domingo, 13 de enero de 2019

La prensa periódica o ”A prensa periodica”.




La verdad es que la Prensa en Aragón ha tardado muchos años en considerar “a Fabla Aragonenca o aragonesa”. Hoy en que algunos catalanes sueñan con reconquistar que el catalán haga olvidar la lengua española, los aragoneses nos hemos acordado de hacer renacer nuestra “Fabla”. De la misma forma que algunos catalanes han cogido odio a la Lengua Castellana, en Aragón se ama nuestra “Fabla” y se sueña con ella, porque estamos muchos aragoneses que hemos conocido nuestra “Fabla” y pocos de nosotros hemos procurado cultivarla .
“En o primer testo publicato en prensa, trobato por agora ye una Epistola  d´o  Campo de Chaca, publicata en O Pirineo Aragonés en o numero 683 de 5 de mayo de 1895. O segundo, una colaboración literaria en el Ribagorzano, fundato en Graus en 1904. As colaborazions en aragonés Marevalle de Lino  Gambón, Enrique Borderas u Cleto Torrodellas.”
“La hoja del Valle de Echo (1913) publicará dos  testos  en aragonés de Domingo Mairal entre 1914 e 1915. En La Unión, fundata en Chaca (1907), se publicará o primer testo literario de Veremundo Méndez,”Oza”,en 1934.
En  a  prensa de Uesca se troban restos también literarios e costumbristas, asinas  Luis López Allué  publicará en o  Diario de Huesca entre 1912 e 1927, Enrique Bordetas lo ferá en La  Voz de la Provincia en 1912 e  Agliberto Garcés en La Tierra, ya en 1934-1936.
Rematata a Guerra Zevil, a prensa, controlata  e  zensurata por o gobierno totalitario, publicará restos en aragonés con matiz costumbrista. Destacan as  colaboracions  de Pedro Arnal Cavero en Heraldo de Aragón u as  d’Enrique Capella en o Diario Oscense Nueva España. También en El Pirineo Aragonés, fundado en Chaca en 1882, se publican más restos literarios de Veremundo Méndez”.




Julio Brioso.

Jose María Satue.


“Ritornando a o pasato, cal pensar en as obras” en que destacan las de alrededor del año de 1679, escritas por Ana María Abarca de Bolea, erudita moncha  d’o Monasterio cisterciense de Santa María de Casbas. A obra chira arredol d’una  trobada de pastors que s’achuntan con a enchaquia  d’a festividad de San Chuan e comparten durante nueu chornadas un conchunto de romances, cantas, falordietas e atras composizions entre as que se i trovan dos poemas en aragonés, ”Albada al nacimiento” e “Romance a la procesión del Corpus”, e una pieza dramática de temática nadalenca,”Bayle pastoril al nacimiento”. Igual como a resta d’autors que fación servir l’aragonés en o sieglo XVII, as aportazions d’Ana Abarca de Bolea en ista luenga son marcatas por o suyo vinclo  boleano o contenido rural e por una  intenzionalidat  umorística”.
De Ana María Abarca de Bolea, yo he tenido noticias personales de una obra en Fabla aragonesa, escrita por Don Jerónimo Borao, en 1884. Tengo un libro, heredado de mi abuelo el Diputado Don Ignacio Zamora Blasco, titulado” Diccionario de Voces aragonesas”, del año de 1884. Murió en 1910 y en la biblioteca estuvo muchos años sin que se la mirara nadie. “Jerónimo Borau, dice que habiéndose perdido el Aragonés en la riberas del Ebro, bueno sería que el castellano utilizara en beneficio común, la lengua Aragonesa. No todos respecto a los aragoneses están de acuerdo con la caída de la Fabla y luchan por conservar dicha lengua”. “Respecto al Valenciano hay diversas teorías, pero es evidente que existía el valenciano derivado del latín durante el período de la invasión árabe…pero el valenciano es independiente del catalán y es totalmente original….Esta originalidad ¿no la recibiría el valenciano de la lengua lemosina, unida a la lengua románica que persistió en Valencia bajo el dominio árabe?. Uno de los escritores más ilustres del valenciano fue mi pariente Onofre Almodóvar o Almudévar y que también firmaba con el apellido Almudéver. Este venía del  Bearn, que se unió en Ayerbe en 1118 al mando de Alfonso I de Aragón, para conquistar Zaragoza, pasando antes por Almudévar. Mi antepasado después de la conquista de Almudévar, fue nombrado Bayle o Alcalde, del que descendemos todos los Almudévar de Loporzano, Abiego,Sieso, Casbas, Barluenga, Siétamo, etc. En la iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca, está enterrado un Almudévar en el  claustro , al lado de su esposa.
Si, bajaron los bearneses “de ros altos Perineos” y hay una muy vieja poesía que dice: “ De  ros altos Perineos, m’en baixé en ta tierra plana, pa corteixar a una nina, que Marichuana la claman. En as pochas d’o gambeto, le trayeba unas manzanas, de güeñas que li sapeban, se le cayeban as babas, como a ro güey cuando llabra”.Por el Pirineo estaba la Montaña levantada y por todo el Pirineo y el Somontano, bajaron los bearneses de “ros altos Perineos” a Zaragoza y al Reino de Valencia, hablando en su lengua lemosina. Por el Pirineo y el Somontano todavía quedan dialectos influídos por esa lengua,  que  se  perdió por Zaragoza y en Valencia, le dieron vida  a la antigua lengua valenciana de los cristianos.
“La lengua del Midi, por Almudévar bajó a Valencia”, pero no sólo llegó a Valencia la lengua lemosina, sino que por el camino que baja de los Pirineos, fue dejando su belleza en el pueblo de  Almudévar, en la Montaña Aragonesa y en el Somontano.
De Almudévar era el Quijote Aragonés “Pedro Saputo”, cuya vida escribió Don Braulio Foz y que se editó en Zaragoza en 1844. En cierta ocasión un herrero de Almudévar, enfurecido, dio una horrible muerte a su mujer y a su vez a este herrero …ya lo llevaban al patíbulo, donde la gente esperaba contemplar su ejecución…Cuando subiendo uno del pueblo a caballo, encima de los hombros de otro, dijo : “¿Qué is a fer, hijos  de Almudévar?.¿Conque enforcaréis  a o  ferrero , si sólo tenemos uno?. Y, ¿qué faremos después sin Ferrero?.¿Quien nos luciará as rellas?,¿Quién ferrará as nuestras mulas?. Mirad lo que m’ocurre. En vez de enforcar a o Ferrero que nos fará después muita falta , porque ye sólo, enforquemos un tesidor que en tenemos siete en o lugar, e por uno menos o más no hemos de ir sin camisa”. ¡Tiene razón!,¡tiene razón!, gritaron todos, ¡enforcar un teixidor!...¡un teixidor!,¡un teixidor!... Y sin más que esta voz y grito, cogen al primero de ellos que toparon por allí, le llevan a la horca, le suben y le ahorcan, y ponen en libertad al herrero. Supo esto Pedro, que no supo ir a la ejecución ni había salido de casa, y fue corriendo a la Plaza a ver de impedir aquella atrocidad e injusticia, pero llegó tarde, porque ya estaba despachado el infeliz del tejedor. Llenóse de horror de tan grande barbaridad y se volvió a su casa mudo de palabras y frío del corazón, pareciéndole que el el sol y la tierra se habían mudado”.
 Don Manuel Almudévar Casaus, mi padre, escribió en Navidad de 1941, ese Cuento de Navidad, en la Fabla Aragonesa, cuando ya no se acordaba que habían pasado años desde la publicación del “Diccionario de voces aragonesas” de Don Jerónim,o Borao, en 1884, hasta que mi padre escribió en Navidad de 1941, el Cuento de Navidad en Fabla Aragonesa. Yo creo “que pertenece a la lengua lemusina, a la que buscaba en su pasado y que él había escuchado hablar a sus convecinos de Siétamo”. En 1941, mi padre Manuel Almudévar Casaus escribió un Cuento de Navidad, en el que dice en algunos trozos del mismo, escribe:”pero a ixo de media nuey,sintieron una mosica- y d’enzima d’o Portal,-se posaba una estrellica,-Pregunté que qué que sería-San José todo asombrau-y le respondió María: Es qu´e  o tiempo ya ha llegau de cumplise  a Profecía-de q’ue todo un Rai d’os cielos,- a’ste suelo bajaría.”. Describe el movimiento de los pastores de Belén, diciendo: “Ascape fueron llegando-repatanes y mairales, -cabrerizos, vaciveros, -yeguas, erizos y duleros,-boyateros y zagales-mocetas d’ixas que cudian-os pavetes y os verracos- y mientras filan estambre, apacientan os rezagos.- Todos veneban contentos y todos trayeban algo, pa ofrecelene a Jesús, y a o mesmo tiempo adoralo.- Trayeba figos de Fraga, orejones d`Estadilla y pansas d’ixas qu’escaldan-en Lascellas y Velillas,-vino de Castilsabás, y corderetes d’Albero,- Bellota de Banastás y conejos de Pebredo, Tortas d’aceite d’Ayerbe-turrón Guirlache de Jaca.-Castañas de mazapán-d’a zucrería Lasala-Tortadas de Berbegal- y pan moreno d’Angüés,-pedos d’as monjas de Casbas,-Juguetes de Bandaliés.-Entre gente tan humilde-tan humilde como güena, quiso’l Redentor do Mundo presentase aquí , en a Tierra.-Era pa danos ejemplo- que toda su vida dio-d’humildad y de pazencia.-De mansedumbre y amor- Y aquí termina el relato,-Venida del Hombre –Dios-Que nuestro Señor del Cielo por Padre nos envió”.
En esta lengua usada por mi padre Don Manuel Almudévar Casaus, se nota su semejanza con la que Ana María Abarca de Bolea,  sobrina del Conde de  Aranda, usó en un escrito del siglo XVII.
“Ista yera, no más y nada menos que Ana Abarca de Bolea.¡ Qué goyo fa tener nada más y nada menos os escritos de Fabla Aragonesa!. Parixe que veyes a prozesión d’o Corpus de Zaragoza, como si estase agora. Antiparti tien ixe humor y alegría qu’en tien, u en teneba, o pueblo d’Aragón”.
Don Luis Abarca de Bolea y Castro, Marqués de Torres de Montes, Conde de Las Almunias y Caballero del Hábito de  Santiago fue un poeta del siglo XVII, nacido en Siétamo (Huesca), de la misma familia que Ana Abarca de Bolea y del Maqués de Torres de Montes, predecesor del  Conde de Aranda, escribió un soneto que figura en la Biblioteca Virtual Conde de Aranda.
El lemosín que bajaba del Midi francés, lo conservaron Ana María Abarca de Bolea, en diversas obras, una sobre la romería en el Moncayo y otra en la procesión del Corpus en Zaragoza.

En el año de 1941, mi padre Manuel Almudévar Casaus,escribió la Navidad,inspirada tal vez por Luis Abarca de Bolea, nacido en Siétamo y recogiendo palabras lemosinas del pueblo del  Somontano oscense.
Valencia no podrá nunca olvidar la influencia lemosina del Bearn en la formación de su lengua, como no puede olvidar su comunicación ferroviaria y automovilística, con sus orígenes en el Midi. Ahora el tren podrá pasar por Canfranc, desde Marruecos, Murcia, Andalucía, Extremadura, las dos  Castillas y el Centro de España por su capital Madrid.

O periódico Nueva España en a suya zaguera etapa(1979-1984) publicó de traza periodística una sesión: “Debantando a Fabla” que ye un suplemento, en do colaboraron autors como Chulio Brioso, Inazio Almudévar, Nieus Luzía Dueso, Chuaquín Borruel, Francho Nagore, Chesús Giménez Arbués u Rafael Barrio, entre otros.

miércoles, 9 de enero de 2019

José María Lacasa y Luis Tesa Ayala.



José María Lacasa, visto por Luis Tesa Ayala.

Estaba recordando al gran oscense José María Lacasa, primo de Luis Tesa Ayala, y a la hija de este abogado, Mercedes, con la que todavía  puedo  hablar  y  oír  sus opiniones Este abogado Luis Tesa Ayala, era además escritor, pintor y dibujante y yo le hablé a Mercedes de la figura de Don José María  Lacasa, al  que  había dibujado su primo Luis, un  retrato cuya figura dirigiendo una orquesta,  impresionó a los oscenses.
¡Parece, al contemplar esa bella figura del Gran Músico José María Lacasa, creada   por Luis Tesa  Ayala,  que  estos  dos parientes, poseían  una inspiración común, en la realización de esa impresionante figura!.
Esa inspiración artística la poseían ambos parientes, ya que José María Lacasa, que fué  Alcalde de la Ciudad de Huesca y su cuñado, el   Abogado Luis Tesa Ayala, pero no fueron sólo ambos personajes, los que cantaron las glorias de San Lorenzo, sino que en todo tiempo se han escuchado los Himnos-Oración a San Lorenzo.  Por   ejemplo,  impresiona  escuchar el Himno a San Lorenzo de E. Banzo, que fue publicado por la Cofradía de Caballeros de San Lorenzo.    
Al leer este Himno, uno kse emociona al recordar la alegría que se producía en Huesca, al escuchar esta letra. Se expresa de la siguiente forma: “San  Lorenzo,  patrono  de  mi  tierra,- de esta tierra bendita de Aragón, que en su alma celosamente encierra-siempre viva la llama de tu amor.
 Te   ofrendamos  primicias  de  los  campos,- fecundados por ese mismo sol- a cuya luz tus ojos entreabrieron,-en tu cuna de oscense y español.
Acepta nuestra ofrenda perfumada- con el mejor perfume: la oración; -y vierte sobre Huesca y sobre España- la dulce gracia de tu bendición.
San  Lorenzo,  patrono de mi tierra,-de esta Tierra bendita de Aragón- que en su alma celosamente encierra-siempre viva la llama del amor.
Los oscenses, postrados a tus plantas, -y admirando  tu  fe  sobre  el  dolor,-te suplican infundas en sus vidas-los alientos que el cielo te otorgó”.
                                                    
                                             José María Lacasa, visto por Luis Tesa Ayala
 Se escucha la letra de Enrique Banzo, como  Luis  Tesa Ayala, se fija en la música que hace sonar José María Lacasa, que dirige la batuta, que pone orden y da más belleza a  ese bello Himno- oración.
José María Lacasa fue un hombre polifacético,  pues  fue   abogado, político, artista, amigo de dirigirle la música a San Lorenzo, oscense histórico, desde su puesto de Alcalde de la Ciudad hasta participar en la sencillez, de tal forma que, por cariño lo llegaron a llamar con el diminutivo de su apellido, usando dicho diminutivo de su apellido Lacasa, transformándolo en Lacaseta, no por ironía, sino por cariño.    
Entramos en conversación con mi sobrina Mercedes y me dice que muchos años han pasado, esperando   poseer  el dibujo de su padre, Luis Tesa,  que representa a José María Lacasa dirigiendo el Himno-oración a San Lorenzo, 75 años antes.
No pudo José María Lacasa hacer venir algún día a Huesa, el Santo Grial, cuya estancia en esta capital, propuso San Lorenzo, pero dirigió el Himno- oración a San Lorenzo, que emociona a los Fiestas de San Lorenzo oscenses. Igual que José María Lacasa, trabajó para que El Santo Cáliz, pasara algún día para que se encontraran el Redentor con San Lorenzo, en la ciudad de Huesca, no lo consiguió, pero hoy, 75 años después, los oscenses, cantan entusiasmados ese Himno-oración a San Lorenzo, hijo de Huesca.
Mercedes, durante muchos años ha buscado la obra de arte que su padre, Don Luis Tesa Ayala, que representa a José María Lacasa, dirigiendo la Orquesta Oscense, para que se escuchara por el Mundo, el Himno –Oración a San Lorenzo.
Mercedes, durante   muchos años  no  ha conseguido obtener el retrato de Don José María Lacasa, pero el amor a su padre Don Luis, se lo entrega con amor  a su hija y devoción a San Lorenzo.                

domingo, 6 de enero de 2019

LAS CUEVAS DE BASTARAS



Cuando éramos niños nos enseñaban que los moros estuvieron ochocientos años en España. En Huesca estuvieron dominándola bastante menos, ya que fue conquistada en 1096, pero permanecieron en esta ciudad hasta 1613, en que fueron expulsados de España. Dejaron su huella en esta tierra mas por su lengua árabe que por sus monumentos, que han ido desapareciendo casi todos. Ahora se ha descubierto el basamento de su muralla y en la parte de la Catedral que están restaurando, se puede ver una puerta con su arco de herradura.
De su lengua heredamos muchas palabras, que empleamos en el lenguaje diario ,como ¡ojalá !.Entre los nombres propios tenemos la Zuda, que era el palacio de los reyes moros, la Alquibla la puerta de la muralla que miraba al mediodía, el Algascar término al que vulgarmente se conoce como la Encascara y en  árabe significa campamento; la Almunia es otro término que significa finca de recreo, el Almériz es otra partida del término municipal, así como la Magantina o Almacantina; al Pueyo de Don Sancho, donde está  la ermita de las Mártires Nunila y Alodia, lo llamaban los moros Pueyo de Zumac o Zumail, el alcalde o su equivalente era llamado Zalmedina y el que ordenaba los riegos el Zabacequias. Precisamente en cuestión de riegos nos dejaron abundante vocabulario, como por ejemplo azud, azarbe y acequia. De muchos oscenses es conocido el paraje llamado Fosal de Moros.
Cerca de Huesca discurren los ríos Alcanadre y Guatizalema, nombre tan bello como puedan ser los del Guadalaviar o del Guadalquivir.
Hechas estas consideraciones, no es extraño que los árabes tan amigos de leyendas como las de Las mil y una noches, nos dejaran por aquí alguna de ellas.
Cuentan, que a mí concretamente me la narró un hermano del solitario de Bastaras, que en la Cueva de Chaves, enclavado en dicho término, vivían y viven todavía unas moras encantadas, no sabemos si por un morabito o por un Emir del profeta. Además de encantadas, dicen que son encantadoras. Lo extraño es que la leyenda, después de expulsados los discípulos de Mahoma y más tarde los moriscos, haya llegado a nuestros días. Mi amigo, que como he dicho estaba solitario en Bastaras y que se llama Cebollero, me contó que Saso, pariente de gentes de Siétamo, estaba labrando en una "valleta" con sus mulas, cerca de la citada cueva. Lucía un sol espléndido y cuando conducía su yunta hacia la entrada de la cueva, vio un "flaire" o ermitaño ,que con sus gestos le invitaba a aproximarse , así lo hizo pero no mucho porque su padre ya le había enseñado desde pequeño que "cree el flaire que todos son de su aire",pero el monje dando gritos al aire le dijo que entrara en la cueva, que dentro había dos moras muy "guallardas" que lo atenderían muy bien, pero Saso pensó: "ixo de q'un flaire te brinde o que pedrican que ye malo,y antiparte con moras, regular que me gúele mal,­me las toco! y volviendo os bajes derecho ta o lugar, los arreó" y echó a correr hacia su casa. No durmió en toda la noche pensando si había sufrido un encantamiento o un sueño. Como buen campesino quiso probar si allí había mora o gato encerrado y llevó a la entrada de la cueva una olla llena de leche, que depositó allí. Pensó: mañana volveré y si ha desaparecido la leche, es que hay mora y si no, es que no hay nadie.
Al día siguiente volvió y se habían bebido la leche. Desde entonces nadie le pudo sacar de la cabeza que allí había una princesa o una hurí del profeta. Hay quien piensa, por el contrario, que no sería princesa la que se bebió el contenido de la olla, sino una "rabosa”, que por esa zona eran muy abundantes.
No se en que año ocurrieron estos hechos, porque cuando Lucien Briet presenta en 19O9 un trabajo sobre las grutas de Bastaras, al hacer los planos no encuentra dentro ni moras ni raposas, pero sin embargo afirma: “Como ciertas cavernas históricas, la cueva de Chaves, durante largo tiempo ha gozado de reputación de estar habitada por magos, brujas, moriscas encantadas que ,cada año, durante la noche de San Juan, se esforzaban en seducir y llevarse con ellas a los jóvenes pastores, tan imprudentes como para llegar esa noche al Barranco de Solencio. Digamos, entre paréntesis que ciertas altas estalagmitas, en la semipenumbra, se parecen bastante a una mujer  árabe, tapada bajo sus velos".
He dicho que Lucien Briet no encontró moras, pero fíjense en el detalle último de las estalagmitas con figura de mora. Precisamente los encantados permanecen de algún modo aislados de la realidad, en este caso en forma de columna, para despertar, en este caso la Noche de San Juan o como la Bella Durmiente al beso de su amado.
Hay otros datos que dan la razón a mi amigo Cebollero y es que en Panzano me han contado de dos casos en que algunos vecinos, hace muchos años, habían visto danzar unas hermosas moras en una era."Pa yo, chiquetes, que ixas moras yeran muito camanduleras" y salían cuando les apetecía.
Ahora es cuando no se si Podrán salir del Monte de Bastaras, pues igual que los moros invadieron España y pusieron riegos, han llegado otros, esta vez catalanes, que compraron las propiedades de dicho pueblo, no todas y colocaron vallas, no sé con qué derecho, pues el Ayuntamiento de Panzano no les vendió los comunes, caminos ni la cabañera que sube a Bara, ni las cuevas ni las moras.
Se ha roto el encanto de la Cueva, porque yo quería dejar otro cuenco de leche en su entrada y fíjense que desgracia sería, que en lugar de salirme una mora me saliera uno de los que han puesto las vallas.

Cabrero y Paternoy y Sierra de Guara.


  
Es muy frecuente, en Huesca, encontrarse con individuos que tienen como apellido el de CABRERO, y no es extraño que alguno de ellos, en siglos pasados,  se casara con la zaragozana Isabel de PATERNOY. 


 Supongo que sería originaria de dicho pueblo,  hoy convertido en ruinas, A estas ruinas de Paternoy,  las conozco por casualidad, porque cuando subía por la Carretera de Jaca, pocos kilómetros antes de llegar al Puerto de Santa Bárbara, siempre encontraba un desvío a la derecha, en el que no estaba escrito ningún destino para conductores.  Pero penetrando por dicho desvío, llegaba enseguida a las ruinas de aquel desaparecido pueblo de PATERNOY. ¡Qué nombre tan noble y tan sonoro tienen aquellas ruinas!. Te engrandece el espíritu ese “sonido callado” y te llenan de tristeza aquellas ruinas de la iglesia y de aquellas casas derrumbadas. Una de ellas daba la impresión de encontrarse en un buen estado de conservación, pero  tenía la puerta de entrada abierta. Entré en ella y contemplé unas alpargatas de un tamaño descomunal, pero en lugar de llevarlas al Museo de Objetos del  Pasado de Sabiñánigo, allí las dejé, para que el tiempo acabase con ellas. Era bello el nombre de aquel lugar que fue un pueblo, pues sonaba a algún lugar histórico su nombre de Paternoy  y aquellas alpargatas tan grandes,  me hicieron recordar una raza de hombres de cuerpos grandes y poderosos. Un compañero veterinario me recordó algunos días después que desde Paternoy,  bajaban rebaños de ovejas  para invernar en la Tierra Baja.
Pero en el escrito que me ha enviado  Miguel RIBERA del PUEYO, médico y farmacéutico, dice que MARTÍN  CABRERO, SEÑOR  de YASO, más tarde del Ayuntamiento de Morrano, en el partido Judicial de Huesca, fue ennoblecido por el rey Alfonso V el Magnánimo en 1420, y se casó con Isabel de PATERNOY, nieta de Don CIPRÉS  de PATERNOY,  padrino del rey Fernando el Católico. 


Esto ocurrió en el siglo XV con ISABEL de PATERNOY, que entonces residía en Zaragoza. La vida se va repitiendo, a través de los siglos, porque de la misma forma que en el siglo XV, Isabel de Paternoy, abandonó su pueblo, yo soy testigo de que aquel   pueblo muerto ejercía una fascinación sobre el espíritu de algunos ciudadanos vivos, porque en cierta ocasión, en la carretera de Jaca, en dirección hacia abajo, es decir hacia Ayerbe, encontré a un joven, con su coche parado. Este joven se había retirado a vivir dese Zaragoza a Paternoy. Me puse a conversar con él y me explicó que bajaba de PATERNOY  a AYERBE y se le había acabado la gasolina. Después de quedar desierto PATERNOY, aquel joven quiso vivir en un mundo solitario que le proporcionara felicidad. Pero la soledad lo despachó de PATERNOY. Años después he querido entrar a recordar la vida y muerte de PATERNOY, pero no he acertado con el camino, que desviándose de la Carretera general de Jaca, te lleva a ese pueblo muerto. Hoy he mirado en un mapa y lo he acertado, poco antes de llegar al Puerto de Santa Bárbara, en la cumbre de la Sierra de San Juan de la Peña, muy cerca del Monasterio Nacional de San Juan de la Peña.


Es el de PATERNOY el nombre de un pueblo, que se encuentra cerca de unos mil metros de altura, con un nombre sagrado y próximo al Monasterio de San Juan de la Peña y que ha llegado casi a desaparecer  del  mapa del primitivo Aragón. Cuando subes por la carretera de Jaca, ya no hay en la entrada del desvío que a él conduce, ningún cartel, que haga saber a los conductores, que  allí mismo, se encuentran los restos “sagrados de un pueblo que sólo conserva  el nombre de Paternoy”.


Pero hay que volver a recordar, los escritos del Médico y Farmacéutico Miguel Ribera del Pueyo,  que  dicen que es pariente de  Martín Cabrero, Señor de Yaso, que fue ennoblecido por el rey Alfonso V,  el Magnánimo, y que en 1420 se casó con Isabel de Paternoy, nieta de Don CIPRÉS de  PATERNOY.  Fue este MARTÍN CABRERO, PADRINO  DEL REY  FERNANDO EL CATÓLICO. Esto ocurrió en el siglo XV con Isabel de Paternoy,  que residía en Zaragoza.
El nombre de PATERNOY es antiquísimo, pues parece ser que el primer Abad de San Juan de la Peña, llamado Paterno, añadía a su nombre una Y, que significaba sabely sigue significando en vasco, posesor de ese nombre. Parece deducirse que  por  la  proximidad  del  Monasterio de San Juan de la Peña, el Abad  Paterno, creó este pueblo.
Y vuelvo a repetir que en el siglo XV, esta familia de MARTÍN CABRERO, SEÑOR DE YASO y    ennoblecido   por  el  Rey Alfonso V el Magnánimo en 1420, se casó con ISABEL DE PATERNOY, nieta de Don Ciprés de  Paternoy , padrino del REY FERNANDO EL CATOLICO.
El Caballero Don Martín Cabrero tenía un escudo en campo de sinople, una cabra de plata, bordura de oro, cargada de diez escudetes de gules, con el jefe de plata. Isabel de Paternoy tenía como emblema de la familia a la que pertenecía, un ”Ciprés”. Tuvo esta familia tres hijos, a saber: Juan Cabrero, Gonzalo Cabrero y Sancho Cabrero. El mayor de ellos Don JUAN CABRERO y PATERNOY, colaboró con la CORONA REAL DE ARAGÓN y fue consejero secreto del Monarca. Estuvo sirviendo lealmente al Rey Don FERNANDO EL CATÓLICO, pues no se alejó de él, ni siquiera cuando se quedó ciego con unas cataratas, ya que el Rey hizo que siempre estuviera a su lado, sentado en una pequeña silla. Este JUAN CABRERO apoyó al Rey para que aportase ayuda a CRISTÓBAL. Por su proximidad al Monasterio de San Juan de la Peña, el Abad Paterno, fue padrino del rey Fernando el Católico.
Cuando nuestra familia huyó de Siétamo en la Guerra Civil de 1936, fuimos a Jaca y a Ansó, pero al volver, mi abuela doña Agustina Lafarga Meriz, nos acogió en Huesca en el número 61 del Coso Alto,  al lado de la iglesia de Hermanas de Santa Ana. En este mismo lugar y en el siglo XVI, el descendiente de aquellos Cabreros, Pedro Cabrero Escario, fue a vivir a Huesca, para estudiar en su Universidad  fundando su casal propio, en la iglesia de Santa Ana, que todavía allí se encuentra. En una alcoba al lado de esta iglesia, dormimos mis hermanos y yo, escuchando a veces cánticos religiosos. Mi abuela materna, doña Agustina Lafarga Meriz, viuda de mi abuelo Don Ignacio Zamora Blasco, Diputado Liberal de Huesca, murió en dicha alcoba, y también escuchó músicas religiosas, que hacían sonar las Hermanas de Santa Ana.
He escrito sobre la influencia que tuvo JUAN CABRERO Y PATERNOY, en el Rey para financiar el Descubrimiento de América, como también dio 2000 ducados para la construcción del Canal Imperial de Aragón  Hay quien dice  que los judíos que participaron en la muerte de San Pedro de Arbués, eran de Paternoy,  pero no es cierto que los Cabrero  lo fueran, aunque  sí que probablemente lo fueran los de La Caballería, emparentados con los de Paternoy.  Por esta circunstancia los Cabrero de Paternoy,  de Yaso, es decir JUAN CABRERO, es natural que colaborara con Fernando el Católico,  del que era consejero, en aportar dinero junto al judío Santangel, para la conquista de América. En aquellos tiempos ya existían capitales judíos en España que más tarde provocaron su expulsión. No son extraños estos fenómenos “religioso-monetarios” en estos tiempos, como lo eran entonces.
Fueron muchos los de la Genealogía de los Cabreros, que participaron en la sociedad española. Por ejemplo MARTÍN CABRERO, Señor de Yaso, casado en el siglo XV con Isabel de Paternoy  nieta de D. CIPRÉS de PATERNOY, padrino del rey Fernando el Católico. Su antepasado MARTÍN CABRERO  casado con Isabel de Paternoy,  pusieron su casa solar en el pequeño pueblo de Yaso, en las laderas de la Sierra de Guara.
Hasta el siglo XVII, fueron varios los Cabrero que participaron en la vida de la Sociedad, hasta que Miguel Cabrero en dicho siglo, se casó, en Huesca, con Luisa López de Botaya.
Estuve con mi familia, en Botaya y observamos unos anuncios, que había colocado el Ministerio de Turismo, cerca de la Parroquia. En aquellas notas hablaba de la nobleza de la Casa López de Botaya, de la que se casaron dos hijas, una con mi abuelo de Siétamo, llamada Pilar, resultando ser mi abuela, que se murió en mi casa de Siétamo, estando yo casi recién nacido. Según su hijo, a saber mi padre, la adoraba, porque la consideraba como una mujer muy buena y muy religiosa, que provenía de Casa López de Botaya, de dicho pueblo. Se llamaba Pilar Casaus López de Botaya  y estaba casada con mi abuelo, que murió por los mismos días del año de 1930, (el mismo año en que yo nací) a saber MANUEL ALMUDÉVAR VALLÉS. Pero mi abuela Pilar Casaus López, era hermana de Polonia (Apolonia), la que se casó con Don FRANCISCO RIPA  CASAUS, hombre elegante y dueño de fincas en Jaca, donde estuvo de Alcalde, muchos años antes de la Guerra Civil. En esta  Guerra Civil, subimos toda mi familia a Jaca y allí nos recibió Paco Ripa con sus hijos Pepito y Blanquita, pues Polonia ya había muerto y su nombre estaba pintado en negro en un cristal del comedor de su casa de Jaca. Nos proporcionaron ropa de cama para que no pasáramos frío. Nos hizo mi tío Ripa mucha compañía y recuerdo como nos acompañó a contemplar, la rogativa de los enfermos a Santa Orosia de Yebra de Basa, que ya no he vuelto a ver. Acudían a Jaca los peregrinos de Yebra de Basa  y los jacetanos los recibían con cariño. Allí nos encontramos mi padre y mis hermanos con Paco Ripa, que fue un notable jacetano. Durante una pequeña parte de la Guerra Civil, nos recibió en su casa de la Calle Mayor, donde nos ayudó con algún alimento y nos cultivó el espíritu, haciéndonos contemplar, una hermosa capilla, que todavía se conserva. ¡Qué recuerdos tan lejanos entre la belleza y la piedad en la capilla y el sonido de la pólvora, con la cual, recuerdo yo, como mataron a una niña del pueblo de Bellestar, escapada de su casa, como nosotros!. 
Yo siempre he tenido un respeto y un amor a Don Francisco Ripa Casaus, que era un señor alto y elegante. Era primo hermano de mi padre Don Manuel Almudévar Casaus y sus esposas fueron de Casa López de Botaya, de las que existen todavía en Jaca, en su casa  de  la Calle Alta, fotografías de singular belleza. Y en Huesca, yo, sucesor de Manuel Almudévar Casaus, conservo un libro con tapas de fibra de cuero escrito el año de 1685, titulado “CORONA REAL DEL PIRENEO”.  En la tapa de cuero pone: “LA RIPA, CORONA REAL DEL PIRINEO”. El autor de estas páginas fue un La Ripa y se conservó en la Biblioeca del Monasterio de San Juan de la Peña hasta el año 1865. Pero el año de 1835, llegó la Desamortización de Mendizábal y los bienes del Monasterio se vieron confiscados por el Estado, y se llamarían Bienes de la Peña.
Botaya es un pueblo que se encuentra al lado del Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña y ante aquel espectáculo de desamparo del Monasterio, los López de Botaya, guardaron algunos objetos, entre los que se encontraron algunos libros.
El monje que escribió alguno de esos gruesos libros, se llamaba La Ripa, y fue pariente de mi tío Paco Ripa, ese Prior Conventual del Sagrado, y Real Claustro de San Juan  de la Peña, igual que de Paco Ripa conservan en Jaca, en la calle Mayor una hermosa Capilla. El apellido  Ripa es  de origen vasco y se extiende por el Pais Vasco y por el Sur de Francia y por tanto es fácil que el monje escritor y mi tío Paco Ripa, fueran parientes. Como las hermanas Pilar y Polonia Casaus López de Botaya, nacidas en Botaya, al lado del Monasterio de San Juan de la Peña, tenían su origen en el Señorío de Vizcaya. El primer Señor de Vizcaya, del que alguien piensa que procedía de Navarra, murió el año de 1076. Este Señor de Vizcaya tuvo un pariente de monje en San Juan de la Peña, del que se marchó, no se sabe dónde. No perdió su amor a San Juan de la Peña, pues hizo donaciones  al Monasterio, que había abandonado. El primer señor de Vizcaya, después de luchar en Botaya y en su Monasterio, próximo al navarro de Leyre, intervino en Nájera, en San Millán de la Cogolla y en otros puntos históricos.
No es extraño que el Señor de Vizcaya, un poco lejano de San Juan de la Peña y de Botaya, acudiera  a estos lugares, porque es muy conocida su asistencia a la convocatoria de Ayerbe con el propósito de Reconquistar Zaragoza.
La familia López de Botaya, al llegar la Desamortización el año de 1835, recogió algunos libros, que se habían convertido en un lugar donde apoderarse de ellos. Los López de Botaya rescataron el libro “Corona Real del Pireneo  Disputada, año 1865”,  escrita por La Ripa, pariente de Don Paco Ripa de Jaca, que se casó con  Polonia López de Botaya y hermana de Pilar, que se casó con Don Manuel Almudévar Vallés.


 Se conservó este libro en la Torre Casaus de Huesca, porque para la Guerra Civil, desaparecieron todos los libros de Casa Almudévar de Siétamo y este libro, editado en 1685, se guardaba en dicha Torre.


El Padre Abarca, nombre muy  frecuente en Aragón y de naturaleza de estirpe vascongada, escribió en el libro “Corona Real  del Pireneo Disputada. Año 1685”, en el Libro II,cap. I, lo siguiente sobre Vizcaya, que los de Aragón  encuentran lejos de él: El Padre ABARCA” en su opinión la Antiquísima Ciudad de Jaca, y su condado de Aragón decía : es la punta oriental de la Fortísima y Antiquísima Ciudad de Jaca, y su condado de Aragón; es la punta oriental de la Fortísima, y Antigua Vasconia;  desta manera no hay inconveniente alguno en contar la Provincia de Aragón entre las otras que pertenecían a la Vasconia”. Mi abuela Pilar López de Botaya y mi tía Polonia, como he escrito antes, tenían su origen en el Señorío de Vizcaya, que no se conoce si estaría situada en tal Vizcaya o en Navarra. Los  contactos de los López de Vizcaya con Botaya tuvieron su origen, en el Monasterio de San Juan de la Peña, al lado de Botaya y en la acumulación de tropas en Ayerbe, para conquistar Almudévar y Zaragoza. Allí se unieron los Señores de Vizcaya.
La familia de los Cabrero y de los Paternoy,  forman una genealogía en España, que viene desde  JUAN CABRERO PATERNOY, de cuya compañía  no  se  privó el rey Don Fernando el Católico, pues no se permitía abandonar  su compañía, pues además de consultarle en los diversos problemas de su gobernación, no se apartó .viejo y achacoso de Don Fernando el Católico. No se vio nunca abandonado de la compañía de Juan Cabrero, porque no lo desamparó en sus épocas más tristes, como cuando tuvo que abandonar el reino de Castilla a su yerno Felipe, teniendo que sufrir la ingratitud de la nobleza castellana.


Desde 1420, fue Martín Cabrero, Señor temporal de Yaso, recibiendo el privilegio de ser Noble de Aragón él y sus sucesores, por concesión del rey Alfonso. Se casó con Isabel de Paternoy y levantaron su casa solar en el pueblo de la ladera sur de la Sierra de Guara. FUERON diecinueve (XIX), el número de Cabreros, que mantuvieron su residencia en Yaso y todavía el XIX  Pedro Cabrero Ferrer, tuvo que probar su Infanzonía.
Su hermano que fue Domingo Cabrero Ferrer, natural de Yaso, se casó con ISABEL BESCÓS, apellido muy frecuente en esa Sierra de Guara y con el que emparentamos los Almudévar de Siétamo con los Bescós.  Estos se extendían por Santa Cilia de Panzano, por el mismo Panzano, por Aguas y por Yaso. Este DOMINGO  CABRERO FERRER, natural de Yaso, en su casa EXHIBÍA el ESCUDO de los  Cabrero, con una cabra representada en el primer cuartel.  Se observa detrás de ella un Ciprés, que indudablemente hace alusión a los Paternoy de la Sierra de San Juan de la Peña. En el segundo cuartel, está inscrito el CORAZÓN  de los BESCÓS,como base de una CRUZ; en el tercero los bastones de gules de Aragón y en el cuarto, tres ollas en triángulo, que les creó grandes litigios”. En 1793, la Real Audiencia de Zaragoza, dijo que los Cabrero de Yaso y Aguas, eran legítimos descendientes  de Martín Cabrero y por tanto legítimos infanzones de Sangre y naturaleza.
El apellido Bescós, que era el que poseía Isabel Bescós, que se casó con Domingo Cabrero Ferrer, venía del pueblo de Bescós, que trasladaron su casa solariega a BASTARAS, que fue una joya  prehistórica, destruída por turistas que compraron dicho pueblo. Algunos individuos de dicha familia se establecieron en Panzano, Labata, Liesa, Santa Cilia de Panzano, Bierge y Aguas. Los Bescós de Santa Cilia probaron su infanzonía en 1775. El Bescós de Santa Cilia, es gran amigo mío y parece ser que este Domingo Cabrero de Yaso, se casó con una Isabel Bescós de Santa Cilia de Panzano. De esta casa de Bescós de Santa Cilia, acudieron mi amigo Ignacio Bescós de Panzano y otro Bescós, cuya casa se conserva y que una hermana suya, proporcionó un libro, que narra la vida de una de las fundadoras de la Comunidad de monjas de Santa Ana, apoyando a la Madre Rafols. El escudo de los Bescós está unido al de los Cabrero de Yaso y el escudo de los Bescós se  conserva en Santa Cilia de Panzano, en casa de mi amigo, Gonzalo Bescós.Cuando fui a verlo me hizo leer el libro de Infanzonía de su apellido. Por los pueblos cercanos, como Bastaras y Panzano, quedaron  parientes de Gonzalo de su mismo apellido, que todavía se declaran parientes de aquel MANUEL  BESCÓS  ALMUDÉVAR, que en los lejanos tiempos de 1923, fue Alcalde de Huesca. Por aquella Sierra se encuentra encima de Santa Cilia el castillo, caído, de nombre vasco, llamado Arraro.
De Santa Cilia de Panzano, vinieron a Huesca los Bescós Lascorz, de los que Francisco,Ingeniero se casó con la hermana de mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, de Siétamo y que tuvieron un hijo llamado MANUEL  BESCÓS ALMUDÉVAR  y que es conocido en la Literatura Española, como Silvio Kossti. Yo he conocido a su hija María Cruz Bescós Lasierra, que fue esritora de las costumbres del Alto Aragón y del Midi Francés .Era íntima amiga de mi tía Luisa y me vino a visitar en mi casa de Huesca. Sobre todo cultivamos  mi esposa y yo, una amistad íntima entre la hija  de Silvio Kosti, llamada Teresa Bescós y de su modelo verdaderamente humano de hija, que trabajó en las Naciones Unidas y que se llamaba como su madre, Teresa Bescós con el segundo apellido Alamán. Mi hija Elena con su esposo Santiago, fueron acogidas en su viaje de novios en su casa de Suiza. Con ambas Teresas, fuimos a Santa Cilia de Panzano y Gonzalo Bescós le dejó un libro sobre la vida de la Madre Bescós. Esta amante de su madre, Teresa Bescós, hija de SILVIO KOSTTI, a la que hizo alcanzar más de cien años de vida, como funcionaria de oficinas universales, viajó por todo el Mundo. Pero cuando se vino con su madre a vivir su retiro en Huesca, quiso recordar los pueblos de la Sierra de Guara, de los que procedían y a las familias Bescós de Santa Cilia de Panzano. Antes de morir regaló a la Casa Almudévar de Siétamo un retrato, pintado por el gran Acín, de SILVIO KOSTTI.
En esta Historia de Cabreros y de los Paternoy, están relacionados los Cabrero con San Juan de la Peña . En su escudo, al lado de una cabra se levanta un CIPRÉS y al establecerse los Cabrero en Yaso, lo hicieron debajo del arruinado Castillo de Arraro, de nombre vasco, en la Sierra de Guara. Por estos pueblos serranos, se encontraron y todavía quedan Cabreros por todos ellos. Aparecen los Cabrero en Huesca, Boltaña, Aguas, La Clamosa y Liesa, al lado de SIÉTAMO y  constando una rama de caballeros en Zaragoza. Se encuentran procesos de infanzonías para señores de este apellido, en 1741 para los de Abiego, en 1774 para los de Yaso, en 1791 para los de Huesca. Se encuentran,  a veces otras ramas de YASO, Morrano y Aguas.
Publicada en Heráldica sobre YASO, aparece una Genealogía desde MARTIN CABRERO (1420), hasta un número XIX, llamado  PEDRO CABRERO FERRER, que tenía su residencia en YASO y que era dueño de dicho Casal , cuando probaron su infanzonía.
Fue hermano de PEDRO, DOMINGO CABRERO FERRER, natural de YASO, donde se casó con ISABEL BESCÓS.
Este Domingo Cabrero, “segundón” de la Casa Cabrero de Yaso, no quiso renunciar a sus orígenes, pues según la genealogía, que procedía de “Martín Cabrero Comendador Mayor de Montalbán, Señor temporal de YASO en 1420, que recibió el privilegio de Nobleza de Aragón para él y todos sus descendientes, por concesión del rey ALFONSO, casado con ISABEL DE PATERNOY, pusieron su casa solar en el pequeño pueblo de YASO, Huesca”.
Este Domingo Cabrero no quería por aquellos años de 1750 a 1793, proclamar en su escudo, solamante, a los CABRERO y a los PATERNOY, sino que fueran honrados, al mismo tiempo, los BESCÓS  de la Sierra de Guara. Para ello, al casarse con Isabel Bescós, colocó un NUEVO ESCUDO en el Casal de YASO. En él, puso en el primer cuartel la cabra de los Cabreros y en el segundo “el CORAZÓN de los BESCÓS ,sosteniendo una CRUZ”,  en el tercero los bastones de gules de Aragón y en el cuarto tres ollas en triángulo.  El 9 de Marzo de 1793, le pusieron en la Audiencia de Zaragoza: “que los Cabrero de Yaso y Aguas, como legítimos descendientes de Martín Cabrero, eran legítimos infanzones de Sangre y Naturaleza”.


Habían pasado, cuando DOMINGO CABRERO SE CASÓ CON ISABEL BESCÓS, muchos años de la Historia de España, acelerada por los Cabrero, que entre otras azañas, fomentaron la creación del Continente americano de cultura española. Por eso, al encontrarse en plena Sierra de Guara, aquellos pueblos, habitados por muchos Bescós, que aún algunos de ellos se declaran parientes  de Silvio Kostti, sobrenombre de Manuel Bescós Almudévar, suben entre otros muchos los vecinos de Santa Cilia de Panzano,a recordar el Castillos de Arraro, nombre vasco, elevado  para reconquistar, la Tierra Baja de la Sierra de Guara.”Allí, tan cerca de Guara, se recuerda a mis parientes los Bescós, con el sencillo, bello y amoroso escudo, que Silvio Kostti, con su imaginación convirtió en un escudo de una nobleza, bañada por el comercio internacional.  Silvio Kostti, se dedicó, entre otras actividades al comercio del vino, abierto por FRANCISCO,  su padre, en la vecina nación francesa”.
DOMINGO CABRERO FERRER, cuando se casó con ISABEL BESCÓS , por los años de ¿1750?, se acordaba de que había disminuido la fuerza de la acción de los Cabrero y tuvo la inspiración de introducir la sangre de los Bescós en ellos. Para ello creó en nuevo escudo en que junto a la cabra, se observan la Cruz y el Corazón de los Bescós.
La familia Bescós influyó en un esfuerzo para volver en España a desarrollar el progreso. Uno el material, que el ingeniero Bescós Lascorz, que comerció con Francia y con Don Manuel Almudévar  Vallés, hicieron un canal para llevar el agua del río Guatizalema, a una Fábrica de Harinas, que construyeron. Se casó con una hermana de Manuel Almudévar Vallés de Siétamo, y tuvieron un hijo Conocido por SILVIO KOSTTI.
Los Bescós eran personas de una gran inteligencia, pues su hija María Cruz Bescós Lasierra era una gran escritora de las costumbres de Aragón y del Midi Francés y Silvio Kostti o Manuel Bescós Almudévar, fue un gran escritor, pero parece mentira que el amigo de Silvio Kosti, Joaquín Costa se enojara del relato “Las tardes del Sanatorio”, en que Silvio Kostti, relaciona un cuadrilátero amoroso, de “tipo porno”, en que divide a la humanidad “en un rebaño incontable de bárbaros y una pequeña selección de helenos”.
“¿Quiénes eran los bárbaros y quienes los helenos?. “Los bárbaros eran las buenas personas y los helenos, los que como él, se consideraban filósofos, escultores, escritores,  de los que había ya desaparecido la divinidad artificial de su cultura”. “Pero que él, olvidando el espíritu y la belleza del escudo de los Bescós, adornaba ese escudo como algo superdivino, creado como algo que “creaba la divinidad artificial de la cultura”.
Sin embargo Silvio Kostti, se olvidó de sus consanguíneos los Bescós de la Sierra de Guara, pero éstos, no se han olvidado su genealogía y de su religión. La Madre Pabla Bescós de Panzano,fue discípula de la Madre Rafols y fundó en Panzano un Colegio ,para educar a las niñas de aquel territorio. Aquellas niñas se dieron cuenta de que la vida no sólo es materia, sino también espíritu, como se dieron cuenta los mismos hijos de Silvio Kostti.
Este en su obra “Las tardes del Sanatorio”, “canta la renovación del Hombre de Neandertal en esta Tierra y aborta esa dichosa vuelta, con escenas pornográficas y actos de “vulgar erección de cornamenta en el Doctor Cornelius Korner, por el chófer Jhon a su esposa Zoe”
“Pero los hijos, que vivían la realidad, le hicieron darse cuenta de que la vida no es sólo materia, sino también espíritu. Por eso dio mala marcha a la salida de su obra “Los Epigramas”, cortando su edición, temeroso de que sus atrevimientos, perjudicaran el crédito de sus hijos dos de los cuales habían comenzado la carrera militar”.
Hemos visto como la familia de los CABRERO, unidos con Isabel de Paternoy, fueron enseñados en Historia y Religión por el Padre La Ripa, del Monaterio de San Juan de la Peña, que escribió un magnífico libro, publicado en 1685.
Bajó la familia de los Cabrero al pueblo de Yaso, en la Sierra de Guara, donde Domingo Cabrero del número XIX, añadió al escudo de los CABREROS el de los BESCÓS. 
Esta familia de los Cabrero y Paternoy, descendientes de Alonso de Aragón y de los Paternoy dieron origen a los Duques de Villahermosa y Condes de Guara, a los Duques de Medinaceli,a los duques de Hijar y Alba,a los Duques de Solferino,etc,También se dan en esta genealogía los Condes de Bureta. Pero no  sólo está la alta nobleza, sino que de Isabel de Paternoy y de Martín Cabrero, Señor de Yaso, vienen Juan Cabrero de Paternoy, Consejero de los Reyes Católicos, Sancho Cabrero de Paternoy y Gonzalo Cabrero de Paternoy, de las que derivan las FAMILIAS CABRERO de YASO, AGUAS, BASTARAS, SIESO Y ABIEGO, Santa Cilia de Panzano y del mismo Panzano.
 Siempre me acuerdo del libro del monje de La Ripa,de 1650, procedente de San Juan de la Peña y siempre recordaré el escudo de Yaso, que indica el honor de los Cabrero  y de los Bescós.

jueves, 3 de enero de 2019

El ayer de Paternoy




No nos parece fácil encontrarnos con el ayer, pero sin embargo lo es; si por ejemplo pasamos por Ayerbe y al subir desde Huesca, nos introducimos en el pequeño pueblo, ya sin habitantes, de Paternoy y que ni siquiera tiene, en la carretera que sube a Pamplona, una señal que indique su localización. A pesar de estas dificultades, aún resulta fácil llegar a él y pienso en lo difícil que sería si no hubiesen construido la carretera que sube a la Ermita  de Santa Bárbara, que está a 866 metros de altura. Paternoy  está, poco más o menos a la altura de San Juan de la Peña. Al bajar de la altura de la  Ermita, se encuentran los conductores con el pueblo de Bailo, por el que se puede subir a San Juan de la Peña. Desde Paternoy ya se podía alcanzar  en tiempos pasados, San Juan de la Peña.
Una vez en el pueblo, resulta imposible hablar con sus desaparecidos habitantes, pero uno se encuentra con el ayer que le hace recordarlos, al ver la iglesia, las paredes de los huertos y de las casas, unas sin tejado y otras todavía con él, aunque con las puertas abiertas por algún curioso. Yo  soy curioso, pero no abro puertas y me meto por  ellas cuando están abiertas y me acuerdo de las mujeres, que en verano y en el patio de la casa, se sentaban sobre esas pequeñas sillas, que llevaban a la iglesia para usarlas en las misas ya festivas ya de funeral, mientras otras veces, en sus casas, cosían o limpiaban la verdura para dar de comer a aquellos montañeses, que hablaban castellano y aragonés y cuyos antepasados lo hacían en vasco. Por aquella zona se encuentran, entre otros pueblos de nombre vasco: Belarra, Bara, Ibirque y Zamora. En un patio, como llamamos aquí al lugar que en Castilla lo llaman el pórtico o zaguán, junto a un viejo banco de madera y posadas en el suelo se encontraban dos abarcas, como en el escudo de los Abarca, aragoneses y navarros de sangre real, que por estos pagos tuvieron sus señoríos. La palabra abarca, con k, está en el diccionario euskera y con el significado de calzado, que llevaban casi todos los habitantes de estas tierras. Pero no sólo las usaban los nobles, sino todo el pueblo, entre el que se encuentran todavía muchas personas que lucen tal apellido. Eran dichas abarcas enormes, como si pertenecieran a un gigante y pensé en comunicarme con él y lo hice, pero con pensamientos a través de las abarcas, que allí dejé, pero pienso que tal vez hubiera debido llevarlas al Museo de Sabiñánigo, diciendo su procedencia. Allí en dicho museo se encuentran otras, unas fabricadas con cubiertas de automóvil y también se exhiben otras, más antiguas, hechas con cuero.
Las antiguas civilizaciones dejaron bellas esculturas, que  los Abarca dejaron en Huesca en su casa-palacio, con un hermoso escudo con dos abarcas esculpidas, para luego ser derribada. Tenía el Abarca de Serué además de su casa-palacio en la calle de Sancho Abarca, un hermoso jardín del siglo XVII, aproximadamente por la casa del Barco y allí encontró Eliseo Carrera un escudo de cuatro lados, que tiene depositado en su casa de Huesca. En cambio el pobre hombre gigantesco de Paternoy, sólo dejó sus abarcas de cuero, que yo acabé de perder.
Uno se pregunta y ¿por qué desaparecen los hombres, los que dejan su arte y los que dejan sus miserias?.Ya nos contesta Rilke, cuando dice: ”Tierra ¡Marina!, somos tierra, somos mil veces primavera, como alondras que una canción fugitiva arroja a la invisibilidad”.
Si uno va, por la misma carretera a Nocito,  todavía encontrará gentes con las que podrá hablar, pero a mí no me hizo falta tal desplazamiento, pues el día veinticinco de Agosto de este año dos mil, me encontré en el parque de Huesca a un señor nacido en tal lugar, que se casó en Torres de Montes y hoy viudo, vive en la capital. Estaba con dos ancianos, uno de Castilsabás y otro de Fañanás y riéndose hablaban de aquella “chulla tan güena “, que calentaban en otros tiempos con aliagas encendidas, después de coger toda la mañana fajos de “garba”.”Escurriba a grasa d’a chulla y cayeban as gotetas en o pan”. Después, envueltos en humo, cogían la bota y se echaban “güen chaparrazo”, ”tres engullidas y a boca llena “. Los pastores en verano, lo tenían más fácil, porque la grasa se derretía, sólo con el calor, al llevar “a chulla" en una fiambrera. Este era el almuerzo, pero al llegar el mediodía, ya no tenían ni pan. Como no tenía pan aquella buena mujer, que al ver como un vecino suyo le echaba a un gran perro, un enorme trozo de ogaza, se lanzó sobre él y se lo llevó a sus hijos. El perro no reaccionó y el vecino le regaló un pan entero.
El viudo, al quedarse solo, se marchó a Huesca, pero con frecuencia va de una casa a otra, para llevar a la vieja lo que no emplea en la nueva; por ejemplo los vencejos los depositaba en la casa del pueblo, al no ser usados, porque allí no había ratas y con la esperanza de utilizarlos algún día, como si tuvieran oportunidad de resucitar, como si el ayer hubiera de volver, pero el mismo contradecía esa esperanza diciendo: ¡déjalos que se pudran!.
Se siente viejo, como la casa vieja, en cambio la nueva pone su esperanza en sus hijos.
En el fondo identifica su vejez con la de los vencejos y al decir que se pudran, debe pensar: yo también me podriré, porque, como dice Rilke: ”Tampoco en el tiempo menguante, tampoco en las semanas del cambio nadie nos ayudará más a alcanzar la plenitud, nadie sino nuestro propio paso solitario sobre el paisaje insomne”.

Aún nos quedan las ranas

 La Grenota. No sé que tiene la rana, tan verde tan simpática, que cantando su cu-cú a las orillas del agua, hacía que el caballero con su c...