lunes, 18 de octubre de 2021

Luis Grasa, ganadero-pastor de ovejas en Siétamo.-

 



Ha muerto a sus sesenta años de vida, un pastor de ovejas, que pastoreó en el Monte de Siétamo, en el que desde hace muchos años su padre, un hombre trabajador, se cuidó de esa faena. Su hijo Luis era un amante de las ovejas, que encerraba por las noches en una Paridera, al lado de la era de Almudévar de Siétamo. Era un hombre fiel a su rebaño y conocía el monte de Siétamo hasta  el Saso, que está situado al lado del monte de Tierz, pues en una paridera de el señor Montori de Tierz, en el monte de Siétamo, encerraba con cierta frecuencia sus ovejas.

Tenía un cuidado enorme de la salud de sus ovejas, a las que cuidaba con gran cariño y él gozaba de los campos en que pastaban. Amaba a esas ovejas y a sus corderos, pero no se olvidaba de ayudarme a mí, entonces como ganadero, pues en cierta ocasión que yo me quedé sin pastor de mis ovejas, que yo criaba en la era, él no dudó ni un minuto en apacentarlas en compañía de las suyas. Y sin embargo, cuando acabé de ser objeto de su ayuda, jamás utilizó ocasión de pedirme un solo favor.

Era un hombre que jamás me recordó el favor que me hizo de cuidar mis ovejas, abandonadas por su pastor. Pero nunca dejó de conversar conmigo, que le debía favores y siempre que podíamos echarnos un café con leche en el Bar de la Gasolinera, me invitaba con un gran cariño. Yo que conocía sus costumbres, siempre que podía, me encontraba con él y allí me contaba sus alegrías y sus tristezas. El cuidaba su ganado por los montes, pero no tenía a las ovejas como un sentimiento único. Recuerdo como en aquel tiempo en que cuidaba sus ovejas por el monte, en cierta ocasión en que estaban haciendo la Autovía, lo encontré en lo alto del Camino que iba desde Siétamo a Fañanás, sentado en lo más alto, contemplando la profunda fosa que las máquinas excavaban para dar paso a la Autovía. Me senté junto a él y observé como admiraba esas labores modernas de las máquinas industriales y allí sentados en la altura de la tierra que estaban excavando, comentábamos el contraste entre el cuidado natural de los pastores y la excavación profunda de la tierra, que realizaban aquellos nuevos creadores de vías de comunicación. 

Luis Grasa se interesaba por el progreso de la comunicación entre unas ciudades y otras, pero también estaba preocupado por los adelantos de la ganadería y atendía a los veterinarios que acudían a su Paridera, para aumentar la salud y el progreso cárnico de las ovejas. En el portalón de su paridera, estaban muchas veces parados los coches de los veterinarios que trabajaban para mejorar la salud y el rendimiento del ganado lanar. Pero su rostro estaba siempre pleno de sonrisas y nunca lo podía ver de mal temple. Tal vez por eso me ha extrañado mucho esta breve y cruel enfermedad que le ha quitado su vida y ha dejado a su rebaño casi solitario. Pero esa soledad fue combatida por sus dos jóvenes vecinos de Casa Gabardilla, que se aplicaron a combatir la soledad de las ovejas, avisando a los hermanos y hermanas de que había entrado un gran peligro en el rebaño de su gran amigo Luis Grasa.

 Nació Luis en Matidero y su padre en Torrolluela de la Plana, en tanto que su madre nacía en Bagüeste. Una vez casados bajaron a Castilsabás y Luis fue el heredero de las ovejas en Siétamo.

Antes de morirse su padre, éste por su avanzada edad, lo dejó solo y tuvo que cuidarse del ganado lanar en un espacio enorme, hasta que su continuado trabajo le produjo el mal traicionero que lo ha despedido del mundo.

Hoy día de su entierro a la hora de las cuatro de la tarde, después de depositar alguna moneda en la iglesia de Siétamo, hemos caminado con mi esposa Feli hasta la “paridera” de las ovejas de Luis y allí nos han recibido dos perros pastores que le han ayudado a cuidar sus ovejas. Nos han ladrado para que su dueño desde el cielo se enterara de que acompañado por mi esposa, habíamos acudido a su refugio diario a desearle un descanso eterno.

Ha sido una despedida no esperada, pero mi esposa y yo hemos subido a despedirlo a su “paridera”, para que desde el Cielo se acuerde de nosotros.   

La Cofradía del Santo Cáliz.- Cosos Alto y Bajo (17 de Abril de 2003)

 



Por la ruta ciclista, paralela a la Alameda por un lado y el río Isuela por el otro, frente a la iglesia de San Miguel Arcángel y al puente colgante más antiguo de España, de 1.912, se escuchaban el sábado antes de la Semana Santa, sonidos de tambores. Eran los miembros jóvenes mujeres y hombres, juntamente con niños y niñas, de la Cofradía del Santo Cáliz, que ensayaban para repetir un año más ese desfile procesional, vestidos con sus túnicas o hábitos y que han de pasar por los Cosos Alto y Bajo, las calles más importantes de Huesca y por las del Casco Antiguo, junto con las demás Cofradías el día de Viernes Santo.

No es extraño ver y escuchar en Huesca una Cofradía que nos recuerde a todos los oscenses que el Santo Cáliz se encontró durante muchos años en el Monasterio de San Juan de la Peña, pero ¡pobre Alto Aragón! se lo llevaron a Valencia, donde es venerado en nuestros días.

Los corazones de los cofrades laten de emoción al recordar tales acontecimientos y los más antiguos de la Pasión de Cristo, usan los tambores, para que resuenen sus sonidos cordiales con un tono que recuerde a todos los hermanos de Santa Rosa, enterrados que son hermanos de Cristo, porque el Padre lo hizo Hombre por obra del Espíritu Santo sobre la Virgen María. Hay un cuadro de la Madre Berride, oscense y fundadora del Convento de Santa Rosa, enterrada en su capilla, que la representa de rodillas ante el Señor y ofreciéndole y elevándola con la mano derecha, su corazón.

Y marcando sus pasos procesionales, sonaban los tambores, unos parecidos por su tamaño a los bombos, como tratando de reproducir los latidos de la arteria aorta, otros de mediano volumen, imitaban el sonido de la arteria carótida, en tanto que los tamboretes o tamborcillos imitando a las arteriolas o capilares.

Los cofrades del Santo Cáliz se acuerdan además de la Pasión de Cristo, de la Santa Cena en la que repartió su Cuerpo y su Sangre que distribuyó a los apóstoles desde el Santo Grial.


domingo, 17 de octubre de 2021

Despedida de soltera.-

 



Ahora las despedidas de soltera no son tan frecuentes como hace unos años. Ha aumentado la libertad de ánimo del corazón de las mujeres, pues la aman tanto o más que los hombres y no se sienten solas cuando se dan cuenta de que su amor se está enfriando, porque enseguida resurgen las llamadas de ese amor.
Hoy día 29 de Febrero, en un lugar romántico del Parque de Huesca, pasando por el mismo, he  quedado  sorprendido al contemplar un espectáculo, para mí al menos, sorprendente, que ha llenado mi corazón de felicidad. En ese lugar de aspecto poético, se alza una casita  romántica  de un aspecto nórdico y colores rojos en su techo, ausente de tejas y cruzan las partes más elevadas de sus fachadas unas líneas que las embellecen. Está situada sobre un prado, cruzado por aceras limitadas por esos vedes prados. Delante de una de sus ventanas, se alza un bello ciprés, que ensancha su grosor por su parte central y acaba por una punta afilada, señalando el cielo.  
Toda aquella hermosa casita, que yo llamaría chalet de los enamorados está rodeada de cipreses que abaten sus ramas al aire, y detrás de sus adornos del ambiente, se extienden cipreses y pinos, que envuelven aquel poético ambiente, que alegra el ambiente de aquella Casita, que Huesca les preparó por inspiración de Walt Disney, a la amiga de los niños, Blanca Nieves y a los Siete Enanitos.
Cuando pasaba por delante de la Casita de los Enanos, quedé sorprendido al contemplar a unas ocho o diez muchachas, todas bellas y parecidas a Blanca Nieves, con sus sonrisas brotando de sus labios, que se encontraban colgando entre las ramas de los sauces y el techo del chalet, unas ramas de yedra verde, para sentarse debajo de la corona que habían formado y ahí asentadas sobre el césped, rodear a una de esas actuales princesas. Esta bella como todas las jovencitas que la rodeaban, sentada sobre el césped, sonriente y llena de satisfacción, con un espíritu sonriente, había colocado sobre su cabeza una corona, que simplemente era de cartón, embellecido con brillos de oro, que no cesaba de sonreír. Era una novia, en vísperas de su boda, que se despedía de sus amigas, en aquel poético lugar de fantasía.
Yo, me sentí feliz al contemplar aquella escena, que habían formado las bellas jóvenes alrededor de la feliz muchacha, que estaba con sus amigas, despidiéndose de sus amigas, que de momento se quedaban solteras. Y me sentí feliz  y saqué de mi bolsillo unas poesías que no pude mas que recitárselas y  una de aquellas bellas y jóvenes mozas, se levantó del corro y se situó a mi lado para escuchar con facilidad, mis palabras. Tan pronto acabé de recitar aquellas poesías, la joven recogió mis escritos y se los llevó al corro feliz de las jóvenes muchachas.
En aquellos momentos, pasaba por delante de este improvisado ambiente amoroso, un Doctor, amigo mío, que se paró  en  el pasear de recreo que estaba dando a su can y se puso a escuchar mis alabanzas a la novia. Su perro también escuchó sin soltar  ningún ladrido, para contemplar los felices momentos de aquella feliz boda , que se iba a celebrar. A ese Doctor, le entregué uno de mis escritos, para que tuviera un recuerdo del momento poético vivido.
Yo quise recordar a las jóvenes muchachas, otra ilusión que en la entrada al  chalet, se encuentra. Una es el retrato de Vall Disney y un  mosáico en el que aparece Blanca Nieves, acompañada por los “Siete Enanitos”.
Quizá aquellos siete enanitos fueran felices con el cuidado y la compañía de Blanca Nieves, como de demuestra cuando en su historia van cantando a su trabajo. ¡Qué felices fueron los enanos con Blanca Nieves, que se comportaba con ellos como una madre!, porque recuerdo que cantaban: “alehí, alehá, a casa a descansar”, cuando volvían de trabajar.
La señorita que se iba a casar, recibió una lección para cuidar a los niños y niñas, que esperaba recibir, de su matrimonio y se sentó sobre aquel verde prado, rodeada por sus amigas, debajo de la corona de yedra, que en la fachada de la Casita,habían colocado. 
Yo no pude quedar quieto y en seguida, delante del coro de “princesas”, me puse a recitar sobre aquel ambiente poético, que se había producido delante de el Chalet de Blanca Nieves y se sus amigos los enanos. Una de aquellas “princesas” se colocó a mi lado, mientras yo recitaba la belleza de esos tan jóvenes corazones e iba recogiendo las cuartillas escritas, que yo les leía. El Doctor vascongado que acompañado de su can, se paró a ver y a escuchar las palabras que yo les dediqué y que ellas, escuchaban y una de ellas iba recogiendo. El doctor, pronunció unas breves, pero cariñosas palabras y siguió paseado por el Parque, feliz y sonriente.
Yo , al ver felices a esta novia y a sus amigas, que la rodeaban, les deseé, una vida feliz y me marché
Yo me sentía feliz y por no interrumpir su felicidad, me fui contento y feliz y me marché a pasear.

sábado, 16 de octubre de 2021

Del Monasterio de San Martin de la Valdonsera a Quinto.

 


En la Val D`Onsera en la misma Sierra de Guara, se encuentran los restos del Monasterio en que vivían en comunidad San Urbez y sus frailes, cuando los moros ocuparon la Península Ibérica.

En tal Monasterio, estaba honrando al Señor, San Urbez, cuando los moros invadieron casi toda España. Era San Urbez un humilde eremita, que, en aquellos tiempos de la invasión mora, se refugiaba en la Sierra de Guara, en un “lugar horroroso”, como escribió el Padre Huesca. Este humilde y oculto centro de la Sierra de Guara, fue ocupado como eremitorio en la Sierra, en un lugar oculto, en el siglo VIII por los visigodos huyendo de los moros. A esta ermita, acudió San Urbez desde Nocito. Allí se convirtió en pastor de almas, al ser ordenado sacerdote. En Nocito fue unas veces pastor de almas  para alabar a Dios acompañado  de los monjes, y alternando su vida espiritual con la de pastor de ovejas. Era un hombre nacido en Burdeos y después de correr los Pirineos, San Urbez se   acogió el año de 750 en las entrañas de la SIERRA DE GUARA por las que bajaban más tarde  los cristianos, por el Monte de Loarre, el de Montearagón, y por Santolaria la Mayor, e  Isarre  y a la más tardana Ermita del Viñedo, donde ya fabricaban los cristianos vino, situada en la misma Sierra de Guara. San Urbez, caminaba por la Montaña, cuando Carlomagno, con la idea de conquistar Zaragoza, corría las montañas del Pirineo  y  hacía posible que bajara hasta OLA y SIÉTAMO  San Urbez para cuidar un rebaño de ovejas.  

Así como Carlomagno bajó hasta Zaragoza para conquistarla, San Urbez bajaba por el pueblo de Loporzano, por Siétamo y Olivito, al pueblo de OLA.  Desde este pueblo, mirando hacia la Sierra de Guara, se observa el Castillo- Monasterio de Montearagón, construido en una altura, desde la que se ve la Plana de Huesca, sobre la que se asienta la capital. Sobre la carretera que lleva a Huesca se ve al Norte el Castillo-Abadía, que se observa como una fortaleza, que está vigilando dicha  ciudad mora de Huesca, capital de la Hoya. Pero desviando la mirada hacia el   Sur, al otro lado hay un conjunto de campos, con el pequeño río Botella, que baja del Monte de Loporzano ya en la carretera N-240, que la cruza para seguir por OLA y acabar en el río Guatizalema. Ascendiendo la cuesta que sube desde la Hoya de Huesca, se contempla a la izquierda Montearagón y  al otro lado se alza el Saso donde se alza un Cruz.



Por ese Somontano corre hasta debajo de Alcalá del Obispo y entre el Saso y montes de la Sierra de Guara, el río Botella o Botellac. Entre la visión del edificio de Montearagón y el principio del elevado Saso, sube la carretera N-240. La carretera ascendente desde la Hoya de Huesca al Somontano, está llena de curvas  y  al  llegar  al  desvío que indica el camino a Loporzano, se torna la carretera recta hacia OLA.  En el  Monasterio de la Val de Onsera, fundado entre los años 507 y 511, tiene una fuente dentro de la iglesia, cuyas cascadas desembocan en el río Flumen, vivió San Urbez. Y desde allí bajaba por el pueblo de SAN  JULIÁN de BANZO a LOPORZANO, donde ya se podían contemplar campos sembrados de trigo. Entre Loporzano y Siétamo estaba la Vía Romana, que pasaba y sigue pasando el pueblo de QUINTO, así llamado por encontrarse a cinco unidades romanas de distancia de Huesca. Igual que Tierz y Siétamo  están distanciadas de Huesca a tres y a siete unidades de medida en Vías Públicas.



Y SAN URBEZ, sacerdote de aquella Orden tan antigua, bajaba a OLA a pastar un rebaño de ovejas, para alimentar a los cristianos de la Sierra de Guara.

Era un sacerdote pastor de los cristianos y de las ovejas y en territorio de Ola y de Siétamo, creó según cuentan vecinos de los citados pueblos, una fuente de agua, que hace unos pocos años suministraba de agua al Campo de Aviación de Monflorite. Yo he comprobado en Siétamo y en Ola brotes de agua que surgen en ambos Montes. En casa OTAL DE OLA guardan con gran devoción una losa pétrea, en que dormía el  Santo, tapado don pieles de oveja. Cuando salía San Urbez, ya no pisaba la Sierra de Guara, sino que pisaba cada vez más tierras sembradas de cereales. En pocos lugares de España se conservan tan pocas reliquias de Santo, como en OLA.

En el Monasterio situado en la Sierra de Guara, todavía se conserva la llegada de peregrinos por sendas muy rústicas Y cada año se celebran peregrinaciones para venerar al Santo que alcanzó los cien años de edad.

Mosen Rafael, que es Clérigo de San Viator, cada año celebra la Misa en el Monasterio de la Sierra de Guara.

viernes, 15 de octubre de 2021

ARGUIS EN PLENA MONTAÑA

 


Pantano de Arguis

Viajando por Navarra, se  contempla sobre terreno llano el pueblo de Arguiñano y en Guipuzcoa se ve entre montañas el término de Arguisain. Y en las cercanías de Jaca, sobre el río Gállego, podemos darnos cuenta de nuestra llegada al pueblo de Arguisal. Parece como  si la misma nomenclatura, en este caso, de los pueblos y en otro de  los montes, como la Sierra de Belarre,  nos explicara que estamos en un terreno habitado, principalmente, por descendientes de los vascones. Cuando bajamos desde Sabiñánigo hacia Huesca, todavía en plena Montaña Alto Aragonesa y en un valle, se encuentra un pantano, el de Arguis. Rodeado por tres montes, con el agua del pantano, mirando al cielo y como asomadas a él,   nos encontramos con el pueblo de Arguis. Se encuentra esta Villa a veinte kilómetros de Huesca.  Estaba Arguis, casi aislada de la dicha llanura, porque no estaba unido con Huesca, capital, por medio de una carretera, sino por caminos.  Para la Guerra Civil, se abrió la carretera que sube a  Sabiñánigo. Está Arguis en plena Montaña a espaldas del Pico de Gratal, pero ahora, poco a poco, se va convirtiendo su camino, en en el Paso Central de España a Francia. Tiene el pantano de Arguis, en el que se practica el deporte de la natación, el de los remos,  el de la pesca y este año de 2012, de un modo extraordinario se ha convertido en pantano en una pista de patines sobre el hielo.  Hay hoteles y restaurantes, que le dan vida.
Bajando hacia Huesca, queda en lo alto la ermita de la Virgen de Ordás, pero no sólo quedan los nombres de origen vascónico, como Ordás, sino que también  se encuentran los romanos, como Nueno, que significa el Noveno Miliar de la Vía Romana, que conducía a Francia por Sabiñánigo. En la parte baja se encuentra la Ermita de San Pedro de Séptimo y cerca del río Isuela se halla la Almunia de Séptimo. Así como Nueno deriva su nombre de un miliar de la Vía Romana que conduce a Francia, el Séptimo es otro miliar de la misma Vía. La reclamación del Paso Central por los Pirineos, no es un capricho de los aragoneses actuales, sino que ya la tenían planeada desde hace unos veinte siglos. La Tierra misma va revelando las necesidades de Aragón, desde hace siglos. Aragón proclama con su nombre, cómo él mismo, iba creando el valle o “ara”, desde donde viene el sol del día. “Araegún”, quiere decir, el valle que viene del día, siguiendo al sol, como si tuviera la misión de  imitar  los fenómenos de la Creación. En la parte Sur, ya en la gran llanura, cerca del Campo de Golf se encuentra el Eremitorio de San Julian, nombre con el que es más conocido que por el de San Julián de Andría. En él se celebra,  las Navidades, una misa, que acerca a los humanos, la Noche Buena. Este Eremitorio data del siglo XI y su nombre vasco, “Andría”, quiere decir “la mujer”, que los aragoneses han santificado, colocando en el eremitorio, las imágenes de San Lorenzo,  y de la Virgen del Pilar.
Hace ya muchos años que yo subía a Arguis. En tal villa se cortaban pinos y se cultivaba trigo, pero Baldomero Ara, ya difunto, como hombre nacido en tal pueblo, cultivaba patatas de secano en las laderas de uno de esos montes, que rodeaban a Arguis. Ya se ha perdido dicho cultivo,  pero Baldomero Ara, Guardia Municipal en Huesca y nacido en Arguis, con la constancia de un hijo del “Ara”  o Valle de Aragón, me pedía que lo llevase a cultivar esos tubérculos y yo lo levaba  y lo traía a Huesca. Seguía las viejas costumbres del Alto Aragón, que consistían en cambiar en la Tierra Baja, las patatas por otros productos de consumo, como el aceite o el vino. Se solía cambiar una arroba, de catorce kilos de peso, por un cántaro de vino de diez litros. Bajaban, otras veces, lechones a la Plaza de San Martín, pero, muchas veces, sin un céntimo en el bolsillo. Si vendían los cerdos, podían comprar alimentos para su familia. No tenían que gastar  gasolina para bajar a Huesca, pero tenían que alimentarse a sí mismos y a sus machos, para recorrer durante cinco horas, los veinte kilómetros que separaban a Huesca de Arguis. Durante las cinco horas que tardaba Silverio Malo en recorrer tal distancia, a veces adelantaba  su carro un coche, pero en  algunas ocasiones eran dos los que lo pasaban. El coche, que lo adelantaba, era casi siempre, el de Arrudi de Sabiñánigo, que en este entonces pequeño pueblo, tenía una tienda de alimentos. El otro coche era el del dueño del Molino de Gillué, que salía desde la vega del río Guaga y por el puerto de montaña de Monrepós, bajaba a Huesca.
Silverio Malo López, nació en Arguis en casa de sus padres, con la era, a la que para la trilla acudían las gallinas a escarbar en ella, para  picar los granos de trigo que por allí, caían desde la mies, desmenuzada por el trillo. Se encuentra su casa al lado de la gran casa de don Mario Montes, que la edificó, como he dicho grande, para alojar a su numerosa familia, comprándole a Silverio la era, cuando ya no la necesitaba por haber abandonado la trilla, en tiempos ya antiguos con el trillo y más tarde con la máquina trilladora. Por el año 1959, Silverio tenía una trilladora de marca Ciutat, que indica con su nombre que estaba fabricada en Cataluña.
Aquella máquina, necesitaba energía, como la obtuvo él mismo de las mulas, cuando bajaba de Arguis a la Plaza de San Martín de Huesca, a vender los “tocinicos”. Arrudi  de Sabiñánigo y el molinero de Gillué ya obtuvieron una energía más rápida y cómoda con los automóviles que compraron. Silverio hizo algo parecido al comprarse un motor que activase la máquina trilladora, para que deshiciese la “garba” o mies, para lanzar el grano a unos sacos y la paja,  por un largo tubo hacerla volar a un montón, cada vez más grande, que a veces lo convertían en un “borguil”.
En aquellos tiempos, en que los hombres vivían más aislados que ahora, su memoria se acordaba de sus parientes y su corazón los amaba, no como ya no se aman ni respetan los familiares, ya que vuelan por el mundo deprisa y muy deprisa. Pero Silverio se acordó de Domingo Borruel, que era primo segundo de su madre y como era labrador en Siétamo, pues seguía el patrimonio de mi padre, le propuso trillar con su máquina trilladora y con la fuerza del motor que un tractor de Domingo Borruel poseía. Aquel tractor se alimentaba con petróleo y era de la marca Volvo, matrícula de Huesca, número 1656. Este Silverio tiene una memoria prodigios, pues no  hubiera parado de dar detalles de tal tractor. ¡Qué amor al trabajo debe conservar este señor, para recordar el placer que por aquellos años tan pasados, le producía el funcionamiento de su máquina y del tractor de Domingo Borruel!.  ¡Qué gran cerebro tiene Silverio, pues toda su vida discurrió fórmulas para producir dinero por medio del trabajo, del que todos tenemos necesidad, pero no sólo para divertirnos y emborracharnos , sino para tener amor y solidaridad con los compañeros de trabajo y con los parientes y amigos!. Silverio tenía una gran amistad con Domingo Borruel, porque sus madres eran primas segundas, detalle éste que acompañaba la memoria de Silverio, que tenía necesidad de trabajar para ganar dinero y cultivar en su persona el parentesco y la amistad, que hoy son tan despreciados.
Silverio tiene buenos sentimientos, pues no paró de preguntarme por los cuatro hijos de Domingo. Cuando me preguntó por Paquito, del que  él recordaba que emigró a Suiza y yo le contesté que ya había muerto, se le notó un dolor en sí mismo, por la muerte de un amigo suyo. De esto ya hace más de cincuenta años. Volvió de Suiza y se colocó, gracias a los conocimientos adquiridos en una importante Editorial de Barcelona. Me habló del hermano mayor, José  Borruel Oliva, que se hizo Maestro Nacional y se casó con Mari Baseca, también Maestra Nacional. Le dije que era un especialista en dibujar cuadros artísticos y figuras de madera, pero sobre todo le dije que era una gran persona. Veraneaba en Jaca y tenía una gran amistad con mi hermano pequeño,  Jesús. El hermano pequeño, gran trabajador se ha quedado viudo, recordando la dulce figura de su esposa. Silverio me recordó a Toñín, que iba a Huesca para prepararse en sus estudios.
 Últimamente murió, de repente, Domingo, el hijo, que al morir su padre, fue coleccionando  todas las máquinas antiguas, que había tenido que hacer funcionar, dejando sus tareas en su memoria, igual que tú Silverio, creando un gran museo privado, con toda clase de instrumentos de trabajo, de diversión y de convivencia.
Silverio con sus setenta y un años de edad, es un representante de los trabajadores de Huesca y de Arguis, pues él ha visto su pueblo, mal unido a Huesca capital por caminos, luego en los años de 1944 con difícil carretera y ahora están trabajando despacio,  pero sin parar,  la autovía que será el Paso Central de España con los Pirineos. Tú has trabajado por toda la provincia como conductor de camiones que transportaban la madera a Canfranc, para hacer las traviesas del ferrocarril. Hiciste el Servicio Militar, voluntario, comunicando al ejército por teléfono, mientras tú aprendías.
Tu fuiste el que me reconoció y llenó mi memoria de recuerdos. Yo me quedé admirado de tus conocimientos y de tu aspecto equilibrado, dirigido por una cabeza redonda, carente totalmente de cabello, pero de un color moreno, producido por el sol, del que no te apartas ni con boina ni con sombrero. Llevas un bigote elegante,  bien trazado, que hacen tu rostro simpático y agradable.
Que tú veas algún día el Paso por el Pirineo, funcionando, pues ya lo profetizaron en la Vía Romana, que desde Huesca subía a Francia, los miliares noveno, que nos recuerda el pueblo de Nueno y el miliar séptimo,  conservado por la iglesia de San Pedro Séptimo.    

jueves, 14 de octubre de 2021

¿Hay poesía en las grandes ciudades?

 





Yo he vivido siempre en ambientes rurales y de pequeñas ciudades. Cualquier cosa en estos medios resulta entrañable e invita a la poesía. De las grandes ciudades sólo tengo noticia por los periódicos, por las revistas y por haber pasado someramente por ellas. Y la verdad es que su imagen me resulta deprimente. Me pregunto:¿será posible que en las megalópolis no exista poesía?. En las películas americanas se ven caer hombres y mujeres, desde lo alto de los rascacielos, unos impulsados por su propia desesperación y otros por una mano, cuyo dueño se esconde en las sombras. Las novelas describen con toda suerte de detalles, cómo cuatro muchachos de catorce años arrastran fuera del paseo, hacia los árboles, a una enfermera vestida de blanco, de unos dieciocho años. En el barrio de Harlem las ratas viven o sobreviven en compañía de los negros, que no hacen más que eso, sobrevivir.

De París tenía una imagen romántica; me había creído a Maurice Chevalier cuando cantaba “Ma pomme”. Indudablemente él y otros trataban de descubrir a los parisinos algún aspecto poético de París. Y sacaban a la luz la Ciudad “Lumière” y a los “clochards sous les ponts de París”. Yo fui a Paris a tratar de descubrir estos aspectos poéticos, pero sólo descubrí, alineadas a lo largo de algunas calles, mujeres blancas, negras o amarillas, que se ofrecían al mejor postor. También había seres humanos de sexo indefinido y pechos turgentes, que ofrecían su artificio a hombres y mujeres indistintamente.

Había negros de la negritud francófona, que extendían sobre las aceras sus pobres mercancías, consistentes en collares de semillas y pequeños “tam-tams”, y era lamentable ver cómo eran arrojados de sus puestos de venta por la policía.

En los escaparates las maniquís humanas, inmóviles, imitaban a las muñecas articuladas y estas, a su vez, casi se identificaban con las humanas. ¡Qué morbosa competencia!. Los “clochards” van cambiando las bóvedas de los puentes por las menos románticas, pero más cálidas del Metro. Sentados unos y acostadas otras sobre los bancos de la estación, bromeaban borrachos, escondiendo sus botellas a la sed de sus compañeros. Era un día de elecciones y uno de los discípulos de Baco, levantando su botella en actitud de brindis, exclamó: “¡Yo he votado a la derecha, porque la izquierda dice que los vagabundos tienen que acabarse!”.Este fue el único canto a la libertad que escuché en París.

Estos días hasta nuestro divino Dalí ha salido desengañado de la capital del arte. Su exposición ha sido boicoteada por una huelga. Se ha marchado exclamando:”Paris c’est fini”

Pero a pesar de estos cuadros, que he intentado describir, no me resigno a creer que no exista la poesía en las grandes ciudades. Me acuerdo de aquel negro americano que hizo amistad e la celda de su prisión con un ratón con el que compartía el queso. Y me viene a la memoria el preso medieval, pobre cuitado, que ni sabía cuando era de día, ni cuando las noches eran, sino por un pajarillo que le cantaba al albor. No me extraña que el negro fuera amigo de un ratón, pues yo, de niño, era amigo del ratón Pérez y hoy a mi hija Pilar se le ha caído un diente y el mismo ratoncito le dejará un pequeño regalo. Y también me imagino a “Mickey Mouse” haciendo felices a los niños americanos. Y el borrachín del metro parisiense, brindando por la libertad, pone una nota de ilusión en mis tristes pensamientos. Y deduzco que allí, donde haya seres humanos tiene que existir poesía.

miércoles, 13 de octubre de 2021

Belén y Amalia, dos actrices de Teatro

 


Hoy día veintinueve de Enero del año 2006, al salir de misa de la Catedral, me ha parado mi amigo Julio Laliena y ha comenzado a hablarme de mi nieta Belén Almudévar Zamora. Me contó que hace unos pocos días el Te y el Ce, organismo que equivale a  Teatro y Cine, representó en el Teatro de los Salesianos, con motivo de la celebración de un homenaje a San Juan Bosco, varias obras. Entre ellas estaba Agencia de Viajes, presentada por el Colegio J. Rubio del Barrio de los Olivos.
Esta obra, redactada por alguien que tiene inquietud por los acontecimientos sociales que se están dando en nuestro País, presenta los problemas de las agencias de viajes, de los turistas españoles, que van a Egipto, a Filipinas y a todo el mundo, pero no sólo los problemas sino también las diversiones, que hacen pasar a los viajeros  unos ratos maravillosos.
En la obra que nos ocupa sale una familia en la que Belén representa al abuelo y Amalia Bonet Laliena hace de abuela.¡Vaya pareja ,compuesta por dos niñas que son responsables en sus estudios y libres en su humos, cuando están gozando de la libertad de su colegio y la de sus padres!. No es que las abandonen sus padres ni el Colegio, porque esto les fomenta la práctica del Teatro, que las hará felices.
Belén paseaba por el escenario, vestida de abuelo, con un traje negro, con corbata y con cabellos  del color blanco de las canas, completados con una pequeña barba en la que estaban mezclados los pelos blancos con los negros. Se sentía libre, sin sus padres que en esos momentos no podían echarle broncas ni hacerla estudiar y presidenta de unos numerosos asistentes, que estaban pendientes de sus palabras y de sus movimientos.
Con su bastón hacía movimientos que inspiraban la risa de los espectadores y cuando se dirigía a su esposa Amalia, lo hacía con unas expresiones orales y anatómicas, con una anatomía disimulada, que les hacía sentirse independientes de todos. La gente explotaba en carcajadas y ellas y los otros artistas del Colegio de los Olivos, compañeros y amigos suyos, se contagiaban de ese ambiente y reían y reían. A Belén le entraban también las ganas de reírse al verse con corbata, prenda que llevaba en esos momentos y que no había lucido en toda su vida. Al principio de la representación, los actores llamaban a  Paco con un suave grito:¡Paco!, pero después de las risas provocadas por Belén, gritaban :¡Paaacooo!.
Julio Laliena, estaba entusiasmado, escuchando las risas del público mezcladas con el humor regocijante de los actores, de tal forma que exclamó:¡ qué gran remedio es el Teatro para solucionar los problemas de los niños, de los jóvenes y de los hombres y mujeres juntamente!.

Las Completas dedicadas a San Lorenzo

He entrado en la Iglesia Parroquial de San Lorenzo, en la ciudad de Huesca, donde nació este Santo. Le he dirigido una oración y he entrado ...