jueves, 16 de febrero de 2017

Amaya o los vascos y los celtas


Todavía perduran en la provincia de Huesca, los apellidos agotes Godé y Gota y hay una discusión sobre su origen, porque unos dicen que si eran albigenses, conversos, gentiles o godos. Los albigenses o cátaros eran herejes que aparecieron en el siglo X y desaparecieron en el siglo XIII. Había entonces herejes y conversos, otros gentiles o paganos, pero sobre todo existían los Godos, en el Bearn francés sobre todo en el pueblo de Bedous, al lado de la Vía Férrea que va desde Pau hasta Canfrac en España. Los godos en España y el Midi francés, crearon una forma de gobierno basada en la Dinastía Real, que no admitía la sucesión hereditaria de príncipes en la Corona Real. Me acuerdo de cuando era niño que en algunas escuelas nos hacían recitar un sinnúmero de Reyes Godos, empezando por Ataulfo,  Recaredo y acabando por Don Rodrigo. Había que hacer un ejercicio de memoria, cantando los nombres de aquellos Reyes Godos, que eran un número exagerado.
Vivían al principio de su invasión en la Península Ibérica, como unos aristócratas guerreros y se acomodaban en unos espacios poco romanizados. Echaron por tierra la política de Roma. Al principio conservaron la unidad con los godos franceses, que elevaron a Toulousse a la categoría de capital del reino visigodo. Es cierto que había distintos grados de guerreros huidos de lejanas tierras, pero también entre los godos aparecieron varias herejías. Los mismos godos cayeron en la herejía del   Arrianismo. Fue Toulousse capital de los Arrianos, hasta que los godos invasores de España, adoptaron  a Toledo, como capital. De España se apoderaron con un número escaso de hombres, y esta circunstancia hizo que los árabes africanos pensaran en invadir toda la Península Ibéricae
Eran los godos un escaso número de guerreros, entre suevos, vándalos, alanos y visigodos. Pero esos  diferentes grupos les hicieron luchar entre ellos, lo que facilitó todavía más, su derrota.
Tenían los godos un carácter guerrero y, para vivir  escogieron terrenos distintos, de los que habían desparecido los romanos.
Los suevos se instalaron en Galicia española y portuguesa, los alanos,  por desavenencias con los suevos, pasaron a Africa. Quedaron en  España los suevos  y alanos en el año de  409, pero los  alanos que eran  de origen asiático, por sus luchas contra los visigodos, el año 418, se pasaron a  Africa. Los visigodos, dirigidos por Ataulfo, asesinado en Barcelona el año de 415, condujeron  a los visigodos a la provincia Tarraconense.
La huida a Africa de los alanos, creó en Africa una ilusión por entrar en la Península Ibérica, pues dieron noticias de que no eran muchos los guerreros visigodos, que la habían ocupado.

Los godos eran guerreros y tenían un gran orgullo, pues se pusieron a vivir en distintos lugares que los anteriores habitantes de la Península. Luchaban entre ellos, por ejemplo en la toma del Poder Real y se constituyeron en la clase alta de aquella sociedad. Durante su  gobierno, despreciaron a los ciudadanos y al llegar la invasión de los árabes, al ser tan pocos los godos, fueron casi derrotados absolutamente.
Fueron para los godos, las consecuencias terribles de venganza del pueblo colonizado por ellos, las que convirtieron a los guerreros nórdicos en miserables “chuetas”.
El castigo histórico de los godos, se basa en la conversión de terribles guerreros en chuetas de ascendencia goda, que quedaron aislados en los Pirineos, sin trato o un convivir miserable con el buen pueblo que había sido ocupado por los godos. Se quedaron aislados en los Pirineos en el País Vasco,  en Navarra, en el Alto Aragón y en zonas de la Tarraconense, de que formaba parte como Teruel. Su nombre despectivo procede del Bearn, con la palabra “cas-got” o perros gordos. Al sur de los Pirineos los llamaron Agotes. Se les añadieron apodos despreciables, como gafos crestias, leprosos,  mesilleros, mesegueros, carointeros, cristianos de San Lázaro…etc. En Siétamo hace pocos años,  se cayó la “Caseta de los Pobres”, llamada por mi amigo Escartín, que cumplió más de cien años, “Caseta de San Lázaro”.


Pío Baroja los describe “son de cara ancha y juanetuda, esqueleto fuerte, pómulos salientes, distancia bicigomática  fuerte, grandes ojos azules o verdes claros, algo oblicuos. Cráneo braquicéfalo, tez blanca, pálida y pelo castaño o rubio; no se parece en nada al vasco clásico. Es un tipo centro –europeo o del norte. Hay viejos de Bozata (Navarra), que parecen retratos de Durero, de aire germánico. También hay otros de cara más alargada y morena que recuerdan al gitano”. Según Cenar Moncaut “son de cabeza grande, cuerpo raquítico, piernas torsas, bocio, mirada indecisa y apagada, palabra vacilante”…”Esta figura de los agotes, los relaciona con el hambre y la miseria, y la abundancia de agua de las altas montañas, que ocasionaría el bocio”. Dice Pío Baroja que además de los de aspecto de los godos, se encontraban otros, que recordaban la personalidad del gitano (que todavía no habían llegado a España) y pensándolo bien,  se llega a la conclusión de que se trataba de delincuentes, de fugitivos de leproserías vascas, que se habían refugiado en los Pirineos, para huir de la Justicia. El pueblo de los agotes fue odiado y para conocer su diferencia con otros, les obligaban a llevar en la espalda, una señal  o una  “imagen de pata de gato”, en lugar visible de la espalda,  
El seguimiento de los vestigios de la historia de los agotes es la crónica de una discriminación.
De origen incierto y tildados de leprosos, este grupo social habitaba principalmente en los valles del Baztán y del Roncal del Pirineo navarro, además del Norte y Este de Teruel y la parte superior de la provincia de Huesca.
Las normas físico –morales, hicieron una raza maldita, pues no podían casarse los “chuetas” más  que con “chuetas” y no podían ocupar en la iglesia  más  que un lugar retrasado de la misma, debajo del coro, con una pequeña puerta para entrar y no podían ser ordenados sacerdotes. No se les permitía cultivar la tierra ni criar ganado y tampoco asistir a fiestas y a bailes.
La sociedad en el poder, despreciaba a los “Chuetas”, pero sus espíritus eran artistas, porque tenían el alma de músicos, de tamborileros y versolaris en las tierras navarras y componían poesías con facilidad. Poco a poco fueron ejercitando profesiones de carpintería, alzaron campanas y construyeron puentes.
Fueron grandes albañiles y carpinteros y construyeron muchas iglesias y fortalezas, regidas por Templarios, pues esta orden del Temple, tenía una relación positiva en el trabajo, con  los agotes.
Esta costumbre de apartar a los agotes de los demás feligreses, era usada en todos los lugares, donde vivían estos despreciados individuos, como en Navarra, en el Pais Vasco, Aragón,  el Sur de Francia y el País de Gales. “Hasta la muerte la exclusión continuaba, los agotes eran enterrados aparte e incluso se llegaron a tener cementerios especiales. Véase el ejemplo del cementerio agote de la ciudad de Daroca o el de la de Alcañiz”. Los Templarios comprendían a los agotes, mejor que los gobernantes de Nabvarra y de Aragón, A unos kilómetros de Uncastillo, en la provincia de Zaragoza, al lado del pueblo navarro de Petilla de Aragón, se ha estudiado y se ha hablado vasco hasta principios del siglo XX, se encuentran el Castillo de Sibirana, y la ermita de Santa Quiteria y pasando por Pitilla de Aragón, se llega a la población de Sos del Rey Católico. Los agotes llevaban una pata de oca en su hombro izquierdo, que se puede encontrar en los extremos de alguna Cruz Templaria y que se extendió por la península ibérica a partir de la Catedral de Jaca, incluso hacia Santiago de Compostela.  Parece deducirse que los constructores agotes de las iglesias románicas dejaban marcado ese símbolo iniciático, en las iglesias que construían. Las comunidades de agotes,  que más importancia tuvieron en Aragón, se encontraban en los valles próximos a Jaca, por el valle del Ebro, por Ansó, Echo y por los valles del río Aragón y de Gistain. Este Valle de Gistain fue estudiado por la fallecida Nieus L. Dueso Lascorz en sus  trabajos: ”Los agotes de Gestavi (Bal de Gistau). Este estudio está disponible en Pdf en la universidad de la Rioja y se puede encontrar fácilmente en Google”. Es un prueba clara de la presencia de agotes  el encontrarse en las iglesias, una pequeña puerta, por la que debían entrar en la iglesia los humillados chuetas.
“Según Bartián Lasierra podemos encontrar esas puertas en Ansó, Fago, Echo, Majones, Salvatierra, Sigüés, Bardún, Villanúa, Castiello, Barós y Plan”.
Conocí a Nieus L. Dueso Lascorz, la escuché hablar varias veces en Fabla Aragonesa y me admiraron sus conocimientos y su bondad y simpatía.
“La Historia nos hace ver a los agotes sobre nuestra Tierra, pero si nos preocupamos de ver lo que ha ocurrido en ella, al abrir nuestros ojos, nos damos cuenta de numerosos detalles, que nos acercan al pasado. En cierta ocasión mi consuegro Lorenzo  López Balsco, del pueblo de Coscullano, me llevó a ver algún resto de una iglesia visigoda, en la sierra de Coscullano, muy cerca de Huesca. Yo no pude apreciar ningún detalle de tal templo, pero por aquellos días un amigo de Torralba de Aragón, descubrió en las ruinas de la iglesieta de Coscullano, dos broches de un cinturón visigodo y una fíbula, de disco perforada. Hoy he podido contemplarlas en el Museo de Huesca. Depositó en el Museo Provincial de Huesca estos objetos, de los que había otros  del mismo origen, pues me llamó la atención una hermosa moneda de oro, llamada triente, que representa a Witiza”. Pero todavía un amigo de Sasa del Abadiado, cerca de la Abadía de Montearagón, encontró otra moneda, también de oro, en una ermita de Velillas. Lo peor del caso es que se la vendió a un zaragozano.
En el Alto Aragón se encuentran recuerdos que parece imposible recordarlos después de tantísimos siglos. Tenemos el Monasterio de San Victorián, levantado por los godos del Pueblo Bárbaro. Pertenece hoy al Ayuntamiento de Pueyo de Araguás, debajo de la Peña Montañesa, a unos catorce kilómetros de Ainsa. Según algunos historiadores,  le dan la fecha de alzamiento en el siglo VI, reconociendo que el de San Martín de Asán, es el primer Monasterio levantado en España por los godos. Se hizo de este Monasterio, Panteón de los misteriosos reyes de Sobrabe.  En este Monasterio descansa el rey vasco Iñigo Arista, llamado igual que otro que descansa en el que está en Navarra, cerca de San Juan de la Peña.
En nuestra provincia de Huesca estábamos llenos de agotes o cagots. Yo recuerdo y  todavía mantengo relación con dos de ellos, es decir de los hermanos Godé, que vivían cerca de mí, en Siétamo. Uno de los hermanos, que todavía vive es un representante de la raza visigótica, que invadió España hace muchos siglos. ”Se llamaba Godé y tenía el pelo de un agradable color pelirojo, que con la edad se le han vuelto canoso y su piel estaba llena de dibujos, como producidos por unas manchas pecosas, que le daban un aspecto de godo auténtico, de los que vivieron en España”
El odio que provocaron los godos o agotes en los vascos, fue terrible, pues fue ese odio una venganza humana,  más duradera que las vidas de los hombres. Existe un documento de I547, que dice: “¡Cállate agote!.  Tu opinión cuenta menos que la del perro. ¡No eres nadie!.”
 Estaban los chuetas, simplemente estigmatizados, como lo estuvieron en otras éplocas los pasiegos, los maragatos, vaqueiros de alzada, quinquis, raqueiros, a los que fueron junto con los chuetas los que repartieron todas las plagas, robos y mal de ojo. Había  y algunas todavía quedan unas puertas, por las que tenían que entrar a los templo, como la Catedral de Jaca, la Colegiata de Daroca y en otras iglesias de la ribera turolanse del río Jiloca. Había costumbres para separar a los agotes en Navarra, País Vasco. Aragón, el Sur de Francia y el País de Gales, Los enterraban en lugares especiales e incluso se mantenían abiertos cementerios independientes. En los años 1816 y 1817, las Cortes de Navarra, los reconoció como navarros y consideró su igualdad de origen. Los ciudadanos,  para reconocer si un individuo era chueta,  se fijaba en  “su lóbulo de la oreja hinchado y redondo o la falta del mismo”.
Muchas familias visigodas se escondieron en los Pirineos y en las montañas de Teruel, después de la invasión de los francos y al verse marginados se refugiaron en lugares aislados. Hay quien recuerda  que los godos arrianos en su ejército,  vieron morir al rey visigodo Alarico II, en la batalla de Vouillé el año de 507. Luego entró en la lucha Carlomagno  y muchos siguieron a Carlomagno. Con esta conducta,  aumentó la envidia y el desprecio de sus vecinos y fue aumentando su aislamiento, hasta que el año de 775 ,fue derrotado en la Batalla de Roncesvalles.
 Esta invasión de Carlomagno, no fue bien recibida por el pueblo vasco y la lucha contra los “chuetas”, aumentó en odio y por tanto en luchas y batallas.  como la de Roncesvalles. Tal vez si Carlomagno no hubiera combatido con los moros,en la misma Zaragoza, ¿cuándo hubiera terminado la invasión de los Arabes?.  A estas luchas, que fomentó el odio entre vascos y godos, tuvo lugar en Francia la batalla de Vouillé el año 507 y en España, en los años alrededor del 775, la de Roncesvalles.  Con la integración de los chuetas o los godos,con el ejército de Carlomagno, levantaron el odio,  la envidia y el desprecio de los vascos, que se daban cuenta de  cómo los chuetas habitaban en el Pirineo, en lugares casi secretos, y les aplicaban el apodp de “perros godos”.
Hace ya muchos años que leí la obra de Navarro Villoslada (1818-1895) y me impresionó la larga historia del Pirineo, en el Norte y en el Sur y me causaron dolor las luchas constantes de Carlomagno, en el Pirineo, para conquistar Zaragoza. Estas luchas entre godos y vascos, entre moros y tropas de Carlomagno, con la gran acogida que dio a los chuetas y el fracaso de la Conquista de Zaragoza por el emperador Carlomagno, me hicieron pensar en la poca Paz que han encontrado los hombres, en aquellas zonas de Vascongadas, Navarra, Huesca y entre otras más Teruel.
Navarro Villoslada, gran escritor navarro, estaba impresionado por la derrota secular, acompañada de desprecio y humillaciones, que habían dedicado los vasco –navarros a los Godos a los que pusieron el apodo de  “chuetas.
Pero el escritor Navarro Villoslada pensaba que Amaya, que tenía parte de su sangre “goda o Chueta”, era para él,  la mujer más bella, que ningún artista hubiera creado jamás. “Recuerdo (como decía Navarro Villoslada), que quería su misterioso brazalete de oro, heredado de su madre”. También se emocionaba con las luchas entre vascones y godos, que le asustaba la aparición  del Basjún o del Dragón. Cuenta Navarro Villoslada que una vez, al preguntar en un campamento, una exclamó ante el entusiasmo popular:”Yo soy vascongada”.
Amaya era hija del noble godo Ranimiro y de la vascona Lorea, cuyo desprecio se contempló  durante trescientos años. Más tarde Ranimiro el godo y su hija Amaya, caerán presos cerca de Pamplona por los vascones y el capitán de los euskaldunes, García Jiménez, unirá  su destino para siempre, atraído por  un amor imposible, con ella.
Parece un deseo de Navarro Villoslada que desapareciese el odio entre vascos y chuetas o godos, pero no sucedió así, porque hasta hace poco tiempo ha casado el odio entre los vascones y los chuetas.
Los vascos han sufrido el odio entre ellos y los visigodos y no bastó el amor de Amaya, que era chueta con el capitán navarro García Jiménez ni les sirven ni les hanservido las hermosas Flores del Sol, que abundan en el terreno pirenáico, a las que en vasco llaman Eguskilore, que está considerada como el amuleto de la flor de la Tarde.Sunombre científico es el de Carlina acaudis. Cuando llegaba la noche, las lamias querían entrar en las casas, para llevarse a sus hijos, pero sus reflejos se lo impedían. Yo recuerdo una Flor del Sol en una puerta de casa del pueblo de Ibero y sobre todo tengo presente una Flor colocada en una puerta de la entrada en Siétamo, que todos los años la colocaba una señora que subía trabajar al Balneario de Panticosa.   

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