domingo, 6 de agosto de 2017

Equilibrio entre la luz y la oscuridad




A un amigo mío, que nació donde empiezan a elevarse los Pirineos, se le apagó la luz del amor y su ilusión, que expresaba con esta canción: ”Miruflí y Miruflá- se querían casar- y querían vivir, a la orilla del mar”, le desapareció la letra de esta canción de su espíritu y se subió en el corral de su casa, por unas escaleras de mano, y allí se puso a esperar la muerte. Y yo describí la caída de su amor a la vida,  diciendo: “Para los enamorados llegó el fin, cuando quebraron el ciclo de su amor. El hombre vendió todos sus bienes, tomó los billetes y los quemó en el Bar, delante de las gentes del pueblo. El no se quemó, porque no era partidario de interrumpir los ciclos; a él se lo habían interrumpido y simplemente se fue a esperar, en un corral de su familia, se subió por una escalera de mano a un cañizo, clavado sobre unos maderos, cubierto por teja vana, con el horizonte abierto por delante a las diarias puestas del sol, que le producían cierta envidia, porque indefectiblemente, el día cumplía su ocio y él tenía que esperar muchos ciclos, día tras día. Y, como sabía que él tenía cortado su ciclo, esperaba y esperaba el fin del mismo”

La falta del amor, hizo desgraciados a dos enamorados.

En cambio a Josán Rodríguez Zamora, con su segundo apellido, que viene de la Sierra de Guara del pueblo de Zamora, que ya ha desaparecido, pero que queda de segundo apellido en Josan Rodriguez y en Ignacio Almudévar y en muchos más. En algunos de primero.

Al hijo del pueblo, que vivió en un alto gallinero, le vino la parálisis de su espíritu, pero a JOSÁN RODRÍGEZ ZAMORA, las heridas sobre su cuerpo, llenaron de espanto a los que lo recogieron cerca de la Sala de Fiestas, en que el atropello de un coche, quitó la vida a algunos de sus compañeros y dejó el cuerpo de JOSÁN, destrozado, pero su espíritu conservó la fe en su vida. Quizá la sabiduría de sus Médicos, mantuvieron su vida sosegada por un sopor, que le influyeron en su biología, que permitió que aquella fe en su vida,  se le conservara. “Al hijo del pueblo, que vivió en un alto gallinero, la parálisis de su espíritu, provocada por la pérdida de su amor, redujeron su espíritu a la nada. En cambio a Josán,  las heridas terribles de su cuerpo, entre el sopor y el enamoramiento de las cosas de la vida, se la prolongaron acompañadas   “por luces y sombras que iban con él”. “Prefirió siempre Josán ver las cosas buenas que las malas”, que le llevaron al triunfo de su vida sobre la muerte.

Nació Josán el doce de Enero de 1976 en Huesca, capital, pero su familia vivía en Sesa y su madre era de Nocito. Estaban ambos pueblos unidos por el río Guatizalema. Tenía Nocito un territorio en contacto directo con la naturaleza. Tenía el pueblo de Sesa, una parte alta, en que había un convento, en el que en viejos tiempos, veraneaban los seminaristas de la Diócesis de Huesca. Muy cerca de él, se jugaba en el Campo de Fútbol. Cuando se trabajaba en las operaciones de riego del monte de Sesa, una niña, que conmovió a todas las personas de la provincia, cayó en un profundo pozo, que se estaba profundizando y producía lágrimas escuchar sus suaves quejas, con una voz angelical. Acudimos con la Doctora y Diputada Provincial, Doña María Dolores Santamaría y yo mismo a tratar de salvar a la niña, pero nuestro poder humano, era inútil para obtener su salvación. Siempre que paso por Sesa, recuerdo a la niña y a sus padres, llenos de carácter y de bondad.

Escribe Josán de los animales que vivían en Sesa y yo no puedo olvidarme de unos galgos, propiedad de unos labradores del pueblo, que llamaban la atención por su belleza y elegancia. Yo fui en varias ocasiones a una casa- herrería en la que nació el Canónigo Abizanda. Me bajaba desde Siétamo, a orillas del río Guatizalema, el mismo que pasa por Nocito,  por Siétamo y por Sesa, Don José Bara Abizanda, Maestro Nacional de Siétamo. Allí vivía una Maestra Jubilada, tía de Don José Bara.

Era Josán inteligente, “pero dejó de estudiar pronto, porque  pensaba que no era capaz. Más tarde, me arrepentí  muy rápidamente”.

Josán tiene un recuerdo de Nocito, el pueblo de su madre.”Al llegar a Nocito, lo primero era echar la vista a la plaza de la iglesia. Allí siempre había gente, y a vedes te encontrabas con las gallinas de Antonio, Martina y Vitoria, Aquellos tres hermanos me parecían de la familia, ya que muchas veces acabábamos en su casa”. Yo me acuerdo de esos tres benditos hermanos, porque cuando subía a Nocito a vacunar los canes de sus habitantes, el señor Antonio que era el Alcalde del pueblo, me mostraba sus ovejas, corderos y cabritos. Hice una gran amistad con ellos, pero poco a poco, se fueron muriendo.”También comprobaba siempre que bajo el puente, en los huecos de uno de sus ojos, siguieron guardados el cojín y el jabón de mi abuela, esos que tantas veces habían usado cuando bajaba al río a lavar”. El pueblo de Nocito, del que yo era Veterinario, era un paraíso para Josán y lo recordó siempre, incluso cuando bajó a la Tierra Baja, a ganarse la vida y a sufrir un terrible accidente.

Era un mozo inteligente y no quiso estudiar, pero valía para todo, pues ejerció una enorme cantidad de actividades. En el “Programa de fiestas de Nocito”,  escibe: ”hará unos diez años, estaba cortando el césped del jardín, cuando Segundo Nasarre entró a saludarme”. Este buen pastor, entre otras cosas, estuvo en Siétamo, con las yerbas del pueblo arrendadas y tuvimos con él, una gran amistad y Josán, a quien le gustaba tanto escucharlo, porque le hacía reír. Llegó el pastor Marino, nacido en Nocito, que fue amigo mío, porque lo conocí en Bandaliés, donde patoreaba sus ovejas. Como dice Johan :”Marino era otra persona, como Segundo, digna de ser escuchada…Segundo como Marino tenían sus formas de ver muy claras…y eran mis maestros sin darse cuenta”. Ambos han muerto y Marino tiene en el Cementerio de Nocito una Cruz de su familia, hermosa y que da fe.

Una noche, volviendo de una reunión de amigos, entramos en una Discoteca, recién abierta. Estuvieron  allí hasta que cerraron el establecimiento “momento en el que salimos para casa. MIENTRAS LOS CLIENTES NOS DESPEDÍAMOS Y ESPERÁBAMOS A QUE LLEGARAN   LOS TAXIS, UN COCHE SE ABALANZÓ SOBRE NOSOTROS, A MÁS DE  CIEN KILÓMETROS  POR HORA. EN ESTE MOMENTO MURIÓ MI AMIGO JAVI. TAMBIÉN BENITO, UN CHICO JOVEN. VARIAS PERSONAS MÁS FUERON ATROPELLADAS, Y ENTRE ELLAS, ESTABA YO”.

“Ese día supuso un antes y un después en mi vida. ERA LA ENTRADA AL TÚNEL MÁS OSCURO QUE DEBÍA ATRAVESAR. ME ESPERABA UN NUEVO CAMINO, PERO TAMBIÉN UNA NUEVA FORMA DE CAMINAR”.

Reconoce sus dolores, cuando dice.”Ninguna de las lesiones que he sufrido, como la falta de piernas o la ceguera, es comparable para mí con lo trágico y amargo que me resulta sufrir por amor”. Josán reconoce que su mayor sufrimiento le viene por la falta de amor, que él padeció en algún momento. Yo me acuerdo de aquel amigo mío de una Sierra cercana a Nocito, al que se le prohibió el amor, como dice la canción: “Miruflí, Miruflá se quería casar y quería vivir a la orilla del Mar”. Su “orilla de la vida fue un gallinero al que se desterró y en él se puso a esperar la muerte. ¡Miruflí, Miruflá!, ¿qué pasará?.

Pero, para Josán el amor es la solución de la vida en las personas, “y por eso se enamoran quienes son naturales y ante todo sencillos y viven felices en medio de las catástrofes diarias”.

Josán ama y es amado y es ciego y carece de sus dos piernas, pero acompañado por el amor , es feliz. He de adaptarme a “un cuerpo realmente nuevo, porque pienso que las únicas heridas han estado en la parte externa de mi persona. Mi interior no ha sido dañado, sino que ahora es mucho más fuerte. Me siento mejor al valorar todo lo que me rodea, y agradezco el hecho de no necesitar nada.Todo está en mí para ser feliz y disfrutar de cada instante, y lo mismo EN EL ÚLTIMO ALIENTO, DISFRUTARÉ DE LA MUERTE”.

sábado, 5 de agosto de 2017

CANTE HONDO




El cante hondo o jondo, o música flamenca,  hace sonar la estética y los sentimientos del pueblo andaluz. Su composición se origina, de pueblos primitivos, de pueblos judíos, árabes y de los pueblos cristianos, como los gitanos, que vienen unos detrás de otros, para formar, su composición  originaria y peculiar de Andalucía. Las coplas del cante jondo, dice el gran poeta Antonio Machado,"se cantan y se sienten; nacen del corazón, no de la inteligencia, y están más hechas de gritos que de palabras.....Sólo la costumbre de cantar llorando, propia de nuestro pueblo, es capaz de encerrar tanta pena y tantos amores en los tercios de una malagueña o en el canto llano de una seguiriya ".Y en una de sus composiciones añade: "Es el sabor popular,-que encierra todo el saber;-que es saber sufrir, amar,-morirse y aborrecer."

Sobre el origen del cante hondo hay distintas versiones. Pedrell, eminente musicógrafo español opina que lo trajeron a España los gitanos, procedentes de Siria y Egipto. Y  lo recargado del adorno de esa música y la repetición insistente de la misma, los quejumbrosos giros melódicos y sus lánguidas inflexiones, acusan una relación muy próxima con el arte popular  árabe, tal como era en su periodo de decadencia, entre los siglos X y XV. Hay también quien  cree su música, enteramente autóctona de  remota influencia, andaluza, y nacida en Cádiz, o,  en Jerez, el Puerto y Sevilla. Indiscutible es que en el pasado siglo, fue depurándose y enriqueciéndose por la creación y el estilo personal de grandes artistas de raigambre hondamente popular, conocidos muchos de ellos por los apodos, que forman legión, como el Fillo, el Perote, la Andonda, Silverio Franconetti, el Chato de Jerez; y sus continuadores en la verdadera traición del cante: Juan Breva, Antonio Chacón,  a quien llamaban el "Emperaor del cante flamenco". Y se escuchó después a  don Antonio, por considerarlo como la figura señera de este arte a la  Antequerana,  la Trini, la Paloma, el Canario, el Nitri, el Pollo Santa María, Andrés el Mellizo, Tomás el Papelista, Pastora la de los Tientos, Revuelta, Manolo Torres, Fosforito, Niña de la Cabra, Ramón el de Triana, el Mochuelo, Prada, etc. En Triana, uno de los barrios de Sevilla, tuvieron  sus cátedras: los cafés del Burrero, de Silverio, de la Marina, de San Agustín, Salón Filarmónico ... ; y también Madrid y otras poblaciones tuvieron sus cafés cantantes. Después se produjo la decadencia de estos y el cante se refugió en los colmaos y en las ventas andaluzas de postín, y pasó a los escenarios, por donde sigue caminando en espectáculos llamados folklóricos, que en opinión de los entendidos, si acusan la vieja estirpe, distan mucho del verdadero cante jondo, pues más que cante es canción. Los principales cantes de sabor castizo pueden clasificarse así: cantos sin guitarra, entre los que figuran, la emocionante saeta, que pone una nota de infinita ternura y de honda emoción religiosa en la Semana Santa de Sevilla y otras poblaciones; la tonada (chica y grande), la liviana y el martinete, cantos con acompañamientos de guitarra, pero sin baile: la petenera, caña, polo, soleares, seguidillas o seguiriyas, serranas, rondeñas y javeras. Cantos llamados por alegrías, para bailar: la alegría, sevillanas, bulerías y el tango, cantos llamados de levante: tarantas, malagueñas, murcianas, cartageneras, fandango y fandanguillo. Entre los cultivadores modernos del cante jondo o de la canción andaluza deben ser citados la Niña de los Peines, José Cepero, Antonio Mairena, el Cojo de Málaga, Vallejo, los Niños de Utrera y Marchena, Angelillo, Juanito Valderrama, Manolo Caracol, etc.

En Aragón se emociona uno al escuchar el bravo sonido de la Jota, pero cuando escuchas los cantes, que son alegría viviente o lágrimas de amor, de ausencia o de muerte de algún ser querido, se te encoge el corazón y sueñas con el otro mundo.

Pero hay que acordarse del judío Anan, que en estos tiempos se ha vivido  el folklore, procedente de la tradición sefardita, que le ha proporcionado reflexiones sobre la muerte, que interpreta como una forma más cercana y más sobria a la tradición. Cuando paso por la Judería o Barrio Nuevo de Huesca, sueño con los difuntos, que ya murieron, en viejos tiempos. ¡Qué raro que el flamenco está presente en mi corazón!. Así dice una canción sefardí:”Si cantara el ladino, como quiere la comunidad,  creo que podría seguir actuando en la cocina de mi madre y todos me escucharían, sabiendo que se interesa por el idioma que hablaban los judíos españoles”. La música de la seguidiya nos remite, a través de los versos lorquianos de “la guitarra”  a ese momento importante que vivimos en el  sepelio de Murante, con su mujer y sus hijos, abrazando el féretro.

Todo es emitir intenso, el sonido de la  seguiriya, con la voz de un Paco de Lucía, que casi nos hace olvidar la guitarra, de su sonar tan tenso, porque no es sólo música la de la seguidilla, sino “llaga”.

Al escuchar el cante jondo,  nos parece escuchar su origen gitano-morisco, el arte judío y gitano, músico judío sefardí y cristiano- mozárabe.



Juan Ramón Jiménez, recubre la poesía antigua y la renueva con la actual, que le llevó a escribir :”Cuando el amor se va-parece que se inmensa. Cómo le llena el alma- a la carne de pena!. Cuando se pone el sol, lo ahondan las estrellas.

miércoles, 2 de agosto de 2017

La Noche de San Juan, en el Altoaragón



En el Pirineo Oscense, en el pueblo de San Juan de Plan, se celebra todavía la Tradición más espectacular, en qué con sus viejas costumbres, sus habitantes buscan el equilibrio entre la luz y la oscuridad, entre el  Verano  y el  Invierno.

Celebran la Fiesta de la Falleta, en que sus paisanos  quieren identificar el día con la noche, la luz con la oscuridad, y para lograrlo, los jóvenes descienden, desde la Ermita de San Mamés, hasta “o Fosal” o Cementerio del pueblo. Caminan por el monte con las antorchas encendidas, cuando llega la Noche de San Juan. Coincide esta Noche de San Juan  con el Solsticio de Verano, que es el día con más horas de luz. El día veintiuno de Junio, tiene lugar en el Hemisferio Norte, un  acontecimiento,  que da el comienzo al Verano,  es decir al Solsticio veraniego con el día más largo del Año, un día sin sombra. El equinoccio es el momento en que el día y la noche  entran  en  equilibrio, es decir que se dan el mismo número de horas en el día y en la noche. La fiesta de San Juan coincide con el Solsticio de Verano y es el día con su noche y con su luz, más  prolongada.

Es el fuego  el elemento más característico de esta Fiesta, ya que posee un elemento purificador, es decir un triunfo de la luz sobre la oscuridad. Parece que la Noche de San Juan está dispuesta a cumplir su deseo,  haciendo un pequeño milagro. Viviendo la Noche de San Juan ponemos en relación el Mundo Profano y el Mundo Sagrado.

El pueblo vivía aquella noche con deseo de cumplir un rito, por el cual se lavaban, para recibir la bendición de San Juan, que daba hermosura a las mujeres y salud a los miembros de ambos sexos. En Huesca capital en la Ermita de Cillas, existe una sala con grandes lavabos, en que los peregrinos, en esa Santa Noche de San Juan, se lavan con el agua, que parece haber sido bendecida por el Santo.

Cogían yerbas en aquella Noche, en todas las ermitas de la provincia, para hacer infusiones, que curaban las enfermedades. En una Huerta de casa Buil, de la Sierra de Guara, abundaban dos yerbas salutíferas, que tenían sus hojas anchas, que todos los años se recogían para curar granos e inflamaciones.

En Montmesa, la Manzanilla la recogían los jóvenes en los huertos y  la ponía a secar al sol, sobre unas hojas de periódico. Cogían Yerba Loca, con la que hacían “boletas” que procuraban que los animales las  tragaran. Recogían la Ruda,  que huele mal y se criaba en Vachifitera  y la colgaban en la cola de las vacas,  para que tiraran la placenta  o “las esparrias”, después de los partos. La Ruda es una defensa contra las brujas, que para que conservase sus cualidades, había que recogerla en esa noche. Esta costumbre la conservaban en el Sobrarbe y en toda la parte oriental de Aragón. En Veri se cogían tres nueces verdes con la boca y se ponían con vino bueno. Los paisanos formaban un Ramo , llamado de San Juan y en  él entraban malvas,sauco,rosas,espliego, tomillo hierba buene y romero.Yo me acuerdo de recoger “manzanetas de San Juan”, con las que se preparaba agua, que había que usar en todas las ocasiones contrarias a la salud. En Tamarite hacían lo mismo.otros cogían hojas de nogal, que con su agua se usaba contra contusiones y heridas.

En la carretera de Jaca, observé los Mallos de Riglos,que dice una leyenda que construyó una bruja gigantesca la Noche de San Juan. Dicen  que se subía   al  “Pisón” y desde allí mojaba su peine en el río Gallego para peinarse.Dicen algunos que apoyaba un pie en Peñarrueba de Murillo  y otro en Riglos.  

Tengo un amigo de Colungo, que vive en Huesca, en la carretera de Sariñena y me ha contado varias veces como se  sanjuanaban  en su pueblo natal, la noche de San Juan. Una mujer de Colungo, decía: “En la Noche de San Juan, hay que levantarse antes de salir el sol. Se cuentan las verrugas que uno tiene y se dice: “arrugas tengo, arrugas dejo”, tantas veces como verrugas se tienen”. Cuentan que esas verrugas desaparecen con rapidez. En Naval, para curar a un niño, los que realizan esta ceremonia, gritan: Tomalo,  Juan-Tráelo Pedro- Tómalo Pedro- Tráelo Juan-San Juan y San Pedro,  te curarán. Después de cortado el árbol desde la corona hasta cerca de la raíz, se hace un espacio para pasar por él al niño. Se le pasa por el hueco formado en el árbol varias veces y en muchas ocasiones, el niño se cura. En el pueblo de Uncastillo de la provincia de Zaragoza, había un robledal, donde la gente acudía a celebrar ceremonias como ésta. En la Parroquia de Uncastillo, había escritos en vasco, que enseñaron en ella hasta el siglo XX.

Siendo niño, escuchaba a mi tía-abuela, cantar: “Al coger el trebolé, el trebolé…la Noche de San Juan”.

En mi pueblo natal  de Siétamo, colgaban en las cuadras Cardo Santo, con el fin de que las caballerías no se “atorzonasen”, es decir que no les entrase cólico 

Mi amigo de Colungo me dio un papel escrito en el que ponía:”Antes de la salida del sol, una chica de Colungo, se quería sanjuanar,Tenía que lavrse en siete fuentes, y se quedaría muy fina y muy hermosa. En el Término de Colungo hay muchas fuentes, pero con sólo correr por siete de ellas, hay que hacer un sacrificio.Todas esas fuentes manaban abundante agua,con las que regaban huertos.Una costumbre era verter la clara de un huevo enun vaso con agua la Noche de San Juan y a la mañana siguiente aparecía una figura que parecía representar un barco de vela.

Trabajaba la imaginación en esos momentos, pero no se aclara mi amigo de Colungo, de que efecto espiritual tenía esa imagen de un barco en un pueblo del somontano.

martes, 1 de agosto de 2017

El ciclo roto del amor,en un pueblo del Altoaragón




“Miruflí y Miruflá - se querían casar -  y querían vivir – a la orilla del mar”. Esto dice la canción, pero en ese pueblo que está encima de Huesca, Urbez y Amanda eran los que se querían casar y querían vivir en el Altoaragón. Confesores, asesores, consejeros familiares, alcahuetas y beatas, prejuicios y zarandajas no los dejaron casar.

El fin del mundo vendrá cuando los ciclos estelares, solares  y nucleares se interrumpan y el del hombre físico vendrá cuando se quiebre el ciclo de Krebs.

Para los dos enamorados llegó el fin, cuando quebraron el ciclo de su amor. El hombre vendió todos sus bienes, tomó los billetes y los quemó en el Bar, delante de las gentes del pueblo. El no se quemó, porque no era partidario de interrumpir los ciclos; a él se lo habían interrumpido y simplemente se fue a esperar, en un corral de su familia, se subió por una escalera de mano a un cañizo, clavado sobre unos maderos, cubierto por teja vana, con el horizonte abierto por delante a las diarias puestas del sol, que le producían cierta envidia, porque indefectiblemente, cada tarde el sol cumplía su ciclo y él tenía que esperar muchos ciclos, día tras día. Y, como sabía que él tenía cortado su ciclo esperaba y esperaba el fin del mismo.

En verano se asaba como una momia en el desierto y en invierno se helaba a trozos, que se iban desprendiendo de los pies y que él mismo ayudaba a que cayeran al corral, donde las gallinas acudían presurosas a picar, para después poner huevos, de los que saldrían pollitos que darían continuidad al mítico ciclo, del que la gente se sigue preguntando desde hace siglos, si fue primero la gallina o el huevo.

Algún familiar suyo le llevaba todos los días la comida y se la subía por la escalera de mano y se la alcanzaba al que estaba esperando su fin.

Amanda, la digna de ser amada, entre tanto tomando entre las piernas el mundillo,  hacía encaje de bolillos y con ese encaje, jugaba el gato y lo arrastraba por la escalera de la casa hasta la gatera del portal; por allí empezó a asomar la tira del encaje de bolillos y otros gatos lo arrastraron por las calles y caminos hasta que las picarazas lo enredaron en un zarzal de moras. Tenía la buena Amanda los ojos almendrados y de tanto lanzar palillos a los lados del mundillo y seguirlos con la vista, se le iban almendrando cada vez más, hasta que llegaron a parecer los ojos de una bordadora china.

En Febrero, cuando florecían los almendros, a Urbez le dejaban de caer trozos de su amor desde el cañizo y los dos miraban la flor, cuyo aroma les aproximaba el viento. Entonces se producía el milagro de unos ojos almendrados que parecían sonreír a la flor, que cumplía su ciclo y el prodigio de una momia que aspiraba el olor de un ciclo vegetal.

La espera, por unos días,  se convertía en esperanza.      

domingo, 30 de julio de 2017

San Urbez o SANTURBEZ desde Villalangua


La vida de San Urbez se ha venerado en el Alto Aragón y se venera hoy en día, pero desde aquellos años en que los moros, invadieron nuestra Tierra, San Urbez, que vino al Altoaragón desde Francia, fue pastor de ovejas y Pastor de Almas, pues lo consagraron Obispo y corrió las yerbas de nuestros montes y cultivó los espíritus de nuestra Tierra.

Existe un mapa en el que se ve el recorrido del Santo,  desde el Añisclo, hasta San Martín de la Bal d’Onsera, San Julián de Banzo, Chibluco, hasta la Parroquia de San Pedro el Viejo en la ciudad de Huesca, donde se guardan recuerdos de su labor apostólica.

No es completo este Mapa, pues en las narraciones de la vida de San Urbez, en él, se olvidaron o no alcanzaron a conocer sus aventuras espirituales, ya que en este Mapa no dice nada de la vida de San Urbez,  cuando bajaba desde San Martín de la Bal D’Onsera al Llano de Loporzano y subía al Saso, desde el pueblo desaparecido de Quinto, en cuyas ruinas  encontré un signo para identificarlo, es decir una letra V o  número CINCO, que equivale a Quinto. Dice alguno que en la Vía Romana, que de Huesca u Osca conducía a Alquézar, no se han encontrado signos romanos, para identificar, cada uno de los lugares, que estaban distanciados unos de otros por Millas, pero yo encontré una letra V mayúscula, que indicaba la quinta unidad de distancia entre Osca y Alquézar. En aquel Cerro estaba una V, indicando la situación de Quinto, pueblo romano.




      

En este mapa pusieron como principio de la ruta de San Urbez desde Sercué, hacia el Sur, en la que entonces no era todavía la frontera de España con Francia. Pone en dicho mapa como último lugar de la ruta de San Urbez, la iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca. En libros de la categoría del Señor Obispo Don Damián Iguacen, que ha alcanzado más de cien años de vida, no aparece la Vida de San Urbez, más debajo de Huesca, pero yo cuando iba a visitar a mis parientes del pueblo de Ola, me encontré en su parroquia, una imagen de San Urbez. Don Antonio Otal me dijo que la imagen de San Urbez , había desaparecido de Ola, durante la Guerra Civil de 1936. Pero al terminar dicha Guerra, Don Antonio Otal, colocó otra imagen del Santo en dicha iglesia. Yo, nacido en Siétamo, al lado de Ola, no pude olvidar la santidad del doble Pastor de ovejas y de almas, San Urbez, porque al subir al Saso, recordé la Fuente, de la que se llegó a conducir agua al Campo de Aviación de Monflorite. En casa de Don Antonio Otal hay una losa de piedra de arenisca, en la que dormía San Urbez y éste, con su bara, la lanzó en un lugar donde preveía humedad e hizo brotar un manantial, que todavía sigue manando,  después de siglos.

En uno de mis escritos, puse: “El pueblo de Plan de Quinto, gobernado en viejos tiempos por los romanos, formaba parte de la Vía Romana, que conducía desde Huesca hasta Alquézar. En aquel tiempo de dominio Romano, la población se hizo cristiana y todavía se han encontrado restos de la Epoca Romana. Por ejemplo yo recogí teselas, con las que se adornaban los suelos de las habitaciones y un pequeño candil.  En el solar de Plan de Quinto,  se encuentra al lado de la Carretera N- 240, frente a uno de los elevados  laterales del Saso, que empiezan en Estrecho Quinto, que expone una Cruz, que recuerda el sitio de la Guerra Civil, que sujetó a los que huían de los pueblos del Somontano y a las Tropas Nacionales. Desde esa Cruz se miran el Saso, pastoreado por San Urbez y al otro lado, sobre un Monte, el Castillo–Palacio de Montearagón. El Saso se extiende hacia el Sur, en el cual en la ladera Este, se encuentra el pueblo de Ola.   

Las ruinas del Pueblo de Plan de Quinto, recibió ese nombre porque allí encontramos una V de piedra, cuyo significado en latín quiere decir Quinto. Este nombre es el de un millar o milla romana, igual que Tierz es el nombre del tercer miliar y Siétamo del Séptimo.

Yo encontré ese cinco de piedra,  de forma latina, pero mi excesiva vergüenza no me dejó llevarlo al ayuntamiento de Siétamo y a los pocos días desapareció. Recogí un pequeño número de teselas, que me harán recordar,  mientras viva, el pueblo romano de Quinto. Donde se hallaban dichos edificios, se encontraban las teselas y allí pude contemplar la V mayúscula, que indicaba la distancia de cinco miliares entre Quinto y Huesca. Cada miliar medía 1480 metros, que multiplicados por cinco, indican que Quinto estaba a una distancia de 7´406 kilómetros de Huesca.

A San Urbez se le presentaban fáciles accesos a su residencia de San Martín de la Val D’Onsera. Se bajaba del Saso, pasaba por el pueblo de Quinto y subía por Loporzano a San Julián de Banzo, Una vez allí por aquella Sierra, donde había osos, subía a su solitaria residencia de San Martín D’Onsera. No era lejano el Saso de San Martín. Lo que ocurría es que San Martín estaba introducido en la Sierra y el Saso donde ésta acababa.

San Urbez fue un Obispo que pasó los cien años de vida y un escritor de su vida fue otro Obispo, que todavía vive en el año de 2.017, y que se llama Don Damián Iguacen, que nació en tierras de Zaragoza, cerca de donde se elevó ya hace muchos años la Ermita de Santúrbez.

Y hace poco tiempo murió en mi pueblo de Siétamo, Sebastián Grasa con más de cien años. Pero no era de este pueblo, sino que nació en el pueblo de Salinas  el Viejo, encima de Villalangua. Ese pueblo tiene unas salinas, con las que suministraban sal a otros pueblos de la Montaña, cerca de San Juan de la Peña. Fue Alcalde de ese hoy desaparecido pueblo y que ahora pertenece al Ayuntaminento de Riglos. Desde él pastoreaba sus ganados en las comarcas de alrededor, como en Almudévar. El ambiente de Salinas Viejo es terriblemente montañoso y con movimientos de tierra. Ante esta amenaza de la naturaleza tuvo, con su familia, que abandonarlo. Estuvo varios años en la pardina de Ferrera, donde un año se le apedreó la cosecha y al fin se vino a vivir a Siétamo, donde ha muerto de más de cien años de edad.

A continuación copio mi escrito sobre Sebastián Grasa: “¿Cómo sé yo estos hechos, en los que describo el paso de los habitantes de Salinas el Viejo?. De una forma muy sencilla. Hace escasos años se murió en Siétamo el señor de ciento y un años de edad, Sebastián Grasa, que fuè hace muchísimos años Alcalde de este pueblo desaparecido. Y él me contaba el paso por la Osqueta de los escasos habitantes de Salinas el Viejo, que todos ellos emigraron y Sebastián Grasa a mi pueblo de Siétamo.

 Sentado en la entrada del Bar teníamos debajo de la Calle, el paso del río Asabón y delante de nosotros se veía un Circo Natural, que en tiempos fue sólo un conjunto de huertos. Rodeado de mallos y de Peñas. Por encima de todos ellos se encuentra el paso por la Osqueta de los habitantes de Salinas el Viejo, que regresaban acompañados de sus rebaños, que venían de los pastos, en los que se encontraban parideras. Allí estaba la de Ferrera,   atendida por Sebastián Grasa. Si, regresaban a Salinas Viejo , para encerrara su ganado y asistir a las palabras del Cura, que estaba preparando a los niños para hacer la Primera Comunión.

Estábamos sentados con mi yerno Santiago Adiego, frente a un enorme Circo natural y apareció entre nosotros un señor llamado Víctor Callau Casasús, nacido en Villalangua. Empezamos a conversar y se declaró sobrino del anciano Sebastián Grasa y me dijo que s tío Sebastián tenía la cabeza “bien amueblada”.

En cierto artículo que escribí hace ya unos años,”recordaba como Sebastián Grasa me contaba que en algunas ocasiones, el paso por la Osqueta era terrible,sobre todo cuando el viento cierzo soplaba con tal intensidad, que les hacía caer sus cuerpos sobre el suelo”.

Víctor al oir tal relato, lo confirmaba con su cabeza tan bien amueblada como la de su tío Salvador Grasa, el día 20 de julio de 1012, diciendo que aquellas Osquetas,cuando soplaba el cierzo, pasaba  un aire fortísimo, que desplazaba la “zaborrilla de salagón”,igual que otras piedras menudas, por el camino,que como he dicho , convertía los caminos dulces en ásperos.De la boca de Víctor salían explicaciones llenas de sentido común, porque decía que en aquella Osqueta,el aire corría encañonado. Hoy aquellas tierras tan duras y tan tiernas para los corazones de aquellos hombres, están casi desiertas , desde Longás, Biel, El Portillo de la Osqueta, Salinas y Agüero, hasta penetrar en el Monte de Luna”.

Ahora hablo con su hijo Antonio, que lleva en su corazón el amor y en su cerebro el recuerdo de Salinas de Jaca, a 915 metros de altura sobre el nivel del mar, pero ya no se acuerdan los turistas de dicho pueblo, al que visitan de su iglesia destrozada. Antes de bajar a vivir a Siétamo, vivió dos años en Villalangua, donde se encuentra su primo, que me recuerda cuando me ve en Villalangua y me recuerda a San Urbez, pero con su antiguo nombre de Santúrbez, porque seguramente ,cuando su templo no estaba en ruinas, se leería en algún lugar :Templo de SANTÚRBEZ.  Su primo Antonio Grasa Casasús vive en Siétamo, pero conserva en Salinas Viejo, un hermoso huerto, regado con aguas del río, que recogían en una balsa. Ahora está yermo. No puedo menos que recordar a mi ya antiguo pariente Morlan, que estuvo de secretario en Salinas Viejo.


Casa Gaspar de Sieso





Sobre la puerta de entrada, en esta casa, se exhibe una losa de piedra arenisca, en la que se lee: “Casa Gaspar”.  Sieso es un pueblo pequeño del Somontano Oscense,  a una distancia de un kilómetro de Casbas, con un arte arquitectónico, instalado debajo de la Sierra de Guara, y que mira al Sur, como aquel que busca encontrar una vida feliz, proporcionada por un lado por el clima serrano y por el Viejo Monasterio de las Monjas de Casbas, donde estuvo de Abadesa Ana María Abarca de Bolea, tía de Don Pedro Abarca de Bolea, Marqués de Torres y Conde de Aranda. Una tía suya,  a saber Ana María Abarca de Bolea, nacida en Zaragoza,  pero de la Familia de los Marqueses de Torres de Siétamo, fue Abadesa de dicho Monasterio.

Pero ya  está desaparecida la vida espiritual, la vida litúrgica y musical, además de los “lamines” o agradables dulces  del Monasterio de Casbas y que el pueblo sencillo los llamaba “Pedos de monja”, que se repartían entre los fieles que por ahí acudían.

En Sieso de Huesca se alza la Iglesia de San Martín, con partes de ella que son de Arte Románico. Los Claver, tuvieron un importante papel en la conquista de Huesca a los moros, y sobresalieron en la Batalla de San Jorge, pero no sólo en esta  heroica  intervención,  sino que participaron más tarde en las luchas marinas del Mar Mediterráneo.”Estas aventuras marinas están representadas talladas en piedra, en el Pórtico de la Iglesia Parroquial de Sieso de Huesca. Representa esta labor pétrea de la Iglesia Parroquial de Sieso, la aventura que vivió Don Roberto Claver y Capdevilla en uno de sus viajes a las Indias, en que estuvo tres días luchando con las aguas en una tabla, hasta que un barco ruso lo salvó”.

El 13 de Febrero de 1536, firmó Miguel Claver el testamento a favor de Doña Violante Almudévar y en 1540 “deja testificado como Señora mayorada y usufructuaria a la referida VIOLANTE ALMUDÉVAR, su mujer” Tuvieron cuatro hijos a saber Nicolás Claver alias Valeta, Miguel Pascual y Mateo, pero no nombran a ninguna hija. 

Pero en Sieso además del pueblo sencillo, siempre existió el Arte de fabricar armas e instrumentos de Paz, como lámparas, calderas para hacer limpia la matacía de los cerdos y sillas y sillones férreos, para descansar las personas, e instrumentos de guerra, usados entre otros muchos,  por  el noble Miguel Claver, de una familia de la Montaña, que luchó en Huesca en la Batalla de San Jorge.

Han pasado los siglos y un día cualquiera del año  2.017 me encontré en Casa de Nicolas, dueño de la Casa,  que había alojado la Herrería de su cuñado Eusebio Bernués, dedicado a este noble Oficio de Herrero. Se encuentra este antiguo Taller, convertido en Museo de la Herrería, y del que no se hace ninguna propaganda. Es tan sólo una casa vecinal, en la que hay que introducirse, para contemplar muchos objetos, unos militares, otros ornamentales, objetos que se han empleado durante siglos para el sacrificio de “tocinos”, con cuyos jamones, embutidos y “tocino” graso se alimentaban aquellos vecinos de Sieso. Existían también muebles de gran nobleza, como sillones, llenos de adornos férreos, que usaban los dueños de  casas nobles e infanzonas.

 Se encuentra este antiguo Taller en la Calle que sube hacia la pequeña Plaza, en que se asienta el solar de aquella  Casa antiquísima de los Almudévar, mis antecesores. Ya no tiene tejado, pero se observa el Arco pétreo de la antigua puerta de entrada en dicha casa. Iba yo a preguntar por la familia que es poseedora de las ruinas de Casa Almudévar y al no encontrar a nadie, me dirigí por la dirección contraria, es decir hacia el Norte y frente a Casa de Gaspar, que reúne multitud de obras de forja, trabajadas por el Herrero Eusebio Bernués. Estaba el dueño de Casa Gaspar, pues su cuñado el Herrero ya había muerto hace unos años.

El Herrero Eusebio Bernués tenía unos brazos fuertes, para golpear el hierro, que calentaba en una Forja y luego a base de golpes con  grandes martillos, golpeados  con fuerza y con habilidad, transformaba las piezas de hierro, en Obras de Arte, porque además de la fortaleza de sus brazos, tenía la sensibilidad artística de su corazón.

He llegado a esta casa de Gaspar, donde trabajaba el Herrero Eusebio Bernués y me ha introducido en el patio maravilloso, donde se dulcificó mi corazón, por la vista de dos Pilas de Aceite de 1.500 litros de capacidad, cada una de ellas. Entre ambas hay una puerta,  que no es grande de tamaño, pero engrandece el espíritu, por contener detrás de ellas un buen aceite de oliva, procedente de las oliveras del pueblo de Sieso. Aquel patio mostraba hierro por todas sus partes, convertido en una sala, en que se exponen Obras de Arte, ejecutadas por el Herrero Emilio Bernués. En lo alto del patio de esta casa, se alza un Arco Románico, que sujeta los maderos que sostienen el piso superior. Existe el Arco férreo que sostiene el piso de Arriba, pero entrando a la derecha, para subir al segundo piso, asciende una barandilla artística con adornos de hierro trabajados a lo largo de ella.
Pero aquel Herrero en unos tiempos en que casi no existían los ascensores, fabricó uno, que tiene un aspecto antiguo por el que subí al piso alto. Era una cabina de chapa metálica, en la que introducido con Nicolás Pérez, cogió éste un trozo metálico, forrado con cuero, lo manejó y suavemente nos subió hacia arriba.

De este Herrero no sé los años que hacen de su muerte, pero se intuye un cerebro, que buscaba la Paz, pues no quería las luchas del Cerro de San Jorge, sino los instrumentos de hierro, que se utilizan en la Paz. Y adelantando su inteligencia a los tiempos en que vivía, construyó un ascensor,  que todavía asciende a su hermana al piso, donde tiene su lecho para descansar, desde el espacio de tertulia que se da en la Calle.

Entra uno en el Patio y puede admirar y sentarse en uno de los dos sillones de hierro, que allí pasan su larga y fuerte vida. Para subir por su propio pie al piso primero, se agarra uno con sus manos al férreo e inclinado apoyo que acompaña a las escaleras. En la pared izquierda está colgado un yugo, en el que se enganchaban dos asnos, uno macho y otro hembra, para tener continuidad en los seres que trabajaran en el campo y delante del yugo, cuelga una silla de caballo, en la que el Herrero montaba, para ir a visitar a los clientes que le pedían la fabricación de herramientas de adorno y de trabajo. El ascensor era una copia de alguno que habría visto en Barcelona, en tiempos pasados, y lo fabricó él totalmente. ¡Qué impulsos le hacían realizar el progreso de aparatos nuevos! Y ¡cómo lo lograba!.  

El Herrero Eusebio Bernués, soñaba y trabajaba en el progreso de la técnica industrial, pero al mismo tiempo, envejecía y disminuían los habitantes del Somontano de la Sierra de Guara y ahora, en Sieso de Huesca, ha quedado un Museo, abandonado por el público, donde Juan Nicolás goza de la vida, viendo el afán de progreso que tenía su cuñado.


jueves, 20 de julio de 2017

Curas y labradores


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Son las ocho y media de la mañana del último día de Agosto de este caluroso verano del año 2003. Aparco en la subida que está frente al jardín que hoy ocupa el solar en el que se encontraba edificado el cuartel, que estaba debajo del actual museo y frente a la parte lateral del Seminario. En ese cuartel cumplió el servicio militar de alférez, mi hermano Manolo, que atendió a mi amigo y paisano Cabrero, cuando le cayó un rayo en el Campamento de Igriés. Yo estuve con mi hermano, que fue a visitar a un soldado enfermo y me acuerdo del aprovechamiento de las antiguas construcciones, que hoy día  muchas de ellas se han derribado.

Fui andando a la Catedral y al pasar por el seminario vi a Don José María, párroco de Coscullano, que por lo visto había madrugado, para ir a decir misa en diversos lugares, porque ahora son escasos los sacerdotes. No me vio, pero yo miré hacia la pequeña plaza, que está al lado de la puerta del Seminario, donde está el busto de Ramón y Cajal, que parece seguir meditando. Entra por dicha plaza el sol que brilla intensamente, a pesar de haber cambiado enormemente el tiempo, porque el calor ha cedido y el sol, a estas horas parece que me llama y me atrae, para que goce de sus rayos, mientras contemplo la ilustre cabeza de nuestro sabio y después me miro hacia el Monasterio de Montearagón, que parece estar paralelo a nuestra ciudad, a la que mira como la miró en los años de mil noventa y cinco y noventa y seis, con deseos de poseerla, pero los tiempos avanzan y todavía mira a Huesca, en la que ya no contempla el convento de San Bernardo ni el Cuartel ni tantos monumentos, pero que sin embargo la ve crecer.

En cambio Huesca se mira a Montearagón con indiferencia porque se ha convertido en una ruina.

Sigo por la puerta del Museo y entro por la calle de San Bernardo, oigo la cerradura de una puerta falsa y me parece que por ella, como otras veces, va a salir un labrador oscense, que vive en la calle del Suspiro. Sale por fin el esperado Claraco, saca su bicicleta y nos ponemos a hablar el uno con el otro. Tiene un año más que yo y a pesar de encontrarnos tantas veces, no hablamos de la Agricultura hasta el día de hoy, en que me dice que se va al huerto, porque ya no labra sino que tiene la tierra dada a cultivar por algún otro; es que se van envejeciendo los labradores y como los curas quedan ya muy pocos y pasa con los labradores que están abandonando el cultivo de la tierra y los sacerdotes al morir  no son sustituidos por otros que se dediquen al culto divino. ¡Qué dedicación la de los curas y de los labradores al culto divino del pueblo de la vecina Sierra y al cultivo de la tierra oscense!. Claraco conserva el apodo que, con gran honor, llevaba su familia desde siglos, como todas las casa de labranza de Huesca llevaban el suyo!, ya que su auténtico apellido es el de Sauqué. 

Llego por la calle de Dormer a la Catedral y allí observo la cultura del hombre, por ejemplo en el arte del altar mayor, esculpido por Damián Forment y por su hija, cuyos bustos, como el de Cajal en el Seminario, se exponen a la contemplación de los visitantes  y de los fieles, que se quedan admirados por la belleza de la hija escultora.

Al marchar, otra vez al lado del Seminario me encuentro a un anciano sacerdote, que casi siempre va sólo, como meditando. Me pongo a hablar con él y me llena de frases sagradas, como la siguiente: la Naturaleza inferior de los animales se rige por las leyes de esa Naturaleza, pero a los hombres Dios nos ha hecho libres y la libertad nos hace a unos, creer en Dios y a otros, como a Ramón y Cajal, dudar de El. El Señor nos dio la libertad.

JUAN BACHOCAS, ALIAS CORAZON SECO

Añón de Moncayo. Juan Bachocas "no en teneba d'enemigos", cosa rara en estos tiempos y en todo tiempo y lugar. Las cosas raras...