosas. Este comportamiento de los leones adultos, hace pensar a nuestros cerebros en la crueldad de su vida, buscando la sangre de  los  ciervos  y  gacelas inocentes. Los cachorros me hacen pensar en su inocencia, que recuerda la semejanza con su interior de nuestros niños y la blancura de su espíritu.
Pero a pesar de ser hijos los cachorros de fieros leones, su inocencia les hace jugar para divertirse. ¡Qué contrariedad entre la inocencia de nuestro espíritu, que procura el hombre conservar  en  él,  durante  toda su  vida,  y otras, que hace caer a otros hombres en el desprecio del buen comportamiento!.  Pero los cachorros van perdiendo su inocencia, a medida que las leonas, buscan la carne de los antílopes con una gran ferocidad.
Algunos se admiran y se enamoran de la inocencia de los pequeños leones, otros no están conformes con su aparente crueldad, que no es más que buscar la necesidad de conservar la vida. Y es que el Creador ha creado la vida del mundo animal y a medida que sus especies van evolucionando, hasta llegar al hombre, a éste lo ha dotado de una ética o moral, que hace que unas veces busque solamente el bien y otras se entregue al mal.

El hombre también ha intentado domesticar al león, domándolo, por  ejemplo  en los circos por medio de los “domadores”, pero no se ha logrado en ellos, una disciplina modelo.  Hace miles de  años  que  al hombre, orientado en muchos casos, por la doctrina budista, le preocupó esa desigualdad de la ética entre los seres vivos y quisieron convertir a los enormes y bellos tigres en “gatitos cariñosos”. Miles de personas van al Templo Budista de los  Tigres,  en Tailandia, para poder ver e incluso abrazar a los felinos, que viven en dicho lugar. En este mismo espacio se pueden contemplar caballos, jabalíes y monos. Hay algunos miembros de organizaciones ecológicas, que  dicen  que en los monasterios budistas, dan a las fieras tratamientos contrarios a su naturaleza salvaje, pero no han acertado los lamas budistas amansar al hermoso león, porque se reconoce que es peligroso. En cambio  en  el Monasterio citado los turistas llegan a abrazar y a jugar con los tigres, porque dichos felinos se han convertido en seres mansos y cariñosos.

“La bióloga australiana Sybelle Foxcroft, que trabajó en este Templo durante varios años, dice que los tigres sufren una desnutrición severa, además de otras enfermedades provocadas por la dieta que siguen, en que no se incluye la carne roja”. Esta carne roja, llamado “plato fuerte”, suprimirla puede privar al cuerpo de productos vitales minerales y grupos de vitaminas. Pero en los auténticos leones resulta más difícil conseguir su mansedumbre. Se sospecha que debían haber hecho cualquier cosa con ellos,  que no iban a reaccionar en una, dos o tres horas”. No se ha acertado a encontrar la solución exacta de las pruebas que se hacen con los tigres.
De lo que no me cabe duda es de la voluntad generosa de esos budistas, que quieren hacer desaparecer de la vida, esos sacrificios que realizan unos animales con otros. Han investigado a través de siglos la forma de convertir la furia de los tigres en amor entre ellos y las otras especies que habitan el Mundo.

Los leones de piedra fueron utilizados por los antiguos para custodiar sus hogares de los malos espíritus y fantasmas, mientras que al mismo tiempo invita a la fortuna y buena suerte en sus vidas. (Imagen: NTD)

Al león lo llaman “Animal de Poder” y los budistas quieren unir a unos con otros, a los leones y tigres con los antílopes, para que vivan en Paz y felices. ¿No nos ha creado el Señor que ha puesto   en  actividad  el Universo, una conciencia pacífica, para que reine la Paz?. Si el principio de  la  Creación no ha alcanzado todavía esa deseada Paz, el Señor que ha dado libertad al hombre para adoptar el Bien o el Mal, ha dejado intentar a los budistas, en buscarla. Y aquellos templos del Oriente, exponen el intento de los budistas de convertir la crueldad de las fieras en Paz, que desean que llegue a ser eterna.
Si, la doctora australiana no ve en el intento de pacificar a los tigres y a los leopardos, una forma exacta de triunfo, que sería necesaria para alcanzar la perfección en convertir a los seres vivos en seres que se amaran entre sí, pero los Monjes budistas, lo han intentado durante siglos y no han alcanzado la perfección en sus proyectos, pero sus corazones han luchado y luchan en conseguir la perfección en su propósito de alcanzar la Paz, entre los seres vivos.


Pero no fueron los budistas, los únicos que han intentado crear la paz y la igualdad entre los seres vivos, sino que en el “Poberello” o Pobrecillo de Asís, ” libro bello y profundo, titulado “Las Florecillas”, canta al Señor, Creador de los bosques, de las flores, de los peces y de los pajarillos, así como de los lobos y de los corderos”.  En este artículo, que escribí  como  Veterinario para nuestra Fiesta de San Francisco, expongo que dicho Patron “ fue precursor con su literatura de los hoy ecologistas , añadiendo a sus doctrinas un componente místico”.
Sigo en mi artículo diciendo: “Quien maltrata a un animal, no muestra buen natural” y hoy en día, en las ciudades, donde los niños no viven en contacto con seres irracionales, resultan buenos amigos; muchas veces, pero por fortuna mejores amigos que algunos seres humanos. En aquellos viejos años, un lobo atacaba a los ciudadanos en la ciudad. San Francisco, lo llamó “hermano” y le pidió que amara a los hombres y no los atacara. El lobo tuvo un cambio de  su corazón de lobo, en corazón de cordero y siguió conviviendo en la ciudad con los niños.
El hombre siente y razona, pero sigue todavía, aquel principio de los clásicos,  que dice:  “primum est manducare et deinde filosofare”, y aún parece romperse el encanto del  respeto al lobo, al que San Francisco llamó Hermano”.
Nos hemos salido con los tigres, los leones, los monos, etc., del Oriente, pero al llegar al Occidente nos encontramos con el lobo, al que amó San Francisco de Asís y hemos pasado a la Península Ibérica, donde se une el caballo con su amigo el hombre, que intentaron amarse con el toro bravo. Si el hombre intentó por medio del caballo, formar un bello equipo con el toro bravo para darle, las bellotas, que lo hicieran más bello. Esos íberos, en su trato con los toros y montados en sus caballos, adquirieron un espíritu torero que los “hizo cantar y sonreír hasta la muerte”. Aquellos toros bravos que desde Navarra y Aragón hasta Andalucía y Extremadura,  siendo portadores de la fuerza, fueron venerados por cultos paganos. Y en alguna mente progresista pareció formarse la idea de un trío compuesto por el hombre, el caballo y el toro, que alcanzara la unión entre ellos, para conseguir el bien de la Humanidad.


Y según una leyenda  antiquísima : “la unión del hombre y el caballo, no fue la primera vez que se realizó, porque en la mitología pagana, llegaron a fundirse en un solo ser el hombre y el caballo, para crear el centauro”. El ardor del toro y del centauro son parecidos, porque si el ardor del centauro era un mito, el toro tiene “un trueno congelado en su cabeza- que coronan dos rayos afligidos rayos silenciosos, detenidos-por la muerte que rodea su fiereza”.
El hombre y el toro al darse cuenta del furor del toro, el primero no quiso ,impulsado por su arte y el caballo por su gran nobleza,no quisieron eliminar al toro con violencia, sino con arte,formando un arte formado por el arte del rejoneo. El rejoneo es un arte singular, en que el caballo se acerca y se escapa de las sangrientas púas del astado y el rejoneador se alza, se inclina y acomete, montado en su caballo, delante de las astas del toro, y lo desafía con sus banderillas,llenando de color el ruedo de la Plaza y hiere con su rejón al toro,que con este sangriento baile, sufre menos, que cuando lo separan de la majada, para transportarlo en el ferrocarril al lugar del sacrificio.
Hay enemigos de este espectáculo como se expresó un poeta castellano antiguo, que escribió: ¡Ay cuanto de dolor.está presente, al infante valiente, a hombres y caballos- juntamente”.

Y los observadores de la sociedad actual, tratamos de comprender el deseo de los tailandeses y  de los españoles, pero son problemas que superan nuestros deseos.


lunes, 18 de diciembre de 2017

Los Ripa de Jaca, los López de Botaya y la familia Indart.




En la obra del “Pireneo  Disputada”, escrita por el D. D. Fray DOMINGO LA RIPA, Monge Benito Claustral, Prior Conventual del Sagrado Real Claustro de San Juan de la Peña, y Cronista del Reyno de Aragón editada en 1685, nos habla de que el Padre Abarca, Religioso y Jesuita, dice de que Jaca está situada en la punta Oriental de Vasconia.  LA RIPA, escribe en su libro:”Porque aquellas (zonas) que menciona (Vizcaya y otras), pertenecían a la Vasconia,  como reconoce el P. Abarca, y en su opinión la Antiquísima ciudad de IACA y su condado de Aragón, es la punta oriental de la Fortísima y Antigua Vasconia; de esta  manera no hay inconveniente alguno en contar la Provincia de Aragón entre las otras que pertenecían a Vasconia, aunque haya grande distancia entre las unas,  y las otras Regiones”. Por eso, cuando convocados a la Cruzada para conquistar Zaragoza, los aragoneses, los vizcaínos y los del Bearn, se queda uno un poco extrañado de que Vizcaya,  tan lejana de Ayerbe, acudiera a la conquista de Almudévar y de Zaragoza, pero cuando lee uno que “haya grande distancia entre Vizcaya y Ayerbe”, se explica los motivos que convocaron a esas zonas, para conquistar Zaragoza (En 1118), como la relación de parentesco de los López de Botaya con los Señores de Vizcaya. El rey que la conquistó fue Alfonso el Batallador.
 El Padre Abarca, Religioso y Docto Jesuita reconoce la raza vasca al otro lado de los Pirineos. El D. D. Fray DOMINGO LA RIPA, autor del citado libro, en la página 422, escribe que el Padre Abarca dice:” El Condado de Aragón es la punta oriental de la Fortísima y Antigua Vasconia”. El apellido ABARCA es una palabra vasca, el de RIPA, es también de origen vasco y se extiende por El Sur de Francia y por el País Vasco. El apellido Almudévar, se le adjudicó a un bearnés en Almudévar y que venía del Bearne, de donde  acudieron a la Convocatoria de Roma, para tomar Zaragoza a los moros. Acudieron también los Señores de Vizcaya y estos apellidos están relacionados con el Real Monasterio de San Juan de la Peña, al lado del pueblo de Botaya, de donde venían   Pilar  y Polonia López, de la ilustre casa, que fue de un familiar de los Señores de Vizcaya.
En Wikipedia, la enciclopedia libre, pone que Iñigo López, fue el primer Señor de Vizcaya y que murió el año de 1076. Su origen dicen algunos que, es posiblemente navarro. El Monasterio de Leyre y el de San Juan de la Peña, están muy próximos por la separación en millas o kilómetros, pero históricamente, tiene una proximidad humana por los reyes, nobles y guerreros, enterrados en uno y en otro, siendo unas veces navarros, otras aragoneses, pero siempre de la Vasconia Oriental. Iñigo López, primer Señor de Vizcaya, según la hipótesis más difundida, es hijo de Lope Valazquez, que con su hermano Galindo, suscribe varias escrituras del rey García Sánchez III de Pamplona, hacia el año de 1040 hasta el de 1051.Tuvieron ambos otro hermano, llamado García de Botaya, ”que había sido monje en el Monasterio de San Juan de la Peña y había fallecido alrededor de 1057, año en el cual su hermano Lope, hace una donación al citado Monasterio por el alma de su hermano, que había marchado sin permiso a tierras lejanas, donde había fallecido”. En 1053, donó la iglesia de San Juan de Gaztelugatxe al Monasterio de San Juan de la Peña. Es curioso el amor que tenía el primer Señor de Vizcaya, Don Iñigo López, pero después intervino en Nájera, en Haro, en San Millán de la Cogolla y en muchos otros puntos históricos. Pero en la Historia se ve como los Señores de Vizcaya se unieron en Ayerbe a los hijos del Bearn y de Aragón, para entrar en Almudévar y en Zaragoza. Vemos como el primer Señor de Vizcaya, tenía por apellido López ( muerto en 1076), igual que los dueños de Casa López de Botaya. Después de siglos,  Pilar  López, se casó con un Casaus y Polonia, como está escrito en un cristal de casa Ripa de Jaca, se casó con otro Casaus. De estos dos matrimonios,  nacieron  mi padre Manuel Almudévar Casaus en Siétamo y Don Paco RIPA Casaus, en Jaca. Fueron primos hermanos y se trataron siempre con gran cariño.

 Esta familia de López, está citada en carteles turísticos en Botaya, porque era descendiente de un hermano, a saber García de Botaya, hermano Lope, Señor de Vizcaya. En Wikipedia,  la enciclopedia libre en el apartado dedicado a Iñigo López, Señor de Vizcaya,  pone: ”Lope y Galindo también tuvieron otro hermano, llamado García DE BOTAYA, quien había sido monje en el Monasterio de San Juan de la Peña y había fallecido alrededor de 1057, año en el cual su hermano Lope hace una donación al citado Monasterio por el alma de hermano que había marchado sin permiso a tierras ajenas, donde había fallecido. Lope Velázquez aparece en varias ocasiones confirmando documentos con el que sería su hijo, Iñigo López, y debió fallecer alrededor de 1057, la última vez que figura en la documentación. Iñigo López tuvo varios hermanos”. Dice también que “los orígenes familiares no han sido confirmados, muy probablemente su origen fue navarro”. El Señor de Vizcaya realizó al Monasterio de San Juan de la Peña, varias donaciones.
Mi primo segundo, Luis Ripa hijo de Paco Ripa, venía a Huesca y últimamente a Siétamo, a recordar tiempos pasados de su familia, concretamente de la  madre de Don Paco Ripa, Polonia Casaus López de Botaya. Pilar Casaus López de Botaya, nació en Huesca pues los Casaus, dirigían una Banca en el Coso Bajo de Huesca y murió en Siétamo, a los setenta y cinco años de edad, el diecisiete de Enero de 1931. Yo nací en noviembre del año de 1930 y ya no me acuerdo de ella. Mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, falleció el diecisiete de Enero de 1931, a los ochenta y ocho años de edad.
El hijo de Don Paco Ripa, se llamaba Luis y se casó con Sandu de “Apellido Indart”, que venía del “Solar vasco  y navarro”. Hay apellidos que pueden tener un origen común,  variando de uno a otro por una escasa letra. Por ejemplo mi apellido Almudévar, confirmado en  la Villa de Almudévar, viene del Bearn y en Valencia aparece el bilingüe Onofre Almudévar en unas ocasiones y otras al mismo Onofre,  lo llaman Almudéver. Al de los Indart se asemeja el apellido Indarte, que dicen que se halla también por el País Vasco.
Sandu,  esposa de Luis Ripa era hija de un militar y ella con su familia se escondió  en una vivienda de la Vía Layetana de Barcelona y dice en su libro: “Fui a mirar por las contraventanas de la Vía Layetana a la Jefatura Superior de Policía y horror!, había parados, dos camiones descubiertos, en uno, cuerpos de muertos, en el otro muchos brillos, expolio se iglesias y conventos…Allí mismo y mirando hacia abajo, comprendí que algo muy serio estaba pasando y que quizás eso era la guerra”.
Y mis hermanos y yo, los mismos días de Julio de 1936, oímos en nuestra casa de Siétamo, un ruido atronador de un bala de cañón, que nos hizo refugiarnos en la bodega de la iglesia y por la tarde, nos llevaron a Huesca. De ahí fuimos a Jaca y Paco Ripa, que estaba viudo, nos proporcionó mantas y otras ropas,  para combatir el frío. “Ardía Barcelona ese otoño en detenciones, asesinatos y registros. Un día llamaron a nuestro piso para hacernos un registro, cuando el policía se dirigía a abrir un cajón de una cómoda, yo tímidamente le dije: “en ese cajón hay estampas religiosas” y ante mi asombro, me contestó:”yo también tengo”.
Igual que Sandu veía por la vía Layetana, camiones con cuerpos de muertos y expolios de iglesias y conventos, en Siétamo se veían volar cuervos que rapiñaban la carne de los difuntos, como escribe el entonces niño Jesús Vallés Almudévar, que durante la Guerra Civil, subía desde Fañanás a Siétamo.   Los “rojos” destruyeron el Altar Mayor y los iconos de numerosos santos, que un ciudadano, que vivía en la Calle Baja,  ordenaba sacar de la iglesia a la Plaza Mayor,  donde los abrasaban.

¡Qué mal lo pasaron la familia Almudévar y la Indartt, durante la Guerra Civil!, pues las autoras de “Recuerdos de la misma”, escriben: “Se decía,  que sólo por ir a misa los domingos, asesinaban”. Eso en Cataluña, pero en Siétamo al Guardia Civil Borruel, lo cogieron en la torre de la iglesia de Siétamo, le cortaron los testículos y se los metieron en la boca. Y al cura, nacido en Alquézar, de veinticuatro años de edad, lo fusilaron junto al río Guatizalema.
La familia Almudévar Zamora, huimos de Siétamo, primero a Huesca y después a Jaca y en esta histórica ciudad, nos encontramos con la Familia Ripa. Don Paco, preocupado por nosotros, nos proporcionó algún colchón y ropa para que no sufriéramos el frío de la Montaña. Cierto día en que venía a Jaca, desde Sabiñánigo, una peregrinación de Santa Orosia, que traían su cabeza para que se “vieran” con su cuerpo,  que se conserva en la Catedral de Jaca. Allí se encontraba una multitud de ciudadanos creyentes e impresionaba la presencia de individuos con sufrimientos síquicos o endemoniados, Y allí nos encontramos mi padre y mis hermanos con el Señor Don Paco Ripa. Admirábamos a Santa Orosia y a Don Paco le surgían pensamientos sobre la humanidad, como le surgieron,  a  Fray Domingo La Ripa, en viejos tiempos, al escritor del Libro “Corona Real del Perineo”, que se llamaba Fray Domingo La Ripa, su pariente.
Cierto día iba yo por Jaca con mi madre, Doña Victoria Zamora Lafarga y se oyeron los sonidos que producían unos aviones,  al mismo tiempo que sonaba una sirena de alarma. Nos introdujimos en la Catedral y al oírse los sonidos de las bombas, mi madre se acostó en el suelo y se metió debajo de uno de los bancos de la última fila. Este terror es semejante al de Sandu, cuando por la Vía Layetana veía pasar camiones, con cadáveres de hombres asesinados.
Escribe Sandu que su madre, ”empezó a buscar en Barcelona, guías de montaña para atravesar el Pirineo, mediante dinero,  naturalmente” y mi padre con mi abuela Agustina Lafarga Mériz, subieron a Siresa,  desde Ansó,  para ver si se les daría paso a Francia, pero no hizo falta, porque la Guerra se estaba acabando, y al poco tiempo bajaron a Huesca. ¡Qué sufrimientos y qué aventuras tan parecidas pasaron la familia de Indart en Barcelona y la de Almudévar de Siétamo!.
El padre de Sandu era capitán del Ejército y tuvo que pedir su cese, ante la Ley de Azaña. Al contemplar en Barcelona los crímenes que se cometían y el gobierno, prácticamente anarquista, se presentó de nuevo, como capitán, pero fue hecho prisionero. Un alma buena facilitó su marcha entre los detenidos y corrió a refugiarse en diversos domicilios. En tanto su esposa “volvió a abrir su taller de costura, pero tuvo que ponerlo al servicio de la República, o sea militarizarlo para coser uniformes de soldado”. Y vivían separados, pero con una unión, que siempre estaban  preocupados el uno del otro.
Era el capitán Indart, un hombre responsable y se presentó en el Ejército para evitar aquella situación,  que los comunistas,  anarquistas y miembros de unos catorce sindicatos, decían crear una democracia, pero no paraban de asesinarse unos a otros. El gran escritor Premio Nobel,   Orwell, estuvo voluntario en nuestra Guerra Civil, en un Sindicato y vino a España para luchar por la Democracia. Estuvo en Monflotite  al lado de Huesca, donde fue herido. Lo llevaron al hospital provisional de Siétamo y de allí lo llevaron a Tarragona. Se curó,  pero al darse cuenta de que era buscado por los comunistas para ser fusilado, se escapó a Francia. Su obra literaria da una idea clara de la Guerra Civil.
Pero su apellido Indart, tenía un blasón, certificado por Don Vicente de Cadenas y Vicent.”La muy compleja historia y heráldica del apellido Indart aparece en la magna “Enciclopedia Hispanoamericana de Heráldica” de los hermanos García Carrafa. El hecho de encontrarse el apellido Indart en el “Solar Vasco Navarro”, nos hace creer que el apellido Indart ha realizado alguna prueba de nobleza e hidalguía. Yo no conozco actos valientes en lejanos tiempos, pero leyendo el folleto de Alvara y Mercedes Indart, se ve como se expuso a la muerte para defender a España de una dictadura comunista.  Luis Ripa, hijo de Don Paco Ripa, se casó con Sandu Indart y unió a dos familias vasco –navarras, de brillante historia.
Pero Don Paco Ripa, hijo de Polonia Casaus López de Botaya, primo hermano de mi padre Don Manuel Almúdévar, que fue hijo de la hermana de Polonia, a saber Pilar Casaus, pertenecía a una línea sucesoria, por  Apolonia o Polonia López ( así escrito en los cristales de la Casa Ripa de la Calle Mayor),que venía de la familia de los Señores de Vizcaya. Así como del capitán Indart, hay que investigar en Navarra y en Guipuzcoa, algún hecho meritorio, de Ripa se sabe que pertenecía la misma familia de Fray Domingo La Ripa, gran personalidad en el Monasterio de San Juan de la Peña, pues entre otras cosas, escribió “La Corona Real del Pireneo Disputado” y que salió en 1685. Cuando oía hablar a Don Paco, me parecía oír las palabras de la Historia de Aragón, desde el Monasterio de San Juan de la Peña, la Alcaldía de Jaca y su función realizada en varios Gobiernos Civiles de España. Era un señor alto y delgado, con una elegancia, que en aquellos tiempos, casi no se  conocía. Estaba unido al pueblo y por eso no podré nunca olvidar su presencia en la procesión “antidiabólica”, que venía el día de Santa Waldesca de Yebra de Basa a Jaca. 
El Monasterio de San Juan de la Peña, donde está enterrado el Conde de Aranda, Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, nacido en Siétamo, se encuentra casi al lado del pueblo de Botaya. En el Monasterio pensaba y escribía Fray Domingo La Ripa y en Botaya, vivían los López de Botaya, pertenecientes a los Señores de Vizcaya. No es extraño que se conociera la familia Ripa con la familia de los López de Vizcaya, que vivían en Botaya. Pilar Casaus López se casó con Don Manuel Almudévar Vallés, que poseía el Castillo del Conde de Aranda en Siétamo y el padre de Don Paco Ripa de Jaca, se casara con Polonia Casaus  López. He estado en Botaya y entré en la iglesia, donde se estaba celebrando la Misa de la fiesta del pueblo. Allí, parecían escucharse las voces de mis antepasados y al salir de Misa, se contemplaban aquellas chimeneas, que se asomaban al ambiente callejero, pero que debajo de ellas, se conservaban las palabras, que ya desaparecieron. Pensé si quedaría en aquel bello pueblo montañés, algún pariente de la Familia de los López de Botaya. Está, como he dicho Botaya, muy cerca del Monasterio de San Juan de la Peña y un miembro de la familia de los Señores de Vizcaya, a saber García de Botaya, estuvo de fraile en el mismo, pero se salió y murió en lugar desconocido en 1057. Su hermano Lope hizo una donación al citado Monasterio, por el alma de su hermano, que había marchado a tierras lejanas. El Rey Sancho Garcés IV de Pamplona, realizó varias donaciones, entre las que se encuentra la iglesia de San Juan de Gaztelugattxe  al Monasterio de San Juan de la Peña.
Con la Desamortización, llegó la ruina a este Monasterio, que ahora parece haberse corregido en parte, porque de allí desaparecieron joyas históricas, como libros de Fray Domingo de La Ripa y cocinas de tiempos pasados y mesas donde los frailes consumían sus alimentos, en silencio. Los López de Botaya, guardaron algún libro de su pariente Fray Domingo.
Hoy se puede visitar el Monasterio con devoción, con amor al Altoaragón y respeto a la Historia pasada, empezando por la pequeña de mi propia historia. Estamos cerca del Monasterio de Leyre de Navarra, en la parte oriental del País Vasco, como declaró el historiador Abarca. Al subir a la meseta del Monasterio, te encuentras no sólo éste, sino que vives el pasado y el presente de la familia de Vizcaya, con las dos hermanas Casaus López,  que no vi, pero que en la Misa de la Fiesta de Botaya, me dio la impresión de escuchar sus voces.
Al entrar en el Monasterio Viejo y en el Nuevo, me acordé de Fray Domingo La Ripa, que vivió el espíritu de ese Monasterio y que parece que transmitió su personalidad a Don Paco Ripa, su pariente, que tenía su voluntad dispuesta a servir a la Ciudad de Jaca y su espíritu a venerar a los endemoniados humildes, haciéndolos seres libres, que venían de Yebra de Basa. Tengo una carta escrita por Don Paco, de un viaje que realizó a Pamplona, desde el Oriente Jaqués al Occidente de Iruña. No la encuentro,  pero como un día lo logre, comunicaré su contenido a los altoaragoneses. Recuerdo alguna de mis visitas a Casa Ripa, de la Calle Mayor de Jaca, y en ella se respira un aire histórico, con su hogar, sus cristales en los que está escrito el nombre de la antepasada, Polonia  López de Botaya. Es agradable la permanencia en la galería, adornada por parras y en la parte baja, se encuentra alguna piedra románica, que en viejos tiempos recogerían en las ruinas de la Catedral o de las antiguas Murallas de Jaca, que se derribaron. Pero lo que llama más la atención, es la capilla privada, que se encuentra a la derecha de la puerta del piso. Es una capilla con su altar y con todas las piezas litúrgicas, que acompañan a estos lugares de culto divino. Hay cáliz, copón, casullas, albas, campanillas y todas las piezas litúrgicas que sirven para el culto de una iglesia. Allí, en un banco me senté y pedí al Señor que hiciera felices a la familia Ripa, que la fundaron.
Luis, el hijo de Don Paco, de tipo elegante, se casó con Sandu  Indart, apellido vasco (como Iriarte) y después de tener dolores comunes de la Guerra Civil Española, lo recuerdo por Huesca, en casa de Llanas. Recuerdo también a su hermana Blanquita, que rimaba con la belleza de su padre Don Paco y la de su hermano Luis. Su marido, el Ingeniero Tello, estaba destinado en Huesca, nos comunicábamos mucho y cuando se fue a Madrid, nos dejó catorce ejemplares de Historia publicados por la Diputación de Huesca. Todavía los conservo.
 Igual que en la capilla de los Ripas, recé un Padre Nuestro por Don Paco Ripa, ahora me entran ganas de recitar un Ave María por Sandu.
El Monasterio de la Peña me recuerda a Fray Domingo La Ripa, y  la capilla de la Calle Mayor de Jaca, me trae a la memoria a mi tío Don Paco Ripa.
Los tiempos pasados, hicieron pensar, hacer la caridad y sufrir y los actuales hacen olvidar los hechos vividos  y muchas veces no nos amamos, los hermanos con la hermana, ni los tíos y primos con sus próximos, ya que nos va distanciando el tiempo, al mismo tiempo que los parientes lejanos no recordamos el sublime pensamiento de Fray Domingo de La Ripa y el amor al prójimo de Don Paco Ripa, como descubrí en la procesión de los sufrientes miembros que pedían protección a Santa Waldesca. ¡Paco Ripa era un amante del culto divino, que cultivaron sus antepasados en su Capilla de la Calle Mayor¡.
Yo, recuerdo al ilustre jacetano Don Paco Ripa y venero su bondad, su elegancia y respeto la familia que dejó en este mundo,  como a Luis Ripa,  su esposa Sandu  Indart, a  sus  dos hijos y a su hija. Tuvo también Don Paco, una hija elegante, y bella,  de un humor extraordinario. Hace ya muchos años conocí a su hijo y hace escaso tiempo le escribí a su hija, llamada Blanca, como su madre. A esta le escribí lo siguiente: “Te llamas Blanca, como tu buena y hermosa madre Blanca Ripa. Conocí a tu madre, que en las calles de Huesca, animaba mi espíritu, así como también a tu padre, el Ingeniero Tello, zaragozano, que estaba destinado en Huesca. Era un señor amabilísimo, al que daba un gran placer, escuchar sus comentarios con mi padre Manuel Almudévar Casaus. Este segundo apellido de Casaus era el que los reconocía como primos hermanos. Cuando destinaron a tu padre de Ingeniero a Madrid, se acordó de regalarle a mi padre, los catorce tomos de la Revista Argensola, porque le creaba molestias el llevarla a Madrid y yo todavía los tengo en Siétamo y cuando los veo, me acuerdo del Ingeniero Tello, esposo de mi prima segunda, Blanca Ripa. Los cuadros al óleo de nuestros antepasados,  a saber el matrimonio Casaus López, los guardan en Casa de Llanas. Era el Señor Casaus un banquero,  que se formó en Francia y su esposa de Casa López de Botaya, y que nació en este pueblo, al lado de San Juan de la Peña. De este Monasterio recogieron algún libro de Ripa, que cuando la Desamortización, se llevaron muchos y otros los destrozaban. A esta carta que yo le dirigí a Blanca Ripa, me contestó por el Ordenador, lo siguiente: “Soy Blanca Tello Ripa, la nieta de Paco Ripa, el primo de Manolito Almudévar, tu padre. Sigo visitando  Jaca, desde hace cincuenta años, desde Madrid. Me encanta recordar estas tierras, que me ayudaron a crecer”.

Si, las tierras de Jaca le ayudaron a crecer, en cambio mi padre que se murió a los ochenta y ocho años, se fijaba tanto en las diversas tierras en las que vivió, que su sobrina, lo llamaba Manolito, porque esas tierras le daban vida, a pesar de la muerte, que tantas víctimas creó. La verdad es que cuando estaban juntos Manolito y el Paquito, al que tantas veces he llamado don Paco, parecían dos niños ingenuos.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Huyendo con mi familia de la Guerra Civil el año de 1936



Tenía yo cinco años y nueve meses, cuando ya iba a la Escuela Nacional, dirigida por el Maestro  Don José Bispe. Mi padre me llevó a la Escuela y yo no iba contento, pero acabé amando al Maestro. El día que  fotografiaron  al  Maestro y a sus alumnos, yo no aparecí en la foto, pero allí está mi hermano mayor Manolo, que estudió Medicina y murió en Canadá, desde donde, cuando iba a morir, me hablaba por teléfono,  reclamando mi presencia al lado de su lecho.
Vivíamos felices en aquel ambiente rústico y lo mismo veíamos a los “húngaros” haciendo bailar a sus osos que veíamos a los jóvenes del pueblo, subir por las columnas de la Escuela, jugando en  aquel  ambiente  en qué  se  celebraban  no  sé  qué  elecciones.
En aquella vida infantil no me daba cuenta de que se iba a desarrollar una Guerra Civil. Venía yo de jugar por la calle a nuestra Casa y mi padre me ordenó entrar deprisa en ella, pero en el momento qué estaba entrando en el Patio, se escuchó dentro de él, el ruido retumbante de una explosión de una bala de cañón. Entonces mi padre me hizo salir deprisa a la calle. Y acudiendo mi madre y mi tía Luisa, nos metieron por la puerta de la vecina Iglesia, en una bodega, a la que fueron llegando otros vecinos del pueblo. Tía Luisa nos iba trayendo al bajo de la iglesia, algo de comer de vez en cuando. Al lado nuestro estaba la dueña de casa Bruis, con sus dos hijas Pilar y Josefina y sus dos hijos pequeños Rafael y Fernando. Mi amigo Rafael lloraba y yo me aguantaba de escuchar la explosión de las bombas de aviación. Todavía brillaba la luz, porque era el mes de Julio y el sol se escondía muy tarde, cuando se pararon las explosiones   del  bombardeo  y bajamos mi familia y otros vecinos del pueblo a Casa Ribera, al lado de la carretera. Un pequeño camión nos llevó a Huesca y en la Plaza de Santo Domingo, nos esperaba una gran cantidad de gente. Entre ellos nos esperaba mi primo hermano José Antonio Llanas Almudévar, que con quince años se apuntó voluntario para ir a la Guerra. Tuvo que volver a vivir la Paz, pues los Jefes militares, lo encontraron débil de salud.  Él marchó a su casa acompañado por mis tíos José María y Luisa. Y mi padre y mi madre con nosotros, sus hijos, fuimos a casa de mi abuela, doña Agustina Lafarga Mériz.
Pero al entrar en Huesca no nos encontramos con la Paz, pues sonaban las sirenas, anunciando los bombardeos. Un día en la casa del Coco Alto, número 61, estaba mi padre con mi hermano pequeño, paseando por la bodega, para refugiarse de las bombas. Hay al lado de la puerta de casa, una pequeña ventana y cerca de ella, estaban ambos familiares míos, cuando ¡qué casualidad!, penetró una bala de cañón por esa pequeña ventana. Gracias a un artillero del Ejército Republicano, esa bomba no explotó, pues si hubiera llegado a hacerlo, nos hubiéramos quedado sin padre y sin hermano. En una Guerra Civil, se daban casos en que los artilleros, tiraban bombas que no podían explotar, porque  los  soldados  de ambos frentes, tenían hermanos y compatriotas en el opuesto.
Esta explosión nos impulsó a abandonar Huesca capital y yo recuerdo como por el piso recogía ropas y le decía a mi abuela, que la empaquetara, para seguir huyendo de esa cruel Guerra.
Y marchamos a JACA, donde Don Paco Ripa, hombre primo hermano de mi padre, nos buscó una pensión y más tarde, mi padre alquiló un piso en una casa, que todavía existe. Ripa que pertenecía a una familia noble, que tenía en un piso y hace poco pude comprobarlo, una capilla, se preocupó de nosotros dándonos ropa para evitar aquel frío montañés.  Desde los balcones de la casa, que estaba situada en la meseta de Jaca, se veían venir, desde Sabiñánigo,  grandes grupos de personas, que escapaban del pueblo y de los próximos a él.
Daba   miedo  darse  cuenta  de  cómo  avanzaban los voluntarios de asociaciones sindicales, que producían destrozos humanos por los pueblos que pasaban y apenaba a los ciudadanos contemplar a esos ciudadanos que huían hacia Jaca.
El ambiente dentro de esta ciudad de Jaca, alternaba con los bombardeos y las fiestas antiguas, que recordaban su Historia. Yendo con mi madre por la calle, se oyeron las sirenas que denunciaban que los aviones venían por el cielo a bombardear.

 Mi madre aterrorizada como yo, me llevó corriendo a buscar refugio en la Catedral más antigua de España y a pesar de estar dentro de ella, los bombazos se oían de tal forma que producían terror. Mi madre se lanzó al suelo, debajo de un banco, diciéndome que hiciera la mismo, con una voz desesperada.

Este mes de Diciembre del año de 2017, estuvimos en Jaca cenando cerca de la  Catedral,  en el Restaurante “La Fragua”.  Mi hermano pequeño, Jesús hizo su vida profesional en esta ciudad, trabajando con entusiasmo por la agricultura y por sus agricultores, hasta que murió recordando su vida profesional en un Bar y tengo un  recuerdo  orgulloso  de él mismo,  de su esposa y de sus cuatro hijos.
Cuando llego a Jaca, en la misma Estación de Autobuses mirándome al cielo, lo saludo, pero después hago la intención que tenemos de llevar a cabo con mi familia y con mis amigos.
Todo son recuerdos emocionantes de mi vida, nada más bajar del autobús, que se extiende por la cara Sur de la Estación de Autobuses, una amplia zona de la que tengo recuerdos “ancestrales” de la Vida de Jaca.  Hace un lejano período, de unos años desde 1936 ó 1937, en que viví acompañado por mi padre, mis hermanos y por el Ilustre jacetano Don Paco Ripa, primo hermano de mi padre, en un terreno frente a la Estación de Autobuses, llamado Plaza de Biscós. Es una gran Plaza, que fue el solar de una Ermita, a la que acudían los débiles mentales, acompañados por sus familiares a pedirle a Santa Orosia, por la curación de su enfermedad, que según algunos se la había transmitido el poder diabólico.



No me podré olvidar nunca de aquella procesión cristiana contra el poder diabólico, que se dirigía a aquella original capilla, en la que el Señor Obispo o un canónigo, bendecía a aquellos enfermos del espíritu. Aquel templo lo hicieron desaparecer al acabar la Guerra Civil, pues ya en aquellos años daba una impresión de algo inhumano. Aquellos enfermos, unos sufrían en silencio y otros parecían maldecir su desgracia.
 Si, todavía duraban los espectáculos terribles en año de 1936, pero llegaban otros más terribles que aquellos en el mismo año de 1936, con la Guerra Civil, pues al lado de la Romería de los enfermos nerviosos, un día al escuchar las sirenas que anunciaban los bombardeos, tuvimos que entrar con mi madre en la Catedral, corriendo por la calle. En la romería de los enfermos nerviosos, se apoderaba el dolor de nuestros corazones, pero dentro de la Catedral, se oían los ruidos del motor de un avión y los estruendos de las bombas que ese lanzaba. En la procesión se escuchaban algunas quejas de los desgraciados mutilados de sus  cerebros, pero en la Catedral se oían los gritos desesperados de algunas mujeres, como los de mi madre, que se lanzó al suelo debajo de un banco litúrgico, como si estuviera contemplando los últimos ratos de su vida y  la de sus hijos, que le acompañábamos.
Esa Plaza de Biscós, que se encuentra entre la Estación de Autobuses y la Catedral, fue el resultado de la urbanización del Campo del Toro, que consistió en  una preparación de la unión de la ciudad vieja y los ensanches. Hubo necesidad de derribar el segundo Venatorio o Templete de Santa Orosia en el mes de  Enero de 1969. Recuerdo desde aquel año de 1936, aquel llamativo templo, que semejaba al arte oriental, que se construyó en los primeros años del siglo XX, para sustituir a un viejo edificio, que estuvo adosado a la muralla desde el medioevo. “Estos detalles nos contaba a mi padre y a nosotros sus hijos, Don Paco Ripa, hombre alto y delgado, con una elegancia, que en aquellos días casi yo no conocía. Estaba Don Paco Ripa unido al pueblo y  por  eso nunca podré olvidar su presencia en la procesión “anti diábólica” a la que asistimos en su compañía, el día de Santa Waldesca, el día en que su cabeza, llegaba desde Yebra de Basa, a aquel famoso Templete de la Plaza de Biscós”. Yo trato de recordar como en plena Guerra vinieron a Jaca esos tristes romeros, pero tal vez, los peregrinos eran de otras zonas libres del frente de la Guerra.  
Pero Don Paco Ripa, casado con Polonia Casaus López de Botaya, primo hermano de mi padre Don Manuel Almudévar Vallés, que se casó con la  hermana de Polonia, es decir Pilar, y descendía de la familia de los Señores de Vizcaya, no podía faltar a este acto religioso en el Templete de Santa Orosia.
Cuando oía hablar a Don Paco, me parecía oír las palabras de la Historia de Aragón, desde el Monasterio de San Juan de la Peña,  la  Alcaldía de Jaca y su función realizada en varios Gobiernos Civiles de España. 


Era un señor alto y delgado, con una elegancia que en aquellos tiempos, casi no se conocía. Estaba unido al pueblo y por eso no podré nunca olvidar su presencia en la procesión antidiábolica, que llegaba a Jaca el Día de Santa Waldesca, desde Yebra de Basa.  
Me acordaba de Fray Domingo La Ripa, que fue Abad del Antiguo doble Monasterio, es decir el Nuevo y el Viejo, que me pareció que había transmitido a mi tío Paco Ripa  y lejanísimo sobrino suyo, un deseo de transmitir a la  Ciudad de Jaca su deseo de servicio, su espíritu de venerar a los endemoniados humildes, haciéndoles seres libres, que venían de Yebra de Basa.


Y muy cerca del Templete donde nos encontramos con Don Paco Ripa a ver a los “endemoniados”, está  la antigua Catedral en la que mi madre acompañada por mí mismo, sufrió la amenaza de muerte por las bombas de la aviación, un dolor parecido al que había sufrido Don Paco Ripa rezando por los endemoniados, que llegaban cada año al  Templete de la Plaza de Biscós.
A pocos pasos de la Catedral, empieza la urbanización antigua y aparece el Restaurante “La Fragua”. Allí acudimos mi esposa Feli, mi hija Elena y su marido Santi con su hija María,mi hija Pilar y su esposo Picu, acompañados por sus padres , Mariano Lagrava con su esposa Miguelita  Garzón Coarasa. Era un día de Octubre de 1987 y al volver de Pamplona, a donde habíamos acudido a vernos con nuestra hija, con su esposo y con su hija, salieron a esperarnos mis hijos Pilar y Picu, que nos dio la oportunidad de comer en Jaca en el   Restaurante “La Fragua”. Desde el año de 1936 hasta el mes de Diciembre de 2.017, habían pasado ochenta y un años. Pero no encontré en “La Fragua”, moderna y de exquisitos manjares, ninguna  diferencia con el pasado. Si, fueron diferentes las lágrimas que se derramaron por nuestros ojos en 1936, pero también fueron distintos los sabores de los productos que nos sirvieron en aquellos platos.
La mesa donde nos dieron asiento, exponía en su cabecera, dos cuadros, que de la misma forma que estaban clavados en el muro, al contemplarlos, se clavaron sus figuras en mi corazón. Era uno de ellos, la representación del Ayuntamiento de Jaca, que casi me hizo llorar, porque su visión revivió en mí, unos momentos en que el año de 1936, ante el sonido de las sirenas que anunciaban el bombardeo de Jaca, entré corriendo en el Ayuntamiento, cuando iba al Colegio de Santa Ana. Me di cuenta de que aquel edifico, me había protegido, hacía ya ochenta y un años
 La visión de este edificio, todavía puede contemplarse y acordarse de que contribuyó a salvar la vida de los ciudadanos. Pero el otro cuadro que presidía la cabecera de aquella mesa de comedor, yo no lo había visto desde hacía ya unos ochenta y un años y me lo quedé mirando con un corazón conmovido por su belleza, ya casi olvidada, acompañada por aquellos enfermos que sufrían a sus pies.
Después de ochenta años, con el recuerdo fotográfico del Ayuntamiento y del Templete cuidando nuestras espaldas, con familiares jóvenes y amigos nuevos, nos proporcionaron una sabrosa comida, que tenía un gusto nuevo y un sabor antiguo, que recordaba el inmenso Comedor del Monasterio de San Juan de la Peña. Cuando acabamos de comer se acercó a nuestras mesas el gran cocinero, que había preparado tales manjares y con mi yerno Picu, estuvieron de conversación, recordando tiempos pasados en los que asistían juntos al Colegio.   

El apellido Ripa o La Ripa, se extiende por Vascongadas, Navarra y Aragón,  pues por el pueblo del Ayuntamiento de Siétamo de nombre vasco, llamado Arbaniés, corre el pequeño río al que llaman “A Ripa”.

lunes, 11 de diciembre de 2017

De la materia al espíritu o de la Guerra Civil al Monasterio de Sigena



¡Con qué facilidad se hunden los hombres y mujeres en la materia y con qué facilidad se elevan sus almas y sus corazones al espíritu!.  Y fuiste tú, amigo Eliseo, el que hoy, día uno de Febrero del 2010, el que, por un tiempo indefinido, transformó mi cuerpo material en un ser espiritual, todo gozoso de la armonía musical de aquellas voces, que cantaban en canto gregoriano :  ¡Ave, María, gratia plena!, al mismo tiempo que mis ojos contemplaban la belleza arquitectónica de diversos aspectos del Monasterio de Sigena y de sus pinturas, de un colorido que me hacía ver el cielo. Hace unos días, “contemplando la Sierra, que nos guarda del frío del Norte, me di cuenta de todas las cimas, que en ella se suceden y que nos indican a los hombres que tenemos, no sólo la materia, sino también el espíritu, que muchas veces desconocemos  y despreciamos”. Aquellas cumbres de la Sierra me aleccionaron para distinguir la materia del espíritu y me hicieron pensar en una cena que se celebró en el Restaurante “El Faro de Sepes”, situado en la Zona Industrial de Huesca. En aquel Restaurante, en una cena, se reunieron la materia y el espíritu, haciendo reflexionar  a los comensales, sobre el placer que sentíamos los hombres y mujeres con la materia de un cerdo guisado, a través de aquellos platos que servían en las mesas, los camareros .Aquella cena se convocó para auxiliar a las personas recogidas por los Hermanos de la Cruz Blanca. Tenía la cena, por tanto, un sentido espiritual, como la que reunió Jesús a sus discípulos en la sagrada Mesa, el día de la última cena. Estaba representado el espíritu por los Hermanos de la Cruz Blanca, allí presentes, y que buscaban recoger la “materia necesaria” para mantener a aquellos hombres y mujeres, que acogen en sus residencias, después de ser despreciados por la sociedad. En aquella caritativa cena .el cocinero del “Faro de Sepes”, nos hizo experimentar el paso de la materia al espíritu, por medio de las tostadas de paté casero, las del tocinico salado, el lomo de cerdo con salsa de manzanas, de tal manera que al consumir las migas, me acordé de rezar:”El pan nuestro de cada día , dánosle hoy”. ¿Quién me iba a decir a mí, que las cumbres de la Sierra, apuntando al cielo, me iban a enseñar el espíritu, que los simples camareros, nos mostraron en aquella cena de un cerdo , pero ,desde luego, cena sagrada.
Hemos pasado de la materia al espíritu, pero en tu pueblo, Sigena, fueron los que destruyeron el Monasterio,  los que quisieron tornar toda la Historia de Aragón del espíritu a la más execrable materia. Fueron tu padre y tu madre, las dos personas aragonesas y concretamente de Sigena, las que me abrieron los ojos para ver y aborrecer la revolución del mal. Tu padre fue un hombre de una enorme personalidad y tuvo en cuenta en su vida, así en Barcelona como en Huesca, de la materia y del espíritu, temas ambos de difícil concordancia, pues al ver tratar a un hombre sobre los trabajos manuales, piensa que ese hombre no cree en la otra vida. Pero yo vi en él a una persona que, aunque a veces pronunciara palabras fuertes, dentro de su corazón reinaba una gran sensibilidad. Estando en su casa, en la que guarda en piedra las armas de los Abarca de Bolea, encontradas por él,  me aclaró lo que significaba un cuadro pintado por él mismo y que representa la corriente del Río Alcanadre que pasa por Sigena, arrastrando los “testículos “, del caballo de Roldán. ¡Cómo une la historia de la Osca capital con la de Sigena, donde se alza el Monasterio de la Virgen del Coro!. ¡Cómo da explicación al espíritu de los aragoneses por medio de los testículos materiales, arrastrados por las aguas del río, igual que los revolucionarios,  por llamarlos de alguna forma, arrastraron el espíritu del pueblo y del Monasterio de Sigena, intentando convertirlos en asquerosas heces materiales!.
No es tan sólo mi testimonio el que tiene ideas del espíritu de Eliseo, sino que el año 1960, la última Priora  del Monasterio,  a saber Doña Presentación Ibars, escribía lo siguiente, refiriéndose a Eliseo y a Carmela, que la llevaron con la hermana Angelita,  a Barcelona:”Fuisteis buenos, simpáticos y caritativos con estas dos religiosas que jamás podremos olvidar tanta atención y desvelo. Infinitas gracias por todo,el Señor os lo recompensará todo, ya que nosotras no podemos. Angelita hace suyo cuanto digo yo y os saluda con afecto. ¡Qué buenos sois!”.
Tu madre, Carmela, como escribo en mi artículo “Villanueva y el Monasterio de Sigena”, está identificada con dicho Monasterio de Sigena, no sólo con su obra, sino todavía más con su espíritu. Está todavía identificada, a sus ochenta y siete años, pues sufrió un gran dolor por las profanaciones que sufrió, tantas, que casi lo destrozaron por entero, durante la Guerra Civil.
Cuando las monjas se dieron cuenta de lo que podía pasar y por desgracia ocurrió, escondieron varias piezas litúrgicas, en un montón de trigo que estaba encerrado en un granero particular, en presencia de la niña Carmela. Pero cuando sacaban trigo,  Carmela sufría, al considerar muy posible el encuentro de las joyas. ¡Cómo se acuerda del Monasterio!, porque entonces sólo tenía catorce años, pero todavía le parece que lo está viendo, tanto que se acuerda de que en cierta ocasión, llegó un mercader y le propuso a la Priora, doña Pilar Samitier que le vendiera la sillería de nogal, por la que le daría una gran cantidad de dinero y le pondría otra sillería nueva. Entonces  la Priora, exclamó: yo no quiero tener remordimientos de conciencia por haber hecho desaparecer una sillería que deba tener tantos años como el propio Monaterio. En el día de la Virgen del Coro, en el mes de Abril, acompañadas por el sonido del armonio, acudían a cantar las niñas del Coro de Villanueva, entre las que se encontraba Carmela. La tiple, doña Aurora Riazuelo,  esposa de don Julián Arribas, les enseñó la a cantar la misa de Perosi, para el día de San Juan. Al recordar dicha misa, exclamó doña Carmela: ¡era preciosa!, con varias voces, pues la primera voz era la de doña Aurora, la segunda la mía(es decir la de Carmela), la tercera formada por tres voces del Coro, de las cuales no me acuerdo en estos momentos de sus nombres y apellidos, aunque todavía las tengo en el corazón.
Al empezar a escribir este artículo, afirmo que fuiste tú, Eliseo, el que transformó mi cuerpo material en un ser espiritual, con aquel trabajo maravilloso que me mandaste por el Ordenador. Allí se escuchaban los sonidos tranquilos y místicos del canto gregoriano, interpretando el ¡Ave María, Gratia plena!, al tiempo que se veían surgir las imágenes del Monasterio y aquellas pinturas deliciosas,  recogidas en el mismo Monasterio.
En el Restaurante El Faro de Sepes, el cocinero, convertía la carne material del cerdo en “bocatti de cardinali”, que nos llenaban de ilusión y con su placer, convertían nuestra materia en espíritus. Esa cena recuerda la Ultima Cena de Jesús, que convirtió a los judíos más o menso cultos, en apóstoles.
En Sigena, fue diferente, porque aquellos a los que algunos llamaron revolucionarios, no eran cultos, sino discípulos de unas teorías, partidarias de los diablos, que querían convertir el espíritu en materia. Por eso se ven aquellas fotografías de los cadáveres de las monjas milenarias, sacadas de sus sepulcros, con lo que profanaban la Historia, la vida y el espíritu del Monasterio. 
Esa magnífica proyección de las distintas partes del Monasterio, resucitaron mi fe, igual que las cimas de la Sierra de Guara, que señalaban y todavía lo señalan, que el mundo es un compuesto de materia y de espíritu, como he podido comprobar en el comportamiento de tu padre Eladio, de tu madre Carmela, a la que he visto guisar un enorme pollo y la he imaginado cantando en el Coro de Villanueva de Sigena, a San Juan. Y en ti, Eladio, he comprobado tu amor a tus padres, a Villanueva de Sigena y a las monjas que conservaron la espiritualidad del Monasterio, desde 1188 hasta que los materialistas quisieron destrozar el espíritu de los hombres,  en este caso aragoneses. 

Entre tanto los acogedores de aquellos monstruos, siguen reteniendo multitud de obras de arte, procedentes del espiritual Monasterio de Villanueva de Sigena. 

Vida nueva y el Monasterio de Sigena


A Don Eliseo Carrera, amigo mío y de la Historia de Villanueva de Sigena, cuya madre Doña Carmen, recuerda con una gran emoción, debido a su enorme sensibilidad. Tu sabes que intenté, ya hace unos meses escribir lo que pasó en Villanueva de Sigena, historia, que debía hacer meditar a todo Aragón. Entre otras muchas cosas sobre la devolución de tantas piezas antiguas procedentes del Monasterio.

Todo narrado por tu buena madre, hubiera emocionado a todo Aragón, pero como tú mismo me escribiste:”Para colmo, mi madre me dice que has estado varias veces en nuestra casa para hablar con ella del pasado en Villanueva, en la Guerra y otras cosas. Y a mí me parece muy bien y por eso te quiero ayudar. Puesto que mi madre, o bien por timidez o por vergüenza parce que no le apetece mucho. Pero yo la he insistido en que son memorias que ella tiene y que si no se reflejan en el papel, todo eso se perderá y tiene muchas cosas interesantes que contar”.

La modestia de tu madre me ha impedido continuar sus memorias, que son las de todo un Pueblo con su Monasterio y de una gran delicadeza en medio del salvajismo, que los destruyó. Pero hoy he encontrado una pequeña parte de lo que escribí, inspirado por tu madre y te lo mando  para que aprecies la figura de su gran corazón.  

Te quedo muy agradecido a tu deseo de ver acabados estos escritos, pero ahora ya soy mayor y estoy cansado de escribir.

 A continuación puedes leer lo poco que he escrito sobre los “Recuerdos de Doña Carmen en el Monasterio de Sigena”.

 

                                    Villanueva y el Monasterio de Sigena.-

Es una historia la del Monasterio, impresionante y antiquísima, si empezamos a considerarla desde que se fundó   en 1188. La Reina Sancha, hija de Alfonso VII de Castilla y esposa de Alfonso II de Aragón, primer monarca de la Corona Aragonesa, pues heredó el reino de Aragón de doña Petronila y otras zonas catalanas del Conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, su esposo. Pero su historia no la  han  vivido sólo las religiosas de la Orden de San Juan de Jerusalén, sino también los mismos vecinos del pueblo de  Villanueva de Sigena. Yo me di cuenta de ello, cuando siendo Diputado Provincial tuve que bajar varias veces a las reuniones del Instituto de Estudios Sigenenses, y en una de esas ocasiones me impusieron la Medalla del Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet  y en las conversaciones con varios habitantes de Villanueva, me contaron su participación en muchos actos del Monasterio. Los sijenenses han viajado mucho por el mundo, como el mismo Servet, que vivió en el siglo XVI y viajó por Europa, discutiendo los temas de la Teología y  presintiendo el fenómeno de la circulación de la sangre y por fin, odiado por Calvino, fue abrasado, después de su condena a muerte, que se llevó a cabo en Suiza.
En Huesca he conocido a Carmen Blecua, nacida el año 1921, es decir hace unos ochenta y siete años, pariente del sabio José Manuel Blecua, nacidos ambos en Villanueva de Sigena. Su esposo, ya difunto fue el industrial famoso Eliseo Carrera, que  también había nacido en Villanueva de Sigena, pero que antes de su estancia en Huesca, vivió en Cataluña, adquiriendo un acento catalán, pero sin olvidar nunca su amor a Aragón. Carmen ha sido siempre llamada Carmela, nombre que le inició su esposo y que siguieron llamándola de la misma forma todos sus parientes, hijos e hijas  y amigos. Eliseo Carrera nació el año 1920 y  murió el año dos mil cinco. La señora Carmela está identificada con el Monasterio de Sigena,  no sólo con su obra, sino todavía más  con su espíritu. Está todavía identificada con la belleza del Monasterio, sufriendo un gran dolor por las profanaciones que sufrió, tantas, que  casi lo destrozaron por entero, para la Guerra Civil. Me cuenta que el Monasterio estaba presidido por la iglesia y ésta por la Virgen del Coro, que estaba esculpida en  madera y que desapareció, quemada por el fuego el año de mil novecientos treinta y seis. ¡ Qué desastre, Dios mío, porque después de desaparecer la patrona o matrona del templo, se perdieron casi todas las joyas artísticas que allí habían llevado,  a lo largo de los siglos,  los Reyes de Aragón,  los nobles y el pueblo!. Aquellas joyas alababan a Dios, pues las monjas de la Orden de Caballeros de San Juan y antes de Malta con esas joyas materiales y los sacrificios de sus espíritus veneraban a la Virgen, los vecinos del pueblo oraban y la contemplaban,  rodeada de tales joyas, y los numerosos turistas que por allí acudían, admiraban a la Virgen rodeada de tallas de madera, de monumentos pétreos  y de joyas, cuya razón era la de embellecer aquel ambiente de devoción a la Virgen del Coro. Cuando las monjas se dieron cuenta de lo que podía pasar y por desgracia ocurrió, escondieron varias piezas litúrgicas, en un montón de trigo que estaba encerrado en un granero particular, en presencia de la niña Carmela. Pero cuando sacaban trigo, Carmela sufría, al considerar muy posible el encuentro de las joyas.
¡Cómo se acuerda del Monasterio!.  Por qué entonces sólo tenía catorce años, pero parece que todavía lo está viendo. Con sus pocos años tenía un gran cariño a las religiosas doña Trinidad, a doña Presentación Ibarz y a doña Pilar Samitier, que era la Priora. Esas monjas conservaban el estilo antiguo y se trataban de doñas, porque descendían de las más nobles familias medievales de Aragón. Cada vez que acudían turistas, los acompañaba con otras amigas y entraban en el monasterio, donde visitaban la Sala Capitular, que fue creada en el siglo XIV y estaba decorada con bellas pinturas góticas, que fueron  destruidas y quemadas y sus restos fueron trasladados al Museo de Arte de Cataluña, que se encuentra en Barcelona. La iglesia, que me va describiendo Carmela o doña Carmen, a la que yo trato  como eran tratadas  las monjas del Monasterio, tenía en su interior,  una gran capilla,  presidida por   la Virgen del Coro, provista dicha capilla de sillas de nogal, pegadas a la pared, para que las religiosas cantaran los maitines, vísperas y demás horas de la liturgia.  En cierta ocasión llegó un mercader y le propuso a la Priora, doña Pilar Samitier que le vendiera la sillería,  por la que le daría una gran cantidad de dinero y le pondría otra sillería nueva. Entonces la priora, exclamó: yo no quiero tener remordimientos de conciencia por haber hecho desaparecer una sillería,  que debe de tener tantos años como el propio Monasterio. Pero ¡pobre doña Pilar!, porque al llegar la Guerra, no solo vio desaparecer la sillería, sino todas las pinturas, esculturas e incluso el hermoso y gran armonio, que estaba en la Sala de la Virgen del Coro, donde se reunían las monjas para rezar y para cantar, tanto los maitines como las vísperas.  Efectivamente, acompañadas por el sonido de ese armonio, cantaban el día de la Virgen del Coro, en el mes de Abril. Allí acudían las niñas, entre las que se encontraba acompañada Carmela, que formaban el coro de Villanueva, a cantar durante la novena y el día de San Juan. La  tiple, doña Aurora Riazuelo, esposa  de don Julián Arribas, les enseñó a cantar la misa de Perosi  para el día de San Juan. Al recordar dicha misa, exclamó  doña Carmela : ¡era preciosa!,  con   cuatro voces,  pues la primera voz era la de doña Aurora, la segunda mía, (es decir la de Carmela), la tercera formada por tres  voces del coro, de las cuales no me acuerdo en estos momentos de sus nombres y apellidos, aunque todavía las tengo en el corazón. 
No pude acabar de relatar los recuerdos de Carmela, pero Carmela sigue recordando lo que allí pasó y espero que sus recuerdos, influyan en los corazones de los araoneses.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Al Doctor D. Carlos Tordesillas



Hay ocasiones en que yo acudo a su despacho, para que me dirija por el camino de la vida y yo acepto mis terminales ocasiones de prolongar mi vida y el Doctor juicioso, prudente, entendido, intelectual, sabiendo que todo tiene fin, se empeña en hacer durar mi vida con conocimiento. Yo sé que no se quedaría su sabiduría satisfecha de ver a un hombre, con su cuerpo todavía vivo, pero con un espíritu muerto. Yo, como veterinario, cuando veía a un hermoso caballo, con su vida perdida, convertido en un cadáver, me encontraba sólo en el mundo, y mi amigo el Doctor, cuando me ve perdiendo el significado de las palabras, parece empeñarse en que vuelva mi memoria a hacer de este hombre una persona, que se vaya prolongando por el calendario de la vida.  
Me acuerdo del caballo del Doctor Tordesillas, al que contemplé en mi pueblo de Siétamo, montado por él mismo. Iba con varios caballistas, haciendo una excursión desde Huesca. Abrevaron sus caballos en el  abrevadero  de  Siétamo y estuve unos momentos conversando con él, que estaba montado sobre su caballo, despejando su espíritu de los trabajos de medicina semanales. Me alegré de ver al Doctor Tordesillas sonriente, montado en su caballo y recordé cuando me veía a mí mismo, montado en otro caballo alazán, que ahora no podría montar con tranquilidad.
En  Agosto  de 1978, en mi artículo:” El ballet de los caballos”, introduje un antiguo verso, que así canta: “Ay, cuanto de dolor-Está presente- Al infante valiente, - a hombres y a caballos, juntamente”. “Ahora el Doctor Tordesillas, unas veces juntamente y otras separadamente, sufre los dolores de su caballo y los de sus clientes, pero no puede disimular el gozo que le produce, montar a su caballo” y añade “la compenetración entre dos seres vivos (caballo y caballero), para mí constituye una amistad muchas veces superior a la que existe entre dos personas”.
Parece que el Doctor, que es un caballero y su caballo, en la “Plaza de la Vida”, se unen amistosamente, para defenderse de los ataques del toro bravo, que parece identificarse con la “Patología negra que ataca al Doctor Tordesillas y a su amado caballo”, que es el negro toro.
En la arena de la Plaza de Toros y en la arena de la Vida, el Doctor y su caballo, se unen para defenderse del Toro Negro, portador de las heridas y de la muerte, que puede provocar al Caballo y a su Caballero, las enfermedades y la muerte. “Hasta el caballo tiene elegancia y coquetería, arqueando el cuello y la cola, con sus crines trenzadas”.    
Pero el Doctor Tordesillas, estuvo en el pueblo de su mismo nombre y no amaba el trato que en dicho pueblo vallisoletano, le daban a un toro, sacrificándolo en público, para divertirse. En sus fiestas, al Doctor Tordesillas, no le gustó esa falta de respeto al “Juramento Hipocrático”
“Este Juramento es un catecismo del ejercicio de la Medicina, que ha sido respetado por el Universo a través de cien generaciones”. Dice este Juramento: “Para el tratamiento me inspiraré en el bienestar de los enfermos, en lo que yo pueda y sepa, jamás en daño suyo, ni con mala  intención”. Y en el Capítulo 5, dice: “Pura y santamente viviré y ejerceré mi arte”.
Este Juramento de Hipócrates en favor del tratamiento amoroso a las personas, el DOCTOR TORDESILLAS lo extendía a los caballos, que con su nombre, forman con el hombre la unidad de los CABALLEROS.
El Doctor Tordesillas sigue cabalgando y yo voy  por la “Plaza de la Vida” y él se da cuenta de que poseo un desplazamiento lento, pero progresivo del cerebro, que afecta poco a poco mi memoria, mi capacidad intelectual e incluso mi comportamiento con él, que es un Doctor que piensa en el comportamiento del enfermo, ”para que su tratamiento se inspire en el bienestar de los enfermos, en lo que él pueda y sepa, jamás en daño suyo, ni con mala intención”.
En cambio yo, con mis ochenta y siete años, tengo un  trastorno  progresivo de mi cerebro, que afecta a mi memoria, a mi capacidad intelectual y ya habrá quien juzgue mi comportamiento.
Pero el Doctor Carlos Tordesillas se ha dado cuenta de que la “ribastigmina”, acompañada de otras fórmulas químicas, bloquea esas enzimas, ayudando a que aumente la acetilcolina en el cerebro, que afecta poco a poco, la capacidad intelectual, la memoria y el comportamiento.
Es un sabio Doctor Don Carlos Tordesillas y su sabiduría me transmita confianza en una larga vida, pero cuando me acuerdo del romance medieval , que dice: ”Ay, cuanto de dolor- Está presente- Al infante valiente,- Y a hombres y caballos, juntamente”, le deseo al Doctor Don Carlos Tordesillas, que siga siendo feliz, prolongando la vida de los hombres, y contemplando la vida de su caballo.